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Versión extraviada (9): doble filo

4 octubre, 2020
Lucernario romano. Foto R.Puig

He trabajado intensamente durante las últimas dos semanas como un ermitaño, encerrado en mi apartamento de Roma. No me esperaba la llamada de ayer de un viejo amigo al que el Padre Geschner ha dado el número de mi telefonino. Es un jesuita al que conocí en mis años de juventud durante uno de los cursos de marxismo (de orientación crítica) de Mario Spinella, ya por entonces comunista abierto a todos los diálogos.

Me habla de una situación delicada y de una organización que estaría tratando de impedir la publicación de los textos de que ha dispuesto Jeffrey (hasta que por orden vaticana se los han secuestrado) y con los que yo estoy trabajando. Le tranquilizo, aunque él no me ha tranquilizado, y quedamos en vernos en cuanto haya entregado el material al editor.

De modo figurado me referiré a él como Padre Garrone. Me ha aconsejado un banco con cajas de seguridad donde debería guardar copia de todo lo que tengo entre manos. Al parecer hay una organización ultramontana que ha sabido del proyecto y, no se sabe si con el beneplácito de algún alto prelado vaticano o de alguien con conexiones de gran influencia en la curia del papa, está dispuesta a impedirlo cueste lo que cueste.

Escalera en el Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Medio en broma medio en serio, mi viejo amigo me ha advertido de que puedo elegir entre procurarme un berreto verde o conseguir ropa de monseñor en una sastrería especializada que me puede recomendar.

Tienda ad hoc. Roma. Foto R.Puig

Circularé pues con precaución. Hoy mismo he estado en el banco que me ha indicado y he guardado copias en una caja de seguridad. He hablado con el editor al que he puesto al corriente de la situación.

Pero volvamos a lo importante…

María:

Cuando Jesús se marchó al desierto le perdimos de vista durante casi dos meses. Algunos discípulos de Juan que volvían de paso por Nazaret, contaban que a Jesús no le habían visto, porque no estaba con la misma comunidad de eremitas que Juan, pero que sabían que ayunaba y meditaba y que, también era cada día más admirado entre los propios ascetas.

Lo que sí sabíamos es que entre aquellas comunidades había un poco de todo, sin que faltasen los que predicaban la rebelión contra los romanos. Yo no sabía con quienes estaba Jesús ni que ideas predominaban entre ellos. Jesús era de natural pacífico, pero en los últimos tiempos su sangre joven se dejaba notar, se indignaba a menudo con los abusos que en nombre de la religión se producían en Israel, con las cosas que se contaban de Herodes y sus cortesanos e, incluso, con la ocupación romana. Yo temía que en el desierto se uniese a grupos rebeldes. Todo ello podía ser extremadamente peligroso.

Cuando finalmente volvió estaba muy delgado y taciturno. No hablaba mucho, pero se recogía para orar. En aquellas semanas que sucedieron a su vuelta fue sin embargo cariñoso y ayudaba a sus hermanos en la carpintería y le gustaba salir a las tareas del campo y acompañar en el pastoreo.

Pero eso duró poco. Un buen día me dijo lo que yo ya presentía, que él tenía una misión que Yaveh le había encomendado y que iba a marchar a predicar la llegada de una renovación, de un reinado de la verdad y del amor. Lo que él llamaba el reino de los cielos. Así fue, como un día vinieron a buscarle algunos compañeros del desierto y marchó al encuentro de Juan, que por entonces predicaba a las orillas del Jordán. Le abracé y le vi alejarse durante un rato hasta que desapareció de mi vista por el camino de Cafarnaún.

Al principio me preocupaba si tenía suficiente para vivir. Con los primeros discípulos aumentaban más las dificultades. Algunos no tenían familia y podían dedicar lo que ganaban con su trabajo, o al menos una parte, a mantener el grupo. Después estaban las limosnas espontáneas de la gente que asistía a sus predicaciones. La verdad es que Jesús vivía con muy poco.

Era una comunidad pobre y austera. Cuando predicaba por Galilea yo podía a veces mandarle comida, especialmente productos de nuestro huerto. El taller de carpintería sólo daba para mantener a sus hermanos y primos, y a sus familias. De ahí no podía yo tocar nada. A veces, algunos amigos del pueblo me daban algo en secreto para que no se enterasen en la sinagoga y yo se lo hacía llegar.

Luego, conforme empezó a predicar por Judea y fue haciendo amigos entre familias ricas, judíos piadosos bien situados y con influencia, incluso algún funcionario acomodado de los romanos, me enteré de que la caja del grupo recibía donaciones generosas. Jesús era más y más invitado a las casas de esas familias, adonde venía con dos o tres discípulos. Allí tenía discusiones sobre la religión judía y sobre los cambios que él quería hacer. Venía en secreto algún miembro de la minoría del Sanedrín.

Por entonces a mi hijo ya no le faltaron recursos para mantener a su grupo y financiar sus desplazamientos. Incluso daban limosnas generosas a la pobre gente, en especial a los lisiados, que acudían a escucharle.

Todo esto me tranquilizaba, pero al mismo tiempo me iba sintiendo más marginada de su misión. Le veía poquísimo y ya no me invitaba a venir como cuando en Caná estuvimos juntos en una boda en la que ayudó a conseguir más vino, gracias a uno de sus amigos pudientes, cuando se estaba acabando. Luego han contado cosas que no son verdad sobre un enorme milagro. Yo creo que esa fue la última vez en que aceptó mostrarse conmigo en público. Su prestigio entre las gentes cultas y la frecuentación de sus amigos ricos le alejaron de nosotros. Me duele decirlo, pero en alguna manera parecía sentir que ya no estábamos a su nivel.

Ya no eran los tiempos en que en pleno campo repetía a la gente los sabios consejos de nuestra tradición que había aprendido de José y de mí.  Hubo un momento en que algunos discípulos de la primera hora comenzaron a ilusionarse con una forma de partido dentro del judaísmo. Jesús comenzó a sentir que secretamente algunos miembros influyentes de la sociedad le apoyarían cuando se enfrentase al círculo corrompido de las autoridades de Jerusalén. Por un lado se alejó de sus orígenes y no quiso dejarse ver con su madre y sus hermanos y, por otro, se arriesgó a venir a nuestra Ciudad Santa rodeado de multitudes que le aclamaban. No sólo se sintió el Mesías sino que creyó que iba a conseguir un gran cambio.

Y no sólo yo había perdido a mi hijo sino que él mismo corrió a su muerte brutal. Ahora que ha pasado tanto tiempo veo todo con más claridad. Cuando llegué tarde a Jerusalén y ya lo habían condenado me sentí impotente, no entendía. Fue cuando lo sepultamos y uno de sus amigos ricos, un fiel judío que se llamaba Nicodemo me contó a grandes rasgos lo que había pasado cuando vislumbré algo de aquella misión generosa en que mi hijo se había metido y en la que había perdido la vida. Pero a su madre y a mis otros hijos, a nuestra humilde familia y a los amigos de Nazaret, nos había dejado hacía ya tiempo

Magdalena penitente. Caravaggio. Galería Doria Pamphili. Roma. Foto R.Puig

María:

Por lo que vi en Jerusalén y por lo que ahora me cuentan los que llegan de allí, los jefes de la comunidad de los discípulos de Jesús no son partidarios de hacer lugar a las mujeres. Empezaron conmigo, cuando me pusieron bajo vigilancia con el pretexto de protegerme.  Me han enviado algún mensaje pidiéndome que vuelva, pero yo estoy bien en Nazareth y no quiero mezclarme con sus predicaciones. Mi hijo ya no está y no creo que aprobase todo lo que dicen.

Luego siguieron con María la de Magdala. No es que yo la aprecie especialmente, pero Jesús la amaba y me parece que si las cosas hubiesen marchado de otro modo, se habrían unido en matrimonio. Ella le seguía incondicionalmente y hacía todo lo posible por cuidarle. La verdad es que, en los años de la predicación de mi hijo, María  estuvo más cerca de él, que yo que soy su madre. En una ocasión en que hablamos, ella me pidió que hablase con Jesús. “No me quiere escuchar”, me dijo. Estaba muy angustiada porque se había enterado de los planes de matar a Jesús que tenían los miembros del Sanedrín. Se lo había dicho uno de los espías que le seguían a él y los discípulos. Era un pariente suyo de Magdala el que le advirtió.  

María trató de convencerle de que se retirase por un tiempo o que, al menos, no volviese por Judea. Su familia tenía unos huertos y unas casas en la orilla superior del lago Tiberíades.  Ella estaba loca por Jesús y querían que fuese a vivir allí y fundar una familia. Jesús para entonces ya estaba absorbido por su misión y despreciaba los peligros que le amenazaban. María me confesó que sabía de antemano la respuesta de mi hijo, pero al menos había intentado protegerle. Por desgracia, sus temores se cumplieron.

El grupo de sus seguidores iba en aumento, ya no eran sólo los discípulos a los que él había ido eligiendo en persona; se habían sumado muchos otros, conocidos o menos de los primeros, y había quienes ya no tenían una visión pacífica del Reino de Dios. Había quienes compartían las ideas de los zelotas. Alguna vez me llegaron voces de que existía el peligro de que las autoridades romanas comenzaran a verlos como amenaza

Pinacoteca vaticana. Modelo de ángel de Bernini. Foto R.Puig

***

Hay que subrayar que los textos de los papiros incluyen no sólo declaraciones de María, la madre de Jesús, recogidos por Samuel en sus conversaciones con ella, sino también anotaciones de éste, en los que añade elementos que parece que no llego a conocer María.

Algunos hechos, como veremos más adelante, sí que se sintió obligado a dárselos a conocer, para corregir la información que a ella había llegado.

Entre sus notas la siguiente es interesante y premonitoria:

Samuel:

No he querido insistir, para no contribuir a lo que ya es agua pasada, pero en la cuestión relativa al dudoso carácter de algunos nuevos seguidores de Jesús, que a su madre le llegó a preocupar, por desgracia es cierto que hubo quienes acabaron por armarse de bastones y hasta de espadas y tuvieron bastante que ver con la intervención final de las autoridades romanas.

San Miguel enarbola su espada. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Por mi parte, no quisiera en modo alguno ser premonitorio, pero, dado que los textos que ya he mostrado, así como los que estoy editando y entrarán en conflicto con versiones canónicas, me temo que en las próximas semanas, si no ando con cuidado, pudiera tener que enfrentarme con situaciones que no deseo.

Mi amigo Garrone ya me ha advertido de que me mueva discretamente con transporte público, que deje el coche aparcado frente a mi domicilio actual, que camine por zonas donde haya gente y en horas diurnas y que, si se presentase alguna amenaza, me dirija a un lugar que hemos convenido.

Tengo la sensación de que, tarde o temprano, me pondrá en comunicación con Jeffrey.

Son tiempos en que a pesar de la apertura del Vaticano en cuestiones políticas y sociales, los enemigos de las novedades, tanto en materia de historia evangélica oficial como de lo que toque a los dogmas y misterios consolidados, están bien situados y pueden poner en dificultades a quien las proponga.

En la sala de la justicia. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8

Otoño con dalias

27 septiembre, 2020
Hacia el otoño, Foto R.Puig

El 21 de este mes los parques de Gotemburgo ya recibían al otoño con sus primeros tapices de hojas caídas, tejidos por el viento en tonos amarillos, ocres y bermejos, con sombras que cada día más se alargan.

Las sombras alargadas del otoño. Foto R.Puig

Día apropiado para deambular al azar por el Jardín Botánico. No sabemos si por la pandemia o por ser lunes, el caso es que no era problema guardar las prescritas distancias.

A la entrada del jardín botánico. Foto R.Puig

Se puede ascender hacia sus colinas…

Hacia el otoño. Foto R.Puig

Recorrer sus caminos flanqueados por árboles dentados…

Bajo la Catalpa Erubescens. Foto R.Puig

o erguidas alabardas…

Oscura alabarda. Foto R.Puig

Podemos acompasar la marcha con la de una inmóvil joven muda…

Fuera del camino. Foto R.Puig

sobre praderas de césped donde algunos árboles tienen sus propios cortesanos

El árbol y sus escoltas. Foto R.Puig

y alguna flor se ha perdido.

Extraviada en el prado. Foto R.Puig

Incluso, si estuviera permitido, podríamos recoger el trébol de la fortuna

¿Habrá uno de cuatro hojas? Foto R.Puig

Pero, sobre todo, es el tiempo de extasiarse con las

DALIAS

FotoR.Puig

Durante el Renacimiento se acuñó aquello del ser humano (el hombre en su sentido genérico) como centro del Universo. Luego vino Kant para explicarnos que el sentido de esa concepción se encuentra en el nexo verbal (el juicio), de modo que a las cosas la mirada y el pensar humanos confieren la existencia, sacándolas de una presencia inconsciente, para otorgarles su esencia, es decir su concepto.

No entraré en debates con escolásticos kantianos ni con los adalides del filosofar post-humano aunque el otoño sea propicio a divagaciones, pero hay algo que en el jardín botánico sentía: pensaba yo en sus jardineros (ellos y ellas) como los amos y señores de mi tiempo y de las esencias de las flores, mientras caminaba a lo largo de un esplendoroso muro de dalias con decenas de variedades y colores.

Foto R.Puig

No era yo quien con mi mirada las sacaba de una informulada presencia a su concepto sino, al contrario, era yo, como esos mínimos insectos que se posan en la que aquí preside, el que era arrastrado a la existencia. No quiero ponerme místico pero ¿no habéis sentido en ocasiones que ante una flor, el mar, un valle que se aleja entre montañas, una tormenta o un simple insecto vestido de colores extraños sois vosotros a quienes, la mirada inconsciente de las cosas os rejuvenece la conciencia?

Foto R.Puig

Las dalias fueron traídas a Europa por botanistas españoles de la época colonial que las encontraron en la Nueva España, donde los habitantes precolombinos las tenían en gran consideración, y en aprecio simbólico y medicinal, por lo menos en dos de sus variedades; como se puede leer en el artículo que la wikipedia consagra a la dalia:

«En 1570, el médico del rey Felipe II, Francisco Hernández (1514-1517), fue enviado con la tarea de emprender una exploración de las nuevas tierras y reportar todo lo que encontrara. En su libro, «Historia de las Plantas de la Nueva España», Hernández reporta dos especies de Dahlia conocidas por los aztecas como Acocotli y Cocoxochitl, que significa pipa de agua o bastón de agua».

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«En 1789, el director del Jardín Botánico de la Nueva España, Vicente Cervantes, envió las primeras semillas de Dahlia al sacerdote y botánico Antonio José de Cavanilles del Real Jardín Botánico de Madrid. Las semillas produjeron flores de brillantes colores, razón por la cual comenzaron a cultivar y seleccionar las más bellas para generar las grandes flores que ahora vemos. Cavanilles, quien describió por primera vez la planta, la nombró Dahlia en honor al botánico sueco Anders Dahl. Cavanilles se encargó de enviar semillas a diferentes jardines botánicos en Europa: Berlín, Dresde, París y Montpellier. También se encargó de enviarle semillas a la esposa del embajador británico en España, Lady Holland. Fue así como llegó hasta Londres«

El texto original del naturalista español se perdió, al parecer en un incendio de la biblioteca de El Escorial, pero hay transcripciones y traducciones parciales que han guardado la memoria de como Francisco Hernández, investigó las plantas de la Nueva España y transmitió escrupulosamente sus descripciones. Las variedades de la dalia se multiplicaron a partir del envío de semillas por el citado Vicente Cervantes, el fundador del Real Jardín Botánico en la capital de la Nueva España, que ya se había formado en la ciencia botánica de la Ilustración.

Foto R.Puig

Merecidamente la dalia es la flor nacional de Méjico:

«Así como el Ahuehuete es el árbol nacional mexicano por votación popular, la dalia es la Flor Nacional de México, de acuerdo al decreto expedido el 13 de mayo de 1963 por el Presidente Adolfo López Mateos, en esa fecha se oficializa a la Dalia como Símbolo de la Floricultura Nacional en todas sus especies y variedades«

Foto R.Puig

Sin que tengamos que hervir ninguna raíz, hoja o flor de dalia (como interesaba señalar al médico toledano que camino miles de kilómetros por la Nueva España), sólo con detenerse hipnotizado ante cada una de las numerosas variedades de estos miles de dalias que florecen ahora en el jardín botánico de Gotemburgo, podemos sentir un efecto benéfico. Si a ello añadimos un largo paseo por sus veredas, nuestras articulaciones y la mente nos lo agradecerán.

Foto R.Puig

¡Si hasta parece que, a pesar de que entramos en el otoño, florecemos!

Foto R.Puig

Para terminar, si no le tienen miedo al castellano antiguo, pueden disfrutar a pequeños sorbitos en el facsímil de una antología que traduce algunos de aquellos textos latinos de Francisco Hernández que, por desgracia en su versión íntegra se perdieron, que de ellos se publicó en Méjico en 1615.

Francisco Hernández «De la Naturaleza y Virtudes de las Plantas y Animales en Nueva España…», México 1615

Donde se comprueba que aquél naturalista no sólo se interesó por la ciencia de las plantas y sus usos medicinales de los habitantes de la América precolombina, sino que acabó dominando la lengua náhuatl de cuya terminología para nombrar las plantas que fue describiendo fue fiel transmisor.

***

Es hora de salir del jardín botánico sueco y lo hacemos rindiendo tributo a la majestad de los penachos de las plantas de los humildes repollos, que en la sección hortícola están protegidos por advertencias de que están ahí para ilustrar al visitante, pero en absoluto para que se los lleve a la cazuela.

Apuntes para la historia de un puente (2): Ya se percibe el Hisingsbron

20 septiembre, 2020
Nuevo y viejo.. Foto R.Puig

Hace ya dos años escribí aquí un reportaje sobre los inicios de la fascinante construcción del puente de Hisingen (Hisingsbron) sobre la ría de Gotemburgo, que sustituirá al viejo puente inaugurado en 1939, el Götaälvbron.

En los últimos días he paseado por los parajes, como un curioso jubilado que se interesa por el trabajo de los demás. Hoy traigo aquí las vistas del viejo puente y del nuevo, en proceso de construcción justo a su lado. No sé cuántos de mis lectores serán aficionados a las obras de ingeniería civil, esas que facilitan la vida diaria de millones de ciudadanos. Son trabajos de una gran complejidad que involucran a grupos de empresas, a cientos de especialistas de todos los niveles, desde los que se arriesgan a trabajar en alturas y posiciones inverosímiles hasta los que diseñan, planifican y dirigen; desde los que forjan inmensas estructuras de acero, hasta los que ajustan las más pequeñas piezas de esto gigantescos puzzles…

Por el viejo Götaälvbron. Foto R.Puig

Ayer anduve por la banda de los peatones, de las bicis y de los patinetes, del puente viejo, obra de acero de principios del siglo pasado, con las tecnologías de entonces. Está dotado de una parte levadiza que permite el paso de navíos, barcazas y buques voluminosos que vienen por la ría de Gotemburgo desde el oeste, desde el mar, enfilando la navegación de este Göta kanal, acabado en 1832, que atraviesa Suecia desde el lago Vänern hasta el Báltico y, conectando lagos, permite navegar a través de esclusas hasta el Báltico a barcazas y veleros de medio calado.

Mapa del este del Göta Kanal, desde el lago Vänern hasta el Báltico. Fuente Gotakanal.se

Desde Gotemburgo hasta Vänersborg sobre las orillas del Vänern. Se puede así navegar por el Göta älv y continuar hasta el canal atravesando ese gran lago. De este modo se completa toda la travesía entre la costa oeste y la costa este de Suecia.

Recorrido completo del canal. Fuente Cliohistoria.se

El venerable Götaälvbron empezaba a mostrar las goteras de su edad. Así que para el cuarto centenario de la ciudad en 2021 se planteó la necesidad de construir uno nuevo.

Puente viejo y viejo coche. Foto R.Puig

Dentro de unos años no asistiremos más a las subidas y bajadas del puente levadizo de viejo estilo.

El puente se eleva. Foto R.Puig

Ayer, mientras tomaba mis fotos, comenzó a sonar la campana y los semáforos viraron al rojo. Un empleado desde la torre me indicó que o reculaba o avanzaba, pero que no podía seguir sobre la plataforma que en minutos se levantaría. Así que reculé y me puse detrás de la barrera mientras el puente se abría y el tráfico se paraba. Llegaba una enorme barcaza, ayudada por dos remolcadores, cargada con altos tubos de acero y un enorme camión grúa, que exigía para transitar el alzamiento del puente.

Coches, peatones, motos, ciclistas y patinadores nos detuvimos mientras pasaba la barcaza hasta que descendió la plataforma y se levanto la barrera. Lo pueden ver en esta filmación que tomé para youtube.

El puente viejo y el nuevo que crece a su lado. Foto R.Puig
Vista de las obras desde debajo del puente viejo. Foto R.Puig
Supervisando la obra bajo los puentes. Foto R.Puig
Topografiando. Foto R.Puig
Alma de acero de un acceso en construcción. Foto R.Puig

Observar durante años la aparición de una nueva obra con este diseño y estas características destinada a sustituir el fruto del trabajo de hace un siglo, un puente que a millones de transeúntes y a la vida de una ciudad ha servido, produce una inevitable nostalgia. Hay veces que lo viejo y lo nuevo pueden seguir conviviendo, lo que no es el caso aquí.

Cuando se inaugure el Hisingsbron, comenzará el desmantelamiento del Götaälvsbron. Espero estar en buena forma para contarlo aquí.

Lo nuevo y lo viejo. Foto R.Puig

Decía que hay mucho de fascinante en esta obra, pero lo que atrae sobre todo la vista es la plataforma elevadiza y las torres dotadas de los mecanismos de tracción y ajuste necesarios, que en unos meses podremos ver en acción.

Plataforma levadiza del puente nuevo en construcción. Foto R.Puig

«El viaducto de acceso del tranvía (KTB) es una estructura conformada por 38 módulos metálicos y sus correspondientes columnas de apoyo que, una vez montados y acoplados en destino… Una vez instalado, será uno de los elementos más relevantes del puente Hisingsbron el cual permitirá el acceso y la circulación del tranvía».

Así describe la plataforma levadiza la página web de la empresa de Utrera (Sevilla) que además de «la estructura para el tráfico ferroviario y las columnas metálicas para el soporte del tablero, ha fabricado los cuatro pilonos de izado del tramo levadizo. Estos elementos son los de mayor complejidad debido al grado de precisión y calidad requerida durante el proceso. El tablero levadizo tiene una medida de 46 metros de longitud. . El total de las estructuras metálicas construidas en Sevilla tienen un peso de 2.100 toneladas»

La plataforma elevadiza en el momento de su embarque en Sevilla. Foto TECADE

«Se habilitarán también otras vías para vehículos y bicicletas, ya que el puente Hisingsbron será lo suficientemente ancho como para albergar diferentes tipos de tráfico».

Pilonos y mecanismos de elevación. Detalle. Foto R.Puig

Y así se verá desde el aire el nuevo puente entre el centro de Gotemburgo y los barrios de Hisingen.

Vista futura. Fuente Utrera web

Y la vida seguirá también bajo el nuevo puente…

Bajo los puentes. Foto R.Puig

Y los barcos y barcazas seguirán enfilando el canal hacia el centro de Suecia…

El Gota älv desde el puente viejo. Foto R.Puig

Y las estaciones seguirán alternándose en los parques de la ciudad…

Pasado mañana será otoño. Gotemburgo, 19 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Versión extraviada (8)

13 septiembre, 2020
Todo empezó en unas excavaciones en Siria. Foto Astelus

Han pasado cuatro semanas desde la publicación del anterior capítulo de la serie novelada que retomamos hoy. No está pues de más que ofrezcamos una rápida sinopsis de lo aparecido hasta el momento.

Resumen de los capítulos 1 a 7

Capítulos uno, dos y tres. El narrador hizo amistad a principios de los años 70 en el Perú con Elías Adler, un jesuita estadounidense de familia judía (sus padres había salido de Europa hacia los EE.UU durante el terror nazi), cuyo progenitor fue un reconocido catedrático en el campo de los estudios bíblicos, que ya lo era en la Universidad de Colonia desde los años veinte.

En 1982 se encuentra de nuevo con él en Jerusalem, con motivo de un viaje de trabajo, pues Elías es a la sazón investigador en el Instituto Bíblico y le cuenta la historia de un conjunto de papiros que su padre descubrió en sus años de catedrático en Colonia durante una expedición en Siria cerca de la frontera norte de Israel. Esto papiros en escritura caldaica resultaban ser unas memorias de María la madre de Jesús, recogidas por un escriba, Samuel, en el lapso de treinta años, en varias entrevistas tras la crucifixión y muerte de su hijo. Estos textos, que el padre había microfilmado y comenzado a interpretar, se los legó a Elías a su muerte; éste a su vez confía al narrador una copia de la traducción al inglés hasta el momento llevado a cabo.

En Jerusalem, el narrador saluda fugazmente a una conocida de su amigo llamada Laura Escobar.

Hasta aquí los tres primeros capítulos de la serie.

En el capítulo cuarto se reproduce la traducción al castellano de los primeros textos.

En el capítulo quinto y en 1987 el narrador encuentra de nuevo a Elías, enfermo de cáncer, en Chicago, exclaustrado y profesor universitario. Encuentra por casualidad a Laura, que ha ingresado en el Opus Dei y no tiene ya relación con su amigo, y a un viejo amigo común del narrador y de Elías, compañero de ambos en el Perú. Se trata de Jeffrey, jesuita en activo, que está al corriente de los trabajos que Elías tiene entre manos con el legado de su padre. Antes de volver a Europa el narrador recibe copias, junto con las transcripciones y traducción al inglés, de todo los cual desea  Elías que sus dos amigos concluyan con el editor la publicación proyectada.

A principios de 1988 el narrador retorna de nuevo a Chicago pues Elías ha muerto. Esperaba encontrar a Jeffrey en el funeral pero ha sido convocado a Roma por sus superiores. De los materiales que traía para trabajar con él, le sustraen del hotel las copias fotostáticas del manuscrito y las fotocopias de la transcripción. Por la descripción que le da el recepcionista, deduce que Laura Escobar se había hospedado también ahí esos días. En el capítulo se reproducen nuevas entrevistas de Samuel con María.

En el capítulo sexto continúan las transcripciones de entrevistas con María. Estamos ya en el décimo año de pontificado del papa Wojtyla. El narrador está en Roma buscando infructuosamente a Jeffrey, de cuyo paradero los jesuitas le dan noticias contradictorias. El padre Geschner le comenta  que se ha ido a Siria a continuar sus investigaciones. Pero antes de viajar, el Vaticano le ha exigido a través de sus superiores, y ha obtenido, la entrega de todo el material. Un monseñor y un hombre de paisano vinieron acompañando al portavoz del Vaticano a recogerlo todo.

No está claro por qué, pero el padre Geschner advierte al narrador que puede ser arriesgado quedarse de pesquisas en Roma.

                                                       Sibila de Delfos, detalle. Capilla Sixtina

El capítulo séptimo sigue reproduciendo recuerdos de María y de Samuel.  

El narrador, que ha llegado de su oficina de Glasgow, ha decidido alquilar apartamento en Roma y seguir con el trabajo de preparación de la publicación, que la casa editorial urge.

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Capítulo 8

María:

Yo quería irme con Jesús para ayudarle, pero mis hijos se oponían y, además, mis hijas eran aún jóvenes y una de ellas, Myriam, estaba prometida a un vecino de Naín y había que hacer muchos preparativos para los esponsales.

De vez en cuando me llegaban noticias de él. Se había vuelto muy popular en las aldeas del mar de Galilea, sobre todo entre los pescadores, porque entre ellos había elegido a algunos de sus discípulos más fieles, que dejaban sus familias para irse con él. Había expulsado demonios, curado enfermos y detenido las olas de la tempestad. Mucha gente le seguía. Incluso me dijeron que había bajado hasta Efraím en Judea y que venían gentes del otro lado del Jordán desde Gadara y hasta había caravaneros que bajaban de Tiro y Sidón hacia Judea y que habían hecho una parada en su ruta para escucharle.

Un día, su primo Andrés apareció por Nazaret. Yo le pedí a mi hermana María que nos reuniéramos todos para tener noticias de Jesús. Durante horas y horas nos contó muchísimas cosas sobre lo que Jesús predicaba, lo que la gente decía de él y sobre sus poderes de sanador. Lo que más me emocionó es que Jesús repetía muchas cosas que yo le había enseñado de la tradición de nuestro rabinos más sabios. Hablaba de consolar a los afligidos, de que el Reino de los cielos sería de los pobres, de que los hambrientos serían saciados.

Me tranquilizó diciendo que no enseñaba nada contrario a la Torah, aunque polemizaba con los fariseos y sus prescripciones de la Halakah, y sobre todo con los arrogantes saduceos. La gente se sentía bien escuchando que muchas de las complicadas obligaciones que les imponían los doctores de la Ley no eran tan importantes. Sus seguidores amaban lo que predicaba sobre el perdón de las ofensas y el respeto de los preceptos de la Ley.

Nos contó Andrés, que había cosas en las que era más misericordioso que la Ley, por ejemplo cuando predicaba contra la venganza y la ley del talión, sobre el amor a amigos y enemigos. Pero en otra era más duro. No admitía el divorcio ni la costumbre de jurar. Prefería que se dijeses siempre la verdad, así que no era necesario jurar.

Le enojaba mucho la costumbre de los hipócritas que presumen de dar limosna y de rezar, que lo hacen en público para que todos los vean. Entonces me acordé de una vez, cuando era niño, que quiso dar le limosna a un pordiosero delante de la sinagoga y me pidió una moneda. En aquella ocasión yo le había dicho lo que me había enseñado mi abuelo: no te muestres dando la limosna, que sólo Dios lo sepa, que “ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que das con la derecha”.

También aprendí de pequeña a orar de forma sencilla a Dios nuestro Padre que está en los cielos, a aceptar su voluntad, a pedirle que nos perdone si hemos sabido perdonar, a que nos dé lo necesario para el sustento. Me dio mucha alegría saber que Jesús enseñaba a sus discípulos a rezar de ese modo que yo le había enseñado y a confiar en la Providencia de Dios que alimenta a las aves y viste a las flores del campo.

Tampoco quería que los discípulos juzgasen a los demás como hacen los hipócritas que condenan las faltas de los otros e ignoran sus propias faltas, mucho más graves. José le había enseñado estas cosas y le había insistido mucho en que no hiciera a otros lo que no le gustaba que le hicieran a él. Yo también había escuchado estas enseñanzas en la sinagoga. También le había enseñado que no es fácil salvarse, que pocos encontraban el buen camino y que había muchos falsos predicadores que engañaban a los buenos judíos, que a los buenos se les reconocía por sus obras, como al árbol bueno por sus frutos buenos.

Cuando Andrés nos explicó cómo Jesús hablaba de estas cosas, me entró una gran esperanza. Pensé que se había olvidado de sus ilusiones de Mesías y que estaba en camino de convertirse en un rabino santo, en un auténtico seguidor de la Ley, que podría mejorar muchas cosas, hacer mejor a nuestro pueblo, limpiarlo de hipocresías y maldades.

                               Catedral de Troyes. El árbol de Jesé, detalle. Foto R.Puig

Samuel, hay algo que me preocupa cada vez más. Te he dicho a menudo que me duele la forma en que todo ha sido desbordado por los discípulos de mi hijo, creando una serie de historias y propagándolas por todas partes. De vez en cuando pasan algunos por aquí en sus viajes de ida o de vuelta hacia Fenicia y Asia Menor. Incluso he hablado con discípulos que han estado ya predicando por las comunidades judías de Italia.

Siento que están haciendo de Jesús un ídolo, como esos que yo no he visto, pero que se veneran en los templos romanos de Tiro o de Sidón. No es este el Mesias que dicen fue mi hijo, no es este el esperado. Es verdad que él dejó que algunas de estas creencias crecieran en vida suya, alrededor de su persona. Fue imprudente. Pero no se imaginaba hasta donde llegaría todo esto.

Yo misma temo que, cuando muera, me trasformen en una especie de Diosa Madre. Al parecer también hay este tipo de ídolos en los templos romanos, mujeres-diosas. Si ya han hecho un dios de mi hijo, qué no se atreverán a hacer conmigo. Te ruego, que los que aún os mantenéis prudentes, lo impidáis.

Sigo en la Roma de Juan Pablo II trabajando en la edición de las entrevistas de Samuel con María, según los papiros que encontró el profesor Adler en los años veinte, durante su expedición con la Universidad de Colonia al otro lado del río Jordán. Cumplo con lo prometido a mi amigo Elías, fallecido en 1988 en Chicago, hijo del profesor alemán. He decido quedarme, pues quiero también averiguar lo sucedido a Jeffrey, implicado igualmente en esta edición.

No diré mi fuente, pero a partir de documentos de la Curia de los jesuitas en Roma, he averiguado que, a fines de los años setenta, habían circulado informaciones sobre unos papiros con manifestaciones de María que contradecían los Evangelios. A parecer el papa y el Opus Dei al que pertenecía su portavoz se habían mostrado inquietos. ¿Tendrán que ver con tales preocupaciones las advertencias del padre Geschner?


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

La playa se serena

6 septiembre, 2020
Amanecer en la playa a las siete, el 5 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Mar de los naufragios

Vengo del mar de los naufragios,

del corazón de la Odisea

en velero lejano de mares extensos,

tema de mis sueños y de mis cantos.

Traigo entre mis dedos susurros de sirenas.

He navegado en delirio a través del horizonte

en la espuma de mi aliento

y en mi pensamiento lujurioso,

subiendo y bajando mareas,

llena de artificios, imágenes, mástiles y velas.

Mi alma, mujer guerrera, sola en temporal

izando bandera pirata filistea al alba.

Me he tatuado el ancla al centro de mi pecho.

Nada detendrá el rumbo del timón,

ni vendaval, ni lluvia,

ni neblina, ni siquiera un arco iris luminoso,

buscando el límite entre lo prudente

y el espacio hondo y vasto del océano.

Mar, cielo, soledad, mar, voluptuosidad,

fuerza y voluntad. Mujer audaz,

calma tu mirada, húndela en el mar.

Gloria Gabuardi, Nicaragua (Managua, 1945)

El Montuver y los pescadores sobre el espigón al amanecer. 5 setiembre 2020. Foto R.Puig

Puerto quebrado

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras

que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros,
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

Andrea Cote Botero, Colombia / EE.UU (Barrancabermeja, 1981)

Primeras luces sobre los montes de la Marina., 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

El dogmatismo es la prisa de las ideas

Aquí junto a las dunas y los pinos,
mientras la tarde cae
en esta hora larga de belleza en el cielo
y hago mío sin prisa
el rojo libre de la luz,
pienso que soy el dueño del minuto que falta
para que el sol repose bajo el mar.Esa es mi razón, mi patrimonio,
después de tanta orilla
y de tanto horizonte,
ser el dueño del último minuto,
del minuto que falta para decir que sí,
para decir que no,
para llegar después al otro lado
de todo lo que afirmo y lo que niego.

Esa es mi razón
contra las frases hechas y el mañana,
mientras la tarde cae por amor a la vida,
y nada es por supuesto ni absoluto,
y el agua que deshace los periódicos
arrastra las palabras como peces de plata,
como espuma de ola
que sube y se matiza
dentro del corazón.

Aquí junto a las dunas y los pinos,
capitán de los barcos que cruzan mi mirada,
prometo no olvidar las cosas que me importan.

Tiempo para ser dueño del minuto que falta.
Pido el tiempo que roban las consignas
porque la prisa va con pies de plomo
y no deja pensar,
oír el canto de los mirlos,
sentir la piel,
ese único dogma del abrazo,
mi única razón, mi patrimonio.

Luis García Montero, España (Granada 1958)

La luna desde mi terraza al amanecer del 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Pasadas las invasiones motorizadas y las jaranas hasta la madrugada sobre la orilla, habituales durante las semanas calientes del período estival, la playa se serena lentamente, aunque aún quedan los pertinaces frecuentadores del bar de la esquina, ahora sólo abierto hasta la una de la noche (los «brotes» que ustedes saben les obligan).

Esta vuelta paulatina a la calma, con el otoño a la vista, quisiera ser una esperanza de que el ayuntamiento de Denia y el de Els Poblets lleguen a un acuerdo para arreglar, al menos poco a poco, los desbarajustes de esta playa, sitio único que debería estar protegido para el disfrute de ciudadanos respetuosos del medio ambiente. ¿Caerá esa breva? No entiendo de los arcanos de la pequeña política y de los crónicos desencuentros entre sus familias. Ya se sabe que de campanario a campanario a menudo las campanas no tañen en armonía…

Pero no perdamos la esperanza, el sol aún se alza cada día, aún podemos hipnotizarnos con este mar de nirvana.

Monje al amanecer, 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Breverías erasmianas (XLIII): “Nebulas diverberare » (Dividir las nubes)

30 agosto, 2020
Dividir o azotar las nubes. Foto R.Puig

Mi amigo Alain Van Dievoet tradujo al latín hace años unos pastiches de un cineasta y escritor, también belga, Olivier Smolders, que se entretuvo en completar a su modo y en francés algunos adagios de Erasmo, lo que a nuestro humanista le habría ciertamente divertido, ya que en su Elogio de la locura y en sus Coloquios le debió bastante al humorismo de Luciano de Samosata de quien tradujo en compañía de Tomás Moro algunas de sus obras al latín.

Fueron 14 los adagios así modificados en estilo erasmiano en un texto atribuido al imaginario profesor Amédee Cantarel.

«Nebulas diverberare»

 Dividir las nubes

Adagio III VI, 38

Vayamos pues al breve comentario de Erasmo :

Νεφέλας ξαίνειν, id est Nebulas diverberare, dicitur, qui vel in re stulta vel quae fieri non queat frustra sumit operam. 

…lo de «dividir la nubes» se dice cuando alguien se empeña en una tarea necia o engañosa. 

… qui dixit nebulas esse lanam expansam, quasi similiter debeant carminari.

…hay quien dice que las nubes son masas de lana, que como tales hay que cardar

.

Fuente latina: Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pág 1767

«Cardar las nubes». Grabado de Michel Smolders, 1997

Hasta aquí el brevísimo comentario de Erasmo, que se amplía con una creativa glosa, que a un imaginario profesor Cantarel atribuye Olivier Smolders, de la cual traduzco del francés lo siguiente:

«Azotar las nubes» parece sin embargo una constante del destino de todos los hombres. En efecto, ¿no es cierto que creemos nuestro deber armarnos de valor para abrir puertas que ya están abiertas o desafiar a molinos de viento, con disputas y exhibiciones intimidatorias, cuando en el fondo sabemos que la verdadera victoria es vencernos a nosotros mismos?

Lo que Alain Van Dievoet  traduce al latín emulando el estilo de Erasmo:

Tamen fata volunt, homines diverberare nuvolas. Etenim, vi maxima virtutis utimur ad portas apertas aperiendas, vel molenda innocua obsidenda, et it magnis cum moliminibus, cum tamen sciamus veram victoriam esse se vincere.

      Hans Holbein, dibujo al margen de un ejemplar del Elogio de la locura de Erasmo



Nota a la traducción del latín : el verbo latino diverbero se puede traducir como dividir, cortar, hendir, significados que ambos casan bien con el sentido del adagio.

Referencia: Olivier Smolders, «14 adages d’Érasme d’après le manuscrit du professeur Cantarel». Gravures originales du Michel Smolders. Traductions latines d’Alain Van Dievoet. Les Éditions du Sacarabèe à la Maison d’Érasme, Bruxelles, 1997.

Así era y así es. Playa de la Almadraba de Els Poblets 2002 a 2020

23 agosto, 2020

Han pasado 18 años entre las fotos de entonces y las de hoy, he publicado mucho sobre la Playa de la Almadraba de Els Poblets de la que soy vecino desde hace 19 años. Ha habido cambios para bien y, sin ser demasiado negativos, no todo es para ser celebrado.

Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2020 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en agosto 2020 . Foto R.Puig
Los jóvenes de Villas del Alfar II de Playa de la Almadraba limpiándola en agosto 2002. Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en julio 2020. Foto Le Monde
Playa de la Almadraba en agosto 2002 . Foto R.Puig
Playa de la Almadraba en julio 2020. Foto R.Puig

Pero, bueno, como les decía, los amaneceres siguen siendo soberbios…

Y los atardeceres también…


Para otras entradas sobre nuestra Playa : pinchar en la nube de Temas frecuentes en «Playa de la Almadraba»

Versión extraviada (7)

16 agosto, 2020

Contra la opinión de Geschner sigo en Roma, me choca que Jeffrey esté trabajando en una edición castellana, cuando sabe que era una tarea que yo mismo me había ofrecido a realizar para él. Y si esta información no es cierta, sospecho que tampoco lo sea su desplazamiento a Siria.

Mas ¿por qué advertirme de que corro algún riesgo siguiendo en Roma?

Sigamos con el manuscrito de Samuel, al parecer las entrevistas siguientes se desarrollaban aún en Jerusalem, aunque el orden de los recuerdos no siga una línea temporal.

Capítulo 7

María:

María de Magdala fue diciendo que se le había aparecido Jesús. A mí no se me ha aparecido y soy su madre, y no sé quién ni cómo ha sacado su cuerpo de la tumba. Juan quería que yo testimoniase de ello y yo le he dicho que no puedo mentir. Por el contrario, que me diga qué han hecho con el cuerpo de Jesús y que me explique por qué están inventando todo eso.

Aunque puede que fuera una trama del Sanedrín, pues desde el principio pusieron guardias ante el sepulcro y ya desde el día siguiente a su muerte estaban inquietos porque se estaba convirtiendo en lugar de manifestaciones de fervor. Si fuese así, los discípulos aprovechan la maniobra de los sacerdotes para crear una leyenda alrededor de mi hijo.

Después de haberme quejado, Juan y los demás, me tienen como un objeto de veneración, pero apartada de todo para que no les contradiga. Juan parece cada día más fuera de sí y recita cosas fantásticas sobre Jesús. Como ya sabes, tu hermano, se siente el preferido de Jesús y me dice que yo no he entendido a mi propio hijo, que las mujeres no entendemos nada, que sólo María de Magdala le comprendía.

Esto me ha herido profundamente.

Muchos doctores de la ley han hablado de que después de la muerte resucitaremos, pero eso será al final de los tiempos. Jesús era de esta misma opinión, como yo y la mayoría de los judíos piadosos, salvo los saduceos. Ahora, Pedro y los demás predican que Jesús resucitó antes del fin de los tiempos, porque es el Mesías y es Dios.

Han sido unos meses terribles. No sé qué han hecho con el cuerpo de Jesús. Si han sido los del Sanedrín quienes lo han sustraído, para que su tumba no se convierta en un lugar de culto para las masas del pueblo, lo que han conseguido es lo contrario, pues los nuestros dicen que, después de numerosas apariciones, se ha ido a los cielos delante de todos acompañado de ángeles, como Henoc.

Pero yo no estaba presente. ¿Cómo va a ser que mi hijo se haya aparecido a todos y no a mí? ¿Cómo se habría ido al seno de Abraham sin haberme dicho nada? Yo sólo lo recuerdo pálido, muerto y desangrado, lleno de heridas y laceraciones, reposando su cabeza en mi seno, antes de ser envuelto en un sudario y depositado en la tumba.

Juan me dice que yo también seré incorruptible, que no sufriré, que Jesús me llevará al cielo de la misma forma en que él se ha ido. ¿Qué preparan?

Samuel, tú tampoco estabas allí, ni José de Arimatea, que para no ponerme más triste, no comenta nada de la desaparición del cuerpo de Jesús. No he podido tener el consuelo de ir a perfumar su tumba y estarme con mi pena junto a ella. Las mujeres de la casa de Juan me miran con tristeza pero no hablan. 

Todo esto de la ida de Jesús, más allá de las nubes, me lo han contado cuando volvieron algunos de una reunión en el Monte de los Olivos. Todo es de oídas y ni siquiera se sabe quiénes son los que estuvieron allí. A mí me llevaron después de esto a una reunión en el cenáculo. Estaban también mis sobrinos y María de Magdala que parece cada día más ausente.

Tú fuiste invitado, Samuel, pues le dan mucha importancia a lo de ser doce, exactamente doce, los testigos de los hechos y de la doctrina de Jesús. Por mi parte, todo va muy deprisa, como a empellones. Así que siento la urgencia de que tomes por escrito lo que tengo que contarte, para que algún día se sepa, pues temo que no me queda mucho tiempo de vida y lo que oigo no me tranquiliza.

(…)

¿Recuerdas, Samuel, lo que sucedió el día de la terrible tormenta en Jerusalem? Era la fiesta de los Tabernáculos. Todos habíamos estado orando y ayunando durante días a la espera de algo importante. Al menos, así nos lo dijo Pedro, y cada uno se preparaba a recitar un único mensaje que se había preparado con varios conversos, de varias partes del imperio, que los nuestros habían ido instruyendo durante las semanas anteriores a la fiesta. De modo que todo estaba preparado en varias lenguas y dialectos. El organizador de esta acción de predicación era Mateo, que había tenido la idea.

Nuestro lugar era céntrico y con una gran terraza elevada. Todavía no sabían cómo iban a poder atraer la atención de toda aquella muchedumbre para poder hablarles de forma que les atendiesen. Tú recuerdas y eres testigo de lo que pasó y te pido que lo trascribas fielmente. Se produjo una tormenta de viento y relámpagos, con un gran vendaval. Todos trataban de recoger sus ropas y de protegerse cerca de los edificios, por miedo a la posible lluvia, pero sobre todo por temor a los rayos que comenzaban a acercarse y del ruido de los truenos.

Los discípulos habíais ensayado un corto discurso y estábais en pie en el borde de la terraza, abajo se agolpaba la muchedumbre. Un rayo cayó sobre uno de los pináculos de la casa con enorme ruido y resplandor. Por un momento ardió una parte del techo de madera. Entonces, Pedro y Juan dieron la orden de hablar. Los discursos fueron cortos, pero estentóreos, aprovechando el silencio que se produjo tras el susto. Cientos de oyentes lo escucharon mientras, tras los oradores, aún salían llamas del tejado, que felizmente se extinguieron con la lluvia. El efecto sobre el auditorio fue muy grande.

Acabados los discursos en varias dialectos, la gente quedo en su mayoría muy impresionada. Algunos empezaron, tras la primera sorpresa, a reír y decir que los oradores estaban borrachos. Pedro, supo imponerse con su enorme vozarrón, habituado como estaba a hacerse oír en medio de olas y vientos.

Habló con enorme simplicidad y los rumores callaron, reivindicando a Jesús como el Mesías. Lo demás lo podrás completar tú bien, Samuel, pues estabas allí. Fue un día importante, muchos pidieron ser instruidos y entrar en la comunidad, tras bautizarse, como ya se tenía por costumbre para recibir a los prosélitos, siguiendo la tradición de Juan el Bautista que habían aportado sus seguidores. Jesús había engrosado su grupo con todos aquellos que se quedaron sin su profeta tras su ejecución.

De aquel discurso recuerdo muchas cosas, pero me entristece una que no era verdadera. Pedro nos presentó a todos los que estábamos ahí como testigos de la resurrección de mi hijo. Yo volví la vista a Juan, me acerqué a él y le dije: ¿Qué habéis hecho con el cuerpo de Jesús? ¿No era suficiente con su mensaje y con su ejemplo? Él miró para otro lado.

A partir de ese día, el grupo, la comunidad creció con gran rapidez y llovieron las donaciones. Con aquellos recursos que Mateo administraba se pudieron empezar a pagar los viajes de los discípulos más y más lejos por los territorios romanos. Sin embargo todos seguían el ejemplo de Jesús viviendo muy modestamente. Recuerdo que Juan, por entonces, insistía en que no había que alimentarse de animales sino sólo de vegetales.

(…)

Mapa Galilea

Como creo que ya te dije otro día, cuando Jesús era pequeño yo le contaba historias y le instruía con los dichos de los rabinos que mi padre y mi madre me habían enseñado a mí. José se sabía mejor que yo los textos de la Torah y los profetas y se los leía a menudo, sobre todo aquellas profecías que hablaban del Mesías. A mí no me gustaba esa obsesión, porque tanto él como Zacarías estaban obsesionados con su inminente llegada. José se sentía, no sé por qué descendiente del rey David.

A mí no me interesaban todas esas historias mesiánicas, que no solamente me parecían inútiles sino peligrosas, porque ya habían ocurrido desgracias con algunos rebeldes que se habían enfrentado a los romanos para liberar al pueblo judío.

Lo que me importaba es que Jesús fuese un buen israelita, que supiese y practicase las máximas de la sabiduría judía, el desinterés, la confianza en Yahveh y la solidaridad y la bondad con los pobres, el amor y el perdón de los enemigos. 

Me acordaba bien de algunas enseñanzas que había escuchado de boca de mis padres y que yo misma le enseñé a Jesús, que se las aprendía de memoria. Aprovechaba algunos paseos, por ejemplo cuando me acompañaba a por agua al pozo o al lavadero, para que observase la naturaleza y pensase en la bondad del Creador que cuida de las aves del campo, facilitándoles su alimento, sin que tengan que preocuparse, y que viste a las flores, sin que necesiten tejer.

Pero lo que más le gustaba que le repitiese eran las sentencias sobre la verdadera felicidad. Tú, Samuel, seguramente las has escuchado de tus padres, antes de que Jesús, como me ha contado Andrés, las repitiese ante las multitudes que le seguían. Era cuando todavía no se había obsesionado creyéndose el Mesías, para su desgracia y mi gran pena.

Podría haber sido un sabio de Israel y un guía para todos los judíos, y ahora me lo han matado. Yo le repetía muchas veces estas sentencias que creo repetía el gran rabino  Hillel    

«Afortunados los pobres y los humildes porque el reino de Dios será suyo y recibirán la tierra como herencia. Ahora lloran, pero serán consolados. Felices los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, y los que son perseguidos por defenderla, y los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios y alcanzarán su Reino y los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios».

Le enseñé también a hablar con Dios que está en los cielos, que es el Padre de todos nosotros, cuyo nombre es santo, a esperar su Reino y a aceptar su santa voluntad. Quise también que le pidiese a Dios el perdón de nuestros pecados y que supiese perdonar a las personas que algún día le hiciesen mal.

Le explicaba que había en la vida muchas tentaciones, que el espíritu es fuerte pero la carne débil y que había que orar y pedir a Dios todos los días que nos ayudase a resistirlas, a vencer nuestro orgullo, a no sentirse superior a los demás, a no juzgar a otros, que cuando nos hacen mal no siempre saben lo que están haciendo.

(…)

Jesús acompañaba a José los sábados a la sinagoga, donde solían estar también Zacarías y Juan su hijo, un poco mayor que Jesús, a quien mi hijo admiraba. Era muy alto y cuando se hizo más mayor comenzó a dejarse la barba. Había aprendido de memoria muchos de los discursos de los profetas.

José y Zacarías hablaban mucho delante de los dos adolescentes sobre la posible venida del Mesías. No me gustaba nada que mi esposo le calentase la cabeza a Jesús con sus fantasías sobre su descendencia de David. Yo, como ya te he dicho, trataba de compensar estos sueños con la sabiduría de los rabinos judíos más conocidos.

Isabel, mi prima, la esposa de Zacarías y madre de Juan estaba tan preocupada como yo, sobre todo porque Juan quería irse al desierto a vivir con una comunidad de judíos muy severa y exigente, que lo ponían todo en común y practicaban el bautismo para lavar las culpas.

Cuando José se puso muy enfermo empezó a desvariar. Durante las últimas semanas llamaba a Jesús y lo tenía cerca de su lecho. Antes podía yo discutirle las cosas que le decía al niño, pero ahora Jesús tenía ya casi veintiséis años y no podía impedir que escuchase durante horas los delirios de su padre que, cuando no estaban sus hermanos cerca,  le repetía continuamente que él, su hijo, era también descendiente de David, y que Dios estaba con él.

En fin, José trataba de convencer a Jesús de que él era el Elegido, el Mesías. Me parecía que Jesús le escuchaba por respeto, pero luego he comprendido que todo lo que José le iba diciendo se le iba grabando en la imaginación.

Cuando José murió, Jesús se volvió bastante taciturno, me escuchaba, pero poco a poco se ausentaba con su primo Juan. Sus hermanos estaban muy enojados con él, porque no ayudaba como debía en la carpintería y tampoco me ayudaba casi con el huerto y con los animales que teníamos. Pero al cabo de unos meses pareció entrar en razón, logró consolarse de la muerte de su padre y empezó a trabajar de nuevo con sus hermanos. Sus dos hermanas y los hijos de mi hermanastra María le adoraban. Seguía yendo a la sinagoga los sábados y participaba en las discusiones junto con su primo Juan.

Pero, un buen día, Isabel me comunicó que Juan se había ido al desierto con los eremitas. Estaba desolada. Zacarías enfermó y murió sin noticias de Juan. Jesús también empezó a dar muestras de inquietud y en la sinagoga discutía más y más con los fariseos sobre el Reino de Dios y sobre las cosas que tenían que cambiar. Marchó varias veces al lago de Tiberiades a trabajar en la pesca con algunos familiares, pero un buen día, algunos amigos que habían estado con él pasaron por Nazareth y me contaron que Jesús predicaba el Reino de Dios, un reino para los pobres y los humildes.

En cierta ocasión, volvió a casa y estuvo trabajando una temporada en la carpintería para reunir algún dinero. Cuando tuvo lo necesario marchó a buscar a Juan, que había vuelto del desierto y estaba bautizando en el Jordán. Algunos compañeros de Jesús que le seguían y le admiraban vinieron a buscarle para irse con él. Un primo de Nazareth, que era pastor, se marchó también. Fue él quien, al volver tres meses después, pues le mandaron llamar sus hermanos cuando su madre se puso muy enferma, me informó sobre la vida de Jesús durante aquellos meses.

Jesús admiraba mucho a Juan. De hecho, según me has contado tú mismo, pensaba que era Elías que había vuelto. De hecho estuvo en el desierto con él y hasta se hizo bautizar en el río para apoyar su predicación. Cuando lo capturaron y lo mataron, eso le afectó mucho y vino unos días a Nazareth a consolar a mi prima y a reflexionar. Los discípulos le habían convencido para que se retirase por prudencia. Alguien le había dicho que Herodes tampoco estaba muy contento con su predicación y que había riesgos de que también le apresaran.

Mapa de Israel en la época de Jesús bis

Israel en la época de Jesús, Biblia alemana hacia 1895 (https://es.123rf.com/)

He decidido seguir con mi traducción en Roma y he telefoneado a Glasgow para aplazar la entrega de algunas colaboraciones.

Me gusta volver a Roma, aunque esta vez no vengo en plan de descubrir las sorpresas que siempre encierra esta maravillosa urbe y sus alrededores. Por el contrario sospecho que debo tomar precauciones para que no me descubran a mí, no sé quién ni quiénes. Podría ser que esta vez las sorpresas no me convengan.

Me puede la voluntad de llevar a buen puerto la publicación de los textos descubierto por el padre de Elías. He alquilado un pequeño cubículo muy tranquilo en los alrededores de Via della Pisana, a Fontignani. Desde este lugar discreto trataré de entrar en contacto con Jeffrey.


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

 

El pollino y los polluelos

9 agosto, 2020
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Romeret. Foto R.Puig

Para Sebastián

En la granja de un amigo ha nacido un asno hace unos días.

Lo ha llamado Romeret.

Tiene un corral para él solo.

Romeret en su corral. Foto R.Puig

Romeret se alza sobre sus largas patas.

Nada más nacer los pollinos se ponen en pie, primero titubeantes y poco a poco más seguros, desde el primer día de vida.

Los seres humanos no sabemos erguirnos y caminar tan pronto.

Romeret tienta sus patas. Foto R.Puig

Todo es nuevo, Romeret olfatea las cosas.

Romeret explora. Foto R.Puig

Nuestro burrito se las arregla bien, ha salido de su corral y reflexiona sobre la dirección a tomar.

Examina el entorno, hay una puerta abierta.

Salir o no salir. Foto R.Puig

Fuera le esperan sus vecinos de la granja de Sebastián.

Romeret se lo piensa. Foto R.Puig

Mira para atrás…

Me vuelvo o no me vuelvo. Foto R.Puig

Finalmente decide regresar, pues intuye que la hora de tomar su leche se acerca…

Mejor tranquilo en mi corral. Foto R.Puig

Por hoy no establecerá contacto con la vecindad aviar.

¿Y estos de quién son? Foto R.Puig

Los gansos y los patos tendrán que aguantar su curiosidad.

Mamá sigue conduciendo su tropilla.

¡Vamos! Foto R.Puig

¡Ale! ¡Ale!

Cada uno por su lado. Foto R.Puig
La pandilla de los hermanitos. Foto R.Puig

Estamos ante un caso interesante para el estudio de las leyes de Mendel

Pero lo dejaremos para otro día…

No son horas de oficina. Foto R.Puig

«Versión extraviada» (6)

2 agosto, 2020

Fragmento de papiro del Mar Muerto. Wikipedia

Fragmento de papiro del Mar Muerto. Wikipedia

Capítulo 6

He decidido atenerme a la sucesión de los textos manuscritos que dejó Samuel, los que Elías mantuvo sin ordenar en su versión inglesa. Entonces ya sentía que su salud no le iba a permitir estructurar el relato con una de las dos ordenaciones posibles: la de sus entrevistas con María que es la más cercana a la realidad de aquellos encuentros o la tradicional de los Evangelios Sinópticos.

De hecho María fue saltando de un recuerdo a otro. Por ejemplo, cuando siguiendo los papiros, encontramos lo que explica de su propia familia, probablemente adaptado por el propio Samuel:

María:

Hace ya años, me preguntó Nicodemo si era verdad lo que están contando sobre la infancia de Jesús, pues a él le parece raro que yo no hable apenas, aunque los discípulos estén difundiendo una serie de cosas para probar que en Jesús se cumplió todo lo que anunciaron los profetas sobre el Mesías. Le expliqué que a la mujer galilea no se le permite entrometerse en los debates de los hombres, mucho menos si se refieren a las distintas posturas que sobre la llegada del Mesías defienden los saduceos, los fariseos y, no digamos, las sectas esenias y los zelotas.

Incluso, mis otros hijos, que tanto criticaron a Jesús en vida, dieron por buenas las historias que en sus últimos años fue contando mi esposo José. Mis hijas no entran en todo esto. Están dedicadas a su familia, pero Jacobo, Judas y Simón, los tres sin excepción se sumaron a los discípulos. Jacobo, además, convertido en cabeza visible de la comunidad de Jerusalem, quiso conseguir la adhesión de rabís y judíos de todas las tendencias. Su actividad le costó la muerte por lapidación, otro de los grandes dolores que arrastro conmigo. Fue la muerte de Jesús como un mártir de los romanos lo que les cambió. El taller de carpintería de su padre lo abandonaron a otros familiares. Sus primos, los hijos de mi hermana, eran más discretos, pero tampoco les contradecían.

(…)

Vengo de una familia de Galilea, que residía desde hacía muchas generaciones en Nazaret, un pueblo modesto y pobre, sobre todo si se compara con Cafarnaum. No teníamos nada de particular que nos destacase, salvo la tradición, que mis abuelos y mis padres habían seguido fielmente. No sólo asistíamos a la sinagoga, sino que aprendimos lo mejor posible los textos sagrados y los dichos de nuestros rabinos más destacados. Yo seguí esta costumbre con mi hijo Jesús.

Estaba prometida con José y no podíamos yacer juntos hasta habernos casado. Pero quedé preñada. Para no crear escándalo y reflexionar, por consejo de mi hermanastra, que se llamaba como yo, es decir María la esposa de Cleofás, que era socio de José en el taller, me fui a casa de mi prima Isabel que se encontraba en avanzado estado de gestación y le conté lo que ocurría.

Ella me sugirió que me quedase un tiempo en su casa, pues el pueblo donde vivían estaba retirado de Nazaret. Habló con Zacarías su marido, que era sacerdote y tenía gran ascendencia sobre los judíos piadosos. Zacarías accedió a hablar con José, mi futuro marido, para que aceptará acelerar nuestros desposorios cuando aún no se notaba mi embarazo.

José estaba convencido de ser descendiente de la casa de David. Por otro lado, Zacarías, que estaba muy emocionado con el don que Dios le había hecho al quedar embarazada Isabel, a la que siempre había considerado estéril, veía en el hecho de que yo también hubiese concebido una gran señal del Altísimo y le decía a José que nuestro hijo era fruto de una misteriosa actuación del Espíritu de Jehová. En definitiva, que sería el esperado Mesías.

Yo no tuve parte en esas elucubraciones de los dos, pero entre ambos construyeron esa leyenda de la venida de un ángel y del hijo de Dios a quien yo iba a traer el mundo sin haber conocido varón. De este modo, ni él ni yo habríamos cometido pecado.

Nazaret. El pozo de María. Fuente Pinterest

El «pozo de María» en Nazaret. Fuente : Pinterest

Esto es lo que, al parecer, los hermanos menores de Jesús, han estado contando últimamente a sus primos. Primero se habían reído de las fantasías del pobre José y ahora quieren colaborar con los que han convertido a Jesús en el Mesías prometido, sobre todo ahora que han adquirido prestigio entre los judíos practicantes que se van a sumando a las comunidades de seguidores de Jesús. Me angustiaba mucho pensar que un día, como a Jesús, los mandasen matar, o los romanos o las autoridades del Templo. Y ya ves lo que ocurrió con mi valiente Jacobo.  ¿Hay algo peor que sobrevivir a tus propios hijos?

Volviendo a mi embarazo antes de los esponsales, lo único que entonces me más preocupaba era que no me repudiase José y me castigasen los sacerdotes por lo que habíamos hecho, así que no osé oponerme a nada. Nos casó Zacarías cuando aún no se notaba mi preñez. Quiero que consten estos recuerdos, pues ha llegado a mis oídos lo que los discípulos de mi hijo están repitiendo sobre una milagrosa concepción de Jesús.

Lucas y Mateo han comenzado ya a narrar cosas extraordinarias sobre todo esto. Al parecer, han ideado incluso una aparición del arcángel Gabriel que, según las historias que divulgaron José y Zacarías, habría venido a decirme que yo iba a quedar encinta de Dios mismo.  Puedo asegurar que las cosas ocurrieron como yo te las he contado, aunque cuando José las sacaba a colación en la intimidad, yo callaba para no contradecirle, pues con el paso de los años me acostumbré a amarle y respetarle a pesar de que cada vez magnificaba el destino de nuestro hijo.

Cuando Jesús se hizo mayor, como creo que ya te he dicho, José le calentaba la cabeza más y más con su destino mesiánico. De algún modo le hizo, de un modo u otro llegar a creerse especial. Aunque su milagrosa concepción, José no se atrevió a hablarle. Ahora, por desgracia, están recuperando estas historias sus propios discípulos.

Inmediatamente después, sigue algo que Samuel ha encabezado como “cuarta entrevista”, sin que se sepa exactamente el tiempo transcurrido desde la precedente.

Sigue así con este monólogo de María:

Creo que lo que está ocurriendo es porque Jesús eligió sus discípulos entre la gente más crédula de Israel. Puede que se deba a que empezó su misión de purificación del judaísmo en una región donde la gente no es muy instruida. Son buenos, pescadores, artesanos, agricultores, ganaderos, pero prefieren los aspectos más misteriosos de nuestras Escrituras. Jesús también era hijo de este ambiente, como José, como yo. Las mujeres somos un poco menos gloriosas, al menos yo lo creo así.

Jesús necesitaba sentirse escuchado y esos primeros discípulos fueron adquiriendo una gran preponderancia y se sintieron muy importantes. Incluso disputaban entre ellos para ser los primeros en destacar en todo. Algunos abandonaban a su mujer y a sus hijos, como Simón Pedro, lo cual a mí me parece muy mal y no está de acuerdo con nuestra religión. No que sea una mala persona, en absoluto, pero es bastante simple. Pero Jesús le prometió cierta preeminencia en el grupo. Los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago, también supieron adquirir influencia.

No quiero decir que no hubiese otra gente, más culta y más conocedora de las Escrituras, incluso personas acomodadas que estaban en desacuerdo con lo que hacen nuestras autoridades religiosas. Lo que pasa es que el primer círculo no era el de ellos. Este es tu caso también, Samuel.

Así que parte de la desgracia de mi hijo se explica por el movimiento popular que le encumbró y le empujó hasta el enfrentamiento. ¿Podría haber sido de otro modo? Ahora es tarde y sólo podemos lamentarlo. Lo que ocurre es que no han aprendido y están todos convencidos que Jesús volverá pronto y ellos triunfarán a su lado. Esto le hace muy atrevidos y algunos parece que buscan que les maten.

En el pueblo judío hay gente muy piadosa y razonable que seguramente les seguiría, pero hace falta que sean más tolerantes y hablen en los términos que los judíos puedan entender, sin que les suene a blasfemia o insolencia. Nuestros santos rabinos han trabajado siempre así, con paciencia y sabiduría.

Muchos ya han salido por el mundo y me dicen que incluso ya están en Roma predicando entre las comunidades judías e incluso a los gentiles en Grecia y más allá de nuestros desiertos al otro lado del Jordán. La verdad es que parece algo milagroso que gentes de nuestro pequeño mundo estén predicando los mensajes de Jesús por lugares tan lejanos. No sé en qué acabará todo esto, sobre todo cuando los romanos empiecen a molestarse de que ataquen sus costumbres y sus dioses.

Hay otro fragmento que no continúa el hilo del anterior, pero ha sido acotado por el escriba. Se refiere al Sermón del Monte, a las “Bienaventuranzas”.

María se dirige a Samuel:

Me complace escuchar lo que me cuentas de las enseñanzas de mi hijo en Galilea, pues casi todo lo que predicaba en aquellos primeros tiempos, tal como me lo narras, es lo que fue oyendo de las enseñanzas de los rabinos más venerables en casa y en la sinagoga, durante su infancia y su adolescencia en Galilea. Es lo más tradicional y hermoso de la tradición judía, sin todas esas complicaciones y mezquindades que le añaden algunos fariseos o esas deformaciones frívolas que proclaman los saduceos.

Artemisia Gentileschi. María y Jesús niño. Galería Spada. Roma. Foto R.Puig

Artemisia Gentileschi. María y Jesús niño, detalle. Galería Spada. Foto R.Puig

Creo estar oyendo a Zacarías o a José cuando instruían a Juan y a Jesús, en aquellas ocasiones en que nos reuníamos en familia, enseñándoles a no hablar mal de los demás, pues eso nos mancha y nuestras ofrendas en el templo son impuras mientras no nos hayamos reconciliado con nuestros hermanos; o como siempre ha sido el amor, incluso a los enemigos, lo más importante para un verdadero judío; y que cuando se da limosna o se ayuna no hay que hacer ostentación de ello.

Saber que los discípulos oísteis a Jesús predicar lo mismo, yo me sentía orgullosa de mi hijo y albergaba muchas esperanzas sobre su misión de renovación. El dinero y las riquezas han corrompido a nuestros sacerdotes y autoridades y Jesús era consciente de ello cuando predicaba que no se puede servir a Dios y al dinero, que había que confiar en la Providencia.

(…)

Cuando recriminaba a las autoridades judías por haber abandonado la moral de nuestros padres y por su gran hipocresía, Jesús se estaba ganando enemigos. La terrible tradición de juzgar e incluso de lapidar a los adúlteros también, según me contó Simón, había sido una ocasión de conflicto con los fariseos. Me enorgullece saber que mi hijo defendió a una mujer que iba a ser apedreada.

 …

A la búsqueda de Jeffrey

Roma al atardecer. Foto R.Puig

Roma al atardecer. Foto R.Puig

He venido a Roma para buscar a Jeffrey.

Mi editor insiste en que hay que obtener la copia fotográfica del manuscrito. Le gustaría que la publicación comprendiese todo el conjunto. Quiere incluir el libro en su catálogo de libros de historia, con todas las notas que sea preciso y un aparato de bibliográfico de exégesis bíblica, que estoy seguro que Jeffrey podría escribir.

Mis últimas noticias lo situaban en la Universidad Gregoriana, en Piazza della Pilotta, en Roma. Así que es ahí donde he comenzado mi búsqueda. En la recepción he preguntado por él y me han dicho que normalmente reside con la comunidad de jesuitas de la Iglesia del Gesù, en via degli Astalli, pero que desde hace dos meses ha suspendido sus clases en la Gregoriana. Asi que he pedido hablar con su sustituto, el Padre Geschner, que me recibiría al día siguiente.

Me presento pues de buena mañana en la la residencia del Gesù. Doy mi nombre y me intereso de nuevo por Jeffrey. No esperaba que la recepcionista supiese nada, pero, para mi sorpresa, musita que está en Siria participando en una misión de arqueología bíblica. Le pregunto si ha dejado algo para mí y añade que sólo ha indicado que debería hablar con el padre Geschner, con quien me da cita para la misma tarde.

La sala de visitas de la comunidad del Gesù tiene unos techos muy altos y una escasa iluminación, muebles oscuros y una gran mesa de la misma madera. Geschner me recibe cordialmente y me invita a salir a la calle para buscar un café, donde podamos hablar con más tranquilidad. El lugar está bastante lleno pero no es ruidoso, encontramos una mesa libre en un rincón. Tras pedir un par de cafés comienza de forma directa en inglés con marcado acento alemán:

Sé que podemos tutearnos, si no te importa. Has sido compañero de Jeffrey y yo también, aunque en épocas diferentes. Puedes confiar en mí. Seguimos en contacto, aunque él esté ahora en Siria. Me ha contado que estás trabajando en la edición castellana de un manuscrito muy antiguo, del que ha tenido los originales y la traducción inglesa que le dejó un antiguo compañero.

Este exordio me intriga.

Geschner no parece estar al corriente de los detalles y sobre todo…

– ¿Has dicho “ha tenido…”?

Exactamente. Hace seis meses, sin que él pudiese explicar cómo se había enterado, nuestro Padre General le convocó para una reunión urgente. En esa reunión le amonestó por haber ocultado unos importantes papiros que podían ser decisivos para la revisión de la historicidad de los Evangelios.

Papiro del Mar Muerto. Fragmento. Wikipedia

– ¿Le impusieron alguna pena?

No, absolutamente no. El Padre General escuchó sus excusas, pues Jeffrey le explicó que desde que volvió de Chicago había trabajado intensamente, preparando todo el material para presentarlo en las mejores condiciones a sus superiores para su edición y publicación científica.

-Sí, creo recordar que esperaba que le apoyarían sin reservas, repliqué.

Esa era su idea… pero el Vaticano había intervenido y exigido que todo el material se transfiriese a la Secretaría de Estado. El Padre Lombardi se lo había comunicado así a nuestro General. Y ya sabes cómo es eso del voto de obediencia al Papa…

De hecho, Jeffrey volvió a su residencia acompañado del portavoz vaticano, de un monseñor y de un hombre de paisano.

-El resto lo imagino, comento.

Geschner me miró sin sospechar que yo estaba grabando nuestra conversación. Me sentía como un villano, pero quería que mi editor, además de creerme porque me conocía, entendiese no sólo que no me estaba inventando nada, sino que además era urgente publicar.

Con expresión de frustración sincera me dijo:

Salvo que Jeffrey haya tenido la precaución de guardar copia de todo… De hecho, en presencia de aquellos tres, entregó todo. A la semana siguiente lo destinaron a Jerusalem, al menos es lo que me dijeron, pues cuando le llamo me dan todo género de excusas.

-¿Y tú sabes cuál era el documento que tenía?

Sí, pero de forma muy escueta. Nunca me lo enseñó. Me dijo que me enteraría cuando se publicase. Que no quería involucrarme para no crearme problemas. Cuando se fue, me hizo prometer que no investigaría nada en Roma sobre el destino del material.

Geschner me pareció sinceramente preocupado.

-¿Crees que puede ser arriesgado meter la nariz en todo esto?

Me temo que sí y ya me han hecho algunas preguntas sobre ti. Creo amigo que será mejor que dejes Roma lo antes posible

Detalle del triunfo de la Fe. Iglesia del Gesù. Roma

Detalle del triunfo de la Fe. Iglesia del Gesù. Roma


Enlaces para los capítulos anteriores:

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Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5