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Esculturas olvidadas de las calles de Gotemburgo: imaginarios de latitudes lejanas.

22 mayo, 2016
Carl Miles. Réplica del nonumento a la Nueva Suecia en Wilmington USA. 1938. Gotemburgo. Stenpiren. Foto R.Puig

Carl Milles. Réplica del monumento a la Nueva Suecia en Wilmington USA. 1938. Gotemburgo. Stenpiren (1958). Foto R.Puig

Las zonas portuarias de Gotemburgo guardan muchos recuerdos de los tiempos de la navegación mercante hacia las Indias Orientales y también de la emigración de colonos suecos hacia Norteamérica. Algunos están bien a la vista, como la copia exacta de un monumento que inauguró el presidente Roosevelt en 1938 con motivo del 300 aniversario de la fundación de “La Nueva Suecia” en el estado de Delaware en 1638. Una colonia que fue fundada por emigrantes suecos, para pasar quince años después a manos holandesas y posteriormente ser ocupada por los ingleses.  Es una obra en bronce de Carl Milles (1875-1955).

Lo característico de estos monumentos que evocan los tiempos de las colonias es que se adornan con escenas de aquellos mundos lejanos. Otro, aquí mencionado hace casi cuatro años, la Fuente de los cinco continentes, de principios del siglo XX, refleja también ese imaginario occidental.

Otro, prestigioso y bien emplazado, es la base del mástil de la bandera en la plaza del consistorio, con bajorrelieves que se refieren a la historia de la ciudad, obra de Bror Chronander (1880 – 1964).

Gustaf Adolfs Torget. Mastil de la bandera

Gustaf Adolfs Torget. Bror Chronander. 1932. Pedestal del mástil de la bandera. Wikipedia: Lista de obras de arte públicas en Gotemburgo.

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Pero no he encontrado en los repertorios disponibles mención alguna de otro mástil de bandera, en bronce y ornado con altorrelieves, con el que me tropecé hace días en uno de mis paseos primaverales, junto a la Casa del Mundo (Världshuset), un edificio conocido como el Trasatlantic.

La Casa del Mundo. Fachada. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Fachada. Gotemburgo. Foto R.Puig

Aquí estuvo la sede de las compañías navieras que servían las rutas de América y África.

Cartel de la Svenska Linien

Cartel de la Svenska Linien

El edificio, en la zona del antiguo puerto, es de 1943, aunque se alza en el solar donde otros le precedieron. En él se aprecia la influencia de la época final del art déco en sus fachadas y altorrelieves en piedra.

La Casa del Mundo. Manteniendo la ruta. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Manteniendo la ruta. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. En la proa. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. En la proa. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. En tierras lejanas. Gotemburgo. Foto R.Puig.

La Casa del Mundo. En tierras lejanas. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Los motivos se refieren en su mayoría a la navegación, con algún elemento de carácter exótico.

Pero menos solemnes, algunas son ingenuas y algo toscas, las figuras de la base de mástil de bandera en la esquina de la plaza, a pesar de la pátina que las desdibuja, me parecen más interesantes desde el punto de vista escultórico y simbólico. 

La Casa del Mundo. La enseña. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. La enseña. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Las esculturas en su base. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Las esculturas en su base. Gotemburgo. Foto R.Puig

 

Estos altorrelieves son un testimonio del imaginario que los marinos mercantes de principios del siglo XX transmitían a quienes se quedaban en tierra.

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Una cierta idea del transporte rural en México (con aire de cómic) y con una pirámide mesoamericana al fondo…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Mexicano tirando del burro. . Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Mejicano tirando del burro. Gotemburgo. Foto R.Puig

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Del acarreo de mercancías en China o en el Tibet a lomo de yak…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Comerciantes chinos. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Comerciantes chinos. Foto R.Puig

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De los habitantes de las islas de la Polinesia…

La Casa del Mundo.  Pedestal de la enseña.  Mujer polinesia.  Detalle. Gotemburgo. Foto R.Pui

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Mujer polinesia esperando a su navegante. Gotemburgo. Foto R.Puig

 

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Navegante polinesio. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña.  Navegante polinesio que vuelve a casa. Gotemburgo. Foto R.Puig

 

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De la vida en lo que parece una plantación de cacao, el macho tropical con su cigarro y la mujer que carga con el peso del trabajo…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Que trabaje ella. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Que trabaje ella. Gotemburgo. Foto R.Puig

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Y hablando de la mujer y de sus cargas cotidianas…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Aguateras en el trópico. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Aguatera y madre con el niño a la espalda en algún lugar del trópico. Gotemburgo. Foto R.Puig

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De la esclavitud en tierra de hipopótamos…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. El amo y los esclavos.. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. El amo y los esclavos. Gotemburgo. Foto R.Puig

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De un taxista oriental con gesto de cansancio, al que un perro incordia entre las piernas…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Tirando de la riksha. . Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Tirando de la riksha. Gotemburgo. Foto R.Puig

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De los esquiladores de ovinos en las estancias de América del Sur y de un carnero agresivo que se les resiste…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Esquiladores de las pampas. . Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Esquiladores de las pampas. Gotemburgo. Foto R.Puig

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De un esquimal cazador de focas sobre los hielos del Ártico con su perro y su trineo…

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. China. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. En el Ártico. Gotemburgo. Foto R.Puig

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Sin olvidar la vida diaria de los trabajadores del puerto de Gotemburgo, del que partían las rutas hacia esos mares lejanos…

La Casa del Mundo.  Pedestal de la enseña.  Trabajadores portuarios. Gotemburgo. Foto R.Puig

La Casa del Mundo. Pedestal de la enseña. Trabajadores portuarios. Gotemburgo. Foto R.Puig

A modo de conclusión

Mi intención ha sido simplemente la de compartir mi cosecha de figuras olvidadas, captadas durante uno de mis paseos. Estas pequeñas esculturas son de una singular belleza. Están dotadas de la ingenuidad de un escultor meticuloso (o puede que más de uno) que se ha debido de guiar por las estampas o fotografías de relatos de viajes del primer tercio del siglo XX.

Refleja un amoroso trabajo de modelado, guiado quizás por las sugerencias de marinos que habían visitado esas latitudes lejanas. A eso hay que añadir el buen hacer de los talleres de fundición en bronce de Gotemburgo, a los que se deben tantas esculturas y estructuras en lugares públicos de la ciudad, como balaustradas, decoraciones de puentes o farolas ilustradas. No me extrañaría que este trabajo proviniese de alguno de los coetáneos de Bror Chronander, de cuando éste, por aquellos años treinta, terminaba su pedestal para la plaza del Ayuntamiento.

Hemos hablado de la fundición en este mismo blog, en concreto de como se enseña en los talleres en la Facultad de Bellas Artes de Altea donde por cierto, del 20 al 24 de junio, se va a desarrollar un curso de verano sobre fundición exprés (microfusión), abierto a quien quiera aprender esa técnica. El trabajo de modelado y de vaciado en bronce se sitúa en la tradición de la que forman parte estas pequeñas obras de arte, aunque hoy no atraigan la atención de los apresurados transeúntes de las calles de Gotemburgo, prendada como va su mirada de la pantalla de su androide.

De exposiciones por Estocolmo (y III): el dandy y la muerte (Fisionomías XXIII)

15 mayo, 2016
Nils Dardel. La muerte del dandy. Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Nils Dardel. La muerte del dandy. Detalle (autorretrato). 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

En la exposición de la Real Academia de Bellas Artes de Estocolmo que venimos comentando hay un cuadro del artista más cotizado del mercado del arte sueco en el siglo XX,  Nils Dardel (1888-1943), miembro del grupo de “los ocho” artistas suecos  que coincidieron en París en los primeros años del siglo pasado. Además de Dardel  lo formaban Tor Bjurström, Birger Simonsson, Leander Engström, Isaac Grünewald, Sigrid Hjerten, Einar Jolin y Gösta Sandels (de la mayoría de ellos hemos mostrado obra en este blog).

Para algunos críticos, el más hermético aunque puede que el más  socialmente activo y trotamundos del grupo, fue este dandy de familia aristocrática, que comenzó bajo la influencia del fauvismo, pero también del expresionismo de Munch y, tras afirmarse como retratista neo-impresionista, cultivó también unas temáticas de la ensoñación que algunos han calificado como proto-surrealistas.

Pero puede que su más significativa obra de arte fuese él mismo, identificado con su propio rol y representando con su vida la figura del dandy que, mientras morían millones en las trincheras, se autorretrataba moribundo, fiel a su papel.

Nils Dardel. La muerte del dandy. 1918

Nils Dardel. La muerte del dandy. 1918

Tres años antes, Georges Paul Leroux (1877 – 1957), un pintor bien conocido entonces en Francia, contemporáneo de Dardel y combatiente de la I Guerra Mundial  representaba la muerte de forma muy diferente.

Georges Paul Leroux. Slodados enterrando a un camarada. 1915. weimarart.blogspot.se

Georges Paul Leroux. Soldados enterrando a un camarada. 1915. weimarart.blogspot.se

Y un impresionista que combatió del otro lado, Otto Dix (1891 – 1969), daba también su visión en grabados que reflejaban su experiencia directa.

Otto Dix. Transporte de un herido. Grabado. 1924.British Museum

Otto Dix. Transporte de un herido. Grabado. 1924.British Museum

No es que el sueco fuese distinto del resto de sus compañeros escandinavos en el grupo de París -síntoma quizás de la vivencia artística en aquella Suecia neutral- , al menos por la obra que yo conozco. Lo que ocurre es que él fantasea con la muerte, pero sin ponerla en relación con las muertes que se vivían en el continente europeo por esos mismos años.

Y, de los conflictos bélicos, apenas una alusión a la revolución rusa en una representación de los vagones de Transiberiano, donde los viajeros van custodiados por soldados cosacos, unos de guardia y otros roncando, lo que más parece un detalle exótico captado por un adinerado viajero.

Nils Dardel. El expreso transiberiano. 1918. Fuente. Dardel.info

Nils Dardel. El expreso transiberiano. 1918. Fuente. Dardel.info.php

De hecho Nils viajaba por Japón en aquellos años y mientras estallaba la revolución rusa atravesaba Rusia en el Transiberiano. Cuando comienza la II Guerra Mundial deja Suecia para instalarse en Nueva York, viaja por Centroamérica y muere de un infarto a los dos días de inaugurar su última exposición en Manhattan.

El resto de los rostros de El dandy moribundo están trabajados con cuidado y a mi modo de ver reflejan otras influencias además de las del expresionismo y el fauvismo de aquellos años.

Nils Dardel. La muerte del dandy. Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig.

Nils Dardel. La muerte del dandy. Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig.

La joven triste que apoya el mentón sobre la almohada del moribundo recuerda a la niña enferma que Edvard Munch pintó entre 1885 y 1886 (Galería Nacional de Oslo), pero también tiene un aire a las fisionomías de los prerrafaelitas.

Los otros dos rostros femeninos son una muestra del retrato delicado y de línea clara que caracteriza uno de los estilos que cultivó Dardel, puede que anticipándose al recuento de las tres mujeres que desempeñarían un papel importante es su vida.

Nils Dardel.  La muerte del dandy.Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Nils Dardel. La muerte del dandy.Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Nils Dardel. La muerte del dandy.Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Nils Dardel. La muerte del dandy.Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

En todo caso, la evocación de las santas mujeres de un santo entierro o de los protagonistas de un descendimiento se refuerza con el otro personaje, una especie de discípulo doliente, que enjuga sus lágrimas

Nils Dardel.  La muerte del dandy.Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Nils Dardel. La muerte del dandy.Detalle. 1918. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Mi opinión es que Dardel ha representado, consciente o subconscientemente, una parodia de su propia muerte, que además de los personajes necesarios incluye la preparación de un sudario, el paño de lágrimas y en el lugar del árbol de la cruz, una especie de palmera.

Nils Dardel. La muerte del dandy. 1918

Nils Dardel. La muerte del dandy. 1918

Hablábamos de prerrafaelismo y pues no en vano los pintores de esa corriente se inspiraron en el Quattrocento italiano, me viene a la mente el Perugino.

Perugino. Pietà. National Gallery of Ireland

Perugino. Pietà. National Gallery of Ireland

Nils Dardel, no debieron serle extraños los enterramientos y descendimientos de Cristo de los muchos museos que en sus correrias tuvo que encontrar.

Correggio. Descendimiento. Galería Nacional de Parma.

Correggio. Descendimiento. Galería Nacional de Parma.

No me alargaré con otros muchos ejemplos. En literatura se habla de intertextualidad, de forma parecida a como el las artes plásticas se puede hablar de la transmisión de modelos iconográficos y de composiciones que se repiten a lo largo de las épocas. El que los artistas los repitan a propósito o sin casi darse cuenta no cambia el resultado. La corriente fluye de unos a otros.

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Lo que supongo que no se imaginaba Dardel es que más de 70 años después de su muerte su forma de vestir por aquellos comienzos del siglo XX sería recuperada por un modisto sueco.

Nils Dardel. Fuente. Oscarjakobson.com

Nils Dardel. Fuente: Oscarjakobson.com

Y que conste que mi intención no es publicitaria sino todo lo contrario, pues detesto el slim fit y no me afecta el que, si ando yo calientese ría la gente. Prefiero la holgura, pasada de moda, ay, de la vestimenta de Humphrey Bogart. 

Los pantalones de Humphrey Bogart

Los pantalones de Humphrey Bogart. Fuente: elle.com

 

De exposiciones por Estocolmo (II): miscelánea de rostros en la Academia de Bellas Artes (Fisionomías XXII)

8 mayo, 2016
Gipsoteca y Hall de entrada. Academia de Bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

Gipsoteca y Hall de entrada. Real Academia de Bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

El Museo Nacional de Bellas Artes de Estocolmo sigue cerrado por obras. Pero eso no quiere decir que no exponga sus colecciones en las salas de otras instituciones. Este es el caso de la muestra “El Artista”  en la Real Academia de Bellas Artes, que reúne obras del Museo y de la Academia con otras en préstamo de colecciones privadas y del Museo de Arte Moderno de Estocolmo.

Sería demasiado largo para este cronista repasar el conjunto. Las reproducciones en el catálogo son excelentes, no así las notas sobre las obras y las apresuradas cartelas bajo los cuadros que no hacen honor a la selección ni a la interesante división temática del recorrido. Las obras corresponden a épocas, soportes, estilos y contenidos diversos unidos por su conexión con los artistas, sus visiones, su mundo y su personalidad. Dediqué  dos buenas horas a la visita, en compañía de mi viejo amigo Gunnar, buen conocedor de la pintura sueca y emparentado con algunos de sus artistas, pero me voy a limitar a una pequeña selección que responde a mi interés por las fisionomías.

Empezando por Rembrandt. 

Desde sus reducidas dimensiones (15,5 x 12 cm), su autorretrato nos desafía con la mirada inteligente de un joven pintor de 24 años, dispuesto a abrirse camino en la vida y en el arte. Por entonces ya tenía su taller en Leiden. Un año después, alentado por su mecenas Constantijn Huygens, se mudó a Amsterdam.

Rembrandt. Autorretrato. 1630. Museo Nacional.Estocolmo.

Rembrandt. Autorretrato. 1630. Museo Nacional.Estocolmo.

Sólo con esto la visita ha merecido la pena.

Para que apreciemos la distancia entre el quehacer pictórico de aquel joven holandés y el de los pintores palaciegos en Estocolmo, veamos dos retratos, uno de fines del mismo siglo de Rembrandt y otro de las primeras décadas del siguiente. Si bien la reina Cristina pudo atraer a Descartes al frío (y a la muerte prematura) en Estocolmo, sacándole de la acogedora Holanda, ni ella ni los monarcas que la sucedieron pudieron enrolar a los pintores que descollaban en los Países Bajos, aunque sí lo consiguieron con arquitectos, expertos en fortificaciones y en armamento, o constructores navales, procedentes de los Países Bajos.

Cuando el pintor de la Corte sueca David Klöcker Ehrenstrahl (1628 – 698) pintaba su autorretrato, la monarca llevaba ya dos años enterrada en Roma, donde había conseguido acumular una impresionante colección de obras de arte. Muchas acabaron en los Museos y en la Biblioteca del Vaticano. Se preguntarán de dónde sacaba el dinero durante su “exilio” final en Roma (1667 -1689) para convertirse en mecenas y seguir viviendo como una monarca: pues de las rentas que le pagaban los arrendatarios de su tierras en Suecia, gracias al sudor de los siervos de la gleba que las cultivaban.

David Klöcker Ehrenstrahl. Autorretrato 1691. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo.

David Klöcker Ehrenstrahl. Autorretrato 1691. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo.

El siguiente es el retrato del arquitecto real, Nicodemus Tessin, obra de George Engeldhardt Schöder (1684 – 1750), otro pintor cortesano sueco. Es otra prueba de que los artistas en Suecia no se beneficiaban demasiado de la calidad de la vanguardia barroca europea.

George Engeldhardt Schöder. Retrato de Nicodemus Tessin. c.1720.Detalle. Real Academia de Bellas Artes. Estocolmo.

George Engeldhardt Schöder. Nicodemus Tessin. c.1720.Detalle. Real Academia de Bellas Artes. Estocolmo.

Pero es que, además, este señor podría ser hermano del anterior. ¿Economía creativa, manierismo a la francesa?

La reducción del tamaño de las pelucas unas décadas más tarde, parece que redundo en el incremento de la calidad artística de los retratos, en una mayor simpatía del retratado y hasta en guiños de complicidad con el espectador. El rococó era “la vie en rose”. Al menos así me lo confirma en su autorretrato la mirada del pintor sueco Alexander Roslin (1718-1793), que anduvo retratando a la realeza de toda Europa, con algunas escapadas a la Corte de Estocolmo.

Alexander Roslin. Autorretrato dentro de El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peillls.Detalle. 1767.Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Alexander Roslin. El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peill. Detalle. 1767.Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Juega al autorretrato dentro del triple retrato en el que su mujer Marie Suzanne Giroust, la de dulce nombre y amigable rostro, no sólo maneja los trebejos de pintar con la misma soltura que el marido, sino que en el fondo es el ama de la situación.

El triple retrato fue un regalo para el amigo retratado y un homenaje a la excelente pintora (maestra en la técnica del pastel) que fue su mujer.

Alexander Roslin. El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peill. 1767.Museo Nacional. Estocolmo

Alexander Roslin. El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peill. 1767.Museo Nacional. Estocolmo

Lo cual no obsta para que también él tuviera un alter ego en Estocolmo, un reputado grabador de monedas y medallas…

Lorens Pasch el joven. Retrato del grabador de monedas Gustav Ljungberger. 1770.Detalle. Academia de bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

Lorens Pasch el joven. Retrato del grabador de monedas Gustav Ljungberger. 1770. Detalle. Academia de Bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

El hecho fue que el pintor que retrató al prohombre era Lorens Pasch el Joven (1733 – 1805), quien estudió con Roslin en París, y su influencia debió de ser tan grande que acabó viendo las facciones del maestro en los rostros de sus retratados.

Una artista de gran calidad fue la danesa  Bertha Wegmann  (1846 – 1926), representada en la muestra por su retrato de la pintora, sueco-alemana, Jeanna Bauck  (1840 -1926). Es una obra en el mejor estilo impresionista germánico en la que que capta la amabilidad acogedora de su amiga y colega.

Bertha Wegmann. La artista Jeanna Bauck. 1881. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Bertha Wegmann. La artista Jeanna Bauck. 1881. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Otras pintoras lo debieron de tener un poco más difícil, a juzgar por su gesto, algo reconcentrado la primera y malhumorado la segunda, al menos en dos retratos de la exposición que las recuerdan:

La pintora y escultora francesa Rosa Bonheur (1822 – 1899) estuvo abocada a sus labores hasta que su padre pintor la introdujo en su taller. Llegó a ser una reconocida especialista en la pintura de animales y se hizo acreedora a la condecoración de la Legión de Honor.

Edouard Dubufe. La artista Rosa Bonheur. 1857.Detalle. Museo Nacional de Versalles. Estocolmo. Foto R.Puig

Edouard Dubufe. La artista Rosa Bonheur. 1857.Detalle. Museo Nacional de Versalles. Estocolmo. Foto R.Puig

En su esfera personal sufrió los prejuicios de la sociedad de su época, pues se la consideraba lesbiana (etiquetada como garçon manqué), por que compartió su vida desde joven y sucesivamente con dos amigas artistas.

El segundo rostro es el de la artista multifacética Tyra Lundgren (1897 – 1979), activa en escultura, cerámica, cristal, pintura y arte textil, así como escritora.

Tyra Lundgren. Autorretrato. Detalle. 1921. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

Tyra Lundgren. Autorretrato. Detalle. 1921. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

Su autorretrato es de cuando vivía en Francia e Italia y refleja la influencia del cubismo. Si me atengo a esa inmensa curiosidad creativa que la llevó a explorar y a descollar en tan variadas ramas de las artes plásticas, pienso que, además de reconcentrada, su mirada es la de una mujer de 24 años dispuesta a dar la batalla y abrirse camino en un mercado europeo del arte tan imprevisible y explosivo como fue la época de las vanguardias. Puede que a ello se deba su gesto desafiante y un poco malhumorado.

A la pintora finlandesa Helene Schjerfbeck (1862 – 1946), que se formó en Helsinki y París y tuvo una buena acogida en los países nórdicos, la enfermedad de sus últimos años la llevó a pasar sus últimos años en un sanatorio sueco, tras el paso por otro de Finlandia durante la lucha de sus habitantes contra la invasión soviética.

Este autorretrato de 1937 es despiadadamente honesto.

Helene Schjerfbeck. Autorretrato. Detalle. 1937. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

Helene Schjerfbeck. Autorretrato. Detalle. 1937. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

No doy por terminado mi paseo, pero por hoy lo dejo aquí, no sin dejarles un acertijo que pone a prueba sus conocimientos de la pintura sueca moderna. Una pista: se trata de un detalle de un cuadro de un pintor sueco, un lienzo que ha alcanzado la cotización más alta en el mercado de la pintura sueca del siglo XX.

La solución el próximo domingo.

Nils Dardel.  La muerte del dandy.  Detalle. 1918.  Museo Nacional.  Estocolmo. Foto R.Puig

 

 

 

De exposiciones por Estocolmo (I): hoy por hoy es lo que hay

1 mayo, 2016
Fachada del Museo Sven Harrys. Estocolmo. Foto R.Puig

Fachada del Museo Sven Harrys. Estocolmo. Foto R.Puig

Hace una semana estuve unos días en Estocolmo. Como había pasado tiempo desde la última vez, aproveché para dar una vuelta por sus museos y por alguna que otra galería.

Hoy reseño algunos aspectos de la muestra “Swedish Art : Now!”, un título que no sé si debe entenderse como una exclamación admirativa, como una reclamación o como una queja.

La escultura “Carta blanca” de Anna Uddenberg no nos va a sacar de dudas.

Anna Uddenberg. Carta blanca. 2015. Colección de la artista. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Anna Uddenberg. Carta blanca. 2015. Colección de la artista. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Desde hace ya décadas, en las ferias y galerías de arte contemporáneo, abundan las creaciones de una corriente que ha transformado la artesanía del maniquí en una nueva rama de la escultura. A menudo combina también los ready made con esos moldeados de figuras de resinas y otros materiales sintéticos.

De ese género es la obra que nos espera tras las cristaleras del museo. Representa a una mujer postrada sobre el parquet, que no se sabe bien si simplemente se relaja en postura de yoga,  o si, contra toda esperanza, espera la respuesta a una exigencia: ¡Arte!¡Now!¡Please!

Desde el interior del Museo Sven Harrys. Estocolmo. Foto R.Puig

Desde el interior del Museo Sven Harrys. Estocolmo. Foto R.Puig

El museo Sven Harrys, una muy meritoria entidad privada, fruto de un generoso mecenazgo, que siempre que lo he visitado me enseña algo.  Con esta exposición ha hecho un esfuerzo antológico, sin duda competente, aunque, al final, uno salga con el sentimiento de que en “el arte sueco de hoy” no hay más leña que la que arde.

Fluye la cascada

Otra de las corrientes de arte contemporáneo que está bien representada es la del dibujo animado en presentaciones de vídeo embutidas en una marco. Mi primer encuentro con esta técnica fue hace ya años en una de las ediciones de la Feria Arco en Madrid. No recuerdo quién era el artista. Años más tarde en la bienal de Gotemburgo admiré un trabajo del sudafricano William Kentridgecon una técnica creativa que combina el dibujo al carboncillo con la animación en vídeo y una poética que refleja las ásperas realidades y la historia del mundo en que vivimos, como en su obra Felix in Exile.

En esta ocasión son tres creaciones de Nathalie Djuberg y Hans Berg que, aunque no representen una innovación, son hermosas y dignas y quizás lo mejor de toda la exposición, aunque hayan quedado confinadas al rellano de las escalera sin una mala banqueta para sentarse a contemplarlas. Estos dos artistas son conocidos por sus obras irónicas y animadas, incluso  humorísticamente siniestras.

Sólo puedo añadir mis instantáneas fotográficas de dos de sus tres variaciones musicales en torno al motivo de la cascada (Acordes y Flautas) expuestas en la muestra.

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Acordes.  HD Video. b. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Acordes.b.  HD Video. a. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Acordes. HD Video. b. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Acordes. HD Video. b. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

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Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Flautas. HD Video. b. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Flautas.  HD Video. a. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Flautas. HD Video. b. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.JPG

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Variaciones de una cascada. Flautas. HD Video. b. 2015. Lissom Gallery y los artistas. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.JPG

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Una mezcla conceptual

El color de una abstracción mural, complementado con ese tipo de  lilliputs  y sus rictus, que parecen salidos del mundo del cómic underground, tan recurrentes en las ferias de arte contemporáneo, ocupa un espacio privilegiado, no sé si debido a su tamaño o a las intenciones enfáticas del arte conceptual que desde hace más de medio siglo pretende que pensemos en las contradicciones del mercado artístico.

Emanuel Rössh. Audiencia. Con todos los colores de mis pinturas. 2012. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.

Emanuel Rössh. Audiencia. Con todos los colores de mis pinturas. 2012. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.

Hago un esfuerzo voluntarioso para captar el mensaje y salgo de la sala compadecido de esos enanitos que están ahí castigados frente a una polvareda de pigmentos.

Emanuel Rössh. Audiencia. Con todos los colores de mis pinturas. Deatlle de uno de sus enanitos castigados.

Emanuel Rössh. Audiencia. Con todos los colores de mis pinturas. Detalle de uno de sus enanitos castigados.

Busco en google algún mensaje del artista sobre el sentido de su arte y encuentro una frase lapidaria:

I think I’m safe to say that art doesn’t necessarily have to have any other purpose than to be nice to look at.

Emanuel Röhss hablando de su exposición “Soft Jazz”, agosto del 2014

Pues muy bien, digamos que algo así como este automóvil de tamaño natural, que parece salido de las calles de La Habana y que, gracias a su ligereza de fibra y resina, cuelga del techo de una de las salas sin mayores riesgos para el visitante, aunque por la galería de la que procede supongo que su precio debe de ser lesivo para el bolsillo de cualquier ahorrador modesto.

Linda Bäckström. Nova. 2015. Art Now. Wetterling Gallery y la artista. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Linda Bäckström. Nova. 2015. Art Now. Wetterling Gallery y la artista. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Para que sonriamos

Hay también algunas pinturas que me recuerdan la plástica neo-expresionista de los años ochenta en España, pero sin el dramatismo que la caracterizaba y con un humor más ligero que el ibérico. Evidentemente, pues parece que se trata de un mono que se está tomando un selfie en una escena promiscua en el fondo del mar.

Jim Thorell. I see u bb. 2015. Colección privada. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Jim Thorell. I see u bb. 2015. Colección privada. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nacido en 1981 y formado en la Academia Valland de Gotemburgo Jim Thorell es un pintor de buen hacer que gusta de coloridos y formas decorativos. En sus obras mezcla motivos botánicos exacerbados y una fauna muy estilizada.

….

Diremos que la muestra me ha permitido sorprender “con las manos en la masa”a los artistas suecos del momento, al menos a aquellos que suelen figurar en las galerías más postineras del país

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Con las manos en la masa. Col. privada. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Nathalie Djuberg y Hans Berg. Con las manos en la masa. Col. privada. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Diciendo adios por la terraza

Y como este museo siempre nos ofrece la oportunidad de despedirnos respirando al aire libre en su espléndida terraza, voy a ofrecer a mis lectores la sensación aérea de algunas obras que se exponen ahí arriba.

Una es reciente, una obra en madera de una veterana escultora de ochenta años, Ulla Kraitz , que sigue creando, clásica, dinámica y activa

Ulla Kraitz. El caballo volador. 2014. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.

Ulla Kraitz. El caballo volador. 2014. Art Now. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.

Otra es un alado bronce de Axell Wallenberg (1898-1996)

Axell Wallenberg. Aves. años 1940. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Axell Wallenberg. Aves. años 1940. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig

Y una copia (vaciada en el 2008) de una famosa obra de Carl Fredrik Reuterswärd, realizada en 1980, que se puede ver en numerosas ciudades, entre otras en Nueva York (ante la sede de Naciones Unidas).

Este veterano artista ha cumplido ya los 82 años.

Carl Fredrik Reuterswärld. No violencia. 1980 vaciado al bronce en 2008. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.

Carl Fredrik Reuterswärld. No violencia. 1980 vaciado al bronce en 2008. Museo Sven Harrys. Foto R.Puig.

Acabamos con una vista del parque de Vasastan de Estocolmo. Frente al museo juegan los niños.

Museo Sven Harrys. El parque desde la terraza. Estocolmo. Foto R.Puig

Museo Sven Harrys. El parque desde la terraza. Estocolmo. Foto R.Puig

En un piso de este barrio (S:t Eriksplan 5) con ventanas quer dan al parque, vivió durante 73 años, como una vecina más, Astrid Lindgren (1907-2002), la autora de Pippi Calzas Largas, como atestigua esta foto del álbum de su hijo Lasse

Astrid Lindgren y su hijo Lasse y su casa al fondo. Años 30 del siglo XX. Vasastan. Estocolmo.

Astrid Lindgren y su hijo Lasse con su casa al fondo. Años 30 del siglo XX. Vasastan. Estocolmo.

En la página web Mitt i Vasastan se puede consultar el artículo de Emelie Sandvad, de donde está tomada la imagen, haciendo click Aquí

 

 

 

Los dibujos de Botticelli para la Divina Comedia. Dibujos reunidos (VIII).

24 abril, 2016
The Courtauld Gallery. Somerset House. Londres. Foto R.Puig.

The Courtauld Gallery. Somerset House. Londres. Foto R.Puig.

 

 

El pasado 18 de febrero pasé un día en Londres y, gracias a que mi profesor y amigo de la Academia de Bellas Artes de Roma, Marco Bussagli, me puso sobre la pista, descubrí la Galería Courtauld.

Su Gabinete de Estampas y Dibujos es uno de los principales templos de la historia del dibujo en Europa. No sólo expone periódicamente los dibujos y grabados de su colección inagotable, sino que concierta exposiciones de obras de otras importantes colecciones. Quiso la suerte que ese día se abriese la muestra (que sigue abierta hasta el 15 de mayo) de 30 de los 102 dibujos sobre vellum (pergamino flexible de piel de ternera) ejecutados a la punta de metal, y tinta marrón con plumilla y pincel, que Sandro Botticelli (1445-1510) realizó, uno por cada cántico de los que componen los tres libros de la Divina Comedia de Dante Alighieri (1265-1321).

De algún modo esos dibujos continúan la tradición de los códices miniados medievales, pues acompañan el texto de la obra que ilustran, en este caso manuscrita sobre la cara posterior del vellum, y aunque estos dibujos no sean miniaturas, pues sus dimensiones oscilan entre de los 32 a 33 cm. por  47 a 48 cm.

De ellos escribió Giorgio Vasari (1511-1574) que Botticelli “dedicó tanto tiempo a esta obra que de ello se siguieron infinitos desórdenes en su vida, pues por ellos dejó abandonado su trabajo”. Cuenta también que el artista murió en la miseria.

Hoy se conservan 85 en los Museos Estatales de Berlín. Formaban parte de la colección Hamilton que el duque inglés del mismo nombre les vendió en 1882. Esto sucedió porque le arruinó su pasión por los caballos y los perros de raza, y no tuvo más remedio que sacar a subasta la prodigiosa colección de arte de su familia.

Dos siglos antes de que los dibujos pasaran de manos inglesas a prusianas, siete de ellos de la colección original pertenecieron por un tiempo a la colección de Cristina de Suecia (1626-1689) en Roma, y ahora están en la Biblioteca Vaticana. Hay 10 más que se consideran perdidos. El anverso de los de Berlín, los que se exponen ahora en Londres, reproduce el texto de la Divina Comedia, salvo los cánticos I a VI y VIII a XV del libro del Infierno. Hay especialistas que opinan que los dibujos antecedieron al texto, pero otros apuntan a que el texto ya había sido caligrafiado alrededor de 1450 sobre una cara de los pergaminos y que Botticelli los ilustró uno por uno por la otra cara por encargo de Lorenzo di Pierfrancesco de’ Medici. La labor se extendió durante alrededor de doce años a partir de 1481/82. Sea como sea, es una extraordinaria labor no sólo de dibujo sino también de asimilación e identificación con el texto. Cada dibujo resume de forma dinámica en su composición la sucesión de la narración. Botticelli estuvo a la altura del desafío que la obra de Dante suponía, de tal modo que las fronteras del tiempo se difuminan y, al final, no se sabe si es el pintor quien ilustra los poemas o son los versos del poeta los que describen los dibujos del artista.

Una exquisita ékfrasis de la Divina Comedia

Los dibujos son sencilla y llanamente maravillosos. Recorren todo el célebre viaje iniciático de Dante, guiado por Virgilio a través del Infierno y el Purgatorio, y ascendiendo al Paraíso de la mano de Beatriz. La Divina Comedia fue recreada así en imágenes, como nadie lo había hecho antes.

Me he limitado a una pequeña muestra correspondiente al Infierno y al Paraíso, a la que añado la cita de los versos originales que el dibujo trata, y mi traducción. Aunque sólo sean cuatro los dibujos, son suficientes para mostrar el detallado conocimiento y la reverencia con que Botticelli se concentró en ilustrar la Divina Comedia; así como la exquisitez con la que plasma la atmósfera, el contexto, las descripciones y las anécdotas de Dante.

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 Los demonios en el Infierno

(Inferno, cántico XXII, 25-30: el suplicio de estafadores y prevaricadores en el círculo octavo)

Inferno XXII. Dettaglio. Museos Estatales de Berlin.

Botticelli. Inferno XXII. El demonio Barbarrizada. Detalle. Museos Estatales de Berlin.

E come all’ orlo dell’ acqua d’ un fosso

stanno i ranocchi pur col muso fori,

sì che celano i piedi e l’ altro grosso,

sì stavan d’ ogne parte i peccatori;

ma come s’appressava Barbariccia,

così si ritraén sotto i bollori

.

Como al borde del agua de una acequia

están los renacuajos morro afuera,

de tal modo, ocultando pies y cola,

estaban por doquier los pecadores;

mas como Barbarrizada se acercaba,

así se sumergieron en los hervores.

Una tropa de demonios, con sus picas terminadas en un garfio pescan a los pecadores, que sufren castigo por haberse corrompido en vida, condenados para siempre en una laguna de pez hirviendo. Los desgraciados asoman sólo la nariz y la boca, para evitar ser enganchados y sometidos a torturas.

No obstante, cuando llegaba el matón del grupo, el temible Barbarrizada,  los condenados, empavorecidos,  se sumergían completamente.

.

Lucifer

(Inferno, cántico XXXIV, 34-51: suplicio en el círculo noveno de aquellos que traicionaron a quienes les favorecieron)

Botticelli. Inferno XXXIV. Museos Estatales de Berlin.

Botticelli. Inferno XXXIV. Museos Estatales de Berlin.

Dante y Virgilio llegan al centro del infierno (il Cocito), de donde brota ese fuego que cuece el Infierno entero.

Lucifer flota en el vacío ardiente, en el centro de la tierra y del universo.

La descripción de Botticelli sigue al pie de la letra el texto de Dante: la fealdad del príncipe de los demonios, la posición y unión de sus tres cabezas (antítesis de la Santísima Trinidad) y sus enormes alas de murciélago.

S’ el fu sì bello com’ elli è or brutto,

e contr ‘l suo fattore alzò le ciglia,

ben dee da lui procederé ogni lutto.

Oh quanto parve a me gran maraviglia

quand’ io vidi tre facce alla sua testa!

L’una dinanzi, e quella era vermiglia ;

l’ altr’ eran due, che s’aggiugnìeno a questa

sovresso ‘l mezzo di ciascuna spalla,

e sè giugnìeno al luogo della cresta :

e la destra parea tra bianca e gialla ;

la sinistra a vedere era tal, quali

vegnon di là onde ‘l Nilo s’avvalla.

Sotto ciascuna uscivan due grand’ali,

quanto si convenìa a tanto ucello:

vele di mar non vid’ io mai cotali.

Non avean penne, ma di vispistrello

era lor modo ; e quelle svolazzava,

sì che tre venti si movean da ello

.

Si tan hermoso fue como ahora es feo,

y contra su hacedor se alzó insolente,

de él han de venir todos los duelos.

¡Oh, cuán grande me pareció la maravilla

de esas tres caras que vi sobre su testa!

Una delante, y esta era bermeja;

las otras eran dos, que a ella se juntaban

encima y por medio de los hombros,

unidas por el borde de la cresta:

la derecha de blanco amarillento aparecía;

la izquierda del color de aquellos

venidos de donde el Nilo se remansa.

Bajo de cada una dos grandes alas emergían,

a la medida de tan enorme pájaro:

nunca velas marinas yo vi iguales.

No tenían plumas, pues de murciélago

era su forma; y aquellas agitaba ,

tal que tres vientos del mismo se partían

Estamos en el círculo último, el núcleo del Infierno, donde Dante ha situado los suplicios para aquellos que se han hecho reos de la más ignominiosa de las traiciones, la que se ceba en quienes te han favorecido.

Por debajo de las tres cabezas de Lucifer, vemos a Dante y Virgilio quienes, tras acercarse por delante del ala derecha, se aferran a la pelambre del príncipe infernal (empujados quizás por el viento de sus aleteos), tratando de pasar desapercibidos.

Botticelli. Inferno XXXIV. Detalle.. Museos Estatales de Berlin.

Botticelli. Inferno XXXIV. Detalle.. Museos Estatales de Berlin.

El príncipe de los ángeles traidores se ha reservado el castigo a la traición: mastica con fruición la cabeza de Judas, atrapado en sus fauces centrales, y muerde los pies de Bruto y Casio, condenados por traicionar a César.

 .

Guiado por la amada en el Paraíso

(Paradiso, cántico VI, 112-126: entre las almas que hicieron el bien para conseguir honor y fama y residen en el nivel inferior de la jerarquía celeste dentro del segundo cielo)

El discurso de Dante selecciona, según sus preferencias políticas e históricas, a los bienaventurados que, aunque movidos por afanes de gloria, gracias a las obras y hazañas que impulsados por el deseo de gloria cumplieron, merecen a su juicio estar en este primer nivel del cielo, donde sus espíritus brillan y arden en vivo amor con llama eterna.

Botticelli. Paradiso VI.Museos Estatales de Berlin.

Botticelli. Paradiso VI.Museos Estatales de Berlin.

Questa picciola stella si correda

di buoni spirti che son stati attivi

perchè onore e fama li succeda :

e quando li disiri poggian quivi,

si disvïando, pur convien che i raggi

del vero amore in su poggin men vivi.

Ma nel conmensurar di nostri gaggi

col merto è parte di nostra letizia,

perchè non li vedem minor nè maggi.

Quindi addolcisce la viva giustizia

in noi l’affetto sì, che non si puote

torcer già mai ad alcuna nequizia.

Diverse voci fanno dolci note ;

così diversi scanni in nostra vita

rendon dolce armonia tra queste rote

.

Esta estrella la menor se adorna

de buenos espíritus que fueron activos

para que honor y fama les sobrevivieran :

y puesto que sus deseos a ese fin tendían,

si bien los reorientaron, conviene que los rayos

del verdadero amor menos vivos asciendan.

Mas como al estimar nuestras recompensa

el mérito es parte de nuestra alegría,

ni mayor ni menor nos es la concedida.

De este modo la viva justicia suaviza

en nosotros la pasión, para que no pueda

nunca más torcerse hacia maldad alguna.

Voces diversas  entonan dulces notas  ;

así las etapas de nuestra vida

en estos cielos son ya dulce armonía.

Si en uno solo de los dibujos alcanza la perfección que apreciamos en el siguiente detalle, es comprensible que Botticelli, concentrado durante años en acabar con igual calidad los otros 101, descuidase el resto de su obra, hasta el punto de caer en la pobreza.

Botticelli. Paradiso VI. Dettaglio.Museos Estatales de Berlin

Botticelli. Paradiso VI. Detalle.Museos Estatales de Berlin

.

En la escala de Jacob

(Paradiso, cántico XXI, 1-12: llegados al séptimo cielo Dante se guía por la mirada de Beatriz que sube envuelta en la luz de los bienaventurados)

Botticelli. Paradiso XXI. Detalle.Museos Estatales de Berlín

Botticelli. Paradiso XXI. Detalle.Museos Estatales de Berlín

 

Già eran li occhi miei rifissi al volto

della mia donna, e l’animo con essi,

e da ogni altro intento s’era tolto.

E quella non ridea ; ma “S’ io ridessi”

mi cominciò, “tu ti faresti quale

fu Semelè quando di cener fessi ;

chè la bellezza mia, che per le scale

dell’eterno palazzo piu s’accende,

com’ hai veduto, quanto più si sale,

se non si temperasse, tanto splende,

che ‘l tuo mortal podere, al suo fulgore,

sarebbe fronda che trono scoscende ».

.

Estaban otra vez mis ojos fijos en el rostro

de mi dueña, y el ánimo con ellos,

y de cualquier otro propósito apartado.

Y ella no reía ; que «Si yo riera”

me explicó, “tú te harías como

Semele cuando se volvió cenizas ;

pues mi belleza, que por las escalas

del eterno palacio más se enciende,

como has visto, cuanto más se sube,

si no la atemperase, tanto brillaría

que tu poder mortal, a su fulgor

sería ramaje que el trueno quiebra.

Como ella misma explica, el rostro de Beatriz ha de ser serio. Si le sonriese, Dante quedaría abrasado, como lo fue Semele, la hija de Cadmo, madre del dios Baco, cuando fue reducida a cenizas por el fulgor de Júpiter.

En el dibujo se observa claramente un pentimento : la imagen inicial de Beatriz ha sido borrada, para acercarla al pie de la escala, frente a Dante, de modo que  los ojos de este puedan, como rezan los versos, estar fijos en el rostro de su señora.

.

A.M.D.G

Entre muchas otras cosas la Divina Comedia representa un viaje iniciático, encierra muchos de los elementos de ese arquetipo que encontramos en culturas diversas. No es propiamente un chamán quien guía a Dante a través de pasos peligrosos, en su progresiva ruptura de niveles, revelándole secretos que sin el viaje nunca llegaría a conocer, aunque algo de esto tiene Virgilio, el sagrado poeta, mientras le dirige, hasta que un personaje purificado por la Redención, la virginal Beatriz, toma el relevo en la etapa final hacia la contemplación de las almas bienaventuradas en el Paraiso, encendidas en el amor divino que colma las aspiraciones del amor humano.

Ese arquetipo se encuentra en infinidad de narrativas. Entre otras, quienes hemos sido alumnos de los jesuitas, sobre todo si ya somos viejos, lo hemos experimentado en los Ejercicios Espirituales. Pues viaje iniciático es el que Ignacio de Loyola diseñó a imagen y semejanza del suyo. Una coincidencia con Dante es que ya en el primer ejercicio de meditación se refiere a los ángeles caídos:

el pecado de los ángeles, cómo siendo ellos criados en gracia, no se queriendo ayudar con su libertad para hacer reverencia y obediencia a su Criador y Señor, veniendo en superbia, fueron convertidos de gracia en malicia, y lanzados del cielo al infierno.

El quinto ejercicio de meditación es sobre el Infierno y consiste en ver con la imaginación “los grandes fuegos, y las ánimas como en cuerpos ígneos”; oir “llantos, alaridos, voces, blasfemias”; oler “humo, piedra azufre, sentina y cosas pútridas”; gustar “lágrimas, tristeza y el verme de la consciencia”; sentir con el tacto “cómo los fuegos tocan y abrasan las almas”

Un poco más adelante describe a Lucifer (meditación de “las dos banderas”):

en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cáthedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa

Al final de los Ejercicios el viaje de Íñigo de Loyola finaliza también en el Paraíso, en su “contemplación para alcanzar amor”, “delante de Dios nuestro Señor, de los ángeles, de los santos interpelantes por mí”. De las “pompas de Satanás” nos ha guiado a “la mayor gloria de Dios”.

Pero, en este caso y, sobre todo, en los ejercicios jesuíticos de mi época, no había una Beatriz que en la contemplación del amor interpelase por nosotros. Lo cual, bien mirado, no era justo, porque, en cambio, del infierno nos daban ración para rato. Bien se podría haber añadido un poco de alegría para nuestros corazones adolescentes. Pero en las reglas que tenían nuestros educadores sobre “quomodo inducendi sint homines ad exercitia” (cómo inducir a los hombres a los ejercicios) no hay ningún estímulo de ese tipo.

El resultado era que, aunque del infierno se nos enseñaba todo con pelos y señales, si luego queríamos, de la mano de una guía celeste, ascender al cielo en nuestro viaje de iniciación, además de sernos altamente desaconsejado por nuestros padres espirituales, al final teníamos que concluir el viaje por nuestros propios medios y conseguir subir por la escala de Jacob, aprendiendo así que quod Ignatius non dat, Beatrix praestat

Bibliografía

Alighieri, Dante, La Divina Commedia, Testo critico de la Società Dantesca Italiana, riveduto e rifatto da Giuseppe Vandelli (Firenze, 1937). Ristampa facsimile a Milano, Ulrico Hoepli Editore-Libraio, 1960

Korbacher, Dagmar (E.), Botticelli and Treasures from the Hamilton Collection, The Courtauld Gallery, Staatiicle Museen zu Berlin & Paul Holberton publising, London, 2016.

Thesaurus Spiritualis Societatis Iesu, Santander, 1935

 

 

 

Folclórico, gastronómico, bucólico… (atributos de un fin de semana)

17 abril, 2016
Gustavo Adolfo reclama su naranja. Foto R.Puig

Gustavo Adolfo reclama su naranja. Foto R.Puig

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Folclórico…

Nunca hubiera imaginado que el sombrero tradicional de los labriegos alicantinos iba a competir un día con el del rey espadachín fundador de Gotemburgo.

Pero así ocurrió en la plaza del Ayuntamiento, por obra y gracia de la Oficina de Turismo de Alicante y de la Embajada de España, con la entusiasta colaboración de la nueva Cónsul honoraria de España en esta ciudad.

Ninots alicantinos en la plaza del ayuntamiento. Gotemburgo. Foto R.Puig

Ninots alicantinos en la plaza del ayuntamiento. Gotemburgo. Foto R.Puig

El fin de semana comenzó el sábado 16 con ímpetu folclórico, con pasacalles, músicos y mozas alicantinos, todos ataviados como se estila en las Fogueres y marchando desde la la Plaza de la Ópera a la Gustaf Adolf Torget a los acordes tradicionales de las fiestas de Alicante. Unos ninots anunciaban la fiesta mayor del solsticio de verano, queriendo simbolizar los atractivos de la millor terra del mon, como ya la llamaba mi abuela.

Aunque, si hemos de hablar de atractivos, diremos que Alicante los tiene para todos los gustos…

Asustando a los turistas. Foto R.Puig

Asustando a los turistas. Foto R.Puig

Al parecer, Gotemburgo es la segunda ciudad de Suecia que más volumen de negocio genera en la Costa Blanca, tanto en términos de visitantes como de compradores de real state. Así que la caravana de marketing se paseó por terreno abonado o, dicho de otro modo, predicaba a creyentes. Parece que a esta labradora tan encopetada, que luce el sol por insignia, de ello no le cabe la menor duda

Vengan a tomar el sol que yo les guío. Foto R.Puig.

Vengan a tomar el sol que yo les guío. Foto R.Puig.

Pero, como lo recomiendan los jesuitas siguiendo a su Fundador que como vasco sabía de estas cosas, para conseguir acuerdos, sea cual sea la empresa, conviene hablar de ellos después de comer.

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Gastronómico…

Así que no podía faltar, cocinado en una gigantesca paella, un arroz alicantino del que pudimos disfrutar cientos de asistentes. Los platos fueron generosos, cuajados de gambas, cigalas y mejillones, frutos del mercado pesquero de Gotemburgo, el mejor de Suecia.

Arroz alicantino en Gotemburgo. Foto R.Puig

Arroz alicantino en Gotemburgo. Foto R.Puig

El experimentado chef no sólo dirigía la delicada operación culinaria, sobre un fuego de leña como Dios manda, sino que también administraba la distribución de las raciones.

Repartiendo sabores alicantinos. Foto R.Puig

Repartiendo sabores alicantinos. Foto R.Puig

Puedo asegurar que del arroz, muy sabroso y en su punto, no quedó ni un grano. Y si no me creen, vean con que alegría se lo comían estas labradoras, que, después del pasacalles y antes de acometer el resto del largo programa, necesitaban reponer fuerzas y entrar en calor, pues la temperatura marcaba la mitad de grados de la que ese día tenían en Alicante.

Repartiendo sabores alicantinos. Foto R.Puig

Repartiendo sabores alicantinos. Foto R.Puig

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Bucólico…

El domingo, para bajar la paella, nos fuimos a caminar en familia por el bosque de hayas de Åkulla, en la región de Halland, una reserva natural de 5.200 hectáreas entreverada de veinte lagos, al este de Varberg.

En los bosques de Åkulla. El Skärsjön. Halland. Foto R.Puig

En los bosques de Åkulla. El Skärsjön. Halland. Foto R.Puig

Fue un corto paseo de apenas dos horas hasta las orillas de uno de sus lagos, el Skärsjön, rodeado de un lecho espeso y mullido de hojas caídas en el otoño.

La pista está en algunas zonas marcada profundamente por el tractor forestal que realiza las labores de transporte de los troncos que periódicamente se talan para el mantenimiento del hayal y que suministran una excelente madera.

La huella. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

La huella. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

No sé como lo llamará el tractorista, pero el apodo que a mí se me ocurre es “la bestia”

La bestia del bosque. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

La bestia del bosque. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Las veredas rezuman agua y el humus de sus bordes está cubierto de musgos de un verde vivo y salteado de aguas remansadas.

Humus. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Humus. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Los umbrales de los bosques de hayas están poblados de coníferas.

Apunta la primavera. Akulla. Halland. Foto R.Puig

Anuncios de primavera. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Los primeros brotes de la primavera en los arbolillos más jóvenes pueblan ramas delicadas formando una cortina que a medida que la atraviesas vira del amarillo al ocre verdoso.

Despunta la primavera. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Despunta la primavera. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Nuestro paseo se había iniciado en la Fårfarm (literalmente una granja de ovejas) de Öströö, dotada de enormes instalaciones para la cría de ganado ovino.

Ovejas y corderitos. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Ovejas y corderitos. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Por el momento, en el enorme pabellón de ovejas gestantes, estas y las crías están a cubierto. Cuando se acerque el verano, la cabaña pastará en los prados hasta el mes de octubre. No los hemos contado, pero nos dijeron que, sólo en esa dependencia, maternidad y guardería a un tiempo, había casi doscientos ovinos.

Ovejas y corderitos. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Ovejas y corderitos. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Espacio y luz no faltan y pienso para saciarse, eso sí, todas a una

Todas a una. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Todas a una. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Los bebés se lo toman con calma después de cada mamada

Todas a una. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

Compañeros de guardería. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

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Si alguien tuviese problemas para conciliar el sueño, le bastaría con abrir esta crónica y ponerse a contar

Más ovejas con sus corderitos. Åkulla.  Halland. Foto R.Puig

Más ovejas con sus corderitos. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

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Por mi parte, omito el final de la visita. No quiero aguar estas imágenes bucólicas con los otros aspectos de esta explotación modelo, los que tienen que ver con la talabartería y con la olla. Hemos empezado esta crónica por la gastronomía, pero no es preciso acabarla con lo mismo.

Mejor acordarse de Virgilio que exhorta a un amigo poeta a no avergonzarse de sus menesteres de pastor, ya que también el hermoso Adonis lleva las ovejas a abrevar al río

Nec te paeniteat pecoris, divine poeta: / Et formosus oves ad flumina pavit Adonis

Bucólicas, X.17-18

Bééééééé…

Buen apetito. Åkulla.  Halland. Foto R.Puig

Buen apetito. Åkulla. Halland. Foto R.Puig

 

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Nota bene

Alicante y la Costa Blanca tienen infinidad de experiencias que ofrecer, también para quienes aman la calma y la naturaleza, los paseos por valles y montañas o frente al mar y detenerse a comer bueno y barato en un pequeño restaurante de pueblo, bañarse en el mar en invierno o descubrir su milenaria historia en los vestigios que dejaron sus antiguos pobladores. Todo eso y mucho más para quienes no optan por el bullicio y el ruido, sino por la tranquilidad, el reposo, el silencio y, last but not least,  el trato amable de su gente.

Para quienes estén habituados al ruido, a las noches blancas, al estruendo de los petardos, y al exceso de decibelios de las fiestas y conciertos públicos o privados, multitudinarias o sólo para tu calle, las Hogueras de San Juan, se celebran como siempre, del 20 al 24 de junio. De todos modos, hay que saber prepararse a las mascletàs, que suelen definirse como composiciones pirotécnicas ruidosas y rítmicas, es decir una especie de bombazos encadenados, típicos de nuestra cultura levantina, y estar prevenidos cuando los niños, acompañados o no de sus papás protectores, te tiran un petardo a los pies cuando más desprevenido estás. En mi familia hubo quien adquirió para toda la vida lo que los otorrinolaringólogos llaman tinnitus o acúfenos (es decir un silbido recurrente en el oído), debido a una de esas detonaciones festivas  que le sorprendió a poca distancia. Y eso que era alicantina y sabía de qué iba el acontecimiento.

Los supermercados de bricolaje o las buenas ferreterías venden esos cascos que se ponen sobre las orejas los operarios de obras públicas cuando le dan a la taladradora para levantar los adoquines (seguridad e higiene en el trabajo lo llaman). Si deciden aventurarse por las calles en plenas fogueres, uno de esos artilugios es lo más adecuado, aunque no sea lo más vistoso.

Por el sur de Suecia: apuntes de un viaje breve (y II)

10 abril, 2016
El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

Uno está habituado a que los extremos de la tierra de un país frente al mar tengan connotaciones míticas o, al menos, se distingan con un monumento, un faro, una placa que marque el lugar.

En Suecia, al menos por lo que respecta a su extremo meridional, la cosa no puede ser más banal y, en cierto modo, representativa de la sociedad sueca. En su playa más al sur, en una tierra que a lo largo de los siglos ha sido testigo de las guerras entre suecos y daneses, lo único que hay es una de esas pasarelas de madera, de las que hay cientos de miles en todas las orillas de los mares y lagos de Suecia, con una banqueta de madera para que los jubilados podamos sentarnos a ver venir las olas del Österjon, literalmente “el lago oriental”, que es así como se llama esta parte del Mar Báltico.

El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

Por ahí, a poca distancia al oeste de Smygehamn (“el puerto escondido”), por debajo del paralelo 55, se encuentra este modesto finis terrae, por cuya playa dimos un breve paseo, plantando cara al ventarrón, después de un excelente buffetbrunch a precio familiar en el comedor de un hotel vacacional lleno de papás, mamás y niños voraces, no sin pasear por la pasarela con la mano sobre la barandilla.

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

Los pinos aguantan bien y recuerdan a sus primos mediterráneos, en particular a los de la Costa Brava.

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

La noche anterior la habíamos pasado en un hotel con encanto en el barrio medieval de Simrishamn, en la provincia de Österlen la parte sur oriental de Skåne. Su calle principal recuerda, aunque a escala reducida, a las de Visby en Gotland.

Simrishamn. La plaza de la iglesia. Foto R.Puig

Simrishamn. La plaza de la iglesia. Foto R.Puig

En la plaza de la iglesia de San Nicolás, que en sus inicios, allá por el siglo XII, fue la capilla de los pescadores, hay uno de los característicos ángeles músicos de Carl Milles, de cuyas preferencias por el arte gótico germánico hemos ya tratado en este blog.

Simrishamn. Angel músico. Carl Milles. Foto R.Puig

Simrishamn. Angel músico. Carl Milles. Foto R.Puig

Esta villa, aunque lugar turístico, muy popular en el verano, sigue siendo un puerto pesquero, donde no faltan los krog o casa de comidas y la buena sopa de pescado.

Simrishamn. Viejo pesquero. Foto R.Puig

Simrishamn. Viejo pesquero. Foto R.Puig

Por cierto que ha sido ahí donde he descubierto que las puertas de los pueblos de esta parte de Suecia se ilustran con el símbolo del sol resplandeciente, y, aquí, en este pueblo marinero, también con un par de remos.

Simrishamn. Viejo pesquero. Foto R.Puig

Simrishamn. Símbolos. Foto R.Puig

Quizás sea para recordar que, tras el invierno y sus heladas, nieblas y tormentas, llegará sin falta el más cálido verano de toda Suecia.

Simrishamn. El sol en la puerta. Foto R.Puig

Simrishamn. El sol en la puerta. Foto R.Puig

El caso es que, con un formato u otro, está en todas las puertas.

Campos a pérdida de vista

Las tierras de Skåne son feraces, sus granjas hermosas y bien cuidadas y sus agricultores eficientes. Una despensa para Suecia. Sus horizontes se respiran y su aire aviva el pulso.

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

Nosotros recorrimos este paisaje de oeste a este, entre Landskrona y Simrishamn, parando en Tomelilla y admirando las pequeñas y bien cuidadas aldeas

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

para pasar por la costa y Trelleborg y de allí subir a Gotemburgo, pero no sin antes visitar algunos templos, pues…

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con la Iglesia hemos topado

Iglesia caracteristica de Skane. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup, característica de Skåne. Foto R.Puig

No es posible transitar por la antigua Scania sin divisar sucesivamente las torres de sus iglesias, coronadas por sus triangulares lienzos de muro que fingen, con ingenua arrogancia, arcos y almenas. Nunca había yo visto, si no es en Gotland, una tan alta densidad de iglesias y capillas por kilómetro cuadrado en territorio sueco.

Como cantaba Carl Michael Bellman (1740-1795) en sus Fredmans epistlar (Las epístolas de Fredman) el campesino sueco se levantaba cuando todos aún roncaban en la aldea y trabajaba el campo de sol a sol, pero al acabar la jornada, cubierto de sudor, cuando ya se alzaba el lucero de la tarde, cantaba y sacrificaba.

Oscar Levertin (1862-1906), importante escritor, historiador de la cultura y estudioso de las leyendas y baladas suecas, afirmaba que “el misticismo o la angustia religiosa se hallan por todas parte en la historia de Suecia”.

Sobre esa veta religiosa pagana y supersticiosa vino a asentarse y sembrar de templos el cristianismo, en los mismos lugares sagrados donde se sacrificaba a deidades remotas, de modo no distinto a como se hizo en todas las latitudes donde unas creencias han sustituido a otras.

Un viajero francés y estudioso de la literatura sueca, André Bellessort (1866-1942), que describió la Suecia de 1910 en un viaje que comenzó por el sur, donde desembarcó en Karlskrona, se expresaba así:

Si tuviese que trazar el mapa de la vida religiosa en Suecia, teñiría las provincias del Norte de un color sombrío y tormentosos, el color de las aguas profundas, con algunos islotes más pálidos para distinguir las pequeñas ciudades y los espacios industriales. Las provincias centrales, Estocolmo y Upsala, mantendrían un azul tranquilo; pero yo cubriría las costas del oeste y del sur de una franja ancha y negra, tristemente pietista

André Bellessort, La Suède, Paris, Librairie Académique, 1912

Cita también al Dr. Emil Kleen, un librepensador y viajero sueco (que no hay que confundir con el poeta) con el que tuvo contacto que le comentaba que “un pastor pretendía recientemente que una pizarra negra, la tiza y una Biblia son materiales suficientes para una escuela”. Y el doctor continuaba así: “por mi parte, yo hubiera propuesto con gusto que el pan y el agua se consideren como alimento suficiente para ese pastor, para que aprenda que la sola bondad de las cosas no las convierte en suficientes”.

Pero estas eran las opiniones de un doctor laicizante, autor de crónicas humorísticas de sus viajes*, al que conoció en la universidad de Uppsala.

(*Ströftåg och irrfärder hos min vän Yankee Doodle (Stockholm, 1903), es decir Las andanzas y extravíos de mi amigo Yankee Doodl, así como un manual de masaje y fisioterapia)

Iglesia de Löderup. Siglo XII. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Siglo XII. Foto R.Puig

 

Iglesia de Löderup. Siglos XII a XV. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Siglos XII a XV. Foto R.Puig

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De la imaginería medieval a la austeridad plástica luterana

En la iglesia de Löderup hay un ejemplo de cómo, al mismo tiempo que desaparece la antigua iconografía medieval anterior a la implantación de la Reforma protestante, los modelos de imaginería siguen anclados en el pasado sin apenas renovarse, salvo para los aspectos decorativos. La creación de la Iglesia de Suecia de obediencia luterana en 1527 por Gustavo Vasa, y sobre todo después de su consolidación a fines del siglo XVI, bajo el reinado de Carlos IX, tuvo un efecto iconoclasta sobre pinturas e imágenes, cancelándose muchos de los frescos que apoyaban la liturgia popular.

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado y los evangelistas. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado y los evangelistas. Foto R.Puig

Hay en este templo un retablo rococó de Cristo crucificado, flanqueado por los dos ladrones y escoltado por unos Evangelistas más grandes que el propio Jesucristo. En nada supera a las tallas medievales anteriores a la Reforma. Es como si toda la creatividad de los escultores de la piedad tradicional, cuya obra se puede ver aún en las iglesias de Gotland, hubieses escapado de vuelta a Alemania, para seguir progresando en las esculturas del gótico tardío fuera de Escandinavia.

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado. Foto R.Puig

Al Cristo de Löderup no parecen separarle cuatro o cinco siglos de sus antecesores de escuela germánica en las iglesias de Gotland

Cabeza del crucifijo de la iglesia de Rone. Gotland. Artista de la escuela de Colonia. c.1340. Fuente Joanna Wolska

Cabeza del crucifijo de la iglesia de Rone. Gotland. Artista de la escuela de Colonia. c.1340. Fuente Joanna Wolska

Es más, si me apuran me quedo con aquellos…

Cabeza del crucifijo de la iglesia de Hablingbo. Gotland. Artista sajon. Entre1230 y 1275.. Fuente Joanna Wolska

Cabeza del crucifijo  procedente de la iglesia de Hablingbo. Gotland. Artista sajon. Entre1230 y 1275. Fuente Joanna Wolska

y con su imponente sobriedad.

Rostro de Cristo crucificado. Iglesia de Fide; Gotland. Artista danés. c.1250. Fuente Joanna Wolska

Rostro de Cristo crucificado. Iglesia de Fide; Gotland. Artista danés. c.1250. Fuente Joanna Wolska

¡Pero me estoy apartándo de Skåne y de la iglesia de la que estábamos hablando!

Como explicaba  el historiador del Arte Bengt G.Söderberg (1905-1985) en su libro sobre la pintura de las iglesias en Suecia desde el Medioevo, la lectura bíblica y el canto de los salmos se impone a la liturgia más historiada, a las procesiones y a la iconografía medievales en los reglamentos que la Iglesia Nacional dicta durante el siglo XVII para artesanos y artistas.

En Löderup, el parón figurativo se refleja no sólo en la tosquedad de las imágenes que circundan al Cristo del retablo, con unos evangelistas que parecen mascarones de proa,

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. San Juan evangelista.Foto R.Puig.

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. San Juan Evangelista.Foto R.Puig.

y en sus símbolos animales que parecen figuras de feria,

Iglesia de Löderup. El león de San Marcos en el retablo del siglo XVIII. Foto R.Puig.

Iglesia de Löderup. El león de San Marcos en el retablo del siglo XVIII. Foto R.Puig.

sino también en la retirada del retablo hacia un altar lateral y la presidencia del central otorgada a la escena de Jesús con los discípulos de Emaús del pintor neoclásico danés Carl Blog (1834-1890), que triunfaba en el siglo XIX con sus relamidas estampas.

Carl Bloch. Camino de Emaús. Detalle. Iglesia de Löderup

Carl Bloch. Camino de Emaús. Detalle. Iglesia de Löderup

Como explica Söderberg, hubo obispos de la Iglesia nacional que cubrieron los frescos medievales en el siglo XVII con sus campañas de encalado sistemático de las iglesias. Quedan pocos frescos en Skåne de la época anterior a la Reforma, así que he seleccionado un par de ejemplos de   perfiles tardogóticos de Malmö aportados por el historiador.

Lansquenete. Iglesia de San Pedro en Malmoe.1520. Fuente Bengt G. Söderberg

Lansquenete. Iglesia de San Pedro en Malmö, 1520. Fuente Bengt G. Söderberg

Un soldado de la infantería germánica y una bruja que cabalga sobre un unicornio

Bruja cabalgando un unicornio.Iglesia de San Pedro en Malmoe.1520. Fuente Bengt G. Söderberg

Bruja cabalgando un unicornio.Iglesia de San Pedro en Malmö.1520. Fuente Bengt G. Söderberg

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Si volvemos a Löderup, donde no he podido saber si hay frescos bajo la cal de sus muros, y nos fijamos en las tallas alegóricas que adornan su púlpito (esas no reñidas con la doctrina luterana), nos sorprende la tosca tristeza y el hieratismo rococó de las virtudes que custodian la palabra de Dios. En realidad, Justicia y Caridad presentan la misma efigie, a la que el tallista sólo ha cambiado los atributos simbólicos. Puede que eso signifique que el ideal de una persona es reunir en sí misma todas las virtudes posibles.

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Justicia. Foto R.Puig.J

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Justicia. Foto R.Puig.

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Caridad. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Caridado. Foto R.Puig

Imitan sin mucho éxito a las que se esculpían en Alemania, ya a fines del siglo XVI, como por ejemplo las de la fuente de San Pedro en Tréveris (Trier).

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Epílogo

En 1910, nuestro viajero francés expresaba un deseo imposible, el de saber cómo iba a evolucionar la sociedad sueca y, en particular, su religiosidad pietista y los numerosos grupos que la Iglesia nacional consideraba heréticos y reprimía como a sectas con el apoyo de jueces y policía (esta es una de las causas por lo que algunas comunidades carismáticas emigraron a los Estados Unidos).

Selma Lagerlof (1858-1940) en su obra Los milagros del Anticristo (1897) había identificado el socialismo con el ideal cristiano. Los protagonistas de la novela son vecinos de un pequeño pueblo de Sicilia, que, inspirados por la imagen de un niño Jesús procedente de  la Basílica in Aracoeli de Roma (sobre el Capitolio), al que consideran el Anticristo, logran por sí mismos, trabajando colectivamente, el milagro de construir la vía del ferrocarril. La imagen lleva una leyenda en su corona que dice: “mi Reino es sólo de este mundo “.

Al final de la novela el viejo Papa recibe en el Vaticano al predicador franciscano que ha querido quemar la imagen del Anticristo sin éxito, le explica que el Anticristo es el socialismo, pero que en él se reconcilian el cielo y la tierra, la renovación del mundo, lo que la Sibila Tiburtina había profetizado a Augusto en la colina del Capitolio al anunciarle la llegada de un niño que prefiguraba a Cristo.

¡Ni más ni menos! La imagen del niño milagroso es el Anticristo y Cristo a un tiempo. ¡El socialismo en la tierra y el reino de los cielos son la misma cosa! Diremos que esta obra de Selma Lagerlöf es fruto de su estancia en Sicilia, con ayuda del calor y del sol de Taormina sobre la ya de por sí exuberante imaginación de la autora. De todos modos, es bien sabido que se ganaría a pulso el premio Nobel con otros libros de éxito universal. 

Selma Lagerlöf. Los milagros del Anticristo. 1897. Edición de 1951.jpeg

Selma Lagerlöf. Los milagros del Anticristo. 1897 (edición de 1951)

La obra no tuvo gran éxito ni en Suecia ni fuera del país, pero, comentándola, se preguntaba Bellessort en 1910 si el socialismo cambiaría la religiosidad sueca, reorientando el pietismo de su pueblo creyente hacia unos logros que no tuvieran que esperar a la otra vida, y expresaba su imposible deseo de volver cien años después para comprobarlo.

¿Está destinado el Anticristo a operar milagros en Suecia? ¿Podrá este acaparar el espíritu del pueblo y hacerlo servir a sus fines? De poco me ha servido el vivir por algún tiempo a la sombra de los apóstoles y profetas suecos: ellos no han podido transmitirme su don y su audacia de profetas.

Añadamos que la escritora fue una fervorosa cristiana, comprometida con el sufragismo, militante del Folkpartiet y prohibida por Goebbels por su apoyo a los judíos alemanes. El mensaje de esta novela persigue -en 1897- reconciliar el cristianismo con el socialismo a través de una alegoría de la religiosidad y el espíritu solidario del pueblo siciliano.

Así que parece que fue una maestra de escuela sueca, hace casi 120 años, la que inventó la Teología de la Liberación. Nosotros, ya sin necesidad de profetizar, sí que podríamos responder que los movimientos sociales y sindicales lograron transformar el fervor religioso de los suecos en fervor social. A pesar de todo, la Iglesia nacional de Suecia no se independizó del Estado hasta el año 2000. Hoy es una especie de ONG benefactora que dirige numerosas obras sociales y es propietaria de sus iglesias y de los cementerios, aunque sea el Estado quien se ocupe de mantener y restaurar ese patrimonio.

En los últimos tiempos, la disminución de fieles practicantes ha empujado a la Svenska Kyrkan a vender iglesias.  El jueves pasado el periódico Aftonbladet publicaba una lista de 61 templos vendidos en los últimos diez años a centros de salud, a otras confesiones (católicos, cristianos ortodoxos serbios o sirios, fieles de rito asirio, organizaciones misioneras, musulmanes, e incluso a sus competidores pentecostalistas); así como a entidades comunales o privadas que las convierten en viviendas, sociedades de camping, centros de conferencias, albergues para personas sin techo, espacios deportivos, etc.

Pero la mayoría de los suecos se siguen bautizando, confirmando, casando y celebrando sus funerales y enterramientos con la Iglesia nacional o encauzando a través de ella sus ayudas a los desfavorecidos. Cuando, en realidad, el verdadero culto es el del bienestar, lo que más atrae a los templos son los frecuentes conciertos y ceremonias de memoria que en ellos se celebran.

Así que nada más simbólico que acabar esta larga crónica con la imagen de una iglesia en cuyo cementerio está enterrado Ingmar Bergman, el ilustre hijo de  un severo pastor de la iglesia sueca. Las imágenes de la religión y las grandes preguntas, acompañadas de todas sus angustias, acompañaron su vida y su obra.

Iglesia y cementerio de Fårö en Gotland. Foto R.Puig

Iglesia y cementerio de Fårö en Gotland. Foto R.Puig

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Bibliografía:

Bellessort, André. La Suède, Paris, Librairie Académique, 1912

Lagerlöf, Selma. Antikrists mirakler, Stockholm, Bonniers, 1951

Söderberg, Bengt G. Svenska kyrkomålningar från medeltiden, Stockholm, Natur och Kultur, 1951

Wolska, Joanna, Ringkors från Gotlands Medeltid. En ikonografisk oc stilistik studie, Stockholm 1997

 

 

 

 

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