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Breverías erasmianas (XVI): “Optimum non nasci”

28 septiembre, 2014
Torsten Renqvist. Sombras. 1979. Coleccion de la familia. Foto R.Puig

Torsten Renqvist. Sombras. 1979. Coleccion de la familia. Foto R.Puig

Cuando la tierra era un hervidero de volcanes golpeado por enormes meteoritos, hubo una especie de mamíferos, modestos y tenaces, que sobrevivieron a los grandes señores del planeta, los dinosaurios.  Bajo cielos de ceniza, en una biosfera hostil, siguieron pariendo y amamantando y, pasados millones de años, al azar de la evolución, de aquellos ancestros un ramal imprevisto y frágil devino el germen de la noosfera.

Hoy no se ciernen sobre nosotros aquellos mantos de ceniza que rodeaban el planeta, pero, desde que el género humano plantó sus pies sobre la tierra, angustias y temores, desastres y males colectivos, crueldades inéditas, demografías expansivas y plagas, milenarismos apocalípticos y conflictos que se repiten siglo tras siglo llevaron paradójicamente a poetas y filósofos, a transmitir el que quizás sea el proverbio más pesimista de toda la tradición paremiológica.

Compsognathus longipes.Foto G.Jansen en ABC Ciencia

Compsognathus longipes.Foto G.Jansen en ABC Ciencia

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Más vale no nacer

Adagio II, III, 49

En este caso, el comentario no deja traslucir para nada la opinión personal del comentador. Ni moral ni filosofía. En descargo suyo hay que decir que en una colección de 4.151 adagios, en la mayoría de los casos no tuvo tiempo para moralejas, bastante fue recopilar los loci y contextos en los que habían sido utilizados.  Aun así su pensamiento filosófico, ético, político y social quedó bien patente en una importante serie de ellos y muchas otras obras.

Esta es una más de las glosas de carácter filológico de Erasmo, en las que no desliza su opinión personal y simplemente cita a los autores que utilizaron el proverbio:

Este elegante aforismo, muy utilizado en la literatura, lo transcribe Plinio en el inicio de su libro séptimo [de la Historia Natural] donde enumera los innumerables peligros que rodean nuestro nacimiento junto con todos los desastres de la vida, para llegar a la siguiente conclusión: Han sido por tanto muchos los que han mantenido que lo mejor es no haber nacido, o haberse extinguido lo antes posible

A esta formulación del adagio en Historia Natural (capítulo VII dedicado al hombre) la precede una lista de las debilidades del animal humano,  de las que se hizo eco Erasmo en otros comentarios, en los que no se limita a la dimensión filológica, y en los que  contradice el pesimismo de Plinio el Viejo, del que valgan estas muestras:

… ¡comienza su vida entre suplicios, sin otra culpa que la de haber venido al mundo! ¡Qué locura la de creerse con derecho al orgullo después de tales comienzos! … el hombre es el único que no sabe nada sin aprendizaje, ni hablar, ni caminar, ni nutrirse; en una palabra, lo único que sabe espontáneamente es llorar. Por lo que muchos han pensado que lo mejor es no nacer, o ser eliminado lo antes posible

Plinio remata así ese capítulo:

Que desgraciada locura es la de querer recomenzar la vida tras la muerte! … esas ilusiones y esta credulidad destruyen el principal beneficio de la naturaleza, la muerte, y duplican la pena del que va a morir, haciéndole soñar una vida futura

Pero dejemos a Plinio y sigamos con el comentario de Erasmo, que ahora cita un fragmento de una obra desaparecida de Cicerón (De consolatione):

Lo mejor de todo es no nacer, ni venir a precipitarse contra los escollos de la vida; la otra opción, ya que has nacido, es morir a la primera ocasión y escapar de la violencia de la fortuna como quien escapa de un incendio

Y que los poetas tampoco fueron mancos en cantar la negrura de nuestro destino lo demuestra la siguiente cita del poeta satírico Alexis:

Lo mejor es no haber aparecido nunca bajo estos cielos.

Lo inmediato, si ya has nacido, es quitarte de en medio

Le siguen Teognis (“mejor no haber visto los tristes rayos del sol”), Eurípides y  Menandro.  

Luego, Erasmo dedica un amplio espacio a un epigrama atribuido a Crates, el filósofo cínico, citándolo en el griego original para, a continuación y según su costumbre, demostrar su dominio de la lengua helénica con su elegante versión latina, que yo traslado al castellano con relativa libertad:

¿Por qué deseas emprender el camino de la vida?

Doquiera te dirijas, está repleta de males.

La plaza pública retumba con litigios y sectarismos.

En casa la ansiedad te atormenta.

El campo triste te agota con su labor incesante.

Si surcas los mares y sus olas, mil peligros te acosan.

Si vives y tienes posesiones en el extranjero,

Te abrumará el temor y estarás inseguro.

Y si tu bolsa cuelga vacía de dineros

¡Qué triste es la indigencia!

¿Tienes mujer? ¡Cuántas preocupaciones!

Si no la tienes, vivirás solitario.

Si traes hijos al mundo ¡que trabajo criarlos!

Si no procreas, privado de hijos tu vida será oscura.

Si fueses joven, insensata es la juventud.

En la vejez canosa se agotarán tus fuerzas.

Así que, si eres cuerdo, qué te queda pregunto:

O que nunca hubieras salido de las tristes entrañas

Del útero materno o que, al poco de salir,

En la lóbrega Estigia te hubieses sumergido

….

Quod nam iter humanae cupias insistere vitae?

Quoquo te vertas, omnia plena malis.

Litigiis causisque forum strepit usque molestis,

Perpetua cruciat sollicitudo domi.

Enecat assiduis rus triste laboribus ; undas

Et freta si sulces, mille pericla premunt.

Viventi peregre si res tibi suppetit ampla,

Cuncta miser metues nec bene tutus ages ;

Rursum si vacuae pendebunt aere crumenae,

Ut durum ac miserum est hospitem egere virum !

Conjugium sequeris, quanta hic te cura sequetur !

Desolatus eris, si sine conjuge eris.

Si tollis sobolem, multo educenda labore est ;

Non tolles orbi lumine vita vacat.

Si juvenis fueris, vaga et inconsulta juventa est ;

Viribus effoeta est cana senecta suis.

Ergo quid reliquum est, quaeso, nisi, sanus ut optes

Alterutrum : aut numquam tristibus e sinibus

Materni prodisse uteri, aut ubi protinus illinc

Exieris, Stygias abdier in latebras ?

Por si fuera poco, continúan los testimonios, no sólo entre los griegos, cuya forma de pensar refleja el poeta Ausonio en parecidos términos, sino también entre los tracios y otros vecinos suyos, de los cuales  (basándose en Herodoto) escribieron Quintiliano, Plinio y Valerio Máximo :

cuando nace un niño, los parientes, sentados a su alrededor se lamentan, evocando las miserias que va a tener que padecer desde el momento de su llegada a la vida, y, por otro lado, cuando alguien muere, juegan y se regocijan durante el funeral, al pensar que ya no estará al alcance de innumerables males

Plutarco también se refiere a un poeta trágico no identificado, que otras fuentes dicen ser Eurípides.  La versión latina de Erasmo y mi modesta traducción suenan así:

Llorar se debe al que nace, pues afronta grandes males.

Pero al muerto, sustraído a los castigos de la vida,

De su casa se le lleva a enterrar con alegría y regocijo.

Plorare natum ut maxima ingressum mala,

At mortuum vitaeque subductum malis

Efferre laetos gratulantesque aedibus.

El comentario acumula al final  los pareceres coincidentes de Menandro, de nuevo Homero (“Pienso que nada es más patético que el hombre / de todo cuanto respira y se mueve sobre la tierra”) y de Plauto (“¡Cuánto mejor haber vivido que vivir!”).

Pero en este final de su glosa, Erasmo recurre también a Virgilio, aunque escamotea el contexto, pues cita un solo verso y el comienzo del siguiente. Para mejor entender al poeta, prefiero citar y traducir completos los tres (Geórgicas, III, 66-69) que a mi modo de ver interesan:

Optima quaeque dies miseris mortalibus aevi

Prima fugit: subeunt morbi tristisque senectus,

Et labor, et durae rapit inclementia mortis.

Para los míseros mortales son los mejores días de la vida

Los que primero huyen: surgen los dolores y la triste vejez,

Y la fatiga, y la inclemencia de una muerte cruel nos arrastra.

Y, volviendo al contexto de esa parte del poema, no sé si se trata de un lapsus o de un guiño erasmiano, ya que lo que Virgilio parece expresar en ese capítulo es en realidad el deseo de que la vida sea larga. Al menos si damos fe a los versos siguientes que tratan de cómo cuidar al semental y conseguir una sana y abundante reproducción de los rebaños.

(Fuente del texto latino del adagio: Les Adages d’Érasme présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 1038-1043. La traducción del latín es mía)

Echa de nuevo a andar. Artipelag. Estocolmo. Foto R.Puig

Echa de nuevo a andar. Artipelag. Estocolmo. Foto R.Puig

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¿Y ahora qué?

Hay un pequeño pub-restaurante en la Carretera de Las Marinas, no lejos del cual suelo divagar cuando estoy en España, que regentó durante varios años (hasta que la famosa crisis les hizo dejarlo) una pareja amiga. Él (el chef) es de Londres, ella de Eslovenia y la hija está acabando su carrera de filología alemana.

A finales del 2011 la cocinera ayudante, una señora rumana que habla el castellano mejor que muchos castizos, observando a la patrona atareada en su jardín, le dijo:

¿Para qué plantas flores si el año que viene se acaba el mundo?

Hace dos días he leído que Henry Kissinger, en un nuevo libro, anuncia que “el caos amenaza el orden mundial”. No sabía yo que aquel que sembró la desgracia en millones de vidas, urdiendo intervenciones ilegales y antidemocráticas fuera de su patria, todavía colea. Dudo que en su libro llegue a recomendar que optimum non nasci (al menos no para sus amigos, de hecho él tiene nietos), pero el que estos aprendices de brujo sigan anunciando catástrofes y sientan que sus profecías son originales me trae a la memoria otros libros.

Hubo en el siglo XVI un teólogo reformador, Urbanus Reghius (1489-1541), año más año menos coetáneo de Erasmo y de Juan Luis Vives, que escribió una obra que se titulaba “Querela de miseriis et calamitatibus mundi, et praesentis vitae ac temporis” (Lamento de las miserias y calamidades del mundo y de la vida y la época actuales).

De Urbanus no he podido averiguar si dejó descendencia. Pero de Vives podemos decir que no y que dejó algunas reflexiones sobre sus temores en materia de procreación que no desentonan para nada de los autores clásicos citados más arriba:

Nacemos de hombres pecadores entre dolores muy agudos y con inmediato peligro nuestro y de nuestras madres, nuestra lactancia es una molestia continua y nuestra crianza un trabajo ininterrumpido (De concordia et discordia in humano genere, 1529)

Cuán grande es el beneficio de Dios porque no pariste o porque perdiste a los hijos antes de que te causasen tristeza (De institutione feminae christianae, 1523)

No obstante Vives tuvo siempre en gran estima las familias con hijos de sus amigos  y  desea éxito a sus mujeres en los embarazos, como manifiesta en su  correspondencia, y  sería largo destacar aquí los factores que pudieron influir en el hecho de que no procrease. Por las fechas de las dos obras citadas su familia estaba pasando momentos muy trágicos.

Ref: Ramón Puig de la Bellacasa,  La discapacidad y la rehabilitación en Juan Luis Vives, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalía, Madrid Septiembre 1993, pp. 57-58.  La discapacidad y la rehabilitación en J.L.Vives. Versión corregida, 2006 Pdf

Que un adagio tan radical haya sido difundido por autores clásicos que formaban parte de la élite de sus sociedades y, a pesar de los conflictos institucionales que a algunos les complicaron la existencia, en general no carecieron de un buen nivel de vida no deja de ser un síntoma más de que el pesimismo literario de los intelectuales es normalmente el privilegio de pocos.  Seguramente muchos de estos autores, a pesar del adagio, tuvieron descendencia y se alegraron de que sus hijos e hijas les dieran nietos.

De lo que no queda registro es de lo que pasa por la cabeza de millones de seres humanos, en la indigencia, víctimas de violencias sectarias, inmersos en pavorosos desastres y sin capacidad ni instrucción para expresarse en proverbios, padres, madres y abuelos de niños aterrorizados y desnutridos.

Un número inmenso de ellos malvive en campos de refugiados en Medio Oriente y África.

El zoco de Alepo. Anthony Loyd. The Times

El zoco de Alepo. Foto de Anthony Loyd. The Times

Como en la época de Urbanus Reghius, en el mundo se mezclan lo mejor y lo peor, lo atroz y lo admirable y no faltaron ni faltarán quienes se sientan inclinados a recomendar que lo mejor es no nacer.  Yo por mi parte pienso que entre nuestros hijos y nuestros nietos están y estarán, en latitudes y lugares de todo el planeta, los que podrán mejorar, en mayor y menor grado, las vidas de los seres humanos.

Aunque no nos falte razón para lamentarnos por lo que cada día vemos y se nos muestra, son las personas, con su responsabilidad individual intransferible, las que han de decidir qué es lo mejor en esta controvertida materia; y si la prole aumenta, si hay quien opta por traer más niños a este mundo que nos ha tocado en suerte, espero vivir muchos años para verles crecer.

Y, como explica mejor que yo el poeta, que la luz para ello no nos falte:

Con fresca luz se lava el mundo

Esa es su agua

Chorrea libre y generosa

Sobre sus claros hombros

Arrastra manchas hebras y fatigas

Disuelve ácidas costras y tristezas

Echa de nuevo a andar

La hora de su cuerpo rescatado.

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Joven como agua es esta luz

Después del baño es siempre inaugural

La ropa en que volvemos a envolvernos

Para pisar de nuevo el viejo suelo

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Y volverá mil veces el momento

De lavarnos el rostro

En la fría corriente matutina

Mil veces nos dará de nuevo

Y cada vez recién reinventado

Su regadío el día.

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Tomás Segovia, “Limpieza” en Día tras día, Valencia, Colección la Cruz del Sur, Editorial PRE-TEXTOS, 2005

La abuela y el nieto. Foto R.Puig

La abuela y el nieto. Foto R.Puig

Pilane: escultura y divertimento campestre

21 septiembre, 2014
Visitantes. Pilane 2014.  Foto R.Puig

Visitantes. Pilane 2014. Foto R.Puig

He paseado por las praderas y sobre las rocas de Pilane en busca de las esculturas que cada año son sabiamente instaladas en estos campos de la costa occidental de Suecia. Y, no crean que deliraba,  la visita la hice en compañía de Immanuel Kant. Tan es así que, durante todo el recorrido desde Gotemburgo, disertó sin descanso sobre  la oposición entre la obra de arte (que tiene por objetivo la belleza perseguida y razonada libremente) y el efecto de lo bello en la naturaleza; entre el pensamiento que dirige la creación artística y unas armonías que son independientes del hacer humano.

Dijo muchas más cosas, pero eso es lo que ahora recuerdo.

No obstante, tras aparcar la furgoneta, descendió dócilmente de las cimas de su metafísica del juicio estético y, dejando de lado su universo rococó, se calzó unas botas de guardabosque para, acto seguido, acompañarme en mi paseo entre los caprichos escultóricos de Pilane.

La hermosura del día radiante de fin de verano en la isla de Tjörn que nos tocó en suerte sacó a Immanuel de sus cavilaciones, al menos por unas horas De repente estaba totalmente relajado y de buen ánimo.  No sé si fueron las latas de cerveza y el bocata de salami, previos a la visita,  pero parecía dispuesto a divertirse como un niño entre juguetes nuevos.

Pilane 2014

Claro que, nada más empezar,  tuve que explicarle al filósofo de Königsberg lo que son unas señales de tráfico y un paso de cebra.

Liberados. Jan Järlehed. Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Liberados. Jan Järlehed. Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Lo del sonajero gigante de Brío fue un poco más difícil, por la similitud que tiene con las jaulas, claro que con menos colores, que usaban algunos absolutistas prusianos para poner en la picota a los delincuentes y disidentes.

Recuerdo. Jan Järlehed. Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Recuerdo. Jan Järlehed. Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Menos mal que cerca había unas ovejas de lo más común. Aunque sospecho que Kant era más dado a analizar el concepto de cordero que a tocar su lana y dudo que en su infancia le llevasen a la granja escuela.

Ovejas junto a las sillas elefante de Ylva Kullenberg.Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Ovejas junto a las sillas elefante de Ylva Kullenberg.Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Pero, en fin, demos por supuesto que tuvo que ver ovejas por las calles de su ciudad natal, dado que yo mismo vi circular los rebaños por el paseo de la Castellana de Madrid dos siglos más tarde.

¿Y elefantes? Esos seguro que los debió de ver en los tratados de zoología que no debieron de faltar en su biblioteca de la universidad.

Sillas elefante. Ylva Kullenberg.Suecia. Pilane 2014.  Foto R.Puig

Sillas elefante. Ylva Kullenberg.Suecia. Pilane 2014. Foto R.Puig

Nos sentamos en estas butacas-elefante para tomarnos un respiro.  No quiero bajar la guardia no sea que se me ponga malo. Así que le observo por el rabillo del ojo. Me parece que está pensando en quitarse la peluca.

Finalmente, lo ha hecho. ¡Se ha guardado la blanca peluca dieciochesca en el bolsillo de su levita! Puede que la visión del mono sudoroso y pensativo  (rodin simiesco) le haya quitado la vergüenza, observo que es bastante calvo.

Monkey. Laura Ford. GranBretaña.Bronce. Pilane 2014. Foto R.Puig

Monkey. Laura Ford. GranBretaña.Bronce. Pilane 2014. Foto R.Puig

Ahora nos estamos acercando a una escultura titulada Los días del juicio. ¡Kant ríe a la vista de estos reflexivos híbridos que dan vueltas y vueltas por la pradera! ¡Caigo en la cuenta! ¡Es evidente que estamos ante una obra de profundo sentido kantiano!

¡No! He de decir a los responsables de la exposición que la obra, digan lo que digan, no se refiere al juicio final. A lo que se refiere es a ese círculo interminable al que nuestra facultad de juzgar nos obliga sin descanso, como borricos de una noria.

Días de juicio. Laura Ford. GranBretaña. Bronce.  Pilane 2014. Foto R.Puig

Días de juicio. Laura Ford. GranBretaña. Bronce. Pilane 2014. Foto R.Puig

Pero -no salgo de sorpresas- lo que en realidad parece hacerle gracia a Immanuel no es el carácter metafísico de nuestro destino… Mientras mastica unos cacahuetes que le ofrecí cuando estábamos con la escultura del mono, me dice:

Son como los académicos de Königsberg cuando nos atormenta una pregunta filosófica

Tras esta delicada confidencia nos sentimos como viejos compinches ¡aquí al sol, a la luz y al aire de los campos de Pilane!

Autorretrato de una turbulencia interior.  Jacob Dahlgren. Suecia. Acero. Pilane 2014. Foto R.Puig

Autorretrato de una turbulencia interior. Jacob Dahlgren. Suecia. Acero. Pilane 2014. Foto R.Puig

Así que, antes de brincar hacia la roca donde se alza un gran chupa-chups amarillo, me pide que le sujete un momento la mochila para quitarse la levita.

¡Kant se me ha quedado en tirantes!  ¡Sí señor, este es mi filósofo!

¿Al fin y al cabo que tendría de malo que cuando escribía su Crítica de la facultad de juzgar lo hubiese hecho en calzoncillos (largos)?

En la subida nos detenemos bajo la sombra de un tiburón cuyas facetas cambian de color y de reflejos.  Mientras damos vueltas a su alrededor tengo que explicarle a mi amigo de toda la vida lo que es el acero inoxidable. Insisto en que, aunque parezca hecho de espejos, el tiburón no es en absoluto de vidrio.

Tiburón.  Xavier Veilhan. Francia. Acero inoxidable. Pilane 2014.  Foto R.Puig

Tiburón. Xavier Veilhan. Francia. Acero inoxidable. Pilane 2014. Foto R.Puig

No está demasiado convencido, así que da unos saltitos para intentar tocarlo, pero no lo consigue. Me parece que no está en forma. ¡Demasiado trabajo sedentario!

¡Por fin hemos llegado a la esfera amarilla! Esta también es de acero pero esmaltado!

Autorretrato de una turbulencia interior.  Jacob Dahlgren.  Suecia.  Acero. Pilane 2014. Foto R.Puig

Autorretrato de una turbulencia interior. Jacob Dahlgren. Suecia. Acero. Pilane 2014. Foto R.Puig

Exclama:

¡Me gusta! ¡Me gusta!

Pero de repente, cae en la cuenta de lo que acaba de decir y murmura:

Claro que eso del gusto es un afrancesamiento… Los filósofos alemanes, yo en particular, sostenemos que para comprender el arte hay que dejarse de frivolidades y profundizar, profundizar, sí, profundizar…

¡La clave está en el juicio, en la subjetividad del juicio estético que, no obstante, es de validez universal…

Yo le miro preocupado pues parece que ha vuelto a las andadas, aunque, bien mirado, me da la impresión de que ha pillado una insolación. Así que recupero la peluca y se la encasqueto de nuevo sobre la calva, mientras le tiendo una botella de agua mineral.

¡Uff! He logrado parar la crisis,  justo cuando acabamos de llegar a las planchas de colorines de la escultura más elevada.

Rectangulos horizontales y la conciencia de la perfeccion.  Jacob Dahlgren.  Suecia. Aluminio lacado. Pilane 2014. Foto R.Puig

Rectangulos horizontales y la conciencia de la perfeccion. Jacob Dahlgren. Suecia. Aluminio lacado. Pilane 2014. Foto R.Puig

El aire del mar que corre por aquí arriba le está haciendo bien. ¡Menuda responsabilidad la que me ha caído! ¡El futuro de la Filosofía moderna depende de mí!

¡Sobre todo que no vaya a dar un traspiés!

Por la pasarela. Pilane 2014.  Foto R.Puig

Por la pasarela. Pilane 2014. Foto R.Puig

En el descenso se empeña en acomodarse un rato en la butaca de bronce que amuebla el estanque entre las rocas.

Rincon de lectura. Claes Hake. Suecia. Bronce y plástico. Pilane 2014.  Foto R.Puig

Rincon de lectura. Claes Hake. Suecia. Bronce y plástico. Pilane 2014. Foto R.Puig

Me siento a su lado y nos tomamos un bocadillo de queso de oveja con tomate para alejar los pensamientos abstrusos.

Abajo percibimos una estructura abstracta de cables blancos, algo así como un cruce de pentagramas de rayas y rayos que invita a declamar el do re mi.  ¡Me parece que está silbando por lo bajini una marcha prusiana!

Rayas. Xavier Veilhan. Francia. Acero inoxidable.  Pilane 2014.  Foto R.Puig

Rayas. Xavier Veilhan. Francia. Acero inoxidable. Pilane 2014. Foto R.Puig

Es buena señal. Definitivamente me parece que el autor de la Crítica de la razón pura se ha identificado ya con este lugar, donde la libertad creativa del juego escultórico contemporáneo se combina con la belleza irracional de una naturaleza sin aprioris.

¡Se está divirtiendo!

Cuando llegamos al amasijo verde intestino de uno de los escultores habituales de Pilane, Kant se para pensativo y me dice:

¿Podrías sacarle una foto? Quiero llevársela a Federico Guillermo. Creo que le va a gustar.

Para una vez que salgo de viaje, si vuelvo sin algún recuerdo se puede poner chinche. Ya sabes que cuando le da por censurar a los ilustrados…

¡A ver si así me deja escribir lo que me dé la gana!

Yo, naturalmente, tiro de cámara y le respondo:

¡Eso está hecho!

Así que ésta es la foto que se llevó Immanuel a Königsberg para dársela a su káiser, la de la escultura más rococó de todo el parque

Versus. Tony Cragg. GranBretaña. Bronce.  Pilane 2014. Foto R.Puig

Versus. Tony Cragg. GranBretaña. Bronce. Pilane 2014. Foto R.Puig

¿No me creen? ¿Tengo que jurarlo por los muertos de Pilane?

Nada más fácil porque sin darnos cuenta estamos frente a los monolitos dispuestos en círculos  que señalan el emplazamiento de numerosas  tumbas colectivas que datan de la Edad del Hierro.

Enterramientos circulares. Pilane.  Foto R.Puig

Enterramientos circulares. Pilane. Foto R.Puig

Pero no quiero detenerme, si nos paramos aquí se va a poner de nuevo en tesitura metafísica. Así que le tiro de la levita y lo alejo de las tumbas.

Bedtime Boy.  Laura Ford. GranBretaña.Bronce. Pilane 2014. Foto R.Puig

Bedtime Boy. Laura Ford. GranBretaña.Bronce. Pilane 2014. Foto R.Puig

Acelero también el  paso frente a la escultura del alienígena en bata y pijama no sea que se me ponga de nuevo meditativo

Pero lo que le despierta de verdad es una conversación que sorprendemos entre una  bella y una oveja.  ¡Sí! ¡Una rubia visitante está tratando de convencer a una lanuda ovina de que se haga un selfie con ella!

¿Y qué me dice Kant mientras observa la escena? Transcribo nuestra conversación:

Immanuel: Es bello todo lo que sin concepto reconocemos como objeto de una satisfacción necesaria

Yo: ¿Qué me quieres decir maestro?

Immanuel: Ya veo que no tienes una mente metafísica.  Te lo simplifico para que me entiendas.  Lo que quiero decirte es que en el arte el entendimiento está al servicio de la imaginación

Para mis adentros pienso que en este caso no es el arte lo que le interesa. Todos estos circunloquios son para confesarme que quiere una instantánea de la bella turista en conversación con la oveja

Aquí he de pedir permiso a la chica para tomar la foto que me pide Kant.

La joven me mira extrañada cuando le presento al filósofo (¡resulta que es estudiante de Filosofía!). Aprensiva, le da la mano a Immanuel y accede a que le tome la foto para nos vayamos pronto,  no sea que resultemos ser unos locos peligrosos (sobre todo el de la peluca y los tirantes rococó)

Conversacion. Pilane 2014.  Foto R.Puig

Conversacion. Pilane 2014. Foto R.Puig

Camino de Suecia (y V): la casa museo de Emil Nolde en Seebüll

14 septiembre, 2014
Emil Nolde. Juncos. Acuarela.  China 1913

Emil Nolde. Juncos. Acuarela. China 1913.

Dejo Beauraing a las once de la mañana y pian piano llego al camping de Lübeck  poco antes de las nueve de la noche, hora de cierre de la recepción.  La mayor parte de la ruta transcurre por las autopistas alemanas, en particular por la A2. A día siguiente dejo Lübeck temprano.  Ya he visitado Lübeck en el viaje de bajada, así que ni siquiera atravieso el centro de la ciudad. El objetivo es llegar al ferry de las ocho de la tarde, que me habrá de llevar de Fredrikshavn a Gotemburgo.

La Fundación Ada y Emil Nolde

Guiado por un cálculo optimista decido desviarme hacia Seebüll, muy cerca de las orillas del Mar del Norte en Alemania, ya dentro de la península de Jutlandia y a un paso de la frontera danesa.  Cumplo así el viejo propósito de ir  a ver las obras de Emil Nolde (1867-1956) que se guardan en la casa en la que vivió de forma permanente desde 1940 hasta su muerte en 1956. La propiedad del anciano artista pasó a la fundación que lleva su nombre y el de su primera mujer,  Ada Vilstrup, que compartió casi toda su vida. Ella falleció diez años antes que él, en 1946, el mismo año en que el pintor definió en su testamento las líneas maestras del proyecto, en el que tuvo una parte importante Jolanthe Erdmann, la joven con la que se casó en 1948.

La casa museo de Emil Nolde. Foto R.Puig

La casa museo de Emil Nolde. Foto R.Puig

Ciertamente no seré yo quien descubra a los lectores de mi blog el cúmulo de información disponible en internet sobre la vida y la obra de Nolde.  Se ha discutido mucho sobre su abundante producción artística. Lo mío son las impresiones que su casa museo han suscitado en un viejo aficionado al expresionismo alemán.  Mi breve visita me ha recordado también una exposición en Madrid en la Fundación Juan March en el otoño de 1997, “Emil Nolde. Naturaleza y Religión”, que me sirvió de introducción a un artista autodidacta y prolífico que se resistió siempre a las clasificaciones.

Esa doble dominante de su obra, la bíblica y la paisajística, es bien patente en la exposición, así como sus retratos, en especial las acuarelas de rostros de mujer, y una selección de los cerca de 1300 bocetos de su etapa de reclusión en Seebüll, en esta misma casa, cuando clandestinamente desobedecía a la prohibición de pintar que le había impuesto el régimen nazi.

Es bien sabido que en la muestra “Arte degenerado”, promovida por Hitler y sus corifeos, el artista más vilipendiado y representado (con 48 cuadros de los 1.052 confiscados en museos y galerías) fue Emil Nolde.

La casa museo de Emil Nolde desde el jardín. Foto R.Puig

La casa museo de Emil Nolde desde el jardín. Foto R.Puig

Para encontrar este rincón, al que difícilmente habría llegado sin el GPS, hay que adentrarse en una comarca de viejas marismas transformadas en campos de cultivo, circulando por carreteras vecinales

El pintor era hijo de campesinos de la región y cumplió el deseo de volver a vivir y pintar en  sus tierras de origen. Su formación profesional fue la de un ebanista, que, después de pasar por la talla de muebles y el dibujo ornamental, dio el salto a la pintura y el grabado. En la época en que se produce ese cambio y se casa con Ada Vilstrup (estudiante danesa de arte dramático) cambia su apellido de Hansen por el de Nolde, el nombre de su pueblo natal.

Casa museo de Emil Nolde. El jardín. Foto R.Puig

Casa museo de Emil Nolde. El jardín. Foto R.Puig

Es conocida su colaboración fugaz con los pintores de “Die Brücke” (El puente), su fuerte impregnación del romanticismo decimonónico de su país, su vinculación afectiva con las raíces medievales del arte alemán, común a varios pintores y escultores de su tiempo, su misticismo y religiosidad vagamente panteístas, así como su interés por la imaginería de Asia y Oceanía, que cuadraba bien con su forma libre y su manera autodidacta.

Aunque siempre fue reacio a las teorías estéticas ajenas, Emil Nolde teorizó sobre su propia obra, espoleado en parte por las críticas que suscitaba la “tosquedad de su técnica”.  Todavía hoy es difícil enfrentarse a sus cuadros, sobre todo a los “cuadros religiosos”, con un espíritu crítico neutral, debido a la polémica que siempre les ha rodeado.  Pero también es complicado ser imparcial y crítico con la obra de Nolde a causa del aura de resistente y de campeón de la libertad artística que la persecución nazi paradójicamente le brindó.

Sensaciones en la Fundación Nolde

Dejo para el final mi pequeño ramillete de obras de Nolde de entre aquellas que prefiero. Antes quiero recoger aquí mi impresión sobre la distribución expositiva de la fundación de Seebüll y sobre las decisiones que guían la presentación de la obra del artista.

Al parecer, la agrupación de 33 óleos de dimensiones considerables (en sus uniformes marcos originales) en dos apretadas filas superpuestas en un solo salón (el espacio más grande la casa taller), respeta el hecho de que era así como los guardaba bajo llave y los quería contemplar y enseñar el pintor en sus años de reclusión y de retiro. Por lo que esa apelotonada disposición expositiva (que malamente ayuda a admirar las obras) respondería a sus últimas voluntades.

Si es así, hay que resignarse a ello, pero siento que no casa bien con la generosidad espacial y arquitectónica del edificio denominado Forum (pasaje obligado para emprender el recorrido hacia el jardín y la casa museo) que alberga la recepción y venta de billetes y de las publicaciones y objetos  de una la extensa boutique, la sala de proyecciones, la galería informativa y el restaurante. Un tercer edificio está dedicado a las oficinas de la Fundación.

El hostal de Seebüll Hof o granja de Hülltoft. Foto R.Puig

El hostal de Seebüll Hof o granja de Hülltoft. Foto R.Puig

No lejos del aparcamiento, está la granja de Hülltoft, en la que vivió el pintor durante la construcción de su casa y que, a juzgar por las acuarelas en las que aparece, ha conservado su aspecto de entonces.

Emil Nolde. La granja de Hültoof en invierno.  Acuarela.

Emil Nolde. La granja de Hültoof en invierno. Acuarela.

Hoy es una casa de huéspedes para los visitantes.

Emil Nolde.Verano tardío. Granja de Seebüll.  Acuarela.

Emil Nolde.Verano tardío. Granja de Seebüll. Acuarela.

Seebüll un destino de peregrinaje y de veneración de la figura y la obra de Emil Nolde. Como tal paga tributo a los espacios comerciales. No obstante, las obras de mayor formato se podrían presentar más generosamente, dándoles el aire que están reclamando. Ello ayudaría al visitante a contemplarlas,  estudiarlas, y disfrutarlas mejor. Se entiende que el anciano Nolde quisiera tenerlas así y, en el espacio reducido de su casa, no tuviese otra alternativa, pero hoy en día la denominada “Billedsalen” se asemeja a un salón de subastas o a un gabinete de coleccionista barroco.

Contrasta con ello el “atelieret” del artista donde se exhiben sus escenas evangélicas, cuya sinceridad religiosa es patente pero cuya calidad (materiales, color, factura) es discutible o, al menos inferior a los mejores cuadros de su obra profana.  En ese semisótano, donde Nolde pintaba,  esa serie dedicada a la vida de Cristo se presenta, como si de una capilla se tratase, estructurada en retablo.  El artista concibió esas escenas con la idea de que fuesen acogidas en una iglesia, pero fueron rechazadas repetidamente.

Eché en falta uno de los mejores óleos religiosos de Nolde, el “Jesús y los escribas” (1951), obra de su vejez, quizás prestada a la exposición que este verano le ha dedicado el Museo Luisiana de Dinamarca.

Jesús entre los doctores. Emil Nolde. Óleo. 1951

Jesús entre los doctores. Emil Nolde. Óleo. 1951

En todo caso, el jardín sigue también como el pintor lo diseñó y en los alrededores siguen pastando las vacas.

Una vaca cerca de la Fundación Nolde. Foto R.Puig

Una vaca cerca de la Fundación Nolde. Foto R.Puig

Pequeña selección personal

El agitado mar del Norte es uno de los temas preferidos y mejor logrados de Emil Nolde

Mar tormentoso. Emil Nolde.

Mar tormentoso. Emil Nolde.

Así como los cielos abrasados del atardecer

Atardecer. Emil Nolde. Óleo.Detalle.

Atardecer. Emil Nolde. Óleo.Detalle.

Las acuarelas de su largo viaje al Oriente en 1913/14

Emil Nolde. Junco. Acuarela. China 1913

Emil Nolde. Junco. Acuarela. China 1913

los juncos de los osados marineros y pescadores asiáticos

Emil Nolde. Palmen am Ufer. Acuarela. 1913 1914

Emil Nolde. Palmen am Ufer. Acuarela. 1913 1914

palmeras sobre mares paradisíacos y rostros de un mundo inocente.

Emil Nolde.Joven Buka.  Acuarela. 1913 1914

Emil Nolde. Joven Buka. Acuarela. 1913 1914

Más de treinta años después, son otros los rostros

Dos personas. Óleo. Detalle.  1945. Emil Nolde.

Dos personas. Óleo. Detalle. 1945. Emil Nolde.

entre los cuales admiro su maestría a la acuarela en el retrato de aquellas mujeres que conoció o que jugaron un papel importante en su vida, como este de la joven Jolanthe, su segunda mujer, quien se encargó junto con Joachmim von Lepel,  designado primer director por el artista, de organizar la Fundación Ada y Emil Nolde de Seebüll, para preservar y dar a conocer su obra.

Emil Nolde. Jolanthe Nolde. Acuarela. 1950

Emil Nolde. Jolanthe Nolde. Acuarela. 1950

Pienso que Emil Nolte fue tallando su propia vida como un experto ebanista que no sólo mide y construye sus creaciones, sino también su propia historia, contra viento y marea y reivindicándose frente a quienes quisieron eliminarle de la Historia.

 …

Llegando a Gotemburgo

Al salir de Seebüll miro la hora. No tengo más remedio que acelerar la marcha tras dejar las rutas vecinales  que atraviesan la frontera alemana por los campos del sur de Jutlandia, bañados en la luminosidad de una tarde perfecta que ya empieza a ser escandinava.

No me gustaría perder el ferry de las ocho de la tarde que, desde Fredrikshavn, me va a permitir desembarcar en Gotemburgo antes de la medianoche.  Justo, justo, paso por la garita de los billetes media hora antes de la salida.

En el ferry. Foto R.Puig

En el ferry. Foto R.Puig

En las cubiertas del Stena Danica hay, según se mire, un ambiente tanto de final como de comienzo de vacaciones:  hay viajeros alemanes de subida hacia sus destinos campestres en Suecia o Noruega, y suecos y noruegos de vuelta de sus baños de sol y mar en el continente.  Son estos los que más se explayan, cerveza en mano en el bar del puente superior de la nave, donde devoro un canapé de gambas y una hamburguesa doble,  preparados y servidos por empleadas filipinas.

En el ferry.   Foto R.Puig

En el ferry. Foto R.Puig

Un puente más arriba,  sobre uno de los bancos en los que se almacenan los chalecos salvavidas, disfruto de la puesta de sol y de una tardía siesta al aire libre.

Desde el ferry. Foto R.Puig

Desde el ferry. Foto R.Puig

La entrada en la bocana de la ría de Gotemburgo y el paso bajo el Älvsborgsbron (el puente que lleva el nombre de la fortaleza que defendía Gotemburgo en el pasado) la disfruto desde las barandillas exteriores de la nave.

Desde el ferry. Entrada en Gotemburgo.  Foto R.Puig

Desde el ferry. Entrada en Gotemburgo. Foto R.Puig

Las estructuras de acero del puente y la enorme grúa de los antiguos astilleros emergen entre las luces de la noche

Desde el ferry. Entrada en Gotemburgo.  Foto R.Puig

Desde el ferry. Entrada en Gotemburgo. Foto R.Puig

Al fondo, refulgente, la ciudad es una línea de luciérnagas multicolores

La noche de la ría.  Acrílico y óleo sobre tela. R. Puig 2014

La noche de la ría. Acrílico y óleo sobre tela. R. Puig 2014

Camino de Suecia (IV): Beauraing y sus historias

7 septiembre, 2014

Ingreso al chateau de Beauraing.Foto R.Puig

Ingreso al chateau de Beauraing.Foto R.Puig

Para Claudine y Jean-Marie

Había prometido a mis amigos de Beauraing que algún día me verían llegar desde el cielo en un montgolfier algo así como Samuel Fergusson en la novela de Julio Verne. Pero no he conseguido todavía el carnet de piloto de globos y a mis años no sé si me lo darán.

Así que, como íbamos contando, dejé Barbençon y, sin ir más lejos, en una hora (lo que no excluye atravesar de nuevo tierras francesas) estaba entrando en esta pequeña ciudad de la provincia de Namur. No podía haber mejor motivo para hacer etapa que la amistad y hospitalidad de una maravillosa pareja que dejó Bruselas para jubilarse en la ciudad que a él le vio crecer. Durante años conversábamos de tantas cosas mientras mi cabellera, gracias a sus tijeras y savoir faire, recuperaba un aspecto digno en su acogedor salon de coiffure.

Si ya Barbeçon no les sonaba a la mayoría de mis lectores, Beauraing habría seguido siéndoles igualmente desconocida. Pero, animado por lo que me han contado mis anfitriones, más lo que he podido investigar, me ha salido esta crónica.

 

Solomillo con frites 

Empecemos por las cosas importantes: tras llegar a las 12:00, como había anunciado, mis anfitriones me habían preparado la sorpresa de unas frites que superaban a las más famosas de Bélgica, me refiero a las de la Place Jourdan de Bruselas.

Nada como unas frites belgas. Foto R.Puig

Nada como unas frites belgas. Foto R.Puig

Puede que el secreto esté en que las patatas de esta parte de Bélgica no tengan parangón y que hayan sido cortadas a mano como es debido, pero a mí me parece que el secreto está en la friteuse que mi viejo amigo heredó de su madre y que no cambiaría por ninguna de esas freidoras cuasi digitales que se venden hoy.

Si a eso añaden ustedes un solomillo à point, un buen postre y un excelente café, pues ya estamos dispuestos a recorrer Beauraing y su comarca.

 Un rincón de rancio abolengo español

Así era antaño el chateau de la duquesa de Osuna en Beauraing.Foto R.Puig

Así era antaño el chateau de la duquesa de Osuna en Beauraing.Foto R.Puig

Esta era una ciudad ducal, con un palacio que fue de los duques de Osuna. El famoso duque derrochador, cuya vida publicó en 1930 Antonio Marichalar bajo el título de Riesgo y ventura del Duque de Osuna (Madrid, Visor 2012 ) estaba casado con una prima aristócrata alemana, María Leonor de Salm-Salm, a la que conocí hace no mucho -el mundo es un pañuelo- en el Museo Romántico de Madrid (http://wp.me/p1blZ0-1NR).  

Otra demostración más de cuán inagotable es el Gotha.

La duquesa de Osuna. María Leonor Salm-Salm. Carlos Luis de Ribera. 1866. Museo Romántico. Madrid. Foto R.Puig

La duquesa de Osuna. María Leonor Salm-Salm. “Chatelaine” de Beauraing. Carlos Luis de Ribera. 1866. Museo Romántico. Madrid. Foto R.Puig

El duque, arruinado y acosado en España por sus acreedores, muere en su palacio de Beauraing en 1882. La duquesa lo hereda de su dispendioso marido español.  Y, casualidad, cuando en el mismo lugar del deceso la rica chatelaine acaba apenas de casarse en segundas nupcias con otro primo, alemán y también duque, un incendio destruye el palacio con su contenido en 1885.

Subsisten tres torreones (uno de ellos demediado por los años y vestido por la hiedra), el cuerpo principal y una serie de edificios aledaños dentro del domain.

Las ruinas son románticas. Beauraing. Foto R.Puig

Las ruinas románticas de un ala del chateau de Beauraing. Foto R.Puig

Junto a sus muros se extiende el parque de la ciudad. Está situado en la parte alta, como corresponde a lo que fue una ciudad fortificada de las que quedan unas cuantas a los dos lados de esta frontera franco belga que tantas guerras y depredaciones ha sufrido. Las últimas culminaron en la masacre de la cercana Dinant, cuando las tropas alemanas ocupaban esa ciudad durante la II Guerra Mundial y ejercían una represión brutal sobre los civiles. Precisamente, en Dinant fue herido el entonces joven oficial De Gaulle durante la guerra del 14-18.

Panorámica de Beauraing.Foto R.Puig

Panorámica de Beauraing.Foto R.Puig

 

La devoción mariana de Leon Degrelle

Luego hablaremos de la primera sorpresa de esta visita, y es que Beauraing es algo así como la Lourdes belga gracias a las apariciones de la Virgen en 1932, que se consideraron con cierto escepticismo hasta que un obispo se apresuró a sacar al cura renuente y puso allí un joven presbítero de fe más entusiasta. Pero antes, ya que hemos aludido a la ocupación de Bélgica por el ejercito alemán, hablemos de algunas afinidades electivas.

Por la misma época de las visiones, guarda caso (como dicen en Italia), Leon Degrelle, un joven, militante fervoroso de la Acción Católica, utilizó esa organización para crear el movimiento REX (cuyo nombre se refiere a “Christus Rex”) y se le ocurrió aprovechar la devoción de las masas y las peregrinaciones a Beauraing como trampolín. Así que aquel joven agitador,  apoyando a bombo y platillo las visiones marianas alcanzó una popularidad que, añadida, a sus proclamas fascistas, a sus condenas a todos los partidos y políticos del momento, a quienes, él exceptuado, tachaba de corruptos, dio visibilidad a su campaña para “Balayer les ordures politiques !”. Sí, fue él quien inventó la escoba como símbolo de lo que prometía: “barrer a esas basuras políticas”, leit-motiv que más recientemente ha empleado el Vlaams Block.

Degrelle invoca el “país real” (su periódico se llamaba así) contra todos los demás políticos belgas. Los 21 diputados obtenidos en las elecciones del 36 se le suben a la cabeza y se autoproclama cabeza de la oposición.

Leon Degrelle en sus años jóvenes. Portal AvAndalus

Leon Degrelle en sus años jóvenes. Fuente: Portal AvAndalus

 

Rex est un mouvement, c’est-à-dire une force active entraînant un courant d’idées, Rex est un mouvement révolutionnaire, Rex est un mouvement populaire.

Rex es un movimiento, es decir una fuerza activa animada por una corriente de ideas, Rex es un movimiento revolucionario, Rex es un movimiento popular

 

Se sabe a qué le condujo su lucha por ese “país real” y su admiración por Mussolini y el Nacional Socialismo alemán: a acoger con los brazos abiertos a Hitler y a su arrasadora invasión de la Bélgica neutral, a la colaboración abierta con el ocupante, a organizar una batallón de 2000 combatientes belgas con uniforme alemán, la legión Valonia, lanzados a la lucha en el frente del Este (al estilo de la División Azul española), de los cuales sobrevivieron sólo 200. Fue el único extranjero condecorado por Hitler con la Cruz de Hierro con hojas de roble.

(Ref: http://www.territoires-memoire.be/am23/523-leon-degrelle-et-le-rexisme)

Se sabe cómo acabó viviendo ricamente bajo el ala de Franco que le otorgó la nacionalidad española, se sabe que siguió pavoneándose de sus ideas y de su biografía, se sabe que siguió publicando en España, entre otras una obra titulada “Almas ardiendo”, final mistificación de un criminal de guerra nazi. La paradoja es que fue traducida y prologada por Gregorio Marañón, ya entrado en años, quien decía al final del prólogo:

Páginas de insuperable hermosura y patetismo humano, llenas de esperanza de un mundo común y mejor, para las cuales, dentro de nuestras fuerzas, hemos pulido, como el oro en que se va a engarzar una esmeralda, nuestro más alado y más noble castellano.

Almas Ardiendo. Leon Degrelle

Almas Ardiendo. Leon Degrelle. Editorial Fuerza Nueva

Se sabe que en España y en Europa todavía hay asociaciones nostálgicas que ensalzan su memoria

Pero volvamos a los años treinta y a nuestra modesta y anónima ciudad de Bélgica…

 

Beauraing se consolida como metrópolis mariana

Corría el año 1932 y las religiosas de un colegio de monjas junto a un gris puente del ferrocarril, que hoy todavía subsiste, se dedicaban a sus labores educativas y a formar concienzudamente la conciencia católica de sus pupilas. Puede que algunas de estas docentes se aburriesen un poco, puede que también encendiese su corazón un gran fervor mariano. Hasta ahí nada de extraordinario, nada que pareciese anunciar que la Virgen María hubiese elegido Beauraing para comunicar importantes mensajes a la humanidad y levantar la economía de la región que, tras el crash de 1929, no estaba muy boyante.

En Lourdes habían sido tres pastorcitos. Aquí iban a ser nada menos que cinco los escolares (tres adolescentes, una niña  y un niño) que verían a la Virgen y escucharían su mensaje treinta veces en el espacio de poco más de un mes. Aparecía bañada en resplandores, toda vestida de blanco, exhibiendo un corazón de oro. Les insta a que sean buenos, a que recen mucho. Les recuerda que ella es la Reina de los Cielos y que quiere que en ese lugar se construya una capilla para que vengan los peregrinos. Les garantiza que ella va a convertir a los pecadores. Ya al final, se acuerda de añadir que amen a su Hijo y que se sacrifiquen mucho.

En el lugar de las visiones. Beauraing. Foto R.Puig

En el lugar de las visiones delante del puente del ferrocarril. Beauraing. Foto R.Puig

Al principio la Virgen se paseaba sobre el  viaducto del tren. ¡Nada de grutas idílicas! ¡Un arco de piedra gris y triste como las almas del proletariado belga de entonces! Pero luego le resultó más fácil manifestarse sobre un espino del jardín del colegio.

En plena guerra, en enero de 1943, el obispo de Namur autoriza el culto. Y comienzan las obras de la capilla que la aparecida había solicitado. Grises fueron las piedras de la región que sirvieron para construir un santuario de rudo aspecto neorrománico para acoger a los peregrinos.

La 'pequeña' capilla en piedra de las canteras locales. Beauraing. Foto R.Puig

La ‘pequeña’ capilla en piedra de las canteras locales. Beauraing. Foto R.Puig

Cinco son las ventanas de la capilla para recordar a los cinco escolares visionarios.

Una ventana por cada niño visionario. Foto R.Puig

Una ventana por cada visionario. Foto R.Puig

En 1968 le sigue un enorme auditorio de cemento y cristal para acoger cinco mil peregrinos.

Las peregrinaciones van en aumento, aunque Leon Degrelle ya no podía venir de España, pues sobre él pesaba una condena a muerte como criminal de guerra y, además, vivía una apacible vejez en la Costa del Sol, no exenta de trances poéticos . Aquel devoto publicaba un libro sobre otra peregrinación: la del Camino de Santiago.

Mi camino de Santiago - Leon Degrelle

Mi camino de Santiago – Leon Degrelle

De todas formas, confirmando y universalizando la verdad de las apariciones, el 18 de mayo de 1985 el papa Wojtyla llega en helicóptero, atrayendo a miles de peregrinos.Todas estas cosas las iba yo sabiendo al hilo de nuestro paseo por esta ciudad. No sólo eso, hace dos semanas se ha hecho público que una reliquia de Juan Pablo II, un vial con su sangre, ha sido donada por el Vaticano al Santuario de Beauraing. La van a depositar en la cripta del santuario, que se dota así de una nueva atracción para los peregrinos

Juan Pablo II en Beauraing. Fuente. Passionistes de Polynesie.

Juan Pablo II en Beauraing en 1985. Fuente. Passionistes de Polynesie.

La organización Pro María gestiona los ingresos de este turismo mariano.

Ponga un cirio a la virgen. Beauraing. Foto R.Puig

Ponga un cirio a la virgen. Beauraing. Foto R.Puig

Hasta los cirios (bougies) se venden en unas máquinas expendedoras, algo así como esas que dispensan latas de refrescos pero más blindadas.

Tecnologia mariana. Foto R.Puig

Tecnologia mariana. Foto R.Puig

Ingresos, colectas y donaciones permitieron a Pro María la adquisición del dominio ducal. En uno de los torreones restaurados, una especie de turris mariana (aunque no se pueda decir que eburnea) tiene la sede de sus oficinas. Si atravesamos el pórtico, llegamos al cuerpo principal de lo que queda del antiguo chateau, hoy convertido en restaurante y hostal de peregrinos, como también lo son otras dependencias del dominio ducal.

Entrada de los dominios de Pro Maria. Chateau de Beauraing.Foto R.Puig

Entrada de los dominios de Pro Maria. Chateau de Beauraing.Foto R.Puig

 

Cerca de la entrada, encima del pedestal que ocupó la estatua de la duquesa de Osuna, se alza ahora la imagen de la milagrosa Virgen del Espino.

La imagen de la aparecida a la entrada del chateau de Beauraing. Foto R.Puig

La imagen de la aparecida a la entrada del chateau de Beauraing. Foto R.Puig

¿Qué decir como conclusión? Pues que basta darse una vuelta por cualquier apacible pueblo o villa de Europa y la historia religiosa y política de nuestro Viejo Continente, con sus luces y sus sombras, está ahí a la vuelta de la esquina.

Aunque, lo mejor de todo es descubrirlo en compañía de buenos amigos. En este caso, ni quien me lo narraba ni yo habíamos nacido aún cuando aquellos sucesos se producían. Somos hijos de la posguerra, escépticos en materia de apariciones y de visiones populistas. Los “movimientos” no son lo nuestro.

En el jardín de su casa, en su tranquilo barrio belga, no se oyen los altavoces del santuario, hay familias que pasean el fin de semana y, por la tarde, cuando hace bueno cocinan las frites al aire libre.  Por esa parte de Bélgica los demagogos populistas no cosechan votos y en las calles de sus pueblos no se alza la voz (salvo frente a una pantalla de TV cuando juegan los diables rouges). Pero, puedo asegurarlo, no falta el sentido común y saben comer bien sin necesidad de alquimias.

Pero no nos engañemos, en esta tierra, tan pisoteada por los ejércitos de todos los déspotas de nuestra historia, la memoria no se ha perdido.

Breverías erasmianas (XV): “Stultus, qui patre caeso liberis pepercit”

31 agosto, 2014

Colegiata de  Lobbes.  Bélgica. Tumba de abad. Detalle. Foto R.Puig

Colegiata de Lobbes. Bélgica. Tumba de abad. s.XVI. Detalle. Foto R.Puig

La evolución de la humanidad está sembrada de violencias y de guerras que gozan de  mayor visibilidad que el mar de benevolencia y bondad anónimas, definitivamente menos llamativo que la barbarie. A esa mayoría que pasa desapercibida, que vive sin estrépitos ni ha usado jamás un arma, que por millones es empujada a campos de refugiados o al exilio por las minorías del poder y de la guerra,  se refería Erasmo de Rotterdam cuando, en algunas de las páginas más bellas de la literatura humanista, diferenciaba al hombre de las bestias salvajes:

La naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto para sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y a la amistad. Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado con el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio unos brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de alegría. Sólo a él las lágrimas, símbolo de clemencia y misericordia. ¿No le dio acaso una voz que no amenaza ni es temible sino que, a diferencia de las fieras, es amistosa y agradable? No contenta aún con estos dones, la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza. Le inculcó el odio a la soledad, el gusto por la compañía. Plantó en lo más profundo de su ser los gérmenes de la bondad.

Erasmo de Rotterdam en Dulce Bellum inexpertis (“La guerra atrae a quienes no la han vivido”). Cfr: Adagios del poder y de la Guerra y Teoría del adagio, Traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Madrid, Alianza Editorial, Libro de bolsillo, 2008, pp.202-203

Por desgracia, si tratamos de valorar los progresos de esas notas del ser que diferencian lo humano de lo animal, de evaluar en nuestro mundo los signos de una evolución a mejor, el peso secular de la bestialidad humana se interpone y nos abruma. No sé si, con la ayuda de los historiadores, los sociólogos han tratado de medirla. ¿Qué períodos de la historia tienen el record cuantitativo en términos absolutos y en términos relativos? ¿Qué parámetros podrían evaluar cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente las cimas de la crueldad y la violencia? ¿Marcan las matanzas y exterminios sistemáticos del siglo XX el máximo imaginable de la atrocidad?  La historia de la humanidad da materia para compilar voluminosas antologías de la barbarie, pero frente a la secular competición de las violencias ¿quién osaría formular un palmarés definitivo?

Las crónicas de la actualidad muestran sin descanso a quienes tratan de poner el listón de la violencia cada vez más alto. Esta especie de concurso universal de la insania me ha recordado otro adagio, glosado también por Erasmo, en este caso de forma escueta.  Es un proverbio que formula una de las más cínicas y concisas justificaciones de esa violencia organizada que tanto combatió el humanista de Rotterdam. Lo cita en una de sus más severas críticas del poder y de sus abusos, en el largo comentario al adagio “Scarabeus aquilam quaerit” (El escarabajo acecha al águila) que traduje y publiqué hace ya años.

Lo que tiene de particular el proverbio que traigo a colación es que acuña, teoriza,  justifica y proclama el ejercicio de la atrocidad llevado a su peor extremo. Los autores de las masacres de nuestro tiempo no habrán oído hablar de este adagio, pero no por ello dejan de ponerlo en práctica.

 

Estúpido quien mata al padre y perdona a los hijos

Adagio I, X,  53

Erasmo extrajo este proverbio de la antigua compilación medieval de Suidas. En este caso procede de Aristóteles y de un poema homérico.  Reproduce su formulación al iniciar su comentario, en este caso puramente filológico, como para recordarnos que a buen entendedor pocas palabras bastan: Stultus, qui patre caeso liberis pepercit.

Y sigue con  la glosa de Suidas 325 :

Quien te aconseja que mates a los hijos de los padres que has matado, tiene el apoyo del viejo dicho: está loco quien mata al padre y deja tras sí a los hijos

Loco es aquel que tras asesinar al padre deja con vida a los hijos

Tras citar la misma expresión en Herodoto, continúa Erasmo refiriendo lo que cuenta el historiador Polibio de Filipo V de Macedonia, a quien atribuye la masacre de los habitantes de Maronea en 184 a.C(de no confundir con Filipo II, el padre de Alejandro Magno):

Se dice que Filipo de Macedonia usó este adagio cuando asesinó a los hijos de unos padres a los que había matado, razonando que lo que se debe hacer es o abstenerse de matar a los padres o, en caso contrario, eliminar también a los hijos, pues más tarde podrían vengar la muerte del padre.

También es de recordar la justificación de los soldados que asesinaron al emperador Maximino y su hijo diciendo que de una camada inútil no hay que dejar ningún cachorro

(Erasmo había leído esta última mención en la Historia Romana de Herodiano publicada por Aldo Manuzio en 1503).

Tras citar un verso de la Odisea en el mismo sentido, el comentario erasmiano concluye reflejando la lógica inexorable de la violencia en una síntesis que podría ponerse en boca de un boss mafioso:

Este adagio sirve para advertir de que no conviene provocar a los hombres, pues en caso contrario habrá que acabar con ellos,  no sea que los supervivientes nos atormenten en el futuro

(non esse provocandos homines aut ita conficiendos, ne in posterum reliquiae nos exerceant)

(NB: Versión latina de los Adagios aquí utilizada: Les Adages d’Érasme, Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 801-802)

Reflexión final

No recuerdo que Maquiavelo, tan injustamente denostado (sobre todo por quienes no lo han leído) y a quien se atribuyen frases que nunca escribió, refiriese la auto-justificación de Filipo de Macedonia, a pesar de que al florentino no le faltaron ejemplos de gobernantes más temidos que amados, para retratar los aspectos más crueles y amorales del poder de El Príncipe. De hecho, aunque aceptaba la conveniencia de que un gobernante pudiese hacerse respetar por temor, no veía la ventaja, muy al contrario, de que se hiciera acreedor al odio de los gobernados.

Esa obra, no impresa hasta 1532, la leyeron algunos políticos de su tiempo en copias del manuscrito de 1513. Pero no se tiene constancia de que Erasmo la haya conocido. Dicen que Thomas Cromwell tuvo acceso a una copia y se guió por esa obra para intentar sacar a Inglaterra de su edad más oscura, lo que su patrón agradeció cortándole el cuello.

Pues bien, del mismo modo que los del cruel rey macedonio o los Tudor, en nuestra época no escasean ejemplos de ejecutores y masacradores que se emplean a fondo en sembrar el odio. Seguramente no han oído hablar de este proverbio, pero lo practican con saña. Para prevenir la futura vindicación de las víctimas, aniquilan a sus hijos de alguno de los modos que imaginarse puede:

  • La más literal de matar a los padres y después a sus hijos,
  • la de matar a padres e hijos al mismo tiempo,
  • la de matar a los padres, robarles a los hijos y borrar la identidad de estos,
  • la de matar a los hijos, incluso antes de haber podido matar a los padres,
  • la de matar a los hijos, sin ni si quiera estar en guerra con los padres,
  • etcétera.

Uso el término hijos en sentido neutro, pues conviene subrayar que, a pesar del contexto guerrero del adagio, en la formulación original griega del proverbio o en la latina de pignora (aunque no el sustantivo liberi, liberorum, que es en principio de género masculino) predomina el significado de hijos como hijos e hijas. A pesar de que pienso que en la mente del rey macedonio el destino de las mujeres no era la eliminación física, como con los varones, sino, algo aún más atroz, una suerte de muerte en vida, de las misma manera como, pasados más de dos mil años, se las sigue destruyendo hoy.

Al autor del Elogio de la locura, si después de casi cinco siglos se alzase de su tumba, le habría resultado familiar lo que hace seis días denunciaban portavoces de la ONU:

De forma sistemática toman como objetivo a hombres, mujeres y niños, según su afiliación étnica, religiosa o confesional, y están llevando a cabo sin compasión una amplia limpieza étnica y religiosa en las áreas bajo su control

asesinan a los hombres y se llevan a las mujeres y los niños como esclavos, bien para entregárselos a los combatientes o con la amenaza de venderlos

……………

En los años que sucedieron a la caída del muro de Berlín hubo quienes tuvieron la osadía de proclamar el “fin de la Historia”. Seguramente esa afirmación aumentó la venta de sus libros, pero la tozuda realidad es que no hay más remedio que seguir remando inmersos hasta el cuello en la monótona continuación de la Historia.  Más bien tenemos que frotarnos los ojos frente a las imágenes de la actualidad, pues pareciera que seguimos atrapados en ciclos de eterno retorno.

Algo así debía de sentir Erasmo poco antes de morir, cuando consideró más fructífero dedicar su última obra, sus meditaciones Sobre la pureza de la Iglesia Cristiana, a un modesto aduanero renano que le había hospedado en uno de sus viajes y no a alguno de aquellos reyes, papas y gobernantes a quienes durante muchos años intentó convencer de que cambiar la Historia estaba en sus manos. Ese gesto final del humanista fue algo así como tirar la toalla.

François Dubois. La matanza de día de San Bartolomé. s. XVI. Museo Cantonal de Lausanne. Wikipedia

François Dubois. La matanza de día de San Bartolomé. s. XVI. Museo Cantonal de Lausanne. Wikipedia

Camino de Suecia (III): de Oloron-Sainte-Marie por Sainte-Maure de Touraine a Barbençon

24 agosto, 2014

Sainte Maure de Touraine desde su santuario. Foto R.Puig

Sainte Maure de Touraine desde su santuario. Foto R.Puig

Para Anne y Dominique

Era casi mediodía cuando dejé Oloron en dirección de Bélgica.  Pero recorrer hacia el norte todo el oeste de Francia requería una parada al sur de Tours, así que diciendo adiós al Bearnesado por rutas secundarias atravesé los últimos paisajes pre-pirenaicos, entre breves valles y suaves laderas colmadas de viñedos. De un modo u otro el GPS me acabaría poniendo en la A10.

Llegué al camping municipal de Sainte-Maure de Touraine (Santa Maura de Turena), treinta y dos kilómetros al sur de Tours, cuando ya se avecinaba la puesta de sol. Mañana habrá que atravesar París para dirigirme a la provincia de Heinault en Bélgica, a través del departamento de las Ardenas francesas, aunque antes de abandonar el lugar me doy una vuelta por su monumento más representativo.

Sainte-Maure de Touraine

Una altura rocosa sobre una llanura, un santuario del siglo VI dedicado a las Santas Maura y Brita, probablemente sobre un templo pagano del antiguo enclave romano de Arciacum, remodelado por las sucesivas ampliaciones financiadas por los señores feudales del lugar, que harán donación del templo a la abadía de Noyers en el siglo XII. Una historia que se repite con ligeras variantes y otros protagonistas por todo el territorio de Francia.

Palacio señorial y santuario de Sainte Maure de Touraine. Foto R.Puig

Palacio señorial y santuario de Sainte Maure de Touraine. Foto R.Puig

Lo mismo puede decirse de la forma en que el conjunto se va fortificando  con el paso de los siglos y las guerras y de la llegada de los efectos colaterales de la Revolución Francesa y de la ruina posterior. Pero también llega la reconstrucción y el descubrimiento de la cripta gótica en el siglo XIX  y con ello el retorno al culto de las dos santas y de sus supuestas reliquias.  Por supuesto, no falta una fuente que cura muchos males, junto a una capilla no lejos del templo.

Nave central de la iglesia de Sainte Maure de Touraine. Foto R.Puig

Nave central de la iglesia de Sainte Maure de Touraine. Foto R.Puig

El santuario y sus contrafuertes presiden el pueblo y el curso del río Manse, que vierte sus aguas en el Vienne antes de Chinon,  que a su vez desemboca en el Loira, no lejos de la renombrada Abadía de Fontevraud, que me quedé con ganas de visitar, prometiéndome hacerlo otro verano.

Tampoco me detengo en Tours -¡ay de mi cuántas cosas voy dejando al borde de la ruta!- pues me esperan los embotellamientos del cinturón de París y, sorpresa agradable, unos holandeses en una furgoneta hermana, verde primavera e impecable, que me van saludando efusivos mientras nos adelantamos por turnos en nuestro recorrido por la N20.

Una furgoneta hermana entrando en París. Foto R.Puig

Una furgoneta hermana entrando en París. Foto R.Puig

Es la cofradía de los pirados de la Multiván VW T3 que cada vez que nos encontramos por Europa nos saludamos con un golpe de bocina o agitando el brazo por la ventanilla. ¡Al fin y al cabo no somos ya muchos!

Barbençon

Me paro a dormir dos noches en este comuna del municipio de Beaumont, cerca de la frontera francesa en la región menos poblada de Bélgica. Es una comarca de la provincia de Hainault, surcada de suaves vaguadas verdeantes y de magníficos bosques, abrazada por los cursos de los ríos Sambre y Meuse, entre Thuin y Philippevile, al sur de Charleroi y, para los amantes de la cerveza una referencia: a poca distancia de la abadía de Chimay .

Hago honor a la hospitalidad de unos muy buenos amigos que han dejado el tráfago de Bruselas y se han venido a vivir a este país de hermosos relieves, mucha historia e infinita calma.

Merienda cena junto al estanque donde pululan los renacuajos y al amanecer croan dos o tres ranas, conversación hasta bien tarde

Chez mes amis. Barbençon. Foto R.Puig

Chez mes amis. Barbençon. Foto R.Puig

y, al día siguiente, paseo por los alrededores bordeando el estanque del castillo,

El chateau de Barbençon. Foto R.Puig

El chateau de Barbençon. Foto R.Puig

junto al que se mueven parsimoniosas unas ocas de raza atípica

Las ocas de Barbençon . Foto R.Puig

Las ocas de Barbençon . Foto R.Puig

Por su calle principal, las tradicionales casas de piedra que son características de toda la región

Construccion tradicional en piedra. Barbençon. Foto R.Puig

Construccion tradicional en piedra. Barbençon. Foto R.Puig

Un crucificado extraño preside el sobrio pórtico de su iglesia y me hace pensar en la conocida premonición del salmista: “Gusano soy y no hombre” (Salmo 22.6), anuncio de la pasión de Cristo que recuerdo haber escuchado en las liturgias de mi juventud

Gusano soy y no hombre. Salmo 22.6. Portico entrada de la Iglesia de Barbençon. Foto R.Puig

Gusano soy y no hombre. Salmo 22.6. Portico entrada de la Iglesia de Barbençon. Foto R.Puig

Lobbes

Por la tarde decidimos ir a Lobbes (no lejos de la ciudad fortificada de Thuin) a visitar su colegiata

La Colegiata de Lobbes . Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes . Foto R.Puig

La colegiata de Saint-Ursmer es la más antigua iglesia de Bélgica. Data del siglo XI y ha mantenido en esencia su sobrio estilo carolingio, incólume hasta hoy, no obstante su vinculación con la poderosa abadía de Lobbes y la destrucción de los edificios y propiedades del rico establecimiento monacal por las tropas francesas en 1794.

La Colegiata de Lobbes. Cripta   . Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes. Cripta . Foto R.Puig

La visita daría para mucho pero me limitaré a especular sobre lo que las lápidas de tres de sus abades medievales (en especial una de ellas), cinceladas en el siglo XVI y obra de un escultor anónimo, representan de forma magistral.

Estas losas sepulcrales sufrieron durante varios siglos las pisadas de los fieles por el pavimento del interior de la iglesia hasta su remoción y posterior emplazamiento en las paredes de la cripta.  Dos de ellas son de mármol negro, probablemente procedente de Golzinne, en la región de Macy, cerca de Namur, de unas canteras bajo tierra que ya excavaban los romanos.

La Colegiata de   Lobbes .  Tumba de San Dodón Abad. Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes . Tumba de San Dodón Abad. Foto R.Puig

Una pátina gris las recubre. Pero los fieles que se frotan contra una de ellas para curar sus enfermedades de la piel (la que dicen representa a San Dodón abad, cuyo rostro en mármol blanco incrustado sobre el negro tiene la nariz rota) mantienen al descubierto el negro profundo del mármol “negro belga”, que es hoy el más caro y escaso de Europa.

La Colegiata de  Lobbes .  Tumba de abad. Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes . Tumba de abad. Foto R.Puig

En el muro opuesto hay otra losa. Sus bajorrelieves revelan, así como en la otra, la extraordinaria maestría del escultor o escultores tardo góticos que los esculpieron.

La Colegiata de Lobbes.  Tumba de abad. Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes. Tumba de abad. Foto R.Puig

Son los de esta última los que más me han sorprendido e intrigado.

La Colegiata de Lobbes .  Tumba de abad. Detalle. Violencia bélica. Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes . Tumba de abad. Detalle. Violencia bélica. Foto R.Puig

Sus escenas de violencia y de muerte sin duda encierran un mensaje y, según un benévolo guía del lugar, quieren describir la situación de conflictos cruentos, incluso entre los mismos monjes, que al nuevo abad pacificador, para cuya tumba se diseñó, le había legado el mal gobierno de su antecesor.

La alegoría de la muerte era bastante habitual como memento mori, si bien esta me parece muy original, sobre todo en el detalle de los enormes gusanos que se arrastran sobre los huesos del esqueleto, aún cubierto de restos de piel y carne

Colegiata de  Lobbes.  Tumba de abad. Detalle. Corrupción tras la muerte. Foto R.Puig

Colegiata de Lobbes. Tumba de abad. Detalle. Corrupción tras la muerte. Foto R.Puig

No sé lo que mis lectores pensarán de alguno de los cuadros de esta obra de arte que he seleccionado, alusivas a la navegación, como esta carabela en medio de las olas

La Colegiata de   Lobbes .  Tumba de abad. Detalle. A merced de las olas.Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes . Tumba de abad. Detalle. A merced de las olas.Foto R.Puig

que parece llevarnos a otros mundos allende el océano. ¿Rumbo a las Indias?

Pues aunque no sea original la representación de los vientos que soplan con fuerza, sí los es el que aparezcan asociados a una figura simiesca que recuerda la del mono en los códices pre-hispánicos de Mesoamérica y en la escultura azteca

La Colegiata de  Lobbes.  Tumba de abad. Detalle. Alegoría de los vientos y posibles ídolos amerindianos. Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes. Tumba de abad. Detalle. Alegoría de los vientos y posibles ídolos amerindianos. Foto R.Puig

donde Ozomatli, alias Ehécatl, era el dios de los ciclones que arrebataba a los hombres sus posesiones

El mono Ozomatli de la iconografia azteca. Fuente Prezi.com

El mono Ozomatli de la iconografia azteca. Fuente Prezi.com

Ehécatl - Ozomatli. Fuente Prezi. com

Ehécatl – Ozomatli. Fuente Prezi. com

Ozomatli. fuente prezi.com

Ozomatli. Fuente Prezi.com

Además hay otra que recuerda en su perfil y en su tocado a los de algunos sacerdotes mayas y caciques de los códices pre-hispánicos o a los curacas de algunas crónicas de la conquista de América

La Colegiata de    Lobbes.  Tumba de abad. Detalle. Posible cacique o sacerdote mesoamericano. Foto R.Puig

La Colegiata de Lobbes. Tumba de abad. Detalle. Posible cacique o sacerdote mesoamericano. Foto R.Puig

Fisionomia azteca. Fuente newmedia.ufm.edu

Fisionomia azteca. Fuente newmedia.ufm.edu

Perfil maya. Fuente hispanoart.blogspot

Perfil maya. Fuente hispanoart.blogspot

¿Pudo ser que el escultor de la lápida, al servicio de la Abadía de Lobbes, tuviese acceso en la biblioteca a alguno de los códices aztecas o mayas o a crónicas ilustradas de la conquista de América, de los que circulaban por la Europa del siglo XVI? Si pudiese descifrar tranquilamente la orla de textos latinos que, en apretados caracteres góticos, llenan los márgenes de la lápida, pudiera ser que surgiera alguna pista. Pero será par otra vez o para alguna búsqueda bibliográfica en los libros que tratan de la historia de este lugar.

También pudiera ser que algún especialista en Iconología tenga una explicación menos complicada.

Codex Borgia page 59. Biblioteca Vaticana. Wikipedia Commons.

Codex Borgia page 59. Biblioteca Vaticana. Wikipedia Commons.

No se debe olvidar que los territorios en que se encontraba la Abadía de Lobbes formaban parte del imperio de Carlos V y que los vericuetos por los que no pocos códices acabaron en las bibliotecas y archivos europeos pasaban por los equipajes que conquistadores, monjes y misioneros traían o enviaban desde América.

Codice maya de Dresde.

Códice maya de Dresde.

Frente al número de códices que, como es notorio, quemaron los conquistadores por juzgarlos idólatras, seguramente hubo muchísimos más, así como figuras en piedra o terracota, que fueron materia de un comercio lucrativo y de obsequios exóticos y prestigiosos entre nobles, príncipes y abadías.

Estas imágenes no dejan de sorprenderme. No sería extraño que el admirable escultor que las cinceló por encargo de los abades de Lobbes hubiera encontrado inspiración en los fondos de la biblioteca de los monjes y accedido a algunos códices, más tarde dispersados por los invasores franceses que, bajo el mando del general Louis Charbonniere, destruyeron esta abadía y la de Aulnes en 1794. Ese oficial de los ejércitos de la Convención fue un hábil negociante y un notorio beneficiario de sus propias demoliciones y rapiñas. Si bien, más de un siglo antes, las tropas de Luis XIV y del Cardenal Mazarin ya se habían empleado a fondo en el pillaje de la abadía.

La abadía de Lobbes en el siglo XVIII. Fuente wikipedia

La abadía de Lobbes en el siglo XVIII. Fuente wikipedia

Seneffe

Para terminar la jornada decidimos dar una vuelta por el Chateau de Seneffe, al que no volvía desde hace bastantes años, en cuyo parque hay actualmente una exposición de las habituales formas gigantes del escultor Mauro Staccioli, casi todas en acero corten.

Chateau de Seneffe. Espiral. Mauro Staccioli. Foto R.Puig

Chateau de Seneffe. Espiral. Mauro Staccioli. Foto R.Puig

Lo que no suele repetir es la ubicación de cada una de ellas, elegida por el escultor en armonía con el emplazamiento dentro del paisaje.

Lo hace de tal manera que, se miren desde donde se miren, nos ofrecen una visión diferente del juego de sus simetrías con la arquitectura del palacio y las perspectivas de su parque y de las alineaciones de césped, árboles y estanques

Seneffe. Flecha de Mauro Staccioli. Foto R.Puig

Seneffe. Flecha de Mauro Staccioli. Foto R.Puig

A pesar de los nubarrones que se estaban acumulando, quisimos llegar hasta el fondo de estos vastos espacios, en pos de los efectos visuales de las esculturas de Staccioli.

La consecuencia es que nos sorprendió una fortísima tormenta y nos calamos hasta los huesos, pero pagamos ese tributo sabiendo que merecía la pena. Al menos no nos cayó un rayo, lo que podía haber ocurrido porque los truenos nos acompañaron durante buena parte del remojón.

Chateau de Seneffe. Elipse. Mauro Staccioli. Foto R.Puig

Chateau de Seneffe. Elipse. Mauro Staccioli. Foto R.Puig

Emprendimos la vuelta a Barbençon ansiando una ducha caliente, ropas secas y un tazón de leche humeante que nos iban a sacar el frío del cuerpo.

Seneffe. Cono de Mauro Staccioli bajo la lluvia. Foto R.Puig

Seneffe. Cono de Mauro Staccioli bajo la lluvia. Foto R.Puig

Por el camino de Suecia (II): del Col du Pourtalet a Oloron-Sainte-Marie

17 agosto, 2014

En el col del Portalet por el lado francés.Foto R.Puig

En el col del Portalet por el lado francés. Foto R.Puig

Col du Pourtalet

Llegados al Portalet, este paso deslumbrante en el que acaba la A136 que nos ha traído desde Aragón, cambia su nombre para llamarse en bearnés Col du Pourtalet.

A partir de ahí, ya en Francia y en pleno Parque Nacional de los Pirineos, descendemos por la sinuosa ruta de la D934, que sigue el curso torrencial del Gave d’Ossau. A nuestra izquierda hemos dejado el Pic du Midi d’Ossau que preside una paisaje de suaves praderas, poblado de rebaños de ovejas y vacas y de excursionistas, muy distinto al de la vertiente aragonesa, arbolado y rocoso.

Bajando del col del Portalet por el lado francés.  Foto R.Puig

Bajando del col del Portalet por el lado francés. Foto R.Puig

Cuando la carretera se ha unido con la D920, entramos en Oloron-Sainte-Marie por la N134. Estamos en el corazón del Bearnesado y en la confluencia del Aspe y el Ossau para formar en el centro de la ciudad el Gave d’Oloron, cuyas aguas, más abajo, adoptarán el nombre del río Saison, que desembocando en el Adour, acabarán perdiéndose en el Atlántico por Bayona.

Cuando aludimos a Aragón, estamos diciendo historia milenaria, pues estas tierras fueron  territorio romano, godo, carolingio, normando, tras la invasión devastadora de los vikingos que lo ocuparon durante un siglo y medio, aragonés, navarro, pirenaico independiente y finalmente francés. Aquí se adoró a Marte, se profesó el arrianismo, el cristianismo romano, el politeísmo normando, el protestantismo hugonote y el catolicismo tridentino.

En Oloron-Sainte-Marie

Tras haber salido de Els Poblets a las siete de la mañana entré en Oloron a las siete de la tarde. La ciudad es una etapa señera en el Camino de Compostela.

Oloron Sainte Marie. Hasta Compostela 948 km. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Hasta Compostela 948 km. Foto R.Puig

En el camping voy a dormir como un bendito, para a la mañana siguiente darme una vuelta por una ciudad que ya visité hace seis años cuando estaba completando la información que necesitaba para la edición de su poeta oriundo, Jules Supervielle (Montevideo 1884 – París 1960).

Pero antes hablemos de vestigios de su historia

Catedral de Oloron Sainte Marie. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Foto R.Puig

La catedral de Oloron (que guardó su categoría desde los tiempos en que la ciudad era sede episcopal hasta inicios del siglo XIX) refleja en sus mudanzas toda esa historia, salvo que el período protestante en el siglo XVI arrasó con todos los objetos y documentos que albergaba, dejando sólo los testimonios de sus piedras (que, a pesar de la fiebre iconoclasta,  no son pocos).

Sobre todo en su pórtico románico que, cobijado en el nártex, está catalogado dentro del patrimonio mundial por la Unesco

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nártex. Foto R.Puig

No es de extrañar, pues en sus figuras se refleja magistralmente  la vida de los artesanos

Catedral de Oloron Sainte Marie. Toneleros. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Toneleros. Pórtico. Foto R.Puig

pescadores

Catedral de Oloron Sainte Marie. Pescadores de salmón. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Pescadores de salmón. Pórtico. Foto R.Puig

y cazadores del Medioevo

Catedral de Oloron Sainte Marie. La caza del jabalí. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. La caza del jabalí. Pórtico. Foto R.Puig

además de otras figuras meditabundas, como la del obispo y el monstruo

Catedral de Oloron Sainte Marie. El monstruo y el obispo. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. El monstruo y el obispo. Pórtico. Foto R.Puig

o la del caballero pensativo

Catedral de Oloron Sainte Marie. Reflexionando.. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Reflexionando. Foto R.Puig

No faltan las habituales poses dramáticas del arte románico, monstruos devoradores (y, si se observa bien la vestimenta del individuo pensativo de la derecha del pórtico es parecida a la del otro, que es engullido a la izquierda),

Catedral de Oloron Sainte Marie. Figuras del pórtico.. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Figuras del pórtico. Foto R.Puig

o individuos, no se sabe bien si estreñidos o atormentados por males inconfesables, o simplemente, a juzgar por su tocado y por lo que parece una extraña barba bifurcada, personajes de otra creencia, quienes, decapitados, sostienen su propia cabeza

Catedral de Oloron Sainte Marie. Agobio y llanto. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Agobio y llanto. Foto R.Puig

y dos agobiados esclavos o atlantes que a modo de parteluz sostienen el conjunto, aherrojados, encadenados y ataviados con turbante y vestimenta oriental. Los anteriores y estos me atrevería a decir que expresan las fobias y prejuicios medievales tanto hacia el judío como hacia el mahometano

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Los atlantes del parteluz. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Los atlantes del parteluz. Foto R.Puig

Y para completar los aspectos crípticos del conjunto, no fáciles de entender para los que no somos especialistas en las claves de aquella época, al conjunto lo circundan los veinticuatro ancianos del Apocalipsis con sus arpas, que entonan su cántico misterioso: “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos…” (Apocalipsis, 5, 8-10)

Catedral de Oloron Sainte Marie. Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Detalle.Nartex. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Detalle. Nártex. Foto R.Puig

……

Jules Supervielle

Pero, dejemos esa escatologia que apasiona a los apocalípticos y a los amantes de las profecías, para acercarnos a otros vestigios más cercanos a nosotros. Hablo de Jules Supervielle y de la memoria familiar del que fue proclamado “príncipe de poetas” poco antes de su muerte.

Sólo para situarle en relación con la literatura de su tiempo, hay que recordar que mantuvo una relación estrecha con los de nuestra generación del 27 (en especial con Jorge Guillén, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre  y Rafael Alberti), amigo de Unamuno, Eugenio d’Ors, Corpus Barga y Ramón Gómez de la Serna, así como en Argentina, entre otros, con Guillermo de Torre y  Victoria Ocampo y los escritores de su círculo, habiendo formado parte del Comité de Redacción de la revista Sur, fundada por ella. Entre sus amigos mejicanos destaca Alfonso Reyes, de quien tradujo el poema a Amado Nervo y a quien dedicó su poemario Gravitaciones.  Fue además traductor al francés del Martirio de Santa Eulalia de García Lorca.

Del mundo de sus amistades, influencias y relaciones con los literatos y editores franceses sería demasiado largo hablar aquí.

Oloron Sainte Marie. El Aspe. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. El Aspe. Foto R.Puig

Jules Supervielle había visitado Oloron-Sainte-Marie en 1926 en compañía de Henri Michaux y en noviembre de 1929 volvió para tomar notas para un libro sobre los Pirineos que le habían encargado. Andando el tiempo, esas notas (“Confidencias de la memoria y del paisaje”, 1933) se integraron en Beber del manantial (Boire à la source, Gallimard 1951). “Oloron” es la segunda parte del primer capítulo titulado “Pirineos”.

Sus padres murieron, no se sabe si por un envenenamiento de agua con cardenillo o por el cólera, a poco de llegar del Uruguay, en Oloron, en la casa de la familia en la antigua calle Sablière, ahora calle Louis Barthou, cuya fachada posterior da al torrente del Aspe.

Fachada posterior de la casa donde fallecieron los padres de Jules Supervielle. Foto R.Puig

Fachada posterior de la casa donde fallecieron los padres de Jules Supervielle. Foto R.Puig

El poeta era un recién nacido que volvía a la tierra de sus padres, a las pocas semanas de nacer en Montevideo. Sus tíos lo adoptaron y él no supo que no era su hijo hasta los nueve años, cuando se lo descubrió por inadvertencia una amiga de la familia. Por entonces su patria de adopción era el Uruguay y sus pampas su mundo.

Pero escuchemos al poeta:

               Aquí estamos, envueltos por el viento del cementerio situado en un alto. A lo lejos, los Pirineos con su nieve para los muertos, la misma que para los vivos. ¡Cómo está de cerca el color de las montañas, estremeciéndose con el viento del Sur!

Aquí reposan

Marie Munyo, de casada Supervielle

(1856-1884).

Jules Supervielle (1852-1884)

               Permanezco inclinado sobre esos nombres como si se tratase por dos veces de mí mismo. Inclinado sobre mis dos dobles, jamás he sentido tanto que cada uno de nosotros es el hijo de una mujer en la misma medida en que lo es de un hombre. Y que tengo sangre vasca por mi madre y bearnesa por mi padre.

Ya no miro más los nombres en la piedra. Busquémoslos en la cruz de Palas, en el inmenso paisaje donde cuatro valles se ven desembocar hacia Oloron. Y la cruel garganta de Saint-Christau.

A la derecha, la montaña de la Madelaine se alza en pleno País Vasco, pero también mira hacia el Bearnés con el mismo fervor, feliz después de todo por ser montaña y por poder seguir inmóvil entre sus dos querencias.

Y, por delante de los picos del Oloron, la Marie-Blanche no está tan lejos. Se la ve emerger de una línea de bruma, niebla familiar que se forma sobre los bonitos tejados de la ciudad.

Jules Supervielle, “Oloron” (“Pirineos”) en Beber del manantial (Boire à la source, Paris, Gallimard 1951)

(En Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Colección Poéticas, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2009, pp. 127-128.)

 ………..

Por las calles y parques de Oloron se agolpan muchos recuerdos. Entre ellos los de los republicanos exiliados de nuestra Guerra Civil.

Oloron Sainte Marie. Memorial de los republicanos españoles. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de los republicanos españoles. Foto R.Puig

A Supervielle se le recuerda al borde del Aspe, sobre una roca, no lejos del parque dedicado a los españoles que huían de la represión franquista, y a un tiro de piedra, en la otra orilla, de la casa donde en el intervalo de pocos días murieron, primero su madre y luego su padre.

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle.Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Foto R.Puig

Creo que los versos de su largo poema Olvidadiza Memoria se pueden considerar una de esas páginas de la poesía universal que cualquiera de nosotros, y en especial aquellos a quienes la vida haya llevado a vagar de país en país y de continente en continente, puede musitar como propios:

Quizá soñé mi vida como si fuese un río

Vivencia a un mismo tiempo de la fuente y el mar

Sin poderme parar ni un exiguo momento

Del monte a la llanura y a las postreras playas.

.

¿Estoy aquí, estoy allá? Mis orillas acostumbradas

De un lado al otro cambian y me dejan errático.

¿Soy el agua que se aleja, el que desciende a nado

Lleno de turbación por cuanto dejó atrás?

.

¿O seré yo más bien sin incluso saberlo

Aquel que en la noche no tiene otro recurso

Que buscar el océano del lado de la fuente

Porque ha dejado atrás su mejor esperanza?

…..

J’aurais rêvé ma vie à l’instar des rivières

Vivant en même temps la source et l’océan

Sans pouvoir me fixer même un mince moment

Entre le mont, la plaine et les plages dernières.

.

Suis-je ici, suis-je là ? Mes rives coutumières

Changent de part et d’autre et me laissent errant.

Suis-je l’eau qui s’en va, le nageur descendant

Plein de trouble pour tout ce qu’il laissa derrière ?

.

Ou serais-je plûtot sans même le savoir

Celui qui dans la nuit n’a plus que la ressource

De chercher l’océan du côté de la source

Puisqu’il est derrière lui le meilleur de l’espoir ?

-

Jules Supervielle (Montevideo 1884-París 1960),

fragmento de Olvidadiza Memoria (Oublieuse Mémoire), 1948

(En Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Colección Poéticas, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2009, pág.217)

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Detalle. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Detalle. Foto R.Puig

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