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Nuevos relatos áureos: la otra historia de San Valentín

14 febrero, 2016
La suplica de San Valentin. David Teniers iii.

La suplica de San Valentin. David Teniers iii.

La Leyenda Áurea de Jacobo de Vorágine, de la que ya hemos hablado aquí, cuenta que, como tantos aspirantes al martirio, billete directo al paraíso, a Valentín, sacerdote cristiano se le ocurrió espetarle al emperador Claudio II (214-270): Tus dioses no son sino miserables criaturas humanas, repletos de impureza. Pero, otras versiones confirmarían que además de patrón de los enamorados, San Valentín debería ser patrón de los objetores de conciencia. Si nos atenemos a esa otra leyenda, casando a jóvenes en edad del servicio militar es como se ganó la iras del emperador romano, que vio como le despoblaba de candidatos las oficinas de reclutamiento.

Claudio II. Museo de Santa Giulia. Brescia. Foto Giovanni Dal’Orto

Claudio II. Museo de Santa Giulia. Brescia. Foto Giovanni Dal’Orto

Claudio había prohibido el matrimonio de los jóvenes varones, a quienes exigía pasar por la conscripción obligatoria antes de pensar en amar y procrear.

Me lo confirmó algo que a continuación les cuento…

En el Instituto Cervantes de Bruselas, con ocasión de uno de los coloquios históricos y literarios en que participé durante mis años en Bélgica, trabé amistad con un viejito afable, que rondaba ya los noventa años y que resultó ser un jesuita jubilado que había trabajado para las ediciones de las Analecta Bollandiana en la Sociedad de los Bolandistas en los lejanos años 60 del siglo XX.

Me explicaba con gran amenidad los estudios que habían conducido a la retirada del Santoral de personajes de leyenda, como San Cristóbal y San Jorge, pues ni existieron ni nadie los canonizó realmente. De vez en cuando nos veíamos y bebíamos una que otra cerveza trapista, acompañada de un buen queso monacal. Casualmente, un 14 de febrero, le pedí que me contase la verdadera historia del santo patrón de los enamorados. Tras un momento de silencio me confesó que por culpa de San Valentín se había terminado su carrera de investigador hagiógrafo.

Había trabajado durante mucho tiempo con vetustos santorales y manuscritos, a través de los cuales había logrado, de forma crítica y minuciosa reconstruir la verdadera historia del santo, remontándose en el tiempo, mucho antes de que poeta Geoffrey Chaucer (1343-1400) mencionase el Día de San Valentín en que todas las aves buscan su pareja. 

Feliz por sus hallazgos, tras pasar las peer review de rigor entregó el texto para su publicación en los Analecta Bollandiana. Pero, los resultados de su investigación no vieron nunca la luz. Las razones que se le dieron no fueron muy claras, aunque él piensa que algo tuvo que ver en ello la censura vaticana, pues el borrador lo había enviado a un archivero de la Santa Sede para conocer su opinión, ya que alguno de los legajos consultados se custodiaba allí.

Él pensaba que el perfil biográfico de San Valentín, que ya la Leyenda Áurea de Jacobo de Vorágine había acicalado en el siglo XIII, privándole de su pasado de combatiente legionario, de su posterior oposición al servicio militar y de sacerdote casado, no estaba nada claro para las autoridades canónicas y, para colmo, más de una docena de templos católicos aseguran custodiar sus reliquias.

 

San Valentin. White Friar Church Dublin. Irish Central

San Valentin y sus restos. White Friar Church Dublin. Fuente: Irish Central

Sólo por mencionar algunos relicarios, en Dublín está el esqueleto, en Roma el cráneo

Calavera de San Valentin. Santa Maria in Cosmedin. Roma

Calavera de San Valentin. Santa Maria in Cosmedin. Roma

y en Madrid, no sólo la calavera, sino también una buena parte de sus huesos, aunque en lamentable desorden,

Reliquias de San Valentin en la iglesia de San Anton en Madrid.

Reliquias de San Valentin en la iglesia de San Anton en Madrid.

en Francia los restos se reivindican en al menos tres lugares

Reliquias de San Valentin en procesión en Roquemaure. Francia

Reliquias de San Valentin en procesión en Roquemaure. Francia

y en Atenas lo conservan íntegro en en la Iglesia de los Capuchinos.

En definitiva que no sólo no se publicó su artículo, sino que en 1969, a San Valentín lo sacaron del Santoral Romano, y mi confidente se quedó compuesto y sin santo. Pero me dejó una fotocopia de su extenso y documentado estudio, biográfico y crítico, que había quedado inédito con el título Des récentes découvertes sur la vie de Saint Valentin.

Aquellos folios se han perdido en alguna de mis mudanzas, pero guardé el resumen. Así que, aunque hayan pasado más de quince años de esto, pienso que hago honor a la memoria de mi amigo sintetizando aquí lo que para él era la rigurosa y verdadera historia de San Valentín, patrón de los enamorados. Oficialmente no tiene día en el santoral, aunque eso a nadie le importe, pues los fieles siguen festejándolo mal que les pese a los Analecta Bollandiana y a la Santa Sede.

Las cosas habrán sucedido más o menos así:

Los legionarios romanos tenían que estar dispuestos a todo según las estrictas reglas del emperador Claudio II en el siglo III de nuestra era. Durante su mandato, las guerras para mantener a los germanos, alanos y vándalos a raya, así como para recuperar los territorios secesionistas en la Galia o en Oriente fueron continuas. El servicio en las legiones era obligatorio para todos los jóvenes romanos, a los que el emperador había prohibido casarse antes de pasar unos años en la milicia. De esa dura etapa tenía experiencia Valentín, quien había pasado diez azarosos años combatiendo en la Galia, en los Balcanes, en las fronteras con los germanos o en las decisivas batallas para expulsar a los godos fuera del Imperio.

Le ocurrió de todo, desde el acoso de sus conmilitones cuando era aún un novato hasta heridas graves en repetidas ocasiones Cuando retornó a Roma como un heroico veterano, estaba sumido en un síndrome postraumático y era incapaz de conciliar el sueño en sus noches de pesadilla. Había vivido la crueldad de la guerra, las matanzas cuerpo a cuerpo, las crucifixiones de enemigos y la muerte de numerosos compañeros.

Los cristianos captaban a muchos legionarios retirados, deseosos de olvidar. Y así fue como Valentín se convirtió y fue bautizado y pudo reconciliarse con su pasado. En los ágapes de las catacumbas, los veteranos se vaciaban de sus recuerdos traumáticos y encontraban en ello un lenitivo, recuperando poco a poco el gusto de vivir.

No obstante, Valentín pensaba que consolarse no era suficiente y había decidido enfrentarse a la locura de las continuas guerras, que arruinaban a lo mejor de la juventud romana. Los legionarios, cuando, retornados de las batallas, fundaban una familia no conseguían encarrilar sus vidas y, a menudo, hacían desgraciados a esposas e hijos, si es que no terminaban suicidándose.

Tras diez años de campañas, Valentín detestaba la guerra y decidió presentar su candidatura al sacerdocio. Su espíritu de iluminado y su elocuencia le facilitaron el acceso a las órdenes sagradas. Esa era la primera parte de su plan para combatir la irrefrenable belicosidad del emperador Claudio II. Llegó a ser el presbítero más popular de Roma. Todos los jóvenes enamorados acudían en masa a que les casara.

Durante un tiempo los efectos de todos estos casorios no se notaron, pero, poco a poco, los legionarios casados secretamente por Valentín, contraviniendo los decretos del Imperio en esta materia, fueron dando muestras de flojera en el combate, incluso desertaban para volver al lecho conyugal, se negaban a torturar y crucificar a los prisioneros, o comidos por la melancolía se descuidaban y se hacían matar por los bárbaros, cuyos ejércitos avanzaban con mujeres y prole en retaguardia, por lo que se batían como cualquier fiera que defiende a su hembra y a sus cachorros.

Al final, Valentín fue capturado y es entonces cuando, no contento con proclamar sus objeciones contra la guerra y declarar que no se arrepentía de nada, le espetó a Claudio que sus dioses eran basura.

El resto es conocido, salvo un detalle, el de que Valentín no era célibe, era un cura casado que predicaba con el ejemplo. Julia, su esposa, era hija de un cónsul, que se convirtió con toda su familia cuando Valentín logró con sus plegarias que Julia, que era ciega de nacimiento comenzase a ver. Como el presbítero era buen mozo y fue el primero a quien vio la ciega, el flechazo fue inmediato. Los había casado el obispo, pensando ¡ay! que para siempre serían felices. No contaban con que la ira del emperador no la aplacarían ni siquiera los ruegos del cónsul, ni de la madre de Julia, de ascendencia patricia y emparentada con el emperador. A Valentín lo decapitaron. Su viuda vivió muchos años más dedicada a mantener la historia del mártir, que poco a poco se fue convirtiendo en el patrón de los enamorados. 

En resumen, si atendemos a lo que descubrió el viejo bolandista, no sólo no deberían haberlo sacado del Santoral Romano sino que tendría que ser también el patrón de los objetores de conciencia y de los curas casados.

Valentín se adelantó en dos mil años a la generación del flower power, pues en sus actos proclamó con rebeldía aquello de haz el amor y no la guerra.

San Valentin redivivo. Fuente-Taringa.net

San Valentin redivivo. Fuente:Taringa.net

Yo animaría a que, según el espíritu de la Teología de la Liberación, el Sínodo de los Obispos elabore una ponencia al respecto.

Breverías erasmianas (XXV): «Proteo mutabilior» (Más cambiante que Proteo)

7 febrero, 2016
Proteo. Grabado de Cornelius Nicolas Schurtz de 1692

Proteo. Grabado de Cornelius Nicolas Schurtz. 1692

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«Proteo mutabilior»

Más cambiante que Proteo

II, ii, 74

.

Erasmo encabeza la glosa de este adagio con la formulación latina del original griego, para, a continuación, al inicio de su comentario, utilizar la versión clásica griega, Πρωτἑως ποικιλὠτερος (Proteo poikilóteros), en la cual se usa el adjetivo ποικιλος (cambiante, equívoco) y la terminación comparativa de cantidad τερος (más que).

Se trata de un proverbio que designa a quienes son astutos y se dan maña para presentarse en cada momento según la forma que más les convenga. Y recurre a Luciano (un autor al que cita 335 veces en sus Adagios), que en su diálogo de Los sacrificios dice que Júpiter tiene tantas apariencias como el mismo Proteo, pues frecuentemente se transfiguraba en cosas varias.

Luego cita a Platón (Ion, 541e): como Proteo, tú tienes la costumbre de adoptar todo tipo de formas, contorsionándote sin descanso (sursum ac deorsum teipsum distorquens)

Cita también a Plutarco (Moralia, 51D) el cual dice que los griegos tienen el término dysphôratos (difícil de atrapar), que designa a los individuos que son mudables como Proteo.

Proteo cambia de forma

Proteo cambia de forma

Erasmo da por supuesto que sus lectores no necesitan que se les explique esta leyenda: Creo que la fábula de Proteo es tan conocida que no necesito repetirla aquí. Se la encuentra en Homero, en el capítulo cuarto de la Odisea (4456-8), y en Virgilio, en las Geórgicas, también en el cuarto libro (4440-2).

Es claro que el humanista se refería al público culto de la Europa de su tiempo que leía el latín. En nuestros días no será fácil que, a pesar de las abundantes ediciones de Homero y de Virgilio, encontremos demasiada gente que los lea. Más bien diríamos que la fábula está disponible en la Wikipedia para quien se interese por ella.

A continuación recuerda a otro transformista mítico, a quien el adagio se puede aplicar también: es posible asimismo decir ‘inestable como Vertumno’, un dios que también adopta todo tipo de apariencias,  a lo que alude su nombre latino.

En efecto, este dios del otoño, marido de Pomona, in   omnem   speciem   vertit.

Rodolfo II como Vertumno. Arcimboldo. Skokloster Slott. Suecia

Rodolfo II como Vertumno. Arcimboldo. Skokloster Slott. Suecia

.

Transformista era también Empusa, por lo que le conviene igualmente el adagio (Empusa mutabilior). De ella decía Luciano (Diálogo sobre la danza, 19) que podía revestirse de miles de formas diferentes, y en Las ranas de Aristófanes (288-93) aparece una empusa que, ante los ojos de uno de los protagonistas, se transforma sucesivamente en buey, mula, jovencita y finalmente en un perro agresivo.

Y Erasmo explica:

una empusa es una especie de espectro, enviado por Hécate, que se deja ver en los momentos de miseria y desastre y suele presentar apariencias diversas. Piensan algunos que tiene por costumbre aparecerse, en torno al mediodía, a quienes están ofreciendo sacrificios por los muertos…

…dicen que como parece tener un solo pie, el nombre de ‘empusa’ le vendría de las palabras ‘uno’ y ‘pie’ en griego

.

Finalmente, cierra su comentario con algo que Demóstenes (Dem. 18.130) cuenta sobre la madre de Esquines, quien se habría visto obligado a cambiar el nombre de su progenitora y llamarla Leucotea, avergonzado de que se llamase Empusa, nombre que en aquel tiempo significaba mujer de dudosa conducta, que por dinero estaba dispuesta a hacer cualquier cosa o a que le hiciesen de todo.

(NOTA: Es sabido que ambos andaban a la greña, Esquines tratando a su rival de depravado y corrupto, y Demóstenes insultando a la madre de su enemigo).

Para compensar los golpes bajos del ilustre orador contra su rival político, volvamos a Vertumno, jóven y reconocible, en una adorable escena con su amada Pomona

Vertumno y Pomona. Rubens. Madrid. Colección privada. Fuente Wikipedia

Vertumno y Pomona. Rubens. Madrid. Colección privada. Fuente Wikipedia

Hasta aquí la glosa breve y filológica con la que Erasmo comenta el adagio sobre Proteo. En esta ocasion no se prodiga en reflexiones de índole moral o política. Así que, si las echan de menos, recurriremos a un soneto cincelado por Jorge Luis Borges:

A Proteo

.

Antes que los remeros de Odiseo

fatigaran el mar rojo como el vino

las inasibles formas adivino

de aquel dios cuyo nombre fue Proteo.

.

Pastor de los rebaños de los mares

y poseedor del don de la profecía,

prefería ocultar lo que sabía

y entretejer oráculos dispares.

.

Urgido por las gentes asumía

la forma de un león o de una hoguera

o de árbol que da sombra a la ribera

.

o del agua que en el agua se perdía.

De Proteo el egipcio no te asombres,

tú, que eres uno y muchos hombres.

.

Herma bifronte. Museo Arqueológico de Córdoba

Herma bifronte. Museo Arqueológico de Córdoba

(NOTA: Texto latino de “Les Adages d’Érasme” présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon, 2010, pp.978-979. La traducción es mía)

Niebla

31 enero, 2016
Centinela. Foto R.Puig

Centinela. Foto R.Puig

 

La niebla es un tamiz que filtra los sonidos, los acerca o los aleja, nos engaña o nos envuelve en reminiscencias y sueños.

En el muelle. Foto R.Puig

En el muelle. Foto R.Puig

Arrastrados por el rumor de una sirena, ese velo de aguaire es capaz de separarnos del momento en que vivimos, para transportarnos a aquellos mundos imaginarios de las leyendas que nos extasiaron, cuando apenas estábamos saliendo de la infancia.

Como la del blasfemo capitán van der Decken, el holandés errante, condenado a vagar eternamente por los mares, que dio materia a Richard Wagner para  El buque fantasma

El buque fantasma. Foto R.Puig.

El buque fantasma. Foto R.Puig.

También García Márquez retomó la fábula, esta vez a partir de las consejas de los pueblos marineros de Colombia:

…el trasatlántico inmenso, sin luces y sin ruidos, que una noche pasó frente al pueblo como un gran palacio deshabitado, más largo que todo el pueblo y mucho más alto que la torre de su iglesia, y siguió navegando en tinieblas hacia la ciudad colonial fortificada contra los bucaneros al otro lado de la bahía, con su antiguo puerto negrero y el faro giratorio cuyas lúgubres aspas de luz, cada quince segundos, transfiguraban el pueblo en un campamento lunar de casas fosforescentes y calles de desiertos volcánicos, y aunque él era entonces un niño sin vozarrón de hombre pero con permiso de su madre para escuchar hasta muy tarde en la playa las arpas nocturnas del viento, aún podía recordar como si lo estuviera viendo que el transatlántico desaparecía cuando la luz del faro le daba en el flanco y volvía a aparecer cuando la luz acababa de pasar, de modo que era un buque intermitente que iba apareciendo y desapareciendo hacia la entrada de la bahía…

El ultimo viaje del buque fantasma

Hay otros buques que aún no son fantasmas, pero quién sabe, quién sabe…

Más tarde. Foto R.Puig

Más tarde. Foto R.Puig

.

Velo

Si la nieve, decíamos la semana pasada, es un manto de silencio, la niebla es la capa de los rumores y el velo del presentimiento

Ausencias. Foto R.Puig.

Ausencias. Foto R.Puig.

Cuando el deshielo comenzó a disolver la nieve, paseaba yo por los muelles, casi solo, con una sensación de irrealidad feliz

Los pecios del frio. Foto R.Puig

Los pecios del frio. Foto R.Puig

Puede que la niebla entristezca, sobre todo si se mira desde la ventana, pero si se acepta, si nos adentramos en sus pliegues como en un útero sin límites, si probamos a evaporarnos a rostro descubierto, hay algo de lenitivo en ella

Cuando la niebla despliega su velo. Foto R.Puig.

Cuando la niebla despliega su velo. Foto R.Puig.

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Escisión

Abandonarse a la niebla, aceptar las normas que presiden sus parajes es como una cesura, una escisión que sentimos pero que no gobernamos, una metáfora de la vida y sus tanteos

Luis Cernuda (1902-1963) supo mucho de nieblas durante su exilio en Inglaterra

Tarde oscura

Lo mismo que un sueño
Al cuerpo separa
Del alma, esta niebla
Tierra y luz aparta.

Todo es raro y vago:
Ni son en el viento,
Latido en el agua,
Color en el suelo.

De sí mismo extraño,
¿Sabes lo que espera
El pájaro quieto
Por la rama seca?

Lejos, tras un vidrio,
Una luz ya arde,
Poniendo la hora
Más incierta. Yace

La vida, y tú solo,
No muerto, no vivo,
En el pecho sientes
Débil su latido.

Por estos suburbios
Sórdidos, sin norte
Vas, como el destino
Inútil del hombre.

Y en el pensamiento
Luz o fe ahora
Buscas, mientras vence
Afuera la sombra.

De Como quien espera el alba (1941-1944)

.

Luis Cernuda Antología Poética, pp.210-211,  ed. Ángel Rupérez, Madrid, Austral, 2007

Apenas. Foto R.Puig

Apenas. Foto R.Puig

….

Pero, por si acaso, y porque no quiero que nadie se ponga triste, mirad como, incluso en estos días de niebla, el pesquero del chiringuito del pescado, siempre anclado en los muelles de Eriksberg, luce su guirnalda de verbena, a modo de conjuro contra buques fantasmas

Un pesquero festero. Foto R.Puig

Un pesquero festero. Foto R.Puig

 

Días en blanco

24 enero, 2016

 

Enero en el Slottsskogspark. Göteborg. Foto R.Puig.

Enero en el Slottsskogspark. Göteborg. Foto R.Puig.

“…me parece que aquí, durante el invierno,

los pensamientos de los hombres se congelan del mismo modo que las aguas”

Carta de René Descartes a Nicolas Flécelles de Brégy, Estocolmo 15 de enero de 1650

.

René Descartes (1596-1650) expresa esta sensación desapacible en el mes de enero del invierno más frío de todo el siglo XVII, recluido en una mansión de Estocolmo, cuando le quedan veintisiete días de vida.

Según se dijo oficialmente murió de neumonía, aunque los síntomas, como se descubrió hace algo más de treinta años, eran más bien los del envenenamiento por arsénico.

En la misma carta a Brégy se lamenta así:

aquí no estoy en mi elemento, y no deseo otra cosa que tranquilidad y reposo, esos bienes que los más poderosos Reyes de la tierra no pueden dar a quienes no sepan tomarlos por sí mismos

Por fortuna, nosotros tenemos mejor calefacción que aquel sabio a quien Cristina de Suecia (1626-1689) citaba cruelmente en su biblioteca de palacio, a las cinco de la mañana, para departir con él, supuestamente de filosofía pero, sobre todo, para encargarle caprichosas tareas. El buen hombre no tardó en arrepentirse de haber acudido a Suecia, sobre todo porque para llegar a la puerta de la demora real tenía que recorrer unos centenares de metros a muchos grados bajo cero. Como cuentan los cronistas, el protocolo real no le permitía cubrirse la cabeza durante las audiencias, lo que en cierto modo explica su reflexión sobre la congelación de los pensamientos.

Tras hacerse responsable de la muerte a los 53 años del filósofo, Cristina de Suecia, maldita sea la gracia, se mudó a climas mediterráneos, para lo que le convino abjurar de la fe luterana (mérito en gran parte de algunos ilustrados jesuitas) y ser recibida apoteósicamente en Roma, donde moriría a los 63 años, en primavera y en unos aposentos bastante más cálidos que los de Descartes en Estocolmo.

Al sabio le dejaron el magro consuelo de un pomposo monumento en una iglesia de Estocolmo.

Monumento a Descartes en la Adolf Fredriks Kyrka. 1770. Estocolmo. Foto Wikipedia.

Monumento a Descartes en la Adolf Fredriks Kyrka. 1770. Estocolmo. Foto Wikipedia.

Pobre Descartes a quien, según lo cita Giulia Belgioioso en la solapa de la edición crítica de su correspondencia completa (Milano, Bompiani, Col. il Pensiero Occidentale, 2009), lo que le gustaba de verás era pasar el tiempo en compañía de personas honestas que se muestren estima:

…el mundo es demasiado grande en proporción a las pocas personas honestas que lo pueblan; quisiera que estuviesen todas reunidas en una sola ciudad; y entonces sería feliz abandonando mi eremitorio, para irme a vivir con ellas, si me quisieran acoger en su compañía. Pues, aunque de hecho yo rehúya la multitud, por la cantidad de insolentes e importunos que en ella se encuentran, no paro de considerar que el bien mayor de esta vida es disfrutar de la conversación de las personas que entre sí se estiman

El bueno de Renato debería haber hecho caso a Erasmo cuando aconsejaba:

Parece agradable y glorioso pasearse cogidos del brazo de nobles cortesanos, mezclarse en asuntos de reyes; pero los ancianos, que por haberlo probado saben lo que es, prefieren abstenerse de esa dicha.

Erasmo de Rotterdam, en el comentario al adagio «Dulce bellum inexpertis»

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Cosas que tiene el invierno… 

Lindholmen. Göteborg. Foto R.Puig.

Lindholmen. Göteborg. Foto R.Puig.

Pero, a lo que íbamos, durante más de una semana, hemos podido sentirnos a gusto a pesar del frío y la nieve, transitando por los parajes níveos de Gotemburgo, que no veíamos así desde hace años.

Venid patitos. Sannegårdshamnen. Göteborg. Foto R.Puig.JPG

Venid patitos. Sannegårdshamnen. Göteborg. Foto R.Puig.JPG

Aunque, la verdad, no sé si mis neuronas a bajo cero alucinaron, pero me pareció que el autor de la Meditaciones filosóficas había dado un salto al futuro para acercarse a esta orilla, como si la compañía de los patos y, sobre todo, de los niños que les echan migas, le consolara algo del recuerdo de aquella hija suya, Francine, que murió aún niña, nueve años antes que su padre.

Para sorprenderle, esta vez bien abrigado y provisto de un buen gorro de piel, yo me lo llevé a comprar comida tailandesa, en el Take away no lejos de mi estudio.

Take away. Lindholmen. Göteborg. Foto R.Puig

Take away. Lindholmen. Göteborg. Foto R.Puig

En sus tiempos, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales ya había traído especies de Asia a los Países Bajos, donde residió desde 1629 hasta su malhadado viaje a Suecia, pero dudo mucho que tuviese ocasión de degustar una sopa tailandesa bien calentita, como la que compartimos humeante en el balcón del taller.

Mi balcón. Sannegårdshamnen. Göteborg. Foto R.Puig.

Mi balcón. Sannegårdshamnen. Göteborg. Foto R.Puig.

Desde ahí pudo admirar los abedules nevados

Abedules en Sannegardshamnen. Göteborg. Foto R.Puig

Abedules en Sannegardshamnen. Göteborg. Foto R.Puig

que la semana pasada, frente a mi balcón, dialogaban quedamente con la luna

Conversación. Miraallén. Göteborg. Foto R.Puig

Conversación. Miraallén. Göteborg. Foto R.Puig

Luego ascendimos, con cuidado para no resbalar, a la «colina del fuerte», donde, de haber llamado a alguna puerta, habría encontrado gentes dignas de esas conversación entre personas que se estiman mutuamente, que, desilusionado por las experiencia de las inquisiciones y ataques que sufrió, pensaba que fuesen tan escasas en el mundo.

La colina nevada. Slottsbeget. Göteborg. Foto R.Puig

La colina nevada. Slottsberget. Göteborg. Foto R.Puig

Pero, para no arriegarnos a un patinazo, continuamos el paseo en llano por las faldas de la colina opuesta

Sörhallsberget. Göteborg. Foto R.Puig.

Sörhallsberget. Göteborg. Foto R.Puig.

Puede que le motivase el frío reinante, el caso es que me improvisó un breve discurso con sus ideas sobre el calor en la fisiología animal, algo sobre lo que tanto había investigado.

Reparaciones en el embarcadero. Ría de Gotemburgo. Foto R.Puig

Reparaciones en el embarcadero. Ría de Gotemburgo. Foto R.Puig

Tras pasar al otro lado de la ría, de vuelta al centro de la ciudad, observó con curiosidad el trabajo de los técnicos en plena faena de arreglos del nuevo embarcadero de Stenpiren. Curiosamente, hablando despacio en holandés, consiguió entenderse con el operario que le respondía en sueco.

Me dijo que los canales de Gotemburgo le recordaban los de Amsterdam. Ciertamente el Gran Canal del Puerto tiene parecido con los de su ciudad favorita, donde el pensamiento libre no estaba perseguido por teólogos orgánicos y jesuitas ultramontanos, como en su nativa Francia.

La Tyska Christinae Kyrka desde el puente sobre el Gran Canal. Göteborg. Foto R.Puig.

La Tyska Christinae Kyrka desde el puente sobre el Gran Canal. Göteborg. Foto R.Puig.

Lo mismo que el curso más recoleto que bordea el Parque del Rey siguiendo el trazado de las antiguas fortificaciones de la ciudad.

El Stora Teatern desde el puente de Kungspark. Göteborg. Foto R.Puig

El Stora Teatern desde el puente de Kungspark. Göteborg. Foto R.Puig

Mientras tanto, y antes de que volviese al pasado, yo quería convencerle para que no se dejase engatusar por las ofertas de la voluble Cristina de Suecia. Quien sabe si así hubiésemos cambiado el curso de la historia de la Filosofía europea con alguna de las obras que ya estaba rumiando y que habría podido completar en la morada de Isabel de Bohemia, a la que adoraba y fue la musa que motivó su célebre carta sobre el Amor.

De cuántas pasiones hubiese sido capaz Descartes si, en vez de sólo escribir de ellas en teoría (por cierto, basándose ampliamente, en el De Anima et Vita de Juan Luis Vives), hubiese dedicado su edad madura a ponerlas en práctica.

A este propósito, se debería traducir al castellano la esquisita novela epistolar de Raffaele Simone (Milano, Garzanti, 2011, Le passioni dell’anima) en donde, entre textos originales y otros fabulados, narra los últimos meses de la vida de nuestro sabio.

Lo que si hubiera necesitado de una más larga conversación, cuando nos paseábamos por la Plaza de Olof Palme, frente a la Casa del Pueblo, habría sido la historia del movimiento obrero y socialdemócrata de la Suecia moderna

Genom arbete i arbete. Monumento a los sindicatos de trabajadores de Sam Westerholm. Plaza Olof Palme. Göteborg. Foto R.Puig.

Genom arbete i arbete. Monumento a los sindicatos de trabajadores de Sam Westerholm. Plaza Olof Palme. Göteborg. Foto R.Puig.

La verdad es que a la trabajadora embarazada que arenga a las masas, mientras un compañero enarbola la bandera roja, se la ve no sólo cubierta de nieve estoicamente, sino que se presiente que los últimos escándalos protagonizados por los sindicatos socialistas en Suecia, de poder asomarse a nuestro tiempo, la hubieran dejado perpleja.

A Hjalmar Brantning lo que le hubiera dejado helado sería la bajada en picado de las expectativas de voto del partido socialista en el poder.

Hjalmar Branting con su casco de nieve. Plaza Olof Palme. Göteborg. Foto R.Puig

Hjalmar Branting con su casco de nieve. Plaza Olof Palme. Göteborg. Foto R.Puig

Por no hablar de padre del sindicalismo sueco y, más tarde diputado, Charles Lindley, que se ha cubierto con un pasamontañas blanco para no dejarse ver.

Charles Lindley enmascarado de nieve. Plaza Olof Palme. Göteborg. Foto R.Puig.

Charles Lindley enmascarado de nieve. Plaza Olof Palme. Göteborg. Foto R.Puig.

¡Si Olof Palme levantase la cabeza!

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Pero, lo siento, ahora debo atender a René que, no sé si motivado por los más de tres siglos de filosofía política y movimientos sociales que he tratado mal que bien de resumir a petición suya (eso sí, delante de una jarra de cerveza artesanal sueca en el pub irlandés cercano), me está friendo a preguntas sobre la razón de esos monumentos que le he mostrado.

Mientras caminamos en dirección a la Biblioteca de Gotemburgo, donde pretendo mostrarle las numerosas versiones de sus obras, he alzado la vista y mi índice para señalarle unos pináculos del siglo XIX cubiertos de nieve…

Pináculos. Västra Hamngatan. Göteborg. Foto R.Puig.

Pináculos. Västra Hamngatan. Göteborg. Foto R.Puig.

…y -¡zas!- cuando me he vuelto, ¡Monsieur Des Cartes se había esfumado de vuelta al pasado! mientras las campanas de la catedral de Gotemburgo tañían convocando a los fieles

La catedral de Gotemburgo. Foto R.Puig

La catedral de Gotemburgo. Foto R.Puig

Por culpa de mi imperdonable distracción no pude convencerle de que no acudiese a la llamada de la Reina de Suecia, quien, como todos los soberanos de su época, al fin y al cabo, aunque ilustrada y políglota, fue también despótica.

Lo que ocurrió, a mi pesar, es historia irreversible.

 

El invierno es abstracto.., pero no siempre

17 enero, 2016
Formas del invierno. Foto R.Puig

Formas del invierno. Foto R.Puig

Hemos de tener nieve y en cantidad.

Nunca es más amable la naturaleza que cuando nieva.

Todo está tan callado y la tierra entera parece haberse arrebujado en un manto…

Todo está envuelto en silencio.

John Twachtman, pintor, 1891

.

La nieve es un emblema del Invierno, incluso donde no nieva.

Sin embargo, Pierre-Henri de Valenciennes (1750-1819) en sus Reflexiones y consejos a un alumno sobre la Pintura y en particular sobre el género del Paisaje, publicado en 1799, explica algunos inconvenientes de la representación de paisajes con nieve:

Pienso que para dar una idea del Invierno, el Pintor no debe limitarse a representar la nieve por todas partes, y árboles negros y despojados de sus hojas.  Esos objetos no suscitan ni interés, ni entusiasmo, son fríos, eso es todo.  Es necesario que añada al ambiente una acción, cuyo efecto, rescaldando la imaginación, influya en el espectador hasta el punto de que lamente no haber sido testigo de esta escena emocionante.

De esa forma reflexionaba el pintor a finales del siglo XVIII, cuando aún estaba por llegar la versión romántica del paisaje, la que preparó, con sus grandes espacios de lo sublime, las síntesis futuras de la pintura abstracta. Precursor de esa evolución fue Caspar David Friedrich (1774-1840), quien,  a pesar de que algunos de sus cuadros parecen anunciar la abstracción de mediados del siglo veinte, justo en uno que titula El Invierno no sólo ignora las propuestas del francés, sino que más parece un expresionista algo deprimido.

El Invierno. Caspar David Friedrich.1803. Detalle

El Invierno. Caspar David Friedrich.1803. Detalle

 

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Hielo y nieve

El parque en invierno. Foto R.Puig

El parque en invierno. Foto R.Puig

Por mi parte, pienso que de alguna manera esa Naturaleza que se recluye y se vuelve avara de las explosiones de color de las otras estaciones del año (como luego explicarán también a su manera otras citas el ilustre Pierre-Henri) se aviene mejor con el arte abstracto.

Formas del invierno. Foto R.Puig

Formas del invierno. Foto R.Puig

Y, en cambio, ¿no les parece que a la primavera le va mejor un estilo impresionista, al verano el barroco y al otoño el expresionismo?

Ahí les dejo pensando, mientras yo retorno a mis divagaciones sobre el Invierno.

Formas del invierno. Foto R.Puig

Formas del invierno. Foto R.Puig

Será quizás la invención de la fotografía, precisamente en tiempos del Romanticismo, y su desarrollo en el siglo XX, cuando también se expande la práctica de la pintura abstracta, la que ha permitido investigar con calma los esquemas y las formas abstractas que están ahí ante nosotros, cada día presentes, manifiestas o elípticas, y particularmente en los entornos invernales.

Así quieren ser mis imágenes, tomadas rápidamente al hilo de mis recorridos por las calles de Gotemburgo.

Formas del invierno. Foto R.Puig

Formas del invierno. Foto R.Puig

Pero volvamos a nuestro ilustre e innovador paisajista, que no tuvo que pensar en la estética fotográfica, pero sí se invistió a fondo en la reflexión y en los consejos a sus alumnos sobre la mejor forma de resolver la pintura de la Naturaleza en todos sus estados.

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Cómo representar el Invierno

De Pierre-Henri de Valenciennes, precursor del paisaje moderno, a quien hemos citado varias veces en este blogla sala 55 del segundo piso del Museo del Louvre guarda la mayoría de las obras.  Se anticipó a la la escuela de Barbizon con su pintura en directo, en especial durante sus cuatro años en Italia y dos en Oriente Próximo. No obstante, se le recuerda más en la Historia del Arte por sus representaciones de escenas y personajes históricos dentro del paisaje, además de como teórico del paisaje neoclásico. Influyó en MichallonCorot, Delacroix, Pissaro, Sisley e incluso en Cezanne.  

Recordemos sus ideas sobre la representación del Invierno.

Llega al fin el tiempo en que la Naturaleza, tras haber provisto al hombre y a los animales de todos los productos necesarios a su subsistencia y sus placeres, rendida de fatiga y agotada, se adormece y cae en el letargo. Esta especie de sueño es de más o menos duración, según las tareas que haya llevado a cabo en las tres estaciones precedentes. El fuego que la animaba se concentra en sus entrañas; repara interiormente el abundante dispendio que del mismo ha hecho sobre la tierra. Ese calor divino que la vivificaba abandona de momento la superficie del globo a los rigores del invierno; la deja a merced de los furores de unos elementos irritados que la atormentan, la desgarran y parece que quisieran, rabiosos, hacer desaparecer los monumentos de la industria humana y hasta la última producción vegetal.

El graznido del cuervo y la aproximación de las aves del mar suelen anunciar la estación invernal; la previsión de ciertos animales y el temor de algunos otros anuncian su progreso y su duración. El despiadado Eolo abre los portones de las cavernas donde los vientos viven encadenados. Retiene al dulce Zéfiro y al provechoso Favonio, para poner en libertad al Euro estéril y al furioso Aquilón. Esos genios inquietos, endiablados y malhechores, declaran la guerra al mundo, desde la guarida de Anfítrite levantan hasta las nubes las olas espumosas, desarraigan los árboles, tumban las casas, derriban y saquean todo lo que se opone a su violencia. El frío Boreas, padre de los hielos y la escarcha, el húmedo Noto, con su frente coronada de nubes espesas y las alas empapadas de lluvia y de niebla, descarga su peso sobre la tierra y la abruma con su poder devastador. Los mortales, aterrorizados, se precipitan en busca de abrigo frente a su rabia asesina. La madre de los dioses, Cibeles, desquiciada por los vientos subterráneos, derribada de su carro hecho pedazos, acompañada de sus leones rugientes, cuya melena se eriza de espanto, implora al cielo, los ojos bañados en lágrimas, y conjura a Júpiter a que ponga fin a esos males desastrosos.

Estos párrafos describen unos dibujos de Gabriel-François Doyen (Paris 1726, San Petersburgo 1806), que fue profesor de Pierre-Henri de Valenciennes. No he logrado dar con esas escenas de mitología invernal, tan propia de las preferencias de la escuela neoclásica, pero en cierto modo el caos ártico que pintaría Caspar David Friedrich  lleva algo del furor desatado de Boreas, el padre de los hielos.

Caspar David Friedrich. El mar de hielo 1823-24. Kunsthalle. Hamburgo

Caspar David Friedrich. El mar de hielo 1823-24. Kunsthalle. Hamburgo

Pero sigamos leyendo a de Valenciennes:

A pesar de todo, las montañas se cubren de nieve y sucesivamente los valles y las planicies. Desaparece el verde de los prados. El triste ciprés, de tono negruzco, y todas las clases de pinos, de acebos y de árboles verdes, contrastan lúgubres y melancólicos sobre esta superficie de una blancura monótona y cansina. Los troncos, ennegrecidos por la humedad, retienen y soportan sobre sus ramas la nieve que acarrean los vientos. Los pacíficos habitantes de los aires, los de las llanuras y los bosques, buscan en vano su alimento; privados de socorro se debilitan y mueren, o se convierten en las víctimas del hombre, que aprovecha de la circunstancia para tenderles lazos; o la imperiosa necesidad les hace caer.

Pronto las aguas pierden su transparencia y fluidez; el frio las penetra y traba sus partes integrantes. Se vuelven sólidas; su corriente se detiene; los hielos se amontonan en masas enormes cuya inminente ruptura amenaza a todo lo que se interponga en su camino. El habitante de la orilla de los ríos, aislado, pensativo y preocupado, espera con inquietud esta crisis de la Naturaleza. Gime por anticipado por la pérdida de su asilo; llora ya la suerte de su familia desolada; presagia su ruina y trata de salvar de un próximo naufragio todo lo que puede sacar de su vivienda amenazada.

Llega el deshielo: las aguas levantan los bloque helados; se escucha un ruido como el del trueno; los témpanos se separan; arrastrada por la rápida ola, esa masa rodante se acumula, se amontona, empuja y arrolla dodo lo que encuentra a su paso. Los árboles arrancados y los restos de edificaciones cubren la superficie de las aguas. Animales ahogados o luchando aún contra la muerte; el techo de las cabañas hundidas flota sobre la sucia y enfangada corriente; las barcas rotas y aplastadas contra la orilla; un niño arrastrado en su cuna, los bateleros apartando témpanos para abrir paso a su barquilla, afrontando la muerte para salvar la vida de esa criatura inocente; las lágrimas y la desesperación de las desgraciadas víctimas del desastre; la tristeza y el espanto de los espectadores; todos son cuadros de horror y de miseria que llenan el alma de un sentimiento penoso y doliente. Pero al pintor y al historiador de la Naturaleza ninguno de estos fenómenos debe resultarle ajeno: los del invierno le pertenecen tanto como los otros; debe estudiarlos y elegir aquellos que pueden complacer o interesar.

Lejos de esta visión dramática del Invierno, y en unos espacios que se van difuminando hacia la abstracción, en el año anterior al de su muerte, el paisajista impresionista americano John Twatchman (1853-1902), desde la colonia de artistas de la Holley House cerca de su propia casa en Greenwich, siguió plasmando en su obra la virtud meditativa de esa monotonía sin historia que no estimó el francés, no sólo porque invita al silencio sino quizás también porque la nieve evoca la salida de nuestra propia historia, nos invita a reconciliarnos con la muerte

Invierno desde Holley House. John Twachtman. 1901

Invierno desde Holley House. John Twachtman. 1901. Spanierman Gallery, Nueva York

Los paisajes del extremo norte noruego de Karl E. Harr (1940, Kvæfjord), además de su amor por ese mundo de asombrada hermosura y por las gentes que en él pasan sus vidas, son también una especie de meditación sobre los limites de la existencia

Febrero azul. Karl E.Harr. 1984

Febrero azul. Karl E.Harr. 1984

 

Dias de invierno en las islas Lofoten. Karl E.Harr. 1978

Dias de invierno en las islas Lofoten. Karl E.Harr. 1978

 

Si seguimos con la preceptiva de las Reflexiones y consejos a un alumno sobre la Pintura y en particular sobre el género del Paisaje, creo que contentaríamos más a su autor retrocediendo  al siglo XVII, con Jacques d’Arthois (1613-1686), pintor flamenco natural de Bruselas

Los hielos son más hermosos para la pintura que la nieve; conservan aún un poco de transparencia, y por tanto son de tono más cálido. He visto al natural cascadas heladas formando estalactitas que producen efectos nuevos y extraordinarios. Es posible corregir la monotonía de los árboles pelados agrupándolos con los verdes; se puede con osadía pintarlos junto a las aguas heladas, con lo que se nota menos la falta de las hojas o incluso se mezclan con las muertas, cuyo color es de un marrón rojizo. El roble las conserva casi todas en invierno, en estado de desecación pero coloridas, y no se desprende de ellas hasta la primavera. Los localismos ofrecen además infinidad de temas que el pintor no debe desestimar y pueden serle útiles.

Jacques d'Arthois. Paisaje de invierno. Museo de Bellas Artes de Bruselas

Jacques d’Arthois. Paisaje de invierno. Museo de Bellas Artes de Bruselas

Si con sus medios se dedica a situar en el lienzo los temas propios de la estación y no se limita únicamente a pintar trineos y patinadores, es casi imposible que no produzca cosas nuevas y que no merezca la aprobación de los entendidos

Y, medio siglo antes, a Pieter Brueghel el Joven (1564-1638), que no nació en Bruselas como el anterior, pero allí creció y se formó como pintor costumbrista y paisajista

Pieter Brueghel el joven. Los placeres del invierno. Museo Magnin.Dijon

Pieter Brueghel el joven. Los placeres del invierno. Museo Magnin.Dijon.

Pero, en realidad, los que de verás hicieron precursor del paisaje moderno a Pierre Henri fueron los paisajes que pintó en Italia y que se pueden admirar en un pequeño rincón del Louvre, bajo una luz amortiguada que los defiende del deterioro de los pigmentos.

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Cuando el Invierno no tiene nada de abstracto…

Les dejé pensando sobre mis afinidades de los estilos pictóricos con cada una de las estaciones del año, y seguramente han concluido que debería dejarme de divagaciones, más propias de unas neuronas congeladas…

La verdad es que ese frío que en estos días nos está trayendo hielo y nieve en Gotemburgo no tiene mucho de abstracto, salvo en la forma que algunos tenemos de mirarlo…

Me han dejado aquí y este frío no es abstracto.Foto R.Puig

Me han dejado aquí de esta guisa y este frío no es nada abstracto.Foto R.Puig

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Notas

Las traducciones de los textos de Pierre-Henri de Valenciennes son mías y proceden del libro Réflexions et conseils à un Élève sur la Peinture et particulièrement sur le genre du Paysage, La Rochelle, Rumeur des Ages, 2005, 146 pages (De l’Hiver, pp. 65-68). Las publicaciones de esta editorial de la región de Poitou-Charentes son extremadamente cuidadas. En su catálogo especializado en Literatura y Arte hay otros tratadistas y estudiosos de la pintura del paisaje como Jean-Baptiste Deeperthes, Charles Dupuis, Eugéne Fromentin, Alexander von Humboldt y Charles-Jacques-François LeCarpentier.

Los cuadros de Karl Erik Harr proceden de Karl Erik Harr, malerier fra nord, paintings from the north, con introducción de Dag Solhjell (Svolvær, Forlaget Nord, 1986)

El de John Twachtman (y la cita del encabezamiento) proviene de la obra John Twachtman, Connecticut Landscapes, editada por Debora Chotner, Lisa N.Peters y Kathleen A. Pyne, Washington, National Gallery of Art, 1989.

La imagen del cuadro El Invierno de Caspar David Friedrich procede de una memorable exposición que visité en la Fundación Juan March de Madrid: La abstracción del paisaje, del romanticismo nórdico al expresionismo abstracto, Madrid, octubre 2007-enero 2008.

La escultura en bronce de la dama, que en estos días tirita cerca de la Iglesia del Parque Vasa en Gotemburgo, es del escultor sueco  Per Hasselberg (1850-1894) y se titula Vågens tjusning  (1888), en castellano «la atracción de la ola».

Rostros que llegan del frío: algo más sobre la obra de Andrzej Wróblewski (Fisionomías XXI)

10 enero, 2016
Wróblewski. Retrato orgánico. Detalle. s.f. (1957).  Foto R.Puig

Wróblewski. Retrato orgánico. Detalle. s.f. (1957). Foto R.Puig

Hay vidas que, desde que despiertan a la historia hasta que la historia las engulle y sin apenas respiro y hasta el final, tratan de florecer, de manifestarse y de transmitir su obra en los territorios que les marca el totalitarismo.

Wróblewski. Ejecución en Poznan.Detalle.1949. Foto R.Puig

Wróblewski. Ejecución en Poznan.Detalle.1949. Foto R.Puig

Hace dos semanas trajimos a este blog algunos atisbos de una de ellas, la de Andrzej Wróbleski (1927-1957), desde la exposición organizada por el Muzeum Sztuki Nowoczesnej de Varsovia, en colaboración con la Fundación Andrzej Wróblewski y Culture Poland, en asociación con el Museo Reina Sofía, en el Palacio de Velázquez del Retiro de Madrid (donde acertadamente está permitido tomar fotos, sin flash).

Wróblewski. Ejecución frente a un muro. Detalle. 1949. Foto R.Puig

Wróblewski. Ejecución frente a un muro. Detalle. 1949. Foto R.Puig

Al artista le había marcado, como individuo y en su familia, la barbarie de la ocupación nazi. Y cuando en una Europa en ruinas, al final de la guerra, creaba sus primeras obras y contestaba la estética imperante en la Academia de Bellas Artes de Cracovia, sobrevino la ocupación soviética.

Wróblewski. Abstracción geométrica y Abstracción geométrica en gris. c.1948. Foto R.Puig

Wróblewski. Abstracción geométrica y Abstracción geométrica en gris. c.1948. Foto R.Puig

A su Grupo autoeducativo, compuesto por estudiantes vanguardistas que aspiraban a expresarse para la mayoría o, como se decía entonces, para las masas, el nuevo régimen se encargará de recordarles que lo que se había instalado en Polonia era otra forma de marcar el paso.

Wróblewski. Retrato de un joven. c.1948. Foto R.Puig

Wróblewski. Retrato de un joven. c.1948. Foto R.Puig

Las obras en que descarga su memoria de la guerra y la ocupación tienen mucho de desahogo personal y de expresión de la sinrazón y el sufrimiento colectivos.

A pesar de adaptarse a las reglas del realismo socialista, sus obras no son bien recibidas por el régimen comunista. Las fisionomías de personas ejecutadas no suscitaban buenas sensaciones entre quienes pretendían cantar un nuevo mundo de proletarios en marcha hacia un futuro radiante.

Wróblewski. Ejecución frente a un muro.1949. Foto R.Puig

Wróblewski. Ejecución frente a un muro.1949. Foto R.Puig

Sólo una minoría de creadores atípicos de su propia generación se sentían en sintonía con su obra y compartían su teoría estética y su enfoque crítico. Andrzej Wajda (1926), compañero de estudios en la Escuela de Bellas Artes, fue uno de ellos. Los cuadros de ejecuciones de su amigo le impulsaron a dedicarse al cine.

Andrzej Wajda en la exposición Wroblewski por Wajda. Museo Manggha. Cracovia 2015

Andrzej Wajda en la exposición «Wroblewski por Wajda». Museo Manggha. Cracovia 2015

Andrzej Wrówlewski murió a los 29 años, desencantado del aparente deshielo que sucedió a la muerte de Stalin.

Wróblewski. Cabeza de hombre sobre fondo rojo. Detalle. 1957 Foto R.Puig.

Wróblewski. Cabeza de hombre sobre fondo rojo. Detalle. 1957 Foto R.Puig.

Los retratos y autorretratos de sus dos últimos años de vida presentan a un antiguo comunista desprestigiado.

Wróblewski. Autorretrato en rojo. s.f.  Foto R.Puig

Wróblewski. Autorretrato en rojo. s.f. Foto R.Puig

Sus grupos de figuras aluden a una sociedad estancada y resignada.

Wróblewski. Sala de espera I. Cola continua. 1956. Foto R.Puig

Wróblewski. Sala de espera I. Cola continua. 1956. Foto R.Puig l

Los desgarramientos de algunas de sus obras parecen encerrar su propio drama en aquellos últimos meses de intensa creación y precariedad, asediado por la necesidad, padre de familia con escasos ingresos para mantener a su mujer, Teresa, a su hijo de tres años, Kitek, y a las dos gemelas de año y medio.

Wróblewski. Él y ella. 1957. Foto R.Puig

Wróblewski. Él y ella. 1957. Foto R.Puig

Una sensación similar nos deja El hombre de piedra, una obra terminada pocas semanas antes de encontrar la muerte el 23 de marzo de 1957 en los montes Tatra, cuando andaba en solitario por un mundo de piedra.

Wróblewski. Hombre de piedra. 1957 Foto R.Puig.

Wróblewski. Hombre de piedra. 1957 Foto R.Puig.

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Epílogo

Prefiero sin embargo acabar esta crónica con un delicado dibujo del artista, realizado en 1954, el año en que nació su hijo Kitek, que pienso habrá tenido algo que ver con la custodia de la memoria y la obra de su padre en la fundación que lleva el nombre del artista

Wróblewski. Teresa y Kitek. 1954. Foto R.Puig.

Wróblewski. Teresa y Kitek. 1954. Foto R.Puig.

«Tempus fugit» y las palabras también: de las intermitencias de este blog en el 2015

3 enero, 2016
John Twatchman. Cascada en enero. Museo de Arte de Wichita

John Twatchtman. Cascada en enero. Museo de Arte de Wichita

Estadísticas

Como todos los años, WordPress me ha enviado las estadísticas de este blog correspondientes al año 2015. Pienso que mis lectores merecen conocerlas. Al fin y al cabo, si sigo publicándolo es porque «ahí fuera» hay quien me anima leyéndolo.

Puede que sea un poco retórico, pero ya que a los amigos de WordPress les gusta la analogía, y como son eficientes y serviciales, aquí les dejo lo que me cuentan:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 60.000 veces en 2015. Si fuera un concierto en la Sydney Opera House, se necesitarían alrededor de 22 presentaciones con las entradas agotadas para que todos lo vean.

WordPress.com

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Hoy por hoy

Pero antes de ir a ese resumen anual voy a dedicar esta primera crónica del nuevo año a los cientos de miles de personas (en 2015 más de un millón) que han llegado a Europa huyendo de la guerra y solicitando asilo, confiando en que los Estados Miembros de la Unión Europea, respetarán las Convenciones de Naciones Unidas que han firmado y la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión. Habría mucho que decir al respecto y algo he dicho ya, pero, como hay quienes insisten en hablar de una especie de invasión de los bárbaros, de una quinta columna trufada de terroristas, que vienen a provocar algo así como la caída del Imperio Romano, voy a resumir lo que pienso sobre esos miedos con tres ejemplos.

Lo hago desde Suecia, donde resido, que, en proporción a su población, ha recibido más refugiados que ningún país europeo, y que, desde el comienzo de la guerra civil y de las masacres del régimen de Al-Ássad y del «Estado Islámico»,  ha abierto los brazos a los sirios, como lo hace también a los afganos, a los eritreos, a los iraquíes… De los cerca de 160.000 refugiados que han presentado solicitud de asilo en Suecia en el 2015, sólo los sirios son 115.000, de los cuales 38.000 son menores no acompañados, sin contar decenas de miles que ya han sido acogidos desde el comienzo de la guerra en Siria.

Los dos primeros ejemplos están tomados hace pocos días de la prensa sueca. Una gran parte de quienes han llegado de Siria desde el inicio de la guerra (el ochenta por ciento) han concluído su enseñanza secundaria o incluso tienen estudios universitarios. Son esos que los gobiernos de extrema derecha de Hungría o Polonia (ejemplo triste de Estados de la UE en un preocupante proceso de involución democrática) consideran una amenaza para esa civilización cristiana cuya defensa se arrogan.

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Mohamed Bnchi

Mohamed Bnchi. Foto Elizabeth Ubbe. Dagens Nyheter 30 de diciembre 2015

Mohamed Bnchi. Foto Elizabeth Ubbe. Dagens Nyheter 30 de diciembre 2015

Mohamed ha cumplido 21 años, ha escapado de un país en guerra, donde estaba destinado a matar o morir en un bando u otro, ha llegado de Idlib en el noroeste de Siria, a sesenta kilómetros de Alepo. Con él ha llegado su hermana de doce años.

«Lo más importante para mí es acabar mis estudios» (había cursado ya tres años de ingeniería mecánica en Siria).

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Mohammed Issam

Mohammed Issam. Foto familiar. METRO 29.dic.2015

Mohammed Issam. Foto familiar. METRO 29.dic.2015

El titular dice: «apenas dos años después de emigrar, Issam (veinte años) va a estudiar medicina»

Mohammed Issam Alghaeb huyó de Damasco para no ser reclutado en el ejército de Bashar al-Ásad y pidió asilo en Suecia en julio del 2014. Es uno de los 115.000 sirios que a partir de su titulación de bachiller superior se están incorporando a las universidades suecas tras haber alcanzado el nivel necesario de sueco o inglés.

Este joven de 20 años lo ha conseguido en un año en el instituto de Angered, un barrio de Gotemburgo con una alta proporción de habitantes nacidos fuera de Suecia. Ha aprendido el sueco en un tiempo record, de tal modo que ha sido admitido a los estudios de la carrera de medicina en la facultad de Sahlgrensa en enero del 2016.

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Ninos

De Ninos no he sabido por los periódicos. Hemos sido alumnos en las mismas aulas de sueco para inmigrantes, junto con otros compañeros, la mayoría refugiados a los que se les ha concedido asilo en Suecia. Durante dos meses, partiendo de su Qamishli natal, Ninos cruzó Turquía, atravesó el Egeo en patera, Grecia, el Adriático (dentro de un camión sobre un ferry), Italia y Alemania. A los 19 años, con el bachillerato terminado, ha tenido que abandonar su comunidad de cristianos ortodoxos sirios, para no quedar atrapado por la espiral de violencia del IS que ha invadido el Kurdistan Sirio y ha puesto a los infieles en su punto de mira. Otros que salieron con él han tardado medio año en alcanzar su destino o siguen  atascados en Grecia. Peor les ha ido a tres amigos suyos que murieron hace cuatro días en los atentados suicidas de Qamishli, que han causado en el centro de esta ciudad al menos dieciséis muertos y cerca de cuarenta heridos, en vísperas de la Noche Vieja.

En apenas un año ha aprendido a hablar y escribir el sueco y ha hecho prácticas de trabajo. Ahora sigue cursos de semana completa para convertirse en operador de maquinaria pesada de obras públicas y asegurarse un empleo digno y bien remunerado.

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Les deseo un buen 2016

A todos mis lectores y a todos los asilados que se esfuerzan por vivir junto a nosotros, así como a quienes tienen la dignidad de acogerles, les deseo un año mejor que el anterior, ¡esperemos que mucho mejor!

Y ahora les dejo con el resumen anual del blog que me ha enviado la oficina de WordPress.

Puede que lo encuentren un poco pomposo, es lo que hay y, en cualquier caso, lo brindo -con mis saludos y un abrazo virtual- a todos los que todavía tienen la paciencia de leer mis divagaciones.

Haciendo clic en informe estadístico de Ensondeluz pueden verlo.

Anverso y reverso

27 diciembre, 2015
Desde la subida al Mondúver. Foto R.Puig

Desde la subida al Mondúver. Foto R.Puig

El domingo pasado, el cronista estaba entre Madrid y Els Poblets (provincia de Alicante). Desde las orillas de su playa de la Almadrava, se divisa la cumbre de la sierra de Mondúver (Montdúvert en valenciano), su silueta afilada que cambia de color y de tonalidad con el pasar de las horas.

La cima de Mondúver desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

La cima de Mondúver desde la playa de la Almadrava. Foto R.Puig

A tal distancia no se aprecian las antenas de telecomunicaciones sobre su cima de 841 metros, nada en comparación con el Everest, mucho cuando se la mira desde las playas mediterráneas del Golfo de Valencia.

Subida al Mondúver desde la Drova. Foto R.Puig

Subida al Mondúver desde la Drova. Foto R.Puig

Esas orillas a sus pies y el paisaje montañoso de la Comunidad Valenciana se desplegaban ante nosotros, cuando,  hace poco más de una semana, marchábamos por la pista sinuosa que sube desde la Drova hacia la cima, nosotros a pie y otro, heroico, en bicicleta.

Subida al Mondúver en bicicleta. Foto R.Puig

Subida al Mondúver en bicicleta. Foto R.Puig

Mirábamos al mundo desde arriba, con esa sensación de que todo lo que cada día nos rodea tiene algo de sueño y apariencia. ¡Frente a tantos acontecimientos de la actualidad, cómo quisiéramos que Segismundo tuviera razón!

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

(Calderón de la Barca, “La vida es sueño”, 1635)

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Otro soñador 

Andrzej Wróblewski. Autorretrato. Detalle. 1949. Foto R.Puig

Andrzej Wróblewski. Autorretrato. Detalle. 1949. Foto R.Puig

En su ascensión de montañero solitario, el 23 de marzo de 1957 el destino esperaba al artista polaco de origen lituano Andrzej Wróblewski. A los veintinueve años, se despeñó en los montes Tatra.

Los montes Tatra desde la vertiente polaca. Wikipesia.

La cadena de los montes Tatra desde Polonia. Wikipedia.

En su escalada y desde lo alto puede que viese el mundo como un sueño del que ya nunca despertó.

He descubierto su obra hace exactamente una semana, en la exposición organizada por el Muzeum Sztuki Nowoczesnej de Varsovia, en colaboración con la Fundación Andrzej Wróblewski y Culture Poland en asociación con el Museo Reina Sofía de Madrid, en el Palacio de Velázquez del Retiro.

Cuando ya se manifestaba su creatividad de inspiración vanguardista, este pintor y teórico del Arte, nacido en Vilnius en 1927 en el seno de una familia “burguesa” (cuyo padre murió de infarto durante el registro de su casa por los nazis), formado en Cracovia, llevado por su idealismo juvenil, creyó que la mejor forma de poner su arte al servicio de la sociedad, era afiliarse al Partido Obrero Unificado Polaco en 1949 y renunciar a su obra abstracta. Así que decidió con entusiasmo juvenil adecuarse a las normas del Realismo Socialista promulgadas por el Ministerio de Cultura Polaco.

Sin embargo, como escribieron los burócratas del Partido en su ficha, le quedaban aún “los resabios intelectuales propios de su clase”. Quizás por eso, adoptó en algunas de sus obras una técnica rebelde. La exposición del Palacio de Velázquez se titula «Verso y reverso», que alude a sus telas de doble cara. Por el reverso el vanguardismo de corte abstracto o cubista, por el verso el realismo socialista, el que veía el público. Aun así, esa faz visible se caracterizaba por un estilo que la crítica oficial consideró neobárbaro, lo que me suena a aquello de arte degenerado, de triste memoria.

Al parecer era demasiado crudo hasta para el realismo imperante. En un buen número de cuadros reflejó los eventos más crueles de la ocupación alemana, como por ejemplo en su serie «Ejecuciones».

Wróblewski. Ejecución en Poznah. 1949. Foto R.Puig

Wróblewski. Ejecución en Poznah. 1949. Foto R.Puig

El pintor había visitado en 1947 una exposición monográfica de obras de Goya en Holanda, durante un viaje de estudios de su etapa de estudios, lo que explica en parte sus fuentes de  inspiración.

Wróblewski. Madre con hijo muerto. 1949. Foto R.Puig

Wróblewski. Madre con hijo muerto. 1949. Foto R.Puig

Pero el «reverso» de su obra trataba de cosas que hubieran sido juzgadas como “burguesas”, la pareja y el amor por ejemplo, con esa ambigüedad simbólica de los azules, que presagian o certifican la muerte del personaje así entonado.

Wróblewski. Paseo de los amantes al sol. 1949. Foto R.Puig.

Wróblewski. Paseo de los amantes al sol. 1949. Foto R.Puig.

Después de la muerte de Stalin sus acuarelas fueron juzgadas poco sinceras por la jerarquía. De hecho no había ni pena ni solemnidad en los personajes de la calle, que más parecían aliviados que entristecidos por la noticia.

Wróblewski. Noticias luctuosas. 1953. Foto R.Puig.

Wróblewski. De la serie «Noticias luctuosas». 1953. Foto R.Puig.

Tuvo que esperar a la etapa de efímero “deshielo” (1956-1957) que siguió a la muerte del déspota Boleslaw Bierut y a la llegada de Nikita Jrushchov al poder en la URSS, para adoptar de nuevo un estilo más crítico en el que reflejaba la prosa (y el drama) de la vida bajo el régimen imperante.

Wróblewski. Hombre desgarrado II. sin fecha. Foto R.Puig

Wróblewski. Hombre desgarrado II. Sin fecha (1957). Foto R.Puig

Dicen que le influyeron las corrientes del neorrealismo de entonces, pero, a mi modo de ver, muchos de los anversosreversos de su visión de la realidad pertenecían al mundo de los sueños. Algunas de las obras expuestas parecen incluso salir del mundo de las pesadillas. Por lo que a estas respecta, Wróblewski, durante su corta vida, transitó también por los caminos del surrealismo.

Wróblewski. Niño con madre muerta. 1949. Foto R.Puig

Wróblewski. Niño con madre muerta. 1949. Foto R.Puig

En una próxima entrada volveremos a la obra de este artista.

Otoño en la subida al Mondúver. Foto R.Puig.

Otoño en la subida al Mondúver. Foto R.Puig.

Por el momento, terminamos con imágenes tomadas desde nuestras ensoñadoras alturas levantinas.

Monasterio de Simat de la Valdigna desde la carretera a Barx. Foto R.Puig

Monasterio de Simat de la Valdigna desde la carretera a Barx bajo la sierra del Mondúver. Foto R.Puig

De acá y de allá

20 diciembre, 2015
Aci me les donen totes. Foto R.Puig

Aci me les donen totes. Foto R.Puig

Je ne sais plus où je suis, je ne sais plus où j’én suis

Jules Supervielle

De algún modo, con el ir en avión como un saltamontes del norte al sur y del sur al norte, de una orilla a otra, pudiera ocurrir algo de eso que sentía el poeta, a merced del mar apátrida

Ante la mar bajo mis ojos no consigo asirme a nada,
Estoy frente a un día hermoso y ya no sé aprovecharlo.
Demasiado océano, demasiado cielo
A lo largo, a lo ancho, de través.
Me vuelvo un poco de espuma que se extingue y que se enciende
Y cambia de posición sobre el lecho de la mar.
No sé ya en dónde estoy, no sé ya en lo que estoy.
Decíamos pues que este día,
Este día no dejará vestigios en mi memoria.

Devant la mer sous mes yeux je ne parviens à rien saisir,
Je suis devant un beau jour et je ne sais plus m’en servir.
Trop d’océan, trop de ciel
En long, en large, en travers.
Je deviens un peu d’écume qui s’éteint et qui s’allume
Et change de position sur la couche de la mer.
Je ne sais plus où je suis, je ne sais plus où j’en suis.
Nous disions donc que ce jour,
Ce jour ne laissera pas de traces dans ma mémoire.

Jules Supervielle, del poema «La mar», Olvidadiza memoria, Marinas (Oublieuse mémoire, Marines) 1948, en «Vivir y quehacer del poeta», edición y traducción de R.Puig de la Bellacasa, Valencia, Pre-Textos, 2009

En su caso, Jules Supervielle se movía más despacio, entre Sudamérica y Europa y viceversa, en barco, con tiempo para pensar, para mecerse en sus ensoñaciones, para componer sus poemas, de modo que esos días cercados por el agua y la espuma, no obstante lo que afirma, si no dejaban vestigio en la memoria, sí nos dejaron sus versos, y su melancolía: «no sé ya en dónde estoy, no sé ya en lo que estoy»

De acá

Por de pronto, como ya he votado hace días (por correo y desde allá), ahora estoy esperando que aquí me las den todas.

Por las tardes, el paseo y algunos encuentros fantasmales

Palmeras barbudas. Foto R.Puig

Palmeras barbudas. Foto R.Puig

Y eso que hoy en día han dado en llamar mindfulness y que siempre se llamó meditación

Mirando al mar soñé. Foto R.Puig

Mirando al mar soñé. Foto R.Puig

Pensando si bañarnos o no bañarnos

Esta templada. Foto R.Puig

Esta templada. Foto R.Puig

No sabemos si será un efecto colateral de la cumbre del clima de París, pero este incipiente invierno se parece a eso que en francés llaman l’été indien. El Mediterráneo está caldo.

De tal modo que los atardeceres invitan al paseo, por un costado el monte

Cuando se marcha el día. Foto R.Puig

Cuando se marcha el día. Foto R.Puig

y, por el otro, el mar

Cuando se marcha el día. Foto R.Puig

Cuando se marcha el día. Foto R.Puig

Aunque el lugar de donde he llegado no ha desaparecido de mis ficheros

Esto es Gotemburgo

¡Esto es Gotemburgo! Foto R.Puig

Como por aquellos lares también se preparan para fin de año, pongamos algo

De allá

Por ejemplo, la imagen inevitable de las orillas que suelo bordear a diario

El día se vacía. Foto R.Puig

El día se vacía. Foto R.Puig

o los inevitables anuncios navideños

El día se vacía. Foto R.Puig

El día se vacía. Foto R.Puig

y, cosas de Gotemburgo, una criatura jurásica que anda algo perdida

Que pinto yo aquí. Foto R.Puig

¿Qué pinto yo aquí? Foto R.Puig

y que a su manera también practica la mindfulness

Y esto cómo se come. Foto R.Puig

¿Esto cómo se come? Foto R.Puig

Y otra vez de acá

En el momento de publicar mis divagaciones domingueras, estoy pasando dos días en Madrid, visitando a mi tribu.

Su famoso cielo preside, sin distinción de partidos, a cientos de miles de criaturas, puede que también meditando a quién van a dar su voto…

Diogenes buscando a un hombre. Detalle. Cesar van Everdingen. Galería de Guillermo V. La Haya. Foto R.Puig

Diogenes buscando a un hombre. Detalle. Cesar van Everdingen. Galería de Guillermo V. La Haya. Foto R.Puig

Hasta el cartel de la exposición Ingres en el Museo del Prado invita a la reflexión

Cuanto más le doy vueltas, más razones encuentro para llenar la casilla de Fernando Savater para el Senado

Cuanto más le doy vueltas, más razones encuentro para llenar la casilla de Fernando Savater para el Senado

Breverías erasmianas (XXIV b). El rescate del naufragio (“Naufragium”)

13 diciembre, 2015
Artan. Restos de un naufragio.jpg

Artan. Restos de un naufragio.jpg

El domingo pasado habíamos dejado, de rodillas y en oración, a la tripulación y al pasaje de un navío, a punto de desbaratarse, zarandeado por las aguas de un Mar del Norte desencadenado.

Cumpliendo con lo prometido, sigamos hoy hasta el final este coloquio de Erasmo

II

Aquí llega la parte más dramática de la situación que Adolfo sigue describiendo con viveza…

Llegamos tan cerca de tierra que los vecinos del lugar, viendo en qué peligro estábamos y acudiendo en masa a la orilla más avanzada, agitaban gorros y capas ensartados en pértigas, haciendo señas para guiarnos hacia ellos, y elevaban sus brazos al cielo para expresar conmiseración por nuestra suerte

El barco se llenaba de agua…

Jam mare totam navim occuparat…

La chalupa de salvamento ha sido lanzada al agua, todos en masa quieren embarcar primero, los marineros gritan, queriendo poner orden y exhortando a quienes no caben a procurarse todo aquello que pueda flotar y saltar al agua.

uno agarró un remo, otro un asta, quien una cuba, quien una tina, quien una tabla

alius arripit remum, alius contum, alius alveum, alius situlam, alius tabulam

.

Elogio de la mujer lactante

En cuanto a la madre y su niño, esto es lo que nos cuenta Adolfo:

Entre varios pasajeros y marineros amarraron a la mujer lactante a una plancha curva y le dieron una tabla a modo de remo. Después de que la impulsaran con una pértiga, pues era peligroso estar cerca del navío, la mujer, mientras sujetaba a su bebé con un brazo, remaba con el otro.

Antonio pregunta cómo acabó para ella la aventura y Adolfo responde:

Llegó antes que nadie a la orilla

Illa omnium prima pervenit ad litus

A lo que Antonio, usando un substantivo latino que hoy alguien podría tildar de sexista, -pero que conviene situar en un contexto marinero del siglo XVI- exclama con llaneza:

¡Qué machota!

O viraginem!

Virago designa aquí a una mujer que iguala, si es que no supera, el coraje de cualquier varón (vir) y desafía con valentía al mar furioso

Aïvazovski. Naufragio en el mar del Norte.Museo de los Mekitaristas. Venecia.jpg

Aïvazovski. Naufragio en el mar del Norte.Museo de los Mekitaristas. Venecia.jpg

.

A las duras y a las maduras

Mientras tanto, la chalupa, sobrecargada con treinta ocupantes, se hundía.

Adolfo, de tanto ayudar a los demás, se había olvidado de sí mismo y

no quedaba ningún objeto que sirviese para flotar

nihil supererat aptum natationi

Pero, con la ayuda de alguien, consigue arrancar la base de un mástil y, aferrando cada uno un extremo del madero, se lanzan ambos al agua. Cuando ya están nadando, hete aquí que…

…el cura, aquel que predicaba en la nave, se le cuelga de los hombros. Para colmo, era un tipo corpulento

…erat ingente corpore

Los dos nadadores gritan:

«¿Quién es ese tercero? ¡Este nos pierde a todos!»

«Quis ille tertius? Is perdet nos omnneis!»

A lo que el cura replica plácidamente:

«Mantened el ánimo. Hay espacio suficiente. Dios nos ayudará»

«Sitis bono animo; sat spaciis est. Deus aderit nobis»

No sabían que el cura no había conseguido subir a chalupa. Se había entretenido confesándose con un fraile dominico que también iba a bordo. Mientras se absolvían recíprocamente, el barco se había hundido.

Por lo que el cura contaría más tarde, el dominico, tras invocar a todos los santos y en particular a Santa Catalina de Siena, se había zambullido desnudo.

Antonio reflexiona:

¡Puesto que nadaba sin el hábito, la santa no pudo reconocerle!

Por desgracia, el timón, que flotaba suelto a merced de las olas, golpeó al hombre que había ayudado a Adolfo y que se agarraba el otro extremo del madero. El desgraciado desapareció bajo el agua.

El cura, recitando el “Requiem aeternam”, ocupó su lugar y se puso a mover las piernas enérgicamente.

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Habilidades en caso de naufragio

A todo esto, Adolfo boqueaba trabajosamente:

tragábamos mucha agua salada

potabamus multum aquae salae

Felizmente, el cura tiene solución para todo y le muestra la forma de remediarlo:

Cada vez que les llegaba una ola, le oponía la nuca, con la boca cerrada

Quoties onda nobis ocurreret, ille opposuit occipitum, ore clauso

Y Antonio, exclama admirado :

¡Fuerte el viejo del que me hablas!

Strenuum senem michi narras

Pero el viejo clérigo aún guardaba otros recursos que iban a salvar la vida del narrador…

Cuando, tras nadar durante un rato, habíamos progresado algo, el sacerdote, que era sorprendentemente alto, exclama:

“¡Ánimo! ¡ya siento el fondo!”

«Bono, es animo; sentio vadum»

Yo no me atrevo a creer en tan buena suerte y respondo:

“Estamos demasiado lejos de la orilla como para tocar el fondo”

“¡Al contrario! –replica él- ¡siento el suelo con los pies!”

“Imo, inquit, sentio pedibus terram”

“Sin duda es un baúl que ha rodado hasta aquí»

“¡No! –repite- siento la arena que me hace cosquillas entre los dedos”

“Imo, inquit, scalptu digitorum plane sentio terram»

Seguimos nadando un poco más y al haber hecho pie otra vez, insiste el cura:

“Tú haz lo que te parezca mejor, yo te cedo el palo entero y prefiero confiarme a la tierra firme”

De modo que, tras el paso de una ola, echaba a correr lo más rápidamente posible. Cuando se acercaba otra, se encogía abrazando sus rodillas con ambas manos y resistía a la violencia de las aguas ocultándose bajo ellas, como hacen las aves marinas y los patos. Cuando la ola se retiraba, emergía y reemprendía la carrera.

Al ver que lo conseguía, yo le imité.

 

Magro consuelo

Francesco Fidanza. Mar tempestuoso. Galleria Corsini. Roma.jpg

Francesco Fidanza. Mar tempestuoso. Galleria Corsini. Roma.jpg

En la playa, había hombres robustos, habituados a las olas, que formaban una cadena aferrando largas varas para defenderse de la fuerza de las aguas, de manera que el último le tendía la suya al náufrago. Cuando éste la agarraba, reculaban todos hacia la orilla hasta ponerlo a reparo en tierra firme

Gracias a este procedimiento se salvaron algunos.

Hac ope servati sunt aliquot

¿Cuántos? pregunta Antonio

Siete, aunque dos de ellas sucumbieron al calor, una vez cerca del fuego

Septem: verum ex his duo soluti sunt tepore, admoti igni

Esa es la cifra de supervivientes que recuerda Adolfo, de un total de cincuenta y ocho náufragos.

A lo que exclama Antonio:

¡Mar cruel!, ¡podría haberse contentado con el diezmo que les basta a los eclesiásticos! ¡De tantos tan pocos devolvió!

…Ex tanto numero tam paucos reddidit

Así que, queridos lectores, si mis cuentas son correctas, de este naufragio se salvaron un bebé y su madre, el reverendo Adam, sexagenario, el narrador, es decir Adolfo, que así pudo contarlo, y un quinto superviviente que el coloquio no identifica.

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Final bátavo

Adolfo. – Las gentes del país nos han tratado con extraordinaria bondad: con incomparable diligencia nos han proporcionado todo, cobijo, fuego, comida, ropa y dinero para continuar nuestro viaje

…omnia nobis mira alacritate suppeditantis, hospitium, ignem, cibum, vestes, viaticum

Antonio. – ¿A qué nación pertenecían?

Adolfo. – Eran holandeses.

Antonio. – No hay gente más humanitaria que ellos, a pesar de estar rodeados de pueblos salvajes.

Ista nihil humanius, cum tamen feris nationibus cincta sit

Antonio. – Pienso que tras esto no irás más en busca de Neptuno.

Non repetes, opinor, post hac Neptunum.

Adolfo. – No, salvo que Dios me prive de razón.

Antonio. – Por lo que a mi respecta, prefiero escuchar este tipo de aventuras que vivirlas.

Et ego malim audire tales fabulas, quam experiri

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Breve glosa

Erasmo no es aquí muy benigno con los germanos, a su juicio rudas gentes que rodeaban a los cultivados humanistas de su tierra holandesa. Si bien peca de un cierto chauvinismo, tenía un motivo que le obnubilaba: los impresores alemanes a su juicio eran malos.  Para Erasmo la imprenta es una piedra de toque del progreso de un pueblo y en Alemania “no se permite a todos ser panaderos, pero el oficio de impresor no se le niega a nadie”. Para colmo, en los monasterios alemanes «los monjes esconden y maltratan valiosos manuscritos que ni siquiera dejan consultar» (de su comentario al adagio Festina lente). Antes de ir a morir a Basilea, residió varios años en Friburgo y llegó a escribir que si aguantaba seguir a disgusto en Alemania era por que no le quedaba otra opción (carta a Érasme Schets, 20 de abril de 1531). Para colmo, unos años más tarde una plaga de pulgas hace estragos en la ciudad, a pesar de que la bruja a la que se acusó de haberlas diseminado por orden del demonio, ya había sido quemada (carta a Pierre Richardot, 19 de noviembre de 1533).

Pero, una de cal y otra de arena, en otro lugar habla de las interesantes experiencias alemanas en materia de terapia de la epilepsia a través del canto (“Del poder de la música». Comentario al Salmo XXXVIII).  Erasmo reconoció, en esta y otras ocasiones, que también en Alemania había cosas buenas.

Sea como sea, hoy seguramente se hubiera desdicho, tras escuchar el tono del actual primer ministro en los Países Bajos, Mark Rutte (quien asumirá la presidencia rotatoria de la UE en enero),  cuando el 26 de noviembre calificaba a los refugiados como una amenaza, similar a la de la invasión del Imperio Romano por los bárbaros. Por el contrario, en Alemania, el día anterior, la Canciller Angela Merkel seguía jugándose el cargo por defender el derecho al asilo de los cientos de miles de náufragos de nuestros días, al declarar «podemos hacerlo».

Así que, en definitiva ¿cómo saber quiénes son hoy los humanius (la gente más humanitaria) que, mira alacritate suppeditantis (con incomparable diligencia), proporciona hospitium, ignem, cibum, vestes, viaticum (cobijo, fuego, comida, ropa y dinero para el viaje) a las personas que escapan del naufragio de su tierra natal?

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Texto latino: he utilizado la edición publicada en Leiden en 1664 (“ex oficina hackiana”) que reproduce la edición completa de Froben (Basilea 1533) con sus notas.

Tres carabelas. Grabado de Franz Huys basado en dibujo de Bruegel. Biblioteca Real de Bruselas.jpg

Tres carabelas. Grabado de Franz Huys basado en dibujo de Bruegel. Biblioteca Real de Bruselas.jpg