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Seducciones

4 enero, 2015
Primera nieve.  Foto R.Puig

Primera nieve. Foto R.Puig

Nieve de un día

La sabíamos efímera, nos lo había dicho la mujer del tiempo, la que aparece delante de unos mapas llenos de pictogramas en el telediario.

La sabíamos pasajera, la nieve.

Esperando a los Reyes Magos. Foto R.Puig

Esperando a los Reyes Magos. Foto R.Puig

Y sin embargo, cómo nos fascina, cómo nos hipnotiza, inmaculada.

Promete, borra ruidos, nos lleva de vuelta hacia la infancia. Nos salva.

Memorial Raoul Wallenberg.  Foto R.Puig

Memorial Raoul Wallenberg. Foto R.Puig

Fue hace pocos días.

Se nos regalaron unas horas de navidades blancas.

Los ruidos, absorbidos por la alfombra blanca, se habían ido.

El hielo sobre el empedrado, cubierto, no inquietaba. Podíamos caminar sobre esa materia fría, mullida, amable, que lo cubre y lo anula.

Nieve en el barrio de Haga.  Foto  R.Puig

Nieve en el barrio de Haga. Foto R.Puig

La nieve duró un día.

Se ha marchado.

La breve ilusión de un invierno blanco ha cedido al invierno gris.

 

Teatro para tiempos de engaño

La ilusión de la nieve no es la única de estos días.

Tartuffe. Stadsteater. Göteborg

Tartuffe. Stadsteater. Göteborg

En el Goteborgs Stadsteater asistimos a la representación del Tartufo, esa obra maestra en la que Molière plasmó la figura emblemática del hipócrita.

El beato seductor exige, promete, juzga y se presenta como ejemplo de virtud, para al final justificar sus reales propósitos:

El amor que profesamos a las eternas beldades

No  sofoca en nosotros el amor de las temporales

 .

L’amour qui nous attache aux beautés éternelles

N’étouffe pas en nous l’amour des temporelles

Algo así como lo que más tarde diría Groucho Marx:

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros

Eric Ericson como Tartufo. Stadsteater. Göteborg

Eric Ericson como Tartufo. Stadsteater. Göteborg

La mejor comedia es la que encierra en su fondo una tragedia para, al final del juego, aliviar al público con una catarsis salvadora que resuelva el drama con su solución amable. Así ocurre en el Tartufo  de Jean-Baptiste Poquelin  (1622-1673), ese admirable actor y creador de sátiras a quien la muerte alcanzó sobre las tablas y que la Iglesia no quiso enterrar en sagrado.

Es acertado haberla  programado durante el tránsito de un año a otro, con ocasión de estos fastos engañosos del tiempo. ¿No es acaso el calendario un decorado de teatro?

Además los actores del Stadsteater son excelentes, acordes con el perfil que Camus hizo del comediante:

Siempre ocupado en figurar lo mejor posible, (el actor) demuestra hasta qué punto el parecer hace al ser.  Ya que en eso consiste su arte, en fingir absolutamente, en adentrarse al máximo en unas vidas que no son las suyas

Es preciso que en tres horas padezca y exprese todo un destino excepcional. Es lo que se llama perderse para reencontrase. En esas tres horas sobre el escenario recorre hasta el final el camino sin salida que al hombre de la platea le supone el curso de toda una vida

Mimo de lo perecedero, el actor sólo se ejercita y se perfecciona en la apariencia

(Albert Camus, Le mythe de Sisyphe, Gallimard, 1942. La traducción es mía

Sin embargo, en la vida real y en los dramas colectivos no ocurre como en la obra de Molière, en la que un soberano benigno y justiciero -concesión a lo políticamente correcto- desenmascara al tartufo de turno.

La historia no suele ofrecer esas magias salvadoras.  Gente e individuos parecemos destinados a seguir al flautista, a caer al río una y otra vez, como los niños y los ratones de Hamelin.

Luego sobrenadamos como podemos y hasta el siguiente engaño.

Pero ya que empezamos año y es tiempo de esperar a mejor, unos días después, frente a un cielo que por hoy no nos engaña, volvemos de caminar con la piel al sol, los pies cansados pero la mente clara.

El Segaria desde la carretera de Vall de Ebo a Pego.  Foto M.Puig

El Segaria desde la bajada de Vall de Ebo a Pego. Foto M.Puig

2 comentarios leave one →
  1. 4 enero, 2015 15:56

    Son una fiesta tus textos, Ramón, bien lo sabes, un banquete de sensaciones, de ternura y de sabiduría. Y qué rostro como tallado para ser Tartufo el de Eric Ericson, ¿verdad?

    Lo mejor para ti y los tuyos en este 2015, y no dejes, por favor, de seguir describiendo y fotografiando los paisajes que no andan a nuestro alcance. Un beso.

  2. 4 enero, 2015 19:21

    Tienes toda la razón, Luisa.

    Disfrute de lo lindo con un plantel de autores extraordinario. Y Ericson pasaba de un estado al otro con una facilidad pasmosa. Incluso se revuelca por los suelos cuando tiene que fingir a tope con una fuerza de atleta y unos gemidos fenomenales, en ese momento cumbre en el que el hijo de Orgón le acusa. Con el rostro y con toda su persona.

    .¡En una versión en sueco, antigua, de la obra de Molière traducida al sueco en verso!

    Me alegra mucho saber que mi blog da alegrías. ¡Gracias!

    Un fuerte abrazo y un 2015 con todo lo bueno para ti y los tuyos.

    Ramón

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