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Recuerdos de Cezanne y otras memorias en el camino de Roma a Els Poblets

14 julio, 2011

La Sainte Victoire

En camino de Roma a Els Poblets, de la urbe sin límites a mi modesto rincón de la Comunidad Valenciana, he hecho etapa en el camping Sainte Victoire, término de Beaurecueil, cerca de Aix en Provence.

Me atraía la idea de dormir a los pies de la montaña que Cezanne retrató repetidas veces y junto a los parajes boscosos que, a través de sus cuadros, han cambiado nuestra forma de mirar un pino y una piedra.

Los pinos de Provenza son siempre los pinos de Provenza, pero después de que el pintor de Aix los recrease, no se sabe si en un proceso de aparición o de desvanecimiento,  nosotros hemos aprendido a mirarlos de otro modo. Las rocas y los pinos que yo fotografié en Beurecueil estaban ya desapareciendo con la caída de la tarde.

El precio a pagar no es la asequible tarifa por la acampada, sino la cuota de sangre e insomnio que se cobran los mosquitos en este, por otro lado, amable camping, donde reina la calma y se pueden iniciar marchas a pie y en bicicleta a través de estos parajes de la Provenza. Pero esta es ya otra historia.

Muy cerca de Beaurecueil  (que se podría traducir como ‘el lugar donde es hermoso recogerse’) está Tholonet. De ahí parte una estrecha carretera que conduce en poco tiempo a los arrabales de Aix. En tiempos de Cezanne la ruta sería de tierra.

No he tenido tiempo de explorar todo el camino (por ahí estaba le Chateau Noir y la cisterna que el pintor trasformó en casi una meditación sobre la caducidad), pero sí de pararme un poco en el ribazo donde, según reza una estela de piedra, se situaba Cezanne para pintar el paisaje de la Sainte Victoire.

La tierra y los árboles siguen teniendo los mismos colores, sólo el paisaje que se divisa desde el talud ha variado, la vegetación se ha multiplicado y la montaña que le obsesionó a duras penas se divisa.

Narran sus biógrafos que, por pintar bajo la lluvia durante varias horas, en estos parajes atrapó la neumonía que en pocos días le mató el 22 de octubre de 1906, a los sesenta y siete años de edad.

Otros memoriales

Algunos centenares de metros más adelante, en dirección a Aix, una lápida llama mi atención y me devuelve a la triste realidad de la historia, a  la otra cara de la moneda de todos los paisajes, por magníficos que sean: la opresión y la muerte a las que unos hombres condenan a sus semejantes, la violencia de la que casi todos los rincones de la tierra y del mar que habitamos han sido testigos.

Esta ruta, desde la que Cezanne cambió nuestra forma de mirar tanto la naturaleza  como las construcciones que dejamos en ella, no se ha librado de este sino. En una curva cercana de la carretera, junto a la cuneta (término de malas evocaciones de los años treinta y cuarenta del siglo XX español), en agosto de 1944, delante de un muro, junto a una verja, agentes del nazismo ejecutaron a varios miembros de la resistencia que luchaban contra la ocupación de los ejércitos alemanes.

No sé, puede que algún paraje antártico o algunas cimas de las montañas más altas del planeta no hayan sido testigos de odios y violencias entre seres humanos. En cualquier caso es posible que la mirada del artista, como el sudor del trabajador, redima, en parte y de alguna manera, esa  otra faceta de nuestro mundo, la que se esconde allá donde vayamos.

Collioure

Sin alejarme mucho del camino de Roma a Valencia, algo parecido se siente (con mayor fuerza, para los que somos españoles) cuando te acercas a Collioure, lugar que los turistas admiran hoy despreocupadamente, pero que los miles de ojos de quienes huían de la represión de los vencedores de la Guerra Civil descubrieron de otro modo.

Luego te recoges con emoción ante la tumba de Antonio Machado y de su madre, Ana Ruiz , en el viejo cementerio del pueblo.

¡Tanto dolor de los oprimidos y de los exiliados de la historia frente a tanto mar y tanto deslumbrante paisaje!

Luz viajera

6 julio, 2011

Marina Alta

Esta luz que me llega hoy, al alba, ha iluminado antes las costas de Anatolia, las casas blancas del Egeo o los puentes de Roma; antes de que el sol se presienta y luego se alce en el extremo de esta playa nuestra de la Marina Alta alicantina.


La rutina del sol no cesa de templar nuestras crisis y nuestros olvidos, nuestras despreocupaciones y nuestras indignaciones.

Vendrán otras gentes, alegres y confiadas, que no recordarán las angustias de los griegos de hoy o las plazas de la indignación de España, que vagamente sabrán de unas crisis que hubo allá por los inicios de la segunda década del siglo XXI (como ahora se mira la crisis de 1929), que exprimirán los jugos del Sistema, quizás reconvertido, que gastarán y se endeudarán bajo la mirada complaciente de sus autoridades.  ¿Estarán sin saberlo preparando otras catástrofes? ¿Habrán aprendido de nuestros errores?

En todo caso, el sol no juzgará, la luz se repartirá sobre todos por igual. Las costas se seguirán iluminando por estricto orden, del oriente al occidente, para luego apagarse por el orden inverso.

Fin de curso: un cuadro

No sé para entonces por dónde andará mi último cuadro, el que he compuesto en el laboratorio de pintura del profesor Giuseppe Modica en la Accademia de Roma.

Precisamente se inspira en una foto de otro amanecer en La Almadraba.

Estos son mi cuadro ( «Punta de la Almadraba al alba», acrílico y óleo sobre tela, 150×100 cm) y la foto. A todos, mis deseos de que el sol de los días por venir se pose sobre un mundo más cabal.

Miscelánea capilar de los varones antiguos

1 julio, 2011

De mis andanzas por los museos de Roma e Italia quería reunir, hace ya tiempo algunos cortes de pelo. Y se lo tenía prometido a la jefa de la mejor peluquería de caballeros de Denia. Me refiero a la peluquería Candel. También dedico esta selección a Valentín, para que vaya haciendo colección de romanos y pueda un día jugar a «romanos y cartagineses».

Aunque, como veis, he comenzado por el siglo XV, con la suntuosa cabellera de este figurante en un cuadro de madonna con santos en la pinacoteca del Vaticano, obra de Carlo Crivelli. Esto se llama nadar contra corriente, pues lo que predomina por Roma, de hombros para arriba, son bolas de billar. Así que, propongo una ligera variante…

Pero fijaos qué pelos lucía Velázquez cuando pintó su autorretrato en Roma (Museos Capitolinos)

Los romanos

No nos desviemos del propósito principal, la cabellera de los romanos, al menos de los personajes que nos dejaron en piedra. Por ejemplo, parientes del emperador o emperadores. Como Nerón, joven y jovenzuelo y ya con papada. La verdad es que mantuvo una cierta continuidad, no parece que matase peluqueros.

 



Más sobrio era Caracalla aunque siempre aparece malhumorado. De chaval parecía más simpático

  

El corte de pelo efébico por excelencia era el de Antinóo (¿cómo diablos se hacían la permanente?)

 

Si buscamos cabezas con menos pelo y más austeridad romana, la serie de bustos de Palazzo Massimo es una de las más surtidas.

Sin que tampoco falten en los Museos Capitolinos

Pero para tener éxito como Jefe de Ventas, yo me peinaría así

Para ejercer de portavoz de la oposición en el debate del Estado de la Nación entreveraría unos cuántos ofidios en mi cabellera (aunque aquí ya estoy en el terreno de lo unisex)

Y para presentarme como nuevo concejal en algún que otro ayuntamiento mi pelo debería lucir como el de este angelito de San Juán de Letrán

Fin de curso: la saga de la piedra

28 junio, 2011

Il giardino dei cinque sensi

¿Qué mejor destino de la obra de arte que convertirse en juego de niños? Los artistas del mármol que crearon este escudo papal de mármoles y piedras nobles en el atrio de San Juan de Letrán para celebrar a Clemente XII no sabían que estaban trazando una divertida rayuela para estas pequeñas amantes del arte, que de pontífices lo ignoran todo.

Pues ese será, en cierto modo, el destino de los resultados del curso Marmo e pietre dure que he seguido este año en Roma. Meses de proyecto y trabajo de talla en travertino (la piedra de la historia de Roma), bajo la guía experta de la profesora Oriana Impei.  El objetivo es la transformación de una zona del Parco Regionale dei Monti Lucretili en un «jardín de los cinco sentidos», cerca de Licenza, no lejos de Tívoli y muy cerca del sitio arqueológico de la Villa d’Orazio, donde el poeta latino se retiraba con las musas.


Ya he superado con éxito el examen,  entregando el proyecto, el modelo a escala y un ensayo sobre un tipo de piedra (en este caso la de Menorca) y sobre un escultor (Andreu Alfaro), y ya estoy trabajando en el bloque de travertino. Pero  las esculturas las acabaremos en el mismo parque, entre el 19 y el 24 de setiembre. Allí se quedarán, y mi deseo es que, en ese lugar,visitado por los colegios para sus clases de naturaleza y ecología, y en el rincón junto al riachuelo, que he podido elegir personalmente, los niños se lo pasen bien con mi obra A l’ascolto del acqua (escuchando el agua).


Se trata de un emplazamiento fresco y ameno, junto al arroyo y una de sus cascadas (la foto la tomé en febrero).

El visitante podrá escuchar el sonido del agua a través de una gran oreja en piedra travertina de un metro ochenta, de aspecto leñoso como las cortezas de los árboles del parque,  tras la cual, una especie de concavidad acampanada recogerá y -confío en la física pero también en la fantasía- amplificará o modificará el rumor de la cascada.

Para llegar a este resultado permanente, instalado en los frescos parajes del parque,  hay primero que achicharrarse bajo el sol en las nuevas instalaciones de la Academia, en Campo Boario, que era donde se guardaba el ganado vacuno antes del sacrificio en el antiguo matadero de Roma, hoy en fase de reconvertirse en varias cosas, entre ellas los locales del Museo de Arte Contemporáneo MACRO II, la Ciudad de la Nueva Economía y las nuevas instalaciones de la Accademia di Roma. Somos los austeros pioneros en los nuevos locales de la Academia, que estaban acabados hace años pero nadie se animaba a dar el paso. Es la profesora de escultura Oriana Impei la que ha arrancado el placet de las autoridades académicas. Chapeau!

He aquí nuestra sede de trabajo y donde sudamos bajo el sol y adelgazamos usando martillos, cinceles, gradinas, martillo neumático, radiales, perforadoras, demoledoras, etc.

 

 

Os muestro mi modelo de A l’ascolto del acqua en escala reducida de 1 a 5, el bloque cuando bajaba del camión, llegando de las canteras de Tívoli y el mismo bloque en su proceso hacia la obra definitiva, ahora en posición horizontal. En setiembre acabaré de tallarlo en su posición vertical definitiva .

Felizmente, para entonces trabajaremos en los montes del parque regional, en cuyo caso lo que puede ocurrir es que acabemos pasados por agua.

Como hace poco estuve en Orvieto, la mejor metáfora de nuestros trabajos forzados de escultores animosos y sufridos es una escena de la fachada del Duomo, de un admirable escultor anónimo de escuela pisana.Pero, eso sí, cuando la obra esté acabada y se corte la cinta inaugural, nos sentiremos en el séptimo cielo.

 

Fin de curso: y me examiné de Técnicas para la Pintura…

28 junio, 2011


Detalles de mi cuadro para el examen de Tecniche per la Pittura  

El turista que visita Roma no se irá de la ciudad eterna sin que se le hinchen los pies y sin encontrarse con al menos dos docenas de pontífices del Renacimiento y siglos sucesivos esculpidos en mármoles de gran tamaño en todo el esplendor de sus vestiduras y sus mitras, en basílicas, iglesias, museos y palacios. Ese número aumenta a varios centenares si tenemos en cuenta la pintura en frescos y lienzos: Julio II, Clemente XII, Urbano VIII, Inocencio X, Benedicto XIV, León XIII, Pío XI, etc., etc.

Y por poner mitras en la cabeza de alguien que no quede, como en los putti de la basílica de San Juan de Letrán.

 

  

  

Toda esta prosopopeya e imaginería  raya con una metamorfosis surreal de los Evangelios.  Aunque uno, desde una visión laicista del mundo,  no simpatice con el fundamentalismo del joven fraile Lutero cuando, visitando Roma, sintió que aquello era la Babilonia bíblica, digna de una lluvia de fuego como Sodoma y Gomorra, no es difícil estar de acuerdo con un humanista cristiano como Erasmo de Rotterdam, cuando al presenciar la entrada del papa Julio II en Bolonia, al frente de sus huestes en el mejor estilo de un señor de la guerra, se sentía como un extraterrestre que, habiendo leído los Evangelios, llegase de la luna con ánimo de encontrarse con los líderes que administraban el mensaje de aquel Jesús de Nazareth y le dijesen que ese generalísimo a caballo era su representante supremo.

Del empacho de imágenes pontificales al que te somete Roma ha nacido mi último cuadro para la asignatura de Técnicas para la Pintura con el profesor Moreno Bondi ( http://morenobondi.weebly.com/ )

Sólo doy detalles para no arriesgarme a tropezar con una interpretación rigorista de las normas que he aceptado al abrir este blog. Si a alguien le interesa, que me lo comente y le enviaré la foto completa del cuadro.

El cuadro se titula Ad efesios 4, 22… aunque podría llamarse  Broadband, y, como soy un falso modesto, no diré la nota que me ha dado el profesor Bondi.

Para glosarlo os cuento una parábola:

Érase una vez un pontífice romano, de aquellos de los buenos viejos tiempos, que se encontró con Erasmo de Rotterdam en la basílica de Santa Maria Maggiore. El humanista traía en sus manos las pruebas de imprenta de una de sus ediciones del Nuevo Testamento. Aguantando las ganas de llamar a la guardia vaticana para que llevase a Erasmo a la hoguera, el Papa, no se sabe por qué impulso de tolerancia, bajando de su carroza de media gala, se puso a dialogar con el de Rotterdam.

Erasmo abrió las páginas que tenía entre manos y por azar la mirada del Papa cayó sobre la carta Ad efesios (a los habitantes de Éfeso) que se atribuye a San Pablo, en la cual, además de poner a las mujeres en su sitio (ya se sabe que el de Tarso era feminista), en el pasaje 4,22 exhorta a los cristianos a que se desnuden, («desnudaos» dice), vamos, a que se quiten de encima todas las malas costumbres y sus ropajes. Por cierto que del título de esa carta viene la palabra ‘adefesio’, pero en esta parábola no tratamos de eso.

Nuestro pontífice, que iba recubierto de todas sus pompas vestimentarias, adornado con orlas bordadas en oro y plata, colgado de su cuello un pectoral de oro y gemas,  y coronado con una mitra de varios niveles que no se puede describir con palabras, se quedo bastante preocupado. Por allí dentro se le agitaron algunos recuerdillos del Evangelio, cuyas páginas, de tanto leer el Código de Derecho Canónico y de tanto promulgar bulas y proclamar indulgencias (pues le hacían falta los óbolos de la Cristiandad para construir palacios y basílicas,  y financiar su mausoleo), no abría desde hace años.

Así que, después de dar permiso a Erasmo para que se retirase de su presencia, vuelto a su palacio y presa de gran contrición decidió desnudarse de todo aquello para seguir el consejo paolino. Se iba pues quedando como había venido al mundo (hasta el anillo pontificio se quitó), pero al llegar a la mitra, símbolo máximo del poder papal, se sentía tan apegado a ella que no era capaz de quitársela. Ya estaba completamente desnudo, pero penaba a la idea de despojarse de su mitra.

Con esfuerzo sobrehumano lo intentó ¡y lo logró!  Pero ¿sabéis lo que ocurrió?  (…) Pues que se interrumpió la conexión ADSL ¡se desconectó de la broadband del Espíritu Santo¡ ¡Menuda tragedia para la Cristiandad!

Esta es en última instancia la razón por la que los papas siguieron durante siglos con sus mitras: les servían para estar inspirados, eran las antenas de la infalibilidad. Pasados muchos muchos años, los técnicos de la Radio Vaticana,  hace relativamente poco tiempo, consiguieron que bastase con tener una mitra central en el Tesoro de San Pedro.  Esa mítrica antena capta las señales del ultracielo (como llamaba el poeta Jules Supervielle a esas regiones lejanas del Cosmos), que es donde parece habita la Trinidad (no hagáis caso de ese ateo de Stephen Hawking).

Hoy en día, desde esa antena de forma ovoide las señales se retrasmiten nítidas al teléfono móvil de Benedicto XVI. Por eso los papas ya no necesitan la mitra. Además, está demostrado que, si se la pusiesen, el riesgo de cáncer cerebral papal, que ya es elevado,  subiría mucho. A pesar de todo, dicen que Juan Pablo II, cuando quería tener un buen colocón de inspiración se iba a hurtadillas al Tesoro Vaticano y se la ponía.

Si os acercáis a la vitrina de la famosa mitra en el Tesoro de San Pedro veréis cómo vuestro teléfono móvil se vuelve loco de interferencias. A lo mejor, si sois hackers  lo mismo conseguís meteros en la banda del Espíritu Santo. Por probar…


Fin de curso: una visita a Carrara

27 junio, 2011

Antes de cerrar este año académico en Roma he aprovechado el último fin de semana para visitar Carrara. No se puede estar en Italia para mejorarse como pintor y para tratar de progresar en escultura y no peregrinar a Carrara. Unas horas de autopista me bastan a mí y no sé cuántos días le hacían falta a Miguel Ángel para irse a las míticas canteras, donde ya, desde época republicana, los romanos extraían mármol. De allí salió el mármol para la Pietà del Vaticano, obra de un veinteañero Buonarotti.  Ahora salen otras cosas, como este Cadillac de Roland Baladi que se exhibe en pleno centro de la ciudad con motivo de la Marble Week.



En las cimas de los Alpes Apuanos que presiden la ciudad parece que hubiese nieves perpetuas. Es la «nieve» de las canteras de mármol blanco que se encaraman hasta unas alturas inverosímiles, donde enormes máquinas y grandes volquetes evolucionan al borde del abismo. Desde esas alturas se divisa Carrara y el azul de las aguas del mar Tirreno.



Hay un picacho que ha sido respetado desde los tiempos de Miguel Ángel, pues según la tradición prefigura la forma de la Pietà. Durante siglos, los canteros han saludado a la virgen María al acercarse a sus lugares de trabajo y alzar la vista hacia esas grandes rocas de mármol intocable en las que perciben al Cristo muerto y a su madre. Haciendo eso se sienten protegidos en una labor que siempre fue extremadamente peligrosa.
  

Hoy Carrara es el centro del negocio internacional del mármol, junto con otras localidades de sus alrededores, como Pietrasanta, Massa, etc. Industrias como Cave Michelangelo (Barattini) tratan el mármol que desciende de sus alturas en enormes instalaciones, completadas en este caso por un prestigioso e impresionante laboratorio, al que llegan encargos de todo tipo, desde los religiosos, que son mayoría, hasta otros más «originales», como este capricho del escultor belga Jean Fabre que se autorretrata como un cristo en brazos de una madonna, la muerte, remedando con cierto surrealismo a Miguel Ángel. Este es su modelo que los escultores del grupo Barattini (Alessandro me explica con gran amabilidad durante mi visita), mediante procedimientos pantográficos y extraordinaria destreza manual, trasladarán al mármol, que firmará el artista que ha modelado la obra en escayola.

Al fin y al cabo, a partir de la arcilla o la escayola trabajaron su obras otros famosos, como Arístides Maillol,  o el mismo Rodin,  que no se cansaban con el martillo, el cincel y la gradina (como hacía Miguel Ángel), pero fueron grandes modeladores. Pero no vamos a caer en la histórica polémica entre modelado y talla, esto requiere un blog específico y decenas de entradas.



Mientras tanto, la Accademia di Belle Arti de Carrara, emplazada en un edificio del siglo XVIII, lucha contra la decadencia de la calidad creativa, sin demasiados medios, aunque orgullosa de sus glorias pasadas. Apreciamos aquí las escalinatas de este histórico edificio, en el que se han formado muchas generaciones de escultores del mármol.
 

Nosotros seguiremos otro día. La próxima vez, de veras, mostraré los ‘productos’ finales de mi actividad en la Accademia de Roma. Prometido. Diciendo adiós a las cumbres ‘nevadas’ de Carrara y a la torre de  su duomo, subo al cadillac y digo adios a Carrara.



Recicladores de cabezas y otros motivos de meditación

17 junio, 2011
La tienda de Squatriti. Vitrina. Roma. Foto R.Puig

La tienda de Squatriti. Vitrina. Roma. Foto R.Puig

Ayer he sentido una cierta melancolía ante la vitrina de Squatriti en Via Ripetta. Las cabezas de las muñecas se apelotonan contra el cristal reclamando una segunda oportunidad. De porcelana, de madera, de papier maché, de plástico, ahí están tras muchos años de servicio, arrancadas quizás de un cuerpo sabiamente articulado por su infantil propietaria y sustituida por otra más moderna (¿una Barbie?)

La tienda de Squatriti. Interior. Roma. Foto R.Puig

La tienda de Squatriti. Interior. Roma. Foto R.Puig

Alguno de los lectores, sobre todo lectoras, de este blog, recordará la tienda de Mariquita Pérez en la calle de Serrano de Madrid, nido de sueños para las niñas de hace décadas, pues, aunque las mariquitas pérez tuviesen un varoncito como compañero, se consideraba sospechoso que un niño quisiera jugar con muñecas. Nosotros soñábamos más bien delante de los escaparates de Pabú Pabú o de El paraíso de los niños con el regalo de un coche de carreras o un camión de bomberos.

La tienda de Squatriti. La patrona. Roma. Foto R.Puig

La tienda de Squatriti. La patrona. Roma. Foto R.Puig

La impresión siniestra que pudiera producirnos esta especie de acuario polvoriento se disipa cuando entramos en este céntrico reducto de restauri artistici,donde una amable señora está recomponiendo con delicadeza un hermosísimo plato dieciochesco de porcelana de Capodimonte, anterior incluso a la ocupación de Nápoles por Carlos III,  mientras su hijo me saluda acogedor con varios muñecos en sus manos.

La tienda de Squatriti. Manos a la obra. Roma. Foto R.Puig

La tienda de Squatriti. Manos a la obra. Roma. Foto R.Puig

No es un lugar siniestro sino una cueva de las maravillas, un espacio artesano único en el centro de Roma, donde piezas más o menos antiguas pueden ser reparadas para sosiego de sus románticos propietarios.

Como por ejemplo esta figura de yeso pintado que representa a una cocotte,  que podría estar saliendo de algún cuadro impresionista de la Belle Époque.

La tienda de Squatriti. Restos de la Belle Epoque. Roma. Foto R.Puig

La tienda de Squatriti. Restos de la Belle Epoque. Roma. Foto R.Puig

Así que ya lo sabéis: si no conseguís que os recompongan algún objeto evocador, algún recuerdo de familia, daros un paseo por la Via di Ripetta en Roma, que en el número 29 os espera la familia Squatriti.


Los leones bobalicones

Piazza del Popolo. Un leon de Valadier. Foto R.Puig

Piazza del Popolo. Un leon de Valadier. Foto R.Puig

En busca de mi tranvía para volver a casa me detengo un momento en la Piazza del Popolo, donde una impresionante concentración de carabineros y sus lecheras oscuras vigila el desarrollo de una manifestación contra la precariedad, los bancos y la fiscalidad que penaliza a los que menos tienen. La verdad es que los oradores son bastante buenos y merecerían algo más de oyentes. Pero hay más carabineros que manifestantes.

Piazza del Popolo. El leon de Valadier. Foto R.Puig

Piazza del Popolo. El león de Valadier. Foto R.Puig

Los leones de la fuente decimonónica de Valadier, inaugurada en 1816, me han parecido más imbéciles que nunca, vomitando o escupiendo agua por una especie de pito. No es que solo sean hoy indiferentes a estos indignati romanos, al menos durante diez años asistieron sin inmutarse a las ejecuciones públicas que se celebraban en esta plaza, normalmente durante los carnavales, hasta que la costumbre se erradicó en 1826, cuando ya imperaba la guillotina, notable ‘progreso’ aportado por Napoleón si se compara con las ejecuciones por apaleamiento, con las que se emocionaba anteriormente la población de los  Estados Pontificios.

 

Precariedades

Pero la imagen misma de la precariedad son estas estatuas humanas, numerosísimas en Roma, que fingen la impasibilidad, hasta que a últimas horas de la tarde el cansancio y el sudor descubren su rostro fatigado y con cierta desesperación extienden la mano ya sin gracia en un último intento de recaudar el mínimo.

Mimo junto al Panteón. Roma. Foto R.Puig

Mimo junto al Panteón. Roma. Foto R.Puig

Este hombre que hace aquí de blanca estatua, es, tristemente, de los más familiares y de los menos imaginativos. Anteayer se le veía al borde del desvanecimiento en una esquina de la plaza del Panteón, cuando ya hacía oscuro y la gente le pasaba delante indiferente tomándose su helado.

 

En otro orden de precariedades, mirad cómo ha acabado otra estatua impasible, la de San Juan Nepomuceno, el santo checo del siglo XIV, héroe de confusos méritos – ¿mártir o simple víctima de una purga política?- presidiendo la entrada oriental de Ponte Milvio, ya que se le veneraba como protector contra las inundaciones, pues lo mataron arrojándolo al río Moldava desde el puente Carlos en Praga (supongo que el patrón contra los derrumbes debe de ser un mártir a quien hayan lanzado por la ventana).

San Juan Nepomuceno en Ponte Milvio. Foto R.Puig

San Juan Nepomuceno en Ponte Milvio. Foto R.Puig

Con el tiempo, vanidad de vanidades, su estatua se ha convertido en reposo de gaviotas tiberinas.

San Juan Nepomuceno reposos de palomas en Ponte Milvio. Foto R.Puig

San Juan Nepomuceno reposos de palomas en Ponte Milvio. Foto R.Puig

 

Tiempo de verano en Göteborg (Gotemburgo-Suecia)

8 junio, 2011

El verano ha llegado a Suecia y yo estaba allí para celebrar mi cumpleaños y para recibirlo. Se puede disfrutar del «dolce farniente» sobre la hierba de los jardines, navegar entre las islas de la costa oeste o por los canales de Gotemburgo y también hacerse las fotos de la boda al aire libre del verano, en  el parque de Trädgårdsförening

Parques, costa, canales, calles y plazas de Gotemburgo se trasfiguran y las tierras escandinavas se convierten en el reino de la luz por antonomasia.


Además de los éxitos de música pop, como el Sommartider de Per Gessle que se puede escuchar en youtube (http://www.youtube.com/watch?v=KHq_m656kmc ),  la lírica nórdica está llena de canciones y poemas que exaltan el verano.

He elegido «Om sommare den gröna», una composición de Lennart Hellsing, que se canta con música de Joseph Haydn y que da idea del estado de alegre ánimo que invade a las gentes cuando (especialmente tras un largo y duro invierno como ha sido éste) el verano llega y las horas de luz y calor se alargan.

Om sommarem den gröna

på  ängen vill jag gå.

Där blommar tusen sköna,

viol och baldersbrå.

(En verano a los verdes

prados iré.

Hay allí miles de hermosas flores,

violetas y manzanillas sivestres)

Där doftar klöverhonung

Ur gräsets gröna säng.

Jag är en sommarkonung,

mitt rike är vår äng.

(Allí la fragancia de la miel de trébol

brota del lecho verde de la hierba.

Soy un rey del verano,

mi reino es nuestro prado)

De glada fiskar spritta

där bäckens bölja går.

Jag ser en gylling titta

I rosenbuskens snår.

(Saltan alegres los peces

en los remolinos del arroyo.

Veo una oropéndola que busca

en las ramas del rosal)

I dammens silverkäril

en snövit näckrosring.

Min tanke är en fjäril

som fladdrar fritt omkring.

(En el estanque de plata

un níveo collar de nenúfares.

Mi pensamiento es una mariposa

que revolotea en libertad)

“Sånger for små och stora” (canciones para chicos y grandes)

Ed. Verbum, Stockholm, 1990, pág.170

Nuestra gata también se abandona a la caricia solar en las largas tardes del verano.

Los estudiantes que acaban su bachillerato superior festejan solemne y ruidosamente por las calles la fiesta de iniciación a la vida adulta, la algarada feliz del Studenten.

 

En tales días te sientes sosegado como un pato en su estanque en medio de los  bosques de Suecia.

Arriesgar pero no tanto: el Museo de Arte Contemporáneo de Roma (MACRO)

1 junio, 2011

Dibujo de Antony Gormley en el MACRO de Roma

Ernesto Neto, While nothing happens

Hace unos días visité por primera una de las dos sedes del MACRO, el museo de arte contemporáneo municipal de Roma.

Refiriéndome al Museo de las Artes del siglo XXI, el MaXXI (nacional), decía en mi crónica del 8 de diciembre que en su interior se tiene ‘la impresión de estar deambulando dentro de una escultura más que a través de un edificio’.

En cambio, en este MACRO (http://www.macro.roma.museum/), placenteramente integrado en un barrio de clase media, resulta más difícil formular una sensación  general.

Debajo, una obra con objetos encontrados de Sarah Braman, ensu exposición Lay me down

Además  la colección permanente no se puede visitar y, sólo cada cuatro o cinco meses, sacan temporalmente un artista de sus fondos y presentan las nuevas adquisiciones. Fatalidad, mi visita ha coincidido con el desmontaje de varias exposiciones en espera de las muchas que se anuncian a partir del 25 de junio.

Arcangelo Sassolino, Piccolo animismo

A pesar de los boums atronadores que suenan cada quince minutos desde  la estructura de acero de Arcangelo Sassolino, si tuviese que elegir una sensación sería la de confort.

Aquí se dan cita la amable experimentación del ‘vanguardismo’ de ahora, no exento de propuestas repetitivas, con algunas presentaciones retrospectivas de artistas italianos de la posguerra y hasta los años 70.

Dan Perjovschi, Dibujos y dioramas sobre muro blanco, The crisis is (not) over

La crítica y la reflexión que se desprenden de algunos de los artistas actuales expuestos son suavemente jocosas. La imaginación sigue caminando por los senderos de lo conceptual, con dosis de ready made, sin que falte lo que yo llamaría algo así como ‘pop-punk’ o ‘punky-pop’.

En el hall de entrada Bruce Nauman te da la bienvenida con una de sus performances irónicas de los años 60. Se trata de una larga filmación de un ejercicio de auto-maquillaje del propio artista filmado en 16 mm.

Antony Gormley

No hay mucho que de veras te suscite preguntas o fascinación, o te sorprenda por su calidad, con la excepción de los dibujos y esculturas de Antony Gormley, la siguiente es una breve selección.

  

Mario Ballocco

Al final del recorrido, los archivos del museo abren también sus cajones para que podamos recrearnos un poco melancólicamente con los dibujos de Ballocco. El visitante accede a las láminas de este obsesivo dibujante de homines tirando de las bandejas de las cajoneras en las que se presenta su obra y su trayectoria en la biblioteca archivo del museo.

Mario Ballocco, Ammonizione (Regañina), 1946-1950, Tinta y tèmpera sobre cartón

Mario Ballocco, Il dissenziente (El disidente)1946-1950, Tinta y témpera sobre cartón

Galería «ad memoriam» de la nobleza de los homines, 1946-1950, Tinta y témpera sobre cartón

¡Ah! ¡los retretes y lavabos del MACRO son de diseño!

Para lavarse las manos con estilo

Tapa de retrete y botón para dar el agua

Entre Roma y Valencia

21 mayo, 2011

El niño jinete del museo de las Termas de Diocleciano

En las Termas de Diocleciano (una de las sedes del Museo Nacional Romano)

Unos días antes de volar a Valencia visité las Termas de Diocleciano, otro de esos museos de Roma donde se puede detener el tiempo con toda tranquilidad, pues apenas hay visitantes y las sorpresas parecen esperarte sólo a tí.

El orden ecuestre en la antigua Roma lo formaban gentes con alto nivel económico y buenos puestos en la administración. Mantener un caballo era bastante caro. El niño de la foto no solo disfrutó de un caballo sino a su vez del privilegio de ser inmortalizado cabalgándolo. El otro fanciullo representado en lo que pudo ser su monumento funerario debió de ser llorado también  por una familia pudiente. Ahí están ambos como testigos involuntarios de la sociedad romana de hace dos milenios.

Junto a ellos os traigo la imagen de otro rostro (Caracalla de niño) y de una figura infantiles en el mismo museo. Parece que la sudadera con capucha ya formaba parte de la moda de los pequeños.

 

Y de los caballos pasamos a otros cuadrúpedos más exóticos, sobre todo a fines del siglo XVI cuando el naturalismo y los artistas del grabado ya tenía ilustres representantes en Italia y debieron de servir de modelo a los escultores que nos dejaron estos «bustos» en mármol, capricho del cardenal Michelle Bonelli para su palacio, que junto a otros dos de época romana (un camello y un toro) mugen en el centro del claustro renacentista del museo.

Llama la atención cómo la  cabeza del rinoceronte evoca la de un grabado de Johannes Jonstonus (John Johnston) publicado en 1650. En realidad reutilizó el grabado de Ulises Aldrovandi publicado en 1621, quien a su vez copió seguramente el famoso grabado de Durero.  Se trata de un detalle de una imagen de los servicios fotográficos de la Biblioteca Vaticana.

  

Ya hablaremos de grabados naturalistas otro día.

En otro ámbito de la zoología,  la Ciudad de las Artes de Valencia (vista desde el avión que ayer me trajo) me pareció  un gran insecto que se está tomando un descanso en su bañera.

Hemos llegado al Reino de Valencia

Tras visitar las Termas de Diocleciano, cuyas bóvedas aún están en pie después de casi dos milenios, no puedo evitar preguntarme cómo serán los restos de este insecto ultramoderno de Valencia cuando hayan pasado veinte siglos.

Probablemente los arrozales seguirán siendo inundados como lo son en este tiempo del año, captados entre Sullana y Sueca, ayer mismo, desde mi tren «de lejanías».

Salvo, claro está,  que, cambio climático mediante, ambos, la Ciudad de las Artes y los arrozales, se encuentren para entonces inundados, no por mano humana, sino por las aguas del Mediterráneo.

En cualquier caso los atardeceres levantinos, como el de ayer, se mantendrán inalcanzables para las olas.