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Otoño con dalias

27 septiembre, 2020
Hacia el otoño, Foto R.Puig

El 21 de este mes los parques de Gotemburgo ya recibían al otoño con sus primeros tapices de hojas caídas, tejidos por el viento en tonos amarillos, ocres y bermejos, con sombras que cada día más se alargan.

Las sombras alargadas del otoño. Foto R.Puig

Día apropiado para deambular al azar por el Jardín Botánico. No sabemos si por la pandemia o por ser lunes, el caso es que no era problema guardar las prescritas distancias.

A la entrada del jardín botánico. Foto R.Puig

Se puede ascender hacia sus colinas…

Hacia el otoño. Foto R.Puig

Recorrer sus caminos flanqueados por árboles dentados…

Bajo la Catalpa Erubescens. Foto R.Puig

o erguidas alabardas…

Oscura alabarda. Foto R.Puig

Podemos acompasar la marcha con la de una inmóvil joven muda…

Fuera del camino. Foto R.Puig

sobre praderas de césped donde algunos árboles tienen sus propios cortesanos

El árbol y sus escoltas. Foto R.Puig

y alguna flor se ha perdido.

Extraviada en el prado. Foto R.Puig

Incluso, si estuviera permitido, podríamos recoger el trébol de la fortuna

¿Habrá uno de cuatro hojas? Foto R.Puig

Pero, sobre todo, es el tiempo de extasiarse con las

DALIAS

FotoR.Puig

Durante el Renacimiento se acuñó aquello del ser humano (el hombre en su sentido genérico) como centro del Universo. Luego vino Kant para explicarnos que el sentido de esa concepción se encuentra en el nexo verbal (el juicio), de modo que a las cosas la mirada y el pensar humanos confieren la existencia, sacándolas de una presencia inconsciente, para otorgarles su esencia, es decir su concepto.

No entraré en debates con escolásticos kantianos ni con los adalides del filosofar post-humano aunque el otoño sea propicio a divagaciones, pero hay algo que en el jardín botánico sentía: pensaba yo en sus jardineros (ellos y ellas) como los amos y señores de mi tiempo y de las esencias de las flores, mientras caminaba a lo largo de un esplendoroso muro de dalias con decenas de variedades y colores.

Foto R.Puig

No era yo quien con mi mirada las sacaba de una informulada presencia a su concepto sino, al contrario, era yo, como esos mínimos insectos que se posan en la que aquí preside, el que era arrastrado a la existencia. No quiero ponerme místico pero ¿no habéis sentido en ocasiones que ante una flor, el mar, un valle que se aleja entre montañas, una tormenta o un simple insecto vestido de colores extraños sois vosotros a quienes, la mirada inconsciente de las cosas os rejuvenece la conciencia?

Foto R.Puig

Las dalias fueron traídas a Europa por botanistas españoles de la época colonial que las encontraron en la Nueva España, donde los habitantes precolombinos las tenían en gran consideración, y en aprecio simbólico y medicinal, por lo menos en dos de sus variedades; como se puede leer en el artículo que la wikipedia consagra a la dalia:

En 1570, el médico del rey Felipe II, Francisco Hernández (1514-1517), fue enviado con la tarea de emprender una exploración de las nuevas tierras y reportar todo lo que encontrara. En su libro, “Historia de las Plantas de la Nueva España”, Hernández reporta dos especies de Dahlia conocidas por los aztecas como Acocotli y Cocoxochitl, que significa pipa de agua o bastón de agua”.

Foto R.Puig

En 1789, el director del Jardín Botánico de la Nueva España, Vicente Cervantes, envió las primeras semillas de Dahlia al sacerdote y botánico Antonio José de Cavanilles del Real Jardín Botánico de Madrid. Las semillas produjeron flores de brillantes colores, razón por la cual comenzaron a cultivar y seleccionar las más bellas para generar las grandes flores que ahora vemos. Cavanilles, quien describió por primera vez la planta, la nombró Dahlia en honor al botánico sueco Anders Dahl. Cavanilles se encargó de enviar semillas a diferentes jardines botánicos en Europa: Berlín, Dresde, París y Montpellier. También se encargó de enviarle semillas a la esposa del embajador británico en España, Lady Holland. Fue así como llegó hasta Londres

El texto original del naturalista español se perdió, al parecer en un incendio de la biblioteca de El Escorial, pero hay transcripciones y traducciones parciales que han guardado la memoria de como Francisco Hernández, investigó las plantas de la Nueva España y transmitió escrupulosamente sus descripciones. Las variedades de la dalia se multiplicaron a partir del envío de semillas por el citado Vicente Cervantes, el fundador del Real Jardín Botánico en la capital de la Nueva España, que ya se había formado en la ciencia botánica de la Ilustración.

Foto R.Puig

Merecidamente la dalia es la flor nacional de Méjico:

Así como el Ahuehuete es el árbol nacional mexicano por votación popular, la dalia es la Flor Nacional de México, de acuerdo al decreto expedido el 13 de mayo de 1963 por el Presidente Adolfo López Mateos, en esa fecha se oficializa a la Dalia como Símbolo de la Floricultura Nacional en todas sus especies y variedades

Foto R.Puig

Sin que tengamos que hervir ninguna raíz, hoja o flor de dalia (como interesaba señalar al médico toledano que camino miles de kilómetros por la Nueva España), sólo con detenerse hipnotizado ante cada una de las numerosas variedades de estos miles de dalias que florecen ahora en el jardín botánico de Gotemburgo, podemos sentir un efecto benéfico. Si a ello añadimos un largo paseo por sus veredas, nuestras articulaciones y la mente nos lo agradecerán.

Foto R.Puig

¡Si hasta parece que, a pesar de que entramos en el otoño, florecemos!

Foto R.Puig

Para terminar, si no le tienen miedo al castellano antiguo, pueden disfrutar a pequeños sorbitos en el facsímil de una antología que traduce algunos de aquellos textos latinos de Francisco Hernández que, por desgracia en su versión íntegra se perdieron, que de ellos se publicó en Méjico en 1615.

Francisco Hernández “De la Naturaleza y Virtudes de las Plantas y Animales en Nueva España…”, México 1615

Donde se comprueba que aquél naturalista no sólo se interesó por la ciencia de las plantas y sus usos medicinales de los habitantes de la América precolombina, sino que acabó dominando la lengua náhuatl de cuya terminología para nombrar las plantas que fue describiendo fue fiel transmisor.

***

Es hora de salir del jardín botánico sueco y lo hacemos rindiendo tributo a la majestad de los penachos de las plantas de los humildes repollos, que en la sección hortícola están protegidos por advertencias de que están ahí para ilustrar al visitante, pero en absoluto para que se los lleve a la cazuela.

3 comentarios leave one →
  1. Bernardo permalink
    27 septiembre, 2020 18:24

    No recuerdo haber leído nunca un informe por una parte tan científico (aunque no se traten minucias electrónicas) y por otra parte tan lírico como el que nos brindas hoy sobre el viaje de las dalias desde la espontaneidad de los campos mexicanos hasta el refinamiento de la jardinería española y especialmente inglesa. Danke schön, sicher werde ich das nochmals lesen!!!!

    • 27 septiembre, 2020 23:10

      Gracias, Bernardo, aunque todavía no he encontrado en alguno de los jardines botánicos ingleses que conozco un muro vegetal con tantas variedades de dalias y en tan lujosa cantidad como en el jardín botánico de Gotemburgo, en Suecia. Espero que Lady Holland no se ofenda desde su tumba.

Trackbacks

  1. Algo más del otoño | en son de luz

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