Señales de otoño

En el Mediterráneo al comienzo del otoño. Foto R.Puig
Así se mostraba el mar al amanecer cuando dejé mi rincón mediterráneo al inicio del otoño. Ahora, en Gotemburgo, se van acortando los días paulatinamente

Se adelantan las noches. Foto R.Puig
y ya se perciben los signos del otoño.

Chispea. Foto R.Puig
El gaviotín
Ya no soy pichón,
que vuelo solo
y me busco la vida,
pero estoy perplejo.
Todo era sol y luz
cuando salí del huevo
y mire usted ahora,
estas aguas plomizas,
y ya empieza a llover.
Felices días pasados
cuando bastaba
reclamar la pitanza
a piar pelado
y mamá abría el buche.
¿Y de la concurrencia
qué me dicen?
Pescar me da pereza,
y del resto
palomas por las plazas,
gorriones,
por no hablar de los grajos,
las urracas,
y otros de la misma calaña.
Ya no hay clase,
hasta una lombriz
hay que ganarla
a picotazos.
Pero al menos
esta isla es mía.
Aunque,
aunque…
¡mil truenos,
por ahí llega mi prima!
R.Puig de la Bellacasa

Aparecen los paraguas. Foto R.Puig

Suavemente el otoño. Foto R.Puig

Tiempo de hojas caidas. Foto R.Puig
Y yo me permito citar de nuevo a Pierre Henri de Valenciennes, pintor y teórico de la pintura del paisaje:
El Otoño ofrece a los Artistas escenas verdaderamente interesantes. La diversidad de tintas que se extiende por la Naturaleza es muy notable; la atmósfera es menos pesada y el calor más soportable. Hay más animación en el paisaje, pues los campos están más habitados y sus placeres son más frecuentes y variados. El comienzo de esta estación muestra la fuerza, el poderío, la riqueza y la majestad de la Naturaleza. Todos los productos vegetales han alcanzado su perfecto desarrollo; el color de los frutos no puede casi compararse sino consigo mismo y los contrastes entre sus diferentes formas aumentan aún más el encanto de este espectáculo

La cascada del Botánico a comienzos del otoño. Foto R.Puig
Continúa el pintor de los paisajes del Lazio con sus reflexiones sobre el otoño. Como es de esperar lo asocia a la melancolía y a la preparación para el invierno
Con el fin del Otoño, a pesar de los goces reales que nos procura, la satisfacción del espíritu no es del todo pura. La idea de la destrucción que insensible avanza perturba los placeres que degustamos. Los árboles pierden su verdor y el tiempo su serenidad. El sol acorta cada día su carrera. Las nieblas frías y húmedas se apoderan de la atmósfera y hacen caer las últimas hojas. Las lluvias comienzan; las aves de paso se agrupan para emigrar; las que habitan las aguas se dejan ver. El urbanita vuelve a la ciudad para refugiarse en ella de los rigores del invierno que a grandes pasos se acerca. Su retorno al hogar anuncia el encuentro cercano con su familia y sus amigos, que con él van a consumir los productos que ha recolectado en sus finca.
Pierre Henri de Valenciennes (Réflexions et conseils à un Élève sur la Peinture et particulièrement sur le genre du Paysage, La Rochelle, Rumeur des Ages, 2005,146 pages, p.64 (la traducción es mía)
.
El «Göteborg» se enfunda para invernar. Foto R.Puig
Y yo me voy a dar una vuelta por el barrio, que es tiempo de pasear

Por las avenidas de Gotemburgo. Foto R.Puig
solo o con el perro

Invitación al paseo.Foto R.Puig
Aunque en mi caso, nuestra mascota es una gata y prefiere la ventana

¿Brinco o no brinco? Foto R.Puig
Así que nos vamos por ahí descubriendo detalles

Tiempo de hojas caídas. Foto R.Puig
en los postes de las farolas

Tiempo de hojas caídas. Foto R.Puig
en el parque donde vienen a recreo los niños del centro preescolar cercano

El rincón de Anton. Foto R.Puig
o por las veredas del Trädgårdsföreningen, que nos invitan a disfrutar de la estación y donde, para siempre, Bellman, el poeta y cantautor nacional sueco, mira cambiar de color estos jardines.

El rincón de Carl Michael Bellman (1740-1795) . Foto R.Puig
Puede que pronto le hagan sitio a Bob Dylan a su lado…
Y ya que hemos mencionado a dos poetas, el domingo próximo seguiremos con poesía. Prometido

Invitación a la lírica. Foto R.Puig

El ángel con la corona de espinas. Ménsula del refectorio del monasterio de Fontevraud. Foto R.Puig
El monasterio de Fontevraud, o mejor dicho el conjunto de varios monasterios, lo fundó en tiempos de la primera Cruzada un predicador bretón que propugnaba cenobios mixtos con monjas y monjes, en los que se combatía la llamada de la carne con estrictas penitencias y mortificaciones: la ascésis del «syneisaktismo» (algo así como «dirigirse juntos», del griego syn-eisago) de la tradición eremítica oriental, con la que se tenían a raya las tentaciones del sexo. Se llamaba Robert d’Arbrissel (ca.1045 – 1115). El nombre del monasterio deriva de la «fontaine d’Evraud» que sigue manando por los túneles del subsuelo de este complejo abacial.
Tras una serie de avatares y de no pocos conflictos con los obispos y gracias a algunos patronazgos poderosos, Robert logró consolidar su fórmula de comunidades monásticas de hombres y mujeres (más o menos separadas en edificios diversos y cercanos). Pero estableció que la Abadesa sería siempre una mujer. La primera se llamaba Pétronille de Chemillé. Las comunidades fontevristas se extendieron rápidamente por el Oeste de Europa, en especial en Francia, España e Inglaterra, amparadas por la nobleza. La de Fontevraud, la central de todas, está situada cerca de la orilla izquierda del Loira entre Saumur y Chinon, y es el complejo abacial más grande de Francia.
Hasta los ingleses vienen de excursión a ver las estatuas yacentes de algunos Plantagenet que reinaban por esta región cuando Fontevraud se consolidaba. Claro, que lo que son sus restos, tras los innumerables trasiegos de la historia, no están ya bajo esas piedras, pero al parecer hace siglos sí estuvieron ahí. Por de pronto, Ricardo Corazón de León tiene su tumba verdadera en la catedral de Rouen.
En primer lugar, los regios padres de dos hermanos rivales que forman parte del imaginario adolescente de mi generación…

Enrique II de Inglaterra (+1189) y la Reina Leonor de Aquitania (+1204). Foto R.Puig
Ricardo Corazón de León pudo estar temporalmente enterrado bajo esta efigie, acompañado años más tarde por su cuñada, la esposa de Juan sin Tierra, aquel malo de las películas de Robin Hood y de aquellas aventuras que leímos. Pero el héroe, si ahora parece tranquilo y sereno, en vida fue más bien violento y dado a incordiar a todo el mundo.

Ricardo Corazòn de León (+1199) y la esposa de Juan sin Tierra Isabel de Angulema (+1246). Foto R.Puig
El monasterio y sus edificios ancilares ha pasado por innumerables transformaciones durante siete siglos de vida monástica bajo reglas ascéticas, hasta una progresiva relajación que culmina en el siglo XVI, cuando, tras doscientos años de guerras y hambrunas, va cayendo bajo el ala protectora e interesada denlos Borbones y Luis XIV establece como abadesa a una princesa de veinte años.

Marie-Gabrielle de Rochechouart abadesa de Fontevraud nombrada por Luis XIV en 1670
Fue abadesa durante treinta años y convirtió el lugar en una corte confortable y animada por artistas y músicos, con palacio abacial y cuidados jardines y hospederías. Se seguía así la costumbre de colocar a la cabeza del monasterio a damas de la aristocracia y la realeza. De este modo los reyes podían confiar al cuidado de la abadesa, para su instrucción, a las hijas que tenían de sus favoritas. Así hizo Luis XIV, como antes lo habían hecho los Plantagenet y los Valois. Su sucesor, Luis XV, mandó a Fontevraud a cuatro hijas muy pequeñas, una de las cuales moriría ahí.

Fontevraud. Claustro de la abadía.Foto R.Puig
Además de las doscientas monjas que podía albergar el sitio, había entre ochenta y cien servidores. Todo el complejo se mantenía con las rentas de sus propiedades y las pensiones reales.

La Regla de la Orden de Fontevraud en 1642
La severidad de la Regla era para las monjas de más modesta extracción y el refinamiento espiritual y mundano para las de origen noble.

Fontevraud. Torre románica de las cocinas. Foto R.Puig
Por las enormes dimensiones del refectorio y de la torre que cobijaba las cocinas adyacentes, equipada con una imponente salida de humos, donde al parecer se ahumaban también carnes y cecinas, se adquiere una imagen de las dimensiones que alcanzó aquella industria monástica.

La Abadía de Fontevraud. Patio de San Benito y complejo de las enfermerías Foto R.Puig
Fontevraud es sencillamente enorme, aunque, siguiendo la tradición de los edificios turísticos franceses, encontrar unas toilettes pone a prueba tus habilidades de explorador y exige caminar en su busca centenares de metros

La Abadía de Fontevraud (del folleto oficial)
Es un enorme centro de atracción turística, en el que el interés por vulgarizar su historia para los doscientos mil visitantes que llegan cada año lo ha convertido en un parque temático donde, por ejemplo, en el subsuelo, bajo el altar y el ábside, te explican los restos del primer templo con una serie de videoclips protagonizados por alegres esqueletos que se mueven sobre un fondo negro.

La Abadía de Fontevraud. Altar y ábside. Foto R.Puig

La Abadía de Fontevraud. Acceso de visitantes. Foto R.Puig
.
Y llegaron la Revolución, Napoleón y la Restauración
La Revolución Francesa lo desmanteló y expulsó a los monjes del monasterio masculino cercano y un poco más tarde a las monjas del Gran Monasterio. A los Plantagenet yacentes se les movió de acá para allá. A pesar del abandono y los pillajes, se salvaron algunos elementos valiosos, como el retablo del altar que se llevó a la parroquia de San Miguel, cercana y más antigua que el propio monasterio.

Fontevraud. La iglesia de San Miguel. Foto R.Puig

Fontevraud. La iglesia de San Miguel. Foto R.Puig
En 1804 Napoleón Bonaparte decidió convertir a esta abadía en una cárcel, como hizo con las de Mont Saimt-Michel y Clairvaux. Comenzaba así la historia de la Abadía de Fontevraud como prisión mediante una radical intervención arquitectónica, que terminó en 1814 cuando llegaron a ella los primeros sescientos condenados de ambos sexos. Se consideraba la más dura de Francia y estuvo operativa hasta 1963.
Así que, en realidad, se empezó a utilizar con la Restauración monárquica y durante el Segundo Imperio, cuando por motivos políticos o de represión se te podía encerrar ahí, condenado a trabajos forzados junto a los más peligrosos criminales de derecho común.

Inscripción de un preso en el muro de Fontevraud
Un tal Piron declaraba en el muro de su celda en 1817: «Piron ha cumplido 218 días por expresiones sediciosas» «Sólo queda tener buen corazón y no sorprenderse de nada»

Representación aérea de la abadía de Fontevraud en su época de prisión.
La mayor parte de la historia opresiva de este centro transcurrió bajo ministros de Justicia e Interior franceses, con el intermedio de 1940 a 1944 al servicio de la ocupación. Con el apoyo del gobierno de Vichy, los nazis se la encontraron lista para el encarcelamiento y la tortura de los resistentes, y su deportación a campos de concentración o su ejecución. Acabada la guerra siguió a pleno rendimiento hasta que fue disminuyendo el número de presos y se cerró en 1963. La rehabilitación empezó durante sus últimos años como cárcel y fue una tarea de gran complejidad. No todos los desaguisados pudieron corregirse, como se comprueba aún en los restos de estucado que cubren las ménsulas del refectorio y otros relieves.

La Abadía de Fontevraud. Placa recuerdo de los prisioneros de los nazis.
Curiosamente, en su orientación recreativa este «Centro Cultural del Oeste», como se le llama, ofrece al público infantil un recorrido por el itinerario de la más famosa evasión que el centro ha vivido durante su época como prisión. Fue en 1955 cuando Roger Dekker y Gustave Merlin, junto con «el carnicero de Nancy», George Damen, se escaparon una tarde. El entretenimiento podría tener su gracia, si no fuese por que los dos primeros acabaron fritos a tiros por los gendarmes en un campo de trigo, aparentemente en situación de indefensión, no muy lejos en Saint-Maure de Touraine, una villa conocida como centro de peregrinaje, por la que pasé hace dos años.
El tercero se cayó del muro en la escapada y volvió a la cárcel, tras un breve paso por el hospital en el que atendieron sus contusiones. El el camino de vuelta a la prisión los guardias le rompieron una pierna y otros huesos. Se da el caso de que uno de los motivos por los que había sido condenado, es porque en su carnicería de Nancy transformó en embutidos (sic) a unos cuantos ocupantes alemanes a los que había previamente asesinado. Su foto apareció en los periódicos.

Fontevraud. La triple evasión en la prensa local de la época.

La Abadía de Fontevraud. Escaleras carcelarias. Foto R.Puig
En resumidas cuentas, si quieren visitar una abadía para impregnarse de su historia, para respirar algo del sosiego que muchas de las que quedan en Europa transmiten y, sobre todo, si aspiran a que todavía algunos monjes estén entonando sus cantos gregorianos en su recinto, no elijan Fontevraud. Y si sucumben a la tentación de visitar este parque temático, siéntense antes un rato en un banco de la pequeña iglesia de San Miguel que antecede a la entrada, para eso no hay que pagar billete, y descansen del viaje.
A la salida, puede que el gato indolente que no se dignó mirarme les mire a ustedes pasar, aunque con monástica indiferencia

Un vecino de Fontevraud junto al nártex de San Miguel. Foto R.Puig

Fontevraud. Nártex externo de la iglesia de San Miguel. Foto R.Puig
…
Algunos documentos audiovisuales sobre Fontevraud:
En cuatro minutos una presentación de la historia arquitectónica de Fontevraud
Sobre la trágica evasión de la prisión de Fontevraud en 1955
Visitando rincones no accesibles al público del monasterio de Fontevraud
…
La visita a Fontevraud fue la última en Francia. La noche la pasé en el «camping des Trois Rivières» en Vivonne, al sur de Poitiers. Con la imagen del amanecer del seis de setiembre , en ese último camping ya casi desierto, termino estas crónicas veraniegas.

Amanece en el camping municipal de Vivonne. Foto R.Puig
Eran las siete de la mañana cuando puse la directa para llegar a dormir en Cubas de la Sagra, al sur de Madrid. Tras poco más de novecientos kilómetros, pasando mucho calor, llegué casi a medianoche al hospedaje familiar.
Parada y fonda en el Pays d’Auge

Manzanas de Le Mesnil. Foto R.Puig
Para Jaime y Pascale
En junio habíamos hablado aquí de cómo se hace una sidra artesanal normanda. Pues bien, el cuatro de setiembre mis amigos de Le Mesnil me acogieron en su demora del siglo XV y pude comprobar personalmente que la sidra del año ha resultado excelente, de discreta dulzura y moderada gradación de alcohol como habían previsto.

La sidra del año. Foto R.Puig
Quinientas botellas que han nacido de los pomares que rodean Le Mesnil. Expliquemos que esta expresión significa «dominio rural» y que procede de la langue d’oïl, una rama de las lenguas galorromanas que ha dejado sus huellas en topónimos de Normandía.

Los pomares de Le Mesnil. Foto R.Puig
La última vez que pude visitarles fue en el verano del 2013 y ya entonces partimos con unas cuantas botellas de sidra en la furgoneta. Este año, cuando llegué a las costas valencianas, pude comprobar que esta excelente sidra acompaña muy bien al arroz en paella.

Sidra de Jaime y Pascale con arroz en paella de Ramón. Foto R.Puig
Pero no anticipemos acontecimientos, pues todavía me quedan más de 1500 kilómetros de ruta. Así que hablemos de las novedades en Le Mesnil.
La mansión normanda sigue cumpliendo siglos esperando que resucite algún Brueghel para pintarla

Paz campestre del siglo XV. Foto R.Puig
Las ventanas se ornan ahora con encajes de bolillos en los que no había reparado antes.

Artesanía en las ventanas. Foto R.Puig
La cuvée de sidra 2016 pacienta en sus botellas

La sidra del año. Foto R.Puig
Hay una nueva huésped, escapada de no se sabe dónde, que se ha encariñado con el lugar. Sin osar entrar en la casa habita en las dependencias anexas y agradece lo que le sirven…

Petite sauvage normande. Foto R.Puig
Al parecer, el entorno le suministra también no pocos ratones campestres…

Une chausseuse en attente. Foto R.Puig
y debe de tener pareja por los alrededores, pues en la leñera ya hay cuatro nuevos gatitos

Un chaton de la petite sauvage normande. Foto R.Puig
El estanque de las ranas sigue en su rincón de juncos.

Visión impresionista del estanque de Le Mesnil. Foto R.Puig
He elegido esta foto en su versión impresionista, pues recoge su aspecto más misterioso, aunque no tanto como uno de los antiguos cabañones agrícolas que mis amigos desean restaurar

La tarea por hacer. Foto R.Puig
Me parece que la próxima vez voy a venir con el mono, las botas y los guantes de trabajo para merecerme, un poco al menos, su maravillosa hospitalidad. y…
me informan los productores (postada del 8 de octubre) que todavía hay botellas de la cosecha del 2014, la renombrada sidra en honor de aquel paladín zamorano, Bellido Dolfos, que salvó a Zamora del cerco en 1072, mediante un audaz regicidio en la persona del usurpador que la sitiaba. Como la historia la escriben los ganadores, el Cantar del Mío Cid le tildó para siempre de traidor…

La sidra «Bellido Dolfos». Foto J. López Krahe
Con esta sidra se demuestra que los zamoranos siguen siendo audaces, pues se atreven a producir sidra en el corazón de Normandía.
Y aquí está la de la cosecha del año pasado, la que estamos ya bebiendo, pero etiquetada con su ilustre denominación ecológica y natural…

Sidra Pays d’Auge Cosecha del 2015
…
Y, como la ruta continúa, el próximo domingo hablaremos de Fontevraud…

La Abadía de Fontevraud. Foto R.Puig
De Amsterdam a Gante (Fisionomías XXV)

La explanada de los museos. Amsterdam. Foto R.Puig
A poca distancia del Rijksmuseum, paseando por la explanada de los museos llego al Museo Municipal de Arte Moderno (Stedelijk Museum)

El Museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig
En el que la arquitectura contemporánea arropa al edificio en ladrillo de finales del siglo XIX.

Entrada. Museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig

La recepción. Museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig

Ensamblaje de arquitecturas. Museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig
A los espacios de construcción contemporánea se accede por escaleras mecánicas a juego

Escalera mecánica. Museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig
mientras que en el primer edificio se mantiene la escalinata original, aunque bajo una corona contemporánea, luminosa y móvil

Escalera interior. Museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig
También se mueven (tras apretar el botón) estos animales momificados de cuyo autor no encontré la cartela pero tiene toda la mordacidad de una instalación del pionero de las instalaciones y las performances, el norteamericano Bruce Nauman

Museo de Arte Moderno. Animalario móvil. Amsterdam. Foto R.Puig
Aunque el museo se esfuerza por ofrecer al visitante un recorrido por las épocas y escuelas del arte moderno y contemporáneo con algunas obras memorables y otras menos, con amplios saltos que van desde Rodin y Cezanne

Jean d’Aire. Rodin 1884 a 86. Foto R.Puig

La Santa Victoria. Paul Cezanne. 1888. Foto R.Puig
hasta obras y fisionomías más recientes, algunas a mi modo de ver deudoras del grupo COBRA, ampliamente representado en el museo, como una del norteamericano Julian Schnable de la que he seleccionado un rostro. Esta obra me recuerda las obras de Mauritz Karström, el malogrado artista sueco del que hemos hablado en este blog

La muerte inesperada de Blinky Palermo en el trópico. Julian Schnable. 1981. Detalle. Foto R.Puig
o un rostro con iluminación de neón (a la moda de los años 60) del francés Martial Raysse, miembro de la corriente del Nouveau Réalisme

Pintura de alta tensión. Martial Raysse. 1965. Foto R.Puig
Del largo y complejo recorrido me quedaré además con un cuadro de Chagall

Autorretrato de los siete dedos. Marc Chagall. 1912 a 13. Foto R.Puig
otro de Matisse

Odalisca. Henri Matisse. 1920 a 21. Foto R.Puig
y el bronce de un torso delicuescente del holandés-americano Willem de Kooning

Large torso. Willem de Kooning. 1974. Foto R.Puig
Confirmo mi devoción incondicional por la obra de Mark Rothko

Sin título. Mark Rothko. 1962. Foto R.Puig
y les dejo otros dos recuerdos de mi paso por las salas del museo, la de los minimalistas norteamercanos

«Trans West» de Kennet Noland y «Arrow» de Richard Tuttle. 1965-66. Foto R.Puig
y la dedicada a los espacialistas, en la estela del manifiesto blanco de Lucio Fontana

Varias obras del espacialismo de los años 50 y 60. Foto R.Puig
.
pero ahora de estos espacios nos vamos hacia otros, en la etapa siguiente de mi ruta de verano en dirección a España…
Gante

Mi vecino del camping en Gante. Foto R.Puig
Acampé en las afueras de Gante, en el camping municipal de Blaarmerseen, extenso y tranquilo, perfectamente comunicado con la ciudad por un autobús que te pone en la estación de Sint-Pieter en diez minutos; aunque –o tempora o mores- en mi última tarde en Gante una multitud paralizó la ciudad en búsqueda de un pokemón, y tuve que esperar en la parada durante una hora, para volver al camping

Gante. La fuente frente a la estación Sint-Pieter. Foto R.Puig
De los puentes y canales de Amsterdam he venido a pasear junto a los de Gante

Gante. El canal de la Predikherenlei y el ábside de San Miguel. Foto R.Puig
Los monumentos de esta ciudad flamenca, más tranquila que Amsterdam, se concentran a lo largo de un breve recorrido, que también reúne abundantes restaurantes y tabernas de gastronomía belga

Gante. Limburgstraat y catedral de San Bavón. Foto R.Puig

Gante. Monumento a los hermanos Van Eyck junto a San Bavón. Foto R.Puig
La calle que bordea la iglesia de San Nicolás y nos acerca a las inmediaciones del famoso puente de San Miguel se llama Cataloniestraat (Calle de Cataluña). ¿Tendrá que ver con las aspiraciones al derecho a decidir de una parte de las ciudadanías de Flandes y de Cataluña? En todo caso, calles de Flandes en ciudades catalanas hay bastantes (como las hay en otras ciudades de España), pero lo que es especial es que Gerona fue la ciudad invitada a las Floraliën de Gante en abril de este año, como Gante lo fue del Temps de flors de Gerona en mayo del año pasado.
El Presidente de la Generalitat Catalana fue invitado oficial en las festividades florales de Gante y aprovechó para entrevistarse con el de Flandes en busca de solidaridad para su proyecto de desconexión de España, pero a Geert Bourgeois, desde que su partido se autodeterminó a gobernar en Bélgica, le ha bajado mucho la fiebre independentista y no se quiso mezclar en el asunto.
Sea como sea, el diálogo floral es siempre vistoso, incluso cuando no da frutos, y a San Nicolás, cuya iglesia preside la calle de Cataluña, se le conmemora en Bélgica tanto como en España a los Reyes Magos. La leyenda que se les cuenta a los infantes es que un carnicero malo había convertido a unos niños en salchichas, pero San Nicolás los resucitó y castigo al matarife. Es más suave pensarlo como Santa Claus y portador de regalos, pero quién sabe si también sera capaz de hacer milagros con butifarras.

Gante. La iglesia de San Nicolás en la Cataloniestraat.Foto R.Puig
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El museo

La entrada del Museo de Bellas Artes de Gante. Foto R.Puig
Llegué viajando en tranvía y en autobús al gran espacio verde que alberga los dos museos, el de Bellas Artes (MSK) y el de Arte Moderno (SMAK), el Parque de la Ciudadela, al otro lado de la circunvalación interior.
Sólo me alcanzó el tiempo para visitar el primero, situado en un edificio neoclásico de finales del siglo XVIII. Reabrío sus puertas en 2007, tras varios años de remodelación. Escasos visitantes circulan con gran tranquilidad por unas salas que contrastan con las abarrotadas que visité en Amsterdam. También hay que decir que lo que se exhibe es lo que las tropas napoleónicas no alcanzaron a expoliar. Guarda obras maravillosas de una colección que transporta al visitante desde la Edad Media a los comienzos del siglo XX. Como se puede repasar en el sitio oficial del Museo, yo me limito a insistir en una de mis manías: la recolección de rostros.
Puesto que estamos en su año, empecemos por con unas fisionomías de El Bosco que ya Umberto Eco incluyó en su Historia de la Fealdad

El Bosco. Jesús con la cruz a cuestas. Detalle. ca. 1516. Museo de Bellas Artes. Gante. Foto R.Puig
sin que faltasen caricaturistas análogos de tradición germánica

Maestro del retablo Pflock. La coronación de espinas. Detalle. 1520. Gante. Foto R.Puig
como el Maestro del Retablo Pflock, un anónimo de la escuela de Lucas Cranach

Maestro del retablo Pflock. La coronación de espinas. Detalle. 1520. Gante. Foto R.Puig
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En el caso de esta talla gótica, el famoso protagonista es víctima no de la cruz ni de las espinas sino de las flechas de su martirio, y muestra el rostro de la pena característico de las tallas medievales, sin que falte el puño crispado del sufridor. Tampoco debe de hacerle gracia que alguien le haya robado sus flechas.

Meester Arn. San Sebastián. ca. 1480. Museo de Bellas Artes. Gante. Foto
Pero nada como la desesperación eterna de los condenados del Juicio Final

El Juicio Final de Rafaël Coxcie. 1588-89. Detalle. Museo de Bellas Artes. Gante. Foto R.Puig
Rostro atormentado, obra del arte manierista de Rafaël Coxcie, al que no le falta el detalle del mesiodens o diente del mal. Se da el caso de que el padre del artista (Michiel Coxcie, el apodado Rafael flamenco), con quien se había formado el hijo, había trabajado en Italia en el círculo de Miguel Ángel y este cuadro bien pudiera haberse inspirado en el fresco de la Sixtina.

Los condenados del Juicio Final de Rafaël Coxcie.1588-89.Detalle. Museo de Bellas Artes. Gante. Foto R.Puig
No quisiera despedirme de las salas del museo de Gante con estas dramáticas imágenes, ya que al fin y al cabo es un lugar en el que se respira la calma

Una sala del Museo de Bellas Artes. Gante. Foto R.Puig
Así que, para iluminar el panorama con las luces de la inocencia, terminemos con los rostros de dos de los cinco hijos de Lieven van Pottelsberghe y Livina van Steelant, a los que debieron mimar bastante en aquella familia acomodada de los Países Bajos de principios del siglo XVI

Gerhard Horenbout. Dos hijos de la familia Von Pottelsberghe. Foto R.Puig
y muy muy devota…

Gerhard Horenbout. La familia Von Pottelsberghe. Museo de Bellas Artes. Gante
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Devotos, es decir consagrados a un trabajo excepcionalmente delicado, son también los profesionales que están trabajando en el museo, tras un gran ventanal, a la vista del público, en la restauración del retablo de El Cordero Místico de los hermanos Van Eyck cuyo lugar habitual es la catedral de San Bavón. Ahí estuve un buen rato leyendo los paneles explicativos del proceso y viéndoles trabajar, claro que sin poder traer aquí la prueba, pues no se podía lógicamente hacer fotos de su trabajo.
Algunos rostros del Rijks Museum de Amsterdam (Fisionomías XXIV)

Fachada de la Berg Poort. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
El 31 de agosto pasé el día en los museos de Amsterdam. Es bien sabido que el Rijks Museum concluyó hace tres años una cuidadosa remodelación arquitectónica a cargo del estudio de arquitectura de Antonio Cruz y Antonio Ortiz que ha durado diez años. La conclusión de las obras se interrumpió algunos años por el bloqueo de la poderosa Federación de Ciclistas de Amsterdam, que reclamaba que el pasaje de la galería central del Museo, donde se ubica la entrada al mismo, quedase abierto a la circulación de las bicicletas. Obtenida su reivindicación, la nube de ciclistas que a diario atraviesa por ahí, se ahorra cinco minutos de pedaleo. Un retraso y aumento de presupuesto que al encargado de la venta de libros de arte y de catálogos de la excelente tienda de arte del museo, con el que conversé, le parece que ha sido una cacicada. Pero ustedes vayan y juzguen pos sí mismos. Por mi parte, yo llegué a pié y en tranvía desde el camping en que me hospedaba, que tiene un aspecto idílico visto desde el puente por el que se va andando a la parada del tranvía

El camping de Zeeburg junto al Rijnkanaal de Amsterdam. Foto R.Puig
Es el más cercano al centro y está abierto todo el año, sobre todo para las multitudes de jóvenes a quienes atrae la ciudad, no tanto por sus museos, como por otras ofertas y diversiones. No obstante, aunque los servicios estén sucios y, si no quieres esperar más de media hora a pié firme para poderte duchar has de hacerlo cuando clarea y la mayoría duerme bajo las tiendas, en el camping reina el buen humor y durante mis dos pernoctas se respetó el silencio debido.
A la espalda y frente a la entrada del camping discurre majestuoso el Rijnkanaal de Amsterdam

El Rijnkanaal de Amsterdam cerca del camping de Zeeburg. Foto R.Puig
Que algunas barcazas circulen cargadas de gas no debería ser un motivo de preocupación

Un barcaza cargada de gas pasa frente a la entrada del camping. Foto R.Puig
Tampoco yo debería divagar más con mi composición de lugar, pues el objeto de esta crónica eran mis recuerdos de la visita al Rijks Museum…

La escuela de pintura. Altorrelieve de la fachada principal. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
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Hay que llegar temprano
Ya me lo advirtieron a la entrada, pues accedí al museo justo cuando abría sus puertas: «vaya primero a ver las obras de Rembrandt, si es que quiere verlas en paz». ¡Pobre de mí! bastó que me entretuviese en algunas salas previas, para que, en llegando al sancta sanctorum del artista, me fuese imposible adentrarme en La ronda nocturna, el cuadro que preside la Galería de Honor.
No sé cómo explicarlo, pero hay obras que piden no sólo contemplación, sino un movimiento interior que te lleve a pasar del otro lado del lienzo, a moverte entre los personajes y sentir, pincelada a pincelada, el proceso de creación de las fisionomías de los protagonistas y de la magia y la atmósfera del momento. Algo así como tratar de verse cara a cara con Rembrandt en el trance de pintar.

La Galeria de Honor. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
Pero dirán ustedes que lo que yo pido es soñar despierto en la sala de un museo sin que nadie me despierte. Así que dejémoslo estar. Un día quizás…
Afortunadamente los turistas no se amontonaban ante otras obras en las salas laterales…

La conspiración de los bátavos. Rembrandt. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

«La novia judía». Rembrandt. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
y pude dejarme secuestrar por ellos durante unos instantes.
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El arte de tallar la madera
Que la tradición del expresionismo centroeuropeo viene de lejos es conocido. También es más fácil circular con calma por la colección de esculturas tardomedievales del museo, recoletas en su penumbra y menos frecuentadas. Así que, voy a referirme a mi encuentro con algunas de esas obras.
En primer lugar, un tema clásico del siglo XV y del siglo XVI: el encuentro (diríamos hoy que el flechazo) de otros dos consortes judíos, Joaquín y Ana, que Durero también grabó y los artistas de la talla interpretaron por toda Europa, entre ellos los imagineros españoles.

Encuentro de Joaquín y Ana, «Maestro de Joaquín y Ana». s.XV.Rijksmuseum. Foto R.Puig
Esta es una talla a caballo entre el Gótico y el Renacimiento, obra de un anónimo escultor holandés.
De perfil gótico es La Virgen con el niño de Adriaen van Wesel (ca. 1415 – ca. 1490), que recuerda a las esculturas de las catedrales europeas, con sus sonrisas apenas apuntadas y sus rostros inclinados benevolamente hacia los fieles que imploran favores.

La Virgen y el niño. Adriaen van Wesel. ca. 1470. Detalle. Rijksmuseum. Foto R.Puig
De carácter abiertamente expresionista es la muerte de la Virgen del mismo escultor, quien, pocos años más tarde, pasa del lirismo al drama, adecuándose al nuevo encargo, un retablo para la Cofradía de Nuestra Señora de la iglesia de San Juan en ‘s-Hertogenbosch, de la cual formaba parte Anthonius van Aken, el padre de el Bosco (ca.1450 – 1516). Hay algunas obras del genio del Jardín de las Delicias que guardan semejanza con otras tallas de van Wesel, por ejemplo la tabla de San Juan Evangelista en Patmos del Museo de Berlín. La figura del evangelista está inspirada en la talla del escultor que formaba parte del mismo retablo (hoy en el Het Noordsbrabants Museum). Está documentado que Jheronimus van Aken (el Bosco) y su padre conocieron a Adriaen van Wesel y las obras que talló para la iglesia de San Juan de su ciudad.

La muerte de la Virgen. Adriaen van Wesel. ca. 1475 – 1477. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La muerte de la Virgen. Adriaen van Wesel. s.XV. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
Es el rostro de una María agonizante, ataviada como una viuda holandesa y rodeada por unos apóstoles con caras tristes, circundadas de abundantes cabellos cuidadosamente trabajados, en una demostración de virtuosismo en la talla de la madera.
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La Dolorosa
Tres lustros más tarde, un artista florentino afincado algunos años en los Países Bajos, Pietro Torrigiano (1572 – 1428), famoso por haber roto de un puñetazo el tabique nasal de su paisano Miguel Angel, realizó un busto de la Virgen Dolorosa que rompe los cánones de la expresión gótica y que hasta puede decirse que tiene un aire surrealista.

Mater dolorosa. Atribuida a Pietro Torrigiano, ca. 1507. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
Dicen que esta dolorosa la encargó la que sería regente de los Países Bajos y tutora del futuro Carlos V, la Archiduquesa Margarita de Austria (1480 – 1530), tras enviudar por segunda vez y perder prematuramente a su hermano Felipe el Hermoso (1478 – 1506).
Pero si hemos de hablar de surrealismo ¿qué me dicen de este San Vito de facciones góticas, ensimismado y en trance de freírse en aceite hirviendo con apenada serenidad? Originalmente era una talla de madera, que más tarde fue policromada en el siglo XVII.

San Vito en el aceite hirviendo. ca.1500. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
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Contrastes del destino
¡Qué diferente tratamiento el que un pintor, también del siglo XVII, le dio al joven con el que concluimos nuestra crónica!
El pintor de las familias más pudientes de la oligarquía de Amsterdam, Bartholomeus van der Helst, retrató así al hijo de Andries Bicker, alcalde de Amsterdam, uno de los más ricos comerciantes de los Países Bajos y varias veces embajador, cuyo retrato se puede ver en el museo junto al de su hijo.
Gerard Andriesz Bicker (1622 – 1666) tenía a la sazón veintidós años y -a diferencia de San Vito– su relación con el aceite se reducía probablemente a los platos que le servían sobre una mesa bien provista.

Retrato de Gerard Andriesz Bicker. Bartholomeus van der Helst. ca. 1644. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig
Mi ruta veraniega: en el ferry y un índice

Pasando bajo el Älvsborgsbron. Foto R.Puig
Ya estoy en Els Poblets, frente al Mediterráneo. Como cada verano he venido en la furgoneta a ritmo de jubilado. Hoy me he dejado llevar de la pereza (cosas del mar) y he pensado que lo mejor era anticipar los capítulos que seguirán. Es decir que hoy voy a resumir el viaje en el ferry (como hice el año pasado, he decidido ahorrarme el trayecto hasta Alemania) y anticipar un índice de las siguiente entregas.
En la nave

Pasando bajo el Älvsborgsbron. Foto R.Puig
Así que, yo y mi máquina, nos subimos al ferry que navega del puerto de Gotemburgo, directo a Kiel. Te embarcas al atardecer, duermes en el barco y amaneces en Alemania, desayunado y listo para la ruta.

Flanqueando el puerto de Gotemburgo. Foto R. Puig
La luz del atardecer creaba por el lado de estribor una atmósfera de oro que aligera de su peso a las instalaciones portuarias. Un poco más adelante retrocedemos quinientos años, del acero de las grúas y los inmensos navíos de containers a los bloques de granito.

El sol se pone a estribor. Foto R.Puig
Es el vestigio de las muchas guerras que enfrentaron a los reinos nórdicos, hoy pacíficos y bien avenidos.

Las antiguas defensas de Gotemburgo. Foto R.Puig
Hoy ya no parece peligroso aventurarse en mar abierto

Hacia mar abierto. Vista a babor. Foto R.Puig

Vista a babor. Foto R.Puig
El barco avanza junto a las islas e islotes del archipiélago de Gotemburgo

Alejándonos hacia mar abierto. Foto R.Puig
Y a la mañana siguiente, acompañados por aves marineras, nos saludan las costas de Alemania.

Llegando a Kiel. Foto R.Puig
Continuará con…
Amsterdam

El museo de Arte Moderno. Amsterdam. Foto R.Puig
Gante

Desde el puente de San Miguel. Gante. Foto R.Puig
Normandía

Aparcamiento siglo XV. Foto R.Puig
Fontevraud

La Abadía de Fontevraud. Foto R.Puig
antes de llegar a Els Poblets, tras una noche en el camping de Vivonne al sur de Poitiers, el hospedaje familiar en Cubas de la Sagra, al sur de Madrid (atravesando las landas francesas, el País Vasco y las mesetas castellanas y manchegas).
¡ Y calor, mucho calor!
¡Nos vemos!
Borgebyslott: la balada del artista triste

Bandada de cigüeñas. Ernst Norlind. Foto R.Puig
El castillo de Borgeby (Borgeby Slott) ya no es un castillo, lo fue hasta que lo demolieron los daneses en el siglo XVII, si no todas las construcciones sí las que hacían del conjunto una fortificación con sus torres y sus murallas, aunque ya antes, en el siglo XV, un rey sueco le había pegado fuego. De un modo u otro siempre estuvo envuelto en los conflictos armados que asolaron esa zona estratégica de Escania.
Y a fines del siglo XIX un rico agricultor los compró y se lo regaló a su hija Hanna, quien se casó con el pintor, violinista, editor y escritor Ernst Nordlin, que se dio a conocer por pintar repetidamente a las cigüeñas que volaban y anidaban en la región de Lund, pero sobre todo por haber sabido, junto con la rica heredera, emplear la fortuna de que esta disponía para atraer a su selecto cenáculo a artistas, escritores y otros protagonistas de la actualidad cultural de principios del siglo XX, algunos de ellos de renombre internacional.

Ernst Norlind. Autorretrato. Borgeby. Foto R.Puig

Hanna Norlind por Axel Törneman
Lo más interesante del lugar, gestionado por una fundación que el matrimonio dotó para después de su muerte, es la casa-museo, honesta y transparente en lo que se refiere no sólo al mundo creativo del pintor, sino a sus facetas menos logradas, sin que falten los episodios y frustraciones familiares. Es un ejemplo instructivo de como una casa-museo puede rememorar la vida de los protagonistas que la hicieron especial, en este caso Ernst (1877-1952) y Hanna (sin datos), y en la que creció y se deterioró mentalmente su hijo Staffan (1909 – 1978). Ocupa la mansión medieval, atravesada por lo que debió de ser un pasaje a la ciudadela del antiguo castillo, que seguramente en su época guerrera estuvo protegido por un grueso portón y sus rejas. Hoy comunica la fachada de la casa-museo con las instalaciones y edificios agrícolas en parte destinados a eventos sociales y exposiciones.

La casa museo de los Nordlin. Borgebyslott. Foto R.Puig
Lo que queda de las fortificaciones, una torre, que no se visita, en la que casi todo es de nueva planta, es lo menos interesante aunque resulte vistosa.

Hay un panel instructivo sobre el medio natural en el que se sitúa el conjunto, donde las aves son abundantes y, en particular las cigüeñas y algunas rapaces.

Area natural de Lundalan (región de Lund). Del cartel explicativo

Bandada de cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig
La instalaciones de antiguo uso agrícola son genuinas y bien mantenidas, características del sur de Suecia.

Borgebyslott. Almacenes agrícolas. Foto R.Puig
No extraña pues que, invitado a este castillo sueco, Rainer María Rilke, que era no sólo un gran poeta, sino también muy aficionado a hospedarse en románticos torreones y castillos, en los que la inspiración le visitaba, no se hiciese de rogar y se acogiese a la hospitalidad de los Nordlin en agosto del 1904. Como era agradecido les dejó un poema dedicado a Borgeby, a las sensaciones de aquella estancia y a sus piedras.

Rilke en Borgeby. Foto Ernst Nordlin
De las actividades editoras de Ernst Nordlin se expone un ejemplar de la revista en la que publicó algunos de su poemas

Portada de Sacrum. Universidad de Lund. 1928. editada por Ernst Norlind. Foto R.Puig
Y algunos de los libros de los que fue autor.

Obras de Ernst Norlind. Foto R.Puig
Hay también muchos de sus cuadros, en los que las aves ďominan

Halcón. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig
en especial muchas, muchas cigüeñas.

Cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig
Pero estas aves no fueron motivo de felicidad para el hijo. Aparecen en sus pinturas como obsesiones de la herencia paterna. Fue un hombre marcado por una adolescencia en la que se sentía obligado por el mundo de artistas y creadores que rodeaba a sus padres y obsesionado por devenir él también un creador de éxito. El lugar ya era de por si triste, los cuadros de su padre son una muestra de cómo eran allí los inviernos y las luces del atardecer.
Staffan Nordlin escribió sobre los intentos de su adolescencia y juventud, preso de un deseo que le oprimía, el de ser reconocido como artista y escritor
Mi juventud idiota y dividida, en la que fui coleccionista de mariposas, pianista, bailarín, dibujante, pintor, arqueólogo, enterrador y delirante

Escena onírica con cigüeñas. por Staffan Norlind.1943. Borgeby. Foto R.Puig
El conflicto con su padre estaba servido, de tal modo que hijo y padre no aparecían nunca juntos. Tan es así que el padre se fue a vivir unos años a Asís.

Cigüeña disecada. Borgeby. Foto R.Puig

Ernst Norlind

Hanna Norlind por Axel Törneman. Foto R.Puig
La imagen de la maternidad pintada por Staffan presentaba en su fondo un niño que parece alzarse al cielo llevado por unas esquemáticas cigüeñas y no estaba inspirada en su madre real

Maternidad por Staffan Norlind. 1939. Borgeby. Foto R.Puig
sino probablemente en la talla de una virgen gótica y coronada que sostiene al niño y que aún se ve en una hornacina de la casa-museo

Talla gótica en la casa-museo de Borgeby. Foto R.Puig
Por aquellos años, el joven intentó también consagrase como escultor, aunque no se exponga otro testimonio que el de esta foto en el estudio de un conocido escultor amigo de la familia

Staffan Norlind durante sus estudios de escultura.

Borgebyslott. Fachada posterior de la casa museo. Foto R.Puig
Años más tarde, en 1949, a Staffan le practicaron una intervención quirúrgica que disparatadamente se aplicaba entonces a los enfermos mentales: una lobotomía

Figura ascendente con cigüeñas.por Staffan Norlinds.Borgeby. Foto R.Puig
Ya no fue capaz de producir ni una sola imagen. Sus últimos años, desde 1949 hasta 1978, los vivió sumido en la angustia y el rencor. ¿Habría sido diferente su destino si hubiese sido agricultor como su abuelo?
Pensar la luz (con Le Clézio)

- Luz. Foto R.Puig
Hace ya unas semanas que estoy leyendo un libro de Jean-Marie Gustave (J.M.G.) Le Clézio, L’inconnu sur la terre (Gallimard, 1978). Son trescientas diecisiete páginas de breves ensayos poéticos que toman el título del primero, en el que habla de un chiquillo desconocido «que está sentado en el cielo, como sobre una duna de arena, frente al mar, frente al espacio, y mira», como el autor, como nosotros: miramos, observamos, a veces sin saber lo que buscamos, lo que vamos a descubrir exactamente. Pudiera ser que también hayamos divisado a ese «niño desconocido».
Es un libro para leer a sorbos, como se leen los libros de poesía, sobre todo cuando están escritos en prosa. El escritor, como el niño desconocido, va posando su mirada admirada sobre tantas cosas que en nuestras prisas no vemos, descubriendo lo desconocido en la tierra, eso que se nos escapa, porque, aunque lo percibamos, no lo pensamos. Estamos tan ocupados que la inmensa mayoría de las cosas siguen siendo para nosotros tierra incógnita.
Por ejemplo, la luz…

Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig
…
En la luz vive la belleza. La luz del día, esa que siempre retorna, que baña los objetos y los seres, que los hace presentes. Por ella se ponen a brillar, vibran y se adornan de todos sus colores y de todas sus formas. Aman la luz. Todos. Hasta esos que se esconden la miran a través del velo del agua o del humus. Esos que están bajo tierra, los granos, las conchas, los metales, los cristales, aguardan a mostrarse, hacen grandes esfuerzos por aparecer. Se vuelven hacia ella, todos crecen y empujan para alcanzarla. En la luz es donde los seres viven y respiran. Para ella tienen hojas, pelajes, espinas, frutos, cálices, olores.
Puesta de sol en Barsebäck. Escania. Foto R. Puig
Los ojos buscan siempre la luz allá donde se encuentre. Los ojos de día, los ojos en la noche. Y la felicidad, eso no puede ser sino eso, es cuando uno halla la luz, se está con ella, abrazado a ella, y que uno la ve con su cuerpo entero, no sólo con los ojos, sino con la propia piel, con sus cabellos, su boca, sus uñas. Es ella la que os une al mundo, la que os rescalda, la que os habla, la que os alimenta.
(Le Clézio. L’inconnu sur la terre. p.55)
En la costa de Tjörn. Foto R.Puig
Isla de Orust. Foto R.Puig
…sobre el mar. Foto R.Puig
La única moneda que me gustaría tener: las chispas blancas, sobre el mar
La luz viene siempre, la que libera a las sombras, la que te vuelve ligero, danzante, la que os conduce hasta el reino del aire
(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 112)
Atardecer en Onsala. Foto R.Puig
Amanecer en La Almadraba. Foto R.Puig
Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig
Y el libro continúa en capítulos cortos, mirando como si fuese la primera vez, así hasta el final…
¡Ah, sí, el final! No he llegado aún pero la curiosidad me puede, así que, como tendréis prisa, os dejo el último párrafo… frente a la luz de la noche.
Très lentement le sourire se dessine sur le lèvres du petit garçon inconnu, au fond de la nuit, derrière la vitre froide. Le sourire luit sur la ville, et au même moment, la lune blanche monte dans le ciel, à peine visible dans son premier et mince croissant
…
Muy despacio se dibuja la sonrisa en los labios del chiquillo desconocido, al fondo de la noche, tras el cristal frío. La sonrisa brilla sobre la ciudad, y en ese mismo instante, la luna blanca asciende en el cielo, a penas visible en su primer y delgado creciente.
(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 317)
En su primer y delgado creciente. Foto R.Puig
…
N.B.: traducción del autor del blog
Pilane 2016 (y II): el séquito de Anna

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig
Hace dos domingos mostraba aquí la gran cabeza de Anna que preside durante los meses de julio y agosto, entronizada como en un altar, el paisaje de Pilane en la isla de Tjörn. Esta obra de Jaume Plensa lleva el mismo nombre que un Cava Brut, catalán como el artista, que fue premiado en el International Wine Challenge de 2015 con una medalla de oro.

Anna. Cava Brut. International Wine Challenge
Así pues Anna, desde su colina, impera impertérrita sobre las esculturas de Pilane 2016 y se podría decir que a algunas de ellas las inebria, como a este ser metamórfico que gira en el misterioso trance de un parto múltiple de proporciones bíblicas.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
Al menos esa es la impresión que me causa esta anatomía en acero inoxidable de Martin Sjöberg que, como un Adán multigestante, no sólo pare a Eva de su costilla, sino que, en su desenfrenada danza sobre cinco pies, centrifuga varios cuerpos más.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
A juzgar por sus dos cuellos rebanados, se trata de un decapitado que al menos tuvo dos cabezas y que, aunque tenga tantos cuerpos como para dar a Anna el que le falta, desde su posición inferior envidia esa majestuosa cabeza que enseñorea las alturas de Pilane.
Hay obviamente otros elementos de esta metamorfosis en curso, pero el escultor, no sabiendo como resolver la ecuación hermafrodita que su obra le plantea, ha decidido poner calzoncillos a la estatua. Al fin y al cabo ya hubo otro artista que a otras obras maestras puso bragas.
Subiendo hacia el límite del parque encontramos a este personaje, quien, aunque el paisaje merezca ser admirado con los ojos bien abiertos, no sabemos bien por qué, ha hundido su cabeza en este suelo rocoso y duro.

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
O bien es un híbrido de humano y de oso hormiguero, o se trata del ataque de desesperación de uno que ha ido a que le quiten los tatuajes y el dermatólogo le ha presentado el presupuesto…

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Este otro prefiere evadirse de la realidad contorsionándose en una especie de break dance

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig
En este caso la cabeza le es de mucha utilidad. ¡Buena suerte con las cervicales!

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
Nosotros seguimos nuestro paseo

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Pilane 2016. Foto R.Puig
El trabajo de Aase Texmon Rygh en su sencillez fija en dura piedra la geometría airosa del famoso anillo o banda de Möbius o Moebius

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
No lejos de allí brotan los dinamismos de un rosal de aluminio que, blancos, cortantes e inmaculados, ponen el contrapunto musical a la silenciosa impasibilidad de Anna y amaestran los torbellinos del viento de esta isla

Alice Haycock. USA. 2014. HOOP-LA. Aluminio. Pilane 2016. Foto R.Puig
Pero hay también unas cuerdas, puede que más bien lianas, abandonadas a los caprichos del aire

Bard Breivik. Noruega 2006. Tres cuerdas orgánicas. Pilane 2016. Foto R.Puig
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Caprichos de tintas tenebrosas son también dos obras de carácter conceptual, reconozco que no muy armónicas, por no decir que alejadas de lo que se considera bello, que aluden a esos azares que, sin contar con nosotros, cuando venimos al mundo nos convierten en miembros de una u otra nación.
Siempre han sido muchos, y -¡ay!-se multiplican, quienes consideran como mérito propio la nacionalidad que les otorgó la suerte y niegan el pan y la sal a quienes, para sobrevivir y contra su voluntad, han de escapar de la suya. Es triste ver como proliferan en nuestra Europa los guardianes de la etnia inmutable y del monismo identitario.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus soli. Técnica mixta, tela encerada y metal. Pilane 2016. Foto R.Puig
En esta instalación escultórica las raíces, que anclan el árbol al suelo donde cayó la semilla, quieren simbolizar el ius soli que en unos lugares da derecho al marchamo nacional. En la siguiente, la artista ha formado el corazón con sus arterias y sus venas que nos vienen de nuestros padres, para corporeizar el ius sanguinis que, en otros lugares, es lo que te vincula a una patria. En ambos casos, al interfecto esa condición del destino le sobreviene sin comerlo ni beberlo o, dicho con otra expresión, sin que pinche ni corte.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus sanguinis. Técnica mixta, tela encerada y metal. Detalle. Pilane 2016.
Estos azares del derecho fueron siempre determinantes para la humanidad, aunque en estos últimos tiempos las imágenes de las emigraciones masivas, de las muertes de quienes buscan asilo y de los campos de refugiados han hecho más patentes si cabe las veleidades de Fortuna que se vale de la ambición, la iniquidad y la violencia de los hombres para decretar la mala suerte de millones de personas que, como cualquiera de nosotros, no han elegido el lugar de su nacimiento.
En resumen, que hay obras, que aunque no destaquen por su calidad artística y sin que puedas estar cien por cien seguro de lo que expresa su autor, se prestan a hacer pensar. En realidad, esto lo podemos decir de casi todas las obras de arte contemporáneo, sobre todo si pertenecen a la corriente conceptual.
Aunque, reflexionando un poco ¿no era también conceptual la sonrisa de La Gioconda?
Sea como sea, nosotros seguimos nuestro paseo y encontramos un caballo de bronce, o su torso amputado de cabeza y patas delanteras, que en salto imposible se alza sobre sus cuartos traseros

William Tucker. USA. 2016. Caballo chino. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Así que, como no podemos ensillarlo, seguimos a pie por las alturas de Pilane…

Pilane 2016. Humedal. Foto R.Puig

Pilane 2016. El caserío. Foto R.Puig
En el camino hacia la salida, como no podía faltar, hay uno de esos perfiles rotatorios de Tony Cragg, como siempre discretamente cómico y solemne

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Pareciera que esta testa de guerrero empenachado tratase en vano de atraer la atención de la chica que, impasible, le ignora: ¡¡¡¿hay alguien ahí?!!!

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Tampoco será fácil que obtenga respuesta de este orondo champiñón

Morten Löbner Espersen. Dinamarca. 2016. Champiñón mágico. Gres. Pilane 2016. Foto R.Puig
O de estos bolardos inquietos que se hacen reverencias entre sí

Bettina Pousttchi. Bolardos callejeros. 2012. Limadura compactada. Pilane 2016. Foto R.Puig
En cualquier caso, a mí, tras más de dos horas de subir y bajar por los senderos de Pilane, me está tentando la idea de hacer lo que esta cansada y anónima turista: tumbarme y dejarme llevar al Nirvana

Como la vida misma. Técnica mixta, Pilane 2016. Foto R.Puig
Más tarde, pasaré por el Systembolaget a hacerme con una botella de Anna. Con una Toast Skagen de gambas de la Costa Oeste de Suecia el cava catalán armoniza a las mil maravillas

Toast Skagen. Foto Peter





























