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Algunos rostros del Rijks Museum de Amsterdam (Fisionomías XXIV)

18 septiembre, 2016
Fachada de la Berg Poort. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

Fachada de la Berg Poort. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

El 31 de agosto pasé el día en los museos de Amsterdam. Es bien sabido que el Rijks Museum concluyó hace tres años una cuidadosa remodelación arquitectónica a cargo del estudio de arquitectura de Antonio Cruz y Antonio Ortiz que ha durado diez años. La conclusión de las obras se interrumpió algunos años por el bloqueo de la poderosa Federación de Ciclistas de Amsterdam, que reclamaba que el pasaje de la galería central del Museo, donde se ubica la entrada al mismo, quedase abierto a la circulación de las bicicletas. Obtenida su reivindicación, la nube de ciclistas que a diario atraviesa por ahí, se ahorra cinco minutos de pedaleo. Un retraso y aumento de presupuesto que al encargado de la venta de libros de arte y de catálogos de la excelente tienda de arte del museo, con el que conversé, le parece que ha sido una cacicada. Pero ustedes vayan y juzguen pos sí mismos. Por mi parte, yo llegué a pié y en tranvía desde el camping en que me hospedaba, que tiene un aspecto idílico visto desde el puente por el que se va andando a la parada del tranvía

El camping de Zeeburg junto al Rijnkanaal de Amsterdam. Foto R.Puig

El camping de Zeeburg junto al Rijnkanaal de Amsterdam. Foto R.Puig

Es el más cercano al centro y está abierto todo el año, sobre todo para las multitudes de jóvenes a quienes atrae la ciudad, no tanto por sus museos, como por otras ofertas y diversiones. No obstante, aunque los servicios estén sucios y, si no quieres esperar más de media hora a pié firme para poderte duchar has de hacerlo cuando clarea y la mayoría duerme bajo las tiendas, en el camping reina el buen humor y durante mis dos pernoctas se respetó el silencio debido.

A la espalda y frente a la entrada del camping discurre majestuoso el Rijnkanaal de Amsterdam

El Rijnkanaal de Amsterdam cerca del camping de Zeeburg. Foto R.Puig

El Rijnkanaal de Amsterdam cerca del camping de Zeeburg. Foto R.Puig

Que algunas barcazas circulen cargadas de gas no debería ser un motivo de preocupación

Un barcaza cargada de gas pasa frente a la entrada del camping. Foto R.Puig

Un barcaza cargada de gas pasa frente a la entrada del camping. Foto R.Puig

Tampoco yo debería divagar más con mi composición de lugar, pues el objeto de esta crónica eran mis recuerdos de la visita al Rijks Museum…

La Pintura. Altorrelieve de la fachada principal. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La escuela de pintura. Altorrelieve de la fachada principal. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

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Hay que llegar temprano

Ya me lo advirtieron a la entrada, pues accedí al museo justo cuando abría sus puertas: “vaya primero a ver las obras de Rembrandt, si es que quiere verlas en paz”. ¡Pobre de mí! bastó que me entretuviese en algunas salas previas, para que, en llegando al sancta sanctorum del artista, me fuese imposible adentrarme en La ronda nocturna, el cuadro que preside la Galería de Honor.

No sé cómo explicarlo, pero hay obras que piden no sólo contemplación, sino un movimiento interior que te lleve a pasar del otro lado del lienzo, a moverte entre los personajes y sentir, pincelada a pincelada, el proceso de creación de las fisionomías de los protagonistas y de la magia y la atmósfera del momento. Algo así como tratar de verse cara a cara con Rembrandt en el trance de pintar.

La Galeria de Honor. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La Galeria de Honor. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

Pero dirán ustedes que lo que yo pido es soñar despierto en la sala de un museo sin que nadie me despierte. Así que dejémoslo estar. Un día quizás…

Afortunadamente los turistas no se amontonaban ante otras obras en las salas laterales…

La conspiración de los bátavos. Rembrandt. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La conspiración de los bátavos. Rembrandt. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

"La novia judía". Rembrandt. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

“La novia judía”. Rembrandt. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

y pude dejarme secuestrar por ellos durante unos instantes.

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El arte de tallar la madera

Que la tradición del expresionismo centroeuropeo viene de lejos es conocido. También es más fácil circular con calma por la colección de esculturas tardomedievales del museo, recoletas en su penumbra y menos frecuentadas. Así que, voy a referirme a mi encuentro con algunas de esas obras.

En primer lugar, un tema clásico del siglo XV y del siglo XVI: el encuentro (diríamos hoy que el flechazo) de otros dos consortes judíos, Joaquín y Ana, que Durero también grabó y los artistas de la talla interpretaron por toda Europa, entre ellos los imagineros españoles.

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Encuentro de Joaquín y Ana, “Maestro de Joaquín y Ana”. s.XV.Rijksmuseum. Foto R.Puig

Esta es una talla a caballo entre el Gótico y el Renacimiento, obra de un anónimo escultor holandés.

De perfil gótico es La Virgen con el niño de Adriaen van Wesel (ca. 1415 – ca. 1490), que recuerda a las esculturas de las catedrales europeas, con sus sonrisas apenas apuntadas y sus rostros inclinados benevolamente hacia los fieles que imploran favores.

La Virgen y el niño. Adriaen van Wesel. s.XV. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La Virgen y el niño. Adriaen van Wesel. ca. 1470. Detalle. Rijksmuseum. Foto R.Puig

De carácter abiertamente expresionista es la muerte de la Virgen del mismo escultor, quien, pocos años más tarde, pasa del lirismo al drama, adecuándose al nuevo encargo, un retablo para la Cofradía de Nuestra Señora de la iglesia de San Juan en ‘s-Hertogenbosch, de la cual formaba parte Anthonius van Aken, el padre de el Bosco (ca.1450 – 1516). Hay algunas obras del genio del Jardín de las Delicias que guardan semejanza con otras tallas de van Wesel, por ejemplo la tabla de San Juan Evangelista en Patmos del Museo de Berlín. La figura del evangelista está inspirada en la talla del escultor que formaba parte del mismo retablo (hoy en el Het Noordsbrabants Museum). Está documentado que Jheronimus  van Aken (el Bosco) y su padre  conocieron a Adriaen van Wesel y las obras que talló para la iglesia de San Juan de su ciudad.

La muerte de la Virgen. Adriaen van Wesel. s.XV. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La muerte de la Virgen. Adriaen van Wesel. ca. 1475 – 1477. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La muerte de la Virgen. Adriaen van Wesel. s.XV.  Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

La muerte de la Virgen. Adriaen van Wesel. s.XV. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

Es el rostro de una María agonizante, ataviada como una viuda holandesa y rodeada por unos apóstoles con caras tristes, circundadas de abundantes cabellos cuidadosamente trabajados, en una demostración de virtuosismo en la talla de la madera.

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La Dolorosa 

Tres lustros más tarde, un artista florentino afincado algunos años en los Países Bajos, Pietro Torrigiano (1572 – 1428), famoso por haber roto de un puñetazo el tabique nasal de su paisano Miguel Angel, realizó un busto de la Virgen Dolorosa que rompe los cánones de la expresión gótica y que hasta puede decirse que tiene un aire surrealista.

Mater dolorosa. Atribuida a Pietro Torrigiano principios del s.XVI. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

Mater dolorosa. Atribuida a Pietro Torrigiano, ca. 1507. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

Dicen que esta dolorosa la encargó la que sería regente de los Países Bajos y tutora del futuro Carlos V, la Archiduquesa Margarita de Austria (1480 – 1530), tras enviudar por segunda vez y perder prematuramente a su hermano Felipe el Hermoso (1478 – 1506).

Pero si hemos de hablar de surrealismo ¿qué me dicen de este San Vito de facciones góticas, ensimismado y en trance de freírse en aceite hirviendo con apenada serenidad? Originalmente era una talla de madera, que más tarde fue policromada en el siglo XVII.

San Vito en el aceite hirviendo. ca.1500. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

San Vito en el aceite hirviendo. ca.1500. Detalle. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

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Contrastes del destino

¡Qué diferente tratamiento el que un pintor, también del siglo XVII, le dio al joven con el que concluimos nuestra crónica!

El pintor de las familias más pudientes de la oligarquía de Amsterdam, Bartholomeus van der Helst, retrató así al hijo de Andries Bicker, alcalde de Amsterdam, uno de los más ricos comerciantes de los Países Bajos y varias veces embajador, cuyo retrato se puede ver en el museo junto al de su hijo.

Gerard Andriesz Bicker (1622 – 1666) tenía a la sazón veintidós años y -a diferencia de San Vito– su relación con el aceite se reducía probablemente a los platos que le servían sobre una mesa bien provista.

Retrato de Gerard Andriesz Bicker. Bartholomeus van der Helst. c. 1642. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

Retrato de Gerard Andriesz Bicker. Bartholomeus van der Helst. ca. 1644. Rijksmuseum. Amsterdam. Foto R.Puig

6 comentarios leave one →
  1. Francisco Otero permalink
    18 septiembre, 2016 15:27

    Querido Moncho,
    cómo me hubiese gustado leer tus comentarios antes de visitarlo en marzo ultimo. Era mi tercera visita. Las anteriores fueron antes de la refaccion, mas mas bien reconstruccion de los arquitectos españoles (1975 y 1992)
    Es realmente maravilloso. Tuve la suerte de visitarlo un lunes a primera hora. Aun no llegaban los turistas.
    Gracias Moncho por las estupendas fotos
    Pancho

  2. 18 septiembre, 2016 18:24

    Querido Pancho,

    Amsterdam en agosto, aunque sea al final del mes, es un hervidero de turistas. Si no recuerdo mal tú visitaste el museo en marzo, cuando supongo que la afluencia era menor.

    En todo caso, como todos los grandes museos, hay hallazgos por todas partes, por ejemplo el de una sala de esculturas (Beeldengalery) que hay escondida tras la “Guardia nocturna”, a la que se accede por unas escaleras, y en la que estuve casi todo el rato solo.

    No podría poner todas mis fotos en el el blog, pero disfruté mucho con esos descubrimientos “menores”.

    Un abrazo

    Moncho

  3. 25 septiembre, 2016 13:50

    Aparte de la excelencia habitual de tu fotografía, y aun aparte tanto logro que nos vas descubriendo y regalando durante tus adorables viajes, me enamora, siempre ocurre, lo que llamas ‘divagaciones’, ilustradas con imágenes y con palabras. En este, gracias a esas divagaciones, es como si también me hubiera alojado como una veinteañera en un camping, hubiera madrugado para pillar ducha antes de la invasión de los ‘bárbaros’ y hubiera podido ver el Rijnkanaal y la barcaza de mañanita, al clarear, que dices. ¡Qué frío, Ramón, qué frugal desayuno y qué mal dormido, ¿no?:-), pero qué cantidad de gratificaciones a los pequeños sacrificios. Y es que, ¿sabes?, te haré una confidencia: creo que no he dormido en un camping en toda mi vida y ni soy capaz de imaginarme en uno precisamente la noche anterior a una visita al Rijks Museum de Amsterdam… Vamos, a cualquier museo… En fin, a pernoctar en uno sin más y aun sin museo por delante.

    Me ha encantado la Mater Dolorosa de Pietro Torrigiano (¿atribuida? ¿es posible que haya alguna otra virgen de su autoría con un rostro muy similar? juraría haberlo visto en ve a saber qué otro museo), todo un temperamento a juzgar por ese -dolorosísimo- puñetazo a Miguel Ángel, aunque intuyo que en cuestión de caracteres tampoco el Buonarroti debía de ser manco.

    Seguiré siguiéndote, y lo sabes. Un abrazo, Ramón

    • 26 septiembre, 2016 09:53

      Gracias, Luisa.

      No siempre el camping fue un éxito. Mi primera experiencia en Galicia a principios de los setenta, con una gran “tienda-casa”, fue un desastre… Este de Amsterdam, a pesar de los pesares, me hizo sentirme solidario con la juventud más nómada, “bárbaros” pero alegres y amigables.

      Y Torrigiano (o Torrigiani), sí, fue sulfuroso hasta el final, cuando murió en Sevilla en un calabozo de la Inquisición, víctima del oscurantismo pero también de sus impulsos. Esto es lo que dice la wiki de aquellas peripecias suyas. Y aquel Miguel Ángel joven era también orgulloso e impulsivo y entre artistas que quieren descollar las rencillas eran frecuentes.

      Como Torrigiano dejó bastante obra en España y fue admirado como maestro imaginero no sería raro que hayas encontrado otro rostro como el de la Dolorosa de Amsterdam en algún lugar de nuestra geografía, obra suya o bien de algún imitador.

      Por cierto, que muchos rostros de mujeres, con esa expresión de dolor perplejo, estamos viendo entre las multitudes de solicitantes de asilo que huyen de las atrocidades, y la “imaginería” de los medios de comunicación nos está acostumbrando 😦

      Un abrazo, Luisa y no te olvides de ir a Requena. Y si visitas su museo de Arte Contemporáneo, que a mí se me escapó, ya me dirás tu opinión.

      Hasta siempre

      Ramón

  4. Hugo Rivas Guerra permalink
    3 octubre, 2016 18:51

    Querido Moncho, excelentes comentarios de tu ruta, de los museos y de la obras de arte envidiables que tienen en europa.

    • 3 octubre, 2016 19:57

      Querido Hugo, me animas a seguir. Espero que a no mucho tardar mis rutas pasen por los Andes. Un fuerte abrazo.

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