Saltar al contenido

Pilane forever (y 2)

23 septiembre, 2018
"Los desiguales juegan mejor". Olika leka bäst. Kent Karlsson. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Los desiguales juegan mejor”. Olika leka bäst. Bronce. Kent Karlsson. Pilane 2018. Foto R. Puig

Cuentos o fábulas de animales que actúan en grupo hay para todos los gustos, sobre todo en grupo de dos o de tres, como esta brigada de los desiguales de Kent Karlsson, un escultor natural de Gotemburgo (y tan viejo como yo) que ya expuso en Pilane una enorme liebre servicial.  Grupos de tres con su moraleja, recogidos en el sitio Fábulas para niños son por ejemplo El Asno, el Perro y el Lobo; El Buey, la Cigarra y la Hormiga; La Serpiente, la Comadreja y los Ratones; El Águila, la Gata y la Jabalina; El Asno, el Gallo y el León. 

Hay incluso un cuento de los hermanos Grimm que se convirtió en símbolo de toda una ciudad, la de Bremen…

Los cuatro músicos de Bremen. Foto mccrow.org.uk

“Los cuatro músicos de Bremen”. Foto mccrow.org.uk

.

Los desiguales

Pero volviendo a nuestro tema, salvo que consiga entrevistar a su creador y éste me revele algo, no consigo encontrar precedentes de una historia relativa a la cooperativa del perro, la lechuza y el conejo que este año aparecen tan hermanados en Pilane.

Los desiguales juegan mejor. Olika leka bäst. Kent Karlsson. Pilane 2018. Foto R.Puig

Los desiguales juegan mejor. Olika leka bäst. Kent Karlsson. Pilane 2018. Foto R.Puig

¿Un ejercicio de redacción para escolares? ¿A ustedes se les ocurre algo?

.

Huevo

Esto no es un animal, pero es su huevo, aunque sospecho que cocido.

La idea del huevo en su huevera, muy propia de la hora del desayuno, no se me va de la cabeza y me parece que por ahí van los tiros.

"Huevo". Aluminio. Hedwig Bergman. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Huevo”. Aluminio. Hedwig Bergman. Pilane 2018. Foto R.Puig

Pero, ojo, que yo soy partidario de escuchar siempre lo que me quieran decir los creadores. Así que, con la sincera intención de comprender la intención de esta artista sueca, he visionado los veinticinco minutos de un film donde presenta con variados destellos la labor y los significados de su obra: conceptual, decididamente conceptual, y elemental, querido Watson,

Huevo. Hedwig Bergman. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Huevo”. Hedwig Bergman. Pilane 2018. Foto R.Puig

Pero, no sé por qué, el caso es que me va invadiendo la sensación de que en cualquier momento este huevo va a ser propulsado hacia el espacio (¿se acuerdan ustedes del Sputnik?), y yo con él hacia un encuentro en la tercera fase.

.

Tierra

Earth. Bronce. Ida Koitila. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Earth”. Bronce. Ida Koitila. Pilane 2018. Foto R.Puig

Ida Koitila es una joven artista finlandesa que nos sorprende en Pilane con una hermosa escultura en bronce donde se entrelazan formas antropomórficas sumidas en una esfera vegetal, como raíces o brazos, que, más allá de los límites de la tierra, recuerda también los espacios de una esfera armilar. La obra también se ha filmado in situ en solo dos ligeros minutos hipnóticos que se repiten de buena gana.

Como suele ser frecuente, un grupo de turistas ha invadido el lugar, más pendientes de tomar el sol y de sus tarteras que del trabajo de la artista. Claro que esto no es Venecia, así que seamos comprensivos.

Comando invasor. Pilane 2018. Foto R.Puig

Comando invasor. Pilane 2018. Foto R.Puig

.

Tres osos

Tres osos. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Tres osos”. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

Estos ya no son animales desiguales, aunque siguiendo la tradición de los tres cerditos sería divertido escribir un cuento para estos tres osos de Laura Ford (una artista británica que ya expuso aquí en 2014 y 2015 sus irónicas obras en bronce).

Entre otras cosas, porque siendo osos los tres y marchando al mismo ritmo, sin embargo forman un equipo de habilidades distintas.

Este que parece el benjamín marcha feliz tocando el tambor.

El oso tamborilero. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

El oso tamborilero. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

El de los platillos camina más bien resignado, como pensando ¡quién me mandaría meterme en esto!

El oso tachin tachan. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

El oso tachin tachan. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

Pero quien dirige el grupo es ciertamente alguien decidido a todo, una mano con la browning  y la otra en el bolsillo…

El oso pistolero. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

El oso pistolero. Bronce. Laura Ford. Pilane 2018. Foto R.Puig

¿Y si en realidad fuese una familia y la madre fuese la de la pistola, el padre el de los platillos y el nene el tamborilero?

¡Escritores, a vuestras plumas!

.

A la escucha del océano

Audioscopio oceánico. Acero cortén.Per Svensson. Pilane 2018. Foto R.Puig

¿Y esto qué es?

Desde las alturas de Pilane se divisa siempre el mar hacia el oeste, el sur y el este. Al fin y al cabo estamos sobre la isla de Tjörn.  No es raro pues que al artista multidisciplinar Per Svensson se le haya ocurrido plantar una enorme trompetilla en acero corten orientada hacia el este (¡imaginen cómo se observará desde ahí la salida del sol!), a través de la cual se escuchan esas confuses paroles que (Baudelaire dixit) la naturaleza deja parfois sortir, siendo en este caso el océano quien nos brinda l’expansion des choses infinies. 

Audioscopio oceánico. Acero corten. Per Svensson. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Audioscopio oceánico”. Acero corten. Per Svensson. Pilane 2018. Foto R.Puig

Si bien en este caso tenemos que caminar sobre las rocas y ascender por una escalera hasta una plataforma, donde se nos propone entablar un diálogo amplificado con el mar; eso sí, con la ayuda de algunas conversaciones grabadas por el artista, que resuenan en el interior del artefacto.

Audioscopio oceánico. Acero corten. Per Svensson. Pilane 2018. Foto R.Puig

Audioscopio oceánico. Acero cortén. Per Svensson. Pilane 2018. Foto R.Puig

En días de viento, como los que nos está trayendo el huracán Knud (primero de este otoño), no hay duda de que la escucha podría ser particularmente intensa.

.

Tony Cragg

Para terminar y como todos los años, no puede faltar en Pilane el británico Tony Cragg, a quien es de suponer que el Brexit no le afecte mucho, pues desde hace años está afincado en Alemania y también tiene taller en Suecia.

Sabe establecer simbiosis de bronce con las rocas de Pilane

Pool. Bronce. Tony Cragg. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Pool”. Detalle. Bronce. Tony Cragg. Pilane 2018. Foto R.Puig

o crear piezas de aspecto industrial, como mecanismos de transmisión de quién sabe que enorme motor…

Un bloque. Bronce. Tony Cragg. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Un bloque”. Bronce. Tony Cragg. Pilane 2018. Foto R.Puig

pero que en su interior semeja las corrientes de un sinuoso aparato digestivo o de una gruta cárstica

Hasta el año que viene

La tierra sobre la tierra. Bronce. Ida Koitila. Pilane 2018. Foto R.Puig

“La tierra” sobre la tierra. Bronce. Ida Koitila. Pilane 2018. Foto R.Puig

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pilane forever (1)

16 septiembre, 2018
Observando de Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Observando” de Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

La visita a Pilane en la isla de Tjörn es una costumbre mía. Cada año, desde 2011, repito. Esta vez hemos deambulado por este parque de escultura ambiental aprovechando uno de estos días de setiembre en que no llovió durante las primeras horas del día. Las nubes planearon sobre nosotros, dando alguna breve tregua al sol, pero nos perdonaron.

Pilane 2018. Visitantes y habitantes. Foto R.Puig

Pilane 2018. Visitantes y habitantes. Foto R.Puig

Merece la pena entretenerse en el trabajo de dos escultoras, una holandesa, radicada en Bélgica, Hanneke Beaumont, y otra del norte de Suecia, María Miesenberger, así que dedicaré dos crónicas a esta visita, comenzando por la de hoy.

Por cierto que la gigantesca cabeza de Anna de Jaume Plensa ha permanecido otro invierno meditando y dominando Pilane desde su promontorio más elevado. Vayas por donde vayas acaba por encontrarte, vigilando tus pasos, sin necesidad de verte.

Anna de Jaume Plensa y Observando de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Anna” de Jaume Plensa y” Observando” de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

Pero vayamos por partes, comenzando por las tres obras (cinco figuras) que presenta la primera de las escultoras que cito.

.

“Conectados-Desconectados”

Connected Disconnected de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Connected-Disconnected” de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

La escultora es holandesa, aunque sus estudios de arte tuvieron lugar en Escuelas de Bruselas y alrededores y es en Bélgica donde tiene su estudio. Lo que tiene de especial su trabajo artístico es que no es seriado (contrariamente a las factorías de lo que he llamado aquí “la escultura de maniquíes”), pues ella moldea en arcilla (su materia preferida) todos sus trabajos. Esa es la tradición, por ejemplo de la escultura de Miguel ÁngelBernini que partían de la obra en arcilla antes de pasarla al mármol o, en el caso de Hanneke Beaumont, al bronce.

Los tres personajes de esta alegoría, como la mayoría de sus figuras, parecen situarse en un mundo intemporal y asexuado que participa de los colores terrosos o graníticos de este lugar arcaico.

Connected Disconnected de Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Connected-Disconnected” de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

Si bien, a juzgar por la atracción que estos seres (que no sabemos si se conectan o se desconectan) ejercen sobre los habitantes estables del lugar, habría que añadir que la artista ha quizás pensado más, al elegir la tintura del bronce, en las lanas de los ovinos de Pilane. Uno de las ovejas se rasca con fruición aprovechando el basamento de una de las esculturas.

Connected Disconnected. Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Connected-Disconnected”. Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

Sinceramente, si alguna vez estuvimos conectados -parecen decirnos- ahora andamos ya cada uno por nuestro lado.

Connected Disconnected de Hanneke Beaumont. Detalle Pilane 2018. Foto R.Puig

“Connected-Disconnected” de Hanneke Beaumont. Detalle Pilane 2018. Foto R.Puig

!Me he puesto perdida! ¿Me echa alguien una mano?

“Observando”

El cuarto personaje observa, no se sabe bien qué o para qué, pero su mirada denota una cierta expectación.

"Observing" de Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Observing” de Hanneke Beaumont. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

Aunque su postura no indica muchas ganas de levantarse.

“Dando un paso adelante”

¡Al fin alguien se pone en movimiento!

Stepping forward de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Stepping forward” de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

Con un rictus de hartura, huyendo quizás de la pasividad del grupo, cansada de vivir entre ovejas, la que parece ser una ella irritada se pone en marcha. Lo que contempla ante sí no parece ser halagüeño…

Stepping forward de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Stepping forward” de Hanneke Beaumont. Pilane 2018. Foto R.Puig

Pero peor es quedarse. ¿Acaso no es andando como se hace camino?

.

“Agarrándose”

Agarrándose. Holding on. María Miesenberger. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Holding on”. María Miesenberger. Detalle. Pilane 2018. Foto R.Puig

María Miesenberger ya expuso hace dos años en Pilane. Es una escultora sueca. Esta vez su criatura, una especie de spiderman, ya no es el hombre-avestruz de acero y bronce que escondía su cabeza en un hoyo. Ahora es un ser estilizado que prefiere encaramarse de forma inverosímil en los sitios más inesperados.

Holding on. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Holding on”. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

En un marco que encuadra dos perspectivas del paisaje

Agarrándose. Holding on. María Miesenberger y Anna de Jaume Plensa. Pilane 2018. Foto R.Puig

” Holding on”. María Miesenberger y “Anna” de Jaume Plensa. Pilane 2018. Foto R.Puig

Puede que esté intentando que Anna salga de su impasible meditación y abra los ojos para observar sus cabriolas. ¿Una propuesta para Jaume Plensa? Desde luego sería una sorpresa que, el año que viene, el artista nos descubra la mirada de su obra.

Agarrándose. Holding on. María Miesenberger y Anna de Jaume Plensa. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Holding on”. María Miesenberger y “Anna” de Jaume Plensa. Pilane 2018. Foto R.Puig

Por el momento nos quedaremos con las ganas…

“Cambio de dirección”

Así que, como cualquiera de nosotros haría, la spiderman, despechada, se va con sus piruetas a otra parte a practicar el más difícil todavía.

Cambio de dirección. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Change of Direction”. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

Pero ahora, para el nuevo riesgo, ha abandonado su brillante cuerpo de acero inoxidable y se ha transfigurado en un inquietante ser de bronce.

Cambio de dirección. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig (2)

“Change of Direction” María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

Oscura presencia que a las nubes desafía

Cambio de dirección. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

“Change of Direction”. María Miesenberger. Pilane 2018. Foto R.Puig

Ajenos a estas tensiones, los visitantes siguen tratando de alcanzar los diez mil pasos diarios que nos aconsejan los doctores

Sendereando por Pilane 2018. Foto R.Puig

Sendereando por Pilane 2018. Foto R.Puig

 

Castañas

9 septiembre, 2018
Advertencia por caída de castañas. Foto R.Puig

Advertencia por caída de castañas en el Parque Vasa de Gotemburgo. Foto R. Puig

Cuando ante los castaños de Indias que hay cerca de casa aparece de nuevo el cartel que aconseja, sobre todo si hay viento o lluvia, no aventurarse bajo sus altas copas, es que el otoño se avecina…

Justo ahora de este árbol

se desprenden castañas,

que pueden caer

sobre los coches aparcados

y sobre los paseantes.

Sea extremadamente cauto

si sopla el viento o llueve

Hoy en Suecia es día de elecciones al parlamento, a la región y a la comuna. Para mí que este cartel es también la metáfora de una amonestación a los votantes.

Castaña caida. Foto R.Puig

No olvide ponerse el casco. Foto R. Puig

.

Preotoñal

El pasado fin de semana podíamos aún, siendo osados, zambullirnos en un mar que ya empezaba a resfriarse.

Costa Oeste de Suecia.Ultimas zambullidas. Foto R.Puig

Al sur de Gotemburgo. Ultimas zambullidas. Foto R.Puig

Días de sentarse frente al mar y sentir que nos transporta lejos bajo velas ligeras

Costa Oeste. Foto R.Puig

E la nave va. Foto R. Puig

Perezosa, la luz solar ha comenzado a retirarse antes

Se va acortando la tarde. Foto R. Puig

Se acortan las tardes. Foto R. Puig

Ayer, el parque se tapizaba de hojas doradas

Preotoñal. Foto R.Puig

Preotoñal. Foto R.Puig

Ayer era ya día de no olvidar el chubasquero

Días de chubasquero. Foto R.Puig

Días de chubasquero. Foto R.Puig

Días de chubasquero. Foto R.Puig

Aquí no se arredra nadie. Foto R.Puig

Ya no son días de vino y rosas

Otro verano se ha ido. Foto R.Puig

Otro verano se ha ido. Foto R.Puig

.

Pero, como si sigo así me pondré cursi, le paso la vez al poeta, a uno que sabía expresar mejor lo que estos días quizás nos traigan a las mientes

                                                                        SONETO

                                            Huye del sol el sol, y se deshace

la vida a manos de la propia vida,

         del tiempo que, a sus partos homicida,

en mies de siglos las edades pace.

 

                                               Nace la vida, y con la vida nace

del cadáver la fábrica temida.

                      ¿Qué teme, pues, el hombre en la partida,

                si vivo estriba en lo que muerto yace?

                                                Lo que pasó ya falta; lo futuro

          aun no se vive; lo que está presente

                           no está, porque es su esencia el movimiento.

 

                                                 Lo que se ignora es sólo lo seguro.

      Este mundo, república de viento

              que tiene por monarca un accidente.

 

Gabriel Bocángel (Madrid 1603-1658), Antología Poética.

Edición de Luis Alberto de Cuenca, Editora Nacional, Madrid, 1982

Melancolía. Foto R.Puig

Melancolía. Foto R.Puig

 

Apuntes para la historia de un puente (1): Como hormigas en el agua

2 septiembre, 2018
Por el puente viejo. Foto R.Puig

Por el puente viejo. Foto R.Puig

Tratando de mantener el hábito saludable de la marcha me gusta recorrer el Götaälvbron (“el puente Göta sobre la ría”). Es un paseo de ida por su lado oriental y de vuelta por el occidental. Göta es un nombre de mujer que también significa “gótico”. Pero el puente no tiene nada de gótico. Se comenzó a construir en 1941 (con obras de preparación de las orillas desde 1935) y se terminó en su forma definitiva en 1958. Al término gótico también se le confiere hoy un sentido lúgubre y hay que decir que el puente vibra de modo alarmante con el paso diario y continuo de autobuses y tranvías.

Por el Götäälvbron. Foto R.Puig

Por el Götaälvbron. Foto R.Puig

De hecho los conductores de la empresa de transportes públicos tienen que reducir la velocidad a paso de burro para no forzar las juntas centrales del sistema de elevación. Si lo piensas, la verdad es que da cierto canguelo.

Sistema levadizo del Götäälvbron. Wikipedia

Sistema levadizo del puente Götäälvbron. Gotemburgo. Wikipedia

A causa de este envejecimiento de la obra se ha puesto en marcha la construcción, justo al lado del viejo, de uno nuevo que lo sustituirá.

Así se empieza. Foto R.Puig

Así se empieza. Foto R.Puig

Así que ultimamente, mi paseo gótico me ha dado la oportunidad de convertirme en supervisor de los trabajos del nuevo puente: el Hisingbron. Es bien sabido que una costumbre de los jubilados ociosos es mirar por los agujeros y brechas de los vallados para curiosear las obras en marcha. Sólo que aquí se puede ver todo a vista de pájaro desde la barandilla del puente antiguo.

Obras del nuevo puente junto al antiguo. Foto Skanska

Obras del nuevo puente junto al antiguo. Foto Skanska

Cuando era chaval recuerdo el halo de importancia y de inalcanzable nivel de estudios que circundaba a la titulación de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Yo aspiraba a ser arquitecto, pero lo de los ingenieros de caminos me parecía un nivel superior de complejidad, exclusivo de cerebros excepcionales.

Trabajando en los fundamentos. Foto R.Puig

Trabajando en los fundamentos. Foto R.Puig

Puede que sea por eso que cuando, recostado en la barandilla, me entretengo en mirar como evolucionan allá abajo esos operarios de casco amarillo, bajo la dirección de otros que con sus notas en la mano van examinándolo todo y dando instrucciones, imagino que los paseantes y ciclistas que pasan a mi lado puede que piensen que soy un ingeniero de esos, jubilado, añorante, que desearía estar moviéndose entre las columnas y los cimientos  del nuevo puente.

Bien anclado por si acaso.Foto R.Puig

Bien anclado por si acaso.Foto R.Puig

Columnas. Foto R.Puig

Columnas. Foto R.Puig

….

Inciso para aprensivos

Por cierto que en estos paseos, sobre todo cuando ya caminas cuesta abajo, hay otra sensación gótica que tiene su cosa, sobre todo porque nadie tiene ojos en el cogote.  Se trata de la amenza ciclista, y lo digo en serio. Gotemburgo es famosa por el volumen de sus tráfico ciclista, lo cual es sano y loable. No obstante eso obliga a los peatones a desarrollar un sexto sentido, reflejos de protección. El sendero peatonal, separado por una simple raya blanca del ciclístico, no sólo en el puente sino en gran parte de la ciudad, es especialmente peligroso en las zonas de alto tráfico de bicicletas. Así que cuando vas en la misma dirección de los ciclistas, como es el caso del puente, en especial en la mitad del recorrido de acentuada pendiente, muchos ciclistas, dominados por el placer de la cuesta abajo, te llegan por detrás a cuarenta kilómetros por hora. La famosa distancia de metro y medio que se les pide a los coches al flanquear a un ciclista no se les exige a estos al sobrepasar como una exhalación a un peatón. Cuando estos bólidos te adelantan a centímetros de distancia les aseguro que el viento que generan me mueve las orejas. Como ven, recorrer el puente no es sólo instructivo y saludable ¡también es excitante!

En definitiva, que, del mismo modo a como iré relatando en este blog los progresos de la gran lombriz de Gotemburgo, mis paseos por el puente viejo (pluga al cielo que no se caiga antes o que a mí no me atropelle un bicícledo) irán rindiendo cuenta de los progresos y avatares de este nuevo artilugio hasta su terminación.

La visión. Foto R.Puig

La visión: “Un puente que aproxima la ciudad al agua”. Foto R.Puig

Por el momento lo que más me impresiona es el trabajo de esos varios centenares de hombres hormiga que seguirán cumpliendo los millones de actos humanos, medidos e inter-relacionados, que esta obra requerirá hasta su conclusión.

Obrero en su pentagrama.Foto R.Puig

Obrero en su pentagrama.Foto R.Puig

Las columnas de apoyo no son precisamente las de Bernini, pero su regularidad encierra una sobria belleza.

Columnas. Foto R.Puig

Columnas. Foto R.Puig

Hay algo en una parte de los trabajos que me hace pensar en la fabricación de gigantescos órganos mudos.

Organistas trabajando. Foto R.Puig

Organistas trabajando. Foto R.Puig

Son extraños órganos destinados a ser cubiertos. Mientras están a la vista hay algo fascinante en estas regularidades cuyo sentido me escapa.

Regularidades. Foto R.Puig

Regularidades. Foto R.Puig

A mí estos tubos me hacen pensar en un xilófono destinado a que un gigante le arranque sus graves melodías.

Tanto tubo. Foto R.Puig

Tanto tubo. Foto R.Puig

Las camas de hierro que, sobre un lecho profundo e inestable, hacen posible crear los cimientos bajo el agua, anuncian los cuatro pilares del puente que sostendrán una especie de baldaquino de sube y baja, la sección central del puente, que ascenderá para dejar pasar los grandes barcos y volverá a su puesto para que continúe el tráfico. De nuevo pienso en la envidia que esto le hubiera dado a Bernini.

La sección elevable del puente. Imagen de Mattias Henningsson-Jönsson

La sección elevable del puente. Imagen de Mattias Henningsson-Jönsson

Parece ser que este sistema, que debe durar digamos que cien años, no puede permitirse que ninguno de los cuatro pilares varié en nada su posición, lo que conduciría al atasco de los mecanismos del baldaquino. Seguro que mis admirados ingenieros de caminos, canales y puertos lo tienen ya todo pensado. Si son ustedes curiosos y quieren saber algo de los cálculos que se han hecho al respecto, sobre todo sobre eso que llaman el soft soil creep (“deslizamiento suave del suelo”) tendrían que leer un interesante artículo apto para ingenieros sobre los cimientos de un nuevo puente sobre la ría de Gotemburgo

Y, me digo yo, ¿dentro de cincuenta años cómo andarán esos suaves deslizamientos cuando el nivel del agua de la ría se haya elevado con el cambio climático? ¿cómo andarán los fondos? (En cien años se prevé una subida de un metro)

Pero ese día hacía sol, las nubes se habían retirado tierra adentro, y yo me inclinaba a  creer que estamos en buenas manos.

Cabalgata de nubes por el este. Foto R.Puig

Cabalgata de nubes por el este. Foto R.Puig

En todo caso, caminando ya de vuelta al centro por el otro lado del puente viejo, compruebo que hay quienes prefieren pensar en una posible pesca

Esperando a que piquen. Foto R.Puig

Esperando a que piquen. Foto R.Puig

No sé si sabrán que el lecho de la ría en esa orilla está lleno de residuos tóxicos. Es posible que, por el momento, a estos aficionados a la pesca lo que hayan tragado los peces no les tenga preocupados y que no pesquen para el condumio sino sólo para entretenerse.

Séptimo día

26 agosto, 2018
Valetudinis. Foto R.Puig

Valetudinis. Foto R.Puig

.

Pigricia

Corto

pachucho

y perezoso

el gato

pausa

.

Molicie. Foto R.Puig

Nocturno de Gotemburgo

19 agosto, 2018
Todo parecido con la realidad... Foto R.Puig

Todo parecido con la realidad… Foto R. Puig

Hay ruido de conciertos al aire libre, muchos a la vez, el sonido de una orquesta rock se mezcla con el de una cantante de 78 años que ha reunido a sus fans de toda la vida, cabezas canosas, apenas doscientos metros más allá. Quién mucho abarca…

Canta Lill Lindfors Foto R.Puig

Canta Lill Lindfors Foto R.Puig

Ha venido Lill Lindfors, a la que acompañan en sus baladas músicos cuasi octogenarios. Pero el Festival Cultural de Gotemburgo (Kulturkalaset) está cronometrado, una hora para ella, sólo una, y los organizadores terminan en forma abrupta su recital, en su punto álgido. Los instaladores de las baterías de la Forbidden Orchestra llegan, empujando para ocupar el escenario.

Calles festivaleras. Foto R.Puig

Calles festivaleras. Foto R.Puig

Las calles y parques de Gotemburgo desbordan de gente durante seis días, hay carpas con todo tipo de grupos y de músicas, infinidad de chiringuitos donde se pueden degustar todas las cocinas del mundo.

¡Y yo que ensoñaba con poner un puesto de churros españoles!

Churros made in Sweden. Foto R.Puig

Churros made in Sweden. Foto R.Puig

El carromato de los churreros circula desde hace nueve años por todas las ferias y festivales de la Costa Oeste de Suecia, vendiendo con todo tipo de adobos cucuruchos de Spanish Waffles. 

Cuando le digo al joven churrero que soy madrileño, y que le voy a explicar dónde en Madrid se hacen los mejores churros del mundo, me llena el cucurucho hasta los topes  con los  spanska våfflor.

En Suecia ocurre también que cuando dices que vienes de la capital de España, enseguida te preguntan si eres del Real o del Atlético. No falla. Pero me estoy desviando del tema…

La venus del parque. Foto R.Puig

La venus del parque. Foto R. Puig

La cuestión es que hace dos noches, por el parque cercano a casa la realidad era todo lo contrario de real. Habíamos salido a darnos una vuelta, bajo la atracción -¿rejuvenecedora?- que estos festivales ejercen sobre los entrados en años.  Las calles no son la calles cotidianas, la multitud es más abigarrada y flotante que a la luz de un día ordinario, la música y el ruido rellenan la atmósfera sin dejar resquicios, los reflejos en los canales son diferentes…

Sueños de árbol. Foto R.Puig

Sueños de árbol. Foto R.Puig

Me había propuesto flotar yo también, escuchar y mirar sin ningún propósito. De hecho había salido sin mi pequeña cámara de fotos, pero fatalmente llevaba el teléfono móvil.

Así que estas fotos son digamos que androideas.

Por cierto, había un remolque donde, cosas de las ferias, la gente puede hacerse fotos en las que eliges de qué quieres aparecer vestido. Si no probé fue por no hacer cola, si no, lo mismo habría podido aparecer yo aquí en guisa de espadachín sueco de la guerra de los treinta años.

En busca de la magia fotográfica. Foto R.Puig

En busca de la magia fotográfica. Foto R.Puig

El parque no sólo estaba embebido de decibelios, sino que muy cerca de su entrada se podía tragar cerveza como una esponja al son de otros ritmos, ciertamente más movidos que los de nuestra septuagenaria Lill Lindfors.

Mañana será otro día. Foto R.Puig

Mañana será otro día. Foto R.Puig

También puedo aseverar que ayer por la mañana los canales ya no lucían con el mismo embrujo de la noche del viernes.

El canal incendiado. Foto R.Puig

El canal incendiado. Foto R.Puig

Lo que hoy, al abrir la ventana del patio, con la temprana mañana llega, es una prosodia de gaviotas callejeras, acompañada -¡ay!- por el sordo compás de los extractores de aire del hotel vecino.

 

 

Ab ortu ad occasum (de oriente a occidente)

12 agosto, 2018
Ortus. Foto R.Puig

Ab ortu. Foto R.Puig

Porque la diferencia entre vivos y muertos concierne a líquidos y rápidos movimientos de la salida y puesta del sol, tiene que ver con la luz y su tránsito sobre las cabezas de los hombres.

Manuel Vilas, “Ordesa” (Alfaguara, Madrid,  2017, pág.194)

Cuando nos sobra tiempo para sentarnos frente a un paisaje; cuando los minutos fluyen un poco más lentamente; cuando pasamos las páginas de un libro e incluso nos adormecemos sobre sus letras; cuando volvemos a abrir los ojos y nos ha sorprendido la alborada o, al contrario, es la noche que ha caído; cuando sobre nuestra cabeza la luz, esa que mana de una fuente única, inicia, recorre o concluye su ciclo diario… entonces sabemos que estamos vivos, que el tiempo aún se nos ofrece.

Mientras hay tiempo. Foto R.Puig

Mientras hay tiempo. Foto R.Puig

Creemos que el reloj, que nosotros desgranamos el tiempo, pero es ese intangible, ese cronos fugitivo, el que nos desgrana a nosotros. Por eso es agradable seguir pasando las páginas en un libro de papel, es como compartir el tiempo, no sólo el nuestro, sino el de alguien que ha puesto su tiempo en palabras, para nosotros. No solo el suyo, sino el de quienes le precedieron. Un libro siempre habla de lo que precede a su autor. No hay libro sin precedentes.

Recuerdo que mi madre aclaraba poco los platos, yo en cambio los dejo bajo el grifo mucho rato, intentando que el jabón se vaya para siempre.

Ibidem, pág. 304

Somos la consecuencia de muchos precedentes.  Como cada día sobre la tierra, que en cada giro nos devuelve algo del anterior. A veces, parece decirnos: “mira bien, ayer te dejaste algo”. Pero no es ella sola, la tierra forma equipo con el sol, con la luz.

Luz declinante. Foto R.Puig

Luz declinante. Foto R.Puig

El padre antes de ser padre es una fuerza que está en el mundo avisando de la llegada de un hijo, avisando de tu llegada, pero aún no has llegado, y es ahí donde está la maravilla…

Por eso adoro esa fotografía, porque contiene mi misterio: yo no soy, y mi padre es un hombre que no quiere casarse ni tener hijos. No se lo plantea…

Yo no soy allí, y descanso.

Busco volver a la paz del no ser.

(el autor reflexiona sobre una vieja foto de su padre joven y soltero)

Ibidem, pág. 304

No sabremos nunca lo que recordarán de nosotros cuando nos hayamos ido. No me refiero a los rastros que parece que se quedarán en la red y que quizás nadie borre, que puede ser que durante siglos ya no se puedan borrar.  Tampoco es la memoria histórica, eso sobre lo que se promulgan normas. No, no es eso, la memoria, la de verdad, la olvidadiza (porque para recordar hay primero que olvidar), esa es personal, no puede legislarse sobre ella.

¿Cuánto resiste la posibilidad de sacar del olvido un recuerdo personal? No una foto, no un texto, no un documento de identidad, no una partida de bautismo o de boda, no, no se trata de eso sino de algo verdaderamente individual, algo que se ha recibido directamente por los sentidos, ecos del tacto, de la vista, del oído, del gusto, del olfato, que se han acunado en lo más profundo de uno mismo.

A mi padre le gustaba ir siempre muy bien peinado, hasta tal punto que si hacía viento no salía de casa, porque se despeinaba.

Mi padre comenzó a acumular algunos kilos de más y era consciente de ello. Preguntaba mucho si estaba gordo. Buscaba nuestro juicio. Le gustaba comer. Era una relación particular con el mundo: coger del mundo la comida.

Ibidem, pág. 323

Luz de atardecer. Foto R.Puig

Luz de atardecer. Foto R.Puig

Mi madre cuando estaba deprimida y triste, se metía con su propio pelo… Buscaba en la peluquería una absolución, un levantamiento de sí misma, buscaba la alegría perdida. Cambió de peluquería mil veces. Buscaba una peluquería utópica…

No había peluquería en el mundo que pudiera ayudar a mi madre.

Pero ahora ya está en la peluquería del fin del mundo.

Ibidem, págs. 321-322

Ad occasum. Foto R.Puig

Ad occasum. Foto R.Puig