De mis alrededores (I)
Para Marie, a modo de bienvenida
Es sin duda el momento de pensar
que el hecho de estar vivo exige algo,
acaso heroicidades –¿o basta, simplemente,
alguna humilde cosa común
cuya corteza de materia terrestre
tratar entre los dedos, con un poco de fe?
Palabras, por ejemplo.
Palabras de familia gastadas tibiamente.
Jaime Gil de Biedma
(última estrofa del poema Arte poética que dedicó a Vicente Aleixandre en Compañeros de viaje, Barcelona, Joaquim Horta, 1959)
De estos días tan benignos de dulces grados celsius en Levante, cuando hoy el viento ha cambiado y anuncian que las lluvias que el campo necesita nos han de equiparar levemente a los paisanos del norte de España -por no hablar de los sufridos inundados de Inglaterra- recupero algunas humildes cosas comunes que, sin grandes pretensiones, acompaño de palabras.
Al hilo de la primera imagen, comienzo por un son que me devuelve a los guateques de mi lejana adolescencia en las Navas de Riofrío.
Lemon tree very pretty and the lemon flower is sweet
But the fruit of the poor lemon is impossible to eat.
Lemon tree very pretty and the lemon flower is sweet
But the fruit of the poor lemon is impossible to eat
…
Peter, Paul & Mary
http://www.youtube.com/watch?v=RGtx1gYOxYI#t=40
No lejos del limonero, por las calles cercanas, otro modesto árbol. ¿Se animará alguien a componerle una canción al mandarino?
Una pista: los mandarinos escriben sus notas en naranja menor sobre una melodía de amarillos en sol mayor
A poca distancia los arpegios de oro se trasforman en hilos de una alfombra mágica
Siguiendo con mi paseo, descubro una solitaria flor de jazmín que baila sobre un muro. Tiene cinco pétalos ¿me traerá suerte? o ¿será que siempre tienen cinco? ¡Me da lo mismo! ¡sentir su aroma en febrero no deja de ser una suerte!
La calidez de estos primeros meses del año ha despistado como siempre a los almendros
y a las palmeras les tocó el turno de la poda, aunque a esta no le ha hecho mucha gracia
¡Paciencia! Con el tiempo, tantos años de podas producen enigmáticas geometrías
Y las más afortunadas, al alcanzar su edad esbelta, saludarán con sus penachos, cuando se alce, a la luna
Hay quienes no agitan ramos ni se doblegan ante nadie
Finalmente, ya que hemos empezado con música, acabemos con un capricho
Cuando atardece en la Almadraba
Dedicado a mi amigo Pere
Atardeceres,
entorchados
de ópalos,
que pasan como nubes,
de nimbos,
que flotan como plumas,
de aves,
que aletean como signos,
de espumas,
que mueren en la piedra
~~~~~~
Ensueños,
hechos
de recuerdos,
que pasan como olas,
de palabras,
que flotan como alas,
de músicas,
que vibran como flechas,
de olvidos,
que escapan con la tarde
Entre Madrid y Els Poblets
Por la crónica anterior, quedaba claro que he estado unos día en Madrid.
Así es, durante el mes de enero he andado de aquí para allá. Dejé Gotemburgo bajo los primeros conatos de una nevada que sobre todo se hizo notar en el aeropuerto.
Cuando escribo esto la nieve ya se ha instalado allí, pero, por lo que me concierne, salvo cuando hace unos días volvía de Madrid y el tren atravesó una fuerte nevada a su paso por Cuenca, o al divisarla sobre las cumbres de Guadarrama, este año no me he medido aún con ella.
Cerca del límite con Valencia, el paisaje se carga con nubes de tormenta
y la luz derrama magia sobre unos campos transidos de frío.
En Madrid subí por primera vez a la terraza del Círculo de Bellas Artes.
Plácidos turistas tomaban el sol en las tumbonas y un cielo nítido, el que siempre caracterizó a la capital de España y que a veces nos sigue regalando el esplendor de sus inviernos, permitía alargar la vista hasta los montes de Toledo y ofrecía esas arquitecturas que Antonio López ha retratado tan concienzudamente.
Todo ello presidido por Minerva
y por Faetón.
El edificio de la Telefónica también ha presidido tanto nuestros años más trágicos como nuestras décadas más bulliciosas.
Me pregunto si su reloj funcionó siempre, incluso cuando era blanco de bombardeos y cañonazos.
¿Qué hora sonará en adelante para España?
Por el momento, en el barrio de Chamberí, hay quien ofrece todo tipo de curas para los agobiados.
Antes de dejar Madrid descubro, durante un paseo campestre con amigos por un rincón de la provincia, que, aunque de aguas más o menos limpias, en sus ríos todavía se pueden visitar cascadas.
Antes de volver a la Marina Alta y junto a la plaza de toros de las Ventas me topo con un recuerdo de otros tiempos, el monumento dedicado por los toreros al descubridor de la penicilina.
Algunos de ellos se salvaron gracias a Fleming.
A los toros no les hizo falta.
De regreso en Els Poblets
Por San Antón, hisopo en mano, el párroco bendice a los animales frente al mar
Durante la tradicional bendición de los animales, la estrella de este año ha sido la gran tortuga del veterinario
Y, como todos los años, los jinetes lucieron sus caballos antes de hacerse purificar con agua bendita
Mientras tanto, como he preparado una fideuá, con este aromático final me despido por hoy
Dibujos reunidos (III): espejos del alma
En memoria de Didier Matrige
En esta segunda entrada de enero, cuando anuncian que la nieve se va a sustituir por fin a la lluvia y el paisaje va a ser más propio de lo que se espera de estas latitudes, sigo escarbando en mi biblioteca, fiel a mi afición por la historia del dibujo.
Pero, antes una poesía de Tomás Segovia (Valencia 1927 – Méjico 2011), propia de la estación.
Paseo invernal
Tomando él a su cargo
Toda la desnudez
Qué reflexivamente nos viene acompañando
Este airecillo frío
De un gris tan confortable
Y con gusto le damos por su lado
Y vamos conversando
Por una vez sin nada oscuro
Sin nada espeso que reivindicar
Contentos de abrigar entre nosotros
Tanta pulpa que hubo en nuestras vidas
Y que hoy no nos asusta
Que así se trasparente
Asomada a este clima acomedido
Que con tan reflexivo gesto
Cuida que no resbale nuestro embozo
Y en nombre nuestro se desnuda.
De “Suma y sigue” en “Misma juventud”, Valencia, Pre-Textos, 2000
DIBUJOS DEL ROSTRO HUMANO
El común denominador de los dibujos que traigo al blog no es esta vez la técnica, sino el tema: el rostro.
Sin pretender lección alguna (doctores tiene la Iglesia), sino dejándome llevar por mi capricho y mi biblioteca, respetando sólo el orden cronológico. Para lo contemporáneo, doy preferencia al dibujo español.
Dibujos de maestros clásicos
La cabeza de mujer con velo, pequeño estudio (20’5 x 17.5 cm) de alrededor de 1490, en técnica mixta, sobre base de creta negra, con trazos de punta de plata, aguada marrón y toques de blanco de plomo, lo realizó Lorenzo di Credi (1459-1537) sobre un papel previamente tintado de rosa, con la misma cuidadosa técnica del Verrocchio (1435-1488) y de otros artistas de la escuela florentina del tardo Quattrocento, como Leonardo.
Tiene todas las trazas de ser un trabajo preparatorio para un rostro de alguna de sus obras, o un material educativo para sus discípulos, en uno de aquellos cuadernos de modelos que los maestros del Renacimiento dibujaban para su bottega. De hecho, este trabajo parece haber servido de guía para muchas de las vírgenes con niño, suyas o de su taller.
De los finales del siglo XV doy un salto hacia el norte y a los principios del siglo XVII y me encapricho de un dibujo a creta con trazos de tinta y de carboncillo (en la imagen no se aprecian los trazos de sanguina y los toques de aguada en tinta marrón), de Jacob Jordaens (1593-1678), que representa a una joven con amplio sombrero.
De los motivos religiosos ideales, encargo de frailes y conventos, hemos pasado al retrato realista de la burguesía en las prósperas ciudades de Flandes. De un maestro a otro. En este caso se trata de uno de mis dibujantes barrocos preferidos.
Karel Dujardin (1622-1678) es otro artista también barroco y también flamenco, aunque murió en Venecia. El retrato de perfil de un joven de larga cabellera y gesto melancólico, está realizado con creta roja y pertenece a las colecciones de la Morgan Library and Museum, un lugar que me prometo visitar en cuanto pueda volver a Nueva York: http://www.themorgan.org/
La seguridad de trazo de este pequeño dibujo (30×20 cm) es admirable.
El dibujo de otro rostro de joven, esta vez de Tiépolo (1696-1770) es apenas un esbozo. Con una simplicidad extraordinaria y en pocos trazos, también de creta roja, logra plasmar una expresión de ansiosa premura y expectante apasionamiento en uno de los últimos dibujos de su vida
Jean-Baptiste Greuze (1725-1806) fue uno de los mejores dibujantes del siglo XVIII en Francia. Esta cabeza de joven en escorzo está realizada a la sanguina con pasmosa rapidez de trazo.
Con Greuze acabo mi selección de dibujantes de los siglos clásicos. Me queda la envidia y la sensación de que los cientos de horas de práctica que me serían necesarias para aproximarme a esos niveles de maestría no me serán servidas.
Me compensa sin embargo el placer de admirarlos.
Dibujos contemporáneos
Incluyo en la siguiente selección a dibujantes, casi todos españoles, que considerados contemporáneos ya se alejan -¡ay!- de nuestro tiempo, para vivir en los libros, en los museos y en la memoria (y en la nube digital por supuesto).
El orden cronológico corresponde al tiempo de ejecución de los dibujos. Los tomé de una vieja antología que pude consultar hace ya tres años en Roma, en la Academia de España, gracias a la amabilidad de su bibliotecaria Margarita Alonso: Maestros contemporáneos del dibujo, Madrid, Ibérica de Ediciones, 4 volúmenes (1970 a 1974)
De Picasso (1881-1973) no hace falta dar noticias. Este carboncillo de la cabeza de Fernande Olivier, cuando convivía con el pintor en Horta de San Joan en 1909, es propio del inicio de su etapa de cubismo analítico, y es uno de los tantos miles de ellos que realizó en su larga vida el artista más imitado del siglo XX.
Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) tuvo muchos seguidores, que no imitadores, porque fue un maestro con notables discípulos. De los dibujos suyos, he seleccionado esta doble versión de Manolete, un personaje del que oí hablar en mi infancia, pues mucho lo adoraron y lloraron nuestras abuelas.
La manera de tratar y difuminar las sombras es una reminiscencia del “neocubismo” que le atribuyen como estilo.
Sigo con dos dibujos a lápiz de Aurelio de Arteta (1879-1940), quien murió, exiliado, en un trágico accidente en México cuando yo no había nacido. Fue algo así como “el pintor de Bilbao” en las primeras décadas del siglo XX, y el autor de los frescos del banco de Bilbao en Madrid. Era un artista que mi padre admiraba.
El trazo delicado parece que ayuda sutilmente a trasparentar el alma de la persona retratada.
Vuelvo al Picasso de 1937, a los rostros de dolor que reflejan el horror de nuestra guerra fratricida y que culminarán en el Guernica.
El dibujo a tinta negra sobre papel blanco está fechado el 4 de julio de aquel año y pertenece al Museo del Prado.
Un carboncillo formidable, un rostro de trabajador dibujado por José Vela Zanetti (1913-1999), otro pintor español a quien la guerra civil arrojó al exilio en América Latina durante décadas.
Volvemos Vázquez Díaz, quien no tuvo que exiliarse a América, pero tuvo un gran predicamento en Argentina. Este magnífico retrato de una actriz ruso-argentina, Berta Singerman, recoge los rasgos de una mujer hermosa que ya ha dejado atrás su juventud pero mantiene, en su altiva melancolía, la expresividad de quien está habituada a ser el centro de los focos.
El único no español de la serie, es un artista al que admiro en sus dibujos a tinta china, me refiero al italiano Renato Guttuso (1911-1989). Son trabajos de una gran fuerza, incluso de violencia expresiva, hechos sin pentimenti, donde el pincel y la pluma realizan estupendos perfiles de aguada y trazo rápidos.
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Para acabar, pido disculpas pues el dibujo que sigue es de un aprendiz… Traigo al blog, sin pretensión alguna de compararme a ninguno de los maestros anteriores, un dibujo mío al carboncillo y a la sanguina, fruto de mis clases con el pintor Didier Matrige (1961-2008) en mis horas libres vespertinas en la Academia de Watermael-Boitsfort, en Bélgica durante el curso 2007-2008.
Didier era un profesor de dibujo extraordinario y excelente pintor expresionista, a pesar de que padecía diversas dolencias físicas graves. Sus alumnos lo apreciábamos enormemente. Al morir su madre, sufrió una gran depresión, acrecentada por el poco eco de su última exposición. Debió de abandonar el tratamiento de insulina que le era totalmente necesario y, al parecer, se dejó morir antes de concluir el curso. Todos sus alumnos asistimos a la ceremonia fúnebre y a su incineración y entierro de las cenizas en Charleroi.
Creo que fui una de las últimas personas que adquirió un dibujo de Didier Matrige cuando le visité en su casa antes de su muerte inesperada. Lo conservo con afecto junto con los trazos y las acertadas correcciones suyas sobre algunos de mis dibujos de entonces.
En recuerdo de Didier Matrige, que no tuvo tiempo de seguir mi invitación de venirse conmigo a pintar a Alicante, incluyo aquí este dibujo mío, que él me alabó y que retrata a la modelo que venía al taller a posar para nosotros en sus clases. Algo debe de valer cuando le gustó.
¡Va por ti, Didier!
En son de luz: Los números de 2013
Para quienes con benigna asiduidad siguen y visitan este blog
En estos días de comienzo de año un virus griposo me ha dejado un poco fuera de combate. El resultado es que los temas que tenía preparados para la primera crónica del año no han madurado suficiente. Pero como la entidad que hospeda el blog, WordPress.com, me ha regalado su informe sobre el movimiento de este blog en el año 2013, voy a dejarme llevar de un cierto narcisismo estadístico y lo voy a publicar.
Hablo de narcisismo, porque la comparación que hacen los duendes informáticos que han elaborado el informe tiene aire de autobombo.
Reza así:
La sala de conciertos de la Ópera de Sidney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 43.000 veces en 2013. Si fuera un concierto el la Sidney Opera House, se necesitarían alrededor de 16 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean
¡De modo que ya me puedo sentir como Daniel Barenboim! Lo que pasa es que su concierto de año nuevo en Viena, uno de esos acontecimientos que son como un regalo de los cielos, ha sido visto por la friolera de 1000 millones de espectadores en más de 90 países.
Así que, os dejo un enlace al informe sobre este blog, a modular con toda la modestia del caso: informe completo de WordPress.com (no he podido editar el contenido del informe, no me identifico necesariamente con el tono publicitario de alguna de sus partes)
Pido disculpas por estos mis fuegos de artificio y prometo que, aunque una vez al año no haga daño, no convertiré en costumbre el bloguear sobre mi propio blog. Cuando estudiaba Ciencias de la Información, se tenía por norma que el periodista no debe convertirse en protagonista de su propia noticia. Salvando las distancias, el género blog conlleva también, como la labor del periodista, caminar sobre el filo del narcisismo. Una pequeña dosis, pase, pero si el bloguero vierte en sus crónicas el tarro entero, entonces el jarabe empacha.
Pero ¡basta de teorías!. Lo que si puedo asegurar es que, con estadísticas o sin ellas, mientras el cuerpo aguante, seguiré publicando cada domingo.
¡Saludos y Feliz Año Nuevo a todos los visitantes de Ensondeluz!
Breverías erasmianas (XIII): «In aqua scribis»
Para María
Por la San Silvestre todos filósofos, como en un funeral, el del año que acaba. En los entierros todo el mundo suele esforzarse por decir algo profundo. Pero si a los pocos días se ha de bautizar al retoño del muerto ¿quién no se revela sentencioso?
No obstante, los vapores de la Navidad me han dejado fuera del combate metafísico. De modo que para cubrir mis carencias recurro de nuevo a los Adagios de Erasmo. Puede que sus proverbios operen como la yesca y saquen de mi cerebro alguna chispa. Por otro lado, el adagio 356 transpira ese aire de escepticismo que requieren los tiempos. Aunque, ¿los hubo que no lo demandasen?
Escribes sobre agua
(Adagio I iv 56)
La glosa se inicia con tres citas:
«Escribes sobre agua» es como decir que estás malgastando tu tiempo.
Lo expresa Luciano en “El tirano”:
«¿Acaso bromeas, Caronte? ¿No estarás, como se suele decir, escribiendo sobre agua, al esperar de Micyllus algún óbolo?»
Platón, en el “Fedro”:
«¿No es así que al dedicarse a escribir estas cosas, con el cálamo siembra en agua negra?»
Algo parecido dice un verso de las “sentencias griegas”:
«El juramento de los perversos está inscrito sobre agua»
Como es fácil comprobar, las fuentes del adagio lo interpretan como una invitación a la desconfiar de promesas y de afirmaciones que parecen honestas y sesudas, pero, sobre todo, a no dar fe a las promesas de ciertos malvados (hominum improborum), pues, desde el mismo momento en que se formulan, ya se han disuelto en agua. Quien da crédito a las palabras de los hombres malvados, es como quien sembrase en las aguas del mar, como también comenta Erasmo en otro adagio, el 353: In aqua sementem facis.
Como en un torrente
La semana ha estado pasada por agua. Quizás por eso he traído a colación este adagio en vísperas de fin de año. Puede que por eso me pregunte qué dirían Platón o Menandro, dos de los citados en la glosa de Erasmo, si se les viniesen encima los millones de tuits que bogan por las ciberaguas y que, tan pronto como se han escrito, ya se están evaporando, ya son nube. ¿Qué pensarían de los innumerables blogueros que escribimos como atados al banco de una galera?
Esto de escribir en la Red se parece bastante a escribir sobre agua. Aunque lo hagamos como en un remanso, en la tranquilidad de la mañana o en el silencio de la noche, en realidad, nuestros mensajes no son barquitos de papel en un agua tranquila. Los estamos lanzando a una corriente que los arrastra. El mar de internet se está convirtiendo en una especie de metáfora de la vida. Como aquellos ríos que cantó Jorge Manrique, nuestros escritos, como signos en el agua, se irán más tarde o más temprano hacia la nada. A no ser que la web sea una red de pesca y nuestras palabras sean peces que lectores insomnes atraparán y cocinarán a su manera.
De todos modos, si el poeta se consolaba cantando a la memoria de su padre, a nosotros nos anima pensar que nuestros modestos pensamientos y nuestras imágenes, antes de disolverse, refrescarán quizás a quienes, por unos instantes, presten su atención a estas crónicas efímeras.
El género del adagio
Cuando parece que la breve glosa está por terminar, Erasmo cita otra línea de interpretación de esta sentencia, aunque estima que corrompe (depravat) su sentido. Se trata de un sesgo que hoy se consideraría sexista. No en vano los proverbios como lo refranes tienen a menudo un matiz de género.
A ello apunta una advertencia de Catulo en sus poemas de amor:
Lo que una mujer diga al amante enardecido
En viento ha de escribirse y en agua impetuosa
Mulier cupido quod dicit amanti,
In vento et rapida scribere oportet aqua
Fuente: Les Adages d’Érasme, Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp 371-373
Puestos a favorecer la paridad, podríamos formularlo también del siguiente modo:
Vir cupida quod dicit amanti
In vento et rápida scribere oportet aqua
o sea:
Lo que un varón diga a su amante enardecida
En viento ha de escribirse y en agua impetuosa
Pero no enmendemos la plana al poeta latino. Al fin y al cabo, Catulo no sabía que ya entonces estaba escribiendo para internet. Además, tendríamos que expurgar cientos de refranes castellanos que también contienen algunas perlas, por sólo referirme a las acuáticas:
Fe de gente de enaguas escrita está en el agua
Agua coge con red el que confía en palabra de mujer
Ni en la mujer confiar ni en las olas del mar
Fuente: Refranero General Ideológico Español, compilado por Luis Martínez Kleiser, Madrid, Real Academia Española, 1953 (reedición en facsímil, Madrid, Ed.Hernando, 1989)
Pero ya no los reescribo, pues mis lectores podrán hacerlo fácilmente. Por otro lado, en este terreno del sexo o, como decimos hoy, del género, el refranero está en nuestras cabezas. Es ahí donde queda mucho por hacer.
Al fin y al cabo, las palabras se las lleva el viento y lo que escribimos lo escribimos en el agua. En cambio, los estereotipos flotan.
Breverías erasmianas (XII) ”Festina lente” (Apresúrate lentamente)
Los dulces cánticos de la fiesta de Santa Lucía no deben llamar a engaño, en realidad lo que se observa en la calle es que la gente va acelerada en estos días pre-navideños. Todo el mundo de cabeza, dedicado a cumplir las ineluctables obligaciones de la temporada: comprar y comprar, engalanar, iluminar, llenar la nevera, invitar, comer y beber, comer y beber, regalar, cantar, celebrar y celebrar, bailar, sonreir y volver a sonreir, desearse felicidad, sin que se recuerde bien por qué, arrastrados por esa pulsión ancestral de compensar con fuego, luz y fiesta el frío y la oscuridad del invierno, y que el Occidente ha logrado implantar por todas partes, incluso en las latitudes que ahora sudan con el verano.
Así que me ha parecido oportuno, en estos días de prisa y excitación navideñas, recordar un sabio adagio antiguo, uno de los más extensamente glosados por Erasmo de Rotterdam.
Apresúrate lentamente
(adagio 1001, II i 1)
Festina lente. Este proverbio expresa en sí mismo una especie de enigma no carente de gracia, pues reúne dos palabras que se combaten mutuamente. Hay que colocarlo dentro de esa clase de proverbios que se caracterizan por el juego de contrarios
Erasmo consideraba que este adagio era de tanta utilidad que se debería imprimir por todas partes para que fuese tenida en cuenta, sobre todo por aquellos a quienes (Ilíada, II, 25) ”se les ha confiado el cuidado y la entera responsabilidad del gobierno de los pueblos”.
Se trata de un oxímoron, pues esta máxima propone a la vez un comportamiento y su contrario. Démonos prisa, pero hagámoslo lentamente. Parafraseando el dicho popular, ”con prisa, pero con pausa”. Decisión, acción, pero reflexivamente, con calma, sin ir a trompicones.
Como es costumbre, nuestro humanista, en este caso bien instalado (en 1506), trabajando como un forzado, en casa de Aldo Manuzio, sobre innumerables y preciosos manuscritos que los eruditos griegos asilados en Venecia habían salvado de la caída de Constantinopla, despliega todos sus conocimientos de sabiduría antigua. Como resultado publica en 1508 en las imprentas del veneciano la famosa edición ”aldina”, que aumenta su glosas de los adagios hasta la cifra de 3260.
Erasmo trabaja entre sus escabeles y mesas llenas de manuscritos y el taller de los cajistas e impresores. Puede que él mismo, escribiendo y corrigiendo pruebas, día y noche, a la luz de candelas y lámparas de aceite, se sintiese directamente concernido por este proverbio. En otro comentario, el que escribió sobre el adagio ”Herculei labores”, trabajos hercúleos, (adagio 2001) se referirá a su faena denodada.
En ambas glosas aplica a fondo su conocido método: citación de las fuentes, interpretación filológica, repaso de personajes históricos, consideraciones personales y alusiones a la actualidad política y social de su tiempo.
Entre los individuos famosos que a su juicio representan un ejemplo de acción sin la reflexión, menciona a Alejandro Magno y a Sardanápalo, el primero por ser una especie de Aquiles, proclive a la violencia y al descontrol mental (praecipitem egerit impetus animi), y el segundo por su impulsiva mala leche (ferociam).
Por el contrario, citando a Aulo Gelio y a Macrobio, presenta a Octavio Augusto y a Tito Vespasiano como ejemplos de una «maduración en las decisiones, acompañadas de una moderación vigilante y suave»
maturitas quaedam, ac moderatio simul ex vigilantia lenitudineque temperate
En definitiva, en su gobierno de los asuntos públicos, aquellos emperadores habrían aplicado «la celeridad en la acción, unida a una diligente lentitud»
simul et industriae celeritas, et diligentiae tarditas
Hasta el punto de que el emperador Tito Vespasiano tenía como emblema un delfín abrazando un ancla. El delfín como símbolo de velocidad y vivacidad inteligentes, el ancla como símbolo de una sólida reflexión. Lo que le da pie a Erasmo, a partir de una erudita revisión de griegos y latinos, para hacer un estudio del delfín desde la perspectiva de la historia natural y de la iconología, además de un repaso al simbolismo del ancla.
Esta primera digresión, le sirve, como quien no quiere la cosa, para deslizarse a otra aún más larga en elogio del trabajo que, con intensa dedicación y apresurándose en la calma, realiza el editor e impresor Aldo Manuzio “el Romano”, el hombre que ha sabido
desenterrar lo que estaba oculto, devolver a la vida lo que había perecido, reparar lo mutilado, corregir lo que se había desfigurado de tantos modos, sobre todo por culpa de esos pésimos impresores para quienes vale más una moneda de oro que toda la literatura en su conjunto
Precisamente, el ilustre empresario editor de Venecia, había adoptado como emblema el ancla y el delfín. Erasmo vuelve al comentario del adagio, justificando su extenso encomio del veneciano, al pensar “en todos los beneficios que este delfín (Aldo) nos promete, con tal de que Dios le favorezca y sostenga sus magníficos esfuerzos”. De hecho, entre 1488 y 1515, Aldo Manuzio imprimió ciento cincuenta y siete títulos, de enorme importancia para la constitución de la filología moderna. Trabajo que continuaron sus sucesores. Erasmo no exageraba.
Sobre el exceso y la baja calidad de lo que se publica
Cuando Erasmo está a punto de retornar al comentario del adagio propiamente dicho, se desencadena la más larga crítica que haya salido de su pluma contra el doble filo de la imprenta cuando está en manos de ineptos que entontecen al vulgo, facilitando la dominación de los déspotas. Estamos ya en 1526, en una actualización del texto inicial publicado en 1508. La imprenta no tiene aún un siglo.
Una buena parte del mal proviene de la licencia e impunidad de esas gentes. Llenan el mundo de libros, no sólo sobre futilidades –como quizás yo mismo he escrito- sino de obras ineptas, repletas de ignorancia, malintencionadas, escandalosas, rezumando rabia, impías, sediciosas, en tal cantidad que incluso las publicaciones de valor pierden su efecto benéfico. Algunas se lanzan al mercado sin título o, peor aún, bajo títulos ficticios
Erasmo estaba hasta el moño del pirateo de sus obras. Moraleja: con internet o sin ella, ciertas prácticas son tan viejas como la imprenta o, diría yo, la impostura es tan antigua como la escritura. Ya en el siglo XVI y con la imprenta todavía en su infancia, si se quería identificar la obra de calidad había que bracear en un mar de morralla y de fraude. Nada nuevo bajo el sol.
Los tres sentidos del adagio
Como siempre, tras pedir excusas por sus divagaciones, Erasmo acaba por resumir en tres los sentidos del adagio.
1 La deliberación previa
Los asuntos, tras su deliberación, se dice que hay que tratarlos con rapidez, pero la deliberación tiene que haber sido lenta (Aristóteles, Ética)
Hay que empezar una iniciativa con lentitud, pero una vez emprendida hay que proseguirla con constancia (Diógenes Laercio)
Quien al principio se apresura más de lo razonable concluye la carrera demasiado tarde (Platón).
2 Las pasiones
Erasmo resume la postura de Platón y de Aristóteles sobre la supeditación de las pasiones a la razón y sobre su papel esencial como impulsoras del espíritu. No olvida a Séneca y sus escritos sobre la ira, en los que aconseja que nos tomemos nuestro tiempo en vez de actuar bajo los efectos de la cólera. No olvida a Plutarco cuando refiere que Augusto, antes de decidir en un momento de enfado, recorría mentalmente las letras del alfabeto esperando a que se le pasase.
3 La obra bien hecha
Hay que evitar la precipitación, pues ya los griegos decían que suele acarrear males y lo que se hace a trompicones conduce al error y a tener que arrepentirse , como recuerda un dicho atribuido a Catón:
Sat cito, si sat bene.
Lo hecho a tiempo, bien hecho está.
Y citando a Horacio (Odas, I, 12, 45-46):
Oculta crece como crece el árbol
la fama de Marcelo.
Crescit occulto velut arbor aevo
Fama Marcelli.
¿Correr o no correr?
Todos los que pecan o por desidia o por sus impulsos inmoderados, harían bien en sacar del olvido esta máxima de Octavio César, «Festina lente», que ya adoptaron como emblema Tito Vespasiano y Aldo, y en guardar en la memoria el ancla y el delfín.
En buena medida, como decía Antonio Machado, “al andar se hace camino», que viene a ser lo mismo que dice el adagio. Andar no es correr sino que consiste en posar en tierra un pie detrás del otro y sosegadamente avanzar, céleres pero con calma.
Por gracia o por desgracia estas cosas se aprenden con el tiempo, es decir cuando “al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.
Para no ponernos demasiado nostálgicos, recordemos lo que el potro le decía a la ardilla en aquella fabulilla de Tomás de Iriarte (con la que, en mi clase de primaria, el maestro pretendía animar a ser más tranquilos a los alumnos hiperactivos)
Tantas idas
y venidas,
tantas vueltas
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
No puedo competir con Iriarte. Pero, con la sensación de ser un homo bulla, «ingrávido y gentil como pompa de jabón», finalizo con una modesta moraleja:
¿Prisa?
La necesaria.
¿Calma?
Lo más posible.
*
Presurosos
pero lentos.
¡Bregamos!
En ello
se nos va la vida.
*
Sísifo
andaba
arriba y abajo
prisionero
de una piedra.
*
Nuestra carga
no la vemos:
somos
los cautivos
de un oxímoron.
********
Fuente del texto latino: Les Adages d’Érasme, Les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon 2010, pp. 832-848.


























































































