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De calabazas y pucheros

11 noviembre, 2018
Al solecillo de la tarde. Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Al solecillo de la tarde. Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

“Adieu, vive clarté de nos étés trop courts” (Baudelaire, Chant d’automne)

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Calabazas

A principios de noviembre –velis nolis– a todos nos dan calabazas. Hay que hacerse a ello, es el jalogüín, como Fernando Savater lo llama cuando escribe que estas fechas no son sólo de añoranza de quienes se ausentaron de nuestras vidas; para los niños, añade, se acompañan de “ese toque de terror venial que convierte a las ánimas difuntas en sobresaltos de feria y no en reos del purgatorio o amenazantes embajadores del fuego eterno”.

En el Jardín Botánico de Gotemburgo  se pueden ver en estos días hasta noventa formas de calabaza, también llamada zapallo, que es como se denomina la cocúrbita comestible en gran parte de la la América castellano hablante. Su cosecha en Europa antecede en cuatro a cinco meses a las fechas de su recolección en aquellas tierras hermanas.

90 tipos de calabazas. Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

90 tipos de calabazas. Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Además de saborear en la cantina del jardín una sopa de calabaza, puedes entrar en una casita roja que parece sacada de un cuento de gnomos y descubrir las formas inusitadas de lo que en sueco y con pompa onomatopéyica llaman pumpa.

La casita de exposiciones. Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

La casita de exposiciones. Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Cualquier época del año es buena para acercarse al Jardín Botánico, pero quizás sea ahora cuando los tonos de color y la luz oblicua del sol mejor se hermanan con el agua.

Luz de otoño. Foto R.Puig

Luz de otoño en el Botánico. Foto R.Puig

Quedan en los parterres esas flores que se mantienen casi todo el año.

Asteracea. Symphyotrichum novi belgii. Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

“Asteracea. Symphyotrichum novi belgii”. Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Tiemblan todas las coloraciones del espectro lumínico

Hojas de Acer Palmatum. Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Hojas de “Acer Palmatum”. Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

en una gran variedad de formas.

En el Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

En el Jardín Botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Decididamente son tiempos para el paseo.

En otoño paseos. Foto R.Puig

En otoño paseos. Foto R.Puig

Certifican los historiadores que Aristóteles inauguró su Escuela Peripatética en el año 335 a.C., pero en mi modesta opinión tuvo además que ser cuando el otoño se enseñoreaba de los cielos de Atenas, como lo hacía sobre Gotemburgo hace poco más de una semana. Estos días son buenos para pasear filosofando o para filosofar paseando.

Cielo de otoño desde el Botánico. Foto R.Puig

Cielo de otoño desde los invernaderos del Botánico. Foto R.Puig

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Colores en la cacerola

(por cortesía de la cocina de Amelia)

Pocas policromías pueden competir con la paleta del otoño. Sin embargo no le van a la zaga los colores de los manjares de una mesa peruana. No se enfaden los amantes de las demás gastronomías, pero esto lo digo con pruebas: para animarme a tomar el avión a Lima, unos buenos amigos me han provocado hace poco con fotos de los platos que la cocina de Amelia (seguramente con la ayuda de Manolo para cortar cebollas) estaba desplegando sobre la mesa.

Mesa de manjares. Lima. Cortesía de la cocina de Amelia.

Estas eran las imágenes que a través del éter me servía mi androide ¡cuando yo me estaba preparando unos humildes huevos fritos!

CauCau. La cocina de Amelia. Lima. Peru

“Cau cau”. La cocina de Amelia. Lima. Perú

¡Oh visiones fugitivas¡ ¡Oh manjares que al tacto y al gusto por la pantalla escapan! Aunque mejor no me quejaré, no sea que un criollo me responda : “¡Amigo ¿cuál es tu cau cau?!” (*)

Olluquito con Charqui. La cocina de Amelia. Lima. Peru

“Olluquito con charqui”. La cocina de Amelia. Lima. Perú

¡Y que me dicen de este nombre, olluquito! Es verdad que faltan el tacto y el gusto, pero ¿a que suena que alimenta?

Continuamos con otros dos platos que nos llegan de un Perú primaveral, pero que en Europa son perfectamente otoñales.

El siguiente es un plato de cuchara…

Frejoles. La cocina de Amelia. Lima. Peru

“Frejoles”. La cocina de Amelia. Lima. Peru

Ideal para los primeros fríos, como también lo es este

Seco de res. La cocina de Amelia. Lima.Peru

“Seco de res”. La cocina de Amelia. Lima.Peru

¡Que aproveche!

¡Ah! Y para desengrasar podemos salir a jugar al fútbol con los niños…

Entrenamiento. Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig

Entrenamiento. Jardín botánico de Gotemburgo. Foto R.Puig


Notas:

(*)  “¡Amigo ¿cuál es tu cau cau?!” =  “¡Amigo ¿cuál es tu problema?!”

Por lo que he podido hasta el momento averiguar:

  • El cau cau (competidor de los callos a la madrileña) lleva mondongo, patata, cebolla roja, pasta de ají amarillo, dientes de ajo picados, polvo de cúrcuma, hierbabuena, guisantes, aceite de oliva, sal, pimienta y comino.
  • El olluquito de charqui lleva, además del charqui o carne de res desecada, lomo de cerdo en cubos, olluco (planta andina) picado, ají, ajo molido, comino, perejil picado, culantro (coriandro), aceite y sal.
  • El seco de res lleva carne de vacuno, cebolla roja picada en cubitos, ajo molido, culantro molido, guisantes, ají molido, aceite, agua, sal,  pimienta y comino.

En cuanto a cómo todo esto se combina y se elabora… le tendremos que preguntar a Amelia.

 

Otoño con una esquina roja

4 noviembre, 2018
Foto R.Puig

Foto R.Puig

Otoño

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Otoño manso, yo mismo me venzo

y cedo a tus aguas hasta beberme el cielo,

fuga suave de árboles y abismos.

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Áspera es la pena del nacer

que a ti unido me halla;

y en ti me duelo y sano:

.

pobre cosa caída

que la tierra recoge.

Hasta beberme el cielo. Foto R.Puig

Hasta beberme el cielo. Foto R.Puig

Autunno

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Autunno mansueto, io mi posseggo

e piego alle tue acque a bermi il cielo,

fuga soave d’alberi e d’abissi.

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Aspra pena del nascere

mi trova a te congiunto;

e in te mi schianto e risano:

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povera cosa caduta

che la terra raccoglie.

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Salvatore Quasimodo. “Oboe sumergido” (Óboe sommerso, 1930-1932),Tutte le poesie, intr. Gilberto Finzi. Milano, Mondadori Ed, 1960, p.67 (la traducción es mía).

Otoño manso. Foto R. Puig

Otoño manso. Foto R. Puig

Ayer se celebraba el Día de Difuntos en Suecia.

La tarde se retiraba lentamente tras un día luminoso. En tales días el sol arde en los ventanales de Vasastan y se retira renuente de los miles de lápidas del camposanto. La afluencia al inmenso cementerio de Kvibergs en Gotemburgo -uno de los más grandes de Europa con sus 130 hectáreas-  era grande.

Pobre cosa caida. Foto R. Puig

Pobre cosa caída… Foto R. Puig

Raras son las cruces en la cabecera de sus tumbas, excepto

Pobre cosa caida. Foto R. Puig

Pobre cosa caída que la tierra recoge. Foto R. Puig

en una en la que, por toda memoria, hay dos tablas cruzadas.

También hay enterrados 377 soldados alemanes muertos en aguas o tierras de Suecia en las dos guerras mundiales

Memorial de los soldados alemanes. Cementerio de Kvibergs. Gotemburgo. Foto R.Puig

Memorial de los soldados alemanes. Cementerio de Kvibergs. Gotemburgo. Foto R.Puig

agrupados de dos en dos, en el memorial hay una referencia a un versículo del evangelio según San Juan (JOH 15,13) :

Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos

En ti me duelo y sano. Foto R. Puig

Áspera es la pena del nacer. Foto R. Puig

No lejos yacen 144 soldados de la Commonwealth, 68 muertos en la batalla de Jutlandia en 1916 y 46 en la Segunda, principalmente en enfrentamientos aéreos.

Tumbas de soldados británicos. Cementerio de Kvibergs. Gotemburgo. Foto vastarvsbloggen.se

Tumbas de soldados británicos. Cementerio de Kvibergs. Gotemburgo. Foto vastarvsbloggen.se

Los ruidos del otoño

28 octubre, 2018
Hay ruidos en el parque. Foto R.Puig

Hay ruidos en el parque de Nya allén. Foto R.Puig

El 1º de abril de este año dejé en estas páginas constancia de las aprensiones que embargan a muchos vecinos de Gotemburgo en relación con lo que yo denominaba el lumbricus magnus. No era, puedo asegurarles, un poisson d’avril. El nombre oficial es Västlänken (“el enlace occidental”). Se trata de un enorme proyecto para la construcción de una travesía ferroviaria (norte-este-sur) de ocho kilómetros, que incluye la perforación de seis kilómetros de túnel bajo el núcleo central de Gotemburgo.

En el año 2007 la obra se presupuestaba en 15.000 millones de coronas suecas, que se convirtieron en 20.000 en 2010 y actualmente se estima en casi 35.000 millones (cerca de 3.400 millones de euros) que, según porcentajes oficiales, se cubrirán al 50% con el presupuesto nacional. Un 41% por ciento lo cubrirán los impuestos de entrada y salida de vehículos por la ciudad (que cada año suben), es decir por los habitantes de la misma que viven o trabajan en ella y no tienen más remedio que desplazarse en vehículos motorizados

Se dice que las obras concluirán en el 2026 con una serie de grandes ventajas para la mejora de los transportes y los viajes en tren que tienen a Gotemburgo como nudo estratégico.

Se acerca la gran lombriz. Foto R.Puig

¡Uy! se acerca la gran lombriz. Foto R.Puig

El debate ha sido intenso, pues durante ocho años (si se cumplen los plazos) la ciudad va a estar sometida a grandes obras de excavación de túneles, con grandes socavones a cielo abierto en puntos neurálgicos, y cientos de volquetes circulando para llevarse el suelo extraído, no se sabe muy bien hacia dónde, más las emisiones de máquinas y camiones. El temor a imprevistos y riesgos geológicos está llevando a miles de propietarios en inmuebles de las zonas afectadas a solicitar una certificación sobre el estado actual de sus pisos o edificios.

La ciudad está construida en una buena parte (surcada por canales) sobre suelos arcillosos y en parte cimentada sobre rocas graníticas. Las encuestas de opinión entre la ciudadanía el año pasado daban un 26 % de opositores a la obra, un 25% de habitantes a favor y un 46% que no se pronunciaba. Consecuencia: tras las elecciones de hace ya cincuenta días aún no se sabe quién será el o la burgomaestre de la ciudad (casi un 30 % de los electos al Consejo Comunal están en contra del proyecto).

Pero, en fin, parafraseando a Beltrán du Guesclin, no voy a ser yo quien (con mi pobre voto) quite ni ponga alcalde, pues siendo madrileño en Suecia, más me valdría hacerme el sueco. Además, este blog no suele emitir juicios de política aplicada y, mucho menos, de política ficción.

Así que volvamos a los ruidos del otoño.

Otoño mediado. Foto R.Puig

Otoño mediado. Foto R.Puig

En variadas ocasiones he traído a estas páginas las imágenes del Kungsparken que recorre la Nya allén y bordea el antiguo canal que circunda el corazón de lo que fueron los bastiones de la ciudad dieciochesca.

Mapa Nya allén. Gotemburgo

Desde hace años suelo pasear por esta verde avenida en ambas direcciones. Incluso la tomé como motivo de uno de mis lienzos.

Nya allén. Acrílico y óleo sobre tela. Ramón Puig 2014

Nya allén. Acrílico y óleo sobre tela (120 x 100 cm). Ramón Puig, 2014

Pues bien, hace pocos días, me daba yo una vuelta por este paseo, cuando caí en la cuenta de que en la Nya allén ya se está excavando justo frente a la iglesia del histórico barrio de Haga (Hagakyrka), bajo la cual el lumbricus magnus abrirá un vasto espacio para una estación subterránea de cuatro vías de tren.

Dos liturgias. Foto R.Puig

Dos liturgias. Foto R.Puig

Como es sabido, las obras públicas a cielo abierto suelen concitar el interés de paseantes ociosos (entre los que últimamente me incluyo). Al fin y al cabo, desde que éramos hombrecitos, nos regalaban camiones-volquete, grúas y otras herramientas para que jugáramos a ser ingenieros de caminos, canales y puertos, lo que por supuesto incluye socavones y túneles de gran tamaño.

Así que algo mueve a los pensionistas de nuestra generación a extasiarse ante esos artilugios, los de verdad, operados por hombres (hoy también por más y más mujeres) con casco y chaquetones reflectantes.

Los artilugios de la gtan lombriz. Foto R.Puig

Los artilugios de la gran lombriz. Foto R.Puig

Cuando junto a otros viandantes te detienes a observar un rato las excavaciones y a escuchar las conversaciones, estos parloteos callejeros son como una pequeña encuesta de opinión a pie de calle. Hay desde aquellos (más bien gente que peina canas) que dicen, como escuché textualmente, “vamos a tener que emigrar”, a quienes simplemente se limitan a decir que es fascinante.

La lombriz ya anda por aquí. Foto R.Puig

La gran lombriz ya anda por aquí. Foto R.Puig

En mi caso, cronista de mis días y si mis lectores no protestan, les tendré al corriente de los progresos del gran verme.

Y si alguno se da un garbeo para venir a verme, trataré de servirle de guía, si es necesario con casco.

Para celebrarlo ¿qué mejor que unas tapas de gruyer con sus agujeros?

Voracidad. Foto R.Puig

Voracidad. Foto R.Puig

Y ya que el apetito del anélido es enorme y complejo, no quiero olvidar otro detalle: sus anillos son de varia nacionalidad. A esta voraz expedición aportan sus fuerzas varios musculosos consorcios de Suecia, Italia, Turquía, Noruega y Alemania.

Excavando. Foto R.Puig

Cómo es la vida, cuando pensábamos que lo sabíamos todo sobre gusanos y lombrices

Janet y Allan Ahlberg. El gusano, ese desconocido. Altea Benjamín, Madrid

Janet y Allan Ahlberg. “El gusano, ese desconocido. Madrid, Altea Benjamín, 1981 (The Little Worm Book, Granada,1979)

resulta que aún nos queda mucho por aprender

Hello. Foto R.Puig

Elogio de la nimiedad (VIII): ripios del desayuno

21 octubre, 2018
Siesta canina en la Vall d.Ebo. Foto R.Puig

Siesta canina en la Vall de Ebo. Foto R.Puig

Estaba ya tentado de hacer novillos este domingo. Además una cantata de Bach en la radio me invitaba a la pereza del bloguero, esa que te asalta cuando la semana ha estado mediada por un vuelo low cost y la resaca consiguiente.  Pero, al descargar algunas fotos de mis últimas semanas por las tierras de mi abuela materna, algunas me han devuelto a mis deberes.

Fue en la Vall de Ebo, el cuatro de octubre, en un restaurante al que vamos de pascuas a ramos a comer los platos de los pueblos serranos de la Marina Alta. Hay a sus puertas dos perros reviejos, que siempre parecen estar a punto de estirar la pata y sin embargo, cuando de año en año volvemos, siguen ahí en absoluta indolencia canina o, visto de otro modo, en la mayor placidez.

Y me he dicho : “¡aún no estás ahí!

Así que, a pesar de que había cerrado los ojos (como es de rigor cuando te mece la música de Bach) he oído una voz (no sé si en alemán o en latín) que, entre los vaivenes de la música del genio de Leipzig, me susurraba : “¡abre los ojos y cumple con tu precepto dominical!”

Despertar canino en la Vall d'Ebo. Foto R.Puig

Despertar canino en la Vall de Ebo. Foto R.Puig

La verdad es que, desde el miércoles por la tarde hasta esta mañana de domingo, no puedo destacar muchas nimiedades. No me refiero obviamente al mundo mundial del que se ocupa mi amigo José María Tortosa, donde, gira que te gira, sigue sucediendo de todo, y no precisamente cosas nimias. Más bien, se trata de esas banalidades mías que a menudo rumino en estas páginas.

Pero veamos…

El día antes de volar de Alicante a Gotemburgo, frente a mi balcón el cielo se adornaba con brochazos de amarillo Nápoles.

MIércoles 17 de octubre. Atardecer en la Almadraba. Foto R.Puig

MIércoles 17 de octubre. Atardecer en la Almadraba. Foto R.Puig

Diríase que el espíritu de Rubens andaba enredando entre los nubarrones de un temporal que se anunciaba mientras yo hacía las maletas.

No dejó de llover en toda la noche.

A la mañana siguiente la visión era una mezcla de grisalla, morado y plata. Un charco inmenso el mar, y los modestos aguazales que la lluvia había dejado y que la luz dignificaba.

Jueves 18 de octubre. La mañana desde el balcón.. Foto R.Puig

Jueves 18 de octubre. La mañana desde el balcón.. Foto R.Puig

Y aquí me tienen, mañana de domingo en costas escandinavas, en horas de desayuno, frente a los entes de una prosaica mesa de cocina.

Es la leche. Foto R.Puig

Es la leche. Foto R.Puig

A mí este vaso glauco

a la edad pueril

me ha transportado

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“¡Bebe niño la leche!

¡Acábatela toda!

¡Si no, no crecerás!”

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Nadie entonces sabía

que la lactosa

podía ser peligrosa.

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Es la pera. Foto R.Puig

Es la pera. Foto R.Puig

Pequeña cachiporra

verde, amarilla o pecosa

la pera es otra cosa.

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Robada del vecino

si decirse puede

sabe aún más sabrosa.

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Es fruta muy jugosa,

la comas a mordiscos

o te la den con queso.

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Aquí hay tomate. Foto R.Puig

Aquí hay tomate. Foto R.Puig

No hay por mi Alicante

desayuno o almuerzo

sin tu pan con tomate.

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Con kilos de este fruto

y otros tantos de azúcar

creaba mi abuela confitura.

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Pero -¡ay!- (hábito estúpido)

su espachurre en las calles

hoy llaman tomatina.

Cafecito matinal. Foto R.Puig

Cafecito matinal. Foto R.Puig

Es mi ripio final

una modesta laudatio

del fruto del cafetal.

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Mis amigos colombianos

acostumbran al café solo

llamar tinto.

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Hasta Bach lo cantó

y gracias a esa taza

hoy el blog despegó.

Gato en la Vall d.Ebo. Foto R.Puig

Gato en la Vall de Ebo. Foto R.Puig

Así que ahora estoy despierto como este gato de la Vall de Ebo vecino de los viejos canes sesteantes.

 

 

 

Los blues de la Almadraba

14 octubre, 2018
Foto R.Puig

Jinetes en el cielo. Foto R.Puig

 

Azul

Hay tardes, yo no sé,

cuando los cielos son mar

y la mar cielos.

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Hay tardes, yo no sé,

cuando volubles los azules vuelan

en enjambres.

 

Azules. Foto R.Puig

Azules. Foto R.Puig

Hay tardes, yo no sé,

cuando vagamos escindidos

por las orillas.

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Hay tardes, yo no sé,

cuando las olas son aire

y el aire espumas.

 

Nubes como espumas. Foto R.Puig

Nubes como espumas. Foto R.Puig

Hay tardes, yo no sé,

cuando las nubes al mar

raptan las almas.

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Hay tardes, yo no sé,

cuando del cielo el azaroso azul

secuestra sentimientos.

 

Pensar azul. Foto R.Puig

Pensar azul. Foto R.Puig

 

Ce bleu me colle aux lèvres

Celui qui bien tard a compris qu’il ne saura jamais le pourquoi ni le comment des choses, et dont le cœur mangé dérive entre deux eaux, enfouit dans les étoffes de la mer son amertume et son désir. Encore espère-t-il du large un secours, des rafales de ciel, un peu de sang neuf, ce qu’il faut de chair pour chauffer ses os, et peut-être même, les beaux soirs, trois milligrammes d’éternité qui fondent lentement sur la langue.

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Este azul se adhiere a mis labios

Quien bastante tarde ha comprendido que nunca sabrá ni el porqué ni el cómo de las cosas, y cuyo corazón consumido deriva entre dos aguas, sepulta en los abismos del mar su amargura y su deseo. Aun así espera del alta mar un alivio, ráfagas de cielo, algo de sangre nueva, lo que de carne precisa para caldear sus huesos, y puede que incluso, los bellos atardeceres, tres miligramos de eternidad fundiéndose lentos en la lengua.

Jean-Michel Maulpoix, “Une histoire de bleu”,

Paris, Poésie / Gallimard, 1992, p. 104 (la traducción es mía)

Miligramos de eternidad. Foto R.Puig

Miligramos de eternidad. Foto R.Puig

 

Un paseo en el corazón volcánico de Inglaterra

7 octubre, 2018
"The old man" of the Beacon Hill. Foto R.Puig

“The old man” of the Beacon Hill. Foto R.Puig

Hace seiscientos millones de años, durante el período Ediacárico, a finales del “supereón” Precámbrico, en lo que hoy son las alturas del Beacon Hill en el condado de Leicester, las cenizas de varios volcanes se fueron depositando en el fondo de lo que por entonces era mar. Esos sedimentos son hoy ariscos roquedales que se alzan en el corazón de Inglaterra, a poco distancia de las ciudades de Leicester y de Loughborough, situadas en las llanuras de los Midlands. Los beacon son antiguas torres de señales en lo alto de una colina, sobre las cuales se encendían fuegos para transmitirse mensajes desde una a otra.

Nada más abandonar el aparcamiento, entrando en este parque, que es parte de la comarca de Charnwood Forest, nos reciben “el pastor y su carnero”.

The shepard and the ram by Peter Leadbeater. Beacon Hill. Foto R.Puig

“The shepard and the ram” by Peter Leadbeater. Beacon Hill. Foto R.Puig

El parque es una amable espacio para los paseos familiares de fin de semana. Descendemos por un camino flanqueado por estas rocas metamórficas, de las más antiguas de Inglaterra y Gales y que fueron cenizas de volcanes. Son duras y resistentes a la erosión.

 

Roquedal en Beacon Hill. Charnwood Forest. Foto R. Puig

Roquedal en Beacon Hill. Charnwood Forest. Foto R. Puig

Quienes más disfrutan son los niños que lógicamente no resisten el deseo de encaramarse en ellas. Un buen lugar de entrenamiento para futuros alpinistas.

Un futuro escalador en Beacon Hill. Foto R.Puig

Un futuro escalador en Beacon Hill. Foto R.Puig

O de instrucción micológica, sobre todo en materia de setas que no se deben comer…

Un hongo de fábula. Foto R.Puig

Un hongo de fábula. Foto R.Puig

Aunque algunas sean muy útiles para los gnomos cuando quieren guarecerse de las lluvias.

Paraguas para los enanitos del bosque. Foto R.Puig

Paraguas para los enanitos del bosque. Foto R.Puig

En este parque, además de los gnomos, que por desgracia el otro día se escondieron de nosotros, también hay gigantes que con un poco de suerte aparecen desde sus cobijos subterráneos para observarnos.

Un gigante narigudo en Beacon Hill. Foto R.Puig

Un gigante narigudo en Beacon Hill. Foto R.Puig

Nuestro escalador se lo ha pensado dos veces y ha preferido no treparle por las barbas, no fuese que el gigante tuviera ganas de desayunar niño crudos.

Así que seguimos el paseo entre árboles y piedras

Robles y rocas en Beacon Hill. Foto R.Puig

Robles y rocas en Beacon Hill. Foto R.Puig

Mientras ascendemos la colina un viejo roble nos regala una ocasión para extasiarnos

Un hermoso roble en Beacon Hill. Foto R.Puig

Un hermoso roble en Beacon Hill. Foto R.Puig

Llegando a las alturas del toposcopio 

El toposcopio de Beacon Hill y vista de Loughborough. Foto Wikimedia

El toposcopio de Beacon Hill y vista de Loughborough. Foto Wikimedia

el tiempo no es el que aparece en la Wikipedia y la lluvia nos sorprende

El día se ha nublado en Beacon Hill. Foto R.Puig

El día se ha nublado en Beacon Hill. Foto R.Puig

Tras una excelente comida en la taberna de un pueblo cercano, nos despedimos del Leicestershire  en un vuelo low cost. 

El atardecer nos sorprende en otras latitudes

Cambio de latitud. Foto R.Puig

Cambio de latitud. Foto R.Puig

 

 

 

Breverías erasmianas (XXXVI): “Usque ad aras amicus” (Amigo hasta el ara del altar)

30 septiembre, 2018
Amanecer en Marte. Foto NASA

Amanecer en Marte. Foto NASA

Volvemos a los adagios que Erasmo de Rotterdam comentó en su extensa obra Adagia collectanea, que comenzó a publicar en el año 1500 y amplió en sucesivas ediciones durante toda su vida. Son “proverbios de sabiduría antigua” que en su mayorías siguen encerrando lecciones para nuestro tiempo.

En el caso del que traemos hoy aquí, el exordio de sus comentario nos recuerda que no es su propósito recoger en la colección todo tipo de apotegmas, pues sólo selecciona los que responden a las características de los proverbios. Otro aspecto importante es que el adagio haya sido usado o comentado por eminentes autores (“a magnis celebratum auctoribus”).

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“Usque ad aras amicus”

La amistad acaba en el ara del altar

Adagio III, ii, 10

Eso respondió Pericles a uno de sus amigos que le pidió su apoyo cuando fue imputado por falsedad…

“Es mi deber servir a mis amigos, pero sólo hasta el altar”

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Responsum est autem a Pericle, quem cum amicus quispiam rogaret, ut in causam quadam sua gratia falsum dejeraret…

“Oportet me commodare amicis, sed usque ad aras”

Como recuerda Erasmo, este adagio se entiende por la antigua costumbre de jurar poniendo la mano sobre el altar :

Olim jurantes aram manu contingebant

En el comentario remite a las fuentes clásicas en las cuales se utiliza este proverbio en tal sentido. Por ejemplo en el ensayo de Plutarco (Obras morales) sobre “La falsa vergüenza”.

El mensaje del adagio es que a veces cuando queremos ponernos de parte de un amigo respondiendo a sus deseos, puede que nos parezca correcto alejarnos un poco del camino recto, pero sólo a condición de que no violemos el respeto que todo ser humano debe a la Deidad.

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…ne propter hominem amicum numinis reverentiam violemus.

(…)

En todo caso, hasta qué punto es posible por un amigo divergir de lo que es recto y cuándo hay que pararse lo discute por extenso y sabiamente Aulo Gelio en sus “Noches áticas¨(I, 3).


Notas

El Numen o la Deidad en una sociedad secularizada pienso que se puede interpretar como la fuente común de la Ética que de un modo u otro compartimos. En este caso, significaría que hay un límite a las obligaciones de la amistad, por ejemplo cuando un amigo o correligionario (también en sentido político) espera que le respaldemos cuando miente o incurre en falsedades.

El texto latino procede de  Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pag.1551. La traducción es mía.