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Pensar la luz (con Le Clézio)

21 agosto, 2016
Luz. Foto R.Puig
Luz. Foto R.Puig

Hace ya unas semanas que estoy leyendo un libro de Jean-Marie Gustave (J.M.G.) Le ClézioL’inconnu sur la terre (Gallimard, 1978). Son trescientas diecisiete páginas de breves ensayos poéticos que toman el título del primero, en el que habla de un chiquillo desconocido “que está sentado en el cielo, como sobre una duna de arena, frente al mar, frente al espacio, y mira”, como el autor, como nosotros:  miramos, observamos, a veces sin saber lo que buscamos, lo que vamos a descubrir exactamente. Pudiera ser que también hayamos divisado a ese “niño desconocido”.

Es un libro para leer a sorbos, como se leen los libros de poesía, sobre todo cuando están escritos en prosa. El escritor, como el niño desconocido, va posando su mirada admirada sobre tantas cosas que en nuestras prisas no vemos, descubriendo lo desconocido en la tierra, eso que se nos escapa, porque, aunque lo percibamos, no lo pensamos. Estamos tan ocupados que la inmensa mayoría de las cosas siguen siendo para nosotros tierra incógnita.

Por ejemplo, la luz…

Vasaparken. Foto R.Puig

Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig

 

Le Clézio. L'inconnu sur la terre. p.55

En la luz vive la belleza. La luz del día, esa que siempre retorna, que baña los objetos y los seres, que los hace presentes. Por ella se ponen a brillar, vibran y se adornan de todos sus colores y de todas sus formas. Aman la luz. Todos. Hasta esos que se esconden la miran a través del velo del agua o del humus. Esos que están bajo tierra, los granos, las conchas, los metales, los cristales, aguardan a mostrarse, hacen grandes esfuerzos por aparecer. Se vuelven hacia ella, todos crecen y empujan para alcanzarla. En la luz es donde los seres viven y respiran. Para ella tienen hojas, pelajes, espinas, frutos, cálices, olores.

Puesta de sol en Barsebäck. Escania. Foto R. Puig

Puesta de sol en Barsebäck. Escania. Foto R. Puig

Los ojos buscan siempre la luz allá donde se encuentre. Los ojos de día, los ojos en la noche. Y la felicidad, eso no puede ser sino eso, es cuando uno halla la luz, se está con ella, abrazado a ella, y que uno la ve con su cuerpo entero, no sólo con los ojos, sino con la propia piel, con sus cabellos, su boca, sus uñas. Es ella la que os une al mundo, la que os rescalda, la que os habla, la que os alimenta.

(Le Clézio. L’inconnu sur la terre. p.55)

En la costa de Tjörn. Foto R.Puig

En la costa de Tjörn. Foto R.Puig

Chispas en el agua. Isla de Orust. Foto R.Puig

Isla de Orust. Foto R.Puig

 

Chispas. Foto R.Puig

…sobre el mar. Foto R.Puig

La única moneda que me gustaría tener: las chispas blancas, sobre el mar

Le Clézio. L'inconnu sur la terre, p. 112

La luz viene siempre, la que libera a las sombras, la que te vuelve ligero, danzante, la que os conduce hasta el reino del aire

(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 112)

Atardecer en Onsala. Foto R.Puig

Atardecer en Onsala. Foto R.Puig

Amanecer en La Almadraba. Foto R.Puig

Amanecer en La Almadraba. Foto R.Puig

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Vasaparken. Foto R.Puig

Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig

Y el libro continúa en capítulos cortos, mirando como si fuese la primera vez, así hasta el final…

¡Ah, sí, el final! No he llegado aún pero la curiosidad me puede, así que, como tendréis prisa, os dejo el último párrafo… frente a la luz de la noche.

Très lentement le sourire se dessine sur le lèvres du petit garçon inconnu, au fond de la nuit, derrière la vitre froide. Le sourire luit sur la ville, et au même moment, la lune blanche monte dans le ciel, à peine visible dans son premier et mince croissant

Muy despacio se dibuja la sonrisa en los labios del chiquillo desconocido, al fondo de la noche, tras el cristal frío. La sonrisa brilla sobre la ciudad, y en ese mismo instante, la luna blanca asciende en el cielo, a penas visible en su primer y delgado creciente.

(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 317)

En su primer delgado creciente. Foto R.Puig

En su primer y delgado creciente. Foto R.Puig

N.B.: traducción del autor del blog

Pilane 2016 (y II): el séquito de Anna

14 agosto, 2016
Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

Hace dos domingos mostraba aquí la gran cabeza de Anna que preside durante los meses de julio y agosto, entronizada como en un altar, el paisaje de Pilane en la isla de Tjörn. Esta obra de Jaume Plensa lleva el mismo nombre que un Cava Brut, catalán como el artista, que fue premiado en el International Wine Challenge de 2015 con una medalla de oro.

Codorniú. Anna. Cava Brut. International Wine Challenge

Anna. Cava Brut. International Wine Challenge

Así pues Anna, desde su colina, impera impertérrita sobre las esculturas de Pilane 2016 y se podría decir que a algunas de ellas las inebria, como a este ser metamórfico que gira en el misterioso trance de un parto múltiple de proporciones bíblicas.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Al menos esa es la impresión que me causa esta anatomía en acero inoxidable de Martin Sjöberg que, como un Adán multigestante, no sólo pare a Eva de su costilla, sino que, en su desenfrenada danza sobre cinco pies, centrifuga varios cuerpos más.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

A juzgar por sus dos cuellos rebanados, se trata de un decapitado que al menos tuvo dos cabezas y que, aunque tenga tantos cuerpos como para dar a Anna el que le falta, desde su posición inferior envidia esa majestuosa cabeza que enseñorea las alturas de Pilane.

Hay obviamente otros elementos de esta metamorfosis en curso, pero el escultor, no sabiendo como resolver la ecuación hermafrodita que su obra le plantea, ha decidido poner calzoncillos a la estatua. Al fin y al cabo ya hubo otro artista que a otras obras maestras puso bragas.

Subiendo hacia el límite del parque encontramos a este personaje, quien, aunque el paisaje merezca ser admirado con los ojos bien abiertos, no sabemos bien por qué, ha hundido su cabeza en este suelo rocoso y duro.

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

O bien es un híbrido de humano y de oso hormiguero, o se trata del ataque de desesperación de uno que ha ido a que le quiten los tatuajes y el dermatólogo le ha presentado el presupuesto…

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Este  otro prefiere evadirse de la realidad contorsionándose en una especie de break dance

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

En este caso la cabeza le es de mucha utilidad. ¡Buena suerte con las cervicales!

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Nosotros seguimos nuestro paseo

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Pilane 2016. Foto R.Puig

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Pilane 2016. Foto R.Puig

El trabajo de Aase Texmon Rygh en su sencillez fija en dura piedra la geometría airosa del famoso  anillo o banda de Möbius o Moebius

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

No lejos de allí brotan los dinamismos de un rosal de aluminio que, blancos, cortantes e inmaculados, ponen el contrapunto musical a la silenciosa impasibilidad de Anna y amaestran los torbellinos del viento de esta isla

Alice Haycock. USA. 2014. HOOP-LA. Aluminio. Pilane 2016. Foto R.Puig

Alice Haycock. USA. 2014. HOOP-LA. Aluminio. Pilane 2016. Foto R.Puig

Pero hay también unas cuerdas, puede que más bien lianas, abandonadas a los caprichos del aire

Bard Breivik. Noruega 2006. Tres cuerdas orgánicas. Pilane 2016. Foto R.Puig

Bard Breivik. Noruega 2006. Tres cuerdas orgánicas. Pilane 2016. Foto R.Puig

Caprichos de tintas tenebrosas son también dos obras de carácter conceptual, reconozco que no muy armónicas, por no decir que alejadas de lo que se considera bello, que aluden a esos azares que, sin contar con nosotros, cuando venimos al mundo nos convierten en miembros de una u otra nación.

Siempre han sido muchos, y -¡ay!-se multiplican, quienes consideran como mérito propio la nacionalidad que les otorgó la suerte y niegan el pan y la sal a quienes, para sobrevivir y contra su voluntad, han de escapar de la suya. Es triste ver como proliferan en nuestra Europa los guardianes de la etnia inmutable y del monismo identitario.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 - 2016. Jus soli. Técnica mixta, tela encerada y metal. Pilane 2016. Foto R.Puig

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus soli. Técnica mixta, tela encerada y metal. Pilane 2016. Foto R.Puig

En esta instalación escultórica las raíces, que anclan el árbol al suelo donde cayó la semilla, quieren simbolizar el ius soli que en unos lugares da derecho al marchamo nacional. En la siguiente, la artista ha formado el corazón con sus arterias y sus venas que nos vienen de nuestros padres, para corporeizar el ius sanguinis que, en otros lugares, es lo que te vincula a una patria. En ambos casos, al interfecto esa condición del destino le sobreviene sin comerlo ni beberlo o, dicho con otra expresión, sin que pinche ni corte.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 - 2016. Jus sanguinis. Técnica mixta, tela encerada y metal. Detalle. Pilane 2016.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus sanguinis. Técnica mixta, tela encerada y metal. Detalle. Pilane 2016.

Estos azares del derecho fueron siempre determinantes para la humanidad, aunque en estos últimos tiempos las imágenes de las emigraciones masivas, de las muertes de quienes buscan asilo y de los campos de refugiados han hecho más patentes si cabe las veleidades de Fortuna que se vale de la ambición, la iniquidad y la violencia de los hombres para decretar la mala suerte de millones de personas que, como cualquiera de nosotros, no han elegido el lugar de su nacimiento.

En resumen, que hay obras, que aunque no destaquen por su calidad artística y sin que puedas estar cien por cien seguro de lo que expresa su autor, se prestan a hacer pensar. En realidad, esto lo podemos decir de casi todas las obras de arte contemporáneo, sobre todo si pertenecen a la corriente conceptual.

Aunque, reflexionando un poco ¿no era también conceptual la sonrisa de La Gioconda?

Sea como sea, nosotros seguimos nuestro paseo y encontramos un caballo de bronce, o su torso amputado de cabeza y patas delanteras, que en salto imposible se alza sobre sus cuartos traseros

William Tucker. USA. 2016. Caballo chino. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

William Tucker. USA. 2016. Caballo chino. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Así que, como no podemos ensillarlo, seguimos a pie por las alturas de Pilane…

Pilane 2016. Humedal. Foto R.Puig

Pilane 2016. Humedal. Foto R.Puig

Pilane 2016. El caserío. Foto R.Puig

Pilane 2016. El caserío. Foto R.Puig

En el camino hacia la salida, como no podía faltar, hay uno de esos perfiles rotatorios de Tony Cragg, como siempre discretamente cómico y solemne

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Pareciera que esta testa de guerrero empenachado tratase en vano de atraer la atención de la chica que, impasible, le ignora:  ¡¡¡¿hay alguien ahí?!!!

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Tampoco será fácil que obtenga respuesta de este orondo champiñón

Morten Löbner Espersen Dinamarca. 2016. Gres. Pilane 2016.  Foto R.Puig

Morten Löbner Espersen. Dinamarca. 2016. Champiñón mágico. Gres. Pilane 2016. Foto R.Puig

O de estos bolardos inquietos que se hacen reverencias entre sí

Bettina Pousttchi. Bolardos callejeros. 2012. Limadura compactada. Pilane 2016. Foto R.Puig

Bettina Pousttchi. Bolardos callejeros. 2012. Limadura compactada. Pilane 2016. Foto R.Puig

En cualquier caso, a mí, tras más de dos horas de subir y bajar por los senderos de Pilane, me está tentando la idea de hacer lo que esta cansada y anónima turista: tumbarme y dejarme llevar al Nirvana

Como la vida misma. Técnica mixta, Pilane 2016.  Foto R.Puig

Como la vida misma. Técnica mixta, Pilane 2016. Foto R.Puig

Más tarde, pasaré por el Systembolaget a hacerme con una botella de Anna. Con una Toast Skagen de gambas de la Costa Oeste de Suecia el cava catalán armoniza a las mil maravillas

Toast Skagen. Foto

Toast Skagen. Foto Peter

Recompensa

7 agosto, 2016
Recompensa. Foto R.Puig

Recompensa. Foto R.Puig

Suelo volver del taller en lo que podríamos llamar un autobús acuático, el Älvsnabben 285 (“el rápido de la ría”), algo así como los vaporetti de Venecia, aunque aquí no circula por los canales sino por el estuario del Río Göta, tan ancho como las rías gallegas en España. Este trayecto, escoltado por gaviotas y cormoranes,  siempre es grato.

Hace pocos días la jornada había sido rutinaria: gimnasio, boceto al pastel, renovación con tintas de colores de viejos dibujos al carboncillo, lectura, breve almuerzo, siesta y música…

No me sentía  merecedor de ningún premio especial, pero la lluvia, que me empapó de camino al embarcadero, y el sol, que jugaba con las nubes en su descenso hacia el oeste, habían decidido recompensarme.

Puentes. Foto R.Puig

Puentes. Foto R.Puig

Para recoger el galardón me bastó salir a la plataforma de proa y dejar que el niño que llevamos dentro trepara por esos arcos que abrazaban la ciudad.

Olvidé a Descartes y a Newton y lo que me enseñaron en el colegio para imaginar este mismo lugar poblado por las gentes de la Edad del Hierro y sentir que estaba ante un misterioso arco de colores que abrazaba la tierra y abría pasajes entre ella y el cielo.

Y ya que no tengo a mano una representación del arcoíris en tiempos de los primeros pobladores de Escandinavia, recurriré a su aparición ante la bahía de San Francisco cuando quizás todavía quedase algún aborigen californiano para verlo

Albert Bierstadt. 1900. The Golden Gate. U.S. Public domain

Albert Bierstadt. 1900. The Golden Gate. U.S. Public domain

O algún cheyenne en Wyoming

Albert Bierstadt. Rainbow over Jenny Lake. Wyoming.U.S.Public domain

Albert Bierstadt. Rainbow over Jenny Lake. Wyoming.U.S.Public domain

Curiosamente, este cuadro del artista germano-americano Albert Bierstadt (1830-1902), el pintor que yo sepa que más arcoíris representó en sus lienzos, encierra un error óptico, a ustedes de descubrirlo.

En las culturas primigenias la aparición del arcoíris (el Arco de la diosa Iris en la mitología griega) podía significar augurios y profecías y en la Biblia significa la Alianza tras el castigo. Pero, más allá de mitos y trascendencias, digo yo que también habría niños y poetas que lo verían como nosotros podemos también verlo: como la recompensa de un día sin historia.

A las seis menos diez de la tarde. Foto R.Puig

A las seis menos diez de la tarde. Foto R.Puig

Entretanto estoy llegando al desembarcadero de Stenpiren, desde el que se pueden tomar los barcos hacia el archipiélago de Gotemburgo.

Fin de trayecto. Foto R.Puig

Fin de trayecto. Foto R.Puig

Aún, durante un rato, este arc-en-ciel me acompaña en mi paseo a casa. Desde la torre de la Iglesia alemana parece emanar bendiciones. El reloj marca las seis de la tarde.

Halo de santidad. Foto R.Puig

Halo de santidad. Foto R.Puig

A diez minutos de ahí paso junto a otro arcoíris, que le sirve de ostensorio y custodia a la chica de la flor 

Otro arcoíris. Foto R.Puig

Otro arcoíris. Foto R.Puig

Y ya que nuestro paseo empezó en el agua, acabaré esta crónica acercándome a saludar al dios de las aguas, emblema si los hay de Gotemburgo, nuestro jocoso Poseidón, a quien Carl Milles dejó ahí  enarbolando su salmón y sopesando una ostra gigante. Al fin y al cabo somos casi vecinos.

El amo del agua. Foto R.Puig

El amo del agua. Foto R.Puig

Durante estos meses estivales lo han rodeado de un frondoso y pedagógico jardín de verano, en el que hay de todo, desde flores a coliflores.

Poseidón en su jardin de verano. Foto R.Puig

Poseidón en su jardín de verano. Foto R.Puig

Quienes más parecen disfrutarlo son las sirenas que le acompañan

El séquito de Poseidón. Foto R.Puig

El séquito de Poseidón. Foto R.Puig

 

Pilane 2016 (I): Anna en su nirvana

31 julio, 2016

 

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Como todos los años, he vuelto a la exposición de escultura al aire libre en el entorno de Pilane, en la isla de Tjörn, en la región del Bohuslän Sur, en la Costa Oeste de Suecia. Vine por primera vez en 2011 y, desde entonces, no me he querido perder ni una sola edición (todas mis visitas han sido reseñadas en este blog). La actual es la décima edición de esta exhibición de escultura internacional junto al mar y en unos espacios que conservan menhires funerarios de hace 10.000 años.

En este Pilane Heritage Museum el medio natural, labrado por los glaciares y rodeado de un mar surcado por fiordos, es el lugar ideal donde artistas de diversos países escogen el emplazamiento temporal de sus esculturas bajo la guía de Peter Lennby, creador y alma de esta iniciativa. Este año, la cumbre de honor la ha ocupado una conocida figura de Jaume Plensa que merece que le consagre la primera crónica de las dos que voy a dedicar a mi placentero paseo, divertido y energético, que duró casi tres horas.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016.   Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Por los senderos de Pilane (mejorados con nuevas pasarelas y escalas de madera) disfruto del sol, el viento, el paisaje y las sorpresas de las nuevas aportaciones escultóricas, tanto de los artistas que exponen por vez primera como de los habituales.

En diferentes tamaños, en galerías y espacios públicos, Plensa ha seguido repitiendo, con ligeras variantes, la fisonomía de este rostro de adolescente enfrascada en sus sueños, a la que ha bautizado como AnaAnna dreams o, en este caso, como Anna. Unas veces le moldea rasgos orientales y otras parece inspirarse en perfiles leonardescos.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

El material de la obra instalada en Pilane es la fibra de vidrio con polvo de mármol. Su blancura es inmaculada, de tal modo que, cuando se yergue sobre un fondo de celajes, casi se confunde con el cielo.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Desde la distancia alumbra como una llama de fuego blanco.

En Pilane los vientos son suaves en esta época del año y las obras permanecen instaladas sólo desde fines de mayo a fines de agosto. Este es un parque de instalaciones escultóricas, a diferencia de la Escultura ambiental, de la que hay numerosos ejemplos en Italia con obras que se integran de modo permanente en el medio natural, que envejecen bajo la acción de los elementos y con el paso de las estaciones.

De algún modo, la forma oblonga, el suave perfil braquicéfalo de Anna y de algunas otras de sus heterónimas, además de buscar un efecto espiritualista y teniendo en cuenta sus dimensiones (alrededor de veinte metros), parece cumplir una función aerodinámica. Aunque no es posible saber como reaccionaría la estructura si siguiese sobre esa altura cuando hubiese de afrontar las tormentas y vientos invernales en la isla de Tjörn.

Anna aerodinámica. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna aerodinámica. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Si llegase la nieve y los intersticios entre sus bloques comenzasen a vibrar ¿abriría Anna sus ojos o seguiría impasible como los menhires de los círculos funerarios de Pilane?

A medida que nos acercamos, la bella lejana pierde su alada ligereza y su estructura de bloques se va asemejando a una construcción de hielo, a un gran igloo cerrado a cal y canto, al mausoleo de una joven sin cuerpo que cerró sus párpados hace miles de años para no abrirlos más.

Primer plano de Anna. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Primer plano de Anna. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Desde lejos,  Anna parece que invita al vuelo de los sueños, a la elegía y a la vía de la meditación y el yoga, de la pacificación de las pasiones o, como el artista ha declarado en ocasiones, este rostro sea el símbolo de una especie de epifanía hacia dentro, de la belleza interior.

No obstante, de cerca, esta Anna es inhumana, como otras creaciones de ese Ars ex machina que desde hace algunas décadas domina la escena. No creo que Walter Benjamin imaginase hasta que punto serían acertadas sus anticipaciones sobre la industria de las obras de arte en la época de su reproductibilidad técnica.

Anna hermética. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna hermética. Pilane 2016. Foto R.Puig

Esta escultura, que, enhiesta sobre rocas graníticas, sorprende al visitante nada más llegar a Pilane, es un hermoso muro, un ánfora sin cuerpo, una rostro sin mirada, el ocaso de toda sensualidad.  No posee la serena fluctuación de los matices del mármol, sino la pasiva inmovilidad de su polvo calizo, no el abierto reflejo del vidrio sino el ensimismamiento de su fibra industrial. Es una bella durmiente que ningún aliento, ningún beso, lograría animar. Y está triste, muy triste.

Anna está triste. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna está triste. Pilane 2016. Foto R.Puig

Casi al final del paseo ascendí al punto más alto para recorrer con la mirada, en un giro de 360º y en toda su amplitud, estos parajes de la isla de Tjörn, comenzando y acabando por la cabeza de Anna, que en la lejanía pareciera un resto olvidado de aquellos glaciares que pulieron estos roquedales, un témpano remanente que aún resiste al sol.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Allá arriba, sólo el sonido del viento y el horizonte de rocas y de mar: una invitación al Nirvana.

Un paraje de roca y fiordos. Pilane 2016. Foto R.Puig

Un paraje de roca y fiordos. Pilane 2016. Foto R.Puig

Un arcángel voló desde Lima a Requena…

24 julio, 2016
Requena. Plaza de Albornoz. Foto R .Puig

Requena. Plaza de Albornoz. Foto R .Puig

Durante años he pasado cerca de Requena en mis desplazamientos entre Madrid y Valencia. La semana pasada, por fin, hice parada y fonda con vistas a la plaza de Albornoz, en el centro del barrio antiguo.

España está sembrada de villas, hoy menores, muchas de ellas prósperas, que tuvieron importancia histórica y estratégica. Requena es una de ellas y, como suele ser el caso, la ciudad vieja se fue formando y fortificando sobre una colina.

Requena. La Alcazaba. Siglo XIII. Foto R  .Puig

Requena. La Alcazaba. Siglo XIII. Foto R .Puig

Pero no me corresponde a mí contar su historia que el lector curioso encontrará en Internet con todo lujo de detalles.

Requena. Torre del Homenaje. Siglo XV. Foto R .Puig

Requena. Torre del Homenaje. Siglo XV. Foto R .Puig

Hoy se puede pasear por Requena rememorando otras épocas: la colonización árabe de la península, la Reconquista y el paso del Cid Campeador, la evolución de estilos arquitectónicos en sus templos y el vaivén de las guerras peninsulares reseñado por los restos de su fortaleza y sus murallas.

Requena. Del pórtico de Santa María. Foto R.Puig

Requena. Del pórtico de Santa María. Foto R.Puig

Pero, sobre todo, el sabor de sus calles, plazas, casas y casonas y el encuentro con su gente.

Requena. Arcos árabes.Foto R.Puig

Requena. Arcos árabes.Foto R.Puig

Requena. Iglesia Torre de El Salvador y cúpula del Sagrario.  Foto R.Puig

Requena. Iglesia Torre de El Salvador y cúpula del Sagrario. Foto R.Puig

Requena. Foto R.Puig

Requena. Foto R.Puig

Como es tiempo de vacaciones, la villa rebosa de jóvenes y niños, de sus voces y de sus juegos. Junto a los jubilados que se resguardan del calor a la sombra de un pórtico o en la umbría de las calles, hay un ir y venir  de los alumnos de escuelas e institutos, libres de clases y exámenes.

Requena. Calle Somera. Foto R .Puig

Requena. Calle Somera. Foto R .Puig

Estos chavales y estas chavalas son el futuro de España.

Requena. Juventud de vacaciones. Foto R.Puig

Requena. Juventud de vacaciones. Foto R.Puig

Ahí donde los ven, los “vándalos unidos”, que así me han dicho se llama su pandilla, todos han aprobado el penúltimo año de bachillerato y, al menos cuatro de ellos, ya saben la profesión para la que quieren estudiar el año que viene, cuando acaben los estudios secundarios.

Quizás también salga de esta villa algún artista destacado, si  es que los ejemplos del Museo de Arte Contemporáneo de Requena llegan a servir de inspiración.

Museo de Arte Contemporáneo de Requena. Foto R.Puig

Museo de Arte Contemporáneo “Florencio de la Fuente” de Requena. Foto R.Puig

Mi estancia me pilló fuera de los horarios de apertura, pero hay obras de Miró, Dalí, Tapies, Bores, Torner, Rueda, Mompó, Plensa, GuayasamínLam, y de otros menos conocidos pero activos. Así que volveré  en otra ocasión a visitarlo.

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El arcángel que llegó de Lima

Lo que no esperaba encontrar en Requena, en un rellano de la primera planta del hotel, era un San Miguel Arcángel de la escuela cuzqueña, con su espada desenvainada. Bajaba de la habitación para pasear al atardecer por la ciudad vieja, cuando, tocado con el típico sombrero virreinal entre sus alas de abundante pluma, como pintaban a los arcángeles los artistas del Perú en el siglo XVIII, el vencedor de Lucifer, con gesto de guasa, me observaba desde su antiguo marco rojo y oro .

El Sr.Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

El señor Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

Preguntando preguntando, he llegado a saber algo que en las clases de arte peruano de mis años en Lima nunca supe. Aunque es posible que alguno de mis condiscípulos del Perú me pueda aclarar si esta práctica, este reciclaje de óleos de la Escuela Cusqueña, sigue vigente.

El caso es que hace ya unos años un español afincado en Lima se trajo de allá y depositó en casa de sus parientes en Requena este lienzo, en el que, sobre el rostro original, un atrevido pintor de la Ciudad de los Virreyes superpuso el retrato del adquirente. Si prestamos fe a mi informante requenense, estos antiguos arcángeles retocados se obtenían en Lima por encargo.

Aunque tiene aspecto de ser un lienzo antiguo, mejores conocedores hay que yo para verificarlo. A pesar de la penumbra en la que pude observarlo, parece que el rostro contemporáneo haya sido un tercer componente superpuesto al estereotipo afiligranado, típico de aquellas obras, en el que a menudo parecen intervenir dos manos de un mismo taller, especializada una en el atuendo y otra en la persona del ángel. Los barnices habrían hecho el resto.

El Sr.Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

El señor Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

Para que ustedes comparen, he seleccionado, un ejemplo de este género de pintura virreinal del Perú que se puede ver en el Museo Pedro de Osma en Lima, con el que coincide en casi todo el retrato del señor Jiménez.

El arcángel San Miguel. Escuela cuzqueña ss.XVII a XVIII. Museo Pedro de Osma.

El arcángel San Miguel. Escuela cuzqueña ss. XVII a XVIII. Museo Pedro de Osma.

Si el arcángel de Requena es una copia contemporánea, hábilmente envejecida, o un lienzo antiguo salido del mismo taller, conforme al mismo modelo de los cuadros angélicos de la Escuela Cuzqueña, no he podido saberlo. En todo caso, hay que reconocer que al señor Jiménez no le faltó una buena dosis de humor irreverente, cuando quiso dejar un recuerdo a la familia. También confío en que el patrimonio artístico peruano no haya sufrido con ello.

Si así fuese, otro arcángel podría empuñar el arcabuz para tomarse la justicia por su mano. Claro que, para ello, tendría que volar hacia la ignota región en donde ahora moren los profanadores.

El arcángel con arcabuz. Escuela cuzqueña ss.XVII a XVIII. Museo de Arte de Lima

El arcángel con arcabuz. Escuela cuzqueña ss.XVII a XVIII. Museo de Arte de Lima

Pero, si el mismísimo San Miguel se sintiese ofendido, no quiero ni pensar la tremolina que armaría, cuando bajase a ajustar cuentas desde lo alto del Castel Sant’Angelo

 

Deambulando por Madrid

17 julio, 2016
Carlos III. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Carlos III. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

En homenaje a la nariz de Carlos III

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Andar por los barrios de mi patria chica es uno de los placeres de estos pocos días, que echaré de menos cuando no esté en Madrid. Pero este domingo, cuando mis divagaciones aparezcan, estaré iniciando mi ruta por las llanuras manchegas, de vuelta a Valencia y a la Marina Alta.

La efigie de Carlos III,  en la umbría del Jardín Botánico (mi refugio preferido cuando ya me aprietan los zapatos), con su regio apéndice nasal, tan amigable y hospitalario para con las arañas, me ha incitado a abrir este post con el rostro inconfundible del mejor alcalde de Madrid, de cuyo nacimiento se cumplieron tres siglos este año.

La verdad es que se podría identificar a los monarcas de nuestras dinastías por sus perfiles fisonómicos. De este modo la sucesión entre los Austrias y los Borbones de España se podría haber dirimido entre numismáticos o en una consulta popular: ¿Prefiere usted que su rey sea prognato o narigudo? 

Por desgracia las naciones y los ejércitos europeos se lo tomaron a la tremenda y las escabechinas duraron casi quince años, cuando todo se habría podido resolver por voluntad estético-popular y el monarca habría accedido a reinar o por narices o por la jeta.

Nota bene: ¡adivinen qué nación sacó la mejor tajada de aquellas contiendas que, a costa de tantos muertos, hicieron la fortuna de pocos! (Pista: I want my ….. back)

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A lo que íbamos…

Disculpen que me haya alejado del discurso inicial, estaba yo paseando por Madrid. Empecé temprano, pues no es verdad que los madrileños no sean madrugadores. De hecho, ínclitos sociólogos dicen que sólo son unos 10.000 habitantes de la Villa y Corte los que tienen hábitos noctámbulos y se la pasan noche tras noche en teatros, tapeos y francachelas. Los demás son muy cumplidos. La razón de que parezcan muchos más es (basándome en lo que me han dicho los sociólogos que lo han estudiado) que a esos diez mil trasnochadores les siguen cada día algo así como una media de ochenta mil gregarios (es decir turistas y forasteros) que acuden a Madrid motivados por su famosa movida.

Madrid. Plaza Alonso Martínez a primera hora. Foto R.Puig

Madrid. Plaza Alonso Martínez a primera hora. Foto R.Puig

Muchos madrileños desayunan frugalmente y de mañanita en la barra del bar

Cafetería Santander a las ocho de la mañana. Foto R.Puig

Cafetería Santander a las ocho de la mañana. Foto R.Puig

De hecho, los cruasanes de Madrid pueden codearse con los mejores de París

La tentación temprana. Foto R.Puig

La tentación temprana. Foto R.Puig

Por las calles veremos a muchos probos empleados que acuden presurosos a cumplir con su deber y ganarse el pan con el sudor de su cuero cabelludo

Madrid. Hacia el curro.Foto R.Puig

Madrid. Hacia el curro.Foto R.Puig

Por cierto que este establecimiento no había levantado el cierre todavía, pues es de los que se quedan abiertos hasta tarde para avituallar a los famosos diez mil y a sus seguidores.

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Ready Made.Foto R.Puig

Madrid. Plaza de Santa Bárbara. “Readymade”.Foto R.Puig

La verdad es que las vitrinas de algunos de nuestros comercios deberían formar parte de la colección permanente del MOMA de Nueva York.

Juzguen si no por los detalles

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Arte Urbanita.Foto R.Puig

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Arte Urbanita.Foto R.Puig

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Por desgracia, algunas bienamadas librerías han tenido que echar el cierre…

Madrid. Entre todos la mataron...Foto R.Puig

Madrid. Entre todos la mataron…Foto R.Puig

Sin embargo, aún subsisten establecimientos que exhiben sus  castizos blasones

Blasones de Madrid. Foto R.Puig

Blasones de Madrid. Foto R.Puig

¡Y los miradores de Madrid!

Miradores de Madrid. Foto R.Puig

Miradores de Madrid. Foto R.Puig

Estos me recuerdan los que había en la casa vecina, pared por medio del piso de mis abuelos en el que transcurrió mi infancia. Dos señoras mayores se acomodaban en su mirador, sentadas en butacas de mimbre, a mirar pasar el tiempo sobre los jardines de un gran palacio que ocupaba la manzana al otro lado de la calle.

Nosotros no teníamos mirador, pero sí balcones, con sus barrotes y arabescos en hierro colado

Balcón de Madrid. Foto R.Puig

Balcón de Madrid. Foto R.Puig

de los que Madrid tiene miles

Madrid. Balcones.Foto R.Puig

Madrid. Balcones.Foto R.Puig

Y cuando no los hay, los pintan

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Trampantojo.Foto R.Puig

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Trampantojo. Foto R.Puig

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En Madrid se puede pecar de gula con gran facilidad. Y no me estoy refieriendo al tapeo o a los bocadillos de calamares…

Para pecar de pensamiento y con la boca. Foto R.Puig

Para pecar de pensamiento y con la boca. Foto R.Puig

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En flagrante contraste abundan quienes recurren a la mendicidad en estos tiempos de crisis.

Pero en Madrid hay bastantes mendigos autóctonos que tienen el humor de motivar al donante con algo de guasa

Mendigando con chunga. Foto R.Puig

También he encontrado a un joven con varios enseres que mendigaba la caridad de los transeúntes con un cartel que decía: “la Pili me ha echado de casa”, sentado en el suelo junto a un portal. Sospecho que la aludida vive en algún piso de ese portal y que el mendicante ha decidido airear su desahucio, para denunciar ante todo el barrio la dureza de corazón de esa Pilar que le ha puesto de patitas en la calle.

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A la entrada del Real Jardín Botánico hay una anciana que ayuda a que se cumpla esa parábola evangélica de las aves que ni siembran ni cosechan pero “el padre celestial las alimenta”

Pitas  pitas  pitas. Foto R.Puig

“¡Pitas, pitas, pitas!”. Foto R.Puig

Estas palomas serían demasiado grandes para los flacos gatos negros que. dentro del Botánico, prefieren emboscarse a la sombra, aguardando a que algún gorrión distraído se ponga a su alcance.

Al acecho. Jardín Botánico.  Madrid. Foto R.Puig

Al acecho. Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Al acecho.Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Al acecho.Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

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Esta paloma es más recelosa, sólo me concedió unos segundos para enfocar y disparar el interruptor de mi cámara antes de que emprendiera el vuelo

Pileta de Recoletos. Madrid. Foto R.Puig.

La pileta y la paloma. Foto R.Puig

Pero, volviendo a los perfiles estatuarios. Este es el de un histórico profesor del Real Jardín Botánico, autor de la obra Flora Española, llamado José Quer (1795 – 1864)

José Quer. Botanista. Real Jardín Botánico. Madrid.  Foto R.Puig

José Quer y Martínez por Albert Rodríguez. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Había nacido en Perpignan, en Francia, pero dedicó su vida a los proyectos y a las plantas de los jardines botánicos madrileños.

El gigante y las doncellas.  Real Jardín Botánico. Madrid.  Foto R.Puig

El gigante y las doncellas. Foto R.Puig

Los que nos legaron este oasis en pleno centro de Madrid, merecerían habitar un paraíso eterno, rodeados de todas las plantas, flores y árboles que lo pueblan.

Al cielo desde Madrid. Foto R.Puig

De Madrid al cielo. Foto R.Puig

 

 

 

En Niza y frente al mar

17 julio, 2016

 

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig

Comentando Erasmo el insondable abismo de violencias en el que los hombres son capaces de precipitarse voluntariamente, justificándose a si mismos con todo género de razonamientos perversos, escribía que

la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza

para, en las mismas páginas, preguntarse atónito:

qué plaga, qué capricho, qué Furia introdujo por primera vez en la mente humana algo cuyo efecto embrutecedor ha impulsado a este plácido animal, que la naturaleza engendró para la paz y la benevolencia y es el único que ha predestinado a la salvación, a precipitarse con tan salvaje frenesí y con enloquecida confusión hacia la destrucción mutua

Junto a los muchos ejemplos de barbarie que enumera en aquel comentario al proverbio Dulce bellum inexpertis (“la guerra atrae a quienes no la han experimentado”) no podía imaginar algo equivalente a lo que ha ocurrido en Niza: que en una noche de fiesta un padre de tres niños iba a lanzar un camión de diecinueve toneladas contra un tiovivo en el que otros niños se divertían confiados bajo la mirada de sus familiares.

Mi crónica de los domingos va a salir como siempre cuando el reloj marque las horas del domingo en Europa. Pero antes dedico un paréntesis al silencio. Estoy triste por las víctimas de la sinrazón fanática del Paseo de los Ingleses de Niza y por las otras decenas y centenas de víctimas de esos que, semana tras semana, para matar, se amparan en doctrinas de odio. Como ante a un eterno renacer de lo que los antiguos llamaban “las hidras de maldad”, las personas de buena voluntad en todo el mundo y las sociedades donde los hombres queremos vivir en democracia y libertad, hemos de seguir reafirmando nuestra voluntad de seguir unidos en el respeto mutuo y la tolerancia. Es sobre todo ahí donde no se debe bajar la guardia.

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