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Entre el mar y la sierra del Segaria: desde Ondara a la playa de Els Poblets con colofón boliviano.

15 abril, 2018
El Segaria desde Ondara. Foto R.Puig

El Segaria desde Ondara. Foto R.Puig

A los pies del Segaria se extiende Ondara, colindante con los municipios de El Verger, Beniarbeig, Pedreguer y Denia.

A media hora de bicicleta, por caminos entre naranjos, limoneros y mandarinos, y a diez minutos en coche está Els Poblets y mi playa de la Almadrava (con v en valenciano y con b en castellano). Mi biblioteca está desde hace dos semanas en Ondara.

A Ondara la escoltan los naranjales.

Naranjales. Ondara. Foto R.Puig

Naranjales. Ondara. Foto R.Puig

Por el centro del casco urbano, encajonado entre los muros de un barranco ornados de graffiti, circula el río Alberca que por el norte separa los huertos de las casas.

Grafitti. Ondara. Foto R.Puig

.

Por las calles más antiguas de estos barrios, formados en los siglos XVIII y XIX, son frecuentes las casas desde hace años deshabitadas de los pueblos de la comarca. La estrechura de la vieja red viaria y una arquitectura propia de las condiciones de vida de otras épocas (en una que he visitado el burro accedía a su recinto por la misma puerta que las personas) han conducido, a medida que fallecían sus ancianos ocupantes, al abandono de las viviendas más angostas,.

Pero también hay mansiones amplias y bien renovadas, con sus ventanas enrejadas y sus techos altos, lo que no obsta para que junto a ellas agonicen casonas similares que ya nadie restaura.

Deshabitada. Foto R.Puig

Deshabitada. Foto R.Puig

En estas puertas la vieja llave ha dejado de girar

Pictografía. Foto R.Puig

¿Cuántos años han pasado sin que sus habitantes entren y salgan cada día por sus portones?

Toc toc. ¡Ah de la casa! Foto R.Puig

Toc toc. ¡Ah de la casa! Foto R.Puig

Pero Ondara crece hacia el campo con nuevos barrios y sus calles están vivas. Los vecinos son cordiales y saludan al cruzarse contigo. Hay un párroco que toca las campanas con frecuencia. Alguien me dice que es un cura repicador. No sólo las hace sonar por razones litúrgicas, también marca las horas y las medias para los que no lleven reloj. 

El Montgó visto desde Ondara. Foto R.Puig

El Montgó visto desde Ondara. Foto R.Puig

.

Ondara no tiene playa, sin embargo, a pocos kilómetros, tiene la de la Almadrava en Els Poblets y todas las de la Marina de Denia.

Asi que, desde los huertos verdes,

El campo. Ondara. Foto R.Puig

El campo. Ondara. Foto R.Puig

nos hallamos en un pis pas frente a todos los azules del mar

Azul y negro. Foto R.Puig

Azules y negro. Foto R.Puig

Más azules. Foto R.Puig

Más azules. Foto R.Puig

.

¡Quién pudiera!

Más azules. Foto R.Puig

Ícaro. Foto R.Puig

Como ya no tengo edad para surcar las olas sobre una tabla, me contento con capturar una panorámica de la playa.

La he colgado en youtube.

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Saltando el gran charco

 

Para concluir, aunque -¡ay!- Bolivia sigue sin conseguir la salida al mar que perdió en una guerra fratricida, a mí me siguen llegando las fotos de la flora exuberante de las riberas del Beni que, sin ser el mar, no deja de ser una ancha vía fluvial que atraviesa las pampas y selvas bolivianas.

Sus aguas, a través del Madeira, acaban por engrosar las del Amazonas. Al fin y al cabo, su trayectoria, algo más larga que la que los bolivianos aspiran a conseguir, no deja de ser una salida al mar.

El río Beni entre Rurrenabaque y San Buenaventura. Foto R.Puig

El río Beni entre Rurrenabaque y San Buenaventura. Foto R.Puig

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Flora

Las fotos que desde Bolivia me envía mi viejo amigo Charlie son un hermoso broche para esta crónica

Flor de jengibre. Foto Charlie G. Tornel

Flor de jengibre. Foto Charlie G. Tornel

Lirio rojo y pomelos. Foto Charlie G. Tornel

Lirio rojo escoltado por pomelos. Foto Charlie G. Tornel

Confío en que algún día nos pueda seguir mostrando sus estupendas fotos de la flora boliviana en un blog propio. ¡A Linneo le  gustaría! ¡Esperando que te animes, esta página está a tu disposición!

Por cierto que, hace algunos años, les hablaba yo aquí de una de las novelas que publicó Charlie: “El tercer asunto”. Así que, además de la rica flora a su disposición, no le faltarán historias, comedias y tragedias, del Oriente boliviano.

Latitudes de abril

8 abril, 2018
Al azar de abril Foto R. Puig

Al azar de abril Foto R. Puig

Para mi amigo Charlie que vive allá por donde discurre el Beni

.

Mediterráneo

.

Por abril

el naranjo

da su flor.

.

Azahar es

de desmayos

el remedio.

Flor de azahar. Foto R,Puig

Flor de azahar. Foto R, Puig

Azahar

que no olía

T.S.Elliot.

.

Cuando

la crueldad de abril

le estremecía

.

Y a la vista

de las lilas

se deprimía

.

Algo a la niebla

de Londres

le debe Tierra Baldía

.

APRIL is the cruelest month, breeding

Lilacs out of the dead land, mixing

Memory and desire, stirring

Dull roots with spring rain.

.

ABRIL es el mes más cruel, nutre

Lilas con tierra muerta, mezcla

Memoria y deseo, resucita

Yertas raíces con lluvia primaveral.

.

T.S. Eliot (1888–1965). primeros  versos de “The Waste Land” (1922)

Renovó la poesía

de su tiempo

con sus rimas

.

Pero en la barra

de su pub

no servían mandarinas.

Mandarinas en su rama.   Foto  R.Puig.JPG

 Ni en las orillas

 del Támesis esbeltas

flores crecían

Orilla florida. Foto R.Puig

Orilla florida. Foto R. Puig

.

Bolivia

¡Mirad lo que me ha llegado

de las pampas

bolivianas!

Al pie de las toronjas. Foto Charlie G.T.

Al pie de las toronjas. Foto Charlie G.Tornel.

A dos leguas

de la ribera del Beni

vive Charlie.

.

Su cabaña

la rodean verde

y flores.

La cabaña sitiada. Foto Charlie G.T.

La cabaña sitiada. Foto Charlie G.Tornel.

Flores de pajarilla. Foto Charlie G.T.

Flores de pajarilla. Foto Charlie G.Tornel.

.

Abril no es waste land

si hay racimos

de papayas.

Papayas. Foto Charlie G.T.

Papayas. Foto Charlie G.Tornel.

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¿Y cómo será abril cruel

si los pomelos

se ofrecen en la rama?

Toronjas en su rama. Foto Charlie G.T.

Toronjas en su rama. Foto Charlie G.Tornel.

En mis orillas,

es la hora del paseo

marinero.

El paseo vespertino. Foto R. Puig

El paseo vespertino. Foto R. Puig

.

Un pescador

se abandona

a la paciencia

Puig

El viejo y el mar. Foto R. Puig

.

En las riberas del Beni

el aguacero ha creado

torrenteras.

Está lloviendo. Foto Charlie G.T.

Está lloviendo. Foto Charlie G.Tornel.

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¡Ponte las botas

de goma

compañero!

Alcemos el vuelo. Foto R. Puig

 

 

 

 

 

 

.

 

 

 

 

 

 

 

 

Primavera con una esquina blanca y algunas aprensiones

1 abril, 2018

 

Primaveral. Foto R.Puig

Primaveral. Foto R. Puig

El domingo pasado me despedí aquí mismo con un sol esplendoroso.

El martes por la mañana… Bueno, ese día, por la ventana de la cocina las cosas se veían diferentes…

Y no sé por qué -¡esas asociaciones de la mente!- pensé en Mario Benedetti  (1920 -2009) y en la esquina rota de su primavera, rota sí pero, en palabras de Beatriz, no desesperada.

Otra estación importante es la primavera. A mi mamá no le gusta la primavera porque fue en esa estación que aprehendieron a mi papá. Aprendieron sin hache es como ir a la escuela. Pero con hache es como ir a la policía. A mi papá lo aprehendieron con hache y como era primavera estaba con un pulóver verde. En la primavera también pasan cosas lindas como cuando mi amigo Arnoldo me presta el monopatín. Él también me lo prestaría en invierno pero Graciela no me deja porque dice que soy propensa y me voy a resfriar. En mi clase no hay ningún otro propenso. Graciela es mi mami. Otra cosa buenísima que tiene la primavera son las flores.

de “Primavera con una esquina rota”, Mario Benedetti, 1982

A Bella también le gustan las flores, mejor dicho todo lo que crece verde. El problema es que a veces se lo come y tiene problemas, nosotros también (ya me entienden), en especial si luego hay que limpiar la alfombra.

Bella es nuestra gata.

Bella en primavera. Foto R.Puig

Bella en primavera. Foto R.Puig

En todo caso, el martes durante un buen rato se acomodó extasiada delante de la ventana, contemplando a los gorriones sobre las ramas del árbol del patio.

Bella y la primavera. Foto R.Puig

Los gatos necesitan comer hierba, parece que así se purgan.

.

La gran lombriz de Gotemburgo

Las lombrices se purgan de otra manera, lo pueden leer con todo detalle en un texto de una página agraria que lo explica todo sobre los lumbrícidos.

Por ejemplo que

Para cavar, la lombriz contrae los músculos longitudinales, el cuerpo se dilata agrandando la abertura de la galería. Luego, al contraer los músculos longitudinales, se adelgaza y desliza. Se han observado lombrices remover piedras de más de cincuenta veces su peso, o penetrar sin dificultad en terrenos compactados donde difícilmente puede clavarse una laya.

Una buena parte del cuerpo de la lombriz está ocupado por el canal digestivo, tubo que la recorre de un extremo al otro. A medida que el animal cava la galería, incorpora tierra y materia orgánica, humedeciéndola previamente con enzimas para ablandar los tejidos vegetales.

agrobit. com

No tengo más remedio que contarles estas cosas porque es probable que, de vez en cuando y hasta 2026, me haga eco de algo que ya ha empezado a suceder en Gotemburgo…

Lumbricus rubellus, Foto Malcolm Storey

Lumbricus rubellus. Foto Malcolm Storey

Tras largos años de dimes y diretes, las autoridades estatales y locales, prometiendo un futuro de crecimiento económico y de bienestar ciudadano, se han lanzado a la construcción de una derivación ferroviaria de ocho kilómetros, que incluye la perforación de seis kilómetros de túnel bajo el núcleo central de Gotemburgo.

Oficialmente lo llaman el Västlänken (el enlace occidental). Para simplificar lo llamaremos el  lumbricus magnus.

Västlänken o la lombriz gigante de Gotemburgo

Durante años, este poderoso gusano regurgitará toneladas de tierra bajo los barrios, canales y parques centrales de la ciudad. Cientos de comunidades de vecinos están contratando peritajes para certificar la estabilidad de sus edificios, por si el paso de la lombriz glotona llegase a convertir sus casas en torres de Pisa.

Hay muchos habitantes de la ciudad que ya empiezan a soñar con los bramidos subterráneos, las trepidaciones incesantes de los grandes volquetes y los enormes hoyos por los que asomará de vez en cuando la bestia. Los defensores de la ciudad alegre y confiada se manifiestan tristes y suspicaces.

Manifestación contra el Västlänken. Foto Göteborgs-Posten

Manifestación contra el Västlänken. Foto Göteborgs-Posten

Continuará…

 

 

 

Cambio de hora

25 marzo, 2018
Deshielo. Foto R.Puig

Deshielo. Foto R.Puig

 

Me he caido de la cama

para empujar

adelante los relojes.

.

Ya no parece

que he madrugado

tanto.

.

Lo llaman

qué ilusión

la hora de verano.

Ni un alma. Foto R.Puig

Ni un alma. Foto R.Puig

 

Por las calles

 primavera

no se asoma.

 

El domingo

ha amanecido

abandonado.

 

Marzo en el canal. Foto R.Puig

Marzo en el canal. Foto R.Puig

 

La nieve en retroceso

destapa

pasos antiguos.

.

Ecos de espuelas

en viejos patios

de caserma.

 

¡Rompan filas! Foto R.Puig

¡Rompan filas! Foto R.Puig

 

Hoy el sol

no hará

locuras.

 

Sol que no se atreve. Foto R.Puig

Sol que no se atreve. Foto R.Puig

.

Ha llegado el deshielo

y la marea

baja.

 

Bajamar. Foto R.Puig

Bajamar. Foto R.Puig

 

Con pelos despeinados

los muros

prometen verdes.

 

Esperando las flores. Foto R.Puig

Esperando las flores. Foto R.Puig

Errare humanum

bloguerisque

est

.

El sol

contradiciéndome

resplandece.

.

Azoteas y tejados

con su luz parisina

ha invadido

Tejados de Gotemburgo. 25 /03/2018. Foto R.Puig

Tejados de Gotemburgo. 25 /03/2018. 13:00 horas. Foto R.Puig

 

 

 

Un libro no es una cosa

18 marzo, 2018
El libro aguarda. Foto R.Puig

Libro a la espera de su lector. Foto R. Puig

 

En memoria de José Luis Rouillon Arróspide

He terminado de leer un clásico de la crítica literaria francesa y he pensado que vale la pena extraer de su parte final (dedicada a la fenomenología de la lectura y más en particular al libro como lugar de una transmutación de la conciencia) algunas textos de su autor, el crítico literario belga Georges Poulet (1902 – 1991).

Era a mitad de los años 60 cuando nuestro profesor de Literatura en el Instituto de Humanidades Clásicas de Lima, el peruano José Luis Rouillon Arróspide S.J. (1928 –  2001), nos introducía en el análisis sobre el tiempo y el espacio literarios en particular en la obra de Marcel Proust, a partir de los primeros estudios del crítico belga.

Sirvan estas citas al elogio del libro y como recuerdo agradecido de aquellas lecciones lejanas que me abrieron el camino a muchísimas horas de enriquecedoras lecturas.

En una habitación vacía, encima de una mesa, un libro espera a su lector. Me parece que esta es la situación inicial de toda obra literaria. Antes de que alguien se ponga a leerla, hay sólo un objeto de papel que, simplemente, por su presencia inerte en un lugar cualquiera, afirma su existencia de objeto. De este modo, sobre los anaqueles de las bibliotecas, en las vitrinas de las librerías, los libros aguardan a que alguien venga a librarles de su materialidad, de su inmovilidad.

¿De verdad esperan, acechan la venida del que producirá en ellos el gran cambio que sabemos? Es poco probable. Todo lo que podemos afirmar es que antes de la llegada de su lector, los libros permanecen en el lugar y en el estado en que están. Sin duda no conocen la dolorosa brega del alma devorada por el deseo de un acontecimiento que la transforme. Mala suerte, parece que los libros desconocen las angustias de la espera. Como todo objeto material, han de estar satisfechos de su situación.

Sin embargo, esta indiferencia no acaba de convencerme del todo. Cuando veo los libros sobre las estanterías, los comparo a esos animales colocados por los comerciantes  en pequeñas jaulas, que ponen su esperanza en que un comprador los elija.

(,,,)

¿No sucede algo parecido con los libros? Encerrados en sí mismos, ignorados, en actitud humilde, permanecen en su sitio ofreciéndose, hasta ese momento en que un lector se interesa por ellos. ¿Saben que podrá conferirles otra forma de existencia? Se diría que en ellos brilla a veces la esperanza. ¡Léeme! parecen decirnos. Malamente resisto a su demanda. No, los libros no son como los otros objetos.

George Poulet, “La conscience critique”, Paris. Librairie José Corti, 1971, pp. 275 y 276

El libro aguarda. Foto R.Puig

El libro se ofrece. Foto R.Puig

Comprad un jarrón y ponedlo en casa encima de una mesa o de la chimenea, al cabo de un rato se habrá dejado domesticar por la mirada. Se habrá convertido en un huésped habitual de vuestro aposento. Pero no por eso dejará de ser un jarrón. Por el contrario, si tomáis un libro, le veréis ofrecerse, abrirse. Es esta apertura del libro la que me parece algo excepcional e importante. El libro no se encierra en sus propios contornos, no se instala como en un fortín. Aunque existe en sí mismo, no pide nada mejor que existir fuera de sí o que permitiros existir en él. En pocas palabras, lo que en su caso es extraordinario es que entre vosotros y él caen las barreras. Estáis en él, él está en vosotros, ya no hay más fuera ni dentro.

Ibidem, pp. 276 y 277

El libro se abre. Foto R. Puig

El libro se abre. Foto R. Puig

Como decía antes, es lo mismo que ocurre cuando se compra un pájaro, un perro o un gato; le veremos metamorfosearse en un amigo. De la misma manera, amar mis libros quiere decir que los reconozco como seres susceptibles de devolverme algo del afecto que les tengo.

(…)

Un libro está ahí, espera en una habitación vacía. Ahora bien, he aquí que alguien entra, yo por ejemplo, que hojeo el libro y me pongo a leerlo. Entonces, en ese momento preciso, veo que del objeto abierto ante mis ojos sale una cantidad de palabras, de imágenes, de ideas. Mi pensamiento se las apropia. Me doy cuenta de que lo que tengo en la mano no es ya un puro objeto, ni siquiera un simple ser viviente, sino que es un ser dotado de razón, una conciencia : conciencia de los demás, no diferente de la que supongo automáticamente en todos los seres humanos que encuentro; pero que en este caso especial se me presenta abierta, me permite que adentre mi mirada en su interior mismo, que me permite incluso -privilegio inusitado- pensar lo que ella piensa y sentir lo que siente.

Ibidem, pág. 277

El libro espera. Foto R.Puig

Porque el libro ha dejado de ser una realidad material. Se ha transmutado en una serie de signos que comienzan a existir por cuenta propia. ¿Dónde tiene lugar esta nueva existencia? Ciertamente no en el objeto de papel, seguramente tampoco en algún otro sitio del espacio exterior. Sólo queda un lugar posible para la existencia de los signos : mi fuero interior.

(…)

¿Cómo ha podido suceder? ¿Por qué procedimiento, gracias a qué intercesión? ¿Cómo he podido yo abrir tan completamente mi pensamiento a eso que de ordinario está excluido? ¿Cómo he podido penetrar con tanta facilidad en el interior de un pensamiento que la mayor parte del tiempo me está vedado? No lo sé. Sólo sé que, leyendo, percibo en mi mente multitud de ideas que se han instalado como en su casa. Sin duda aún son objetos : imágenes, nociones, palabras, y no obstante objetos de mi pensamiento.

(…)

El libro, como el jarrón, como una estatua, como una mesa, era un objeto entre los otros habitantes del mundo exterior : un mundo que de costumbre ocupan, juntos o yendo cada uno a lo suyo, sin que tengan ninguna necesidad de ser pensados por mi pensamiento; mientras que en el mundo interior donde, como los peces en el acuario, se desenvuelven palabras, imágenes e ideas, estas entidades mentales necesitan para existir del alojamiento que yo les procuro y que depende de mi conciencia.

Ibidem, pág. 278

El libro se abre. Foto R.Puig

“objetos de mi pensamiento”. Foto R. Puig

Ahí reside la notable transformación que la lectura opera en mí…

…soy alguien que llega a tener por objeto de sus propios pensamientos unos pensamientos extraídos de un libro que leo y que son las cogitaciones de otro. Son de otro y sin embargo soy yo el sujeto de ellas.

Pienso el pensamiento ajeno. Cierto que no tendría nada de sorprendente si pensase ese pensamiento como el de otro. Pero lo pienso como mío.

Soy el sujeto de pensamientos que no son míos. Mi conciencia se comporta como la conciencia de otro que no soy yo.

Ibidem, pág. 280

(,,,)

La obra se vive en mí. En cierto sentido se piensa, se significa ella misma en mí.

Esta extraña suplantación de yo mismo por la obra merece ser estudiada con más detenimiento…

Ibidem, pág. 285

A partir de aquí, Georges Poulet dedica las treinta páginas finales de su libro a terminar de definir su fenomenología de la conciencia crítica. La obra concluye con una concisa definición de la crítica literaria: 

toda crítica es inicialmente y fundamentalmente una crítica de la conciencia


Nota: La traducción de estos textos es mía, pero existe una versión española de la obra publicada bajo el título La conciencia crítica: de Madame de Staël a Barthes (Madrid, Editorial Machado, 1997)


 

Obras de José Luis Rouillon Arróspide

José Luis Rouillon

Anuario Jesuitas del Perú 2005

De la Estera al Ladrillo, Multimedia, Lima 1968

Una serie de cortometrajes producidos a lo largo de los años 70 centrados en la infancia de José María Arguedas : La fuga, El ayllu o Viseca, El arpa, Los cerros, y Juliucha el charanguero. Estas películas se conservan en el archivo que lleva el nombre del escritor, en la Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PCUP).

Edición de Cuentos olvidados y notas críticas a la obra de José María Arguedas, Lima. Imágenes y letras, 1973

Las formas fugaces de José María Eguren, Lima. Imágenes y Letras, 1974

José María Arguedas : realidad y mito, en colaboración con Luis Peirano Falconi, Vídeo documental, Lima, 1975

Aguarunas, 16mm Duración 12 minutos. Dirección y Montaje José Luis Rouillón. Producción: Lima,  CETUC (Centro de Teleducación) de la Universidad Católica (PUCP), 1976

José María Arguedas y la religión,  Rouillon Arróspide, José Luis. Lima 1978

Un Clarín en la noche (FILM): José Luis Rouillón. Guión: José Luis Rouillón y Tito Cacho. Prod.: Huellas S.A. Int.: Tito Cacho, Manuel Rodríguez, Américo Valdez, Jenny Rodríguez, Rosario Rouillón. Foto: Jorge Grundmann (color). Sonido: Edgar Lostaunau. Edición: Eva Grundmann. Música: Celso Garrido Lecca, Enrique Iturriaga. Prod. Ejec: J. Mohrbutter. Dir. Artística: Mario Pozzi Escot. Duración: 64 minutos, febrero 1983

Siete ensayos sobre la violencia en el Perú, Rouillón Arróspide, José Luis., Rubio Correa, Marcial., MacGregor Rolino, Felipe E. Lima Fundación Friedrich Ebert : Asociación Peruana de Estudios e Investigaciones para la Paz – APEP 1989

Edición de Sílex del divino amor de Antonio Ruiz de Montoya, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 1991

Traducción y edición del El pórtico del misterio de la segunda virtud, de Charles Péguy, Madrid, Ed. Encuentro, 1991

Winternitz: el arte hecho teología, Rouillon Arróspide José Luis. Lima 1993

Antonio Ruiz de Montoya y las reducciones del Paraguay, Asunción, Centro de Estudios Paraguayos “Antonio Guasch”, 1997

Vida de Antonio Ruiz de Montoya, Lima, Escuela Superior de Pedagogía, Filosofía y Letras “Antonio Ruiz de Montoya”, 2001

Historia de la Universidad (Antonio Ruiz de Montoya), Escuela Superior “Antonio Ruiz de Montoya”, 2001

Traducción y edición de Hermano Francisco de Julien Green, Santander, Sal Terrae, 2002

Traducción y edición del drama Los tres misterios de Charles Péguy, en colaboración con Javier del Prado, Manuel Pecellín Lancharro y María Badiola Dorronsoro, Madrid Ed. Encuentro, 2008

José Luis Rouillon dirigió también en los años 70 una serie de cortos centrados en la infancia de José María Arguedas : La fuga, El ayllu o Viseca, El arpa, Los cerros, y Juliucha el charanguero. Estas películas se conservan en el archivo que lleva el nombre del escritor, en la Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PCUP).

Asimismo hay un texto destacado de José Luis Rouillon en el libro Memorias y otros textos (Lima, Fondo Editorial PCUP, 2013) dedicado a su amigo Adolfo C. Winternitz, (Viena, 1906 – Lima, 1993), reconocido pintor y vitralista austriaco-peruano que fue fundador de la actual Facultad de Arte de la PUCP.

 

 

 

Del frío y del hielo

11 marzo, 2018
Eflheim. Ramón Puig 2014

Eflheim, el mundo del hielo. Acrílico y óleo sobre lienzo. Ramón Puig 2014

En memoria de Filippo Clerici (22 julio 1935 – 9 abril 2008)

En las mitologías germánicas hay dos mundos que no son aptos para la vida del ser humano: el helado y el ardiente. Nos queda uno que es el que habitamos. Nuestra capacidad de adaptación contradice el mito en cuanto a los territorios helados se refiere, pero vivir en las lavas fundentes eso no lo hemos conseguido. Me podrán decir que la omnipotente venganza divina puede mantenernos en ellas para toda la eternidad y que arder sin consumirse es parte de la oferta de las mitologías judeocristianas e islámicas. La imaginación punitiva de las divinidades nórdicas no da para tanto, aunque el inframundo ese sí que, con sus variantes, está bien representado en el inconsciente colectivo de todas las culturas.

Todo esto ¿a santo de qué?

Lo saben sin duda, hemos pasado por muchos días de frío, al menos en estas latitudes del hemisferio norte. Por ejemplo, así han estado apareciendo los rododendros bajo la ventana de nuestra cocina, tal como una congregación de frailes mercedarios con su capuz.

Rododendros nevados. Febrero 2018. Foto R.Puig

Y a poco que dieses una vuelta por las afueras podías sentirte como dentro de uno de esos cuadros que la factoría de los Brueghel producía como rosquillas.

Domingo en familia. Gotemburgo. Febrero 2018. Foto R.Puig

Domingo en familia. Gotemburgo. Sábado 3 de marzo de 2018. Foto R.Puig

Más o menos uno de este estilo

Pieter Brueghel el joven. Los placeres del invierno. Museo Magnin. Dijon

Pieter Brueghel el Joven. Los placeres del invierno, 1620, Museo Magnin. Dijon

Apacibles las imágenes de las familias, disfrutando del fin de semana en el lago helado de Delsjön, a corta distancia del centro de la ciudad…

Domingo en familia. Gotemburgo. Febrero 2018. Foto R.Puig

Domingo en familia. Gotemburgo. Sábado 3 de marzo de 2018. Foto R.Puig

papás amorosamente dedicados a su oficio,

para abajo…

Con papá en Delsjön. Foto R.Puig

Con papá en Delsjön. Foto R.Puig

y para arriba…

Con papá en Delsjön. Foto R.Puig

Con papá en Delsjön. Foto R.Puig

hermanos mayores voluntariosos

Hermanos. Foto R.Puig.JPG

paseantes

Paseando en el Delsjön. Foto R.Puig

Paseando en el Delsjön. Foto R.Puig

perros hiperactivos

Guau. Foto R.Puig

y el sol que se presenta tímido

Sol de invierno en el Delsjön. Febrero 2018. Foto R.Puig

Sol de invierno en el Delsjön. Sábado 3 de marzo de 2018. Foto R.Puig

casi tanto como nuestras siluetas

Siluetas en Delsjön. Foto R.Puig

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De otros fríos y otros ámbitos

Hubo otros tiempos en Suecia, cuando los pintores hacían de fotógrafos…

Isupptagningen (cortando hielo). Carl Larsson 1905

Isupptagningen (cortando hielo). Carl Larsson 1905

y no había neveras eléctricas.

Sin ir más lejos, en casa de mi abuelo, la primera nevera que conocí se cargaba con trozos de barra de hielo. Había fábricas que las producían. Aunque eso era en los años cincuenta del siglo XX, mientras que en la Suecia de Carl Larsson (1853 – 1919), los aserradores de hielo se ganaban la vida vendiendo los bloques que cortaban en los lagos helados. Como hace tres días se celebró el Día Internacional de la mujer trabajadora es oportuno mencionar que aquel pintor fue afortunado al conocer a Karin Bergöö (1859 – 1928), con la que se casó. Formaron equipo, combinando sus talentos complementarios.

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Reminiscencias

Sin irnos tan lejos, me voy a permitir algunas reminiscencias personales que el frío me ha suscitado. Me llegan de los años 60, dalla mia carissima Italia. Han pasado cincuenta años.

Quizás el recuerdo se deba también a que los italianos andan una vez más deshojando, en este frío invierno, la margarita de un gobierno que parece imposible

Macizo del Ortles. 1966. Foto R.Puig

Macizo del Ortles. 1966. Foto R.Puig

Así se veía el macizo del Ortles cuando en aquellos años recorríamos, con piolet, crampones de correa y en cordada, las crestas y cumbres de las trece cimas. 

Refugio Casati y cima del Cevedale.Vieja postal años 60

Refugio Casati y cima del Cevedale. Vieja postal años 60

No dormíamos en los grandes refugios de las estaciones de esquí, sino más arriba, en aquellas reducidas cajas de metal con seis literas, sujetas con cables de acero en un recodo de la cresta, que no se aprecian en las postales.

Bivacco Meneghello. Foto: summitpost.org

El bivacco Meneghello en el 2015 (los hielos han retrocedido). Foto: summitpost.org

Son lo  que en italiano llaman bivacco y en español vivac.

Grupo Ortles y Cevedale. Vieja postal años 60

Grupo Ortles y Cevedale. Vieja postal años 60

No sé cuánto queda de aquellos glaciares por los que ascendíamos salvando grietas. Me gustaría volver a subir por aquellas soberbias pendientes de la Valtellina.

De mañana, listos para la 1ra etapa

Antes de la primera etapa: 2° por la derecha Filippo Clerici † nuestro maestro alpinista, y el último este bloguero

Son estos días de frío los que me han devuelto aquellos recuerdos, desde luego no tan fabulosos como aquel largo viaje en busca del tiempo perdido que la magdalena de Proust, al embeberla el narrador en su taza de té, generó en su consciencia.

Tredici cime. Valtellina 1968

Modestamente, con los restos de aquella vanidad desvanecida, quiero enviarles un saludo desde aquellos hielos, los de principios del otoño de 1968 sobre las cumbres que se alzan entre la Valtellina y el Parco Nazionale dello Stelvio.

Hace más frío, antes de la 2da etapa

Hoy hace más frío. Foto Filippo Clerici

Después de esta foto, en la escalada de aquel día, la tormenta de nieve nos cortó el paso y tuvimos que hacer marcha atrás…

El 9 de abril hará diez años que Filippo Clerici nos dejó. De él aprendí lo que sé del arte de escalar montañas. Bajando de una de sus marchas el 9 de abril del 2008, camino ya del valle, a los 72 años de edad, resbaló y su cabeza golpeó contra una roca. Nos dejó entre las montañas alpinas que tan bien conocía y tanto amaba.

Filippo Clerici (1935 - 2008)

Filippo Clerici (1935 – 2008)

Somos muchos los amigos que en Europa y América Latina le recordamos.

La conseja del olivo triste

4 marzo, 2018
Olivos en andenería. Foto R.Puig

Olivos en andenería. Foto R.Puig

Sobre un huerto de olivos del Levante español sobrevuela y murmura una historia vieja. Hace tiempo, durante uno de mis paseos por esos valles secos, por donde el árbol de la aceituna, atesorando la escasa humedad que esos suelos brindan, lentamente crece, me detuve admirado ante un olivo añejo.

En la corteza de este olivo centenario me parecía ver el rostro doliente de un eccehomo.

El olivo triste. Foto R.Puig

El olivo triste. Foto R.Puig

Inquiriendo por las cercanías del lugar, he llegado a saber de una leyenda oral, tan ambigua e incierta como la piel labrada de esta planta antigua. Será que en los lugares tristes donde ocurren tragedias, en los parajes severos donde suceden crímenes y donde se fija la memoria de ajustes de cuentas y venganzas, no suele faltar algún árbol austero, tan pobre y tan sufrido como sus vecindades.

Erase una vez una guerra española, tan absurda y obstinada como lo son todos los conflictos civiles. Los regios causantes nunca llegaron a batirse entre ellos, pero lo hacían por el pueblo interpuesto. Y, ya se sabe, los pueblos -¡ay!- siempre incuban motivos, inconfesables pasiones, para invocar razones para matarse, tan estultas como las de quitar o poner reyes. Aquellas guerras enfrentaron a carlistas e isabelinos sobre una gran parte de la geografía española. Hay quien aún sueña con vengar los supuestos agravios de aquellas escabechinas sucesorias.

Según la conseja de este olivo triste, por aquellos tiempos de facciones y partidas armadas, cuando el árbol no era tan viejo como ahora, cuando su corteza era más tierna y sensible, a la vera de su aún escasa sombra, hombres sombríos perpetraron un crimen horrible, dejando al huerto huérfano de sus dueños. Desde entonces, se dice, si por ese olivar alguien se aventura y en el silencio de la noche escucha atento, puede que oiga un amargo lamento.

La queja del olivo. Foto R.Puig

La queja del olivo. Foto R.Puig

Dicen que los pájaros e incluso los insectos, año a año, siglo a siglo, labran la piel de los olivos. Si es cierto, si la leyenda no es mera imaginación de viejos lugareños, puede que algunas aves fuesen testigos del horror de aquel día y de generación en generación hayan seguido imitando los ayes de los moribundos, y que en algunas noches aúnen sus chillidos al quejido del árbol.

Esta conseja tendrá o no tendrá fundamento, pero los ancianos evitan que la caída de la tarde les pille cerca de ese huerto de olivos.

La amargura del olivo. Foto R.Puig

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Para no dejarles en pena

No todos los olivos se lamentan, otros, frente a la adversidad, no pierden la sonrisa…

 

Sonreír con la alegre tristeza del olivo.

Esperar. No cansarse de esperar la alegría.

Sonriamos. Doremos la luz de cada día

en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.

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Me siento cada día más libre y más cautivo

en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.

Cruzan las tempestades sobre tu boca fría

como sobre la mía que aún es un soplo estivo.

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Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece

como un abismo trémulo, pero valiente en alas.

Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.

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Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.

Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.

Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.

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Miguel Hernández