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Por el camino de Suecia (II): del Col du Pourtalet a Oloron-Sainte-Marie

17 agosto, 2014

En el col del Portalet por el lado francés.Foto R.Puig

En el col del Portalet por el lado francés. Foto R.Puig

Col du Pourtalet

Llegados al Portalet, este paso deslumbrante en el que acaba la A136 que nos ha traído desde Aragón, cambia su nombre para llamarse en bearnés Col du Pourtalet.

A partir de ahí, ya en Francia y en pleno Parque Nacional de los Pirineos, descendemos por la sinuosa ruta de la D934, que sigue el curso torrencial del Gave d’Ossau. A nuestra izquierda hemos dejado el Pic du Midi d’Ossau que preside una paisaje de suaves praderas, poblado de rebaños de ovejas y vacas y de excursionistas, muy distinto al de la vertiente aragonesa, arbolado y rocoso.

Bajando del col del Portalet por el lado francés.  Foto R.Puig

Bajando del col del Portalet por el lado francés. Foto R.Puig

Cuando la carretera se ha unido con la D920, entramos en Oloron-Sainte-Marie por la N134. Estamos en el corazón del Bearnesado y en la confluencia del Aspe y el Ossau para formar en el corazón mismo de la ciudad el Gave d’Oloron, cuyas aguas, más abajo, adoptarán el nombre del río Saison, que desembocando en el Adour, acabarán perdiéndose en el Atlántico por Bayona.

Cuando aludimos a Aragón, estamos diciendo historia milenaria, pues estas tierras fueron  territorio romano, godo, carolingio, normando, tras la invasión devastadora de los vikingos que lo ocuparon durante un siglo y medio, aragonés, navarro, pirenaico independiente y finalmente francés. Aquí se adoró a Marte, se profesó el arrianismo, el cristianismo romano, el politeísmo normando, el protestantismo hugonote y el catolicismo tridentino.

En Oloron-Sainte-Marie

Tras haber salido de Els Poblets a las siete de la mañana entré en Oloron a las siete de la tarde. La ciudad es una etapa señera en el Camino de Compostela.

Oloron Sainte Marie. Hasta Compostela 948 km. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Hasta Compostela 948 km. Foto R.Puig

En el camping voy a dormir como un bendito, para a la mañana siguiente darme una vuelta por una ciudad que ya visité hace seis años cuando estaba completando la información que necesitaba para la edición de su poeta oriundo, Jules Supervielle (Montevideo 1884 – París 1960).

Pero antes hablemos de vestigios de su historia

Catedral de Oloron Sainte Marie. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Foto R.Puig

La catedral de Oloron (que guardó su categoría desde los tiempos en que la ciudad era sede episcopal hasta inicios del siglo XIX) refleja en sus mudanzas toda esa historia, salvo que el período protestante en el siglo XVI arrasó con todos los objetos y documentos que albergaba, dejando sólo los testimonios de sus piedras (que, a pesar de la fiebre iconoclasta,  no son pocos).

Sobre todo en su pórtico románico que, cobijado en el nártex, está catalogado dentro del patrimonio mundial por la Unesco

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nártex. Foto R.Puig

No es de extrañar, pues en sus figuras se refleja magistralmente  la vida de los artesanos

Catedral de Oloron Sainte Marie. Toneleros. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Toneleros. Pórtico. Foto R.Puig

pescadores

Catedral de Oloron Sainte Marie. Pescadores de salmón. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Pescadores de salmón. Pórtico. Foto R.Puig

y cazadores del Medioevo

Catedral de Oloron Sainte Marie. La caza del jabalí. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. La caza del jabalí. Pórtico. Foto R.Puig

además de otras figuras meditabundas, como la del obispo y el monstruo

Catedral de Oloron Sainte Marie. El monstruo y el obispo. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. El monstruo y el obispo. Pórtico. Foto R.Puig

o la del caballero pensativo

Catedral de Oloron Sainte Marie. Reflexionando.. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Reflexionando. Foto R.Puig

No faltan las habituales poses dramáticas del arte románico, monstruos devoradores (y, si se observa bien la vestimenta del individuo pensativo de la derecha del pórtico es parecida a la del otro, que es engullido a la izquierda),

Catedral de Oloron Sainte Marie. Figuras del pórtico.. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Figuras del pórtico. Foto R.Puig

o individuos, no se sabe bien si estreñidos o atormentados por males inconfesables, o simplemente, a juzgar por su tocado y por lo que parece una extraña barba bifurcada, personajes de otra creencia, quienes, decapitados, sostienen su propia cabeza

Catedral de Oloron Sainte Marie. Agobio y llanto. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Agobio y llanto. Foto R.Puig

y dos agobiados esclavos o atlantes que a modo de parteluz sostienen el conjunto, aherrojados, encadenados y ataviados con turbante y vestimenta oriental. Los anteriores y estos me atrevería a decir que expresan las fobias y prejuicios medievales tanto hacia el judío como hacia el mahometano

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Los atlantes del parteluz. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Los atlantes del parteluz. Foto R.Puig

Y para completar los aspectos crípticos del conjunto, no fáciles de entender para los que no somos especialistas en las claves de aquella época, al conjunto lo circundan los veinticuatro ancianos del Apocalipsis con sus arpas, que entonan su cántico misterioso: “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos…” (Apocalipsis, 5, 8-10)

Catedral de Oloron Sainte Marie. Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Detalle.Nartex. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Detalle. Nártex. Foto R.Puig

……

Jules Supervielle

Pero, dejemos esa escatologia que apasiona a los apocalípticos y a los amantes de las profecías, para acercarnos a otros vestigios más cercanos a nosotros. Hablo de Jules Supervielle y de la memoria familiar del que fue proclamado “príncipe de poetas” poco antes de su muerte.

Sólo para situarle en relación con la literatura de su tiempo, hay que recordar que mantuvo una relación estrecha con los de nuestra generación del 27 (en especial con Jorge Guillén, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre  y Rafael Alberti), amigo de Unamuno, Eugenio d’Ors, Corpus Barga y Ramón Gómez de la Serna, así como en Argentina, entre otros, con Guillermo de Torre y  Victoria Ocampo y los escritores de su círculo, habiendo formado parte del Comité de Redacción de la revista Sur, fundada por ella. Entre sus amigos mejicanos destaca Alfonso Reyes, de quien tradujo el poema a Amado Nervo y a quien dedicó su poemario Gravitaciones.  Fue además traductor al francés del Martirio de Santa Eulalia de García Lorca.

Del mundo de sus amistades, influencias y relaciones con los literatos y editores franceses sería demasiado largo hablar aquí.

Oloron Sainte Marie. El Aspe. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. El Aspe. Foto R.Puig

Jules Supervielle había visitado Oloron-Sainte-Marie en 1926 en compañía de Henri Michaux y en noviembre de 1929 volvió para tomar notas para un libro sobre los Pirineos que le habían encargado. Andando el tiempo, esas notas (“Confidencias de la memoria y del paisaje”, 1933) se integraron en Beber del manantial (Boire à la source, Gallimard 1951). “Oloron” es la segunda parte del primer capítulo titulado “Pirineos”.

Sus padres murieron, no se sabe si por un envenenamiento de agua con cardenillo o por el cólera, a poco de llegar del Uruguay, en Oloron, en la casa de la familia en la antigua calle Sablière, ahora calle Louis Barthou, cuya fachada posterior da al torrente del Aspe.

Fachada posterior de la casa donde fallecieron los padres de Jules Supervielle. Foto R.Puig

Fachada posterior de la casa donde fallecieron los padres de Jules Supervielle. Foto R.Puig

El poeta era un recién nacido que volvía a la tierra de sus padres, a las pocas semanas de nacer en Montevideo. Sus tíos lo adoptaron y él no supo que no era su hijo hasta los nueve años, cuando se lo descubrió por inadvertencia una amiga de la familia. Por entonces su patria de adopción era el Uruguay y sus pampas su mundo.

Pero escuchemos al poeta:

               Aquí estamos, envueltos por el viento del cementerio situado en un alto. A lo lejos, los Pirineos con su nieve para los muertos, la misma que para los vivos. ¡Cómo está de cerca el color de las montañas, estremeciéndose con el viento del Sur!

Aquí reposan

Marie Munyo, de casada Supervielle

(1856-1884).

Jules Supervielle (1852-1884)

               Permanezco inclinado sobre esos nombres como si se tratase por dos veces de mí mismo. Inclinado sobre mis dos dobles, jamás he sentido tanto que cada uno de nosotros es el hijo de una mujer en la misma medida en que lo es de un hombre. Y que tengo sangre vasca por mi madre y bearnesa por mi padre.

Ya no miro más los nombres en la piedra. Busquémoslos en la cruz de Palas, en el inmenso paisaje donde cuatro valles se ven desembocar hacia Oloron. Y la cruel garganta de Saint-Christau.

A la derecha, la montaña de la Madelaine se alza en pleno País Vasco, pero también mira hacia el Bearnés con el mismo fervor, feliz después de todo por ser montaña y por poder seguir inmóvil entre sus dos querencias.

Y, por delante de los picos del Oloron, la Marie-Blanche no está tan lejos. Se la ve emerger de una línea de bruma, niebla familiar que se forma sobre los bonitos tejados de la ciudad.

Jules Supervielle, “Oloron” (“Pirineos”) en Beber del manantial (Boire à la source, Paris, Gallimard 1951)

(En Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Colección Poéticas, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2009, pp. 127-128.)

 ………..

Por las calles y parques de Oloron se agolpan muchos recuerdos. Entre ellos los de los republicanos exiliados de nuestra Guerra Civil.

Oloron Sainte Marie. Memorial de los republicanos españoles. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de los republicanos españoles. Foto R.Puig

A Supervielle se le recuerda al borde del Aspe, sobre una roca, no lejos del parque dedicado a los españoles que huían de la represión franquista, y a un tiro de piedra, en la otra orilla, de la casa donde en el intervalo de pocos días murieron, primero su madre y luego su padre.

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle.Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Foto R.Puig

Creo que los versos de su largo poema Olvidadiza Memoria se pueden considerar una de esas páginas de la poesía universal que cualquiera de nosotros, y en especial aquellos a quienes la vida haya llevado a vagar de país en país y de continente en continente, puede musitar como propios:

Quizá soñé mi vida como si fuese un río

Vivencia a un mismo tiempo de la fuente y el mar

Sin poderme parar ni un exiguo momento

Del monte a la llanura y a las postreras playas.

.

¿Estoy aquí, estoy allá? Mis orillas acostumbradas

De un lado al otro cambian y me dejan errático.

¿Soy el agua que se aleja, el que desciende a nado

Lleno de turbación por cuanto dejó atrás?

.

¿O seré yo más bien sin incluso saberlo

Aquel que en la noche no tiene otro recurso

Que buscar el océano del lado de la fuente

Porque ha dejado atrás su mejor esperanza?

…..

J’aurais rêvé ma vie à l’instar des rivières

Vivant en même temps la source et l’océan

Sans pouvoir me fixer même un mince moment

Entre le mont, la plaine et les plages dernières.

.

Suis-je ici, suis-je là ? Mes rives coutumières

Changent de part et d’autre et me laissent errant.

Suis-je l’eau qui s’en va, le nageur descendant

Plein de trouble pour tout ce qu’il laissa derrière ?

.

Ou serais-je plûtot sans même le savoir

Celui qui dans la nuit n’a plus que la ressource

De chercher l’océan du côté de la source

Puisqu’il est derrière lui le meilleur de l’espoir ?

-

Jules Supervielle (Montevideo 1884-París 1960),

fragmento de Olvidadiza Memoria (Oublieuse Mémoire), 1948

(En Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Colección Poéticas, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2009, pág.217)

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Detalle. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Detalle. Foto R.Puig

Por el camino de Suecia (I): de Huesca al Portalet

10 agosto, 2014
Huesca a las 3 de la tarde en julio. Foto R.Puig

Huesca a las 3 de la tarde en julio. Foto R.Puig

 

Empiezo resolviendo el acertijo del domingo pasado: la foto de la concha de peregrino señalando el camino a Santiago estaba tomada del pavimento en piedra en Huesca. Había varias y en muy buen estado. Un amigo pensó que era de Burgos, pues me ha dicho que allí también marcan la dirección de Compostela.

Señal del camino de Compostela. Huesca.  Foto R.Puig

Señal del camino de Compostela. Huesca. Foto R.Puig

Aquí inserto otra, también de Huesca.

Esta vez quise pasar a Francia por un puerto pirenaico que aún no conocía. Elegí la ruta hacia el norte por Aragón.  Las autovías de Valencia a Aragón son hermosas, sobre todo en el tramo que recorre los montes de Castellón y por las planicies de cereales antes de Zaragoza.

Portico de San Pedro el Viejo. Huesca. Foto R.Puig

Portico de San Pedro el Viejo. Huesca. Foto R.Puig

A Huesca llegué casi a las tres de la tarde en medio de la canícula. Recordaba las lecciones de historia de arte y en mi memoria había quedado grabado el nombre de San Pedro el Viejo, uno de los hitos de nuestra arquitectura románica.

Huesca. Fachadas junto a San Lorenzo. Foto R.Puig

Huesca. Fachadas junto a San Lorenzo. Foto R.Puig

Por desgracia, además de unas calles desiertas, los templos estaban cerrados. Así que me tuve que contentar con las fachadas.

La catedral de Huesca. Foto R.Puig

La catedral de Huesca. Foto R.Puig

Las imágenes del pórtico de la catedral reflejan el paso de los siglos y de algún que otro acto vandálico. Hay una puerta lateral de la que parece que hubieran arrancado todo un altorrelieve.

¿Nuestra guerra civil? No lo sé, pero, si así fuera, estos actos que se cebaron en el arte de nuestros antepasados siempre me hacen pensar, como los que ocurrieron durante la revolución francesa, en una paradoja. Me refiero al sarcasmo histórico de que a menudo los sans culotte o los proletarios airados, cargados seguramente del peso de siglos de agravios y de connivencias entre los eclesiásticos y los que les exprimían, cuando no lograban poner la mano sobre el obispo o algún canónigo, para ejecutar su venganza destruían el trabajo admirable de otros trabajadores y artesanos anónimos que en épocas pasadas también habían sido asalariados de nobles, abades o de la alta clerecía.

Desaparecieron. Foto R.Puig

Desaparecieron. Foto R.Puig

Al final, volvemos a lo mismo, hombres del pueblo acaban ajustando cuentas sobre las espaldas o sobre la obra de otros trabajadores del pueblo tan sufridos y sometidos como ellos. Con frecuencia la unión de los proletarios del mundo, si llegaba el caso, como mucho era sincrónica. Pero, en situaciones extremas, la violencia que se desataba acababa con los frutos del genio anónimo de otros proletarios del pasado.

¡Paradojas de la ignorancia justiciera y del olvido de la historia!

 

La parrilla de San Lorenzo

Portico  de la catedral. Huesca. San Lorenzo y su parrilla. Foto R.Puig

Portico de la catedral. Huesca. San Lorenzo y su parrilla. Foto R.Puig

La historia de San Lorenzo, que según la tradición sufrió el martirio de ser quemado a fuego lento sobre una parrilla, está reflejada en su iconografía. Se le esculpe o pinta parrilla en mano, como en el pórtico de la catedral de Huesca, donde incluso el tiempo, sin necesidad del fuego, le ha comido las facciones.

Pero sí que era fuego el calor de las calles, todas engalanadas de parrillas, anticipo decorativo de las fiestas del santo asado, su patrón, que se celebran del 9 al 15 de Agosto.

Parrillas en Huesca. Foto R.Puig

Parrillas en Huesca. Foto R.Puig

El contrapunto, no menos festero, son los notables graffiti de algunos muros de la ciudad. Aunque, la verdad es que, sobre todo el primero, entran más bien en la categoría de murales urbanos. Si bien, confieso que desconozco la calidad que se pueda conseguir usando los aerosoles actuales (instrumentos por excelencia del “grafitero”), que seguramente obtienen una gran definición de trazos y matices.

La primera de estas pinturas urbanas representa a un personaje que se come el mundo, mientras él mismo (por ser más chico) es devorado por un enorme pez

Come el mundo con patatas. Huesca.  Foto R.Puig

Come el mundo con patatas. Mural urbano. Huesca. Foto R.Puig

El segundo mural, de mano diferente, pinta a una mujer-guante (de limpieza) con ojos inmensos y rodeada de meteoros

Graffiti. Huesca.  Foto R.Puig

Mural urbano. Huesca. Foto R.Puig

Subida al Portalet

La carretera que asciende al Portalet es excelente y sus paisajes invitan constantemente a detenerse.

Subiendo al col del Portalet por el lado español.    Foto R.Puig

Subiendo al col del Portalet por el lado español. Foto R.Puig

Picos inaccesibles y empinados farallones

Subiendo al col del Portalet por el lado español.  Foto R.Puig

Subiendo al col del Portalet por el lado español. Foto R.Puig

Y, bajo las cimas, un embalse rodeado de arbolado y presidido por unos cielos de absoluto azul

Subiendo al col del Portalet por el lado español. Foto  R.Puig

Subiendo al col del Portalet por el lado español. Foto R.Puig

Unos amables turistas italianos me sacaron la foto en ese escenario

Subiendo al col del Portalet por el lado español. El viajero. Foto R.Puig

Subiendo al col del Portalet por el lado español. El viajero. Foto R.Puig

mientras mi veterana furgoneta se tomaba un merecido descanso

Subiendo al col del Portalet por el lado español. Mi bólido. Foto R.Puig

Subiendo al col del Portalet por el lado español. Mi bólido. Foto R.Puig

Dejaremos para el próximo domingo la vertiente francesa y la parada en Oloron Sainte-Marie.

….

Inciso

Pero, ya que hoy escribo desde Suecia, me voy a permitir un salto temporal de algunos días.

El miércoles pasado, como narraré, llegué a Suecia en ferry, ya casi a media noche, desde la punta de la península de Jutlandia. A la mañana siguiente, deambulando por las calles de Gotemburgo, percibí signos inequívocos de estar en sus calles.  Hay cosas que son de aquí.

Como esos  camareros que pedalean para llevar la cafetería rodante (¿tecnología rikshaw importada del Pakistán?) al festival de música pop que se va a producir esa tarde en un parque, a unos cuantos kilómetros de la cuesta por la que sudan

Cafetería ambulante en Gotemburgo. Foto R.Puig

Cafetería ambulante en Gotemburgo. Foto R.Puig

No lejos de mi casa, en el parque, un partido de fútbol para el cual hay que tener unas buenas dosis de buen humor sueco, y ganas, muchas ganas…

Pelotudos jugando al fútbol. Foto R.Puig

Pelotudos jugando al fútbol. Foto R.Puig

Pelotudos jugando al fútbol.  Foto R.Puig

Pelotudos jugando al fútbol. Foto R.Puig

El viejo tranvía que hace la ruta hacia el parque de atracciones de Liseberg…

Viejo tranvía hacia el parque de atracciones. Foto R.Puig

Viejo tranvía hacia el parque de atracciones. Foto R.Puig

Muchas, muchísimas fachadas en renovación, aprovechando el verano y las ofertas de innumerables empresas de rehabilitación de edificios que, a menudo, dan empleo a obreros temporeros venidos de fuera…

Remozando fachadas. Foto R.Puig

Remozando fachadas. Foto R.Puig

Aunque, last but no least y remedando a Proust, llegar a las ciudades de Suecia en verano es encontrarse como por arte de magia à l’ombre des jeunes filles en short

À l'ombre des jeunes filles en short.  Foto R.Puig

À l’ombre des jeunes filles en short. Foto R.Puig

Gracias a ellas la ciudad de Gotemburgo está gratia plena y la bandera nacional saluda más contenta en estos días estivales

À l'ombre des jeunes filles en short. Foto R.Puig

À l’ombre des jeunes filles en short. Foto R.Puig

Fisionomías (XI): rostros del Museo Arqueológico de Madrid

3 agosto, 2014

 

Llueve furiosamente sobre el parque de Seneffe. Anillo espiral. Mauro Staccioli. Foto R.Puig

Llueve furiosamente sobre el parque de Seneffe. “Anillo espiral”. Mauro Staccioli. Foto R.Puig

 

Estoy de viaje y han sido varios días de carretera en mi ruta de vuelta a Suecia, pero los domingos hay crónica, llueva o truene. Esta tarde he vuelto mojado hasta los huesos de una visita al Chateau de Seneffe en Bélgica. Una exposición de esculturas al aire libre de Mauro Staccioli ha sido el motivo. Una tormenta despiadada nos ha sorprendido deambulando por el parque a varios centenares de metros del aparcamiento.

Pero de esto hablaremos otro día.

……

Ya que en la crónica precedente he hablado del renovado Museo Arqueológico de Madrid, hoy, antes de irme a dormir, comparto aún algunos rostros que he admirado en sus salas. Todos dejan un poso de interrogación e intriga.

Por ejemplo ¿Cómo reventó la cabeza de este Apolo?

Apolo. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana.Foto R.Puig

Apolo. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana.Foto R.Puig

Parece como si una granada de mano le hubiera explotado dentro de la cabeza, desgarrando el bronce tan despiadadamente como aquellos rostros desfigurados y mutilados en la I Guerra Mundial, que se han vuelto a mostrar cien años después en los filmes y reportajes gráficos que recuerdan aquellas matanzas.

¿O fue un iconoclasta cristiano de los que destruían las esculturas paganas, tras la conversión de Constantino en el siglo IV, el que le rompió la cara al ídolo?

Apolo. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

Apolo. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

En todo caso Apolo parece aturdido ante la saña de los hombres o de los elementos, ya que su rostro pareciera también hendido por el rayo.

Todo lo contrario de este joven Baco, reposado y lúcido, en un momento de sobriedad, más apolíneo que el mismo Apolo. De hecho aún ignora la fama de bebedor que le asignará la tradición iconográfica.

Baco. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

Baco. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

Hay otro bronce que destaca en las salas de arte de la Hispania romana.Se trata de la cabeza de un magistrado. Aunque, al faltarle los globos oculares, no puede mirarnos, no carece de un aire de equilibrio y magnanimidad.

Magistrado. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

Magistrado. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

Pero el premio a la serenidad y la elegancia se lo lleva Livia Drusila, que fue emperatriz, como esposa (la tercera) del emperador Augusto

 

La emperatriz Livia Drusila. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

La emperatriz Livia Drusila. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

 

Visajes ibéricos

Por último, no hay que dejar el Museo sin dedicar un buen rato a tratar de descifrar los rostros de las esculturas ibéricas. Estos son sólo algunos.

Figura iberica de mujer sentada. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Figura iberica de mujer sentada. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Los de las figuras femeninas en actitud de ofrenda.

Figura iberica de oferente femenina. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Figura ibérica de oferente femenina. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Con la cabeza cubierta de un tocado puntiagudo en varios casos.

Cabeza femenina ibérica .Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Cabeza femenina ibérica .Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

 

En otros enjoyadas.

Como esta dama de rasgos admirablemente simplificados, tan sobrios como los de un dibujo de Picasso

Cabeza femenina ibérica.Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Cabeza femenina ibérica.Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

O este otro cuyas líneas juegan con los volúmenes y las sombras

Figura iberica de oferente femenina. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Figura ibérica de oferente femenina. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

No son sólo las joyas y el tocado los que hacen fascinante la Dama de Baeza, que aún presenta restos de policromía.

La dama ibera de Baeza. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

La dama ibera de Baeza. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Aunque quien domina una sala del museo con su sola presencia y su altivez es, no haría falta presentarla, la Dama de Elche.

La Dama de Elche. Cabeza femenina ibérica .Museo Arqueológico Nacional.  Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

La Dama de Elche. Cabeza femenina ibérica.Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

….

Por ahora dejo el Arqueológico de Madrid, pues debo ahorrar energía para mi ruta hacia Suecia y se ha hecho tarde. Y puesto que de viaje estoy, concluyo con una imagen que los caminantes del Camino de Santiago han de conocer sin duda.

La pregunta es: ¿de qué ciudad de un ramal del Camino es esta concha de bronce sólidamente encastrada en una losa del trayecto?

Señal del camino de Compostela. Foto R.Puig

Señal del camino de Compostela. Foto R.Puig

La foto la tomé yo mismo el jueves pasado. Pero la respuesta es para el próximo domingo.

Cenicienta y el tótem o los rostros del dáimôn (Fisionomías X)

27 julio, 2014
Mosaico de Medusa y las estaciones. IV. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Época hispanoromana. Foto R.Puig

¿Cuál guinda me como? Mosaico de Medusa y las estaciones. Detalle. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Foto R.Puig

Iba a ser domingo, me tocaba componer mi crónica semanal y me encontraba en un aprieto, dudando entre diversos temas que todavía no han adquirido el grado de madurez necesario. Algo así como el pájaro con sus cerezas del mosaico hispanorromano que encabeza la entrada.

¡Con estos calores, dedicado a los nietos (bien que como abuelo mi dinamismo no esté a la altura que se requiere) y ocupado en deberes vecinales, se estaba acercando la fiesta del Señor y yo con estos pelos!

Pero, la Providencia, en forma de periódico, se me reveló de mañanita, mientras me tomaba dos cafés con leche en un bar acogedor de Vergel, acompañados de una exquisita barrita tostada con tomaca.

El periódico al que me refiero es el ABC, que cuando puedo compro los sábados por su suplemento cultural. Espero que no les parezca mal que les traiga a esta página con la agencia Reuters (me gustaría sin embargo tener el nombre del anónimo fotógrafo). Mi blog (para nada comercial) reproduce aquí la foto a efectos bibliográficos.

Pues bien, la imagen salvadora ha sido la de una bella que mira no sé qué espectáculo catedralicio escondida tras un hombrachón de madera policromada.

La reina tras el apóstol. ABC Reuters. 26 julio 2014

La reina tras el apóstol. ABC Reuters. 26 julio 2014

Para dejarme de circunloquios: nuestra reina novicia, es decir Letizia, no sé bien si se cobija o se abraza a las espaldas de nuestro tótem nacional.

¿Me pregunto lo que pasa por su mente al contemplar la nave de la catedral repleta de autoridades y de un público fervoroso? Puede que un día, cuando ya anciana abdique se lo diga a nuestros nietos en sus memorias. Por el momento, parece que, en secreto cuchicheo, comparte sus aporías con el santo mártir.

La reina abraza al apóstol.  ABC Reuters. Detalle. 26 julio 2014

La reina abraza al apóstol. ABC Reuters. Detalle. 26 julio 2014

El apóstol cabezudo responde como si nuestra egregia cenicienta (ya hace tiempo rescatada de la cocina de TVE por su príncipe) estuviese haciéndole cosquillas lumbares. Lo hace con una expresión de sorpresa y gusto que no se le conocía desde hace siglos. ¡Y el pobre lleva ya casi ocho recibiendo achuchones y alguna que otra colleja!

Desde luego lo de frotarse con Francisco Camps no debió de hacerle mucha gracia,.

Camps abraza a Santiago.El País.2010.

Camps se abraza a Santiago.El País.2010.

Por no hablar de los amplexos de otro Francisco, aquél ferrolano que llegaba bajo palio a ofrecer la nación al bélico patrón

Franco ante el Pórtico de la Gloria

Franco ante el Pórtico de la Gloria

 

Paralelos fisiognómicos

Pero este es un blog serio ¡basta de frivolidades!

En la mejor tradición de Gianbattista Della Porta, dejadme especular con algunas analogías entre la efigie de Santiago el Mayor, cuyo sagrado leño tantas ilustrísimas y peregrinos han abrazado y a quien tantas supremas magistraturas han ofrecido la nación (sin pedirnos permiso). Pienso que no me excedo en ello (nada del abrazo de Siva y de otros mitos escabrosos).

¡Lejos de mi cualquier paralelismo surrealista! ¡Sólo pura analogía fisiognómica que diría nuestro Della Porta!

En primer lugar, hay algo que me recuerda a nuestros Gigantes y Cabezudos. En particular a uno que salió en unas fiestas de San Isidro en Madrid, creo que por la época de aquel alcalde al que llamábamos “el viejo profesor”. Lleva una corona de santidad, puede que sea el patrono de Madrid. Pero, salvada la diferencia de materiales, su parecido con el hijo del Zebedeo es bastante grande y también parece que le estén haciendo cosquillas.

Gigante cabezudo de la  Feria de San Isidro de  Madrid

Gigante cabezudo de la Feria de San Isidro de Madrid

Claro que, cerca del santo, también hay bellas chulapas cabezudas, pero esto viene menos al caso ¿o no?

Gigante cabezuda. Feria de San Isidro de Madrid

Gigante cabezuda. Feria de San Isidro de Madrid

Remontándome en el tiempo, me sorprende también el parecido con otro dáimôn tutelar, uno de esos seres semidivinos que protegen a los baqueteados seres humanos.

Me refiero a la ibérica Bicha de Balazote, un híbrido de animal y hombre al que también es  probable que venerasen en un templo.

La cabeza de la bicha de Balazote. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

La cabeza de la bicha de Balazote. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Se piensa que representa a Aqueloo, el dios prehelénico, hijo de Gea y del Océano, deidad río garante de la fertilidad. Curiosamente, cuenta la leyenda que el cuerpo del apóstol Santiago llegó navegando por el mar, como si hubiese superado las tempestades y las olas bajo los auspicios de las divinidades oceánicas hasta su arribo a Galicia en la desembocadura del río Ulla.

Perfil de la bicha de Balazote. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Perfil de la bicha de Balazote. Museo Arqueológico Nacional. Madrid. Protohistoria. Foto R.Puig

Nada tiene pues de extraño que se parezcan tanto estos dos tótems ibéricos.

Perfil de Santiago de Compostela

Perfil de Santiago de Compostela

 

Conclusión: ¡no olvidéis ir a visitar el renovado Museo Arqueológico de Madrid así como os sea posible!

La bicha os espera. No se si os van a dejar pero, no parece que sea imposible darle un abrazo cuando el guarda de la sala se despiste. ¿Por qué no inaugurar otra tradición?  Cuando vuelva al Museo, yo mismo trataré de darle un achuchón.

Pudiera ser que si, superando el espesor de los siglos, abrazamos esa bicha de nuestra protohistoria común, esas polémicas entre nacionalidades españolas, hoy tan enconadas, acaben por revelarse fútiles.

….

Nota bene, en todo caso, hay alguien más serio que yo que ha investigado y escrito sobre el nacionalismo:

-    Tortosa, J.M. El nacionalismo europeo, Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, 1993

-    Tortosa, J.M. “La cuestión de la identidad en las Ciencias Sociales Contemporáneas”, en AA.VV. Ensayos de Teoría Sociológica, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1992

-    Tortosa, J.M. Política linguística y lenguas minoritarias, Madrid, Tecnos, 1982

La ruta hacia el sur (y III): por el Alto Ampurdán

20 julio, 2014

 

Coustouges. La torre de su iglesia del siglo XI. Foto R.Puig

Coustouges. La torre de su iglesia del siglo XI. Foto R.Puig

Hay un pueblo, encaramado sobre un puerto de montaña o, si se prefiere, un col, a 813 metros sobre el nivel del mar, en el que ya los ejércitos romanos mantenían una guarnición para controlar el acceso a Hispania desde la Galia. Los soldados de aquel manípulo eran los custodios del estratégico paso. Por eso se llama Coustuges o, en catalán, Costoja.

Yo, pobre de mí, pensé al principio que el nombre aludía a las costillas de cordero, es decir a las chuletas de los agneaux  que imaginaba pastando por sus prados desde hace siglos. Pero no, el nombre de este pueblo transfronterizo del Alto Vallespir tiene un origen más épico, como me explicó una vecina que también me dijo que no me extrañase por ver tanta bandera catalana, pues ellos, además de franceses a mucha honra, se sentían también “catalanes del norte”.

Coustouges. Carretera hacia la frontera española. Foto R.Puig

Coustouges. Carretera hacia la frontera española. Foto R.Puig

La verdad es que ya me había hecho pensar positivamente la práctica poética de su alcalde. El síndico ha sembrado de placas de piedra los rincones de la comuna con el beneplácito de sus vecinos y para regocijo de forasteros, con los que los nombres de las calles se completan con la espirituosa descripción del uso de los espacios urbanos. Los textos en francés y en catalán  son muy abundantes y algunos se refieren a este pueblo en su condición de emplazamiento estratégico sobre una antigua vía romana.

Hay una plazuela recoleta que sirve de “escapatoria para cotillas tenaces”

Escapatoria de los tenaces cotillas. Coustouges. Foto R.Puig

Escapatoria de tenaces murmuradores. Coustouges. Foto R.Puig

Otro lugar es el destinado a las “maquinaciones de mozos y mozas juguetones”

Maquinaciones de mozos y mozas juguetones. Coustouges. Foto R.Puig.

Maquinaciones de mozos y mozas juguetones. Coustouges. Foto R.Puig.

Así que teniendo un primer edil tan poeta, entiendo que no quieran desvincularse ni de la tradición secular de la poesía francesa ni de la hermosa lengua catalana. Aquí parece ser que la cadena que todos los días se manifiesta en su esplendor es la de los Pirineos y la identidad más antigua la romana.

Coustouges tiene una soberbia iglesia románica documentada desde el siglo XI

Coustouges. Ábside y torre de la iglesia. Foto R.Puig

Coustouges. Ábside y torre de la iglesia. Foto R.Puig

Dicen que el rayo de sol que atraviesa en dos momentos del año uno de sus dos lucernarios sale por la puerta del fondo y las aberturas del nartex, para seguir una trayectoria coincidente con la mediana del Alto Ampurdán hasta Llansá

 

Nave de Nra.Sra.del Espino. Coustouges. Foto R.Puig

Nave de Nra.Sra.del Espino. Coustouges. Foto R.Puig

Sea como sea, el pórtico en el interior del nártex es un trabajo de auténtico bordado en piedra

Coustouges. El pórtico en el nártex de la iglesia. Foto R.Puig

Coustouges. El pórtico en el nártex de la iglesia. Foto R.Puig

Y los detalles del trabajo del hierro en su puerta son característicos del románico catalán

Trabajo del hierro. Puerta de la iglesia de Coustouges. Foto R.Puig

Trabajo del hierro. Puerta de la iglesia de Coustouges. Foto R.Puig

La cabeza de perro guardián de su cerrojo es también tradicional, pero de una calidad poco común en sus detalles

Detalle.Puerta de la iglesia de Coustouges.  Foto R.Puig

Detalle.Puerta de la iglesia de Coustouges. Foto R.Puig

Descendiendo por el Alto Ampurdán 

En el Alto Ampurdán. Foto R.Puig

En el Alto Ampurdán. Foto R.Puig

La bajada desde Costoja hacia España nos traslada al Alto Ampurdán sin apercibirnos por otra señal que no se el diferente firme de la carretera, pues las alturas y los bosques del Alto Vallespir francés se funden sin solución de continuidad con los del Alto Ampurdán español.

El Puig Falcó. Foto R.Puig

El Puig Falcó. Foto R.Puig

Entre la Cataluña del Norte y la del Sur la identidad de los paisajes no marca diferencias.

 

Bañolas y el Can Puig de la Bellacasa

Yo subí por estas alturas gracias a las informaciones que me dieron en Arles-sur-Tech para pasar al Alto Ampurdán, ya que quería a ver a uno de mis hijos que, cosas de la vida, se ha venido a vivir cerca de las tierras en las que apareció por primera vez el apellido familiar allá por el siglo XIII.

El Can Puig de la Bellacasa a principios del siglo XX. Foto Consell Comacal del Pla de l'Estany.

El Can Puig de la Bellacasa a principios del siglo XX. Foto de los archivos del Consell Comarcal del Pla de l’Estany.

A través suyo y de su comunidad he conocido las actividades de la Cooperativa Integral Catalana: http://cooperativa.cat/es/. Creo que, como es habitual, las formas alternativas de autogestión bullen con más fuerza en tierras catalanas. No pude estar con ellos en su Fiesta de San Juan (http://cooperativa.cat/es/san-juan-fiesta-del-verano-en-pujarnol/), pero al menos he conocido algo que ya me pilla viejo, pero que en mi juventud me habría sin duda tentado. Pero aquellos fueron otros tiempos y en otras latitudes.

Yo a ellos les deseo muchas realizaciones y éxitos.

Masía fortificada. Siglo XV. Pujarnol. Foto R.Puig

Masía fortificada. Siglo XV. Pujarnol. Foto R.Puig

Volviendo a estas nostálgicas evocaciones de aquellos antepasados que trajinaron en tierras de Bañolas a finales del Bajo Medievo, he de decir que la información sobre su presencia en este lugar desde el siglo XIII procede del historiador Mossèn Luis Constant (1901-1955) que trabajó intensamente en los archivos de la comarca, aunque muchas de sus publicaciones fueron póstumas, pues falleció prematuramente antes de redondear su obra.

Mi fuente es la misma que me ha permitido entender el significado de la antigua casa solariega, amplia masía o can, centro de una centenaria explotación agropecuaria, el Can Puig de la Bellacasa. Se trata de una de las pocas copias remanentes de un fascículo que me han facilitado dos funcionarias, Rosa y Anna, en la Sede del Consejo Comarcal del Pla de l’Estany que ocupa hoy esa masía del siglo XIII, sabiamente restaurada para servir de base de los servicios públicos comarcales: Can Puig de la Bellacasa. La Nova Seu del Consell Comarcal,  Banyoles, 2000, 27 pp.

Fue una grata sorpresa su acogida y su amable cortesía.

Can Puig de la Bellacasa. Bañolas. Foto R.Puig

Can Puig de la Bellacasa. Bañolas. Foto R.Puig

Sobre la institución y sus múltiples servicios públicos se puede encontrar abundante información en  http://www.plaestany.cat/Lainstituci%C3%B3/LaseudeCanPuig/tabid/77/Default.aspx

 

El último amo de la Masía fue un político catalán de la Lliga Regionalista, Lluís Puig de la Bellacasa i Deu (1886-1960), sobre quien (siempre siguiendo lo que narra el fascículo en su p.8) uno de los masoveros dejó dicho en 1926 que “Era molt savi… molt correcte. Era una gran persona”.  Ello no impidió que tuviera que exiliarse al estallar la Guerra Civil y no porque le persiguieran los nacionales sino porque las patrullas de la FAI querían matarlo. Una calle, bajo la colina que preside la renovada masía, lleva su nombre.

Visité el edificio con mi hijo.  Era la primera vez que ponía el pie dentro de unos muros que habitaron mis ancestros y desde los que, durante siglos, salían a diario a faenar y cosechar los campos ellos y sus masoveros.

La fuente medieval del Can Puig de la Bellacasa. Bañolas. Foto R.Puig

La fuente medieval del Can Puig de la Bellacasa. Bañolas. Foto R.Puig

La fuente medieval de la que se aprovisionaban sigue ahí. El agua ya no es potable pero junto a ella, vestido con su chilaba y mayestático tras una larga barba que disimulaba tristezas, estaba un inmigrante de Ghana que llenaba de agua sus garrafas de plástico. Me dijo que no había que preocuparse, que sabía bien que el agua no era potable, pero que él la hervía. Con digna cortesía retiró la garrafa unos instantes para que yo pudiera fotografiar el caño.

 

Los alrededores

Guiado por mi hijo he podido conocer algunos alrededores de Porqueras y Bañolas

Trigales en Bañolas. Foto R.Puig

Trigales en Bañolas. Foto R.Puig

El lago y los trigales tan cercanos.

Y, sobre todo, las alturas de Pujarnol, su masía y su iglesia medievales,

Masía de Pujarnol. Porqueres. Foto Archivos Consell Comarcal del Pla de l'Estany

Masía de Pujarnol. Porqueres. Foto Archivos Consell Comarcal del Pla de l’Estany

la cima de Rocacorba, desde la que se salta en parapente, y el santuario que se yergue de forma inverosímil sobre una de las rocas de sus crestas

Santuario de Rocacorba. Foto R.Puig

Santuario de Rocacorba. Foto R.Puig

y que brinda panorámicas soberbias.

Vista desde Rocacorba. Foto R.Puig

Vista desde Rocacorba. Foto R.Puig

 

Fin de ruta

En la penúltima etapa de mi ruta disfruté de la hospitalidad de una familia amiga en otras alturas, las de Valldoreix, a la vera de Barcelona. El único testimonio gráfico, fruto de su maravillosa hospitalidad, fue la silueta de Montserrat, al atardecer, desde una ventana de su casa.

 

Atardecer desde Valldoreix. Foto R.Puig

Atardecer desde Valldoreix. Foto R.Puig

Al día siguiente nos esperaban ya Els Poblets y su Playa de la Almadrava.

La ruta hacia el sur (II): Abadías

13 julio, 2014

Sobre la D125 hacia la abadía de Acey.  Foto R.Puig

 

Abandono la “Comtoise”, es decir la E60,  y por carreteras departamentales me encamino hacia la Abadía de Acey.

El cielo es hermoso y amenazante, contrastando con los trigales en sazón.

En la abadía de Acey

(Franco Condado Dpto.del Jura)

Llego poco antes de las cinco de la tarde, hora del canto de Vísperas de los cistercienses.

Vista aérea de la Abadía de Acey

Vista aérea de la Abadía de Acey

Me quedo a escucharlos mientras contemplo el desnudo y sobrio interior de su iglesia, que la fachada exterior no permite sospechar. Es como si la historia se hubiese detenido ahí, en esa comunidad de contemplativos, dedicados a sus trabajos de orfebrería y joyería artesanal, del que según he leído se mantienen. Es domingo y la tienda y la librería están por desgracia cerradas. Creo que también se financian con la hospedería.

Oficio de Vísperas en la Abadía de Acey. Foto R. Puig

Oficio de Vísperas en la Abadía de Acey. Foto R. Puig

Pero me viene a la memoria una polémica afirmación de Erasmo de Rotterdam en su Enquiridion: Monachatus non est pietas, frase que en su época era considerada una perniciosa herejía y causó gran escándalo,  pues retirarse a un monasterio y vivir en una comunidad de castos célibes era considerado superior a cualquier otra forma de vida, incluido por supuesto el matrimonio, que, ya lo había dicho San Pablo (más vale casarse que abrasarse), era un mal menor, teniendo en cuenta nuestra frágil concupiscencia.

Decir que “el monacato no es la piedad”, es decir no es la única ni la mejor de las formas de la vida buena, iba a la contra de la tradición medieval. De hecho, casi no hubo príncipe ni señor feudal que no propiciase la donación de tierras y la erección de abadías en los parajes más hermosos de Europa, y en particular de Francia.

Hoy las pocas comunidades de monjes que quedan en algunas de ellas no representan ya aquella alianza entre del poder y las órdenes religiosas que suscitó las iras iconoclastas durante las guerras de religión y la arrasadora furia de la Revolución Francesa.

El “ora et labora” es cosa de pocos y no de las miríadas de contemplativos de épocas pasadas. Erasmo añadía (pues la frase se cita incompleta): sed vitae genus pro suo cuique corporis ingeniique habitu, vel utile, vel inutile, es decir: el monacato es “una forma de vida que puede ser útil o inútil según sea la disposición corporal o mental de cada uno”.

A Erasmo sus votos y su paso por un monasterio de monjes agustinos no le dejaron unos recuerdos muy edificantes sobre la vida comunitaria que allí se practicaba.

Gótico de transición. Acey. Foto R.Puig.

Gótico de transición. Acey. Foto R.Puig.

Sea como sea, de esta variante contradictoria de la historia de los hombres y las creencias, yo me quedo con esta maravilla arquitectónica y con la hora de silencio y de cantos semi-gregorianos de estos cistercienses de hoy.

La mayoría de los que en Acey concluían la hora de Vísperas con el canto del Magnificat ya son ancianos y las expectativas ‘demográficas’ de continuidad de esta forma de vida, al menos para esta abadía, parecen reposar en los novicios venidos de la inmigración.

¿Una metáfora de Europa?

Virgen con el niño. Nave central. Acey.  Foto R.Puig

Virgen con el niño. Nave central. Acey. Foto R.Puig

 

También me producía una extraña sensación, en este lugar fuera del tráfago y de las noticias de los telediarios,  esa afirmación de una de las estrofas del canto que el Evangelio atribuye a la madre del fundador del Cristianismo:

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos

Al menos, este puñado de monjes lo cantaban convencidos.

 

Valcroissant

(Ródano-Alpes, departamento del Drôme)

Campos de lavanda por la D93 camino de Valcroissant. Foto R.Puig

Campos de lavanda por la D93 camino de Valcroissant. Foto R.Puig

Para llegar a Valcroissant hay que dejar la Autopista del Sol (E15) en dirección a Die. La D93 es una carretera panorámica que te invita a pararte en numerosas ocasiones en su recorrido, bordeando a contracorriente el Drôme que desciende en busca del Ródano. En algunos tramos el olor de la lavanda entra por las ventanillas de mi Caravelle y me acompaña.

A poco menos de cinco kilómetros de Die, por una mínima carretera que serpentea bajo grandes rocas se llega a esta recóndita abadía cisterciense, hoy una explotación agropecuaria dentro del parque de Vercors (Hautes-plateaux de Vercors), en medio de los bosques de Glandasse, donde existe una pequeña población de osos.

El Pie Farré desde el camino de Die a Valcroissant. Foto R.Puig

El Pie Farré desde el camino de Die a Valcroissant. Foto R.Puig

Una leyenda testimonia de la cohabitación razonable de los monjes con los osos de la zona.

El 23 de diciembre de 1270 un monje llega corriendo donde el Padre Abad.

-        Padre mío, no hemos quedado sin trucha, los osos han roto el hielo del estanque y han pisoteado las orillas

El prior va a la fuente para hablar con los osos y les dice:

-        Osos de Valcroissant, desde que llegamos a este valle no ha habido ninguna disputa entre nosotros y no tenemos ni perro que guarde las ovejas. Lo que habéis hecho esta noche es una grave atentado a la hermandad entre nosotros. Si no sois unos descreídos, arrepentíos y sigamos viviendo en paz. ¡Que así sea!

A la mañana siguiente los osos habían devuelto las truchas al estanque.

Interior del refectorio. Valcroissant. Foto R.Puig

Interior del refectorio. Valcroissant. Foto R.Puig

Este monasterio, fundado en el siglo XII sobrevivió tras las guerras de religión gracias a que los monjes lo dedicaron desde finales del siglo XVIII a granja y explotación agropecuaria, hoy gestionada por la Sociedad de Amigos de Valcroissant.

Es también hospedería y granja escuela y un lugar de conciertos y recitales.

Roseton del ábside. Valcroissant. Foto R.Puig

Rosetón del ábside. Valcroissant. Foto R.Puig

A pesar de que llegué demasiado temprano para beneficiarme de la hora de visita, una hortelana que cuidaba de las flores del jardín me autorizó a circular libremente por el lugar, sin que me aceptase el precio de la entrada.

El jardín de la abadía de Valcroissant. Foto R.Puig

El jardín de la abadía de Valcroissant. Foto R.Puig

Valmagne

(Languedoc-Rosellón, departamento del Hérault)

Ojivas y bóvedas. Valmagne. Foto R.Puig

Ojivas y bóvedas. Abadía de Valmagne. Foto R.Puig

La comunidad cisterciense de la abadía de Valmagne no sobrevivió a la Revolución Francesa, los monjes huyeron y se refugiaron en Barcelona.

Entrada de Jesús en Jerusalén. Bajorrelieve mutilado. Sala capitula de Valmagne. Foto R.Puig

Entrada de Jesús en Jerusalén. Bajorrelieve mutilado. Sala capitula de Valmagne. Foto R.Puig

Esta abadía era una de las más ricas de Francia. Confiscada y declarada “bien público”, tras una temporada en manos de un viticultor burgués que la uso como bodega, acabaría siendo propiedad de los condes de Turenne, cuyos descendientes explotan hoy sus extensos viñedos y la mantienen con los ingresos del turismo y de la venta de caldos de la denominación Languedoc.

Valmagne. Vista de la abadía desde su jardín medieval. Foto R.Puig

Valmagne. Vista de la abadía desde su jardín medieval. Foto R.Puig

La fundó el vizconde de Béziers en el siglo XII para tener en sus tierras a los monjes del Cister y, acabó, por obra y gracia de una revolución, por revertir, ya desprovista de contemplativos, a la manos de un conde. Del vizconde al conde gracias a una revolución.

Viticultura semiorgánica en tierras de la abadía de Valmagne. Foto R.Puig.

Viticultura semiorgánica en tierras de la abadía de Valmagne. Foto R.Puig.

Si los monjes predicaban el ora et labora creo recordar que fue también un tonsurado quien inventó aquello de amigo, bebe, que la vida es breve.

Sea o no cierto, entre máximas discurre la historia.

Cubas gigantes del siglo XIX en la nave central de la iglesia. Foto R.Puig

Cubas gigantes del siglo XIX en la nave central de la iglesia. Foto R.Puig

Las naves de la iglesia son quizás la única muestra de un templo medieval transformado en inmensa bodega. Almacenaron el vino hasta comienzos del siglo XX.

Ahora sus cubas son una muestra de lo que eran capaces de fabricar con madera de bosques de Rusia los maestros toneleros franceses.

Valmagne. El claustro desde la sala capitular. Foto R.Puig

Valmagne. El claustro desde la sala capitular. Foto R.Puig

Pero el día que yo visité Valmagne, el vino me lo vendió Claudia, una alemana de Munich, licenciada en Historia del Arte, que hace ya años reside y trabaja en este lugar.

Compré seis botellas y certifico que el vino de Valmagne no está nada mal. Además, bajo estas bóvedas góticas y junto a las cubas centenarias que albergan, aquella estrofa de una oración que nos hacían recitar en el colegio adquiere un sentido inesperado:

¡Sangre de Cristo, embriágame!

Saint Marie

(Languedoc-Rosellón, departamento de los Pirineos Orientales)

Bajorrelieve de la tumba de Guillaume Gaucelme en la abadía de Santa María en Arles sur Tech.  Foto R.Puig

Bajorrelieve de la tumba de Guillaume Gaucelme en la abadía de Santa María en Arles-sur-Tech. Foto R.Puig

Me habían hablado muy bien del camping Riuferrer en Arles-sur-Tech, al pie de los Pirineos de la “Cataluña del norte” francesa. Ya me aprestaba a pasar el atardecer calmadamente y escuchando el rumor del río, cuando unos vecinos suizos me explicaron que en el pueblo daban el Suiza-Francia en pantalla grande. La verdad es que estos simpáticos vecinos de Ginebra no se merecieron el resultado

Pero les quedé muy agradecido por mostrarme que bastaba un corto paseo para plantarse en el pueblo.

Nave central de la iglesia de Santa María en Arles sur Tech. Foto R.Puig

Nave central de la iglesia de la abadía de Santa María en Arles sur Tech. Foto R.Puig

Acabé descubriendo que la abadía benedictina de Sainte Marie y la amable acogida de las chicas que vendían las entradas y los folletos me esperaban.

No sólo eso, la jovencita pelirroja que me vendió el folleto descriptivo me enseñó su antebrazo, afirmando, más convencida que una maría magdalena en día de Pascua, que el agua que fluye del sarcófago del patio, que según tradición acoge desde siglos los restos de los mártires santos Abdón y Senén, le curó milagrosamente un eczema que ningún médico había conseguido sanar.

Retablo de los santos Abdón y Senén. Abadía de Santa María. Arles sur Tech. Foto R.Puig

Retablo de los santos Abdón y Senén. Abadía de Santa María. Arles sur Tech. Foto R.Puig

Deben de ser tiempos de sequía, pues, por el momento, el sarcófago, también denominado la Santa Tumba, está seco, a pesar del grueso fascículo que explica por siete euros todos los estudios científicos que se han hecho para tratar de comprender el fenómeno.

Hasta hoy sin resultado.

Sarcófago del siglo V en la abadía de Santa María en Arles sur Tech. Foto R.Puig

Sarcófago del siglo V, la “Santa Tumba”, en la abadía de Santa María en Arles-sur-Tech. Foto R.Puig

Yo me quedo con el milagroso silencio del claustro y la hermosura de ese pueblo, donde ya venían los romanos a aliviar dolores en sus fuentes termales.

Claustro de la abadía de Santa María en Arles sur Tech.  Foto R.Puig

Claustro de la abadía de Santa María en Arles sur Tech. Foto R.Puig

Creo que volveré a pasar por ese valle. Todavía encierra muchas sorpresas.

A la mañana siguiente ascendí hacia España por el pequeño pueblo de Coustuges en el Alto Vallespir.

Continuará.

La ruta veraniega hacia el sur (I): Agua

6 julio, 2014

 

Pasando de Suecia a Dinamarca. Foto R.Puig

Pasando de Suecia a Dinamarca. Foto R.Puig

Llegaron los días de subirse al volante de la furgoneta y descender hacia el Mediterráneo. El año pasado he narrado mi ruta veraniega en cuatro capítulos (julio-agosto 2013) siguiendo un orden cronológico y agrupado. Además fue de sur a norte, pero esta vez la Caravelle ha hibernado en Suecia, así que empezamos al revés. En esta ocasión mis divagaciones serán temáticas. Al final, los lectores del blog seguro que descifran el trayecto.

El leitmotiv de este primer capítulo va a ser el agua que, al hilo del viaje, de un modo u otro siempre se encuentra.

Para empezar, si sales de Suecia hacia Dinamarca para continuar por Alemania, tanto si te subes en un ferry como si optas por pasar el Öresund, el agua la encuentras ineluctablemente, agua de mar, agua del estrecho por donde se realimenta el Báltico con los flujos que llegan del Mar del Norte a través del Kattegat y el Skagerrat.

Entrando en Dinamarca. Foto R.Puig

Entrando en Dinamarca. Foto R.Puig

Dejas las tierras de Escania y cabalgando sobre el Öresundbron y la isla Selandia te adentras en el túnel que te pone en tierras de Jutlandia.

Esta primera etapa, iniciada en Gotemburgo, me lleva a Lübeck, ya en Alemania, ciudad de canales, capital medieval de la Liga Hanseática, donde confluyen dos ríos, el Trave y el Wakenitz.

Lubeck matinal.   Foto R.Puig

Lübeck matinal. Foto R.Puig

Cuando, muy temprano, paseo por sus calles, lo primero que encuentro es un apacible parque junto al agua cerca de su catedral.

Lübeck matinal.  Foto  R.Puig

Lübeck matinal. Foto R.Puig

Y, al día siguiente, una imagen silenciosa refleja también la calma de una mañana y la suave llovizna sobre el Neckar, en mi segunda parada, en Heidelberg.

Heildelberg. Perezoso amanecer sobre el Neckar.Foto R.Puig

Heildelberg. Perezoso amanecer sobre el Neckar.Foto R.Puig

Me despido, lamentando no adentrarme esta vez en su centro histórico, con una breve subida a su paseo de los filósofos, desde el cual el Neckar, en el que se mira la ciudad, sigue siendo el protagonista del paisaje.

Heidelberg. La ciudad y su río.  Foto R.Puig

Heidelberg. La ciudad y su río. Foto R.Puig

Tras pasar por la abadía de Acey en el departamento del Jura, en el Franco Condado, de la que hablaremos en la siguiente entrega, y cerca de Parcieux, paso la noche en el camping de L’Escluse, en las orillas del Saône, veinte kilómetros antes de su confluencia con el Ródano en Lyon, frente a la isla fluvial de Beyne, poblada hace más de un siglo por pescadores y hoy refugio para aves.

El Saône se acerca al Ródano. Foto R.Puig

El Saône se acerca al Ródano. Foto R.Puig

La antigua presa que obligaba a las peniches y barcazas a circular por una antigua esclusa fue demolida hace décadas, dejando libre curso al río. Tenía pues una categoría de puerto fluvial.

La casa del jefe de la presa de Port Bernalin sobre el río Saône. Foto R.Puig

La casa del jefe de la presa de Port Bernalin sobre el río Saône. Foto R.Puig

Hoy, el canal de la esclusa es un embarcadero deportivo.

La vieja esclusa sobre el Saône.  Foto R.Puig

La vieja esclusa sobre el Saône. Foto R.Puig

Y al día siguiente, encuentro de nuevo el agua, morigerada y modesta, en el estanque de la abadía cisterciense de Valcroissant, en el corazón de los bosques de Glandasse.

Abadía de Valcroissant. La fuente de los monjes. Foto R.Puig

Abadía de Valcroissant. La fuente de los monjes. Foto R.Puig

Está situada en la comuna de Die, en el departamento del Drôme y hay que remontar las aguas del río que dan nombre a este departamento.

El Drôme en la subida hacia Valcroissant. Foto R.Puig

El Drôme en la subida hacia Valcroissant. Foto R.Puig

Y de las aguas del Drôme (tras una noche en un camping para olvidar), internándome  en el departamento de Hérault, nuevo encuentro con el agua en la fuente octogonal de la Abadía cisterciense de Valmagne, cerca de Villeveyrac, rodeada de los viñedos del Langedoc, en cuyo pilón los monjes hacían sus abluciones antes de pasar al refectorio.

Abadía de Valmagne.  La fuente del claustro. Foto R.Puig

Abadía de Valmagne. La fuente del claustro. Foto R.Puig

De allí, por las carreteras de los Pirineos Orientales subo al camping de Arles-sur-Tech, situado junto al RiuFerrer, de aguas limpias y torrenciales. En el camping que se denomina como el río concilio el sueño,

El río Ferrer a su paso por Arles sur Tec. Foto. R.Puig

El río Ferrer a su paso por Arles sur Tec. Foto. R.Puig

arrullado por el rumor de esa corriente de montaña.

 

Atravieso los Pirineos.

Después de superar el puerto de Coustouges en el Alto Vallespir, cruzo la frontera con España y entro en el Alto Ampurdán, donde en una zona que presenta las trazas de recientes incendios forestales, paro a descansar junto a las aguas del embalse de Boadella-Darnius, que se alimenta con las aguas de la cuenca del río Muga.

Embalse de Darnius en el Alto Ampurdán.  Foto R.Puig

Embalse de Darnius en el Alto Ampurdán. Foto R.Puig

La penúltima etapa de mi viaje me lleva al lago de Bañolas, donde me sorprende un crepúsculo incendiado.

Crepúsculo sobre la lago de Bañolas.  Foto R.Puig

Crepúsculo sobre el lago de Bañolas. Foto R.Puig

Lo contemplo también desde las alturas de la cima de Rocacorba.

Bañolas y su lago desde la cima de Rocacorba.  Foto R.Puig

Bañolas y su lago desde la cima de Rocacorba. Foto R.Puig

Pero las aguas que más me emocionan, son las de la fuente del Can Puig de la Bellacasa, que aliviaron la sed a mis ancestros ya desde el siglo XIII.

La fuente medieval del Can Puig de la Bellacasa en Bañolas. Foto R.Puig

La fuente medieval del Can Puig de la Bellacasa en Bañolas. Foto R.Puig

De ese lugar hablaremos en la siguiente entrega.

Por el momento, acabemos con el mar de mi punto de arribada en la Marina Alta, en la playa de la Almadraba, en Els Poblets.

El mar de la Almadraba. Els Poblets. Foto R.Puig

El mar de la Almadraba. Els Poblets. Foto R.Puig

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