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“Versión extraviada” (6)

2 agosto, 2020
Fragmento de papiro del Mar Muerto. Wikipedia

Fragmento de papiro del Mar Muerto. Wikipedia

 

Capítulo 6

He decidido atenerme a la sucesión de los textos manuscritos que dejó Samuel, los que Elías mantuvo sin ordenar en su versión inglesa. Entonces ya sentía que su salud no le iba a permitir estructurar el relato con una de las dos ordenaciones posibles: la de sus entrevistas con María que es la más cercana a la realidad de aquellos encuentros o la tradicional de los Evangelios Sinópticos.

De hecho María fue saltando de un recuerdo a otro. Por ejemplo, cuando siguiendo los papiros, encontramos lo que explica de su propia familia, probablemente adaptado por el propio Samuel:

María:

Hace ya años, me preguntó Nicodemo si era verdad lo que están contando sobre la infancia de Jesús, pues a él le parece raro que yo no hable apenas, aunque los discípulos estén difundiendo una serie de cosas para probar que en Jesús se cumplió todo lo que anunciaron los profetas sobre el Mesías. Le expliqué que a la mujer galilea no se le permite entrometerse en los debates de los hombres, mucho menos si se refieren a las distintas posturas que sobre la llegada del Mesías defienden los saduceos, los fariseos y, no digamos, las sectas esenias y los zelotas.

Incluso, mis otros hijos, que tanto criticaron a Jesús en vida, dieron por buenas las historias que en sus últimos años fue contando mi esposo José. Mis hijas no entran en todo esto. Están dedicadas a su familia, pero Jacobo, Judas y Simón, los tres sin excepción se sumaron a los discípulos. Jacobo, además, convertido en cabeza visible de la comunidad de Jerusalem, quiso conseguir la adhesión de rabís y judíos de todas las tendencias. Su actividad le costó la muerte por lapidación, otro de los grandes dolores que arrastro conmigo. Fue la muerte de Jesús como un mártir de los romanos lo que les cambió. El taller de carpintería de su padre lo abandonaron a otros familiares. Sus primos, los hijos de mi hermana, eran más discretos, pero tampoco les contradecían.

(…)

Vengo de una familia de Galilea, que residía desde hacía muchas generaciones en Nazaret, un pueblo modesto y pobre, sobre todo si se compara con Cafarnaum. No teníamos nada de particular que nos destacase, salvo la tradición, que mis abuelos y mis padres habían seguido fielmente. No sólo asistíamos a la sinagoga, sino que aprendimos lo mejor posible los textos sagrados y los dichos de nuestros rabinos más destacados. Yo seguí esta costumbre con mi hijo Jesús.

Estaba prometida con José y no podíamos yacer juntos hasta habernos casado. Pero quedé preñada. Para no crear escándalo y reflexionar, por consejo de mi hermanastra, que se llamaba como yo, es decir María la esposa de Cleofás, que era socio de José en el taller, me fui a casa de mi prima Isabel que se encontraba en avanzado estado de gestación y le conté lo que ocurría.

Ella me sugirió que me quedase un tiempo en su casa, pues el pueblo donde vivían estaba retirado de Nazaret. Habló con Zacarías su marido, que era sacerdote y tenía gran ascendencia sobre los judíos piadosos. Zacarías accedió a hablar con José, mi futuro marido, para que aceptará acelerar nuestros desposorios cuando aún no se notaba mi embarazo.

José estaba convencido de ser descendiente de la casa de David. Por otro lado, Zacarías, que estaba muy emocionado con el don que Dios le había hecho al quedar embarazada Isabel, a la que siempre había considerado estéril, veía en el hecho de que yo también hubiese concebido una gran señal del Altísimo y le decía a José que nuestro hijo era fruto de una misteriosa actuación del Espíritu de Jehová. En definitiva, que sería el esperado Mesías.

Yo no tuve parte en esas elucubraciones de los dos, pero entre ambos construyeron esa leyenda de la venida de un ángel y del hijo de Dios a quien yo iba a traer el mundo sin haber conocido varón. De este modo, ni él ni yo habríamos cometido pecado.

Nazaret. El pozo de María. Fuente Pinterest

El “pozo de María” en Nazaret. Fuente : Pinterest

Esto es lo que, al parecer, los hermanos menores de Jesús, han estado contando últimamente a sus primos. Primero se habían reído de las fantasías del pobre José y ahora quieren colaborar con los que han convertido a Jesús en el Mesías prometido, sobre todo ahora que han adquirido prestigio entre los judíos practicantes que se van a sumando a las comunidades de seguidores de Jesús. Me angustiaba mucho pensar que un día, como a Jesús, los mandasen matar, o los romanos o las autoridades del Templo. Y ya ves lo que ocurrió con mi valiente Jacobo.  ¿Hay algo peor que sobrevivir a tus propios hijos?

Volviendo a mi embarazo antes de los esponsales, lo único que entonces me más preocupaba era que no me repudiase José y me castigasen los sacerdotes por lo que habíamos hecho, así que no osé oponerme a nada. Nos casó Zacarías cuando aún no se notaba mi preñez. Quiero que consten estos recuerdos, pues ha llegado a mis oídos lo que los discípulos de mi hijo están repitiendo sobre una milagrosa concepción de Jesús.

Lucas y Mateo han comenzado ya a narrar cosas extraordinarias sobre todo esto. Al parecer, han ideado incluso una aparición del arcángel Gabriel que, según las historias que divulgaron José y Zacarías, habría venido a decirme que yo iba a quedar encinta de Dios mismo.  Puedo asegurar que las cosas ocurrieron como yo te las he contado, aunque cuando José las sacaba a colación en la intimidad, yo callaba para no contradecirle, pues con el paso de los años me acostumbré a amarle y respetarle a pesar de que cada vez magnificaba el destino de nuestro hijo.

Cuando Jesús se hizo mayor, como creo que ya te he dicho, José le calentaba la cabeza más y más con su destino mesiánico. De algún modo le hizo, de un modo u otro llegar a creerse especial. Aunque su milagrosa concepción, José no se atrevió a hablarle. Ahora, por desgracia, están recuperando estas historias sus propios discípulos.

Inmediatamente después, sigue algo que Samuel ha encabezado como “cuarta entrevista”, sin que se sepa exactamente el tiempo transcurrido desde la precedente.

Sigue así con este monólogo de María:

Creo que lo que está ocurriendo es porque Jesús eligió sus discípulos entre la gente más crédula de Israel. Puede que se deba a que empezó su misión de purificación del judaísmo en una región donde la gente no es muy instruida. Son buenos, pescadores, artesanos, agricultores, ganaderos, pero prefieren los aspectos más misteriosos de nuestras Escrituras. Jesús también era hijo de este ambiente, como José, como yo. Las mujeres somos un poco menos gloriosas, al menos yo lo creo así.

Jesús necesitaba sentirse escuchado y esos primeros discípulos fueron adquiriendo una gran preponderancia y se sintieron muy importantes. Incluso disputaban entre ellos para ser los primeros en destacar en todo. Algunos abandonaban a su mujer y a sus hijos, como Simón Pedro, lo cual a mí me parece muy mal y no está de acuerdo con nuestra religión. No que sea una mala persona, en absoluto, pero es bastante simple. Pero Jesús le prometió cierta preeminencia en el grupo. Los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago, también supieron adquirir influencia.

No quiero decir que no hubiese otra gente, más culta y más conocedora de las Escrituras, incluso personas acomodadas que estaban en desacuerdo con lo que hacen nuestras autoridades religiosas. Lo que pasa es que el primer círculo no era el de ellos. Este es tu caso también, Samuel.

Así que parte de la desgracia de mi hijo se explica por el movimiento popular que le encumbró y le empujó hasta el enfrentamiento. ¿Podría haber sido de otro modo? Ahora es tarde y sólo podemos lamentarlo. Lo que ocurre es que no han aprendido y están todos convencidos que Jesús volverá pronto y ellos triunfarán a su lado. Esto le hace muy atrevidos y algunos parece que buscan que les maten.

En el pueblo judío hay gente muy piadosa y razonable que seguramente les seguiría, pero hace falta que sean más tolerantes y hablen en los términos que los judíos puedan entender, sin que les suene a blasfemia o insolencia. Nuestros santos rabinos han trabajado siempre así, con paciencia y sabiduría.

Muchos ya han salido por el mundo y me dicen que incluso ya están en Roma predicando entre las comunidades judías e incluso a los gentiles en Grecia y más allá de nuestros desiertos al otro lado del Jordán. La verdad es que parece algo milagroso que gentes de nuestro pequeño mundo estén predicando los mensajes de Jesús por lugares tan lejanos. No sé en qué acabará todo esto, sobre todo cuando los romanos empiecen a molestarse de que ataquen sus costumbres y sus dioses.

Hay otro fragmento que no continúa el hilo del anterior, pero ha sido acotado por el escriba. Se refiere al Sermón del Monte, a las “Bienaventuranzas”.

María se dirige a Samuel:

Me complace escuchar lo que me cuentas de las enseñanzas de mi hijo en Galilea, pues casi todo lo que predicaba en aquellos primeros tiempos, tal como me lo narras, es lo que fue oyendo de las enseñanzas de los rabinos más venerables en casa y en la sinagoga, durante su infancia y su adolescencia en Galilea. Es lo más tradicional y hermoso de la tradición judía, sin todas esas complicaciones y mezquindades que le añaden algunos fariseos o esas deformaciones frívolas que proclaman los saduceos.

Artemisia Gentileschi. María y Jesús niño. Galería Spada. Roma. Foto R.Puig

Artemisia Gentileschi. María y Jesús niño, detalle. Galería Spada. Foto R.Puig

Creo estar oyendo a Zacarías o a José cuando instruían a Juan y a Jesús, en aquellas ocasiones en que nos reuníamos en familia, enseñándoles a no hablar mal de los demás, pues eso nos mancha y nuestras ofrendas en el templo son impuras mientras no nos hayamos reconciliado con nuestros hermanos; o como siempre ha sido el amor, incluso a los enemigos, lo más importante para un verdadero judío; y que cuando se da limosna o se ayuna no hay que hacer ostentación de ello.

Saber que los discípulos oísteis a Jesús predicar lo mismo, yo me sentía orgullosa de mi hijo y albergaba muchas esperanzas sobre su misión de renovación. El dinero y las riquezas han corrompido a nuestros sacerdotes y autoridades y Jesús era consciente de ello cuando predicaba que no se puede servir a Dios y al dinero, que había que confiar en la Providencia.

(…)

Cuando recriminaba a las autoridades judías por haber abandonado la moral de nuestros padres y por su gran hipocresía, Jesús se estaba ganando enemigos. La terrible tradición de juzgar e incluso de lapidar a los adúlteros también, según me contó Simón, había sido una ocasión de conflicto con los fariseos. Me enorgullece saber que mi hijo defendió a una mujer que iba a ser apedreada.

 …

A la búsqueda de Jeffrey

Roma al atardecer. Foto R.Puig

Roma al atardecer. Foto R.Puig

He venido a Roma para buscar a Jeffrey.

Mi editor insiste en que hay que obtener la copia fotográfica del manuscrito. Le gustaría que la publicación comprendiese todo el conjunto. Quiere incluir el libro en su catálogo de libros de historia, con todas las notas que sea preciso y un aparato de bibliográfico de exégesis bíblica, que estoy seguro que Jeffrey podría escribir.

Mis últimas noticias lo situaban en la Universidad Gregoriana, en Piazza della Pilotta, en Roma. Así que es ahí donde he comenzado mi búsqueda. En la recepción he preguntado por él y me han dicho que normalmente reside con la comunidad de jesuitas de la Iglesia del Gesù, en via degli Astalli, pero que desde hace dos meses ha suspendido sus clases en la Gregoriana. Asi que he pedido hablar con su sustituto, el Padre Geschner, que me recibiría al día siguiente.

Me presento pues de buena mañana en la la residencia del Gesù. Doy mi nombre y me intereso de nuevo por Jeffrey. No esperaba que la recepcionista supiese nada, pero, para mi sorpresa, musita que está en Siria participando en una misión de arqueología bíblica. Le pregunto si ha dejado algo para mí y añade que sólo ha indicado que debería hablar con el padre Geschner, con quien me da cita para la misma tarde.

La sala de visitas de la comunidad del Gesù tiene unos techos muy altos y una escasa iluminación, muebles oscuros y una gran mesa de la misma madera. Geschner me recibe cordialmente y me invita a salir a la calle para buscar un café, donde podamos hablar con más tranquilidad. El lugar está bastante lleno pero no es ruidoso, encontramos una mesa libre en un rincón. Tras pedir un par de cafés comienza de forma directa en inglés con marcado acento alemán:

Sé que podemos tutearnos, si no te importa. Has sido compañero de Jeffrey y yo también, aunque en épocas diferentes. Puedes confiar en mí. Seguimos en contacto, aunque él esté ahora en Siria. Me ha contado que estás trabajando en la edición castellana de un manuscrito muy antiguo, del que ha tenido los originales y la traducción inglesa que le dejó un antiguo compañero.

Este exordio me intriga.

Geschner no parece estar al corriente de los detalles y sobre todo…

– ¿Has dicho “ha tenido…”?

Exactamente. Hace seis meses, sin que él pudiese explicar cómo se había enterado, nuestro Padre General le convocó para una reunión urgente. En esa reunión le amonestó por haber ocultado unos importantes papiros que podían ser decisivos para la revisión de la historicidad de los Evangelios.

Papiro del Mar Muerto. Fragmento. Wikipedia

– ¿Le impusieron alguna pena?

No, absolutamente no. El Padre General escuchó sus excusas, pues Jeffrey le explicó que desde que volvió de Chicago había trabajado intensamente, preparando todo el material para presentarlo en las mejores condiciones a sus superiores para su edición y publicación científica.

-Sí, creo recordar que esperaba que le apoyarían sin reservas, repliqué.

Esa era su idea… pero el Vaticano había intervenido y exigido que todo el material se transfiriese a la Secretaría de Estado. El Padre Lombardi se lo había comunicado así a nuestro General. Y ya sabes cómo es eso del voto de obediencia al Papa…

De hecho, Jeffrey volvió a su residencia acompañado del portavoz vaticano, de un monseñor y de un hombre de paisano.

-El resto lo imagino, comento.

Geschner me miró sin sospechar que yo estaba grabando nuestra conversación. Me sentía como un villano, pero quería que mi editor, además de creerme porque me conocía, entendiese no sólo que no me estaba inventando nada, sino que además era urgente publicar.

Con expresión de frustración sincera me dijo:

Salvo que Jeffrey haya tenido la precaución de guardar copia de todo… De hecho, en presencia de aquellos tres, entregó todo. A la semana siguiente lo destinaron a Jerusalem, al menos es lo que me dijeron, pues cuando le llamo me dan todo género de excusas.

-¿Y tú sabes cuál era el documento que tenía?

Sí, pero de forma muy escueta. Nunca me lo enseñó. Me dijo que me enteraría cuando se publicase. Que no quería involucrarme para no crearme problemas. Cuando se fue, me hizo prometer que no investigaría nada en Roma sobre el destino del material.

Geschner me pareció sinceramente preocupado.

-¿Crees que puede ser arriesgado meter la nariz en todo esto?

Me temo que sí y ya me han hecho algunas preguntas sobre ti. Creo amigo que será mejor que dejes Roma lo antes posible

Detalle del triunfo de la Fe. Iglesia del Gesù. Roma

Detalle del triunfo de la Fe. Iglesia del Gesù. Roma


Enlaces para los capítulos anteriores:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

 

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