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“Ensondeluz.com” cumple diez años (I) y breve reportaje de un “panseo en la pasdemia”

8 noviembre, 2020

Para todos los que siguen este blog ¡muchas gracias!

Aniversario

La entrada de hoy es la quinientos setenta de este blog. Se abre pues con su primera imagen, la isla de Montecristo cuando el sol se ponía sobre su cumbre el 20 de octubre del año 2010. Tal día como ayer, 7 de noviembre de hace diez años, escribí esto cuando se inauguraba ensondeluz.com :

El sol se pone tras la isla, una columna de nubes la corona, el mar se rinde al cielo, y el perfil de la montaña evoca un volcán incendiado por el astro de fuego. Con esta visión comienza a germinar el título de este blog que hoy despega. Aunque al final desembarcaré con cinco horas de retraso y ya de noche, vengo a Roma “en son de luz”.

La mañana del miércoles 21 de octubre en Roma confirma con sus luces de otoño (vegetales, leñosas, aéreas, vaporosas, ásperas, resbaladizas, fluyentes, pétreas, murales, terrosas) firmes o fugitivas, en un proceso de cambio efímero y eterno, esa primera intuición. Si vienes a Roma para dedicar el año a la pintura, al dibujo, la escultura y a la historia del arte en directo, como yo, has de venir en son de luz.

A Roma, durante siglos, ejércitos o viajeros y peregrinos han llegado en son de guerra o en son de paz. Pienso que los pintores y poetas venían y vienen en son de luz. Entonces, con los ojos y los demás sentidos bien abiertos, Roma responde a diario, por cualquier rincón, desde cualquier perspectiva, de tantas como te abre, a pie, en autobús, en tranvía, en coche, por sus varios centros históricos o por sus extensas irradiaciones con las que se entrevera la campiña del Lazio, con todos los matices y vibraciones de su luz, en un continuo estremecimiento impalpable.

Goethe llegó a Roma el 1º de noviembre de 1786 (“Viaje a Italia”), yo muchos años y unos días más tarde siento como mías algunas de sus sensaciones. El día antes de iniciar la última etapa hacia la ciudad, el 28 de octubre, escribe: “No son aún las ocho, todos se han acostado, de modo que puedo recorrer por última vez mi pasado reciente y alegrarme con el pensamiento del inminente futuro. La jornada de hoy ha sido muy hermosa y serena, la mañana bien fría, el día claro y templado, la tarde un tanto ventosa pero bella”. El 7 de noviembre escribe: “no me canso de abrir los ojos y de mirar, de ir y venir, ya que sólo en Roma nos podemos preparar para comprender Roma”.

Diez años después este es el medallero de las 20 entradas más vistas clasificadas por número de visitas:

Y resulta que “El mito del Montgó” publicado el 21 de marzo del 2012 ostenta el record de 31.137 visitas, o sea una media de más de 3000 visitas por año. ¿Qué le otorga tal popularidad? No lo sé, pero se lo pueden preguntar a mis paisanos de Els Poblets, Denia, Ondara, El Verger, la Xara, Jávea, Benitatxell y otros pueblos de la Marina Alta alicantina.

El Montgó desde la plana de la Justa. Foto R.Puig

No obstante, en caso de que me pregunten si, además de el Montgó (el Mons agonum de los romanos, el  Jabal Qaun de los árabes), hay otras entradas que figuran como favoritas en un rincón del corazón, y a riesgo de traicionar mis secretos, les señalaré hoy algunas, sin prejuicio de que retorne a la cuestión el siguiente domingo.

Hoy traigo aquí tres de las entradas siguiendo un orden caprichoso.

(I)

10 de marzo del 2013

“El mar junto a mí (Albert Camus)”

“Creciendo con el mar mi pobreza ha sido fastuosa, luego he perdido el mar y todos los lujos me han parecido grises, la miseria intolerable. Desde entonces, espero. Aguardo que vuelvan las naves, la casa de aguas, el día límpido. Me lo tomo con calma, pongo mi mayor empeño en ser educado. Se me ve pasar por las hermosas calles de los sabios, admiro los paisajes, aplaudo como hacen todos, doy la mano, no soy yo el que habla. Se me alaba, sueño un poco. Se me ofende, apenas me sorprendo, después olvido y sonrío a quien me ultraja; o saludo con exceso de cortesía a quien me gusta. ¿Qué voy a hacer si tan sólo tengo memoria para una imagen? Finalmente me conminan a que diga quién soy. “Todavía nada, todavía nada…”

Es en los entierros donde me supero. Soy en verdad excelente. Marcho a paso lento por suburbios ornados de chatarra, me adentro por amplias alamedas, plantadas de árboles de cemento que terminan en agujeros de tierra fría. Allí, bajo la venda apenas enrojecida del cielo, observo como unos gallardos camaradas inhuman a mis amigos a tres metros de profundidad. La flor que una mano arcillosa me tiende en ese momento, si la lanzo, no falla jamás la fosa. Mi piedad es la precisa, la emoción exacta, inclinando la nuca como es debido. Admiran el acierto de mis palabras. Pero no tengo mérito: yo espero.

Espero largo tiempo. A veces, tropiezo, pierdo apoyo, el éxito me escapa. Qué importa, entonces estoy solo. Así que me despierto de noche, y, medio dormido, me parece escuchar un ruido de olas, la respiración de las aguas. Desvelado del todo, reconozco el viento en los ramajes y el rumor desgraciado de la ciudad desierta. Después, debo poner todo mi esfuerzo en esconder mi desamparo o disfrazarlo a la moda.

Otras veces, al contrario, algo me ayuda. En Nueva York, hubo días en que, perdido, al fondo de esos pozos de piedra y acero por los que erran millones de hombres, yo corría de uno a otro, sin ver el fin, agotado, hasta que ya sólo me sostenía la masa humana que buscaba su salida. Entonces me ahogaba, mi pánico estaba por volverse grito. Pero, cada vez me llegaba la llamada lejana de un remolcador, para recordarme que esta ciudad, cisterna seca, era una isla, y que en la punta de la Battery el agua de mi bautismo me esperaba, negra y podrida, cubierta de corchos huecos.

De este modo, yo, que nada poseo, que he dado mi fortuna, que acampo al margen de todas mis casas, sin embargo estoy satisfecho cuando lo quiero, aparejo a cualquier hora, el desaliento me ignora. No hay patria para el desesperado y , en cuanto a mí, yo sé que el mar me precede y me sigue, tengo una locura siempre pronta. Quienes se aman y están separados pueden vivir en el dolor, pero no es el desánimo: saben que el amor existe. Por eso sufro el exilio con los ojos secos. Todavía espero. Un día viene, al fin…

Siempre he tenido la impresión de vivir en alta mar, amenazado, en el corazón de una felicidad real”

Extractos de: Albert Camus. “L’Été”, Paris, Gallimard, Les Essais LXVIII, 1954.  (traducción propia)

“Esta ciudad, cisterna seca, era una isla”. Foto R.Puig

(II)

29 de marzo del 2011

¿Qué espera el púgil del Palazzo Massimo (Museo Nazionale Romano)?

¿Qué escucha, qué mira, el curtido púgil de Palazzo Massimo?

Quizás su rostro, marcado de cicatrices, se vuelve porque ha oído la llamada para un último pugilato. Ha de reunir sus fuerzas y alzarse de nuevo, aunque la edad y el cansancio le vencen. El adversario se estará poniendo en pie del otro lado de la palestra y en unos instantes nuestro púgil veterano estará listo para el combate.

Púgil de Palazzo Massimo. Foto R.Puig

(III)

17 de marzo del 2013

“El duo de los cisnes”

.

Para engañar al frío

el cisne se hace nieve.

.

Para engañar al agua

se hace pasar por nube

y el aire se extravía

al sentirlo tan leve.

.

El cisne engaña al tiempo.

pues ni se va ni vuelve,

y el cisne nos confunde

afectando que es cisne.

.

Ramón Puig de la Bellacasa, sábado  9 de marzo del 2013

Duo de cisnes. Foto R.Puig

Continuará…

***

De un panseo en la pasdemia

Los paseos en tiempo de pandemia empieza tener un no sé qué, aunque sean en este Gotemburgo que, hasta hace poco, era una ciudad “alegre y confiada”, como si el coronavirus fuese cosa de otros, y ahora comienza a descubrir que esto hay que tomárselo más en serio. Así que el paseo ha pasado a ser “panseo en la pasdemia”. Todos los días me doy una garbeo y a veces cosecho imágenes de algunos escaparates del barrio…

La vitrina del librero de viejo

Panic disorders. Foto R.Puig

Una lectura para tiempos de plagas es lo primero que me llama la atención entre los libros de segunda mano expuestos en el escaparate. El editor es un neuro-psico-farmacólogo británico, quien, además de escribir obras de ficción, en sus ratos libres inventa nuevas drogas para substituir el alcohol. Le acompañan en la obra un top-doctor estadounidense y un psiquiatra “adictólogo” francés. La vitrina está llena con otros libros de psiquiatría y psicoanálisis.

¡Qué ingratos son algunos herederos con las bibliotecas de sus predecesores difuntos! Cada vez que alguien limpia de libros las estanterías del fallecido padre o abuelo, mi librero llena una vitrina con los libros del viejo catedrático.

Como esta obra, muy adecuada para los tiempos que vivimos.

Esquizofrenia. Foto R.Puig

Pues si necesitaban otra lectura para esta época de pandemia, se pueden entretener con el el libro del Dr. Foster Green que les revelará cómo la amenaza de la esquizofrenia progresa desde las neuronas hasta invadir la vida diaria de quienes la padecen.

Y “Roma, por la puerta asoma”, porque en la misma vitrina hay en venta un medallón conmemorativo de la Conferencia de Yalta que cerró el reparto de territorios entre los victoriosos aliados de la II Guerra Mundial. Aquí tienen las caras de Churchill, Stalin y Roosevelt que un amateur de la escultura modeló el año en que yo nací.

Memoria de Yalta. Foto R.Puig

Reza así en la leyenda inferior: “MÄNNEN SOM ÅSTADKOM FRED” (los hombres que establecieron la paz).

Pues bien, a propósito de la obrita artesanal de alguien que quiso celebrar la Conferencia de Yalta con este tondo, se me ocurre cotejarlo con la famosa foto de aquel encuentro…

El trío de Yalta. Foto del Archivo ABC

y proponerles una adivinanza:

¿Cuál creen que era la ideología de este artesano sueco anónimo?

La vitrina del barbero

Sigo con mi panseo pasdémico por delante del barbero…

Barbershop 1. Foto R.Puig

Alguien está en la gloria tras un lavado de cuero cabelludo y un corte de pelo al estilo ejecutivo, mientras aguarda a que le rasuren la barba y le apliquen un refrescante aftershave.

Pero, ¡de repente me ha descubierto el barbero! Y me mira, embozado tras su mascarilla anti-covid, con cara de pocos amigos….

Barbershop 2. Foto R.Puig

Como no tengo al día mi carnet de reportero, ahueco el ala como quien no quiere la cosa…

Poetisa

No lejos de ahí, me reencuentro con Karin Boye (1900-1941) la célebre escritora sueca que no llegó a saber de aquella “paz de Yalta”.

Karin Boye. Foto R.Puig

Ni sus hermosas poesías, ni su éxito como novelista, pudieron salvarla de su pánico

Karin Boye. Foto R.Puig

PORTARNA

Jag älskar de vita bergen, de marmor vita

med pannan sköljd av himlarnas högblåa vila,

och salthavs stormande glitter,

och doriska tempel, och tankens svala kristall.

LAS PUERTAS

Amo las montañas blancas, blancas como mármol.

cuya frente baña la paz de las alturas azuladas de los cielos,

y del mar salado los brillos tempestuosos,

y los templos dóricos, y el frescor cristalino de los pensamientos

Men dröjt har jag också vid gläntande portar

och sett dit in i tomande skymmingsdjup,

där altarljusens skimmer stilla jublade

mot bävande tid, advent,

medan vintermorgonen stirrade mörk genom välvada fönster.

Pero también me he demorado junto a las puertas entreabiertas

y he sumergido mis pensamientos en el crepúsculo sonoro,

donde en silencio exulta un resplandor de cirios

cuando tiemblan los tiempos, es adviento,

mientras la mañana invernal miraba oscura por ojivales ventanas.

He traducido las dos primeras estrofas de su poesía “Portarna” del poemario Moln (Nube),1922, que concluye afirmando que “nadie camina más de un camino” (mer än en väg går ingen).

Karin Boye se suicidó el 23 de abril de 1941 sobre una colina con vistas a la ciudad donde vivía.

Ya de vuelta a casa paso por la esquina del parque, el viento ha tapizado de hojas muertas el área de recreo…

Futuros escaladores en Vasaparken. Foto R.Puig

Versión extraviada (11): reencuentro

1 noviembre, 2020
En Viterbo

Mi desvío, pasando por Bracciano, me ha permitido llegar a Viterbo sin que nadie me siga. La cita con Geschner es en un pequeño hostal cerca de la Universidad de Estudios de la Tuscia. Esta comarca se llamó así desde la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media. Su territorio corresponde con la Etruria, la tierra de los Etruscos.

Doy bastantes vueltas para poder aparcar en la zona de la ciudad universitaria. Viterbo es una ciudad medieval. En su centro es complicado dejar el coche. Por fin puedo acercarme a pie al lugar de la cita, que encuentro tras pasar bajo un arco centenario. Llamo por el celular frente al hostal y cual no será mi sorpresa que, tras Geschner, aparece mi viejo amigo Jeffrey, por la puerta de lo que, más que un hostal, podría ser una casa rural, si no fuese porque está situado en un centro urbano…

La universidad tiene un curso de master en Historia del Arte y Arqueología, en el que mi amigo cuenta con profesores a los que conoce desde hace años. En definitiva, un lugar donde pasar desapercibido…

Pero no adelantemos acontecimientos, pues he venido a discutir con ellos del estado de nuestras transcripciones, en particular de algunas que deparan notables sorpresas.

El hostal

Vengamos pues a algunos de los textos con los que he estado trabajando, empezando por la expulsión de los mercaderes del Templo…

María:

Mi prima María, la mujer de Cleofás, me contó algo que le habían narrado sus hijos que habían venido a buscarla para ir a Jerusalem a la Pascua. No quería preocuparme, pero al oírla, decidí venir yo también a Jerusalem para la fiesta.

Jesús estaba provocando cada vez más a las autoridades del Templo. Lo que había hecho esta vez era muy arriesgado. 

Desde que yo recuerdo, bajo los soportales y pórticos del Templo siempre ha habido puestos de comerciantes. Cuando llega la Pascua u otras grandes fiestas del pueblo judío, su número aumenta para poder aprovisionar a los peregrinos. Predominan los puestos de comida y de recuerdos, textos de la Torah y muchas otras cosas, sobre todo animales para el sacrificio. También se instalan puestos de cambistas para que los que vienen de lejos sin moneda romana puedan obtener la moneda local, pero todo esto se hacía en una zona no sagrada destinada a ello. 

Los sacerdotes reciben pagos e ingresan tasas y comisiones de los comerciantes y corren voces de que muchos se han enriquecido ilegalmente con ello, en vez de destinarlo al culto y al mantenimiento del Templo, así como al socorro de los pobres y las viudas como prescriben nuestra religión.

Por lo que me contaron, Jesús había entrado con grandes voces y había empezado a volcar mesas, azuzar a los animales y creado un gran revuelo gritando que la casa de oración, la casa de su Padre había sido convertida en cueva de ladrones. Juan y Santiago iban con él y mi prima, su madre, estaba preocupada porque también habían intervenido siguiendo a Jesús y zurrando a algunos comerciantes con varas que habían quitado a los vendedores de ganado.

Cuando llegaron los fariseos con una manípulo de guardias del Templo, Jesús estaba ya fuera de la escena rodeado de pobres y lisiados, la multitud empezaba a escucharle, y no se atrevieron a prenderle. Por lo visto, como había riesgo y él y los hijos de María habían sido bien identificados por los guardias y por algún sacerdote del Templo, y algunos comerciantes empezaban a reclamar que se les ajustasen las cuentas y pagasen los desperfectos, amparados por la multitud, decidieron salir de Jerusalem y refugiarse en Betania en casa de Marta.

Cristo entra en Jerusalem. Cripta del s.XI en la catedral de Auxerre. Foto R.Puig

María Magdalena consiguió estar más cerca de la cruz que yo misma. A mí me rodearon varios discípulos a mayor distancia, pues temían sinceramente que alguien me reconociese y me insultara o incluso me arrastrara ante el Sanedrín. Además a las mujeres no se les permite estar en un lugar de ejecución, pues es un sitio muy impuro. Así que no pudimos acceder al mismo Gólgota.

Yo sufrí como nadie puede imaginarse y creo que María de Magdala no sólo sufrió sino que, durante aquellas horas espantosas, también enloqueció, al menos por un tiempo. Ahora no sé dónde está ella.

Pedro y los demás discípulos no la apreciaban, aunque no les importó aprovecharse de lo que fue diciendo dos días después de la muerte de Jesús sobre que se le había aparecido todo luminoso y vivo. Usaron ese testimonio para empezar a correr la voz de que mi hijo había resucitado. Lo que yo sí sé es que su cadáver se lo habían llevado y que María debió de tener alucinaciones al constatarlo.

El resultado fue que a ella también la marginaron y no le dieron nada que hacer en la naciente comunidad. Lo mismo ocurrió con las demás mujeres. Había varias que eran esposas o compañeras de algunos discípulos y que habían seguido a Jesús con ellos. Se trataba de las que no tenían hijos. Cuando estuve con todo el grupo pude darme cuenta de que las mujeres que seguían a mi hijo le admiraban y la servían con total devoción.

Muerto mi hijo y con la dispersión del grupo de los discípulos, pues los romanos les buscaban tras lo que había ocurrido cuando prendieron a Jesús, las mujeres, como mucho nos tuvimos que limitar a cocinar y a ordenar cuando había que atenderles, pero el dinero en común lo administraban los hombres. A las mujeres se nos trataba según la tradición judía más estricta.

Crucifijo gótico del museo catedralicio, Auxerre. Foto R.Puig

Me preguntas, Samuel, cuáles son mis deseos y eso me va a obligar también a decirte cuáles son mis problemas.

Mis deseos son muy sencillos. Yo lo que quiero es volverme para siempre a Nazaret y olvidar todo esto, curarme de mi dolor rezando y ayudando a mis hijas y a mi hijo José, el único que se han quedado allá con su mujer Raquel y mis nietos.

Pero, aquí vienen mis problemas, mis otros tres hijos, Jacobo, Judas y Simón trabajan por la misión que dicen les encomendó su hermano y están de acuerdo con los demás discípulos en que yo soy más útil aquí, que eso es lo que Jesús querría si viviese. Así que estoy recluida la mayor parte del tiempo y sólo salgo cuando raramente quieren que me muestre.

En los momentos en que muchos judíos forasteros vienen a nuestras grandes fiestas, la predicación de Simón Pedro y los demás se dirige a ellos. Entonces les conviene que está ahí, la madre del profeta, la madre del Mesías, silenciosa como una diosa de esas que los romanos tienen en sus templos. Soy algo sagrado, soy la garantía silenciosa de la verdad de lo que proclaman.  Cada día comprendo con mayor claridad que han renunciado a hacer lo que Jesús quería y han decidido probar suerte por el ancho mundo. Cuando una nueva expedición de apóstoles, que así se llaman, parte lejos, a mí, la que llaman “madre de Dios”, la madre de Jesús, me piden que les de mi bendición protectora.

A mí me parece que cada día se va perdiendo la idea de lo que Jesús vino a hacer, es decir cambiar la sociedad judía, hacerla recobrar la pureza de su fe y de sus costumbres, reducir sus reglas y ritos, renovarla. La muerte de Jesús, la resistencia de los judíos ortodoxos, el temor a la violencia y a las autoridades romanas de Jerusalem, todo esto les impulsa a buscar otras multitudes que les escuchen. Por eso cada vez viajan más por el imperio romano y por las comunidades judías fuera de Israel

Abadía Benedictina de Charlieu. La virgen de la deposición en la tumba. Detalle. Foto R.Puig

Samuel :

Después de mi última entrevista con María en Nazaret, volví allá con algunos discípulos que estaban en Jerusalem tras su muerte. En el pueblo habían procedido ya a enterrarla junto a José, como había sido su última voluntad. Los hijos y familiares y las mujeres cercanas a María que habían asistido a su agonía me contaron que hasta el final habló de Jesús. Ya cuando deliraba entre los dolores que le causaba su enfermedad pedía ser enterrada junto a su hijo. Había perdido la memoria de la desaparición del cuerpo de Jesús.

Los discípulos venidos de la comunidad de Jerusalén quisieron exhumar su cuerpo, pues proclamaban que la madre de Dios no era corruptible y querían demostrarlo y llevar su cadáver a un mausoleo que, decían, estaban preparando en Judea. La familia y los del pueblo se opusieron. Más tarde propalaron que, igual que Jesús, su madre había subido a los cielos sin conocer la muerte, sino sólo al modo de alguien que se duerme.

Ella ya se temía algo así, cuando me dijo que le dolía la forma en que todo había sido desbordado por los discípulos, creando una serie de historias y propagándolas por todas partes. Cuando pasaban algunos por Nazareth en sus viajes de ida o de vuelta hacia Fenicia y Asia Menor, hablaba con discípulos que habían estado ya predicando por las comunidades judías de Italia, y sentía que estaban haciendo de Jesús un dios, como esos que ella había oído que se veneran en los templos romanos de Tiro o de Sidón.

María:

No es este el Mesias que dicen fue mi hijo, no es este el esperado. Es verdad que él dejó que algunas de estas creencias crecieran en vida suya, alrededor de su persona. Fue imprudente. Pero no se imaginaba hasta donde llegaría todo esto.

Yo misma temo que, cuando muera, me trasformen en una especie de Diosa Madre, como las que tienen en lugares de idolatría. Si ya han hecho un dios de mi hijo, qué no se atreverán a hacer conmigo. Te ruego, Samuel, que los que aún os mantenéis prudentes, lo impidáis.

Abadía Benedictina de Charlieu. Foto R.Puig

***

Gracias a Geschner, el reencuentro con Jeffrey me ha quitado un peso de encima, o, al menos, ha servido para que la carga volvamos a compartirla, pues hay señales de que este proyecto corre el peligro de ser abortado por una organización clandestina, que tiene infiltraciones en el Vaticano. Sus miembros la llaman Pro Fede.

Ambos jesuitas me explican que no todos los jerarcas católicos se sintieron contentos con la evolución de lo que fue la Santa Inquisición Romana (*) , cuyo nombre cambió en 1908 al de Sagrada Congregación del Santo Oficio y en 1965 adoptó el nombre actual de Congregación para la Doctrina de la Fe; evolución por la cual se fueron arrumbando no sólo las torturas, los sambenitos y las piras de los primeros siglos, sino el Índice de libros prohibidos y los inquisidores de triste memoria primero y los comisarios luego (suprimidos en la reconversión del 1965), que habían heredado la función policial de los interrogatorios y procesos de ex-comunicación por herejías y desviaciones doctrinales.

El recurso a la violencia y a la pena de muerte, abolida por Paolo VI en la legislación vaticana en 1969 (las últimas ejecuciones en los Estados Pontificios se produjeron en 1870), así como los calabozos (sustituidos por penas de reclusión) fueron desapareciendo también paulatinamente.

Pero Pro Fede ha asumido parte de los roles de persecución y represión secretas de quienes puedan atentar a su juicio contra la integridad del Dogma. A eso ha obedecido la advertencia que me hizo Geschner de andar con cuidado y el retiro discreto de Jeffrey. Como hubo que fingir sometimiento y (guardando copia) entregar los documentos, al parecer han llegado al conocimiento de los socios de la secta. Aunque está cada día más claro que ya sabían mucho de los manuscritos y del proyecto de su publicación; parece que haya sido Laura Escobar quien les ha tenido al corriente desde que nos espiaba en Chicago.

Geschner ha conseguido ayudar a Jeffrey gracias a un cardenal jesuita, renombrado experto vaticano en materia de Cristología, que desde hace años tiene dudas sobre la forma en la que los evangelistas supeditaron su narrativa, por una parte a la necesidad de convencer a los judíos de que Jesús cumplía todas sus expectativas bíblicas y, por otra, a hacer posible la recepción de la nueva religión entre los gentiles, de acuerdo a la expansión paulina. El resultado es que en los Evangelios hay afirmaciones y relatos que no reflejan la realidad de lo que ocurrió.

Hemos decidido acelerar el trabajo y seguir adoptando las mayores precauciones


(*) La Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición la instituyó en 1542 el papa Paolo III con la constitución apostólica Licet ab initio. Casualmente fue ese mismo papa quien en 1540 había aprobado la fundación de los jesuitas.

Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10

En la reserva dorada

25 octubre, 2020
La piedra siempre. Foto R.Puig

Ya estaba ahí la piedra

antes de que un pie humano

la evitara

A la entrada del bosque. Foto R.Puig

y que en tiempos pasados

con piedras más livianas la mano humana

a los campos cercara.

Rådasjön. (Lago Real) Foto R.Puig

Mas para el lago Råda

los muros de los hombres

no sirvieron.

Por el sendero del lago en “Råda Säteri” (Feudo Real). Foto R.Puig

Ese lago dio el nombre

a este “Feudo Real” que es ahora

reserva natural

Balneario. Foto R.Puig

Como una guirnalda

oros regios engalanan el lago

y sus orillas,

Flor palustre

y abstractos vergonzantes

para no desentonar los vegetales difuntos

en un rincón se apiñan.

Vegetales flotantes. Foto R.Puig

El esplendor del día

a salir de la cama y quemar unos gramos llama

a los dormilones.

Se hace camino al andar. Foto R.Puig

¡Trekking, hiking, sendero,

chandal y deportivas! ¡a llenarse de luz!

¡perezosos, arriba!

Hipnosis. Foto R.Puig

Si contemplativo fueres

déjate secuestrar por las hadas

del bosque

Al encuentro de las oréades. Foto R.Puig

Si callas un poco

quizá escuches a la gentil curruca

que canta para ti.

Curruca

Las plantas de la reserva

pues están protegidas no se pueden

llevar

Helecho. Foto R.Puig

Pero con tu teléfono

o cámara del safari botánico puedes

disfrutar

Pintan oros. Foto R.Puig

Del musgo los verdes

el mismo Miguel Ángel para sus altos frescos

los quisiera emular

Gabanes verdes. Foto R.Puig

El bosque se renueva

y hay troncos caídos que esgrimen sus raíces

como garras rebeldes

Garra muerta. Foto R.Puig

Mas los troncos vivientes

bajo cortezas ásperas albergan la ternura

de almas protectoras

Quien a buen árbol se arrima. Foto R.Puig

Hay bosques como éste

que para ser románticos unas ruinas

ofrecen

Sendero hacia otros siglos. Foto R.Puig

Si amáis las sinestesias

con los ojos oiréis de unas hojillas frágiles la canción de los

fénix dorados

Pentagrama. Foto R.Puig

Hacia el fin del paseo

a la orilla del bosque el prado se abre y el caserío

se ofrece

Hacia la granja. Foto R.Puig

Privilegiados,

mimados y abrigados, ajenos al otoño unos equinos

pastan

Caballos señoritos. Foto R.Puig

Jamelgos señoritos

quizás ganen medallas y nunca irán uncidos

a un tiro de carreta

.

.

Jinetes del sábado

una amazona a su alazán y un caballero a su tordo

les hacían trotar

Abrigados. Foto R.Puig

Tras otra palizada

sus compañeros disfrutaban de asueto sin nada

que pensar

Huellas de herradura. Foto R.Puig

y por el campo vecino

parece que ha pasado un regimiento de ulanos

al galope tendido

Presagios. Foto R.Puig

Arriba allá en el cielo

sobre las copas negras se anuncien quizás ya los jinetes grises

del venidero invierno.

Versión extraviada (10): improntas.

18 octubre, 2020
Virgen con el niño. Anónimo aragonés, siglo XIV. Museo de BB.AA. de Valencia. Foto R.Puig

Estoy trabajando a marchas forzadas para poder entregar la transcripción, con la introducción y las notas, al editor, antes de que las cosas se compliquen.

Para desplazarme utilizo el transporte público y presto atención a no ser seguido. No creo que nadie haya localizado mi apartamento, pero en todo caso aplico variaciones en mi fisionomía y vestimenta. Cuando me desplazo a pie procuro dar algunas vueltas, sobre todo tomo grandes precauciones antes de entrar en el banco para dejar una copia del nuevo material.

Roma, via del Tritone. Foto R.Puig

He aquí mis transcripciones más recientes de las manifestaciones de la madre de Jesús en las conversaciones con Samuel. En cuanto a Samuel, estoy trabajando en paralelo con algunas informaciones que escribió y no está muy claro si compartió con María o son posteriores a su muerte.

María:

En nuestra familia siempre nos habíamos reunido, sobre todo en las tardes de invierno, después de la cena, en torno a José y a otros parientes piadosos, artesanos de Nazaret y fieles habituales de la sinagoga para escuchar sus historias y parábolas. Unas veces nos tocaba en casa y otras en la de algún vecino. Es una tradición que viene de nuestros antepasados. Entre los judíos siempre ha sido así, la moral y las buenas costumbres se enseñan con cuentos y parábolas. A Jesús le gustaba desde muy pequeño sentarse junto a mí y escuchar sin perder palabra.

Por eso me emocionaba escucharle cuando me fue posible asistir a alguno de sus largos coloquios con los grupos o con la multitud que le seguía. No he podido estar presente tantas veces como lo hubieses deseado, porque además poco a poco se fue distanciando de nosotros, sobre todo después de la ejecución de Juan. Creo que también estaba preocupado, pues los fariseos y los enviados del sanedrín le seguían y le provocaban.

Ahora, con el tiempo, he comprendido que Jesús no quería tenerme cerca, pues temía por mi propia seguridad.  Entonces no me daba cuenta, pero tras sus últimas semanas y su muerte, y después de los peligros que corrimos todos, los discípulos y yo misma, he entendido que Jesús empezó a tomar precauciones desde muy pronto para evitarme riesgos.

Pero en sus primeras predicaciones descubrí al oírle que aquellas historias ejemplares que Jesús había escuchado en Nazaret se le habían quedado tan grabadas que ahora las utilizaba, a veces añadiendo cosas de su propia cosecha, para explicar a las gentes su mensaje de cambio y renovación de forma que le entendiesen todos.

Escuela de Cesare De Sesto, ss. XV-XVI Museo de BB.AA., Valencia. Foto R.Puig

Entre lo que yo le oí personalmente y las que algunos discípulos me han referido y han seguido usando tras su muerte, hay algunas que no se pueden olvidar, pues yo o su padre también se las repetimos cuando era pequeño. Hay una que se la escuchábamos también a un buen rabino de nuestra sinagoga, fallecido hace tantos años. Los campesinos de Galilea la podían entender bien pues hablaba de un sembrador que, la verdad de forma un poco alocada, echaba su semilla, pero no siempre sobre la buena tierra, así que los pájaros se comían un parte, otra crecía rápido, pero como había mucha piedra sus raíces no alcanzaban a la humedad y se secaba pronto; otra estaba rodeada de matojos, pues el sembrador no los había arrancado antes, no podía prosperar. Sólo las semillas que cayeron en la tierra fértil y profunda fructificaban. 

En Nazaret entendíamos bien estas parábolas. Todos habíamos escuchado las explicaciones y sabíamos bien cómo había que cuidar los campos y cómo se debía sembrar.  Pero cuando Jesús acababa de hablar ante tanta gente, y luego les miraba para preguntarles si habían entendido, pocos se quedaban. Así que solía seguir explicando a los restantes que la semilla es la palabra santa, es el mensaje del reino de los cielos, que unos ni siquiera quieren considerarla, pues están habituados a la maldad, otros están demasiado interesados por otras cosas terrenales, otros son inconstantes. Sólo los de la tierra buena son capaces de escuchar al profeta, al mensajero, al que anuncia el reino de los cielos, y de entender y de cambiar sus vidas.  

También utilizaba otras parábolas campesinas que había escuchado en nuestro pueblo, como la del grano de mostaza, tan pequeño y sin embargo es tan grande la planta cuando crece. O la de los malvados que prosperan y crecen en medio de los buenos, como la cizaña crece en medio del trigo, por lo que hay que tener cuidado en no generalizar y no castigar a todos por la culpa de unos pocos, para que no paguen justos por pecadores, pues ya les llegará su hora de ser separados del trigo limpio y ser quemados.

Campo de trigo en Borgoña. Foto R.Puig

Una que aprendió de mi es la de la masa del pan que crece y aumenta gracias a un poquito de levadura. Yo se la enseñé cuando me observaba preparando las hogazas. “¿Ves, Jesús, que la harina crece hasta hacerse un buen pan, gracias a la bondad de este poquito de levadura que parece tan insignificante? Tú eres un niño, pero eres bueno, un día podrás hacer buenos a otros, a muchísimos otros que necesitarán tu ayuda, del mismo modo que esta poca levadura alza y multiplica la masa para obtener un buen pan.” El me miraba y callaba. Pero he sabido que esta parábola se la repite a menudo a sus discípulos.

Mateo me leyó en Jerusalem algo de lo que estaba recopilando sobre los dichos y predicaciones de Jesús.  Hay algunas que hablan de pesca y seguramente se le ocurrieron a él cuando predicaba junto al lago. Otras hablan de comerciantes que descubren cosas valiosas, como perlas o tesoros escondidos. Yo le dije a Mateo que hay otra muchas de estas historias ejemplares las había aprendido en casa cuando era pequeño. No sé si lo dirá cuando difunda sus escritos. En general, las mujeres no somos importantes en la forma de pensar de los discípulos, la costumbre en Israel es dejarnos de lado. Los méritos se les atribuyen a los hombres.

Orillas del mar de Galilea por Cafarnaúm. Fuente 123rf.com

Fue en Galilea y sobre todo en Cafarnaúm donde Jesús empezó a sentirse seguro de sí mismo y donde se enfrentó con nuestras autoridades religiosas, volviendo una y otra vez a la sinagoga y haciendo uso de esa extraña fuerza que tenía para conseguir que los enfermos se sintieran curados.   

Su fama aumentó muchísimo, así que ya no sabíamos si lo que contaban era real o fruto de las pasiones que despertaba entre las masas. Yo creo que por eso se quedó tanto tiempo en Galilea. Fue así como decidió reclutar a sus discípulos entre hombres muy corrientes pero que le seguían a ojos cerrados. Los galileos son así, cuando se apasionan nada les para.   

A partir de entonces se fue desvinculando de la familia. Tenía otra familia que le arropaba y, en cierta manera, le protegía. Yo me sentía innecesaria. Sus hermanos estaban bastante irritados, pues en una ocasión dijo que la gente que estaba sentada escuchándole esos eran de verdad su madre y sus hermanos. Yo creo que entendí luego lo que quería decir, pero no ellos, pues además habían venido con provisiones. Incluso, Jesús, me pidió disculpas al día siguiente por haber sido tan brusco y tan tajante.   

Sus hermanos no quisieron saber de él durante más de un año, hasta la entrada en Jerusalem antes de su muerte, que les impresionó mucho. Ahora son muy activos en la comunidad de Jerusalem y me reprochan que yo sea tan escéptica sobre todo lo que están predicando y sobre los portentos que admiten como irrefutables.    

Me tienen de nuevo muy preocupada, pues ya ha habido víctimas como es el caso de uno que se llamaba Esteban al que han lapidado.

San Esteban protomártir. Tesoro de la la catedral de Auxerre. Foto R.Puig

Recuerdo lo que me contó José (mi hijo) sobre lo que ocurrió en Cafarnaúm, adonde había acudido para llevar  de mi parte algo de ayuda a Jesús: se produjo una discusión con un grupo de fariseos y escribas que habían venido de Jerusalem.  Se habían sentado a comer, José entre ellos, y, como la mayoría de los trabajadores y de los pescadores del lago no habían hecho las abluciones rituales. Lo fariseos que les seguían para espiar a Jesús se escandalizaron mucho y le acusaron de ir contra la tradición de nuestros padres.

Curiosamente, Jesús les respondió con lo mismo que yo le había enseñado de pequeño, que todas esas purificaciones obligaban en realidad a los sacerdotes que servían en el templo y que poco a poco se habían impuesto a todos los judíos abusivamente. Incluso el marido de mi prima, Zacarías, aunque era sacerdote, lo veía así. Me contó José que Jesús les dijo que eran unos hipócritas, pues otras verdaderas obligaciones de los judíos, como honrar a los padres, ellos las quebrantaban por su avaricia, inventando fórmulas para justificarse.    

Les reprochó que se preocupasen por la contaminación de cosas que van al vientre y luego se eliminan con las heces y, sin embargo, no luchasen contra la contaminación moral y las perversiones que ellos mismos toleraban y aceptaban en el pueblo de Israel. Son las maldades que salen del corazón las que de verdad contaminan.

Feria de platos típicos en Guadalupe, Perú. Fuente: Luisa Vetter y Rebeca Aliaga .

Ha ocurrido algo extraño cuando circulaba en mi coche por la Vía Cassia en dirección a Viterbo para entrevistarme fuera de Roma con el padre Geschner que me quería informar de sus pesquisas para localizar a Jeffrey. Un vehículo negro con cristales tintados ha entrado desde el acceso de la vía Trionfale tan violentamente que he tenido que frenar y maniobrar al carril del centro para no ser impactado. Después, extrañamente a reducido su marcha y me ha dejado pasar, pero ha comenzado a seguirme.

He tomado un rápida decisión y me he detenido bruscamente en el arcén antes de La Storta, con lo cual no ha tenido más remedio que adelantarme. He proseguido cuando se alejaba y cuando he visto que continuaba hacia Viterbo he tomado rápidamente la salida hacia Bracciano por la via Braccianense…

Curva en la Via Braccianense. Fuente : http://www.centumcellae.it/

Por el momento dejo la continuación para el próximo capítulo…


Capítulos precedentes : Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

Algo más del otoño

11 octubre, 2020

A la vera del estanque. Foto R.Puig

Hace dos semanas, en estas crónicas de la estación, nos entretuvimos con las dalias del otoño, que al poco tiempo fueron retiradas de sus parterres en el Jardín Botánico para prepararlos a la llegada de los fríos. Pero hay muchos otros paseos posibles en Gotemburgo, y las temperaturas suaves y un sol oblicuo que acaricia tímido al caminante invitan al ocioso deambular, sin excluir la bicicleta que no es sólo para el verano…

Dulce torpor. Foto R.Puig

Cuando, a juicio del viandante, las piernas ya se han entrenado suficiente, y la pereza es pecado venial, quién nos reprochará que nos concedamos una ración de banco frente a los nenúfares sin flor, mientras el Padre Sol nos sonríe benigno.

Las piernas ya se han entrenado suficiente. Foto R.Puig

Bueno, no todos dejan de mover las piernas, aunque sean piernecillas infantiles…

Al parque con papá. Foto R.Puig

A la vera del estanque esta personilla aprende a manejar un patinete. No muy lejos de ahí la el edificio de la universidad, que, pasados los años, este precoz patinador quizás frecuentará, vegeta sin sus estudiantes, que se supone están frente a su ordenador tele-aprendiendo.

Triste y sola queda la universidad. Foto R.Puig

Confiemos en que en algunos libros resistan y no hayan sido, como dice la canción goliarda, empeñados en el “Monte de Piedad”.

Me pregunto si, no lejos del parque, en el elegante edificio del siglo XVIII, que me dicen se destinaba a albergue de investigadores universitarios visitantes, hay todavía alguno que siga laborando sesudo, indiferente a la pandemia

El albergue de los doctos. Foto R.Puig

Hacia el mar

Donde la ría se abre al mar. Foto R.Puig

Antes de ayer elegimos otro camino, el que flanquea la ría hacia el mar por la margen izquierda. Era día de semana y algunos cafés y restaurantes estaban abiertos y frecuentados por jubilados, en mesas que guardan la preceptiva “distancia social”. Tras la caminata, y en uno de ellos, en un ángulo soleado de la terraza, resguardados del viento, reponemos fuerzas con un café solidamente acompañado de…

Våfflorna. Foto Arla
Lugar del hallazgo culinario. Foto R.Puig

Algo que hace pensar

A unos cien metros admiramos el ejemplar desactivado de un oscuro artefacto con aspecto de virus letal, de esos a los que nunca sabremos cuantos muertos, civiles y combatientes, se les deben.

Salvo que haya por algún lugar un museo de la marina o un centro de estudios de la guerra que, abarcando los casi dos siglos de empleo de tales ingenios de muerte, se haya dedicado a contabilizar el número de sus víctimas.

“Monumento” a la mina submarina. Foto R.Puig

Esta visión nos remite al inventor que perfeccionó bombas similares para la armada del Zar de Rusia, el padre de Alfred Nobel (1833-1896), que fue un genio de numerosas patentes (no todas es verdad para la guerra), el ingeniero y empresario Immanuel Nobel (1801-1872).

Immanuel Nobel. Foto Staffan Löwstedt de retrato de un pintor anónimo. Svenska Dagbladet

Otros dos de sus hijos, los hermanos del famoso Alfred, es decir Robert (1829-1896) y Ludvig Nobel (1868-1946), no le fueron a la zaga con su desarrollos para la industria del petróleo y la maquinaria pesada, incluidas las modernas cureñas de cañones, aunque la dinamita diese mucha más fama al mecenas de los premios Nobel. En el proceso de desarrollo del famoso explosivo, se produjo una deflagración de nitroglicerina que mató al hermano menor, Emil Oskar (1843-1864) y a varios trabajadores de la factoría familiar de los alrededores de Estocolmo. Alfred había salido ese día, de otro modo no hubiéramos tenido los prestigiosos premios.

Ludvig fue también un empresario pionero en prestar servicios a sus trabajadores (viviendas, escuela para los hijos, colmado, capilla, etc.) y participación de un 40 % de los beneficios. Sus hijos Carl (1862-1893) y Emanuel (1859-1932), inventor y fabricante de motores diesel, convirtieron la empresa creada por su tío Robert, Branobel, en la mayor empresa de petróleo de su época, ubicada en Rusia.

Los bolcheviques les expropiaron todo, pero al llegar la perestroika el recuerdo de su obra se recuperó para la historia industrial de Rusia, siendo considerados a partir de entonces como “buenos capitalistas”.

Por el muelle

Colores de sol y sombra. Foto R.Puig

Seguimos el paseo por el muelle, donde sólo un barco, de los que se emplean para trasladar a los trabajadores de la ría, está amarrado. Es el “cisne del mar”, cuyo nombre combina el genitivo latino (maris) con el sueco (svanen = el cisne).

El “cisne del mar”. Foto R.Puig

El patrón que lo ha nombrado debe ser alguien entrado en años que aún guarda las reminiscencias de cuando los escolares salían del colegio sabiendo algo de latín.

En el resto del muelle hay una exhibición de argollas de amarre con nostalgia de barcos…

Argolla melancólica. Foto R.Puig
Ansia de mar. Foto R.Puig
Rombo y elipse. Foto R.Puig
¿Por qué me habéis abandonado? Foto R.Puig

Estos pesados artilugios suscitan mi instinto de adopción. De buena gana me llevaría una de esas rojizas argolla a casa, para colgarla de la pared del salón rodeada de azul y de barcos de madera. Pero no veo a nadie que me la quiera vender.

Tampoco entiendo cómo diablos habrá saltado la valle espinada el artista callejero, para entrar en el recinto de mantenimiento de los muelles y estampar esas letras rojiblancas sobre un gran contenedor

Graffitti prisionero. Foto R.Puig

Casi me iba a despedir con este graffitti que descubro rodeado del verde de los arbustos del camino.

Pero no voy a acabar aún, pues en estos días, cosa que ocurre cada dos por tres en un rincón del planeta, hay quienes se están matando unos a otros con ahínco por vaya usted qué fronteras por las tierras del Cáucaso.

Nada nuevo bajo el sol, pero es que ha coincidido con la concesión del Premio Nóbel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, y además me había enfrascado en la historia de las cuatro generaciones de la familia Nobel, pues me despertó la curiosidad la reseña de un libro en el Svenska Dagbladet sobre el patriarca de esa saga de inventores e industriales de artilugios de guerra.

Así que disculpad si acabo con una foto que me estremece y me conmueve. A estas horas quién sabe si están muertos o malheridos estos tres jóvenes de Nagorno Karabaj, que parten al frente confiados en el crucifijo que besan en el autobús que les conduce a la masacre en curso. No estoy tan seguro como Byung-Chul Han de que hoy estén desapareciendo los rituales, al menos no estos.

Fuente: Svenska Dagbladet, 7 de octubre 2020

DULCE BELLUM INEXPERTIS !


Nota :

Leo ayer que se han producido varias llamadas de la ONU a detener este conflicto entre Armenia y Azerbaiyán y que se ha anunciado una tregua en esta nueva guerra en el Cáucaso, para retirar heridos y muertos. También he leído que ni siquiera eso ha detenido las operaciones militares.

Versión extraviada (9): doble filo

4 octubre, 2020
Lucernario romano. Foto R.Puig

He trabajado intensamente durante las últimas dos semanas como un ermitaño, encerrado en mi apartamento de Roma. No me esperaba la llamada de ayer de un viejo amigo al que el Padre Geschner ha dado el número de mi telefonino. Es un jesuita al que conocí en mis años de juventud durante uno de los cursos de marxismo (de orientación crítica) de Mario Spinella, ya por entonces comunista abierto a todos los diálogos.

Me habla de una situación delicada y de una organización que estaría tratando de impedir la publicación de los textos de que ha dispuesto Jeffrey (hasta que por orden vaticana se los han secuestrado) y con los que yo estoy trabajando. Le tranquilizo, aunque él no me ha tranquilizado, y quedamos en vernos en cuanto haya entregado el material al editor.

De modo figurado me referiré a él como Padre Garrone. Me ha aconsejado un banco con cajas de seguridad donde debería guardar copia de todo lo que tengo entre manos. Al parecer hay una organización ultramontana que ha sabido del proyecto y, no se sabe si con el beneplácito de algún alto prelado vaticano o de alguien con conexiones de gran influencia en la curia del papa, está dispuesta a impedirlo cueste lo que cueste.

Escalera en el Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Medio en broma medio en serio, mi viejo amigo me ha advertido de que puedo elegir entre procurarme un berreto verde o conseguir ropa de monseñor en una sastrería especializada que me puede recomendar.

Tienda ad hoc. Roma. Foto R.Puig

Circularé pues con precaución. Hoy mismo he estado en el banco que me ha indicado y he guardado copias en una caja de seguridad. He hablado con el editor al que he puesto al corriente de la situación.

Pero volvamos a lo importante…

María:

Cuando Jesús se marchó al desierto le perdimos de vista durante casi dos meses. Algunos discípulos de Juan que volvían de paso por Nazaret, contaban que a Jesús no le habían visto, porque no estaba con la misma comunidad de eremitas que Juan, pero que sabían que ayunaba y meditaba y que, también era cada día más admirado entre los propios ascetas.

Lo que sí sabíamos es que entre aquellas comunidades había un poco de todo, sin que faltasen los que predicaban la rebelión contra los romanos. Yo no sabía con quienes estaba Jesús ni que ideas predominaban entre ellos. Jesús era de natural pacífico, pero en los últimos tiempos su sangre joven se dejaba notar, se indignaba a menudo con los abusos que en nombre de la religión se producían en Israel, con las cosas que se contaban de Herodes y sus cortesanos e, incluso, con la ocupación romana. Yo temía que en el desierto se uniese a grupos rebeldes. Todo ello podía ser extremadamente peligroso.

Cuando finalmente volvió estaba muy delgado y taciturno. No hablaba mucho, pero se recogía para orar. En aquellas semanas que sucedieron a su vuelta fue sin embargo cariñoso y ayudaba a sus hermanos en la carpintería y le gustaba salir a las tareas del campo y acompañar en el pastoreo.

Pero eso duró poco. Un buen día me dijo lo que yo ya presentía, que él tenía una misión que Yaveh le había encomendado y que iba a marchar a predicar la llegada de una renovación, de un reinado de la verdad y del amor. Lo que él llamaba el reino de los cielos. Así fue, como un día vinieron a buscarle algunos compañeros del desierto y marchó al encuentro de Juan, que por entonces predicaba a las orillas del Jordán. Le abracé y le vi alejarse durante un rato hasta que desapareció de mi vista por el camino de Cafarnaún.

Al principio me preocupaba si tenía suficiente para vivir. Con los primeros discípulos aumentaban más las dificultades. Algunos no tenían familia y podían dedicar lo que ganaban con su trabajo, o al menos una parte, a mantener el grupo. Después estaban las limosnas espontáneas de la gente que asistía a sus predicaciones. La verdad es que Jesús vivía con muy poco.

Era una comunidad pobre y austera. Cuando predicaba por Galilea yo podía a veces mandarle comida, especialmente productos de nuestro huerto. El taller de carpintería sólo daba para mantener a sus hermanos y primos, y a sus familias. De ahí no podía yo tocar nada. A veces, algunos amigos del pueblo me daban algo en secreto para que no se enterasen en la sinagoga y yo se lo hacía llegar.

Luego, conforme empezó a predicar por Judea y fue haciendo amigos entre familias ricas, judíos piadosos bien situados y con influencia, incluso algún funcionario acomodado de los romanos, me enteré de que la caja del grupo recibía donaciones generosas. Jesús era más y más invitado a las casas de esas familias, adonde venía con dos o tres discípulos. Allí tenía discusiones sobre la religión judía y sobre los cambios que él quería hacer. Venía en secreto algún miembro de la minoría del Sanedrín.

Por entonces a mi hijo ya no le faltaron recursos para mantener a su grupo y financiar sus desplazamientos. Incluso daban limosnas generosas a la pobre gente, en especial a los lisiados, que acudían a escucharle.

Todo esto me tranquilizaba, pero al mismo tiempo me iba sintiendo más marginada de su misión. Le veía poquísimo y ya no me invitaba a venir como cuando en Caná estuvimos juntos en una boda en la que ayudó a conseguir más vino, gracias a uno de sus amigos pudientes, cuando se estaba acabando. Luego han contado cosas que no son verdad sobre un enorme milagro. Yo creo que esa fue la última vez en que aceptó mostrarse conmigo en público. Su prestigio entre las gentes cultas y la frecuentación de sus amigos ricos le alejaron de nosotros. Me duele decirlo, pero en alguna manera parecía sentir que ya no estábamos a su nivel.

Ya no eran los tiempos en que en pleno campo repetía a la gente los sabios consejos de nuestra tradición que había aprendido de José y de mí.  Hubo un momento en que algunos discípulos de la primera hora comenzaron a ilusionarse con una forma de partido dentro del judaísmo. Jesús comenzó a sentir que secretamente algunos miembros influyentes de la sociedad le apoyarían cuando se enfrentase al círculo corrompido de las autoridades de Jerusalén. Por un lado se alejó de sus orígenes y no quiso dejarse ver con su madre y sus hermanos y, por otro, se arriesgó a venir a nuestra Ciudad Santa rodeado de multitudes que le aclamaban. No sólo se sintió el Mesías sino que creyó que iba a conseguir un gran cambio.

Y no sólo yo había perdido a mi hijo sino que él mismo corrió a su muerte brutal. Ahora que ha pasado tanto tiempo veo todo con más claridad. Cuando llegué tarde a Jerusalén y ya lo habían condenado me sentí impotente, no entendía. Fue cuando lo sepultamos y uno de sus amigos ricos, un fiel judío que se llamaba Nicodemo me contó a grandes rasgos lo que había pasado cuando vislumbré algo de aquella misión generosa en que mi hijo se había metido y en la que había perdido la vida. Pero a su madre y a mis otros hijos, a nuestra humilde familia y a los amigos de Nazaret, nos había dejado hacía ya tiempo

Magdalena penitente. Caravaggio. Galería Doria Pamphili. Roma. Foto R.Puig

María:

Por lo que vi en Jerusalén y por lo que ahora me cuentan los que llegan de allí, los jefes de la comunidad de los discípulos de Jesús no son partidarios de hacer lugar a las mujeres. Empezaron conmigo, cuando me pusieron bajo vigilancia con el pretexto de protegerme.  Me han enviado algún mensaje pidiéndome que vuelva, pero yo estoy bien en Nazareth y no quiero mezclarme con sus predicaciones. Mi hijo ya no está y no creo que aprobase todo lo que dicen.

Luego siguieron con María la de Magdala. No es que yo la aprecie especialmente, pero Jesús la amaba y me parece que si las cosas hubiesen marchado de otro modo, se habrían unido en matrimonio. Ella le seguía incondicionalmente y hacía todo lo posible por cuidarle. La verdad es que, en los años de la predicación de mi hijo, María  estuvo más cerca de él, que yo que soy su madre. En una ocasión en que hablamos, ella me pidió que hablase con Jesús. “No me quiere escuchar”, me dijo. Estaba muy angustiada porque se había enterado de los planes de matar a Jesús que tenían los miembros del Sanedrín. Se lo había dicho uno de los espías que le seguían a él y los discípulos. Era un pariente suyo de Magdala el que le advirtió.  

María trató de convencerle de que se retirase por un tiempo o que, al menos, no volviese por Judea. Su familia tenía unos huertos y unas casas en la orilla superior del lago Tiberíades.  Ella estaba loca por Jesús y querían que fuese a vivir allí y fundar una familia. Jesús para entonces ya estaba absorbido por su misión y despreciaba los peligros que le amenazaban. María me confesó que sabía de antemano la respuesta de mi hijo, pero al menos había intentado protegerle. Por desgracia, sus temores se cumplieron.

El grupo de sus seguidores iba en aumento, ya no eran sólo los discípulos a los que él había ido eligiendo en persona; se habían sumado muchos otros, conocidos o menos de los primeros, y había quienes ya no tenían una visión pacífica del Reino de Dios. Había quienes compartían las ideas de los zelotas. Alguna vez me llegaron voces de que existía el peligro de que las autoridades romanas comenzaran a verlos como amenaza

Pinacoteca vaticana. Modelo de ángel de Bernini. Foto R.Puig

***

Hay que subrayar que los textos de los papiros incluyen no sólo declaraciones de María, la madre de Jesús, recogidos por Samuel en sus conversaciones con ella, sino también anotaciones de éste, en los que añade elementos que parece que no llego a conocer María.

Algunos hechos, como veremos más adelante, sí que se sintió obligado a dárselos a conocer, para corregir la información que a ella había llegado.

Entre sus notas la siguiente es interesante y premonitoria:

Samuel:

No he querido insistir, para no contribuir a lo que ya es agua pasada, pero en la cuestión relativa al dudoso carácter de algunos nuevos seguidores de Jesús, que a su madre le llegó a preocupar, por desgracia es cierto que hubo quienes acabaron por armarse de bastones y hasta de espadas y tuvieron bastante que ver con la intervención final de las autoridades romanas.

San Miguel enarbola su espada. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

Por mi parte, no quisiera en modo alguno ser premonitorio, pero, dado que los textos que ya he mostrado, así como los que estoy editando y entrarán en conflicto con versiones canónicas, me temo que en las próximas semanas, si no ando con cuidado, pudiera tener que enfrentarme con situaciones que no deseo.

Mi amigo Garrone ya me ha advertido de que me mueva discretamente con transporte público, que deje el coche aparcado frente a mi domicilio actual, que camine por zonas donde haya gente y en horas diurnas y que, si se presentase alguna amenaza, me dirija a un lugar que hemos convenido.

Tengo la sensación de que, tarde o temprano, me pondrá en comunicación con Jeffrey.

Son tiempos en que a pesar de la apertura del Vaticano en cuestiones políticas y sociales, los enemigos de las novedades, tanto en materia de historia evangélica oficial como de lo que toque a los dogmas y misterios consolidados, están bien situados y pueden poner en dificultades a quien las proponga.

En la sala de la justicia. Castel Sant’Angelo. Foto R.Puig

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Otoño con dalias

27 septiembre, 2020
Hacia el otoño, Foto R.Puig

El 21 de este mes los parques de Gotemburgo ya recibían al otoño con sus primeros tapices de hojas caídas, tejidos por el viento en tonos amarillos, ocres y bermejos, con sombras que cada día más se alargan.

Las sombras alargadas del otoño. Foto R.Puig

Día apropiado para deambular al azar por el Jardín Botánico. No sabemos si por la pandemia o por ser lunes, el caso es que no era problema guardar las prescritas distancias.

A la entrada del jardín botánico. Foto R.Puig

Se puede ascender hacia sus colinas…

Hacia el otoño. Foto R.Puig

Recorrer sus caminos flanqueados por árboles dentados…

Bajo la Catalpa Erubescens. Foto R.Puig

o erguidas alabardas…

Oscura alabarda. Foto R.Puig

Podemos acompasar la marcha con la de una inmóvil joven muda…

Fuera del camino. Foto R.Puig

sobre praderas de césped donde algunos árboles tienen sus propios cortesanos

El árbol y sus escoltas. Foto R.Puig

y alguna flor se ha perdido.

Extraviada en el prado. Foto R.Puig

Incluso, si estuviera permitido, podríamos recoger el trébol de la fortuna

¿Habrá uno de cuatro hojas? Foto R.Puig

Pero, sobre todo, es el tiempo de extasiarse con las

DALIAS

FotoR.Puig

Durante el Renacimiento se acuñó aquello del ser humano (el hombre en su sentido genérico) como centro del Universo. Luego vino Kant para explicarnos que el sentido de esa concepción se encuentra en el nexo verbal (el juicio), de modo que a las cosas la mirada y el pensar humanos confieren la existencia, sacándolas de una presencia inconsciente, para otorgarles su esencia, es decir su concepto.

No entraré en debates con escolásticos kantianos ni con los adalides del filosofar post-humano aunque el otoño sea propicio a divagaciones, pero hay algo que en el jardín botánico sentía: pensaba yo en sus jardineros (ellos y ellas) como los amos y señores de mi tiempo y de las esencias de las flores, mientras caminaba a lo largo de un esplendoroso muro de dalias con decenas de variedades y colores.

Foto R.Puig

No era yo quien con mi mirada las sacaba de una informulada presencia a su concepto sino, al contrario, era yo, como esos mínimos insectos que se posan en la que aquí preside, el que era arrastrado a la existencia. No quiero ponerme místico pero ¿no habéis sentido en ocasiones que ante una flor, el mar, un valle que se aleja entre montañas, una tormenta o un simple insecto vestido de colores extraños sois vosotros a quienes, la mirada inconsciente de las cosas os rejuvenece la conciencia?

Foto R.Puig

Las dalias fueron traídas a Europa por botanistas españoles de la época colonial que las encontraron en la Nueva España, donde los habitantes precolombinos las tenían en gran consideración, y en aprecio simbólico y medicinal, por lo menos en dos de sus variedades; como se puede leer en el artículo que la wikipedia consagra a la dalia:

En 1570, el médico del rey Felipe II, Francisco Hernández (1514-1517), fue enviado con la tarea de emprender una exploración de las nuevas tierras y reportar todo lo que encontrara. En su libro, “Historia de las Plantas de la Nueva España”, Hernández reporta dos especies de Dahlia conocidas por los aztecas como Acocotli y Cocoxochitl, que significa pipa de agua o bastón de agua”.

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En 1789, el director del Jardín Botánico de la Nueva España, Vicente Cervantes, envió las primeras semillas de Dahlia al sacerdote y botánico Antonio José de Cavanilles del Real Jardín Botánico de Madrid. Las semillas produjeron flores de brillantes colores, razón por la cual comenzaron a cultivar y seleccionar las más bellas para generar las grandes flores que ahora vemos. Cavanilles, quien describió por primera vez la planta, la nombró Dahlia en honor al botánico sueco Anders Dahl. Cavanilles se encargó de enviar semillas a diferentes jardines botánicos en Europa: Berlín, Dresde, París y Montpellier. También se encargó de enviarle semillas a la esposa del embajador británico en España, Lady Holland. Fue así como llegó hasta Londres

El texto original del naturalista español se perdió, al parecer en un incendio de la biblioteca de El Escorial, pero hay transcripciones y traducciones parciales que han guardado la memoria de como Francisco Hernández, investigó las plantas de la Nueva España y transmitió escrupulosamente sus descripciones. Las variedades de la dalia se multiplicaron a partir del envío de semillas por el citado Vicente Cervantes, el fundador del Real Jardín Botánico en la capital de la Nueva España, que ya se había formado en la ciencia botánica de la Ilustración.

Foto R.Puig

Merecidamente la dalia es la flor nacional de Méjico:

Así como el Ahuehuete es el árbol nacional mexicano por votación popular, la dalia es la Flor Nacional de México, de acuerdo al decreto expedido el 13 de mayo de 1963 por el Presidente Adolfo López Mateos, en esa fecha se oficializa a la Dalia como Símbolo de la Floricultura Nacional en todas sus especies y variedades

Foto R.Puig

Sin que tengamos que hervir ninguna raíz, hoja o flor de dalia (como interesaba señalar al médico toledano que camino miles de kilómetros por la Nueva España), sólo con detenerse hipnotizado ante cada una de las numerosas variedades de estos miles de dalias que florecen ahora en el jardín botánico de Gotemburgo, podemos sentir un efecto benéfico. Si a ello añadimos un largo paseo por sus veredas, nuestras articulaciones y la mente nos lo agradecerán.

Foto R.Puig

¡Si hasta parece que, a pesar de que entramos en el otoño, florecemos!

Foto R.Puig

Para terminar, si no le tienen miedo al castellano antiguo, pueden disfrutar a pequeños sorbitos en el facsímil de una antología que traduce algunos de aquellos textos latinos de Francisco Hernández que, por desgracia en su versión íntegra se perdieron, que de ellos se publicó en Méjico en 1615.

Francisco Hernández “De la Naturaleza y Virtudes de las Plantas y Animales en Nueva España…”, México 1615

Donde se comprueba que aquél naturalista no sólo se interesó por la ciencia de las plantas y sus usos medicinales de los habitantes de la América precolombina, sino que acabó dominando la lengua náhuatl de cuya terminología para nombrar las plantas que fue describiendo fue fiel transmisor.

***

Es hora de salir del jardín botánico sueco y lo hacemos rindiendo tributo a la majestad de los penachos de las plantas de los humildes repollos, que en la sección hortícola están protegidos por advertencias de que están ahí para ilustrar al visitante, pero en absoluto para que se los lleve a la cazuela.

Apuntes para la historia de un puente (2): Ya se percibe el Hisingsbron

20 septiembre, 2020
Nuevo y viejo.. Foto R.Puig

Hace ya dos años escribí aquí un reportaje sobre los inicios de la fascinante construcción del puente de Hisingen (Hisingsbron) sobre la ría de Gotemburgo, que sustituirá al viejo puente inaugurado en 1939, el Götaälvbron.

En los últimos días he paseado por los parajes, como un curioso jubilado que se interesa por el trabajo de los demás. Hoy traigo aquí las vistas del viejo puente y del nuevo, en proceso de construcción justo a su lado. No sé cuántos de mis lectores serán aficionados a las obras de ingeniería civil, esas que facilitan la vida diaria de millones de ciudadanos. Son trabajos de una gran complejidad que involucran a grupos de empresas, a cientos de especialistas de todos los niveles, desde los que se arriesgan a trabajar en alturas y posiciones inverosímiles hasta los que diseñan, planifican y dirigen; desde los que forjan inmensas estructuras de acero, hasta los que ajustan las más pequeñas piezas de esto gigantescos puzzles…

Por el viejo Götaälvbron. Foto R.Puig

Ayer anduve por la banda de los peatones, de las bicis y de los patinetes, del puente viejo, obra de acero de principios del siglo pasado, con las tecnologías de entonces. Está dotado de una parte levadiza que permite el paso de navíos, barcazas y buques voluminosos que vienen por la ría de Gotemburgo desde el oeste, desde el mar, enfilando la navegación de este Göta kanal, acabado en 1832, que atraviesa Suecia desde el lago Vänern hasta el Báltico y, conectando lagos, permite navegar a través de esclusas hasta el Báltico a barcazas y veleros de medio calado.

Mapa del este del Göta Kanal, desde el lago Vänern hasta el Báltico. Fuente Gotakanal.se

Desde Gotemburgo hasta Vänersborg sobre las orillas del Vänern. Se puede así navegar por el Göta älv y continuar hasta el canal atravesando ese gran lago. De este modo se completa toda la travesía entre la costa oeste y la costa este de Suecia.

Recorrido completo del canal. Fuente Cliohistoria.se

El venerable Götaälvbron empezaba a mostrar las goteras de su edad. Así que para el cuarto centenario de la ciudad en 2021 se planteó la necesidad de construir uno nuevo.

Puente viejo y viejo coche. Foto R.Puig

Dentro de unos años no asistiremos más a las subidas y bajadas del puente levadizo de viejo estilo.

El puente se eleva. Foto R.Puig

Ayer, mientras tomaba mis fotos, comenzó a sonar la campana y los semáforos viraron al rojo. Un empleado desde la torre me indicó que o reculaba o avanzaba, pero que no podía seguir sobre la plataforma que en minutos se levantaría. Así que reculé y me puse detrás de la barrera mientras el puente se abría y el tráfico se paraba. Llegaba una enorme barcaza, ayudada por dos remolcadores, cargada con altos tubos de acero y un enorme camión grúa, que exigía para transitar el alzamiento del puente.

Coches, peatones, motos, ciclistas y patinadores nos detuvimos mientras pasaba la barcaza hasta que descendió la plataforma y se levanto la barrera. Lo pueden ver en esta filmación que tomé para youtube.

El puente viejo y el nuevo que crece a su lado. Foto R.Puig
Vista de las obras desde debajo del puente viejo. Foto R.Puig
Supervisando la obra bajo los puentes. Foto R.Puig
Topografiando. Foto R.Puig
Alma de acero de un acceso en construcción. Foto R.Puig

Observar durante años la aparición de una nueva obra con este diseño y estas características destinada a sustituir el fruto del trabajo de hace un siglo, un puente que a millones de transeúntes y a la vida de una ciudad ha servido, produce una inevitable nostalgia. Hay veces que lo viejo y lo nuevo pueden seguir conviviendo, lo que no es el caso aquí.

Cuando se inaugure el Hisingsbron, comenzará el desmantelamiento del Götaälvsbron. Espero estar en buena forma para contarlo aquí.

Lo nuevo y lo viejo. Foto R.Puig

Decía que hay mucho de fascinante en esta obra, pero lo que atrae sobre todo la vista es la plataforma elevadiza y las torres dotadas de los mecanismos de tracción y ajuste necesarios, que en unos meses podremos ver en acción.

Plataforma levadiza del puente nuevo en construcción. Foto R.Puig

“El viaducto de acceso del tranvía (KTB) es una estructura conformada por 38 módulos metálicos y sus correspondientes columnas de apoyo que, una vez montados y acoplados en destino… Una vez instalado, será uno de los elementos más relevantes del puente Hisingsbron el cual permitirá el acceso y la circulación del tranvía”.

Así describe la plataforma levadiza la página web de la empresa de Utrera (Sevilla) que además de “la estructura para el tráfico ferroviario y las columnas metálicas para el soporte del tablero, ha fabricado los cuatro pilonos de izado del tramo levadizo. Estos elementos son los de mayor complejidad debido al grado de precisión y calidad requerida durante el proceso. El tablero levadizo tiene una medida de 46 metros de longitud. . El total de las estructuras metálicas construidas en Sevilla tienen un peso de 2.100 toneladas”

La plataforma elevadiza en el momento de su embarque en Sevilla. Foto TECADE

“Se habilitarán también otras vías para vehículos y bicicletas, ya que el puente Hisingsbron será lo suficientemente ancho como para albergar diferentes tipos de tráfico”.

Pilonos y mecanismos de elevación. Detalle. Foto R.Puig

Y así se verá desde el aire el nuevo puente entre el centro de Gotemburgo y los barrios de Hisingen.

Vista futura. Fuente Utrera web

Y la vida seguirá también bajo el nuevo puente…

Bajo los puentes. Foto R.Puig

Y los barcos y barcazas seguirán enfilando el canal hacia el centro de Suecia…

El Gota älv desde el puente viejo. Foto R.Puig

Y las estaciones seguirán alternándose en los parques de la ciudad…

Pasado mañana será otoño. Gotemburgo, 19 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Versión extraviada (8)

13 septiembre, 2020
Todo empezó en unas excavaciones en Siria. Foto Astelus

Han pasado cuatro semanas desde la publicación del anterior capítulo de la serie novelada que retomamos hoy. No está pues de más que ofrezcamos una rápida sinopsis de lo aparecido hasta el momento.

Resumen de los capítulos 1 a 7

Capítulos uno, dos y tres. El narrador hizo amistad a principios de los años 70 en el Perú con Elías Adler, un jesuita estadounidense de familia judía (sus padres había salido de Europa hacia los EE.UU durante el terror nazi), cuyo progenitor fue un reconocido catedrático en el campo de los estudios bíblicos, que ya lo era en la Universidad de Colonia desde los años veinte.

En 1982 se encuentra de nuevo con él en Jerusalem, con motivo de un viaje de trabajo, pues Elías es a la sazón investigador en el Instituto Bíblico y le cuenta la historia de un conjunto de papiros que su padre descubrió en sus años de catedrático en Colonia durante una expedición en Siria cerca de la frontera norte de Israel. Esto papiros en escritura caldaica resultaban ser unas memorias de María la madre de Jesús, recogidas por un escriba, Samuel, en el lapso de treinta años, en varias entrevistas tras la crucifixión y muerte de su hijo. Estos textos, que el padre había microfilmado y comenzado a interpretar, se los legó a Elías a su muerte; éste a su vez confía al narrador una copia de la traducción al inglés hasta el momento llevado a cabo.

En Jerusalem, el narrador saluda fugazmente a una conocida de su amigo llamada Laura Escobar.

Hasta aquí los tres primeros capítulos de la serie.

En el capítulo cuarto se reproduce la traducción al castellano de los primeros textos.

En el capítulo quinto y en 1987 el narrador encuentra de nuevo a Elías, enfermo de cáncer, en Chicago, exclaustrado y profesor universitario. Encuentra por casualidad a Laura, que ha ingresado en el Opus Dei y no tiene ya relación con su amigo, y a un viejo amigo común del narrador y de Elías, compañero de ambos en el Perú. Se trata de Jeffrey, jesuita en activo, que está al corriente de los trabajos que Elías tiene entre manos con el legado de su padre. Antes de volver a Europa el narrador recibe copias, junto con las transcripciones y traducción al inglés, de todo los cual desea  Elías que sus dos amigos concluyan con el editor la publicación proyectada.

A principios de 1988 el narrador retorna de nuevo a Chicago pues Elías ha muerto. Esperaba encontrar a Jeffrey en el funeral pero ha sido convocado a Roma por sus superiores. De los materiales que traía para trabajar con él, le sustraen del hotel las copias fotostáticas del manuscrito y las fotocopias de la transcripción. Por la descripción que le da el recepcionista, deduce que Laura Escobar se había hospedado también ahí esos días. En el capítulo se reproducen nuevas entrevistas de Samuel con María.

En el capítulo sexto continúan las transcripciones de entrevistas con María. Estamos ya 1989, undécimo año de pontificado del papa Wojtyla. El narrador está en Roma buscando infructuosamente a Jeffrey, de cuyo paradero los jesuitas le dan noticias contradictorias. El padre Geschner le comenta  que se ha ido a Siria a continuar sus investigaciones. Pero antes de viajar, el Vaticano le ha exigido a través de sus superiores, y ha obtenido, la entrega de todo el material. Un monseñor y un hombre de paisano vinieron acompañando al portavoz del Vaticano a recogerlo todo.

No está claro por qué, pero el padre Geschner advierte al narrador que puede ser arriesgado quedarse de pesquisas en Roma.

                                                       Sibila de Delfos, detalle. Capilla Sixtina

El capítulo séptimo sigue reproduciendo recuerdos de María y de Samuel.  

El narrador, que ha llegado de su oficina de Glasgow, ha decidido alquilar apartamento en Roma y seguir con el trabajo de preparación de la publicación, que la casa editorial urge.

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Capítulo 8

María:

Yo quería irme con Jesús para ayudarle, pero mis hijos se oponían y, además, mis hijas eran aún jóvenes y una de ellas, Myriam, estaba prometida a un vecino de Naín y había que hacer muchos preparativos para los esponsales.

De vez en cuando me llegaban noticias de él. Se había vuelto muy popular en las aldeas del mar de Galilea, sobre todo entre los pescadores, porque entre ellos había elegido a algunos de sus discípulos más fieles, que dejaban sus familias para irse con él. Había expulsado demonios, curado enfermos y detenido las olas de la tempestad. Mucha gente le seguía. Incluso me dijeron que había bajado hasta Efraím en Judea y que venían gentes del otro lado del Jordán desde Gadara y hasta había caravaneros que bajaban de Tiro y Sidón hacia Judea y que habían hecho una parada en su ruta para escucharle.

Un día, su primo Andrés apareció por Nazaret. Yo le pedí a mi hermana María que nos reuniéramos todos para tener noticias de Jesús. Durante horas y horas nos contó muchísimas cosas sobre lo que Jesús predicaba, lo que la gente decía de él y sobre sus poderes de sanador. Lo que más me emocionó es que Jesús repetía muchas cosas que yo le había enseñado de la tradición de nuestro rabinos más sabios. Hablaba de consolar a los afligidos, de que el Reino de los cielos sería de los pobres, de que los hambrientos serían saciados.

Me tranquilizó diciendo que no enseñaba nada contrario a la Torah, aunque polemizaba con los fariseos y sus prescripciones de la Halakah, y sobre todo con los arrogantes saduceos. La gente se sentía bien escuchando que muchas de las complicadas obligaciones que les imponían los doctores de la Ley no eran tan importantes. Sus seguidores amaban lo que predicaba sobre el perdón de las ofensas y el respeto de los preceptos de la Ley.

Nos contó Andrés, que había cosas en las que era más misericordioso que la Ley, por ejemplo cuando predicaba contra la venganza y la ley del talión, sobre el amor a amigos y enemigos. Pero en otra era más duro. No admitía el divorcio ni la costumbre de jurar. Prefería que se dijeses siempre la verdad, así que no era necesario jurar.

Le enojaba mucho la costumbre de los hipócritas que presumen de dar limosna y de rezar, que lo hacen en público para que todos los vean. Entonces me acordé de una vez, cuando era niño, que quiso dar le limosna a un pordiosero delante de la sinagoga y me pidió una moneda. En aquella ocasión yo le había dicho lo que me había enseñado mi abuelo: no te muestres dando la limosna, que sólo Dios lo sepa, que “ni siquiera tu mano izquierda sepa lo que das con la derecha”.

También aprendí de pequeña a orar de forma sencilla a Dios nuestro Padre que está en los cielos, a aceptar su voluntad, a pedirle que nos perdone si hemos sabido perdonar, a que nos dé lo necesario para el sustento. Me dio mucha alegría saber que Jesús enseñaba a sus discípulos a rezar de ese modo que yo le había enseñado y a confiar en la Providencia de Dios que alimenta a las aves y viste a las flores del campo.

Tampoco quería que los discípulos juzgasen a los demás como hacen los hipócritas que condenan las faltas de los otros e ignoran sus propias faltas, mucho más graves. José le había enseñado estas cosas y le había insistido mucho en que no hiciera a otros lo que no le gustaba que le hicieran a él. Yo también había escuchado estas enseñanzas en la sinagoga. También le había enseñado que no es fácil salvarse, que pocos encontraban el buen camino y que había muchos falsos predicadores que engañaban a los buenos judíos, que a los buenos se les reconocía por sus obras, como al árbol bueno por sus frutos buenos.

Cuando Andrés nos explicó cómo Jesús hablaba de estas cosas, me entró una gran esperanza. Pensé que se había olvidado de sus ilusiones de Mesías y que estaba en camino de convertirse en un rabino santo, en un auténtico seguidor de la Ley, que podría mejorar muchas cosas, hacer mejor a nuestro pueblo, limpiarlo de hipocresías y maldades.

                               Catedral de Troyes. El árbol de Jesé, detalle. Foto R.Puig

Samuel, hay algo que me preocupa cada vez más. Te he dicho a menudo que me duele la forma en que todo ha sido desbordado por los discípulos de mi hijo, creando una serie de historias y propagándolas por todas partes. De vez en cuando pasan algunos por aquí en sus viajes de ida o de vuelta hacia Fenicia y Asia Menor. Incluso he hablado con discípulos que han estado ya predicando por las comunidades judías de Italia.

Siento que están haciendo de Jesús un ídolo, como esos que yo no he visto, pero que se veneran en los templos romanos de Tiro o de Sidón. No es este el Mesias que dicen fue mi hijo, no es este el esperado. Es verdad que él dejó que algunas de estas creencias crecieran en vida suya, alrededor de su persona. Fue imprudente. Pero no se imaginaba hasta donde llegaría todo esto.

Yo misma temo que, cuando muera, me trasformen en una especie de Diosa Madre. Al parecer también hay este tipo de ídolos en los templos romanos, mujeres-diosas. Si ya han hecho un dios de mi hijo, qué no se atreverán a hacer conmigo. Te ruego, que los que aún os mantenéis prudentes, lo impidáis.

Sigo en la Roma de Juan Pablo II trabajando en la edición de las entrevistas de Samuel con María, según los papiros que encontró el profesor Adler en los años veinte, durante su expedición con la Universidad de Colonia al otro lado del río Jordán. Cumplo con lo prometido a mi amigo Elías, fallecido en 1988 en Chicago, hijo del profesor alemán. He decido quedarme, pues quiero también averiguar lo sucedido a Jeffrey, implicado igualmente en esta edición.

No diré mi fuente, pero a partir de documentos de la Curia de los jesuitas en Roma, he averiguado que, a fines de los años setenta, habían circulado informaciones sobre unos papiros con manifestaciones de María que contradecían los Evangelios. A parecer el papa y el Opus Dei al que pertenecía su portavoz se habían mostrado inquietos. ¿Tendrán que ver con tales preocupaciones las advertencias del padre Geschner?


Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

La playa se serena

6 septiembre, 2020
Amanecer en la playa a las siete, el 5 de setiembre del 2020. Foto R.Puig

Mar de los naufragios

Vengo del mar de los naufragios,

del corazón de la Odisea

en velero lejano de mares extensos,

tema de mis sueños y de mis cantos.

Traigo entre mis dedos susurros de sirenas.

He navegado en delirio a través del horizonte

en la espuma de mi aliento

y en mi pensamiento lujurioso,

subiendo y bajando mareas,

llena de artificios, imágenes, mástiles y velas.

Mi alma, mujer guerrera, sola en temporal

izando bandera pirata filistea al alba.

Me he tatuado el ancla al centro de mi pecho.

Nada detendrá el rumbo del timón,

ni vendaval, ni lluvia,

ni neblina, ni siquiera un arco iris luminoso,

buscando el límite entre lo prudente

y el espacio hondo y vasto del océano.

Mar, cielo, soledad, mar, voluptuosidad,

fuerza y voluntad. Mujer audaz,

calma tu mirada, húndela en el mar.

Gloria Gabuardi, Nicaragua (Managua, 1945)

El Montuver y los pescadores sobre el espigón al amanecer. 5 setiembre 2020. Foto R.Puig

Puerto quebrado

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras

que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros,
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

Andrea Cote Botero, Colombia / EE.UU (Barrancabermeja, 1981)

Primeras luces sobre los montes de la Marina., 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

El dogmatismo es la prisa de las ideas

Aquí junto a las dunas y los pinos,
mientras la tarde cae
en esta hora larga de belleza en el cielo
y hago mío sin prisa
el rojo libre de la luz,
pienso que soy el dueño del minuto que falta
para que el sol repose bajo el mar.Esa es mi razón, mi patrimonio,
después de tanta orilla
y de tanto horizonte,
ser el dueño del último minuto,
del minuto que falta para decir que sí,
para decir que no,
para llegar después al otro lado
de todo lo que afirmo y lo que niego.

Esa es mi razón
contra las frases hechas y el mañana,
mientras la tarde cae por amor a la vida,
y nada es por supuesto ni absoluto,
y el agua que deshace los periódicos
arrastra las palabras como peces de plata,
como espuma de ola
que sube y se matiza
dentro del corazón.

Aquí junto a las dunas y los pinos,
capitán de los barcos que cruzan mi mirada,
prometo no olvidar las cosas que me importan.

Tiempo para ser dueño del minuto que falta.
Pido el tiempo que roban las consignas
porque la prisa va con pies de plomo
y no deja pensar,
oír el canto de los mirlos,
sentir la piel,
ese único dogma del abrazo,
mi única razón, mi patrimonio.

Luis García Montero, España (Granada 1958)

La luna desde mi terraza al amanecer del 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig

Pasadas las invasiones motorizadas y las jaranas hasta la madrugada sobre la orilla, habituales durante las semanas calientes del período estival, la playa se serena lentamente, aunque aún quedan los pertinaces frecuentadores del bar de la esquina, ahora sólo abierto hasta la una de la noche (los “brotes” que ustedes saben les obligan).

Esta vuelta paulatina a la calma, con el otoño a la vista, quisiera ser una esperanza de que el ayuntamiento de Denia y el de Els Poblets lleguen a un acuerdo para arreglar, al menos poco a poco, los desbarajustes de esta playa, sitio único que debería estar protegido para el disfrute de ciudadanos respetuosos del medio ambiente. ¿Caerá esa breva? No entiendo de los arcanos de la pequeña política y de los crónicos desencuentros entre sus familias. Ya se sabe que de campanario a campanario a menudo las campanas no tañen en armonía…

Pero no perdamos la esperanza, el sol aún se alza cada día, aún podemos hipnotizarnos con este mar de nirvana.

Monje al amanecer, 5 de setiembre 2020. Foto R.Puig