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Versión extraviada (10): improntas.

18 octubre, 2020
Virgen con el niño. Anónimo aragonés, siglo XIV. Museo de BB.AA. de Valencia. Foto R.Puig

Estoy trabajando a marchas forzadas para poder entregar la transcripción, con la introducción y las notas, al editor, antes de que las cosas se compliquen.

Para desplazarme utilizo el transporte público y presto atención a no ser seguido. No creo que nadie haya localizado mi apartamento, pero en todo caso aplico variaciones en mi fisionomía y vestimenta. Cuando me desplazo a pie procuro dar algunas vueltas, sobre todo tomo grandes precauciones antes de entrar en el banco para dejar una copia del nuevo material.

Roma, via del Tritone. Foto R.Puig

He aquí mis transcripciones más recientes de las manifestaciones de la madre de Jesús en las conversaciones con Samuel. En cuanto a Samuel, estoy trabajando en paralelo con algunas informaciones que escribió y no está muy claro si compartió con María o son posteriores a su muerte.

María:

En nuestra familia siempre nos habíamos reunido, sobre todo en las tardes de invierno, después de la cena, en torno a José y a otros parientes piadosos, artesanos de Nazaret y fieles habituales de la sinagoga para escuchar sus historias y parábolas. Unas veces nos tocaba en casa y otras en la de algún vecino. Es una tradición que viene de nuestros antepasados. Entre los judíos siempre ha sido así, la moral y las buenas costumbres se enseñan con cuentos y parábolas. A Jesús le gustaba desde muy pequeño sentarse junto a mí y escuchar sin perder palabra.

Por eso me emocionaba escucharle cuando me fue posible asistir a alguno de sus largos coloquios con los grupos o con la multitud que le seguía. No he podido estar presente tantas veces como lo hubieses deseado, porque además poco a poco se fue distanciando de nosotros, sobre todo después de la ejecución de Juan. Creo que también estaba preocupado, pues los fariseos y los enviados del sanedrín le seguían y le provocaban.

Ahora, con el tiempo, he comprendido que Jesús no quería tenerme cerca, pues temía por mi propia seguridad.  Entonces no me daba cuenta, pero tras sus últimas semanas y su muerte, y después de los peligros que corrimos todos, los discípulos y yo misma, he entendido que Jesús empezó a tomar precauciones desde muy pronto para evitarme riesgos.

Pero en sus primeras predicaciones descubrí al oírle que aquellas historias ejemplares que Jesús había escuchado en Nazaret se le habían quedado tan grabadas que ahora las utilizaba, a veces añadiendo cosas de su propia cosecha, para explicar a las gentes su mensaje de cambio y renovación de forma que le entendiesen todos.

Escuela de Cesare De Sesto, ss. XV-XVI Museo de BB.AA., Valencia. Foto R.Puig

Entre lo que yo le oí personalmente y las que algunos discípulos me han referido y han seguido usando tras su muerte, hay algunas que no se pueden olvidar, pues yo o su padre también se las repetimos cuando era pequeño. Hay una que se la escuchábamos también a un buen rabino de nuestra sinagoga, fallecido hace tantos años. Los campesinos de Galilea la podían entender bien pues hablaba de un sembrador que, la verdad de forma un poco alocada, echaba su semilla, pero no siempre sobre la buena tierra, así que los pájaros se comían un parte, otra crecía rápido, pero como había mucha piedra sus raíces no alcanzaban a la humedad y se secaba pronto; otra estaba rodeada de matojos, pues el sembrador no los había arrancado antes, no podía prosperar. Sólo las semillas que cayeron en la tierra fértil y profunda fructificaban. 

En Nazaret entendíamos bien estas parábolas. Todos habíamos escuchado las explicaciones y sabíamos bien cómo había que cuidar los campos y cómo se debía sembrar.  Pero cuando Jesús acababa de hablar ante tanta gente, y luego les miraba para preguntarles si habían entendido, pocos se quedaban. Así que solía seguir explicando a los restantes que la semilla es la palabra santa, es el mensaje del reino de los cielos, que unos ni siquiera quieren considerarla, pues están habituados a la maldad, otros están demasiado interesados por otras cosas terrenales, otros son inconstantes. Sólo los de la tierra buena son capaces de escuchar al profeta, al mensajero, al que anuncia el reino de los cielos, y de entender y de cambiar sus vidas.  

También utilizaba otras parábolas campesinas que había escuchado en nuestro pueblo, como la del grano de mostaza, tan pequeño y sin embargo es tan grande la planta cuando crece. O la de los malvados que prosperan y crecen en medio de los buenos, como la cizaña crece en medio del trigo, por lo que hay que tener cuidado en no generalizar y no castigar a todos por la culpa de unos pocos, para que no paguen justos por pecadores, pues ya les llegará su hora de ser separados del trigo limpio y ser quemados.

Campo de trigo en Borgoña. Foto R.Puig

Una que aprendió de mi es la de la masa del pan que crece y aumenta gracias a un poquito de levadura. Yo se la enseñé cuando me observaba preparando las hogazas. “¿Ves, Jesús, que la harina crece hasta hacerse un buen pan, gracias a la bondad de este poquito de levadura que parece tan insignificante? Tú eres un niño, pero eres bueno, un día podrás hacer buenos a otros, a muchísimos otros que necesitarán tu ayuda, del mismo modo que esta poca levadura alza y multiplica la masa para obtener un buen pan.” El me miraba y callaba. Pero he sabido que esta parábola se la repite a menudo a sus discípulos.

Mateo me leyó en Jerusalem algo de lo que estaba recopilando sobre los dichos y predicaciones de Jesús.  Hay algunas que hablan de pesca y seguramente se le ocurrieron a él cuando predicaba junto al lago. Otras hablan de comerciantes que descubren cosas valiosas, como perlas o tesoros escondidos. Yo le dije a Mateo que hay otra muchas de estas historias ejemplares las había aprendido en casa cuando era pequeño. No sé si lo dirá cuando difunda sus escritos. En general, las mujeres no somos importantes en la forma de pensar de los discípulos, la costumbre en Israel es dejarnos de lado. Los méritos se les atribuyen a los hombres.

Orillas del mar de Galilea por Cafarnaúm. Fuente 123rf.com

Fue en Galilea y sobre todo en Cafarnaúm donde Jesús empezó a sentirse seguro de sí mismo y donde se enfrentó con nuestras autoridades religiosas, volviendo una y otra vez a la sinagoga y haciendo uso de esa extraña fuerza que tenía para conseguir que los enfermos se sintieran curados.   

Su fama aumentó muchísimo, así que ya no sabíamos si lo que contaban era real o fruto de las pasiones que despertaba entre las masas. Yo creo que por eso se quedó tanto tiempo en Galilea. Fue así como decidió reclutar a sus discípulos entre hombres muy corrientes pero que le seguían a ojos cerrados. Los galileos son así, cuando se apasionan nada les para.   

A partir de entonces se fue desvinculando de la familia. Tenía otra familia que le arropaba y, en cierta manera, le protegía. Yo me sentía innecesaria. Sus hermanos estaban bastante irritados, pues en una ocasión dijo que la gente que estaba sentada escuchándole esos eran de verdad su madre y sus hermanos. Yo creo que entendí luego lo que quería decir, pero no ellos, pues además habían venido con provisiones. Incluso, Jesús, me pidió disculpas al día siguiente por haber sido tan brusco y tan tajante.   

Sus hermanos no quisieron saber de él durante más de un año, hasta la entrada en Jerusalem antes de su muerte, que les impresionó mucho. Ahora son muy activos en la comunidad de Jerusalem y me reprochan que yo sea tan escéptica sobre todo lo que están predicando y sobre los portentos que admiten como irrefutables.    

Me tienen de nuevo muy preocupada, pues ya ha habido víctimas como es el caso de uno que se llamaba Esteban al que han lapidado.

San Esteban protomártir. Tesoro de la la catedral de Auxerre. Foto R.Puig

Recuerdo lo que me contó José (mi hijo) sobre lo que ocurrió en Cafarnaúm, adonde había acudido para llevar  de mi parte algo de ayuda a Jesús: se produjo una discusión con un grupo de fariseos y escribas que habían venido de Jerusalem.  Se habían sentado a comer, José entre ellos, y, como la mayoría de los trabajadores y de los pescadores del lago no habían hecho las abluciones rituales. Lo fariseos que les seguían para espiar a Jesús se escandalizaron mucho y le acusaron de ir contra la tradición de nuestros padres.

Curiosamente, Jesús les respondió con lo mismo que yo le había enseñado de pequeño, que todas esas purificaciones obligaban en realidad a los sacerdotes que servían en el templo y que poco a poco se habían impuesto a todos los judíos abusivamente. Incluso el marido de mi prima, Zacarías, aunque era sacerdote, lo veía así. Me contó José que Jesús les dijo que eran unos hipócritas, pues otras verdaderas obligaciones de los judíos, como honrar a los padres, ellos las quebrantaban por su avaricia, inventando fórmulas para justificarse.    

Les reprochó que se preocupasen por la contaminación de cosas que van al vientre y luego se eliminan con las heces y, sin embargo, no luchasen contra la contaminación moral y las perversiones que ellos mismos toleraban y aceptaban en el pueblo de Israel. Son las maldades que salen del corazón las que de verdad contaminan.

Feria de platos típicos en Guadalupe, Perú. Fuente: Luisa Vetter y Rebeca Aliaga .

Ha ocurrido algo extraño cuando circulaba en mi coche por la Vía Cassia en dirección a Viterbo para entrevistarme fuera de Roma con el padre Geschner que me quería informar de sus pesquisas para localizar a Jeffrey. Un vehículo negro con cristales tintados ha entrado desde el acceso de la vía Trionfale tan violentamente que he tenido que frenar y maniobrar al carril del centro para no ser impactado. Después, extrañamente a reducido su marcha y me ha dejado pasar, pero ha comenzado a seguirme.

He tomado un rápida decisión y me he detenido bruscamente en el arcén antes de La Storta, con lo cual no ha tenido más remedio que adelantarme. He proseguido cuando se alejaba y cuando he visto que continuaba hacia Viterbo he tomado rápidamente la salida hacia Bracciano por la via Braccianense…

Curva en la Via Braccianense. Fuente : http://www.centumcellae.it/

Por el momento dejo la continuación para el próximo capítulo…


Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

Algo más del otoño

11 octubre, 2020

A la vera del estanque. Foto R.Puig

Hace dos semanas, en estas crónicas de la estación, nos entretuvimos con las dalias del otoño, que al poco tiempo fueron retiradas de sus parterres en el Jardín Botánico para prepararlos a la llegada de los fríos. Pero hay muchos otros paseos posibles en Gotemburgo, y las temperaturas suaves y un sol oblicuo que acaricia tímido al caminante invitan al ocioso deambular, sin excluir la bicicleta que no es sólo para el verano…

Dulce torpor. Foto R.Puig

Cuando, a juicio del viandante, las piernas ya se han entrenado suficiente, y la pereza es pecado venial, quién nos reprochará que nos concedamos una ración de banco frente a los nenúfares sin flor, mientras el Padre Sol nos sonríe benigno.

Las piernas ya se han entrenado suficiente. Foto R.Puig

Bueno, no todos dejan de mover las piernas, aunque sean piernecillas infantiles…

Al parque con papá. Foto R.Puig

A la vera del estanque esta personilla aprende a manejar un patinete. No muy lejos de ahí la el edificio de la universidad, que, pasados los años, este precoz patinador quizás frecuentará, vegeta sin sus estudiantes, que se supone están frente a su ordenador tele-aprendiendo.

Triste y sola queda la universidad. Foto R.Puig

Confiemos en que en algunos libros resistan y no hayan sido, como dice la canción goliarda, empeñados en el “Monte de Piedad”.

Me pregunto si, no lejos del parque, en el elegante edificio del siglo XVIII, que me dicen se destinaba a albergue de investigadores universitarios visitantes, hay todavía alguno que siga laborando sesudo, indiferente a la pandemia

El albergue de los doctos. Foto R.Puig

Hacia el mar

Donde la ría se abre al mar. Foto R.Puig

Antes de ayer elegimos otro camino, el que flanquea la ría hacia el mar por la margen izquierda. Era día de semana y algunos cafés y restaurantes estaban abiertos y frecuentados por jubilados, en mesas que guardan la preceptiva “distancia social”. Tras la caminata, y en uno de ellos, en un ángulo soleado de la terraza, resguardados del viento, reponemos fuerzas con un café solidamente acompañado de…

Våfflorna. Foto Arla
Lugar del hallazgo culinario. Foto R.Puig

Algo que hace pensar

A unos cien metros admiramos el ejemplar desactivado de un oscuro artefacto con aspecto de virus letal, de esos a los que nunca sabremos cuantos muertos, civiles y combatientes, se les deben.

Salvo que haya por algún lugar un museo de la marina o un centro de estudios de la guerra que, abarcando los casi dos siglos de empleo de tales ingenios de muerte, se haya dedicado a contabilizar el número de sus víctimas.

“Monumento” a la mina submarina. Foto R.Puig

Esta visión nos remite al inventor que perfeccionó bombas similares para la armada del Zar de Rusia, el padre de Alfred Nobel (1833-1896), que fue un genio de numerosas patentes (no todas es verdad para la guerra), el ingeniero y empresario Immanuel Nobel (1801-1872).

Immanuel Nobel. Foto Staffan Löwstedt de retrato de un pintor anónimo. Svenska Dagbladet

Otros dos de sus hijos, los hermanos del famoso Alfred, es decir Robert (1829-1896) y Ludvig Nobel (1868-1946), no le fueron a la zaga con su desarrollos para la industria del petróleo y la maquinaria pesada, incluidas las modernas cureñas de cañones, aunque la dinamita diese mucha más fama al mecenas de los premios Nobel. En el proceso de desarrollo del famoso explosivo, se produjo una deflagración de nitroglicerina que mató al hermano menor, Emil Oskar (1843-1864) y a varios trabajadores de la factoría familiar de los alrededores de Estocolmo. Alfred había salido ese día, de otro modo no hubiéramos tenido los prestigiosos premios.

Ludvig fue también un empresario pionero en prestar servicios a sus trabajadores (viviendas, escuela para los hijos, colmado, capilla, etc.) y participación de un 40 % de los beneficios. Sus hijos Carl (1862-1893) y Emanuel (1859-1932), inventor y fabricante de motores diesel, convirtieron la empresa creada por su tío Robert, Branobel, en la mayor empresa de petróleo de su época, ubicada en Rusia.

Los bolcheviques les expropiaron todo, pero al llegar la perestroika el recuerdo de su obra se recuperó para la historia industrial de Rusia, siendo considerados a partir de entonces como “buenos capitalistas”.

Por el muelle

Colores de sol y sombra. Foto R.Puig

Seguimos el paseo por el muelle, donde sólo un barco, de los que se emplean para trasladar a los trabajadores de la ría, está amarrado. Es el “cisne del mar”, cuyo nombre combina el genitivo latino (maris) con el sueco (svanen = el cisne).

El “cisne del mar”. Foto R.Puig

El patrón que lo ha nombrado debe ser alguien entrado en años que aún guarda las reminiscencias de cuando los escolares salían del colegio sabiendo algo de latín.

En el resto del muelle hay una exhibición de argollas de amarre con nostalgia de barcos…

Argolla melancólica. Foto R.Puig
Ansia de mar. Foto R.Puig
Rombo y elipse. Foto R.Puig
¿Por qué me habéis abandonado? Foto R.Puig

Estos pesados artilugios suscitan mi instinto de adopción. De buena gana me llevaría una de esas rojizas argolla a casa, para colgarla de la pared del salón rodeada de azul y de barcos de madera. Pero no veo a nadie que me la quiera vender.

Tampoco entiendo cómo diablos habrá saltado la valle espinada el artista callejero, para entrar en el recinto de mantenimiento de los muelles y estampar esas letras rojiblancas sobre un gran contenedor

Graffitti prisionero. Foto R.Puig

Casi me iba a despedir con este graffitti que descubro rodeado del verde de los arbustos del camino.

Pero no voy a acabar aún, pues en estos días, cosa que ocurre cada dos por tres en un rincón del planeta, hay quienes se están matando unos a otros con ahínco por vaya usted qué fronteras por las tierras del Cáucaso.

Nada nuevo bajo el sol, pero es que ha coincidido con la concesión del Premio Nóbel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, y además me había enfrascado en la historia de las cuatro generaciones de la familia Nobel, pues me despertó la curiosidad la reseña de un libro en el Svenska Dagbladet sobre el patriarca de esa saga de inventores e industriales de artilugios de guerra.

Así que disculpad si acabo con una foto que me estremece y me conmueve. A estas horas quién sabe si están muertos o malheridos estos tres jóvenes de Nagorno Karabaj, que parten al frente confiados en el crucifijo que besan en el autobús que les conduce a la masacre en curso. No estoy tan seguro como Byung-Chul Han de que hoy estén desapareciendo los rituales, al menos no estos.

Fuente: Svenska Dagbladet, 7 de octubre 2020

DULCE BELLUM INEXPERTIS !


Nota :

Leo ayer que se han producido varias llamadas de la ONU a detener este conflicto entre Armenia y Azerbaiyán y que se ha anunciado una tregua en esta nueva guerra en el Cáucaso, para retirar heridos y muertos. También he leído que ni siquiera eso ha detenido las operaciones militares.

Versión extraviada (9): doble filo

4 octubre, 2020
Lucernario romano. Foto R.Puig

He trabajado intensamente durante las últimas dos semanas como un ermitaño, encerrado en mi apartamento de Roma. No me esperaba la llamada de ayer de un viejo amigo al que el Padre Geschner ha dado el número de mi telefonino. Es un jesuita al que conocí en mis años de juventud durante uno de los cursos de marxismo (de orientación crítica) de Mario Spinella, ya por entonces comunista abierto a todos los diálogos.

Me habla de una situación delicada y de una organización que estaría tratando de impedir la publicación de los textos de que ha dispuesto Jeffrey (hasta que por orden vaticana se los han secuestrado) y con los que yo estoy trabajando. Le tranquilizo, aunque él no me ha tranquilizado, y quedamos en vernos en cuanto haya entregado el material al editor.

De modo figurado me referiré a él como Padre Garrone. Me ha aconsejado un banco con cajas de seguridad donde debería guardar copia de todo lo que tengo entre manos. Al parecer hay una organización ultramontana que ha sabido del proyecto y, no se sabe si con el beneplácito de algún alto prelado vaticano o de alguien con conexiones de gran influencia en la curia del papa, está dispuesta a impedirlo cueste lo que cueste.

Escalera en el Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Medio en broma medio en serio, mi viejo amigo me ha advertido de que puedo elegir entre procurarme un berreto verde o conseguir ropa de monseñor en una sastrería especializada que me puede recomendar.

Tienda ad hoc. Roma. Foto R.Puig

Circularé pues con precaución. Hoy mismo he estado en el banco que me ha indicado y he guardado copias en una caja de seguridad. He hablado con el editor al que he puesto al corriente de la situación.

Pero volvamos a lo importante…

María:

Cuando Jesús se marchó al desierto le perdimos de vista durante casi dos meses. Algunos discípulos de Juan que volvían de paso por Nazaret, contaban que a Jesús no le habían visto, porque no estaba con la misma comunidad de eremitas que Juan, pero que sabían que ayunaba y meditaba y que, también era cada día más admirado entre los propios ascetas.

Lo que sí sabíamos es que entre aquellas comunidades había un poco de todo, sin que faltasen los que predicaban la rebelión contra los romanos. Yo no sabía con quienes estaba Jesús ni que ideas predominaban entre ellos. Jesús era de natural pacífico, pero en los últimos tiempos su sangre joven se dejaba notar, se indignaba a menudo con los abusos que en nombre de la religión se producían en Israel, con las cosas que se contaban de Herodes y sus cortesanos e, incluso, con la ocupación romana. Yo temía que en el desierto se uniese a grupos rebeldes. Todo ello podía ser extremadamente peligroso.

Cuando finalmente volvió estaba muy delgado y taciturno. No hablaba mucho, pero se recogía para orar. En aquellas semanas que sucedieron a su vuelta fue sin embargo cariñoso y ayudaba a sus hermanos en la carpintería y le gustaba salir a las tareas del campo y acompañar en el pastoreo.

Pero eso duró poco. Un buen día me dijo lo que yo ya presentía, que él tenía una misión que Yaveh le había encomendado y que iba a marchar a predicar la llegada de una renovación, de un reinado de la verdad y del amor. Lo que él llamaba el reino de los cielos. Así fue, como un día vinieron a buscarle algunos compañeros del desierto y marchó al encuentro de Juan, que por entonces predicaba a las orillas del Jordán. Le abracé y le vi alejarse durante un rato hasta que desapareció de mi vista por el camino de Cafarnaún.

Al principio me preocupaba si tenía suficiente para vivir. Con los primeros discípulos aumentaban más las dificultades. Algunos no tenían familia y podían dedicar lo que ganaban con su trabajo, o al menos una parte, a mantener el grupo. Después estaban las limosnas espontáneas de la gente que asistía a sus predicaciones. La verdad es que Jesús vivía con muy poco.

Era una comunidad pobre y austera. Cuando predicaba por Galilea yo podía a veces mandarle comida, especialmente productos de nuestro huerto. El taller de carpintería sólo daba para mantener a sus hermanos y primos, y a sus familias. De ahí no podía yo tocar nada. A veces, algunos amigos del pueblo me daban algo en secreto para que no se enterasen en la sinagoga y yo se lo hacía llegar.

Luego, conforme empezó a predicar por Judea y fue haciendo amigos entre familias ricas, judíos piadosos bien situados y con influencia, incluso algún funcionario acomodado de los romanos, me enteré de que la caja del grupo recibía donaciones generosas. Jesús era más y más invitado a las casas de esas familias, adonde venía con dos o tres discípulos. Allí tenía discusiones sobre la religión judía y sobre los cambios que él quería hacer. Venía en secreto algún miembro de la minoría del Sanedrín.

Por entonces a mi hijo ya no le faltaron recursos para mantener a su grupo y financiar sus desplazamientos. Incluso daban limosnas generosas a la pobre gente, en especial a los lisiados, que acudían a escucharle.

Todo esto me tranquilizaba, pero al mismo tiempo me iba sintiendo más marginada de su misión. Le veía poquísimo y ya no me invitaba a venir como cuando en Caná estuvimos juntos en una boda en la que ayudó a conseguir más vino, gracias a uno de sus amigos pudientes, cuando se estaba acabando. Luego han contado cosas que no son verdad sobre un enorme milagro. Yo creo que esa fue la última vez en que aceptó mostrarse conmigo en público. Su prestigio entre las gentes cultas y la frecuentación de sus amigos ricos le alejaron de nosotros. Me duele decirlo, pero en alguna manera parecía sentir que ya no estábamos a su nivel.

Ya no eran los tiempos en que en pleno campo repetía a la gente los sabios consejos de nuestra tradición que había aprendido de José y de mí.  Hubo un momento en que algunos discípulos de la primera hora comenzaron a ilusionarse con una forma de partido dentro del judaísmo. Jesús comenzó a sentir que secretamente algunos miembros influyentes de la sociedad le apoyarían cuando se enfrentase al círculo corrompido de las autoridades de Jerusalén. Por un lado se alejó de sus orígenes y no quiso dejarse ver con su madre y sus hermanos y, por otro, se arriesgó a venir a nuestra Ciudad Santa rodeado de multitudes que le aclamaban. No sólo se sintió el Mesías sino que creyó que iba a conseguir un gran cambio.

Y no sólo yo había perdido a mi hijo sino que él mismo corrió a su muerte brutal. Ahora que ha pasado tanto tiempo veo todo con más claridad. Cuando llegué tarde a Jerusalén y ya lo habían condenado me sentí impotente, no entendía. Fue cuando lo sepultamos y uno de sus amigos ricos, un fiel judío que se llamaba Nicodemo me contó a grandes rasgos lo que había pasado cuando vislumbré algo de aquella misión generosa en que mi hijo se había metido y en la que había perdido la vida. Pero a su madre y a mis otros hijos, a nuestra humilde familia y a los amigos de Nazaret, nos había dejado hacía ya tiempo

Magdalena penitente. Caravaggio. Galería Doria Pamphili. Roma. Foto R.Puig

María:

Por lo que vi en Jerusalén y por lo que ahora me cuentan los que llegan de allí, los jefes de la comunidad de los discípulos de Jesús no son partidarios de hacer lugar a las mujeres. Empezaron conmigo, cuando me pusieron bajo vigilancia con el pretexto de protegerme.  Me han enviado algún mensaje pidiéndome que vuelva, pero yo estoy bien en Nazareth y no quiero mezclarme con sus predicaciones. Mi hijo ya no está y no creo que aprobase todo lo que dicen.

Luego siguieron con María la de Magdala. No es que yo la aprecie especialmente, pero Jesús la amaba y me parece que si las cosas hubiesen marchado de otro modo, se habrían unido en matrimonio. Ella le seguía incondicionalmente y hacía todo lo posible por cuidarle. La verdad es que, en los años de la predicación de mi hijo, María  estuvo más cerca de él, que yo que soy su madre. En una ocasión en que hablamos, ella me pidió que hablase con Jesús. “No me quiere escuchar”, me dijo. Estaba muy angustiada porque se había enterado de los planes de matar a Jesús que tenían los miembros del Sanedrín. Se lo había dicho uno de los espías que le seguían a él y los discípulos. Era un pariente suyo de Magdala el que le advirtió.  

María trató de convencerle de que se retirase por un tiempo o que, al menos, no volviese por Judea. Su familia tenía unos huertos y unas casas en la orilla superior del lago Tiberíades.  Ella estaba loca por Jesús y querían que fuese a vivir allí y fundar una familia. Jesús para entonces ya estaba absorbido por su misión y despreciaba los peligros que le amenazaban. María me confesó que sabía de antemano la respuesta de mi hijo, pero al menos había intentado protegerle. Por desgracia, sus temores se cumplieron.

El grupo de sus seguidores iba en aumento, ya no eran sólo los discípulos a los que él había ido eligiendo en persona; se habían sumado muchos otros, conocidos o menos de los primeros, y había quienes ya no tenían una visión pacífica del Reino de Dios. Había quienes compartían las ideas de los zelotas. Alguna vez me llegaron voces de que existía el peligro de que las autoridades romanas comenzaran a verlos como amenaza

Pinacoteca vaticana. Modelo de ángel de Bernini. Foto R.Puig

***

Hay que subrayar que los textos de los papiros incluyen no sólo declaraciones de María, la madre de Jesús, recogidos por Samuel en sus conversaciones con ella, sino también anotaciones de éste, en los que añade elementos que parece que no llego a conocer María.

Algunos hechos, como veremos más adelante, sí que se sintió obligado a dárselos a conocer, para corregir la información que a ella había llegado.

Entre sus notas la siguiente es interesante y premonitoria:

Samuel:

No he querido insistir, para no contribuir a lo que ya es agua pasada, pero en la cuestión relativa al dudoso carácter de algunos nuevos seguidores de Jesús, que a su madre le llegó a preocupar, por desgracia es cierto que hubo quienes acabaron por armarse de bastones y hasta de espadas y tuvieron bastante que ver con la intervención final de las autoridades romanas.

San Miguel enarbola su espada. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Por mi parte, no quisiera en modo alguno ser premonitorio, pero, dado que los textos que ya he mostrado, así como los que estoy editando y entrarán en conflicto con versiones canónicas, me temo que en las próximas semanas, si no ando con cuidado, pudiera tener que enfrentarme con situaciones que no deseo.

Mi amigo Garrone ya me ha advertido de que me mueva discretamente con transporte público, que deje el coche aparcado frente a mi domicilio actual, que camine por zonas donde haya gente y en horas diurnas y que, si se presentase alguna amenaza, me dirija a un lugar que hemos convenido.

Tengo la sensación de que, tarde o temprano, me pondrá en comunicación con Jeffrey.

Son tiempos en que a pesar de la apertura del Vaticano en cuestiones políticas y sociales, los enemigos de las novedades, tanto en materia de historia evangélica oficial como de lo que toque a los dogmas y misterios consolidados, están bien situados y pueden poner en dificultades a quien las proponga.

En la sala de la justicia. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8

Otoño con dalias

27 septiembre, 2020
Hacia el otoño, Foto R.Puig

El 21 de este mes los parques de Gotemburgo ya recibían al otoño con sus primeros tapices de hojas caídas, tejidos por el viento en tonos amarillos, ocres y bermejos, con sombras que cada día más se alargan.

Las sombras alargadas del otoño. Foto R.Puig

Día apropiado para deambular al azar por el Jardín Botánico. No sabemos si por la pandemia o por ser lunes, el caso es que no era problema guardar las prescritas distancias.

A la entrada del jardín botánico. Foto R.Puig

Se puede ascender hacia sus colinas…

Hacia el otoño. Foto R.Puig

Recorrer sus caminos flanqueados por árboles dentados…

Bajo la Catalpa Erubescens. Foto R.Puig

o erguidas alabardas…

Oscura alabarda. Foto R.Puig

Podemos acompasar la marcha con la de una inmóvil joven muda…

Fuera del camino. Foto R.Puig

sobre praderas de césped donde algunos árboles tienen sus propios cortesanos

El árbol y sus escoltas. Foto R.Puig

y alguna flor se ha perdido.

Extraviada en el prado. Foto R.Puig

Incluso, si estuviera permitido, podríamos recoger el trébol de la fortuna

¿Habrá uno de cuatro hojas? Foto R.Puig

Pero, sobre todo, es el tiempo de extasiarse con las

DALIAS

FotoR.Puig

Durante el Renacimiento se acuñó aquello del ser humano (el hombre en su sentido genérico) como centro del Universo. Luego vino Kant para explicarnos que el sentido de esa concepción se encuentra en el nexo verbal (el juicio), de modo que a las cosas la mirada y el pensar humanos confieren la existencia, sacándolas de una presencia inconsciente, para otorgarles su esencia, es decir su concepto.

No entraré en debates con escolásticos kantianos ni con los adalides del filosofar post-humano aunque el otoño sea propicio a divagaciones, pero hay algo que en el jardín botánico sentía: pensaba yo en sus jardineros (ellos y ellas) como los amos y señores de mi tiempo y de las esencias de las flores, mientras caminaba a lo largo de un esplendoroso muro de dalias con decenas de variedades y colores.

Foto R.Puig

No era yo quien con mi mirada las sacaba de una informulada presencia a su concepto sino, al contrario, era yo, como esos mínimos insectos que se posan en la que aquí preside, el que era arrastrado a la existencia. No quiero ponerme místico pero ¿no habéis sentido en ocasiones que ante una flor, el mar, un valle que se aleja entre montañas, una tormenta o un simple insecto vestido de colores extraños sois vosotros a quienes, la mirada inconsciente de las cosas os rejuvenece la conciencia?

Foto R.Puig

Las dalias fueron traídas a Europa por botanistas españoles de la época colonial que las encontraron en la Nueva España, donde los habitantes precolombinos las tenían en gran consideración, y en aprecio simbólico y medicinal, por lo menos en dos de sus variedades; como se puede leer en el artículo que la wikipedia consagra a la dalia:

En 1570, el médico del rey Felipe II, Francisco Hernández (1514-1517), fue enviado con la tarea de emprender una exploración de las nuevas tierras y reportar todo lo que encontrara. En su libro, “Historia de las Plantas de la Nueva España”, Hernández reporta dos especies de Dahlia conocidas por los aztecas como Acocotli y Cocoxochitl, que significa pipa de agua o bastón de agua”.

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En 1789, el director del Jardín Botánico de la Nueva España, Vicente Cervantes, envió las primeras semillas de Dahlia al sacerdote y botánico Antonio José de Cavanilles del Real Jardín Botánico de Madrid. Las semillas produjeron flores de brillantes colores, razón por la cual comenzaron a cultivar y seleccionar las más bellas para generar las grandes flores que ahora vemos. Cavanilles, quien describió por primera vez la planta, la nombró Dahlia en honor al botánico sueco Anders Dahl. Cavanilles se encargó de enviar semillas a diferentes jardines botánicos en Europa: Berlín, Dresde, París y Montpellier. También se encargó de enviarle semillas a la esposa del embajador británico en España, Lady Holland. Fue así como llegó hasta Londres

El texto original del naturalista español se perdió, al parecer en un incendio de la biblioteca de El Escorial, pero hay transcripciones y traducciones parciales que han guardado la memoria de como Francisco Hernández, investigó las plantas de la Nueva España y transmitió escrupulosamente sus descripciones. Las variedades de la dalia se multiplicaron a partir del envío de semillas por el citado Vicente Cervantes, el fundador del Real Jardín Botánico en la capital de la Nueva España, que ya se había formado en la ciencia botánica de la Ilustración.

Foto R.Puig

Merecidamente la dalia es la flor nacional de Méjico:

Así como el Ahuehuete es el árbol nacional mexicano por votación popular, la dalia es la Flor Nacional de México, de acuerdo al decreto expedido el 13 de mayo de 1963 por el Presidente Adolfo López Mateos, en esa fecha se oficializa a la Dalia como Símbolo de la Floricultura Nacional en todas sus especies y variedades

Foto R.Puig

Sin que tengamos que hervir ninguna raíz, hoja o flor de dalia (como interesaba señalar al médico toledano que camino miles de kilómetros por la Nueva España), sólo con detenerse hipnotizado ante cada una de las numerosas variedades de estos miles de dalias que florecen ahora en el jardín botánico de Gotemburgo, podemos sentir un efecto benéfico. Si a ello añadimos un largo paseo por sus veredas, nuestras articulaciones y la mente nos lo agradecerán.

Foto R.Puig

¡Si hasta parece que, a pesar de que entramos en el otoño, florecemos!

Foto R.Puig

Para terminar, si no le tienen miedo al castellano antiguo, pueden disfrutar a pequeños sorbitos en el facsímil de una antología que traduce algunos de aquellos textos latinos de Francisco Hernández que, por desgracia en su versión íntegra se perdieron, que de ellos se publicó en Méjico en 1615.

Francisco Hernández “De la Naturaleza y Virtudes de las Plantas y Animales en Nueva España…”, México 1615

Donde se comprueba que aquél naturalista no sólo se interesó por la ciencia de las plantas y sus usos medicinales de los habitantes de la América precolombina, sino que acabó dominando la lengua náhuatl de cuya terminología para nombrar las plantas que fue describiendo fue fiel transmisor.

***

Es hora de salir del jardín botánico sueco y lo hacemos rindiendo tributo a la majestad de los penachos de las plantas de los humildes repollos, que en la sección hortícola están protegidos por advertencias de que están ahí para ilustrar al visitante, pero en absoluto para que se los lleve a la cazuela.

Apuntes para la historia de un puente (2): Ya se percibe el Hisingsbron

20 septiembre, 2020
Nuevo y viejo.. Foto R.Puig

Hace ya dos años escribí aquí un reportaje sobre los inicios de la fascinante construcción del puente de Hisingen (Hisingsbron) sobre la ría de Gotemburgo, que sustituirá al viejo puente inaugurado en 1939, el Götaälvbron.

En los últimos días he paseado por los parajes, como un curioso jubilado que se interesa por el trabajo de los demás. Hoy traigo aquí las vistas del viejo puente y del nuevo, en proceso de construcción justo a su lado. No sé cuántos de mis lectores serán aficionados a las obras de ingeniería civil, esas que facilitan la vida diaria de millones de ciudadanos. Son trabajos de una gran complejidad que involucran a grupos de empresas, a cientos de especialistas de todos los niveles, desde los que se arriesgan a trabajar en alturas y posiciones inverosímiles hasta los que diseñan, planifican y dirigen; desde los que forjan inmensas estructuras de acero, hasta los que ajustan las más pequeñas piezas de esto gigantescos puzzles…

Por el viejo Götaälvbron. Foto R.Puig

Ayer anduve por la banda de los peatones, de las bicis y de los patinetes, del puente viejo, obra de acero de principios del siglo pasado, con las tecnologías de entonces. Está dotado de una parte levadiza que permite el paso de navíos, barcazas y buques voluminosos que vienen por la ría de Gotemburgo desde el oeste, desde el mar, enfilando la navegación de este Göta kanal, acabado en 1832, que atraviesa Suecia desde el lago Vänern hasta el Báltico y, conectando lagos, permite navegar a través de esclusas hasta el Báltico a barcazas y veleros de medio calado.

Mapa del este del Göta Kanal, desde el lago Vänern hasta el Báltico. Fuente Gotakanal.se

Desde Gotemburgo hasta Vänersborg sobre las orillas del Vänern. Se puede así navegar por el Göta älv y continuar hasta el canal atravesando ese gran lago. De este modo se completa toda la travesía entre la costa oeste y la costa este de Suecia.

Recorrido completo del canal. Fuente Cliohistoria.se

El venerable Götaälvbron empezaba a mostrar las goteras de su edad. Así que para el cuarto centenario de la ciudad en 2021 se planteó la necesidad de construir uno nuevo.

Puente viejo y viejo coche. Foto R.Puig

Dentro de unos años no asistiremos más a las subidas y bajadas del puente levadizo de viejo estilo.

El puente se eleva. Foto R.Puig

Ayer, mientras tomaba mis fotos, comenzó a sonar la campana y los semáforos viraron al rojo. Un empleado desde la torre me indicó que o reculaba o avanzaba, pero que no podía seguir sobre la plataforma que en minutos se levantaría. Así que reculé y me puse detrás de la barrera mientras el puente se abría y el tráfico se paraba. Llegaba una enorme barcaza, ayudada por dos remolcadores, cargada con altos tubos de acero y un enorme camión grúa, que exigía para transitar el alzamiento del puente.

Coches, peatones, motos, ciclistas y patinadores nos detuvimos mientras pasaba la barcaza hasta que descendió la plataforma y se levanto la barrera. Lo pueden ver en esta filmación que tomé para youtube.

El puente viejo y el nuevo que crece a su lado. Foto R.Puig
Vista de las obras desde debajo del puente viejo. Foto R.Puig
Supervisando la obra bajo los puentes. Foto R.Puig
Topografiando. Foto R.Puig
Alma de acero de un acceso en construcción. Foto R.Puig

Observar durante años la aparición de una nueva obra con este diseño y estas características destinada a sustituir el fruto del trabajo de hace un siglo, un puente que a millones de transeúntes y a la vida de una ciudad ha servido, produce una inevitable nostalgia. Hay veces que lo viejo y lo nuevo pueden seguir conviviendo, lo que no es el caso aquí.

Cuando se inaugure el Hisingsbron, comenzará el desmantelamiento del Götaälvsbron. Espero estar en buena forma para contarlo aquí.

Lo nuevo y lo viejo. Foto R.Puig

Decía que hay mucho de fascinante en esta obra, pero lo que atrae sobre todo la vista es la plataforma elevadiza y las torres dotadas de los mecanismos de tracción y ajuste necesarios, que en unos meses podremos ver en acción.

Plataforma levadiza del puente nuevo en construcción. Foto R.Puig

“El viaducto de acceso del tranvía (KTB) es una estructura conformada por 38 módulos metálicos y sus correspondientes columnas de apoyo que, una vez montados y acoplados en destino… Una vez instalado, será uno de los elementos más relevantes del puente Hisingsbron el cual permitirá el acceso y la circulación del tranvía”.

Así describe la plataforma levadiza la página web de la empresa de Utrera (Sevilla) que además de “la estructura para el tráfico ferroviario y las columnas metálicas para el soporte del tablero, ha fabricado los cuatro pilonos de izado del tramo levadizo. Estos elementos son los de mayor complejidad debido al grado de precisión y calidad requerida durante el proceso. El tablero levadizo tiene una medida de 46 metros de longitud. . El total de las estructuras metálicas construidas en Sevilla tienen un peso de 2.100 toneladas”

La plataforma elevadiza en el momento de su embarque en Sevilla. Foto TECADE

“Se habilitarán también otras vías para vehículos y bicicletas, ya que el puente Hisingsbron será lo suficientemente ancho como para albergar diferentes tipos de tráfico”.

Pilonos y mecanismos de elevación. Detalle. Foto R.Puig

Y así se verá desde el aire el nuevo puente entre el centro de Gotemburgo y los barrios de Hisingen.

Vista futura. Fuente Utrera web

Y la vida seguirá también bajo el nuevo puente…

Bajo los puentes. Foto R.Puig

Y los barcos y barcazas seguirán enfilando el canal hacia el centro de Suecia…

El Gota älv desde el puente viejo. Foto R.Puig

Y las estaciones seguirán alternándose en los parques de la ciudad…

Pasado mañana será otoño. Gotemburgo, 19 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Versión extraviada (8)

13 septiembre, 2020
Todo empezó en unas excavaciones en Siria. Foto Astelus

Han pasado cuatro semanas desde la publicación del anterior capítulo de la serie novelada que retomamos hoy. No está pues de más que ofrezcamos una rápida sinopsis de lo aparecido hasta el momento.

Resumen de los capítulos 1 a 7

Capítulos uno, dos y tres. El narrador hizo amistad a principios de los años 70 en el Perú con Elías Adler, un jesuita estadounidense de familia judía (sus padres había salido de Europa hacia los EE.UU durante el terror nazi), cuyo progenitor fue un reconocido catedrático en el campo de los estudios bíblicos, que ya lo era en la Universidad de Colonia desde los años veinte.

En 1982 se encuentra de nuevo con él en Jerusalem, con motivo de un viaje de trabajo, pues Elías es a la sazón investigador en el Instituto Bíblico y le cuenta la historia de un conjunto de papiros que su padre descubrió en sus años de catedrático en Colonia durante una expedición en Siria cerca de la frontera norte de Israel. Esto papiros en escritura caldaica resultaban ser unas memorias de María la madre de Jesús, recogidas por un escriba, Samuel, en el lapso de treinta años, en varias entrevistas tras la crucifixión y muerte de su hijo. Estos textos, que el padre había microfilmado y comenzado a interpretar, se los legó a Elías a su muerte; éste a su vez confía al narrador una copia de la traducción al inglés hasta el momento llevado a cabo.

En Jerusalem, el narrador saluda fugazmente a una conocida de su amigo llamada Laura Escobar.

Hasta aquí los tres primeros capítulos de la serie.

En el capítulo cuarto se reproduce la traducción al castellano de los primeros textos.

En el capítulo quinto y en 1987 el narrador encuentra de nuevo a Elías, enfermo de cáncer, en Chicago, exclaustrado y profesor universitario. Encuentra por casualidad a Laura, que ha ingresado en el Opus Dei y no tiene ya relación con su amigo, y a un viejo amigo común del narrador y de Elías, compañero de ambos en el Perú. Se trata de Jeffrey, jesuita en activo, que está al corriente de los trabajos que Elías tiene entre manos con el legado de su padre. Antes de volver a Europa el narrador recibe copias, junto con las transcripciones y traducción al inglés, de todo los cual desea  Elías que sus dos amigos concluyan con el editor la publicación proyectada.

A principios de 1988 el narrador retorna de nuevo a Chicago pues Elías ha muerto. Esperaba encontrar a Jeffrey en el funeral pero ha sido convocado a Roma por sus superiores. De los materiales que traía para trabajar con él, le sustraen del hotel las copias fotostáticas del manuscrito y las fotocopias de la transcripción. Por la descripción que le da el recepcionista, deduce que Laura Escobar se había hospedado también ahí esos días. En el capítulo se reproducen nuevas entrevistas de Samuel con María.

En el capítulo sexto continúan las transcripciones de entrevistas con María. Estamos ya 1989, undécimo año de pontificado del papa Wojtyla. El narrador está en Roma buscando infructuosamente a Jeffrey, de cuyo paradero los jesuitas le dan noticias contradictorias. El padre Geschner le comenta  que se ha ido a Siria a continuar sus investigaciones. Pero antes de viajar, el Vaticano le ha exigido a través de sus superiores, y ha obtenido, la entrega de todo el material. Un monseñor y un hombre de paisano vinieron acompañando al portavoz del Vaticano a recogerlo todo.

No está claro por qué, pero el padre Geschner advierte al narrador que puede ser arriesgado quedarse de pesquisas en Roma.

                                                       Sibila de Delfos, detalle. Capilla Sixtina

El capítulo séptimo sigue reproduciendo recuerdos de María y de Samuel.  

El narrador, que ha llegado de su oficina de Glasgow, ha decidido alquilar apartamento en Roma y seguir con el trabajo de preparación de la publicación, que la casa editorial urge.

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Capítulo 8

María:

Yo quería irme con Jesús para ayudarle, pero mis hijos se oponían y, además, mis hijas eran aún jóvenes y una de ellas, Myriam, estaba prometida a un vecino de Naín y había que hacer muchos preparativos para los esponsales.

De vez en cuando me llegaban noticias de él. Se había vuelto muy popular en las aldeas del mar de Galilea, sobre todo entre los pescadores, porque entre ellos había elegido a algunos de sus discípulos más fieles, que dejaban sus familias para irse con él. Había expulsado demonios, curado enfermos y detenido las olas de la tempestad. Mucha gente le seguía. Incluso me dijeron que había bajado hasta Efraím en Judea y que venían gentes del otro lado del Jordán desde Gadara y hasta había caravaneros que bajaban de Tiro y Sidón hacia Judea y que habían hecho una parada en su ruta para escucharle.

Un día, su primo Andrés apareció por Nazaret. Yo le pedí a mi hermana María que nos reuniéramos todos para tener noticias de Jesús. Durante horas y horas nos contó muchísimas cosas sobre lo que Jesús predicaba, lo que la gente decía de él y sobre sus poderes de sanador. Lo que más me emocionó es que Jesús repetía muchas cosas que yo le había enseñado de la tradición de nuestro rabinos más sabios. Hablaba de consolar a los afligidos, de que el Reino de los cielos sería de los pobres, de que los hambrientos serían saciados.

Me tranquilizó diciendo que no enseñaba nada contrario a la Torah, aunque polemizaba con los fariseos y sus prescripciones de la Halakah, y sobre todo con los arrogantes saduceos. La gente se sentía bien escuchando que muchas de las complicadas obligaciones que les imponían los doctores de la Ley no eran tan importantes. Sus seguidores amaban lo que predicaba sobre el perdón de las ofensas y el respeto de los preceptos de la Ley.

Nos contó Andrés, que había cosas en las que era más misericordioso que la Ley, por ejemplo cuando predicaba contra la venganza y la ley del talión, sobre el amor a amigos y enemigos. Pero en otra era más duro. No admitía el divorcio ni la costumbre de jurar. Prefería que se dijeses siempre la verdad, así que no era necesario jurar.

Le enojaba mucho la costumbre de los hipócritas que presumen de dar limosna y de rezar, que lo hacen en público para que todos los vean. Entonces me acordé de una vez, cuando era niño, que quiso dar le limosna a un pordiosero delante de la sinagoga y me pidió una moneda. En aquella ocasión yo le había dicho lo que me había enseñado mi abuelo: no te muestres dando la limosna, que sólo Dios lo sepa, que “ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que das con la derecha”.

También aprendí de pequeña a orar de forma sencilla a Dios nuestro Padre que está en los cielos, a aceptar su voluntad, a pedirle que nos perdone si hemos sabido perdonar, a que nos dé lo necesario para el sustento. Me dio mucha alegría saber que Jesús enseñaba a sus discípulos a rezar de ese modo que yo le había enseñado y a confiar en la Providencia de Dios que alimenta a las aves y viste a las flores del campo.

Tampoco quería que los discípulos juzgasen a los demás como hacen los hipócritas que condenan las faltas de los otros e ignoran sus propias faltas, mucho más graves. José le había enseñado estas cosas y le había insistido mucho en que no hiciera a otros lo que no le gustaba que le hicieran a él. Yo también había escuchado estas enseñanzas en la sinagoga. También le había enseñado que no es fácil salvarse, que pocos encontraban el buen camino y que había muchos falsos predicadores que engañaban a los buenos judíos, que a los buenos se les reconocía por sus obras, como al árbol bueno por sus frutos buenos.

Cuando Andrés nos explicó cómo Jesús hablaba de estas cosas, me entró una gran esperanza. Pensé que se había olvidado de sus ilusiones de Mesías y que estaba en camino de convertirse en un rabino santo, en un auténtico seguidor de la Ley, que podría mejorar muchas cosas, hacer mejor a nuestro pueblo, limpiarlo de hipocresías y maldades.

                               Catedral de Troyes. El árbol de Jesé, detalle. Foto R.Puig

Samuel, hay algo que me preocupa cada vez más. Te he dicho a menudo que me duele la forma en que todo ha sido desbordado por los discípulos de mi hijo, creando una serie de historias y propagándolas por todas partes. De vez en cuando pasan algunos por aquí en sus viajes de ida o de vuelta hacia Fenicia y Asia Menor. Incluso he hablado con discípulos que han estado ya predicando por las comunidades judías de Italia.

Siento que están haciendo de Jesús un ídolo, como esos que yo no he visto, pero que se veneran en los templos romanos de Tiro o de Sidón. No es este el Mesias que dicen fue mi hijo, no es este el esperado. Es verdad que él dejó que algunas de estas creencias crecieran en vida suya, alrededor de su persona. Fue imprudente. Pero no se imaginaba hasta donde llegaría todo esto.

Yo misma temo que, cuando muera, me trasformen en una especie de Diosa Madre. Al parecer también hay este tipo de ídolos en los templos romanos, mujeres-diosas. Si ya han hecho un dios de mi hijo, qué no se atreverán a hacer conmigo. Te ruego, que los que aún os mantenéis prudentes, lo impidáis.

Sigo en la Roma de Juan Pablo II trabajando en la edición de las entrevistas de Samuel con María, según los papiros que encontró el profesor Adler en los años veinte, durante su expedición con la Universidad de Colonia al otro lado del río Jordán. Cumplo con lo prometido a mi amigo Elías, fallecido en 1988 en Chicago, hijo del profesor alemán. He decido quedarme, pues quiero también averiguar lo sucedido a Jeffrey, implicado igualmente en esta edición.

No diré mi fuente, pero a partir de documentos de la Curia de los jesuitas en Roma, he averiguado que, a fines de los años setenta, habían circulado informaciones sobre unos papiros con manifestaciones de María que contradecían los Evangelios. A parecer el papa y el Opus Dei al que pertenecía su portavoz se habían mostrado inquietos. ¿Tendrán que ver con tales preocupaciones las advertencias del padre Geschner?


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

La playa se serena

6 septiembre, 2020
Amanecer en la playa a las siete, el 5 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Mar de los naufragios

Vengo del mar de los naufragios,

del corazón de la Odisea

en velero lejano de mares extensos,

tema de mis sueños y de mis cantos.

Traigo entre mis dedos susurros de sirenas.

He navegado en delirio a través del horizonte

en la espuma de mi aliento

y en mi pensamiento lujurioso,

subiendo y bajando mareas,

llena de artificios, imágenes, mástiles y velas.

Mi alma, mujer guerrera, sola en temporal

izando bandera pirata filistea al alba.

Me he tatuado el ancla al centro de mi pecho.

Nada detendrá el rumbo del timón,

ni vendaval, ni lluvia,

ni neblina, ni siquiera un arco iris luminoso,

buscando el límite entre lo prudente

y el espacio hondo y vasto del océano.

Mar, cielo, soledad, mar, voluptuosidad,

fuerza y voluntad. Mujer audaz,

calma tu mirada, húndela en el mar.

Gloria Gabuardi, Nicaragua (Managua, 1945)

El Montuver y los pescadores sobre el espigón al amanecer. 5 setiembre 2020. Foto R.Puig

Puerto quebrado

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras

que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros,
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

Andrea Cote Botero, Colombia / EE.UU (Barrancabermeja, 1981)

Primeras luces sobre los montes de la Marina., 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

El dogmatismo es la prisa de las ideas

Aquí junto a las dunas y los pinos,
mientras la tarde cae
en esta hora larga de belleza en el cielo
y hago mío sin prisa
el rojo libre de la luz,
pienso que soy el dueño del minuto que falta
para que el sol repose bajo el mar.Esa es mi razón, mi patrimonio,
después de tanta orilla
y de tanto horizonte,
ser el dueño del último minuto,
del minuto que falta para decir que sí,
para decir que no,
para llegar después al otro lado
de todo lo que afirmo y lo que niego.

Esa es mi razón
contra las frases hechas y el mañana,
mientras la tarde cae por amor a la vida,
y nada es por supuesto ni absoluto,
y el agua que deshace los periódicos
arrastra las palabras como peces de plata,
como espuma de ola
que sube y se matiza
dentro del corazón.

Aquí junto a las dunas y los pinos,
capitán de los barcos que cruzan mi mirada,
prometo no olvidar las cosas que me importan.

Tiempo para ser dueño del minuto que falta.
Pido el tiempo que roban las consignas
porque la prisa va con pies de plomo
y no deja pensar,
oír el canto de los mirlos,
sentir la piel,
ese único dogma del abrazo,
mi única razón, mi patrimonio.

Luis García Montero, España (Granada 1958)

La luna desde mi terraza al amanecer del 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Pasadas las invasiones motorizadas y las jaranas hasta la madrugada sobre la orilla, habituales durante las semanas calientes del período estival, la playa se serena lentamente, aunque aún quedan los pertinaces frecuentadores del bar de la esquina, ahora sólo abierto hasta la una de la noche (los “brotes” que ustedes saben les obligan).

Esta vuelta paulatina a la calma, con el otoño a la vista, quisiera ser una esperanza de que el ayuntamiento de Denia y el de Els Poblets lleguen a un acuerdo para arreglar, al menos poco a poco, los desbarajustes de esta playa, sitio único que debería estar protegido para el disfrute de ciudadanos respetuosos del medio ambiente. ¿Caerá esa breva? No entiendo de los arcanos de la pequeña política y de los crónicos desencuentros entre sus familias. Ya se sabe que de campanario a campanario a menudo las campanas no tañen en armonía…

Pero no perdamos la esperanza, el sol aún se alza cada día, aún podemos hipnotizarnos con este mar de nirvana.

Monje al amanecer, 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Breverías erasmianas (XLIII): “Nebulas diverberare ” (Dividir las nubes)

30 agosto, 2020
Dividir o azotar las nubes. Foto R.Puig

Mi amigo Alain Van Dievoet tradujo al latín hace años unos pastiches de un cineasta y escritor, también belga, Olivier Smolders, que se entretuvo en completar a su modo y en francés algunos adagios de Erasmo, lo que a nuestro humanista le habría ciertamente divertido, ya que en su Elogio de la locura y en sus Coloquios le debió bastante al humorismo de Luciano de Samosata de quien tradujo en compañía de Tomás Moro algunas de sus obras al latín.

Fueron 14 los adagios así modificados en estilo erasmiano en un texto atribuido al imaginario profesor Amédee Cantarel.

“Nebulas diverberare”

 Dividir las nubes

Adagio III VI, 38

Vayamos pues al breve comentario de Erasmo :

Νεφέλας ξαίνειν, id est Nebulas diverberare, dicitur, qui vel in re stulta vel quae fieri non queat frustra sumit operam. 

…lo de “dividir la nubes” se dice cuando alguien se empeña en una tarea necia o engañosa. 

… qui dixit nebulas esse lanam expansam, quasi similiter debeant carminari.

…hay quien dice que las nubes son masas de lana, que como tales hay que cardar

.

Fuente latina: Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pág 1767

“Cardar las nubes”. Grabado de Michel Smolders, 1997

Hasta aquí el brevísimo comentario de Erasmo, que se amplía con una creativa glosa, que a un imaginario profesor Cantarel atribuye Olivier Smolders, de la cual traduzco del francés lo siguiente:

“Azotar las nubes” parece sin embargo una constante del destino de todos los hombres. En efecto, ¿no es cierto que creemos nuestro deber armarnos de valor para abrir puertas que ya están abiertas o desafiar a molinos de viento, con disputas y exhibiciones intimidatorias, cuando en el fondo sabemos que la verdadera victoria es vencernos a nosotros mismos?

Lo que Alain Van Dievoet  traduce al latín emulando el estilo de Erasmo:

Tamen fata volunt, homines diverberare nuvolas. Etenim, vi maxima virtutis utimur ad portas apertas aperiendas, vel molenda innocua obsidenda, et it magnis cum moliminibus, cum tamen sciamus veram victoriam esse se vincere.

      Hans Holbein, dibujo al margen de un ejemplar del Elogio de la locura de Erasmo



Nota a la traducción del latín : el verbo latino diverbero se puede traducir como dividir o como azotar, significados que ambos casan bien con el sentido del adagio.

Referencia: Olivier Smolders, “14 adages d’Érasme d’après le manuscrit du professeur Cantarel”. Gravures originales du Michel Smolders. Traductions latines d’Alain Van Dievoet. Les Éditions du Sacarabèe à la Maison d’Érasme, Bruxelles, 1997.

Así era y así es. Playa de la Almadraba de Els Poblets 2002 a 2020

23 agosto, 2020

Han pasado 18 años entre las fotos de entonces y las de hoy, he publicado mucho sobre la Playa de la Almadraba de Els Poblets de la que soy vecino desde hace 19 años. Ha habido cambios para bien y, sin ser demasiado negativos, no todo es para ser celebrado.

Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2020 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2020 . Foto R.Puig
Los jóvenes de Villas del Alfar II de Playa de la Almadraba limpiándola en agosto 2002. Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en julio 2020. Foto Le Monde
Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en julio 2020. Foto R.Puig

Pero, bueno, como les decía, los amaneceres siguen siendo soberbios…

Y los atardeceres también…


Para otras entradas sobre nuestra Playa : pinchar en la nube de Temas frecuentes en “Playa de la Almadraba”

Versión extraviada (7)

16 agosto, 2020

Contra la opinión de Geschner sigo en Roma, me choca que Jeffrey esté trabajando en una edición castellana, cuando sabe que era una tarea que yo mismo me había ofrecido a realizar para él. Y si esta información no es cierta, sospecho que tampoco lo sea su desplazamiento a Siria.

Mas ¿por qué advertirme de que corro algún riesgo siguiendo en Roma?

Sigamos con el manuscrito de Samuel, al parecer las entrevistas siguientes se desarrollaban aún en Jerusalem, aunque el orden de los recuerdos no siga una línea temporal.

Capítulo 7

María:

María de Magdala fue diciendo que se le había aparecido Jesús. A mí no se me ha aparecido y soy su madre, y no sé quién ni cómo ha sacado su cuerpo de la tumba. Juan quería que yo testimoniase de ello y yo le he dicho que no puedo mentir. Por el contrario, que me diga qué han hecho con el cuerpo de Jesús y que me explique por qué están inventando todo eso.

Aunque puede que fuera una trama del Sanedrín, pues desde el principio pusieron guardias ante el sepulcro y ya desde el día siguiente a su muerte estaban inquietos porque se estaba convirtiendo en lugar de manifestaciones de fervor. Si fuese así, los discípulos aprovechan la maniobra de los sacerdotes para crear una leyenda alrededor de mi hijo.

Después de haberme quejado, Juan y los demás, me tienen como un objeto de veneración, pero apartada de todo para que no les contradiga. Juan parece cada día más fuera de sí y recita cosas fantásticas sobre Jesús. Como ya sabes, tu hermano, se siente el preferido de Jesús y me dice que yo no he entendido a mi propio hijo, que las mujeres no entendemos nada, que sólo María de Magdala le comprendía.

Esto me ha herido profundamente.

Muchos doctores de la ley han hablado de que después de la muerte resucitaremos, pero eso será al final de los tiempos. Jesús era de esta misma opinión, como yo y la mayoría de los judíos piadosos, salvo los saduceos. Ahora, Pedro y los demás predican que Jesús resucitó antes del fin de los tiempos, porque es el Mesías y es Dios.

Han sido unos meses terribles. No sé qué han hecho con el cuerpo de Jesús. Si han sido los del Sanedrín quienes lo han sustraído, para que su tumba no se convierta en un lugar de culto para las masas del pueblo, lo que han conseguido es lo contrario, pues los nuestros dicen que, después de numerosas apariciones, se ha ido a los cielos delante de todos acompañado de ángeles, como Henoc.

Pero yo no estaba presente. ¿Cómo va a ser que mi hijo se haya aparecido a todos y no a mí? ¿Cómo se habría ido al seno de Abraham sin haberme dicho nada? Yo sólo lo recuerdo pálido, muerto y desangrado, lleno de heridas y laceraciones, reposando su cabeza en mi seno, antes de ser envuelto en un sudario y depositado en la tumba.

Juan me dice que yo también seré incorruptible, que no sufriré, que Jesús me llevará al cielo de la misma forma en que él se ha ido. ¿Qué preparan?

Samuel, tú tampoco estabas allí, ni José de Arimatea, que para no ponerme más triste, no comenta nada de la desaparición del cuerpo de Jesús. No he podido tener el consuelo de ir a perfumar su tumba y estarme con mi pena junto a ella. Las mujeres de la casa de Juan me miran con tristeza pero no hablan. 

Todo esto de la ida de Jesús, más allá de las nubes, me lo han contado cuando volvieron algunos de una reunión en el Monte de los Olivos. Todo es de oídas y ni siquiera se sabe quiénes son los que estuvieron allí. A mí me llevaron después de esto a una reunión en el cenáculo. Estaban también mis sobrinos y María de Magdala que parece cada día más ausente.

Tú fuiste invitado, Samuel, pues le dan mucha importancia a lo de ser doce, exactamente doce, los testigos de los hechos y de la doctrina de Jesús. Por mi parte, todo va muy deprisa, como a empellones. Así que siento la urgencia de que tomes por escrito lo que tengo que contarte, para que algún día se sepa, pues temo que no me queda mucho tiempo de vida y lo que oigo no me tranquiliza.

(…)

¿Recuerdas, Samuel, lo que sucedió el día de la terrible tormenta en Jerusalem? Era la fiesta de los Tabernáculos. Todos habíamos estado orando y ayunando durante días a la espera de algo importante. Al menos, así nos lo dijo Pedro, y cada uno se preparaba a recitar un único mensaje que se había preparado con varios conversos, de varias partes del imperio, que los nuestros habían ido instruyendo durante las semanas anteriores a la fiesta. De modo que todo estaba preparado en varias lenguas y dialectos. El organizador de esta acción de predicación era Mateo, que había tenido la idea.

Nuestro lugar era céntrico y con una gran terraza elevada. Todavía no sabían cómo iban a poder atraer la atención de toda aquella muchedumbre para poder hablarles de forma que les atendiesen. Tú recuerdas y eres testigo de lo que pasó y te pido que lo trascribas fielmente. Se produjo una tormenta de viento y relámpagos, con un gran vendaval. Todos trataban de recoger sus ropas y de protegerse cerca de los edificios, por miedo a la posible lluvia, pero sobre todo por temor a los rayos que comenzaban a acercarse y del ruido de los truenos.

Los discípulos habíais ensayado un corto discurso y estábais en pie en el borde de la terraza, abajo se agolpaba la muchedumbre. Un rayo cayó sobre uno de los pináculos de la casa con enorme ruido y resplandor. Por un momento ardió una parte del techo de madera. Entonces, Pedro y Juan dieron la orden de hablar. Los discursos fueron cortos, pero estentóreos, aprovechando el silencio que se produjo tras el susto. Cientos de oyentes lo escucharon mientras, tras los oradores, aún salían llamas del tejado, que felizmente se extinguieron con la lluvia. El efecto sobre el auditorio fue muy grande.

Acabados los discursos en varias dialectos, la gente quedo en su mayoría muy impresionada. Algunos empezaron, tras la primera sorpresa, a reír y decir que los oradores estaban borrachos. Pedro, supo imponerse con su enorme vozarrón, habituado como estaba a hacerse oír en medio de olas y vientos.

Habló con enorme simplicidad y los rumores callaron, reivindicando a Jesús como el Mesías. Lo demás lo podrás completar tú bien, Samuel, pues estabas allí. Fue un día importante, muchos pidieron ser instruidos y entrar en la comunidad, tras bautizarse, como ya se tenía por costumbre para recibir a los prosélitos, siguiendo la tradición de Juan el Bautista que habían aportado sus seguidores. Jesús había engrosado su grupo con todos aquellos que se quedaron sin su profeta tras su ejecución.

De aquel discurso recuerdo muchas cosas, pero me entristece una que no era verdadera. Pedro nos presentó a todos los que estábamos ahí como testigos de la resurrección de mi hijo. Yo volví la vista a Juan, me acerqué a él y le dije: ¿Qué habéis hecho con el cuerpo de Jesús? ¿No era suficiente con su mensaje y con su ejemplo? Él miró para otro lado.

A partir de ese día, el grupo, la comunidad creció con gran rapidez y llovieron las donaciones. Con aquellos recursos que Mateo administraba se pudieron empezar a pagar los viajes de los discípulos más y más lejos por los territorios romanos. Sin embargo todos seguían el ejemplo de Jesús viviendo muy modestamente. Recuerdo que Juan, por entonces, insistía en que no había que alimentarse de animales sino sólo de vegetales.

(…)

Mapa Galilea

Como creo que ya te dije otro día, cuando Jesús era pequeño yo le contaba historias y le instruía con los dichos de los rabinos que mi padre y mi madre me habían enseñado a mí. José se sabía mejor que yo los textos de la Torah y los profetas y se los leía a menudo, sobre todo aquellas profecías que hablaban del Mesías. A mí no me gustaba esa obsesión, porque tanto él como Zacarías estaban obsesionados con su inminente llegada. José se sentía, no sé por qué descendiente del rey David.

A mí no me interesaban todas esas historias mesiánicas, que no solamente me parecían inútiles sino peligrosas, porque ya habían ocurrido desgracias con algunos rebeldes que se habían enfrentado a los romanos para liberar al pueblo judío.

Lo que me importaba es que Jesús fuese un buen israelita, que supiese y practicase las máximas de la sabiduría judía, el desinterés, la confianza en Yahveh y la solidaridad y la bondad con los pobres, el amor y el perdón de los enemigos. 

Me acordaba bien de algunas enseñanzas que había escuchado de boca de mis padres y que yo misma le enseñé a Jesús, que se las aprendía de memoria. Aprovechaba algunos paseos, por ejemplo cuando me acompañaba a por agua al pozo o al lavadero, para que observase la naturaleza y pensase en la bondad del Creador que cuida de las aves del campo, facilitándoles su alimento, sin que tengan que preocuparse, y que viste a las flores, sin que necesiten tejer.

Pero lo que más le gustaba que le repitiese eran las sentencias sobre la verdadera felicidad. Tú, Samuel, seguramente las has escuchado de tus padres, antes de que Jesús, como me ha contado Andrés, las repitiese ante las multitudes que le seguían. Era cuando todavía no se había obsesionado creyéndose el Mesías, para su desgracia y mi gran pena.

Podría haber sido un sabio de Israel y un guía para todos los judíos, y ahora me lo han matado. Yo le repetía muchas veces estas sentencias que creo repetía el gran rabino  Hillel    

“Afortunados los pobres y los humildes porque el reino de Dios será suyo y recibirán la tierra como herencia. Ahora lloran, pero serán consolados. Felices los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, y los que son perseguidos por defenderla, y los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios y alcanzarán su Reino y los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios”.

Le enseñé también a hablar con Dios que está en los cielos, que es el Padre de todos nosotros, cuyo nombre es santo, a esperar su Reino y a aceptar su santa voluntad. Quise también que le pidiese a Dios el perdón de nuestros pecados y que supiese perdonar a las personas que algún día le hiciesen mal.

Le explicaba que había en la vida muchas tentaciones, que el espíritu es fuerte pero la carne débil y que había que orar y pedir a Dios todos los días que nos ayudase a resistirlas, a vencer nuestro orgullo, a no sentirse superior a los demás, a no juzgar a otros, que cuando nos hacen mal no siempre saben lo que están haciendo.

(…)

Jesús acompañaba a José los sábados a la sinagoga, donde solían estar también Zacarías y Juan su hijo, un poco mayor que Jesús, a quien mi hijo admiraba. Era muy alto y cuando se hizo más mayor comenzó a dejarse la barba. Había aprendido de memoria muchos de los discursos de los profetas.

José y Zacarías hablaban mucho delante de los dos adolescentes sobre la posible venida del Mesías. No me gustaba nada que mi esposo le calentase la cabeza a Jesús con sus fantasías sobre su descendencia de David. Yo, como ya te he dicho, trataba de compensar estos sueños con la sabiduría de los rabinos judíos más conocidos.

Isabel, mi prima, la esposa de Zacarías y madre de Juan estaba tan preocupada como yo, sobre todo porque Juan quería irse al desierto a vivir con una comunidad de judíos muy severa y exigente, que lo ponían todo en común y practicaban el bautismo para lavar las culpas.

Cuando José se puso muy enfermo empezó a desvariar. Durante las últimas semanas llamaba a Jesús y lo tenía cerca de su lecho. Antes podía yo discutirle las cosas que le decía al niño, pero ahora Jesús tenía ya casi veintiséis años y no podía impedir que escuchase durante horas los delirios de su padre que, cuando no estaban sus hermanos cerca,  le repetía continuamente que él, su hijo, era también descendiente de David, y que Dios estaba con él.

En fin, José trataba de convencer a Jesús de que él era el Elegido, el Mesías. Me parecía que Jesús le escuchaba por respeto, pero luego he comprendido que todo lo que José le iba diciendo se le iba grabando en la imaginación.

Cuando José murió, Jesús se volvió bastante taciturno, me escuchaba, pero poco a poco se ausentaba con su primo Juan. Sus hermanos estaban muy enojados con él, porque no ayudaba como debía en la carpintería y tampoco me ayudaba casi con el huerto y con los animales que teníamos. Pero al cabo de unos meses pareció entrar en razón, logró consolarse de la muerte de su padre y empezó a trabajar de nuevo con sus hermanos. Sus dos hermanas y los hijos de mi hermanastra María le adoraban. Seguía yendo a la sinagoga los sábados y participaba en las discusiones junto con su primo Juan.

Pero, un buen día, Isabel me comunicó que Juan se había ido al desierto con los eremitas. Estaba desolada. Zacarías enfermó y murió sin noticias de Juan. Jesús también empezó a dar muestras de inquietud y en la sinagoga discutía más y más con los fariseos sobre el Reino de Dios y sobre las cosas que tenían que cambiar. Marchó varias veces al lago de Tiberiades a trabajar en la pesca con algunos familiares, pero un buen día, algunos amigos que habían estado con él pasaron por Nazareth y me contaron que Jesús predicaba el Reino de Dios, un reino para los pobres y los humildes.

En cierta ocasión, volvió a casa y estuvo trabajando una temporada en la carpintería para reunir algún dinero. Cuando tuvo lo necesario marchó a buscar a Juan, que había vuelto del desierto y estaba bautizando en el Jordán. Algunos compañeros de Jesús que le seguían y le admiraban vinieron a buscarle para irse con él. Un primo de Nazareth, que era pastor, se marchó también. Fue él quien, al volver tres meses después, pues le mandaron llamar sus hermanos cuando su madre se puso muy enferma, me informó sobre la vida de Jesús durante aquellos meses.

Jesús admiraba mucho a Juan. De hecho, según me has contado tú mismo, pensaba que era Elías que había vuelto. De hecho estuvo en el desierto con él y hasta se hizo bautizar en el río para apoyar su predicación. Cuando lo capturaron y lo mataron, eso le afectó mucho y vino unos días a Nazareth a consolar a mi prima y a reflexionar. Los discípulos le habían convencido para que se retirase por prudencia. Alguien le había dicho que Herodes tampoco estaba muy contento con su predicación y que había riesgos de que también le apresaran.

Mapa de Israel en la época de Jesús bis

Israel en la época de Jesús, Biblia alemana hacia 1895 (https://es.123rf.com/)

He decidido seguir con mi traducción en Roma y he telefoneado a Glasgow para aplazar la entrega de algunas colaboraciones.

Me gusta volver a Roma, aunque esta vez no vengo en plan de descubrir las sorpresas que siempre encierra esta maravillosa urbe y sus alrededores. Por el contrario sospecho que debo tomar precauciones para que no me descubran a mí, no sé quién ni quiénes. Podría ser que esta vez las sorpresas no me convengan.

Me puede la voluntad de llevar a buen puerto la publicación de los textos descubierto por el padre de Elías. He alquilado un pequeño cubículo muy tranquilo en los alrededores de Via della Pisana, a Fontignani. Desde este lugar discreto trataré de entrar en contacto con Jeffrey.


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6