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Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac. Chan Chan

26 mayo, 2019
Chan Chan. Foto R.Puig

Chan Chan. Foto R.Puig

Como decía el domingo pasado, nuestras visita del 15 de febrero estuvo dedicada a Nik An (“Casa del centro”), la única abierta al público de las diez ciudadelas o palacios amurallados que los sucesivos señores del Reino Chimú construyeron en Chan Chan (“la mayor ciudad de barro del mundo”). Esta, que bien podemos calificar como conurbación, ocupó en su tiempo veinte kilómetros cuadrados (2000 hectáreas) y conserva hoy una extensión de catorce (1400 hectáreas).

De camino a Chan Chan. Foto R.Puig

De camino a Chan Chan. Foto R.Puig

Desde la cercana Trujillo, a través del paisaje árido de arenas y cerros rocosos de la carretera a Huanchaco, se llega al Museo del Sitio en el cual no está permitido tomar fotos, de modo que para hacerse una idea de sus contenidos y si disponen de unos minutos, pueden abrir este vídeo oficial, sin comentarios y poco vistoso pero bastante detallado. El museo trata sobre todo de la Cultura Chimú, aunque los hallazgos expuestos incluyen también cerámica procedente  de pobladores mochicas o de la ocupación inca.

Los chimús, herederos culturales de los mochicas, irradiando desde el valle bajo del río Moche conquistaron gradualmente la costa norte peruana desde las fronteras actuales con el Ecuador hasta muy cerca de Lima. Su ciclo de poder abarcó desde el año 900 hasta el 1476 d.C. cuando fueron doblegados por los conquistadores Incas. Las tropas del Inca Huayna Capac (1493 – 1525) incendiaron parte de la ciudad y la familia reinante fue desterrada. Cuando llegaron los españoles en 1534, Chan Chan ya había sido saqueada y abandonada.

La influencia del Reino Chimú también ascendió por una parte del valle del Jequetepeque, aunque sin alcanzar a la región de Cajamarca. Chan Chan contaba con una red de centros administrativos provinciales (se han explorado cinco) de los que eran tributarios los asentamientos menores.

Chan Chan. La muralla exterior de Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. La muralla exterior de Nik An. Foto R.Puig

El recorrido solitario por el interior de estos gruesos muros, ingresando por su única entrada produce la sensación de estar moviéndose por los espacios de una gigantesca concha vacía o por las tripas gigantescas de un gran organismo de barro, que según la arqueología actual ha sido excesivamente reconstruido.

Chan Chan. Un reino de barro. Foto R.PUig

La capital Chimú fue construida en tres etapas entre los años 850 y 1470 d.C. Sus grandiosas proporciones son el resultado de un sistema político, religioso y social de carácter imperial y dinástico a estructura piramidal. Como ocurre con la otras culturas de la costa, los fundadores míticos de la etnia según la leyenda llegaron del océano. Para los chimús su civilizador fue Tacaynamo, de modo similar a como lo fueron otros semidioses de las cosmogonías Mochica (100 a 750 d.C.) y Sicán (700 a 1350 d.C.). 

Chan Chan. Foto R.PUig

Chan Chan. Muros en red y bajorrelieves de pájaros. Foto R.Puig

Las ciudadelas de Chan Chan encierran grandes plazas, almacenes y depósitos, dependencias palaciegas y administrativas, estanques y redes de canalización, recintos de ofrendas con hornacinas para la veneración de ídolos menores y el mausoleo del Señor o Chimu Capac, en el cual se veneraba su momia.

Chan Chan. El gran reservorio. Foto R.Puig

Chan Chan. El gran reservorio de Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. Canalizaciones. Foto R.PUig

Chan Chan. Canalizaciones. Foto R.Puig

Chan Chan. Templete con hornacinas en Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. Templete con hornacinas en Nik An. Foto R.Puig

Las dimensiones de las plazas dan idea de la cantidad de gente que congregaban sus ceremonias y celebraciones y del volumen demográfico de las diez ciudadelas de esta conurbación. 

Chan Chan. Plaza en ciudadela de Nik An.Foto R.Puig

Chan Chan. Segunda plaza en ciudadela de Nik An.Foto R.Puig

La plataforma funeraria, en este caso la del Señor de la ciudadela de Nik An incluye, además de su mausoleo, 42 celdas con los restos de familiares y sirvientes que fueron sacrificados (*) a la muerte de este hombre que, con el resto de las autoridades político-religiosas de cada ciudadela, ejercía el estricto gobierno de la sociedad chimú. Por desgracia no han subsistido los frisos polícromos que ornaban los muros y que probablemente intimidaban a los súbditos de modo parecido a los que hemos visto en el Complejo de El Brujo, por lo que no se puede precisar el tipo de rituales y creencias que, como en la otras culturas de la costa peruana, reforzaban la adhesión obligatoria al poder político y religioso.

El impulso constructor, la producción cerámica y metalúrgica, el desarrollo agrícola y pesquero Chimú, las técnicas de aprovechamiento del agua y la red de tributarios fueron impresionantes a juzgar por lo que se trasluce en sus vestigios y por la duración y la extensión de sus dominios. Como tuvo que ser también su organización bélica.

Chan Chan. Relieves zoomórficos. Foto R.Puig

Chan Chan. Relieves zoomorfos. Foto R.Puig

La población del complejo de Chan Chan alcanzó, según las estimaciones de los arqueólogos entre los treinta mil y los cien mil habitantes

Chan Chan. Foto R.PUig

Chan Chan. Foto R.Puig

y medio millón de personas habría sido la población en todo el territorio Chimú.

Chan Chan. Relieves zoomórficos. Foto R.Puig

Chan Chan. Relieves zoomorfos. Foto R.Puig

 


Referencias:

Alfredo Ríos Mercedes, “Trujillo. De barro y color” (Guía turística especializada), 2016, 61 páginas (Chan Chan : pp. 32 a 50)  Ver también AQUÍ.

Luis Felipe Villacorta Ostolaza, Las culturas del Perú Antiguo, Lima-Miraflores, 2015 (2012), 287 páginas (Chimú: pp. 197 a 211) 

(*) Nota sobre los sacrificios humanos:

Al hilo de nuestras visitas al pasado preincaico del Perú, algo hemos dicho en estas crónicas sobre las brutales prácticas de sacrifico y libación de la sangre de los guerreros enemigos o la costumbre de los mandatarios de hacerse acompañar al otro mundo por familiares y sirvientes, que como es sabido no son exclusivas de aquellas culturas.

Delacroix. La muerte de Sardanápalo,

Delacroix. La muerte de Sardanápalo,

Pero a la cuestión de los sacrificios humanos, inevitablemente recurrente a lo largo de la Ruta Moche, la historia de la civilización Chimú añade el hallazgo de los restos de más de 140 niños de entre 6 y 14 años de edad, sacrificados ritualmente como ofrenda propiciatoria y enterrados a poca distancia de Chan Chan, según informa la página de Phys Org, a partir de los estudios de campo y las publicaciones del antropólogo forense John W. Verano. A las que habría que añadir otros artículos, como el de Deborah Netburn, More than 140 children may have had hearts removed in ancient sacrifice in Peru, March 6, 2019

Esqueletos de niños sacrificados. John Verano . Tulane University

Esqueletos de menores sacrificados en el territorio de Chan Chan.. John Verano . Tulane University

Hemos mencionado la particular dependencia de aquellas culturas de los azares de la geografía, aunque hoy es difícil determinar todas las circunstancias, económicas, climáticas y sociales en que se produjeron estos sacrificios rituales, que han sido vinculados por los arqueólogos a los ciclos de lluvia y sequía de la costa norte peruana.

En muchas civilizaciones las sequías, las hambrunas y la miseria han sido interpretadas como castigo de la Divinidad y conducido a masas atemorizadas, guiadas por la élite sacerdotal, por sus chamanes y por gobernantes que, para un mejor control, unían la religión a la política, sin olvidar a los profetas milenaristas y las creencias en submundos o en el más allá, a practicar o a someterse a rituales propiciatorios, que pueden ir desde las procesiones rogativas y ofrendas, hasta los sacrificios de animales y de seres humanos o a los suicidios colectivos.

Pero cuando los sacrificados son niños ¿podemos pensar que la ofrenda de su muerte se suponía más valiosa ante los dioses? ¿o era además su sacrificio una forma desesperada de suprimir bocas en tiempos de hambre y pavores colectivos?

La eugenesia ha adoptado y sigue adoptando muchas formas y ha sido propiciada en diversas latitudes y épocas. Se ha fomentado con más o menos brutalidad u odio, impulsada por el racismo o no, con mayor o menor recurso a consideraciones científicas o de control demográfico planificado, con métodos diferentes y por dictaduras o democracias,  e incluso por personajes y organismos respetados. Pensemos en la política china reciente del hijo único o en la oscura disminución de la proporción de niñas y mujeres en la India o en las esterilizaciones étnicas o supuestamente profilácticas del siglo XX, inclusive en países libres de toda sospecha totalitaria.

Homo homini deus,   Homo homini lupus.

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