Historia de una playa (y III): mirando hacia el futuro
Dedicado a Jesús Chover
El anterior capítulo de esta historia sin pretensiones se terminaba con algunas fotos de los años 60 del siglo pasado (¡qué raros nos sentimos al aludir así al siglo XX!).
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Tradición
El entorno humano de la playa de la Almadraba no ha variado mucho desde entonces. Aquí no ha habido explosiones urbanísticas ni proliferación de altos edificios. Los niños que jugaban en ella en los años 70 y 80 son adultos y siguen viniendo a las orillas en donde crecieron y quienes en ella pescan o bucean aprendieron a hacerlo con sus padres.
Algunos que por entonces fueron jóvenes enfundan de vez en cuando sus pantalones de caucho y salen temprano por la punta de la playa a buscar pulpos como ya lo hacían entonces.
Los pescadores de Els Poblets y de otros pueblos cercanos siguen plantando la caña durante horas en la orilla, con la esperanza de que pique algún pez de buen tamaño.
En todo caso se pasa el rato. Con frecuencia es toda la familia, con merienda-cena y naipes, la que pasa la tarde y hasta parte de la noche frente al mar, mientras con el rabillo del ojo se vigila el esperado tensarse del sedal.
Por San Juan, el Ayuntamiento y las filas de moros y cristianos organizan en la explanada de la “piedra del Salvador” la cena colectiva, la tómbola, el concierto bailable para todos y el fuego ancestral.
En sus llamas arden simbólicamente los viejos muebles y los malos recuerdos, con la esperanza de que el verano y sus frutos nos traigan otros, nuevos y buenos.
Unos meses antes, en pleno invierno y en el mismo sitio el cura del pueblo, como representante oficial de San Antón, ha rociado con agua bendita todo tipo de animales, incluidos los racionales, quiero decir los dueños, confiando quizás en que cuando los paseen por la playa no dejen detrás residuos sólidos.
Yo me quedo sobre todo con la prestancia del caballo y su jinete, orgullosos con razón de su propia estampa.
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Lucha
Pero la playa también pugna con el mar. Suele haber un temporal de invierno y otro de otoño. Normalmente la orilla se recupera de sus efectos por sí misma.
Aunque, periódicamente, la historia de la Marina Alta y de la Almadraba registran temporales más recios y de violentas consecuencias, que exigen después trabajos de rehabilitación del litoral. Así fue el de octubre del 2007.
Las intervenciones públicas y privadas que de un modo u otro han agravado el impacto de las llamadas “gotas frías” ya las hemos comentado en los capítulos I y II de esta crónica.
Tanto la Asociación de Vecinos de la Playa como el Ayuntamiento de Els Poblets han formulado sus reflexiones y exigencias para que no se repitan los errores y abusos del pasado y no se carguen sobre el respetuoso paisaje humano de esta playa las responsabilidades de las Administraciones.
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Esperanza y deseos ante el nuevo año
La playa de la Almadraba, que quienes la vivimos como algo propio y abierto a todos amamos, puede seguir siendo ese espacio privilegiado, sereno y peculiar, que millones de años de acción natural nos han legado.
Puede incluso mejorarse con el cuidado de quienes la frecuentamos y la disfrutamos y de las autoridades que legalmente han de velar por ella.
No tengo en mi cabeza hoy grandes ideas ni proyectos, como esos paseos marítimos de los que algunos hablan o de puertos deportivos que otros ambicionan, y de los que oigo hablar con temor y temblor.
Por ello en las cercanías del 2015 me permito y me limito a expresar algunos simples deseos:
- Que el Ayuntamiento de Denia abandone por fin su actitud de perro del hortelano y dé una respuesta positiva a la natural y repetida petición del municipio de Els Poblets, cuya línea de costa es nuestra playa de La Almadraba, de que se le transfiera la gestión de la playa. Muchos pensamos que el mantenimiento por parte de quienes la tienen delante sería mejor que la de quienes la tienen en el extremo distante de un territorio ribereño ya de por sí muy largo.
- Que esa minoría de paseantes de perros, felizmente en disminución (calculo que ha bajado ya a sólo un veinte por ciento de los dueños de cánidos que los traen a la playa), que todavía los dejan campar a su antojo y sin lazo, revisen su actitud despistada y, cuando acaben el paseo, hayan retirado en una bolsita las evacuaciones sólidas que el inocente animal haya dejado.
- Que esa otra minoría, de entre los muchos que vienen a la playa a bañarse, a comer, a pescar o a beberse simplemente unas latas o botellas de refresco y tomarse un bocadillo, hagan lo mismo que les pedimos a los amos de los perros y retiren gentilmente todo recuerdo de su estancia, para que los cantos rodados de la playa, o los huecos entre las piedras de la escollera, no guarden otra memoria que la que el mar les deje.
- Que todos aquellos que naturalmente aprecian la música como acompañamiento de sus festejos y conmemoraciones en la zona de la playa, piensen en los que disfrutan de una merecida calma junto al mar y logren gozar de sus celebraciones, pero moderando y equilibrando su pasión decibélicacon el respeto debido a los demás.
- Que se regule el aparcamiento de una vez, para que no se convierta la playa en un aparcamiento los fines de semana. Resulta desalentador ver los coches a escasos metros del agua, ante la pasividad de las autoridades, incumpliendo reiteradamente la Ley de Costas que expresamente lo prohibe (Deseo aportado por Fran el 26 de julio del 2015 y que yo sin duda comparto)
Si alguno de mis lectores, motivado por el amor a esta playa, quiere formular algún otro deseo para ella, le ruego que me lo ponga en un comentario y con gusto lo añadiré a mi lista.
¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!
Tiempo chungo
El tiempo, como mis vértebras, estaba chungo ayer. Pero hay que moverse, lo dicen los geriatras. Así que deambulo, un poco a pie y otro poco en barco. Floto con el “Rápido de la ría” (el “Älvsnabben”), un medio de transporte, especie de tranvía acuático, que me recuerda al vaporetto, pero sin Venecia.
Unos cormoranes sedentarios, que al parecer no migran, tienen su tertulia frente al embarcadero de Rosenlund, muy cerca de la embocadura de uno de los canales en las aguas de la ría. Este territorio es un buen lugar de pesca para estos incansables submarinistas.
Al otro lado de la ría, unas enormes grúas, rojas durmientes, presiden los diques secos, amenazados de desmantelamiento en aras de la deslocalización. Estos grandiosos insectos de metal son patrimonio de la ciudad, recuerdos de la otrora próspera industria naval de Gotemburgo.
La figura de la mujer del marinero que espera su retorno se mantiene impertérrita envuelta en turbulencias.
A diferencia de esos cormoranes asentados en la ría, las gentes de este planeta emigramos sin descanso, lo hemos hecho siempre y nos amoldamos a ello, incluso al proceso de aprendizaje de una lengua que no resulta fácil.
Hace dos días se celebraba el fin del semestre y la llegada de las fiestas de Navidad en la escuela de lengua sueca para inmigrantes (SFI: Svenska För Invandrare), cuyas aulas frecuento con la esperanza de afianzarla mejor en mis reacias neuronas. Soy parte de un alumnado que procede de todos los continentes, inmigrantes y refugiados que han obtenido su permiso de residencia en Suecia y para quienes la lengua es una llave de integración y de futuro para ellos y sus familias.
Entre clase y clase nos contamos nuestras historias. La mía, ciudadano jubilado de la UE, es confortable, la de ellos y ellas es casi siempre un azaroso viaje desde países en guerra y situaciones inhóspitas. Lo que yo contase no añadiría mucho a lo que los medios ya nos escenifican cada día.
No obstante, lo impersonal adquiere un rostro mientras compartimos clases y pausas de café.
Acabado el festejo, caminando de vuelta al centro, un joven de nombre arameo, natural del nordeste de Siria, me explica cómo ha llegado: primero a través de Turquía, luego en patera a Grecia, de allí, clandestino en un camión sobre un ferry, hasta Italia, para, superada la frontera, acabar explicando a la policía en un campo de refugiados en Alemania que lo que él quiere es llegar a Suecia para reunirse con su hermano. Su condición de cristiano en el norte de Siria y el contar con un enganche familiar en Gotemburgo será lo que convencerá a los agentes alemanes para darle un billete de tren hasta su nueva patria de acogida. Los servicios de empleo de los ferrocarriles suecos le han dado un trabajo a medio tiempo que le permite seguir con los cursos de sueco. Algún día podrá retomar sus estudios universitarios.
Y así me hablan de otros itinerarios y otras esperanzas. Son hombres y mujeres de Eritrea, Irak, Siria, Somalia, Turquía, Tailandia, Nigeria, Gambia, Irán, Bosnia, Gaza, Perú, Libia, El Salvador…
En estos días raros
Las semanas que preceden a los días de Navidad están sujetas a los protocolos que marca la tradición, sobre todo en Suecia, donde la sociedad en sus prácticas y convicciones, aunque laica, es amante de las formas que las celebraciones cristianas han ido modelando con el paso de los siglos.
Desde que los reyes de Suecia decidieron el siglo XVI expropiar a los eclesiásticos y conventuales, poner a obispos y pastores a sueldo del Estado y nacionalizar el cristianismo, refundándolo manu militari sobre las bases que fijó Lutero, los santos dejaron de venerarse, aunque sigan presentes en los frescos de algunas de sus iglesias medievales.
Con una excepción: Santa Lucía
Desde hace casi un siglo, una tradición de algunas comarcas campesinas por la que las niñas con ropajes blancos y velas en la cabeza alegraban el comienzo de las noches largas del cercano invierno, ofreciendo luces, cantos y panecillos de casa en casa (probablemente como resto de ancestrales tradiciones paganas), esa especie de exorcismo de la creciente oscuridad se fue vinculando a la santa y mártir de Siracusa que allá por el siglo IV repartió su fortuna a los pobres.
Santa Lucía desató las iras de su prometido que, al ver que la rica heredera se había quedado sin blanca, la denunció como cristiana. Esta emotiva leyenda, algo sadomasoquista por los tormentos que describe, la narra Jacobo de Vorágine en la “Leyenda Áurea” y no la voy a repetir aquí.
Por los años veinte del siglo pasado la tradicional procesión de dulces adolescentes, vestidas de blanco y coronadas de luz, acabó convirtiéndose en el “tren de Santa Lucía” (luciatåg). La elegida que avanza por delante de las demás empezó a llamarse Lucía (la que nace con la luz del alba) y el cortejo adoptó una canción napolitana de marineros que data de 1849:
Sul mare luccica
l’astro d’argento;
placida è l’onda,
prospero il vento.
Venite all’agile
barchetta mia!
Santa Lucia,
Santa Lucia!
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Con questo zeffiro
così soave
oh com’è bello
star sulla nave!
Su passaggeri,
venite via!
Santa Lucia,
Santa Lucia!
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In fra le tende
bandir la cena
in una sera
così serena
chi non dimanda,
chi non desia?
Santa Lucia,
Santa Lucia!
https://www.youtube.com/watch?v=bKXUOLC9e1o
La versión sueca más extendida dice así:
Sankta Lucia, ljusklara hägring,
sprid i vår vinternatt glans av din fägring.
||: Drömmar med vingesus under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
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Kom i din vita skrud, huld med din maning.
Skänk oss, du julens brud, julfröjders aning.
||: Drömmar med vingesus, under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
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Trollsejd och mörkermakt ljust du betvingar,
signade lågors vakt skydd åt oss bringar.
||: Drömmar med vingesus, under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
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Stjärnor som leda oss, vägen att finna,
bli dina klara bloss, fagra prästinna.
||: Drömmar med vingesus, under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
El caso es que en todas los templos y ciudades de Suecia se celebró ayer 13 de diciembre la fiesta de la única santa que todavía venera la Iglesia luterana sueca. Basta con entonar el texto con la misma melodía napolitana ¡y ya está!
https://www.youtube.com/watch?v=LvvUFn7VPTI
Así que la exaltación de la santa de la luz, para conjurar la llegada de las largas noches invernales, prevalece sobre las disputas teológicas.
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Días de Adviento
No obstante siento que los días siguen siendo raros y las calles llenas de apariencias extrañas. Puede que sea inmodesto al establecer un paralelo con las sensaciones de un escritor nobelizado, pero si en estas noches dirijo una mirada atenta sobre las cosas, creo que me pasa algo de lo que ha dicho Patrick Modiano en su discurso de recepción del premio Nobel. Me ocurre algo parecido a lo que describe el novelista, cuando ante sus ojos
la vida corriente acaba envolviéndose en misterio y desprendiendo una especie de fosforescencia que no tenía a primera vista sino que estaba profundamente escondida
(la vie courante finit par s’envelopper de mystère et par prendre une sorte de phosphorescence qu’elle n’avait pas à première vue mais qui était cachée en profondeur)
Otras veces, el misterio deja pistas por las aceras, surgiendo
de entre esa masa de transeúntes que andan en apretadas filas o que se empujan o se pierden por las calles
(de cette masse de passants qui marchent en rangs serrés ou bien se bousculent et se perdent dans les rues)
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Aunque en nuestra época,
a causa de esta capa, de esta masa de olvido que lo recubre todo, sólo alcanzamos a captar fragmentos del pasado, trazas interrumpidas, destinos humanos fugitivos y casi inaferrables
(à cause de cette couche, de cette masse d’oubli qui recouvre tout, on ne parvient à capter que des fragments du passé, des traces interrompues, des destinées humaines fuyantes et presque insaisissables)
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Claro que todo es relativo, hay una rama del arte que desde antiguo se empeñó en condenar a sus personajes a un destino estable, fijado para siempre en perfiles sólidos. A pesar de ello no las tengo todas conmigo, al menos no en estas tardes y noches del invierno, cuando hasta las estatuas, que parecen estar ahí impávidas y unívocas, nos escamotean sus mudos discursos inconclusos, para guardarlos en el fondo de insospechados laberintos.
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Así que más me vale pasar rápido y de puntillas, pues no hace mucho tiempo a los que se detenían a interrogar a las estatuas los internaban.
Luces que traen invierno
Los días se acortan y las sombras se alargan, y no se sabe bien si es el invierno el que se anuncia en todo o son la oblicuidad creciente de la luz solar, el aire diferente de la noche por ventanas y parques, el frío que cruza las alturas o el breve detenerse de los cielos los que lo traen, empujándolo más cerca cada día.
Hay nuevos tonos de luz en las fachadas y los aires de un acordeón traen algo de calor a la mañana y algunas monedas al vaso del músico
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Quienes viven en los áticos no necesitan despertador, les basta con tener abiertas las cortinas en esos raros días en que la mañana del domingo es diáfana y anima a desayunar sobre un mantel soleado.
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No muy lejos, las cabinas de la noria fingen que se caldean.
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El tiempo ya no invita a sentarse en los bancos
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Con el avance del día, al cielo le han crecido celajes
¿o más bien brotan del agua?
¿o de los últimos restos del otoño?
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A medida que las horas pasan, la luz se va velando sin que algunos lo sientan, concentrados como están en un único gesto de interés laborioso
o de muda sorpresa
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Cuando ya todo es oscuro y un noche comienza, hasta que vuelva el día las ventanas recogen el testigo de la luz que se ha ido
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Junto a las veredas de los parques los bancos siguen solos y fríos
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Attendre que la Nuit, toujours reconnaissable
À sa grande altitude où n’atteint pas le vent,
Mais la malheur des hommes,
Vienne allumer ses feux intimes et tremblants
Et dépose sans bruit ses barques de pêcheurs,
Ses lanternes de bord que le ciel a bercées,
Ses filets étoilés dans notre âme élargie,
Attendre qu’elle trouve en nous sa confidente
Grâce à mille reflets et secrets mouvements
Et qu’elle nous attire à ses mains de fourrure,
Nous les enfants perdus maltraités par le jour
Et la grande lumière,
Ramassés par la Nuit poreuse et pénétrante,
Plus sûre qu’un lit sûr sous un toit familier,
C’est l’abri murmurant qui nous tient compagnie,
C‘est la couche où se poser la tête qui déjà
Commence à graviter,
À s’étoiler en nous, à trouver son chemin.
…………..
Aguardar a que la noche, siempre reconocible
Por su gran altitud donde el viento no llega
Mas sí el dolor de los hombres,
Venga a encender sus íntimos fuegos temblorosos
Y deposite silenciosa sus barcas de pesca,
Sus linternas de a bordo que el cielo ha mecido,
Sus redes estelares por nuestra alma extendida,
Esperar que nos tome para sus confidencias
Gracias a mil reflejos y a secretas mociones
Y que ella nos atraiga a sus manos de pieles,
A nosotros, los niños que el día ha maltratado
Con su luz excesiva,
La noche nos acoge, porosa y penetrante ,
Más segura que una cama bajo el techo familiar,
Ella es el abrigo susurrante que nos da compañía,
En el tálamo donde posar la cabeza que ya
Comienza a gravitar,
A llenarse de estrellas, a encontrar su camino.
(Jules Supervielle, Les Amis inconnus, «Visite de la Nuit», 1934 (1931). Los Amigos desconocidos, «Visita de la noche», 1934 (1932). Vivir y quehacer del poeta, Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Pre-Textos, colección Poéticas, Valencia, 2009, pp.194-195)
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Historia de una playa (II): los trabajos y los días
Ya dijimos en el anterior capítulo que el proceso duró millones de años.
El Río Girona, ayudado por corrientes y temporales marinos (y quién sabe si por los efectos de algún tsunami mediterráneo) había formado una playa de cantos rodados en el margen izquierdo de su desembocadura.
Los hombres no habían llegado aún. El mar era un hervidero de vida. Entre la orilla y los extensos marjales que la separaban del interior, las dunas ofrecían su vegetación idiosincrásica
Podríamos especular sobre lo que ocurrió entre esos larguísimos tiempos deshumanos y la Prehistoria levantina, sólo los geólogos y los paleontólogos pueden hablar con conocimiento de causa. Pero me permito imaginar que las piedras de la playa eran como las que conocemos. La vegetación, que hoy trata de sobrevivir al paso de quienes aparcan su vehículo sobre lo que eran dunas, pienso que sería parecida a las arriba ilustradas.
Llegan los hombres
En las memorias rupestres que nos han dejado los habitantes que poblaron el levante español entre finales del Paleolítico y la Edad del Bronce no aparece, que yo sepa, ningún grafismo relacionado con el mar. Parece pues que aquellos cazadores y recolectores avezados vivieron de espaldas a los marjales insalubres que les separaban de sus orillas y no se aventuraron sobre sus aguas. No faltan escenas de caza, pero me parece que no se han encontrado escenas relacionadas con la pesca en los abrigos levantinos
No obstante, nada me impide imaginar que los más osados descendiesen por el Girona hacia la playa de la Almadraba para alancear a peces y a pulpos. Puede que hasta se encaramasen sobre algún artilugio para pescar por la bahía.
Pero los sueños sueños son, y hay que dar un salto de varios siglos para encontramos con el testimonio de una vida industriosa a la vera de la playa.
En torno al Alfar de la Almadraba
No sabemos qué pasaría antes ni si los iberos, de cuyos poblamientos agrícolas no faltan restos en el Levante español, u otros pueblos anteriores a ellos, le sacaron partido a nuestra playa. Lo que es cierto es que, a pesar de las posibles enfermedades palúdicas de marjales y marismas, los hispanorromanos circulaban desde el siglo I por un ramal de la vía Augusta entre Játiva y Denia, pasando no lejos de la Almadraba.
La calzada salvaba el marjal de Pego (que cabe suponer era mucho más extenso de lo que es ahora), seguramente sin solución de continuidad con el marjal de Denia hoy enormemente disminuido
Prueba del tráfico existente es el yacimiento del Alfar de la Almadraba, situado entre los marjales y el mar.
El conjunto se componía de una villa romana, las casas de los trabajadores y la factoría de producción de vasijas, ánforas y tejas. Se beneficiaba de los sedimentos arcillosos cercanos y, a juzgar por los restos de pecios encontrados frente a la playa, del acceso de las naves de carga por la bahía. No es difícil suponer que la producción también era transportada por la cercana calzada, para su embarque en el puerto romano de Denia .
De esto hay abundante y más experta información en:
http://pladelafont.blogspot.se/2013/07/els-poblets-volen-recuperar-la-seva.html
http://www.elspoblets.es/pagina.php?s=historia2
Muchas de las ánforas fabricadas en la Hispania romana para el transporte del aceite, cuando ya estaban rotas o fuera de uso, acababan junto a otras fabricadas en las costas mediterráneas, en el vertedero de cerámica del Monte Testaccio en Roma: http://it.wikipedia.org/wiki/Monte_Testaccio
Allí cabe imaginar que reposan los fragmentos de algunas de las producidas por el Alfar de la Almadraba.
Pesca a la romana
No quedan testimonios de las actividades pesqueras de los habitantes hispanorromanos del entorno de nuestra playa, algunos de los cuales se hacían enterrar en la necrópolis, muy cercana al Alfar. ¡Pero que pescaban, seguro que sí!
Por ello me permito imaginar que esa actividad no era muy diferente a la que en otras orillas mediterráneas practicaban los romanos y los pueblos tributarios, como bien muestran los mosaicos del Museo del Bardo en Túnez
¿Serán estos mismos los especímenes que se pescaban en nuestra playa?
¿Son o eran estos los métodos de pesca que durante varios siglos se utilizaron frente a las costas de la Marina Alta?
Me complace pensar que sí
La vida siguió
Los godos vinieron de tierras nórdicas, los árabes de tierras norteafricanas. ¿Siguieron poblando y beneficiándose de la playa? ¿Fondearon en ella los bajeles de Al-Andalus? ¿Los pobladores moriscos comieron pescado de la Almadraba?
No veo por qué no tuvo que ser así. De hecho, las andenerías de cultivo de las faldas del Montgó, entre Denia y Jávea, llegan casi al mar. ¿Cómo no iban a pescar, si no desde la playa, al menos frente a ella?
Incluso me permito pensar que las naves vikingas que entraban al Mediterráneo por el estrecho de Gibraltar y navegaban cerca de sus costas hasta tierras itálicas, se podían avistar de vez en cuando desde la Almadraba.
¿Cómo dudar de ello, si en el siglo IX, remontando el río Segura, se permitieron asaltar lo que hoy es Orihuela, capital del reino de Tudmir?
Fuente: Victor Manuel Galán Tendero en “Alicante vivo”, 11 y 20 de junio 2013
http://www.alicantevivo.org/2013/06/furia-vikinga-sobre-tudmir-parte-1.html
La captura de los atunes
La pesca del atunes, con redes que les cierran el paso en sus migraciones periódicas, ya se practicaba desde tiempos prerromanos.
Si nos atenemos a lo que se sabe de los siglos siguientes, el término almadrava, de origen árabe andalusi, designa esa técnica de pesca y aparece por primera vez en mapas del siglo XVIII como denominación de nuestra playa. En ese mapa aparece también un caserío cercano a la playa con el mismo nombre, en la margen derecha del río Girona, que figura como Río de la Pedrosa (sigue una palabra que no identifico bien) de la Almadrava.
Como me ha explicado mi amigo Pere, el caserío «Almadrava», cerca del delta del Girona, es la propia factoría pesquera, donde procesaban los atunes. Tenia, por lo que se cuenta, ermita propia. En esa área se puede visitar hoy la Torre de la Almadrava, restaurada en su coronamiento y afortunadamente en buen estado de conservación. Estaba relacionada con aquella industria de la pesca (avistamiento del paso de los bancos de atunes) y también con la vigilancia costera de la piratería berberisca.
Dsde finales del siglo XV estas tierras pertenecieron al Marquesado de Denia y en la playa se siguió con la pesca del atún con almadraba.
Fuente: https://sites.google.com/site/delspoblets/ (con abundantes artículos sobre el poblamiento de lo que hoy es el término de Els poblets)
En el siglo XX
Para terminar por hoy, nos detendremos en los años sesenta del pasado siglo. Las fotos que aquí aporto se las debo a Pere Cardona, Vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Almadraba de Els Poblets.
Por entonces, la playa de la Almadraba era ya, como lo es hoy, el espacio de baño, de esparcimiento y de pesca para los pueblos de la comarca
Las construcciones estaban muy alejadas de la orilla. La franja de piedras y camino sólidos era más ancha que hoy
El entorno humano y vecinal no creaba ningún problema de preservación, hasta que llegaron las extracciones industriales y abusivas de 1973, efectuadas en la misma orilla (de las que hemos hablado en el capítulo primero), sin olvidar las que se efectuaron más tarde en el lecho del Girona, o las extensiones portuarias de Denia que cambiaron las corrientes que depositaban arenas en los fondos delante de la playa
El camino era incluso una vía de tránsito ganadero

La playa como vía pecuaria en la proximidad del restaurante Llandero. 1961. Cortesía de Pere Cardona
Y se podían apreciar los restos de antiguas construcciones de vigilancia
Cuestiones preocupantes que no faltan
En los últimos tiempos la Ley de Costas ha abierto discusiones sensibles entre quienes han vivido y amado esta playa durante décadas y los funcionarios encargados de establecer los nuevos deslindes y sus consecuencias. No se puede responsabilizar de los cambios de morfología de la playa a la gente de los pueblos que la han poblado respetuosamente durante los últimos cien años, cuando las investigaciones sobre los efectos de las obras públicas en la costa alicantina y de sus extracciones y construcciones (eg.: la inútil presa de Isbert en 1945 o las ampliaciones portuarias en la región) demuestran que son otras las razones de la involución de nuestras costas.
Las alegaciones al Deslinde Provisional del Ministerio de Medio Ambiente, presentadas por el Vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Almadraba de Els Poblets en marzo del 2006, resumían los errores, dejaciones y abusos que han conducido a las regresiones que la playa ha experimentado desde los años 40, de los cuales el propio Estado ha sido responsable directo o subsidiario (presas, extracciones de gravas, puertos excesivos, pesca de arrastre incontrolada, contaminaciones y disminución de las praderas de posidonia, rehabilitaciones erróneas, etc).
Cito algunos párrafos significativos de aquel documento:
Nuestra playa, la de la Almadraba de Els Poblets, configurada exteriormente por las piedras aportadas por el río Girona, contaba con una extensa duna formada por miles de toneladas de cantos rodados. Esta duna, separada de las propiedades continentales por un camino/vereda o colada y colonizada por plantas como “Verbascum charidemi”, “Glaucium Flavum” etc. estaba protegida de los temporales del otoño por millares de metros cúbicos de hojas de Posidonia Oceánica la cual, tras desprenderse de las praderas sumergidas a finales del verano, permanecía durante meses en la orilla del mar disipando la energía del oleaje y consiguiendo, de forma natural, la estabilización de la playa. Tal era la cantidad de hojas de esta fanerógama depositadas en la playa que, los labradores de los pueblos del alrededor, llevaban los sobrantes a sus establos para preparar las “camas” de los animales y utilizarla posteriormente como abono.
Sin embargo, a partir de los años cuarenta y coincidente con el desarrollo industrial del Estado, este delicado equilibrio se vio dramáticamente alterado debido a diferentes pero importantes y confluyentes causas que han conducido a que las playas situadas al norte de Dénia hayan venido perdiendo una media del orden de ½ metro por año.
Como dato orientativo de la gravedad del problema cabe señalar que según el Dr. D. José Serra Peris, Catedrático de la U. Politécnica de Valencia, harían falta 12´5 millones de metros cúbicos de áridos para recuperar el ancho de las playas del año 1947, sólo en el tramo situado entre la Punta del Molino y el Río Racons.
Para Greenpeace una estructura que bloquee el camino natural de los flujos de agua que distribuyen la arena, no sólo altera el balance sedimentario, con lo que las playas no reciben suficientes sedimentos sino que, además, las propias actividades del puerto producen en sus aguas interiores una extrema contaminación que, posteriormente, es distribuida por las corrientes marinas a las playas vecinas. Muchos productos empleados en los puertos y embarcaciones producen daños irreparables en el medio marino. Metales pesados (zinc, cadmio, cobre, plomo, estaño, mercurio) se acumulan en los sedimentos marinos y afectan a las comunidades bentónicas (Posidonia). También lo hacen los disolventes, las pinturas anti-incrustantes y TBT, y los hidrocarburos, que producen anoxia. La eutrofización de las aguas circundantes se produce por la acumulación de nutrientes en los puertos. Esto conlleva un aumento de la turbidez del agua y una importante disfunción en la fotosíntesis de las praderas de fanerógamas, tan importantes para la estabilidad de las playas.
En nuestra zona, el Puerto de Denia es el principal agente perturbador seguido a distancia por el de Gandía (que impide el paso de sedimentos del río Júcar y de otros grandes ríos septentrionales a nuestras playas). El monumental desorden hidrodinámico que provocó su construcción, entre 1900 y 1936, supuso la inmediata desaparición de las playas situadas al Norte (Cagarritar, Basetes y Marines) las cuales sufrieron un progresivo y agudo proceso de erosión que todavía continua en nuestros días, tras su regeneración por el MOPU en 1988.
Otro resumen de las intervenciones públicas que han perjudicado a la playa de la Almadraba a partir de los años 40 del siglo XX son las quejas elevado al Defensor del Pueblo en los años 2008 y 2010
Queja ante el Defensor del Pueblo. Octubre del 2008
Queja ante el Defensor del Pueblo de Julio 2010
Mirando hacia el futuro
El próximo y último capítulo tratará de ilustrar como nuestra playa, gracias a los que la quieren, disfrutan de ella y la defienden, cuenta con todo lo necesario para ser un espacio vivo, donde el entorno humano y el medio ambiente sean componentes de una misma armonía. Esperemos que se cumpla aquello que se decía del Cid: «que buen vasallo si tuviese un buen señor». Lo que quiero decir, es que todos (vecinos o veraneantes, asociaciones, empresas, autoridades locales, autonómicas o estatales) los que nos enseñoreamos de esta playa que nos sirve (y que no puede quejarse si la descuidamos) somos cada uno en su medida responsables de su mantenimiento y mejora.
Este es mi reseña de una asociación personal probablemente excesiva.
Hace poco, como se ha visto en este blog, visité el Museo Sorolla en Madrid con ocasión de una exposición temporal (“Trazos en la arena”) de algunos de los 1300 dibujos de Joaquín Sorolla (1863-1923) que, según se explicaba, posee la Fundación Sorolla.
Pocos meses antes estuve en otra dedicada a los dibujos de Jacopo Pontormo (1494-1556) en la Fundación Mapfre, también en Madrid, que me impresionó considerablemente.
Sin ánimo de sentar cátedra sobre nada, he reunido aquí algunos de aquellos dibujos del florentino, junto a los bocetos o estudios que, casi quinientos años más tarde, realizaba el valenciano para algunos de sus cuadros, en que el cuerpo desnudo de los niños es el protagonista.
De un lado el naturalismo del artista de la luz mediterránea y, del otro, la tensión de un pintor del Cinquecento en creciente ruptura con los cánones mentales en los que se formó. Sorolla en progresión hacia la fama, Pontormo en camino hacia la incomprensión.
Salvo que algún día la exposición de otros bocetos demuestre lo contrario, en los dibujos de tema infantil o juvenil de Sorolla no es protagonista la mirada, pues los retratos de familia la recogen de forma convencional.
Cuando hablo de bocetos, es porque el trabajo a piedra negra, carboncillo o lápiz, de Pontormo o de Sorolla, se debe con frecuencia a la necesidad de bosquejar o de hacer estudios para telas o frescos, como reflexiva y tensa preparación en el primero, con la espontaneidad de lo cotidiano en el segundo.
Los dibujos de escenas de maternidad del español son retratos de intimidad familiar, los del italiano son inquietantes composiciones preparatorias de alguna de sus madonnas con el niño, misteriosamente desacralizadas, donde los ojos abren ventanas a un vacío interior.
Los cuerpos dibujados por Pontormo reflejan la manera de Miguel Ángel, filtrada por la influencia de Durero, pero los rostros de sus bocetos, sobre todo los ojos, son originales y anticipan las miradas del expresionismo moderno.
El boceto de un muchacho para el luneto de Vertumno y Pomona en la Villa Medicea de Poggio a Caiano (1519-1521) es un ejemplo de esa maestría inquietante y única. Fuese quien fuese el modelo (quizás uno de los aprendices que le molía los pigmentos) las cuencas vacías son una constante de esos bosquejos, que, trasladados al lienzo o el fresco, se convierten en ese tipo de miradas opacas que son su marca distintiva.
No ha de extrañar que su obra sagrada dejase descolocado a más de uno de sus píos comanditarios.
Siglos más tarde otro artista, igual de hábil para el pergeño y el trabajo rápido con el lápiz, el carboncillo o la aguada, no tuvo tal problema, pues, por la misma época en que Picasso, Braque o Juan Gris removían las constantes del arte, a Sorolla le pedían lo que daba y daba lo que le pedían.
Sorolla vivió aceptado, dibujando y pintando en la certidumbre. Pontormo vivió en soledad y dibujó y pintó en la perplejidad.
De repente la noche
Recordando a Kurt
.
El vaivén del embarcadero
Amodorrado
Acuna al tiempo
.
La luna anublada presagia
Lluvia
Para mañana
El primer frío de la noche
Húmedo
Trepa por mi espalda
.
La nave que retorna
Ingrávida
Hechiza la hora
La corriente de la ría
Tintada
Va herida de luces
.
El barco fantasma
Varado
Ahoga su memoria
Las cejas del mercado
Agudas
Cincelan el agua
Los pies palpando adoquines
Mecánicos
Me transportan a casa
.
Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito seraSalvatore Quasimodo
Detalles de Madrid
Para Manolo
Estoy de visita en Madrid, sólo por dos días más.
El lector me perdonará que esta semana no haya podido elaborar alguno de los temas que esperan en mi cartera de futuros.
Sin embargo, al hilo de mis paseos en familia, la cámara que siempre llevo en una cartuchera prendida del cinturón ha seguido moderadamente activa.
Gracias a ello abro hoy esta especie de crónica batiburrillo con la imagen de un alevín de pintor que gatea junto a la tumba de Goya en la capilla de San Antonio de la Florida, la que que alberga esos frescos deslumbrantes en los que condensó su genio.
Al otro lado del paseo se alza su estatua
El río de Madrid
El río Manzanares finge profundidades,
dispone balcones para los pescadores
o asiste al idilio de la columna y el árbol
Botánica
Algunas de mis capturas fotográficas proceden de los invernaderos magníficos y luminosos de la “Casa de Vacas, junto a la «Casa del Reloj», no lejos de los parques del Madrid Río en las riberas del Manzanares y parte del antiguo matadero, recuperados para la cultura y el esparcimiento.
Nunca dejan de sorprendernos esos cactus (oriundos de Méjico) que en su perfecta geometría son viva demostración de la teoría de fractales
En otro orden de cosas, las patas –perdón, quise decir las raíces- de algunas plantas del trópico, podrían inspirar relatos de metamorfosis
Apariencias
Puestos a buscar transformaciones, no faltan en Madrid los trampantojos que transforman los muros de la ciudad.
En lugar de un muro así
hay, a pocos pasos, otro así
En la Casa Museo de Joaquín Sorolla
Del mural urbano damos un salto a los jardines de la que fue casa de Joaquín Sorolla, adonde vienen a inspirarse artistas que pintan al aire libre.
Hay quien ha llegado desde Hawai, como es el caso de Kyoko Ishigami
Con su caballete encontramos también a un Sorolla en miniatura, en una vitrina de su estudio, junto a una reproducción de la Venus de Cherchell
A pocos pasos, ondean la túnica al viento de la Victoria de Samotracia y los ropajes luminosos de sus paseantes de playa
Una de las muchas esculturas de tradición clásica que coleccionaba, en este caso en el jardín del museo, parece representar a un muchacho con un odre
que orina discretamente
Otra de las esculturas de su colección, en la que fue su mansión y su lugar de trabajo, se recorta bajo un luminoso ventanal
Luz y perfiles
Registro siluetas del cielo de Madrid, sobrevolando la calle de Alcalá
y en la misma calle, ya cerca de la Puerta del Sol
o en su confluencia con la Gran Vía
Las barandillas del edificio de un antiguo banco, cuyas entrañas se están demoliendo aunque la fachada se va a conservar, se recortan en los vanos de sus balcones, como si innumerables cuencas vaciadas de sus ojos se abrasasen en luz y polvo
….
Termino por hoy con el callejón y la fachada de la casa, viva y bien conservada, en la que nací






































































































































