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Poemas de viejo y de hoy

5 julio, 2020
Carducci a los 25 años

Giosuè Carducci a los 25 años

Para Bernardo y Rosi

Hace ya tres años andaba yo algo cojo por las calles de Roma, buscando remedio para un pie maltrecho en alguna farmacia. Días más tarde entraba, ya con mejor pie, en una “librería de viejo”, esos lugares mágicos donde alguien se arruina o casi, tratando de seguir vendiendo libros que los nietos de algún muerto le vendieron al peso. No podía cargar demasiado, pues luego lo pagas cuando te pesan la maleta, sólo había entrado a curiosear, pero salí de allí con dos antiguallas: un primer volumen de las “Doloras” de mi tocayo Ramón de Campoamor (1817-1901). Ya saben usted, aquél que escribía cosas como

Cuando miraba atento

aquel tren que corría como el viento,

con sonrisa impregnada de amargura

me preguntó la joven con dulzura:

-¿Sóis español? – Y a su armonioso acento,

tan armonioso y puro, que aun ahora

el recordarlo sólo me embelesa,

-Soy español – la dije; – ¿y vos, señora?

– Yo – dijo – soy francesa.

(…)

“Los pequeños poemas. El tren expreso. Poema en tres cantos”.

Lo de “pequeño poema” es un decir, porque tiene más de 250 versos, dedicados muy apropiadamente a un ingeniero de caminos, José de Echegaray, (1832-1916)  quien es probablemente el único ingeniero de caminos, canales y puertos que haya conseguido el premio Nobel de Literatura, en 1904.

Pero me estoy yendo por las ramas, pues el libro que también adquirí ese día eran las Poesías que Giosuè Carducci (1835-1907) publicó entre 1850 y 1900 (Poesie di Giosuè Carducci 1850-1900, Bologna, Zanichelli, 1919, 1075 pp). Me costó 5 euros y me gustaría saber cuántas liras le costó a Teresa Gazzi, que según aparece al abrir la tapa lo adquirió el mismo año de su publicación y debió de ser su más fiel lectora, a juzgar por lo usadas que están sus páginas, entre ellas varios facsímiles de algunos poemas manuscritos del poeta.

Podría extenderme mucho citando a este cultísimo, lírico y vibrante poeta, joven combativo y ateo y anticlerical de los años del Risorgimento, que acabó siendo senador, vate nacional y premio Nobel de Literatura en 1906, el año antes de su muerte. Como ven entre literatos coetáneos nos movemos hoy.

Curiosamente, entre las aficiones de Carducci estuvo la de traducir poemas de otras literaturas europeas. Si me he animado a traerlo, es en parte porque tradujo airosamente uno de nuestros más antiguos romances castellanos en verso sefardí, alusivo a nuestra reciente fiesta de la San Juán:

La lavandera de San Juan

(romance sefardí)

.

Yo me levantara, madre,

mañanica de San Juan,

.

vide estar una doncella

ribericas de la mar.

.

Sola lava y sola tuerce,

sola tiende en un rosal;

.

mientras los paños se enjugan

dice la niña un cantar:

.

-¿Dó los mis amores, dó los,

dó los andaré a buscar?

.

Mar abajo, mar arriba,

diciendo iba el cantar,

.

peine de oro en las sus manos

por sus cabellos peinar.

.

-Dígasme tú, el marinero,

que Dios te guarde de mal,

.

si los viste mis amores,

si los viste allá pasar.

Y esta es la versión de Carducci, que suena maravillosamente bien en el italiano del siglo XIX:

La lavandaia di San Giovanni

(dal Romancero Castellano)

.

Mi levai per San Giovanni,

Ch’era il sole per levar:

.

Vidi, o madre, una fanciulla

Sola sola in riva al mar.

.

Lava, attorce, e in un rosaio

Stende i panni a rasciugar.

.

Mentre i panni il sol rasciuga,

La fanciulla canta al mar:

.

— Dove, l’amor mio, dove,

Dove l’anderò a cercar? —

.

Su dal mare, giú dal mare,

Va dicendo il suo cantar:

.

Pettin d’oro ha ne le mani,

La sua chioma a pettinar.

.

— Dimmi, tu bel marinaio,

Cosí Dio ti voglia aitar,

.

Se l’hai visto l’amor mio,

Se l’hai visto là passar.

 

Se l'hai visto là passar...

Se l’hai visto là passar… Foto R.Puig

“Rime nuove. Poesie di Giosuè Carducci 1850-1900”, Bologna, Zanichelli, 1919, pp.759-760

Giosuè el poeta goliardo y provocador

Corría el pontificado de Pio IX, el papa que promulgó en 1864 “la encíclica Quanta cura que lleva como apéndice el celebérrimo Syllabus erroroum, compendio de ochenta proposiciones condenatorias de las doctrinas del momento. Específicamente anatematizó el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo, el indiferentismo, el latitudinarismo, el socialismo, el comunismo, el liberalismo, las sociedades secretas, el biblismo, y la autonomía de la sociedad civil”. (Fuente Wikipedia).

Corrían los vientos de unificación de Italia y aquel joven Giosuè a sus 25 años ya sentía el ardor, no sólo laicista sino patriótico frente a la resistencia del papado a renunciar a su poder político sobre parte del territorio italiano. Más tarde, tras la entrada del ejército piamontés en los Estados Pontificios en 1870, Pío IX se negaría a reconocer el reino de Italia, a establecer relaciones diplomáticas con él y rechazó las garantías personales que se ofrecían y excomulgó al rey Víctor Manuel II de Saboya. Mediante la bula Non Expedit prohibió a los católicos, bajo severas penas canónicas, toda participación activa en la política italiana, incluido el sufragio” (Fuente Wikipedia).

Pero estamos aún en 1863. En el curso de una cena goliárdica de amigos, bien rociada de vinos y bebidas espirituosas, el joven Carducci, quien fue dado a improvisar, declama un Himno a Satanás, que de repente, cuando se publica en sus 38 estrofas en 1869, le convierte en el más famoso reprobado y alabado vate de la democracia italiana naciente. No en vano era el elogio al líder que abandera (como canta el himno a Ignacio de  Loyola) los negros pendones de las huestes en tropel que enlutan el sol. Dicen que años mas tarde, siendo ya un senador respetable, calificó aquel himno como el fruto de una guitarrada (“chitarronata”).

Si fue así o se trata de un himno al mayor mito de rebelión individual que, junto al de Prometeo, nos ha legado la creación literaria, ustedes lo juzgarán. En el enlace de más arriba lo pueden leer en italiano (circulan versiones castellanas en internet), yo solo traigo aquí las últimas dos estrofas, que creo no necesitan traducción:

A Satana

 final:

(…)

Salute, o Satana,

O ribellione.

O forza vindice

De la ragione!

.

Sacri a te salgano

Gli incensi e i voti!

Hai vinto il Geova

De i sacerdoti!

(1869)

Probablemente es el único premio Nobel que ha inalzado a Satanás a prototipo de todos los rebeldes y adalid de la Razón, en lucha contra Jehova y los sacerdotes.

El cantor de la Valtellina

Or tace tutto... Carducci. Elegia del Monte Spluga

“Or tace tutto…”, Carducci. Manuscrito de la elegía del Monte Spluga, fechado en Madesimo,

Cambio de estro con unos versos de Carducci en 1897, cuyo fácsimil se inserta en la edición de su obra poética citada más arriba.  Por entonces lleva ya nueve años yendo a descansar para tomar las aguas y las curas termales en Madesimo, en la Valtellina (Alpes lombardos), y seguirá frecuentando el lugar hasta dos años antes de su muerte.

Madesimo, Valtellina

Madesimo, Valtellina

Puedo decir que entiendo su fascinación, pues yo mismo practiqué el senderismo y la escalada por la Valtellina, no muy lejos de los parajes de su Elegía al Monte Spluga.

De nuevo me remito a su final:

(…)

E mi trovai soletto là dove perdevasi un piano

brullo tra calve rupi: quasi un anfiteatro

.

ove elementi un giorno lottarono e secoli. Or tace

tutto: da’ pigri stagni pigro si svolve un fiume:

.

erran cavalli magri su le magre acque: aconíto,

perfido azzurro fiore, veste la grigia riva.

Y me hallé solitario donde una llanura se perdía

árida entre calvos roquedales: casi un anfiteatro

.

donde los elementos lucharon con los siglos. Ahora enmudece

todo: desde calmosos estanques calmo se desmadeja un río;

.

vagan caballos magros sobre las magras aguas: acónito,

pérfida flor azul, viste la oscura orilla.

Valle del Monte Spluga. Foto Paesidivaltellina

Valle del Monte Spluga. Foto Paesidivaltellina

(la traducción es mía)

Los primeros versos de Carducci (“Juvenilia“) datan del período 1850-1860, combinación de cantos cultistas de raíz clásica y sonetos románticos en que se siente un “peregrino del ciel”.

El poeta ya ha dejado muy atrás una juventud festiva, por no decir desenfrenada y ha superado una edad adulta agitada y apasionada por la Italia que nacía. Estos versos de la vejez, donde evoca a la Loreley de uno de sus poetas alemanes preferidos (Heinrich Heine) terminan entre unas hadas y ninfas alpinas que acaban dejándole solo. Suenan como un despedida y forman parte de las últimas poesías que publicó en 1898.

Giosuè Carducci

Colofón para un poeta amigo

Carducci compuso sonetos amorosos de una gran finura entre la tradición clásica, que conocía fondo y de la cual se alimentó, y su poderosa inspiración romántica.

En otras latitudes y ahora hay un amigo mío peruano que me hace el honor de enviarme sus poemas desde hace años, de los que ha publicado una antología en Lima. Se inspira en sus observaciones de instantes, objetos y personas de su mundo cercano, de su barrio y su vida cotidiana. Y siempre, como atraídos por un imán, sus versos se encuentran con su amada, su compañera de una larga vida.

En estos meses, ha escrito un ramo de poemas de este período de pandemia que no ha conseguido cegar su inspiración.

Con mi amistad y desde el cimiento de nuestros recuerdos comunes de esa Lima que se aleja, me he permitido extraer en su homenaje dos de ellos:

4

Vamos a dejar para mañana viernes responder al

policía

y a los jueces

y a los dueños de cada espacio solitario

y de cada dulce botella de naranja

con licor y amores de mil fiestas y mil besos que ya

fueron

oportunamente y muy bien dados.

 

Vamos, pues, entonces a contarles a los dueños del

silencio y de la vida todas estas lindas cosas que me

pasan a tu lado

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En la plaza de San Francisco, Lima. Foto R.Puig

7

Cuando no haya nadie en las calles

estaré ahí todavía

gritando fuerte entre las montañas

que estoy vivo

despidiendo la brisa con todas las pequeñas hojas del

otoño, con todos los pequeños y débiles trinos de la

madrugada y los sollozos del atardecer.

 

Cuando no haya ninguna voz, ningún adiós, ninguna

sombra y ni un beso triste bajo el cielo que ha

nublado a las estrellas, habrá en la esquina de

nuestros recuerdos una vieja canción

y la foto donde estás de mi mano recibiendo el anillo

reluciente con mi nombre y la fecha de mis primeros

sueños en tu almohada.

.

Bernardo Regal Alberti, “Poemas de la pandemia”, Lima, junio 2020

.

De mi terraza para Bernardo y Rosi. Foto R.Puig

De mi terraza para Bernardo y Rosi. Foto R.Puig

“Versión extraviada” (4)

28 junio, 2020
Zacarías y el escriba. Fresco h.1123. Santa María de Tahull. Museo de Arte de Cataluña.

Zacarías y el escriba. Fresco de Santa María de Tahull s.XII. Museo de Arte de Cataluña.

Capítulo 4                    

Lo que sigue es el inicio de la traducción de Elías del comienzo del texto arameo intercalado con hebreo en el que Samuel recoge sus conversaciones con María, son las primeras páginas que me confío mi amigo. No está ordenado, por lo que se puntean pausas entre las varias notas.

Samuel:

En la ciudad de Pel.la, adonde llegué con mi familia, huyendo de Judea, tras la destrucción de la ciudad santa y de su templo por las tropas romanas hace ya diez años, yo, Samuel, uno de los hijos de Zebedeo y seguidor de Jesús, cuando ya se aproxima el día de mi rencuentro con Él dejo a mi hijo Nataniel, para que lo custodie las memorias de María, la madre de Jesús, que yo mismo transcribí fielmente y en secreto a partir de las palabras salidas de sus labios.

Fui escriba durante años del Sanedrín, bajo cuya autoridad serví trascribiendo fielmente las actas de sus reuniones. He copiado con exactitud las Escrituras Sagradas de los judíos y sido un fiel cumplidor de los preceptos de la Ley y los Profetas. Mi padre era levita y muy estimado en Jerusalem. Tenía algunas barcas de pesca en Cafarnaúm y era un hombre recto.  El día en que Jesús entró en el Templo y, para sonrojo de sus sacerdotes que lo toleraban, expulsó con santa ira a los mercaderes que lo habían convertido en una feria, sentí que mis esperanzas en la llegada del Mesías prometido por Isaías se estaban cumpliendo. Así que comencé a escuchar al Nazareno siempre que me era posible.

Yo en secreto seguía a Jesús, luego se sumaron mis hermanos Juan y Jacobo. Un día los espías del Sanedrín informaron a las autoridades del templo de que yo parecía ser un seguidor de Jesús. Convocado por Caifás creí llegado el momento de explicarle desde la Ley y los Profetas mi convicción de que Jesús era aquél a quien los judíos esperábamos. Apenas me dejo hablar, irritado sobremanera llamó a los guardias y les ordenó que me expulsaran del templo y no me dejaran entrar más. Así fue como perdí mi empleo.

María tras la muerte de su hijo se recluyó en la casa de los familiares de mis hermanos Juan y Santiago, en las afueras de Jerusalem, con mi hermana Sara y con la asistencia de mi madre Salomé. Si ellas aún vivieran, podría atestiguar que todo lo que aquí se escribe, responde fielmente a lo que nos contó la madre de Jesús. nuestro Mesías. Es por entonces cuando comenzaron mis conversaciones con ella, que luego continuaron en Nazaret, adonde se retiró más tarde y en donde vivió muchos años todavía, en compañía de sus hijos y parientes y donde algunos amigos fieles la visitaban y la tenían informada de cuanto ocurría en Jerusalem y en otros lugares por donde fueron multiplicándose los seguidores de Jesús.

Este escrito es fiel a la verdad que me encomendó guardar celosamente la madre de Jesús para que, pasados los tiempos de confusas versiones sobre sus hechos y palabras, quedase el testimonio de su propia madre. Las exageraciones se habían convertido en invenciones desmedidas tras su muerte y, más aún, tras la desaparición de su cuerpo. La vuelta de Jerusalem a Nazaret se produjo tras un periodo agobiante que María, apenada y en duelo, no sabía si era de veneración y de protección o de vigilancia. Casi no se la dejaba aparecer y las conversaciones con Salomé, Sara y conmigo, que las resumía por escrito, le sirvieron de desahogo. Yo seguía en la comunidad de Jerusalem, aunque visitaba y ayudaba de vez en cuando a mi familia en Cafarnaúm y a María en Nazaret para seguir recogiendo su testimonio.

Sus angustias ya eran grandes tras la horrible muerte de Jesús, crucificado como los romanos ejecutaban a los esclavos, pero su zozobra se desbordó a partir del día en que fue a orar ante el sepulcro de su hijo y lo encontró profanado y vacío. Fue entonces cuando Juan la recluyó en nuestra casa familiar de los alrededores de la Ciudad Santa.

Juan afirmaba que Jesús le había encomendado que cuidase de ella si Él llegaba a faltar.

La Virgen y San Juan. Fresco del ábside de Pedro en la Seo de Urgel. s.XII. Museo de Arte de Cataluña.

La Virgen y San Juan. Fresco del ábside de San Pedro en la Seo de Urgel. s.XII. Museo de Arte de Cataluña.

Desde entonces su pena fue haciéndose cada día más lacerante, mientras veía cómo los discípulos propalaban fantasías y comenzaban a idolatrar a Jesús como si fuese Dios.

Por desgracia, pues debo decirlo a pesar de que es mi hermano, Juan fue uno de los que más promovió la divinización de Jesús. Había empezado a escribir e incluso me dictó algunas de sus enigmáticas opiniones. Además, la rivalidad con Pedro le hacía tratar de destacar su lugar en todo lo que narraba. Yo callaba y esperaba que, con el tiempo, se tranquilizaría. Ahora está por el Asia Menor. Las noticias que me llegan es que se ha ido separando de la recopilación hebrea de hechos y dichos de Jesús, que está sirviendo de base a la predicación con algunas versiones en griego, necesarias para la expansión unitaria de la Iglesia. En estas recopilaciones son activos, que yo conozca, Mateo y Marcos. Hay también un colaborador del convertido del incansable propagador llamado Saulo de Tarso que reúne la historia de los hechos de los primeros apóstoles y del nacimiento de la comunidad de seguidores de Cristo, que por Antioquía han comenzado a llamarse a sí mismos cristianos. Se llama Lucas.

Cuando Juan partió lejos a predicar le perdí de vista, pero mientras estuvo en Jerusalem no quiso dejar que María se volviese a Galilea. Los otros discípulos le dejaban hacer y Santiago, que fue convirtiéndose en el organizador principal de la iglesia en Judea, tenía otras preocupaciones. Lo que María no comprendía es que Santiago y Judas aceptasen estas exageraciones, siendo hijos de su hermanastra María la de Cleofás y  habiendo estado en relación con Jesús. Parecía como si los primos de Jesús compitiesen en divinizarlo y cargar su vida de hechos sobrenaturales. Santiago solía decir que por la lengua se podía pecar mucho, sin embargo alentó con su predicación entre los judíos las fantasías que sobre Jesús fueron inventándose y Judas iba por todas partes imitando a los antiguos profetas y anunciando que Jesús volvería pronto a juzgar a todos.

María pensaba a menudo que su muerte no tardaría. Es más, en cierto modo lo deseaba, pues la estancia en Jerusalén la tenía deprimida y no hacía más que recordar la tragedia y sentirse culpable de no haber disuadido a su hijo de lo que ella consideraba una especie de delirio final. Como veía lo que pasaba con su recuerdo, temía que ella misma pudiese acabar venerada como una semidiosa, sobre todo al escuchar lo que de su vida y la de su hijo se estaba difundiendo.

Lo he dicho, ella confiaba en mi fidelidad a Jesús y en mi condición de escriba respetuoso de la verdad. De modo que mientras los discípulos se entregaban a la predicación y a la organización de la comunidad bajo la dirección de Santiago, ella me fue confiando sus memorias, primero en Jerusalem y luego en Nazaret.

Presento todo según fue saliendo de la boca de la madre de mi señor Jesús, aunque la sucesión sea un poco desordenada. Ella solía decir que ya me encargaría yo de poner orden en sus historias. Así que, para que se entienda mejor, a veces he reunido en torno a un mismo tema lo que me narraba según le venían los recuerdos. Pude separar las conversaciones de Jerusalem de las de Nazaret, pero me ha faltado tiempo para todo el plan que tenía en la cabeza. Tuve miedo de que los rollos llegasen a manos de otros, así que dejé estas notas, sin retocarlas demasiado.

Después todo se precipitó con la guerra contra los romanos y los problemas que en esos años tuvimos los discípulos de Jesús, así que el manuscrito está prácticamente como hace treinta años cuando lo dejé. Otros podrán quizás ordenarlo mejor. Mi hijo Nataniel se encargará de custodiarlo cuando yo falte. En cualquier caso, prefiero que no caiga en las manos de mi hermano Juan, que, en Asia Menor, según he sabido sigue con sus colaboradores componiendo su propia versión de la vida de Jesús.

María:

Ayer tuve una discusión con Juan y con Santiago, hijos de mi hermana María la de Cleofás. Estaban presentes otros discípulos de Jesús. Comenzó de forma amable, pero no hubo modo de que diesen su brazo a torcer. Les manifesté que de un tiempo a esta parte están contando muchas cosas sobre la vida y los dichos de Jesús que no responden a la realidad. Pero parece que todos hayan perdido la cabeza. Incluso uno de mis hijos, Simón, que tanto criticaba a su hermano por la vida que llevaba y ahora exagera más que nadie.

Lo raro es que yo creía que junto a los que eran pescadores, artesanos y con pocas letras, quienes como Mateo tienen estudios no deformarían los hechos. Yo sabía que estaban recogiendo los relatos sobre la vida y enseñanzas de Jesús hasta el día de su muerte y me habían prometido que yo podría ir leyendo lo que escribiesen y que nada se difundiría sin mi aprobación. Volviendo a Mateo, sé que está agrupando en un escrito los dichos y discursos de mi hijo, teniendo en cuenta lo que ya había alguien escrito en arameo y hebreo.

Luego han crecido todas estas historias de las apariciones de Jesús y de su resurrección. Juan dicta en vez de escribir él mismo. Se expresa con elocuencia y son cada día más quienes le escuchan con fervor, sobre todo entre judíos venidos de lejos. Algunos hablan la lengua de los griegos. Por su parte, Pedro cuenta sus recuerdos a Marcos y este  creo que se entiende con Mateo para emparejar sus textos.

San Marcos y los símbolos de los cuatro evangelistas. Evangeliario Irlandes. Biblioteca Conventul de Sant Gall

San Marcos y los símbolos de los cuatro evangelistas. Evangeliario Irlandés. Biblioteca Conventual de Sant Gall

Nicodemo, que es un judío honesto y que tanto admiraba a Jesús ha escuchado las cosas que van diciendo Mateo, Pedro, Juan y otros discípulos y me ha preguntado si todo era cierto, en especial lo que narran sobre la infancia del niño. Le he dicho que no y que no comprendo para qué mezclan tantos recuerdos reales y hermosos con invenciones. La obra de Jesús no necesitaba de eso.

A mí me involucran también. Juan además de tener grandes teorías es el más imaginativo. Así que lo magnifica todo. Ya me ha dado su versión de algo que ocurrió junto al lago de Tiberíades. Sigue empeñado en que mi hijo fue capaz de producir casi de la nada cientos de panes milagrosamente, por no hablar de los peces. Sobre esa historia portentosa Santiago me contó, hace tiempo y en vida de Jesús, algo mucho más real, que, si me alcanza el tiempo, aclararé.

El problema es que con la excusa de que no quieren que me fatigue me tienen vigilada. Me dicen también que si salgo a las calles, los que veneran a Jesús podrían arremolinarse y crear tumultos. Pero no me dicen lo que están contando sobre mí y sobre mi esposo José, aunque Sara ya me ha anticipado algo. Si no fuera por ella y por vuestra madre, la vida en esta casa me resultaría asfixiante

Estoy triste y cansada, pero no quiero morir sin restablecer la verdad de la historia de mi hijo. Unos con la mejor intención y otros con la ambición de tomarse la revancha y crear un movimiento alejado de la fe de nuestros antepasados, están deformando los hechos y dichos de Jesús.  A veces no se distinguen de los judíos zelotas.

….

A lo que creo, un nuevo apóstol, Saulo, que no conoció a Jesús pero que dice haberle visto, es muy activo en todo este esfuerzo de romper con la religión de nuestros padres. Yo pienso que lo que Jesús hizo fue muy importante para recuperar en todo su valor la doctrina y la moral de los rabís judíos. Pero a los discípulos no les basta con las cosas como fueron y quieren hacer de él una especie de emanación de Dios que se hace hombre, que muere y resucita y cumple las expectativas de todos los profetas. Él no quería eso, a pesar de los que le jaleaban y al final creo que no sólo se vio como el Mesías sino algo más. Quisieron convertirle en el líder de un combate contra los poderes religiosos de nuestros sumos sacerdotes en Jerusalem. Hablaba del Reino de Dios y estaba convencido de que llegaría pronto el final de los tiempos y el juicio final. El Hijo de David le decían, y a su padre José le convirtieron en descendiente del gran rey. No sólo eso, pensaban que era Elías que había vuelto. Por desgracia, todo eso ha sido decisivo para llevarle a la muerte.

Samuel,  tú fuiste testigo de que su lenguaje se había vuelto más misterioso y sujeto a todo tipo de interpretaciones. Las mismas masas que venían a escucharle y que querían curaciones a toda costa deseaban sus palabras, aunque no le entendiesen. A ratos hablaba, es verdad, como un profeta. En eso salió un poco a su primo Juan al que alguna vez escuché con Jesús cuando bautizaba en el río. Por entonces habían vuelto ambos del desierto, donde habían pasado varios meses con una comunidad de ascetas pobres. Luego ya no me hizo caso cuando le pedí que se quedase con José, que ya estaba inválido, para sacar adelante el taller y los huertos con sus hermanos y sus primos. Mi cuñado era dueño del taller junto con José y tampoco podía ya trabajar. La verdad es que sus hermanos se bastaban, pero me asustaba su espíritu inquieto y los riesgos que podía correr si seguía por ese camino.

Bautismo de Jesús. Benedictinario. s.X. Colección del Duque de Devonshire

Bautismo de Jesús. Benedictinario. s.X. Colección del Duque de Devonshire

Creo que las multitudes le seguían por su predicación en la tradición de los rabís más venerables, pero sobre todos porque era compasivo y fue ganando fama por sus poderes de curación. Por eso fue creciéndose en su misión de profeta. La gente empezó a hablar de sus milagros y muchos enfermos mejoraban cuando él les imponía las manos. Sin embargo cuando empezó a hablar como si fuese el Mesías, las autoridades de Jerusalem empezaron a armarse contra él. Simón me ha dicho que en los últimos tiempos siempre andaban detrás de ellos los espías y provocadores del Sanedrín. Pero la gente le protegía y sus primos se habían convertido en sus guardaespaldas.

Por entonces mis otros cuatro hijos, incluido Simón, no mostraban interés y le reprochaban que me hubiese descuidado y hubiese abandonado el taller y las tierras de Galilea.

Pensé que sus discípulos continuarían su obra de forma prudente y conforme a verdad. Sobre todo después de lo que hemos sufrido desde que le detuvieron, le torturaron y le crucificaron. Menos mal que José ya no ha estado aquí para verlo, pues fue mi marido quien, en cierto modo, empujó a Jesús con sus primeras ensoñaciones de que era descendiente de David y todo el resto. José fue un buen judío que conocía no sólo los textos de Moisés y los profetas sino también los dichos de los rabinos más sabios, y era un buen padre.  Los sábados, aprovechando el día de descanso le enseñaba a Jesús muchas oraciones, historias y frases muy hermosas y cuando se juntaba con Zacarías -a veces venía también Isabel y su hijo Juan- a Jesús y a mí nos encantaba escucharles. Fue así como me animé a aprender a leer. Sin José, no habría logrado instruirme en tantas cosas. Luego, cuando Jesús fue creciendo leíamos juntos textos piadosos y oraciones que nos prestaba Zacarías.

Su primo Juan quería mucho a Jesús que era más pequeño, pero no hacía tanto caso a su padre, le gustaban más las historias de los profetas, en particular todo sobre el profeta Elías y su esperada vuelta. Según fue creciendo se hizo muy crítico con las prácticas de los saduceos y fariseos.

Como estaba diciendo, yo no podía imaginar que fuesen a ver a mi hijo Jesús como el Hijo de Dios, y en cuanto a mí dejemos de lado lo que cuentan de mí…

Cristo en majestad. Detalle. Santa Maria Antica. s.VII. Roma

Cristo en majestad. Detalle. Santa Maria Antica. s.VII. Roma

He decidido ser la narradora de su verdadera historia cuando comprendí que ahora me escuchas y recoges mis palabras, y con tu hermana Sara que me cuida también estáis preocupados y no aprobáis lo que está pasando. Tú tienes estudios, Samuel, eres escriba del Templo. Puedes escribir no sólo en hebreo y arameo, también en griego, y entiendes el habla de los romanos. Quiero que este elogio quede en estas memorias y también el de Sara que tanto me quiere y me ayuda. Es justo que quede memoria de lo que estáis haciendo por preservar la verdad sobre mi hijo Jesús.

Continúa la transcripción de las conversaciones de Samuel con María en casa de su hermano Juan y en presencia de Sara, en lo que parece un segundo encuentro, sin precisar el tiempo trascurrido desde el anterior.

María:

Bendito seas Samuel que me sigues escuchando y conoces muy bien nuestra religión y la historia de nuestro pueblo. Así eres más consciente que muchos otros de la importante renovación que predicaba mi hijo. Por tu prudencia y contención sé que eres quien mejor puede recoger mis memorias. Ignoro cuánto tiempo de vida me queda, así que te estoy agradecida por todo el tiempo que me estás dedicando. Al contrario Jacobo y Juan no tienen interés en escuchar la versión de un pobre viuda desolada.

Nota de Samuel: Estoy redactando dos versiones de mis conversaciones con María, una es la fiel transcripción en hebreo y arameo tradicionales que guardaré celosamente. Haré otra que pondré en hebreo común donde recogeré para Mateo lo que no entre en conflicto con lo que él escribe. Aunque siento que no podré evitar que añada narraciones sobrenaturales que no comparte María.

María:

Juan no me enseña lo que escribe, aunque habla más que nadie y me parece que son algunos de sus fieles seguidores quienes están trascribiendo su versión de los hechos. Se considera el discípulo privilegiado de mi hijo y Mateo ha dado por buena su afirmación de que fue Jesús desde la cruz quien le había encomendado que se ocupase de mí como un hijo. Yo no oí nada de esto, pero me parece que no estaba entonces en condiciones de oír nada y, además, me tuvieron alejada hasta casi el final. Sólo pude aproximarme cuando ya Jesús estaba a punto de expirar y entonces me derrumbé,  Así que es posible que fuese así. Es verdad que se desvive por mí pero me tiene casi encerrada y yo quisiera volverme a Galilea, pero no me dejan.

No puedo llevarles la contraria en todo, pues no siempre acompañé a mi hijo y dicen que ellos sí que le siguieron por todas partes. Pero Samuel me confirma que están magnificando e incluso escribiendo cosas que no ocurrieron. Como he contado, hay un escriba llamado Marcos, que me han dicho está recopilando lo que Pedro va contando y predicando. Así que le he pedido a Samuel que deje ver a los discípulos una versión sencilla en hebreo común de dichos y hechos que no chocan con sus versiones. Para que la copien si así lo desean. Pero me dice que están desencantados pues mis recuerdos no son muy extraordinarios. Andrés dice incluso que mi marido había contado varios milagros que Jesús habría hecho  siendo niño. ¡Pobre José! Las cosas que pudo haber dicho en su vejez de ese hijo al que consideraba el Mesías.

La otra narración, la mía, Samuel me la va recitando en arameo para que yo la apruebe. Le hago algunas observaciones y añadidos y así avanzamos. En todo caso si la encontrasen los discípulos, no serían capaces de descifrar sus caracteres.  Samuel me escucha y toma sus notas con una gran rapidez, luego se retira a casa y, a solas, las pone en limpio donde nadie puede molestarle. Lo que se mantiene parecido en ambas versiones, la mía completa, y la otra, son aquellos dichos y parábolas de mi hijo que recuerdo. Afortunadamente la memoria de Samuel, que le siguió fielmente, compartió sus misiones y vivió con él, me ayuda mucho. Sara hace comentarios muy útiles también y además completa con reflexiones y sucesos de los que fue testigo o que ha oído a otras mujeres.

Alexander Ivanov. Noli mi tangere. 1835. Galería Tretiakov

Alexander Ivanov. “Noli me tangere” 1835. Galería Tretiakov. Moscú

María la de Magdala anda toda exaltada contando mi hijo la visita después de haber resucitado. Así que es importante que haya también mujeres que digan la verdad. En realidad, estaba completamente enamorada de Jesús y a mí no me hacía gracia que anduviera detrás de él. Pero, por su gran bondad, mi hijo la había defendido contra los que la injuriaban, y ella se había prendado de él.

Lo que pasa es que no está muy en sus cabales. Lo que todos sufrimos el día de la crucifixión, y yo más que nadie, a ella ha acabado de trastornarla. Da pena en verdad, pero si se callase sería mucho mejor. A mí me causa dolor.

Hay también otra mujer que va por ahí con un paño lleno de sangre, explicando a todos los que la escuchan que tiene impresa la imagen del rostro torturado de Jesús. Cuenta que enjugó la cara mientras subía cargando el madero hacia el monte donde lo crucificaron, y que sus facciones quedaron impresas en la tela. Sara, que lo ha visto, dice que es una más de las fantasías que gente con ganas de llamar la atención anda contando. Esta mujer tiene mucho éxito con este paño y hay muchos que van a escucharla, se dan golpes de pecho, y luego vienen a los discípulos para ser bautizados.

En cambio Marta y María, las hermanas de Lázaro, mantienen silencio y creo que la muerte de Jesús les duele más que a los que tanto se exhiben. Les molesta mucho lo que están diciendo sobre la salida de Lázaro del sepulcro, sobre su supuesta resurrección, incluida la versión de Juan. Pero ahora he de descansar.  Gracias, Samuel, lo dejamos por hoy.


Fuente de las imágenes medievales:

  • “Le haute moyen age du quatrième au onzième siècle”, Collection Les grandes siècles de la peinture, établie et dirigée par Albert Skira, Genève, Editions d’Art Albert Skira, 1957
  • “La peinture romane du onzième au treizième siècle”, Collection Les grandes siècles de la peinture, établie et dirigée par Albert Skira, Genève, Editions d’Art Albert Skira, 1958

Enlaces para los capítulos anteriores:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

El día más largo

21 junio, 2020
Visitante del solsticio. Foto R.Puig

Visitante del solsticio, 21 de junio del 2020. Foto R.Puig

Para la Asociación de Vecinos de la Playa de la Almadraba de Els Poblets

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El tiempo y la poesía

Al acabar esta noche hemos entrado en el día más largo que coincide con el solsticio del verano boreal. Solemos pasarlo en Suecia y mas tarde viajar a España. Pero esta vez,  frente al mar desde principios de año y confinados desde marzo, a estos abuelos la llegada del verano nos encuentra en la Playa de la Almadraba.

Glad midsommar. Viva el verano. Foto R.Puig

Glad midsommar. Llega el verano, 20 de junio del 2020 Foto R.Puig

Por aquí, si no hubiera pandemia, el pueblo estaría preparándose para las hogueras festivas de la noche de San Juan y en Suecia para las danzas del Midsommar, como puede apreciarse en las imágenes de años anteriores en Els poblets en la Costa Blanca española y en la Costa Oeste de Suecia.

Diversas formas de celebrar la irrupción del verano, la noche más corta y el día más largo y, este año, una doble nostalgia. Pero volvamos a este día.

Por estas tierras hay canciones para todo y, como no, de Asturias es una tonadilla que aprendimos de pequeños:

«A coger el trébole, el trébole, el trébole;

a coger el trébole la noche de San Juan.

A coger el trébole, el trébole, el trébole;

a coger el trébole los mis amores van.»

También se canta esta otra:

«El que coja la verbena

la mañana de San Juan

no le picará culebra

ni bicho que le haga mal».

Pero, además de la verbena officinalis, por estas fechas también se recoge la hermosa flor blanca del sambucus, el saúco o sauco que tiene muchas propiedades benéficas.

Así lo explica José Antonio Fidalgo Sánchez, cronista oficial de la villa de Colunga en Asturias :

“A sus flores, recolectadas en la noche santa de San Juan, se les atribuyen multitud de propiedades curativas. Recolectadas en la madrugada y secadas a la sombra en locales bien ventilados, tomadas en infusión, son buenas para curar catarros, toses, fiebres… Esa infusión es buena, asimismo, para lavar heridas, ojos con conjuntivitis, aftas en la boca”

Para conseguir un condensado que diluido en agua es una refrescante infusión veraniega, les voy a dar la receta de mi esposa, combinada con las fotos de su preparación en familia que nos regala una de mis nietas:

Ingredientes

2 litros de agua, 2 kilos de azúcar (equivalentes a 2,6 litros de azúcar), 40 flores de saúco, 3 limones y 40 gr de ácido cítrico.

La flor del sauco. Foto Alba Puig

La flor del saúco. Foto Alba Puig

Procedimiento

  • Llevar a ebullición el agua y el azúcar juntos.
  • Limpiar lo limones y cortarlos en rodajas.
  • Echar las flores y los limones en un recipiente (preferible que sea de acero inoxidable).
  • Verter el agua recién hervida encima de las flores y las rodajas de limón encima y mezclar todo.
Esencia de saúco. Preparación. Foto Alba Puig

Esencia de saúco. Preparación. Foto Alba Puig

  • Dejar enfriar.
  • Taparlo y dejarlo 3 días, removiendo un poco por la mañana y por la noche.
  • Colarlo por una tela o colador de tela.
  • El concentrado resultante se puede congelar en botes plásticos.
  • En una proporción de 1 a 10, más o menos y según el gusto, se mezcla una porción de esta esencia en agua fría y se obtiene una bebida refrescante y beneficiosa.

Si quieren, antes de beberla pueden cantar con los danzantes del Midsommar sueco (aunque este año obligados a guardar las distancias preventivas) la siguiente canción:

I

Du lindar av olvon en midsommarkrans

och hänger den om ditt hår.

Du skrattar åt mångubbens benvita glans,

som högt över tallen står.

I natt skall du dansa vid Svartrama tjärn

i långdans, i språngdans på glödande järn.

I natt är du bjuden av dimman till dans,

där Ull-Stina, Kull-Lina går.

Trenza las hojas de la corona estival

y de tus cabellos préndelas.

Riete de el hombre paliducho de la luna

que asoma por las copas de los pinos.

Esta noche junto al estanque de Svartrama bailarás

pasacalles y frenéticas danzas ardientes.

La neblina de la noche te arrastrará

al lugar donde Ull-Stina y Knull-Lina están.

II

Nu tager du månen från Blåbergets kam

att ge dig en glorias sken.

Och ynglet som avlas i gölarnas slam

blir fålar på flygande ben.

Nu far du till Mosslinda, Mosslunda mor,

där Ull-Stina, Kull-Lina, Gull-Fina bor.

I natt skall du somna vid Svartrama damm

där natten och mossan är len.

Atrapa la luna que asoma por la Montaña Azul

y cúbrete con su glorioso brillo.

Así los renacuajos que se agitan por el pantano

se transformarán en caballitos voladores.

Así irás con las ninfa Musslinda, la madre de Mosslunda,

al lugar donde habitan Ull-Stina, Kull-Lina y Gull-Fina.

Dormirás esta noche a la orilla del Svartrama

donde son suaves la noche y el musgo.

Midsommar en familia. Foto R.Puig

Midsommar en familia. 21 de junio del 2015. Foto R.Puig

Ayer tarde en la Playa de la Almadraba, no se esperan las hogueras de San Juan, pero las familias y los amigos ¡lo que es reunirse se reúnen!

Incluso hay quien parece iniciar un paso de baile…

A la puesta del sol. Foto R.Puig

Ayer a la puesta del sol en la Almadraba. Foto R.Puig

 

La prosa

Aunque -¡ay!-a pesar de las normas que exhibe el Ayuntamiento de Denia (responsable de su preservación), esta playa, única por sus piedras (cantos rodados) milenarias y su historia, se convierte en un gran aparcamiento…

Aparcamiento. Foto R.Puig

Aparcamiento. Foto R.Puig

Playa de la Almadrava. Las normas. Foto R.Puig

Playa de la Almadraba. Las normas. Foto R.Puig

Este entorno natural, esta franja de playa, forma parte del término municipal de Denia (a 8,5 km) de distancia, aunque separara el termino municipal de Els poblets de su frente de mar, y su policía municipal patrulla por aquí, pero sin poder oficial para imponer las reglas que campean en todas las playas de Denia hasta el límite con la provincia de Valencia. A la policía municipal de Denia no se le ve el pelo, cuando son ellos los encargados de multar las infracciones a sus propias normas:

  • Prohibido llevarse piedras de la playa: gentes con deseos decorativos varios se las llevan impunemente en capachos o grandes bolsas de supermercados;

Acampadas

  • Prohibido acampar, aunque si vienes con un camping car (aunque no tenga excusado) o en una roulotte puedes acampar en la playa todas las noches que quieras. Al fin y al cabo no puedes pedir a la gente que pague la modesta cuota del camping los patos o del camping los llanos, en los cuales además se permiten perros salvo los de razas/cruces que figuren en la legislación de perros potencialmente peligrosos o razas/cruces de staffordshire terrier, pitbull terrier, american staffordshire terrier, rottweiler, cualquier mastiff o tosa. Nuestra amable playa, en cambio, ve como se pasean los pitbull y otros simpáticos musculosos animales sin que las autoridades hayan objetado nada.  Bueno, algo se prohíbe al respecto en materia de mascotas, como vemos a continuación…

Animales domésticos

  • Prohibidos los animales domésticos: no se ven muchos gatos, pero los dueños de perros los traen para que hagan sus necesidades, van siendo mas los que recogen las heces en bolsitas pero aún es prudente mirar dónde se pisa;
  • Prohibida la circulación de vehículos, pero ¡tararí, tarará! Aquí nunca se buscó, en tantos años de urbanismo acelerado, reservar un terreno para que los vehículos aparquen correctamente en vez de hacerlo sobre los cantos rodados de la playa.
Norma inútil. Foto R.Puig

Norma inútil. Foto R.Puig

La realidad es que a nuestros motorizados ciudadanos no les place caminar a la playa y, por otro lado, si tu perro ha de defecar, mejor que no sea ni en tu barrio ni en tu jardín.

De modo que el “acceso a pié” es de suponer que se reserva para quienes practiquen el footing

Acceso a pie.

  • Para los deslindes y otras advertencias está la Dirección General de la Costa y el Mar dentro de la Vicepresidencia Cuarta del Gobierno que normalmente se llama a andana y que ha confirmado recientemente a los portavoces de la Asociación de Vecinos de la Playa de la Almadraba Els poblets (de la cual soy miembro) que esta playa está en perfectas condiciones, aunque para los asuntos menores (y supongo que para ellos los mencionados lo son) están los ayuntamientos y la Subdelegación del Gobierno en Valencia.

En realidad, todo hay que decirlo, el Ayuntamiento de Els poblets, aunque tenga como símbolo “su” playa y proteja escrupulosamente con sus normas a su area recreativa (lo cual está muy bien), en lo concerniente a garantizar que las mismas normas se cumplen en las orillas de la Almadraba tiene las manos atadas por el perro del hortelano en este caso el Ayuntamiento de Denia. La página municipal dianense presume del yacimiento arqueológico de l’Almadraba de época romana (“donde se han hallado vestigios de hornos para cocer cerámica, principalmente ánforas, además de una “domo” o casa principal romana y viviendas de esclavos”) que precisamente está en territorio municipal de Els poblets, pero de la Playa de la Almadraba, justo delante, no dice nada.

El sol tiene paciencia

En todo caso, lo que haya de llegar llegará. Mientras tanto el sol se levanta y se acuesta para todos sin distinguir entre vicepresidentes pomposos y ciudadanos llanos.

A la puesta del sol. Foto R.Puig

A la puesta del sol. 20 de junio del 2020. Foto R.Puig

 

 

 

Breverías erasmianas (XLII): “Stultus stulta loquitur” (El memo dice memeces) y una novedad editorial erasmiana.

14 junio, 2020
Dubuffet, La grande bouche, 1946, National Gallery of Art, Washington

Dubuffet, La grande bouche, detalle,1946, National Gallery of Art, Washington

“Stultus stulta loquitur”

El memo dice memeces

Adagio I, i, 98

Erasmo me pone otra vez en la tesitura de traducir un proverbio para que funcione en el español de hoy.  Aunque lo que ocurre con este adagio es que, tal y como está la época que vivimos en España, esta tarea me pone en un brete, ya que alguien se podría dar por aludido y no quisiera yo añadir munición a la “crispación”. Basta con asomarse a la televisión o abrir los periódicos, por no referirme a las “redes sociales”, para comprobar con cuánta frecuencia se verifica este adagio.

Si hay en castellano (y no son menos otras lenguas) una palabra con infinidad de acepciones esta sería la versión del latín stultus. Literalmente se podría traducir como “estulto”, pero, si queremos afinar, podríamos escoger entre al menos dieciséis opciones: estulto, loco, bobo, estúpido, idiota, imbécil, memo, necio, tonto, estólido, mentecato, majadero, insensato, chalado, chiflado y demente. Para ser igualitarios habremos de decir que se trata de sustantivos masculinos que naturalmente tienen sus dieciséis equivalentes femeninos.

En todo caso, de lo que se trata es de traducir una oración en la que stultus es el sujeto y el verbo es loquitur; pero, siendo el complemento directo stulta, los sinónimos castellanos para “estulticias” son algunos menos que para “estulto”, lo cual, si no me equivoco, reduce el número de posibilidades a trece.

Dubuffet, Voluntad de poder, detalle, 1946, Museo Guggenheim

Dubuffet, Voluntad de poder, detalle, 1946, Museo Guggenheim

Tras pensar en un hipotético y sensible protagonista del proverbio, he ordenado los sustantivos, candidatos a la versión española de los términos latinos, en sentido decreciente de la que considero su virtud irritante. El número uno seria el que más podría molestar y el decimotercero el más suave, a saber:

1) imbécil (imbecilidades); 2) idiota (idioteces); 3) estúpido (estupideces); 4) mentecato (mentecaterías); 5) majadero (majaderías); 6) estulto (estulticias); 7) insensato (insensateces); 8) necio (necedades); 9) tonto (tonterías); 10) loco (locuras); 11) chiflado (chifladuras); 12) chalado (chaladuras); 13) memo (memeces).

Entiendo que ni este orden ni el experimento son científicos y que se necesitarían ensayos clínicos en varios contextos y con diversas cohortes, para llegar a ser validados. Experimentos que obviamente sólo son posibles con humanos que se presten a ser calificados  y a que su nivel de enfado se mida con variables fisiológicas objetivas.

No he encontrado mecenas para acometer esta investigación. Así que, para evitar lo que, en estos tiempos de barbarismos, denominan “tensionar”, he decidido ser benigno y adoptar la versión que estimo más cariñosa, la número trece, que además tiene la ventaja de rimar con un nuevo vocablo popular en las redes que llaman “sociales”. ¿No estamos acaso en el universo de los “memes”?

Nos quedaremos con que el memo dice memeces.

Charles Le Brun, s.XVII, Diferentes caracteres de las pasiones.

Charles Le Brun, s.XVII, Diferentes caracteres de las pasiones.

Pero ya es hora de que dejemos paso a los comentarios de Erasmo :

Como Eurípides dijo en Las Bacantes, “un necio habla necedades” y con las mismas palabras lo sentenció nuestro profeta Isaías.

Seneca le escribió a Lucilio : “Entre los Griegos circuló un proverbio que afirmaba que el lenguaje de los hombres indica lo que son sus vidas”; la formulación exacta no está clara, pero es famoso el siguiente verso griego:

Ἀνδρὸς χαρακτὴρ ἐκ λόγου γνωρίζεται

“Hominis figurae oratione agnoscitur”

La índole del hombre se manifiesta en su lenguaje

Modelos de narices y bocas de José Ribera, 1622

José Ribera, modelos de narices y bocas, 1622

Según Diógenes Laercio, el filósofo Demócrito decía que el lenguaje es imagen de la vida, algo así como su sombra.

“simulacrum, quandamque velut umbram”

No se podría formular este pensamiento con mayor nitidez, pues no hay espejo que refleje la imagen y la expresión del cuerpo como la palabra retrata la imagen del alma.

“Nam nullo in speculo melius, expressiusque relucet figura corporis, quam in oratione pectoris imago repraesentatur.

Y a los hombres se les valora por sus palabras igual que a los vasos de bronce por su resonancia.

“Neque secius homines ex sermone quam aerea vasa tinnitu dignoscuntur”.

 

***

Una novedad editorial erasmiana

Con ocasión de mi brevería erasmiana, me quiero referir a una reciente publicación (marzo de este año) que me ha obsequiado Edmundo Garrido, alma y editor humanista de los libros de la resistencia. Esta editorial es una hermosa aventura, admirable en estos tiempos en que muchas librerías y editoriales se baten en retirada. La suya resiste, publica obras selectas que como joyas escondidas no encontrarán ustedes en los anaqueles de los más vendidos.

Fiel a esta vocación libros de la resistencia ha publicado el comentario de Erasmo al adagio Festina lente (Madrid, Libros de la resistencia, marzo 2020). Es un hermoso elogio del gran humanista del Renacimiento a la edición de libros y a la imprenta, publicado por Aldo Manucio cuando la imprenta vivía aún su primer siglo. Este texto, celebérrimo en su tiempo, se puede leer completo en castellano gracias a la delicada obra de bolsillo de la resistente editorial madrileña y con traducción al castellano de José Campos.

Festina lente. Libros de la Resistencia, marzo 2020

Festina lente. Libros de la Resistencia, marzo 2020

Anímense a leerlo, pues, como afirma Erasmo

…entre tan grande número de proverbios no hay ninguno tan digno de grabarse en todas las columnas, de inscribirse en las fachadas de todos los templos

…in tanto proverbiorum numero non arbitreris ullum aliud esse perinde dignum, quod omnibus incidatur columnis, quod pro templorum omnium foribus describatur

página 20

Entre otras ventajas de este venerable consejo, cuántas estulticias dejarían de decirse si todos siguiéramos la propuesta del festina lente, si pensásemos más despacio lo que vamos a decir o escribir. ¡Cuántas toneladas de idioteces que circulan cada día el mundo se ahorraría! Hay que “apresurarse despacio” o, como se suele decir, pensárselo bien antes de disparar.


Referencias y observaciónes

Comentario al Stultus stulta loquitur :

  • Eurípides, “Las Bacantes”, 369,2. Isaías, 32, 6. Séneca, “Epístolas” , 114, 1. Menandro, “Sentencias”, 72. Diógenes Laercio, 9, 7, 5, 37.
  • He traducido de la versión latina del adagio: Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon, 2010, pp. 166-167
  • No pienso, ni seguramente Erasmo lo pensaba, que un memo diga exclusivamente memeces. Además lo habitual es que para hacer estragos un estulto se concentre en sus temas predilectos. Por otro lado la madre naturaleza distribuye instantes de lucidez entre todos los seres humanos, aunque a veces nos gustaría que fuese más dadivosa. Por otra parte, seamos sinceros, ninguno de nosotros está a salvo de decir alguna que otra estupidez. Es justo pues complementar el adagio erasmiano con otra sentencia que rezaría así: omnes aliquando stulta loquimur  (“todos decimos memeces de vez en cuando). Con ello todos contentos y nadie tiene que sentirse señalado.

Edición castellana del Festina Lente :

  • Erasmo de Rotterdam, “Festina lente. Apresúrate despacio”, prólogo de Rodrigo Cordero Cortés y traducción de José Campos, Libros de la resistencia, Madrid 2020, 61 páginas.
  • Para animarles a procurarse esta fina edición del Festina lente pueden si quieren mirar la brevería erasmiana que le dediqué hace algunos años.

“Versión extraviada” (3)

7 junio, 2020
Día de sol. Foto R,Puig

Se alza el sol. Foto R,Puig

Capítulo 3

A la mañana siguiente me levanté de buen pie y descorrí las cortinas de la habitación. El sol se alzaba sobre el barrio arbolado que rodeaba mi hotel. Había una discreta agitación en las calles, madres llevando a sus niños al colegio, algún ejecutivo caminando con maletín en una mano y dando la otra a su hijo con uniforme escolar. Nada que te hiciera pensar que estabas en una ciudad milenaria, poblada por las más variadas tradiciones y culturas.

Hacia el valle la luz iba conquistando los barrios periféricos.

La ciudad se despertaba. Foto Jerusalem Shots.com

La ciudad se despertaba. Foto Jerusalem Shots.com

El teléfono vino a sacarme de mis pensamientos. Era Elías que me llamaba desde la recepción. Dos minutos después llegaba a mi habitación. El aire estaba en calma y la temperatura invitaba a sentarse en el balcón. De modo que encargamos el desayuno continental. Mientras esperábamos que nos lo subiesen, Elías me dijo, sin querer entrar en detalles, que los médicos habían calificado su estado de salud de preocupante. Como el trabajo que estaba haciendo era de una gran importancia, había pensado en compartir lo que nadie más que él sabía, por si no llegase a publicarlo.

Cuando el desayuno estuvo servido. Elías continuó explicándome que lo que tenía entre manos no podía darlo a conocer a sus compañeros jesuitas, salvo quizás a Jeffrey, a quien yo también conocía de nuestra época en el Perú. En todo caso, había decidido dejar la orden al acabar el curso académico.

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Un exilio

“Como te he contado, mi padre fue profesor de filología de lenguas del oriente bíblico en Viena y Colonia, hasta que se vio obligado a renunciar a su plaza por ser judío y a emigrar precipitadamente a los Estados Unidos. Allí consiguió reanudar la docencia y los trabajos de investigación en la Universidad de Filadelfia. Su trabajo fue decisivo en la consolidación de una importante escuela de estudiosos de la historia de los textos del Nuevo Testamento. Hombres como Robert Funk y Helmut Koester le deben mucho al grupo de mi padre”.

Yo seguía en silencio este exordio de Elías, sin imaginar a dónde me llevaba. Pero ya había despertado mi curiosidad con la historia del cajón disimulado del armario de su padre, que había comenzado a narrarme el día anterior.

Tras un silencio mi amigo prosiguió: “Mis padres salieron justo a tiempo de Alemania y apenas pudieron llevarse nada. Para mi padre fue especialmente duro abandonar sus documentos y sus libros. Casi todos se quedaron en su casa de Colonia y en su despacho en Viena a merced de los nazis. Lo peor fue que no consiguió sacar de allá a sus familiares más directos, porque esperaron demasiado tiempo, incrédulos ante los rumores que corrían. Mi madre perdió así a la mayoría de su familia, aunque logró que mi abuela la acompañase al exilio”.

Estadísticas de los judíos europeos de Eichmann. Wikipedia

Lista de Adolf Eichmann para el exterminio de los judíos europeos (enero de 1942).

“En los Estados Unidos mis padres reconstruyeron su vida, allí alcanzó él su renombre científico. Cuando acabo la guerra las autoridades académicas, en especial los amigos que le quedaban en la Universidad de Munich, hicieron todo lo que pudieron para que volviese a Alemania. Pero, el recuerdo de sus padres y sus dos hermanos y sus cuñadas, asesinados en los campos de exterminio, eran una barrera que no consiguió superar. No obstante, colaboró en algunas expediciones arqueológicas de la universidad bávara”.

“Te he dicho que casi todos sus documentos de antes de la guerra se perdieron en Alemania y en Austria” –remarcó Elías- “aunque, como me confió en Chicago poco antes de fallecer, hubo algo que por todos los medios trató de salvar y consiguió llevarse”.

Llegado a este punto, Elías se recostó en su butaca de mimbre, hizo una pausa y comprendí que me iba a pedir algo importante. “No sólo necesito que guardes el secreto, ya sé que lo harás. Necesito de ti mucho más. En el caso de que yo llegue a faltar, te ruego que publiques lo que te voy a confiar”.

Hubo otro silencio antes de que prosiguiera… “Mi madre murió en 1963 cuando yo tenía 22 años y llevaba ya tres como jesuita en Chicago. Mi padre la sobrevivió, pero perdió las ganas de vivir. Siguió en casa al cuidado de una enfermera. Mi hermana estudiaba medicina en la universidad y, como residía cerca de la casa familiar, lo visitaba todos los días. En 1965 se extinguió sin dolor. Conservó su lucidez hasta el mismo día en que murió. Nos dijeron que había sido un aneurisma. Un año antes ya me había entregado aquello de lo que te voy a hablar”.

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Un hallazgo

“Durante una de sus expediciones arqueológicas con la universidad de Colonia al otro lado del río Jordán a finales de los años veinte. Cuando ya estaban cerrando las cajas para transportar algunos hallazgos y dejando convenientemente protegidos los sitios para la siguiente campaña, un árabe, al que mi padre había dado dinero para comprar alimentos para su familia y trabajo en la excavación, le invitó a su modesta vivienda”.

“Sentados sobre una estera, mientras tomaban una infusión y algunos dulces, el hombre, en señal de agradecimiento, le regaló una vieja vasija de las tres que la familia había conservado de generación en generación, probablemente fruto de antiguos expolios en yacimientos de la región. Estas extracciones clandestinas son fuente de ingresos para los lugareños”.

Vasijas en la alacena de una casa árabe. R.Puig

Vasijas en la alacena de una vivienda palestina. R.Puig

“Pero en este caso las vasijas las habían guardado para ellos mismos. El motivo era que tenían algunos caracteres inscritos en la base que mi padre reconoció como caldeos, propios del siríaco antiguo, variante dialectal del arameo, y que ellos consideraban portadores de fortuna”.

“Mi padre abrazó al hombre y recibió los parabienes de sus dos esposas junto con un hatillo de dulces que introdujeron en la vasija, a la que envolvieron en un viejo paño naranja desvaído por el tiempo. En la vuelta a Colonia la vasija viajó bien embalada en el baúl de mi padre. Pasó las aduanas declarada como dulces de Tierra Santa”.

“Después de el viaje descifró la inscripción de la vasija. Se trataba de un versículo de Isaías (45,3) que dice “te daré los tesoros ocultos”. De modo que mi padre concluyó que esa antigua vasija pudo haber servido para guardar objetos valiosos. Además mostraba marcas de que probablemente había estado sellada.

Elías abrió su carpeta y sacó unas viejas fotografías en blanco y negro que mostraban la vasija en su conjunto y los detalles de que me estaba hablando, incluida la inscripción. Era de base y cuello amplios, como los que se utilizaban tradicionalmente en la antigua Palestina para almacenar aceite.

“Durante años reposó en un lugar preeminente en su biblioteca. Hasta que un día, estaba mi madre limpiándola con ánimo de poner unos ramos secos, cuando algo le llamó la atención en sus proporciones. Había introducido su mano en el interior y con la otra la mantenía por su base, cuando sintió que la longitud por dentro era menor y, no sólo eso, sino que la parte inferior sonaba como si escondiese un doble fondo ”.

“Al volver de la universidad, mi madre le expuso sus presentimientos y mi padre, tras examinar de nuevo la vasija, le dio la razón. Con habilidad de arqueólogo procedió en los días siguientes a serrar con delicadeza el perímetro de la capa del sellado del doble fondo. Con infinita paciencia fue evacuando el polvo, sin romper el cuvérculo, pues los trozos podrían haber dañado el oculto contenido, hasta que consiguió recortarlo y extraerlo de la vasija.

¡El falso fondo escondía cuatro rollos de papiro en sus estuches de cuero!”

Detalle de papiro en arameo (papiros de Elefantina). Wikipedia

Detalle de papiro en arameo (papiros de Elefantina). Wikipedia

Pasamos muchas horas hablando en aquella terraza del hotel. Nos subieron el almuerzo y Elías siguió con su narración sin que yo apenas le interrumpiese. Cuando se despidió empezaba a oscurecer. Me anunció que pronto volvería a Chicago y que seguramente abandonaría la Compañía de Jesús en los próximos meses. Le prometí que de un modo u otro iría verle a los Estados Unidos. Lo que no podía prever en ese momento es que eso ocurriría en un par de años y en condiciones tristes.

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El legado

El padre de Elías trabajó en secreto para acondicionar los papiros, microfilmarlos y ponerlos a buen recaudo. Desde el momento en que hubo descifrado las primeras líneas ya se percató del valor que tenía el texto y del cambio radical que introduciría en los conocimientos sobre la vida de Jesús. En el documento, un escriba judeocristiano llamado Samuel se presentaba como hermano menor de Juan y de Jacobo, los hijos de Zebedeo y de María Salomé, Afirmaba además que se había mantenido en contacto con la madre de Jesús y comenzado a recoger sus recuerdos en los primeros tiempos de la iglesia de Jerusalem. Ella le habría elegido para que transcribiese una serie de conversaciones en las que, preocupada por las varias versiones que circulaban sobre la vida y obras de Jesús y sobre ella misma, quería aclarar los hechos y lo que a su hijo le había escuchado.

El profesor Adler se las arregló, a pesar de que ya estaba jubilado, para verificar que los papiros y la escritura caldaica databan de los treinta años posteriores a la muerte de Jesús y que los estuches y la vasija podían coincidir con el éxodo tras la caída de Jerusalén en el 70 d.C.

¡Lo que tenía entre manos eran unas memorias de Myriam, la madre de Jesús, recogidas por Samuel, un hijo de Zebedeo no mencionado en el Nuevo Testamento!

“Cuando mis padres se exilaron en los Estados Unidos en 1936 los papiros y dos copias microfilmadas viajaron con ellos separados en tres maletas diferentes, la de mi padre con los papiros, de la que no se separó en toda la travesía, y las copias en las maletas de mi madre y mi abuela. Elías no sabía a ciencia cierta cómo pudo superar con éxito los registros de la isla de Ellis, pero al parecer su condición de profesor eminente y las cartas de invitación de académicos americanos los aligeraron notablemente”.

“¿Y la vasija?” – pregunté.

“La vasija vacía la había dejado enterrada en el sótano de su casa de Munich. Cuando volvió años más tarde, la casa había sido demolida y los nuevos edificios construidos en la posguerra hacían imposible la búsqueda del antiguo sótano”.

Ruinas de Munich al final de la II Guerra Mundial. Fuente De Spiegel

Ruinas de Munich al final de la II Guerra Mundial. Fuente De Spiegel

“Lo más probable es que el cántaro hubiera sido destruido en las obras de cimentación de las nuevas construcciones. Para entonces mi padre ya había casi acabado la transcripción de los rollos y tenía bastante adelantada una traducción al inglés”.

Cuando murió su padre, Elías guardó en un cofre bancario los papiros, una copia microfilmada y otra impresa a partir del microfilm, de la transcripción y de una gran parte de los textos ya traducidos. Copia de todo ello le acompañó en los años posteriores. Gradualmente fue completando la traducción inglesa de su padre, a medida que su dominio del arameo, y de su derivado, el caldeo, progresaba.

Las horas habían pasado sin sentirlo. Elías tenía que despedirse, pero antes sacó de entre sus papeles unas hojas y me las entregó.

“No quiero irme sin dejarte una primera muestra de lo que tengo entre manos. Me gustaría confiarte esto y seguir compartiendo los siguientes resultados de mi trabajo para completar el trabajo de mi padre. Nunca se sabe lo que puede pasar. Eres el único en quien tengo confianza, junto con Jeffrey”.

El texto que me confió Elías era el exordio de Samuel a la transcripción de sus  conversaciones con la madre de Jesús.

Deposición en el sepulcro. Detalle. Sant'Angelo in Formis. s.XI. Capua

Deposición en el sepulcro. Detalle. Sant’Angelo in Formis. s.XI. Capua

Casi al final de nuestro encuentro, le pregunté algo que me rondaba por la cabeza después  de ver las viejas fotografías de la vasija desaparecida y de su inscripción.

“¿Durante todo este tiempo no has tratado de volver al lugar donde tu padre estuvo excavando para tratar de encontrar las otras dos vasijas que tenía aquella familia con la que hizo amistad?”

Por lo que recuerdo, esta fue su respuesta:

“Desde luego. Es parte de mi agenda durante mis estudios aquí en Jerusalem y de mis pesquisas durante las expediciones arqueológicas en las que he participado. En una de ellas creí haber dado con unos lugareños que vivían en el lugar que mi padre me había indicado en la orilla oriental del Jordán. Tenían una vasija con la misma inscripción, aunque sin doble fondo”.

“Les pregunté por el significado de la inscripción y me respondieron: “¡tesoros!”. Luego, riendo, añadieron: “¡pero ya no están! ¡aquí todos tienen vasijas de tesoros!”.

Efectivamente, en la vecindad había al menos otras cuatro vasijas con inscripciones parecidas, todas normales, todas sin un falso fondo”.

Al filo del ocaso,  nos despedimos con un fuerte abrazo. Me había confiado el inicio del texto del primer papiro.

Al día siguiente dejé Jerusalem

Se acuesta el sol. Foto R.Puig

El sol se despide. Foto R.Puig

continuará…


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Elogio de la nimiedad (X): Briznas

31 mayo, 2020
Jean-Léon Gérôme. Dante y Virgilio en el infierno. Museo Georges Garret. Vesoul, Francia

Jean-Léon Gérôme. “Dante y Virgilio en el infierno”. Museo Georges Garret. Vesoul, Francia

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Brizna I

Perdido en una selva oscura, en camino a un monte iluminado por el sol al que pretendía llegar, cuando bestias feroces le han repelido hacia la oscuridad del valle, Virgilio, al encontrar perdido a Dante, le pregunta por qué razón se aventura por esos parajes en lugar de dirigirse hacia la colina radiante de luz. Es el inicio de la Divina Comedia.

 

¿Mas tú, por qué tornas a este gran tedio?

¿Por qué no asciendes al deleitoso monte 

que es principio y ocasión de todo gozo?

.

Ma tu perché ritorni a tanta noia?

perché non sali il dilettoso monte

ch’è principio e cagion di tutta gioia?

Divina Comedia, I, 76-78,

(traducción propia)

Dante es el símbolo de todos los extravíos de los seres humanos y Virgilio el mensajero del Amor, Beatriz, que le guiará a través del camino de pesares.

.

Brizna II

L’inverno se n’è andato,

l’aprile non c’è più

e maggio è ritornato

al canto del cucù.

.

El invierno se ha ido,

abril ya se acabó

y mayo ha retornado

al canto del cucú

(…)

Del cancionero popular italiano

 

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

(…)

Gustavo Adolfo Becquer

Dos nidos de golondrinas en tiempo de cría. 19.05.2020. Foto R.Puig

Dos nidos de golondrinas en tiempo de cría. 19.05.2020. Foto R.Puig

En mayo las golondrinas han vuelto a ocupar sus nidos bajo una viga de nuestra urbanización. Los pintores, que están remozando las paredes de todo el condominio para restituirlas a sus tonos originales, han sido sensibles y han respetado los nidos. 

Tras el paso de los pintores.31.05.2020. Foto R.Puig

Tras el paso de los pintores.31.05.2020. Foto R.Puig

Las  golondrinas de estos dos nidos siguen habitándolos y van y vienen alimentando a sus crías.

Por el contrario -¡ay!- no muy lejos, bajo otro alero, he constatado la frustración de otra golondrina que sólo ha encontrado las ruinas de su antiguo nido. Hace unos años hubo alguien -por desgracia sin testigos- que no tuvo reparos en demolerlo.

¡Triste!

Peor suerte. 23.05.2020.Foto R.Puig

Peor suerte. 23.05.2020.Foto R.Puig

Debería ser ya de sobra sabido que las golondrinas son una especie protegida y benéfica.

,

Brizna III

Haiku. Tatsuko Hoshino, poetisa japonesa (1903-1984)

Cumulos…

Hombrecillos

faenando.

Haiku de Tatsuko Hoshino

Cumulos. Foto R.Puig

Cúmulos. Foto R.Puig

Tatsuko Hoshino (1903-1984) fue una importante poeta japonesa, autora de seis repertorios de haikus y fundadora en 1930 de la revista de haikus Tamamo (“bola de algas”) (*)


(*) Fuente : Du rouge aux lèvres. Haïjïns japonaises, Paris, La Table Ronde, 2008, 270 pp.

“Versión extraviada” (2)

24 mayo, 2020
Rememorando. Foto R.Puig

Rememorando. Foto R.Puig

Hace ya seis años, novelaba en mis ratos libres y entre lo leído, lo imaginado y lo vivido, dejé varada en cuatro decenas de folios una especie de historia. La narración acabo en un cajón, y ahora -cosas del confinamiento en el que estamos- ha emergido de una de mis carpetas. Espero poder completarla. Así que, empeñado en ello, hoy llegamos a la segunda entrega.

Capítulo 2

Jerusalem

La mañana se presentó soleada y relativamente fresca. Me habían alquilado un coche de modesta cilindrada, suficiente para alguien como yo que siempre ha preferido los viajes tranquilos y las carreteras secundarias a la velocidad de las autopistas. Pero en este caso, también por motivos de seguridad, enfilé la A1 que une la capital a Jerusalem, pues quería llegar a tiempo.

En el hotel donde me habían reservado habitación desde la recepción de Tel-Aviv, tuve tiempo de sobra para dejar la bolsa de viaje y trasladarme en taxi a la iglesia del Santo Sepulcro, en donde Elías iba a celebrar la misa en rito copto a las once de la mañana.

Lo primero que me sorprendió fue la gran cantidad de peregrinos que afluían por una puerta lateral, al parecer la única que daba acceso al enorme edificio de la basílica. Tuve que avanzar abriéndome paso con dificultad entre la muchedumbre. Los turistas se iban deteniendo, primero ante una gran piedra rectangular que todos querían tocar y luego se encaminaban hacia la entrada de la capilla copta del Santo Sepulcro.

Fue en ese momento cuando, guiado por un hombre vestido con una túnica al estilo árabe, que hablaba un inglés rudimentario, pude llegar a la pequeña capilla copta, a contrapié del sepulcro y en un nivel inferior. Después de darle un dólar, que agradeció con varias inclinaciones de cabeza y las manos cruzadas sobre el pecho, me quedé prácticamente solo frente a la verja de entrada del minúsculo recinto, donde un público exiguo, a la luz de los cirios y de numerosos lampadarios que pendían de la bóveda, salmodiaba en una lengua incomprensible para mí, siguiendo los altibajos de una prosodia envolvente y arcaica.

El altar se alzaba sobre un monumento en piedra, en la que estaba tallada una forma semicircular. El oficiante, que supuse era Elías, podría haber sido cualquier otro, pues estaba cubierto con una capa dorada de ribetes rojos, que se prolongaba sobre la cabeza con una cogulla, y lucía una barba abundante. Si la liturgia había comenzado en punto, ya debían de estar por lo que en rito latino llamamos el ofertorio. Pensé que me había perdido todas las lecturas bíblicas y estaba yo bastante desorientado. Pero, cuando me acomodé entre los asistentes y una joven me alargó un folleto en copto, con su traducción del canto al latín, me di cuenta, pues puso su índice sobre la segunda página, de que no estaba tan retrasado.

En la capilla copta. Fuente jerusalemshots.com

En la capilla copta. Fuente jerusalemshots.com

La salmodia, lenta y monótona, invitaba a la calma, lo cual era muy apropiado para lograr desconectarse de la aglomeración que había tenido que atravesar hasta llegar a esta especie de remanso. Elías, el de la cabeza cubierta, acompañado de otros cuatro clérigos barbados, revestidos del mismo tipo de pesadas casullas doradas pero sin cubrirse, se desplazaba pausadamente en círculo alrededor del altar en forma de arca. Dos de ellos esparcían una humareda aromática, cada uno balanceando un pesado incensario en oro y plata. Los escasos fieles seguían el texto que acompañaba la ceremonia de la presentación de los dones, el pan y el vino, que portaban el celebrante y sus dos asistentes. Era el momento de invocar la transustanciación mientra trazaban numerosas señales de la cruz sobre las especies.

Siguieron cuatro lecturas evangélicas que no pude descifrar por haber sido leídas en copto por Elías mismo, cuya voz ya pude reconocer sin dificultad, a pesar de que, para mi fascinación, recitaba los textos con exótica musicalidad en esa lengua que se deriva del egipcio antiguo. El tiempo, a pesar de la lentitud de la celebración, discurría casi sin sentirlo. Sentado tras las lecturas me hubiese quedado allí varias horas como transportado a un espacio irreal. Esta sensación se incrementó bajo el efecto narcótico de las letanías que siguieron con su monótona cadencia.

A continuación, gracias al folleto en latín, deduje, por una serie de similitudes, que habíamos entrado en lo que en las misas de nuestras latitudes se denomina el prefacio y, a continuación, el canon, pero más extensos y repetitivos. Elías me explicaría después que en las liturgias orientales la suma de estas dos partes constituye la anáfora. Ese día, por decisión suya se había recitado la más larga, la de San Cirilo, pues este largo ejercicio litúrgico en copto constituía un placer estético y lingüístico que raramente se le ofrecía. Al parecer, los monjes coptos eran un tanto renuentes a dejar este protagonismo a sacerdotes del rito latino. Pero Elías era el único de ese rito en Jerusalem  que dominaba el copto primitivo, mejor incluso que los monjes coptos, que normalmente la celebraban en árabe y en griego.

Entre los asistentes estaban varios condiscípulos de Elías. La joven que me había señalado la página resultó ser una religiosa mejicana que cursaba estudios posdoctorales de teologías orientales en el Instituto donde Elías investigaba.

Después del Sanctus se procedió a la consagración y a la comunión del cuerpo y la sangre de Emmanuel. Con el lavado concienzudo de los vasos sagrados y la despedida, seguida del canto de un salmo festivo, de melodía un poco más animada, concluyó todo, mientras los oficiantes desaparecían tras el tabique cubierto de iconos, supongo que para depositar los vasos con el pan consagrado en el tabernáculo que estaba detrás. Imaginé que también allí tendrían un espacio a modo de sacristía, pues, al cabo de diez minutos, los monjes enfundados en sus vestes negras y Elías en su clergyman aparecieron por donde se habían retirado. Aunque no me había dado cuenta, él se había percatado de mi presencia entre los fieles, pues se dirigió a mí y, sonriendo, me abrazó. Luego se volvió a la joven que me había orientado y nos presentó. Se llamaba Laura Escobar.

Casi sin sentirlo había transcurrido una buena hora y media. Salimos lentamente los tres abriéndonos paso entre peregrinos, por la misma puerta por donde yo había entrado. Después de que Laura se hubiese despedido discretamente estuvimos los dos comiendo en un pequeño restaurante de la ciudad vieja. Elías me había preguntado si me gustaba el falafel. “Soy de tierra de garbanzos” le había respondido yo, indicando tácitamente que me parecía bien la idea. No recuerdo ya si era un restaurante árabe o judío, pues como es sabido, los cocineros de uno u otro signo reivindican para su cultura el origen de esta especialidad.

Falafel. Foto jerusalemshots.com

Falafel. Foto jerusalemshots.com

El caso es que almorzamos muy bien y muy sanamente según los hábitos vegetarianos a los que se había convertido Elías. Era un cambio notable en quien yo recordaba costumbres de alimentación yanquis, con preferencia por el sirloin steak, aunque mestizados con el interés por los condumios de cordero o de costillar de cerdo asados del Perú. Mientras comíamos, a un ritmo aún más lento que el de la misa copta, mantuvimos una larga conversación de la que todavía hoy recuerdo los momentos principales. A él, más que a mí, los años le habían marcado con su paso, en parte por una incipiente calvicie que dejaba al descubierto las protuberancias de su cráneo y alargaba aún más una frente lisa y dominante que parecía gravitar sobre el arco de sus cejas pelirrojas y las cuencas fugitivas de unos ojos azules que, afables y vivos, prodigaban su atención al interlocutor. Sus pómulos, su nariz y sus mejillas nunca habían sido los protagonistas de su rostro, y ahora lo eran todavía menos a causa de una espesa barba cobriza que Elías había dejado crecer bajo un evidente control.

Trayectorias

“Cuéntame, quiero ponerme al día”, se adelantó a decir con gesto de verdadero interés, como si lo que él había demostrado durante esa reciente liturgia en lengua copta no dejase entrever que era él quien primero me debía una narración pormenorizada de lo que había estado haciendo durante todos esos años.

Así que, aparcando todas las preguntas que me bullían en la cabeza, resumí del mejor modo posible, la banal historia de mis diez años de esfuerzos por abrirme camino tras los años del Perú y el abandono de mis incipientes estudios de Teología. Hube de reconocer que se me reconocía como un especialista en determinados ámbitos pedagógicos que yo había contribuido a desarrollar y que ese era el motivo de mis viajes, mis cursos, mis publicaciones y conferencias. Comenté también que no había abandonado totalmente mis aficiones bibliófilas en materias que en España andaban un tanto periclitadas o, al menos, sofocadas por el auge del bienestar y el consumo de productos culturales de brillo más atractivo. Si bien mi poder adquisitivo no me permitía hacerme con obras que tenía que contentarme con consultar en bibliotecas y archivos.

Escudo y lema de Olaus Magnus arzobispo sueco exiliado. Roma, 1555

Escudo y lema de Olaus Magnus arzobispo sueco exiliado. Roma, 1555

Le expliqué que siempre que me era posible prolongaba unos días mis estancias por motivos profesionales en el extranjero para, no sólo meditar frente a las obras de arte en los museos, sino para hurgar en bibliotecas y archivos de universidades y entidades públicas, visitas que preparaba con antelación, como si fuesen expediciones cinegéticas, valiéndome de mis relaciones en el mundo de la investigación educativa y de mis títulos académicos. Si no lograba coleccionar originales de obras humanísticas, al menos me hacía con reproducciones y facsímiles, entre los cuales destacaban grabados antiguos y textos de propedéutica artística y retórica o de historia social y literaria.

Entretanto en el restaurante nos habíamos quedado solos. Éramos los últimos rezagados de la hora de comer y las miradas del patrón nos hicieron comprender que había llegado su hora de descanso, previo al turno de las cenas, y que, a pesar de ser domingo, no le faltarían clientes para la cena, pues el flujo de turistas y peregrinos se mantenía hasta muy tarde en aquella zona de la ciudad. De modo que buscamos un café modesto cerca de la estación de autobuses, equidistante entre mi hotel y el Instituto Bíblico. Algunos hombres bebían el té y sólo alguna mujer compartía un refrigerio con su acompañante. Nos instalamos en un rincón tranquilo y Elías comenzó a narrar la insólita peripecia que, finalmente ha venido a ser el germen de esta historia y de algunas complicaciones que años más tarde me están causando inquietudes de las que hablaré más tarde. Pero de las precauciones entre las que vivo ahora no es aún momento de hablar.

Tras un silencio prolongado, mientras sorbíamos un café abundante y espeso, Elías inició la ordenada crónica de sus últimos años, comenzando por el final.

“Como sabes llegué anoche de un viaje con algunos arqueólogos franceses He estado una semana más allá de la frontera, en tierras de Jordania”.

En algún lugar. Foto R.Puig

En algún lugar. Foto R.Puig

No precisó de qué zona de excavaciones se trataba, aunque más tarde me explicaría que no quedaba lejos de las ruinas de Pel.la, donde habían aparecido restos de edificaciones correspondientes a las comunidades judeocristianas que se habían instalado en esa región, escapando de Jerusalem tras la destrucción de su templo por las tropas de Tito.

Siguió explicando que su primera pasión al dejar el Perú para seguir estudios de Teología en la Universidad Gregoriana de Roma, había sido y era aún la de las lenguas bíblicas y el uso de la moderna filología para profundizar en la comprensión de los Evangelios y de aquellos libros del Antiguo Testamento que ayudaban a esclarecerlos. Paralelamente se había convertido en un especialista en los manuscritos de los evangelios apócrifos.

De repente cambió de tema y me confesó que, tras su ordenación sacerdotal, la frecuencia diaria de la celebración de la liturgia eucarística le había ido produciendo una sensación de desdoblamiento mental y de ausencia de sí mismo, como si quien celebraba los ritos de la misa fuese otro, mientras que él estaba entre los fieles contemplando al oficiante. Las ceremonias fueron así convirtiéndose en un ejercicio, del que era actor y espectador. Finalmente acabó sintiéndose como dentro de una escena, cuya razón de ser se reducía al logro de la perfección rítmica y estética de los gestos.

Volvió a Roma para redactar su tesis doctoral sobre el papel de la lengua caldea en la transmisión de los textos bíblicos, con especial atención al evangelio de Marcos. Por entonces, aquella necesidad de perfección escenográfica le condujo, en un contexto de diálogo ecuménico, a aprender y experimentar todas las liturgias posibles. Mientras tanto, la brillante defensa de su tesis le había granjeado el interés de los profesores de lenguas orientales y de filología bíblica que dividían su tiempo entre la Gregoriana y el Instituto Bíblico de Jerusalem.

Estaba hablándome de las diferencias y de los procesos de ósmosis entre el arameo y el caldeo, de los simbolismos de las diferentes liturgias de los cristianos sirios, de los efectos de las salmodias y letanías arcaicas que había observado sobre los fieles, de la fascinación que presidir o asistir a estas celebraciones le producía, cuando, interrumpiendo su discurso, adoptó un aire precavido y me pidió que saliéramos del café para hablar de algo importante. Ya en la calle nos pusimos en marcha en dirección imprecisa, aunque supuse que íbamos hacia mi hotel.

Ciudad vieja. Foto jerusalemshots

Ciudad vieja. Foto jerusalemshots

Eran las siete de la tarde de aquel domingo y el camino que Elías había tomado no parecía muy frecuentado. Sentí que debíamos estar entre la parte árabe y la parte judía de la ciudad por la presencia solitaria de soldados con subfusiles en algunas esquinas.

El padre

“Te voy a contar algo que nadie, salvo yo mismo, sabe”, dijo. “Estos años después de mis estudios de Teología en Roma y de mi ordenación en Chicago han sido especiales. Cuando viajé allá mi padre estaba ya muy enfermo. Creo que ya te conté que él nunca fue un judío practicante, aunque creía en algo parecido a un Dios impersonal, creencia que abandonó ante la guerra y el horror vivido por millones de seres humanos y la espantosa y sistemática matanza de los judíos en Europa, entre ellos muchos familiares, amigos y colegas. El epílogo nuclear de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y las revelaciones que trajo el proceso de Nuremberg sobre la barbarie de las gentes ordinarias de su país y de sus clases dirigentes le confirmaron en su agnósticismo”.

“Mi padre me fue confesando todo esto en cartas y en las raras conversaciones que pudimos mantener cuando nos encontrábamos. Al final se recluyó en un profundo escepticismo y en el abandono de muchas ilusiones y creencias. Tras la agonía dolorosa y larga de mi madre se instaló en un lúcido ateísmo. Pero respetaba las prácticas católicas de sus hijos y no objetó nada cuando decidí hacerme jesuita, después de haber acabado mis estudios de filología clásica en la Loyola University”.

Elías me siguió explicando que en las últimas semanas de vida de su padre, le había estado muy cercano, casi olvidando que en poco tiempo sería ordenado sacerdote. Su padre le fue trasmitiendo innumerables documentos y publicaciones, algunas en estado de borrador. “Cuando parecía que ya no quedaba nada por explicar, mi padre me pidió desde la cama, pues ya no podía ponerse en pie, que cogiese una llave  que estaba dentro de una pequeña bolsa de terciopelo verde en uno de los cajetines del escritorio. Con ella, siguiendo sus instrucciones, se abría un cajón que estaba perfectamente disimulado al fondo del gran armario ropero del dormitorio”.

Una misión

Al llegar a ese punto Elías  hizo una pausa y prosiguió: “lo que tengo que decirte ahora es casi increíble y no conviene que se divulgue todavía. Es casi la razón última de mi permanencia dentro de la Compañía de Jesús y de mi intensa dedicación a las lenguas bíblicas, de mi inmersión en los ritos orientales del cristianismo y de mi estancia en el Instituto Bíblico. Aquí tengo a mi disposición todos los medios necesarios para continuar un trabajo extraordinario que mi padre inició y no pudo acabar. Al mismo tiempo, he ido dejando atrás una serie de creencias que daba por descontadas, para quedarme con algunas convicciones”.

Se hizo un silencio y seguimos caminando. La tarde caía bruscamente, detrás de la cúpula de Omar el cielo se había incendiado. Elías se detuvo a poca distancia de mi hotel adonde habíamos llegado sin casi apercibirnos. “Cuando acabe esta tarea cambiaré de rumbo. Mis superiores esperan que llegue a ser un ilustre profesor de Teología y exégesis de la Biblia, pero he de llegar hasta el final de lo que mi padre inició”.

Ante mi expresión interrogativa sonrió. “No me mires así” -me dijo- “los misterios para mañana. Además me parece que te estoy cansando y yo también estoy fatigado. La semana ha sido intensa. Mañana puedo venir a tu hotel y te explicaré todo. ¿De acuerdo?”

Puse la mano sobre su brazo y asentí. “Me parece muy bien. Pediré un desayuno para los dos en la habitación”.

“Hasta mañana pues, despeja la mesa, traeré papeles”.

Las luces del ocaso se apagaban.

Ocaso. Foto R.Puig

Ocaso. Foto R.Puig

continuará


Para leer el capítulo 1 pulsar aquí

Estar en las nubes

17 mayo, 2020
Dimensión nube. Foto R.Puig

Dimensión nube. Foto R.Puig

En estos días lentos

a ratos recostado

he alzado la vista

a la nubes que pasan

tomándose su tiempo.

A ritmo de nube. Foto R.Puig

A ritmo de nube. Foto R.Puig

Como de los mares

en región submarina

rigen tiempos oscuros,

por la región subnublosa

pulsa el reloj humano.

Dimensión inmune. Foto R.Puig

Bajo las naves del cielo. Foto R.Puig

En su esfera las nubes

ajenas a nosotros

habitan otro tiempo,

recorren su camino

como flotas sin hora.

Galeón. Foto R.Puig

Galeón. Foto R.Puig

Sobre nuestras cabezas

navegan galeones

sin distinción de siglos

o acorazados en guerra

sobre sus foscas quillas.

Acorazado. Foto R.Puig

Acorazado. Foto R.Puig

Veloces o pausadas

esas naves del cielo

amenazan a veces

con recobrar su acero

y quebrar la frontera.

Buque. Foto R.Puig

Buque. Foto R.Puig

Desde su tiempo altero

llegan sin anunciarse

cambiando de apariencia,

hay veces que remontan

como alegres balandros.

Balandros. Foto R.Puig

Balandros. Foto R.Puig

En ocasiones vuelan

veleros a toda vela

que algo maternales

se ríen de nosotros

y nos dan una ducha.

A toda vela. Foto R.Puig

A toda vela. Foto R.Puig

He pensado estos días

amaestrar gaviotas,

hacerlas mensajeras,

hablar sus pictogramas,

dialogar con las nubes.

Mediadora. Foto R.Puig

¿Mediadora? Foto R.Puig

Mas no han querido

revelarme las aves

el secreto lenguaje

con el que franquear

  la dimensión inmune.

Dimensión inmune. Foto R.Puig

Dimensión inmune. Foto R.Puig

“Versión extraviada” (1)

10 mayo, 2020
Hueso de sepia. Foto R.Puig

Hueso de sepia. Foto R.Puig

Dedicado a mi amigo y compañero Manuel García Viso

Huesos de sepia

Hace ya seis años, novelaba en mis ratos libres y entre lo leído, lo imaginado y lo vivido, dejé varada en cuatro decenas de folios una especie de historia. La narración acabo en un cajón, y ahora -cosas del confinamiento en el que estamos- ha emergido de una de mis carpetas (*).

Hay poemas e historias que, parafraseando a Eugenio Montale, son como huesos de sepia que el mar arroja sobre la arena de la playa. Como la poesía destila nuestras vivencias consumidas, hay historias que, a la manera de residuos del recuerdo, la imaginación posa entre la realidad y el sueño. Hoy, sin saber bien cómo podrá acabar, comienzo a transcribir aquí aquella narración acantonada.

Así que, confiando en la tolerancia de mis lectores y a la manera de aquellos folletones que se pusieron de moda en los periódicos del siglo diecinueve, trataré de finalizarla por entregas.

VERSIÓN EXTRAVIADA

Capítulo 1

Sólo gradualmente comprendí en qué medida estas memorias que hoy transcribo convergen con la disolución de mis creencias y la cristalización de mis convicciones. Nunca imaginé antes de mi abrupta entrada en la edad adulta que los sentimientos y, la que el filósofo de la soledad asienta en sus memorias como su base, la invencible conciencia, cuya íntima voz, a su juicio, nunca engaña por mucho que se abatan sobre ella los razonamientos ilustrados, nunca, digo, pensé por entonces que los sentimientos y la fe de siempre se doblegarían un día, primero bajo el peso de la duda existencial y luego frente a la artillería inexorable de la razón.

Como escribió Ernest Renan, en el prefacio a sus “Recuerdos de la infancia y la juventud”, “jamás la fe que tuvimos debe convertirse en una cadena. Nuestra deuda hacia ella se canceló al envolverla cuidadosamente con el sudario de púrpura en el que duermen los dioses muertos”.

Durante algún tiempo mi propio proceso interior se cruzó en varias ocasiones con el que vivía un viejo compañero y amigo del que la muerte prematura me convirtió, a modo de heredero, en el cronista de un hallazgo que reafirmaría, desde el testimonio más insospechado, el tránsito desde mis creencias y de los sentimientos que las nutrían a nuevas convicciones y a las razones que las cimentan. Ese hallazgo y su contenido es la materia de estas páginas, confirmación de las dudas que me suscitaban las innumerables contradicciones y lagunas de las crónicas de los evangelistas que me acompañaron hasta la edad adulta.

Hubo en Palestina una mujer, cuya figura crecería desmesuradamente a partir del siglo V, pero a la que apenas dieron un rol los evangelios, salvo el de la recepción de una visita angélica, anunciadora de una mágica fecundación que la salva del repudio de su marido. Luego apenas aparece y no es testigo del proceso fundacional de la Iglesia : la resurrección de su hijo que otros pregonaran mientras ella se eclipsaba. Me refiero a la madre de Jesús.

Hace años que esto me extrañaba y me hacía sospechar una sorda discrepancia de María, reducida a un papel marginal por parte de los protagonistas del cenáculo, cuyas versiones de la historia de su hijo prevalecerían. Me sorprendía también que el nuevo apóstol Saulo en su invasiva entrada en el legado del nazareno no mencionase a la madre de Jesús. ¿Contradecía la versión de María a la que difundieron los apóstoles en los comienzos del Cristianismo?

Pero, no voy a adelantarme, vayamos por partes.

Hueso de sepia

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Elías

A principios de los años 70 trabajaba yo como profesor en un colegio regentado por jesuitas norteamericanos en el Perú. Mis funciones eran las habituales de un docente, y buena parte de mis energías se gastaban en el difícil esfuerzo de atraer la atención de una clase de más de cuarenta alumnos, todos en esas edades de transición entre la niñez y la adolescencia, en las que suscitar el interés por la gramática y la geografía es una tarea hercúlea.

Un entretenimiento que satisfacía algo mi tendencia a escarbar en las bibliotecas, era dedicar los escasos momentos que tenía libres a examinar los fondos de una antigua biblioteca que los jesuitas anteriores a la expulsión decretada por Carlos III habían salvado milagrosamente. Se hallaba, por lo que me dijeron entonces, pendiente de catalogación. Recuerdo mi emoción bibliófila frente a la edición original de la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, cuando en alguno de cuyos volúmenes examinaba yo aquellas definiciones consideradas nefandas por los que habían sido mis profesores durante el bachillerato.

También encontré en aquellos baúles algunas ediciones princeps de obras de Erasmo de Rotterdam, que algún jesuita, no muy obediente a las recomendaciones de San Ignacio de Loyola ni temeroso de las prohibiciones del Indice, debió traer a escondidas al Perú a finales del siglo XVI. No era sólo mi gusto por la soledad en compañía de un libro lo que me impulsaba, sino también mi curiosidad por las más variadas antiguallas de la imprenta, sobre todo si el trabajo de composición y la calidad del papel y de la encuadernación completaban el placer del texto.

No venía nadie a alterar aquellos momentos privilegiados, hasta que un día apareció por allí uno de los profesores jesuitas, de quien yo no sabía prácticamente nada, salvo su nombre y apellido, Elías Adler. No habíamos cruzado palabra desde mi llegada al colegio hacía seis meses. Venía a devolver al depósito el contenido de una antigua caja con una trascripción a mano, fechada en 1567, de un llamado “Liber de infantia salvatoris”. Yo estaba en aquel momento leyendo junto a una ventana un ejemplar de “Agudeza y arte de ingenio” de Baltasar Gracián, publicado en Huesca a mediados del siglo XVII.

Elías se acercó a mí y me dijo que le alegraba no ser el único que apreciaba aquel tesoro almacenado en baúles, cajas y, en parte, sobre algunas estanterías. A partir de aquel encuentro, antes de las clases, solíamos coincidir durante los desayunos en los comedores de la comunidad. Mientras batíamos lentamente el porridge, manejábamos la máquina de hacer waffers o nos freíamos unos huevos con bacon, hablábamos de nuestros hallazgos. Nuestras conversaciones discurrían en castellano, Elías lo hablaba correctamente con dejo anglosajón. Otros miembros de la comunidad hablaban entre ellos en inglés o, simplemente, no se interesaban por nuestras aficiones librescas.

Durante el último mes de su docencia en el colegio me contó algo de sus planes: los estudios que estaba a punto de iniciar en la Universidad Gregoriana de Roma, donde cursaría Teología, y su proyecto de especializarse en las fuentes más antiguas de los Evangelios en el Instituto Bíblico de Jerusalén. Tuve la sensación de que este jesuita atípico no volvería nunca al Perú. La verdad es que tampoco sospechaba que por mi parte no volvería hasta muchas décadas más tarde.

Para entonces ya me había contado que su padre, judío alemán no practicante, había sido profesor de lenguas orientales en las universidades de Viena y Colonia, y era un emérito y prestigioso investigador de los códices y del entorno de la Biblia. Había escapado por muy poco del infierno del III Reich, emigrando a los Estados Unidos junto con su esposa, una reputada ilustradora de libros, católica de origen holandés, que trabajaba para casas editoriales de los Países Bajos y de Alemania. En Nueva York primero y en Chicago, donde nació Elías, sus padres optaron por enviar a su hija y a sus dos hijos varones, de los que Elías era el mayor, a colegios católicos.

Después de dejar el Perú, Elías me envió algunas postales, en las que nunca faltaba alguna referencia a sus hallazgos bibliográficos y a sus crecientes progresos en griego, hebreo y arameo. Se había interesado por el copto. A mi vuelta a España las preocupaciones por completar mis estudios universitarios y por encontrar trabajo, así como la intensa dedicación a mis primeros empleos fueron arrumbando mi época de profesor de colegio en el Perú. Aunque mis incursiones en libreros de ocasión, al hacer posible el encuentro con viejas ediciones, fuera del alcance de mi bolsillo, revivían las horas pasadas entre las cajas de la antigua biblioteca dormida en sus baúles, así como mis charlas con Elías.

Dejamos de escribirnos, además habíamos compartido intereses diferentes a los que ahora llenaban mis días. Por otro lado, a Elías lo suponía ya teólogo y biblista, mientras que mi propia reflexión y la evolución de mi forma de vivir me habían conducido a irme desprendiendo de los dogmas católicos.

Los dedos de Dios. Foto R.Puig

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Tel-Aviv

Una década más tarde, mis actividades profesionales me condujeron a un congreso en Tel-Aviv, cuando ya la fuerza de los calores del verano había decaído en Europa, pero no así en Israel. Era el mes de octubre. En el programa social de los congresistas se incluía un día de visita a Jerusalem después de las sesiones del congreso, pero me no me atraía la idea de pasar aquel último sábado recorriendo tras un guía y a paso de marcha, bajo un calor agobiante, las calles de la ciudad santa con el mismo grupo de gente con la que había pasado la semana hablando inglés.

Le había comprado a un locuaz librero de la capital de Israel, de origen argentino, unos textos, una gramática y un diccionario de ladino.  Así que decidí irme a una terraza de la playa a iniciarme en la lengua de los sefardíes, instalado bajo un ancho parasol y disfrutando de la brisa del Mediterráneo. Distraía mi mirada con la vista del mar cuando, repentinamente, los recuerdos de nuestras aficiones librescas y del origen judío de Elías Adler me asaltaron. Recordé asimismo que él siempre había deseado investigar en el Instituto Bíblico de Jerusalén.

Era ya la media tarde de aquel sábado de octubre y no tenía yo nada que hacer en Tel-Aviv hasta el martes por la mañana, cuando iría invitado a visitar algunos centros de educación especial y a moderar un seminario antes de volver a España. Movido como por un resorte cerré mi gramática de ladino y volví al hotel. Pedí a la centralita que me buscasen el teléfono del Instituto Bíblico de Jerusalén y que, por favor, me consiguiesen la extensión de la comunidad de los padres jesuitas que trabajaban en el mismo y me comunicase con ellos. La operadora tardó un poco en conseguirlo, pero al final una voz con acento francés, aunque hablando inglés, me respondió al otro extremo de la línea. Expliqué que no estaba seguro de ello, pero que me parecía recordar que el padre Elías Adler estaba investigando en el instituto.

Mi interlocutor me dijo que sí, que Elías Adler enseñaba allí desde hacía dos años, pero que no se encontraba en casa en esos momentos pues había viajado a muchos kilómetros de la ciudad, como Elías mismo me explicaría luego, para ayudar a preparar el traslado de unos papiros, que eran parte de unos hallazgos arqueológicos. No obstante, se le esperaba de vuelta pero tarde. Me aseguró que le daría mi recado y mi teléfono del hotel, y que, si lo deseaba, podía telefonear al día siguiente hacia mediodía.

Orilla. Foto R.Puig

El día de playa me había abierto el apetito y producido en mí un estado de lasitud creciente que aumentó tras la cena temprana. Así que hacia las diez de la noche ya estaba dormido. Los timbrazos del teléfono me sacaron del sueño a eso de las once. Medio desorientado oí las excusas de la operadora que me explicó que un señor de apellido Adler había insistido mucho en hablar conmigo. Le había indicado que los españoles se acuestan tarde y que yo seguramente todavía estaría leyendo. Con una voz que no lo demostraba le contesté que no se preocupase, que sí, que estaba despierto y leyendo.

Así que pasados unos segundos escuché la voz de Elías saludándome animadamente en castellano con su acento gringo. “Tengo verdaderas ganas de verte. Han pasado tantos años y hay muchas cosas que podremos contarnos”. Yo trataba de estar a la altura de su entusiasmo, pero seguramente mi tono de voz al responder que yo también estaba deseando verle reflejaba el grado de embotamiento en el que estaba. Percibiendo mi brusca interrupción del primer sueño, añadió: “Me temo que te he despertado de forma intempestiva. Te dejaré dormir tranquilo. En realidad yo también estoy agotado. Acabo de llegar de viaje. Pero dime a qué hora puedo venir mañana por la tarde a tu hotel”. Como ya me estaba espabilando, repliqué que lo que él me tendría que contar armonizaría mejor con Jerusalem y con el Instituto Bíblico que con un lujoso hotel impersonal de Tel-Aviv. Además llevaba casi una semana en esta ciudad y no quería irme sin dar una vuelta por Jerusalem.

“Alquilaré un coche y aprovecharé el domingo para viajar temprano”, le dije. La idea le pareció excelente. “Además el tráfico será menor un domingo por la mañana. Si consigues llegar a las once de la mañana podría interesarte asistir a la misa que celebró en rito copto en la iglesia del Santo Sepulcro. Te será fácil encontrarme, pues a esa hora sólo hay prevista una celebración. Aunque en este lugar nunca se sabe, hay que estar preparado para las sorpresas. Ya te explicaré más tarde, pero los roces entre las distintas confesiones cristianas son frecuentes”.

Comenzaría pues el domingo viendo a Elías revestido solemnemente y celebrando misa en el rito de la Iglesia Copta me pareció una novedad atrayente. Mi curiosidad casi nunca me ha defraudado. Por entonces no creía ya en los dogmas de la Iglesia, pero guardaba un gran respeto y mi interés por los aspectos culturales y artísticos, sin mencionar los antropológicos, históricos y morales, de los dos mil años de historia cristiana. Si bien, no se me había ocurrido pensar que, evidentemente, Elías había continuado con su carrera y ahora era un sacerdote jesuita con las prerrogativas litúrgicas y sacramentales que esa condición conllevaba y se me hacía difícil imaginarlo bajo su nueva investidura.

Nos dimos las buenas noches y yo me apresuré a llamar a la centralita del hotel para pedir que me despertasen a las siete y que hicieran lo posible por tenerme reservado un coche de alquiler para las ocho y media, un mapa de carreteras y un plano de Jerusalem. A pesar de lo avanzado de la hora me dijeron que era factible y que podía dormir tranquilo.

continuará…

Memoranda. Foto R.Puig

Memoranda. Foto R.Puig


(*) Le debo a mi buen amigo Manuel García Viso, por muchos años compañero de trabajo y de aventuras editoriales, bibliómano y bibliófilo, y finísimo revisor de textos y de estilo, que hace ya seis años tuviera la paciencia de leer aquellas páginas, aportándome numerosas mejoras. Ahora trato de que mis pinitos novelísticos no hayan caído en saco roto.

 

 

 

Señales

3 mayo, 2020
Apertura. Foto R.Puig

Apertura. Foto R. Puig

Han sido dos semanas de inestabilidad atmosférica, de lluvias, vientos, en pocas palabras de un tiempo de abril, el de las aguas mil. Ahora, como si decir mayo fuese mágico, la costa blanca se ha templado, de tal modo que pareciera que ya estamos en verano. Ayer mismo, hemos salido a paseo, con ocasión de eso que han dado en llamar la fase 0, parte de lo que han bautizado como la desescalada, pues nos dicen que ya se alcanzó el pico.

Ya saben a lo que me refiero y, si han practicado el alpinismo cuando eran jóvenes, recordarán que tras la ascensión a las cimas había que descender al valle. Con el cansancio en las piernas y las laboriosidad del retorno, si te distraías podías resbalar y tener un grave disgusto. Así, cerca ya del valle, murió un querido compañero, y experimentado alpinista, que me enseñó a trepar por glaciares en cordada e incluso a descolgarme en rápel, mientras yo, el aficionado que nunca pasó del esguince o de una muñeca escayolada -desigualdades de la vida- todavía estoy aquí para añorarlo.

Ayer, segundo día de mayo, hemos encontrado las primeras flores silvestres cerca de la orilla de la playa.

Flores de la costa. Foto R.Puig

Flores de la costa. Foto R.Puig

Es una nimiedad, sólo son señales de la tenacidad de la vida, esas pequeñas maravillas  suyas, de las cuales -¡cómo son las cosas!- también hacemos ramilletes para despedir a los muertos. Y de éstos en los recientes meses hemos tenido tantos, sobre todo entre los viejos, los ancianos. Oficialmente se ponían al día unas cifras frías y sin rostro, correspondientes a los que han acabado su vida asistidos por los sanitarios. Los otros, los que han muerto de una muerte en abandono, dolorosamente y sin cuidados, los  no asistidos, los encontrados, no figuran en las cifras oficiales, sólo hay estimaciones y un goteo de duras, tristes, crónicas en los medios. Y todavía estamos esperando que además de los aplausos se ponga alguna bandera del Estado a media asta.

Así que mi nimiedad de hoy, con un nudo que se me hace por ahí dentro, son las flores de mi paseo de ayer, que traigo aquí pensando en todos los caídos, pero en especial en tantos veteranos no nombrados, que no han podido retornar al llano.

Flores. Foto R.Puig

Flores de la costa. Foto R.Puig


NOTA: Lo que en materia de información aquí expreso corresponde a lo que he percibido en estas semanas en España. Por el contrario en las emisiones de BBC World News, que sintonizo gracias a una antena parabólica, los noticieros presentan a diario una galería con fotos y nombres de fallecidos por esta pandemia que los familiares envían a la cadena como sencillo homenaje que les ayuda a sobrellevar el luto. Señales similares individualizadas (salvo error u omisión de mi parte) no las he visto en las pantallas de los medios españoles, sea al menos para compensar la fría ausencia del luto en las largas ruedas de prensa del gobierno.