El gorrión gourmet

Estaba yo hace una semana en mi ciudad natal y andaba como Carpanta necesitando comer algo después de un largo paseo en la calorina del verano madileño,

Como no era problema de parné sino necesidad de alguna terraza con ventilación, entré en unos grandes almacenes donde en la terraza exterior de su cafetería sólo quedaba un rincón cerca de un ventilador en la cuarta planta…
Mientras esperaba el refrigerio noté que además del zumbido del ventilador se escuchaban otros zumbidos… los que los producían eran los revoloteos de ciertos vigilantes de esa terraza, que oteaban la situación a poca distancia de los balcones de enfrente.
El pajarillo debía de tener experiencia en estas lides y quiso la casualidad que el aire del ventilador hiciese volar de mi plato una patata frita…
Y ¡tachín, tachán! al borde de la mesa apareció un avisado gorrión gorrón.
Se hacía muy bien el distraído…
Hasta qué… ¡mostró sin ambages sus golosas intenciones!
¿Y luego qué?
Pues luego, visto y no visto, ¡en un pis pas! desapareció de mi vista con la patata frita.
¿Dónde andas gorrón?
Mi intuición detectivesca me decía que no podía haber volado lejos. Mi larga experiencia con los gorriones madrileños me decía que no se habría arriesgado a salir de la balconada, ni a atravesar la calle, arriesgándose a perder el sabroso picotado, o a ser descubierto por un congénere competidor.
Me incliné un poco y miré bajo la mesa, y hete aquí que sobre la elegante tapicería del sillón, el avispado volátil se estaba comiendo la patata chip.
Y colorín colorado, en El Corte Inglés hemos estado. Si suben a la terraza-restaurante del de la calle de Serrano, pidan chips con el condumio y no se olviden de los gorriones gourmets del barrio de Salamanca…
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Nota bene
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros y vuestro Padre celestial las alimenta (Mateo, 6,26) con ayuda de El Corte Inglés.










