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Galería Doria Pamphili. La irreverencia de Caravaggio [Archivos romanos V]

25 mayo, 2012

 

En Roma hay numerosos palacios de familias con tradición de poder, riqueza y mecenazgo. En casi todos hay muestras apabullantes de una larga historia de coleccionismo de obras de arte. La mayoría están abiertas al público.

En plena Via del Corso, cerca de Piazza Venezia, hay una de las mejores, la Galería Doria Pamphili. Pocos guías llevan a ella a sus turistas, aunque no creo que sea por el precio de la entrada, superior a la media, sino porque una visita como es debido exigiría más de lo que la media de los “cicerone” sabría ofrecer y exigiría más tiempo que la del Coliseo.

En cualquier caso, la visita a ese lugar, recoleto en medio del tráfago romano, es una bendición para el que anteponga el sosegado disfrute del arte a las prisas y los codazos museales.

Para los que estudiamos la historia hace ya décadas, el apellido Doria nos recuerda las hazañas del almirante Andrea Doria, jefe de la flota genovesa y mercenario sucesivamente al servicio de dos rivales, Francisco I y Carlos V. A nosotros sólo nos hablaban de sus gestas bajo el imperio del segundo.

Andrea Doria por Sebastiano del Piombo. Detalle

Andrea Doria por Sebastiano del Piombo. Detalle

Como tantas otras fortunas y noblezas, el emporio Doria, con su sucesión de príncipes, empieza con un capitán guerrero que, cambiando oportunamente de chaqueta, alcanza poder, títulos y riquezas.

Pero,  todo hay que decirlo: sus sucesores en el siglo XX se aliaron con la resistencia italiana contra el fascismo y los nazis y fueron perseguidos por ello.

Pero esta es otra historia.

En Roma se van acumulando las colecciones desde que el Palazzo Doria surge en el siglo XVI y en las dos siguientes centurias se rebautiza como Doria Pamphili, merced a una serie de desposorios inspirados por cardenales y papas de ambas familias y con los Aldobrandini.

La Villa Pamphili con sus magníficos jardines, limítrofe con la colina del Gianicolo, es otro florón de la saga, hoy propiedad de la ciudad de Roma, aunque los príncipes conservan la capilla funeraria. En Génova conservan el Palacio de Andrea Doria o “Villa del Príncipe”, con una deslumbrante provisión de obras de arte, algo así como el menú servido por Jan van Kessel el Viejo

Hoy en día los propietarios del Inmenso complejo de Via del Corso son ingleses de nacimiento. Se trata de los afortunados Gesine y Jonathan Doria Pamphili, dos niños adoptados en un orfanato inglés por la pareja de los ya fallecidos Frank y Orietta Pogson Doria Pamphili.

Desde que el príncipe Filippo Andrea Doria V se casó con la aristocrática Mary Talbot en 1848, los miembros de la familia han seguido emparentándose con la nobleza británica o con simples suboficiales del ejército de su majestad, como Frank Pogson.

Esta es también, por más que sea romántica, otra historia.

El signo inicial de este cambio es el “Baño de Diana”, que el enamorado príncipe le regaló a Mary como regalo de boda. La novia tenía gustos victorianos. Se trata de un pastiche pompeyano de lujosos mármoles, muy apropiado al encandilamiento de los ingleses el siglo XIX por la imitación de lo antiguo. Está a la izquierda según se entra.

Pero, gracias a los dioses, aquí se terminan los añadidos del pretencioso “promesso sposo”. Todo lo que sigue es digno de una visita maravillada, empezando por la gran “Sala Poussin”, repleta de paisajes de pintores franceses de la escuela romana.

Pasando luego por la “sala de los terciopelos”, la “sala da ballo” y la capilla y su antecapilla, se circula entre “bagatelas” de pintores de género como David Teniers y paisajes de flamencos e italianos, para llegar a “La Galleria”, con sus cuatro brazos.

Adyacentes a ella, sus “salette”: las de Velázquez, Settecento, Seicento, Cinquecento, Quatrocento, Aldobrandini, salas de los espejos, roja, verde, amarilla, azul y del trono.

Estamos en uno de los museos privados de arte más nutridos del mundo. Para decirlo en dos palabras, nos apabulla. Si se entra con tiempo y se ama el arte al final no sabes si reir o llorar, de emoción, claro.

Hoy nos limitaremos a empezar por…

La irreverencia de Caravaggio

Por la “Galería de los espejos” (el segundo brazo del cuadrilátero) nos aproximamos a la sala del Seicento y al cuadro de Caravaggio “Descanso en la huida a Egipto” que ya justifica toda la visita. Es una obra que confirma algo que hace única la historia y la obra de este pintor. Me refiero a que Michelangelo Merisi se dedicó a pintar seres humanos. Sólo hombres y mujeres ordinarios, tal cuales, le interesaban.

Para poder pintarlos, condicionado por la época que le tocó vivir, no tenía más remedio que servir a sus clientes. Ello implicaba trabajar sobre la historia sagrada o la mitología, pero afrontándolas con una originalidad que, en el caso de los temas bíblicos, le supuso algún rechazo por parte de comanditarios conventuales.

Además, este cuadro irrumpe en la historia de la pintura con una composición insólita. En esta escena clásica se produce una alteración de la tradición de la pintura sacra. Hay un personaje que adquiere su peso gráfico y simbólico dando la espalda al espectador y divide el cuadro en dos.  Su desnudez juvenil y sus alas sombrías,  justo al centro, separan a los principales actores de la historia, a cuya inmovilidad se contraponen sus movimientos, los de las manos, los del tronco y los de los pies. No sólo toca el violín, sino que parece contonearse con su melodía.  El viejo lo mira con una admiración que el joven no percibe. La madre, agotada, ha terminado de dar de mamar al bebé y se abandona a las armonías del violín y a las notas que aluden a ella. La música de la antífona mece al niño en su dormir y acompaña los sueños de la hermosa joven.

Un paisaje admirable, más propio de las orillas de algún río de Italia que de los oasis de Egipto, envuelve la escena.

Caravaggio no respetaba  los patrones iconográficos al uso y no sólo por la composición de sus cuadros. Los protagonistas supuestamente sagrados o mitológicos de sus cuadros son gente común, aunque se llamen Jesús, María su madre o José su padre putativo, Baco o Medusa, San Mateo o María Magdalena.

Magdalena penitente. Caravaggio.Galería Doria Pamphili.Roma

En el  “Descanso en la huida a Egipto” el realismo y la humanidad de Caravaggio se enfrentan al misterio y lo niegan. Me explico. En mi modesta opinión, el “Descanso en la huida a Egipto” es un cuadro irreverente, un sacrilegio en su sentido original, la desposesión del carácter sagrado de un objeto o creencia. Aunque Caravaggio sea irreverente de forma velada, críptica, pues no puede serlo de otro modo.

En este cuadro hay cuatro personas: María con su bebé, un hermoso joven, en funciones de ángel músico, que acoge bajo su ala oscura a la madre y al hijo, y el anciano José que le sostiene la partitura del “Tota pulchra es Maria” (antífona del siglo IV), es decir “¡María, toda tú eres hermosa!”.

El quinto en cuestión, no es humano ni angélico, es un testigo animal, un burro, cuyo ojo enorme, interrogante, asoma y lo examina todo a través del follaje, entre José y el ángel. Con este detalle surrealista, el pintor parece invitarnos a descifrar la escena. Es como si el burro del portal de Belén, humilde compañero de la fuga, con su mirada muda formulase una pregunta.

Según el Evangelio, José, devoto descendiente de David, fue convencido por un ángel de que el embarazo de su prometida era de origen milagroso, divino. María desempeñó su papel, se casaron y la fuerza y el liderazgo mesiánico de Jesús, más la leyenda y los dogmas hicieron el resto.

Creo que lo que subyace en la representación de la huida a Egipto de Michelangelo Merisi es lo que no se puede decir, pero se piensa. Es decir, un “ménage à trois”: el marido que ha aceptado a la joven madre embarazada y que, además, le sostiene la partitura al joven amante y padre de la criatura, ángel de alas oscuras, quien entona un canto a su hermosa (pulchra) amada. El niño Jesús, fruto de esos amores es el cuarto protagonista, el de insospechable futuro.

Pero este museo  también respeta el dogma con los cuadros de otros artistas. En este caso, la obra de un fraile artista, que, si bien no cumplió con su voto de castidad (¡tan hermosa era la monja que le sirvió de modelo y de amante!) al menos se ajustó a la ortodoxia iconográfica más estricta.

La reverencia de Filippo Lippi

Por ello en la misma Galería, pero -¡ay!- en los inaccesibles apartamentos reservados a los príncipes y a sus visitas, se halla el antídoto devoto contra el irreverente Caravaggio,  una soberbia Anunciación de Filippo Lippi.

Aquí el dogma está completo: la manos de Dios Padre dan suelta a la paloma, el Espíritu Santo, y la lluvia de oro fecunda el vientre virginal sin mediación de varón. La alas del arcángel Gabriel tienen el color de la aurora y en su mano izquierda sostiene un ramo de azucenas, las flores de la pureza. Por el ventanal se divisa el “hortus conclusus”, el jardín cerrado, símbolo de la virginidad de María.

Así que a cada cual según sus creencias, vuestras mercedes elijan…

En cualquier caso, por favor, no perdamos las maneras, como estos “putti” que se pelean, parece que por razones étnicas y no sabemos si también dogmáticas, en este cuadro de Andrea Podestà que también está en la Galería Doria Pamphili. Al parecer los morenos llevan las de ganar…

Continuará…

6 comentarios leave one →
  1. Francisco Otero permalink
    25 mayo, 2012 03:10

    Querido Moncho,
    otra vez nos sorprendes con tu fina observación, amplio conocimiento y tu generoso compartir.
    La Galeria Doria no tiene nada que perder. Es hermosa. El Caravaggio que con cuidado describes es una maravilla de la habilidad de este genial pintor para lanzar sus críticas irreverentes y mordaces a una sociedad tan injusta y falsa que él con razón no soportaba. Qué pintor. Como señalas usaba modelos de la calle, inclusive delincuentes para pintar a Cristo y demás. Por eso quizá murió tan joven en la calle en una reyerta de cuchilleros. Asesinado por una fanático religioso, o algún enemigo bien ganado.

    Te agradezco este compartir lo bueno
    Abrazo grande
    Pancho

    • 25 mayo, 2012 08:36

      Querido Pancho,

      Muchas gracias por tu comentario.

      La obra de Caravaggio está en efecto repleta de sutilezas. En realidad la historia de la pintura está llena de cuadros que sugieren más de lo que dicen, pensemos en el Bosco; o en Lorenzo Lotto, amigo de heréticos protestantes italianos. Se debate mucho sobre los “non dicta” de aquel pintor. Por cierto, es autor también de un magnífico cuadro del descanso en la huida a Egipto (Museo del Hermitage), más ortodoxo pero también con un detalle de devoto surrealismo: ¡Santa Justina asiste a las escena con el puñal de su martirio clavado en el pecho!

      La diferencia es que los detalles sutiles de Caravaggio brotan del sentido común y de la realidad de los seres cotidianos.

      ¡Te envío un abrazo por encima del Atlántico y de los Andes!

      Moncho

  2. 28 mayo, 2012 14:01

    Hola Ramón, impresionante, lo que muestras, y cómo, y el análisis de las pinturas, sobre todo, ¡cuánto se aprende leyéndote!
    No conozco Roma (ya se que es un pecado, y hoy me lo parece mucho más).
    ¡Muchas gracias!

  3. 30 mayo, 2012 23:04

    Hola Mercedes,

    Te agradezco mucho tu aprecio.

    Yo creo que cuando vayas a Roma, tú también vas a tener gran cantidad de cosas que contarnos. Estás habituada a descubrirnos muchos aspectos inéditos de Madrid y, a poco que deambules por Roma, seguro que nos darás tu propia visión de esa ciudad inacabable. Así que espero que no dejes pasar mucho más tiempo sin realizar ese viaje.

    Un abrazo

    Ramón

  4. SAID DORIA MANZUR permalink
    13 enero, 2013 19:59

    Oh….Que inmarcesible nuestra Familia Doria.Nos enorgullece a los Latinos descendientes de los Doria de Génova,nada más. La familia Doria de Colombia data en este Pais desde 1.795 cuando don Fernando Doria Colon llega casado con doña Maria Diaz de Almeida con fines investigativos y de negocios en la Provincia de Lorica hoy Departamento de Cordoba. La Familia Doria en Colombia al igual que el resto de los Doria de todo el mundo tiene su importancia en lo militar, político y profesional somo una familia de primer orden donde quiera que estemos ubicados y hoy de regreso a las tierra de origen (Europa).

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