Göteborg (3): reflejos en el agua de sus canales
No es Venecia pero…
Las gentes van y vienen por el centro de Gotemburgo en las cercanías de la estación, zona de oficinas y comercios, lugar de encuentro, emplazamiento para los recolectores de firmas para peticiones diversas o para inscribirse en alguna ONG, barrio atravesado por numerosas líneas de autobús y de tranvía.
Te mueves cien metros, te acercas al canal y el tiempo se detiene. Puedes mirar las severas fachadas a través de su reflejo, retroceder hacia los tiempos del auge industrial de la ciudad cuando su puerto hervía, el carbón se descargaba en sus diques y se quemaba en sus centrales, y para facilitar el tráfico de las gabarras se construían esclusas en los canales que cruzaban el centro y por donde hoy pasean en motora los turistas durante la época estival.
Esta esclusa es de 1873. Lo mismo que los dos puentes cercanos en hierro colado, que no obstante su funcionalidad se adornan con formas evocadoras del arte modernista de la época
Acodados en la barandilla dejamos pasar el tiempo hipnotizados por los reflejos del agua del canal, enfundados en nuestro abrigo y refugiados bajo el confort de la bufanda
Hay un ir y venir de tranvías en la otra orilla
y los árboles del cercano parque de Trädgårdsföreningen nos invitan a continuar nuestras divagaciones por sus veredas
No será Venecia, pero todas las ciudades con antiguos canales, y esta no es una excepción, tienen duende…
Cuando el otoño se viste de rojo y noviembre es de los poetas
Luz de otoño en el pantano de Contreras
Entrando ya en tierras valencianas y saliendo de Castilla la Mancha la autovía circula sobre altísimos viaductos para sortear las varias colas del pantano de Contreras. Esta vez, en mi viaje desde Madrid, la tarde era fresca y soleada e invitaba al desvío.
Por Villargordo del Cabriel se sale entre viñedos en dirección del “Rabo de la sartén”, uno de los varios recodos donde el agua se acomoda. ha concluido y las páginas de Pierre Henri de Valenciennes, dedicadas a comentar las posibilidades que el Otoño ofrece al artista, parecen escritas para la ocasión:
El prodigio del calor de los rayos del sol ha robado la savia nutricia de las plantas, las semillas y los granos que son útiles al hombre han sido cosechados, los frágiles tallos que los sostenían se han secado, así que es inevitable que el paisaje cambie de color; y que se acentúen sus variaciones de tono. Los árboles de fibra más blanda, que por ello fueron los primeros en dar sus brotes nuevos al comienzo de la primavera, se marchitan antes que aquellos con un tejido leñoso más compacto y más duro. Los frutos, alcanzado el crecimiento perfecto, no permanecen en el árbol sino para adquirir toda su perfección; el de la viña es uno de los últimos en llegar a su madurez. Incluso los pámpanos de este arbusto se decoloran antes de tiempo; adquieren un tono rojizo y dorado que rompe la monotonía de los verdes y otorga a las comarcas de viñedos una fisionomía completamente distinta
El Otoño ofrece a los Artistas escenas verdaderamente interesantes. La diversidad de tintas que se extiende por la Naturaleza es muy notable; la atmósfera es menos pesada y el calor más soportable. Hay más animación en el paisaje, pues los campos están más habitados y sus placeres son más frecuentes y variados. El comienzo de esta estación muestra la fuerza, el poderío, la riqueza y la majestad de la Naturaleza. Todos los productos vegetales han alcanzado su perfecto desarrollo; el color de los frutos no puede casi compararse sino consigo mismo y los contrastes entre sus diferentes formas aumentan aún más el encanto de este espectáculo
Con el fin del Otoño, a pesar de los goces reales que nos procura, la satisfacción del espíritu no es del todo pura. La idea de la destrucción que insensible avanza perturba los placeres que degustamos. Los árboles pierden su verdor y el tiempo su serenidad. El sol acorta cada día su carrera. Las nieblas frías y húmedas se apoderan de la atmósfera y hacen caer las últimas hojas. Las lluvias comienzan; las aves de paso se agrupan para emigrar; las que habitan las aguas se dejan ver. El urbanita vuelve a la ciudad para refugiarse en ella de los rigores del invierno que a grandes pasos se acerca. Su retorno al hogar anuncia el encuentro cercano con su familia y sus amigos, que con él van a consumir los productos que ha recolectado en sus fincas.
El Artista trae consigo el resultado de sus observaciones y los estudios que ha hecho en el campo. Llegado a su atelier, abre su carpeta; y como ya no puede comparar sus dibujos con la Naturaleza, su satisfacción reside más en sí mismo. Viendo su obra se acuerda perfectamente de los lugares que ha copiado; todos los fenómenos que ha observado se reproducen en su memoria… (Ibidem)
De la parte de Jaraguas hacia Utiel y Valencia
Las cubas de una bodega de Jaraguas están llenas de mosto, mientras los pámpanos de los viñedos descargados de sus frutos parecen ser los centinelas de una especie de guardia roja.
El atardecer nos está alcanzando y, tras admirar un viejo árbol que un sol moribundo carboniza, retomamos la carretera en dirección de Valencia, no sin sentir toda la magia de las tierras cárdenas y los viñedos incendiados de las tierras de Utiel
Por los llanos costeros de la Comunidad Valenciana no es el de los viñedos despojados sino el color de las naranjas en sazón lo que domina el paisaje.
Las cultivos rodean los pueblos de la costa y de sus valles adyacentes.
Los amaneceres y atardeceres frente al mar se distinguen de los del verano. El sol empieza a caer sobre la planicie del Mediterráneo con rayos oblicuos y cada mañana y cada tarde nos trae un nuevo despliegue de colores y tonalidades.
Otras púrpuras
El rojo es también el color preferido de muchos cardenales y papas. Ya se vestían así en tiempos de Velázquez y mucho antes, como dejó plasmado en su retrato del simpático Inocencio X de la Galería Doria Phampilj
Este cuadro suscitó varias interpretaciones significativas de Francis Bacon como la quese exhibe en los Museos Vaticanos, en la colección de pintura contemporánea que inició Pablo VI
Aunque, parece que el paso del tiempo ha hecho todavía más alambicados los gustos papales en materia de moda, si consideramos esta foto de Benedicto XVI publicada hace poco por El País. Parece que la alta jerarquía eclesiástica también se viste de la decadencia del otoño. ¿Habrá por ahí otro Francis Bacon que la transfigure de nuevo?
Pero volvamos a los frutos del arte y de la creación literaria…
Tomas Tranströmer y el mes de noviembre
Para acabar esta miscelánea otoñal que comenzaba con las reflexiones de un pintor he pensado que nada mejor que un poema que el premio Nobel de literatura 2011, Tomas Tranströmer, dedicó al mes de noviembre de 1962.
Por desgracia las traducciones que aparecen en la edición bilingüe de NórdicaLibros titulada “Deshielo a Mediodía (2011) y en el volumen sólo en castellano titulado “El cielo a medio hacer” (2011) son decepcionantes.
Así que he preferido traducirlo yo y asumir mis posibles defectos de traducción.
Variaciones de la espléndida pelliza de Noviembre
A que el cielo sea tan gris
debe la tierra su fulgor incipiente:
los verdes bravíos de los prados,
las tierras roturadas como un pan de sangre.
Presencia del granero de paredes rojas.
Los campos anegados
como arrozales de algún Asia brillan:
allí se detienen gaviotas y recuerdos.
Los neblinosos claros en medio del bosque
intercambian sus lentos tañidos.
Inspiración que oculta vive
y como Nils Dacke por el bosque huye.
Nota: En el siglo XVI el jefe campesino rebelde Nils Dacke , héroe legendario de Småland, escapó por un bosque herido y perseguido por las tropas de Gustavo I de Suecia
Lo versos de Tranströmer me han traído a la memoria algunos de los versos de Baudelaire en su poema “Correspondances”:
La nature est un temple où des vivant piliers
Laissent parfois sortir des confuses paroles
L’homme y passe à travers des forêts de symbols
Qui l’observent avec des regards familiers
…/
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent
Como no he podido ir en estos días a Småland, donde los campos roturados del otoño, lo puedo asegurar, parecen tierras mezcladas con sangre seca, no he podido fotografiar aquellos llanos y bosques que inspiraron a Tranströmer y que vieron las luchas de los campesinos católicos contra el rey luterano, así que me tengo que contentar con una foto de los campos de labranza como se ven estos días al sur de Gotemburgo y del otoño en la ciudad, justo junto a la fachada de la universidad
Archivos romanos (II): bajo la sombra del arcángel oscuro
A fines de setiembre la pinacoteca del Castel Sant’Angelo estaba cerrada. Así que mi visita se limitó a deambular, en compañía del alma de Adriano, por las rampas, escaleras, bastiones y salas de su mausoleo, convertido siglos más tarde en fortaleza y residencia de papas, y en prisión y abigarrado museo de armamento tras el Risorgimento (por cierto que los proyectiles de piedra, apilados en los cuatro bastiones que llevan el nombre de los cuatro evangelistas, son demasiado grandes para las embocaduras de las bombardas y culebrinas que en ellos se exhiben).
En síntesis, un exterior de extensas y luminosas vistas
y un interior lúgubre y sugerente
Parece ser que el muy culto emperador Adriano no sólo se rodeaba de artistas y filósofos sino que en su lecho de muerte tuvo el estro suficiente como para escribir la famoso invocación al alma, que se puede leer en la “sala de las urnas funerarias” de la parte más antigua del castillo, la construida para tumba de él mismo y de su familia
Palabras que dirige al alma el emperador Adriano moribundo:
Alma pequeña, errante y blanda,
Huesped y compañera del cuerpo
¿Dónde tendrás ahora tu morada?
Pálida, rígida, desnuda,
Privada de tus sólitos juegos
¿Quién anda por ahí?
Cuando vago por un museo me gusta hablar con los vigilantes de sala. Por varios motivos, por un lado, muchos de ellos saben o imaginan cosas que ni un experto conservador te cuenta y, por otro, se aburren bastante y, con frecuencia, sobre todo en Italia, agradecen una charla. De hecho la mayoría de los turistas pasan junto a ellos veloces y apurados, considerándolos como una pieza más de la exposición.
En la sala de la biblioteca, justo debajo de la sala de los juicios y torturas, la vigilante me habla de sus miedos en las tardes invernales, cuando ya se acerca el momento del cierre y en el frío recinto que le toca guardar no queda ni un solo turista.
No es extraño que sienta escalofríos quien tiene que pasar horas en las salas por donde circuló el papa Alejandro VI Borgia o el menos conocido Nicolás V, no menos responsable de otras crueldades, sobre todo la de legitimar el tráfico de esclavos con su bula Romanus Pontifex otorgada a Alfonso V de Portugal para la compraventa de africanos.
Por esas estancias anduvo también el vengativo Urbano VIII Barberini. Este papa, además de entretenerse en expoliar la antigua Roma (“quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini”), no quiso perderse las sesiones del proceso contra Galileo que el mismo papa, celoso y vengativo, impulsó.
Por no hablar del torpe Clemente VII Medici, más preocupado por su familia que por la búsqueda de la paz y la concordia y que murió por ingestión de setas venenosas.
Tampoco otro habitante de estos recintos, Bonifacio IX, se divirtió demasiado, aunque pudo darse el gusto de quemar a los líderes de un movimiento de autoflagelantes que, indignados, iban por Roma dándose latigazos en la espalda.
Otros pontificios ocupantes del castillo fueron Julio II de la Rovere, quien, aparte de dedicarse a la guerra y a sus aficiones pedófilas más que a la Iglesia, esquilmó a sus súbditos para financiar sus campañas y sus mecenazgos artísticos, y Paolo III Farnesio,el único que no dejó recuerdos de pesadilla y se preocupó de mejorar la Iglesia. Ambos añadieron al conjunto sus respectivas loggie,que hoy en día llevan sus nombres.
Otro inquilino del lugar fue León X Medici, quien, aparte de excomulgar a Lutero, prefirió dedicarse a la buena vida (la venta de indulgencias engrasaba las cuentas de la iglesia romana) en vez de hacer la guerra como su predecesor Julio II.
Así que no sorprende que, según nos cuenta esa buena señora, en las tardes de invierno, cuando ya no queda un alma (aunque puede que –vagula– ande por allí la de Adriano) se oiga un sonido de pasos por esas salas. Más aún, la guardiana nos susurra que sobre el polvo de los viejos muebles una restauradora ha encontrado por la mañana las huellas de los pasos descalzos de unos pies infantiles.
Todo esto me lo contó esta señora que vigila la “sala de la biblioteca”, justo debajo de la “sala de la justicia”, es decir la de los ajusticiables.
Aunque el Castel Sant’Angelo sea hoy territorio del estado italiano, desde sus ventanas se atisba la presencia vigilante del Vaticano, y en el túnel que los une me ha dicho un amigo que fue guardia suizo en su juventud que hay todavía una división fronteriza.
Así que, por mucho que represente a San Miguel, el ángel que preside la cima del Castel Sant’Angelo es un arcángel oscuro, cuyo brazo no temblaría al cortarnos la cabeza o empujarnos con la masa de los réprobos en el Juicio Final.
No así los blancos ángeles barrocos, evocadores de las fases de la pasión de Cristo, que flanquean el puente de acceso al castillo, lugar preferido de los turistas para hacerse sus fotos.
La obra de Gianlorenzo Bernini
Gianlorenzo Bernini proyectó doce estatuas angélicas para el ilustre puente, de las cuales él realizó dos con sus propias manos. Los originales de esas dos están a buen recaudo en el templo de Sant’Andrea delle Fratre, aunque, según Rudolf Wittkower (La escultura; procesos y principios, Alianza Editorial, 2002), el artista esculpió en secreto otro original de uno de esos dos, si bien ambas, las que están sobre el puente, se consideran hoy como copias hechas por sus discípulos.
En la citada iglesia (aunque sin la perspectiva abierta al cielo que Bernini quiso darles), no lejos de la Plaza de España en Roma, podemos admirar el ángel con los instrumentos de la pasión y el ángel con la leyenda de la pasión
Los modelos o esbozos de Bernini
Sobre la forma de trabajar del taller de Bernini a partir de modelos en arcilla y paja sobre una armazón de alambres de hierro y madera, nos da idea los que se conservan en la Pinacoteca de los Museos Vaticanos, que fueron el esbozo para otros ángeles en bronce que se encuentran en la Basílica de San Pedro. Para adentrarse en los procedimientos de la escultura en Italia, de nuevo recomiendo la obra de Rudolf Wittkower (entre los cuales destacan sus magistrales clases en el Christ’s College de Cambridge, en el curso 1970-1971, de este magnífico profesor americano recogidos por su viuda) y para saber más sobre los ángeles en el arte, se puede acudir al libro de quien ha sido mi profesor de anatomía artística en Roma, Marco Bussagli, Ángeles: orígenes, historias e imágenes de las criaturas celestiales (Everest, 2007).
Pero, dejando atrás fantasmas y otros ectoplasmas, acabemos esta entrada con la imagen optimista de Euterpe, la musa de la música, pintada al fresco por Perino del Vaga en la abigarrada sala de los grutescos de inspiración romana de los apartamentos farnesinos del Castel Sant’Angelo.
Esta entrada la dedico a mi nieto que vive en España y a mi nieta que vive en Inglaterra (y a sus mamas y papas respectivos)
Se celebran muchos aniversarios y yo, para no ser menos, y remontándome al año 1981, voy a celebrar uno que ha pasado desapercibido. Se ve que con la crisis, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales no tiene fondos para las cosas más importantes
Mi celebración se inicia en compañía del “hombrecillo indomable” de Hans Traxler que tradujo Miguel de Azaola
Aquel hombrecillo imperturbable que “un verano encontró una esponja a mano”
Tras varias peripecias -¡ay!- se deja arrastrar por la “hibris” y quiere tener alas cual un ícaro de sombrero y bigotito.
¿Por qué será que los bigotitos masculinos han acompañado a tantas desmesuras y desmanes de sus portadores?
Pero, volvamos a nuestra historia, el caso es que, para su desventura, el hombrecillo “echa a volar de repente»
Una colección inolvidable
En 1981 Ediciones Altea comenzó la publicación de la colección de cuentos o historietas de bolsillo Altea Benjamín, que fue recogiendo la obra de los mejores autores de narraciones breves ilustradas para chicos y grandes. No es posible enumerar todas.
Como ejemplo sirva una de las de Tony Ross, que traducía Miguel Diéguez.
El zapatero en su banco maquinaba cómo hacerse rico…
En fin, a medida que desde aquel año iban saliendo yo se los compraba a mis hijos, hasta completar los más de cien tomitos que integraron la serie.
Acabo de regalárselos a mi nieto y a mi nieta. Así, según vayan creciendo, irán disfrutando de ese maravilloso surrealismo infantil que rezuman estos libros y de sus extraordinarias ilustraciones.
La verdad es que, en mi biblioteca, he empezado a echar de menos una de las obras cumbre de aquella colección…
Una vez leído “El gusano, ese desconocido”, de Janet y Allan Ahlberg, nadie podrá usar ya en forma despectiva o como insulto el término “gusano»; ¡nada como el conocimiento para borrar los prejuicios! Más de un pescador dejaría de ensartar lombrices inocentes en sus anzuelos.
Esta obra, que tradujo Juan Azaola, concluía con la página siguiente:
Desde sus primeras páginas, esta obrita nos aportaba ya algunas nociones importantes sobre la inteligencia de los gusanos en su lucha por la supervivencia
Recordando además que para resolver las dudas que tengamos sobre el cociente intelectual de nuestro gusano, hay un test muy simple que se puede aplicar en la mesa de la cocina…
En cualquier caso, se recomiendan algunas precauciones antes de adquirir nuestro gusano de compañía, no sea que nos den gato por liebre, o, más bien, matasuegras por gusano
Para acabar, y –como este es un blog que alardea de una discreta erudición artística- no puedo menos de reproducir la obra maestra del barroco gusanesco, proyecto de los famosos escultores Gusanini y Gusalvi, que en sus fases sucesivas impulsaron varios vermipapas, pertenecientes a las ilustres familias de la los Anelidos, los Platelmintos y los Nematelmintos, que tantos cardenales y pontífices dieron a la historia de los Estados Vermificios. Estos datos no vienen en el libro sino que son fruto de mis sesudas investigaciones en la Biblioteca Vermicana.
Me refiero claro está a la renombrada “Gusana di Trevi”
Esculpiendo por los montes donde Horacio descansaba
Esta entrada la dedico a Marie, mi mujer, que trató de venir a participar en el evento y a quien eché mucho de menos pues, al final,no pudo y se ha tenido que contentar con las fotos; y a mis profesores de escultura en Altea, Paco Benavent, Tatiana Sentamans y Rocío Villalonga, y en Roma, Oriana Impei, de los que tanto he aprendido en estos tres últimos años.
En son de luz llegué a Roma y en son de luz me alejo de ella
Esta entrada comienza como la primera de este blog en noviembre del 2010, con una puesta de sol sobre el mediterráneo. Atardeciendo llegué a Roma y atardeciendo le digo adiós, sobre la misma nave que me trajo.
https://ensondeluz.com/2010/11/07/3/
Mi última semana en Roma, o mejor dicho en la provincia de Roma, ha estado dedicada al proyecto “Percorso d’arte nel giardino dei Cinque Sensi”, dirigido por la escultora y profesora Oriana Impei, de la Accademia di Belle Arti,
He podido así acabar e instalar mi escultura “A l’ascolto dell’acqua”, en el bosque del “Parco Regionale dei Monti Lucretili”.
Licenza y Horacio
Una zona del parque, más en concreto el “jardín de los cinco sentidos”, está en territorio de Licenza, localidad encaramada sobre los preapeninos de la provincia de Roma.
El pueblo está situado monte arriba. Antes de llegar se pasa junto a la entrada de la “villa de Horacio”, lugar de retiro placentero del poeta, que nos hace pensar en aquél famoso épodo 2,1 que leíamos en el colegio, y que comienza así:
Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico meles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentorum limina.
…/
Dichoso aquél que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres, dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes, libre de toda deuda, y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar, que evita el foro y los soberbios palacios de los ciudadanos poderosos.
(fuente: http://sapiens.ya.com)
¡ Pero ya me estoy yendo por los cerro del Lazio !
La verdad es que no podría añadir nada original sobre esta “villa de Horacio” a lo que ya dicen algunos sitios web. Por desgracia suele estar cerrada y sólo se accede previa petición. En caso de estar interesados, podéis encontrar fotos y documentación sobre este histórico lugar:
https://www.licenzaturismo.it/localita-villa-di-orazio
http://www.fastionline.org/docs/FOLDER-it-2004-8.pdf
Pero lo que sí puedo hacer es imaginar a Horacio componiendo algunas de sus obras junto a estas montañas cubiertas de bosques. Aquí anidan hoy algunas parejas de águilas reales y campan varias manadas de lobos.
En una de las salidas de los numerosos barrancos se sitúa la cascada del “giardino dei cinque sensi”. Junto a ella también se puede sentir aquella beatitud horaciana.
Así que hoy concluyo “la saga de la piedra”, la historia de un proyecto de cuyo comienzo informaba en este blog el 28 de junio.
Aquella entrada terminaba con las imágenes de un bloque de “lapis tiburtinus”: https://ensondeluz.com/2011/06/28/fin-de-curso-la-saga-de-la-piedra/ que, ya tallado, convive ahora con el agua y el bosque en estos parajes.

La última semana del proyecto (lunes 19 a domingo 25 de setiembre)
Así estaba el parque en el mes de febrero cuando lo visitamos para precisar la localización de los emplazamientos para nuestras esculturas, que aludirían a los cinco sentidos.
Y este era el aspecto de la cascada. Junto a ella propuse instalar mi obra, “a la escucha del agua”, una escultura de un metro ochenta que evoca una gran oreja, en cuya parte posterior una concavidad acampanada se orienta hacia las aguas del riachuelo.
Es una masa pétrea, primitiva, con algo de esas estelas escandinavas marcadas por las runas vikingas (aunque en este caso el alfabeto aquí plasmado sea sólo el del escalpelo y la gradina). Los surcos que he tallado en ella recuerdan la corteza de los árboles y se integran en el rincón umbrío junto a esta caída del agua. Las repetidas incisiones pretenden hacer pensar a las vibraciones del sonido que el arroyo emite.
El caminante apercibe la escultura desde el sendero como una invitación a aproximar su oído, a cumplir un rito, a sentir el rumor del arroyo, como homenaje a los espíritus del agua y a las ninfas del parque. Es un juego de puerilidad silvestre. Los escolares que visitan el parque lo apreciarán.
Trabajando duro
La semana del 19 al 25 de setiembre ha sido de intenso trabajo, con la ayuda generosa y continua del personal del parque. Stefano Sorrentino, Stefano Panzarasa, Giuseppina, Donatella (me quedo con las ganas de mencionar a todos) nos han ayudado incansables
Algunos, come Giuseppina, que empuña aquí la trepanadora, han descubierto en estos días una inesperada vocación para la escultura el piedra
Las sabrosísimas comidas en la “Osteria de Gustavo”, donde su hijo Daniele nos trató a cuerpo de rey, las costeó la Accademia di Belle Arti de Roma. En el bar venden unos helados excelentes. El café también lo es, tanto ahí como en el otro bar del pueblo, el de la señora Maria Grazia. La gente del pueblo ha sido amabilísima con nosotros. Si alguna vez caéis por este lugar encantado ir a saludar de mi parte a la señora Rina, en cuya tienda yo compraba manzanas y ciruelas todas las mañanas. Es una experta en hierbas y plantas silvestres medicinales o comestibles.
El Comune de Licenza nos obsequió con el alojamiento en la “foresteria”, un ala del Palazzo de los Orsini restaurada, en la parte más alta del pueblo, al final de empinadísimas subidas, en la plaza del castillo. La foto muestra la entrada de nuestro alojamiento.
Los ocho escultores (siete alumnos y la profesora Oriana Impei de la Accademia di Belle Arti de Roma) teníamos que acabar nuestras obras en esa semana. Están talladas en bloques de travertino y evocan la sensorialidad y los cinco sentidos. Las esculturas permanecerán en el parque. Hemos empleado hasta tres generadores, prestados por la gerencia del parque, para accionar las herramientas, así como un compresor para los martillos neumáticos. No obstante, una buena parte del trabajo requiere el uso, manual, de mazas, escalpelos y gradinas.
El lunes 19 llovió a mares y tuvimos que resignarnos a perder una jornada de las seis previstas, pero del martes al sábado nos beneficiamos de un tiempo soleado (y caluroso), a pesar de varios imprevistos de tipo técnico o logístico que entre todos solventamos con tesón. Grupos de alumnos de varias escuelas y de un colegio de la zona nos visitaron en compañía de sus profesores y pudieron observar en directo nuestra labor.
Los artistas
La obra de Fabio Arrabito,»il seme», ha demandado un gran esfuerzo físico. Evoca una semilla sobre su vaina y responde al espíritu naturalista del parque.
De vez en cuando hay que reposarse, en este caso es María Pía Amato, autora del “SpeOcchio” (el espejo-ojo) quien se toma un descanso.
Me quito la máscara para el polvo y las gafas de protección y hago una pausa para posar junto a mi trabajo en curso.
La escultura de Michelangelo Valenti plasma la parte superior de un cuerpo que no sabemos si emerge laboriosamente de la piedra o está en el proceso de fundirse con ella.
El laberinto interno del oído, esculpido a modo de caracol por Francesca Asquino, adentra sus antenas en la tierra para escuchar todo lo que ella tiene que contarnos.
La profesora Oriana Impei, alma y energía del proyecto, en plena faena.
Durante la inauguración Oriana explica su escultura, que evoca el sexto sentido, la intuición. Es una gran mano de travertino, de uñas en onix, surcada por la línea de Mercurio, la de la sensibilidad, en la que germinan las hojas blancas y nacaradas de la Lunaria.
La colaboración inestimable de Matthias Omahen, escultor y grabador, casado con la profesora Impei, ha sido esencial para el proyecto. Aquí le vemos dando una mano, a través de la abertura de una de las esculturas, el «SpecOcchio» de Maria Pia Amato.
Maria Beatrice Tabegna talla su escultura dedicada al viento, que ha sido obsequiada al municipio de Licenza
Eugenia Appetito puede descansar directamente sobre su escultura, que representa la interacción de los cincos sentidos
“Last but not least” ha habido otro artista, Marco Mazzei, el fotógrafo y realizador, que nos ha seguido en estos días, en medio de la polvareda, y ha captado los trabajos. El fruto de su esfuerzo será una producción sobre DVD que sintetizará el proyecto.
Moviendo toneladas
El viernes 23, el camión dotado de grúa, facilitado por el arquitecto municipal, sirvió para poner en pie y sobre sus basamentos las esculturas. Vemos aquí como traslada la mía y con el brazo mecánico la erige sobre su basamento en la zona alta del jardín, delante de la cascada.
La pericia de Giuseppe y Giovanni fue indispensable para desplazar y colocar adecuadamente los bloques. Gracias a ellos pude dedicar el viernes y el sábado a terminar la obra “in situ” y en su posición definitiva.
Una vez acabada, cubro el basamento con la tierra rojiza de ese rincón
El resultado: cuando el visitante llega a la explanada de la cascada divisa, orientada al mediodía, mi obra “A l’ascolto dell’acqua”, al final del camino, junto al riachuelo y la cascada.
El reverso de la escultura se orienta al norte y a la umbría del bosque. El rumor del agua es captado por la campana posterior, o al menos así lo quiere nuestra imaginación cuando acostemos nuestro oído contra el orificio de la gran oreja frontal
Los festejos de la inauguración
Durante toda la jornada del domingo 25 se celebraron los festejos de la inauguración, con una nutrida asistencia de los habitantes de la zona y numerosos visitantes llegados de Roma.
Junto a la cascada se celebra una sesión de yoga. Espero que mi gran piedra haya ayudado a concentrar un poco de las energías del cielo, la tierra y el agua en los espíritus de los participantes
Stefano Panzarasa, responsable de la educación ambiental en el parque, a la guitarra, y Roberto Capotorti interpretan junto a la cascada su canción del “Orecchio verde”, basada en un texto de Gianni Rodari (cuyos “cuentos por teléfono” leía yo a mis hijos hace años a la hora de dormir).
Aquí con mis dos amigos junto a mi escultura.
Unas jóvenes amazonas de la Asociación ecuestre “Open Range” evolucionan con sus banderas delante de la escultura
Ahí se ha quedado, esperando y soñando; al menos al modo en que las rocas pueden concitar nuestros sueños, cuando, esculpidas, las contemplamos.
Si algún día subís desde Tívoli a la villa de Horacio, continuad un poco y antes de llegar a Licenza, en un recodo de la carretera os espera el viejo cartel leñoso del Centro Macaruta, que así es el viejo nombre del Giardino dei Cinque Sensi. Recorred el jardín y, pasando el puente de madera caminad hacia la cascada y, tras dejar a la izquierda un huerto, el de Alfonso Maffei que también es el propietario del suelo sobre el que se asienta mi escultura, llegaréis a sus aguas.
Si hace calor tomad un baño refrescante y, si os provoca, pegad vuestro oído al orificio de la gran oreja. Quizá escuchéis no sólo el rumor del agua sino, quizas, alguna confidencia de las ninfas y los gnomos que pueblan el bosque
Cementerio marino de Sète
La mer, la mer, toujours recommencée ¡
Paul Valéry
La mort, la mort, toujours recommencée ¡
Georges Brassens
Paul Valéry
En mi ruta por el sur de Francia en dirección a España, por fin he parado en Sète. Otras veces llovía o no había tiempo, pero la semana pasada he podido visitar su cementerio marino guiado por los versos de Paul Valéry (1871-1945).
Es cierto que hay muchos otros motivos para detenerse en Sète, que en esos días era la sede del “Primer congreso internacional sobre la felicidad”, o sea “Les premières assises du bonheur”. No está mal para estos tiempos de crisis y habría sido interesante escuchar a un ministro de Bhutan explicar cómo su país es uno de los más felices del mundo, pero lo que yo quería era verificar las estrofas del poema Le Cimitière Marin de Valéry, comprobar si se correspondían con la realidad del sitio donde el poeta está enterrado, si lo que imaginaba al leerlas es lo que se contempla al estar ahí.
Este camposanto es especial, pues no se trata sólo de un hermoso y apacible cementerio donde yacen los restos de un poeta cuya obra se admira, como sucede con Keats o Shelley en Roma o Machado en Colliure, sino de un lugar que el poeta ha cantado en “Le cimitière marin” (1920), muchos años antes de haber sido enterrado, precisamente ahí, en el panteón de la familia, junto a sus familiares más cercanos
Los dos últimos versos de la primera estrofa de este poema en veinticuatro decasílabos han sido grabados en la piedra de su sepultura:
O récompense après une pensée
Qu’un long regard sur le calme des dieux ¡
¡Oh recompensa después de un pensamiento
Contemplar largamente la calma de los dioses!
Con la desproporción entre el ser pensante y la deseada eternidad que nuestra vida desmiente comienza este largo poema, excepcional memento mori de uno de los mejores poetas modernos.
Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose des feux
La mer, la mer, toujours recommencée ¡
O récompense après une pensée
Qu’un long regard sur le calme des dieux ¡
Esta techumbre tranquila, que recorren palomas,
Palpita entre los pinos, palpita entre las tumbas;
Un mediodía de justicia aquí fuegos compone
¡El mar, el mar, siempre recomenzando!
¡Oh recompensa después de un pensamiento
Contemplar largamente la calma de los dioses!
Este Techo, “edificio en el alma, suma dorada de miles de tejas”, “ofrenda suprema a los dioses de un sereno fulgor”, sólo obtiene de ellos un “desdén soberano”, por lo que el poeta se resiente, nos dice que ha comenzado a “olfatear aquí mi humareda futura”.
A partir de ahí el poema deambula largamente por estrofas de éxtasis de un soberbio refinamiento y de una escritura diamantina, que conducen casi sin sentirlo del “puro acontecimiento” al “vacío futuro”.
Una pregunta me surge espontánea: ¿por qué las aguas, del mar o de los ríos, arrastran la mirada de los poetas hacia la caducidad del individuo, a la fragilidad de su conciencia? ¿por qué sin necesidad de escribir poesía nos sentimos vinculados a nuestro final futuro a la vera de un río o sentados frente al movimiento incesante del mar? ¿por qué sin embargo frente a las grandes aguas nos sentimos consolados de nuestra finitud y animados a vivir ?
Tant de sommeil sous une voile de flamme, / O mon silence!…
¡Tanto sueño bajo un velo de llamas, / Oh silencio mío!
Algunas estrofas hacen recordar inevitablemente el “qué se hizieron” de Jorge Manrique.
Où sont des morts les phrases familières,
L’art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs
¿Dónde se fueron las frases habituales de los muertos,
El arte personal, las almas singulares?
La larva hila allí donde brotaba el llanto
Las imágenes de Valéry siguen discurriendo como los ríos de Manrique. No obstante, de todo aquello que acaba bajo tierra, de entre todo lo que está destinado a perecer, lo que hiere más la imaginación del poeta son:
Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
…
Los chillidos de las muchachas al hacerles cosquillas
Los ojos, los dientes, los párpados mojados,
El seno atrayente que juega con el fuego,
La sangre que da brillo a unos labios que se rinden,
…
Y sin embargo, cuando parece que el poema terminará desplomándose por los abismos de la melancolía, el poeta se alza, como una ola que se libera de la visión del fin, y cierra su obra enfrentándose prometeíco a la calma hipnótica de la muerte:
Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!
L’air immense ouvre et renferme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d’eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!
¡Se alza el viento!… ¡Hay que tentar la vida!
Un aire inmenso abre y cierra mi libro,
¡La ola osada surge de las rocas con su espuma!
¡Emprended el vuelo, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped con aguas gozosas
Este techo tranquilo salpicado de foques!
Georges Brassens
Pero, mi inesperado descubrimiento en Sète ha sido que Georges Brassens (1921-1981), mi cantautor francés favorito, nació también en este hermoso puerto de mar, y está enterrado aquí. A la entrada del cementerio marino una placa nos remite a otro cementerio, el de Py, donde tiene su sepultura este trovador inolvidable.
No me alcanzó el tiempo para acercarme a ese cementerio, al que se llega por la avenida de la Corniche, pero me permitiréis que ponga en relación al poeta sublime, Valéry, con el poeta terrestre, Brassens, a través de algunos versos de dos canciones. Al fin y al cabo fue él quien con humor y admiración dejó en sus letras varios guiños dedicados a su paisano .
En su “Súplica para ser enterrado en la playa de Sète”, se acuerda de Valery, cuyos versos son “mejores que los míos”, y que aunque esté enterrado en el cementerio marino, quien recibirá más visitas de los marinos será él, el trovador Brassens, si llegan a concederle el capricho de que su tumba sea un nicho en la playa de La Corniche.
http://www.nme.com/nme-video/youtube/id/cOBoMY84PXk
Desea que instalen un parasol junto a su lápida, para que «los buenos amigos que vengan a hacerme una reverencia no sufran de insolación». Imagina que los vientos que soplan en el Golfo de Lyon, el Mistral y la Tramontana, le traerán en sus aires, desde Italia o España, los sones de vilanelles, tarantelles, fandangos y sardanas.
La canción acaba con otro deseo del muy bribón: que la sombra de la cruz de su tumba acaricie a las guapas bañistas, las ondinas, tumbadas sobre la arena (que “el buen Jesús me lo perdone”).
No se le enterró en la playa de La Corniche, pero el cementerio de Py está en el paseo de La Corniche, y su modesta tumba es la de un hombre del pueblo que a la gente ordinaria dedicó sus canciones, dulces y ácidas, sin dorar jamás la píldora.
Lo demuestra su canción “Mourir pour des idées”, contra nacionalismos y guerras, que contiene ese otro guiño a Valéry con el que abríamos esta entrada:
Midi le juste y compose des feux
La mer, la mer, toujours recommencée ¡
Valéry
Les dieux ont toujours soif,
La mort, la mort, toujours recommencée ¡
Brassens
Oxford y Cambridge
Mi primera imagen es de una apacible tarde pre-otoñal en una vereda del jardín botánico de Oxford. Como la imagen alude a la infancia sin mostrarla no puedo evitar que este césped inglés me recuerde otros tiempos. En los primeros años de la dictadura franquista, cuando yo era un chaval de calzón corto, en las familias de clase media solía haber un pariente “anglófilo”, aunque ese rasgo político-cultural no se podía proclamar a los cuatro vientos, pues, por entonces, millones de españoles, germanófilos, levantaban el brazo al estilo fascista al paso de Franco y los jinetes de su “guardia mora”.
Un anglófilo era también un admirador de la educación anglosajona y en particular de “Oxford y Cambridge”, dicho así, todo junto, como si se tratase de dos lugares siameses, alfombrados de verde, donde unos universitarios educadísimos y uniformados iban de un campus a otro y vivían en unos “colleges” muy bonitos, en cuyas aulas siempre se ingresaba por puertas góticas.
Si no fuera por mi nieta, que crece junto a sus padres, profesores de otro campus inglés, y por dos sobrinas nietas, recién nacidas en una de las dos míticas ciudades, puede que nunca nos hubiésemos dado un garbeo por Oxford y Cambridge. Así que, empaquetados en un “ryanair”, viajamos hace poco a Inglaterra y a esas dos ciudades en las que enseñaron Erasmo de Rotterdam y Luis Vives. Estos humanistas pasaban con soltura del continente a Inglaterra en unos navíos un poco más lentos que los aviones de hoy.
Oxford
Tras unas horas visitando las calles venerables y los inacabables portales de colleges y los patios de antiguas y famosas bibliotecas, Oxford te deja un regusto a excelso parque temático. Para cambiar de sabor es sano acercarse al más antiguo jardín botánico de Inglaterra, el de su universidad. De esta forma, la visita a Oxford se concluirá de forma reposada con las imágenes de un estanque de ninfeas.
Erasmo y Oxford
En Oxford pasó Erasmo de Rotterdam el otoño-invierno de 1499 departiendo con los humanistas de su universidad, en particular con John Colet, quien recitaba los evangelios en inglés en la catedral de Londres. Había traducido el nuevo testamento del griego a una lengua vulgar mucho antes que Lutero, lo que levantaba las iras de la jerarquía y atraía a miles de personas, que por fin se enteraban de lo que decía la Biblia.
Oxford y Juan Luis Vives
En el Corpus Christi College enseñó Juan Luis Vives hasta que tuvo que dejar Inglaterra, tras unas semanas prisionero de Enrique VIII en la Torre de Londres. Puso su cabeza en peligro por haber apoyado la causa de la repudiada Catalina de Aragón y fue además el tutor de la princesa Mary, la futura reina María Tudor, quien no tuvo en cuenta las ideas de humanismo tolerante del valenciano cuando, más tarde, como reina, legó a la historia el significativo nombre de un cóctel, el Bloody Mary.
Movidos por la devoción vivista quisimos circular un poco por donde nuestro humanista se movió en los años veinte del siglo XVI, pero sólo pudimos asomarnos tímidamente al patio del Corpus Christi College, afrontando los reproches de un guía por haber franqueado en unos metros la puerta de entrada sin un permiso especial.
Otro personaje relacionado con Oxford
Hablando de bloody no he podido omitir la foto de la estatua que campea en una ilustre fachada de la High Street de Oxford
Representa a un adalid del imperio británico, Cecil Rhodes, el fundador de Rhodesia, el teórico de la superioridad de la raza inglesa. Se le conocen afirmaciones como estas:
I contend that we are the first race in the world and that the more of the world we inhabit the better it is for the human race.
Remember that you are an Englishman, and have consequently won first prize in the lottery of life.
Ser inglés era para aquel gran explotador de los diamantes africanos y del trabajo esclavo, el “primer premio de la lotería de la vida”, pero los universitarios becados por su mecenazgo iban a ser, según él, la cantera de una estirpe de “reyes filósofos” a la manera platónica, que conquistarían y dominarían el mundo.
La cosa se quedó en un objetivo un poco más pedestre, cuya consecución le hizo inmensamente rico:
Tenemos que encontrar nuevas tierras a partir de las cuales podamos obtener fácilmente las materias primas y, al mismo tiempo explotar la barata mano de obra esclava que está disponible de los nativos de las colonias. Las colonias también proporcionarían un vertedero de los excedentes de bienes producidos en nuestras fábricas.
Textos y fuentes en http://en.wikipedia.org/wiki/Cecil_Rhodes
Estos son los contrastes de Oxford la humanista. En definitiva se trata de otro símbolo más de nuestra civilización. Todas las civilizaciones dejan sus legados de arte y cultura, pero, por desgracia, todas se asientan sobre el doloroso tributo que los más débiles han de pagar a la barbarie.
Cambridge
En Cambrige pudimos parar escasamente cuatro horas, pues queda cerca del aeropuerto de Standsted (paso obligado de quienes nos dejamos ‘ryanairizar’). Fue suficiente para asomarnos a la apabullante colección de arte legada por el vizconde irlandés Richard FitzWilliam (1745-1816) al museo que lleva su nombre y al que se accede gratuitamente por una soberbia fachada neoclásica. Nada más emprender la ascensión de sus solemnes escaleras, un enorme bajorrelieve nos retrotrae a Persépolis.
Comemos en la cafetería restaurante del museo, ante a un muro multimedia por el que desfilan en seis pantallas las imágenes de una colección imposible de detallar. Sólo tuvimos tiempo para recorrer a paso ligero las salas de pintura. Me quedan en la memoria muchas cosas, desde Rubens a Henry Moore, pero, dada mi afición a las fisionomías, sólo dejo testimonio gráfico de dos rostros paralelos. La impasibilidad de una esfinge romana…
…y la ansiedad de la dama de honor de una novia del prerrafaelita John Everett Millais
Muchas más cosas podrían decirse de este museo, así que habrá que volver con calma
Erasmo y el Queen’s College
El Queen’s College de Cambridge se fundó en el siglo XV. La ventaja de este college es que pagando un billete de entrada puedes pasearte por sus cuidados patios y recintos.
No obstante, la “Erasmus Room” sólo se puede ver por el ojo de su vetusta cerradura. Ahora es un aula más con sus mesas y su pizarra modernas. Te queda intuir la ventana de esa habitación en la que, además de preparar las clases de Griego y Teología que impartía a un selecto alumnado, concluyó su versión latina y comentarios del Nuevo Testamento, redactó un trabajo preparatorio de su ensayo contra la guerra, el «Dulce bellum inxpertis», amplió su edición de los Adagios y hasta dio rienda suelta a su acerada ironía en el panfleto sin firma “Julius Exclusus”, crítica demoledora del tipo de papado que encarnaba Julio II.
Un cuadro de Erasmo, de calidad modesta y basado a mi modo de ver en los de Quentin Metsys y Holbein, preside con otros dos el Old Hall, decorado en el siglo XIX, y enfatiza la posición preeminente que se otorga al humanista en la historia del Colegio, que ya visitó a finales de 1505 y en el que ejerció la docencia de 1512 a 1514.
En los Midlands
Por otra parte anduvimos también de visita por los Midlands: Oakham, Stamford, Leicester, pero ya me he pasado de extensión en esta entrada. De modo que, como comenzábamos con flores, la despedimos con imágenes del jardín botánico de la Universidad de Leicester…
…donde -¡ay!- el gigante de Brele Scholtz recorre el parque amenazando con pisar los parterres…
…pero, atraído por las preces de los monjes cantores de William Harling,
…el “angel gordo” de Mary Anstee-Parry se apresta a enfrentarse al desalmado ser de madera
El viaje en coche nos llevó una hora. Aprovechamos el pasado sábado, esplendorosamente soleado, para acercarnos al parque natural de Pilane, en la isla de Tjörn al norte de Gotemburgo, unida a la tierra firme por el puente de Stenungsund. Ese mismo día se celebraba la “vuelta a Tjörn” con cientos de veleros en competición, divisables desde los promontorios de la isla, a modo de mariposas blancas en el mar, encrespado por el fuerte viento que sopló durante toda la jornada.
Hace ya cinco años que durante el verano una serie de artistas de varios países exponen al aire libre sus esculturas o sus instalaciones. El parque natural de Pilane ocupa una zona con enterramientos de la Edad del Hierro, pues en estas tierras hubo una aldea, cuyos habitantes sepultaban en círculos marcados por piedras erectas o pequeños menhires los restos de la cremación de sus familiares. Al parecer, esos círculos, de los cuales se perciben hoy en día 57, además de 10 túmulos y 6 menhires, eran también lugar de encuentro comunitario y conmemoración de los ancestros.
La belleza sosegada de este sitio acoge cada año una muestra de escultura en plena naturaleza, entre ovejas que pacen y arroyuelos.
La obra conceptual del sueco Kent Karlsson, “Giant aid rabbit” (un enorme conejo socorrista inmovilizado por la pérdida de sus gafas) convive con las pécoras.
La funambulista de “Allt är möjligt” (todo es posible) de Eric Langert (Suecia) se mece, y parece avanzar o retroceder con el viento, sobre la cuerda floja.
Un resignado personaje se sienta sobre la yerba, ha renunciado a quitarse el jersey que le tiene inmovilizado para siempre en su postura de bronce. La escultura se titula “Big Culp” y es obra del austriaco Erwin Wurm.
El enorme “Intergalactic totem” en aluminio, de Lori Hersberger (Suiza), parece haber sido depositado en este lugar por unos visitantes de otros planetas, como prenda de esa inminente vuelta que los gurús anuncian para 2012.
Los grandes bronces del británico Tony Cragg son bien conocidos, capturan la evolución de un objeto o de un personaje, son como aconteceres ‘in fieri’, cuyas facetas sucesivas se hayan amasado en una sola forma, que pugna por escapar de si misma, sin conseguirlo. Aquí podemos apreciar “3D Incident” y al fondo, más abajo, siguiendo un caminillo invadido por el arroyo, el organismo inquieto de su “Point of view”.
No lejos de ahí, unos seres que parece nacer de las aguas de la marisma. La obra “Ur” de Leo Pettersson (Suecia), es una pareja, no se sabe bien si de verme y percebe, o de mutilados tentáculos de una criatura del fango.
Unos troncos de abedules muertos destacan por su blancura en una paisaje en el que faltan. Es el sueco Nils Ramhøj quien con su instalación “Rekonstruktion” evoca así la ausencia del que puede considerarse el árbol nacional sueco.
Pero quizás la más popular actualmente de los artistas de esta muestra de Pilane 2011 sea la irlandesa Eva Rothschild, quien también expone ahora obras similares en el Central Park de Nueva York.
Su obra “Someone and Someone”, en aluminio polícromo, parece una metáfora del encuentro, la confrontación o el diálogo, y posiblemente la perplejidad, que suele acompañar a la relación entre dos personas, en competición pero hermanadas por su misma naturaleza variopinta.
Otra mujer, la sueca Klara Kristalova, hace honor a su nombre con las campanulas de cristal blanco que brotan de un gran lirio de bronce, el “Lily of the Valley”.
Nos despedimos del parque, no sin dirigir una última mirada a la gran instalación “Sprung” de Leo Pettersson, que domina el punto más alto de este valle.
Y pongamos los pies en polvorosa porque nos persiguen los cocodrilos de neumáticos de camión ‘recachutados’ de Eric Langert…
… puede que por eso su equilibrista se mantenga ahí arriba, sin atreverse a bajar.
A las ovejas, que pastan en este lugar desde hace siglos, no parece que les importarle la presencia de los saurios…
…ni tampoco el stress del personaje de aluminio de Erwin Wurm , el “Stressbeulenmann”.
Y así que a relajarse y a disfrutar de las acuarelas de Emil Nolde en el Museo de la Acuarela que, sin salir de la isla, también merece la visita. Se encuentra en Skärhamn. Mientras en Madrid las multitudes se torran siguiendo con su Papa las dramáticas escenas de un Via Crucis, aquí la torre de la iglesia se asoma sonriente al puerto, como queriendo recibir a los veleros de vuelta del «Tjörnrund».
Pero dejemos algo para otro día.
El cementerio «acatólico» de Roma junto a la Pirámide Cestia
Donde los muertos nos invitan al reposo
Hace ya muchos años tuve un excelente profesor de literatura moderna. Los conocimientos de lenguas de sus alumnos, yo entre ellos, eran más bien pobres. Pero con sus antologías ‘ciclostiladas’ de poemas, en su lengua original en una columna y el castellano en la otra, nos fascinaba con sus lecturas de la poesía inglesa, francesa y alemana, sin que faltasen por supuesto los poetas modernos en español.
Fue así como me aficioné a la lectura de aquellos poetas europeos y americanos que han marcado los orígenes de la poesía contemporánea occidental. No pretendo daros la lista, pues estas líneas están motivadas por mi reciente visita al cementerio, denominado “acatólico” (que no “protestante”), en Roma, donde están las tumbas de John Keats (1795-1821) y de Percy B.Shelley (1792-1822).
Así describía este cementerio un poeta finlandés Emil Zilliacus (1878-1961):
“Cerca de la Pirámide, en la parte abierta y ventosa del Cementerio, donde fue enterrado Keats, resplandecen las anémonas rojas del gran prado que circunda los sarcófagos y columnas de los monumentos fúnebres bajo los altos y airosos pinos. En este oasis pequeño y tranquilo, ingleses, alemanes y nórdicos duermen aquel sueño que los epigramas griegos definen como arduo y amargo: el sueño en tierra extranjera. Pero dudo que haya que compadecerles. Puede que, a los ojos de muchos de ellos, cuando morían la patria les apareció lejana, sus densos bosques o sus humedales neblinosos, sus lagos, sus montes o sus mares. Pero su último viaje ha sido un peregrinaje a una tierra milenaria, para ellos consagrada y santa, en la cual han iniciado su reposo. Lejos del país que les vio nacer ha comenzado su descanso, pero duermen en la casa de sus sueños poéticos y artísticos” (Deambulando por Roma, 1924)
Hermosas sin duda las metáforas del poeta finlandés para reflejar uno de los mejores refugios que Roma ofrece a los vivos para escapar del caótico frenesí de tráfico y turistas que domina sus calles. Los que murieron ya no pueden apreciar esta calma, pero en realidad, al enterrarse aquí, han creado un lugar de reposo para los que aún respiramos.
Como reconocimiento a Keats por la garantía que su tumba supone para este lugar melancólico, a las espaldas de la pirámide mausoleo de Cayo Cestio, trascribo aquí la primera estrofa de su oda a una urna griega. Si la traducción castellana mereciese vuestras críticas, yo soy el único culpable.
Ode on a Grecian Urne
THOU still unravish’d bride of quietness,
Thou foster-child of Silence and slow Time,
Sylvan historian, who canst thus express
A flowery tale more sweetly than our rhyme:
What leaf-fringed legend haunts about thy shape
Of deities or mortals, or of both,
In Tempe or the dales of Arcady?
What men or gods are these? What maidens loth?
What mad pursuit? What struggle to escape?
What pipes and timbrels? What wild ecstasy?
( Arthur Quiller-Couch, ed. 1919. The Oxford Book of English Verse: 1250–1900)
Oda a una urna griega
Tú, todavía virgen, esposa de la quietud,
Tú, hija adoptiva del Silencio y del calmoso Tiempo,
Silvestre historiadora, que a nosotros dedicas
Tu fábula florida, más suave que este verso nuestro:
¿Qué leyenda acecha en el friso de hojas que compones
Con dioses o mortales, o con ambos quizá,
En Tempe o en los valles de Arcadia?
¿Qué hombres o deidades son esos? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué es esa persecución desenfrenada? ¿Qué esa pugna por huir?
¿Qué son esas zampoñas? ¿Qué ese salvaje éxtasis?
No sólo la urna griega de Keats, sino los sepulcros todos de este cementerio protegido esconden peripecias vitales y leyendas.Para muestra, la de Shelley, o de sus cenizas más bien, pues fueron enterradas aquí por sus deudos, años después de su trágica muerte en el mar toscano y de su incineración, decidida por Byron, sobre la arena de la misma playa de Viareggio donde el mar arrojo su cadáver. Llevaba aún los poemas de Keats y un volumen de Esquilo en el bolsillo.
En estos días de idolatría pontifical no está de más recordar que además de poesía, Shelley escribió algunos panfletos indignados, por ejemplo “De la necesidad del ateísmo” (que en su edición aumentada tituló “Refutación del Deísmo”), largo diálogo entre dos personajes, Eusebio y el Teósofo, que envió a todos los obispos ingleses y a las autoridades académicas de Oxford; lo que le valió la expulsión de la universidad y la ruptura con sus padre, que podemos considerar bastante previsible en aquellos tiempos, con que tan sólo leamos uno de sus párrafos:
“Pretendéis que la raza humana merecía una reprobación eterna porque su primer padre había trasgredido el mandato divino, y que la crucifixión del Hijo de Dios era el único sacrificio bastante eficaz para satisfacer la justicia eterna. No obstante, es no sólo incompatible con la justicia sino una subversión de la moral el que millones de seres humanos tengan que responder de un delito del que no han sido parte, o que la crucifixión de un inocente pueda lavarles de esa execración moral, en caso de que hubieran realmente cometido el crimen. ‘Ferret ne ulla civitas latorem istitiusmodi legis, vel condemnaretur filius, aut nepos, si pater ut avus deliquisset?’ Con toda seguridad se trata de un tipo de legislación propia de un estado de salvajismo y de anarquía, de la lógica invencible de la tiranía y de la impostura”.
Cuando se expresaba así, el poeta tenía 19 años.
Antes de salir de los senderos umbríos de este cementerio romántico, no puedo menos de detenerme ante la tumba de Johann Christian Reinhart, el artista alemán a quien dediqué mi entrada del 6 de mayo pasado…
…y ante la lápida colectiva de los suecos aquí enterrados (que reza literalmente: «aquí reposan suecos»).
Y saliendo del cementerio, lugar por excelencia del ocaso…
…saludos desde otra clase de ocasos, los atardeceres de Gotemburgo. Los barcos que aquí fondean no son los de Caronte, ni estamos en la orilla de la laguna Estigia.




































































































































































