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Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac. Huaca Pucllana (Lima)

2 junio, 2019
Vasija con tejidos. Cultura Lima. Museo Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Figura de ofrenda con tejidos. Detalle. Museo de la Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Finalizadas nuestras visitas de la Ruta Moche y de Chan Chan, tras recorrer los 554 kilómetros que dista Trujillo de la capital del Perú, retrocedíamos 700 años, los que median aproximadamente entre el comienzo del Reino Chimú y la edificación del complejo ceremonial de los Lima que hoy se conoce con el nombre de la Huaca Pucllana, en pleno distrito de Miraflores (Lima).

Huaca Pucllana. Lima. Fuente ArqueoTur

Huaca Pucllana. Lima. Fuente ArqueotuR

Con el paso de los años la expansión de Lima ha ido rodeando e invadiendo el territorio de aquellas culturas que habitaron durante siglos el valle del Rímac, con la consiguiente desaparición de una gran parte de su patrimonio arqueológico. Sobre este proceso el Doctor Arqueólogo José Joaquín Narváez Luna en un extenso artículo publicado en la página de la Ciudad Virtual de Antropología y Arqueología detalla lo siguiente:

Pucllana es uno de los principales monumentos arqueológicos que se encuentran en el valle del Rímac. Fue visitada desde el siglo pasado por numerosos viajeros siendo sometida a varios trabajos de investigación. Se trata de una gran pirámide de aproximadamente 30 mts. de altura que se encontraba rodeada por un conjunto de plazas, recintos y otros ambientes que conformaban un pequeño asentamiento urbano. Cronologicamente pertenece al Intermedio Temprano-Horizonte Medio 1 y a la cultura Lima o Maranga. Se encuentra ubicado en el barrio residencial de Miraflores.

Pucllana sufrió daños desde la Colonia al ser huaqueada y utilizada como atalaya para el avistaje de piratas. En 1854 sirvió de parapeto durante la batalla de La Palma entre Rufino Echenique y Ramón Castilla quienes se disputaban el poder y durante la batalla de Miraflores entre los ejercitos peruano y chileno durante la Guerra del Pacífico en 1883.

Sin embargo, los mayores destrozos ocurrieron cuando la Compañía Urbanizadora Surquillo lotizó completamente el sitio y la vendió en parte entre 1930 y 1965 al amparo de resoluciones del Ministerio de Fomento y Obras Públicas. Con grandes bulldozers demolieron amplios sectores de la parte baja del monumento, destruyendo plataformas, plazas, recintos, etc. La enérgica intervención del Patronato Nacional de Arqueología pudo detener los destrozos aunque gran parte del sitio había quedado afectado. Abandonada por mucho tiempo, en 1982 por iniciativa de la Municipalidad de Miraflores se inició la recuperación del monumento con extensas excavaciones a cargo de la Dra. Isabel Flores quién aún prosigue los trabajos de investigación en el sitio. Actualmente, Pucllana se encuentra bajo la custodia de la Municipalidad de Miraflores y es buen ejemplo de conservación y puesta en valor de un sitio arqueológico

“La destrucción del patrimonio arqueológico en el Valle del Rimac, Perú”

El autor informa, como parte de un estudio suyo, que en 1994, sólo subsistía “el 27% de los monumentos arqueológicos existentes en 1944 en los distritos de Lima (Industrial), Breña, San Miguel, Pueblo Libre y Magdalena del Mar”.

Localización Huaca Pucllana. Fuente Infografías del Centro de Investigación Histórica. Lima

Localización Huaca Pucllana. Fuente Infografías del Centro de Investigación Histórica. Lima

La Huaca Pucllana, si bien disminuida, no ha sido de los complejos que salieron peor parados, pues se conservan sus dos tercios como testimonio de los aportes de tres culturas sucesivas: Lima (200 a 650 d.C.), Wari (650 a 1100 d.C.) e Ichma (1100 a 1450 d.C.)

Huaca Pucllana. Emplazamiento. Fuente ArqueoTur

Huaca Pucllana. Emplazamiento. Fuente ArqueotuR

Gracias a nuestros buenos amigos Bernardo y Rosi y dando un corto paseo por su barrio pudimos realizar la visita nocturna a la vecina Huaca Pucllana y a su Museo del Sitio, así como ser por ellos obsequiados con una sabrosa cena en el renombrado restaurante adyacente al complejo.

Huaca Pucllana. Lima. Foto R.Puig

Huaca Pucllana. Lima. Foto R.Puig

La visita nocturna es altamente sugestiva, si bien no se pueda acceder a los planos superiores, como sí es posible de día. Pero el recorrido a la luz de los focos a lo largo de los muros y escalonamientos de millares de “adobitos”, apretados en hileras a la manera de libros en inmensas estanterías, es muy especial.

Muro de adobitos en técnica de librero. Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Muro de “adobitos” en técnica de librero. Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Circunvalando desde abajo su mole iluminada se experimenta la sensación mágica de haber traspasado el espesor de los siglos que nos separan de sus pobladores, esos miles de trabajadores que amasaban el barro con sus pies y levantaron esta obra pieza a pieza.

Haciendo adobitos. Reconstrucción. Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Más que explicarla con mis propias palabras recurro de nuevo a algunos textos de quienes se dedican a divulgar la arqueología peruana :

Huaca Pucllana fue construida por gentes de la cultura Lima, entre los años 200 y 700 dC en la costa central del Perú. Concretamente, entre los valles de los ríos Chancay, al norte y Lurín, al sur. Sus principales centros ceremoniales como Pucllana se encuentran en el medio de los valles pero las aldeas se ubicaban alrededor de estos o en las playas sin formar verdaderos núcleos urbanos.

Huaca Pucllana. Reconstrucción de ceremonia de ofrendas al tótem. Foto R.Puig

Huaca Pucllana. Reconstrucción de ceremonia de ofrendas al tótem. Foto R.Puig

Se dedicaron a la agricultura, la ganadería y también a la pesca y la recolecta de mariscos, a la que dispensaban especial atención. Construyeron gigantescos centros ceremoniales construidos con adobes unidos con barro y fueron un pueblo pacífico.

El tiburón en la Cultura Lima. Museo Huaca Pucllana. Foto R.Puig

El tiburón en la Cultura Lima. Museo Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Su cerámica sirvió para diversos usos tanto domésticos como religiosos

Amamantando. Vasija Cultura Lima. Museo Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Amamantando. Vasija Cultura Lima. Museo Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Los habitantes de la cultura Lima no formaron un solo reino o un imperio. Los valles estaban divididos en varios curacazgos a manera de pequeños reinos que debieron tener un trato igualitario entre sí. Es probable que el Santuario de Pachacamac haya tenido mayor importancia debido a su prestigio religioso.

Huaca Pucllana no fue propiamente una ciudad, fue un centro ceremonial y como tal tenía como objetivo ser la residencia de una elite sacerdotal que poseía tanto el poder político así como el religioso y el económico.

Huaca Pucllana. Reconstrucción Ceremonia de ofrendas al tótem. Detalle. Foto R.Puig

Huaca Pucllana. Reconstrucción de ceremonia de ofrendas al tótem. Detalle. Foto R.Puig

A la vez, servía para ejercer desde este sitio el poder hacia la zona del valle que le correspondía.

Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Huaca Pucllana posee básicamente dos zonas bien diferenciadas: la Gran Pirámide y sus plazas y una parte baja formada por plazas con banquetas. Cada una de estas dos áreas tenía una funcionalidad distinta: la pirámide estaba destinada a ser un lugar de culto mientras que la parte baja se asocia a actividades más cotidianas o relacionadas al trato directo con la población.

Huaca Pucllana. Foto R.Puig

La pirámide es un edificio alargado de más de 400 metros de largo por 22 metros de alto, que cuenta con siete plataformas a la vista en cada una de las cuales se encuentran plazas, recintos y pasadizos, algunos de ellos pintados de color amarillo. En la parte baja encontramos plazas y sistemas de recintos. La parte baja es de construcción más reciente que la pirámide y es probable que en el inicio Pucllana fuera sólo un centro religioso y luego se requiriera de anexos para actividades administrativas.

Fuente :  ArqueotuR

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Wari

Terminado el dominio de los Lima, hacia la mitad del siglo VII d.C. el complejo cayó en el abandono durante cien años, hasta que los Wari pensaron que su gran pirámide era un excelente lugar para enterrar a los suyos.

Vasija Wari con imagen de tiburón. Museo del sitio Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Vasija Wari con imagen de tiburón. Museo del sitio Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Dada su importancia como centro ceremonial luego que los Lima fueran conquistados por los Wari el sitio se transformó en un cementerio y se mantuvo así hasta el señorío Ichma. Es de los entierros wari que se ha logrado recuperar importantes evidencias textiles, únicas en su género en la costa central, al igual que cerámica, mates y otros objetos presentes en las tumbas nos sirven para conocer acerca de los pobladores que se instalaron en la costa central con la conquista de ésta a manos del imperio wari.

Fuente citada

Vasija Wari con focas y serpiente marina. Museo del sitio Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Vasija Wari con focas y serpiente marina. Museo del sitio Huaca Pucllana. Foto R.Puig

La representación del tiburón en las vasijas y en los diseños textiles de los Wari continuó y asimiló la tradición gráfica de motivos de la fauna marina de la Cultura Lima.

Vasija Wari con boca de tiburón. Museo del sitio Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Vasija Wari con boca de tiburón. Museo del sitio Huaca Pucllana. Foto R.Puig

Ichma

Al principio del siglo XII d.C. los pobladores de la cultura Ichma retomaron el complejo,para sus enterramientos y para depositar ofrendas a sus ancestros.

Actualmente los trabajos de investigación y las excavaciones en la Huaca Pucllana siguen adelante dirigidas por la arqueóloga Isabel Flores, amparados por el Distrito de Miraflores.

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Nota sobre los enterramientos

Además de las sepulturas con finalidad puramente funeraria, en la Huaca Pucllana se han encontrado restos  de sacrificios humanos, principalmente de mujeres jóvenes. En la iniciación de una nueva fase de construcción se practicaban tres tipos de rituales, que han sido verificados por los arqueólogos: ruptura de vasijas, sacrificios humanos o banquetes rituales.

Los restos humanos hallados en medio de los rellenos o sobre los pisos cubiertos consisten mayoritariamente en mujeres jóvenes. También se sacrificaban varones y niños, pero en cantidad mucho menor. Los análisis antropológicos revelan gran violencia en la muerte. Los cuerpos fueron colocados entre el relleno apenas envueltos en sencillas telas, sin ofrendas de ningún tipo.

Fuente: wikipedia en referencia a:

BARRETO, María; CCENCHO HUAMANÍ José; CHUCHON AYALA, Hilda; SILVERA LA TORRE, Hernán,  “Sacrificios humanos Lima asociados a la última etapa constructiva de Huaca Pucllana” en: Arqueología y Sociedad 22: 55 – 72. Museo de Arqueología y Antropología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 2010.

El lector habrá notado que la práctica de los sacrificios humanos ha ido apareciendo en las distintas visitas de este viaje. Se menciona en los museos de los varios sitios y por los guías turísticos, sin olvidar a los cronistas de la colonización de América por el Imperio Español.

Como es sabido, una de las justificaciones morales que los conquistadores españoles esgrimieron para asentar su derecho a intervenir en las costumbres de los pobladores que iban encontrando a su paso era el descubrimiento de las costumbres diabólicas o bárbaras que se sintieron con derecho a erradicar en su misión evangelizadora. Las que más citaron los cronistas, quizá la que más, era la de los sacrificios humanos.

Recientemente, repasando los aspectos lingüísticos, políticos y religiosos de la conquista, de los que trata una obra de reciente publicación (que cito enseguida), encontré de nuevo la cuestión en la célebre disputa sobre la legitimidad de la colonización de los territorios de los indios y de sus formas de actuación que enfrentó a Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas en la Junta de Valladolid (1550-1551).

Se trata de cómo, en su afán por vencer en el debate, como atestigua el texto de su Apología (Editora Nacional 1975, traducción y edición de Ángel Losada), el segundo de ellos, ardoroso acusador contra los abusos de la conquista, esgrimió argumentos bíblicos y teológicos para defender la legitimidad de los sacrificios rituales de seres humanos por parte de los indios americanos, por ser una justificada ofrenda a la Divinidad.

Apología

He aquí algunos de los argumentos citados en el libro de Santiago Muñoz Machado, Hablamos la misma lengua. Historia política del español en América, desde la Conquista a las independencias”, Crítica, Barcelona, 2017 (2018), 826 páginas:

…los hombres están obligados a ofrecer al Dios verdadero, o al que consideran verdadero, sacrificios humanos

Apología, p.285

Bartolomé de Las Casas lo fundamenta en varios textos del Antiguo Testamento para finalmente explicarse de este modo :

Luego no es absurdo sospechar que la costumbre de inmolar hombres pasó a todos los pueblos, a cuyo conocimiento llegó el hecho de que el máximo Dios se los judíos había ordenado a su queridísimo siervo Abraham que le ofreciese en sacrificio su propio hijo, y aquel otro hecho de que un preclaro capitán de dicho pueblo judío, después de haber conseguido la victoria, había inmolado a su única hija a Dios , lo que, de verdad, no hubiese hecho si no hubiera pensado que esto sería gratísimo a Dios

ibidem, pp. 296-297

y resume Muñoz Machado :

Concluye Bartolomé de las Casas que entre los indios los sacrificios humanos son una costumbre antigua que opera como ley. Por tanto, está justificada para ellos, no constituye pecado algunos en su comunidad y es una práctica difícil de erradicar de cuajo

en “Hablamos la misma lengua”, p. 181

Una observación mía: 

Bartolomé de las Casas se limitó a citas bíblicas legendarias y argumentos teológicos para justificar los sacrificios humanos de las culturas de la América precolombina. Me permito suponer que se guardó mucho o no se le pasó por la cabeza sacar a colación otros argumentos que tenía como quien dice a la vuelta de la esquina.

Puesto que sacrificios humanos fueron los ofrecidos a la Divinidad, decretados, legalizados y ejecutados por la Santa Inquisición. Desde 1478 (cuando la instituyen los Reyes Católicos) hasta la fecha de la intervención del célebre dominico en la Junta de Valladolid, supusieron la tortura y posterior muerte, con el garrote vil (si abjuraban) o en la pira (si no abjuraban), de cerca de 2000 personas, entre herejes de diverso tipo, judaizantes y moriscos. 

Las Casas

Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac. Chan Chan

26 mayo, 2019
Chan Chan. Foto R.Puig

Chan Chan. Foto R.Puig

Como decía el domingo pasado, nuestras visita del 15 de febrero estuvo dedicada a Nik An (“Casa del centro”), la única abierta al público de las diez ciudadelas o palacios amurallados que los sucesivos señores del Reino Chimú construyeron en Chan Chan (“la mayor ciudad de barro del mundo”). Esta, que bien podemos calificar como conurbación, ocupó en su tiempo veinte kilómetros cuadrados (2000 hectáreas) y conserva hoy una extensión de catorce (1400 hectáreas).

De camino a Chan Chan. Foto R.Puig

De camino a Chan Chan. Foto R.Puig

Desde la cercana Trujillo, a través del paisaje árido de arenas y cerros rocosos de la carretera a Huanchaco, se llega al Museo del Sitio en el cual no está permitido tomar fotos, de modo que para hacerse una idea de sus contenidos y si disponen de unos minutos, pueden abrir este vídeo oficial, sin comentarios y poco vistoso pero bastante detallado. El museo trata sobre todo de la Cultura Chimú, aunque los hallazgos expuestos incluyen también cerámica procedente  de pobladores mochicas o de la ocupación inca.

Los chimús, herederos culturales de los mochicas, irradiando desde el valle bajo del río Moche conquistaron gradualmente la costa norte peruana desde las fronteras actuales con el Ecuador hasta muy cerca de Lima. Su ciclo de poder abarcó desde el año 900 hasta el 1476 d.C. cuando fueron doblegados por los conquistadores Incas. Las tropas del Inca Huayna Capac (1493 – 1525) incendiaron parte de la ciudad y la familia reinante fue desterrada. Cuando llegaron los españoles en 1534, Chan Chan ya había sido saqueada y abandonada.

La influencia del Reino Chimú también ascendió por una parte del valle del Jequetepeque, aunque sin alcanzar a la región de Cajamarca. Chan Chan contaba con una red de centros administrativos provinciales (se han explorado cinco) de los que eran tributarios los asentamientos menores.

Chan Chan. La muralla exterior de Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. La muralla exterior de Nik An. Foto R.Puig

El recorrido solitario por el interior de estos gruesos muros, ingresando por su única entrada produce la sensación de estar moviéndose por los espacios de una gigantesca concha vacía o por las tripas gigantescas de un gran organismo de barro, que según la arqueología actual ha sido excesivamente reconstruido.

Chan Chan. Un reino de barro. Foto R.PUig

La capital Chimú fue construida en tres etapas entre los años 850 y 1470 d.C. Sus grandiosas proporciones son el resultado de un sistema político, religioso y social de carácter imperial y dinástico a estructura piramidal. Como ocurre con la otras culturas de la costa, los fundadores míticos de la etnia según la leyenda llegaron del océano. Para los chimús su civilizador fue Tacaynamo, de modo similar a como lo fueron otros semidioses de las cosmogonías Mochica (100 a 750 d.C.) y Sicán (700 a 1350 d.C.). 

Chan Chan. Foto R.PUig

Chan Chan. Muros en red y bajorrelieves de pájaros. Foto R.Puig

Las ciudadelas de Chan Chan encierran grandes plazas, almacenes y depósitos, dependencias palaciegas y administrativas, estanques y redes de canalización, recintos de ofrendas con hornacinas para la veneración de ídolos menores y el mausoleo del Señor o Chimu Capac, en el cual se veneraba su momia.

Chan Chan. El gran reservorio. Foto R.Puig

Chan Chan. El gran reservorio de Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. Canalizaciones. Foto R.PUig

Chan Chan. Canalizaciones. Foto R.Puig

Chan Chan. Templete con hornacinas en Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. Templete con hornacinas en Nik An. Foto R.Puig

Las dimensiones de las plazas dan idea de la cantidad de gente que congregaban sus ceremonias y celebraciones y del volumen demográfico de las diez ciudadelas de esta conurbación. 

Chan Chan. Plaza en ciudadela de Nik An.Foto R.Puig

Chan Chan. Segunda plaza en ciudadela de Nik An.Foto R.Puig

La plataforma funeraria, en este caso la del Señor de la ciudadela de Nik An incluye, además de su mausoleo, 42 celdas con los restos de familiares y sirvientes que fueron sacrificados (*) a la muerte de este hombre que, con el resto de las autoridades político-religiosas de cada ciudadela, ejercía el estricto gobierno de la sociedad chimú. Por desgracia no han subsistido los frisos polícromos que ornaban los muros y que probablemente intimidaban a los súbditos de modo parecido a los que hemos visto en el Complejo de El Brujo, por lo que no se puede precisar el tipo de rituales y creencias que, como en la otras culturas de la costa peruana, reforzaban la adhesión obligatoria al poder político y religioso.

El impulso constructor, la producción cerámica y metalúrgica, el desarrollo agrícola y pesquero Chimú, las técnicas de aprovechamiento del agua y la red de tributarios fueron impresionantes a juzgar por lo que se trasluce en sus vestigios y por la duración y la extensión de sus dominios. Como tuvo que ser también su organización bélica.

Chan Chan. Relieves zoomórficos. Foto R.Puig

Chan Chan. Relieves zoomorfos. Foto R.Puig

La población del complejo de Chan Chan alcanzó, según las estimaciones de los arqueólogos entre los treinta mil y los cien mil habitantes

Chan Chan. Foto R.PUig

Chan Chan. Foto R.Puig

y medio millón de personas habría sido la población en todo el territorio Chimú.

Chan Chan. Relieves zoomórficos. Foto R.Puig

Chan Chan. Relieves zoomorfos. Foto R.Puig

 


Referencias:

Alfredo Ríos Mercedes, “Trujillo. De barro y color” (Guía turística especializada), 2016, 61 páginas (Chan Chan : pp. 32 a 50)  Ver también AQUÍ.

Luis Felipe Villacorta Ostolaza, Las culturas del Perú Antiguo, Lima-Miraflores, 2015 (2012), 287 páginas (Chimú: pp. 197 a 211) 

(*) Nota sobre los sacrificios humanos:

Al hilo de nuestras visitas al pasado preincaico del Perú, algo hemos dicho en estas crónicas sobre las brutales prácticas de sacrifico y libación de la sangre de los guerreros enemigos o la costumbre de los mandatarios de hacerse acompañar al otro mundo por familiares y sirvientes, que como es sabido no son exclusivas de aquellas culturas.

Delacroix. La muerte de Sardanápalo,

Delacroix. La muerte de Sardanápalo,

Pero a la cuestión de los sacrificios humanos, inevitablemente recurrente a lo largo de la Ruta Moche, la historia de la civilización Chimú añade el hallazgo de los restos de más de 140 niños de entre 6 y 14 años de edad, sacrificados ritualmente como ofrenda propiciatoria y enterrados a poca distancia de Chan Chan, según informa la página de Phys Org, a partir de los estudios de campo y las publicaciones del antropólogo forense John W. Verano. A las que habría que añadir otros artículos, como el de Deborah Netburn, More than 140 children may have had hearts removed in ancient sacrifice in Peru, March 6, 2019

Esqueletos de niños sacrificados. John Verano . Tulane University

Esqueletos de menores sacrificados en el territorio de Chan Chan.. John Verano . Tulane University

Hemos mencionado la particular dependencia de aquellas culturas de los azares de la geografía, aunque hoy es difícil determinar todas las circunstancias, económicas, climáticas y sociales en que se produjeron estos sacrificios rituales, que han sido vinculados por los arqueólogos a los ciclos de lluvia y sequía de la costa norte peruana.

En muchas civilizaciones las sequías, las hambrunas y la miseria han sido interpretadas como castigo de la Divinidad y conducido a masas atemorizadas, guiadas por la élite sacerdotal, por sus chamanes y por gobernantes que, para un mejor control, unían la religión a la política, sin olvidar a los profetas milenaristas y las creencias en submundos o en el más allá, a practicar o a someterse a rituales propiciatorios, que pueden ir desde las procesiones rogativas y ofrendas, hasta los sacrificios de animales y de seres humanos o a los suicidios colectivos.

Pero cuando los sacrificados son niños ¿podemos pensar que la ofrenda de su muerte se suponía más valiosa ante los dioses? ¿o era además su sacrificio una forma desesperada de suprimir bocas en tiempos de hambre y pavores colectivos?

La eugenesia ha adoptado y sigue adoptando muchas formas y ha sido propiciada en diversas latitudes y épocas. Se ha fomentado con más o menos brutalidad u odio, impulsada por el racismo o no, con mayor o menor recurso a consideraciones científicas o de control demográfico planificado, con métodos diferentes y por dictaduras o democracias,  e incluso por personajes y organismos respetados. Pensemos en la política china reciente del hijo único o en la oscura disminución de la proporción de niñas y mujeres en la India o en las esterilizaciones étnicas o supuestamente profilácticas del siglo XX, inclusive en países libres de toda sospecha totalitaria.

Homo homini deus,   Homo homini lupus.

Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac. La Huaca de Cao Viejo y la Señora de Cao

19 mayo, 2019
Representación de la dama de Cao (Museo del sitio)

Representación de La Dama de Cao (Museo de Cao)

Nuestras últimas visitas a lo largo de la llamada Ruta Moche estuvieron dedicadas a una de las ciudadelas de la enorme conurbación de Chan Chan (“la mayor ciudad de barro del mundo”). Este complejo alcanzó en su tiempo los veinte kilómetros cuadrados (2000 hectáreas) y conserva hoy una extensión de catorce (1400 hectáreas).

Ubicación de la Huaca de Cao Viejo (Complejo de El Brujo) y de Chan Chan.

Ubicación del Complejo de El Brujo, de Trujillo y de Chan Chan.

Nuestra visita a Chan Chan (15 de febrero) se produjo antes de la que hicimos a la Huaca de Cao Viejo y al Museo Cao, que son parte del Complejo Arqueológico El Brujo, que tuvimos que desplazar del 14 al 16 de febrero por razones de horario.

No obstante comenzaremos por esta última visita, ya que estas edificaciones mochicas preceden en más de seiscientos años al Reino Chimú (850 a 1470 d.C.) del cual fue capital Chan Chan, por no hablar de los 4.000 años de antigüedad de la Huaca Prieta, en la parte sur de El Brujo, para cuya visita no nos alcanzó la jornada prevista.

Y de Chan Chan trataremos en la siguiente y última crónica de la Ruta Moche.

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El complejo arqueológico de El Brujo

Las tres huacas de El Brujo. Museo Cao

Las tres huacas de El Brujo. Museo Cao

Las tres huacas de El Brujo. Imagen y texto del Museo Cao

Los “enlaces” incluidos en los dos párrafos anteriores aportan tanta información que con ellos habríamos terminado, si no fuese por mi empeño en contarles mis impresiones de esta ruta, que ha sido posible gracias a mis viejos amigos de muchos años Manolo y a Pablo, que nos brindaron la mejor y más amena compañía que desearse pueda. 

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La poderosa señora de Cao  

La Dama de Cao fue una mujer joven que tuvo un poder similar al Señor de Sipán y gobernó a sus súbditos del valle del río Chicama hacia el año 350 d.C., es decir durante el predominio de la Cultura Mochica (100 a 700 d.C.).

Se llega a la Huaca de Cao Viejo, pasando por el pueblo de Magdalena de Cao y atravesando grandes haciendas de caña de azúcar, que si pudiesen hablar nos contarían una historia más que centenaria de ambiciosas empresas de cultivo y producción, de intentos revolucionarios y sangrientos, de nacionalizaciones militares, de propiedad cooperativa, de aciertos y fracasos, hasta su retorno al capital privado; itinerarios de los que es emblema la legendaria historia de la Hacienda Casa Grande.

Cultivos de caña de azucar en torno al Complejo de El Brujo. Foto R.Puig

Cultivos de caña de azucar y la Huaca Prieta. Foto R.Puig

Viniendo desde Trujillo se pasa por Santiago de Cao y entre los campos de caña se atisba al oeste y al borde del mar la Huaca Prieta. 

Más adelante, retirada de las playas, hacia el este divisamos el objetivo de nuestra visita : la Huaca de Cao Viejo, de treinta metros de altura, con su enorme carpa blanca que cubre las excavaciones en curso y los distintos niveles de sus cuatro edificaciones superpuestas, que corresponden al menos a cuatro períodos de dominio mochica.

La Huaca de Cao Viejo. Foto R.Puig

La Huaca de Cao Viejo. Foto R.Puig

Hacia el norte, al borde del mar se divisa la Huaca Cortada o Partida, cuya enorme hendidura se debe a destructivas excavaciones seculares de los huaqueros, en busca de tesoros ocultos.

La Huaca rajada. Complejo El Brujo. Foto R.Puig

La Huaca Partida o El Brujo. Foto R.Puig

La Huaca de Cao Viejo es famosa por la abundante presencia en sus edificios y plazas ceremoniales de bajorrelieves policromados, testimonio del empeño de quienes gobernaron politica y religiosamente este territorio de dejar periodicamente las imágenes de sus prácticas bélicas y propiciatorias, modeladas sobre adobe.

Fachada principal de el Templo Moche. Cao Viejo

Fachada principal de el Templo Moche. Cao Viejo. Museo Cao

Dada la naturaleza del material de construcción (el barro), un gobernante que quisiera dejar su impronta no podía operar de otro modo que cubriendo con nuevas construcciones lo que habían levantado sus predecesores.

No sólo eso, el paso de tantos siglos se refleja en la marca de los productores de los adobes, seguramente para poder asignarles la retribución correspondiente. Hasta el momento se han encontrado las siguientes marcas a lo largo de las cuatro etapas de construcción y enterramiento de las anteriores.

Marcas de los adobes del Complejo El Brujo.

Marcas de los adobes del Complejo El Brujo. Museo Cao

Se renovaban las representaciones de sus deidades, de la fauna y flora, de los instrumentos y prácticas de subsistencia y sacrificio, de sus ceremoniales. Junto a todo ello se integraban las tumbas de sus personajes principales con su séquito en la muerte.

Ante el Templo Moche. Cao Viejo

Ante el Templo Moche y sus niveles superpuestos. Cao Viejo. Foto R.Puig

En el nivel superior (550 a 650 d.C.) se conserva un interesante muro similar al que ya vimos en la Huaca de la Luna con la representación de mitos y cosmogonías. Se piensa que funcionaba como un calendario ritual que ordenaba los ceremoniales en la época de la Dama de Cao, ya que una mujer con dos mazas o cetros como las halladas en su tumba aparece en ese conjunto gráfico

Posible calendario ritual. Cao Viejo. Foto R.Puig

Posible calendario ritual (llamado el “tema complejo”). Cao Viejo. Foto R.Puig

Reconstrucción del muro de tema complejo o ritual. Cao Viejo. Museo Cao

Reconstrucción del muro de “tema complejo” o ritual. Cao Viejo. Museo Cao

Y al nivel de este edificio, en el gran patio ceremonia, se desenterró un friso de prisioneros desnudos y encordados similar al de la Huaca de la Luna

Cuerdas de prisioneros. Cao Viejo. Foto R.Puig

Cuerda de prisioneros. Cao Viejo. Foto R.Puig

Prisionero para el sacrificio. Cao Viejo. Foto R.Puig

Prisionero para el sacrificio. Cao Viejo. Foto R.Puig

El bajorrelieve de la araña que empuña el tumi para la decapitación de los prisioneros

Bajorrelieve del arácnido decapitador. Cao Viejo. Foto R.Puig

Bajorrelieve del arácnido decapitador. Cao Viejo. Foto R.Puig,

Y el “Dios de las Montañas”

Muro del Dios de las Montañas. Patio Ceremonial. Cao Viejo. Foto R.Puig

Muro del Dios de las Montañas (restaurado). Patio Ceremonial. Cao Viejo. Foto R.Puig

En el edificio precedente (450 a 550 d.C.) destacan los danzarines y los peces,

Bajorrelieves de raya y de pez gato. Cao Viejo. Foto R.Puig

Bajorrelieves de raya y de pez gato. Cao Viejo. Foto R.Puig

Bajorrelieve. Cao viejo. Foto R.Puig

Bajorrelieve. Cao viejo. Foto R.Puig

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Que también son numerosos en los frescos más esquemáticos del nivel anterior (300 a 450 d.C.)

Motivos marinos. Cao Viejo. Foto R.Puig

Motivos marinos. Cao Viejo. Foto R.Puig

Donde, además encontramos de nuevo la imagen de El Decapitador.

Reconstrucción del arácnido decapitador. Cao Viejo.

Reconstrucción del Decapitador. Museo Cao.

Es en este mismo nivel donde se descubrió la tumba de la Señora de Cao, gobernante de los mochicas en el territorio del valle del Chicama hacia el año 350 d.C.

Sus restos,  en un fardo funerario de unos 120 kilos, además de estar acompañados de una gran cantidad de cerámicas, objetos de su ajuar y piezas metálicas de ornato, autoridad y ceremonia, estaban envueltos en 26 capas de tejidos. Una de las telas medía setenta metros y daba cuarenta y ocho vueltas a su cuerpo.

Dama de Cao El fardo

Dama de Cao. El fardo. Museo Cao  (foto tomada en malas condiciones de iluminación)

Su edad al morir era de 25 a 30 años y se la enterró acompañada de una joven de unos 15, con una soga de juncos en torno a su cuello.

Dama de Cao El recinto

Dama de Cao El recinto. Museo Cao  (foto tomada en malas condiciones de iluminación)

Algunas de las cerámicas decoradas encontradas en la tumba ilustran el proceso de captura y sacrificio de los prisioneros y de libación de su sangre por los sacerdotes. Considerando su indumentaria ceremonial que la cubría en su tumba, similar a la representada en las vasijas, la Dama de Cao fue una de esas supremas autoridades religiosas, una sacerdotisa, además de ser la autoridad máxima de la pirámide del poder.

El combate y captura

El combate y captura. Ilustración cerámica. Museo Cao

Hacia el sacrificio

Hacia el sacrificio. Ilustración cerámica. Museo Cao

El sacrificio. Ilustración cerámica. Museo Cao

El sacrificio. Ilustración cerámica. Museo Cao

Libación de la sangre.  Ilustración cerámica. Museo Cao

Libación de la sangre. Ilustración cerámica. Museo Cao

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En el edificio más antiguo de la Huaca Cao Viejo (200 d.C.) también se han encontrado diseños de peces y de aves,

Frescos de aves. Cao Viejo. Foto R.Puig

Frescos de aves. Cao Viejo. Foto R.Puig

así como un muro derrumbado por un terremoto que los arqueólogos han repuesto pacientemente adobe a adobe.

El muro repuesto con el Decapitador. Foto R.Puig

El muro repuesto. Foto R.Puig

En este muro se percibe la cabeza de El Dios de las Montañas

El muro repuesto. Foto R.Puig

El muro repuesto. Foto R.Puig

En el mismo nivel hay otras imágenes de esa primitiva deidad, muy parecida al Ai-apaec del que ya hemos tratado anteriormente.

Dios de las Montañas.Patio Ceremonial. Cao Viejo. Foto R.Puig

Dios de las Montañas. Cao Viejo. Foto R.Puig

Hay también varios enterramientos de notables

Cámara de la élite. Tumbas. Cao Viejo. Foto R.Puig

Cámara de la élite. Tumbas. Cao Viejo. Foto R.Puig

Coda

Mientras recupero fuerzas, pienso en la próxima crónica que (antes de volver a Lima y de dirigirnos a Pachacamac) dedicaré a la visita a Chan Chan y a resumir (a modo de ramillete de cierre de la Ruta Moche) algunos interrogantes que flotan por ahí.

No obstante, se me ocurre que nada mejor que cerrar hoy con el Hombre Araña, con el que, ironías del destino, nos encontramos en una parada en el vecino pueblo de Magdalena de Cao, cuando dejábamos El Brujo para volver a Trujillo.

Complejo El Brujo. Localización.

Complejo El Brujo. Localización.

¿No me creen?

El Hombre Araña en Magdalena de Cao. Foto R.Puig

El Hombre Araña en Magdalena de Cao. Foto R.Puig

Pero éste no es un decapitador, sino un defensor de la justicia, que ha de acompañar a los niños del pueblo en la celebración del cumpleaños de uno de ellos

Carpa para un cumpleaños. Detalle. Magdalena de Cao. Foto R.Puig

Carpa para un cumpleaños. Detalle. Magdalena de Cao. Foto R.Puig

Eate arácnido humano custodia por partida doble la puerta del recinto festero

Carpa para un cumpleaños. Magdalena de Cao. Foto R.Puig

Carpa para un cumpleaños. Magdalena de Cao. Foto R.Puig

Los mitos son eternos, aunque esta vez no sean sangrientos.

Pero -¡ay!-  para que no olvidemos al otro, al decapitador de los mochicas, al sediento de todas las sangres, al preincaico patrono de los vampiros…

Tienda de artesanía "Caup Alaec". Magdalena de Cao. Foto R.Puig

Tienda de artesanía “Caup Alaec”. Magdalena de Cao. Foto R.Puig

el cortador de cabezas nos esperaba y nos auguraba un buen viaje antes de volver a Trujillo…

Tienda de artesanía Caup Alaec. Detalle. Magdalena de Cao. Foto R.Puig

acompañado, eso sí, por su predecesor el digamos que más benigno Dios de las Montañas. 

 

 

 

 

 

Mare meum

12 mayo, 2019
Foto R.Puig

Tú estarás. Foto R.Puig

Cuando mi tiempo sea pasado

tú estarás, no te habrás ido,

mientras que el paso de mis manos

por tus aguas será olvido.

Mare meum. Foto R.Puig

Mare meum. Foto R.Puig

Irán y volverán esas tus ondas

como besos incesantes a la orilla

y la huella disuelta de mis pasos

otros pies desnudos reharán.

Tus ondas incesantes. Foto R.Puig

Tus ondas incesantes. Foto R.Puig

Mar de todas las horas, querido

mar que a mi niñez le diste brisas

y distraído me mecías con las olas

en vacaciones de estiva placidez.

A mi niñez diste brisas. Foto R.Puig

A mi niñez le diste brisas. Foto R.Puig

Mar mío, he de decirte adiós de nuevo,

mas vosotras, riberas que familiares

a mis abuelos fueron, esperadme,

pues ola vuestra soy que voy y vuelvo.

He de decirte adios. Foto R.Puig

Decirte adios de nuevo. Foto R.Puig

Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac: visita a la Huaca de la Luna y paseo por Huanchaco.

5 mayo, 2019
Ai-apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

El héroe-dios principal conocido como Ai-apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Nuestra primera visita en torno a Trujillo fue a la cercana Huaca de la Luna, situada en las proximidades de la llamada Huaca del Sol. Entre estos dos lugares de intensa actividad ritual se situó la ciudad capital de los moches. Ambas fueron verdaderos templos superpuestos, pues cada generación construía sobre el templo de la anterior. Como en la mayoría de los sitios arqueológicos de la Ruta Moche se comienza por una visita al museo del sitio, en este caso el Museo de las Huacas de Moche, que recorrimos brevemente. Ofrece información no sólo sobre la iconografía de los bajorrelieves polícromos que han hecho famosas estas huacas, sino sobre la vida cotidiana de los mochicas, su metalurgia, cerámica y orfebrería avanzadas, sus construcciones, sus creencias y sus ocupaciones para la subsistencia.

Máscara en cobre dorado. Museo de las huacas de Moche. Foto R.Puig

Máscara en cobre dorado. Museo de las huacas de Moche. Foto R.Puig

Tanto el museo, como las dos huacas o templos del Sol (éste destruido en sus 2/3 por depredadores en el siglo XVII) y de la Luna, están muy cerca de la margen izquierda del río Moche, al sur del núcleo urbano de Trujillo, y no lejos de su desembocadura.

La Huaca del Sol. Foto R.Puig

La Huaca del Sol (al fondo Trujillo) Foto R.Puig

Vista de la zona urbana y de servicios desde la Huaca de la Luna (al fondo la del Sol). Foto R.Puig.

Excavaciones de la zona urbana y de servicios desde la Huaca de la Luna (al fondo la del Sol). Foto R.Puig.

Nuestro visita se concentró en la Huaca de la Luna, al pie del Cerro Blanco.

Huaca de la luna. Foto R.Puig

Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Las visitas son guiadas. A este respecto hay que señalar que desde el inicio de nuestra excursión hemos encontrado una acogida competente y amable en todos los sitios y museos arqueológicos visitados. En esta visita, la única en la que se exigía ir guiados en grupo, hemos podido constatar que los Guías Oficiales de Turismo del Perú tienen una sólida formación, gran paciencia y disponibilidad para responder a las preguntas que se les formulan y, como nuestra guía nos explicó, han seguido una formación de tres años académicos. Además, cuando se les asigna un destino, reciben un curso complementario sobre el sitio o museo en el que van a desarrollar su trabajo.

Escuchando a nuestra guía. Foto García Solaz

Escuchando a nuestra guía en la Huaca de la Luna. Foto García Solaz

El complejo de la Huaca de la Luna es sencillamente impresionante.

Huaca de la Luna. Millones de adobes. Foto R.Puig

Huaca de la Luna. Decenas de millones de adobes. Foto R.Puig

Sus tres plataformas y cuatro plazas ceremoniales ocupan un rectángulo de 290 por 210 metros donde se superponen cinco edificios diferentes, formados en períodos de cien años y a lo largo de medio milenio.

Fachada orte de la Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Fachada norte de la Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Plaza y fachada norte del templo viejo. Reconstrucción

Plaza y fachada norte del templo viejo. Reconstrucción

Las ceremonias de los mochicas en relación con sus deidades eran diversas, si bien en sus frisos y bajorrelieves policromados lo que más llama la atención es la iconografía de los ritos sacrificiales, motivados en gran manera por los cambios del clima. Se han encontrado 60 esqueletos de hombres, sacrificados y dejados a la intemperie, al pie de la llamada Roca Sagrada integrada en el templo. Había que impetrar el favor de sus divinidades que, si nos atenemos a sus testimonios modelados en arcilla, no eran proclives al apaciguamiento. El llamado Ai-apaec, nombre que al parecer le dieron los conquistadores y a quien los mochicas llamaron con otro nombre que no conocemos, aparece por todas partes con sus dientes felinos y esgrimiendo los instrumentos del sacrificio, en una mano el tumi  y en la otra una cabeza humana, por lo que se le suele llamar el decapitador.

El decapitador. Foto R.Puig

El decapitador. Foto R.Puig

Por lo que nos fue explicando nuestra guía, en los sucesivos niveles se sucede con variantes su imagen. También fue considerado en sus orígenes como el dios de las montañas

El decapitador. Foto R.Puig

El decapitador. Foto R.Puig

Iconografía del dios decapitador. Reconstrucción.

Reconstrucción de la iconografía moche del dios decapitador.

No me quedó muy claro en qué modo compartía su terrible función con la llamada araña degolladora

La araña degolladora. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

La araña degolladora. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

El encaminamiento de los prisioneros hacia la extracción de su sangre y posterior sacrificio está abundantemente representado.

Cuerda de los prisioneros llevados al sacrificio. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Friso de danzantes y de  los prisioneros llevados al sacrificio. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Se celebraban otro tipo de sacrificios, consistentes en duelos rituales entre los mejores guerreros. El que perdía su penacho a manos del contrincante era destinado al sacrificio, lo cual se consideraba un privilegio.  En este caso se les drogaba antes de darles muerte ritual.  Sólo los miembros del poder militar y sacerdotal tenían acceso a estos sacrificios, aunque la plebe podía acceder desde la plaza al ritual de la ofrenda de la sangre que se escenificaba en una terraza del templo por encima de sus cabezas.

Pedestal con escalinata en el templo. Foto R.Puig

Pedestal con escalinata en el templo. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Recreación de la ofrenda de la sangre del prisionero

Recreación de la ofrenda de la sangre del prisionero en la Huaca de la Luna

Aunque predominen las imágenes de las deidades del sacrificio y de los rituales que lo rodeaban, hay otros bajorrelieves, en especial en los niveles más antiguos, que muestran las tradicionales imágenes marinas y faunísticas de la iconografía mochica, de la que ya hemos tratado en este blog.

Iconografías marinas en los niveles primitivos. Foto R.Puig

Iconografías marinas. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

No obstante destaca en particular un sorprendente mural en el que se escenifican mitos y narraciones legendarias. Está situado en los muros que circundan la plaza de la fachada norte. No sé si exagero (doctores tiene el Perú que quizás lo hayan completamente descifrado) pero los desafíos que su interpretación presenta me han recordado los proverbios y aforismos de la cultura antigua y medieval en Europa, como por ejemplo los proverbios flamencos de Pieter Brueghel el Viejo.

Mural de los mitos.Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Mural de los mitos. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Reconstrucción

Reconstrucción

Las abigarradas imágenes de este mural son ingenuas y llenas de símbolos y de explicaciones míticas del universo mochica, tanto que se diría que el decapitador, en alguno de los rombos en los que asoma, se mostrase pasmado ante su infantil belleza y dudase de su destino cruel.

Ai-Apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Ai-Apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Pero lo cortés no quita lo valiente y estas elocuentes señales de tráfico nos amonestan diciendo: ¡ceda el paso o aténgase a las consecuencias!

El dios felino. FotoR.Puig

El dios felino. FotoR.Puig.JPG

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Huanchaco

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Tras nuestra inmersión en ese pasado que revela la Huaca de la Luna y que Rudolf Otto habría calificado como fascinosum et tremendum, volvíamos al presente para ir a cenar pescado y a dar un paseo por Huanchaco.

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Este balneario, a dos pasos de Trujilllo, guarda la tradición navegante y pesquera de los caballitos de totora de la cultura mochica.

Caballitos de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Caballitos de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Navegante sobre caballito de totora. Cultura mochica. Lima, Museo del Banco Central de Reserva

Navegante en caballito de totora con cautivos. Lima, Museo del Banco Central de Reserva

En el caballito de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

En el caballito de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Por su playa, por su muelle, por su paseo marítimo, se practica el surf, se pesca, se pasea y se come en los numerosos restaurantes que sirven pescado fresco, preparado de varios modos, entre ellos el tradicional ceviche.

La pasarela de Huanchaco. Foto R.Puig

La pasarela decimonónica del muelle de Huanchaco. Foto R.Puig

En la plataforma del muelle de Huanchaco (*) los pescadores te ofrecen sus capturas

Recién pescados. Huanchaco. Foto R.Puig

Nosotros, cuando sobre el Pacífico se ponía el sol, emprendimos el regreso a Trujillo.

Huanchaco. Perú. Foto R.Puig

Huanchaco. Perú. Foto R.Puig

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Era el viernes 15 de febrero. Para el día siguiente, último de nuestra Ruta Moche, quedaba la visita a Chan-Chan y a la Dama de Cao.


(*) José Carlos Martín Gallardo Ulloa : El muelle de Huanchaco

Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac: el Señor de Sipán y Trujillo

28 abril, 2019

 

Cabeza Señor de Sipán.Museo Tumbas Reales de Sipán. Foto R.Puig

Cabeza del Señor de Sipán. Museo Tumbas Reales de Sipán

En nuestro camino hacia Trujillo, además del Museo Brüning, del que hemos hablado hace dos semanas, tuvimos tiempo para una rápida visita al Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán, ubicado también en Lambayeque y uno de los más visitados en la Ruta Moche, en el que no está permitido tomar fotografías.

El plato fuerte del museo es el contenido de la tumba del poderoso señor mochica que le da nombre, quien gobernó su reino amparado por un notable aparato militar. Su sepultura tuvo la suerte de no haber sido saqueada. En 1987 los arqueólogos peruanos Walter Alva Alva y Luis Chero Zurita la descubrieron intacta.

Reconstruccion del enterramiento del Señor de Sipán. Detalle

Reconstruccion del enterramiento del Señor de Sipán. Detalle

Como ya hemos visto en el caso de la sacerdotisa de Chornancap, estos poderosos personajes de la cultura Mochica o Lambayeque no partían solos al más allá.

Disposición de la tumba del Señor de Sipán. Foto Bernard Gagnon (sitio web del Museo)

Disposición de la tumba del Señor de Sipán en el Museo del Sitio de Sipán. Foto Bernard Gagno.

Otros dignatarios de la Corte del Señor de Sipán le acompañaron al submundo, para asistirle en su existencia en el más allá, desde la que participaban de los avatares del los que aún seguían vivos ahí arriba. De manera que el sacrificio de seres humanos tenía otras funciones, además de las ejecuciones rituales y propiciatorias de prisioneros, guerreros selectos, niños o adolescentes. Con motivo de la visita a Chan-Chan abundaremos en este tipo de prácticas.

Lambayeque. Museo Tumbas Reales de Sipán.

Lambayeque. Museo Tumbas Reales de Sipán.

El Museo de las Tumbas Reales en Sipán (departamento de Lambayeque) se inauguró hace 17 años y evoca la arquitectura de las pirámides mochicas. Por desgracia no están permitidas las fotografías y, además, no tuvimos tiempo para visitar las excavaciones de la Huaca Rajada-Sipán.

Huaca Rajada. Sipán. Lambayeque.

Huaca Rajada. Sipán. Lambayeque.

Es ahí donde más recientemente se inauguró el Museo del Sitio de Sipán, que tiene la ventaja de estar situado junto al conjunto Arqueológico de Huaca Rajada en donde se realizaron los hallazgos  de las tumbas reales y se siguen produciendo otros.

Museo del sitio. Sipán

Museo del sitio. Sipán

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Trujillo

Al anochecer llegamos a Trujillo

Catedral de Trujillo. Foto R.Puig

Catedral de Trujillo. Foto R.Puig

para alojarnos en un hotel de la animada Plaza de Armas.

Trujillo. Plaza de Armas. Foto R.Puig

Trujillo. Plaza de Armas. Foto R.Puig

Salimos por el centro en busca de un restaurante frecuentado por la población local

Trujillo. La noche. Foto R.Puig

Trujillo. La noche. Foto R.Puig

En el camino, el guarda del Palacio Iturregui, fuera ya del horario de visitas, nos deja franquear la entrada para admirar su soberbio patio neoclásico.

Patio del Palacio Iturregui. Trujillo. Foto R.Puig

Patio del Palacio Iturregui. Trujillo. Foto R.Puig

De vuelta a la Plaza de Armas el tráfico ha amainado. Hay que retirarse a recobrar fuerzas para el resto de nuestra Ruta Moche, que incluyó la Huaca de la Luna, la ciudad chimú de Chan-Chan, Huanchaco y la Huaca de la Dama de Cao en el complejo de El Brujo, visitas que contaremos en próximas crónicas.

Trujillo. Complejos arqueológicos.

Trujillo. Complejos arqueológicos. Hojas de ruta del Perú, Wust Ediciones. Lima 2015

La noche del 14 de febrero nos brindó un merecido descanso.

Trujillo. Fachadas de la Plaza de Armas. Foto R.Puig

Trujillo. Fachadas de la Plaza de Armas. Foto R.Puig

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El próximo abordaremos los dos últimos días del programa de nuestra ruta en el departamento de la Libertad, en el Perú, el pasado mes de febrero.

Hoy, 28 de abril, lo que no tiene en vilo son los programas que pretenden marcar la vida de los españoles durante los próximos años. 

 

 

 

 

Notre-Dame de Europa

21 abril, 2019
Notre-Dame en llamas. Fuente: La Voix du Nord

Notre-Dame en llamas. Fuente: La Voix du Nord

Paris, Francia y Notre-Dame han dejado huellas en la memoria de nuestros años jóvenes y en otras etapas de nuestras vidas. Es parte del corazón de Europa y de su historia, que no entiendo sin la lengua, el arte y la literatura francesas. Notre-Dame-de-Paris pertenece a lo mejor del tesón de los europeos y a la cultura cristiana y humanista de nuestro continente, es símbolo de la la reinvención permanente de la misma. 

Cuando al atardecer del día 15 de abril nos llegaban las imágenes de las llamas devorando Notre-Dame de París, pensamos que este símbolo de nuestra historia europea iba a derrumbarse. Y sentí que esta catástrofe me dolía también a título individual. Con el paso de las horas supe que había muchos como yo, entre mis amigos y entre quienes se agrupaban en París, atónitos, apesadumbrados o arrodillados y en plegaria.

Imagen de La Voix du Nord

Imagen de La Voix du Nord

Un buen amigo que vive desde hace muchos años en Francia, economista y profesor en una universidad de París, escritor y artista autodidacta, no quiso acudir a las cercanías del incendio y prefirió, después de la caída de la aguja, plasmar de memoria su imagen interior de Notre-Dame. 

Me comenta que es una Notre-Dame de ficción, como lo son -me dice- los recuerdos de nuestras vidas y nuestros sueños rotos; que la nueva aguja de su lienzo es más grande y luminosa, como exorcizando la fatalidad, como retando al destino. Por eso, también los arbotantes son más rectos e inclinados, como si arrimasen el hombro, como si guardasen la memoria de les bâtisseurs de cathédrales.   

Juan Calaza. ¡Qué llueva luz!

Juan Calaza. ¡Qué llueva luz! 

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Al día siguiente, descubrimos con alivio que la estructura de piedra seguía en pie, aunque el tejado y la admirable carpintería medieval que lo sustentaba se habían consumido y la aguja de madera y plomo del siglo XIX se había desplomado en llamas. La catedral sigue entre nosotros y será restaurada, las campanas de Quasimodo volverán a repicar.

Ha sobrevivido la esperanza y Notre-Dame seguirá acompañando la historia de Europa y de París, la Ciudad, cuya preeminencia cantó Charles Peguy :

Paris

Sept villes se vantaient d’avoir cerné la Ville :

Auteuil voulait en faire un jardin potager ;

Grenelle en voulait faire un énorme verger ;

Bercy des entrepôts, Montmartre, un vaudeville.

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Passy faillit en faire un immeuble servile,

Un caravansérail pour le noble étranger ;

Vaugirard, la Villette à ce peuple léger

Faisaient des abattoirs pour sa guerre civile.

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Mais la dame a mangé les sept petites sœurs,

Elle a mis pour toujours la liberté de l’âme,

Et tous ces fourniments et tous ces fournisseurs,

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Le négoce, l’amour, et la cendre, et la flamme,

Et tous ces boniments, et tous ces bonisseurs,

Et les gouvernements gendres et successeurs,

 

Sous le commandement des tours de Notre-Dame.

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Vendredi, 20 septembre 1912

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París

Siete ciudades pretendían dominar la Ciudad:

Auteuil quería convertirla en huerto;

Grenelle quería hacer de ella un enorme vergel;

Bercy, un almacén de vinos, Montmartre, un vodevil;

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Passy casi la hizo una mansión servil,

Un albergue serrallo para el noble extranjero,

Vaugirard, la Villette a este pueblo frugal

Le construían mataderos para su guerra civil.

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Mas la señora ha absorbido a las siete hermanitas,

Ha puesto para siempre la libertad del alma,

A todas esas intendencias y a todos sus intendentes,

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Al negocio, al amor, y la ceniza, y la llama,

Y a todas esas palabrerías, a todos sus palabreros,

Y a los gobiernos nepotes y a sus sucesores

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Bajo el mando de las torres de Notre-Dame.

                                                                                  20 de setiembre de 1912

 

Charles Peguy, “Les sept contre París”, La Grande Revue, 7 de marzo de 1913, y Oeuvres Poétiques complètes, NRF, Bibliothèque de la Pléiade, París 1967, pag. 883. (La traducción es mía)

No en vano Peguy fue el poeta del Misterio de la Segunda Virtud.

Virxilio Blanco. Notre-Dame-de-Paris. hacia 1930.

Virxilio Blanco. Notre-Dame-de-Paris. hacia 1930.