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Elogio de la nimiedad (IV): cosas de la orilla del mar

15 enero, 2017
Marea, vainilla y nata. Foto R.Puig

Marea, vainilla y nata. Foto R.Puig

La mar, no nos cansamos de mirarla. Aunque sea nuestra orilla de siempre, un pequeño rincón del mundo. Es lo habitual, como esa luna que el pasado miércoles se alzaba amarilla y levantaba la marea.

Pero estoy empezando por el final. En realidad sólo son cosas nimias, las de un paseo por el borde de la playa, en enero, en estas costas benditas del levante alicantino.  Digo benditas, porque mi abuela utilizaba a menudo una especie de adagio para referirse a Alicante como la millor terra del món.  

De niño no sabía yo del autor de esta expresión, ni de como la popularizó un académico del siglo XIX quien, en carta a un amigo, la repetía a modo de estribillo en algunas de las 18 estrofas de una letrilla en elogio de la tierra alicantina.

Comienza así:

Sepades, señor Bretón,
que de Poniente a Levante,
es sin disputa Alicante
la millor terra del món.

El citado “señor Bretón”, era el dramaturgo y poeta, bibliotecario de la Biblioteca Nacional de Madrid, Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), el autor de la letrilla era Mariano Roca de Togores (1812-1889), escritor de familia alicantina, que fue Director de la Real Academia de la Lengua  y del Ateneo de Madrid.

Todo esto y la letrilla completa lo encuentran en la página de Alicante Vivo. Pero como estamos en enero, quiero citar aquí la segunda estrofa:

Mientras que a vos embozado
por las mañanas de enero,
a la orilla del brasero
os da un dolor de costado,
yo me voy desabrochado
desde el Muelle al Malecón;
que es sin disputa Alicante
la millor terra del món

En fin, por todo el mundo hay muchos que opinan que su terruño es la mejor tierra del mundo. Yo simplemente les traigo aquí algunas nimiedades motivadas por mi paseo del miércoles pasado por mi orilla alicantina.

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Cañas

Lo que nos dejó la riada. Foto R.Puig

Lo que nos dejó la riada. Foto R.Puig

Para que vean que no todo son primores, les dejo una imagen del muro de cañas que nos dejó un reciente temporal. Los carrizos que arrasó el río Girona en su crecida, para arrojarlos en la playa de la Almadraba alcanzan hasta los dos metros de altura. Este muro no ha costado nada, si alguien tendrá que pagar por ello, será el ayuntamiento de Denia, cuando se decida a quitarlo. Si piensan que es una metáfora, ustedes sabrán de qué. En todo caso, los pieles rojas han debido de visitarnos, pues alguien ha comenzado a construir un par de tipis

Lo que nos dejaron los comanches. Foto R.Puig

Lo que nos dejaron los comanches. Foto R.Puig

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Curiosidades para malacólogos

Concha de tipo Mytilidae. Foto R.Puig

Concha de bivalvo. Foto R.Puig

No sé nada de malacología, quiero decir de los moluscos y de sus clasificaciones, pero, paseando por la playa, he encontrado una concha incompleta, que me parece inusualmente grande. Mirada al trasluz tiene irisaciones realmente peculiares. Surfeando en internet se encuentran infinidad de cosas, entre otras sobre los moluscos del Mediterráneo y sus conchas. Me he quedado pensando  ¿será del tipo Mytilidae?

Concha de tipo Mytilidae. Foto R.Puig

Concha de bivalvo en la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Si hay algún malacólogo entre mis lectores, quizás pueda aclaranos si se trata de una rareza exótica para lo que es habitual en esta parte de las costas del Mediterráneo o, por el contrario, es algo común.  Por mi parte, en estas playas no había visto antes algo así y de estas dimensiones

Concha de tipo Mytilidae. Foto R.Puig

Concha de bivalvo ¿de tipo Mytilidae? Foto R.Puig

Desde luego, no me parece que sea el resto de una paella marinera.

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Comoranes

Con sigilo hacia los cormoranes. Foto R.Puig

Con sigilo hacia los cormoranes. Foto R.Puig

Lo de los cormoranes es otra historia. Siempre vienen a esta playa en enero y febrero a pescar en bandadas de alrededor de diez. De nuevo, surfeando, he sabido que muchos pescadores y propietarios de piscifactorías los odian. Al final de los años 70, en España, estas aves, normalmente migrantes, estaban en extinción, pero su población ha aumentado prodigiosamente, no sólo aquí sino en toda Europa. Hasta el punto de que, por iniciativa del Parlamento Europeo, existe un denominado “European Cormorant Management Plan to minimise the increasing impact of cormorants on fish stocks, fishing and aquaculture” (Plan Europeo de Gestión de cormoranes para minimizar su creciente impacto en las reservas de peces, en la pesca y en la acuicultura).

A este vecino que pesca desde el espigón no parece preocuparle lo de los cormoranes, cada uno a lo suyo

Paciencia. Foto R.Puig

Paciencia. Foto R.Puig

En mi caso, yo que no sabía nada de esto, año tras año los admiro y confío que al menos no desaparezcan estos pocos que vuelan, se zambullen, bucean y emergen con tanta elegancia en estas aguas.

Sobre todo no resbalar. Foto R.Puig

Sobre todo no resbalar. Foto R.Puig

El otra día me iba yo acercando con cuidado, sin aspavientos y procurando no romperme la crisma, para no espantarlos y poder dejarles aquí mi homenaje fotográfico, no sea que el año que viene me los hayan envenenado

Más cerca Foto R.Puig

Que no se me espanten Foto R.Puig

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Olas

Els Poblets, Hawai. Foto R.Puig

Els Poblets, Hawai. Foto R.Puig

Me dirán que las olas están muy vistas. Pues sí, sin embargo no es algo que nadie se canse de mirar. Y si había que presumir de las de por aquí, nada mejor que mostrar que también hay surfistas en el barrio. Ademas nuestras ondas no sólo son bravas

Bravas y níveas. Foto R.Puig

Bravas y níveas. Foto R.Puig

sino que también cubren la arena con un manto inmaculado

El manto lácteo de la ola. Foto R.Puig

El manto lácteo de la ola. Foto R.Puig

La ola de nata. Foto R.Puig

La ola de nata. Foto R.Puig

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La luna celosa

Emulación. Foto R.Puig

Emulación. Foto R.Puig

La luna ha traído la marea, ha provocado el oleaje que invade la arena con su espuma, pero tiene celos de lo que ha causado. Finalmente decide mostrar que ella es la que manda, la que se merece todo el brillo del escenario

Y, con ayuda de la noche, Selene se impone

El ama de la playa. Foto R. Puig

La luna se apodera de la escena. Foto R.Puig

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Un día después

Lo anterior ocurría el miércoles. El jueves el mar se había tranquilizado y el atardecer nos regalaba esto

Cabelleras en el cielo. Foto R.Puig

Cabelleras en el cielo. Foto R.Puig

naranja-sobre-tierra-de-naranjas-foto-r-puig

Naranja sobre tierra de naranjos. Foto R.Puig

La punta de mi barrio a las seis y media de la tarde. Foto R.Puig

La punta oriental de mi barrio a las seis y media de la tarde. Foto R.Puig

Otro día que se va. Foto R.Puig

Otro día que se va por el oeste. Foto R.Puig

El crepúsculo comenzaba el jueves a las seis y media de la tarde. Girando la mirada a la redonda lo veíamos así

Primera nieve y fuga

8 enero, 2017
Tímida nieve. Foto R.Puig

Tímida nieve. Foto R.Puig

La nieve llegó de puntillas esta semana pasada, creo que fue el miércoles 4 de enero. Estas son las imágenes de sus primeros tanteos, como si pidiera permiso para instalarse. ¿O demandaba quizás perdón por no haberse presentado en Navidad? En realidad, hace ya años que en Gotemburgo no tenemos navidades blancas. Pero esta vez mis nietos habían venido a vernos y, no es que yo le guarde rencor a la nieve, no es eso, pero un detalle con los niños -digo yo- podría haberlo tenido ¿no les parece?

Silenciosa nieve. Foto R.Puig

Silenciosa nieve. Foto R.Puig

Pero, en fin, pelillos a la mar. En el fondo, la nieve no es dueña de sí misma y, si no recuerdo mal lo que nos enseñaron en el colegio, es un meteoro y ha de competir con muchos otros, como el chubasco, la cellisca (esa que amaga pero no cuaja), la llovizna y otros congéneres que pululan por la troposfera (esa palabra también había que memorizarla bien).

Además, la nieve tiene que pedir permiso al “hombre del tiempo”, ese que sale todos los día en la Televisión, porque “la mujer del tiempo” no le pone tantos peros a la nieve, le da más libertades. Solidaridad de género, digo yo.

Solitaria nieve. Foto R.Puig

Solitaria nieve. Foto R.Puig

Lo del miércoles lo llamo nieve, pero es un decir, en realidad no es muy técnico. Porque siendo rigurosos, no sé, lo mismo tendría que llamarla cinarra.

¿Que no sabe usted qué es eso? Pero ¡alma de cántaro! si está chupado. No, no vaya usted a buscarlo en el diccionario de la Real Academia, que ya me he molestado yo.  Puede que lo que cayó ese día fuese en realidad una “nieve menuda en forma de gragea”.

Nieve alfombra. Foto R.Puig

Nieve alfombra. Foto R.Puig

Desde luego que no creo que podamos decir que fue una simple cencellada, más bien fue el resultado de las celliscas que tuvimos esos días…

Para el “poeta de Gotemburgo” (de quien ya hemos hablado aquí hace años) el frío ya no es un problema.

Johan Anders Wadman el poeta de Gotemburgo. Foto R.Puig

Johan Anders Wadman “el poeta de Gotemburgo”. Foto R.Puig

Uno de sus empleos (tras dilapidar la herencia de su padre) fue el de comisario de los hospitales de campaña del ejército sueco en Alemania durante la guerra de 1813-1814. Entre los productos que Johan Anders Wadman (1777-1837) administraba estaba el aguardiente, que se usaba como medicina para los heridos. Al parecer se le pidieron cuentas por el sospechoso y excesivo consumo del mismo. Entre otros subgéneros literarios, aquel poeta epicúreo y manirroto cultivó la poesía báquica.

El poeta y la nieve. Foto R.Puig

El poeta y la nieve. Foto R.Puig

Aquí le vemos en el busto del escultor Peter Molin, que los miembros de la “Orden bacanal”, de inspiración francmasónica, pagaron a escote treinta años después de su muerte. Genio y figura hasta la sepultura, el poeta murió pobre, y tan pobremente fue enterrado que, cuando la misma orden quiso rendirle homenaje en el centenario de su muerte, no lograron encontrar su tumba hasta dos años más tarde.

En mi caso, como no soy de bronce, mientras la nieve volvía a insistir, está vez decidida a quedarse, no recurrí al aguardiente, sino que tomé un avión hacia latitudes más cálidas

Desde la sala de espera. Foto R.Puig

Desde la sala de espera. Foto R.Puig

Y así estaban ayer los montes por el suroeste de las cordilleras prebéticas …

El Puig Campana. Foto R.Puig

El Puig Campana ayer por la tarde. Foto R.Puig

Breverías erasmianas (XXVIII): de animales y de hombres

1 enero, 2017
El alce nos observa.Foto R.Puig

El alce nos observa.Foto R.Puig

De paseo por el parque

Hace unos días estuve visitando con mis nietos el parque de Slottsskogen (“el bosque del castillo”) en Gotemburgo y observando a los animales que viven ahí. Aunque en algunos casos, somos más bien nosotros los observados.

Los alces, repantingados, nos contemplan o pasan olímpicamente de nosotros…

Pareja. Foto R.Puig

Pareja. Foto R.Puig

A los “pingüinos de Humboldt”tampoco les importamos mucho…

Esperando a Godot. Foto R.Puig

Esperando a Godot. Foto R.Puig

ellos a lo suyo, moviendo sus torpes caderas, pero siempre de etiqueta…

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o surcando las aguas como torpedos

Como pinguinos en el agua. Foto R.Puig

Como pingüinos en el agua. Foto R.Puig

Las ocas ni se dignan mirarnos

Las damas exquisitas. Foto R.Puig

Las damas exquisitas. Foto R.Puig

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En el Museo de Historia Natural de Gotemburgo

Claro que, para animales de otras latitudes, hemos de contentarnos con su presencia para siempre inmóvil en el museo, dentro del mismo parque.

El término “historia natural” creo que lo popularizó Plinio el Joven con su Naturalis Historia de entretenida lectura, en la que se mezclan datos y descripciones acertadas junto con lo que los romanos imaginaban sobre especies lejanas. Más o menos como antes había hecho Aristóteles en su Historia de los animales.  

Para siempre pensativo. Foto Dimitris Papadopoulos

Para siempre pensativo. Foto D. Papadopoulos

La visita tiene algo de mágico y melancólico. Leyendo todas las cartelas explicativas podríamos pasar horas y días. Así sabemos la procedencia del animal, la fecha en que su cuerpo fue disecado, etc.

Por un lado es algo triste, por otro es un homenaje a las especies que comparten el planeta con nosotros y una fuente inagotable de conocimientos. En general da la impresión de que los taxidermistas han buscado presentar la fisionomía amable, casi humanizada de los mamíferos.

Aquí ni frío ni calor.Foto R.Puig

Aquí ni frío ni calor.Foto R.Puig

Recuerdo alguna visita con mi padre o mi abuelo al de Madrid, en el Paseo de la Castellana. Pienso que el interés por la zoología y por los animales que suscitaban estos museos, sobre todo en aquellos años lejanos, cuando no había tantas reservas naturales como hoy y los viajes a safari parks no existían, ni teníamos programas televisivos que pudiesen sustituir el encuentro directo con la fauna del mundo, y, además,  faltaba tanto para que internet nos lo pusiese en bandeja.

Ni pincho ni corto..Foto R.Puig

Ni pincho ni corto.Foto R.Puig

Salvo en alguna película americana en technicolor, al estilo de Mogambo, en la que Clark Gable se paseaba con Grace Kelly en salakot por las sabanas africanas, no era fácil que viésemos un rinoceronte o un hipopótamo en movimiento.

Aquí duermo.Foto R.Puig

Aquí duermo.Foto R.Puig

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Otras evocaciones

Pero me van a disculpar si, al hilo de esta visita, y porque el año que viene de acabar no deja sólo añoranzas y alegrías, vuelvo a alguna analogía de los escritos de Erasmo contra la guerra…

Erasmo no aludía a un oso disecado, sino posiblemente a un espectáculo organizado en alguna celebración cortesana de aquellas que emperadores y reyes tenían el dudoso gusto de organizar, cuando escribía:

¿Quieres saber cuán feroz es la guerra, cuán horrible, cuán indigna es del hombre? ¿No has visto nunca a un león peleando con un oso? ¡Qué fauces, qué rugidos, qué jadeos, qué ferocidad, qué carnicería! Al espectador, aunque esté a salvo, se le ponen los pelos de punta.

¿Algo que objetar Foto R.Puig

¿Algo que objetar ? Foto R.Puig

Sólo los poderosos podían pagarse el espectáculo de un león vivo (el rey de Portugal organizó incluso un combate  entre un rinoceronte y un elefante) enfrentándolo con un oso

El león que rugió. Foto D. Papadopoulos

El león que rugió. Foto D. Papadopoulos

También eran ellos los que organizaban las guerras que Erasmo denunciaba cuando continuaba así:

Pero mucho más horrible, mucho más feroz es la visión de un hombre cargado de armas y venablos atacando a otro hombre. ¿Quién creería, dime, que se trata de seres humanos si la costumbre del mal no nos hubiera privado de la capacidad de asombro? Ojos que arden, palidez en los rostros, furor en la marcha, la voz es como un chirrido, el estruendo demencial, el hombre es todo hierro, las armas rechinan, las bombardas disparan sus rayos. Si los hombres se devorasen y bebiesen la sangre para alimentarse la cosa sería más amable: pero a lo que algunos han llegado es a realizar por odio lo que la costumbre o la necesidad harían más excusable. Más aún, todo esto se está volviendo más cruel gracias a las flechas envenenadas y a las infernales máquinas de hoy en día. Ya no encontramos por ninguna parte rastro de humanidad.

Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio, Madrid, Alianza Editorial, Libro de bolsillo, 2008, Edición, traducción y presentación de Ramón Puig de la Bellacasa, pp.207-208 (del comentario al adagio “Dulce bellum inexpertis”: “La guerra atrae a quienes no la han vivido”)

Las guerras de siempre, cuyos efectos hemos seguido viendo en este año que acababa ayer

Tras los bombardeos contra civiles en Al-Mashhad district. Alepo. 26.07.2016 Fuente Syrianarchive.org

Tras los bombardeos a civiles en Al-Mashhad, Alepo. 26.07.2016. Fuente Syrianarchive.org

…aquellas desdichas que forman el séquito habitual de toda guerra, incluso de la más afortunada y justa: el pueblo empobrecido, los notables abrumados de impuestos; ¡tantos ancianos desamparados y al mismo tiempo anonadados por la muerte de sus hijos! (desgracia peor que perder la vida a manos del enemigo y con ella la capacidad de sufrir); ¡tantas ancianas privadas de sus bienes y a quienes así se aniquila con mayor crueldad que por la espada! ¡Tantas mujeres viudas, tantos niños huérfanos, tantos hogares en duelo, tanta gente próspera reducida a la miseria! En cuanto a la ruina moral ¿de qué sirve mencionarla, cuando nadie ignora que de la guerra se derivan todas las calamidades de la vida? Ella engendra el desprecio del deber, la indiferencia ante las leyes, la osadía y la prontitud para todo tipo de crímenes. De esta fuente nace una turba de bandidos, ladrones, sacrílegos, asesinos. Y, lo que es muchísimo más grave, esta pestilencia tan funesta no sabe fijarse límites, nacida en un rincón cualquiera no sólo invade como una epidemia las regiones vecinas, sino que por ánimo de lucro o a causa de un casamiento o de una alianza arrastra a las más lejanas a participar en el tumulto y en el desastre públicos. Aún más, la guerra engendra la guerra, de un amago de guerra nace una verdadera y de una insignificante surge una guerra total

Op.cit., pp.205-206

Después de un ataque químico en Aleppo.06.09.2016. Fuente Syrianarchive.org

Después de un ataque químico en Aleppo.06.09.2016. Fuente Syrianarchive.org

…entre fieras la guerra es un duelo que enfrenta a dos contendientes y dura muy poco. Aunque el combate sea muy sangriento en cuanto uno de los dos resulta herido se separan. ¿Cuándo se ha oído que como hacen los hombres a menudo cien mil bestias salvajes se despedacen mutuamente? Todavía más, aunque ciertas fieras sienten una hostilidad instintiva hacia animales de otra especie, también hay otras que a la inversa están unidas por una amistad genuina y firme. En cambio, lo que une a un hombre con otro hombre, sin importar quien sea, es una lucha perenne, sin que haya alianza alguna entre mortales que tenga suficiente consistencia.

Op. cit., p.207

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Los organizadores cambian, las víctimas son siempre las mismas…

Y ahora pasamos pagina. Dagens Nyheter. 29 dec.2016

“Y ahora pasamos pagina”. Dagens Nyheter. 29 dic.2016

…y cuando tratan de buscar un lugar seguro, cuando ejercen ese derecho al asilo que debe reconocerse a toda persona humana, la de alcanzar un sitio donde vivir una vida normal, hay quienes también se organizan voluntariamente, esta vez para cazar a los emigrantes como se cazan animales, como esta patrulla de voluntarios en la frontera de Bulgaria con Turquía

Patrulla de

“Cazadores de emigrantes”. Foto NiklasThegerström. Dagens Nyheter. 29 dic.2016

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Así escribe más adelante Erasmo

Imagina pues que un vi­sitante extraño procedente de esas ciudades lunares en las que mora Empédocles, o de uno de esos mundos que Demócrito ha intuido, llega al nuestro deseoso de conocer la vida que se lleva aquí. Y que, informado de los pormenores, se entera de que existe cierto animal, admi­rablemente compuesto de un cuerpo (característica que comparte con las bestias) y de un alma (que refleja la imagen de la mente divina), que alcanza tal grado de no­bleza que aunque exiliado en la tierra impera sin embar­go sobre todos los restantes animales, que debido a su origen celeste porfía en pos de celestiales e inmortales destinos…

Cuando contemple desde allí que los demás animales se comportan como corresponde a su especie siguiendo las leyes naturales, no apeteciendo nada que no les dicte la naturaleza, mientras que el único animal que chalanea, comercia, disputa y guerrea consigo mismo es el hombre ¿acaso no llegará a la conclusión –basándose en lo que ha oído– de que el hombre es cualquier otro animal en lu­gar del mismo hombre?

Op.cit., pp. 224-22

No obstante, a pesar de los pesares, siempre hay razones para esperar y, a comienzos de un nuevo año, vale la pena pensar en ellas.

Motivos para apostar por el género humano

Erasmo lo explicaba así:

…la naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto para sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y a la amistad. Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado con el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio unos brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de alegría. Sólo a él las lágrimas, símbolo de clemencia y misericordia. ¿No le dio acaso una voz que no amenaza ni es temible, sino que, a diferencia de las fieras, es amistosa y agradable? No contenta aún con estos dones, la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza. Le inculcó el odio a la soledad, el gusto por la compañía. Plantó en lo más profundo de su ser los gérmenes de la bondad.

Op. cit., pp. 202-203

El trabajo de los cascos blancos de Siria. Fuente Euronews

El trabajo de los cascos blancos de Siria. Fuente Euronews

Cuando, batiendo records de brutalidad, hay regímenes criminales que destruyen todo aquello que pueda aliviar el dolor y consideran a los hospitales como dianas de sus bombas y al personal sanitario y a los socorristas como objetivos a abatir, hay quienes confirman, en la práctica y sin saberlo, creyentes o no, las mismas convicciones de Erasmo

Porque atender a las necesidades de todos es precisamente lo propio y característico de Dios. Pues si no, ¿qué otra cosa es ese extraordinario placer espiritual que sentimos al saber que alguien se ha salvado por causa nuestra? El mecanismo por el que un favor significativo crea un vínculo es el mismo que hace que un hombre trabe amistad con otro. De este modo Dios ha puesto al hombre en este mundo como réplica de sí mismo, para que a la manera de una divinidad terrestre vele por la salvación de todos. Hasta los animales mismos lo presienten, pues vemos que no sólo los que son inofensivos sino también las panteras y los leones, e incluso otras bestias más feroces que éstas, buscan la protección del hombre en ocasiones de gran peligro. Aquí está el asilo de todos en las situaciones extremas, aquí el altar sacrosanto de toda la creación, ésta es el áncora de salvación que a nadie falla.

Op. cit., pp 203-204

En un hospital de Sanaa. Yemen. Foto Muhammed Huwais. Dagens Nyheter. 29 dec.2016

En un hospital de Sanaa. Yemen. Foto Muhammed Huwais. Dagens Nyheter. 29 dic.2016

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En el primer día del 2017

Aquí estamos, como decía Erasmo, llamados por nuestra naturaleza humana a ser en última instancia “asilo de todos en las situaciones extremas”. En todo caso, podríamos probar a serlo, si no de todos, al menos de algunos.

A todos los que se asoman a este blog, les deseo que el nuevo año se porte bien con ellos y que -como hace unas horas me auguraba un muy buen amigo- nos traiga aquello que necesitamos, pero no lo que tememos.

Y que, en la medida de nuestras posibilidades, contribuyamos a aliviar en el 2017 a quienes el 2016 les trajo aquello que temían.


Referencias

Sobre la razón de ser, la finalidad, la imparcialidad  y los propios controles de fiabilidad del Syrianarchive se puede consultar, su mismo sitio web: https://syrianarchive.org/

Más detalles sobre el origen y los operadores de esa iniciativa en una crónica de hace tres días de la agencia de noticias DW (Deutsche Welle), en su versión en inglés, que considero objetiva e imparcial

Miniaturas de los siglos XVI y XVII en Inglaterra (Fisionomías XXVI)

25 diciembre, 2016
Faust. Libros de viejo. Gotemburgo. Foto R.Puig

Faust Antikvariat.  Libros de viejo. Göteborg. Foto R.Puig

Cuando Carl Winter (1906-1966), director del Fitzwilliam Museum de Cambridge publicaba en 1943 su pequeño tratado (en octavo) sobre la “Miniaturas isabelinas” (‌Elizabethan Miniatures, Penguin Books) no podía pensar que un día de 2016, un peatón curioso se detendría ante los anaqueles en los que el mejor librero de viejo de Gotemburgo suele instalar las gangas cuando no llueve, y adquiriría por 10 coronas suecas (poco más de un euro) su breve tratado en la reedición de 1955.

Miniaturas elizabetianas

Miniaturas elizabetianas

Casi todo lo que cuento e ilustro aquí procede de su libro. Por cierto, que Winter, además de un importante historiador del Arte, fue también uno de los principales valedores de la descriminalización de la homosexualidad en Gran Bretaña (de lo que se cumplen 50 años en 2017) con su testimonio como “Mr.White” ante el Comite  Wolfenden.

 

‌Portada de Elizabethan Miniatures. Carl Winter, Penguin Books 1955

‌Portada de Elizabethan Miniatures. Carl Winter, Penguin Books 1955

El cuerpo de letra del libro no es apto para présbitas, pero hace honor al tema del libro. Así que ya estaba yo a punto de renunciar a la ganga, cuando abrí las páginas de las ilustraciones y, para empezar, me topé con una de la mano del alemán Hans Holbein el Joven (1497? – 1543), el rostro de Ana de Cleves (1515-1557), la cuarta mujer de Enrique VIII, en un delicada miniatura cuasi circular de 3.12/35 cm de diámetro que el artista terminó hacia agosto de 1539 en el castillo de Düren, en Alemania. De allá se aprestaba a viajar la joven para casarse con aquel barbazul y para allá tuvo antes que viajar el artista de prisa y corriendo, desde Londres, por orden del monarca inglés, quien quería ver que aspecto tenía aquella que por alianzas dinásticas se proponía desposar.

Ana tuvo la suerte de morir de muerte natural, aunque su matrimonio no se consumó y duró sólo seis meses. En este retrato prenupcial está mirando a la cámara como una inocente oveja destinada al sacrificio, pero tendría la suerte de no acabar decapitada como su antecesora en el tálamo. Ella fue simplemente jubilada a los venticuatro años y, aunque para no disgustar al aliado carolingio, Enrique VIII le dio tierras y castillo en Inglaterra.

Anna de Clves. Miniatura por Hans Holbein. Victoria and Albert Museum

Anna de Cleves. Miniatura por Hans Holbein. Victoria and Albert Museum

El rey se sintió engañado por quienes se la habían pintado como agraciada, sin sospechar que aparte las marcas de la viruela, la joven no era de figura donosa como le habían dicho. En todo caso, la información gráfica solicitada previamente por el monarca nos ha valido esta pequeña maravilla sobre pergamino y el estupendo retrato que de la princesa alemana hizo Holbein,  también sobre pergamino, y que se puede admirar en el Louvre. Ambos retratos son obras de la madurez de Holbein, cuatro años antes de su muerte en Londres en el otoño de 1543. Lo más probable es que se trajese el retrato de la cabeza a Londres y que acabase los detalles de vestido y joyas del ejemplar del Louvre en Inglaterra cuando la novia ya había llegado y pensamientos menos ilusorios la embargaban.

Anne de Cleves por HansHolbein el Joven. Museo del Louvre. Foto Wikimedia Commons

Anne de Cleves por Hans Holbein el Joven. Museo del Louvre. Foto Wikimedia Commons

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A lo que íbamos; con una buena lámpara, y a ratos la ayuda de una lupa, he leído este librito con creciente interés, aprendiendo todo lo que no sabía sobre el arte del retrato en miniatura, nacido de la maestría del limning de retratos de los últimos artistas iluminadores de códices en el Flandes del siglo XVI, mantenida por grabadores y orfebres, y con quien Hans Holbein se instruyó en esa técnica minuciosa en Amberes. Precisamente, el genial pintor, diseñador de orfebrería y miniaturista, que llegó a Inglaterra con una carta de recomendación de Erasmo de Rotterdam, acabó siendo el artista preferido de la Corte de Enrique VIII y el modelo del que aprendieron los miniaturistas al servicio de la reina Isabel de Inglaterra (1533-1603) y de su sucesor Jacobo I (1566-1625).

Y ya que estamos en la Corte, comencemos por

Los retratos monárquicos y cortesanos

El pintor y miniaturista inglés que destacaría sobre todos los demás se llamaba Nicholas Hillyarde (1547-1619), aunque pasó a la historia como Nicholas Hilliard (pronunciado a la francesa) y escribió hacia 1600 un Tratado sobre el Arte de la Iluminación (“A Treatise concerning the Arte of Limning”) en el que no cesa de proclamar su admiración y su deuda con Hans Holbein y con la obra gráfica de Durero. 

Nicholas Hillyarde. Autorretrato (3.35/02 cm) a los 30 años (1577)

Nicholas Hillyarde. Autorretrato (3.35/02 cm) a los 30 años (1577)

Sobre su obra, he encontrado una excelente memoria de investigación de la francesa Céline Cachaud publicada este año, en la que esta estudiante de Historia del Arte se refiere también a los trabajos de Carl Winter sobre el artista de Ia corte de la reina Isabel I de Inglaterra. 

Estos delicados retratos se realizaban, a la témpera y con finísimos pinceles, en pergamino encolado sobre cartulinas de naipes. A menudo se recortaba una carta de corazones, pues solían ser prendas de amor, a veces lujosamente enmarcadas dentro de medallones y colgantes, que tenían una vida ajetreada, por lo que los colores no han mantenido casi nunca su esplendor original.

Pero aún así… y a pesar de que, como comenta Carl Winter, la reina Isabel I luce una generosa peluca que cubre su escasa cabellera, este diminuto retrato deja bastante claro que no se andaba con chiquitas.

La reina Isabel por Nicholas Hillyarde (5.89 x 3.35 cm).

La reina Isabel por Nicholas Hillyarde (5,89 x 3,35 cm). Victoria and Albert Museum

Como explicaba el artista en su Tratado, las sombras hay que hacerlas con delicadas líneas siguiendo la técnica de los grabados de Durero.

Y aquí tenemos de nuevo a la hija de Ana Bolena. Aunque los colores de la piel se hayan perdido, los detalles de ropajes y joyería han perdurado mal que bien, en otra miniatura, también de Nicholas Hillyarde, quien parece haber encontrado gusto al fondo de lujosa pañería aterciopelada, mientras la reina aprovecha para seguir mostrando su costosísima parafernalia que, según parece, sigue en gran parte en las arcas de de la Casa Real británica.

La reina Isabel de Inglaterra por Nicholas Hillyarde

La reina Isabel de Inglaterra por Nicholas Hillyarde (5,8 x 7,1 cm). Victoria and Albert Museum

Pero, también su competidor, el francés, de familia de hugonotes refugiados en Inglaterra, Isaac Oliver  (fallecido en 1617), quien acabó por robarle a Hillyarde la atención de la Corte, pintó el retrato de la reina en una miniatura oval, que ha llegado a nuestros día bastante desvaído y probablemente inacabado. No sería extraño que viendo que la soberana iba quedando desfavorecida, ni siquiera se lo mostrase. Ya sabemos cómo se la gastaban entonces los reyes y reinas ingleses cuando alguien les disgustaba.

Se puede apreciar la influencia renacentista italiana que diferencia su obra de la de su contemporáneo inglés.

Isabel I de Inglaterra por Isaac Oliver (5,48 x 5,89 cm). Victoria and Albert Museum

Isabel I de Inglaterra por Isaac Oliver (5,48 x 5,89 cm). Victoria and Albert Museum

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Lo que no disgustaba a la reina era ir cambiando de favorito de vez en cuando.

Uno de ellos fue el Conde (Earl) de Cumberland, George Clifford (1558- 1605), a quien aquí vemos a sus veinticinco añitos, revestido de todo lo necesario para entrar en torneo como campeón de la reina Isabel  (vease el detalle del guante de la monarca enganchado a su sombrero).

George Clifford como Queen's Champion. por Nicholas Hillyarde

George Clifford pintado como Queen’s Champion por Nicholas Hillyarde (27,4 x 17,7 cm). National Maritime Museum Greenwich

En esta miniatura, más grande lo habitual, el maestro Hillyarde ha usado un fondo paisajista tomado de los grabados de Durero. La verdad es que el haber sido favorito de la reina no ayudó al conde a salvar su matrimonio  -la condesa consorte obtuvo el divorcio- ni a morir viejo. Las expediciones corsarias de este marino de guerra, como tampoco las de Sir Francis Drake, no fueron del agrado de las flotas españolas de la época.

En cualquier caso, tuvo más suerte que este otro favorito de la reina, Robert Devereux, (1566-1601) conde de Essex, quien, si durante un tiempo hizo perder la cabeza a Isabel  (en el retrato se le ve guaperas y a los veinte años ya pasaba las noches con la reina que tenía más de sesenta), a final quien la perdió de verdad fue él mismo, ejecutado por alta traición cuando no había cumplido treinta y cinco años. Servir a los Tudor y llegar a viejo no era lo corriente; lo que en el caso de Isabel I -decapitadora e hija de una decapitada y de su marido decapitador y feminicida- no deja de tener su intríngulis.

Robert Devereux por Isaac Oliver (5,08 x 4,57 cm). Victoria and Albert Museum

Robert Devereux por Isaac Oliver (5,08 x 4,57 cm). Victoria and Albert Museum

También murió joven, a los dieciocho años, el prícipe Henry Frederick  (1594-1612) hijo de Jacobo I (1566-1625) y de Ana de Dinamarca (1574-1619), aunque tuvo tiempo de ser retratado con toga romana por Isaac Oliver antes de sucumbir a unas fiebres tifoideas.

Enrique Federico Estuardo por Isaac Oliver (5,33 x 4,57 cm) Fitzwilliam Museum Cambridge

Enrique Federico Estuardo por Isaac Oliver (5,33 x 4,57 cm) Fitzwilliam Museum Cambridge

Es una miniatura con dos perfiles, la del llorado príncipe de Gales y la de su madre, a la que se ve ajada, probablemente por las preocupaciones que acompañaron a esta católica resignada, entre otras cosas, a ver como le habían privado de la compañía de su hijo para entregar su educación a preceptores protestantes puritanos y, más adelante, a ser testigo de los altercados entre el heredero y su padre.

Ana de Dinamarca por Isaac Oliver (5,33 x 4,57 cm) Collección Real del Castillo de Windsor

Ana de Dinamarca por Isaac Oliver (5,33 x 4,57 cm) Colección Real del Castillo de Windsor

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Más rostros para el recuerdo

A Edward Norgate (1581 – 1650)  se le vino el mundo encima cuando perdió a su esposa cuando el tenía 35 años y ella 25. Como era un reconocido miniaturista (y autor de un tratado sobre la materia) su forma de perpetuarla en el recuerdo consistió en este medallón de 5,84 por 3,12 cm en cuyo reverso escribió el encomio póstumo de ella:

Non obijt sed abijt. Pudicitiae, Pietatis, et Venustatis rarissimus decus. Suavissimae Conjugi Ed: Norgate

Ella no ha muerto: se ha ido. Ornada de las más selectas cualidades de Modestia, Afecto y Belleza. A su muy dulce esposa, Ed: Norgate

Judith Norgate por Edward Norgate. 1617. Victoria and Alebrt Museum

Judith Norgate por Edward Norgate. 1617  (5,84 x 3,12 cm)     Victoria and Albert Museum

Como lo cortés no quita lo valiente, el artista se casó de nuevo dos años después.

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También esta miniatura tiene algo que ver con una mujer que parece habitar en las nubes. El elegante caballero que, “en el año del Señor de 1588”, aferra una delicada mano de dama que llega de lo alto, parece absorto en un dilema amoroso que se formula con la misteriosa frase “amoris attici ergo”, que traducida literalmente vendría a decir “a causa del amor ático”. Especular se puede… pero, en todo caso, el retratado y su retratista, Nicholas Hillyarde, han dejado la respuesta pendiente de las nubes, digamos que “blowing in the clouds”.

Un desconcido por Nicholas Hillyarde, 1588 (5,84 x 3,32). Victoria and Albert Museum

Un desconcido por Nicholas Hillyarde, 1588 (5,84 x 3,32). Victoria and Albert Museum

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¿Qué decir de este joven en camisón que arde literalmente con el fuego del amor?  Tanta es su pasión que, además de mantener cerca de su corazón un colgante del que pende sin duda el retrato de la amada, ha querido ser pintado con un fondo de llamas. ¿Fue esta miniatura un obsequio a la amada, para que, mientras él navegaba en un navío de guerra o simplemente viajaba comerciando por el continente, contemplase su imagen en la soledad de su lecho?

En verdad, este tipo de prendas de amor tienen su vertiente fetichista

Retrato de amante desconocido por Nicholas Hillyarde ( )

Retrato de amante desconocido por Nicholas Hillyarde (5,66 x 5,33 cm) Victoria and Albert Museum

Por cierto, que el pergamino está pegado sobre un as de corazones…

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Podríamos seguir hasta agotar está colección llena de miga, pero  lo dejaremos aquí.

Nada mejor que despedirmos con un personaje pensativo y atormentado, en medio de un jardín florido con la mano sobre el corazón. Este no era partidario del pijama y las llamas, prefería un entorno bucólico en el que su propio rostro surge de una golilla a modo de corola y sus negros rizos están reclamando los finos dedos de su amada.

En la parte superior del medallón se puede leer el siguiente motto:

Mi probada fidelidad es causa de mi dolor

My praised faith procures my pain

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En fin, como en las seguidillas… allá va la despedida. Y nada mejor que, tal como habíamos comenzado, nos despidamos con una miniatura de Hans Holbein, el maestro indiscutible a cuyo nivel, no obstante sus calidades, los demás miniaturistas que les sucedieron en Inglaterra.

Esta miniatura que segun Winter representaba una dama de la Corte inglesa, ha sido más tarde identificada como Jane Small  (c. 1518–1602) casada en primeras nupcias con un comerciante de ropa.

Jane Small a los 23 años por Hans Holbein. Victoria and Albert Museum

Jane Small a los 23 años por Hans Holbein. Victoria and Albert Museum. Fuente Google Cultural Institute

Es un prodigioso trabajo de Hans Holbein tres años antes de su muerte, de poco más de cinco centímetros de diámetro, pintado hacia 1540, seguramente en el estudio del artista. No hay joyas, sólo un clavel, símbolo de esponsales, que cuelga de su cuello, y una ramita verde entre el pulgar y el índice de su mano izquierda. En su simplicidad es considerado uno de las obras maestras de la historia del retrato. Los demás palidecen frente a este.


Referencias

Carl Winter, Elizabethian Miniatures, Middlesex, The King Penguin Books, 1955 (1943)

Hans Holbein, Paul Mantz, dessins et gravures sous la direction de Edouard Liévre, Paris, A.Quintin, 1879

De dos días en Londres (y III): los expresionistas abstractos en la Royal Academy of Arts

18 diciembre, 2016
Patio de entrada. Royal Academy of Arts .Foto R.Puig

Patio de entrada. Royal Academy of Arts .Foto R.Puig

Si la entrada y el vestíbulo son pequeños, cuando se comparan con el solemne patio neo-renacentista donde la estatua de Sir Joshua Reynolds, pincel y paleta en mano, más parece un director de orquesta que un pintor, resultan pequeñísimos, diríamos que exiguos. Pero al acceder a la exposición antológica dedicada al movimiento de los expresionistas abstractos en los Estados Unidos, aquellos que se mantuvieron agrupados entre el final de la II Guerra Mundial y el comienzo de los años 70, nos sorprende la vastedad de las 13 salas que la la Royal Academy of Arts les dedica hasta el 2 de enero.

Ante una obra de David Smith. Exposición del Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts.Foto R.Puig

David Smith “Volton XVIII” de 1963. Al fondo, “Andrus”, 1961, y “Requiem”, 1958, de Franz Kline. Foto R.Puig

Como todas las etiquetas que el mercado del Arte consagra, siempre hay un inicio, el “descubrimiento” de un poderoso mecenas, de un coleccionista o de un marchante al acecho. Poco a poco, en torno a las promociones que se suceden, llegan los críticos, quienes, al descubrir o construir afinidades entre esos artistas que se van agrupando, les estimulan, favorecen sus intercambios y sus cenáculos, los van situando en la historia de las corrientes del arte, de la pintura en este caso, y los valorizan económica y estéticamente. En el momento oportuno un estudioso prestigioso acierta a ponerle un nombre al movimiento, una etiqueta que prende y se arraiga. El público sigue, se esfuerza por entender y acaba entendiendo.

Male and Female. Jackson Pollock 1942 43. Philadelphia Museum of Art.

Male and Female. Jackson Pollock 1942-43. Philadelphia Museum of Art.

La pintura de Jackson Pollock fue una especie de detonante, pero no lo hubiese sido sin  su millonaria mecenas, Peggy Guggenheim y el primer encargo que le hizo de un mural gigantesco para su lujoso apartamento neoyorquino. Ahí es donde el pintor se desvincula de las vanguardias europeas, se desata y comienza su carrera, libre de desfogarse cómo quiere sobre enormes lienzos en un derroche de energía, un ejercicio de action painting, desparramando el color furiosamente (con el alcohol como coadyuvante).

Mural. Jackson Pollock (242,9 x 603,9 cm,).1943. University of Iowa Museum

Mural. Jackson Pollock (242,9 x 603,9 cm,).1943. University of Iowa Museum

Un poco más tarde, Mark Rothko, evoluciona suavemente de una abstracción colorista, deudora del postimpresionismo europeo, hacia una introspección de colores y dimensiones dramáticas, esas fachadas que esconden y revelan emoción contenida a través de sus costuras.

Mark Rothko 1948. Vassar College. N.Y.

Mark Rothko 1948. Vassar College. N.Y.

Mark Rothko.Sin título.Guggenheim. N.Y. 1949

Mark Rothko.Sin título.Guggenheim. N.Y. 1949

Todos tenemos nuestras preferencias y, del mismo modo que pienso que sin sus lienzos de gran tamaño el expresionismo abstracto no habría dejado su impronta, creo que no todos los que están clasificados dentro de esa corriente son expresionistas en el sentido existencial del término. Si el expresionismo alemán del primer tercio del siglo XX era una forma de exteriorizar el drama de la persona en el mundo y su humanismo era necesariamente figurativo, así como sus figuras extremas, en el expresionismo abstracto  norteamericano, deudor de las formas del paisaje romántico y finisecular, su expresión de lo humano prescinde de la figura, e incluso de las formas del mundo, para crear sus paisajes gigantescos donde el hombre es una emoción contenida que habita tras esas fachadas de colores masivos y líneas que se quiebran, se sobreponen, se tuercen se revuelven, se difuminan. Ausentándose del lienzo el hombre está presente.

Seguramente voy  decir algo incorrecto, al menos para quienes le veneran, pero aunque Pollock fuese uno de sus portaestandartes privilegiados, en realidad su pintura en acción y sus salpicaduras (que convirtió en espectáculo) no son el mejor aporte de esta corriente a la historia de la pintura, a pesar de su impacto en el mercado (sus lienzos pasaron pronto de pagarse a 1000 dólares a costar millones).

De mi recorrido por la exposición no puedo dejar aquí más que algunas de mis preferencias, entre otras causas porque no se permitía tomar fotos de los cuadros, como es habitual y comprensible en exposiciones temporales. Por eso sólo las de las salas son fotos mías y las otras provienen del dominio público. Los pintores que más lejos se mantuvieron del show business son casualmente los que más aprecio.

Repito, el enorme tamaño de estos lienzos es una necesidad. En gran parte a ello se debe el impacto de estos paisajes, de esas formas ilocalizables e inidentificables que capturan la mirada, nos hacen pensar y logran emocionarnos con la magnitud de una naturaleza que nos envuelve y sólo existe interiormente.

PH 950. Clyfford Still 1950. Clyfford Still Museum. Denver

PH 950. Clyfford Still 1950. Clyfford Still Museum. Denver

Hay dos salas en donde esto se experimenta, una es la dedicada a Clyfford Still (1904-1980), un pintor que forma parte del movimiento, aunque paró poco en Nueva York y llevó a cabo su obra en contacto con la naturaleza espectacular y los paisajes grandiosos de los estados del noroeste e los EE.UU.

Sala de Clyfford Still

Sala de Clyfford Still

La otra es la de Mark Rothko (1903-1970). En torno a ella giran y de ella irradian todas las otras doce salas de la exposición. Es un acierto, pues la pintura de este exiliado judío letón representa a mi modo de ver el núcleo íntimo y secreto, lo mejor y más humano de la abstracción en el arte de aquellos años, al tiempo que encierra los ecos de las tensiones y los dramas de aquellas décadas de la guerra fría y de la destrucción y los éxodos generados por las dos guerras mundiales  que la precedieron.

Obras de Mark Rothko. Exposición del Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts .Foto R.Puig

Sala de Mark Rothko. Exposición del Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts .Foto R.Puig

La pintura de Still desborda de abismos de color que se entrelazan y se desgarran, de encontronazos bipolares, de negros y oros, de las aristas vivas del mundo y de esos paisajes insensibles de la naturaleza, que sólo siente cuando nosotros sentimos y que puede ser tanto nuestra escuela de paz como de violencia, de luz como de oscuridad, de dulzura como de efusión de sangre.

PH 4. Clyfford Still 1952. Clyfford Still Museum. Denver

PH 4. Clyfford Still 1952. Clyfford Still Museum. Denver

Y de repente, Helen Frankenthaler, una mujer que jugó con el color y las formas durante su larga carrera con una vitalidad envidiable

Mountains and the Sea. Helen Frankenthaler 1952. National Gallery of Art. Washington

Mountains and the Sea (220 x 298 cm.) Helen Frankenthaler 1952. National Gallery of Art. Washington

No lejos, la visión de la mujer que tuvo Willem De Kooning, en la que hay resabios misóginos y que se hizo famosa por la polémica que suscitó, aunque eso no impide que este holandés, nacionalizado estadounidense, sea uno de los expresionistas abstractos más imitados, hasta el punto de que podríamos hablar de un manierismo De Koonning en la gráfica y la pintura contemporánea, probablemente porque permite jugar con los límites entre la figuración y la abstracción con una fácil libertad de línea y color.

Woman II. Willem De Kooning 1952. MOMA New York

Woman II. Willem De Kooning 1952. MOMA New York

Volviendo a Helen Frankenthaler, me complace pensar que el cuadro que tituló Europa, fruto probablemente de sus impresiones del viaje por Alemania en 1956 (su madre era una emigrante de ese país) es también un homenaje a la creación de la Comunidad Europea (Tratado de Roma) en el mismo año de su lienzo

Europa. Helen Frankenthaler 1957. Helen Frankenthaler Foundation N.Y.

Europa. Helen Frankenthaler 1957 (177,8 x 138,4 cm) Helen Frankenthaler Foundation N.Y.

Hablando del impacto de las dimensiones, confieso que este cuadro de Clyfford Still con sus cerca de cuatro metros de altura por otros casi tres de anchura, me tuvo absorto durante un buen rato en mis sensaciones, como si desplegase ante mí la corteza fosilizada de un enorme sequoia, o de una catarata de cieno, humores y sangres secos, que no se sabe bien si ascienden o se despeñan.

PH 150. Clyfford Still 1958. Clyfford Still Museum. Denver

PH 150. Clyfford Still 1958 (368,3 x 287 cm.). Clyfford Still Museum. Denver

En cuanto a las obras de Rothko allí expuestas

Obras de Mark Rothko. Exposición Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts.Foto R.Puig

Obras de Mark Rothko. Exposición Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts.Foto R.Puig

lamento no haber podido fotografiarlas una por una, así que recurro a otros lienzos suyos violentamente hermosos, en donde los rojos y naranjas vibran

Mark Rothko untitled. Tate Modern.  1964

Mark Rothko untitled. Tate Modern. 1964

Seagram Murals. National Gallery. Washington. Foto Portland Stage Blog

Seagram Murals. National Gallery. Washington. Foto Portland Stage Blog 

Y a esta del año anterior a su muerte, cuando su mala salud que le abatía y la depresión que le embargaba presagiaban el final que decidió dar a su vida, que sus lienzos parecen anunciar

Mark Rothko.Sin título.  Coleccion Kate Rothko Prizel.1969

Mark Rothko. Sin título. Coleccion Kate Rothko Prizel.1969

Y la de la sala o capilla a él dedicada en la Tate Modern, que visité hace ahora más de tres años

Sala Rothko. Tate Modern. Foto R.Puig

Sala Rothko. Tate Modern. Foto R.Puig

Por el continuo recuerdo de la República Española al que volvió en muchos lienzos, les ofrezco una imagen de la sala en la que se exponen las obras de Robert Motherwell

Exposición del Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts. Ante la Elegía de la República Española 1965-75 de Robert Motherwell. Foto R.Puig

Ante la Elegía de la República Española 1965-75 (197,5 x 508,6 cm,) de Robert Motherwell. Foto R.Puig


Y ahora me permito acabar con una adivinanza: ¿a quién creen que se debe esta obra de expresionismo abstracto del género de la action painting? y ¿cómo la titularían?

Sin título. Sin autor. Foto R.Puig

¿Título? ¿Autoría? Foto R.Puig

Lejos del ruido

11 diciembre, 2016
Senderos dorados. Foto R.Puig

Senderos dorados. Foto R.Puig

El Adviento es sinónimo de compras y de masas afanosas yendo de una tienda a otra (incluso han inventado un black friday para aumentar el frenesí). A partir de media tarde las calles se llenan de transeuntes apresurados cargados de bolsas.

Viernes frenético. Foto R.Puig

Viernes frenético. Foto R.Puig

Si te dejas llevar por la corriente hay algo de adictivo en este tráfago pre-navideño. ¡Huyamos lejos de ruido y la furia comerciante!

Menos mal que hay itinerarios que, cuando cae la tarde, gratuitamente nos ofrecen distancia, silencio y un baño de esa luz vespertina y bendita de estas latitudes. De lo que hablo hoy es de cuatro paseos.

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Barrios altos

Por las alturas de Gotemburgo, en barrios donde no hay un solo comercio que atraiga multitudes; por uno de ellos, subiendo cuestas, persiguiendo el último sol del día…

El astro rey se despide.. Foto R.Puig

El astro rey se despide. Foto R.Puig

Llego a tiempo, llego a tiempo, por allá se oculta el Inti…

Hacia el crepúsculo. Foto R.Puig

Hacia el crepúsculo. Foto R.Puig

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Peatonal junto a la ría

Como no hace calor, como todos andan de compras, como el mar es un imán… me voy por el sendero del lado izquierdo de la ría, donde el estuario del Göta Älv se abre.

El oso y el gigante. Foto R.Puig

El oso y el gigante. Foto R.Puig

No hay viandantes, apenas un oso polar…

Hay que pasar bajo el puente, hay viento y el rumor de los vehículos, por allá en lo alto, no me llega…

El zigurat tumbado. Foto R.Puig

El zigurat tumbado. Foto R.Puig

Por mi izquierda piedra y bosque, ha comenzado a helar…

La piedra en pena. Foto R.Puig

La piedra en pena. Foto R.Puig

Por mi derecha…

De Dinamarca ha llegado un barco. Foto R.Puig

de Dinamarca ha llegado un barco. Foto R.Puig

De la China ha llegado un barco. Foto R.Puig

y de la China ha llegado un carguero. Foto R.Puig

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Hace muchos años, aquí venían los bañistas…

Esto era una playa. Foto R.Puig

Esto era una playa. Foto R.Puig

Y al final del camino, el dormitorio de los barcos de recreo. ¡Chist! Más silencio no se puede pedir…

Esperando a la primavera Foto R.Puig

Esperando a la primavera Foto R.Puig

Catafalco. Foto R.Puig

Catafalco. Foto R.Puig

Empiezo a frotarme las manos, me pongo los guantes, me calzo el gorro de lana, es hora de volver…

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Embarcaderos

Ya sé, ahora estamos en la orilla opuesta. Me dirán que ya está muy vista en este blog y que me repito, pero no puedo evitarlo. A menudo, en estos días, al llegar o salir de mi estudio por los alrededores de la colina vecina, la luz me tienta.

En casita. Foto R.Puig

En casita. Foto R.Puig

Sobre este promontorio están encaramadas las casas de los antiguos trabajadores del desaparecido puerto del carbón.

Aquí los atardeceres pueden ser tan lujosos como este…

Sabor a Golden Gate. Foto R.Puig

Sabor a Golden Gate. Foto R.Puig

Y es gratis, así no más, mientras espero el barco que me devuelva al otro lado

El barco nuestro de cada día. Foto R.Puig

El barco nuestro de cada día. Foto R.Puig

y observo a los dueños de esta orilla…

Buscavidas. Foto R.Puig

Buscavidas. Foto R.Puig

¡Difícil atrapar alguna larva bajo este suelo herboso que  ya empieza a endurecer!

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La luces de la noche

Otro día, otro crepúsculo, mi barrio…

Un toque doméstico. Foto R.Puig

Un toque doméstico. Foto R.Puig

A pocas zancadas, el impasible Poseidon

Impasible Poseidon. Foto R.Puig

Las tiendas ya están cerrando, frente al museo somos pocos los viandantes ateridos

La fachada del Museo Foto R.Puig

La fachada del Museo Foto R.Puig

con los héroes y las divinidades

La diosa de la abundancia. Foto R.Puig

La diosa de la abundancia. Foto R.Puig

 que no pueden marcharse

El discóbolo a oscuras. Foto R.Puig

El discóbolo a oscuras. Foto R.Puig

Ahora parece que nos apagan la luz, pero no, el juego sigue…

Juegos de luz. Foto R.Puig

Juegos de luz. Foto R.Puig

Yo también sigo, caminando, hasta la estación.

Han cerrado los comercios y las calles se vacían

Frente a Liseberg.Foto R.Puig

Frente a Liseberg.Foto R.Puig

Al corro de la patata. Foto R.Puig

Al corro de la patata. Foto R.Puig

Nocturno frente a la estación. Foto R.Puig

Nocturno frente a la estación. Foto R.Puig

Regreso bordeando los canales

Luces de Adviento a la vera del canal. Foto R.Puig

Luces de Adviento a la vera del canal. Foto R.Puig

Nadie, ni siquiera en la plaza del mercado

El mercado central. Foto R.Puig

El mercado central. Foto R.Puig

Cruzo el puente, ya pronto estoy de vuelta en casa…

Por el puente nuestro de cada día. Foto R.Puig

Por el puente nuestro de cada día. Foto R.Puig

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La luce della notte

Las insidias de la noche no han sido aún derrotadas. Sólo cuando Tamino y Pamina hayan atravesado el agua y el fuego, la plenitud del sol, el sol, sin sombras ni manchas, iluminará la tierra, trasformándola en un espectáculo radiante.

El mismo viaje se produce en el ánimo de cada ser humano, cada hombre podría repetir el grito de Tamino:

” ¡Oh, noche eterna !¿Cuándo desaparecerás? ¿Cuándo llegará la luz hasta mis ojos?”

“O eterna notte, quando scomparirai? Quando la luce troverà finalmente il mio occhio?”

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Pietro Citati, La luce della notte. I grandi miti nella storia del mondo, Milano, Mondadori, 1996, “La luce della notte (II)”: capítulo sobre Mozart y el mito de La flauta mágica, p.379

De dos días en Londres (II): la pintura crepuscular de Paul Nash en la Tate Britain

4 diciembre, 2016
The Pyramids on the sea. Paul Nash 1912. Tate. London

The Pyramids on the sea. Paul Nash 1912. Tate. London

Para refrescar mis escasos recuerdos sobre la vida y la obra de Paul Nash (1889-1946) aproveché la última tarde en Londres para visitar la exposición antológica a él dedicada por la Tate Britain.

Acercarse a este venerable museo londinense desde la boca de metro de Pimlico, por el borde del Millbank (A3212) a la caida de la tarde, tiene el atractivo de la vista dorada del otro lado del Támesis cerca del puente de la A202; para empezar, la del propio puente y de las cinco torres que se interponen entre la estación de Vauxhall y el Támesis

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

o, a continuación la fortaleza del Servicio Secreto, el M16, que quizás les resulte familiar por las películas de James Bond, y que aquí les muestro acariciada por los últimos rayos del sol y reflejándose en el río

Yendo a la Tate Britain. Puente sobre la A202 y sede del M16 Foto R.Puig

Yendo a la Tate Britain. Puente sobre la A202 y sede del M16 Foto R.Puig

así como los siguientes edificios en la orilla del Albert Embankment (A3036)

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain.  Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

A unos doscientos metros del puente, tras nuestro breve paseo al borde del Támesis al borde del crepúsculo, llegamos a la Tate Britain

La Tate Britain. Foto R.Puig

La Tate Britain. Foto R.Puig

Sólo hay que subir las escalinatas y entrar en el vestíbulo…

El vestíbulo de la Tate Britain. Foto R.Puig

El vestíbulo de la Tate Britain. Foto R.Puig

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Paul Nash

Crepusculares fueron también la vida y la obra de Paul Nash (1889 – 1946), en varios sentidos. Por un lado, su baqueateada existencia coincidió con las postrimerías del dominio imperial británico, por otro, sus vaivenes para definirse como artista reflejaban la propia indecisión de la pintura británica en la primera mitad del siglo XX, tironeada entre una tradición en declive y el reclamo del modernismo desde el otro lado del Canal de la Mancha.

Nash ya era un notable dibujante, acuarelista, artista gráfico, de inspiración simbolista y romántica, y surrealista avant la lettre al principio de la década de 1910. El mundo vegetal y el paisaje son sus lugares preferidos, en los que, salvo para algunos rostros femeninos etéreos y prerrafaelitas, la figura humana es mínima. Nunca descolló en la representación de las formas humanas. pero los árboles asumen, en una especie de transposición mística, el papel del ser humano.

Paul Nash. The Wanderer 1911. Acuarela, tinta y carboncillo. British Museum

Paul Nash. The Wanderer 1911. Acuarela, tinta y carboncillo. British Museum

Más tarde, en los años de la Segunda Guerra Mundial, recobrará en sus lienzos al óleo  los tonos de las acuarelas de las dos colinas de Wittenham de antes de la Gran Guerra y la perspectiva aérea que había en sus paisajes de aquellos años

Paul Nash. View from Wittenham Clumps 1913. Acuarela.Tullie Art Museum

Paul Nash. View from Wittenham Clumps 1913. Acuarela. Tullie Art Museum

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Los desastres de la guerra

Las circunstancias inmundas de la I Guerra Mundial hicieron, a pesar suyo, que Paul Nash saltase a la primera plana de la vida artística británica con ocasión de las matanzas y la destrucción, de unas dimensiones inéditas, en los frentes europeos

Sunset. Ruins of the Hospice Wytschaete. Paul Nash 1917. Imperial War Museum. London

Sunset. Ruins of the Hospice Wytschaete.  Paul Nash 1917. Tinta y pastel sobre papel.  Imperial War Museum. London

Cementerio militar británico de Wytschaete. Foto CWGC

Cementerio militar británico de Wytschaete. Foto CWGC

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Paul Nash trabajaba como ilustrador y grafista, de inspiración romántica y prerrafaelita, cuando los tratados de 1839, que garantizaban la neutralidad de Bélgica y la inviolabilidad de su territorio, fueron pisoteados por una de las potencias firmantes, Alemania, que agredió e invadió el plat pays para atacar más fácil y rápidamente a Francia.

Inglaterra, por motivos de legalidad internacional y por sus propios intereses estratégicos al otro lado del Canal de la Mancha, entró en la guerra en agosto de 1914. Nash se alistó en servicios en el ejército, prestando servicios en el territorio de Inglaterra. Pero en 1916 se produce el desastre de la Somme y es enviado en febrero de 1917 al saliente de Ypres, en la línea del frente por el momento estabilizada. En mayo, antes del asalto que precedió a los horrores de aquella zona, se rompió varias costillas en una caída desde un parapeto. Probablemente el ser repatriado para curarse le salvó la vida. A su vuelta a Londres, comenzó a procesar sus sensaciones.

Paul Nash. The Orchard 1917. Acuarela

Paul Nash. The Orchard 1917. Acuarela

Su acuarela de los árboles alineados tras las alambradas con las dos aves muertas, que data de su tiempo de convalecencia, ya están diciendo algo. No sólo estaban muriendo los combatientes, 539 británicos, entre otros de la Commonwealth, y franceses, que están enterrados en uno de los muchos cementerios militares en torno a Ypres, el de Poperinghe, sino también los que, fusilados por cobardía o deserción por sus propios compañeros (17 en este cementerio) quedaron marcados como tales con una C o una D en la lápida.

Los árboles pueden reverdecer, incluso tras la opresión de la alambradas, pero los hombres, una vez que la guerra los ha plantado bajo tierra, ya no vuelven.

Cementerio de soldados caídos en la I Guerra Mundial en Poperinghe cerca de Ypres

Cementerio de soldados caídos en la I Guerra Mundial en Poperinghe cerca de Ypres

Los integrantes del Hampshire Regiment de Nash cayeron casi todos en la carnicería que comenzó una semana después de que él fuese repatriado.

Cuando retornó al frente de Flandes lo hizo en el papel de un Artista Oficial de Guerra y lo que contempló fue el horror de la destrucción total en torno a Ypres, la aniquilación de naturaleza y hombres.

En la batalla de Passchendaele, Frente de Ypres. Fuente WGC

En la batalla de Passchendaele, Frente de Ypres. Fuente CWGC

Cuando volvió a Inglaterra, enfermo de los bronquios por efecto de los gases lanzados por el ejército alemán, no le bastó el dibujo ni la acuarela, Nash comenzó a trasladar sus bocetos al lienzo. Comenzó a pintar al óleo.

We are making a new world. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

We are making a new world. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

En una naturaleza destruida los árboles, que eran como seres animados en su etapa de dibujo y grafismo, se presentan ahora como símbolos de la muerte no sólo del paisaje vegetal, sino también de la vida animal y humana.

Menin Road en el frente de Ypres. Fuente Gobierno australiano

Menin Road en el frente de Ypres. Fuente Gobierno australiano

Cerca de Menin Road en el frente de Ypres

Cerca de Menin Road en el frente de Ypres. Fuente CWGC

Paul Nash. The Menin Road 1918 19. Imperial War Museum

Paul Nash. The Menin Road 1918 19. Imperial War Museum

Granaderos ingleses en Ypres. Fuente walkleyhistory.files

Granaderos ingleses en Ypres. Fuente Walkleyhistory.files

The Mule Track. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

The Mule Track (El sendero de los mulos). Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

He visto la más espantosa pesadilla de un país, como jamás fue concebido ni por Dante ni por Poe, indecible absolutamente indescriptible. En los quince dibujos que hice te he podido dar una vaga idea de un tal horror, aunque sólo desde dentro, y formando parte de ello, puedes llegar a sentir esta naturaleza terrible y lo que los hombres en Francia tienen que afrontar

(los hombres, “men”, son los soldados expedicionarios británicos en el frente de Flandes occidental)

Sólo el mal y la encarnación del demonio pueden ser maestros de ceremonias en esta guerra: no se percibe ni el más tenue reflejo de la mano de Dios. La salida del sol y su ocaso son blasfemas burlas del hombre; sólo la lluvia negra, que baja de una nubes heridas e hinchadas o a través del amargo negro de la noche, armoniza con la atmósfera de una tierra así. La lluvia sigue sin parar, el fango pestilente adquiere un maldito color amarillo, los cráteres de los proyectiles están llenos de un agua de un verde blancuzco, las carreteras y los senderos cubiertos por pulgadas de limo. Los negros árboles moribundos humean y sudan, y los obuses no cesan.

No soy ya un artista interesado y curioso, soy un mensajero que quiere devolver la palabra a esos hombres que se baten, para que llegue a aquellos que quieren que la guerra dure para siempre. Débil, inarticulado, será mi mensaje, pero contendrá una amarga verdad y ojalá les queme sus almas malvadas.

De una carta de Paul Nash a su mujer el 16 de noviembre de 1917 (BOYD, p.38)

Wire. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

Wire. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

Cementerio de Ixelles. Tumbas de las dos guerras mundiales. Foto R.Puig

Cementerio de Ixelles. Tumbas de las dos guerras mundiales. Foto R.Puig

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La costa como lugar

Antes de apasionarse por De Chirico y de su conversión al Surrealismo continental (el Manifiesto Surrealista es de 1924) Paul Nash plasmó su visión de las costas de las Romney Marshes (las marismas de Romney)

The Shore. Paul Nash 1923. Leeds Museum

The Shore. Paul Nash 1923. Leeds Museum

Las playas de Dymchurch. Fuente Ashe Alarms

Las playas de Dymchurch. Fuente Ashe Alarms

por las playas de Dymchurch 

Winter Sea. Paul Nash 1925 37. York Art Gallery

Winter Sea. Paul Nash 1925-37. York Art Gallery

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Durante los años de su esfuerzo por conectar su surrealismo espontáneo y personal con el europeo y por seguir las corrientes artísticas del continente Paul Nash extraviaba su propio estilo, aunque mejoraba su técnica en la pintura al óleo. Fue el alma y el inspirador de la Exposición Internacional Surrealista en Londres en 1936, la primera en su género, donde también expuso las que consideraba sus mejores tentativas surrealistas. Aquellos trabajos exigieron mucho de él, comprometieron su economía, le dejaron exhausto y minaron su salud.

Blue House on the Shore. Paul Nash 1930 31. Tate. London

Blue House on the Shore. Paul Nash 1930-31. Tate. London

Sobre su período surrealista, se puede encontrar información y obra en el sitio oficial de la Tate Britain, donde hay un vídeo de cinco minutos que resume bien esta exposición antológica de su obra.

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Propaganda de guerra

El Ministerio de la Guerra británico aceptó de nuevo a Nash como pintor de guerra al comienzo de la II Guerra Mundial. Tras la batalla de Inglaterra en 1940, en la que la RAF derrotó a la LUFTWAFFE sobre las costas de Inglaterra, quedaba mucha guerra por delante y a los artistas también se les pedía que participasen en el esfuerzo por levantar la moral de victoria entre la población.

Nash se incorporó, no sin renuencias y también por necesidad económica, a esta labor aunque no en el frente. Lo que el pintó fueron los residuos del frente, en este caso a partir del cementerio de los bombarderos alemanes cerca de Oxford donde estuvo tomando fotos y apuntes. Su cuadro de El Mar Muerto no sólo es una magnífica alegoría de las marejadas bélicas que azotan las orillas de la Historia y del trágico fin de los hombres y las máquinas que quieren cambiar el mundo con bombardeos. Es además un alegato contra la visión heroica de la guerra. Los restos de tanta locura yacen bajo la luna y un búho blanco sobrevuela a lo lejos los esqueletos de la industria bélica. El lienzo no gustó al Ministerio del Aire.

Dead Sea. Paul Nash 1940 41. Tate. London

Dead Sea. Paul Nash 1940 41. Tate. London

Tampoco les pareció bien otro cuadro, el de la batalla de Alemania, que trataba de simbolizar una inminente victoria mostrando con vívidos colores el espectáculo de columnas de humo negro y de un cielo al rojo durante los asoladores bombardeos con los que los británicos se desquitaron, en 1944 y sobre el territorio alemán, de los que ellos habían sufrido en 1940. Aunque a los que le pagaban no les gustase, se trata de un excelente cuadro de factura casi abstracta, en el que reafirmaba su vuelta a los colores de su imaginario natural, aunque en este caso los hongos no sean de los que crecen en el campo.

Por entonces sus bronquios y sus pulmones ya estaban sembrados de las secuelas de la inhalación de gases en las trincheras de Ypres.  Le quedaban dos años de vida escasos.

Battle of Germany. Paul Nash 1944. Imperial War Museum. London

Battle of Germany. Paul Nash 1944. Imperial War Museum. London

Y es, en definitiva, al final de su vida, cuando sus paisajes reflejan de nuevo esa sensibilidad de sus dibujos y acuarelas que encontraba en los lugares naturales que él denominaba places.

De vuelta en Langley Marish Paul Nash vuelve a ser Paul Nash y sus obras finales se nutren del humus de una trayectoria vital y artística exclusivamente suya. A pesar de la precariedad y de los problemas familiares de los últimos meses de su vida, sus crepúsculos, sus lunas y sus soles, sus campos y sus árboles, al borde de la abstracción, demuestran que se ha reencontrado con sus sitios de partida.

Murió de un paro cardíaco mientras dormía. Era el 1 de julio de 1946.

Landscape of the Vernal Equinox. Paul Nash 1944. Scottish National Gallery of Modern Art.

Landscape of the Vernal Equinox. Paul Nash 1944. Scottish National Gallery of Modern Art.

La muerte, en la cual todos pensamos, creo que es la única solución al problema de cómo poder volar. Pienso que si la muerte llega a darnos esto, la muerte será algo bueno

Paul Nash, Counterpoint magazine, 1945


Referencias:

(BOYD 2007) David Boy Haycock, Paul Nash, Tate, Coll. British Artists, London 2007

Orestes Ferrara, La Guerra Europea, causas y pretextos, Madrid, Sociedad Española de Librería, Biblioteca de Ciencias Sociales y Políticas, 1917 (aprox)