Sean Scully en Pilane: la escultura como écfrasis de su propia obra (pictórica).

«La ekfrasis, que en sentido amplio consiste en tratar del contenido de un género expresivo en el interior de otro, con fines descriptivos. De forma restringida se entiende como la descripción de una obra de arte plástica (pintura, escultura, arquitectura, etc.) en el seno de un texto literario (como la del escudo de Aquiles por Homero)».
«Entre ambos extremos hay definiciones y estudios sesudos para todos los gustos sobre este término que en griego antiguo significaba descripción y que, a mi modo de ver, no tiene por qué considerarse solamente como un recurso literario, pues también puede, en sentido inverso, serlo pictórico o escultórico, cuando un texto inspira un lienzo o una escultura»
Escribí esto hace casi seis años en estas páginas, tratando de los pasajes en que Galdós la utilizaba como recurso literario en dos de sus novelas. He de añadir que empecé a interesarme por la ecfrasis o écfrasis (*) leyendo a principios de los años 2000 la excelente tesis de doctorado de Agnès Fayet : Le rôle de l’image et de l’œuvre d’art dans le processus de création de Marguerite Yourcenar. De ello hablé también aquí hace casi cuatro años.
Recientemente, mi visita a la exposición anual de esculturas en el medio natural de Pilane (isla de Tjörn, Bohusln, Suecia) me lleva a utilizar el concepto de la écfrasis en su sentido más amplio, en este caso una descripción/síntesis escultórica de la propia obra pictórica por un artista que no cesa de sorprenderme. Me refiero al irlandés Sean Scully, por mes y año de nacimiento mi coetáneo, de quien son seis de las dieciocho esculturas que este año se exhiben en Pilane (15 de mayo-26 de setiembre).
Interpreto este fascinante cambio de recurso artístico como una écfrasis de sus casi cinco décadas de obra pictórica del artista irlandés, con taller en Nueva York y Munich y hasta hace poco en Barcelona.
Mi primer encuentro con la obra de Scully fue en su exposición en el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) del 31 de enero al 7 de abril del 2002 y tuve un segundo encuentro con su obra en junio del 2012 en el Palacio de Carlos V en Granada, donde me cautivó su labor de expresionismo abstracto.
Este irreductible pintor abstracto, ahora escultor, declara en el folleto que explica su obra en Pilane:
«I do believe abstraction is and was meant to embody deep emotions.
I believe that’s its job, in the history of art»
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Sean Scully, «Standing on the land», Pilane.org, 2021
En el mismo folleto, la escritora Joanna Persman (historiadora y crítica de Arte en el diario Svenska Dagbladet) recuerda que Scully en un trabajo juvenil estuvo empleado en una fábrica de cartonajes y que «su tarea consistía en en clasificar y grapar cajas» y que cuenta que su propio arte es «una celebración del duro trabajo manual».
Sea como sea, el artista a lo largo de muchos años combina en sus lienzos el apilamiento de formas rectangulares de diverso color y materia, como un reducto cultivador de los años en los que la abstracción expresionista dominaba el panorama artístico. De hecho, su estancia en los Estados Unidos, país por cuya nacionalidad cambió la suya irlandesa de origen, le influyeron decisivamente.


Este año, en Pilane, me ha impresionado su persistente juventud de espíritu en esta exposición en el paisaje que ha titulado «Standing on the land», pues, ya consagrado y reconocido desde hace tiempo por cerca de cincuenta años de creación pictórica, ahora, a través de sus estructuras de acero corten, o construyendo apilamientos de objetos industriales (objet trouvé) está a mi modo de ver describiendo sus propias emociones pictóricas a través de otros materiales y de otra rama del arte: la escultura.

Un itinerario
Después de tres años de College en Londes, Scully cursó sus estudios artísticos en la Facultad de Bellas Artes de Newcastle (1968-1972) y comenzó a pintar retículas de gran colorido y profundidad, con notable influencia de Mondrian, pero con la tridimensionalidad que el holandés camufla. Por entonces, sin embargo, afectado según sus declaraciones por la frialdad industrial de la aquella ciudad, la emoción aún falta.
Su año de becario en Harvard (1972), en contacto con el expresionismo abstracto norteamericano (Rothko en particular) y su viaje a Marruecos en 1973, le conducen de un minimalismo reticular y de franjas (1972-1975) a un minimalismo en el que la emoción impera (1975-1985), los colores vivos se ensombrecen y acompañan de negros, grises y ocres, en óleos y acrílicos de gran tamaño y lo que él denomina «cuadros dentro del cuadro».

En la exposición de Valencia del 2002, que estuvo antes en Dusseldorf y Munich, y que recogía lo mejor de la obra pictórica que le consagró en el panorama internacional del arte contemporáneo, se manifiesta esa voluntad de su personal expresión de emociones que le ha guiado a través de su característica abstracción,

y que en Pilane recoge a modo de écfrasis de sus propias pinturas en esculturas compuestas a base de objetos de los que la sociedad industrial fabrica y que cuando ya han cumplido su función desecha.



En ese vasto paisaje, de suaves praderas y masas rocosas, Sean Scully, despliega la écfrasis escultórica de su anterior obra pictórica, recurriendo a objetos encontrados de la producción industrial en metal y madera. Pienso que en ello hay una vuelta a sus primeras inspiraciones formales de aquella ciudad de Newcastle («sólo se puede ver lo que está ahí») donde se formó como artista.






Sean Scully. «Tower with two holes». Acero corten , Pilane 2021. Foto R. Puig
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Epílogo
Al entrar en Pilane me dijeron en la recepción que hallaría al artista junto a alguna de sus obras, pero no pude encontrarle, pues además de conocerle personalmente, quería saber de primera mano si era verdad que había cerrado definitivamente su estudio en Barcelona. Pero no tuve suerte y el encuentro no se produjo.
Al salir, en la caseta de información me dijeron que había partido para Munich, pero que le habían transmitido mi pregunta y que la respuesta del artista fue que él tenía taller en Alemania y en Nueva York, pero que nunca tuvo uno en Barcelona.
Luego he encontrado en internet que se fue hace dos años por motivos de los que sólo ha hablado una vez cuando un periodista del Financial Times le insistió impertinente con sus preguntas que nada tenían que ver con su obra.
Lo cierto es que este hombre con quien me une el interés por el Arte y el año y el mes de nacimiento (así como la Irlanda de mis antepasados) no ha perdido ni su espíritu creativo y juvenil ni su energía vital.
(*) Según la RAE:
Del latín ecphrasis, y este del griego ἔκφρασις ékphrasis
1. f. Ret. Descripción precisa y detallada de un objeto artístico
2. f. Ret. Figura consistente en la descripción minuciosa de algo
Apuntes para la historia de un puente: punto final (por el momento)

Hace ahora poco más de tres años iniciábamos aquí la pequeña historia de la construcción del nuevo puente sobre la ría de Gotemburgo, el Hisingsbron, es decir el puente (bron) que comunica el centro antiguo de la ciudad con el distrito moderno de Hisingen, en uno de cuyos barrios he tenido mi atelier durante seis años hasta poco más o menos la fecha en que comenzó la construcción de este novedoso puente que sustituye al viejo Götaälvbron (“el puente Göta sobre la ría”) que ahora, tras la apertura del nuevo en agosto, está en su fase de desguace que terminará a mediados del año que viene.
Hace ahora poco menos de un año, publiqué el segundo capítulo de estos apuntes en el que daba a conocer a los lectores la muy importante aportación de la industria española de construcción de estructuras de acero para puentes que se resume nada menos que, tras la contribución de unos altos hornos en el País Vasco español, en la entrega por parte de una empresa de Utrera (Sevilla) de la plataforma elevadiza, los cuatro pilonos de sustentación de la misma y parte de las rampas de acceso del puente. Las empresas y los ingenieros suecos y daneses, junto con oficiales y obreros escandinavos y polacos (entre otros) han montado, completado con cuatro potentes mecanismos motorizados y ajustado al milímetro las estructuras de hormigón armado que sustentan la obra y el tráfico rodado y de tranvías, peatones y ciclistas que la recorre; todo ello coordinado por el Ministerio Sueco de Transportes (Trafikverket) y la ciudad de Gotemburgo (Göteborg Stad).
En el tercer capítulo explicábamos la contribución de las cuatro empresas y sus trabajadores de Suecia, Dinamarca y dos de España, que han destacado en este proyecto.
Tras la solución de algunos problemas de ajuste y armonización del movimiento de elevación y descenso de la plataforma que se les plantearon a los ingenieros de la obra entre mayo y junio y que se resolvieron felizmente, concluye hoy esta serie con el cuarto capítulo, dando testimonio gráfico de la apertura al tráfico que se produjo entre el mes de julio y el 16 de agosto y el festejo de la inauguración oficial por el rey de Suecia el día cinco de setiembre.





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Inauguración del 5 de setiembre
A partir de ahora, las imágenes no son mías, pues no tuve el honor de estar entre el reducido número de participantes en el festejo y ceremonia de inauguración que tuvo lugar sobre el mismo puente hace ahora una semana. Así que me he tenido que contentar con las imágenes que he captado sobre la pantalla de mi televisor durante la transmisión en directo por la Televisión Sueca (SVT).


Hubo danzas, coros y música pop, animados por experimentados comentadores y con numerosa participación de niños y jóvenes, como símbolo de las nuevas generaciones que se beneficiarán de esta obra que se ha propuesto como símbolo de comunicación entre barrios antiguos y barrios recientes, para una mayor integración de la población.
Precisamente se abre esta vía en el año en que Gotemburgo celebra el cuarto centenario desde su fundación oficial (1621-2021) por inmigrantes holandeses expertos en la construcción de fortificaciones. En el primer Consejo de la ciudad había cuatro miembros suecos, tres holandeses, tres alemanes y dos escoceses, aunque la voz cantante la llevaron los holandeses durante sus primeros años. Ya se sabe que, como se solía decir en España, «la pela es la pela» (la peseta es la peseta).
Pero volvamos a la fiesta del día cinco, en la que desfilaron las banderas de todos los países que, con tecnología o mano de obra, han participado en su construcción, portadas por jóvenes bailarinas en ropa de ballet. Al parecer no se encontraron suficientes danzarines masculinos para conseguir la paridad.



Los coros sí que tuvieron una nutrida participación de niños y niñas y de jóvenes de ambos sexos. Durante la transmisión televisiva me quedé con el rostro de esta joven cantora.

El sol pegaba de lo lindo y estos coristas tuvieron que sostenerlo de frente, contiendo los guiños.
Estos niños, en los años de su futuro, recorrerán este puente a pie, en bicicleta, bus, coche o tranvía, para ir a sus escuelas, universidades, trabajos, negocios o actividades de ocio, entre el centro y los modernos barrios del norte de la ciudad, donde además están las mayores barriadas que albergan a los numerosos inmigrantes llegados en las últimas décadas, además de una parte importante de las industrias y centros de investigación.
¡Vivamos para ver!


El «muro de dalias» en Gotemburgo

Como cada año, por agosto o principios de setiembre me acerco al Jardín Botánico de Gotemburgo para ver las dalias.
Ya hemos hablado aquí del origen precolombino de las dos primeras especies de dalias que se conocen, de su identificación por Francisco Hernández (1514-1517) autor de la “Historia de las Plantas de la Nueva España” y médico de Felipe II, de su cultivo y su multiplicación en el Jardín Botánico de la Nueva España, de su envío en el siglo XVIII al Botánico de Madrid, donde se produjeron muchas de las variedades que conocemos hoy y se le dio a la especie el nombre de dalia en honor del botanista sueco Anders Dahl, de su expansión por Europa desde Madrid y, finalmente, de su proclamación como la Flor Nacional de México en 1963. (*)
Pero a lo que voy este domingo es simplemente a destacar algo más sobre este lujo de las dalias. Así que, franqueada la entrada del Botánico de Gotemburgo, el pasado 30 de agosto y tras saludar a su náyade en este año en que se celebra el cuarto centenario de la ciudad (1621-2021)

Dejando de lado otras cosas notables que quizás otro día cuente, voy directamente a contemplar el muro de las dalias

Como imágenes valen más que palabras, les voy a presentar una sucesión de dalias de ese muro que en cada mes de agosto agrupa más de cien variedades de las 35 especies conocidas. Pienso que disfrutar de su vista, vale más que todas las disquisiciones clasificatorias, que podrían colocarse aquí si comenzase a reproducir los términos latinos que al pie de cada variedad presenta el Botánico en su correspondiente cartela.
No obstante que los expertos no se desanimen, pues podrán enviar su comentario, erudito o de cualquier otro estilo (¿por qué no un poema?), sobre cada una de las dalias que aquí traigo, con sólo referirse al número que hay en el pie de cada foto.
Y si quieren pueden votar por su preferida…
Desfile de bellezas

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Complementos
Un pequeño homenaje a los insectos libadores que tan importantes son para la conservación de las especies vegetales.

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Un testimonio del sic transit gloria mundi…
Del reino animal
Imágenes de otros reinos de la naturaleza captadas en este extraordinario jardín…
Lepidópteros

Aves



Homo sapiens otiosus

Homo sapiens operarius

(*) Notas:
La historia de la dalia cuenta con un artículo muy extenso en la wikipedia.
Sobre la historia del Jardín Botánico de la Nueva España y el desarrollo de la Botánica en México durante la época del Virreinato hay un artículo documentado con bibliografía de Graciela Zamudio de la Facultad de Ciencias de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México): Zamudio Valera, Graciela. (2002). El Real Jardín Botánico del Palacio Virreinal de la Nueva España. Ciencias 68, octubre-diciembre, 22-27, al que se puede acceder en línea.
A este respecto la “Historia de las Plantas de la Nueva España” de Francisco Hernández (1514-1517) es de gran interés y lo que ha llegado hasta nosotros de aquella obra puede consultarse en la biblioteca digital mundial
En Jardines Botánicos de México: historia y perspectiva, Andrew P. Vovides, Edelmira Linares, Robert Bye y un largo número de autores y colaboradores, publicado por la Secretaría de Educación de Veracruz (2010), se dan algunos datos (El jardín botánico del Palacio Nacional: un modelo europeo en tierras americanas pp. 69-74 ) sobre el primer Jardín Botánico de México y su abandono tras la independencia. La visión oficialista del trabajo sobre la labor de los botanistas españoles durante el Virreinato es a mi modo de ver algo sesgada en sus juicios sobre los pioneros de la Botánica en México antes de la independencia. En todo caso, sirve de guía para visitar los jardines botánicos actualmente existentes en México y conocer lo que los cronistas españoles (incluso Hernán Cortés en sus «Cartas de Relación») narraron con admiración sobre el cultivo de las plantas en los palacios y mansiones de los nobles de las culturas precolombinas mexicanas (pp. 61-68). Sin aquellos cronistas no sabríamos nada de las características del cultivo de las plantas medicinales y ornamentales en las culturas precolombinas.
En este trabajo puede leerse por ejemplo lo siguiente:
«Hernán Cortés, en sus Cartas de Relación (1979), registra sus primeras impresiones sobre México (1519 y 1526) de la siguiente manera: Tendrá esta ciudad de lztapalapa doce o quince mil vecinos […] Tiene en muchos cuartos altos y bajos jardines muy frescos, de muchos árboles y flores olorosos; asimismo albercas de agua dulce, muy bien labradas, con sus escaleras hasta lo fondo. Tiene una muy grande huerta junto a la casa, y sobre ella un mirador de muy hermosos corredores y salas, y dentro de la huerta una muy grande alberca de agua dulce, muy cuadrada, y las paredes de gentil cantería, e alrededor un andén de muy buen suelo ladrillado, tan ancho, que pueden ir por él cuatro paseándose, y tiene de cuadra cuatro cientos pasos, que son en torno mil y seiscientos. De la otra parte del andén, hacia la pared de la huerta, va todo labrado de cañas con unas verjas, y detrás della todo de arboladas y yerbas olorosas, y dentro de la alberca hay mucho pescado, y muchas aves, así como lavancos y cerectas y otros géneros de aves de agua; y tantas, que muchas veces casi cubren el aguas». (pp.63-64)
y
“Cervantes de Salazar, quien llegó a México en 1551, escribió sobre Moctezuma Xocoyotzin y sus jardines en La Crónica de la Conquista de Nueva España (1564 y 1566): Tenía este gran Rey, allende de las casas que he dicho, otras muchas de placer con espaciosos y grandes jardines con sus calles hechas por el paseo é regadío. Eran los jardines de solas hierbas, medicinales y olorosas, de flores, de rosas, de árboles de olor que eran muchos. Mandaba á sus médicos hiciesen experiencias de aquellas hierbas y curasen á los caballeros, de su Corte con las que tuviesen más conocidas y experimentadas. Daban a los jardines gran contento a los que entraban en ellos, por la variedad de flores y rosas que tenían y por la fragancia y buen olor que de sí echaban, especialmente por la mañana y á la tarde. Era de ver el artificio y delicadeza con que estavan hechos ni personajes de hojas y flores, asientos, capillas y otras cosas que adornaban por extremo aquel lugar” (pp.64-65).
En cuanto a la Dalia, tras hablar de la labor botánica en otras partes del mundo, reconoce que:
«En 1789, Vicente Cervantes embarcó desde México semillas de 3 especies de Dahlia que crecían en el Valle de México; éstas fueron cultivadas con éxito en el Real Jardín Botánico de Madrid, donde fueron descritas en 1791 por Antonio José Cavanilles como D. pinnata, y en 1796 como D. coccinea y D. rosea. Vicente Cervantes también estableció un jb en 1788 con finalidades de identificar y clasificar los vegetales, y de apoyar una cátedra de botánica (Linares, 1994). Entre 1796 y 1804, las plantas (y sus híbridos) se distribuyeron a jardines de lugares como Montpellier (Francia), Berlín (Alemania), San Petersburgo (Rusia) y Kensington (Inglaterra). Los primeros intentos de selección y cruzamiento para obtener flores dobles se hicieron entre 1804 y 1814. También Humboldt y Bonpland enviaron semillas de sus exploraciones en México. A pesar de la amplia gama de cultivo, de tipos de flores enanas, anémonas, pompones, fancy, cactus, collerettes y peonías, entre otros, desde 1929 hasta el presente sólo 4 de las 30 especies de Dahlia han entrado al intercambio hortícola (Bailey y Bailey, 1976), lo cual nos sugiere que el germoplasma nativo no ha sido aprovechado de forma suficiente desde el periodo colonial español» (pp. 57-58).
etc.
Esta obra ofrece también un resumen interesante de la historia de los jardines botánicos en el mundo (pp.48-60) se puede consultar en línea en pdf.
Hamburgsund

Hamburgsund es el nombre de una aldea costera del Bohuslän, en Suecia, que se compone del núcleo central del pueblo en tierra firme y de una isla, al otro lado del canal, en donde está la antigua iglesia y la otra parte de su población. La imagen está tomada desde el pequeño puerto del camping de Rörvik a la hora en que el sol ya ilumina las rocas de la isla y empezaba a caldearme después de una fría noche en tienda de campaña.
El nombre del lugar no tiene nada que ver con la Hamburgo alemana, sino que procede de Hornbora (en el siglo XIV Hornborosvondom) que quiere decir den med horn försedda : «el que tiene cuernos» (¿cuernos de casco vikingo?).
Ya en el siglo XI existía un castillo en borde de su bahía, el Hornborgs slott que dio el nombre a la colina del castillo de Gustav Vasa destruido por los daneses en 1531.

Así que el nombre de Hamburgsund, que tuvo una fortaleza que lo presidió por poco tiempo, significa la bahía de Hamburg y no tiene nada que ver con la ciudad alemana de todos conocida, ni por supuesto con las hamburguesas, aunque sí tiene una excelente heladería y panadería-repostería establecida por un italiano ¡en 1911!
Para completar la información, aquí tienen el mapa de la ubicación de este tranquilo lugar en la Costa Oeste de Suecia no lejos de su frontera con Noruega.
Sentado y completamente solo a las siete de la mañana, frente al brazo de mar que separa el pueblo de su isla, contemplaba yo el otro día la salida del sol sobre sus emergentes batolitos, sin sospechar que desde hace más de mil años los habitantes medievales de este lugar ya tenían un castillo, supongo que para defenderse de quienes ambicionaban ocupar este agreste y estratégico lugar.

Si van ustedes por ahí no se olviden de rendir homenaje a la memoria de Pietro Ciprian, el inmigrante italiano que desde Estocolmo vino a este pueblo a extender su negocio de helados, de los que ya había abierto fábrica en la capital.
La mejor forma de hacerlo es sentarse a degustar uno de los helados que se fabrican y sirven en la heladería que él fundó hace ya 120 años y que ahora bajo el cartel de Piperglace–Svensk ekologisk premiumglass siguen sirviéndose en Hamburgsund.

Por nuestra parte, además de sentarnos en la terraza de la heladería a disfrutar de un bollo, un helado y un café, también pudimos refrigerarnos con un par de zambullidas en las aguas de dos de sus lugares de baño, en el puertecillo de Rörvik, situado ante el brazo de mar en tierra firme…
…y en la playa de Sjöviken, en el centro de la isla hacia el mar abierto.
Mientras sientes en tu espalda el calor del granito rosado, pulido durante miles de años por los glaciares de la última glaciación, oyes hablar en alemán más que en sueco y te zambulles en el mar sin aglomeraciones.
Homenaje a la morralla
Si tienen por costumbre comprar los ingredientes para el caldo de pescado en su pescadería, sabrán de lo que hablo, aunque quizás nunca se hayan fijado en las fisionomías de lo que se suele llamar morralla, sobre todo si se arreglan con pastillas de concentrado o tetrabrik del supermercado
Después de elegir los lenguados y de que les hayan cortado los filetes de la cola del rape y pidan la cabeza para el caldo, el dependiente quizás les pregunte : «¿Le pongo algo de morralla?».
La Real Academia Española define «morralla» como 1) conjunto o mezcla de cosas inútiles o despreciables; 2) multitud de gente de escaso valer; 3) pescado menudo; y añade que en México y Honduras también se entiende como «calderilla», es decir monedas de escaso valor, a lo que yo añadiría que también se entiende así en España.
Pero ¿se les ha ocurrido mirar a la cara a estas víctimas de la cacerola antes de que perezcan sacrificadas a nuestra gourmandise? (nota: me he permitido decirlo en francés porque suena más elegante que glotonería). Las hay de varia especie, aunque para ser breve se me ocurren dos tipos: a) pececillos que acaban como morralla, aunque podrían haber seguido creciendo, pero cayeron prematuramente en la red; b) otros que son siempre pequeños por naturaleza de su especie y terminan del mismo modo.
Algún lector puede que se sienta herido en su sensibilidad por lo que estoy diciendo y le pido disculpas por todas las veces que he confeccionado un caldo marinero. Esperando que nadie inicie una causa general contra los aficionados a la sopa de pescado (entre los que me incluyo). Pero es justo reconocer a estos ignorados héroes de la olla, así que me he propuesto rendirles homenaje. ¡Basta ya de sólo reconocer las virtudes del besugo, la merluza de pincho, el rodaballo, el salmón, las sardinas a la plancha… y tantos otros protagonistas de ilustres menús!
Hoy nos ocuparemos de esos parvulillos a los que se conoce como morralla. En mi ignorancia ictiológica me permitiré darles nombres y expresiones ficticios, esperando que algún biólogo marino me aporte la onomástica correcta. Por desgracia, este homenaje es también un obituario, pues los pececillos que van a ver ya fenecieron, una primera vez en la lonja del pescado y la segunda en la cazuela.

He comenzado por uno que debió de tener aspiraciones para llegar a grande, a depredador de congéneres. No pudo crecer para comerse a los chicos, pero a juzgar por sus dientes debió causar estragos entre los demás candidatos a morralla.
A este otro se le quedó cara de decepción cuando fue secuestrado mientras su cardumen ejecutaba una armoniosa coreografía submarina. Ya en la red se dio cuenta de la heterogénea plebe que le rodeaba cuando ya los pescadores estaban por alzarla. Probablemente este aspirante de aristócrata tenía planes para el futuro.
Los dos siguientes me hacen pensar…
¿Se han dado cuenta mirando a los peces del acuario que algunos parecen reconocerse besándose? ¿Acaso no tienen un gesto similar cuando nos envían su ósculo a través del cristal?
En alguna de mis visitas a un acuario he tenido la impresión de que los peces, cuando moviendo sus aletas se cruzan en sus paseos subacuáticos, se reconocen por la boca. Si es así, esta forma de reconocimiento sería más refinada que la de los animales de género canino que se olfatean por el otro extremo cuando se encuentran con un congénere.
Ahí se lo dejo a los estudiosos de la evolución de las especies.

Hay otro que tiene un gesto muy severo. Me recuerda la mirada de la que creo se llamaba Sor Dolores, severa custodia del orden en el parvulario de mi infancia, cuando, no sé por qué infracción, a mis seis o siete años me castigó de cara a la pared.

El semblante de este otro denota un rol más elevado. De hecho se le ha quedado un gesto de asesor en trance de asesorar, como si, escamado ante la agitación extraña de las aguas, hubiera estado aconsejando un cambio de rumbo al jefe de su cardumen cuando la red del barco pesquero le atrapó.
Pero el más conmovedor de esta galería es un pececillo que parece, por rostro y dimensiones, pero sobre todo por su inocente mirada, ser de corta edad y estar descubriendo el mundo submarino como en un film de Cousteau.
Parafraseando al filósofo, también en el mundo submarino las vidas de los humildes seres de la morralla se podrían resumir en voluntad y representación.
Puede que sea un espejismo, pero incluso en el ademán de alguno de ellos se atisba una pequeña promesa de pensamiento…
Moraleja
Cuando vayamos a comprar pescado, del mismo modo que examinamos con respeto al besugo o a la merluza no olvidemos mirar con cariño y gratitud a los pececillos de la morralla.
Notas:
(*) En la plaza del pescado (Fisktorget), frente a la “iglesia del pescado” (Feskekôrka en sueco dialectal) estaba hasta hace unos meses el mercado de pescado más antiguo de la ciudad de Gotemburgo. El edificio ya no albergará más las pescaderías más populares de la Costa Oeste. Decisiones urbanísticas vinculadas a las obras del Västlänken han concluido con su desaparición permanente del interior de este que ha sido «el templo del pescado» desde 1910.
Verano gandul

Hace ya años la televisión hizo popular en España un programa. Se titulaba «Verano azul» y quienes pertenecen a la generación de mis hijos seguramente se acuerdan. ¡Y yo también!, aunque ya no era niño por entonces.
Pues bien, hay días en que este verano mío, aunque tenga días azules, se me antoja gandul. Tanto es así que me voy a contentar, en este domingo de una Suecia a cámara lenta, con traer al blog algunas imágenes indolentes.
Y ya que estuvimos ayer remojándonos por la costa de las inmediaciones de Gotemburgo, me permito algunas reflexiones,
Cuando deambulas por los parajes del oeste de Suecia tienes la sensación de caminar entre los extremos emergentes de colosales batolitos, asentados, hondo, muy hondo, en las entrañas de la tierra. De modo especial, esta impresión se agudiza en las orillas de lo que aquí llaman «playas» (stränder) y que en realidad son roquedales, en esta época agradablemente caldeados por el sol de julio, que invitan a a extender la toalla cerca de unas aguas de las que el sabor de sal está ausente.

Varias glaciaciones se encargaron de limarlos o -diríamos más- pulirlos. Y ahora que los hielos ya no oprimen estas rocas inconmensurables, la Costa Oeste de Escandinavia se alza milímetro a milímetro, imperceptiblemente, mientras el Este báltico se recuesta a poquitos.


Entre esos pechos de dura roca cerca de Gotemburgo, se alternan exiguas parcelas de arena y grava en las que los niños pueden bañarse sin sobresaltos.
Cuando observas las rocas que te rodean, estás sin querer leyendo la historia magmática de esta piedra esculpida por el hielo.
Abstracciones pétreas (*)
Movimientos petrificados hace milenios, si es que no millones de años…
que no sé por qué, en su fluida dureza, me hacen pensar en los frágiles trabajos de Manolo Millares (1976-1972).
Me pregunto también si alguna de esas inquietas expediciones en el espacio extraterrestre nos llevará algún día al sensacional descubrimiento de motas de vida como las que aquí os muestro:
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Por mi calles
Dominado por la pigricia de este mes de julio escandinavo, me despido con un potpurrí de fotos tomadas en las calles de Gotemburgo en estos últimos días.
Empiezo por un homenaje a un cuervo que se ha escapado de una fábula de Jean De La Fontaine (1621-1695), de cuyo nacimiento se han cumplido cuatrocientos años el día 8. Si aquel fabulador hubiera conocido la TV seguramente hubiera contratado a algún Antonio Mercero (1936-2018) para escenificar sus cuentos, probablemente asesorado por un Rodríguez de la Fuente (1928-1980).
Y ya que estamos con las aves, les presento a una gaviota que anda paseándose bajo las ventanas de mi casa y que no chilla como las muchas otras que nos despiertan con sus conciertos. No están en el mar pescando -pareciera que ya no sepan hacerlo- y pueblan los tejados, los canales y hasta los parques y las calles de Gotemburgo. Tomarse un emparedado al aire libre puede suscitar la voracidad de alguna de ellas y que se lance en picado intentando arrebatártelo de las manos (certificado por un yerno a quien le ocurrió).
Pero en fin, no dejo de sentir por ello piedad por esta gaviota enmudecida a causa de su hábito de rebuscar en las basuras.
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Justo en la acera de enfrente, un flaneur de sombrero galán y camisa impecable ha pegado hebra con dos vecinas que están arreglando algo en su moto…
Tus propias calles pueden dar mucho de sí en pleno verano gandul…
Una buena parte de vecindario se ha tomado vacaciones fuera de la ciudad.
Las veredas del parque sueñan con difusos recuerdos del pasado…
NOTAS:
(*) Las fotos de la piedra son de calidad mediocre, debido a la vejez de mi telefonillo.








































































