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Versión extraviada (13): Judas

29 noviembre, 2020

Estrella de David. Foto R.Puig

Cuando terminé de traducir el quizás más sorprende entre los textos de los papiros, pensé en lo que debió sentir Elías cuando comenzó a estudiar estos manuscritos de Samuel. ¿Llegaría a leer lo que yo tengo ahora en mis manos?

La familia Adler fue víctima del secular odio a los judíos, que culminó en el Holocausto, un odio que se atizó desde los primeros tiempos de la Cristiandad. Basta con volver a los sermones ferozmente antijudíos de San Juan Crisóstomo en el siglo IV; aunque la atribución de la culpa de la muerte de Jesús a los judíos se prepara ya desde algunas narraciones evangélicas, en las que destaca el sesgo antijudío del evangelio de Juan.

Me he visto hoy con Jeffrey. A causa de las precauciones que estamos adoptando, me dio cita en la Estación Tiburtina. En cualquier caso, me ha sorprendido proponiendo este lugar de encuentro. Desde la estación fuimos hablando de estas trascripciones mientras caminábamos en dirección al Cimitero del Verano; al poco comprendí que quería que allí nos recogiéramos ante las sepulturas judías.

Yo desconocía ese cementerio cerca de la Via Tiburtina; de los que en el Lacio albergan un sector hebraico es el que queda más cerca de nosotros dos. El lugar de este encuentro lo ha decidido en memoria de Elías y de su padre, el profesor Adler, pues ambos estamos trabajando con los textos en los que los papiros de Samuel reescriben uno de los pasajes evangélicos de donde arranca lo que hoy se denomina antisemitismo; esa tradición de que a Jesús lo mataron los pérfidos judíos.

La versión de los hechos entorno a la Pasión que encierran estos papiros explica que haya tanto interés y activismo clandestino en parar la edición.

William Holman Hunt. The shadow of death. Manchester Art Gallery

Samuel:

Como ya hace tiempo le preocupaba a su madre,  Jesús estaba cada día más imbuido de una desmesurada confianza en sus propios poderes. En los últimos tiempos se consideraba el nuevo profeta Elías y creía plenamente en su misión de salvador del pueblo de Israel, como Mesías y descendiente de David.

La triunfal acogida en Jerusalén antes de la Pascua le había terminado de convencer de su ascendencia divina. El milagro que había obrado devolviendo a Lázaro a la vida había también contribuido a la idea de que tenía que hacer algo grande, muy grande, que le conquistase la adhesión incondicional de su pueblo.

Según un discípulo cuyo nombre no revelo, pues aún vive y me ha hecho prometer que lo callaría, Tomás estaba convencido de que Jesús mismo había decidido entregarse y lo había planeado con Judas, con el que tenía largas conversaciones y quien, poco a poco, se había sentido solidario con estas ideas del Maestro y decidido a apoyar sus planes. Estaba decidido a seguirle con fe ciega. En cambio, los otros discípulos empezaban a tener miedo de que los romanos atendiesen a ciertos saduceos y acabasen por ver a Jesús como un zelota peligroso, capaz de soliviantar a las masas.

(Jaume Serra. La última cena. Museo Nacional de Palermo)

Cuentan que Jesús dijo a un cierto punto, durante la última cena de su vida, que quien metía la mano con él en el plato le iba a traicionar. Según confío Tomás a mi confidente, todo habría sido parte de unas apariencias que el Maestro había acordado con Judas. De hecho era él, quien entre los discípulos departía en privado con Jesús sobre los planes que éste tenía para demostrar de una vez por todas ante el pueblo judío no sólo que era el Mesías prometido, sino que era Hijo de Dios, y que su Padre le protegería hasta el final.

Pilato estaba pensando en tomar medidas, pues entre los seguidores de Jesús comenzaban a hacerse ver algunos zelotas que propugnaban la expulsión violenta de los romanos y la instauración de un Reino de Israel libre de imposiciones paganas. A la llegada de Jesús a Jerusalem con motivo de la Pascua, entre sus seguidores venían algunos hombres con estacas. Había como un círculo de protección espontáneo que rodeaba a Jesús. Entre ellos y cerca de Pedro estaban dos seguidores que luego serian detenidos y crucificados junto a él.

Cuando se consumó el apresamiento y la horrible muerte de Jesús, la desesperación y el desengaño de Judas se dice que fueron terribles. Todos le miraban como a un traidor. Antes de ahorcarse, por lo que me ha contado el discípulo a quien se lo había confiado Tomás, el Iscariote habría recibido instrucciones de Jesús para denunciarle, entregarle, aparentando que era por dinero, y guiar al huerto de Getsemaní a a un manípulo de soldados romanos con algunos esbirros. Estos últimos trabajaban para algunos miembros del Sanedrín que querían llevar a Jesús a juicio, y habían conseguido que el procurador romano tomase cartas en el asunto.

El beso de Judas. Giotto. Capilla Scrovegni. Padua

***

Estos pasajes de los papiros recogen un testimonio, que Samuel, cercano al final de su vida, declara haber conocido de boca de un discípulo que lo escuchó del mismo Tomás. El apóstol a su vez atribuyó esta versión de los hechos a un Judas desesperado que acabó ahorcándose, pues al parecer, cuando acudió a él profundamente atribulado no encontró la comprensión que esperaba. Cuando empezó a atar cabos, ya era demasiado tarde. Jeffrey, que tiene un bagaje enorme de estudios bíblicos no está sorprendido. Me dice que en parte confirma versiones de evangelios apócrifos y de tradiciones gnósticas antiguas, pero que ciertamente nunca se había encontrado un testimonio tan próximo al circulo familiar y de los discípulos de Jesús como éste.

Tras la visita al cementerio del Verano, en una trattoria poco frecuentada, hemos hablado de los textos y hemos coincidido en su transcripción, él en inglés y yo en castellano. También estamos de acuerdo en concluir lo restante y acelerar todo lo posible su publicación. Tomaremos precauciones, almacenando cada uno en al menos dos ordenadores distintos, la versión final.

Antes de despedirnos hemos visto en el televisor de un bar cercano a la estación las escenas de la caída del muro de Berlín. En el Vaticano se celebra el papel destacado que el Papa Woytila ha tenido en el proceso de liberación del yugo comunista de los países del Este de Europa.

Coincidimos en pensar con preocupación que los agentes de ProFede tienen ahora más motivos para que la versión canónica del papel de los judíos en la muerte de Cristo no se altere…

***

Samuel

En el huerto había palos y espadas. Que se sepa de estas sólo hubo dos. Los discípulos preguntaron a Jesús si eran bastantes y el respondió que bastaban, no se sabe bien en qué sentido. De hecho, Pedro lo tomó como un permiso para usarla, como se vio después, cuando agredió a uno de los esbirros que precedían a los soldados romanos y antes de que Judas señalase a a Jesús.

Pedro se escabulló tras la reprimenda de Jesús, que no quería que aquello degenerase. De hecho había planeado con Judas que no prendiese a nadie más que a él, pero luego crucificaron también a otros dos que se mostraron violentos para defenderle.

Creo que fue cierto que Jesús convenció a Judas para que le entregase, simulando que era por dinero. Era la ocasión para demostrar con un gran milagro que el El era el Hijo de Dios Todopoderoso. No es cierto que se ahorcase poco después del prendimiento. En realidad, Jesús le había convencido de que el gran prodigio sería que su Padre le liberaría de los clavos sobre la misma cruz. Es difícil creer que estas expectativas desmesuradas fueron decisivas para su ejecución final, con un suplicio que los romanos destinaban a los esclavos rebeldes. Por mi parte lo transmito como me lo contaron quienes lo vivieron desde mucho más cerca que yo.

Luego llevaron a Jesús directamente ante Pilato ante el cual declaró ser Rey. Circulan varias versiones, pero la realidad es que el procurador romano quería quitarse el posible problema de una nueva insurgencia, y al mismo tiempo quería complacer al sector de saduceos que colaboraban con los romanos. Estos habían enviado un grupo de hombres a reclamar a voz en gritos la crucifixión.

(Giovanni Bellini. Pietà. Museo Poldo Pezzoli. Milán)

***

En los papiros de Samuel estos episodios de lo que los evangelistas narrarían más tarde como “la traición de Judas” muestran algunas variantes sobre esta colaboración suya con Jesús. Lo que parece claro es que su desesperación final la causó el constatar que su ayuda había supuesto algo parecido a lo que hoy llamamos “suicidio asistido”.

Por una parte no se ve claro (hay algunas líneas del texto que son ilegibles) todo lo que esperaba Judas que sucedería más tarde y hasta donde estaba dispuesto a llegar Jesús, completamente imbuido de su divinidad y de la protección de su Padre…

Transcribimos a continuación lo que hemos podido obtener en claro del manuscrito del autor.

Samuel:

Pocos días antes de la tragedia de la crucifixión, Judas le había dicho a Tomás que Jesús tenía un plan para manifestarse sin dejar lugar a dudas como el Hijo predilecto de Dios a través de un milagro que asombraría a los judíos y a los gentiles, es decir a los romanos. Judas no le dio detalles pero afirmó que antes del milagro habría angustia y sufrimiento para Jesús y para sus discípulos, pero que el Maestro triunfaría de todos sus enemigos. A Tomás le dejó intrigado y pensando que mejor sería que Jesús no provocase al Sanedrín durante la Pascua.

Tomás confesó a su discípulo, quien me lo contó a mí, que eso que luego ha ido contando Juan sobre el anuncio de la traición de uno de los suyos durante la cena es dudoso, y que Jesús anunció que los miembros del Sanedrín andaban tras él, pero que no temiésemos nada, que todo iba a ser para la glorificación del Padre y de su Hijo. Judas se acercó a Jesús quien le recordó que tenía que hacer lo que le había pedido y Judas salió.

Según Tomás, lo planeado es lo que Judas cumplió con fe plena en los poderes sobrenaturales de Jesús. Como el Iscariote era también fariseo, en el Sanedrín le agradecieron que les preparase la entrega de Jesús y lo del pago por sus servicios no está probado.

En realidad, no está totalmente claro que Jesús llegase a confiarle que una vez en la cruz se liberaría de los clavos y la gloria de Dios y de su Hijo se manifestaría ante el mundo y todos le seguirían. Aunque a Tomás le pareció que fueron gentes del pueblo de Judas los que gritaron en el Gólgota “si eres hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos en ti”.  Ese era el momento en el que Jesús habría descendido milagrosamente del leño atroz.

Tomás estaba convencido de que Judas no se suicidó por remordimientos de una traición, sino por el dolor de no haber sabido impedir aquella locura y la muerte de su amado Maestro. Además ni siquiera pudo explicarse con los otros apóstoles y, si lo intentó, no le creyeron. Todos se volvieron contra él; el que le habría podido exculpar estaba muerto sin remisión.  Probablemente su desesperación ante el juicio de los demás fue el empujón definitivo que le llevó a ahorcarse.

Si alguna vez los seguidores de Jesús llegamos a ganar a los judíos y a los gentiles para su mensaje, si su sacrifico da frutos, mucho me temo que la figura de Judas como el peor de los malvados seguirá perpetuándose. Pero, si algún día mi testimonio llega a conocerse, espero que se le haga justicia, por ello aquí lo dejo escrito.

Me consuela saber que María nunca creyó en esa traición de Judas a pesar de que no vivió para escuchar esto.

Judas se ahorca. Catedral de Autun. Francia

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Elogio de la nimiedad (XI)

22 noviembre, 2020
Parabrisas. Foto R.Puig

El tráfico es escaso,

el tiempo sin historia

y la lluvia tan gris

de vuelta de comprar

nada que venga al caso.

Friso.Foto R.Puig

Hay hojas que aún gozan

de unas horas de gloria

con colores postreros

que una mirada dulce

guardará en la memoria

Trepa que trepa.Foto R.Puig

Sobre el tapiz de otoño

intrépidos los párvulos

en su rato de parque

trepa que trepa prueban

nuestra herencia macaca

Por la vereda. Foto R.Puig

Paso a paso, hacia casa,

concluyo mi paseo

por la húmeda tarde

que en su melancolía

me lleva a mi butaca

Fauteil. Foto R.Puig

Versión extraviada (12): precauciones, y Ensondeluz.com cumple diez años (II)

15 noviembre, 2020
Ponte Milvio. Foto R.Puig

Versión extraviada, Capítulo 12

Precauciones

El episodio vivido durante mi viaje a Viterbo me ha convencido de que mi domicilio y mi automóvil han sido detectados por los que quieren evitar la publicación del contenido de los papiros que descubrió el padre de Elías Adler. Así que he decidido dejar el barrio en que pensé estar seguro, demasiado solitario, aparcar el coche en un garaje y mudarme a un apartamento del barrio de Ponte Milvio, donde la animación es permanente y es más fácil pasar desapercibido. El editor de la versión española del testimonio de María corre con los gastos. Si es cierto lo que me han explicado sobre la secta integrista ProFede debo andarme con cuidado.

Para aumentar mis preocupaciones ha ocurrido algo sospechoso: el director de la oficina bancaria, donde hasta ahora he tenido la caja de seguridad para los originales de mi trabajo, me anunció ayer que, por obras en la agencia, se ha reducido el número de cajas de seguridad y, como yo soy uno de los clientes más recientes, tendré que cancelarla. He consultado con Jeffrey que me ha explicado que ese banco está vinculado al grupo del Banco Ambrosiano y del IOR, por lo que me ha aconsejado otro banco mucho menos influenciable. Mañana iré a trasladar el material. Nuestro trabajo, yo con la versión castellana y con la inglesa Jeffrey, está muy avanzado. De la edición inglesa se hace cargo una editorial norteamericana y de la castellana una editorial minoritaria española.

Estos son algunos de los textos que he terminado de preparar (el orden de Samuel es muy dispar, como ya he dicho) :

Samuel:

Tras la muerte de María los discípulos comenzaron a idolatrarla como Madre de Dios y a propalar milagros y portentos, como ya se había hecho con Jesús. Ha influido Juan el de Zebedeo que en sus misiones entre los griegos ha entendido bien la importancia de los lazos familiares entre los dioses paganos y ha insistido en poner a la madre de Jesús a una altura digna de su hijo. La historia de que María “se durmió” y fue llevada a los cielos se ha inventado en la comunidad de Éfeso, tan lejana de Nazaret y de la verdad de los hechos.

Dormición de la Virgen. Retablo gótico alemán. Millesgården Museum. Estocolmo. Foto R.Puig

Samuel (cont.):

Yo soy seguidor de Jesús pero también sigo siendo creyente de la religión de mis padres, de Moisés, y me dan pena estas tergiversaciones que han propagado, creo que para conseguir ser escuchados por los griegos y otros pueblos gentiles. El mensaje de Jesús y su vida se están cambiando para mejor extender por el imperio romano el mensaje que ha reelaborado Saulo. Gran parte de la culpa de esto la tienen también nuestras autoridades, el Sanedrín que rechazó y condenó a Jesús, pero también muchos de los que le siguen y le han convertido en un dios y a su madre empiezan a convertirla en una semidiosa.

Cuando, tras el desastre de la destrucción de Jerusalem, me retiré a Pel.la encontré una pequeña comunidad que seguía las enseñanzas del Maestro, sin invenciones y dentro de la tradición de la religión de nuestros padres. Descubrí que se había formado a partir de algunos antiguos seguidores de Juan y otros que habían conocido a Jesús cuando estuvo en el desierto con los ascetas y con su primo. Había también gentes que le habían escuchado cuando predicaba en torno al Tiberíades y en Cafarnaum.

Los ascetas de las comunidades del desierto habían conservado libros de la Torah y de los profetas, muchos escritos rabínicos y también otros testimonios de sabiduría, como las predicaciones de Juan y de Jesús. Se habían traído a Pel.la gran cantidad de testimonios escritos. Como algunos de ellos son hombres prósperos y justos que ayudaban a los pobres y que iban al encuentro de los discípulos, se había creado un ambiente de hermandad entre estos y los fieles de la sinagoga. No había luchas y conflictos entre ambas comunidades de piadosos judíos.  Creo que la persecución de los romanos y la destrucción del Templo ha hecho posible esta reunión entre todos y este respeto, que espero dure muchos años.

Además, a mí, esta comunidad me ha dado sustento, pues como soy muy estimado como escriba, me piden no sólo que haga trabajo de copista, sino que escriba lo que ellos me dictan sobre sus recuerdos de Jesús, la doctrina del que llaman el Bautista y también de los textos sagrados y de la sabiduría y comentarios de nuestros maestros y rabinos más notables.

Soy ya viejo pero ni la vista ni el pulso me faltan. ¡Dios sea loado

Dudas sobre lo que se ha dicho de Judas:

En los momentos más tristes de nuestras conversaciones, cuando recordaba los últimos días de Jesús, María se hacía algunas preguntas. Una de ellas se refería con insistencia a Judas Iscariote. La traición para la entrega de Jesús que le han atribuido se la había explicado Juan sin muchos detalles, aunque era Pedro el que más entenebrecía la figura de ese discípulo, el tesorero del grupo.

A María no le cuadraba que un hombre tan culto y acomodado y propietario de algunas tierras en su pueblo, a quien el dinero no le hacía falta, se hubiese vendido al Sanedrín. De hecho, Jesús confiaba plenamente en él y trataba con él de cuestiones doctrinales de las que no encontraba conocimientos suficientes en los demás discípulos.

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Seguidor del Bosco. Tríptico de los improperios, detalle. Museo de Bellas Artes e Valencia. Foto R.Puig

Samuel (cont.):

Yo creo que María tenía muchas dudas sobre la historia de su traición, porque, según ella, Judas adoraba a Jesús y se hubiera dejado matar por él. Es más, según me dijo, Judas siempre la había colmado de atenciones y la había ayudado a ella y a los otros hermanos de Jesús, que habían pasado por tiempos difíciles después de que los fariseos de Nazareth comenzaron a hablar mal de su hijo. Le angustiaba no saber a ciencia cierta por qué su hijo se había dejado capturar tan fácilmente y el papel jugado por Judas, tal como se lo habían contado, no le convencía.

En una ocasión, le dije para tranquilizarla que yo mismo me iba a encargar de verificar todo eso. Luego falleció y por un tiempo no había pensado en ello. No obstante, hace unos meses, tuve una conversación con un discípulo de Tomás que me ha escandalizado y que no puedo menos de referir aquí por si algún día puede ayudar a esclarecer lo que pasó. Ahora sería arriesgado enfrentarse a la versión oficial que presenta a Judas como el más abominable de los traidores.

Ya veremos…

Piazzale Ponte Milvio. Foto RomaCapitale

He comprobado que el barrio de Ponte Milvio es el lugar adecuado para pasar desapercibido. Ayer pudo Jeffrey venir a verme, era fin de semana, los bares y restaurantes estaban llenos y la plaza desbordaba en lo que han dado en llamar, como en Madrid, “la movida” de Roma. Hemos estado trabajando y resolviendo dudas. La edición inglesa podría estar lista en un par de semanas. Con lo que me ha dejado podré añadir una parte de lo que falta, traduciendo a partir del inglés.

No nos queda mucho para completar las partes legibles de los papiros. Hay un rollo tan deteriorado que necesitará un trabajo de restauración posterior, que en las circunstancias que ahora nos condicionan va a ser por el momento imposible acometer, mucho más si consideramos que acudir a restauradores de la Biblioteca Vaticana podría acarrear una reacción del entorno conservador de Juan Pablo II que diese al traste con todo.

Ponte Milvio. Foto RomaCapitale

Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11




y

“Ensondeluz.com” cumple diez años

II

Siguiendo con los primeros diez años de este blog hoy le toca el turno a otras dos entradas, que podría calificar (si eso es posible) como favoritas.

En esta primera quiero rendir homenaje a quien la hizo posible, mi querido amigo Fernando Cardenal que hace pocas semanas cumplió 95 años, deseando que sigamos leyéndole y departiendo con él durante muchos más.

1

29 de noviembre del 2014

Fisionomías (XV): tallas tradicionales de comunidades del África Central

Máscara del pueblo Yaka Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

La entrada del domingo pasado nos transportó cinco o más siglos atrás, a un mundo legendario en tierras africanas que son hoy parte de Nigeria y de la República de Benin. Eran obras pertenecientes a una civilización monárquica muy jerarquizada, próspera, y técnica y culturalmente sofisticada. Metal, cerámica y piedra eran los materiales utilizados por los artistas de aquella África legendaria.

Hoy damos un salto en el tiempo y tenemos la oportunidad de contemplar una muestra de lo que con materiales más modestos pero con no menor destreza crearon otros artistas africanos varios siglos más tarde. Se trata de un arte popular con funciones propias dentro de las comunidades en que nace

Y ello se debe a que he tenido el placer de visitar a mi buen amigo el Dr. Fernando Cardenal, que desde enero de 1961 y durante dos largas décadas fue médico en varios países del África Central,  principalmente en los que antes formaron parte del Congo Belga y del Congo Francés.

Con tal ocasión he tenido además el privilegio de admirar la importante colección de obras de arte popular que durante los años en que allí ejerció su profesión fue pacientemente reuniendo. Él es además el autor de la rigurosa información que esta crónica contiene.

Máscara del pueblo Suku. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig


“Máscara de color claro, de rasgos finos, con cresta de varios niveles y por abajo collarín de rafia. Pertenece al pueblo Suku, que habita en la región del suroeste del Congo-Kinshasa, entre los pueblos Yaka y Pende.(Catálogo FC 47)”

.
Los creadores de estos objetos suelen ser artistas al servicio de los reyes y los jefes de tribu y también hechiceros y curanderos.  Tras cumplir su misión, las figuras hechas con una finalidad mágica son desacralizadas por el hechicero, dejan de tener valor y pueden ser destruidas o vendidas.

La colección se compone de máscaras rituales, fetiches, estatuas-retrato de antepasados o de personajes que han dejado huella en la vida de la tribu, y también  armas y objetos de uso, que hoy son de interés etnográfico.
Casi todas las piezas son anteriores a la época de las independencias de esos países (las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo XX), ya que durante las guerras de descolonización y las guerras civiles y tribales que estallaron por entonces se produjeron muchas destrucciones.
Están perfectamente catalogadas y, junto con la importante biblioteca y archivo documental que completan la colección, son de gran valor para los estudiosos de las sociedades africanas tradicionales y de su arte popular.

Alumbramiento. Detalle de la partera y la parturienta con su madre que la sostiene. Pueblo de los Basala Mpasu. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

“Talla en madera dura de 70 cm de longitud, recubierta de fino polvo de teca con cinco personajes representando una escena de un parto. En la foto se aprecian la parturienta sentada en el suelo entre las piernas de su madre y la partera que sostiene la cabeza del niño. Pertenece al pueblo de los Basala  Mpasu, que habita en la región del centro-sur del Congo-Kinshasa. (Catálogo FC 130).”

2

Y vamos a otra entrada, esta vez relacionada con otro continente y con un país que ha sido para mí una segunda patria. El post que recordamos a continuación ha tenido más de 9.000 lecturas.

22 de marzo del 2015

“Algo más sobre fotos y dibujos del Perú hallados en Gotemburgo”

Perú. Gotemburgo, Museo Etnográfico e Institución Iberoamericana, 1952. Foto R.Puig

Decía en aquella entrada:

Hoy entrevero algunas de las fotografías de Manuel Scollo que se expusieron en el Museo de Bellas Artes de Gotemburgo en 1950 y los dibujos de Arturo Jiménez Borja, quien traspasó al papel cientos de pictografías de la cerámica y los tejidos de la cultura Mochica

Hatunrumiyoc.Cusco. Foto Manuel Scollo 1950

Dibujos y cerámicas

Me ha parecido útil combinar con los dibujos algunas fotos de las cerámicas mochicas de diversas colecciones, en las que aparecen esos motivos y pictogramas

Imagen de caminante. Cultura Mochica. Perú 100 a.C. a 700 d.C. Dibujo Arturo Jimenez Borja
Imagen de barca de totora. Cultura Mochica. Perú 100 a.C.  a 700 d.C. Dibujo Arturo Jiménez Borja
Vaso en forma de navegante sobre caballito de totora. Cultura Mochica. Lima.  Museo del Banco Central de la Reserva

“Los pescadores sacan el cal-cal, red redonda a modo de saco, repleta de pescado y con ella se dirigen hacia tierra. Los niños sostienen el caballito por la proa, y el agua los salpica y mueve la ligera nave como si fuera un bruto que luchase por desasirse”.

“Como hace cientos de años los indios de Huanchaco reviven diariamente la leyenda. Al atardecer después de terminada la pesca, enrumban las airosas proas hacia tierra y van llegando en filas hasta varar suavemente”.

En la barca de juncos de la costa norte del Perú hacia los años 30. Foto Arturo Jiménez Borja.

Del libro Moche (Lima, Editorial Lumen 1937) de Arturo Jiménez Borja (1908-2000), con un prólogo de Hidelbrando Castro Pozo (1890-1945), sociólogo y político indigenista.

Entresaco algo de lo que sobre Arturo Jiménez Borja escribí en aquel post :

No tengo que abundar mucho sobre la persona y la obra de este descendiente del último curaca de Tacna de la que se encuentra información en la wikipedia. Nació durante la ocupación chilena de esa ciudad del extremo sur peruano, por lo que su familia se exilió en Bolivia y él hizo sus primeros estudios en el colegio de San Calixto de La Paz.

Se doctoró en Medicina y, aunque ejerció su profesión durante toda su vida en el Hospital Obrero de Lima, fue un humanista polifacético. Sus trabajos de exploración, preservación y divulgación arqueológicas sobre las culturas preincaicas de la costa del Perú sirvieron para salvar y divulgar la arquitectura de varios importantes sitios, creando museos y sirviendo con entusiasmo a la construcción de la memoria ancestral del Perú.

Imagen de aves marinas. Cultura Mochica.Perú 100 a.C. a 700 d.C. Dibujo Arturo Jiménez Borja

“En la margen sur del río, se anida la villa de Moche. Está rodeada de una alegre campiña, lindamente parcelada por tapiales que recortan en cuadros el verde intenso del valle. El río nace en la cordillera, y desde allí baja cantando hasta morir en el mar. A su paso se abren los cerros y las quebradas se derraman en dones; al llegar al llano, el valle se hace amplio, el río se remansa y de él parten muchas acequias y riachuelos  que extienden hasta muy lejos, ganando tierra al despoblado, la gracia campesina del valle”

Arturo Jiménez Borja, Op.cit.
Imagen de totorales. Cultura Mochica.Perú 100 a.C. a 700 d.C. Dibujo Arturo Jiménez Borja

“El totoral, alarde último de la vega, se halla situado en la linde del valle; más allá comienzan a ondular los arenales. El agua que filtra del río discurre secreta bajo la campiña y aflora en las tierras bajas junto al mar, formando charcas y quietas lagunas. Las plantas acuáticas cubren en gran parte la superficie del charco. La “Pistia stratioes” abre sus rosetas verdes y extiende un suave velamen sobre las riberas cenagosas. En las márgenes de la laguna el viento mece las totoras. Los tallos verdes emergen del agua y sacuden en el ápice sus flores menuditas. Hay varias clases de totoras. La enea o “Typha domingensis” es esbelta, sus hojas son lanceoladas y en la punta del tallo florece una espiga morena. La corta-corta o “Gladium mariscus” tiene hojas ásperas y filudas y las flores se mecen en menudas borlas desde la mitad del tallo. La totora o “Scirpus riparus” es la más bella de todas, flexible y armoniosa; la base del tallo es ancha, después se adelgaza y en la punta baila un fleco de flores”

Arturo Jiménez Borja, Op.cit.

Y este fue mi colofón:

Visto lo visto, no sé qué pensarán nuestros modernos diseñadores gráficos y quienes se exprimen el cerebro para idear logos e iconos corporativos preñados de sentido y densos de mensaje, que puedan además ser reproducidos con nitidez e impacto visual sobre cualquier tipo de soportes.

Mi modesta opinión es que esas habilidades creativas ya las dominaban los artistas mochicas hace siglos.

***

En estos días de zozobra nuestros hermanos del Perú están manifestándose pacíficamente para reivindicar su Constitución, unas Instituciones limpias y su convivencia en democracia, a ellos dedico mi recuerdo y mi solidaridad.

¡Viva el Perú y sereno!

“Ensondeluz.com” cumple diez años (I) y breve reportaje de un “panseo en la pasdemia”

8 noviembre, 2020

Para todos los que siguen este blog ¡muchas gracias!

Aniversario

La entrada de hoy es la quinientos setenta de este blog. Se abre pues con su primera imagen, la isla de Montecristo cuando el sol se ponía sobre su cumbre el 20 de octubre del año 2010. Tal día como ayer, 7 de noviembre de hace diez años, escribí esto cuando se inauguraba ensondeluz.com :

El sol se pone tras la isla, una columna de nubes la corona, el mar se rinde al cielo, y el perfil de la montaña evoca un volcán incendiado por el astro de fuego. Con esta visión comienza a germinar el título de este blog que hoy despega. Aunque al final desembarcaré con cinco horas de retraso y ya de noche, vengo a Roma “en son de luz”.

La mañana del miércoles 21 de octubre en Roma confirma con sus luces de otoño (vegetales, leñosas, aéreas, vaporosas, ásperas, resbaladizas, fluyentes, pétreas, murales, terrosas) firmes o fugitivas, en un proceso de cambio efímero y eterno, esa primera intuición. Si vienes a Roma para dedicar el año a la pintura, al dibujo, la escultura y a la historia del arte en directo, como yo, has de venir en son de luz.

A Roma, durante siglos, ejércitos o viajeros y peregrinos han llegado en son de guerra o en son de paz. Pienso que los pintores y poetas venían y vienen en son de luz. Entonces, con los ojos y los demás sentidos bien abiertos, Roma responde a diario, por cualquier rincón, desde cualquier perspectiva, de tantas como te abre, a pie, en autobús, en tranvía, en coche, por sus varios centros históricos o por sus extensas irradiaciones con las que se entrevera la campiña del Lazio, con todos los matices y vibraciones de su luz, en un continuo estremecimiento impalpable.

Goethe llegó a Roma el 1º de noviembre de 1786 (“Viaje a Italia”), yo muchos años y unos días más tarde siento como mías algunas de sus sensaciones. El día antes de iniciar la última etapa hacia la ciudad, el 28 de octubre, escribe: “No son aún las ocho, todos se han acostado, de modo que puedo recorrer por última vez mi pasado reciente y alegrarme con el pensamiento del inminente futuro. La jornada de hoy ha sido muy hermosa y serena, la mañana bien fría, el día claro y templado, la tarde un tanto ventosa pero bella”. El 7 de noviembre escribe: “no me canso de abrir los ojos y de mirar, de ir y venir, ya que sólo en Roma nos podemos preparar para comprender Roma”.

Diez años después este es el medallero de las 20 entradas más vistas clasificadas por número de visitas:

Y resulta que “El mito del Montgó” publicado el 21 de marzo del 2012 ostenta el record de 31.137 visitas, o sea una media de más de 3000 visitas por año. ¿Qué le otorga tal popularidad? No lo sé, pero se lo pueden preguntar a mis paisanos de Els Poblets, Denia, Ondara, El Verger, la Xara, Jávea, Benitatxell y otros pueblos de la Marina Alta alicantina.

El Montgó desde la plana de la Justa. Foto R.Puig

No obstante, en caso de que me pregunten si, además de el Montgó (el Mons agonum de los romanos, el  Jabal Qaun de los árabes), hay otras entradas que figuran como favoritas en un rincón del corazón, y a riesgo de traicionar mis secretos, les señalaré hoy algunas, sin prejuicio de que retorne a la cuestión el siguiente domingo.

Hoy traigo aquí tres de las entradas siguiendo un orden caprichoso.

(I)

10 de marzo del 2013

“El mar junto a mí (Albert Camus)”

“Creciendo con el mar mi pobreza ha sido fastuosa, luego he perdido el mar y todos los lujos me han parecido grises, la miseria intolerable. Desde entonces, espero. Aguardo que vuelvan las naves, la casa de aguas, el día límpido. Me lo tomo con calma, pongo mi mayor empeño en ser educado. Se me ve pasar por las hermosas calles de los sabios, admiro los paisajes, aplaudo como hacen todos, doy la mano, no soy yo el que habla. Se me alaba, sueño un poco. Se me ofende, apenas me sorprendo, después olvido y sonrío a quien me ultraja; o saludo con exceso de cortesía a quien me gusta. ¿Qué voy a hacer si tan sólo tengo memoria para una imagen? Finalmente me conminan a que diga quién soy. “Todavía nada, todavía nada…”

Es en los entierros donde me supero. Soy en verdad excelente. Marcho a paso lento por suburbios ornados de chatarra, me adentro por amplias alamedas, plantadas de árboles de cemento que terminan en agujeros de tierra fría. Allí, bajo la venda apenas enrojecida del cielo, observo como unos gallardos camaradas inhuman a mis amigos a tres metros de profundidad. La flor que una mano arcillosa me tiende en ese momento, si la lanzo, no falla jamás la fosa. Mi piedad es la precisa, la emoción exacta, inclinando la nuca como es debido. Admiran el acierto de mis palabras. Pero no tengo mérito: yo espero.

Espero largo tiempo. A veces, tropiezo, pierdo apoyo, el éxito me escapa. Qué importa, entonces estoy solo. Así que me despierto de noche, y, medio dormido, me parece escuchar un ruido de olas, la respiración de las aguas. Desvelado del todo, reconozco el viento en los ramajes y el rumor desgraciado de la ciudad desierta. Después, debo poner todo mi esfuerzo en esconder mi desamparo o disfrazarlo a la moda.

Otras veces, al contrario, algo me ayuda. En Nueva York, hubo días en que, perdido, al fondo de esos pozos de piedra y acero por los que erran millones de hombres, yo corría de uno a otro, sin ver el fin, agotado, hasta que ya sólo me sostenía la masa humana que buscaba su salida. Entonces me ahogaba, mi pánico estaba por volverse grito. Pero, cada vez me llegaba la llamada lejana de un remolcador, para recordarme que esta ciudad, cisterna seca, era una isla, y que en la punta de la Battery el agua de mi bautismo me esperaba, negra y podrida, cubierta de corchos huecos.

De este modo, yo, que nada poseo, que he dado mi fortuna, que acampo al margen de todas mis casas, sin embargo estoy satisfecho cuando lo quiero, aparejo a cualquier hora, el desaliento me ignora. No hay patria para el desesperado y , en cuanto a mí, yo sé que el mar me precede y me sigue, tengo una locura siempre pronta. Quienes se aman y están separados pueden vivir en el dolor, pero no es el desánimo: saben que el amor existe. Por eso sufro el exilio con los ojos secos. Todavía espero. Un día viene, al fin…

Siempre he tenido la impresión de vivir en alta mar, amenazado, en el corazón de una felicidad real”

Extractos de: Albert Camus. “L’Été”, Paris, Gallimard, Les Essais LXVIII, 1954.  (traducción propia)

“Esta ciudad, cisterna seca, era una isla”. Foto R.Puig

(II)

29 de marzo del 2011

¿Qué espera el púgil del Palazzo Massimo (Museo Nazionale Romano)?

¿Qué escucha, qué mira, el curtido púgil de Palazzo Massimo?

Quizás su rostro, marcado de cicatrices, se vuelve porque ha oído la llamada para un último pugilato. Ha de reunir sus fuerzas y alzarse de nuevo, aunque la edad y el cansancio le vencen. El adversario se estará poniendo en pie del otro lado de la palestra y en unos instantes nuestro púgil veterano estará listo para el combate.

Púgil de Palazzo Massimo. Foto R.Puig

(III)

17 de marzo del 2013

“El duo de los cisnes”

.

Para engañar al frío

el cisne se hace nieve.

.

Para engañar al agua

se hace pasar por nube

y el aire se extravía

al sentirlo tan leve.

.

El cisne engaña al tiempo.

pues ni se va ni vuelve,

y el cisne nos confunde

afectando que es cisne.

.

Ramón Puig de la Bellacasa, sábado  9 de marzo del 2013

Duo de cisnes. Foto R.Puig

Continuará…

***

De un panseo en la pasdemia

Los paseos en tiempo de pandemia empieza tener un no sé qué, aunque sean en este Gotemburgo que, hasta hace poco, era una ciudad “alegre y confiada”, como si el coronavirus fuese cosa de otros, y ahora comienza a descubrir que esto hay que tomárselo más en serio. Así que el paseo ha pasado a ser “panseo en la pasdemia”. Todos los días me doy una garbeo y a veces cosecho imágenes de algunos escaparates del barrio…

La vitrina del librero de viejo

Panic disorders. Foto R.Puig

Una lectura para tiempos de plagas es lo primero que me llama la atención entre los libros de segunda mano expuestos en el escaparate. El editor es un neuro-psico-farmacólogo británico, quien, además de escribir obras de ficción, en sus ratos libres inventa nuevas drogas para substituir el alcohol. Le acompañan en la obra un top-doctor estadounidense y un psiquiatra “adictólogo” francés. La vitrina está llena con otros libros de psiquiatría y psicoanálisis.

¡Qué ingratos son algunos herederos con las bibliotecas de sus predecesores difuntos! Cada vez que alguien limpia de libros las estanterías del fallecido padre o abuelo, mi librero llena una vitrina con los libros del viejo catedrático.

Como esta obra, muy adecuada para los tiempos que vivimos.

Esquizofrenia. Foto R.Puig

Pues si necesitaban otra lectura para esta época de pandemia, se pueden entretener con el el libro del Dr. Foster Green que les revelará cómo la amenaza de la esquizofrenia progresa desde las neuronas hasta invadir la vida diaria de quienes la padecen.

Y “Roma, por la puerta asoma”, porque en la misma vitrina hay en venta un medallón conmemorativo de la Conferencia de Yalta que cerró el reparto de territorios entre los victoriosos aliados de la II Guerra Mundial. Aquí tienen las caras de Churchill, Stalin y Roosevelt que un amateur de la escultura modeló el año en que yo nací.

Memoria de Yalta. Foto R.Puig

Reza así en la leyenda inferior: “MÄNNEN SOM ÅSTADKOM FRED” (los hombres que establecieron la paz).

Pues bien, a propósito de la obrita artesanal de alguien que quiso celebrar la Conferencia de Yalta con este tondo, se me ocurre cotejarlo con la famosa foto de aquel encuentro…

El trío de Yalta. Foto del Archivo ABC

y proponerles una adivinanza:

¿Cuál creen que era la ideología de este artesano sueco anónimo?

La vitrina del barbero

Sigo con mi panseo pasdémico por delante del barbero…

Barbershop 1. Foto R.Puig

Alguien está en la gloria tras un lavado de cuero cabelludo y un corte de pelo al estilo ejecutivo, mientras aguarda a que le rasuren la barba y le apliquen un refrescante aftershave.

Pero, ¡de repente me ha descubierto el barbero! Y me mira, embozado tras su mascarilla anti-covid, con cara de pocos amigos….

Barbershop 2. Foto R.Puig

Como no tengo al día mi carnet de reportero, ahueco el ala como quien no quiere la cosa…

Poetisa

No lejos de ahí, me reencuentro con Karin Boye (1900-1941) la célebre escritora sueca que no llegó a saber de aquella “paz de Yalta”.

Karin Boye. Foto R.Puig

Ni sus hermosas poesías, ni su éxito como novelista, pudieron salvarla de su pánico

Karin Boye. Foto R.Puig

PORTARNA

Jag älskar de vita bergen, de marmor vita

med pannan sköljd av himlarnas högblåa vila,

och salthavs stormande glitter,

och doriska tempel, och tankens svala kristall.

LAS PUERTAS

Amo las montañas blancas, blancas como mármol.

cuya frente baña la paz de las alturas azuladas de los cielos,

y del mar salado los brillos tempestuosos,

y los templos dóricos, y el frescor cristalino de los pensamientos

Men dröjt har jag också vid gläntande portar

och sett dit in i tomande skymmingsdjup,

där altarljusens skimmer stilla jublade

mot bävande tid, advent,

medan vintermorgonen stirrade mörk genom välvada fönster.

Pero también me he demorado junto a las puertas entreabiertas

y he sumergido mis pensamientos en el crepúsculo sonoro,

donde en silencio exulta un resplandor de cirios

cuando tiemblan los tiempos, es adviento,

mientras la mañana invernal miraba oscura por ojivales ventanas.

He traducido las dos primeras estrofas de su poesía “Portarna” del poemario Moln (Nube),1922, que concluye afirmando que “nadie camina más de un camino” (mer än en väg går ingen).

Karin Boye se suicidó el 23 de abril de 1941 sobre una colina con vistas a la ciudad donde vivía.

Ya de vuelta a casa paso por la esquina del parque, el viento ha tapizado de hojas muertas el área de recreo…

Futuros escaladores en Vasaparken. Foto R.Puig

Versión extraviada (11): reencuentro

1 noviembre, 2020
En Viterbo

Mi desvío, pasando por Bracciano, me ha permitido llegar a Viterbo sin que nadie me siga. La cita con Geschner es en un pequeño hostal cerca de la Universidad de Estudios de la Tuscia. Esta comarca se llamó así desde la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media. Su territorio corresponde con la Etruria, la tierra de los Etruscos.

Doy bastantes vueltas para poder aparcar en la zona de la ciudad universitaria. Viterbo es una ciudad medieval. En su centro es complicado dejar el coche. Por fin puedo acercarme a pie al lugar de la cita, que encuentro tras pasar bajo un arco centenario. Llamo por el celular frente al hostal y cual no será mi sorpresa que, tras Geschner, aparece mi viejo amigo Jeffrey, por la puerta de lo que, más que un hostal, podría ser una casa rural, si no fuese porque está situado en un centro urbano…

La universidad tiene un curso de master en Historia del Arte y Arqueología, en el que mi amigo cuenta con profesores a los que conoce desde hace años. En definitiva, un lugar donde pasar desapercibido…

Pero no adelantemos acontecimientos, pues he venido a discutir con ellos del estado de nuestras transcripciones, en particular de algunas que deparan notables sorpresas.

El hostal

Vengamos pues a algunos de los textos con los que he estado trabajando, empezando por la expulsión de los mercaderes del Templo…

María:

Mi prima María, la mujer de Cleofás, me contó algo que le habían narrado sus hijos que habían venido a buscarla para ir a Jerusalem a la Pascua. No quería preocuparme, pero al oírla, decidí venir yo también a Jerusalem para la fiesta.

Jesús estaba provocando cada vez más a las autoridades del Templo. Lo que había hecho esta vez era muy arriesgado. 

Desde que yo recuerdo, bajo los soportales y pórticos del Templo siempre ha habido puestos de comerciantes. Cuando llega la Pascua u otras grandes fiestas del pueblo judío, su número aumenta para poder aprovisionar a los peregrinos. Predominan los puestos de comida y de recuerdos, textos de la Torah y muchas otras cosas, sobre todo animales para el sacrificio. También se instalan puestos de cambistas para que los que vienen de lejos sin moneda romana puedan obtener la moneda local, pero todo esto se hacía en una zona no sagrada destinada a ello. 

Los sacerdotes reciben pagos e ingresan tasas y comisiones de los comerciantes y corren voces de que muchos se han enriquecido ilegalmente con ello, en vez de destinarlo al culto y al mantenimiento del Templo, así como al socorro de los pobres y las viudas como prescriben nuestra religión.

Por lo que me contaron, Jesús había entrado con grandes voces y había empezado a volcar mesas, azuzar a los animales y creado un gran revuelo gritando que la casa de oración, la casa de su Padre había sido convertida en cueva de ladrones. Juan y Santiago iban con él y mi prima, su madre, estaba preocupada porque también habían intervenido siguiendo a Jesús y zurrando a algunos comerciantes con varas que habían quitado a los vendedores de ganado.

Cuando llegaron los fariseos con una manípulo de guardias del Templo, Jesús estaba ya fuera de la escena rodeado de pobres y lisiados, la multitud empezaba a escucharle, y no se atrevieron a prenderle. Por lo visto, como había riesgo y él y los hijos de María habían sido bien identificados por los guardias y por algún sacerdote del Templo, y algunos comerciantes empezaban a reclamar que se les ajustasen las cuentas y pagasen los desperfectos, amparados por la multitud, decidieron salir de Jerusalem y refugiarse en Betania en casa de Marta.

Cristo entra en Jerusalem. Cripta del s.XI en la catedral de Auxerre. Foto R.Puig

María Magdalena consiguió estar más cerca de la cruz que yo misma. A mí me rodearon varios discípulos a mayor distancia, pues temían sinceramente que alguien me reconociese y me insultara o incluso me arrastrara ante el Sanedrín. Además a las mujeres no se les permite estar en un lugar de ejecución, pues es un sitio muy impuro. Así que no pudimos acceder al mismo Gólgota.

Yo sufrí como nadie puede imaginarse y creo que María de Magdala no sólo sufrió sino que, durante aquellas horas espantosas, también enloqueció, al menos por un tiempo. Ahora no sé dónde está ella.

Pedro y los demás discípulos no la apreciaban, aunque no les importó aprovecharse de lo que fue diciendo dos días después de la muerte de Jesús sobre que se le había aparecido todo luminoso y vivo. Usaron ese testimonio para empezar a correr la voz de que mi hijo había resucitado. Lo que yo sí sé es que su cadáver se lo habían llevado y que María debió de tener alucinaciones al constatarlo.

El resultado fue que a ella también la marginaron y no le dieron nada que hacer en la naciente comunidad. Lo mismo ocurrió con las demás mujeres. Había varias que eran esposas o compañeras de algunos discípulos y que habían seguido a Jesús con ellos. Se trataba de las que no tenían hijos. Cuando estuve con todo el grupo pude darme cuenta de que las mujeres que seguían a mi hijo le admiraban y la servían con total devoción.

Muerto mi hijo y con la dispersión del grupo de los discípulos, pues los romanos les buscaban tras lo que había ocurrido cuando prendieron a Jesús, las mujeres, como mucho nos tuvimos que limitar a cocinar y a ordenar cuando había que atenderles, pero el dinero en común lo administraban los hombres. A las mujeres se nos trataba según la tradición judía más estricta.

Crucifijo gótico del museo catedralicio, Auxerre. Foto R.Puig

Me preguntas, Samuel, cuáles son mis deseos y eso me va a obligar también a decirte cuáles son mis problemas.

Mis deseos son muy sencillos. Yo lo que quiero es volverme para siempre a Nazaret y olvidar todo esto, curarme de mi dolor rezando y ayudando a mis hijas y a mi hijo José, el único que se han quedado allá con su mujer Raquel y mis nietos.

Pero, aquí vienen mis problemas, mis otros tres hijos, Jacobo, Judas y Simón trabajan por la misión que dicen les encomendó su hermano y están de acuerdo con los demás discípulos en que yo soy más útil aquí, que eso es lo que Jesús querría si viviese. Así que estoy recluida la mayor parte del tiempo y sólo salgo cuando raramente quieren que me muestre.

En los momentos en que muchos judíos forasteros vienen a nuestras grandes fiestas, la predicación de Simón Pedro y los demás se dirige a ellos. Entonces les conviene que está ahí, la madre del profeta, la madre del Mesías, silenciosa como una diosa de esas que los romanos tienen en sus templos. Soy algo sagrado, soy la garantía silenciosa de la verdad de lo que proclaman.  Cada día comprendo con mayor claridad que han renunciado a hacer lo que Jesús quería y han decidido probar suerte por el ancho mundo. Cuando una nueva expedición de apóstoles, que así se llaman, parte lejos, a mí, la que llaman “madre de Dios”, la madre de Jesús, me piden que les de mi bendición protectora.

A mí me parece que cada día se va perdiendo la idea de lo que Jesús vino a hacer, es decir cambiar la sociedad judía, hacerla recobrar la pureza de su fe y de sus costumbres, reducir sus reglas y ritos, renovarla. La muerte de Jesús, la resistencia de los judíos ortodoxos, el temor a la violencia y a las autoridades romanas de Jerusalem, todo esto les impulsa a buscar otras multitudes que les escuchen. Por eso cada vez viajan más por el imperio romano y por las comunidades judías fuera de Israel

Abadía Benedictina de Charlieu. La virgen de la deposición en la tumba. Detalle. Foto R.Puig

Samuel :

Después de mi última entrevista con María en Nazaret, volví allá con algunos discípulos que estaban en Jerusalem tras su muerte. En el pueblo habían procedido ya a enterrarla junto a José, como había sido su última voluntad. Los hijos y familiares y las mujeres cercanas a María que habían asistido a su agonía me contaron que hasta el final habló de Jesús. Ya cuando deliraba entre los dolores que le causaba su enfermedad pedía ser enterrada junto a su hijo. Había perdido la memoria de la desaparición del cuerpo de Jesús.

Los discípulos venidos de la comunidad de Jerusalén quisieron exhumar su cuerpo, pues proclamaban que la madre de Dios no era corruptible y querían demostrarlo y llevar su cadáver a un mausoleo que, decían, estaban preparando en Judea. La familia y los del pueblo se opusieron. Más tarde propalaron que, igual que Jesús, su madre había subido a los cielos sin conocer la muerte, sino sólo al modo de alguien que se duerme.

Ella ya se temía algo así, cuando me dijo que le dolía la forma en que todo había sido desbordado por los discípulos, creando una serie de historias y propagándolas por todas partes. Cuando pasaban algunos por Nazareth en sus viajes de ida o de vuelta hacia Fenicia y Asia Menor, hablaba con discípulos que habían estado ya predicando por las comunidades judías de Italia, y sentía que estaban haciendo de Jesús un dios, como esos que ella había oído que se veneran en los templos romanos de Tiro o de Sidón.

María:

No es este el Mesias que dicen fue mi hijo, no es este el esperado. Es verdad que él dejó que algunas de estas creencias crecieran en vida suya, alrededor de su persona. Fue imprudente. Pero no se imaginaba hasta donde llegaría todo esto.

Yo misma temo que, cuando muera, me trasformen en una especie de Diosa Madre, como las que tienen en lugares de idolatría. Si ya han hecho un dios de mi hijo, qué no se atreverán a hacer conmigo. Te ruego, Samuel, que los que aún os mantenéis prudentes, lo impidáis.

Abadía Benedictina de Charlieu. Foto R.Puig

***

Gracias a Geschner, el reencuentro con Jeffrey me ha quitado un peso de encima, o, al menos, ha servido para que la carga volvamos a compartirla, pues hay señales de que este proyecto corre el peligro de ser abortado por una organización clandestina, que tiene infiltraciones en el Vaticano. Sus miembros la llaman Pro Fede.

Ambos jesuitas me explican que no todos los jerarcas católicos se sintieron contentos con la evolución de lo que fue la Santa Inquisición Romana (*) , cuyo nombre cambió en 1908 al de Sagrada Congregación del Santo Oficio y en 1965 adoptó el nombre actual de Congregación para la Doctrina de la Fe; evolución por la cual se fueron arrumbando no sólo las torturas, los sambenitos y las piras de los primeros siglos, sino el Índice de libros prohibidos y los inquisidores de triste memoria primero y los comisarios luego (suprimidos en la reconversión del 1965), que habían heredado la función policial de los interrogatorios y procesos de ex-comunicación por herejías y desviaciones doctrinales.

El recurso a la violencia y a la pena de muerte, abolida por Paolo VI en la legislación vaticana en 1969 (las últimas ejecuciones en los Estados Pontificios se produjeron en 1870), así como los calabozos (sustituidos por penas de reclusión) fueron desapareciendo también paulatinamente.

Pero Pro Fede ha asumido parte de los roles de persecución y represión secretas de quienes puedan atentar a su juicio contra la integridad del Dogma. A eso ha obedecido la advertencia que me hizo Geschner de andar con cuidado y el retiro discreto de Jeffrey. Como hubo que fingir sometimiento y (guardando copia) entregar los documentos, al parecer han llegado al conocimiento de los socios de la secta. Aunque está cada día más claro que ya sabían mucho de los manuscritos y del proyecto de su publicación; parece que haya sido Laura Escobar quien les ha tenido al corriente desde que nos espiaba en Chicago.

Geschner ha conseguido ayudar a Jeffrey gracias a un cardenal jesuita, renombrado experto vaticano en materia de Cristología, que desde hace años tiene dudas sobre la forma en la que los evangelistas supeditaron su narrativa, por una parte a la necesidad de convencer a los judíos de que Jesús cumplía todas sus expectativas bíblicas y, por otra, a hacer posible la recepción de la nueva religión entre los gentiles, de acuerdo a la expansión paulina. El resultado es que en los Evangelios hay afirmaciones y relatos que no reflejan la realidad de lo que ocurrió.

Hemos decidido acelerar el trabajo y seguir adoptando las mayores precauciones


(*) La Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición la instituyó en 1542 el papa Paolo III con la constitución apostólica Licet ab initio. Casualmente fue ese mismo papa quien en 1540 había aprobado la fundación de los jesuitas.

Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10

En la reserva dorada

25 octubre, 2020
La piedra siempre. Foto R.Puig

Ya estaba ahí la piedra

antes de que un pie humano

la evitara

A la entrada del bosque. Foto R.Puig

y que en tiempos pasados

con piedras más livianas la mano humana

a los campos cercara.

Rådasjön. (Lago Real) Foto R.Puig

Mas para el lago Råda

los muros de los hombres

no sirvieron.

Por el sendero del lago en “Råda Säteri” (Feudo Real). Foto R.Puig

Ese lago dio el nombre

a este “Feudo Real” que es ahora

reserva natural

Balneario. Foto R.Puig

Como una guirnalda

oros regios engalanan el lago

y sus orillas,

Flor palustre

y abstractos vergonzantes

para no desentonar los vegetales difuntos

en un rincón se apiñan.

Vegetales flotantes. Foto R.Puig

El esplendor del día

a salir de la cama y quemar unos gramos llama

a los dormilones.

Se hace camino al andar. Foto R.Puig

¡Trekking, hiking, sendero,

chandal y deportivas! ¡a llenarse de luz!

¡perezosos, arriba!

Hipnosis. Foto R.Puig

Si contemplativo fueres

déjate secuestrar por las hadas

del bosque

Al encuentro de las oréades. Foto R.Puig

Si callas un poco

quizá escuches a la gentil curruca

que canta para ti.

Curruca

Las plantas de la reserva

pues están protegidas no se pueden

llevar

Helecho. Foto R.Puig

Pero con tu teléfono

o cámara del safari botánico puedes

disfrutar

Pintan oros. Foto R.Puig

Del musgo los verdes

el mismo Miguel Ángel para sus altos frescos

los quisiera emular

Gabanes verdes. Foto R.Puig

El bosque se renueva

y hay troncos caídos que esgrimen sus raíces

como garras rebeldes

Garra muerta. Foto R.Puig

Mas los troncos vivientes

bajo cortezas ásperas albergan la ternura

de almas protectoras

Quien a buen árbol se arrima. Foto R.Puig

Hay bosques como éste

que para ser románticos unas ruinas

ofrecen

Sendero hacia otros siglos. Foto R.Puig

Si amáis las sinestesias

con los ojos oiréis de unas hojillas frágiles la canción de los

fénix dorados

Pentagrama. Foto R.Puig

Hacia el fin del paseo

a la orilla del bosque el prado se abre y el caserío

se ofrece

Hacia la granja. Foto R.Puig

Privilegiados,

mimados y abrigados, ajenos al otoño unos equinos

pastan

Caballos señoritos. Foto R.Puig

Jamelgos señoritos

quizás ganen medallas y nunca irán uncidos

a un tiro de carreta

.

.

Jinetes del sábado

una amazona a su alazán y un caballero a su tordo

les hacían trotar

Abrigados. Foto R.Puig

Tras otra palizada

sus compañeros disfrutaban de asueto sin nada

que pensar

Huellas de herradura. Foto R.Puig

y por el campo vecino

parece que ha pasado un regimiento de ulanos

al galope tendido

Presagios. Foto R.Puig

Arriba allá en el cielo

sobre las copas negras se anuncien quizás ya los jinetes grises

del venidero invierno.

Versión extraviada (10): improntas.

18 octubre, 2020
Virgen con el niño. Anónimo aragonés, siglo XIV. Museo de BB.AA. de Valencia. Foto R.Puig

Estoy trabajando a marchas forzadas para poder entregar la transcripción, con la introducción y las notas, al editor, antes de que las cosas se compliquen.

Para desplazarme utilizo el transporte público y presto atención a no ser seguido. No creo que nadie haya localizado mi apartamento, pero en todo caso aplico variaciones en mi fisionomía y vestimenta. Cuando me desplazo a pie procuro dar algunas vueltas, sobre todo tomo grandes precauciones antes de entrar en el banco para dejar una copia del nuevo material.

Roma, via del Tritone. Foto R.Puig

He aquí mis transcripciones más recientes de las manifestaciones de la madre de Jesús en las conversaciones con Samuel. En cuanto a Samuel, estoy trabajando en paralelo con algunas informaciones que escribió y no está muy claro si compartió con María o son posteriores a su muerte.

María:

En nuestra familia siempre nos habíamos reunido, sobre todo en las tardes de invierno, después de la cena, en torno a José y a otros parientes piadosos, artesanos de Nazaret y fieles habituales de la sinagoga para escuchar sus historias y parábolas. Unas veces nos tocaba en casa y otras en la de algún vecino. Es una tradición que viene de nuestros antepasados. Entre los judíos siempre ha sido así, la moral y las buenas costumbres se enseñan con cuentos y parábolas. A Jesús le gustaba desde muy pequeño sentarse junto a mí y escuchar sin perder palabra.

Por eso me emocionaba escucharle cuando me fue posible asistir a alguno de sus largos coloquios con los grupos o con la multitud que le seguía. No he podido estar presente tantas veces como lo hubieses deseado, porque además poco a poco se fue distanciando de nosotros, sobre todo después de la ejecución de Juan. Creo que también estaba preocupado, pues los fariseos y los enviados del sanedrín le seguían y le provocaban.

Ahora, con el tiempo, he comprendido que Jesús no quería tenerme cerca, pues temía por mi propia seguridad.  Entonces no me daba cuenta, pero tras sus últimas semanas y su muerte, y después de los peligros que corrimos todos, los discípulos y yo misma, he entendido que Jesús empezó a tomar precauciones desde muy pronto para evitarme riesgos.

Pero en sus primeras predicaciones descubrí al oírle que aquellas historias ejemplares que Jesús había escuchado en Nazaret se le habían quedado tan grabadas que ahora las utilizaba, a veces añadiendo cosas de su propia cosecha, para explicar a las gentes su mensaje de cambio y renovación de forma que le entendiesen todos.

Escuela de Cesare De Sesto, ss. XV-XVI Museo de BB.AA., Valencia. Foto R.Puig

Entre lo que yo le oí personalmente y las que algunos discípulos me han referido y han seguido usando tras su muerte, hay algunas que no se pueden olvidar, pues yo o su padre también se las repetimos cuando era pequeño. Hay una que se la escuchábamos también a un buen rabino de nuestra sinagoga, fallecido hace tantos años. Los campesinos de Galilea la podían entender bien pues hablaba de un sembrador que, la verdad de forma un poco alocada, echaba su semilla, pero no siempre sobre la buena tierra, así que los pájaros se comían un parte, otra crecía rápido, pero como había mucha piedra sus raíces no alcanzaban a la humedad y se secaba pronto; otra estaba rodeada de matojos, pues el sembrador no los había arrancado antes, no podía prosperar. Sólo las semillas que cayeron en la tierra fértil y profunda fructificaban. 

En Nazaret entendíamos bien estas parábolas. Todos habíamos escuchado las explicaciones y sabíamos bien cómo había que cuidar los campos y cómo se debía sembrar.  Pero cuando Jesús acababa de hablar ante tanta gente, y luego les miraba para preguntarles si habían entendido, pocos se quedaban. Así que solía seguir explicando a los restantes que la semilla es la palabra santa, es el mensaje del reino de los cielos, que unos ni siquiera quieren considerarla, pues están habituados a la maldad, otros están demasiado interesados por otras cosas terrenales, otros son inconstantes. Sólo los de la tierra buena son capaces de escuchar al profeta, al mensajero, al que anuncia el reino de los cielos, y de entender y de cambiar sus vidas.  

También utilizaba otras parábolas campesinas que había escuchado en nuestro pueblo, como la del grano de mostaza, tan pequeño y sin embargo es tan grande la planta cuando crece. O la de los malvados que prosperan y crecen en medio de los buenos, como la cizaña crece en medio del trigo, por lo que hay que tener cuidado en no generalizar y no castigar a todos por la culpa de unos pocos, para que no paguen justos por pecadores, pues ya les llegará su hora de ser separados del trigo limpio y ser quemados.

Campo de trigo en Borgoña. Foto R.Puig

Una que aprendió de mi es la de la masa del pan que crece y aumenta gracias a un poquito de levadura. Yo se la enseñé cuando me observaba preparando las hogazas. “¿Ves, Jesús, que la harina crece hasta hacerse un buen pan, gracias a la bondad de este poquito de levadura que parece tan insignificante? Tú eres un niño, pero eres bueno, un día podrás hacer buenos a otros, a muchísimos otros que necesitarán tu ayuda, del mismo modo que esta poca levadura alza y multiplica la masa para obtener un buen pan.” El me miraba y callaba. Pero he sabido que esta parábola se la repite a menudo a sus discípulos.

Mateo me leyó en Jerusalem algo de lo que estaba recopilando sobre los dichos y predicaciones de Jesús.  Hay algunas que hablan de pesca y seguramente se le ocurrieron a él cuando predicaba junto al lago. Otras hablan de comerciantes que descubren cosas valiosas, como perlas o tesoros escondidos. Yo le dije a Mateo que hay otra muchas de estas historias ejemplares las había aprendido en casa cuando era pequeño. No sé si lo dirá cuando difunda sus escritos. En general, las mujeres no somos importantes en la forma de pensar de los discípulos, la costumbre en Israel es dejarnos de lado. Los méritos se les atribuyen a los hombres.

Orillas del mar de Galilea por Cafarnaúm. Fuente 123rf.com

Fue en Galilea y sobre todo en Cafarnaúm donde Jesús empezó a sentirse seguro de sí mismo y donde se enfrentó con nuestras autoridades religiosas, volviendo una y otra vez a la sinagoga y haciendo uso de esa extraña fuerza que tenía para conseguir que los enfermos se sintieran curados.   

Su fama aumentó muchísimo, así que ya no sabíamos si lo que contaban era real o fruto de las pasiones que despertaba entre las masas. Yo creo que por eso se quedó tanto tiempo en Galilea. Fue así como decidió reclutar a sus discípulos entre hombres muy corrientes pero que le seguían a ojos cerrados. Los galileos son así, cuando se apasionan nada les para.   

A partir de entonces se fue desvinculando de la familia. Tenía otra familia que le arropaba y, en cierta manera, le protegía. Yo me sentía innecesaria. Sus hermanos estaban bastante irritados, pues en una ocasión dijo que la gente que estaba sentada escuchándole esos eran de verdad su madre y sus hermanos. Yo creo que entendí luego lo que quería decir, pero no ellos, pues además habían venido con provisiones. Incluso, Jesús, me pidió disculpas al día siguiente por haber sido tan brusco y tan tajante.   

Sus hermanos no quisieron saber de él durante más de un año, hasta la entrada en Jerusalem antes de su muerte, que les impresionó mucho. Ahora son muy activos en la comunidad de Jerusalem y me reprochan que yo sea tan escéptica sobre todo lo que están predicando y sobre los portentos que admiten como irrefutables.    

Me tienen de nuevo muy preocupada, pues ya ha habido víctimas como es el caso de uno que se llamaba Esteban al que han lapidado.

San Esteban protomártir. Tesoro de la la catedral de Auxerre. Foto R.Puig

Recuerdo lo que me contó José (mi hijo) sobre lo que ocurrió en Cafarnaúm, adonde había acudido para llevar  de mi parte algo de ayuda a Jesús: se produjo una discusión con un grupo de fariseos y escribas que habían venido de Jerusalem.  Se habían sentado a comer, José entre ellos, y, como la mayoría de los trabajadores y de los pescadores del lago no habían hecho las abluciones rituales. Lo fariseos que les seguían para espiar a Jesús se escandalizaron mucho y le acusaron de ir contra la tradición de nuestros padres.

Curiosamente, Jesús les respondió con lo mismo que yo le había enseñado de pequeño, que todas esas purificaciones obligaban en realidad a los sacerdotes que servían en el templo y que poco a poco se habían impuesto a todos los judíos abusivamente. Incluso el marido de mi prima, Zacarías, aunque era sacerdote, lo veía así. Me contó José que Jesús les dijo que eran unos hipócritas, pues otras verdaderas obligaciones de los judíos, como honrar a los padres, ellos las quebrantaban por su avaricia, inventando fórmulas para justificarse.    

Les reprochó que se preocupasen por la contaminación de cosas que van al vientre y luego se eliminan con las heces y, sin embargo, no luchasen contra la contaminación moral y las perversiones que ellos mismos toleraban y aceptaban en el pueblo de Israel. Son las maldades que salen del corazón las que de verdad contaminan.

Feria de platos típicos en Guadalupe, Perú. Fuente: Luisa Vetter y Rebeca Aliaga .

Ha ocurrido algo extraño cuando circulaba en mi coche por la Vía Cassia en dirección a Viterbo para entrevistarme fuera de Roma con el padre Geschner que me quería informar de sus pesquisas para localizar a Jeffrey. Un vehículo negro con cristales tintados ha entrado desde el acceso de la vía Trionfale tan violentamente que he tenido que frenar y maniobrar al carril del centro para no ser impactado. Después, extrañamente a reducido su marcha y me ha dejado pasar, pero ha comenzado a seguirme.

He tomado un rápida decisión y me he detenido bruscamente en el arcén antes de La Storta, con lo cual no ha tenido más remedio que adelantarme. He proseguido cuando se alejaba y cuando he visto que continuaba hacia Viterbo he tomado rápidamente la salida hacia Bracciano por la via Braccianense…

Curva en la Via Braccianense. Fuente : http://www.centumcellae.it/

Por el momento dejo la continuación para el próximo capítulo…


Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

Algo más del otoño

11 octubre, 2020

A la vera del estanque. Foto R.Puig

Hace dos semanas, en estas crónicas de la estación, nos entretuvimos con las dalias del otoño, que al poco tiempo fueron retiradas de sus parterres en el Jardín Botánico para prepararlos a la llegada de los fríos. Pero hay muchos otros paseos posibles en Gotemburgo, y las temperaturas suaves y un sol oblicuo que acaricia tímido al caminante invitan al ocioso deambular, sin excluir la bicicleta que no es sólo para el verano…

Dulce torpor. Foto R.Puig

Cuando, a juicio del viandante, las piernas ya se han entrenado suficiente, y la pereza es pecado venial, quién nos reprochará que nos concedamos una ración de banco frente a los nenúfares sin flor, mientras el Padre Sol nos sonríe benigno.

Las piernas ya se han entrenado suficiente. Foto R.Puig

Bueno, no todos dejan de mover las piernas, aunque sean piernecillas infantiles…

Al parque con papá. Foto R.Puig

A la vera del estanque esta personilla aprende a manejar un patinete. No muy lejos de ahí la el edificio de la universidad, que, pasados los años, este precoz patinador quizás frecuentará, vegeta sin sus estudiantes, que se supone están frente a su ordenador tele-aprendiendo.

Triste y sola queda la universidad. Foto R.Puig

Confiemos en que en algunos libros resistan y no hayan sido, como dice la canción goliarda, empeñados en el “Monte de Piedad”.

Me pregunto si, no lejos del parque, en el elegante edificio del siglo XVIII, que me dicen se destinaba a albergue de investigadores universitarios visitantes, hay todavía alguno que siga laborando sesudo, indiferente a la pandemia

El albergue de los doctos. Foto R.Puig

Hacia el mar

Donde la ría se abre al mar. Foto R.Puig

Antes de ayer elegimos otro camino, el que flanquea la ría hacia el mar por la margen izquierda. Era día de semana y algunos cafés y restaurantes estaban abiertos y frecuentados por jubilados, en mesas que guardan la preceptiva “distancia social”. Tras la caminata, y en uno de ellos, en un ángulo soleado de la terraza, resguardados del viento, reponemos fuerzas con un café solidamente acompañado de…

Våfflorna. Foto Arla
Lugar del hallazgo culinario. Foto R.Puig

Algo que hace pensar

A unos cien metros admiramos el ejemplar desactivado de un oscuro artefacto con aspecto de virus letal, de esos a los que nunca sabremos cuantos muertos, civiles y combatientes, se les deben.

Salvo que haya por algún lugar un museo de la marina o un centro de estudios de la guerra que, abarcando los casi dos siglos de empleo de tales ingenios de muerte, se haya dedicado a contabilizar el número de sus víctimas.

“Monumento” a la mina submarina. Foto R.Puig

Esta visión nos remite al inventor que perfeccionó bombas similares para la armada del Zar de Rusia, el padre de Alfred Nobel (1833-1896), que fue un genio de numerosas patentes (no todas es verdad para la guerra), el ingeniero y empresario Immanuel Nobel (1801-1872).

Immanuel Nobel. Foto Staffan Löwstedt de retrato de un pintor anónimo. Svenska Dagbladet

Otros dos de sus hijos, los hermanos del famoso Alfred, es decir Robert (1829-1896) y Ludvig Nobel (1868-1946), no le fueron a la zaga con su desarrollos para la industria del petróleo y la maquinaria pesada, incluidas las modernas cureñas de cañones, aunque la dinamita diese mucha más fama al mecenas de los premios Nobel. En el proceso de desarrollo del famoso explosivo, se produjo una deflagración de nitroglicerina que mató al hermano menor, Emil Oskar (1843-1864) y a varios trabajadores de la factoría familiar de los alrededores de Estocolmo. Alfred había salido ese día, de otro modo no hubiéramos tenido los prestigiosos premios.

Ludvig fue también un empresario pionero en prestar servicios a sus trabajadores (viviendas, escuela para los hijos, colmado, capilla, etc.) y participación de un 40 % de los beneficios. Sus hijos Carl (1862-1893) y Emanuel (1859-1932), inventor y fabricante de motores diesel, convirtieron la empresa creada por su tío Robert, Branobel, en la mayor empresa de petróleo de su época, ubicada en Rusia.

Los bolcheviques les expropiaron todo, pero al llegar la perestroika el recuerdo de su obra se recuperó para la historia industrial de Rusia, siendo considerados a partir de entonces como “buenos capitalistas”.

Por el muelle

Colores de sol y sombra. Foto R.Puig

Seguimos el paseo por el muelle, donde sólo un barco, de los que se emplean para trasladar a los trabajadores de la ría, está amarrado. Es el “cisne del mar”, cuyo nombre combina el genitivo latino (maris) con el sueco (svanen = el cisne).

El “cisne del mar”. Foto R.Puig

El patrón que lo ha nombrado debe ser alguien entrado en años que aún guarda las reminiscencias de cuando los escolares salían del colegio sabiendo algo de latín.

En el resto del muelle hay una exhibición de argollas de amarre con nostalgia de barcos…

Argolla melancólica. Foto R.Puig
Ansia de mar. Foto R.Puig
Rombo y elipse. Foto R.Puig
¿Por qué me habéis abandonado? Foto R.Puig

Estos pesados artilugios suscitan mi instinto de adopción. De buena gana me llevaría una de esas rojizas argolla a casa, para colgarla de la pared del salón rodeada de azul y de barcos de madera. Pero no veo a nadie que me la quiera vender.

Tampoco entiendo cómo diablos habrá saltado la valle espinada el artista callejero, para entrar en el recinto de mantenimiento de los muelles y estampar esas letras rojiblancas sobre un gran contenedor

Graffitti prisionero. Foto R.Puig

Casi me iba a despedir con este graffitti que descubro rodeado del verde de los arbustos del camino.

Pero no voy a acabar aún, pues en estos días, cosa que ocurre cada dos por tres en un rincón del planeta, hay quienes se están matando unos a otros con ahínco por vaya usted qué fronteras por las tierras del Cáucaso.

Nada nuevo bajo el sol, pero es que ha coincidido con la concesión del Premio Nóbel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, y además me había enfrascado en la historia de las cuatro generaciones de la familia Nobel, pues me despertó la curiosidad la reseña de un libro en el Svenska Dagbladet sobre el patriarca de esa saga de inventores e industriales de artilugios de guerra.

Así que disculpad si acabo con una foto que me estremece y me conmueve. A estas horas quién sabe si están muertos o malheridos estos tres jóvenes de Nagorno Karabaj, que parten al frente confiados en el crucifijo que besan en el autobús que les conduce a la masacre en curso. No estoy tan seguro como Byung-Chul Han de que hoy estén desapareciendo los rituales, al menos no estos.

Fuente: Svenska Dagbladet, 7 de octubre 2020

DULCE BELLUM INEXPERTIS !


Nota :

Leo ayer que se han producido varias llamadas de la ONU a detener este conflicto entre Armenia y Azerbaiyán y que se ha anunciado una tregua en esta nueva guerra en el Cáucaso, para retirar heridos y muertos. También he leído que ni siquiera eso ha detenido las operaciones militares.

Versión extraviada (9): doble filo

4 octubre, 2020
Lucernario romano. Foto R.Puig

He trabajado intensamente durante las últimas dos semanas como un ermitaño, encerrado en mi apartamento de Roma. No me esperaba la llamada de ayer de un viejo amigo al que el Padre Geschner ha dado el número de mi telefonino. Es un jesuita al que conocí en mis años de juventud durante uno de los cursos de marxismo (de orientación crítica) de Mario Spinella, ya por entonces comunista abierto a todos los diálogos.

Me habla de una situación delicada y de una organización que estaría tratando de impedir la publicación de los textos de que ha dispuesto Jeffrey (hasta que por orden vaticana se los han secuestrado) y con los que yo estoy trabajando. Le tranquilizo, aunque él no me ha tranquilizado, y quedamos en vernos en cuanto haya entregado el material al editor.

De modo figurado me referiré a él como Padre Garrone. Me ha aconsejado un banco con cajas de seguridad donde debería guardar copia de todo lo que tengo entre manos. Al parecer hay una organización ultramontana que ha sabido del proyecto y, no se sabe si con el beneplácito de algún alto prelado vaticano o de alguien con conexiones de gran influencia en la curia del papa, está dispuesta a impedirlo cueste lo que cueste.

Escalera en el Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Medio en broma medio en serio, mi viejo amigo me ha advertido de que puedo elegir entre procurarme un berreto verde o conseguir ropa de monseñor en una sastrería especializada que me puede recomendar.

Tienda ad hoc. Roma. Foto R.Puig

Circularé pues con precaución. Hoy mismo he estado en el banco que me ha indicado y he guardado copias en una caja de seguridad. He hablado con el editor al que he puesto al corriente de la situación.

Pero volvamos a lo importante…

María:

Cuando Jesús se marchó al desierto le perdimos de vista durante casi dos meses. Algunos discípulos de Juan que volvían de paso por Nazaret, contaban que a Jesús no le habían visto, porque no estaba con la misma comunidad de eremitas que Juan, pero que sabían que ayunaba y meditaba y que, también era cada día más admirado entre los propios ascetas.

Lo que sí sabíamos es que entre aquellas comunidades había un poco de todo, sin que faltasen los que predicaban la rebelión contra los romanos. Yo no sabía con quienes estaba Jesús ni que ideas predominaban entre ellos. Jesús era de natural pacífico, pero en los últimos tiempos su sangre joven se dejaba notar, se indignaba a menudo con los abusos que en nombre de la religión se producían en Israel, con las cosas que se contaban de Herodes y sus cortesanos e, incluso, con la ocupación romana. Yo temía que en el desierto se uniese a grupos rebeldes. Todo ello podía ser extremadamente peligroso.

Cuando finalmente volvió estaba muy delgado y taciturno. No hablaba mucho, pero se recogía para orar. En aquellas semanas que sucedieron a su vuelta fue sin embargo cariñoso y ayudaba a sus hermanos en la carpintería y le gustaba salir a las tareas del campo y acompañar en el pastoreo.

Pero eso duró poco. Un buen día me dijo lo que yo ya presentía, que él tenía una misión que Yaveh le había encomendado y que iba a marchar a predicar la llegada de una renovación, de un reinado de la verdad y del amor. Lo que él llamaba el reino de los cielos. Así fue, como un día vinieron a buscarle algunos compañeros del desierto y marchó al encuentro de Juan, que por entonces predicaba a las orillas del Jordán. Le abracé y le vi alejarse durante un rato hasta que desapareció de mi vista por el camino de Cafarnaún.

Al principio me preocupaba si tenía suficiente para vivir. Con los primeros discípulos aumentaban más las dificultades. Algunos no tenían familia y podían dedicar lo que ganaban con su trabajo, o al menos una parte, a mantener el grupo. Después estaban las limosnas espontáneas de la gente que asistía a sus predicaciones. La verdad es que Jesús vivía con muy poco.

Era una comunidad pobre y austera. Cuando predicaba por Galilea yo podía a veces mandarle comida, especialmente productos de nuestro huerto. El taller de carpintería sólo daba para mantener a sus hermanos y primos, y a sus familias. De ahí no podía yo tocar nada. A veces, algunos amigos del pueblo me daban algo en secreto para que no se enterasen en la sinagoga y yo se lo hacía llegar.

Luego, conforme empezó a predicar por Judea y fue haciendo amigos entre familias ricas, judíos piadosos bien situados y con influencia, incluso algún funcionario acomodado de los romanos, me enteré de que la caja del grupo recibía donaciones generosas. Jesús era más y más invitado a las casas de esas familias, adonde venía con dos o tres discípulos. Allí tenía discusiones sobre la religión judía y sobre los cambios que él quería hacer. Venía en secreto algún miembro de la minoría del Sanedrín.

Por entonces a mi hijo ya no le faltaron recursos para mantener a su grupo y financiar sus desplazamientos. Incluso daban limosnas generosas a la pobre gente, en especial a los lisiados, que acudían a escucharle.

Todo esto me tranquilizaba, pero al mismo tiempo me iba sintiendo más marginada de su misión. Le veía poquísimo y ya no me invitaba a venir como cuando en Caná estuvimos juntos en una boda en la que ayudó a conseguir más vino, gracias a uno de sus amigos pudientes, cuando se estaba acabando. Luego han contado cosas que no son verdad sobre un enorme milagro. Yo creo que esa fue la última vez en que aceptó mostrarse conmigo en público. Su prestigio entre las gentes cultas y la frecuentación de sus amigos ricos le alejaron de nosotros. Me duele decirlo, pero en alguna manera parecía sentir que ya no estábamos a su nivel.

Ya no eran los tiempos en que en pleno campo repetía a la gente los sabios consejos de nuestra tradición que había aprendido de José y de mí.  Hubo un momento en que algunos discípulos de la primera hora comenzaron a ilusionarse con una forma de partido dentro del judaísmo. Jesús comenzó a sentir que secretamente algunos miembros influyentes de la sociedad le apoyarían cuando se enfrentase al círculo corrompido de las autoridades de Jerusalén. Por un lado se alejó de sus orígenes y no quiso dejarse ver con su madre y sus hermanos y, por otro, se arriesgó a venir a nuestra Ciudad Santa rodeado de multitudes que le aclamaban. No sólo se sintió el Mesías sino que creyó que iba a conseguir un gran cambio.

Y no sólo yo había perdido a mi hijo sino que él mismo corrió a su muerte brutal. Ahora que ha pasado tanto tiempo veo todo con más claridad. Cuando llegué tarde a Jerusalén y ya lo habían condenado me sentí impotente, no entendía. Fue cuando lo sepultamos y uno de sus amigos ricos, un fiel judío que se llamaba Nicodemo me contó a grandes rasgos lo que había pasado cuando vislumbré algo de aquella misión generosa en que mi hijo se había metido y en la que había perdido la vida. Pero a su madre y a mis otros hijos, a nuestra humilde familia y a los amigos de Nazaret, nos había dejado hacía ya tiempo

Magdalena penitente. Caravaggio. Galería Doria Pamphili. Roma. Foto R.Puig

María:

Por lo que vi en Jerusalén y por lo que ahora me cuentan los que llegan de allí, los jefes de la comunidad de los discípulos de Jesús no son partidarios de hacer lugar a las mujeres. Empezaron conmigo, cuando me pusieron bajo vigilancia con el pretexto de protegerme.  Me han enviado algún mensaje pidiéndome que vuelva, pero yo estoy bien en Nazareth y no quiero mezclarme con sus predicaciones. Mi hijo ya no está y no creo que aprobase todo lo que dicen.

Luego siguieron con María la de Magdala. No es que yo la aprecie especialmente, pero Jesús la amaba y me parece que si las cosas hubiesen marchado de otro modo, se habrían unido en matrimonio. Ella le seguía incondicionalmente y hacía todo lo posible por cuidarle. La verdad es que, en los años de la predicación de mi hijo, María  estuvo más cerca de él, que yo que soy su madre. En una ocasión en que hablamos, ella me pidió que hablase con Jesús. “No me quiere escuchar”, me dijo. Estaba muy angustiada porque se había enterado de los planes de matar a Jesús que tenían los miembros del Sanedrín. Se lo había dicho uno de los espías que le seguían a él y los discípulos. Era un pariente suyo de Magdala el que le advirtió.  

María trató de convencerle de que se retirase por un tiempo o que, al menos, no volviese por Judea. Su familia tenía unos huertos y unas casas en la orilla superior del lago Tiberíades.  Ella estaba loca por Jesús y querían que fuese a vivir allí y fundar una familia. Jesús para entonces ya estaba absorbido por su misión y despreciaba los peligros que le amenazaban. María me confesó que sabía de antemano la respuesta de mi hijo, pero al menos había intentado protegerle. Por desgracia, sus temores se cumplieron.

El grupo de sus seguidores iba en aumento, ya no eran sólo los discípulos a los que él había ido eligiendo en persona; se habían sumado muchos otros, conocidos o menos de los primeros, y había quienes ya no tenían una visión pacífica del Reino de Dios. Había quienes compartían las ideas de los zelotas. Alguna vez me llegaron voces de que existía el peligro de que las autoridades romanas comenzaran a verlos como amenaza

Pinacoteca vaticana. Modelo de ángel de Bernini. Foto R.Puig

***

Hay que subrayar que los textos de los papiros incluyen no sólo declaraciones de María, la madre de Jesús, recogidos por Samuel en sus conversaciones con ella, sino también anotaciones de éste, en los que añade elementos que parece que no llego a conocer María.

Algunos hechos, como veremos más adelante, sí que se sintió obligado a dárselos a conocer, para corregir la información que a ella había llegado.

Entre sus notas la siguiente es interesante y premonitoria:

Samuel:

No he querido insistir, para no contribuir a lo que ya es agua pasada, pero en la cuestión relativa al dudoso carácter de algunos nuevos seguidores de Jesús, que a su madre le llegó a preocupar, por desgracia es cierto que hubo quienes acabaron por armarse de bastones y hasta de espadas y tuvieron bastante que ver con la intervención final de las autoridades romanas.

San Miguel enarbola su espada. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Por mi parte, no quisiera en modo alguno ser premonitorio, pero, dado que los textos que ya he mostrado, así como los que estoy editando y entrarán en conflicto con versiones canónicas, me temo que en las próximas semanas, si no ando con cuidado, pudiera tener que enfrentarme con situaciones que no deseo.

Mi amigo Garrone ya me ha advertido de que me mueva discretamente con transporte público, que deje el coche aparcado frente a mi domicilio actual, que camine por zonas donde haya gente y en horas diurnas y que, si se presentase alguna amenaza, me dirija a un lugar que hemos convenido.

Tengo la sensación de que, tarde o temprano, me pondrá en comunicación con Jeffrey.

Son tiempos en que a pesar de la apertura del Vaticano en cuestiones políticas y sociales, los enemigos de las novedades, tanto en materia de historia evangélica oficial como de lo que toque a los dogmas y misterios consolidados, están bien situados y pueden poner en dificultades a quien las proponga.

En la sala de la justicia. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

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Otoño con dalias

27 septiembre, 2020
Hacia el otoño, Foto R.Puig

El 21 de este mes los parques de Gotemburgo ya recibían al otoño con sus primeros tapices de hojas caídas, tejidos por el viento en tonos amarillos, ocres y bermejos, con sombras que cada día más se alargan.

Las sombras alargadas del otoño. Foto R.Puig

Día apropiado para deambular al azar por el Jardín Botánico. No sabemos si por la pandemia o por ser lunes, el caso es que no era problema guardar las prescritas distancias.

A la entrada del jardín botánico. Foto R.Puig

Se puede ascender hacia sus colinas…

Hacia el otoño. Foto R.Puig

Recorrer sus caminos flanqueados por árboles dentados…

Bajo la Catalpa Erubescens. Foto R.Puig

o erguidas alabardas…

Oscura alabarda. Foto R.Puig

Podemos acompasar la marcha con la de una inmóvil joven muda…

Fuera del camino. Foto R.Puig

sobre praderas de césped donde algunos árboles tienen sus propios cortesanos

El árbol y sus escoltas. Foto R.Puig

y alguna flor se ha perdido.

Extraviada en el prado. Foto R.Puig

Incluso, si estuviera permitido, podríamos recoger el trébol de la fortuna

¿Habrá uno de cuatro hojas? Foto R.Puig

Pero, sobre todo, es el tiempo de extasiarse con las

DALIAS

FotoR.Puig

Durante el Renacimiento se acuñó aquello del ser humano (el hombre en su sentido genérico) como centro del Universo. Luego vino Kant para explicarnos que el sentido de esa concepción se encuentra en el nexo verbal (el juicio), de modo que a las cosas la mirada y el pensar humanos confieren la existencia, sacándolas de una presencia inconsciente, para otorgarles su esencia, es decir su concepto.

No entraré en debates con escolásticos kantianos ni con los adalides del filosofar post-humano aunque el otoño sea propicio a divagaciones, pero hay algo que en el jardín botánico sentía: pensaba yo en sus jardineros (ellos y ellas) como los amos y señores de mi tiempo y de las esencias de las flores, mientras caminaba a lo largo de un esplendoroso muro de dalias con decenas de variedades y colores.

Foto R.Puig

No era yo quien con mi mirada las sacaba de una informulada presencia a su concepto sino, al contrario, era yo, como esos mínimos insectos que se posan en la que aquí preside, el que era arrastrado a la existencia. No quiero ponerme místico pero ¿no habéis sentido en ocasiones que ante una flor, el mar, un valle que se aleja entre montañas, una tormenta o un simple insecto vestido de colores extraños sois vosotros a quienes, la mirada inconsciente de las cosas os rejuvenece la conciencia?

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Las dalias fueron traídas a Europa por botanistas españoles de la época colonial que las encontraron en la Nueva España, donde los habitantes precolombinos las tenían en gran consideración, y en aprecio simbólico y medicinal, por lo menos en dos de sus variedades; como se puede leer en el artículo que la wikipedia consagra a la dalia:

En 1570, el médico del rey Felipe II, Francisco Hernández (1514-1517), fue enviado con la tarea de emprender una exploración de las nuevas tierras y reportar todo lo que encontrara. En su libro, “Historia de las Plantas de la Nueva España”, Hernández reporta dos especies de Dahlia conocidas por los aztecas como Acocotli y Cocoxochitl, que significa pipa de agua o bastón de agua”.

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En 1789, el director del Jardín Botánico de la Nueva España, Vicente Cervantes, envió las primeras semillas de Dahlia al sacerdote y botánico Antonio José de Cavanilles del Real Jardín Botánico de Madrid. Las semillas produjeron flores de brillantes colores, razón por la cual comenzaron a cultivar y seleccionar las más bellas para generar las grandes flores que ahora vemos. Cavanilles, quien describió por primera vez la planta, la nombró Dahlia en honor al botánico sueco Anders Dahl. Cavanilles se encargó de enviar semillas a diferentes jardines botánicos en Europa: Berlín, Dresde, París y Montpellier. También se encargó de enviarle semillas a la esposa del embajador británico en España, Lady Holland. Fue así como llegó hasta Londres

El texto original del naturalista español se perdió, al parecer en un incendio de la biblioteca de El Escorial, pero hay transcripciones y traducciones parciales que han guardado la memoria de como Francisco Hernández, investigó las plantas de la Nueva España y transmitió escrupulosamente sus descripciones. Las variedades de la dalia se multiplicaron a partir del envío de semillas por el citado Vicente Cervantes, el fundador del Real Jardín Botánico en la capital de la Nueva España, que ya se había formado en la ciencia botánica de la Ilustración.

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Merecidamente la dalia es la flor nacional de Méjico:

Así como el Ahuehuete es el árbol nacional mexicano por votación popular, la dalia es la Flor Nacional de México, de acuerdo al decreto expedido el 13 de mayo de 1963 por el Presidente Adolfo López Mateos, en esa fecha se oficializa a la Dalia como Símbolo de la Floricultura Nacional en todas sus especies y variedades

Foto R.Puig

Sin que tengamos que hervir ninguna raíz, hoja o flor de dalia (como interesaba señalar al médico toledano que camino miles de kilómetros por la Nueva España), sólo con detenerse hipnotizado ante cada una de las numerosas variedades de estos miles de dalias que florecen ahora en el jardín botánico de Gotemburgo, podemos sentir un efecto benéfico. Si a ello añadimos un largo paseo por sus veredas, nuestras articulaciones y la mente nos lo agradecerán.

Foto R.Puig

¡Si hasta parece que, a pesar de que entramos en el otoño, florecemos!

Foto R.Puig

Para terminar, si no le tienen miedo al castellano antiguo, pueden disfrutar a pequeños sorbitos en el facsímil de una antología que traduce algunos de aquellos textos latinos de Francisco Hernández que, por desgracia en su versión íntegra se perdieron, que de ellos se publicó en Méjico en 1615.

Francisco Hernández “De la Naturaleza y Virtudes de las Plantas y Animales en Nueva España…”, México 1615

Donde se comprueba que aquél naturalista no sólo se interesó por la ciencia de las plantas y sus usos medicinales de los habitantes de la América precolombina, sino que acabó dominando la lengua náhuatl de cuya terminología para nombrar las plantas que fue describiendo fue fiel transmisor.

***

Es hora de salir del jardín botánico sueco y lo hacemos rindiendo tributo a la majestad de los penachos de las plantas de los humildes repollos, que en la sección hortícola están protegidos por advertencias de que están ahí para ilustrar al visitante, pero en absoluto para que se los lleve a la cazuela.