Ir directamente al contenido

La playa se serena

6 septiembre, 2020
Amanecer en la playa a las siete, el 5 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Mar de los naufragios

Vengo del mar de los naufragios,

del corazón de la Odisea

en velero lejano de mares extensos,

tema de mis sueños y de mis cantos.

Traigo entre mis dedos susurros de sirenas.

He navegado en delirio a través del horizonte

en la espuma de mi aliento

y en mi pensamiento lujurioso,

subiendo y bajando mareas,

llena de artificios, imágenes, mástiles y velas.

Mi alma, mujer guerrera, sola en temporal

izando bandera pirata filistea al alba.

Me he tatuado el ancla al centro de mi pecho.

Nada detendrá el rumbo del timón,

ni vendaval, ni lluvia,

ni neblina, ni siquiera un arco iris luminoso,

buscando el límite entre lo prudente

y el espacio hondo y vasto del océano.

Mar, cielo, soledad, mar, voluptuosidad,

fuerza y voluntad. Mujer audaz,

calma tu mirada, húndela en el mar.

Gloria Gabuardi, Nicaragua (Managua, 1945)

El Montuver y los pescadores sobre el espigón al amanecer. 5 setiembre 2020. Foto R.Puig

Puerto quebrado

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras

que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros,
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

Andrea Cote Botero, Colombia / EE.UU (Barrancabermeja, 1981)

Primeras luces sobre los montes de la Marina., 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

El dogmatismo es la prisa de las ideas

Aquí junto a las dunas y los pinos,
mientras la tarde cae
en esta hora larga de belleza en el cielo
y hago mío sin prisa
el rojo libre de la luz,
pienso que soy el dueño del minuto que falta
para que el sol repose bajo el mar.Esa es mi razón, mi patrimonio,
después de tanta orilla
y de tanto horizonte,
ser el dueño del último minuto,
del minuto que falta para decir que sí,
para decir que no,
para llegar después al otro lado
de todo lo que afirmo y lo que niego.

Esa es mi razón
contra las frases hechas y el mañana,
mientras la tarde cae por amor a la vida,
y nada es por supuesto ni absoluto,
y el agua que deshace los periódicos
arrastra las palabras como peces de plata,
como espuma de ola
que sube y se matiza
dentro del corazón.

Aquí junto a las dunas y los pinos,
capitán de los barcos que cruzan mi mirada,
prometo no olvidar las cosas que me importan.

Tiempo para ser dueño del minuto que falta.
Pido el tiempo que roban las consignas
porque la prisa va con pies de plomo
y no deja pensar,
oír el canto de los mirlos,
sentir la piel,
ese único dogma del abrazo,
mi única razón, mi patrimonio.

Luis García Montero, España (Granada 1958)

La luna desde mi terraza al amanecer del 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Pasadas las invasiones motorizadas y las jaranas hasta la madrugada sobre la orilla, habituales durante las semanas calientes del período estival, la playa se serena lentamente, aunque aún quedan los pertinaces frecuentadores del bar de la esquina, ahora sólo abierto hasta la una de la noche (los «brotes» que ustedes saben les obligan).

Esta vuelta paulatina a la calma, con el otoño a la vista, quisiera ser una esperanza de que el ayuntamiento de Denia y el de Els Poblets lleguen a un acuerdo para arreglar, al menos poco a poco, los desbarajustes de esta playa, sitio único que debería estar protegido para el disfrute de ciudadanos respetuosos del medio ambiente. ¿Caerá esa breva? No entiendo de los arcanos de la pequeña política y de los crónicos desencuentros entre sus familias. Ya se sabe que de campanario a campanario a menudo las campanas no tañen en armonía…

Pero no perdamos la esperanza, el sol aún se alza cada día, aún podemos hipnotizarnos con este mar de nirvana.

Monje al amanecer, 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Breverías erasmianas (XLIII): “Nebulas diverberare » (Dividir las nubes)

30 agosto, 2020
Dividir o azotar las nubes. Foto R.Puig

Mi amigo Alain Van Dievoet tradujo al latín hace años unos pastiches de un cineasta y escritor, también belga, Olivier Smolders, que se entretuvo en completar a su modo y en francés algunos adagios de Erasmo, lo que a nuestro humanista le habría ciertamente divertido, ya que en su Elogio de la locura y en sus Coloquios le debió bastante al humorismo de Luciano de Samosata de quien tradujo en compañía de Tomás Moro algunas de sus obras al latín.

Fueron 14 los adagios así modificados en estilo erasmiano en un texto atribuido al imaginario profesor Amédee Cantarel.

«Nebulas diverberare»

 Dividir las nubes

Adagio III VI, 38

Vayamos pues al breve comentario de Erasmo :

Νεφέλας ξαίνειν, id est Nebulas diverberare, dicitur, qui vel in re stulta vel quae fieri non queat frustra sumit operam. 

…

…lo de «dividir la nubes» se dice cuando alguien se empeña en una tarea necia o engañosa. 

…

… qui dixit nebulas esse lanam expansam, quasi similiter debeant carminari.

…

…hay quien dice que las nubes son masas de lana, que como tales hay que cardar

.

Fuente latina: Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pág 1767

«Cardar las nubes». Grabado de Michel Smolders, 1997

Hasta aquí el brevísimo comentario de Erasmo, que se amplía con una creativa glosa, que a un imaginario profesor Cantarel atribuye Olivier Smolders, de la cual traduzco del francés lo siguiente:

«Azotar las nubes» parece sin embargo una constante del destino de todos los hombres. En efecto, ¿no es cierto que creemos nuestro deber armarnos de valor para abrir puertas que ya están abiertas o desafiar a molinos de viento, con disputas y exhibiciones intimidatorias, cuando en el fondo sabemos que la verdadera victoria es vencernos a nosotros mismos?

Lo que Alain Van Dievoet  traduce al latín emulando el estilo de Erasmo:

Tamen fata volunt, homines diverberare nuvolas. Etenim, vi maxima virtutis utimur ad portas apertas aperiendas, vel molenda innocua obsidenda, et it magnis cum moliminibus, cum tamen sciamus veram victoriam esse se vincere.

      Hans Holbein, dibujo al margen de un ejemplar del Elogio de la locura de Erasmo



Nota a la traducción del latín : el verbo latino diverbero se puede traducir como dividir, cortar, hendir, significados que ambos casan bien con el sentido del adagio.

Referencia: Olivier Smolders, «14 adages d’Érasme d’après le manuscrit du professeur Cantarel». Gravures originales du Michel Smolders. Traductions latines d’Alain Van Dievoet. Les Éditions du Sacarabèe à la Maison d’Érasme, Bruxelles, 1997.

Así era y así es. Playa de la Almadraba de Els Poblets 2002 a 2020

23 agosto, 2020

Han pasado 18 años entre las fotos de entonces y las de hoy, he publicado mucho sobre la Playa de la Almadraba de Els Poblets de la que soy vecino desde hace 19 años. Ha habido cambios para bien y, sin ser demasiado negativos, no todo es para ser celebrado.

Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2020 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2020 . Foto R.Puig
Los jóvenes de Villas del Alfar II de Playa de la Almadraba limpiándola en agosto 2002. Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en julio 2020. Foto Le Monde
Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en julio 2020. Foto R.Puig

Pero, bueno, como les decía, los amaneceres siguen siendo soberbios…

Y los atardeceres también…


Para otras entradas sobre nuestra Playa : pinchar en la nube de Temas frecuentes en «Playa de la Almadraba»

Versión extraviada (7)

16 agosto, 2020

Contra la opinión de Geschner sigo en Roma, me choca que Jeffrey esté trabajando en una edición castellana, cuando sabe que era una tarea que yo mismo me había ofrecido a realizar para él. Y si esta información no es cierta, sospecho que tampoco lo sea su desplazamiento a Siria.

Mas ¿por qué advertirme de que corro algún riesgo siguiendo en Roma?

Sigamos con el manuscrito de Samuel, al parecer las entrevistas siguientes se desarrollaban aún en Jerusalem, aunque el orden de los recuerdos no siga una línea temporal.

Capítulo 7

María:

María de Magdala fue diciendo que se le había aparecido Jesús. A mí no se me ha aparecido y soy su madre, y no sé quién ni cómo ha sacado su cuerpo de la tumba. Juan quería que yo testimoniase de ello y yo le he dicho que no puedo mentir. Por el contrario, que me diga qué han hecho con el cuerpo de Jesús y que me explique por qué están inventando todo eso.

Aunque puede que fuera una trama del Sanedrín, pues desde el principio pusieron guardias ante el sepulcro y ya desde el día siguiente a su muerte estaban inquietos porque se estaba convirtiendo en lugar de manifestaciones de fervor. Si fuese así, los discípulos aprovechan la maniobra de los sacerdotes para crear una leyenda alrededor de mi hijo.

Después de haberme quejado, Juan y los demás, me tienen como un objeto de veneración, pero apartada de todo para que no les contradiga. Juan parece cada día más fuera de sí y recita cosas fantásticas sobre Jesús. Como ya sabes, tu hermano, se siente el preferido de Jesús y me dice que yo no he entendido a mi propio hijo, que las mujeres no entendemos nada, que sólo María de Magdala le comprendía.

Esto me ha herido profundamente.

Muchos doctores de la ley han hablado de que después de la muerte resucitaremos, pero eso será al final de los tiempos. Jesús era de esta misma opinión, como yo y la mayoría de los judíos piadosos, salvo los saduceos. Ahora, Pedro y los demás predican que Jesús resucitó antes del fin de los tiempos, porque es el Mesías y es Dios.

Han sido unos meses terribles. No sé qué han hecho con el cuerpo de Jesús. Si han sido los del Sanedrín quienes lo han sustraído, para que su tumba no se convierta en un lugar de culto para las masas del pueblo, lo que han conseguido es lo contrario, pues los nuestros dicen que, después de numerosas apariciones, se ha ido a los cielos delante de todos acompañado de ángeles, como Henoc.

Pero yo no estaba presente. ¿Cómo va a ser que mi hijo se haya aparecido a todos y no a mí? ¿Cómo se habría ido al seno de Abraham sin haberme dicho nada? Yo sólo lo recuerdo pálido, muerto y desangrado, lleno de heridas y laceraciones, reposando su cabeza en mi seno, antes de ser envuelto en un sudario y depositado en la tumba.

Juan me dice que yo también seré incorruptible, que no sufriré, que Jesús me llevará al cielo de la misma forma en que él se ha ido. ¿Qué preparan?

Samuel, tú tampoco estabas allí, ni José de Arimatea, que para no ponerme más triste, no comenta nada de la desaparición del cuerpo de Jesús. No he podido tener el consuelo de ir a perfumar su tumba y estarme con mi pena junto a ella. Las mujeres de la casa de Juan me miran con tristeza pero no hablan. 

Todo esto de la ida de Jesús, más allá de las nubes, me lo han contado cuando volvieron algunos de una reunión en el Monte de los Olivos. Todo es de oídas y ni siquiera se sabe quiénes son los que estuvieron allí. A mí me llevaron después de esto a una reunión en el cenáculo. Estaban también mis sobrinos y María de Magdala que parece cada día más ausente.

Tú fuiste invitado, Samuel, pues le dan mucha importancia a lo de ser doce, exactamente doce, los testigos de los hechos y de la doctrina de Jesús. Por mi parte, todo va muy deprisa, como a empellones. Así que siento la urgencia de que tomes por escrito lo que tengo que contarte, para que algún día se sepa, pues temo que no me queda mucho tiempo de vida y lo que oigo no me tranquiliza.

(…)

¿Recuerdas, Samuel, lo que sucedió el día de la terrible tormenta en Jerusalem? Era la fiesta de los Tabernáculos. Todos habíamos estado orando y ayunando durante días a la espera de algo importante. Al menos, así nos lo dijo Pedro, y cada uno se preparaba a recitar un único mensaje que se había preparado con varios conversos, de varias partes del imperio, que los nuestros habían ido instruyendo durante las semanas anteriores a la fiesta. De modo que todo estaba preparado en varias lenguas y dialectos. El organizador de esta acción de predicación era Mateo, que había tenido la idea.

Nuestro lugar era céntrico y con una gran terraza elevada. Todavía no sabían cómo iban a poder atraer la atención de toda aquella muchedumbre para poder hablarles de forma que les atendiesen. Tú recuerdas y eres testigo de lo que pasó y te pido que lo trascribas fielmente. Se produjo una tormenta de viento y relámpagos, con un gran vendaval. Todos trataban de recoger sus ropas y de protegerse cerca de los edificios, por miedo a la posible lluvia, pero sobre todo por temor a los rayos que comenzaban a acercarse y del ruido de los truenos.

Los discípulos habíais ensayado un corto discurso y estábais en pie en el borde de la terraza, abajo se agolpaba la muchedumbre. Un rayo cayó sobre uno de los pináculos de la casa con enorme ruido y resplandor. Por un momento ardió una parte del techo de madera. Entonces, Pedro y Juan dieron la orden de hablar. Los discursos fueron cortos, pero estentóreos, aprovechando el silencio que se produjo tras el susto. Cientos de oyentes lo escucharon mientras, tras los oradores, aún salían llamas del tejado, que felizmente se extinguieron con la lluvia. El efecto sobre el auditorio fue muy grande.

Acabados los discursos en varias dialectos, la gente quedo en su mayoría muy impresionada. Algunos empezaron, tras la primera sorpresa, a reír y decir que los oradores estaban borrachos. Pedro, supo imponerse con su enorme vozarrón, habituado como estaba a hacerse oír en medio de olas y vientos.

Habló con enorme simplicidad y los rumores callaron, reivindicando a Jesús como el Mesías. Lo demás lo podrás completar tú bien, Samuel, pues estabas allí. Fue un día importante, muchos pidieron ser instruidos y entrar en la comunidad, tras bautizarse, como ya se tenía por costumbre para recibir a los prosélitos, siguiendo la tradición de Juan el Bautista que habían aportado sus seguidores. Jesús había engrosado su grupo con todos aquellos que se quedaron sin su profeta tras su ejecución.

De aquel discurso recuerdo muchas cosas, pero me entristece una que no era verdadera. Pedro nos presentó a todos los que estábamos ahí como testigos de la resurrección de mi hijo. Yo volví la vista a Juan, me acerqué a él y le dije: ¿Qué habéis hecho con el cuerpo de Jesús? ¿No era suficiente con su mensaje y con su ejemplo? Él miró para otro lado.

A partir de ese día, el grupo, la comunidad creció con gran rapidez y llovieron las donaciones. Con aquellos recursos que Mateo administraba se pudieron empezar a pagar los viajes de los discípulos más y más lejos por los territorios romanos. Sin embargo todos seguían el ejemplo de Jesús viviendo muy modestamente. Recuerdo que Juan, por entonces, insistía en que no había que alimentarse de animales sino sólo de vegetales.

(…)

Mapa Galilea

Como creo que ya te dije otro día, cuando Jesús era pequeño yo le contaba historias y le instruía con los dichos de los rabinos que mi padre y mi madre me habían enseñado a mí. José se sabía mejor que yo los textos de la Torah y los profetas y se los leía a menudo, sobre todo aquellas profecías que hablaban del Mesías. A mí no me gustaba esa obsesión, porque tanto él como Zacarías estaban obsesionados con su inminente llegada. José se sentía, no sé por qué descendiente del rey David.

A mí no me interesaban todas esas historias mesiánicas, que no solamente me parecían inútiles sino peligrosas, porque ya habían ocurrido desgracias con algunos rebeldes que se habían enfrentado a los romanos para liberar al pueblo judío.

Lo que me importaba es que Jesús fuese un buen israelita, que supiese y practicase las máximas de la sabiduría judía, el desinterés, la confianza en Yahveh y la solidaridad y la bondad con los pobres, el amor y el perdón de los enemigos. 

Me acordaba bien de algunas enseñanzas que había escuchado de boca de mis padres y que yo misma le enseñé a Jesús, que se las aprendía de memoria. Aprovechaba algunos paseos, por ejemplo cuando me acompañaba a por agua al pozo o al lavadero, para que observase la naturaleza y pensase en la bondad del Creador que cuida de las aves del campo, facilitándoles su alimento, sin que tengan que preocuparse, y que viste a las flores, sin que necesiten tejer.

Pero lo que más le gustaba que le repitiese eran las sentencias sobre la verdadera felicidad. Tú, Samuel, seguramente las has escuchado de tus padres, antes de que Jesús, como me ha contado Andrés, las repitiese ante las multitudes que le seguían. Era cuando todavía no se había obsesionado creyéndose el Mesías, para su desgracia y mi gran pena.

Podría haber sido un sabio de Israel y un guía para todos los judíos, y ahora me lo han matado. Yo le repetía muchas veces estas sentencias que creo repetía el gran rabino  Hillel    

«Afortunados los pobres y los humildes porque el reino de Dios será suyo y recibirán la tierra como herencia. Ahora lloran, pero serán consolados. Felices los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, y los que son perseguidos por defenderla, y los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios y alcanzarán su Reino y los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios».

Le enseñé también a hablar con Dios que está en los cielos, que es el Padre de todos nosotros, cuyo nombre es santo, a esperar su Reino y a aceptar su santa voluntad. Quise también que le pidiese a Dios el perdón de nuestros pecados y que supiese perdonar a las personas que algún día le hiciesen mal.

Le explicaba que había en la vida muchas tentaciones, que el espíritu es fuerte pero la carne débil y que había que orar y pedir a Dios todos los días que nos ayudase a resistirlas, a vencer nuestro orgullo, a no sentirse superior a los demás, a no juzgar a otros, que cuando nos hacen mal no siempre saben lo que están haciendo.

(…)

Jesús acompañaba a José los sábados a la sinagoga, donde solían estar también Zacarías y Juan su hijo, un poco mayor que Jesús, a quien mi hijo admiraba. Era muy alto y cuando se hizo más mayor comenzó a dejarse la barba. Había aprendido de memoria muchos de los discursos de los profetas.

José y Zacarías hablaban mucho delante de los dos adolescentes sobre la posible venida del Mesías. No me gustaba nada que mi esposo le calentase la cabeza a Jesús con sus fantasías sobre su descendencia de David. Yo, como ya te he dicho, trataba de compensar estos sueños con la sabiduría de los rabinos judíos más conocidos.

Isabel, mi prima, la esposa de Zacarías y madre de Juan estaba tan preocupada como yo, sobre todo porque Juan quería irse al desierto a vivir con una comunidad de judíos muy severa y exigente, que lo ponían todo en común y practicaban el bautismo para lavar las culpas.

Cuando José se puso muy enfermo empezó a desvariar. Durante las últimas semanas llamaba a Jesús y lo tenía cerca de su lecho. Antes podía yo discutirle las cosas que le decía al niño, pero ahora Jesús tenía ya casi veintiséis años y no podía impedir que escuchase durante horas los delirios de su padre que, cuando no estaban sus hermanos cerca,  le repetía continuamente que él, su hijo, era también descendiente de David, y que Dios estaba con él.

En fin, José trataba de convencer a Jesús de que él era el Elegido, el Mesías. Me parecía que Jesús le escuchaba por respeto, pero luego he comprendido que todo lo que José le iba diciendo se le iba grabando en la imaginación.

Cuando José murió, Jesús se volvió bastante taciturno, me escuchaba, pero poco a poco se ausentaba con su primo Juan. Sus hermanos estaban muy enojados con él, porque no ayudaba como debía en la carpintería y tampoco me ayudaba casi con el huerto y con los animales que teníamos. Pero al cabo de unos meses pareció entrar en razón, logró consolarse de la muerte de su padre y empezó a trabajar de nuevo con sus hermanos. Sus dos hermanas y los hijos de mi hermanastra María le adoraban. Seguía yendo a la sinagoga los sábados y participaba en las discusiones junto con su primo Juan.

Pero, un buen día, Isabel me comunicó que Juan se había ido al desierto con los eremitas. Estaba desolada. Zacarías enfermó y murió sin noticias de Juan. Jesús también empezó a dar muestras de inquietud y en la sinagoga discutía más y más con los fariseos sobre el Reino de Dios y sobre las cosas que tenían que cambiar. Marchó varias veces al lago de Tiberiades a trabajar en la pesca con algunos familiares, pero un buen día, algunos amigos que habían estado con él pasaron por Nazareth y me contaron que Jesús predicaba el Reino de Dios, un reino para los pobres y los humildes.

En cierta ocasión, volvió a casa y estuvo trabajando una temporada en la carpintería para reunir algún dinero. Cuando tuvo lo necesario marchó a buscar a Juan, que había vuelto del desierto y estaba bautizando en el Jordán. Algunos compañeros de Jesús que le seguían y le admiraban vinieron a buscarle para irse con él. Un primo de Nazareth, que era pastor, se marchó también. Fue él quien, al volver tres meses después, pues le mandaron llamar sus hermanos cuando su madre se puso muy enferma, me informó sobre la vida de Jesús durante aquellos meses.

Jesús admiraba mucho a Juan. De hecho, según me has contado tú mismo, pensaba que era Elías que había vuelto. De hecho estuvo en el desierto con él y hasta se hizo bautizar en el río para apoyar su predicación. Cuando lo capturaron y lo mataron, eso le afectó mucho y vino unos días a Nazareth a consolar a mi prima y a reflexionar. Los discípulos le habían convencido para que se retirase por prudencia. Alguien le había dicho que Herodes tampoco estaba muy contento con su predicación y que había riesgos de que también le apresaran.

Mapa de Israel en la época de Jesús bis

Israel en la época de Jesús, Biblia alemana hacia 1895 (https://es.123rf.com/)

He decidido seguir con mi traducción en Roma y he telefoneado a Glasgow para aplazar la entrega de algunas colaboraciones.

Me gusta volver a Roma, aunque esta vez no vengo en plan de descubrir las sorpresas que siempre encierra esta maravillosa urbe y sus alrededores. Por el contrario sospecho que debo tomar precauciones para que no me descubran a mí, no sé quién ni quiénes. Podría ser que esta vez las sorpresas no me convengan.

Me puede la voluntad de llevar a buen puerto la publicación de los textos descubierto por el padre de Elías. He alquilado un pequeño cubículo muy tranquilo en los alrededores de Via della Pisana, a Fontignani. Desde este lugar discreto trataré de entrar en contacto con Jeffrey.


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

 

El pollino y los polluelos

9 agosto, 2020
tags: ,

Romeret. Foto R.Puig

Para Sebastián

En la granja de un amigo ha nacido un asno hace unos días.

Lo ha llamado Romeret.

Tiene un corral para él solo.

Romeret en su corral. Foto R.Puig

Romeret se alza sobre sus largas patas.

Nada más nacer los pollinos se ponen en pie, primero titubeantes y poco a poco más seguros, desde el primer día de vida.

Los seres humanos no sabemos erguirnos y caminar tan pronto.

Romeret tienta sus patas. Foto R.Puig

Todo es nuevo, Romeret olfatea las cosas.

Romeret explora. Foto R.Puig

Nuestro burrito se las arregla bien, ha salido de su corral y reflexiona sobre la dirección a tomar.

Examina el entorno, hay una puerta abierta.

Salir o no salir. Foto R.Puig

Fuera le esperan sus vecinos de la granja de Sebastián.

Romeret se lo piensa. Foto R.Puig

Mira para atrás…

Me vuelvo o no me vuelvo. Foto R.Puig

Finalmente decide regresar, pues intuye que la hora de tomar su leche se acerca…

Mejor tranquilo en mi corral. Foto R.Puig

Por hoy no establecerá contacto con la vecindad aviar.

¿Y estos de quién son? Foto R.Puig

Los gansos y los patos tendrán que aguantar su curiosidad.

Mamá sigue conduciendo su tropilla.

¡Vamos! Foto R.Puig

¡Ale! ¡Ale!

Cada uno por su lado. Foto R.Puig
La pandilla de los hermanitos. Foto R.Puig

Estamos ante un caso interesante para el estudio de las leyes de Mendel

Pero lo dejaremos para otro día…

No son horas de oficina. Foto R.Puig

«Versión extraviada» (6)

2 agosto, 2020

Fragmento de papiro del Mar Muerto. Wikipedia

Fragmento de papiro del Mar Muerto. Wikipedia

Capítulo 6

He decidido atenerme a la sucesión de los textos manuscritos que dejó Samuel, los que Elías mantuvo sin ordenar en su versión inglesa. Entonces ya sentía que su salud no le iba a permitir estructurar el relato con una de las dos ordenaciones posibles: la de sus entrevistas con María que es la más cercana a la realidad de aquellos encuentros o la tradicional de los Evangelios Sinópticos.

De hecho María fue saltando de un recuerdo a otro. Por ejemplo, cuando siguiendo los papiros, encontramos lo que explica de su propia familia, probablemente adaptado por el propio Samuel:

María:

Hace ya años, me preguntó Nicodemo si era verdad lo que están contando sobre la infancia de Jesús, pues a él le parece raro que yo no hable apenas, aunque los discípulos estén difundiendo una serie de cosas para probar que en Jesús se cumplió todo lo que anunciaron los profetas sobre el Mesías. Le expliqué que a la mujer galilea no se le permite entrometerse en los debates de los hombres, mucho menos si se refieren a las distintas posturas que sobre la llegada del Mesías defienden los saduceos, los fariseos y, no digamos, las sectas esenias y los zelotas.

Incluso, mis otros hijos, que tanto criticaron a Jesús en vida, dieron por buenas las historias que en sus últimos años fue contando mi esposo José. Mis hijas no entran en todo esto. Están dedicadas a su familia, pero Jacobo, Judas y Simón, los tres sin excepción se sumaron a los discípulos. Jacobo, además, convertido en cabeza visible de la comunidad de Jerusalem, quiso conseguir la adhesión de rabís y judíos de todas las tendencias. Su actividad le costó la muerte por lapidación, otro de los grandes dolores que arrastro conmigo. Fue la muerte de Jesús como un mártir de los romanos lo que les cambió. El taller de carpintería de su padre lo abandonaron a otros familiares. Sus primos, los hijos de mi hermana, eran más discretos, pero tampoco les contradecían.

(…)

Vengo de una familia de Galilea, que residía desde hacía muchas generaciones en Nazaret, un pueblo modesto y pobre, sobre todo si se compara con Cafarnaum. No teníamos nada de particular que nos destacase, salvo la tradición, que mis abuelos y mis padres habían seguido fielmente. No sólo asistíamos a la sinagoga, sino que aprendimos lo mejor posible los textos sagrados y los dichos de nuestros rabinos más destacados. Yo seguí esta costumbre con mi hijo Jesús.

Estaba prometida con José y no podíamos yacer juntos hasta habernos casado. Pero quedé preñada. Para no crear escándalo y reflexionar, por consejo de mi hermanastra, que se llamaba como yo, es decir María la esposa de Cleofás, que era socio de José en el taller, me fui a casa de mi prima Isabel que se encontraba en avanzado estado de gestación y le conté lo que ocurría.

Ella me sugirió que me quedase un tiempo en su casa, pues el pueblo donde vivían estaba retirado de Nazaret. Habló con Zacarías su marido, que era sacerdote y tenía gran ascendencia sobre los judíos piadosos. Zacarías accedió a hablar con José, mi futuro marido, para que aceptará acelerar nuestros desposorios cuando aún no se notaba mi embarazo.

José estaba convencido de ser descendiente de la casa de David. Por otro lado, Zacarías, que estaba muy emocionado con el don que Dios le había hecho al quedar embarazada Isabel, a la que siempre había considerado estéril, veía en el hecho de que yo también hubiese concebido una gran señal del Altísimo y le decía a José que nuestro hijo era fruto de una misteriosa actuación del Espíritu de Jehová. En definitiva, que sería el esperado Mesías.

Yo no tuve parte en esas elucubraciones de los dos, pero entre ambos construyeron esa leyenda de la venida de un ángel y del hijo de Dios a quien yo iba a traer el mundo sin haber conocido varón. De este modo, ni él ni yo habríamos cometido pecado.

Nazaret. El pozo de María. Fuente Pinterest

El «pozo de María» en Nazaret. Fuente : Pinterest

Esto es lo que, al parecer, los hermanos menores de Jesús, han estado contando últimamente a sus primos. Primero se habían reído de las fantasías del pobre José y ahora quieren colaborar con los que han convertido a Jesús en el Mesías prometido, sobre todo ahora que han adquirido prestigio entre los judíos practicantes que se van a sumando a las comunidades de seguidores de Jesús. Me angustiaba mucho pensar que un día, como a Jesús, los mandasen matar, o los romanos o las autoridades del Templo. Y ya ves lo que ocurrió con mi valiente Jacobo.  ¿Hay algo peor que sobrevivir a tus propios hijos?

Volviendo a mi embarazo antes de los esponsales, lo único que entonces me más preocupaba era que no me repudiase José y me castigasen los sacerdotes por lo que habíamos hecho, así que no osé oponerme a nada. Nos casó Zacarías cuando aún no se notaba mi preñez. Quiero que consten estos recuerdos, pues ha llegado a mis oídos lo que los discípulos de mi hijo están repitiendo sobre una milagrosa concepción de Jesús.

Lucas y Mateo han comenzado ya a narrar cosas extraordinarias sobre todo esto. Al parecer, han ideado incluso una aparición del arcángel Gabriel que, según las historias que divulgaron José y Zacarías, habría venido a decirme que yo iba a quedar encinta de Dios mismo.  Puedo asegurar que las cosas ocurrieron como yo te las he contado, aunque cuando José las sacaba a colación en la intimidad, yo callaba para no contradecirle, pues con el paso de los años me acostumbré a amarle y respetarle a pesar de que cada vez magnificaba el destino de nuestro hijo.

Cuando Jesús se hizo mayor, como creo que ya te he dicho, José le calentaba la cabeza más y más con su destino mesiánico. De algún modo le hizo, de un modo u otro llegar a creerse especial. Aunque su milagrosa concepción, José no se atrevió a hablarle. Ahora, por desgracia, están recuperando estas historias sus propios discípulos.

Inmediatamente después, sigue algo que Samuel ha encabezado como “cuarta entrevista”, sin que se sepa exactamente el tiempo transcurrido desde la precedente.

Sigue así con este monólogo de María:

Creo que lo que está ocurriendo es porque Jesús eligió sus discípulos entre la gente más crédula de Israel. Puede que se deba a que empezó su misión de purificación del judaísmo en una región donde la gente no es muy instruida. Son buenos, pescadores, artesanos, agricultores, ganaderos, pero prefieren los aspectos más misteriosos de nuestras Escrituras. Jesús también era hijo de este ambiente, como José, como yo. Las mujeres somos un poco menos gloriosas, al menos yo lo creo así.

Jesús necesitaba sentirse escuchado y esos primeros discípulos fueron adquiriendo una gran preponderancia y se sintieron muy importantes. Incluso disputaban entre ellos para ser los primeros en destacar en todo. Algunos abandonaban a su mujer y a sus hijos, como Simón Pedro, lo cual a mí me parece muy mal y no está de acuerdo con nuestra religión. No que sea una mala persona, en absoluto, pero es bastante simple. Pero Jesús le prometió cierta preeminencia en el grupo. Los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago, también supieron adquirir influencia.

No quiero decir que no hubiese otra gente, más culta y más conocedora de las Escrituras, incluso personas acomodadas que estaban en desacuerdo con lo que hacen nuestras autoridades religiosas. Lo que pasa es que el primer círculo no era el de ellos. Este es tu caso también, Samuel.

Así que parte de la desgracia de mi hijo se explica por el movimiento popular que le encumbró y le empujó hasta el enfrentamiento. ¿Podría haber sido de otro modo? Ahora es tarde y sólo podemos lamentarlo. Lo que ocurre es que no han aprendido y están todos convencidos que Jesús volverá pronto y ellos triunfarán a su lado. Esto le hace muy atrevidos y algunos parece que buscan que les maten.

En el pueblo judío hay gente muy piadosa y razonable que seguramente les seguiría, pero hace falta que sean más tolerantes y hablen en los términos que los judíos puedan entender, sin que les suene a blasfemia o insolencia. Nuestros santos rabinos han trabajado siempre así, con paciencia y sabiduría.

Muchos ya han salido por el mundo y me dicen que incluso ya están en Roma predicando entre las comunidades judías e incluso a los gentiles en Grecia y más allá de nuestros desiertos al otro lado del Jordán. La verdad es que parece algo milagroso que gentes de nuestro pequeño mundo estén predicando los mensajes de Jesús por lugares tan lejanos. No sé en qué acabará todo esto, sobre todo cuando los romanos empiecen a molestarse de que ataquen sus costumbres y sus dioses.

…

Hay otro fragmento que no continúa el hilo del anterior, pero ha sido acotado por el escriba. Se refiere al Sermón del Monte, a las “Bienaventuranzas”.

María se dirige a Samuel:

Me complace escuchar lo que me cuentas de las enseñanzas de mi hijo en Galilea, pues casi todo lo que predicaba en aquellos primeros tiempos, tal como me lo narras, es lo que fue oyendo de las enseñanzas de los rabinos más venerables en casa y en la sinagoga, durante su infancia y su adolescencia en Galilea. Es lo más tradicional y hermoso de la tradición judía, sin todas esas complicaciones y mezquindades que le añaden algunos fariseos o esas deformaciones frívolas que proclaman los saduceos.

Artemisia Gentileschi. María y Jesús niño. Galería Spada. Roma. Foto R.Puig

Artemisia Gentileschi. María y Jesús niño, detalle. Galería Spada. Foto R.Puig

Creo estar oyendo a Zacarías o a José cuando instruían a Juan y a Jesús, en aquellas ocasiones en que nos reuníamos en familia, enseñándoles a no hablar mal de los demás, pues eso nos mancha y nuestras ofrendas en el templo son impuras mientras no nos hayamos reconciliado con nuestros hermanos; o como siempre ha sido el amor, incluso a los enemigos, lo más importante para un verdadero judío; y que cuando se da limosna o se ayuna no hay que hacer ostentación de ello.

Saber que los discípulos oísteis a Jesús predicar lo mismo, yo me sentía orgullosa de mi hijo y albergaba muchas esperanzas sobre su misión de renovación. El dinero y las riquezas han corrompido a nuestros sacerdotes y autoridades y Jesús era consciente de ello cuando predicaba que no se puede servir a Dios y al dinero, que había que confiar en la Providencia.

(…)

Cuando recriminaba a las autoridades judías por haber abandonado la moral de nuestros padres y por su gran hipocresía, Jesús se estaba ganando enemigos. La terrible tradición de juzgar e incluso de lapidar a los adúlteros también, según me contó Simón, había sido una ocasión de conflicto con los fariseos. Me enorgullece saber que mi hijo defendió a una mujer que iba a ser apedreada.

 …

A la búsqueda de Jeffrey

Roma al atardecer. Foto R.Puig

Roma al atardecer. Foto R.Puig

He venido a Roma para buscar a Jeffrey.

Mi editor insiste en que hay que obtener la copia fotográfica del manuscrito. Le gustaría que la publicación comprendiese todo el conjunto. Quiere incluir el libro en su catálogo de libros de historia, con todas las notas que sea preciso y un aparato de bibliográfico de exégesis bíblica, que estoy seguro que Jeffrey podría escribir.

Mis últimas noticias lo situaban en la Universidad Gregoriana, en Piazza della Pilotta, en Roma. Así que es ahí donde he comenzado mi búsqueda. En la recepción he preguntado por él y me han dicho que normalmente reside con la comunidad de jesuitas de la Iglesia del Gesù, en via degli Astalli, pero que desde hace dos meses ha suspendido sus clases en la Gregoriana. Asi que he pedido hablar con su sustituto, el Padre Geschner, que me recibiría al día siguiente.

Me presento pues de buena mañana en la la residencia del Gesù. Doy mi nombre y me intereso de nuevo por Jeffrey. No esperaba que la recepcionista supiese nada, pero, para mi sorpresa, musita que está en Siria participando en una misión de arqueología bíblica. Le pregunto si ha dejado algo para mí y añade que sólo ha indicado que debería hablar con el padre Geschner, con quien me da cita para la misma tarde.

La sala de visitas de la comunidad del Gesù tiene unos techos muy altos y una escasa iluminación, muebles oscuros y una gran mesa de la misma madera. Geschner me recibe cordialmente y me invita a salir a la calle para buscar un café, donde podamos hablar con más tranquilidad. El lugar está bastante lleno pero no es ruidoso, encontramos una mesa libre en un rincón. Tras pedir un par de cafés comienza de forma directa en inglés con marcado acento alemán:

Sé que podemos tutearnos, si no te importa. Has sido compañero de Jeffrey y yo también, aunque en épocas diferentes. Puedes confiar en mí. Seguimos en contacto, aunque él esté ahora en Siria. Me ha contado que estás trabajando en la edición castellana de un manuscrito muy antiguo, del que ha tenido los originales y la traducción inglesa que le dejó un antiguo compañero.

Este exordio me intriga.

Geschner no parece estar al corriente de los detalles y sobre todo…

– ¿Has dicho “ha tenido…”?

Exactamente. Hace seis meses, sin que él pudiese explicar cómo se había enterado, nuestro Padre General le convocó para una reunión urgente. En esa reunión le amonestó por haber ocultado unos importantes papiros que podían ser decisivos para la revisión de la historicidad de los Evangelios.

Papiro del Mar Muerto. Fragmento. Wikipedia

– ¿Le impusieron alguna pena?

No, absolutamente no. El Padre General escuchó sus excusas, pues Jeffrey le explicó que desde que volvió de Chicago había trabajado intensamente, preparando todo el material para presentarlo en las mejores condiciones a sus superiores para su edición y publicación científica.

-Sí, creo recordar que esperaba que le apoyarían sin reservas, repliqué.

Esa era su idea… pero el Vaticano había intervenido y exigido que todo el material se transfiriese a la Secretaría de Estado. El Padre Lombardi se lo había comunicado así a nuestro General. Y ya sabes cómo es eso del voto de obediencia al Papa…

De hecho, Jeffrey volvió a su residencia acompañado del portavoz vaticano, de un monseñor y de un hombre de paisano.

-El resto lo imagino, comento.

Geschner me miró sin sospechar que yo estaba grabando nuestra conversación. Me sentía como un villano, pero quería que mi editor, además de creerme porque me conocía, entendiese no sólo que no me estaba inventando nada, sino que además era urgente publicar.

Con expresión de frustración sincera me dijo:

Salvo que Jeffrey haya tenido la precaución de guardar copia de todo… De hecho, en presencia de aquellos tres, entregó todo. A la semana siguiente lo destinaron a Jerusalem, al menos es lo que me dijeron, pues cuando le llamo me dan todo género de excusas.

-¿Y tú sabes cuál era el documento que tenía?

Sí, pero de forma muy escueta. Nunca me lo enseñó. Me dijo que me enteraría cuando se publicase. Que no quería involucrarme para no crearme problemas. Cuando se fue, me hizo prometer que no investigaría nada en Roma sobre el destino del material.

Geschner me pareció sinceramente preocupado.

-¿Crees que puede ser arriesgado meter la nariz en todo esto?

Me temo que sí y ya me han hecho algunas preguntas sobre ti. Creo amigo que será mejor que dejes Roma lo antes posible

Detalle del triunfo de la Fe. Iglesia del Gesù. Roma

Detalle del triunfo de la Fe. Iglesia del Gesù. Roma


Enlaces para los capítulos anteriores:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

En medio del verano

26 julio, 2020

En medio del verano. Foto R.Puig

En medio del verano. Foto R.Puig

Este no es un verano como los otros, los días llegan y se van como otros años, pero no del mismo modo.  De alguna forma el sol lo sabe. A cada amanecer su rostro siendo diverso siempre es el mismo; como si nos dijese: «¿Acaso pensáis que todo esto es nuevo?»

Encore frissonnant

Sous la peau des ténèbres,

Tous les matins je dois

Recomposer un homme

Avec tout ce mélange

De mes jours précédents

Et le peu qui me reste

De mes jours à venir.

Me voici tout entier,

Je vais vers la fenêtre.

Lumière de ce jour,

Je viens du fond des temps,

Respecte avec douceur

Mes minutes obscures,

Épargne encore un peu

Ce que j’ai de nocturne,

D’étoilé en dedans

Et de prêt à mourir

Sous le soleil montant

Qui ne sait que grandir.

Ayer al amanecer. Foto R.Puig

Ayer al amanecer. Foto R.Puig

Temblando todavía

Bajo la piel de sombra,

Cada amanecer debo

Recomponer un hombre

Con la mezcla confusa

De mis días pasados

Y lo poco que queda

De mis días futuros.

Heme aquí todo entero,

Voy hacia la ventana.

Rayo del día, surjo

Del fondo de los tiempos,

Respeta dulcemente

Mis minutos oscuros,

Aleja una hora más

Lo que hay en mí de noche,

De estrellado por dentro,

De dispuesto a morir

Bajo este sol naciente

Que crece sin cesar.

Jules Supervielle. La Fable du Monde, Nocturne en plein jour (La Fábula del mundo, Nocturno en pleno día) 1938. (Traducción propia en «Jules Supervielle, Vivir y Quehacer del Poeta, Valencia, Pretextos 2009)

Variación

Ha habido también algún que otro día en el que las nubes fueron de lluvia y algo nos dejaron

 

Llegaron nubes... Foto R.Puig

Llegaron nubes… Foto R.Puig

.

Nota de diario

Hoy ha llovido. En medio del verano

sintióse como un auge, una zozobra,

un vago malestar.

.

Llegaron nubes

a través del calor tan luminoso

derramando su sombra refrescante

sobre techos, terrazas y balcones

cual si un respiro aciago, una advertencia

nos hiciera salir del indolente

mecanismo vital.

.

Miramos lejos

el pausado avanzar que se avecina

mientras que se agitaban como alas

blancos sudarios, todo repentino

como un cambio de humor, como esperanza.

Dejamos los aperos…

.

Para nada.

Poco después reinaba esa concordia

de nuestro habitual ese extenderse

de un trasparente cielo vespertino.

Un transparente cielo vespertino, Foto R. Puig

Cual todo lo que pasa ya la lluvia

iba a ser incrustada en la memoria

como un fresco joyel.

.

El hombre anota

los breves alicientes de la vida

como el amor, los frutos tornadizos

las fechas memorables, pero sólo

confía en la constante indiferencia

de lo que es y fue, y será, lo mismo.

en la constante indiferencia.Foto R.Puig

…en la constante indiferencia. Foto R.Puig

Juan Gil-Albert, Obra poética completa, vol. 3, Institución Alfonso el Magnánimo, Valencia, 1981, pp. 138-139.

 

“Versión extraviada” (5)

19 julio, 2020

 

 

Loyola University, Chicago. Lake shore camous. Foto luc.edu

Loyola University, Chicago. Lake shore campus. Foto luc.edu

Capitulo 5

Último encuentro con Elías

Habían pasado ya siete años de nuestro encuentro en Jerusalem cuando recibí una llamada telefónica de Elías. Ya no estaba en la Compañía de Jesús, aunque me dijo que lo había dejado en buenos términos, hasta el punto de que había seguido enseñando en la Loyola University después de colgar los hábitos.

Su voz denotaba fatiga, pero seguía teniendo la chispa de la pasión por el estudio, pues apenas me dejó preguntarle por su salud y por su vida en general. Simplemente, discutimos los aspectos concretos de cuándo podríamos vernos para tratar de los resultados de su trabajo.

Para entonces estaba yo disfrutando de un año sabático y, además, me quemaba la curiosidad. Lo único que pude sacarle sobre sus progresos con el manuscrito fue lo siguiente

Está acabado y por ello necesito que vengas, no me queda mucho tiempo. Te pondré al corriente cuando estés en Chicago.

Estuve listo para viajar en una semana.

Cuando llegué estaba irreconocible físicamente. Le estaba consumiendo el cáncer y la quimioterapia, sin muchas esperanzas. Me contó que durante unos meses, después de su exclaustración, había estado conviviendo con Laura Escobar, la teóloga a la que me había presentado en Jerusalem y a quien él había obtenido un empleo en el colegio de los jesuitas, como profesora de religión. Pero no la tenía al corriente de sus investigaciones y ella se iba poniendo más y más insistente con sus preguntas, hasta el punto de que Elías se había buscado una pequeña habitación en casa de unos parientes de su madre, donde nadie se metía en sus cosas.  Allí, en el barrio de Pilsen, había concluido la traducción del manuscrito y la preparación de su edición.

Pilsen, Chicago. Foto chicago. gov

Pilsen, Chicago. Foto chicago. gov

Cuando Elías supo que Laura se había comprometido con el Opus Dei y ella empezó a hacerle preguntas, como si supiese algo sobre su trabajo con los papiros, Elías tomó la iniciativa de separarse. Ella compaginaba ahora sus clases en Chicago durante un semestre con largas temporadas en Alemania, donde iba a hacer compañía a sus padres, ya mayores, de origen chileno, pero instalados allí desde el golpe de Pinochet.

Elías me confió que los rollos del manuscrito estaban en una caja de seguridad de un banco junto con dos copias, una en microfilm y la otra en papel fotográfico, así como la transcripción y la traducción. Él tenía a mano su copia de trabajo y urgido por su mal estado de salud (le habían anunciado que podría fallecer en pocas semanas), me rogó que tratase de publicarla, bien en inglés, como él la tenía lista, bien en español.  Pero que, en todo caso, me coordinase con nuestro común y viejo amigo Jeffrey, que seguía en la Orden como profesor de exégesis bíblica, y que, llegado el momento oportuno pensaba sacar una edición crítica del facsímil, su transcripción y la versión inglesa. Jeffrey estaba convencido de que obtendría la autorización de sus superiores para hacerlo. En casa de Elías volví a ver a Jeffrey y nos dimos nuestros teléfonos y direcciones. Sólo él y Elías tenían acceso a la caja de seguridad del banco, que estaba en un apartado de los que algunos bancos tienen con ambiente climatizado para la conservación y custodia de documentos antiguos y frágiles.

Quería quedarme una semana más para hacerle compañía, pero una llamada de mi hermana, se trataba de la salud de mi padre, me hizo volver a España con urgencia. Me fui pues con las copias impresas de las imágenes del microfilm, copia de las antiguas fotos de la vasija y su inscripción, así como de la transcripción y de la versión inglesa. Le prometí a Elías que me pondría manos a la obra con la versión española y que le llamaría tanto a él como a Jeffrey para consultar dudas.

Así lo hice durante tres meses largos en los que me zambullí en el trabajo, dedicando todo mi tiempo libre hasta acabarlo. En mis llamadas a mi amigo lo fui notando más y más deteriorado. Yo había asistido al progresivo declinar de mi padre antes de morir, y este paralelismo me apesadumbró más aún si cabía. Al final era sólo con Jeffrey con quien hablaba, hasta que una noche me llamó él para anunciarme la muerte de Elías. Tomé el primer vuelo para Chicago vía Nueva York y pude llegar a su entierro.

Me hospedé en un pequeño hotel cerca de la casa de los parientes de Elías. Conmigo había traído el material que él me había dado, con el objetivo de quedarme un par de semanas a aclarar dudas con Jeffrey. Por las prisas sólo dejé copias en España de la versión inglesa, de mi traducción al español y de la foto de la vasija.

Fui directamente al entierro, dejando un mensaje en la residencia de Jeffrey con los datos de mi hotel. Naturalmente esperaba encontrarlo en el funeral, pero no estaba. Sí estaba en cambio Laura Escobar. Me extrañó mucho la ausencia de Jeffrey. Le pregunté a Laura si le conocía y si le había visto y me respondió que no.

Como mi vuelo de vuelta estaba abierto, llamé dos días después al teléfono de Jeffrey en su comunidad de jesuitas. La persona en la centralita, me dijo que había sido convocado a Roma por la curia del Prepósito General de los Jesuitas. No había dejado ningún recado para mí, lo que me sorprendió mucho.

En casa de los parientes de la madre de Elías, a quienes conocía de mi anterior visita, nadie me supo dar razón y ya no había ningún material de trabajo que les hubiese confiado. Tampoco ningún recado para mí.

De regreso a mi hotel, me llevé una sorpresa mayúscula. En mi ausencia habían desaparecido mis documentos, salvo el texto castellano y la transcripción inglesa que había llevado en mi carpeta de cuero de la que no me separaba ni un momento. Pero me habían sustraído las copias fotostáticas del manuscrito y las fotocopias de la transcripción.

No quise alertar al personal del hotel, pues hubiera tenido que dar explicaciones a la policía e incluso ser retenido demasiado tiempo en Chicago. Pregunté en recepción si en mi ausencia alguien había preguntado por mí. Dijeron que una mujer morena se había inscrito en el hotel esa tarde. Se trataba de una tal Irene Martínez, que había dicho que yo le había recomendado el hotel. Había pedido una habitación vecina a la mía, en el segundo piso. La descripción coincidía con Laura. Había llegado con un bolso de mano, diciendo que la maleta, por problemas de conexión de vuelos, la depositaría la compañía aérea al día siguiente en el hotel. La mujer había estado en su habitación unos quince minutos, diciendo que volvería, pues había quedado conmigo.

Desde la habitación llamé para reservar el primer vuelo disponible y al día siguiente llegaba a Europa. Confiaba aún en localizar a Jeffrey en Roma. Al fin y al cabo él tenía copia de todo y probablemente Elías le había dejado poderes para acceder al manuscrito en el banco. Me ocuparía de ello en cuanto volviese a mi apartamento en Glasgow, en donde residía por entonces.

Estaba convencido de que debía acelerar la publicación del texto en castellano. De hecho ya había sondeado a un amigo de la editorial en la que ahora sale a la luz, sin dar detalles y presentándolo muy vagamente.

Pero ahora volvamos a la transcripción del manuscrito de las conversaciones de Samuel con María. He introducido subtítulos que no están en el original para mejor localizar los contenidos, pues a su autor no le dio tiempo a ordenarlo.

Lazaro

San Apolinar el Nuevo. Ravenna, siglo VI.

San Apolinar el Nuevo. Ravenna, siglo VI. Foto Wikipedia Commons

María:

Samuel, como ves, sigo sin hablar por orden. Pero es mejor así, pues si no se me van a borrar algunos recuerdos, míos o de los que estuvieron presentes y me lo contaron. Si quieres ordenarlo luego, bien estará. Sara me está escuchando y sabe que lo que digo es la verdad. Ella también ha hablado con Marta de lo que ocurrió tras la muerte de su hermano. Había entre los amigos de Lázaro un médico de Betsaida que había llegado tarde, cuando ya lo habían puesto en la tumba familiar. Cuando Jesús pidió que retirasen la piedra, el médico se había precipitado dentro con una antorcha, en parte para iluminar el interior y en parte para combatir el hedor de los cadáveres que había dentro.

Marta intentó detener a Jesús que, muy apenado y llorando por su amigo, quería entrar. Se abrazó a Jesús y le suplicó estremecida que no fuese más allá.  Jesús gritaba “Lázaro ¡sal fuera!”.

Todo lo que entonces ocurrió es un poco confuso, pero mi hijo estuvo siempre convencido de que su intercesión ante Dios resucitó a Lázaro. Es más, por entonces, Jesús estaba ya poseído por la idea de que tenía poder para resucitar muertos. En otro momento hablaré de cómo fue cambiando y llegó a creerse hijo de Dios.

Pero lo que ocurrió con Lázaro, pues Marta lo vio salir tambaleándose y del brazo de su amigo médico, haciendo esfuerzos para librarse del sudario, es que cuando este entró lo halló mudo de terror, parcialmente incorporado, en un estado indescriptible. Su muerte, le dijo luego el doctor de Betsaida, había sido aparente, lo habían sepultado vivo y habría muerto de verdad si su tumba no hubiera sido el amplio mausoleo familiar, una gruta en la roca.

En verdad, Jesús, con su creencia en sus propios poderes y su imparable atrevimiento, le salvó de la muerte, al mandar que abriesen la cripta familiar.  Yo he hablado con Lázaro y con Marta después de la muerte de Jesús. Y Lázaro, aunque sus recuerdos son aún confusos y traumáticos, me ha confirmado lo que ya Marta me había dicho.

Samuel:

Le he explicado a María que pienso retirarme un tiempo a Pella para corregir mis notas y hacer unas copias que mantendré al seguro. Podré también ordenar la transcripción de sus largos monólogos. Yo ayudo con mis preguntas tratando de apoyar con mis propios recuerdos. Con mi ayuda y la de Sara, cuando está presente espero conseguir que el testimonio precioso de la madre de Jesús llegue hasta el futuro. Quizás algún día sean necesarios para aclarar los hechos tal como sucedieron. Pero, de todos modos, es preferible dejar que fluyan sin trabas sus pensamientos. A ella le sirve además para aliviar sus preocupaciones por la confusión de versiones que están circulando. Al menos es un desahogo en toda confianza. Por mi parte, mientras me alcancen las fuerzas. me dedicaré a recoger sus memorias y a lograr que se trasmitan.

En el Templo

Giotto. Jesús entre los doctores. Capilla Scrovegni, Padua

Giotto. Jesús entre los doctores. Capilla Scrovegni, Padua

María:

Jesús, como muchos otros niños, iba a la escuela de la Torah durante los años en que vivíamos en Jerusalem. José había conseguido trabajo como carpintero en las construcciones que Antipas había ordenado en el barrio del Templo.

Mi esposo seguía insistiendo en que nuestro hijo iba a ser el Mesías esperado. Como ya expliqué, yo quedé encinta de la forma más natural, pero José se había llegado a creer sus propias historias sobre una forma milagrosa  de embarazo, para justificar nuestros desposorios cuando yo ya estaba preñada. En todo caso, a mí me parecía que Jesús era un niño como los demás, aunque pronto empezó a destacar entre sus compañeros de escuela.

Consiguió leer y escribir muy pronto y conocía de memoria las Sagradas Escrituras. Por entonces habitábamos en las afueras de Jerusalem y un día no volvió a casa a tiempo. Inquietos, fuimos José y yo al Templo a buscarle. Un grupo de doctores de la Ley que habían venido de varios lugares estaban sentados en el pórtico escuchando a Jesús, a quien el rabino Eleazar había escogido de entre todos los estudiantes para hacer una demostración del buen funcionamiento de su escuela de la Torah. Jesús llevaba un largo rato recitando y respondiendo para complacencia de todos aquellos sacerdotes y orgullo de su maestro. Pero el niño estaba ya exhausto y sobrexcitado.

Cuando José vio aquello se enojó y ya iba a entrar en el círculo para llevarse a Jesús de un brazo, cuando yo le detuve pidiéndole calma, y me acerqué lo suficiente para ser escuchada pero no demasiado, pues en una mujer se hubiese considerado un atrevimiento inaceptable. Comenzaron a mirarnos hasta que Jesús se dio cuenta también de que estábamos ahí. Fue entonces cuando le miré y le dije que su retraso en volver a casa nos tenía angustiados y que le habíamos buscado por todas partes.

“¿No sabéis que tengo que ocuparme de las cosas de mi padre?” y señaló a Eleazar. Aquella respuesta nos dejó inicialmente descolocados. Algunos doctores se reían, celebrando la agudeza del niño. Nosotros, por el contrario empezamos a preocuparnos sobre la influencia absorbente que el rabino Eleazar ejercía sobre Jesús. Temimos que acabasen por llenar con sueños la cabeza de nuestro hijo y que nos lo arrebatasen para el Templo. En ese momento comenzamos a ver claro el significado de las zalamerías de aquel maestro.

Por otro lado, José empezaba a quejarse de la dificultad creciente para conseguir encargos para su carpintería pues las obras de renovación de los alrededores del templo estaban acabando y yo echaba de menos Nazaret y nuestra familia. El miedo a la influencia excesiva de Eleazar sobre la mente de Jesús, que sólo tenía doce años, y todas las demás razones terminaron por decidirnos a volver a Galilea.

Panes y peces

Iglesia de la multiplicación.Mosaico s.V.Tabgha. Israel

Mosaico (s.v) Iglesia de la multiplicación.Tabgha. Israel

Samuel:

María me preguntaba a menudo sobre las cosas que se contaban de Jesús y de las que pude ser testigo, pues tras la muerte de Juan el Bautista yo había empezado a seguirle siempre que se me presentaba la oportunidad. Ella quería que le diese mi versión, porque los discípulos narraban muchos milagros y portentos. María era una mujer del pueblo y una judía piadosa llena de sentido común, y estaba bastante fatigada de oír tantas exageraciones. Yo, que soy escriba de profesión, también pienso que todo aquello que no responde a verdad no debe ser difundido.

Precisamente, tras la ejecución del Bautista, yo me alejé con los seguidores de Jesús a una zona alejada de las ciudades. Jesús se complacía en hablar a las gentes y, en la mejor tradición de nuestros santos rabinos, sabía consolar a todos. Los necesitados y los desocupados, los agricultores, los pastores, los pescadores del lago, se enteraban de que andaba por sus parajes y acudían con ánimo de verle y de escucharle. Recuerdo que además de repetir su elogio de Juan, habló contra la forma hipócrita que tenían los fariseos de aplicar los preceptos sobre la limpieza y la pureza, en especial sobre lo que se puede y no se puede comer por ser impuro. Así que, en aquella ocasión, después da hablar a una gran masa de gente, una mayoría de los cuales ignoraba muchos de esos preceptos, como el de lavarse las manos ante de comer, pues eran menesterosos, jornaleros y pescadores, dijo para que le oyesen algunos fariseos que le espiaban: “lo que sale del corazón, eso es lo que hace impuro al hombre, no el comer sin lavarse las manos”.

Recuerdo muy bien aquel día, pues luego se habló de un gran milagro, de que de pocos panes y peces había sacado comida para una muchedumbre. En realidad, eran unas doscientas personas, incluidas las mujeres y los niños.  Era la época de ir a Jerusalem para la Pascua y había mucha gente por los caminos. De hecho, Jesús estaba a veces un poco sombrío, anunciando que iría a la ciudad santa y que allí era bastante probable que tratasen de capturarle. Los discípulos no pensaban que eso fuese posible, pues estaban entusiasmados con el éxito popular de su maestro.

Pero, lo que María me preguntó es si era verdad que Jesús sacó de unos panes y de algunos peces lo necesario para dar de comer a una gran muchedumbre.

Lo que sigue es aquello de lo que fui testigo y que narré para María.

Tras hablar a la gente, Jesús y sus discípulos se sentaron a comer, y el maestro vio que la gente no se iba, así que les preguntó a varios pescadores que tenían amarradas sus barcas y que eran paisanos de Pedro si tenían pesca. Los discípulos habían hecho fuego y ya olía a pescado asado. Se miraron entre sí y, al poco, condujeron a Jesús a un cobertizo junto al lago en el que escondían la pesca del día para llevar al mercado al día siguiente, lejos de los ojos de los recaudadores.

Jesús, les dijo a sus discípulos que vaciasen la bolsa de las limosnas que habían recibido recientemente y que comprasen pescado para la gente que había acampado después de escuchar sus enseñanzas.  Los pescadores no quisieron abusar en el precio tratándose de Jesús y de sus paisanos. Hubo pescado para todos. Al mismo tiempo, entre los acampados había miembros de una caravana que llevaba panes ázimos para la Pascua. La predicación de Jesús les había conmovido y decidieron compartir una parte de su carga. Salvo los que estábamos cerca, el resto de la multitud pensó que todo aquello era un milagro.

Luego se han ido aumentando las cifras. Así ha sido con no pocos de los portentos que se cuentan. Creo que Jesús era de verdad un gran sanador, pero que su verdadero poder fue cambiar  el alma de los que le escuchábamos. Lo que ocurre es que todos los que le admiraban y le seguían estaban sedientos del Mesías, del esperado que habría de demostrar poderes sobrenaturales.

Yo asistí a curaciones, pero soy un escriba riguroso. Ha habido historias de las que no he encontrado jamás un testimonio creíble. Así se lo dije a María y así lo escribo ahora. El mensaje y la santidad del Maestro no necesitan de invenciones portentosas.

continuará…

 ———

Enlaces para los capítulos anteriores:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

 

 

 

 

La ancestral orfebrería peruana

12 julio, 2020

 

Mujeres con bebés

Dedicado a la Doctora Luisa Vetter Parodi

Durante los años que viví en el Perú, muchos de los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas no se habían producido. Ha sido durante las tres semanas de estancia del año pasado, gracias a que nuestros amigos peruanos nos guiaron a mí y a mi esposa por los museos y sitios de la costa peruana, cuando me he podido maravillar con el trabajo ingente que los arqueólogos peruanos han realizado y siguen realizando. La curiosidad que ese viaje ha despertado me ha seguido picando, pues hay una serie de espacios universitarios y de investigación que publican estudios y hallazgos incesantes en la materia. A distancia, todavía, voy conociendo a docentes e investigadores a través de sus trabajos. Así que de vez en cuando, gracias a su gentil aprobación seguiré modestamente y en la medida de lo posible haciéndome eco de lo que gracias a sus labores aprendo.

La orfebrería en tierras peruanas

¿Qué turista que haya visitado el Perú no ha vuelto con algún objeto que se inspira en los obras de orfebrería de los talleres precolombinos? Imágenes de tumis, peces, aves, barcos de inspiración mochica, chimú, inca, etc, que los viajeros se llevarán a casa en reproducciones de metal barato o, para los de mayor poder adquisitivo, de plata de ley, como joyería, bisutería o para decorar alguna estantería.

Souvenir del Perú. Foto R.Puig

Souvenir del Perú. Foto R.Puig

Nada de eso existiría si, en los talleres y hornos precolombinos, mediante la técnica chimú del laminado o la del  vaciado yschma, muchos artistas anónimos, a menudo trabajando bajo la guía de sacerdotes en los centros ceremoniales, no hubieran elaborado durante milenios numerosos objetos para el culto o el uso diario de la nobleza, basados en un imaginario vinculado al entorno natural y cotidiano.

Hay además, antes de llegar a nuestros días, un lapso de tiempo de más de cinco siglos de mestizaje social, cultural y técnico desde que se produce el encuentro entre los españoles, no sólo con sus objetivos colonizadores sino con sus propias técnicas de tratamiento de los metales, su cultura y tradiciones en materia de orfebrería y sus iconografías, con las que en el mismo ámbito llevan practicando desde hace milenios los habitantes del Imperio Incaico, otro complejo crisol de prácticas e imaginarios de sus orfebres.

Se sabe en que momento estamos. Y también, como se expone en el estudio que ha motivado esta entrada, se va sabiendo cada día un poco más, no obstante ciertas lagunas difíciles de colmar, gracias a la arqueología peruana y a trabajos como el de la Doctora Luisa Vetter Parodi sobre La orfebrería inca en la costa peruana, de lo que los orfebres precolombinos realizaron en tres milenios y medio previos a la Conquista.

El valor del oro y la plata para los conquistadores era el valor venal, lo que condujo, junto con las extracciones ilegales de los siglos que siguieron, a pérdidas irreparables. De nada sirvió que el valor del metal empleado no tuviese para aquellos artistas y artesanos un interés pecuniario. Una enorme cantidad de sus obras fueron fundidas para financiar la colonización y alimentar además las remesas que reclamaba la lejana península.

Se produjo sin embargo un encuentro en materia de metalurgia y orfebrería entre los saberes de los recién llegados y los plateros y orfebres locales. De cómo se produjo ese ensamblaje entre ambas tradiciones técnica, creativas e iconográficas, que dio lugar al mestizaje de una orfebrería indígena y criolla, sobre todo en los dos primeros siglos de la Colonia  también es la Doctora Vetter Parodi uno de los pocos investigadores que se han aventurado a estudiarlo en trabajos que abren puentes entre el pasado precolombino y el presente, ocupándose de aquella fusión progresiva entre lo foráneo y lo autóctono, verbigracia en: Plateros indígenas en el Virreynato del Perú, siglos XVI y XVII (Lima, Fondo Editorial Universidad Nacional de San Marcos, 2008).

Pero, hoy me complace referirme a lo que la autora trata en el trabajo antes citado sobre las varias manifestaciones según períodos, culturas y regiones del Perú precolombino desde actividades metalúrgicas (1500 a 1100 a.C.) y de la orfebrería del final del Incanato (1450 d.C.). Los Incas habían puesto a su servicio a los orfebres de las culturas anteriores, beneficiándose en especial de lo que practicaban en la costa central los orfebres chimúes e ychsmas, que a su vez habían integrado el saber anterior de culturas de la costa norte del Perú, como los mochicas, sin olvidar que en la región andina también se había desarrollado la metalurgia de la cultura Wari. Y que, todo ello de un modo o de otro confluyó entorno al milenario complejo ceremonial y funerario de Pachacamac, santuario de la arqueología peruana donde los hallazgos de metal reflejan una confluencia de todas las técnicas de orfebrería del Perú precolombino.

Como escribe la Doctora Vetter Parodi :

Siendo las piezas elaboradas por artesanos costeños, es lógico pensar que la iconografía representada tendrá relación con el medio geográfico al que pertenecen. Si bien los incas se originaron en el altiplano, es posible que a su llegada a la costa hayan impuesto ciertas representaciones como las de los camélidos en los tumis. La presencia de piezas de la costa central en la costa norte y viceversa podría deberse a varias razones, una de ellas sería el traslado de objetos de una zona a otra por intercambio, o porque fueron llevadas por los peregrinos para ser ofrendadas. La otra posibilidad es que no sea el objeto el que va de un área a otra, sino que son grupos de orfebres los que se trasladan de un lugar a otro llevando un concepto iconográfico y preferencias tecnológicas para ser plasmadas en el nuevo espacio geográfico.

«La orfebrería inca en la costa peruana», Luisa Vetter Parodi, «Cuadernos del Qhapaq Ñan» Año 6, N° 6, 2018. (*)

(La reproducción de las fotos se hace con la autorización expresa de la autora).

A su llegada, los conquistadores no buscaban las piezas en sí, sino el material del que estaban hechas, es decir, el oro y la plata. Es sabido que esto ocasionó la fundición y pérdida de la gran mayoría de las obras que pudieron encontrar, en a comenzar por el desmesurado rescate exigido por Pizarro. Con el tiempo la depredación de los huaqueros produjo nuevas e irreparables pérdidas.

A causa de ello :

…la casi total inexistencia de contextos funerarios de personajes de elite ychsma, chimú e inca, hace muy difícil comprender la orfebrería incaica y sus precedentes; además, la escasez de investigaciones sobre talleres de orfebrería de estos periodos complica aún más dicho entendimiento.

ob.cit.

Llegados a este punto, creo que el lector se beneficiará del cuadro general sobre “Los metales en las culturas del antiguo Perú”, que en un vídeo de la serie Clase Maestra (episodio 24, Ministerio Peruano de Cultura) resume la profesora Vetter Parodi. Este panorama nos introduce a la evolución de la orfebrería del Perú en las diferentes culturas precolombinas a lo largo de tres milenios, en base a los hallazgos arqueológicos hasta hoy (**)

Por mi parte, en esta entrada me limito a algunos de los objetos de plata que fascinan por su magia ingenua y su carga simbólica y humana, seleccionados entre los que el artículo presenta,  esperando que si buscan un mayor detalle, recurran al al mismo y a la vídeo producción. Tienen en su mayoría una serie de detalles jerárquicos que denotan una producción supervisada por una clientela noble o sacerdotal.

Personajes sujetando vasos antopomorfos

Probablemente procedentes de Pachacamac y producidos por técnica ychsma de vaciado.

.

La plata de los orfebres precolombinos peruanos

La plata tratada por los orfebres precolombinos era la que se obtenía de yacimientos poco profundos, con limitaciones importantes para la excavación por la falta de tecnologías posteriores, sin que se emplease el azogue, para amalgamar la plata de las gangas y desmontes desechados por los mineros indios hasta que lo introdujeron los colonizadores en las minas de Potosí. El azogue (mercurio) ya lo conocían y de hecho se extraía en abundancia en una mina de Huancavelica. Según el jesuita José de Acosta en su “Historia Natural y Moral de las Indias”  (L. IV c. XI) tenía usos ceremoniales, festivos, suntuarios o bélicos, «para teñirse o pintarse con él los cuerpos suyos y de sus ídolos». Añade que a esta práctica «la llamaban embijarse, porque les parecía que los rostros así embijados ponían terror, y agora les parece que es mucha gala». Aunque opina la profesora Vetter Parodi que el Padre Acosta se confunde con el achiote o con algún tinte de óxido de hierro, que no son tóxicos como el cinabrio. En relación con la orfebrería el cronista jesuita destaca entre los «oficios especiales» de los indios los de plateros, pintores, olleros, barqueros, contadores y tañedores, «de quienes se servían los señores» (L.VI, cap XVI).

La creatividad

Pero lo que es irrepetible a mi juicio, y no se encuentra ni en la actualidad, ni en la orfebrería mestizada de la época colonial, es la magia naturalista en la representación de aquellos seres humanos en sus actividades cotidianas. Como este sirvienta que carga recurriendo a una faja que lleva sujeta a su cabeza un aríbalo incaico, que a juzgar por su postura es bien pesado.

Mujer cargando aríbalo

El saber hacer de la refinada orfebrería peruana moderna está en deuda con aquella tradición milenaria y con sus anónimos artistas que trabajaron con inspiración, aunque agrupados en sus ayllus y posiblemente expatriados de la costa al altiplano, sometidos a encargos precisos de las clases dominantes para reflejar un sentido del mundo que en su obra se cristalizaba.

Personajes de madera vestidos de plataLos ojos de este personaje tan adornado de distintivos y el rostro representado en el vaso que porta muestran doble relieve, pero esta vez es casi plano, no tiene forma protuberante como las otras figurinas descritas. Esta pieza figura catalogada como chimú, lo cual creemos que es correcto, pero cuenta con rasgos ychsmas; pertenece a la colección Víctor Larco Herrera donada al museo en 1924

ob. cit.

Como bien explica la Profesora Vetter Parodi lo que del período más reciente (y más breve)  de los tiempos precolombinos, el tiempo del imperio incaico, nos ha llegado del trabajo de aquellos orfebres, se debe al saber hacer de culturas anteriores.

Al llegar los incas a la costa impusieron cierta iconografía para los objetos de metal, pero la tecnología empleada para la elaboración de las piezas continuó sin experimentar cambios, ya que fueron los mismos artesanos ychsma y chimúes quienes continuaron elaborando las piezas; por consiguiente, resulta muy difícil establecer una separación de estilos y tecnologías entre las culturas del periodo Intermedio Tardío y los conquistadores incas. Lo que queda claro es que la técnica ychsma del vaciado y la técnica chimú del laminado continuaron siendo aplicadas para la producción de las piezas incas durante el Horizonte Tardío.

ob.cit.

No sólo fueron personajes los representados, sino tantísimos objetos de uso cotidiano, ceremonia, ornamento. Por ejemplo las «cucharitas de calero», que se usaban (y usan) para extraer la cal del calero para mezclarla en la boca con la hoja de coca, de modo que en la masticación se catalice la cocaína.

Cucharitas de calero

O los vasos antropomorfos o zoomorfos, mucho de ellos encontrados en el conjunto de Pachacamac como objetos empleados en libaciones ceremoniales.

Costa central. Intermedio tardío 600 a 1450 d. C. Museo Etnológico de Berlin

Sus estilos  corresponden a un período de tiempo que abarca del 600 al 1450 d.C.

Costa central. Intermedio tardío y Tardío.Museo Etnológico de Berlin


AGRADECIMIENTO Y NOTAS

Este modesto resumen ha sido posible gracias a que la Doctora Luisa Vetter Parodi ha accedido a compartir su trabajo de estudio e investigación con mi blog, respondiendo al interés que sus publicaciones en academia.edu me han suscitado.

(*) Cuadernos del Qhapaq Ñan es una revista de arqueología editada por Qhapaq Ñan – Sede Nacional del Ministerio de Cultura. Se comenzaron a publicar en el 2013. Se encuentra orientada a difundir estudios arqueológicos de investigadores andinistas, peruanos y extranjeros, concernientes a los períodos prehispánicos tardíos y colonial temprano, con especial énfasis en las temáticas de la vialidad antigua, el paisaje arqueológico y la antropología del movimiento. Incluye, asimismo, una sección permanente de reseñas de publicaciones recientes.

Qhapaq Ñan significa «camino (ñan) principal (qhapaq)» en quechua y se refiere al camino andino prehispánico que llegó a recorrer cerca de 6000 kms en sentido norte-sur. Alcanzó su máxima extensión en la etapa incaica, por lo que es frecuente que se lo mencione como Camino del Inca.

(**) Como me ha informado la Doctora Vetter Parodi, el fondo de la filmación reproduce imágenes de la Historia general y natural de las Indias, Islas y tierra-Firme del Mar Océano, de Gonzalo Fernández de Oviedo: Primera parte. Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid, España;  y de La Historia del Mondo Nuovo de Girolamo Benzoni (Relatos de su viaje por el Ecuador. 1547-1550). Traducida por primera vez en lengua castellana por Carlos Radicati Di Primeglio, autor de la introducción y de las notas. Guayaquil, Ecuador (1572/2000)

Mujer con bebé. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú

Figura de plata de mujer con bebé. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. Foto José Luis Matos Muñasqui

 

Poemas de viejo y de hoy

5 julio, 2020

Carducci a los 25 años

Giosuè Carducci a los 25 años

Para Bernardo y Rosi

Hace ya tres años andaba yo algo cojo por las calles de Roma, buscando remedio para un pie maltrecho en alguna farmacia. Días más tarde entraba, ya con mejor pie, en una «librería de viejo», esos lugares mágicos donde alguien se arruina o casi, tratando de seguir vendiendo libros que los nietos de algún muerto le vendieron al peso. No podía cargar demasiado, pues luego lo pagas cuando te pesan la maleta, sólo había entrado a curiosear, pero salí de allí con dos antiguallas: un primer volumen de las «Doloras» de mi tocayo Ramón de Campoamor (1817-1901). Ya saben usted, aquél que escribía cosas como

Cuando miraba atento

aquel tren que corría como el viento,

con sonrisa impregnada de amargura

me preguntó la joven con dulzura:

-¿Sóis español? – Y a su armonioso acento,

tan armonioso y puro, que aun ahora

el recordarlo sólo me embelesa,

-Soy español – la dije; – ¿y vos, señora?

– Yo – dijo – soy francesa.

(…)

«Los pequeños poemas. El tren expreso. Poema en tres cantos».

Lo de «pequeño poema» es un decir, porque tiene más de 250 versos, dedicados muy apropiadamente a un ingeniero de caminos, José de Echegaray, (1832-1916)  quien es probablemente el único ingeniero de caminos, canales y puertos que haya conseguido el premio Nobel de Literatura, en 1904.

Pero me estoy yendo por las ramas, pues el libro que también adquirí ese día eran las Poesías que Giosuè Carducci (1835-1907) publicó entre 1850 y 1900 (Poesie di Giosuè Carducci 1850-1900, Bologna, Zanichelli, 1919, 1075 pp). Me costó 5 euros y me gustaría saber cuántas liras le costó a Teresa Gazzi, que según aparece al abrir la tapa lo adquirió el mismo año de su publicación y debió de ser su más fiel lectora, a juzgar por lo usadas que están sus páginas, entre ellas varios facsímiles de algunos poemas manuscritos del poeta.

Podría extenderme mucho citando a este cultísimo, lírico y vibrante poeta, joven combativo y ateo y anticlerical de los años del Risorgimento, que acabó siendo senador, vate nacional y premio Nobel de Literatura en 1906, el año antes de su muerte. Como ven entre literatos coetáneos nos movemos hoy.

Curiosamente, entre las aficiones de Carducci estuvo la de traducir poemas de otras literaturas europeas. Si me he animado a traerlo, es en parte porque tradujo airosamente uno de nuestros más antiguos romances castellanos en verso sefardí, alusivo a nuestra reciente fiesta de la San Juán:

La lavandera de San Juan

(romance sefardí)

.

Yo me levantara, madre,

mañanica de San Juan,

.

vide estar una doncella

ribericas de la mar.

.

Sola lava y sola tuerce,

sola tiende en un rosal;

.

mientras los paños se enjugan

dice la niña un cantar:

.

-¿Dó los mis amores, dó los,

dó los andaré a buscar?

.

Mar abajo, mar arriba,

diciendo iba el cantar,

.

peine de oro en las sus manos

por sus cabellos peinar.

.

-Dígasme tú, el marinero,

que Dios te guarde de mal,

.

si los viste mis amores,

si los viste allá pasar.

Y esta es la versión de Carducci, que suena maravillosamente bien en el italiano del siglo XIX:

La lavandaia di San Giovanni

(dal Romancero Castellano)

.

Mi levai per San Giovanni,

Ch’era il sole per levar:

.

Vidi, o madre, una fanciulla

Sola sola in riva al mar.

.

Lava, attorce, e in un rosaio

Stende i panni a rasciugar.

.

Mentre i panni il sol rasciuga,

La fanciulla canta al mar:

.

— Dove, l’amor mio, dove,

Dove l’anderò a cercar? —

.

Su dal mare, giú dal mare,

Va dicendo il suo cantar:

.

Pettin d’oro ha ne le mani,

La sua chioma a pettinar.

.

— Dimmi, tu bel marinaio,

Cosí Dio ti voglia aitar,

.

Se l’hai visto l’amor mio,

Se l’hai visto là passar.

Se l'hai visto là passar...

Se l’hai visto là passar… Foto R.Puig

«Rime nuove. Poesie di Giosuè Carducci 1850-1900”, Bologna, Zanichelli, 1919, pp.759-760

…

Giosuè el poeta goliardo y provocador

Corría el pontificado de Pio IX, el papa que promulgó en 1864 «la encíclica Quanta cura que lleva como apéndice el celebérrimo Syllabus erroroum, compendio de ochenta proposiciones condenatorias de las doctrinas del momento. Específicamente anatematizó el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo, el indiferentismo, el latitudinarismo, el socialismo, el comunismo, el liberalismo, las sociedades secretas, el biblismo, y la autonomía de la sociedad civil». (Fuente Wikipedia).

Corrían los vientos de unificación de Italia y aquel joven Giosuè a sus 25 años ya sentía el ardor, no sólo laicista sino patriótico frente a la resistencia del papado a renunciar a su poder político sobre parte del territorio italiano. Más tarde, tras la entrada del ejército piamontés en los Estados Pontificios en 1870, Pío IX se negaría «a reconocer el reino de Italia, a establecer relaciones diplomáticas con él y rechazó las garantías personales que se ofrecían y excomulgó al rey Víctor Manuel II de Saboya. Mediante la bula Non Expedit prohibió a los católicos, bajo severas penas canónicas, toda participación activa en la política italiana, incluido el sufragio» (Fuente Wikipedia).

Pero estamos aún en 1863. En el curso de una cena goliárdica de amigos, bien rociada de vinos y bebidas espirituosas, el joven Carducci, quien fue dado a improvisar, declama un Himno a Satanás, que de repente, cuando se publica en sus 38 estrofas en 1869, le convierte en el más famoso reprobado y alabado vate de la democracia italiana naciente. No en vano era el elogio al líder que abandera (como canta el himno a Ignacio de  Loyola) los negros pendones de las huestes en tropel que enlutan el sol. Dicen que años mas tarde, siendo ya un senador respetable, calificó aquel himno como el fruto de una guitarrada, en italiano «chitarronata» (*).

Si fue así o se trata de un himno al mayor mito de rebelión individual que, junto al de Prometeo, nos ha legado la creación literaria, ustedes lo juzgarán. En el enlace de más arriba lo pueden leer en italiano (circulan versiones castellanas en internet), yo solo traigo aquí las últimas dos estrofas, que creo no necesitan traducción:

A Satana

 final:

(…)

Salute, o Satana,

O ribellione.

O forza vindice

De la ragione!

.

Sacri a te salgano

Gli incensi e i voti!

Hai vinto il Geova

De i sacerdoti!

(1869)

Probablemente es el único premio Nobel que ha inalzado a Satanás a prototipo de todos los rebeldes y adalid de la Razón, en lucha contra Jehova y los sacerdotes.

…

El cantor de la Valtellina

Or tace tutto... Carducci. Elegia del Monte Spluga

«Or tace tutto…», Carducci. Manuscrito de la elegía del Monte Spluga, fechado en Madesimo,

Cambio de estro con unos versos de Carducci en 1897, cuyo fácsimil se inserta en la edición de su obra poética citada más arriba.  Por entonces lleva ya nueve años yendo a descansar para tomar las aguas y las curas termales en Madesimo, en la Valtellina (Alpes lombardos), y seguirá frecuentando el lugar hasta dos años antes de su muerte.

Madesimo, Valtellina

Madesimo, Valtellina

Puedo decir que entiendo su fascinación, pues yo mismo practiqué el senderismo y la escalada por la Valtellina, no muy lejos de los parajes de su Elegía al Monte Spluga.

De nuevo me remito a su final:

(…)

E mi trovai soletto là dove perdevasi un piano

brullo tra calve rupi: quasi un anfiteatro

.

ove elementi un giorno lottarono e secoli. Or tace

tutto: da’ pigri stagni pigro si svolve un fiume:

.

erran cavalli magri su le magre acque: aconíto,

perfido azzurro fiore, veste la grigia riva.

…

…

Y me hallé solitario donde una llanura se perdía

árida entre calvos roquedales: casi un anfiteatro

.

donde los elementos lucharon con los siglos. Ahora enmudece

todo: desde calmosos estanques calmo se desmadeja un río;

.

vagan caballos magros sobre las magras aguas: acónito,

pérfida flor azul, viste la oscura orilla.

Valle del Monte Spluga. Foto Paesidivaltellina

Valle del Monte Spluga. Foto Paesidivaltellina

(la traducción es mía)

Los primeros versos de Carducci (“Juvenilia“) datan del período 1850-1860, combinación de cantos cultistas de raíz clásica y sonetos románticos en que se siente un “peregrino del ciel”.

El poeta ya ha dejado muy atrás una juventud festiva, por no decir desenfrenada y ha superado una edad adulta agitada y apasionada por la Italia que nacía. Estos versos de la vejez, donde evoca a la Loreley de uno de sus poetas alemanes preferidos (Heinrich Heine) terminan entre unas hadas y ninfas alpinas que acaban dejándole solo. Suenan como un despedida y forman parte de las últimas poesías que publicó en 1898.

Giosuè Carducci

…

Colofón para un poeta amigo

Carducci compuso sonetos amorosos de una gran finura entre la tradición clásica, que conocía a fondo y de la cual se alimentó, y su poderosa inspiración romántica.

En otras latitudes y ahora hay un amigo mío peruano que me hace el honor de enviarme sus poemas desde hace años, de los que ha publicado una antología en Lima. Se inspira en sus observaciones de instantes, objetos y personas de su mundo cercano, de su barrio y su vida cotidiana. Y siempre, como atraídos por un imán, sus versos se encuentran con su amada, su compañera de una larga vida.

En estos meses, ha escrito un ramo de poemas de este período de pandemia que no ha conseguido cegar su inspiración.

Con mi amistad y desde el cimiento de nuestros recuerdos comunes de esa Lima que se aleja, me he permitido extraer en su homenaje dos de ellos:

4

Vamos a dejar para mañana viernes responder al

policía

y a los jueces

y a los dueños de cada espacio solitario

y de cada dulce botella de naranja

con licor y amores de mil fiestas y mil besos que ya

fueron

oportunamente y muy bien dados.

Vamos, pues, entonces a contarles a los dueños del

silencio y de la vida todas estas lindas cosas que me

pasan a tu lado

Exif_JPEG_PICTURE

En la plaza de San Francisco, Lima. Foto R.Puig

7

Cuando no haya nadie en las calles

estaré ahí todavía

gritando fuerte entre las montañas

que estoy vivo

despidiendo la brisa con todas las pequeñas hojas del

otoño, con todos los pequeños y débiles trinos de la

madrugada y los sollozos del atardecer.

Cuando no haya ninguna voz, ningún adiós, ninguna

sombra y ni un beso triste bajo el cielo que ha

nublado a las estrellas, habrá en la esquina de

nuestros recuerdos una vieja canción

y la foto donde estás de mi mano recibiendo el anillo

reluciente con mi nombre y la fecha de mis primeros

sueños en tu almohada.

.

Bernardo Regal Alberti, «Poemas de la pandemia», Lima, junio 2020

.

De mi terraza para Bernardo y Rosi. Foto R.Puig

De mi terraza para Bernardo y Rosi. Foto R.Puig


Nota:

(*) Según el Vocabolario della lingua italiana DEVOTO-OLI una chitarronata es en su sentido figurado (traduzco) «una poesía carente de inspiración, que parece haber sido compuesta con acompañamiento de guitarra».

El diccionario cita así a Carducci para documentar esta definición:

…salvo cinco o seis estrofas, nunca más me salió de las manos una guitarrada tan vulgar… 

…non mai  chitarronata (salvo cinque o sei strofe) mi usci dalle mani tanto volgare..