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La cocina de los humildes

22 marzo, 2020
Camilo Blas. Fiesta serrana. Óleo. Banco Central de la Reserva. Lima.

Camilo Blas. Fiesta serrana. Óleo. Banco Central de la Reserva. Lima.

Dedico esta crónica a la Profesora  Luisa María Vetter Parodi

En estas semanas de reclusión y de lucha contra lo invisible echamos manos de la despensa y de la nevera y nos arreglamos como podemos y sabemos.

Y este confinamiento ocurre precisamente en una época en la que los chefs se han vuelto divos y las modas de la gastronomía y de la degustación de manjares y vinos son “trending” y se nos ofrecen viajes y cursos para convertirnos en “connaisseurs”.

La pandemia en que vivimos limita nuestro viajes que nos llevan ahora del salón (o de la terraza y el balcón de quien los tiene) a la cocina, donde, sepamos mucho o poco, endosamos el mandil y cocinamos mal que bien, con receta o sin ella y con nuestras limitaciones y nuestras pocas o muchas luces.

Camilo Blas. Fiesta serrana, óleo, detalle.Banco Central de la Reserva. Lima. Foto R.Puig

Camilo Blas. Fiesta serrana, óleo, detalle.Banco Central de la Reserva. Lima. Foto R.Puig

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La cocina de las comunidades campesinas del Perú

Pues bien, con mucho menos y con saberes que pasan de generación en generación, en la costa, la sierra y la selva del Perú, los campesinos se las han arreglado desde siempre y con los ingredientes que tienen a mano, para cocinar con ese arte y ese esmero que están en las raíces del éxito de la gastronomía peruana por el mundo.

Hace poco descubrí un libro muy hermoso (hoy agotado en su edición impresa) de dos investigadoras peruanas. Es el fruto de una investigación promovida por el Instituto Nacional de Innovación Agraria-INIA del Perú a partir del año 2003, dentro del proyecto “Conservación in situ de cultivos nativos y sus parientes silvestres”.

Este trabajo dirigido por la Profesora de la Universidad Católica del Perú (Facultad de Letras y Ciencias Humanas) Luisa María Vetter Parodi, lo he hallado en la red Academia Edu de investigadores y que me depara sorpresas cada día.

La cocina de las comunidades campesinas del Perú. VETTER PARODI, Luisa María y ALIAGA ALMEDO, Roxana Rebecca

El libro pueden encontrarlo en este enlace y conocer el proceso de investigación seguido a través de las Ferias de platos típicos del Perú en las que participan agricultores conservacionistas. En total, las investigadoras recopilaron 297 recetas de 43 comunidades campesinas.

Comunidades participantes

¿Quieren ustedes saber cómo se cocina la papa Api en el Club de Madres Flor de Tototora de Villacanaan en el distrito de Tambo (Ayacucho)?

Papa mazamorra de Gertrudis Calle Bendezú

Papa api o “mazamorra” de Gertrudis Calle Bendezú

No tienen más que dirigirse a la página 215 del libro cuyo enlace he incluido arriba. Pero por esta vez se la voy a facilitar:

Papa api de Gertrudis Calle Bendezú. Receta

Pienso que me voy a hacer este energético puré de patatas en una de estas cenas que el invierno demanda, cuando el mar está cubierto de nubes y sopla una brisa fría que invita a un sencillo plato de cuchara.

Días de nubes en la Almadrava. Foto R.Puig

Días de nubes y de confinamiento en la Almadrava. Foto R.Puig

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La cocina de los humildes

Este plato a base de los ingredientes básicos a su alcance, preparado por una campesina del departamento de Ayacucho obtuvo el segundo puesto en la Feria de Platos Típicos de Usmay el 31 de mayo del 2003.  Ni siquiera pudo ser presentado en un puchero metálico o en un modesto puchero de barro, no, la Señora Gertrudis sólo disponía para presentarlo a la competición de un humilde recipiente de plástico que para su cocina había reciclado.

No dice si le dieron algún premio, quizás una perola para su cocina. Lo que sí se dice es que la Feria fue organizada (con el apoyo de los técnicos del INIA) por los campesinos que fueron desplazados por la violencia generada por Sendero Luminoso (que precisamente surgió desde Ayacucho) y que han retornado a sus comunidades de origen para reconstruir sus vidas.

Enrique Camino Brent, Balcón de Herodes. Óleo.Banco Central de la Reserva, Lima.

Enrique Camino Brent, Balcón de Herodes. Óleo.Banco Central de la Reserva, Lima.

Es conocida la enorme corriente de personas desplazadas hacia la periferia de las ciudades de la costa por la extrema violencia que durante una década padeció el Perú. De algunas de estas comunidades hemos hablado en estas páginas

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De las ferias de cocina de la costa fue especialmente productiva la del 23 de setiembre del 2003 en Guadalupe.

Feria de Platos Tipicos en Guadalupe. Participantes.

Feria de Platos Tipicos en Guadalupe. Participantes. Fuente: op.cit. pag 62

Si entre otros platos, quisieran ustedes probar los pallares a la huancaina apliquen la receta de Elva Monterrey 

Pallares a la huancaina de Elva Monterrey. Fuente op. cit.pag.

Pallares a la huancaina de Elva Monterrey. Fuente: op. cit.pág.62

Pallares a la huancaina de Elva Monterrey.Receta. Fuente op. cit.pag.

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Podríamos seguir y seguir pero, ustedes perdonen, debo ir a la despensa para seleccionar los ingredientes de mi comida de hoy…

No obstante, con esto de los pallares (garrofón los llaman por tierras de España) me acuerdo inevitablemente de los frejoles de nuestra querida amiga Amelia que es una artista de la mejor cocina peruana hogareña

Frejoles de la cocina de Amelia. Lima

Frejoles de la cocina de Amelia. Lima

Algunos de mis lectores recordarán que de ello hemos hablado aquí  hace ya más de un año.

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Para terminar, les recomiendo que vayan al libro del que aquí tratamos hoy, no sólo para inspirar sus pasiones culinarias, sino para que admiren su magnífico trabajo de edición e información y sus fotografías. De ellas he seleccionado para despedirme la de algunos de los campesinos que con su trabajo hace posible estas maravillas de cocina tradicional que están en la base de la gastronomía peruana actual, desde la más hogareña hasta la de sus famosos chefs.

Campesinos de Tarma, JUnín, Perú. Fuente op. cit.pag.

Campesinos de Tarma, Junín, Perú. Fuente op. cit.pag.78


(*) Referencia: La cocina en las comunidades campesinas del Perú, Vetter Parodi, Luisa María; Aliaga Almedo, Roxana Rebeca; Ministerio de Agricultura; Ministerio de Cultura, Perú, 2012, 336 páginas

Con la Doctora Luisa María Vetter, Profesora e Investigadora de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Pontificia Universidad Católica del Perú (docente de Prehistoria y  y civilizaciones del mundo) participó en esta publicación la Doctora en Genética y Microbiología por la UAB de Barcelona Roxana Rebeca Aliaga Almedo, de la que no he conseguido noticias posteriores a esta investigación y  publicación,

Indice del libro

Indice del libro

 

 

Donde el aire es transparente y la jara y los cerezos están en flor

15 marzo, 2020
Cistus crispus o Jara rizada. Foto R.Puig

“Cistus crispus” (jara rizada) en la Sierra de la Foradada. Foto R.Puig

El miércoles pasado, no se si sería un pálpito, pero sentí necesidad de salir durante unas horas a caminar por los montes. Hace ya años que no volvía por los caminos que ascienden hacia la cumbre de la “Peña Horadada”, más conocida en valenciano como La Aforada o La Foradada (737 m.).

Unos días más y habría tenido que confinar mis planes (y confinarme) a causa de la pandemia en la que estamos.

Esta vez, en lugar de acometer el camino de otras veces, el que asciende desde la Val de Gallinera (indicado con un I romano en el plano) quise probar una ruta (II en el plano) por las crestas de esa Sierra  de la Foradada que unen la cumbre del Misserà (752 m.) con  la cima que da su nombre a la cadena, y continúan por los tossales de la Penya Roja o Pinyol Gros (854 m.), el de los Quartesos (856 m.) y el Malladar (820 m,) que enseñorean esos farallones claros y umbríos frente al pueblo de Alpatró (428 m.). Esas alturas de roca caliza se alzan vertiginosos sobre el valle, en la margen derecha del Río Gallinera que discurre en meandros 500 metros bajo las cumbres.

Comencé mi excursión en la carretera (CV-712) que desde la Val de Ebo lleva a la Val d’Alcalà.

Dos rutas a la Foradada. Mapa del Instituto Cartográfico de Valencia CV10. Detalle.Foto R.Puig

Dos rutas a la Foradada. Mapa del Instituto Cartográfico de Valencia CV10. Foto R.Puig

Dejando el coche en la pista que va a Benitaia desde un desvío de la CV-712 y antes de que ésta atraviese la sierra, comencé mi ascensión con la vista puesta en la cima de la Foradada.

La cumbre de la Forarada desde su cresta oeste. Foto R.Puig

La cumbre de la Forarada desde su cresta oeste. Foto R.Puig

Comienzo a caminar por una senda que arranca de las ruinas de tres alquerías, que fueran parte de un poblado de moriscos hasta su expulsión a principios del siglo XVII. Estos y muchos otros núcleos abandonados los reciclaron más tarde los repobladores mallorquines como corrales agropecuarios y las casas mejor situadas como modestas viviendas de labradores.

Olivar de la Vall d'Alcalá y al fondo la Sierra de la Carrasca. Foto R.Puig

Olivar de la Vall d’Alcalà y al fondo la Sierra de la Carrasca. Foto R.Puig

En este rincón duermen las ruinas frente a campos de olivos desde los que se avista hacia el sur la sierra de la Carrasca. 

Ruinas de alquería de origen morisco a 600 metros de altura bajo las cimas de la Umbría. Foto R.Pui

Ruinas de alquería de origen morisco a 600 metros de altura bajo las cimas de la Umbría. Foto R.Puig

Los muros de hábil mampostería han resistido cuatro siglos, así como los modestos arcos de medio punto

Arco morisco. Foto. R.Puig

Arco morisco. Foto. R.Puig

y otros arcos carpaneles

Arco carpanel morisco. Foto. R.Puig

Arco carpanel morisco. Foto. R.Puig

Los hay cegados con piedras para evitar su caída, mas todos rodeados de maleza

Arco y mampostería moriscos. Foto R.Puig

Arco y y muro de mampostería moriscos. Foto R.Puig

Eran viviendas andalusíes en que las que vivieron de forma austera y durante siglos los moriscos , sabiéndose adaptar a estos parajes hermosos pero ariscos.

Esta forma de vida diseminada, relegada, aislada sobre sí misma, era la única manera de subsistir a las presiones señoriales,  la precariedad del medio y la pobreza de la tierra. La austeridad marcó una serie de penurias que tuvieron su continuidad en los colonos mallorquines que, cien años después, ocuparon estos valles…

La vivienda andalusí, lugar de encuentro consabido, arcos de medio punto, estrechas callejuelas enzarzadas con arcos cruzados, casas con techos de caña, madera y tejas, fueron el símbolo de una cultura milenaria, mediterránea, con un aire oriental que todavía se respira en el aire…

Fuente : el blog de José Manuel Almerich

El sendero se disuelve progresivamente y es necesario caminar con tiento por las estrechuras de un terreno de lapiaz alveolar con piedras calcáreas, resultantes de procesos kársticos,  que se resisten al caminante con sus filos y oquedades que la vegetación nos cela.

Caminando sobre lapiaz alveolar. Foto R.Puig

Caminando sobre lapiaz alveolar. Foto R.Puig

Mirando pues donde pongo los pies y ayudado por los indispensables bastones nórdicos voy ascendiendo, tomando breves pausas para llenar la vista de perspectivas radiantes que dilatan la mente.

A mi izquierda se extiende la Val d’Alcalà.

Panorama desde la Sierra de la Carrasca hasta el Penyol Gros y la Foradada. Foto R,Puig

Panorama desde la Sierra de la Carrasca hasta el Penyol Gros y la Foradada. Foto R,Puig

Soledad y silencio con sólo el eco de algún ladrido que llega en sordina desde el Corral de Urbà cien metros más abajo.

Cuando alcanzo el borde de la cresta, bajo mis pies y frente a mí hacia el este se despliega el arranque de la Val de Gallinera

La Foradada, cima de la Albureca y Benissili desde las alturas sobre el Corral de l'Urbà. Foto R.Puig

La Foradada, la cima lejana de la Albureca y Benissili. Foto R.Puig

Esta es pues la perspectiva occidental que se ve y se respira hacia mi izquierda y frente a mí…

La Foradada, Benissili y la Safor desde las alturas sobre el Corral de l'Urba. Foto R.Puig

La Foradada, Benissili y la Safor desde las alturas sobre el Corral de l’Urba. Foto R.Puig.

Y si vuelvo la mirada a la derecha, el paisaje del valle se abre y se encajona progresivamente hacia el oriente, cuando el río excava profundamente su lecho a los pies de Benirrama

Benirrama y su castillo y la costa de Oliva y la carretera de las Marinas. Foto R.Puig

Benirrama, su castillo enriscado y la costa de Oliva y la carretera de las Marinas. Foto R.Puig

Del castillo morisco de Benirrama he hablado hace años en estas páginas. Aquellos fueron (usando la expresión de Vargas Llosa) tiempos recios, cuando por estos valles de la Marina Alta se encastillaron las partidas de los moriscos y perdieron sus últimas batallas, antes de su ominosa deportación en 1609, tras siglos de vida en tierras ibéricas hacia lugares de los que ignoraban todo. Una gran multitud de 50.000 de ellos fue embarcada en el puerto de Denia, así como en otros puertos del Reino de Valencia.

El castell de Benirrama. Foto R.Puig

El Castell de Benirrama. Foto R.Puig

Pero la historia se pierde en el pasado hacia las épocas remotas de la prehistoria de estos valles.

Benitaia, Benissivá y Benialí entre las sierras de la Safor y de la Foradada. Foto R.Puig

Benitaia, Benissivá y Benialí entre las sierras de la Safor y de la Foradada. Foto R.Puig

Observando las laderas del norte de la Val de Gallinera, las de las faldas de la sierra de la Safor, diviso varios abrigos levantinos, en algunos de los cuales se conservan pinturas rupestres esquemáticas, datadas entre 4000 y 7000 años antes de Cristo.

Abrigos levantinos en las faldas de la Safor. Foto R.Puig

Abrigos levantinos en las faldas de la Safor. Foto R.Puig

Tras haberme aproximado a la cumbre de la Foradada y a sólo media hora de coronarla, sobre los farallones de este débil sendero me acomodo, rodeado de jara en flor, para comer y vaciar mi termo de café. Pero descubro que no puedo contar con la hora (entre ida y vuelta) que necesitaría para completar el recorrido.

Vuelta pues a bajar por donde he subido, esta vez con más precauciones, pues una sentada accidental sobre los filos del lapiaz no es deseable, me conformo con el tropezón que me hiere levemente la rodilla.

Apenas se perciben los tramos de sendero, el tiempo ha hecho su trabajo.

Lapiaz alveolar. Foto R.Puig

Lapiaz alveolar. Foto R.Puig

Retorno a la vecindad de las alquerías y de sus corrales despoblados

Camino de vuelta y las tres alquerías de partida. Foto R.Puig

Camino de vuelta y las tres alquerías de partida. Foto R.Puig

Junto a ellos  hay un pedregal que semeja restos de antiguas construcciones o piedras picadas por los canteros que quizás nunca fueron muros

Alquería, corral y cantera bajando de las laderas de l'ombria. Foto R.Puig

Alquería, corral y cantera bajando de las laderas de la sierra de la Foradada a la Val d’Alcalà. Foto R.Puig

Atravieso, últimos pasos de mi exploración, el olivar por el que empecé el paseo.

El olivar ante la alquería al final del sendero. Foto R.Puig

El olivar ante la alquería al final del sendero. Foto R.Puig

He de estar en el coche antes de la puesta del sol, para conducir por el final del la Val de Alcalà y, girando por lo alto de la de Gallinera, descender hacia la costa, entre los cerezos que ya están en flor en la bajada desde Margarida, por Benissili, Llombai y Alpatró y hacia los otros “Benis” de este hermoso valle.

Cerezos en flor en la Val de Gallinera. Foto R.Puig

Cerezos en flor en la Val de Gallinera. Foto R.Puig

Los valles de la Marina Alta, Comunidad Valenciana, Detalle

Los valles de la Marina Alta,Detalle. Agencia Velenciana de Turismo

Me detengo dos veces al borde de la CV-714 para admirar este teatro natural en su hora mágica.

Cerezos en flor y los Runals del Pinyol Gros. Foto R.Puig

Cerezos en flor y los Runals del Pinyol Gros. Foto R.Puig

El termómetro en el coche marca 26 grados cuando me acerco a Alpatrò

Cerezos y Alpatró. En la lejanía Benirrama, su castillo, y el Miserat y el mar. Foto R.Puig

Cerezos y Alpatró; en la lejanía Benirrama y su castillo bajo el Miserat y el mar al fondo. Foto R.Puig

Hago el propósito  de venir a partir de fines de mayo (si la cuarentena vírica se ha terminado) a comprar una caja de Cerezas de La Montaña de Alicante  (denominación de origen). 

Cerezas de la montaña de Alicante. Fuente frutasdelasarga.com

Cerezas de la montaña de Alicante. Fuente frutasdelasarga.com

Recorro sin prisas las curvas de la carretera y paso por los último pueblos  de la Vall de Gallinera, donde la gente disfruta del cálido atardecer que más que de invierno parece del final de la primavera. Un grupo de señoras seniores me saluda desde los bancos de un parquecillo y me hago la ilusión de que me han confundido con alguno de los gallardos viejos del lugar. 

¡Hasta más ver!


Bibliografía:

Morera, Vicent y Ortolà, Juanjo, “La Vall de Gallinera, per camins de moriscos i mallorquins”, Institut d’Estudis Comarcals de la Marina Alta, 2011, 239 pp.

Pellicer, Joan, “Meravelles de Diània, Picanya, 2002, 187 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A orillas de la mar en el día internacional de la mujer trabajadora

8 marzo, 2020
Playa de Les Deveses y el Montuver de fondo. Foto R.Puig

Playa de Les Deveses y el Montuver de fondo. Foto R.Puig

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Garbai Suno

(Liberia)

Cuando me la presentaron estaba poniéndose un traje blanco, como de astronauta, con sumo cuidado. Como especialista en Higiene y Desinfección, trabajaba en la Cruz Roja liberiana y en noviembre de 2014 se encargaba de tomar muestras a las personas fallecidas en Monrovia para saber si era a causa del virus del ébola. Toda precaución era poca. “Mis amigos ya no me llaman para salir”, aseguraba con una media sonrisa. Tal era el miedo y la estigmatización de los sanitarios en aquellos días.

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Nancy Djoko y Mbalu Fonnie

(Sierra Leona)

Nancy Djoko también era enfermera. En agosto de aquel año la epidemia estaba totalmente descontrolada en Sierra Leona y ella era la responsable del improvisado centro de tratamiento montado en el hospital de Kenema, epicentro del brote. “Claro que tenemos miedo, han muerto muchas de nuestras compañeras y nadie quiere acercarse a nosotros. Pero esto lo hago por todos ellos, no puedo irme a mi casa y dejar a los enfermos sin atención”, aseguraba. Su amiga y mentora, Mbalu Fonnie, acababa de morir contagiada del virus, igual que el director del hospital y famoso virólogo, Umar Khan. Pero ella estaba allí, doblando turnos, agotada, asustada. Fueron la primera barrera frente al ébola, su labor salvó miles de vidas. Pocas semanas más tarde supimos que Djoko también había caído.

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Referencia: José Naranjo, “El río que desafía al desierto y otras crónicas africanas”, Azulia ediciones con Casa África y Agencia EFE, 2019, 235 pp. Las dos citas están tomadas de las pp.162-163 en el capítulo “Un continente con nombre de mujer”

Libro de José Naranjo

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Clara de Lacy y Pérez de los Cobos

(España)

La profesora del Departamento de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría de la Universidad de Jaén María Clara de Lacy y Pérez de los Cobos superó el pasado día 3 de marzo las pruebas de acceso al Cuerpo de Catedráticos de Universidad del área de conocimiento de “Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría”, convirtiéndose de esta manera en la primera mujer en conseguir una cátedra de universidad en esta área de conocimiento en el sistema universitario español.

La profesora de Lacy se doctoró en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid, realizando parte de su doctorado en el Instituto Politécnico de Milán, al cual se incorporó tras la finalización del mismo. Después de tres años de actividad docente e investigadora en dicho Instituto trabajando en el campo de la Ingeniería Geodésica, se trasladó a la Universidad de Jaén con un programa de retorno de investigadores a centros de investigación andaluces, obteniendo más tarde, en 2007, una plaza de profesora titular de Universidad.

Dentro de la Universidad de Jaén, pertenece también al Centro de Estudios Avanzados en Ciencias de la Tierra, Energía y Medio Ambiente (CEACTEMA), donde desarrolla su actividad investigadora.

Fuente :“Papel de las mujeres en el desarrollo del conocimiento” (proyecto de Innovación Docente PID42_201819-UJA) 

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Universidad de Jaen. La profesora María Clara de Lac, en la prueba de acceso al Cuerpo de Catedráticos de Universidad

Universidad de Jaén. La profesora María Clara de Lacy, en la prueba de acceso al Cuerpo de Catedráticos de Universidad

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La mar

Desde el ancón oriental de la playa de la Almadrava de Els poblets este paseante miraba el pasado jueves hacia la línea horizontal de la mar mientras deambulaba hacia el oeste por la vecina playa de Les Deveses

Desde la playa de Deveses. Foto R.Puig

Desde la playa de Les Deveses, a la izquierda el Montuver. Foto R.Puig

Por el noroeste asoma el promontorio de Cullera

El promontorio de Cullera desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

El promontorio de Cullera desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

y si  en estos días claros de fin de invierno nuestra mirada se desplaza hacia la derecha, divisaremos los perfiles de las sierras Calderona, de Espadán y de Penyagolosa.

La sierra de Espadán y la de Penyagolosa desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Sierras Calderona, de Espadán y de Penyagolosa desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Continuando las cumbres de la sierra Calderona y de Penyagolosa, más al norte, en los confines de la provincia de Castellón asoman los picos del Maestrazgo y las cimas la Tinença de Benitassa

Perfiles de Penyagolosa y la Tinença de Benitassa al fondo desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Perfiles de Penyagolosa y la Tinença de Benitassa al fondo desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Al atardecer una nube interminable, que quiero pensar marcaba la línea de una isobara recorría el cielo describiendo una curva de oeste a este.

La línea de una isobara se marca en el cielo. Foto R.Puig

La línea de una isobara se marca en el cielo. Foto R.Puig

¿Una línea de isobara se marca en el cielo? Foto R.Puig

Al final una mano celeste me ordenaba terminar…

Mano de nubes sobre la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Mano de nubes sobre la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

Cartografía de mi descripción:

Proyección de vistas lejanas desde la Almadrava. Foto R.Puig

Proyección de vistas lejanas desde la Almadrava. Foto R.Puig

En este mapa editado por la Generalidad Valenciana he acotado la zona abarcada por las fotos. En el vértice del ángulo que he dibujado se sitúan las playas de la Almadrava y Les Deveses. Una línea divergente se adentra a la izquierda y une el vértice con un triangulo que señala el pico del Montuver.  El promontorio de Cullera se sitúa más arriba en otro punto del lado izquierdo del ángulo.

Del sur al norte se suceden en paralelo a la costa las sierras Calderona, de Espadán, Penyagolosa, Peña de Ares del Maestrazgo y la Tinença de Benitassa.

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora dedico esta modesta presentación de cartógrafo aficionado a mi prima, catedrática de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría de la Universidad de Jaén, María Clara de Lacy y Pérez de los Cobos, felicitándola por su brillante ejecutoria docente.

(con el ruego de que sea benevolente y no me suspenda)

 

Pausa

1 marzo, 2020
Invitación al farniente. Foto R.Puig

Invitación al far niente. Foto R.Puig

Por razones de fuerza menor esta crónica dominical será breve, pero les dejaré como obsequio  dos proverbios swahili del archipiélago de Zanzibar

Kwenda mbio si kufika

El correr no hace el llegar

Gaviota..Foto R.Puig

Gaviota. Foto R.Puig

Kupotea njia ndiko kujua njia

Extraviar el camino es aprender la ruta

Horizonte..Foto R.Puig

Horizonte. Foto R.Puig

Cuando ayer sábado

atardecía

pensé que a mis lectores

no podía

dejarles un domingo

amanecer

con esta crónica vacía.

Desde mi orilla. Foto R.Puig

Desde mi orilla. Foto R.Puig


Referencias

S.S, Farsi, Swahilo sayings from Zanzibar, Nairobi, Kenia Literature Bureau, 2 vols.(1958) 1980, volumen 1: Proverbs, K 65 y 59.

(He traducido de la versión bilingüe en swahili e inglés)

 

 

 

 

Empecinados

23 febrero, 2020
Empecinados. Foto R.Puig

Empecinados. Foto R.Puig

El fuerte oleaje -nunca antes visto con tal intensidad en el Mediterráneo- que ha asolado el litoral valenciano al paso de la borrasca Gloria ha llegado a arrastrar varias piscifactorías en Castellón, Valencia y Alicante

ABC Comunidad Valenciana, 22 enero 2020

Ya ocurrió hace años con otro temporal y se ha repetido en enero con una borrasca cuyo nombre es un sarcasmo : miles de lubinas, doradas, corvinas, peces criados en granjas marinas, se han desparramado no sólo sobre la arena de algunas playas cerca de las explotaciones. Aunque para las industrias sea un desastre, no ha sido el peor de todos, pues los destrozos en el litoral han sido mucho más graves para las viviendas de quienes a menudo las heredaron de sus abuelos, quienes las construyeron en su mayoría en formato modesto cuando la orilla estaba lejos. Ahora las olas están comiendo sus cimientos.

Volvamos sin embargo a esos peces que se han fugado y que no saben alimentarse por sí mismos. En este caso, lo que ha perjudicado a las piscifactores ha entusiasmado a los pescadores, empecinados durante varias semanas en hacerles morder el anzuelo. En la playa de la Almadrava he sido testigo de este insólito frenesí.

Hay quien se ha pasado la noche entera tentando su suerte, como este solitario y empecinado pescador de hace tan solo dos días. Al amanecer seguía empeñado en ello, cuando me temo que ya no quedaba mucho tras casi un mes de entusiasmo de los amantes de la caña.

Hasta el amanecer. Foto R.Puig

Hasta el amanecer. Foto R.Puig

Me dirán que es excesivo hablar de empecinado. Tómenlo como una analogía, porque ese adjetivo es un sinónimo de peguero, es decir, como enseña el diccionario : “hombre que por oficio saca o fabrica la pez”.

Ya, ya, me dirán ustedes que esa pez es una una “sustancia resinosa, lustrosa, quebradiza y de color pardo amarillento, que se obtiene de la trementina y que, mezclada con estopa y otros materiales, sirve para calafatear embarcaciones de madera” (DRAE).

¡Cómo se me ocurre a mí amalgamarla con los peces!

Empecinados. Foto R.Puig

Empecinados. Foto R.Puig

Sí, sí, pero no me dirán que no es una coincidencia semántica que muchos se hayan mostrado pertinaces y obstinados durante las veinticuatro horas del día y durante varias semanas, es decir empecinados, en llevarse a desorientadas y hambrientas doradas y lubinas a la cocina.

Pescando en familia al anochecer. Foto R.Puig

Pescando en familia al anochecer. Foto R.Puig

En definitiva, empecinados son tanto los que se untan de pez como los que se pasan muchas horas capturando errantes peces evadidos…

De pesca con papá. Foto R.Puig

De pesca con papá. Foto R.Puig

por la mañana temprano tras una noche entera

Magro el resultado. Foto R.Puig

Magro el resultado. Foto R.Puig

o cuando cae la tarde,

Pescar pescar. foto R.Puig

Pescar, pescar. Foto R.Puig

en nutrida compañía

Empecinados. Foto R.Puig

Empecinados. Foto R.Puig

o en la soledad del corredor de fondo.

En la fría mañana bajo la bóveda del cielo. Foto R.Puig

Frío amanecer bajo la bóveda del cielo. Foto R.Puig

Si algún piscifactor llega a leer esta crónica, quizás se consuele pensando no sólo en que -ojalá- el seguro le compense, sino en que de algún modo la borrasca le haya convertido en benefactor, haciendo felices a muchos pescadores, pues de ordinario en la playa de la Almadrava no suelo ver que nadie saque un pez del agua, pero durante estas semanas he visto a más de un niño atrapando doradas con papá.

¡Y picaban! ¡vaya si picaban!

 

 

 

Juan Carlos Savater: los amaneceres del pintor (y II)

16 febrero, 2020
Juan Carlos Savater. Talismán, óleo sobre madera 2019, detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Talismán”, óleo sobre madera 2019, detalle. Foto R.Puig

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La luz de la mañana

Para sacar todo el partido posible de la Mañana, pienso que conviene tomar ese momento entre la primavera y el verano, es decir al comienzo de junio; cuando el sol ya tiene durante el día suficiente fuerza para caldear la Naturaleza y hacer que los habitantes de la tierra experimenten el deseo de una hermosa mañanita y de mejor sentir su frescura.

Paisaje cerca de Roma. Museo de les Augustins. Toulouse,

P.-H. de Valenciennes. Paisaje cerca de Roma. Museo de les Augustins. Toulouse,

Cabe distinguir varios instantes interesantes en esta parte del día. El primero es cuando la Aurora ríe al salir de los brazos de su viejo esposo, disemina perlas y flores sobre la superficie de la tierra y despliega en la atmósfera ese ropaje suyo que brilla con todos los colores del iris.

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Pierre Henri de Valenciennes, Réflexions et conseils à un Élève sur la Peinture et particulièrement sur le genre du Paysage, La Rochelle, Rumeur des Ages, 2005, pp. 43-44  (la traducción es mía)

La exposición de Juan Carlos Savater, de la que ya tratábamos el 2 de febrero, demuestra que el arte de los pintores paisajistas europeos del pasado como, por ejemplo, Claude Lorrain, Pierre-Henri de Valenciennes o Jan Frans van Bloemen tiene hoy en día un excelente renovador en España. Y cuando digo renovador pienso que, por la sobriedad, la luminosidad y la complejidad (aparentemente sencilla)  de sus cuadros, se puede hablar de un perfeccionamiento de la tradición; pues, en efecto, el artista excogita e incorpora sabiamente a su obra los progresos que el arte pictórico, sus técnicas y materiales han conseguido desde el Barroco hasta nuestros días.

En cuanto al detalle de unos de los cuadros expuestos que abre esta segunda parte de mi crónica, quizás se preguntarán por qué  la montaña parece alumbrada desde el oeste por el sol de la mañana en lugar de por el este, como correspondería al amanecer en donde vive y pinta Savater. En realidad a la imagen de esa cumbre (que al observador habituado a la sierra de Guadarrama le evocará la Maliciosa) he osado darle la vuelta, como girando el talismán.

De hecho podemos comprobar que en el cuadro aparece en la parte inferior, de modo que nuestro pintor ha plasmado el momento en que la riante Aurore deja los brazos de su viejo esposo el Sol, para alumbrar desde un este ideal ese micro-planeta de montañas, praderas, roquedales y arboledas y arroparlo con ese ropaje suyo que brilla con todos los colores del iris.

Juan Carlos Savater. Talismán, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Talismán”, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Y que me perdone Juan Carlos Savater, pues, aun sabiendo que él no reproduce montañas sino que las sueña, la gran roca de su cuadro, que ilumina el amanecer, a mí me evoca el Yelmo de la Pedriza de nuestra querida sierra madrileña.

Juan Carlos Savater. Talismán, óleo sobre madera 2019, detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Talismán”, óleo sobre madera 2019, detalle. Foto R.Puig

En realidad las obras de Savater pueden entenderse desde la perspectiva de su particular gramática de la pintura, pues esa manera suya conlleva algo parecido a lo que Michel Collot escribe sobre la semántica del paisaje en los poetas franceses que han renovado la forma de reflejarlo, en particular en los poemas en prosa de René Char :

Su poder de evocación es tal que sustrae el momento a la esfera de lo privado y del pasado, para hacerlo revivir y comunicarnos su emoción.

COLLOT, p. 259 (la traducción es mía)

En los cuadros de esta exposición ocurre algo parecido : quienes hemos caminado por estas serraníaas a cuyos pies vive nuestro pintor, en realidad ya no vemos en ellos lo que vimos, pues el paisaje se sustrae a nuestras experiencias anteriores, se libera de sus referentes  y revive, híbrido y transfigurado, recreando emociones bajo una luz nueva. Añadiré que la luz de los cuadros de Savater remite con justicia a un adagio horaciano: Ut pictura poesis

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El simbolismo del detalle

Vengamos ahora a los detalles. ¿Qué decir de los simbolismos que, como quien no quiere la cosa, pueblan sus paisajes?

Puesto que estamos en el cuadro que ha titulado Talismán, observemos el símbolo central de este microcosmos, el ombligo de ese pequeño planeta que flota en el espacio : es el pelado esqueleto de un cánido en el mismísimo centro de un herbazal en el que hay como una ventolera o energía que desde el fósil irradia ondulaciones que parecen agostar el verde campo.

Juan Carlos Savater. Talismán, óleo sobre madera 2019, detalle. Foto R.Puig

 

Evoca a mi modo de ver el final de todo lo que algún día ha vivido a la luz del sol, el parto que de muerte acaba gestando toda tierra. Esta imagen es un talismán por cuanto constituye un memento mori  que nos defiende de la vanidad de los excesos de la exultación, como si la naturaleza parafrasease otro adagio exclamando ; ¡ parieron los sembrados y nació un fósil !

Es sabido que en culturas tradicionales era frecuente considerar amuletos o talismanes a piezas óseas. No recuerdo si el inconsciente colectivo del que hablaba Jung se manifestaba, además de por mitos y leyendas que se repiten en latitudes y tiempos distantes, en amuletos concebidos también de modo parecido por culturas lejanas unas de otras. ¿Se manifestará también en los talismanes que sueñan los pintores?

A propósito de este detalle me voy a permitir un paréntesis, para evocar algo que me temo ya no se practica en la mayoría de las facultades de Bellas Artes y que los que cursaron esos estudios hace años aprendieron : el dibujo de la anatomía de los animales en el contexto de la asignatura de Anatomía Artística, que en mi caso cursé no en España (donde no formaba parte del plan de estudios) sino en mi año de estudiante erasmus en Roma.

Esqueleto de perro. R.Puig 2011.

Esqueleto de perro. R.Puig 2011.

Pero volvamos a nuestro pintor, a algo que tradicionalmente ha simbolizado la vida y su alegría.

Juan Carlos Savater. Canto, óleo sobre madera 2018. Detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Canto”, óleo sobre madera 2018. Detalle. Foto R.Puig

El canto del pájaro silvestre

Juan Carlos Savater. Canto, óleo sobre madera 2018. Detalle. Foto R.Puig

que da título a un cuadro en el que también se descubre otro motivo cargado de simbolismo : un puente

Juan Carlos Savater. Canto, óleo sobre madera 2018. Detalle. Foto R.Puig

Los puentes evocan el tránsito de un territorio a otro, en sentido no sólo geográfico sino también vital.

Lo cual me lleva a otra tabla de la exposición que, teniendo en cuenta, las trashumancias plásticas de Juan Carlos Savater (a lo largo de más de cuarenta años como pintor) me hace pensar que podría estar anunciando el inicio de una nueva fase en su obra.

Juan Carlos Savater. Puente, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puente”, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

¿Hacia donde marchan estos peregrinos? ¿Va el pintor  entre ellos? ¿Es él quien les guía?

Juan Carlos Savater. Puente, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puente”, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Difícil descifrarlo, así que pidiéndole disculpas por asociarle de nuevo a imágenes de un pasado remoto, he de decir que su procesión me evoca otra.

Gentile Bellini. El milagro de la cruz del canal de San Lorenzo. Detalle. Wikipedia Commons

Gentile Bellini. “El milagro de la cruz del canal de San Lorenzo”, 1500. Detalle. Galería de la Academia de Venecia

Es cierto que la comitiva de Bellini progresa en ambiente urbano y en un contexto milagroso, pero es que también hay una atmósfera de milagro en los ámbitos que crea el pincel de Savater, que me recuerdan a algunos pintores de los siglos XV y XVI, como ya comenté hace dos semanas.

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Ya no sé cómo excusarme, pero es que, de un veneciano a otro y sin poder evitarlo, las asociaciones se me aparecen de nuevo.

Tintoretto. La visitación. Scuola Grande di San Rocco. Detalle.

Tintoretto. “La visitación”, detalle. Scuola Grande di San Rocco. Venecia.

Juan Carlos Savater. Atalaya, óleo sobre madera 2019. DEtalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Atalaya”, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Tanto Tintoretto como Savater retratan aquí a dos mujeres vestidas de colores complementarios. Ambas escenas bíblicas se asemejan también por situarse en un paisaje. En el cuadro del primero María es ayudada por su prima Isabel a incorporarse. En el segundo se trata de una suave pugna femenina en la que las dos jóvenes simbolizan la lucha de Jacob con el Ángel.

En el silencioso duelo de las dos hermanas (pues ellas lo son), presente en seis de las tablas expuestas, rastrea Juan José Calaza la temática prerrafaelita, pero subraya lo siguiente:

Sin embargo, mientras que en las composiciones inglesas domina el ilusionismo virtuoso, minucioso y falso de un bucolismo incontaminado, en Juan Carlos asistimos al derrumbamiento de un mundo y a la tensión del combate entre lo bueno y lo perfecto. Savater, preservando el contexto de fondo de los prerrafaelitas, renuncia a trampear con la imagen engañosa bien sea por medio de añosas ruinas que hablan del fracaso de la Historia y el intrínseco desamparo del ser humano o del combate cainita de la especie, antiguo símbolo bíblico que aún habita entre nosotros, reflejado en la lucha entre dos hermanas, por supuesto gemelas como el bien y el mal.

CALAZA, en ABC, 22 de enero 2020

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Podría incluso remontarme a anteriores exposiciones de nuestro pintor donde abundaban los símbolos,  pero sigamos en ésta con una obra, simbólica hasta en su título.

Juan Carlos Savater. Puertas del Edén, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puertas del Edén”, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Jacob lucha con un ser misterioso, que se supone es un ángel, y logra vencerle. Acto seguido éste le cambia su nombre por el de Israel (Gen., 32,29). En realidad se hayan a las puertas de las tierras feraces de Canaan.

El fondo rocoso y desértico que precede a la entrada de Jacob en este nuevo Edén es muy similar al de un pequeño cuadro de la exposición que no aparece en el catálogo de la misma y que (como su gemelo que reproduje aquí el pasado día dos) se titula desierto 

Juan Carlos Savater. Desierto, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Desierto”, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Ambos parecen de algún modo bocetos preparatorios del fondo de sus “Puertas del Edén”, en que hay otro símbolo bajo el que ambas combatientes forcejean : un árbol con dos troncos -¿el del bien y el del mal?- uno sano y el otro quebrado.

Juan Carlos Savater. Puertas del Edén, óleo sobre madera 2019, árbol del bien y del mal. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puertas del Edén”, óleo sobre madera 2019, ¿árbol del bien y del mal? Foto R.Puig

Hay otros simbolismos, los de las flores a las puertas de Canaan. Una gran orquídea domina la derecha del cuadro, se abraza a un tronco del que surge una rama rota. Se suele decir que esta flor, cuando se viste de amarillo,  simboliza el erotismo en el amor.

Juan Carlos Savater. Puertas del Edén, óleo sobre madera 2019, orquidea. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puertas del Edén”, óleo sobre madera 2019, orquidea. Foto R.Puig

Y a la izquierda florece la jara de la sierra de Guadarrama, abundante en primavera en los senderos cercanos al pueblo donde tiene su estudio el pintor. ¿Es pues su edén ese espacio, propicio al trabajo arduo y gratificante y a la ensoñación creadora? 

Juan Carlos Savater. Puertas del Edén, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puertas del Edén”, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Al fin y al cabo también en la zona también abundan los conejos, ¿símbolos de actividad incansable, de fertilidad vital, de las idas y venidas de la idea?

Aunque a veces el gazapillo podría sucumbir hipnotizado por las tentaciones de la serpiente bíblica que acecha en todo paraíso, aunque en muchas culturas represente la regeneración universal.

Juan Carlos Savater. Puertas del Edén, óleo sobre madera 2019, la serpiente. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puertas del Edén”, óleo sobre madera 2019, la serpiente. Foto R.Puig

Un herbazal cuajado de flores silvestres blancas, como notas musicales que remiten a las recónditas armonías que a toda obra creativa escoltan y a la libertad de lo espontáneo.

Juan Carlos Savater. Puertas del Edén", óleo sobre madera 2019. Detalle, Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Puertas del Edén”, óleo sobre madera 2019. Detalle, Foto R.Puig

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En la sierra tutelar del pintor encontramos otra dualidad simbólica : las piñas que  pueden albergar o no piñones  y los cardos, que aparentan estrellas pero hieren a quien ose tocarlos.

Juan Carlos Savater. Manantial, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Manantial”, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. Manantial, óleo sobre madera 2019. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Manantial, óleo sobre madera” 2019. Foto R.Puig

¿Qué nos deparará Juan Carlos Savater en sus futuros cuadros? ¿Parajes edénicos? ¿Ensoñaciones de Guadarrama? ¿Retornará al Monte Athos? ¿Se adentrará por los desiertos de la Tebaida?  Por si acaso, llenemos nuestra cantimplora con el agua fresca de su manantial.

Juan Carlos Savater. Manantial, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

Juan Carlos Savater. “Manantial”, óleo sobre madera 2019. Detalle. Foto R.Puig

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Por mi parte me despido recordando algo que me parece apropiado:

En el paisaje parecen coincidir todos los componentes subjetivos de un co-nacimiento con el mundo que el conocimiento moderno del universo no podía ya asumir: sensaciones, percepciones, impresiones e incluso afecciones, emociones e imaginaciones. Porque, a pesar del primado que la tradición occidental confiere a la vista, el paisaje no se puede reducir a un puro espectáculo. Se ofrece igualmente a los otros sentidos y concierne al sujeto todo entero, cuerpo y alma. No se da sólo a ver, sino a sentir y resentir. En él la distancia se mide por el oído y el olfato, por la intensidad de los ruidos y por la circulación de las corrientes del aire y sus efluvios; la proximidad se experimenta por la calidad táctil de un contorno, por la tonalidad de una luz, por el sabor de una coloración.

COLLOT, pp.13-14. (la traducción es mía)


Referencias :

Calaza, Juan José R., Juan Carlos Savater: misterio, permanencia y respeto. El pintor exhibe, hasta el 6 de marzo, «12 amaneceres» en la galería Leandro Navarro de Madrid, ABC Cultura, 22 enero 2020,

Collot, Michel, Paysage et poésie du romantisme à nos jours, Paris, José Corti, 2005, 335 páginas.

Galería Leandro Navarro, Madrid. Exposición Doce amaneceres,16 de enero a 6 de marzo de 2020.

Pierre Henri de Valenciennes  Réflexions et conseils à un Élève sur la Peinture et particulièrement sur le genre du Paysage, La Rochelle, Rumeur des Ages, 2005,146 pages

POSTDATA:     A quien le interese una visita tranquila y a distancia de la exposición, sin comentarios y con una música (“Homenaje”) acorde con la obra, les recomiendo abran aquí el vídeo de Jaime BS, fotografía de Joaquín Cortes y música de Juan Azul.

La bondad de la tarde

9 febrero, 2020
Tibio febrero. Foto R.Puig

Luminoso febrero. Foto R.Puig

 

Bondades de febrero

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Dulce febrero,

con tus calores

engañas al almendro

Almendros en febrero. Foto R.Puig

que nos da flores

cuando aún

no es el tiempo.

Almendros en febrero. Foto R.Puig

Almendros en febrero. Foto R. Puig

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Tibio febrero,

con bemoles de naranjas

compones en la umbría

Naranjas en febrero. Foto R.Puig

tu música discreta

sobre la partitura

del verde huerto.

Renglones verdes. Foto R.Puig

Renglones verdes. Foto R.Puig

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Luminoso febrero,

con gráciles pistilos 

alfombras de sus oros

Alfombra de pistilos. Foto R.Puig

el humus en que crece

un batallón que aspira

a conquistar el cielo.

Esbeltas arboledas. Foto R.Puig

Esbeltas arboledas. Foto R.Puig