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Breverías erasmianas (IX). “Ne quid nimis” (Nada en exceso)

25 agosto, 2013
Nimis. Foto R.Puig

Nimis. Foto R.Puig

 

Siguiendo con Erasmo y sus comentarios, le toca hoy el turno al segundo de los tres proverbios de las puertas del templo de Delfos.

¡No te pases¡

Es este un adagio de mucha casta. Siempre interpretado por los clásicos en términos de moderación y sobriedad en la expresión de nuestras pasiones, así como en el comer, en el beber y, en general en nuestra forma de manifestarnos ante los demás y de gobernarnos a nosotros mismos.

Ne quid nimis . Foto R.Puig

Ne quid nimis . Foto R.Puig

De nuevo estamos ante una expresión de tradición estoica. Se podría parafrasear afirmando algo así como ‘de sabios no excederse’.

Erasmo en sus Adagios, como de costumbre, enumera las fuentes del proverbio.

La tradición clásica lo atribuyó a Pitágoras y lo interpretó en el sentido de la contención de las pasiones, como nuestro humanista se encarga de destacar, por ejemplo citando la Retórica de Aristóteles, que lo atribuye a Bias de Priene (s.VI a.C.) uno de los siete sabios de Grecia:

las inmoderadas pasiones de la gente joven que, dice, yerra sin cesar a causa de su vehemencia, siendo excesivos tanto en el amor como en el odio

Pero, siempre según las palabras de Aristóteles (como precisa Erasmo para desmarcarse):

los viejos no son así…  aman como si un día hubieran de odiar y odian como si un día tuviesen que amar

El comentario erasmiano sigue enumerando otras fuentes e interpretaciones del adagio. Así desfilan Tales de Mileto, Solón, Platón, Eurípides, Sófocles e incluso Homero.  Todos ellos predicando el uso de la razón y de la moderación contra los excesos de las pasiones.

Nimis. Foto R.Puig

Nimis. Foto R.Puig

Nada en demasía, nada en exceso, dice Plutarco que Píndaro cantaba.

Y así sucesivamente, de Plauto hasta Plinio:

Lo más pernicioso para cualquier vida es el exceso

Perniciosissimum autem et in omni quidem vita, quod nimium

Y Horacio:

La virtud es el medio equidistante de los vicios

Virtus est medium vitiorum utrinque redactum

Nimis. Foto R.Puig

Nimis. Foto R.Puig

Quid. Foto R.Puig

Quid. Foto R.Puig

Erasmo sigue citando a sus clásicos favoritos:

Quintiliano escribe que la moderación es la reina del discurso como de todas las cosas. Finalmente Plutarco en su vida de Camilo afirma  que la piedad está a medio camino entre el desprecio de los dioses y la superstición, por lo que la Piedad unida al principio de ´nada en exceso ‘  es lo mejor

 Ateneo cita a cierto poeta en su libro sobre las virtudes del vino:

Todas las preocupaciones de los hombres brotan del corazón

Bebe con cuidado,  pues te será nociva la falta de moderación

Atqui omnes hominum pellit de pectore curas,

Si modice biberis, sin absque modo nociturum esse.

Fuente del texto latino: Adagio I, VI, 96  (596), pp 549-552, Les Adages, Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon, 2010

Ne quid nimis. Foto R.Puig

Ne quid nimis. Foto R.Puig

Arte de prudencia

Siglos más tarde escribe nuestro Baltasar Gracián:

Anda, pues, el cuerdo mui detenido, y quiere más pecar de corto que de largo

Oráculo manual y arte de prudencia, aforismo 41 (Nunca exagerar),

Madrid, Ed.Cátedra, 1997, edición de Emilio Blanco

.

Lo que no podían imaginar ni aquellos autores clásicos ni Erasmo ni Gracián es que, andando el tiempo, el elogio de la brevedad se convertiría en el cultivo y la pasión de la cortedad.

Gracián era ya de por sí bastante pesimista sobre la abundancia de la excelencia en el género humano, cuando, refiriéndose a las prisas de pronunciar alabanzas desmedidas (hoy abundantes y de inmediata difusión) constata:

Son raras las eminencias: témplese la estimación. El encarecer es ramo de mentir, y piérdese en ello el crédito del buen gusto, que es grande, y el de entendido, que es mayor.

¿Qué hubiesen hecho Erasmo o Gracián, en estos tiempos de pensiero debole y de la moda pseudo-aforística que nos invade?

No sólo twitean millones, sino que también se escriben sesudas tesis doctorales sobre los mensajes de Twitter y se publican antologías y digests de ellos.

Dice el refrán que lo bueno si breve dos veces bueno. Pero también se puede afirmar que lo malo si breve dos veces malo. Y si, además, gracias a la facilidad con que se puede dar a la tecla, lo malo breve se multiplica al infinito, se convierte en plaga y  lo peor adquiere dimensiones siderales.

Pero en fin, para ser coherentes con el adagio (¡cuánto mamotreto prescindible atiborra los anaqueles de la bibliotecas!), no pequemos de arrogantes y de excesivamente exigentes, pues, aunque nuestro ilustre pesimista aragonés afirme que

Son tontos todos los que lo parecen y la metad de los que no lo parecen   

Aforismo 201, Ibidem

y, mal que le pese a Quintiliano, a Horacio y a todos los amantes de las bellas letras, no parece democrático quejarse de la mediocridad creativa, pues todos tienen derecho a la libre expresión y a ornar el ciberespacio como su imaginación y sus afectos les dicten.

Pero lo que ya sobrepasa los niveles respirables de la contaminación mental es la proliferación del exabrupto y la ostentación de la estupidez, casi siempre adobados con la pobreza de la lengua y la pereza intelectual.

Si, a pesar de haber jurado no volver, nos arriesgamos a entrar de nuevo en los foros de los periódicos o se nos ponen por delante esas selecciones de Twitter que están de moda, lo mejor es colocarse previamente la máscara antigás.  Quizás así encontremos perlas sin perecer en el intento.

En cualquier caso, antes de darle a la tecla de publicar comamos una manzana. Si a pesar de eso, aún dudamos de la sensatez de lo que vamos a difundir, devoremos una segunda y hasta una tercera. Puede que después, además de proteger la dentadura y mantener el médico alejado, decidamos borrar lo que habíamos escrito.

Templanza. Foto R.PUIG

Templanza. Foto R.PUIG

Al fin y al cabo, es imposible competir con el oráculo de Delfos. Y qué difícil es acercarse ni de lejos a la cuidada elaboración de Baltasar Gracián en sus aforismos. O, sin ir más allá, qué lejos quedan del humor y de las metáforas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna las baratijas que por millares se producen en Twitter a cada instante.

Si el “medio es el mensaje”, la pluma o el lapicero te obligaban a escribir con calma, a repensar tus prontos. Hoy estamos tentados de volcar en la Red lo primero que se nos viene a la cabeza. El mensaje es la tecla.

Así que, ante la blancura de una página vacía, saquemos la vieja estilográfica (¡carcamal que soy!)  y recuperemos el hábito del pensamiento sosegado, de la idea, la escritura reflexiva y del placer de tachar y recomenzar de nuevo. ¿Que las redes sociales no se enteran? ¡Qué más da, si nosotros disfrutamos del placer del texto!

Pero, por hoy me paro aquí, pues me arriesgo a cansar al lector con alguna tontería y, pensando pensando, a convencerme de la inutilidad de mi blog.

Sin embargo ¿qué le voy a hacer? ¡No sé pescar ni cultivar un jardín!  Y como mis nietos viven lejos, no puedo dedicar mis horas al placer de llevarlos a pasear.

Minimal. Foto R.Puig

Minimal. Foto R.Puig

4 comentarios leave one →
  1. 27 agosto, 2013 19:07

    Hermosa reflexión; personalmente, ante el ruido de nuestra epoca busco momentos de silencio. la lectura sosegada, el paseo pausado y el ánimo tranquilo.
    Por favor continue con su magnifico blog…

    • 28 agosto, 2013 20:21

      Gracias Ignacio,

      Su comentario me anima a volver sobre el tema con otro adagio que se refiere precisamente a esas preferencias que usted menciona, siempre a partir de los comentarios de Erasmo.

      Saludos

      Ramón

  2. 27 agosto, 2013 19:42

    Importante sus referencias a los grandes filósofos del pasado. Preciosos sus platos. El del tomate me ha dejado pensando, porque al dia de hoy, en algunas latitudes comerse un tomate es un lujo.Aquellos que perciben una pensión conocen muy bien la frugalidad. Los chinos decían hace miles de años que la austeridad solo era posible por breve tiempo.Ni las personas en particular, ni los pueblos pueden vivir ni sobrevivir de austeridades y frustraciones. Cordiales saludos.

  3. 28 agosto, 2013 20:44

    Gracias Beatriz,

    Las referencias proceden del comentario de Erasmo al adagio. El plato tiene que ver con la austeridad en cierto modo, pues es de una vajilla que heredé de mi madre, que la fue juntando con… los puntos semanales de la compra del ABC, hace ya bastantes años. Yo nací en la posguerra y mi madre administraba como mejor podía la cartilla de racionamiento. El tomate , el más barato de los supermercados de Gotemburgo, es holandés (al menos eso nos dicen, lo mismo viene de Canarias). En los años de la autarquía el modesto pollo era un artículo de lujo en la mesa de los españoles (salvo para jerarcas y estraperlistas). En fin, los chinos tienen experiencia de sobrevivir en la austeridad no por poco tiempo sino durante milenios. Espero que la que se vive ahora no dure tanto como la de ellos.

    Saludos cordiales

    Ramón

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