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Ab ortu ad occasum (de oriente a occidente)

12 agosto, 2018
Ortus. Foto R.Puig

Ab ortu. Foto R.Puig

Porque la diferencia entre vivos y muertos concierne a líquidos y rápidos movimientos de la salida y puesta del sol, tiene que ver con la luz y su tránsito sobre las cabezas de los hombres.

Manuel Rivas, “Ordesa” (Alfaguara, Madrid,  2017, pág.194)

Cuando nos sobra tiempo para sentarnos frente a un paisaje; cuando los minutos fluyen un poco más lentamente; cuando pasamos las páginas de un libro e incluso nos adormecemos sobre sus letras; cuando volvemos a abrir los ojos y nos ha sorprendido la alborada o, al contrario, es la noche que ha caído; cuando sobre nuestra cabeza la luz, esa que mana de una fuente única, inicia, recorre o concluye su ciclo diario… entonces sabemos que estamos vivos, que el tiempo aún se nos ofrece.

Mientras hay tiempo. Foto R.Puig

Mientras hay tiempo. Foto R.Puig

Creemos que el reloj, que nosotros desgranamos el tiempo, pero es ese intangible, ese cronos fugitivo, el que nos desgrana a nosotros. Por eso es agradable seguir pasando las páginas en un libro de papel, es como compartir el tiempo, no sólo el nuestro, sino el de alguien que ha puesto su tiempo en palabras, para nosotros. No solo el suyo, sino el de quienes le precedieron. Un libro siempre habla de lo que precede a su autor. No hay libro sin precedentes.

Recuerdo que mi madre aclaraba poco los platos, yo en cambio los dejo bajo el grifo mucho rato, intentando que el jabón se vaya para siempre.

Ibidem, pág. 304

Somos la consecuencia de muchos precedentes.  Como cada día sobre la tierra, que en cada giro nos devuelve algo del anterior. A veces, parece decirnos: “mira bien, ayer te dejaste algo”. Pero no es ella sola, la tierra forma equipo con el sol, con la luz.

Luz declinante. Foto R.Puig

Luz declinante. Foto R.Puig

El padre antes de ser padre es una fuerza que está en el mundo avisando de la llegada de un hijo, avisando de tu llegada, pero aún no has llegado, y es ahí donde está la maravilla…

Por eso adoro esa fotografía, porque contiene mi misterio: yo no soy, y mi padre es un hombre que no quiere casarse ni tener hijos. No se lo plantea…

Yo no soy allí, y descanso.

Busco volver a la paz del no ser.

(el autor reflexiona sobre una vieja foto de su padre joven y soltero)

Ibidem, pág. 304

No sabremos nunca lo que recordarán de nosotros cuando nos hayamos ido. No me refiero a los rastros que parece que se quedarán en la red y que quizás nadie borre, que puede ser que durante siglos ya no se puedan borrar.  Tampoco es la memoria histórica, eso sobre lo que se promulgan normas. No, no es eso, la memoria, la de verdad, la olvidadiza (porque para recordar hay primero que olvidar), esa es personal, no puede legislarse sobre ella.

¿Cuánto resiste la posibilidad de sacar del olvido un recuerdo personal? No una foto, no un texto, no un documento de identidad, no una partida de bautismo o de boda, no, no se trata de eso sino de algo verdaderamente individual, algo que se ha recibido directamente por los sentidos, ecos del tacto, de la vista, del oído, del gusto, del olfato, que se han acunado en lo más profundo de uno mismo.

A mi padre le gustaba ir siempre muy bien peinado, hasta tal punto que si hacía viento no salía de casa, porque se despeinaba.

Mi padre comenzó a acumular algunos kilos de más y era consciente de ello. Preguntaba mucho si estaba gordo. Buscaba nuestro juicio. Le gustaba comer. Era una relación particular con el mundo: coger del mundo la comida.

Ibidem, pág. 323

Luz de atardecer. Foto R.Puig

Luz de atardecer. Foto R.Puig

Mi madre cuando estaba deprimida y triste, se metía con su propio pelo… Buscaba en la peluquería una absolución, un levantamiento de sí misma, buscaba la alegría perdida. Cambió de peluquería mil veces. Buscaba una peluquería utópica…

No había peluquería en el mundo que pudiera ayudar a mi madre.

Pero ahora ya está en la peluquería del fin del mundo.

Ibidem, págs. 321-322

Ad occasum. Foto R.Puig

Ad occasum. Foto R.Puig

 

 

George Sand en su planeta de los simios

5 agosto, 2018
Un hiver à Majorque. George Sand. Foto R.Puig

Un hiver à Majorque. George Sand. Foto R.Puig

A nuestra llegada a Mallorca, aprovechamos que era media mañana para dedicar unas horas, antes de que comenzase el evento nupcial al que habíamos venido, para subir a Valldemossa, atraídos por la legendaria historia de una de las lunas de miel más famosas de la intelectualidad francesa: la estancia en la cartuja de Frédéric Chopin (1810 – 1849) y George Sand (1804 – 1876) del 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839.

Pensábamos que la cartuja iba a estar atestada de visitantes ávidos de historia y de romanticismo, pero en realidad los que estaban repletos eran los baretos y las calles del pueblo. Nos sentamos en el más equivocado de los lugares de comida rápida, víctimas gastronómicas de nuestra intención de reservar el mayor tiempo posible para la cartuja y para nuestra vuelta por la carretera panorámica que, bordeando farallones y perspectivas espectaculares sobre el mar, conduce a Deia y a Soller, para luego, a través de un tunel en la montaña, devolvernos a Palma.

No pudimos pues recurrir a la buena cocina de Valldemossa, que sin duda existe, aunque, según nos dijo el camarero, en este pueblo no hay una sola carnicería (la prueba era la nefasta salsa boloñesa de los spaghetti). No obstante pudimos ser testigos del ingenio de los gestores de los escasos cien metros cuadrados del establecimiento para atraer a los turistas, en este caso rusos de ambos sexos y de todas las edades, quienes, como por ensalmo, siguiendo a una señora de voz potente y elevada estatura, invadieron el espacio entre la barra y la apretada línea de mesas contra el muro opuesto, para asistir a una demostración de algo muy interesante que sucedía en el último rincón del restaurante.

El grupo de más de cien personas se esparció a continuación por el interior, por la acera y por las mesas, sosteniendo una copa llena de sangría. La gran atracción que les había reunido resultó ser la demostración práctica de cómo se elabora la famosa y auténtica sangría española… en esta ocasión hecha con trozos de mango, bebida que a continuación degustaban.

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Pero pasemos ya al interior de la Cartuja de Valldemossa…

Vista desde la terraza de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Vista desde la terraza de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

No seré yo quien repita toda la información que sobre esta famosa meca romántica se encuentra en abundancia en internet. Me limitaré a justificar el título de esta crónica y a mostrar alguna foto de las pocas que hice.

Puedo atestiguar que las numerosas empleadas (y algunos empleados) del ayuntamiento, así como los informantes de las celdas de propiedad privada de la Cartuja se esfuerzan sin mucho éxito por captar la atención de los pocos visitantes en su afán por explicarles la historia y las curiosidades de las celdas y aposentos que les toca atender, desprovistos de cartujos por la desamortización de Mendizábal.

Nosotros no dedicamos tiempo al piano o pianos que se dice fueron de Chopin. Al parecer durante mucho tiempo se engañó al público con un piano construido quince años después de la estancia de Chopin en la cartuja. Se halla en la celda nº2, en la que no habitaron ni Chopin, ni George Sand, ni el hijo ni la hija de la escritora, quienes ocuparon más bien las nº 3 y 4.  Fue otro el “pianino” que le sirvió para componer allí alguno de sus preludios, a pesar de su tisis y su salud precaria,

Pero la visita merece mucho más tiempo que el que pudimos dedicarle. Hay una gran cantidad de objetos de arte y documentos de historia. Fue precisamente una joven empleada entusiasmada sinceramente por los objetos y documentos relativos a Chopin y George Sand, como por ejemplo los textos manuscritos de ella o los dibujos de su hijo Maurice Sand, quien me vendió el ejemplar de Un hiver à Majorque, editado y publicado en la isla en dos versiones, la original y la castellana (Editorial bilibú, Palma 2008, 211 págs)

La mayor parte del libro, la positiva, la que no se refiere a la geografía humana, sino al paisaje y a la arquitectura, proviene de estudiosos franceses interesados por Mallorca de modo competente y detallado, consultados por la autora previamente, pero sobre todo después de su viaje. En cuanto a Chopin, cuando la autora publica en 1842 esta obra (que había ido apareciendo por entregas en 1841), no lo menciona por su nombre ni una sola vez y se refiere a él todo el tiempo como “le malade”, “notre malade” o, todo lo más como “notre ami”.

Un texto chauvinista

Rincón del claustro. Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Rincón de uno de los claustro. Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

He leído con placer varias novelas cortas de George Sand y no me esperaba que una mujer tan libre, culta y educada, tan excelente escritora, que se se siente a sí misma como “être libre et pensant” se pueda entretener comparándose al monje imaginario que debió de  ocupar la celda en la que se hospeda, para suponerlo gratuitamente como:

homme sans intelligence et par consequent sans rêverie et sans meditation… soumise aux abrutissantes privations de la règle  (pp. 160 – 161)

No me esperaba que haya podido en apenas cuatro meses de estancia en Mallorca concebir sin titubeos los prejuicios que formula sobre sus habitantes a lo largo de todo el libro, como una especie de ajuste de cuentas.

Se podría pensar, como paliativo, que las experiencias que describe con los pocos mallorquines que trató durante ese breve tiempo, se hayan visto filtradas por estados de ánimo de la autora. Pero aunque en aquella época la acogida paisana de extranjeros en España, en especial de un grupo como el suyo, no debía de destacar por su educada tolerancia, con lo mismo se podría haber topado en la Francia “profunda” de su época, que, si atendemos a sus novelas, no desconocía.

Del museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R. Puig

Del museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R. Puig

De los burgueses y “nobles” de la isla (y en general de todos los mallorquines) dice que en cada relación en que intervenía el dinero, por poco que fuese el vil metal, siempre encontraba en ellos  “une mauvaise foi impudente et une avidité grossière” (p.182)

Gigantes. Claustro de la cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Gigantes festivos. Claustro de la cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Según ella, para el mallorquín:

la notion du dévouement envers un inconnu ne pouvait pas plus entrer dans sa cervelle que celle de la probité ou même de l’obligeance envers un étranger (p. 183)

Los campesinos de Mallorca son a su juicio ladrones como uno que, aunque se extasiaba con el sonido del piano, eso no le impedía “être un voleur comme tous les paysans majorquins le sont avec les étrangers”. Y concluye su juicio con la siguiente sentencia: “Cet homme avait les besoins d’art d’un Italien et les instincts de rapine d’un Malais ou d’un cafre” (p.139)

Sus estereotipos antisemitas los aplica (de oídas) a la figura del banquero judío de Mallorca:

Le juif est inexorable, mais patient… il pursuit son but avec un génie diabolique: dès qu’il a mis sa griffe sur une propriété, il faut que pièce à pièce elle vienne toute à lui… (p.184)

George Sand osa calcular que en veinte años no iban a quedar señores en Mallorca porque:

Les juifs pourront s’y constituer à l’état de puissance, comme ils ont fait chez nous, et relever leur tête encore courbée et humilié hypocritement sous les dédains mal dissimulés des nobles et l’horreur puérile et impuissant des prolétaires (p.184).

Del museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Del museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

La dominación de Mallorca por los judíos profetizada por ella  no se cumplió, pero lo que sí ocurrió en Francia a los veinte años de la muerte de la escritora, como fruto de ese mismo antisemitismo que anidaba en todas las clases sociales de la nación vecina, fue la condena abominable del capitán Alfred Dreyfus  (1859 – 1935).

Del Museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Del Museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

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Viajar no cura el racismo

George Sand apoda a Mallorca “île des Singes” (isla de los Simios) cuando dice que se vieron “environnés de ces bêtes sournoises, pillards et pourtant innocentes”. Si bien subraya que lo dice sin rencor, pues “nous nous étions habitués à nous préserver d’elles sans plus de rancune et de dépit que n’en causent aux Indiens les jockos et les orangs espiègles et fuyards”.

¡Al fin y al cabo no te puedes enfadar con unos orangutanes o unos indios primitivos!

Desde su altiva condición de baronesa consorte (aunque ya divorciada del barón) se siente magnánima y refiriéndose al mallorquín añade condescendiente:

On sent bien que cet être imparfait est capable de comprendre, que sa race est perfectible, que son avenir est le même que celui des races plus avancées, et qu’il n’y a là qu’une question de temps, grande à nos yeux, inappréciable dans l’abîme de l’éternité (p.185).

Incluso cuando admira la belleza y la amabilidad de una joven cabrera de dieciséis años, se expresa así:

Pauvre petite Périca tu n’a pas su et tu ne sauras jamais quel bien tu me fis en me montrant parmi les singes une créature humaine douce, charmante et serviable sans arrière-pensée! Le soir nous étions tout réjouis de ne pas quitter Valldemossa sans avoir rencontré un être sympathique (p.201)

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Despedida de la baronesa

Cuando finalmente, en Barcelona, George Sand con su hijo y su hija y su “amigo enfermo”, gozando de un privilegio republicano, se embarca en un navío francés de guerra, el Méléagre, para volver a Francia, este es el párrafo del libro que describe su alivio:

…en nous voyant entourés de figures intelligentes et affables, en recevant les soins généreux et empressés du commandant, du médecin, des officiers et de tout l’equipage; en serrant la main de l’excellent et spirituel consul de France, M. Gautier d’Arc, nous sautâmes de joie sur le pont en criant du fond le l’âme: Vive la France. Il nous semblait avoir fait le tour du monde et quitter les sauvages de la Polynésie pour le monde civilisé (pp. 210-211)

Frascos de farmacopea. Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Frascos de farmacopea. Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

¿Habrá algún preparado de la farmacopea que extirpe de nuestro núcleo cerebeloso más reptiliano y recóndito ese instinto racista del que ni siquiera la educación, la fortuna o la cultura son con triste frecuencia capaces de liberarnos?


Para acabar con una sonrisa

Del Museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Del Museo de la Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Los aposentos de la Cartuja de Valldemossa albergan delicadas y curiosas obras de arte, ediciones raras y manuscritos que no despiertan demasiado interés entre los turistas.

Sobre los perros. Varia commensuración. Juan de Arphe y Villafane, Madrid 1795

Sobre los perros. “Varia commensuración”. Juan de Arphe y Villafane, Madrid 1795

Sin embargo, como entre los lectores y lectoras de este blog sé que no faltan aquellos a quienes mueve el amor desordenado por lo bien impreso, me siento en el deber de advertir a quien visitase la cartuja y sintiese la tentación de la biblocleptomanía que se expone a ser condenado (o condenada) severamente…

Excomunión para los que roban en las bibliotecas. Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

Excomunión para los que roban en las bibliotecas. Cartuja de Valldemossa. Foto R.Puig

 

Montuïri de Mallorca

29 julio, 2018
Vista de Montuiri desde la calle de los Molinos. Foto R.Puig

Vista de Montuiri desde la calle de los Molinos. Foto R.Puig

El nombre en mallorquín de esta población de origen medieval es Montuïri, una de las 14 que constituyen la mancomunidad del Pla de Mallorca. Se extiende encaramada a lo largo de la cresta de un cerro que por ambos lados domina la planicie del centro de Mallorca. Es la existencia de cinco antiguos pozos artesianos en las faldas de esta elevación del terreno la que ha hecho posible el surgimiento de este pueblo. Las llanuras en las que se cultivaba desde siempre el cereal junto con el viento que movía los numerosos molinos fueron base de la economía de sus pobladores. Hoy la actividad agrícola ya no es la dominante, a pesar de los campos cultivados que se divisan desde su altura.

Montuiri. Después de la cosecha. Foto R.Puig

Montuiri. Después de la cosecha. Foto R.Puig

Si quieren ustedes saborear la vida de la Mallorca tradicional, lejos de su cinturón litoral, este pueblo, además de la antigua casona de piedra restaurada y transformada en un alojamiento “de interior” (es decir al abrigo del tráfago turístico de la costa “exterior”) en la que nos alojamos, es una opción para gentes apacibles.

Vista desde del "pla" desde  Montuiri. Foto R.Puig

Vista del “Pla” desde Montuiri. Foto R.Puig

No se tarda mucho en recorrer Montuiri, pero no me quedó mucho tiempo para recorrer toda la extensión de sus calles, tenía otras prioridades. Habíamos venido a la boda de mi hijo, quien, de común acuerdo con la novia y con acierto, había elegido para casarse una antigua alquería sobre otra colina de la comarca que ni los taxistas encontraban. De todos modos, aunque no llegué a visitar el museo arqueológico, que queda en uno de los extremos del pueblo, sí pude descubrir, en compañía de mi hija y bajo un sol de justicia, la calle de los molinos (Carrer del Molinar) y las amplias perspectivas que desde su gran explanada se divisan.

Montuiri. Viejo molino. Foto R.Puig

Montuiri. Viejo molino. Foto R.Puig

Montuiri. Antiguo molino. Foto R.Puig

Montuiri. Antiguo molino. Foto R.Puig

Si, como hicimos nosotros, entras en los negocios y hablas con el habitante, un breve paseo puede deparar sabrosos detalles…

Montuiri. Ensaimada del Forn i Pastisseria Can Salat.Foto R.Puig

Montuiri. Ensaimada de 40 cm. de diámetro del Forn i Pastisseria Can Salat. Foto R.Puig

y permite visitar los obradores donde se hornean tantas buenas cosas

Montuiri. En e obrador de Ca'n Joan des Forns. Foto R.Puig

Montuiri. En el obrador de Ca’n Joan des Forns. Foto R.Puig

No era hora de visita de la iglesia de San Bartolomé, que data del siglo XIV, pues estaba cerrada

Montuiri. La iglesia mayor.Foto R.Puig

Montuiri. La iglesia mayor.Foto R.Puig

Pero descubres ingeniosos rincones, como este, decorado con azulejos

Montuiri. Ornamento de una fachada. Foto R.Puig

Montuiri. Ornamento de una fachada. Foto R.Puig

y completado con un banco que invita al reposo

Montuiri. Rincón con banco.Foto R.Puig

Montuiri. Rincón con banco.Foto R.Puig

Junto al dintel de varias viviendas encontramos mayólicas con alusiones a las rondallas de los demonios (rondaies des demonis) que no pueden faltar en las fiestas patronales.

Montuiri. La tradición de la diablada. Foto R.Puig

Montuiri. La tradición de la danza de los demonios. Foto R.Puig

Estas danzas de los diablos de la tradición medieval europea tienen un paralelismo con las diabladas andinas, aunque los acentos sean diferentes en función de las mitologías en las que cada una se enraíza. La Historia de las Religiones muestra como hay costumbres simbólicas parecidas que surgen sin vínculo alguno en latitudes diferentes, lo que en parte condujo a Carl Gustav Jung a teorizar sobre un inconsciente colectivo. 

Sea como sea, me cuentan que los bolivianos o peruanos que viven en Mallorca participan encantados  en este tipo de manifestaciones que les recuerdan a las diabladas del altiplano andino, de una de las cuales fui testigo y fotógrafo a principios de los años 70 en Arequipa (algún día puede que recupere aquellas diapositivas para el blog).

Montuiri. Por la calle. Foto R.Puig

Montuiri. Por la calle. Foto R.Puig

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“La casa del italiano”

La Casa del Italiano en Montuiri, hoy Can Moio. Foto R.Puig

La “casa del italiano” en Montuiri, hoy Can Moio. Foto R.Puig

Pues resulta que tras mencionar tradiciones del Perú me encuentro con que el “hotel de interior” donde nos alojamos en Montuiri, era conocido en el pueblo como la casa del italiano, como  también se denomina un hotel de la localidad peruana de Tarapoto.

Se trata de un edificio regionalista construido por un italiano en la segunda década del siglo xx, conocido como Can Moio o Ca S’Italià.

Montuiri. En el jardín de Can Moio.Foto R.Puig

Montuiri. En el jardín de Can Moio. Foto R.Puig

Que conste que en este blog no incluyo nunca publicidad. En este caso la calidad de la rehabilitación de esta mansión, fruto arriesgado de la tenacidad de una madre y una hija, ambas llamadas Catalina, y de Rafa, el marido de la segunda, y su amabilidad y su acogida familiar motivan este homenaje y mis modestos fotos del Can Moio de Montuiri.

Montuiri. Rincón del jardín en Can Moio. Foto R.Puig

Montuiri. Rincón del jardín en Can Moio. Foto R.Puig

Todo lo que puedo añadir yo es que lo que se muestra y se explica en la página del Can Moio  responde a la verdad y a la autenticidad de la familia propietaria que es la que os acoge y os mima, Cata, Rafa y la indispensable Yoli.

Inolvidables.

Can Moio. Rincón del desayuno. Foto R.Puig

Can Moio. Rincón del desayuno. Foto R.Puig

 

 

 

 

 

 

 

Los peces comulgantes de Miquel Barceló y otras cosas de Palma de Mallorca

22 julio, 2018
Visitantes de la catedral de Palma. Foto R. Puig

Visitantes de la catedral de Palma. Foto R. Puig

He estado unos días en Mallorca, por primera vez. Del recuerdo de lejanas clases de Historia de Arte me había quedado el elogio de la alada arquitectura de sus naves y bóvedas, que ciertamente no defrauda, aunque tengas que hacer un enorme esfuerzo para abstraerte, sentado en un banco y mirando a lo alto, rodeado por la riada de visitantes.

Vuela la nave. Foto R.Puig

Vuela la nave. Foto R.Puig

Confieso que tras alzarme anduve perdido, pero no renuncié a asomarme a la capilla del Santísimo, donde Miquel Barceló trabajó durante siete años, adhiriendo a sus muros góticos un mosaico, surrealista a la vez que expresionista, construido con arcilla policromada, y dedicado, según dicen, a los frutos del mar y de la tierra.

Capilla del Santísimo. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Capilla del Santísimo. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Descubrí  la obra de Miquel Barceló (Felanitx 1957) allá por los años ochenta en Madrid. Me interesó la originalidad de sus pinturas, que han sido calificadas con razón de neo-expresionistas, aunque difíciles de ser reducidas a cualquier vanguardia, por la muchas corrientes artísticas de las que se alimenta en una síntesis muy personal.

Hay en su obra imaginaciones que parecen salir de un estado de duermevela, cuando nuestras ensoñaciones emergen de lo insondable. Al despertar tratas de aferrarlas. Me pareció que algo de eso es lo que Barceló plasmaba en sus cuadros, sobre todo en aquellos que me sorprendieron cuando lo descubrí.

Miquel Barcelo. Petit Amour Fou.

Miquel Barcelo. “Petit Amour Fou”

Sus esculturas y relieves tienden al surrealismo, sin que falte la herencia de Gaudí y el pathos del expresionismo. Hoy es mi intención reflexionar sobre los cortinones de arcilla con que ha tapizado la capilla gótica del Santísimo en Palma.

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La Eucaristía submarina

Según he leído, el cabildo y el arzobispado le adjudicaron la obra a pesar de ser manifiestamente descreído y anticlerical. Aceptaron la provocación y hasta el obispo de Palma pidió ser enterrado en ella. El artista ha plasmado en esa capilla, con el pretexto del milagro de los panes y los peces (notoria alegoría de la Eucaristía) sus propios fantasmas, al menos así lo veo yo.

¿Pero cuáles fantasmas?

En la biografía de Barceló se suele hablar de una infancia en Felanitx al amparo de su madre pintora. De los años de escolarización anteriores a su ingreso en la Escuela de Artes Decorativas de Palma a los quince años no he encontrado nada, ningún dato sobre su escuela primaria ni sobre en qué colegio cursó estudios secundarios.

¿Se trasparentan en forma alegórica en la capilla del Santísimo de Palma los recuerdos de una educación en centros religiosos?

Hábitos de antaño. Crónicas del Helesponto

Hábitos de antaño. Crónicas del Helesponto

Quienes hayan frecuentado escuelas gestionadas por religiosos en las décadas posteriores a la guerra civil (en Felanitx hay un colegio de las madres teatinas y otro de los padres teatinos) habrán guardado memoria de la importancia que se otorgaba al acto de comulgar a diario y a la confesión semanal. Normalmente para llegar a ser un genuino anticlerical, como se ha dicho que lo es el artista, se ha tenido que crecer entre clérigos.

En todo caso, por el momento nos movemos en el terreno de la hipótesis.

El pez negro. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

El pez negro. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

 

Pez devorador. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Pez devorador. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Olas negras. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Olas fúnebres. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

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Desde mi perspectiva los peces de la capilla son peces comulgantes

En trance de comulgar. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

En trance de comulgar. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

¿Memorias?

Comulgante. Catholic net

Comulgante. Catholic.net

Comulgante. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Pez comulgante. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Estos peces que abren su boca en busca de alimento, no son a mi modo de ver una alegoría del milagro de los panes y los peces, sino peces que abren la boca para comulgar.

Peces comulgantes y anzuelo con cebo. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Peces comulgantes y anzuelo con cebo. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Algunos quieren escapar del pulpo

Atrapados por el pulpo. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Atrapados por el pulpo. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

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Por la izquierda apreciamos un amasijo de tumores submarinos (los pólipos lo son en cierto modo).

Amasijo de pólipos. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Amasijo de pólipos. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

En el centro del mural se debate la única imagen luminosa del conjunto, un resucitado anfibio.

Presencia del Resucitado. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Presencia del Resucitado. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Hacia la derecha nuestra mirada descubre un mundo de inquietantes vegetales y un cúmulo de ánforas (¿cargamento de pecios olvidados?)

Palmera. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Palmera. Miquel Barceló. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

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Los visitantes se sientan, la guía trata de explicarles sin pronunciarse.  Adoptando un tono neutral sentencia: “hay a quienes gusta y a quienes no”…

“¿ustedes qué piensan?”…

los turistas siguen tan mudos como los peces atónitos de Barceló

TTuristas en la capilla de Barceló. Foto R.Puig

Turistas en la capilla de Barceló. Foto R.Puig

Unos escuchan por sus auriculares las explicaciones oficiales, otros se hacen selfies frente al mural.

Al fin y al cabo el arte puede aunar horribile formosum en una misma obra; puede ser a la vez tremendum et fascinans, como refiriéndose a la experiencia religiosa explicaba Rudolf Otto (1869-1937) y el intento de Barceló se supone que es contribuir  a ella.

Añadiría yo que en el intento de alcanzar una tan esforzada síntesis de extremos, no siempre se logra sortear el riesgo del ridiculum.

Pero no seré yo quien zanje, pues cabildos tiene la Iglesia.

A más alto nivel, en Avignon, un papa pez nos interpela: “¿usted qué piensa?”

El papa pez. Palacio de los papas. Avignon 2011. Miquel Barceló. Pinterest

El papa pez. Palacio de los papas. Avignon 2011. Miquel Barceló. Fuente: Pinterest

Pero aún quedan círculos más altos: si un día la Virgen Dormida saliera de su sueño en la capilla adyacente podría contarnos mucho más, quizás incluso revelara lo que en el subconsciente agitó la inspiración del artista durante el largo proceso de ideación y ejecución de su obra.

Al fin y al cabo ha estado ahí, escuchándolo todo.

La virgen duerme. Foto R.Puig

La virgen duerme. Catedral de Palma de Mallorca. Foto R.Puig

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Nota: pido disculpas por la mala calidad de mis instantánea, pero para compensarla pueden hacer clic aquí en el blog de un ingeniero madrileño perdido en Mallorca. 

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Terminus

El tiempo y la muerte. Catedral de Palma. Foto R.Puig

“Omnes quidem resurgemus sed non omnes immutabimur” (latín eclesiástico)

Algo asustado por el mensaje que voy pisando (“Todos sin duda resucitamos pero no todos nos transfiguramos”) salgo de la catedral en busca de sosiego…

 

¿Algún rincón tranquilo?

El claustro de San Francisco, Palma. Foto R.Puig

El claustro de San Francisco, Palma de Mallorca. Foto R.Puig

Pues sí, ¡sí que hay lugares sosegados en Palma de Mallorca! Al menos uno en donde estoy completamente solo.

Lo recomiendo: para quitarse el susto nada mejor que dar varias vueltas a paso de fraile por el claustro gótico de la iglesia de San Francisco (siglos XIV y XV).

El claustro de San Francisco. Palma. Foto R.Puig

El claustro de San Francisco. Palma. Foto R.Puig

No sólo no hay absolutamente nadie que lo esté visitando, es que hasta la joven que me vende el billete está preparando sus exámenes de Derecho Constitucional. La felicito, pues por estas islas se necesita cada día más un poco de sabiduría constitucional.

No sé lo que me diría Ramón Llull (1232 – 1315  o 1316). ¡Bastante tiene con mantenerse de pérfil en su tumba!

Levitante Ramon LLull. Foto R.Puig

Levitante Ramon LLull. Iglesia de San Francisco. Palma de Mallorca. Foto R.Puig

 

 

 

 

Trashumancia 2018 (y 4). En la abadía de Fontefroide

15 julio, 2018
Dormitorio de los conversos. Fontefroide. Foto R.Puig

Dormitorio de los “conversos” (hermanos legos). Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

Después de haber pasado por la de Fontenay, la visita a la Abadía de Fontefroide, como quien dice a dos pasos de Narbona, en la comarca del Narbonaisse méditerranée, suscita una sensación de bis repetita , aunque no necesariamente en el sentido horaciano de que las cosas cuando repetidas dos veces han de gustar más

La iglesia abacial desde los jardines. Fontefroide. Foto R.Puig

La iglesia abacial desde los jardines. Fontefroide. Foto R.Puig

Historias

La disposición de lo que queda de la fundación cisterciense en el siglo XII, siguiendo la tradición del Cister, es muy similar, pero la intensa explotación comercial  y los añadidos y re-decoraciones de los sucesivos propietarios, que hoy son prósperos viticultores, te obligan a un esfuerzo de abstracción, si es que quieres remontarte un poco a los tiempos en que este lugar era un centro de cultura medieval, con todas sus luces y sus sombras (de aquí partió la guerra a muerte contra los albigenses), donde, beneficiarios de donaciones señoriales, los monjes contemplaban, cantaban y oraban  y los “conversos”, es decir los hermanos legos, laboraban. Naturalmente también tenían su propio refectorio para recobrar fuerzas.

Abadía de Fontefroide. Refectorio de los hermanos legos. Foto R.Puig

Abadía de Fontefroide. Refectorio de los hermanos legos. Foto R.Puig

Contrariamente a Fontenay, donde las intervenciones han sido exquisitamente respetuosas de los orígenes, en Fontefroide, la vena artística de Gustave Fayet, apoyado por su esposa Madeleine, no siempre, a mi modo de ver, ha sabido refrenarse en su trabajo de re-creación, aunque esa familia tuvo el mérito de comprar la abadía en 1908, salvándola del abandono. Hoy la gestiona una sociedad con 45 co-propietarios, muchos de ellos descendientes de aquellos tatarabuelos. El centro es un lugar de animaciones y eventos, lo que, entre otras cosas incluye turismo de negocios, fines de semana temáticos, festivales y conciertos, viticultura, enoturismo, gastronomía y catering. Y, viticultura obliga, del motivo de los pámpanos se abusa por sus rincones.

Dormitorio de los conversos.Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig

Dormitorio de los conversos. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig

Sea como sea, me han parecido muy atractivos los collages de Richard Burgsthal (1884 – 1944) compuestos con los restos de vitrales destruidos o hechos añicos durante los bombardeos de la I Guerra Mundial en el norte de Francia.

Dormitorio de los conversos. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig

Dormitorio de “los conversos”. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig

Este trabajo permite observar de cerca lo que en los vitrales de los templos medievales no podemos observar sin recurrir a unos prismáticos. Mi modesta opinión es que las cimas del expresionismo pictórico del sigo XX ya habían sido anticipadas por los anónimos ilustradores de las vidrieras del románico y del gótico, durante aquellos que injustamente se dieron en llamar los “siglos oscuros”.

Dormitorio de los conversos. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig

Dormitorio de los conversos. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig

En los ventanales de la iglesia abacial (aquí ya es necesario el teleobjetivo) se puede apreciar como aquel artista de las vidrieras reflejaba la herencia del expresionismo medieval, no sólo en sus collages de antiguos fragmentos anónimos, sino también en sus propios vitrales modernistas.

San Andrés según Richard Burgsthal. Iglesia abacial de Fontefroide. Foto R.Puig

San Andrés según Richard Burgsthal. Iglesia abacial de Fontefroide. Foto R.Puig

La raíz medieval que se aprecia en los pintores modernistas puede también descubrirse en la escultura de un coetáneo sueco de Burgsthal (aunque veinte años más longevo) del que hemos hablado en este blog. Me refiero a Carl Milles y a su expresionismo gótico.

En definitiva, en los dominios del Arte también caminamos “asentados sobre espaldas de gigantes”, aunque muchos de ellos sean hoy completamente anónimos.

Capiteles del claustro. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

Capiteles del claustro. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

Las capillas laterales de la iglesia abacial nos deparan también algunas sorpresas, por ejemplo el recuerdo del monseñor español y catalán Antonio María Claret (1807 – 1870) que escapó de España para refugiarse y morir pocos meses después en la abadía, no por incitar a la creación de una república sino por todo lo contrario, ya que fue acusado de excesivo apego e influencia como confesor de la reina Isabel II (1830 – 1904).

Interior de la iglesia abacial. Fontefroide. Foto R.Puig

Interior de la iglesia abacial. Fontefroide. Foto R.Puig

No soy yo quien para juzgar si este santo varón tuvo algunas dotes de rasputín cortesano. El caso es que, cuando la revolución encabezada por el General Prim (1814 – 1870) destronó a la reina, él la siguió camino del exilio en Francia.

Memoria de otro exiliado catalán. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

Memoria de otro exiliado catalán. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

Así que no sólo los monjes cistercienses meditaron sobre los novísimos por estos claustros

El claustro desde los jardines. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

El claustro desde los jardines. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

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Agua

El agua es otra protagonista de esta abadía de la Fuentefría. Gracias a la abundancia de la misma se fundó y aún sigue manando por sus jardines

Abadía de Fontefroide. Un estanque. Foto R.Puig

Abadía de Fontefroide. Un estanque. Foto R.Puig

Allá por el siglo XVII alguien instaló un apático Neptuno en medio de las frondosas terrazas que dominan la abadía.

Neptuno en sus jardines. Fontefroide. Foto R.Puig

Neptuno en sus jardines. Fontefroide. Foto R.Puig

No muy lejos, un bloguero fatigado se tomaba un respiro

Visitante en Fontefroide. Foto R.Puig

Visitante en Fontefroide. Foto R.Puig

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Paisajes

En las cercanías de la abadía hay parajes de serena belleza. El camping casi vacío donde pernocté antes de visitarla, me ofreció, a pocos kilómetros de distancia, este atardecer (la foto está tomada desde el borde mismo de mi parcela).

Parajes de Fontefroide. Foto R.Puig

Parajes de Fontefroide. Foto R.Puig

De todas formas yo no puedo competir con el magnífico reportaje gráfico de un entusiasta del departamento del Aude que pueden admirar aquí.

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Detalles

Acabaré destacando algunos particulares junto a los que pasaban los turistas sin prestarles mayor atención, como es el caso de una de las puertas románicas originales hoy en desuso

Entrada románica del siglo XII. Fontefroide. Foto R.Puig

Entrada románica del siglo XII. Fontefroide. Foto R.Puig

o, muy cerca, un conmovedor San Roque, uno de los más famosos personajes del Languedoc, cuyo perro, no se sabe cuándo, alguien descabezó y de cuya leyenda hay exhaustiva información aquí

an Roque y su perro. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

San Roque y su perro. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig

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Peregrino como él, tras hacer provisión de algunas botellas del vino abacial (supongo que benditas), me alejo en mi carro camino de Barcelona (aunque mi diosa no me acompañaba, pues prefiere el avión)…


Abadía de Fontefroide. El carro de Apolo. Foto R.Puig

Abadía de Fontefroide. Apolo y Diana en su carro (recompuesto por un restaurador anónimo). Foto R.Puig

No sin antes, das gracias a Dios y manifestar mi aprecio de la tolerancia de San Benito…

Deo Gratias. Foto R.Puig

Aunque leemos que el vino de ninguna manera es propio de los monjes, como en nuestros días es imposible persuadirles de ello, convengamos al menos en no beber hasta la saciedad sino con moderación, porque el vino hace apostatar hasta a los sabios.

Regla de San Benito, 40, 6-7: “De la ración de bebida”

 

 

 

 

Refugiados judíos en 1938: Conferencia de Evian (6 – 15 de julio). Los tiempos cambian, los prejuicios se repiten.

8 julio, 2018
Lord Winterton en la Conferencia de Evian.  Foto de Heinrich Hoffmann/Ullstein/ Getty Images.

Lord Winterton en la Conferencia de Evian. Foto de Heinrich Hoffmann/Ullstein/ Getty Images

La llegada masiva de solicitantes de asilo y de protección internacional que se está viviendo en Europa a causa de las guerras y masacres en masa de la población civil en Medio Oriente es conocida. Por mi parte, mi opinión desde finales del 2015 no ha variado mucho, la publiqué en la revista Claves de Razón Práctica en enero del 2016: “Europa ante sí misma” . Entre tanto, como es tristemente sabido, la desunión entre los estados europeos se ha agravado dentro de la Unión Europea.

En el reciente Consejo Europeo del 28 y 29 de junio, las propuestas que la Comisión Europea había hecho hace tres años para establecer unas medidas solidarias en materia de asilo, acordes con las Convenciones de Naciones Unidas que todos los estados de la UE tienen suscritas, han sido definitivamente enterradas por los Estados de la UE.

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Mirando al pasado

Hace escasas semanas me daba yo una vuelta por la hemeroteca de Gotemburgo para leer lo que se discutía hace ochenta años sobre otra “crisis de refugiados”, la de los judíos que necesitaban salir de Alemania y de Austria tras las nefandas leyes de Núrenberg y la Anschluss, cuando la discriminación y la persecución estaban ya en marcha. En concreto quise ver las crónicas y editoriales de los diarios suecos sobre aquella conferencia, que reunió del 6 al 15 de julio de 1938 a numerosos países occidentales en el hotel Royal de Evian (Francia), junto al lago Leman.

Hotel Royal. Evian-les-Bains

Hotel Royal. Evian-les-Bains

No soy quien para resumir aquellos debates que concluyeron con la constitución de un Comité Intergubernamental para los Refugiados en Londres (al que no se dotó de recursos) y que confirmaron lo que ya pensaban los nazis: que, ante lo que ya se avecinaba, los gobiernos occidentales no se iban a mover en ayuda de los judíos que deseaban escapar por la estrecha puerta cinicamente abierta por el III Reich.

Concurrieron 27 países de América y de Europa, además de la Liga de Naciones. España estaba en guerra y el Estado Vaticano no apareció por allí. Para más inri, el “Alto Comisionado Alemán para los Refugiados” (sic) también fue uno de los invitados. Los judíos de Palestina fueron sólo “observadores”. Por otro lado, la potencia que tenía el mandato sobre ese territorio (Gran Bretaña) exigía que para un judío pudiese refugiarse en Palestina debía acreditar un capital de 1000 libras esterlinas de la época. Así que el representante británico en Evian, Lord Winterton, no mencionó Palestina como lugar de acogida, aunque sí se le ocurrió ofrecer Kenia como destino. El popular vespertino sueco Aftonbladet del 16 de julio lo anunciaba con un titular a toda página

Aftonbladet. 16 julio 1938

Hay un extenso resumen en inglés de las conclusiones donde se cita la cínica conclusión de su presidente:

I am happy to report that, due to the serious spirit of co-operation which has animated this first intergovernmental meeting, due to the deep-rooted conviction that we were dealing with a harrowing human problem, we have been able to recommend to our respective Governments the establishment of machinery that should, if we keep the wheels turning, bring about a real improvement in the lives and prospects of many millions of our fellow-men…

Our work must, and it will, continue, tirelessly, without interruption…..

From this time forward, the Intergovernmental Committee is in permanent session.  I shall expect the participating Government to remain in close contact with the Chairman in the interim between the adjournment to-day and the reconvening at London.

Cuatro meses más tarde, en noviembre, mientras se seguía soñando con apaciguar a la bestia hitleriana, en Alemania se producía la noche de los cristales rotos, el prólogo de lo que sería la SoahHitler ya tenía manos libres para el genocidio que siguió.

Por entonces, el pangermanismo tenía muchos adeptos en Suecia y las relaciones del abundante sector germanófilo de la sociedad sueca con el III Reich se reflejaban en los giras turísticas que publicitaba el diario Aftonbladet

Aftonbladet. Anuncio de viajes a Alemania. 8 julio 1938

Aftonbladet. Anuncio de viajes a Alemania. 8 julio 1938

El día 15 de julio, con motivo de la conclusión de la Conferencia de Evian, el mismo vespertino de Estocolmo, en su página editorial recomendaba al gobierno sueco:

¡NO IMPORTEMOS LA CUESTIÓN JUDÍA!

No importemos la cuestión judía. Aftonbladet 15 julio 1938

“No importemos la cuestión judía”. Aftonbladet 15 julio 1938

Probablemente se inspiraban en lo que el representante australiano en Evian, el Coronel Thomas W.White, Ministro de Comercio y Aduanas, había dicho: En nuestro país  no tenemos problemas raciales así que no queremos importar uno.

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Los principales diarios suecos de ámbito nacional reseñaron escasamente los debates de aquella conferencia, en la que curiosamente y como excepción, una dictadura latinoamericana, la de Trujillo, se ofreció a acoger y dar tierras a 100.000 judíos. Los motivos de aquél (que Vargas Llosa retrata en La fiesta del chivo) no estaban desprovistos del interés que tenía en aumentar la población blanca y además los nazis sólo permitían a los judíos expatriarse con lo puesto durante un breve período en que esta posibilidad estuvo abierta.  Los que consiguieron llegar a la República Dominicana fundaron la ciudad de Sosúa, que mantiene un museo virtual, en donde entre otras cosas se pueden ver las fotos de los niños judíos que llegaron o nacieron allí.

Sonja Topf. Nacida en Sosúa. Virtual Museum de Sosúa

Sonja Topf. Virtual Museum de Sosúa

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Una excepción en la prensa sueca de la época

El único diario sueco (de Gotemburgo) que informó día tras día sobre la Conferencia de Evian fue el Göteborgs Handels -och Sjöfarts- Tidning, más conocido como GHT. Fue el único periódico que se pronunció desde muy pronto contra la Alemania Nazi. Lo que le valió encendidas protestas de Herman Göring ante el gobierno sueco y condujo al secuestro de GHT en varias ocasiones. En Suecia se trataba de domesticar a Hitler con una política neutral y “apaciguadora”.

En los bancos de Austria. GHT. 9 julio 1938

En los bancos de Austria. GHT (“Diario del Comercio y la Marina Mercante”) 9 julio 1938

“EN AUSTRIA”

“Los judíos han sido desalojados de sus plazas. Eran demasiado buenos. En su lugar han venido los alemanes. Nosotros éramos demasiado malos”

El 7 de julio de 1938 el GHT informaba de la propuesta francesa para que los judíos fuesen acogidos en “la ricos y poco poblados países de Sudamérica”. La respuesta de Trujillo ya la henos resumido (Virgilio Trujillo Molina le representaba en la conferencia).  La de los demás representantes  latinoamericanos no la he consultado. Por el Perú estuvo alguien con un apellido bien conocido en su país, el filósofo, escritor y diplomático Francisco García Calderón Rey (1883-1953) acreditado en Francia como ministro plenipotenciario.

El representante inglés Lord Winterton proponía que los judíos en general se expatriasen en las colonias británicas y que los judíos alemanes se fuesen a Rumanía y Grecia.

La Feria de las flores en Evian. GHT 8 de julio de 1938

La Feria de las flores en Evian. GHT 8 de julio de 1938

El 8 de julio informaba bajo el título de Negras perspectivas en el Congreso de Evian que Gran Bretaña no manifestaba ningún interés y que Francia no acogería a ninguno.

El 11 de julio el periódico informa de que en Evian no se ha organizado ninguna protesta contra la barbarie del III Reich y que los participantes se muestran satisfechos con lo magros resultados de la conferencia.

El 12 de julio se hace eco de la posición sueca: su representante, Gösta Engzell manifestó que en cualquier caso sólo se acogería a quienes coincidiesen con el perfil que el país necesitase.

Delegados la conferencia de Evian. Fuente Yad Vashem

Delegados la conferencia de Evian. Fuente Yad Vashem

El 15 de julio el editorial de GHT se abría manifestando que está claro que la Conferencia de Evian no ha conseguido soluciones para la cuestión de los refugiados. Hacia el final del texto, después de reclamar que se acabe la ceguera con que se afronta la situación creada por el nazismo, proclamaba lo que, en aquellas fechas, no era entendido por otros:

Los delirios raciales no deben dirigir el destino de Europa

El trouble maker que escribía esto, el director de aquel periódico, odiado por los nazis y por quienes les apoyaban en Suecia, Torgny Segerstedt, no tuvo la satisfacción de ser testigo de la capitulación del III Reich, pues falleció el 31 de marzo de 1945.

Torgny Segerstedt. Karlstad 1876 - Gotemburgo 31 de marzo de 1945

Torgny Segerstedt. Karlstad 1876 – Gotemburgo 31 de marzo de 1945

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¿Hacia dónde vamos?

En Suecia no ocurre ya lo mismo, de hecho es el estado europeo que más refugiados acoge en proporción a su población y que, junto con la Alemania de Merkel, mejores medios de integración ofrece.

Pero sobre las posibilidades que el Consejo de los Estados Miembros de la UE ha pergeñado hace poco más de una semana para los solicitantes de asilo o de protección internacional, tendremos que acabar diciendo aquello que expuso Chaim Weizmann a un periodista del Manchester Guardian en 1936 refiriéndose a los judíos:

El mundo parece dividido en dos partes: aquellos lugares en los que los judíos no pueden vivir y aquellos en los que no pueden entrar

El grupo de países de Europa que conforma lo que se está denominando “el frente del rechazo” se han alineado con la segunda de las actitudes (entrada cero) frente a los refugiados.

Otros andan proponiendo medidas que no están nada claras y algunos de los del welcome no parecen entender que la acogida sin una buena organización y financiación de la integración no basta.

Sigo pensando que sólo un frente de auténtica cooperación reforzada (como la contempla el Tratado de la UE) puede desatar este nudo gordiano.

Es triste constatar que aunque los tiempos son otros, ochenta años no son nada y las pasiones y los pretextos son los mismos.


Bibliografía

Paul R. Bartrop,  The Evian Conference of 1938 and the Jewish Refugee Crisis, Palgrave/ Macmillan, 2018

 

Trashumancia 2018 (3). En la abadía de Fontenay

1 julio, 2018
Cuando se llega a Fontenay. Foto R.Puig

Cuando se llega a Fontenay. Foto R.Puig

Lo primero que encuentras al llegar a la recóndita abadía de Fontenay son las aguas limpias del arroyo del mismo nombre que surgen por debajo de sus edificios. El nombre latino original de este lugar es Fontenetum (“que nada sobre las aguas”). En un claro del bosque de Chastelum cerca de una fuente se establecieron en 1118 en vida de San Bernardo algunos monjes procedentes de Clairvaux (Claraval), la primera abadía del Cister, orden fundada por el santo como derivación de la congregación benedictina

Los trabajos de desecación de los terrenos pantanosos situados entre el arroyo ya nombrado y el torrente que desciende por la hondonada (combe) hoy llamada de San Bernardo requirieron de la construcción de diques y estanques en los dos cursos.

Hidrografía de Fontenay según ANDRÉ, Louis

Hidrografía de Fontenay según ANDRÉ, Louis (detalle p.20)

En el espíritu cisterciense, el agua, un elemento esencial para la ubicación de sus monasterios, “discurre y fertiliza las tierras así como las almas” (ANDRÉ, Louis, L’Abbaye de Fontenay. De Saint Bernard au Patrimoine mondial, Paris, Belin-Herscher, 2003, p.18). A lo largo de toda la visita se percibe como las corrientes de ambos arroyos y de varias fuentes de los alrededores discurre a través del recinto y bajo los edificios de la abadía.

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig

Las aguas mueven varios molinos, sirven para lavar el mineral de las explotaciones de extracción abierta o en pozos, así como para todas las demás necesidades, agrícolas, pecuarias, piscícolas, de ajardinamiento, de consumo o ceremoniales. Los trabajos de preparación de los terrenos tuvieron que ser muy arduas, sobre todo para la tecnología de la época.

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig

Pero una técnica especialmente avanzada para su tiempo con la que, según algunas hipótesis históricas (André, pp. 118-122), contaron los monjes fue la de mover una noria que hacía un eje de transmisión que permitía accionar los martillos pilones y los fuelles de la forja.

Noria para mover los martillos y fuelles. Foto R.Puig

Noria para mover los martillos y fuelles. Foto R.Puig

Obviamente, la que hoy día funciona es una recreación de la que se supone operaba en el siglo XII o un poco más tarde.

Eje transmisor para la forja en Fontenay. Foto R.Puig

Eje transmisor para la forja en Fontenay. Foto R.Puig

Los visitantes podemos asistir así a una demostración de las actividades de una forja medieval, bajo las bóvedas y junto a las chimeneas del edificio de talleres que debió de albergarla.

En la forja de Fontenay. Foto R.Puig.

En la forja de Fontenay. Foto R.Puig

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En los comienzos de la fundación del Císter

La entrada de la abadía de Fontenay. Foto R.Puig

La entrada de la abadía de Fontenay. Foto R.Puig

Después de haber visitado la abadía pienso que el visitante ganaría en comprensión de su contexto, si antes de iniciar la visita pasase por el edificio que alberga la tienda-librería donde, además de las salas anexas donde se expone la colección Aynard de tallas medievales, se proyecta un vidéo que seguramente ayudará al profano a situar este monumento en su época y a aproximarse a su sentido original.

Escudo de los Reinos de Castilla y León. s. XIV. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

Escudo de los Reinos unidos de Castilla y León. s. XIV. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

La de Fontenay es la segunda abadía del movimiento de recuperación renovadora de la regla de San Benito que un monje benedictino, Bernardo de Clairvaux (Claraval), fundó junto con la abadía del mismo nombre, la primera de una larga serie.

La red de monasterios del Cister en la Francia de los siglos XII y XIII. ANDRÉ, Louis p.44

La red de monasterios del Cister en la Francia de los siglos XII y XIII. ANDRÉ, Louis p.44

Sobre lo que aquel movimiento supuso en todos los órdenes, por supuesto no sólo en el campo religioso, no soy yo el llamado a explicarlo aquí.

Dormitorio. Fontenay. Foto R.Puig

Dormitorio monacal. Fontenay. Foto R.Puig

El plano del conjunto es muy parecido al de la abadía fundacional.

Plano de la abadía cisterciense de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p. 27

Plano de la abadía cisterciense de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p. 27

Las partes en trazo débil corresponden a edificaciones que no han llegado hasta nuestros días. Este es el caso del pórtico de la iglesia abacial, del que sólo quedan las ménsulas de soporte de las vigas de su techumbre que sobresalen de la fachada.

Fachada de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Fachada de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

La Revolución Francesa acabó con la vida monacal en estos recintos, aunque los doscientos cistercienses que alcanzaron a vivir aquí entre los siglos XII y XIII, a finales del siglo XVIII se habían reducido a doce. La disminución se debió en buena parte a la pérdida de la autonomía que la orden había tenido en sus primeros siglos, en buena medida por el regalismo de la monarquía francesa, que acabó controlando y nombrando a los abades desde el siglo XVI. El hermanamiento del Trono y del Altar también tuvo mucho que ver en la violencia que la burguesía revolucionaria ejerció contra todo lo que oliese a privilegios religiosos.

Fontenay pasó a ser una propiedad del Estado, subastada como tantas otras. En 1820 fue Elie de Montgolfier, descendiente de los hermanos que inventaron el globo viajero, quien la compró.

La abundancia de agua era idónea para convertir el conjunto en una fábrica de papel.

Estado de la nave de la iglesia abacial de Fontenay en 1890, ANDRÉ, Louis, p.79

Estado de la nave de la iglesia abacial de Fontenay en 1890, ANDRÉ, Louis, p.79

Menos mal que la adquisición del conjunto en 1906 por el banquero y coleccionista de arte Edouard Aynard (que se la compró a su suegro Raymond de Montgolfier) supuso el desmantelamiento de la papelera y el comienzo de una apasionada y modélica restauración del monumento en su sobria puridad cisterciense.

Nave central de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Nave central de la iglesia abacial de Fontenay restaurada. Foto R.Puig

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Miscelánea de mi visita

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

No repetiré datos o aspectos que se encuentran en internet,  sino que me limitaré a repasar mi galería personal y a comentar algún elemento curioso.

Por ejemplo, la sobria iconografía vegetal que se repite en los capiteles, en los carcomidos por el tiempo o en sus sustitutos posteriores

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

y que es muy significativa en los baldosines de pavimentos de la nave y en los bancos de la Sala Capitular.

Estos alicatados se fabricaban dentro del complejo artesano-industrial que funcionaba en la abadía y en sus alrededores.

Baldosas en la abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Baldosas en la abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Entre los baldosines hay un diseño muy abundante, yo diría que preponderante, que me ha llamado la atención. Es el de una flor que a mi juicio es hermafrodita (aunque lo someto al juicio de los botanistas).

Baldosa de un banco de la Sala Capitular de Fontenay.

Baldosa de motivo floral (¿hermafrodita?) de Fontenay.

Consultada la librera y un guía veterano de la abadía, no supieron darme una explicación y quedaron en trasladar la pregunta al conservador, quien me escribiría.  No sé si soy demasiado osado pero ¿no querrá ser un símbolo de la fertilidad espiritual del monje célibe? Lo dejo ahí.

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Están presentes también los calvarios medievales. Uno en la sala de la colección Aynard

Calvario del s. XIV. Detalle. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

Calvario del s. XIV. Detalle. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

y otro junto a la izquierda de la entrada de la abadía.

Calvario a la entrada de Fontenay. Foto R.Puig

Calvario a la entrada de Fontenay. Foto R.Puig

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El frente constituido por los diferentes edificios sigue el siguiente orden de izquierda a derecha (ver en el plano de más arriba):

Iglesia abacial, Columbario, Residencia de los abades legados, Enfermería y Forja en Fontenay. Foto R.Puig

Iglesia abacial, Columbario, Residencia de los abades legados, Enfermería y Forja en Fontenay. Foto R.Puig

Detrás del columbario está la casa del guardián del monasterio que es también el responsable de los perros. Por cierto, que los duques de Borgoña tenían a sus perros  de caza hospedados y adiestrados en la perrera del monasterio.

Enfermería de Fontenay. Foto R.Puig

Enfermería de Fontenay. Foto R.Puig

Se comienza la visita por la puerta de la iglesia, románica y minimalista como se corresponde al planteamiento de la arquitectura cisterciense.

Entrada a la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Entrada a la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

En su interior, hay varias obras escultóricas. Una virgen gótica de finales del siglo XIII, Notre Dame de Fontenay,

Virgen gótica en la abacial de Fontenay. Fines del siglo XIII. Foto R.Puig

Virgen gótica en la abacial de Fontenay. Fines del siglo XIII. Foto R.Puig

los diversos cuadros muy desfigurados de la vida de Jesucristo en el altar de la nave central

y diversas muestras del arte funerario medieval, piedras tumbales y estatuaria yacente de eclesiásticos, caballeros y nobles.

umba de Mello d'Époisses en la iglesia abacial de Fontenay. Detalle. Foto R.Puig

Tumba de Mello d’Époisses en la iglesia abacial de Fontenay. Detalle. Foto R.Puig

Detalle de la tumba del obispo inglés Ebrard de Norwich. Fontenay. Foto R.Puig

Detalle de la tumba del obispo inglés Ebrard de Norwich. Fontenay. Foto R.Puig

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Hay como es lógico que recorrer el claustro y entrar en sus dependencias adyacentes,

Claustro de Fontenay. Foto R.Puig

Claustro de Fontenay. Foto R.Puig

como la Sala Capitular,

Sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

Sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

en uno de cuyos bancos, cubierto con los baldosines de los que he hablado, me siento a leer el libro de Louis André, antiguo conservador del Patrimonio nacional, al que he recurrido en esta crónica.  No son precisamente cómodos.

Ventana de la sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

Ventana de la sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

Y, finalmente, el único lugar (junto con las cocinas y la enfermería) donde se podía disfrutar de calefacción en invierno para que los copistas y miniaturistas pudiesen trabajar con cierto confort. La escalera lateral asciende hacia el dormitorio colectivo, de modo que algo del calor de este recinto se transmitía también a los durmientes, al menos a los que tenían la fortuna de estar cerca de ella.

Chauffoir de Fontenay. Foto R.Puig

Chauffoir de Fontenay. Foto R.Puig

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Se acaba la visita dando un paseo por los jardines. De  estos espacios han desaparecido varias dependencias originales como, por ejemplo, el refectorio.

Jardín de los simples de Fontenay. Foto R.Puig

“Jardín de los simples” de Fontenay. Foto R.Puig

El agua sigue omnipresente

Cascada de época barroca. Fontenay. Foto R.Puig

Cascada de época barroca. Fontenay. Foto R.Puig

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De Fontenay y su región me despedí el domingo 10 de junio camino de Narbonne y de su cercana abadía de Fontefroide.

La región de Fontenay. Fuente ANDRÉ, Louis

La región de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p.6

Desde sus 35 metros de altura y sus 6 metros de cintura el viejísimo platanus hispanica parece decirme au revoir

Platanus Hispanica plantado en 1780. Fontenay. Foto R.Puig

Platanus Hispanica plantado en 1780. Fontenay. Foto R.Puig

 


Bibliografía

ANDRÉ, Louis, L’Abbaye de Fontenay. De Saint Bernard au Patrimoine mondial, Paris, Belin-Herscher, 2003.