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El sol nuestro de cada día

27 noviembre, 2022
Fiel a la cita. Foto R. Puig

Hubo un tiempo en que no había ni un sistema de las Ciencias, ni Metafísica, ni telescopios, pero los seres humanos ya buscaban explicaciones, esperanzas, protecciones, había mitos, se concebían dioses.

Érase una vez, cuando en latitudes dispares del planeta el sol encarnaba la constancia, era entre todos los dioses el que traía la luz y el calor cotidianamente. De tal modo que en muchos lugares y entre las múltiples divinidades fue considerado el Dios mayor.

Elucubraciones estas mías nada originales, pero es que hace pocos días salí a caminar por la orilla del mar antes de que la gran esfera, con esa forma que según Parménides englobaba todo lo que es, llegase a la cita.

No era yo el único en esta orilla.

Pescador madrugador. Foto R. Puig

Hay un poema de Vicente Aleixandre en que el sol «se alza sobre las frentes» y es el poeta quien canta por todos.

Cuando en la Marina Alta, el sol se alzaba poco antes de las ocho de la mañana pensé en compartir este poema:

EL POETA CANTA POR TODOS

I
Allí están todos, y tú los estás mirando pasar.
¡Ah, sí, allí, cómo quisieras mezclarte y reconocerte!

El furioso torbellino dentro del corazón te enloquece.
Masa frenética de dolor, salpicada
contra aquellas mudas paredes interiores de carne.
Y entonces en un último esfuerzo te decides. Sí, pasan.

Todos están pasando. Hay niños, mujeres. Hombres
serios. Luto cierto, miradas.
Y una masa sola, un único ser, reconcentradamente desfila.
Y tú, con el corazón apretado, convulso de tu solitario
dolor, en un último esfuerzo te sumes.
Sí, al fin, ¡cómo te encuentras y hallas!
Allí serenamente en la ola te entregas. Quedamente derivas.
Y vas acunadamente empujado, como mecido, ablandado.
Y oyes un rumor denso, como un cántico ensordecido.
Son miles de corazones que hacen un único corazón que te lleva.

II
Un único corazón que te lleva.
Abdica de tu propio dolor. Distiende tu propio corazón contraído.
Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus ojos,
poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho, te hace
girar las manos cuando ahora avanzas.
Y si, te yergues, si un instante levantas la voz,
yo sé bien lo que cantas.
Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos se
ha unido y relampagueado,
que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en
tu grito,
es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada
donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te
reconoces.
La voz que por tu garganta, desde todos los corazones
esparcidos,
se alza limpiamente en el aire.

III

Y para todos los oídos. Sí. Mírales cómo te oyen.
Se están escuchando a sí mismos. Están escuchando una
única voz que los canta.
Masa misma del canto, se mueven como una onda.
Y tú sumido, casi disuelto, como un nudo de su ser te
conoces.
Suena la voz que los lleva. Se acuesta corno un camino.
Todas las plantas están pisándola.
Están pisándola hermosamente, están grabándola con su carne.
Y ella se despliega y ofrece, y toda la masa gravemente desfila.
Como una montaña sube. Es la senda de los que marchan.
Y asciende hasta el pico claro. Y el sol se abre sobre las
frentes.
Y en la cumbre, con su grandeza, están todos ya cantando.
Y es tu voz la que les expresa. Tu voz colectiva y alzada.
Y un cielo de poderío, completamente existente,
hace ahora con majestad el eco entero del hombre.

.

Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Madrid, Espasa Calpe 1954, pp. 63 – 67

Al mismo tiempo sigo pensando en los millones de ucranianos martirizados lejos de aquí, en esos corazones que hacen un único corazón que me lleva a ellos. Se cumplen este año nueve décadas del inicio de aquel otro genocidio ejecutado por la Rusia Soviética, el Holodomor, matando sistemáticamente por hambre a millones de ucranianos.

Otro dictador totalitario emula hoy a Stalin con una masacre de civiles y arrasa de nuevo Ucrania, esgrimiendo similares pretextos y mentiras. No sé qué puedo hacer por sus víctimas desde aquí, salvo interpelar a quienes todavía dudan sobre la responsabilidad del genocidio que Putin y su camarilla están perpetrando.

Posidonia

20 noviembre, 2022
Restos de Posidonia muerta flotantes. Foto R.Puig

En una mar mortecina

.

Frondas de mata marina

muerta

que del mar antojos

son

en su frontera de piedra

pugnan

contra como última opción

devenir

compostado en salazón.

Jadeos, Foto R.Puig

Ilusiones vagas del otoño

amortecidas

que al acortarse el día

abordan

turbios lindes inciertos

vagabundas

sin hallar una morada

resignadas

a su final disgregación.

.

Estrofas en pie quebrado de R. Puig
Maremagnum de hojas muertas de Posidonia, Foto R. Puig

Breverías erasmianas (LII): “In nocte consilium” («De la noche el consejo»)

13 noviembre, 2022
En la noche la luna. Foto R.Puig

In nocte consilium

De la noche el consejo

Adagio II, II, 43

.

Este es uno de los muchos proverbios o adagios grecolatinos que se prestan a interpretaciones ambiguas, esos que Erasmo deshilvanó en sus Adagiorum collectanea o Adagiorum chilliades (en el año de sus muerte la obra incluía 4151 adagios). En su labor filológica citaba autoridades como base de las diversas interpretaciones, para luego introducir sus glosas y a menudo proponer su propio pensamiento sobre la cuestión, a veces muy extensamente. Pero pasemos al que nos ocupa hoy, leyendo lo que escribió aquel best seller del siglo XVI:

 ’Σν νυκτὶ βουλή, id est In nocte consilium. Admonet adagium non esse praecipitandum consilium neque statim ad primos animi impetus quippiam agendum. Nox autem propter solitudinem ac silentium vel maxime ad considerandum consultandumque de rebus gravibus est idonea. Praeterea saepenumero fit, ut somnus sedata cupiditate pristinam sententiam vertat. Unde etiam vulgo dicitur ab idiotis nostratibus : Super hac re indormiam, ubi significant se per otium deliberaturos.

.

‘En el parlamento de la noche’, es decir ‘En el consejo nocturno’. El adagio nos recuerda que el consejo no debe apresurarse ni que las acciones se han de decidir al primer impulso de la mente. Más bien, la noche, por su soledad y silencio, es especialmente apta para considerar y deliberar sobre asuntos importantes. Además, sucede a menudo que el sueño, sosegada la pasión, revierta la opinión inicial. De ahí que también nuestros idiotas comúnmente digan: ‘Voy a dormir sobre este asunto’, cuando quieren decir que lo resolverán en sus ratos libres.

Esta observación final apunta con cierto sarcasmo a la cachaza de aquellos que ante un problema prefieren esperara que las cosas se resuelvan solas. En todo caso, sigue citando a Sófocles y a Plutarco para afirmar que para llegar a dar un buen consejo hay que evitar la precipitación.

Al final, nos dice que Platón, según una cita de Plutarco, cuando escribía a los lacedemonios, aludía a un “club nocturno” (νυκτερινὸν σύλλογον), es decir, una asamblea nocturna de los más ancianos, «a la que se trasladaban los casos más difíciles»:

Platonem, qui scripserit apud Lacedaemonios, ni fallor, fuisse νυκτερινὸν σύλλογον, id est nocturnum conventum gravissimorum, ad quem difficilimae causae rejiciebantur.

Plutarco, Banquete de los siete sabios, 7, 9,
Luna sobre la playa. Foto R. Puig

Sea como sea, bien se trate de buscar un pretexto para no tomar decisiones, lo cual no es una solución, bien se trate de tomarse un siesta o irse a la cama a dormir para estar más lúcido al día siguiente, el caso es que eso de «consultarlo con la almohada» forma también parte de de nuestro acerbo de expresiones castellanas. El comentario erasmiano nos demuestra una vez más que a menudo nuestras expresiones son de rancio abolengo, o dicho de otra manera que ya los filósofos y comediógrafos de la Antigüedad lo habían expresado de modo parecido.

De todos modos, es bien sabido que todo puede degenerar y, en este caso, convertirse en el habito de el «Vuelva usted mañana» que retrató Mariano José de Larra (1809-1837), alguien que vivió aceleradamente.

Para despedirme, esperando que sepamos encontrar el justo medio entre el vicio de la desidia y las angurrias del apresuramiento, traigo aquí una imagen de la paciencia que capté antes de ayer. En casos como el que aquí se muestra, el problema podría ser que la asamblea de los peces delibere sin fin antes de decidirse a morder el anzuelo.

Aguardando a que piquen. Foto R. Puig

Fuente latina: Les Adages d’Érasme, Les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon 2010 (traducción mía)

Mañaneando

6 noviembre, 2022
Vecino madrugador que ayer, desde la acera de enfrente, acechaba a los pájaros que frecuentan el seto de casa. Foto R. Puig

Algo enceguecido por un sol suntuoso, mañaneaba yo ayer frente a esta orilla, de la que por fin las brumas de los últimos días se han disipado y los horizontes se abren sobre el mar por todo el arco del golfo de Valencia.

Y, hete aquí que hace poco, de una reciente adquisición en librería de viejo madrileña, me llamó la atención un soneto de José Bergamín (1895 – 1983) en el que, inspirado por Lope de Vega (1562 – 1635), hacía alarde de su habilidad versificadora y su verbo juguetón, no sin ese pesimismo suyo, para el que hoy pudiera tener parte de razón.

«Siempre mañana y nunca mañanamos», Lope de Vega (*).

.

Mañana está enmañanado

y ayer está ayerecido:

y hoy, por no decir que hoyido,

diré que huido y hoyado.

.

A tal extremo ha llegado

hoy a perder el sentido

que al mañana ha convertido

en “cualquier tiempo pasado”.

.

Un ayer futurizado

y un mañana preterido

nos han escamoteado

.

un hoy por hoy suspendido

de un mañana anonadado

y de un ayer evadido.

.

José Bergamín, de Rimas y sonetos rezagados, Poesía, Madrid, Turner, 2ª ed., 1988, vol.1, p.202, tomado de Antología, edición de Diego Martínez Torrón, Madrid, Castalia, 1997, p. 65

Sin embargo la luz esplendorosa de la Marina Alta nos anima a que volvamos a la orilla de la playa ayer por la mañana.

Mi vecino (Paco), su caniche y el mar. Foto R. Puig

Un hombre pensativo paseaba temprano por la orilla, quizás tratando de comunicar con su familia, que probablemente se haya a muchos miles de kilómetros hacia el sur

En la lejanía. Foto R. Puig

De modo parecido a como el mar mañaneaba ayer con estas imágenes, sigamos ayereciendo con otras de la semana pasada, a pocos kilómetros de nuestra playa cuando el sol ya se despedía

Esta vez no era un gato que pensaba en cazar aves, sino un ave que avizoraba peces.

Cormorán al acecho de los peces frente a Las Rotes (Denia). Foto R. Puig

Cerca de allí algunas damas se adentraban en el agua, con timidez y algún escalofrío.

Abluciones en familia, Marineta Casiana (Denia) 23 de octubre 2022, 18:30 horas

Y alguien disfrutaba de la calma que retorna, cuando los calores del verano se están yendo y la tardor avanza (**).

Sesteando. Foto R.Puig

NOTAS

(*) Un soneto de Lope de Vega que oscila entre dos sentidos de mañanear («madrugar habitualmente» en la acepción de la RAE) o mañanar con el sentido que él entonces y Bergamin más tarde le añaden a este verbo, o sea: demorar, aplazar (dar largas al amor en el caso de Lope).

¡Tanto mañana, y nunca ser mañana!
Amor se ha vuelto cuervo, o se me antoja.
¿En qué región el sol su carro aloja
desta imposible aurora tramontana?


Sígueme inútil la esperanza vana,
como nave zorrera o mula coja,
porque no me tratara Barbarroja
de la manera que me tratas, Juana.


Juntos Amor y yo buscando vamos
esta mañana. ¡Oh dulces desvaríos!
Siempre mañana, y nunca mañanamos.


Pues si vencer no puedo tus desvíos,
sáquente cuervos destos verdes ramos
los ojos. Pero no, ¡que son los míos!

de Lope de Vega

..

(**) Tardor : otoño en valenciano (Diccionari Tabarca, 2005)

Pigricia

30 octubre, 2022
Amanece gris. Foto R.Puig

Hay días en que

hay calma chicha

y la luz no termina

de estallar.

Anclados. Foto R. Puig

Me da que hoy

no se vislumbran

muchas cosas

que contar.

El barco reposa. Foto R. Puig

Aún dormimos,

no hagan olas,

no nos quieran

despertar.

Plomizo. Foto R. Puig

Por el momento

iremos viendo

si es que algo

ha de pasar.

Hoy es poco probable… Video R.Puig

Por un lugar de La Mancha

23 octubre, 2022
Espadaña de la Iglesia San Juan Bautista en Alarcón a contraluz. Foto R. Puig

En viaje de Madrid a Valencia, pernoctamos dos noches en Alarcón (Cuenca, Castilla La Mancha), visitamos el lugar y caminamos por sus alrededores. Estuvimos alojados en un hotel, cuyo nombre despide aroma de hierbas, del que no olvidaremos la cordialidad, las atenciones y la agradable conversación del patrón y la patrona, y seguimos durante más de dos horas a un guía excelente con el que visitamos tres de los templos más notables de la villa y subimos a sus murallas.

Me es imposible decir nada original sobre esta altiva plaza cuya historia condensa muchos de los avatares que formaron parte de la construcción de España a partir del siglo XIV, cimentada sobre prolegómenos, iberos, romanos, visigodos y árabes.

Pinares en las laderas de Alarcón. Foto R. Puig

El pueblo está como atrapado entre una de las dos hoces que forma el río Júcar en los alrededores del peñón sobre el que se construyó su fortaleza.

Embalse del Júcar al norte de las murallas de Alarcón. En el centro la «torre de los Alarconcillos» (siglo.XIV). Foto R. Puig
Plano aéreo de Alarcón en Google
Antiguo puente romano (restaurado) del Tebar al norte de las murallas de Alarcón. Foto R. Puig
Antigua puerta de acceso a Alarcón por el Norte. Foto R. Puig
El peñón donde se asienta Alarcón visto desde el noroeste. Foto R. Puig
Acceso actual por el Este de Alarcón sobre el río Júcar. Más arriba el puente de Chinchilla o del Picazo, antiguo acceso del suroeste. Foto R. Puig

En definitiva se puede resumir las razones para el nacimiento de un pueblo fortaleza sobre este peñón en su calidad de lugar de control y defensa durante siglos de guerras, emplazamiento de valor estratégico y militar. Pero, cuando la nación se unificó en torno a los Reyes Católicos y las fronteras de conflictos seculares desaparecieron, esta atalaya de vigilancia de rutas de la meseta hacia Levante y entre el norte y sur de la parte oriental de la península perdió su importancia.

Fue en los años sesenta del siglo XX cuando la creación de un parador nacional atrajo la atención de un número creciente de visitantes que empezaron a interesarse por la historia, los monumentos y paisajes admirables de Alarcón. Por entonces ya estaban demolidos o en vías de desacralización algunos de sus templos, agrupados a las espaldas del castillo.

Alarcón, acceso actual al Este visto desde las murallas del Castillo (parador). Foto R. Puig

¿Qué decir?

Ninguno de mis comentarios a todo esto podría ser original. Pero quiero mostrar algo que me ha sorprendido, el detalle de un blasón, de un escudo de armas, en una de sus calles (si mi memoria no me engaña situado en un muro en la calle del Dr. Agustín Tortosa).

Escudo de armas en la calle del Dr. Tortosa en Alarcón. Foto R. Puig

Si observamos los rasgos y el tocado del personaje que asoma a la derecha del torreón…

Escudo de armas en la calle del Dr. Tortosa en Alarcón. Detalle. Foto R. Puig
El personaje de tocado y rasgos amerindios en el escudo de armas en la calle del Dr. Tortosa en Alarcón. Detalle. Foto R. Puig

me recuerdan en su sorprendente parecido a otro perfil de quien parece ser un cacique amerindio en la Colegiata de Lobbes en Bélgica, del que hemos hablado en este blog, que fue cincelado sobre la lápida de la llamada «tumba del abad» por un artista anónimo del siglo XVI.

La Colegiata de Lobbes, Bélgica, tumba de abad. Detalle de cacique o sacerdote mesoamericano. Foto R. Puig

Si este personaje en el blasón en una calle de Alarcón fuese la representación de algún amerindio, ello podría significar que se trata de un escudo de armas relacionado de algún modo con documentos o representaciones que llegaron a España en los inicios de la colonización hispana de América, o con alguien que allá viajó, participó de aquella aventura y tuvo parte del señorío que este blasón representa, y que no he podido precisar cuál sea. Tampoco puedo saber si es una copia reciente de alguna reproducción estampada salida de un archivo.

Volviendo a la plaza del ayuntamiento

Alarcón, la Iglesia (desacralizada) de San Juan Bautista en la Plaza del Infante Don Juan Manuel. Foto R. Puig

Y para terminar, acabadas mis elucubraciones, les animaré a que, si tienen la oportunidad de hacer parada y fonda en Alarcón, de hacerlo. Y, eso sí, no se se asusten demasiado cuando entren en esta que fue iglesia bajo la advocación de San Juan Bautista para ver las pinturas murales de Jesús Mateo (*).

Murales de Jesús Mateo (1995) en el espacio del antiguo templo de San Juan Bautista (*) en Alarcón. Foto R. Puig
Alarcón, detalle de los murales de Jesús Mateo (el ser humano en blanco) en lo que fue Iglesia de San Juan Bautista. Foto R. Puig

¡manos arriba!

Conclusión con gato

Como en muchos lugares de España los gatos son los principales anfitriones de una visita turística que se precie. Actualmente están mereciendo incluso la cláusula de un proyecto de «ley animalista» que se discute en las Cortes para que se blinden los cientos de colonias gatunas de nuestro país, cosa que no sería del agrado de las muchas aves y de pequeños animales de nuestra fauna que merecen protección ante los millones de zarpas gatunas, según nos dicen biólogos y zoólogos que tiene estudiada esta delicada cuestión de equilibrio.

Este simpático gato de Alarcón parece reflexionar sobre la cuestión.

Notas:

(*) La iglesia de San Juan Bautista se construyó durante los siglos XVI y XVII sobre otra románica. En el siglo XIX aconteció la desamortización de Mendizábal de los bienes de la Iglesia Católica, sobre la que hay diferentes valoraciones, pero se puede resumir en la transferencia de propiedades agrícolas e inmobiliarias del clero al Estado y paulatinamente (a precios ventajosos) a la burguesía decimonónicos.

En el caso de este templo ya desacralizado, según nos explicó el guía, aún seguía sujeto a las decisiones del cura párroco de Santa María, Don Antonio, a quien se dirigió un día un pintor conquense que obtuvo su permiso para cubrir los muros del interior con murales.

Este es, según dicha explicación, el origen de los murales de Jesús Mateo, trabajo laborioso y cuyos méritos han sido ampliamente reconocidos. No puedo evitar recordar que hizo falta el guía que presidía la visita de la obra (bajo una iluminación que no es la ideal) para dar con el sentido que el autor les atribuye a sus iconografías, organizadas según los signos del Zodíaco, así como por los varios meses del año en sus arcadas, los distintos seres esquematizados y su significación en la mente del pintor, sin olvidar su aspiración a englobar la totalidad del cosmos en esta noche rojinegra, sin omitir un árbol de Jesé que no acaba en su coronación bíblica, además de una figura fantasmal de los pies de un ser humano en la zona del coro y la aparición de su nariz, ojos y extremidades superiores en la zona del altar, tras yacer bajo el suelo del templo en toda sus extensión, que obra así como fosa donde yace ese largo cuerpo, amén de muchas otras figuras de intención alegórica. Parece que el pintor ha querido inspirarse someramente en figuraciones de El Bosco, Picasso, Miró, aunque de forma algo desmañada y apresurada. No obstante lo cual esta enorme danza mural ha sido calificada pomposamente como «el noveno día de la creación». Esperemos que los largos hilillos de pintura que la recorren toda de arriba abajo no tengan que ver con filtraciones indeseadas que amenacen su perennidad.

Madres

16 octubre, 2022
Mamá venezolana con sus niños buscando refugio en un centro de acogida en Necoclí (Colombia). Foto de Emma Puig de la Bellacasa Mejía

Pensando en las madres y sus hijos obligados a dejar su patria

Millones de venezolanos, muy a su pesar, han dejado y siguen dejando su tierra natal en búsqueda de seguridad y mejores condiciones de vida, que no encuentran en el régimen de Nicolás Maduro.

Tras atravesar la frontera en condiciones penosas -particularmente peligrosas para las mujeres y los niños- buscan reposo y ayuda en centros de acogida oficiales o benévolos de Colombia, como por ejemplo HIAS, organización no gubernamental, fundada en Nueva York por la Hebrew Immigrant Aid Society en 1881, para acoger a los refugiados judíos que escapaban de los pogromos en Rusia y Europa del Este; persecuciones y matanzas que empezaron tras el asesinato del Zar Alejandro II.

Con el paso del tiempo y la experiencia de más de un siglo, la organización trabaja ahora en la asistencia a refugiados de todas las etnias y creencias, como es el caso de los latinoamericanos migrantes y desplazados, que recorren los caminos de América Latina hacia los Estados Unidos o hacia otros países de la región en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias.

Pensando en las madres migrantes, tanto de Venezuela como las de muchos otros países, he escogido las poesías dedicadas a su madre por dos poetas. La primera es de Jules Supervielle (1884-1960), poeta franco-uruguayo que no llegó a conocer a sus padres, pues murieron cuando él tenía pocos meses. Fue el último en ser proclamado «Príncipe de poetas» en Francia, poco antes de su muerte en 1960.

El segundo poema es de Vicente Aleixandre (1898-1984), uno de los cinco españoles que han sido galardonados con el Premio Nóbel de Literatura (1977); en sus versos también dialoga con su madre, Elvira Merlo, fallecida en 1934 al año siguiente de la obtención por su hijo del Premio Nacional de Literatura por su libro La destrucción o el amor.

Preguntas a un retrato

Cuando ya había cumplido nueve años, el pequeño Jules supo de golpe que sus tíos, que él creía eran sus padres, lo habían adoptado, debido a la muerte trágica de sus padres cuando viajaron al pueblo de donde eran oriundos, Oloron Sainte Marie, para visitar a la familia con el niño. No está claro si la muerte fue por beber el agua ponzoñosa de una fuente o de cólera.

A partir de aquel descubrimiento, Jules creció con aquella ausencia, dialoga con su madre, muerta a los veintiocho años. El poema lo escribió cuando tenía poco más o menos aquella misma edad. Es parte de su poemario Gravitations, entre los que titula como «Les Colonnes étonnées» (1925) *. El poeta tiene ante sí la fotografía de su madre y la interpela.

«Dirigiéndose a su madre, el poeta interroga su identidad de huérfano, es decir su distancia interior» (Michel Maulpoix, 2002)

LE PORTRAIT

Mère, je sais très mal comme l’on cherche les morts,

Je m’égare dans mon âme, ses visages escarpés,

Ses ronces et ses regards.

Aide-moi à revenir

De mes horizons qu’aspirent des lèvres vertigineuses,

Aide-moi à être immobile,

Tant des gestes nous séparent, tant des lévriers cruels

Que je penche sur la source où se forme ton silence

Dans un reflet de feuillage que ton âme fait trembler !

Ah ! sur ta photographie

Je ne puis pas même voir de quel côté souffle ton regard.

Nous nous en allons pourtant, ton portrait avec moi-même,

Si condamnés l’un à l’autre

Que notre pas est semblable

Dans ce pays clandestin

Où nul ne passe que nous.

Nous montons bizarrement les côtes et les montagnes

Et jouons dans les descentes comme des blessés sans mains.

Un cierge coule chaque nuit, gicle à la face de l’aurore,

L’aurore qui tous les jours sort des draps lourds de la mort,

À demi asphyxiée,

Tardant à se reconnaître.

.

Je te parle durement, ma mère ;

Je parle durement aux morts parce qu’il faut leur parler dur,

Debout sur des toits glissants,

Les deux mains en porte-voix et sur un ton courroucé,

Pour dominer le silence assourdissant

Qui voudrait nous séparer, nous les morts et les vivants.

.

J’ai de toi quelques bijoux comme des fragments de l’hiver

Qui descendent les rivières,

Ce bracelet fut de toi qui brille en la nuit d’un coffre

Et cette nuit écrasée où le croissant de la lune

Tente en vain de se lever

Et recommence toujours, prisonnier de l’impossible.

.

J’ai été toi si fortement, moi qui je le suis si faiblement,

Et si rivés tous les deux que nous eussions dû mourir ensemble

Comme deux matelots mi-noyés, s’empêchant l’un à l’autre de nager,

Se donnant des coups de pied dans les profondeurs de l’Atlantique

Où commencent les poissons aveugles

Et les horizons verticaux.

.

Parce que tu as été moi

Je puis regarder un jardin sans penser à autre chose,

Choisir parmi mes regards,

M’en aller à ma rencontre.

Peut-être reste-t-il encore

Un ongle de tes mains parmi les ongles de mes mains,

Un de tes cils mêlé aux miens ;

Un de tes battements s’égare-t-il parmi les battements de mon cœur,

Je le reconnais entre tous

Et je sais le retenir.

.

Mais ton cœur bat-il encore ? Tu n’a plus besoin de cœur,

Tu vis séparée de toi comme si tu étais ta propre sœur,

Ma morte de vingt-huit ans,

Me regardant de trois quarts,

Avec l’âme en équilibre et pleine de retenue.

Tu portes la même robe que rien n’usera plus,

Elle est entrée dans l’éternité avec beaucoup de douceur

Et change parfois de couleur, mais je suis seul à savoir.

.

Cigales de cuivre, lions de bronze, vipères d’argile,

C’est ici que rien ne respire !

Le souffle de mon mensonge

Est seul à vivre alentour.

Et voici à mon poignet

Le pouls minéral des morts,

Celui-là que l’on entend si l’on approche le corps

Des strates du cimetière.

Ver Referencias (*)

EL RETRATO

Madre, poco sé yo de buscar a los muertos.

Me extravío en mi alma, en sus rostros altivos,

en sus zarzales, en sus miradas.

Ayúdame a volver

de mis horizontes sorbido por labios vertiginosos,

ayúdame a estar inmóvil.

¡Tantos gestos nos separan, tantas crueles jaurías,

que he de inclinarme a la fuente donde nace tu silencio

entre un reflejo de hojas que tu alma estremece!

¡Ay, en tu fotografía

ni siquiera puedo ver hacia donde apunta tu mirada!

A pesar de ello, nos ponemos en marcha, tu retrato conmigo,

tan condenados uno al otro

que vamos al mismo paso

por este país clandestino

que nadie más atraviesa.

De un modo extraño subimos cuestas y montes,

y descendemos jugando como amputados sin manos.

Un cirio gotea cada noche, salpica el rostro de la aurora,

la aurora que a diario escapa de los sudarios agobiantes de la muerte,

medio asfixiada

tardando en reconocerse.

.

Te hablo con dureza, madre mía,

hablo con dureza a los muertos, porque hay que hablarles duro,

en pie sobre tejados resbaladizos,

haciendo bocina con las manos y con tono de enojo,

para dominar el silencio ensordecedor

que quisiera separarnos, a nosotros los muertos y los vivos.

.

Tengo de ti algunas joyas como fragmentos de invierno

que descienden por los ríos.

Este brazalete que fue tuyo brilla en la noche de un cofre,

esta noche aplastada donde la luna creciente

trata en vano de elevarse

y vuelve siempre a comenzar, cautiva de lo imposible.

.

Tan fuertemente he sido tú, yo que soy yo tan débilmente,

y tan acoplados los dos, que deberíamos haber muerto juntos

como dos marineros medio ahogados que se estorban al nadar,

dándose de puntapiés en las profundidades del Atlántico

donde comienzan los peces ciegos

y los horizontes verticales.

.

Ya que tú has sido yo

puedo mirar un jardín sin pensar en otra cosa,

elegir entre mis miradas,

salir a mi propio encuentro.

Quizás quede todavía

una uña de tus manos entre las uñas de mis manos,

una de tus pestañas mezclada con las mías;

uno de tus latidos se pierda entre los latidos de mi corazón,

lo reconozco entre todos

y sé cómo retenerlo.

.

¿Pero palpita aún tu corazón? Ya no necesitas corazón,

vives separada de ti como si fueras tu propia hermana,

mi muerta de veintiocho años,

volviendo a mí tu mirada,

con el alma en equilibrio y llena de ponderación,

llevas el mismo vestido que no podrá envejecer,

ha entrado en la eternidad con gran dulzura

y a veces cambia el color, pero soy el único que lo sabe.

.

¡Cigarras de cobre, leones de bronce, víboras de arcilla,

este es el lugar donde nada respira.

El aliento de mi engaño

vive solo en este entorno.

Y en mi muñeca se siente

el pulso mineral de los muertos,

ese que se escucha si aproximamos el cuerpo

al suelo del cementerio.

Ver Referencias (*)
Niños migrantes venezolanos acogidos en un centro de acogida para desplazados en Necoclí (Colombia). Foto Emma Puig de la Bellacasa Mejía

Custodiar su nombre

El diálogo que sigue Vicente Aleixandre lo publicó en 1954; el poeta tenía a la sazón cincuenta y seis años, veinte años después de la muerte de su madre Elvira Merlo de Pruneda.

Nombre

Mía eres. Pero otro
es aparentemente tu dueño. Por eso,
cuando digo tu nombre,
algo oculto se agita en mi alma.
Tu nombre suave, apenas pasado delicadamente por

              mi labio.
Pasa, se detiene, en el borde un instante se queda,
y luego vuela ligero, ¿quién lo creyera?: hecho

              puro sonido.
Me duele tu nombre como tu misma dolorosa carne

              en mis labios.
No sé si él emerge de mi pecho. Allí estaba
dormido, celeste, acaso luminoso. Recorría mi

              sangre
su sabido dominio, pero llegaba un instante
en que pasaba por la secreta yema donde tú re-

              sidías,
secreto nombre, nunca sabido, por nadie aprendido,
doradamente quieto, cubierto sólo, sin ruido, por

              mi leve sangre.
Ella luego te traía a mis labios. Mi sangre pasaba
con su luz todavía por mi boca. Y yo entonces esta-

              ba hablando con alguien
y arribaba el momento en que tu nombre con mi

              sangre pasaba por mi labio.
Un instante mi labio, por virtud de su sangre sabía
a ti, y se ponía dorado, luminoso: brillaba de tu

              sabor sin que nadie lo viera.
Oh, cuán dulce era callar entonces, un momento.

              Tu nombre,
¿decirlo? ¿Dejarlo que brillara, secreto, revelado

              a los otros?
Oh, callarlo, más secretamente que nunca, tenerlo

              en la boca, sentirlo
continuo, dulce, lento, sensible sobre la lengua y

              luego, cerrando los ojos,
dejarlo pasar al pecho
de nuevo, en su paz querida, en la visita callada
que se alberga, se aposenta y delicadamente se

efunde.

.

      Hoy tu nombre está aquí. No decirlo, no decirlo

jamás, como un beso

que nadie daría, como nadie daría los labios a otro

            amor sino al suyo.

.

Ver Referencias (**)
Migrantes venezolanos en arribo a Necoclí (Colombia). Foto Emma Puig de la Bellacasa Mejía

Referencias:

(*) Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta, Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Editorial Pre-Textos, col. Poéticas, Valencia 2009 : Gravitaciones, “Las Columnas asombradas” (1923, 1925), “El retrato», pp.152 a 157

(**) Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Madrid, Espasa Calpe 1954, I Como el vilano, “Nombre”, pp. 29-31.

Madrid al claroscuro en la pintura de Amalia Avia

9 octubre, 2022
Amalia Avia. Puerta del sol, 1979. Colección ENAIRE

He visitado la exposición El Japón en Los Ángeles. Los archivos de Amalia Avia, antología de los cuadros de Amalia Avia (1926 – 2011) en la Sala Alcalá 31, una amplia retrospectiva en la que predominan las fachadas madrileñas, que la artista transformó en óleos sobre tabla.

La exposición es muy amplia y no se limita, aunque sean prevalentes, a los cuadros que tienen como protagonista un arco de cincuentas años de la capital de España, durante los que Amalia Avia hizo de Madrid la materia de su arte.

Durante las primeras décadas de su actividad pictórica -madre de cuatro hijos- pintaba en sus ratos libres. Con frecuencia se basaba en fotografías como punto de partida de sus obras.

Fotografía de la Puerta del Sol utilizado como referencia para su tabla.
Amalia Avia. Bar Viva Madrid,1978, óleo sobre tabla. Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid
Fotografía del Bar Viva de Madrid utilizada como referencia

En sus trabajos predomina la pintura sobre tabla; en el óleo sobre táblex suele producirse una parcial absorción del medio de trementina y aceite por la madera. Lo que, a mi modo de ver, pudo atenuar la tonalidad de los pigmentos ocres, ya de por sí oscuros, que ella prefería. Según manifestaciones de su hijo Rodrigo Muñoz Avia, su madre conseguía velar más aún la escena representada, pues, como paso previo al proceso de finalización, nos dice que la «rociaba con aguarrás y le tiraba la cerilla».

La artista solía seleccionar fachadas en las que se notaba el paso del tiempo, de las cuales se ausentaba la figura humana ante puertas cerradas y balcones desiertos, como si los locales hubieran entrado en desuso. No obstante, en su trabajo de los años 60 y 70 pinta figuras humanas con diversos perfiles expresionistas y de rostro desvaídos.

Amalia Avia. Mineros, 1964, detalle, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. Puerta del Sol, 1967, óleo sobre tabla. Colección Maruja Avia Peña.
Amalia Avia. La Bobia, 1963, óleo sobre tabla. Colección familia Múñoz Avia.
Amalia Avia. La mujer del mantón, 1964, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. Barrio de la Fortuna,1966, detalle, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. El hombre de la maleta 1974, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.

En décadas posteriores, sus imágenes son las de un Madrid desertado de sus habitantes, la meditación de un pensamiento transformado en visiones de una ciudad silente, triste y melancólica.

Amalia Avia. Despacho de leche, 1994, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. Cambio de agujas nº 2, 1997, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.

A las obras de Amalia Avia, por esa costumbre de la crítica de arte de forjar corrientes, se las consideró primero como de escuela «realista» y luego se dio en calificarla de «hiperrealista». Pero yo diría que ella es su propia y exclusiva tendencia, la de una arqueóloga de un Madrid desvanecido, que en sus pinturas levantaba actas para la memoria.


Nota: las fotografías han sido tomadas por mí en la exposición.

Si algún lector quisiera ver otros cuadros de la artista los puede por ejemplo encontrar aquí, y por supuesto, visitando la Sala Alcalá 31 hasta el 15 de enero del año que viene.

Madrid matinal

2 octubre, 2022
Glorieta de Alonso Martínez hoy domingo a las 9:18 de la mañana.

Hoy he sentido que la leyenda de la alfombra mágica no es sólo un cuento de la imaginación viajera ni sólo un sueño del subconsciente que se manifestaría, al modo de los arquetipos del inconsciente colectivo, en la literatura de diversas culturas. Puede que algunos de los lectores de este blog, cuando en pocos días viajaron de un lado a otro, hayan vivido algo así como una experiencia de pasajeros de una alfombra voladora.

Hace cuatro tardes estaba a la orilla del Mediterráneo

Hace cuatro días. Foto R. Puig

Ayer amanecí en campos manchegos

A la vera del Parque Nacional de Cabañeros. Foto R. Puig

donde los olivos se disponen en ordenadas hileras sobre el escaparate de las colinas junto a las que cabalgó el Caballero de la triste figura

Olivos de la Mancha. Foto R. Puig

Esos olivos que Don Quijote en sus delirios imaginó como extrañas criaturas que robaban la fortuna de unos esforzados caballeros (en realidad eran vareadores de la aceituna) que con sus lanzas se enfrentaban a los supuestos monstruos para recuperarla.

En Madrid hay también otros actores que cada mañana se esfuerzan…

Adelaida

Por la magia de la alfombra he amanecido en Madrid y desayunado en la pastelería donde Adelaida dispone en filas armoniosas los pasteles y bombones con arte de joyería

Las tartaletas de Adelaida. Foto R.Puig
Los bombones de Adelaida. Foto R. Puig
Las joyas tiernas de Adelaida. Foto R. Puig

Asunción

He comprado claveles en un kiosco de la calle Génova

Claveles rojos de esta mañana. Foto R. Puig
En el kiosco de flores de Asunción. Foto R. Puig

Su dueña no ha querido que la fotografíe, aunque ella sea en verdad la flor principal de su floristería.

Moisés

También he tenido una alegre conversación con un joven que atiende otro kiosco, el de periódicos de la Plaza Santa Bárbara donde hoy empezaba

Moisés comienza hoy en la Plaza Santa Bárbara. Foto R. Puig

Es Moisés, boliviano nacido en Santa Cruz de la Sierra. A sus 22 años se ha mudado desde Cantabria a Madrid y hoy es su primer día como regente del kiosco de prensa en la Glorieta de Alonso Martínez, trabajo que alterna con la atención de otro kiosco de prensa en la Glorieta de Quevedo.

Además de comprarle los periódicos, esta mañana he conseguido un nuevo amigo en mi ciudad natal al que deseo el mejor futuro en este Madrid, la ciudad abierta por excelencia, donde nadie se siente forastero

¡Buena suerte Moisés! Foto R. Puig

Colofón

Para concluir, ya que estoy leyendo los periódicos del kiosco de Moisés, les ilustro lo que por desgracia trae hoy la primera página del diario Le Monde en su edición de fin de semana

Bravuconadas peligrosas. Le Monde sábado 1 y domingo 2 de octubre 2022

A lo que se añade otra imagen de hoy de la vitrina de una librería internacional de la calle Génova

En el escaparate de la librería. Foto R. Puig

Disculpen que traigo aquí de nuevo aquello de lo que ya hablé el domingo pasado, pero es que en éstas, aunque no nos guste, estamos todos.

No obstante no quiero despedir hoy esta página, sin que, para compensar, les muestre lo bien que luce el sol esta mañana en los balcones del barrio de Chamberí

Balcones de Madrid este domingo. Foto R. Puig

y no sólo en los balcones

Joya de agua. Foto R. Puig

Rompeolas

25 septiembre, 2022
Mapa de la agresión rusa a Ucrania. Fuente: BBC World News 23.09.2022

El siete de noviembre de 1936 escribió Antonio Machado un cuarteto dedicado a Madrid como ciudad heroica, llamándola en su segundo verso «rompeolas de todas las Españas».(*) Muchos años han transcurrido desde aquella guerra fratricida que está en el origen de esa analogía del poeta entre mi ciudad natal y los diques que suele haber en los puertos para resguardarlos de las tempestades del mar.

Casi 86 años después de que nuestro poeta, cuya obra obra sigue recogiendo el aprecio y la admiración de los españoles sin distinción de ideas políticas, formulase esta metáfora, hay otro dique que merecería que los europeos, sin distinción de países o ideología, lo considerásemos el rompeolas de todas las Europas.

Este baluarte es el pueblo ucraniano, es Ucrania.

Por desgracia, dicha forma de entender lo que está haciendo los ucranianos por Europa, su lucha contra la agresión de la dictadura que impera en Rusia, no concita las unanimidades, a pesar de las evidencias y de las revelaciones crecientes de los crímenes de guerra, de las atrocidades del ejército de Putin con su camarilla en su escalada de barbarie en barbarie.

A mi modo de ver la olvidadiza memoria, consciente o inconsciente, de lo sufrido por Europa en el transcurso de un siglo, explica algo que haya quienes siguen tratando con comprensión, hasta haciendo carantoñas al agresor e incluso votando en la ONU para exculparle.

Hovhannès Aïvazovski, En la tempestad. Detalle, 1872.Galería Nacional de Armenia.

Los que así proceden entierran la memoria de los horrores que Europa vivió por no haber reaccionado a tiempo, por haber creído en los acuerdos con los dictadores de la época y no haber sabido prevenir sus invasiones y ocupaciones totalitarias.

No soy historiador, no soy un experto politólogo, no soy un estratega, no soy tantas cosas que la mayoría de los ciudadanos no somos. Pero soy europeo y pienso y veo a la Rusia de hoy, gobernada por un dictador, repitiendo las mismas tácticas, fabricando las mismas mentiras, infringiendo los acuerdos y las convenciones internacionales y creando muerte y destrucción, en aras de un nacionalismo criminal, análogo al que enfebrecía a Hitler y a Stalin.

Me inquieta que haya incluso gobiernos que están representados en las Naciones Unidas, como firmantes de su Carta y sus convenciones, incluso miembros del Consejo de Europa, incluso integrantes de la Unión Europea, varios de ellos naciones democráticas, así como no pocos ciudadanos de esos países, que siguen abogando por «comprender» a Putin y concederle un armisticio que acepte el desmembramiento de Ucrania por la fuerza y el chantaje de las armas.

Eso me trae ecos de los acuerdos, conferencias, declaraciones y compromisos internacionales violados por aquellos dos dictadores, uno nazi y otro comunista, con la consecuencias espantosas que todo ello acarreo a Europa y al mundo en general durante largas décadas.

Resumo sólo algo de aquello que se olvida (historia de lo ya visto) cuando se condesciende con Putin:

Y me declaro a favor de la libertad e integridad de Ucrania y por todo el apoyo que se le pueda prestar para garantizarlo. Ucrania es hoy el rompeolas de todas las Europas y de la dignidad democrática de quienes somos deudores a los ucranianos por lo que están haciendo para defenderse y defendernos de la barbarie rediviva. (**)


NOTAS

(*)

Madrid, Madrid, ¡qué bien tu nombre suena

rompeolas de todas las Españas!

La tierra se desgarra, el cielo truena,

tú sonríes con plomo en las entrañas.

(**)

Cuando digo «todas las Europas», me refiero a todos los pueblos que se guían por los principios humanos y políticos de la Ilustración y la Democracia, que si bien se gestaron trabajosamente y durante siglos en Europa, crecieron y se extendieron por el mundo allá donde se comparte la defensa de la libertad, dignidad e igualdad de derechos para todos los seres humanos.