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De dos días en Londres (II): la pintura crepuscular de Paul Nash en la Tate Britain

4 diciembre, 2016
The Pyramids on the sea. Paul Nash 1912. Tate. London

The Pyramids on the sea. Paul Nash 1912. Tate. London

Para refrescar mis escasos recuerdos sobre la vida y la obra de Paul Nash (1889-1946) aproveché la última tarde en Londres para visitar la exposición antológica a él dedicada por la Tate Britain.

Acercarse a este venerable museo londinense desde la boca de metro de Pimlico, por el borde del Millbank (A3212) a la caida de la tarde, tiene el atractivo de la vista dorada del otro lado del Támesis cerca del puente de la A202; para empezar, la del propio puente y de las cinco torres que se interponen entre la estación de Vauxhall y el Támesis

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

o, a continuación la fortaleza del Servicio Secreto, el M16, que quizás les resulte familiar por las películas de James Bond, y que aquí les muestro acariciada por los últimos rayos del sol y reflejándose en el río

Yendo a la Tate Britain. Puente sobre la A202 y sede del M16 Foto R.Puig

Yendo a la Tate Britain. Puente sobre la A202 y sede del M16 Foto R.Puig

así como los siguientes edificios en la orilla del Albert Embankment (A3036)

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain.  Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

A unos doscientos metros del puente, tras nuestro breve paseo al borde del Támesis al borde del crepúsculo, llegamos a la Tate Britain

La Tate Britain. Foto R.Puig

La Tate Britain. Foto R.Puig

Sólo hay que subir las escalinatas y entrar en el vestíbulo…

El vestíbulo de la Tate Britain. Foto R.Puig

El vestíbulo de la Tate Britain. Foto R.Puig

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Paul Nash

Crepusculares fueron también la vida y la obra de Paul Nash (1889 – 1946), en varios sentidos. Por un lado, su baqueateada existencia coincidió con las postrimerías del dominio imperial británico, por otro, sus vaivenes para definirse como artista reflejaban la propia indecisión de la pintura británica en la primera mitad del siglo XX, tironeada entre una tradición en declive y el reclamo del modernismo desde el otro lado del Canal de la Mancha.

Nash ya era un notable dibujante, acuarelista, artista gráfico, de inspiración simbolista y romántica, y surrealista avant la lettre al principio de la década de 1910. El mundo vegetal y el paisaje son sus lugares preferidos, en los que, salvo para algunos rostros femeninos etéreos y prerrafaelitas, la figura humana es mínima. Nunca descolló en la representación de las formas humanas. pero los árboles asumen, en una especie de transposición mística, el papel del ser humano.

Paul Nash. The Wanderer 1911. Acuarela, tinta y carboncillo. British Museum

Paul Nash. The Wanderer 1911. Acuarela, tinta y carboncillo. British Museum

Más tarde, en los años de la Segunda Guerra Mundial, recobrará en sus lienzos al óleo  los tonos de las acuarelas de las dos colinas de Wittenham de antes de la Gran Guerra y la perspectiva aérea que había en sus paisajes de aquellos años

Paul Nash. View from Wittenham Clumps 1913. Acuarela.Tullie Art Museum

Paul Nash. View from Wittenham Clumps 1913. Acuarela. Tullie Art Museum

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Los desastres de la guerra

Las circunstancias inmundas de la I Guerra Mundial hicieron, a pesar suyo, que Paul Nash saltase a la primera plana de la vida artística británica con ocasión de las matanzas y la destrucción, de unas dimensiones inéditas, en los frentes europeos

Sunset. Ruins of the Hospice Wytschaete. Paul Nash 1917. Imperial War Museum. London

Sunset. Ruins of the Hospice Wytschaete.  Paul Nash 1917. Tinta y pastel sobre papel.  Imperial War Museum. London

Cementerio militar británico de Wytschaete. Foto CWGC

Cementerio militar británico de Wytschaete. Foto CWGC

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Paul Nash trabajaba como ilustrador y grafista, de inspiración romántica y prerrafaelita, cuando los tratados de 1839, que garantizaban la neutralidad de Bélgica y la inviolabilidad de su territorio, fueron pisoteados por una de las potencias firmantes, Alemania, que agredió e invadió el plat pays para atacar más fácil y rápidamente a Francia.

Inglaterra, por motivos de legalidad internacional y por sus propios intereses estratégicos al otro lado del Canal de la Mancha, entró en la guerra en agosto de 1914. Nash se alistó en servicios en el ejército, prestando servicios en el territorio de Inglaterra. Pero en 1916 se produce el desastre de la Somme y es enviado en febrero de 1917 al saliente de Ypres, en la línea del frente por el momento estabilizada. En mayo, antes del asalto que precedió a los horrores de aquella zona, se rompió varias costillas en una caída desde un parapeto. Probablemente el ser repatriado para curarse le salvó la vida. A su vuelta a Londres, comenzó a procesar sus sensaciones.

Paul Nash. The Orchard 1917. Acuarela

Paul Nash. The Orchard 1917. Acuarela

Su acuarela de los árboles alineados tras las alambradas con las dos aves muertas, que data de su tiempo de convalecencia, ya están diciendo algo. No sólo estaban muriendo los combatientes, 539 británicos, entre otros de la Commonwealth, y franceses, que están enterrados en uno de los muchos cementerios militares en torno a Ypres, el de Poperinghe, sino también los que, fusilados por cobardía o deserción por sus propios compañeros (17 en este cementerio) quedaron marcados como tales con una C o una D en la lápida.

Los árboles pueden reverdecer, incluso tras la opresión de la alambradas, pero los hombres, una vez que la guerra los ha plantado bajo tierra, ya no vuelven.

Cementerio de soldados caídos en la I Guerra Mundial en Poperinghe cerca de Ypres

Cementerio de soldados caídos en la I Guerra Mundial en Poperinghe cerca de Ypres

Los integrantes del Hampshire Regiment de Nash cayeron casi todos en la carnicería que comenzó una semana después de que él fuese repatriado.

Cuando retornó al frente de Flandes lo hizo en el papel de un Artista Oficial de Guerra y lo que contempló fue el horror de la destrucción total en torno a Ypres, la aniquilación de naturaleza y hombres.

En la batalla de Passchendaele, Frente de Ypres. Fuente WGC

En la batalla de Passchendaele, Frente de Ypres. Fuente CWGC

Cuando volvió a Inglaterra, enfermo de los bronquios por efecto de los gases lanzados por el ejército alemán, no le bastó el dibujo ni la acuarela, Nash comenzó a trasladar sus bocetos al lienzo. Comenzó a pintar al óleo.

We are making a new world. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

We are making a new world. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

En una naturaleza destruida los árboles, que eran como seres animados en su etapa de dibujo y grafismo, se presentan ahora como símbolos de la muerte no sólo del paisaje vegetal, sino también de la vida animal y humana.

Menin Road en el frente de Ypres. Fuente Gobierno australiano

Menin Road en el frente de Ypres. Fuente Gobierno australiano

Cerca de Menin Road en el frente de Ypres

Cerca de Menin Road en el frente de Ypres. Fuente CWGC

Paul Nash. The Menin Road 1918 19. Imperial War Museum

Paul Nash. The Menin Road 1918 19. Imperial War Museum

Granaderos ingleses en Ypres. Fuente walkleyhistory.files

Granaderos ingleses en Ypres. Fuente Walkleyhistory.files

The Mule Track. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

The Mule Track (El sendero de los mulos). Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

He visto la más espantosa pesadilla de un país, como jamás fue concebido ni por Dante ni por Poe, indecible absolutamente indescriptible. En los quince dibujos que hice te he podido dar una vaga idea de un tal horror, aunque sólo desde dentro, y formando parte de ello, puedes llegar a sentir esta naturaleza terrible y lo que los hombres en Francia tienen que afrontar

(los hombres, “men”, son los soldados expedicionarios británicos en el frente de Flandes occidental)

Sólo el mal y la encarnación del demonio pueden ser maestros de ceremonias en esta guerra: no se percibe ni el más tenue reflejo de la mano de Dios. La salida del sol y su ocaso son blasfemas burlas del hombre; sólo la lluvia negra, que baja de una nubes heridas e hinchadas o a través del amargo negro de la noche, armoniza con la atmósfera de una tierra así. La lluvia sigue sin parar, el fango pestilente adquiere un maldito color amarillo, los cráteres de los proyectiles están llenos de un agua de un verde blancuzco, las carreteras y los senderos cubiertos por pulgadas de limo. Los negros árboles moribundos humean y sudan, y los obuses no cesan.

No soy ya un artista interesado y curioso, soy un mensajero que quiere devolver la palabra a esos hombres que se baten, para que llegue a aquellos que quieren que la guerra dure para siempre. Débil, inarticulado, será mi mensaje, pero contendrá una amarga verdad y ojalá les queme sus almas malvadas.

De una carta de Paul Nash a su mujer el 16 de noviembre de 1917 (BOYD, p.38)

Wire. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

Wire. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

Cementerio de Ixelles. Tumbas de las dos guerras mundiales. Foto R.Puig

Cementerio de Ixelles. Tumbas de las dos guerras mundiales. Foto R.Puig

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La costa como lugar

Antes de apasionarse por De Chirico y de su conversión al Surrealismo continental (el Manifiesto Surrealista es de 1924) Paul Nash plasmó su visión de las costas de las Romney Marshes (las marismas de Romney)

The Shore. Paul Nash 1923. Leeds Museum

The Shore. Paul Nash 1923. Leeds Museum

Las playas de Dymchurch. Fuente Ashe Alarms

Las playas de Dymchurch. Fuente Ashe Alarms

por las playas de Dymchurch 

Winter Sea. Paul Nash 1925 37. York Art Gallery

Winter Sea. Paul Nash 1925-37. York Art Gallery

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Durante los años de su esfuerzo por conectar su surrealismo espontáneo y personal con el europeo y por seguir las corrientes artísticas del continente Paul Nash extraviaba su propio estilo, aunque mejoraba su técnica en la pintura al óleo. Fue el alma y el inspirador de la Exposición Internacional Surrealista en Londres en 1936, la primera en su género, donde también expuso las que consideraba sus mejores tentativas surrealistas. Aquellos trabajos exigieron mucho de él, comprometieron su economía, le dejaron exhausto y minaron su salud.

Blue House on the Shore. Paul Nash 1930 31. Tate. London

Blue House on the Shore. Paul Nash 1930-31. Tate. London

Sobre su período surrealista, se puede encontrar información y obra en el sitio oficial de la Tate Britain, donde hay un vídeo de cinco minutos que resume bien esta exposición antológica de su obra.

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Propaganda de guerra

El Ministerio de la Guerra británico aceptó de nuevo a Nash como pintor de guerra al comienzo de la II Guerra Mundial. Tras la batalla de Inglaterra en 1940, en la que la RAF derrotó a la LUFTWAFFE sobre las costas de Inglaterra, quedaba mucha guerra por delante y a los artistas también se les pedía que participasen en el esfuerzo por levantar la moral de victoria entre la población.

Nash se incorporó, no sin renuencias y también por necesidad económica, a esta labor aunque no en el frente. Lo que el pintó fueron los residuos del frente, en este caso a partir del cementerio de los bombarderos alemanes cerca de Oxford donde estuvo tomando fotos y apuntes. Su cuadro de El Mar Muerto no sólo es una magnífica alegoría de las marejadas bélicas que azotan las orillas de la Historia y del trágico fin de los hombres y las máquinas que quieren cambiar el mundo con bombardeos. Es además un alegato contra la visión heroica de la guerra. Los restos de tanta locura yacen bajo la luna y un búho blanco sobrevuela a lo lejos los esqueletos de la industria bélica. El lienzo no gustó al Ministerio del Aire.

Dead Sea. Paul Nash 1940 41. Tate. London

Dead Sea. Paul Nash 1940 41. Tate. London

Tampoco les pareció bien otro cuadro, el de la batalla de Alemania, que trataba de simbolizar una inminente victoria mostrando con vívidos colores el espectáculo de columnas de humo negro y de un cielo al rojo durante los asoladores bombardeos con los que los británicos se desquitaron, en 1944 y sobre el territorio alemán, de los que ellos habían sufrido en 1940. Aunque a los que le pagaban no les gustase, se trata de un excelente cuadro de factura casi abstracta, en el que reafirmaba su vuelta a los colores de su imaginario natural, aunque en este caso los hongos no sean de los que crecen en el campo.

Por entonces sus bronquios y sus pulmones ya estaban sembrados de las secuelas de la inhalación de gases en las trincheras de Ypres.  Le quedaban dos años de vida escasos.

Battle of Germany. Paul Nash 1944. Imperial War Museum. London

Battle of Germany. Paul Nash 1944. Imperial War Museum. London

Y es, en definitiva, al final de su vida, cuando sus paisajes reflejan de nuevo esa sensibilidad de sus dibujos y acuarelas que encontraba en los lugares naturales que él denominaba places.

De vuelta en Langley Marish Paul Nash vuelve a ser Paul Nash y sus obras finales se nutren del humus de una trayectoria vital y artística exclusivamente suya. A pesar de la precariedad y de los problemas familiares de los últimos meses de su vida, sus crepúsculos, sus lunas y sus soles, sus campos y sus árboles, al borde de la abstracción, demuestran que se ha reencontrado con sus sitios de partida.

Murió de un paro cardíaco mientras dormía. Era el 1 de julio de 1946.

Landscape of the Vernal Equinox. Paul Nash 1944. Scottish National Gallery of Modern Art.

Landscape of the Vernal Equinox. Paul Nash 1944. Scottish National Gallery of Modern Art.

La muerte, en la cual todos pensamos, creo que es la única solución al problema de cómo poder volar. Pienso que si la muerte llega a darnos esto, la muerte será algo bueno

Paul Nash, Counterpoint magazine, 1945


Referencias:

(BOYD 2007) David Boy Haycock, Paul Nash, Tate, Coll. British Artists, London 2007

Orestes Ferrara, La Guerra Europea, causas y pretextos, Madrid, Sociedad Española de Librería, Biblioteca de Ciencias Sociales y Políticas, 1917 (aprox)

Sol declinante

27 noviembre, 2016
Sol declinante junto al Radasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Sol declinante junto al Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Lo que experimentamos como realidad forma parte de escenas, lugares o “places”, como llamaba Paul Nash (de quien hablaremos próximamente) a aquellos sitios escogidos en los que se inspiraba. Detrás de una realidad hay muchas, multiplicadas por nuestra sensibilidad, todas cum fundamento in re, pero todas fugitivas, en alas de nuestra imaginación y de nuestras reminiscencias. Unas veces las buscamos nosotros y, otras, las más, ellas nos buscan, sin que sepamos en qué momento seremos sorprendidos.

Sol declinante junto al Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Sol declinante en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

En estos días del pre-invierno nórdico pareciera que esta luz oblicua del sol, esos soles declinantes, acentuasen la potencia metamórfica de la realidad, que en un mismo lugar nos habla con lenguajes diferentes.

Criatura lacustre junto al Radasjön. 20 de noviembre una de la tarde. Foto R.Puig

Criatura lacustre junto al Rådasjön 20 de noviembre una de la tarde. Foto R.Puig

Cada sitio esconde otros muchos, insospechados.

La Nature est un temple où de vivants piliers

Laissent parfois sortir de confuses paroles ;

L’homme y passe à travers des forêts de symboles

Qui l’observent avec des regards familiers.

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La Naturaleza es un templo cuyos pilares vivos

Dejan salir a veces sus mensajes confusos;

El hombre lo atraviesa entre bosques de símbolos

Que  con miradas familiares le observan.

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Charles Baudelaire, del poema “Correspondances” en Les fleurs du mal

Como, por ejemplo, las ruinas románticas que una rica heredera se hizo construir en 1830 en su propiedad de Råda Säteri, junto al lago Rådasjön, actualmente reserva natural de dominio público.

Así se  veía aquel capricho de las neorruinas en 1910

Visitantes de las ruinas romanticas (1830) de Martina Törngren junto al Rådasjön en 1910. Foto R.Puig

Visitantes de las ruinas romanticas (1830) de Martina Törngren junto al Rådasjön en 1910.

Aquella heredera se llamaba Martina Törngren (1789-1875), von Schewerin por el marido, prometida a los trece años y casada a los dieciséis con un aristócrata diecisiete años mayor que ella. Su matrimonio fue infeliz, pero pudo sobrevivir a su marido durante veinticinco años. Era una mujer instruida y viajera, “la madame de Staël sueca”, relacionada con los círculos intelectuales, académicos y artísticos de la Suecia de su tiempo.

Las ruinas romanticas (1830) de Martina Törngren en la actualidad. Foto R.Puig

Las ruinas romanticas (1830) de Martina Törngren en la actualidad. Foto R.Puig

A la entrada de esas neorruinas que plantó en Råda Säteri hizo colocar una inscripción latina, quien sabe si por premonición de su malograda hija, también llamada Martina von Schewerin (1909-1839), muerta a los treinta años y a quien Esaias Tegnér, escritor, director de la Academia Sueca, obispo e íntimo de la madre, apodó afectuosamente la “señorita latina” (den latinska fröken).

Sic redit in nihilum quod fuit ante nihil. En las ruinas de Rådasjön. Foto R.Puig

El adagio sobre la piedra. Foto R.Puig

SIC  REDIT  IN  NIHILUM  QUOD  FUIT  ANTE  NIHIL

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Así  vuelve  a  la  nada  lo  que  antes  nada  fue

Este adagio procede del encabezamiento de “Padecimientos de amor”, obra en prosa que el poeta griego Partenio de Nicea escribió por encargo de Cayo Cornelio Galo, quien se valió de la misma para extraer numerosos temas para sus poesías. De las obras de este último, publicadas en Francia durante la primera mitad del siglo XIX, pudo tomarlo Martina, la joven que sabía latín. Del autor griego también se valió Ovidio y, a su vez, Robert Burton (1577-1690) citó esta sentencia  en su Anatomía de la Melancolía (1621).

Fuese como fuese, la joven Martina sólo llegó a publicar una obra juvenil: Pequeñeces de una principiante (Småsaker af en nybegynnare) en cuatro volúmenes, de los cuales alcanzó a ver impresos los dos primeros (Lund, 1836 – 1840), antes de morir en 1839. Es una obra en la que practica el aforismo, la novela corta, el género epistolar y los diálogos, entreverando algún poema y citas en francés, inglés y alemán, mostrando una vasta cultura, la influencia de muchas lecturas y su sensibilidad romántica. En los dos últimos volúmenes se mencionan varias enfermedades con una nota en el último que enumera la escarlatina, el sarampión, la  viruela, las paperas y la “fiebre mamaria”. En el tercero, la novela del amor incumplido de Gösta y Elin, describe el agravamiento y la muerte de la joven Elin en el mismo día de sus cumpleaños y a la hora en que nació, víctima de una enfermedad que tiene todas las trazas de la tuberculosis. Es significativa su frase döden är frälsning (la muerte es liberación).

Martina von Schewerin (jr). Pequeñeces de una principiante, Lund, 1836

Martina von Schewerin (jr). Pequeñeces de una principiante, Primera parte (1834). Lund, 1836

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¡Y nosotros, que habíamos salido a pasear en un paisaje otoñal, aprovechando este sol declinante! ¡y hete aquí que nos vemos transportados al siglo XIX, y entre el musgo y las hojas muertas surge el memento mori! ¡la proclamación de la caducidad de todos los amores que una doncella romántica entresacó quizá de la prosa de un poeta griego del siglo I antes de Cristo!

Por las márgenes del Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Por las márgenes del Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Tenía razón Baudelaire, estos bosques y este lago, por las orillas de la pequeña península de Labbera, a pocos kilómetros de Gotemburgo, dejan escapar sus mensajes confusos bajo la luz oblicua del sol de otoño.

Faz de pocas junto al Rådasjön. 20 de noviembre una de la tarde. Foto R.Puig

Faz rocosa junto al Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Piedras vivas junto al Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Piedras vivas en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Las pequeñeces de Martina algo tuvieron que ver con las miradas familiares escondidas en estos parajes. Por ellos paseó sus reveries esta nieta del Director de la Compañía de la Indias Orientales, la Svenska Ostindiska Companiet, la potente naviera que, con sede en Gotemburgo, comerció con el Extremo Orienta a lo largo de dos siglos.

Alfombra roja en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Alfombra roja en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Por las márgenes del Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Por las márgenes del Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Después de un paseo por las orillas del lago, circunvalando la península que se adentra en sus aguas, volvemos al punto de partida, frente a las caballerizas de la finca, donde los caballos siguen pastando sin hacernos caso

Buen vivir de los equinos de  Rådas Säteri. Foto R.Puig

Buen vivir de los equinos de Rådas Säteri. Foto R.Puig

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De la naturaleza a la ciudad

La verdad es que a su vez, fuera de los bosques y los lagos, son las ciudades otra naturaleza que el hombre ha extraído de su hermana mayor. También la menor deja escapar sus confuses paroles.

Anochece temprano en la Plaza de la Reina (Drottningtorget), en Gotemburgo, a los pies de los tres estilitas que plantó aquí Jaume Plensa, inspirado no por un adagio latino, sino por el apólogo japonés sobre los tres monos sabios.

En todo caso, esas palabras también son ambiguas

Gotemburgo. Los homínidos de Jaume Plensa en la Plaza de la Reina. 20 de noviembre de anochecida. Foto R.Puig

Los tres homínidos en Gotemburgo. 20 de noviembre de anochecida. Foto R.Puig

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Comme de longs échos qui de loin se confondent

Dans une ténébreuse et profonde unité,

Vaste comme la nuit et comme la clarté,

Les parfums, les couleurs et les sons se répondent

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Gotemburgo.  Los homínidos de Jaume Plensa en la Plaza de la Reina. 20 de noviembre de anochecida. Foto R.Puig

 Los tres homínidos de Jaume Plensa el 20 de noviembre. Foto R.Puig

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Como largos ecos que lejos se confunden

En una tenebrosa y profunda unidad,

Vasta como la noche y como la claridad,

Perfumes, colores y sonidos se responden.

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Gotemburgo. Estación Central. 20 de noviembre de anochecida. Foto R.Puig

Gotemburgo. 20 de noviembre, seis y cinco de la tarde. Foto R.Puig

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Dos días después

Desde nuestro paseo romántico han pasado un par de días y el autobús me ha traído temprano al otro lado de la ría. A ver si me sacudo la pereza y progreso algo con los pinceles. Pero antes, nada más apearme, la magia de este sol oblicuo que se asoma entre las brumas matinales parece tirar de mis pies. Así que me doy una vuelta por Lindholmen, quizás esta luz traiga algún nuevo mensaje.

Aquisito no más, un ratitito no más

Lindholmen. Nueve de la mañana 22 de noviembre. Foto R.Puig

Lindholmen. Nueve de la mañana 22 de noviembre. Foto R.Puig


Notas :

  • Råda Säteri es el término medieval que designaba un señorío feudal, territorio o finca (säteri) libre, o sea exento (råda) de tributos a la Corona. Solía incluir la disponibilidad de agua, generalmente un lago y sus recursos, un rådasjön  (sjön = lago), tambien exentos. Hay un cierto número de ellos por Suecia.
  • Dado que, desde 1969, esta Råda Säteri de mi crónica es propiedad comunal del municipio de Härryda, el nombre podría ahora leerse como “finca (säteri) comunal (råda)”, o sea bajo la autoridad del Råd (Concejo). Y Rådasjön se podría leer como “lago (sjön) comunal (råda)”, ya que este rådasjön forma parte del territorio de dos municipios colindantes, Härryda y Mölndals, junto a Gotemburgo. Pero esto son ya especulaciones mías que no tienen que ver con el significado original. Mejor mantener este lugar envuelto en los velos de su historia secular.
  • Lindholmen es un barrio del distrito de Hisingen en el norte de la ría que atraviesa Gotemburgo de este a oeste.
  • A propósito de Partenio de Nicea y de su productiva colaboración con su amigo romano Cornelius Gallus, es interesante recordar que la conquista de Grecia por Roma suministró un filón inagotable del que se beneficiaron los literatos y pensadores romanos. De muchos de los creadores griegos que les inspiraron, o simplemente fueron copiados por sus conquistadores, se sabe el nombre, como en este caso, pero de otros, salvo pesquisas concienzudas de filólogos e historiadores, no llegaremos a saberlo. En nuestros tiempos es usual calificar como “el negro” de un autor de éxito a aquellos creadores que trabajan en la sombra para que el famoso firme o, en el mejor de los casos, desarrolle, lo que el autor mercenario ha creado. Nada nuevo bajo el sol.

De dos días en Londres (I)

20 noviembre, 2016
Aqui hay de todo en Formosa Street. Foto R.Puig

Domingo temprano en Formosa Street. Foto R.Puig

Para Martin y Sandra

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Hemos estado en Londres el pasado fin de semana con el sábado y el domingo completos para deambular. El sábado lluvioso y el domingo soleado. Un fin de semana equitativo. El hotel cerca de Little Venice, barrio de casas victorianas y georgianas, tranquilo y arbolado. Habitación pequeñita con dos mesas de planchar ropa y tres planchas (sic), una tetera en desuso y una ventana de guillotina imposible de abrir, pues las primeras capas de pintura se remontan probablemente al reinado de la Reina Victoria, cuando aún era joven. Nada de particular para un turista en Londres. Eso sí, la ventana del cuartito de baño, al cual se sube por unas escaleras empinadas, se abre y tiene vistas, al patio de atrás.

Fire brexit. Foto  R.Puig

Fire brexit. Foto R.Puig

Así que podemos decir que tenemos una habitación con vistas

Habitacion con  vistas. Foto R.Puig

Habitacion con vistas. Foto R.Puig

En cualquier caso el personal es amable y cada vez que entramos y salimos una ceremoniosa conserje nos saluda en el pórtico

La conserje del hotel. Foto R.Puig

Minnie, la conserje del hotel. Foto R.Puig

En todo caso hemos pasado el tiempo en familia, bien guiados a restaurantes, bistrós y tavernas amenos y sabrosos, andando, andando, andando, por parques, calles llenas de gente y comercios, y por museos y galerías de arte.

Hyde Park. Foto R.Puig

Hyde Park. Foto R.Puig

Nada de particular, nada que no hagan los millones de turistas que cada año invaden Londres, salvo que yo no sabía nada de la red de canales navegables, con márgenes peatonales, que recorren una extensa parte de la metrópoli.

Little Venice. El Paddington Arm. Foto R.Puig

Little Venice. El Paddington Arm. Foto R.Puig

Londres está envuelta y atravesada por una red de riachuelos y canales, navegables en barcazas y tributarios del Támesis. Estos cursos de agua forman estanques y lagunas rodeados de verde y arboledas, con hileras de barcazas amarradas en sus bordes y utilizadas para habitación, esparcimiento o restauración.

Little Venice. Foto R.Puig

Little Venice. Foto R.Puig

El estanque de la Little Venice está situado en el corazón de la confluencia de dos canales importantes en el territorio del Municipio de Westminster. En este remanso se empalman el Padington Arm, derivado del Grand Union Canal que llega a Londres desde el noroeste, y el Regent’s CanalSiguiendo el curso de este último desde Little Venice se puede navegar, hasta desembocar en el Támesis por la curva de Limehouse Basin, la que precede a la Isle of Dogs, y tras haber flanqueado el Regent´s Park y el Victoria Park.

Little Venice. Foto R.Puig

Little Venice. Foto R.Puig

Desde el estanque de Little Venice hasta el Támesis hay cerca de 20 kilómetros de curso de agua, que pasa bajo unos 60 puentes de diverso calibre, para el tráfico rodado y el ferroviario, o simplemente peatonales.

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No es junto a estos canales y lagunas por donde se ven los enjambres de turistas que inundan el centro de Londres, aunque es de suponer que en verano se conviertan en populares rutas de paseo. Apenas tuvimos tiempo para andar por sus márgenes, pero la próxima vez nos desquitaremos.

Navegacion por el Regent´s Canal. Foto R.Puig

Navegacion por el Regent´s Canal. Foto R.Puig

Nuestro descubrimiento de Little Venice no fue intencional, pero ha sido afortunado. Estábamos alojados en ese barrio por motivos de visita familiar y en las dos mañanas, una lluviosa y la siguiente soleada, muy temprano, antes de desayunar, tuvimos el placer de descubrir ese rincón recoleto. Aunque más que a una Venecia pequeñita a lo que se asemeja este entorno es a Amsterdam. Y, de hecho, los jardines en su orilla llevan el nombre de un artista holandés ilustre que ustedes sin duda conocen

Little Venice. Rembrandt Gardens. Foto R.Puig

Little Venice. Rembrandt Gardens. Foto R.Puig

En definitiva, hay otras formas de disfrutar de Londres lejos de su mundanal ruido.

Little Venice. Foto R.Puig

Little Venice. Foto R.Puig

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Dejando los alrededores del estanque callejeamos por el distrito de Paddington, deteniéndonos en viveros de flores

Little Venice. Foto R.Puig

Little Venice. Foto R.Puig

o curioseando por los mercadillos alimenticios del fin de semana

Paella con salchichas en el mercadillo del barrio. Foto R.Puig

Paella con salchichas en el mercadillo del barrio. Foto R.Puig

donde no faltan el puesto de tartas, tartaletas y horneados varios

En el mercadillo del barrio.  Foto R.Puig

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig

o de quesos

En el mercadillo del barrio.  Foto R.Puig

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig

y los compradores y vendedores provectos

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig

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Por la tarde, nos fuimos en busca de especialidades peruanas por el Soho. No sé si había algún cocinero peruano junto a los fogones, pero los anticuchos estaban buenos

Galería de restaurantes en el Soho. Foto R.Puig

Galería de restaurantes en el Soho. Foto R.Puig

Y para que el barullo no nos hiciera daño, después del brunch y antes de ir hacia el jaleo del centro, entramos meditativos en la parroquia católica de Saint James (Santiago de Compostela) en la George Street, cerca del palacete de la antigua embajada española que hoy alberga la Wallace Collection,

Misa en la parroquia de Saint James. Foto R.Puig

Misa en la parroquia de Saint James. Foto R.Puig

Mientras el cura desgrana su homilía,  San Antonio de Padua nos sugiere que le pongamos una vela antes de aventurarnos en el tráfago

San Antonio en la parroquia católica. Foto R.Puig

San Antonio en la Parroquia de Saint James. Foto R.Puig

por los alrededores de Oxford Circus

Con prisas en Regent´s Street. Foto R.Puig

Con prisas en Regent Street. Foto R.Puig


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A venir

De lo que vimos en la Tate Britain

La Tate Britain. Foto R.Puig

La Tate Britain. Foto R.Puig

o en la Royal Accademy of Art

Estatua de Constable ante la Royal Gallery of Art .Foto R.Puig

Estatua de Sir Joshua Reynolds ante la Royal Gallery of Art .Foto R.Puig

hablaremos en sucesivas entradas…

Noviembre

13 noviembre, 2016
Sensación  de  noviembre. Foto R.Puig

Sensación de noviembre. Foto R.Puig

dedicado a mi sobrino Jorge

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In the mood of November

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Por el alto limbo de noviembre

las almas de los osos polares

buscan

sus hielos bautismales

R. Puig. In the mood of November. Acrílico sobre lienzo 100 x 81.

R. Puig. In the mood of November. Acrílico sobre lienzo 100 x 81.

Bajo las tierras lívidas

y el humus negro

duermen

raíces marchitas

La fuga de la luz. Foto R.Puig

La fuga de la luz. Foto R.Puig

La luz que huye

por cristales yertos

arrastra

recuerdos muertos

Adornos navideños. Foto R.Puig

Adornos navideños. Foto R.Puig

Operarios municipales

sobre la grúa

enguirnaldan

el barrio con corazones

Las cosas de los abuelos. Foto R.Puig

El reclamo del anticuario. Foto R.Puig

Nostálgico el abuelito

al mirar los cachivaches

olvida

sus alifafes

In the mood of November. Foto R.Puig

Todos en casita. Foto R.Puig

Vecinos de estas casas

arrellanados en sus butacas

añoran

playas tailandesas

R. Puig. In the mood of Trump. Oleo sobre acrílico. Detalle

R. Puig. In the mood of Trump. Oleo sobre acrílico. Detalle

El día nueve en Ohio

este recién duchado

llora

escuchando la radio 

Quo vadimus. Foto R.Puig

Quo vadimus? Foto R.Puig

Millones de paisanos

helados y pasmados

exclaman

¡¿a dónde vamos?!

¿Quién me saca de aquí? Foto R.Puig

¿Quién me saca de aquí? Foto R.Puig

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Breverías erasmianas (XXVII): “Nihil dulcius quam omnia scire” (Nada hay más dulce que saberlo todo)

6 noviembre, 2016
Cicerón. Museos Capitolinos. Roma.Foto R.Puig

Cicerón. Museos Capitolinos. Roma. Foto R.Puig

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“Nihil dulcius quam omnia scire”

Nada hay más dulce que saberlo todo

V i 42

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Para explicar este proverbio Erasmo cita a Cicerón, que lo emplea en una de sus Cartas a Ático, donde se muestra curioso y pide a su amigo que le informe de lo que ocurría en Roma en su ausencia. Entre otras cosas, quería tener información sobre algunas actuaciones de los censores y de Apio Claudio Pulcro, pero en especial de su hermano, el tribuno de la plebe Publio Clodio Pulcro que persiguió a Cicerón hasta exiliarle, expropiarle y hacerle la vida imposible a su vuelta.

Cicerón lo apoda con el nombre deformado de otro tribuno (Lucio Apuleyo) que había sido declarado enemigo público décadas antes. Lo tilda de afeminado llamámdole “Apuleia” aludiendo a que Publio Clodio se había travestido para colarse en la casa de Julio Cesar.

Nil dulcius quam scire prorsus omnia…

Nada más dulce que saber absolutamente todo…

Quare ut homini curioso ita perscribas ad me quid primus dies, quid secundus, quid censores, quid Appius, quid illa populi Apuleia.

Como soy hombre curioso cuéntame en detalle lo qué sucedió el primer día, qué el segundo, que hubo de Apio, qué de esa Apuleya favorita del pueblo

Cartas a Atico, 4.11.2

(Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC, Lyon 2010, p. 2472)

Estamos inmersos en la Roma de las rencillas, los rumores y los cotilleos de la política. De modo que el sentido pedestre con el que Cicerón emplea este elegante proverbio hoy podría ser el lema de Twitter, esa red social que promete tenerte al corriente de “lo que está pasando”.

Erasmo al final de su comentario toma otro proverbio de Cicerón que aparece en una de sus cartas familiares:  πάντα περὶ πάντων : todo sobre todo.  No he encontrado el texto aún, pero sospecho que va el mismo sentido.

¡Así que, nada nuevo bajo el sol! En materia de chismorreo nuestros medios sociales no han inventado nada.

  Otros sentidos para este adagio

La aspiración a saberlo todo, a abrazar el cosmos y toda la sabiduría en su totalidad es una pasión ancestral que ha movido a la humanidad a ir ampliando las fronteras del conocimiento. Si bien, en el Medioevo se tomaban atajos. Y como no han sido sólo los varones quienes han sentido este impulso de ascender por la escala de la sabiduría absoluta, recordemos a la abadesa alemana Hildegarda de Bingen (1098 – 1179) mística, profetisa, médica, compositora y escritora y su visión del Cosmos.

Visión del Cosmos de Hildegard av Bingen. Códice de Lucca.

El Cosmos de Hildegarda de Bingen. Codex de Lucca.Fuente: Joanna Wolska.

Erasmo no era amigo de los prodigios de la ciencia infusa, y en todo caso no glosó este proverbio con un extenso comentario. La razón pudo ser que no encontró las referencias clásicas y filológicas que podían apoyar un sentido más noble del mismo. En otros adagios sí que se extendió sobre la pasión del trabajo intelectual y del afán incansable por el estudio. Claro que, con su natural ironía, tampoco olvidó poner esa pasión de quien todo lo quiere saber entre las formas de locura

Xilografía de Franz Masereel para el Elogio de la locura

Xilografía de Franz Masereel para el Elogio de la locura

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Pero, volviendo a nuestro adagio de hoy, el texto de Cicerón, que da pie al comentario, es expresión de la inveterada curiosidad por la vida y milagros de los demás, y en este caso por los tejemanejes de los adversarios políticos. Como soy hombre curioso cuéntame en detalle lo qué sucedió, escribe Cicerón a Ático.

En la introducción a su enorme colección de adagios, Erasmo ya dejó sentado que una característica de los proverbios es esa ambigüedad que hace posibles sentidos variados. Algo de eso ha ocurrido con la interpretación de lo que afirma un personaje, prototipo del chismoso, en una comedia de Terencio: Homo sum, humani nihil a me alienum puto (Hombre soy, nada humano me es ajeno). Esta frase no se suele entender como lo que es, la confesión de un fisgón que se justifica diciendo que es humano entrometerse en la vida de los demás, sino como una noble expresión del espíritu de solidaridad.

Así que, en el caso que nos ocupa hoy, se me ocurren también a mí algunos sentidos más nobles de este nihil dulcius quam omnia scire.

El ansia de descubrir todo

La pasión por el conocimiento universal movió a hombres como Aristóteles a ocuparse de todos los aspectos del pensamiento y del saber de su tiempo. Basta con recorrer el índice de sus obras

Aristóteles. Museos Capitolinos. Roma. Foto R.Puig

Aristóteles. Museos Capitolinos. Roma. Foto R.Puig

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Otro apasionado investigador en busca de la síntesis total de las ciencias de su tiempo fue Alexander von Humboldt (1769 – 1859) que viajó y exploró lugares a los que nadie había llegado y con su mirada innovadora recopiló una inmensidad de datos, en diálogo directo con la naturaleza y con cientos de investigadores y científicos de su tiempo.

Alexander von Humboldt frente al Teide. Bronce. Foto Santi Rodríguez. Geographical Magazine

Alexander von Humboldt frente al Teide. Bronce. Foto Santi Rodríguez en el blog del Geographical Magazine

En su afán de percibir el mundo natural como un todo interdependiente anticipó nuestra propia época con sus intuiciones sobre la influencia humana en el cambio climático, puso las bases para el trabajo de Darwin  y motivó a generaciones de científicos y estudiosos de las ciencias naturales y a las corrientes modernas de protección del ambiente natural

Alexander von Humboldt. Naturgemalde. Fuente Geographical Magazine

Alexander von Humboldt. Naturgemalde. Fuente Blog del Geographical Magazine

El Cosmos que se le brindó a Hildegarda por revelación divina, a Alexander le costó infinitos trabajos y penalidades, como por ejemplo subir al Chimborazo con los pies hechos trizas, dejarse comer por los mosquitos navegando por el Orinoco o recorrerse la Siberia rusa en tartana hasta llegar a Mongolia. Trabajó diecisiete años para plasmar sus conocimientos en los tres volúmenes soberbiamente ilustrados de su Cosmos. 

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La pasión por leerlo todo

Conozco a alguien a quien su mujer le dio a escoger entre desatascar los pasillos de la casa, obstruidos por sus kilométricas estanterías llenas de libros, o mudarse.

Bueno, pues esta es otra pasión que a no pocos nos empuja y que puede convertir en insuficiente el espacio doméstico. Así que no puedo evitar traer aquí dos hermosas imágenes

Biblioteca de Pierre Cuypers. Rijkt Museum. Foto R.Puig

Biblioteca de Pierre Cuypers. Rijkt Museum. Foto R.Puig

de algunos de esos lugares en los que uno puede perderse sin necesidad de poner en peligro la armonía matrimonial

La biblioteca del Trinity College de Dublín. Foto Shutterstock

La biblioteca del Trinity College de Dublín. Foto Shutterstock

Aunque sin ir tan lejos, estoy seguro de que muchos de los lectores de este blog tienen cerca alguna biblioteca en la que pueden pasar algunas de esas horas dulces que la vida nos depara.

Mirar para saber

Y ya que hemos mencionado a Aristóteles, no está mal recordar que pasear ayuda también a pensar, pues no en vano en los jardines de su escuela en Atenas se practicaba el peripatêín

Así que le pido disculpas a Erasmo por este recurso a la dulce pereza de marchar sin rumbo fijo, de ese simple caminar que ilustra delicadamente en un manga el extraordinario artista, poeta del dibujo, Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi. L'homme qui marche. Paris, Casterman, 1995, p.41

Jiro Taniguchi. L’homme qui marche. Paris, Casterman, 1995, p.41

Es un poco eso que los franceses llaman flâner, o sea deambular en plan gandul

Jiro Taniguchi. L'homme qui marche.p.123

Jiro Taniguchi. L’homme qui marche.p.123

mirando a las nubes, pero también a las hojas, las ramas y los colores en esas frondas que cambian con la brisa y con la luz

Jiro Taniguchi. L'homme qui marche. Paris, Casterman, 1995, p.35

Jiro Taniguchi. L’homme qui marche. Paris, Casterman, 1995, p.35

Pero, ya que estamos hablando de nubes, hay quienes parecen optar hoy por un nihil dulcius quam nihil scire (nada más dulce que no saber nada), porque ¿si todo está en La Nube, para qué molestarse?

En esas estamos

Fenomenología de las nubes según J.M.G.Le Clézio (y II)

30 octubre, 2016
...les tengo cariño porque son lentas y no son serias. Foto R.Puig

…les tengo cariño porque son lentas y no son serias. Foto R.Puig

Hoy concluye esta selección de textos de L’inconnu sur la terre, en los que Le Clézio se deja ir con las nubes.

Estar en la nubes no es algo criticable, no es cosa de perezosos y distraídos, sino el modesto lujo de nuestros ratos ingrávidos, cuando, siquiera un poco, nos sentimos poetas.

Cuando se mira a las nubes, se piensa en muchas cosas, pero son cosas que parecen nubes. Son cosas ligeras y redondeadas, que ruedan y se bambolean y reptan como orugas, son cosas claras impregnadas de luz, a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Son cosas bien sorprendentes.

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  L’inconnu sur la terre, Paris, Gallimard, 1978, p.60

a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Foto R.Puig

…a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Foto R.Puig

Puede que las nubes sean sueños que se sueñan con ojos bien abiertos, sueños que no quieren mostrar nada, decir nada, sueños por soñar, sin más. Es algo que se infla y se reduce, que se alarga y se deforma, algo que deriva y se va luego, suavemente, suavemente, retrocediendo hacia la hendidura del horizonte.

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 p.60

Puede que las nubes sean sueños que se tienen con los ojos abiertos. Foto R.Puig

Puede que las nubes sean sueños que se tienen con los ojos abiertos. Foto R.Puig

¿De dónde vienen? ¿Quién fabrica las nubes, decidme, quién las hace nacer?  Seguramente aparecen sobre el mar cuando el sol quema fuerte, allí donde el agua encuentra la orilla, allí donde se alzan los acantilados y los muros de las montañas. Entonces nacen en el cielo, empiezan siendo muy pequeñas, algunas bolas pálidas y transparentes como la escarcha. Las nubecillas crecen, se multiplican por encima del mar, inmóviles las unas junto a las otras. Todavía no saben viajar. Luego crecen más, engordan, se fusionan entre ellas, se convierten en gruesas nubes blancas. Como son muy voluminosas, el viento se recuesta en ellas y las infla como alas, y comienzan a deslizarse por el cielo. Franquean el ámbito de las montañas, corren sobre las colinas y los valles, separadas, yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde les lleva el viento.

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...yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde las lleva el viento. Foto R.Puig

…yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde les lleva el viento. Foto R.Puig

¿Adónde van? Hacia África, a las Azores, o bien a lo largo de las corrientes que llevan al norte, hacia Irlanda, hacia Suecia, a Noruega, a Finlandia. Todavía no son nubes de tormenta, no aún. No transportan relámpagos, ni hielo, son sólo nubes blancas perezosas que se pasean por el cielo azul, que arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra.

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...arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra. Foto R.Puig

…arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra. Foto R.Puig

Estoy tumbado de espaldas, los rayos del sol se encienden y se apagan sobre la piel de mi cara. Aunque esté con los ojos cerrados, yo sé cuando pasan las nubes. Cuando el sol calienta fuerte, aguardo a que lleguen. Pruebo a vigilarlas abriendo un poco mis párpados, y mis ojos se llenan de lágrimas. En cuanto la nube se acerca al disco ardiente, la luz se debilita, se enturbia. Veo las amplias volutas que avanzan, ayudándose, empujándose y tironeándose, las bolas blancas y grises girando en el aire resplandeciente. Luego, de golpe, el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes, y noto como un agua fría que resbala sobre mi rostro y mis párpados.  Abro los ojos, miro. Me gusta que al sol lo tape la nube, me vuelvo ligero, yo también, me deslizo sobre la tierra, quizá soy ancho y redondo, produzco complicadas volutas que se enroscan y se superponen.

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p.61

...el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes.Foto R.Puig

…el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes.Foto R.Puig

Todo está en calma, las quemaduras olvidadas, llega frío el viento. Veo a las hojas de los árboles moverse, oigo los rumores del mar, los sonidos de la hierba. Se ha retirado el peso del cielo, y puedo respirar lentamente, profundamente, como en el sueño. Puedo respirar tan largamente que es como si respirarse hasta el fondo del cielo.  Nube, nube grande, resbala lentamente, despliega bien tus esferas blancas, nada e infla tus membranas como un paracaídas, como una medusa. Nube, quédate ahí, te lo ruego, quédate encima de mí, por mí y por mis vecinos, muéstrame bien tus volúmenes resplandecientes y grises, tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos, tus afables  montañas, tus sabanas.

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...tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos. Foto. R.Puig

…tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos. Foto. R.Puig

La nube es grande como una isla, grande como una banquisa. Se ven todos los rincones que nos gustaría habitar, las concavidades donde quisiéramos aposentarnos para dormir, los escondites, los lechos, y además también esos como caminos por donde se podría andar a paso lento. Sí, sería bueno vivir sobre una nube, al abrigo del sol, cerquita de las fuentes de la lluvia, sin saber dónde estamos, sin saber adónde vamos…

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...sería bueno vivir sobre una nube. Foto R.Puig

…sería bueno vivir sobre una nube. Foto R.Puig

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Peregrinaje *

...un día llegamos. Foto Spurling

Un día llegamos… Sierra de Otontepec. Foto Spurling

Un día, llegamos a un país envuelto en nubes, silencioso, misterioso, blanco, en lo alto de una montaña, a San Juan Ixcatepec. La vida es entonces lenta, lejana, perdida en las alturas. Aquí nada es fijo, nada es duradero. Aparecen unos árboles escuálidos, se borran, retornan. Los caminos no tienen final. A veces, a lo lejos, parece que se ven casas, cúpulas, la silueta de una iglesia, un palacio. Luego las nubes pasan delante de ellas, las esconden.

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...vecinos de los picos de las montañas. Sierra de Otontepec. Foto Adrian.mar

…vecinos de los picos de las montañas. Sierra de Otontepec. Foto Adrian.mar

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Es un país en el que los hombres son escasos, un país sin aves, sin insectos.  Estamos en la región por donde transita el aire, tan frágil que una nada la borra. No se oye. Se respira flojo, con dificultad, se camina un poco, luego uno se para. Se toma asiento en el escalón de una puerta, se espera. Por las calles del pueblo no hay nadie. Las nubes avanzan lentas sobre la meseta de piedra, la tierra se disuelve. La niebla acuosa flota, impregna vuestros cabellos, vuestras ropas. Estamos lejos por encima de los valles humanos, vecinos de los picos de las montañas, en este país que no conoce ni la mar ni las praderas. Aquí uno se olvida de sí mismo, sin palabras. Las nubes os atraviesan, y de vez en cuando desaparecéis, os marcháis. No hay sol. La luz blanca baña las altas regiones, la luz que no hace sombras. Es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado.  No hay hombres. No hay más que la luz, las nubes, y los fantasmas intocables.

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...es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado. Sierra de Otontepec. Foto Kikeforte

…es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado. Sierra de Otontepec. Foto Kikeforte

(*) Le Clézio llegó por primera vez a México, como profesor del Instituto Francés, en 1967 y ha seguido visitándolo con mucha frecuencia, viviendo temporadas allá, escribiendo sobre el país y sus gentes e interesándose por algunas de sus lenguas indígenas.

Ixcatepec  es un pueblo del norte del estado de Veracruz que linda con la sierra de Ontotepec, parte de la cordillera de la Sierra Madre Oriental.

Fenomenología de las nubes según J.M.G.Le Clézio (I)

23 octubre, 2016
Nube. Foto R.Puig

Nubes, nubes suaves, tranquilas, extrañas… Foto R.Puig

En agosto pasado pensábamos la luz a partir de algunos textos de L’inconnu sur la terre. En estos días nubosos de otoño vuelvo a ese libro, para divagar con la ayuda de nuestras compañeras de viaje, las nubes, y de Jean-Marie Gustave Le Clézio que las observa y las piensa.

Casualmente leyendo su fenomenología de las nubes me permito rescatar unos apuntes de cuando ellas me ensoñaban durante mis paseos por el campo charro que el Tormes cruza en la provincia de Salamanca. De eso hace bastantes años. Cuatro años después  Le Clézio publicaba su libro. Al parecer, estábamos en las nubes por la misma época.

El tierras de Salamanca. Lápiz. Dibujo R.Puig 1974. Detalle

El tierras de Salamanca. Lápiz y pastel. Dibujo R.Puig 1974.

Nube. Salamanca 1974. Lápiz y pastel. Dibujo R. Puig

Nube. Salamanca 1974. Lápiz. Dibujo R. Puig

Pero, a lo que íbamos… cuarenta y dos años más tarde, aquí estoy traduciendo para mis lectores algunos de esos párrafos en los que la poesía es una forma de fenomenología, ¿o será al revés? ¿No es acaso la poesía la forma más cumplida de la fenomenología? ¿Acaso no fue la poesía la que dio a luz a la filosofía?

Nubes. Foto R.Puig

nubes grises, de formas dúctiles… Foto R.Puig

Nubes, nubes suaves, tranquilas, extrañas, nubes grises, de formas dúctiles, cuerpos de mujeres, rostros de niños, dragones, islas. Nubes, voy hacia vosotras, me mezclo con vosotras, y me voy, yo también, mudando sin cesar mi cuerpo y mi rostro. Nubes como los sueños, como las canciones, como los recuerdos. Atraviesan el espacio del cielo, y quienes viven enfebrecidos, abajo, quienes corren por las calles de la ciudad, quienes se empujan ante las puertas de las tiendas, los que se apresuran hacia los bancos, con una carpeta en la mano, para apilar un fardo de papeles sobre otro fardo de papeles, de una oficina acolchada y con aire acondicionado a otra oficina enmoquetada y climatizada, deberían detenerse y mirar un poco al aire. Deberían tumbarse de espaldas por el suelo, la cabeza apoyada sobre sus negros cartapacios y mirar, mirar a las nubes que pasan, las unreliable clouds.

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Nubes. Foto R.Puig

donde las nubes se metamorfosean... Foto R.Puig

Donde quiera que se vea el cielo, ahí está la libertad. El resto, los sentimientos, la desesperación, el miedo, no son lo importante. Basta con levantar la cabeza y mirar con ojos bien abiertos, como si se tratase del agua. Y se bebe  con las pupilas y la frescura entra dentro del cuerpo y lava, calma, colma, y la suavidad de la luz entra en el cuerpo y baña cada órgano, caldea, apacigua, y en el cielo puro donde las nubes se metamorfosean tranquilas, se puede ver, como en un espejo, nuestra propia mirada clara y pura, donde el sol alumbra, en cada pupila, una estrella que baila.

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pp. 44-45

hinchadas como velas... Foto R.Puig

hinchadas como velas… Foto R.Puig

En el cielo viven las nubes. Son numerosas, y ligeras, ligeras. Atraviesan el espacio, sin apresurarse, pasan lentamente por encima de la tierra, así no más, todas hinchadas como velas, o bien acostadas como jirones de ropa blanca. ¡Son hermosas! Yo quisiera pasarme los días mirándolas, acostado por el suelo, días, meses, puede que hasta años. Las nubes no son aburridas. No descubren nada, no quieren decir nada, no asustan, ni son tristes. Están vivas. No con la vida de los animales terrenos, ni tampoco la de los árboles, de las rocas, de las llamas del fuego o de las olas del mar.  Es una vida ligera, que atraviesa la luz del cielo, que se transforma, que se va. Es una vida singular que no respira, que no come, que no se aparea. Es la vida transitoria de las nubes.

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una tropa de niños escondidos bajo una gran sábana... Foto R.Puig

una tropa de niños escondidos bajo una gran sábana… Foto R.Puig

Ellas, lo único que saben hacer es pasearse. Vienen de un lado del horizonte, van hacia el otro lado. No tienen prisa. Avanzan majestuosas, aunque ligeras, ligeras, deslizándose por el cielo azul. Ruedan algo, se estiran, lanzan algunas volutas por delante, después el resto del cuerpo sigue reptando, y los penachos de atrás se repliegan. No tienen ni cabeza, ni piernas. Encierran cantidad de cuerpos en uno solo, que se mueve y se estremece, como si hubiera una tropa de niños escondidos bajo una gran sábana.

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p.59

van tan bajo que parece que van a chocar... Foto R.Puig

van tan bajo que parece que van a chocar… Foto R.Puig

Sí, se marchan, perezosas y bastante torpes, las unas tras las otras, suspendidas en el aire. Hay nubes gordas muy blancas, del color de la nieve, color de espuma de jabón, redondas y que ruedan sobre sí mismas, en lentas piruetas, arrastradas por las corrientes invisibles del cielo. Atraviesan el zénit mostrando sus extravagantes esferas, henchidas de luz, y su sombra pasa sobre la tierra, allá abajo, sobre los campos, sobre los valles, sobre los tejados de las casas. Algunas veces son pesadas, van tan bajo que parece que van a chocar con los grandes edificios o los postes de hierro.

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las buenas nubes que os dan seguridad... Foto R.Puig

las buenas nubes que os dan seguridad… Foto R.Puig

Yo las miro pasar sin más por el cielo, gruesas nubes blancas tranquilas, que seguramente el viento zarandea un poco allá arriba. Son esas las buenas nubes que os dan seguridad, los rebaños que marchan por los caminos vacíos del aire. Ah, no miran hacia abajo, no miran a nadie. Se alejan, tal cual, dulcemente, haciendo rodar sus gibas, contoneándose.

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p.60

como si toda la tierra fuese calurosa y suave...  Foto R.Puig

como si toda la tierra fuese calurosa y suave… Foto R.Puig

Las nubes no vuelan como los pájaros, como los aviones. No hacen muchos esfuerzos. Se mantienen en el aire a la manera de abultados globos de aire caliente, y les tengo cariño porque son lentas y no son serias. Yo las miro, y miro también el cielo azul, y experimento una extraña impresión de felicidad, como si toda la tierra fuese calurosa y suave, como si toda la tierra estuviese en trance de dormir y soñar, bien tranquila y ligera, enroscada en capas de plumas.

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en trance de dormir y soñar... Foto. R.Puig

en trance de dormir y soñar... Foto. R.Puig

continuará…