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Tiempo chungo

21 diciembre, 2014
Tiempo chungo. Foto R.Puig

Tiempo chungo. Foto R.Puig

El tiempo, como mis vértebras, estaba chungo ayer. Pero hay que moverse, lo dicen los geriatras. Así que deambulo, un poco a pie y otro poco en barco.  Floto con el “Rápido de la ría” (el “Älvsnabben”), un medio de transporte, especie de tranvía acuático, que me recuerda al vaporetto, pero sin Venecia.

En el Rápido de la ría. Foto R.Puig

En el Rápido de la ría. Foto R.Puig

Unos cormoranes sedentarios, que al parecer no migran, tienen su tertulia frente al embarcadero de Rosenlund, muy cerca de la embocadura de uno de los canales en las aguas de la ría. Este territorio es un buen lugar de pesca para estos incansables submarinistas.

Cormoranes sedentarios. Foto R.Puig

Cormoranes sedentarios. Foto R.Puig

Al otro lado de la ría, unas enormes grúas, rojas durmientes,  presiden los diques secos, amenazados de desmantelamiento en aras de la deslocalización. Estos grandiosos insectos de metal son patrimonio de la ciudad, recuerdos de la otrora próspera industria naval  de Gotemburgo.

Patrimonio de la ciudad. Foto R.Puig

Patrimonio de la ciudad. Foto R.Puig

La figura de la mujer del marinero que espera su retorno se mantiene impertérrita envuelta en turbulencias.

Tarde nebulosa. Foto R.Puig

Tarde nebulosa. Foto R.Puig

A diferencia de esos cormoranes asentados en la ría, las gentes de este planeta emigramos sin descanso, lo hemos hecho siempre y nos amoldamos a ello, incluso al proceso de aprendizaje de una lengua que no resulta fácil.

Hace dos días se celebraba el fin del semestre y la llegada de las fiestas de Navidad en la escuela de lengua sueca para inmigrantes (SFI: Svenska För Invandrare), cuyas aulas frecuento con la esperanza de afianzarla mejor en mis reacias neuronas.  Soy parte de un alumnado que procede de todos los continentes, inmigrantes y refugiados que han obtenido su permiso de residencia en Suecia y para quienes la lengua es una llave de integración y de futuro para ellos y sus familias.

Entre clase y clase nos contamos nuestras historias. La mía, ciudadano jubilado de la UE, es confortable, la de ellos y ellas es casi siempre un azaroso viaje desde países en guerra y situaciones inhóspitas.  Lo que yo contase no añadiría mucho a lo que los medios ya nos escenifican cada día.

No obstante, lo impersonal adquiere un rostro mientras compartimos clases y pausas de café.

Acabado el festejo, caminando de vuelta al centro, un joven de nombre arameo, natural del nordeste de Siria, me explica cómo ha llegado: primero a través de Turquía, luego en patera a Grecia, de allí, clandestino en un camión sobre un ferry, hasta Italia, para, superada la frontera, acabar explicando a la policía en un campo de refugiados en Alemania que lo que él quiere es llegar a Suecia para reunirse con su hermano. Su condición de cristiano en el norte de Siria y el contar con un enganche familiar en Gotemburgo será lo que convencerá a los agentes alemanes para darle un billete de tren hasta su nueva patria de acogida. Los servicios de empleo de los ferrocarriles suecos le han dado un trabajo a medio tiempo que le permite seguir con los cursos de sueco. Algún día podrá retomar sus estudios universitarios.

Y así me hablan de otros itinerarios y otras esperanzas. Son hombres y mujeres de Eritrea, Irak, Siria, Somalia, Turquía, Tailandia, Nigeria, Gambia, Irán, Bosnia, Gaza, Perú, Libia, El Salvador…

Ismail, Medhani y Ramón en la escuela de sueco.

Ismail, Medhani y Ramón en la escuela de sueco.

6 comentarios leave one →
  1. Verónica permalink
    21 diciembre, 2014 14:55

    Nunca supe cómo llegué a este blog, pero desde hace un tiempo recibo las actualizaciones en mi correo electrónico. Desde mi posición actual de cormoran porque estoy viajando cerca o poco, da gusto leer la historia y los sitios que comparte con tanta sensibilidad, emoción y a la vez cercanía.
    Gracias por compartirlo! Saludos desde Uruguay.

    • 21 diciembre, 2014 15:20

      Muchas gracias, Verónica. Como sea que haya llegado al blog, lo que le aseguro es que a mí me gustaría poder llegar algún día a Uruguay, la patria de uno de mis poetas favoritos, Jules Supervielle, algunos de cuyos textos y poemas traduje y publiqué hace unos años.

      Aquél que escribió:

      Toutes les brebis de la lune
      Tourbillonnent vers ma prairie
      Et tous les poissons de la lune
      Plongent loin dans ma rêverie.

      Todos los corderos de la luna
      Se apiñan en mi pradera,
      Y todos los peces de la luna
      Se abisman en mi quimera.

      Pienso que esas praderas suyas eran las del Uruguay de su niñez. Del que también recordaba:

      “Afuera hace bueno. ¡El cielo es puro! ¿No sentís esa caricia sin viento en vuestra cara? Tiene que ser el otoño uruguayo. Montevideo está hermosa y reluciente. Las casas pintadas de colores claros, rosa, azul y verde suaves. Y el sol que remonta las aceras. El cielo desciende por la calzada, se mezcla con los coches, se acomoda junto a los cocheros. Y por esas calles que se acercan al puerto, la mar no quiere tampoco ser olvidada. Apenas levantáis la cabeza que os entra por los ojos.”

      Saludos desde Suecia.

      Ramón

  2. jose Maria permalink
    21 diciembre, 2014 18:49

    De un chungo que te quiere mucho a otro
    Animos s todos los estudiantes
    yo recuerdo mi época de estudiante en upsala con cariño
    god jul och brå nytt år de parte de la familia villalta compagni

    • 21 diciembre, 2014 20:07

      Gracias, José María,

      No recordaba lo de tu estancia en Uppsala, pero hoy que es la noche más larga del año es un buen día para recordar el invierno sueco, tan blanco por entonces y un poco menos ahora, al menos por estas partes, donde hoy tenemos la misma temperatura que en Madrid.

      Un abrazo muy fuerte y felices fiestas y año nuevo para ti, para Carmen y para Manu.

      La próxima vez en Madrid habrá que tomarse algo juntos!

      Ramón

  3. Mercedes permalink
    21 diciembre, 2014 20:09

    Además de mejorar la lengua sueca la experiencia en esa escuela debe ser muy enriquecedora, escuchando las historias de tus compañeros de clase, Ramón. Como para nosotros leer las tuyas, siempre tan bien contadas.
    Espero que el tiempo mejore, aunque llega el invierno…
    y sobre todo ¡que mejoren tus vértebras!
    Un abrazo (desde un Madrid que más que al otoño parece que va a despedir la primavera)

  4. 21 diciembre, 2014 23:15

    No hay peligro de que lleguen las nieves, al menos no por ahora y no en Gotemburgo. Si el mundo sigue caldeándose, dentro de cincuenta años los viñedos de Burdeos se habrán trasladado al sur de Suecia 🙂

    Por el momento, de lo que hay que cuidarse es de los resbalones sobre las invisibles placas de hielo cuando ha helado por la noche.

    Y si en Madrid estáis despidiendo la primavera, supongo que lo que me quieres decir es que las Navidades van a ser templadas y que los Reyes Magos no echaran de menos los climas de los que se supone llegaban.

    Un abrazo y Felices Fiestas

    Ramón

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