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El “milagro” de San Cristóbal en la hagiografía valenciana y el largo calvario de la familia de Juan Luis Vives, exiliado y renovador del pensamiento europeo

30 junio, 2013
Juan Luis Vives. Oleo moderno en la Universidad de Lovaina.

Juan Luis Vives. Óleo moderno en la Universidad de Lovaina.

 

Para Dora, Baltasar, Ana,  Jaume y Pere

Doy las gracias a mis convecinos por haber venido a escucharme en la charla que di hace dos días en la biblioteca Enric Valor de Els Poblets sobre las ideas sociales de Juan Luis Vives  (Valencia 1493 – Brujas 1540).

Casualmente ayer leí algo en el diario Levante de ese mismo viernes que se relacionaba con los temas hablados en la charla.

Así que paso a citar lo que he encontrado en esas páginas:

El barrio de la judería de Valencia fue donado por Jaime I a los judíos que quisieron venir a habitar Valencia. La muralla del barrio judío tenía siete puertas y junto a una de ellas, en la llamada plaza de la Figuera tenían su sinagoga

Es famoso en los anales de nuestra historia el milagro de San Christoval ocurrido el 9 de julio de 1391

(De sendos artículos de Baltasar Bueno publicados en el Diario Levante respectivamente el 7 julio del 2012 y el 29 de junio del 2013)

Este columnista narra que, según se dice y registra una deliberación del Consejo de la Ciudad en 1658, en aquel día de finales del siglo XIV debajo de la sinagoga se escuchó por tres veces una gran voz que decía ¡judíos, fuera de mi casa!

El cronista añade el siguiente eufemismo:

Era una época en que había grandes tensiones entre las comunidades cristiana, judía y musulmana que existían en Valencia

Pues bien, en realidad estaba en marcha una furiosa campaña de depuración étnica contra los judíos españoles en muchas ciudades de la península.

Lo que refleja mejor cuando escribe que

Se enteraron los cristianos y se amotinaron contra los judíos, a los que en buena parte pasaron a cuchillo. Los que pudieron se refugiaron en la sinagoga y pidieron bautizarse cristianos, salvándose de una muerte certera

Este especialista en tradiciones valencianas agrega que el portento consistió en que bajo aquella sinagoga, que con la excusa de las voces estaban demoliendo los piadosos valencianos, apareció “milagrosamente” una estatua de San Cristóbal, que hoy se venera en el Convento de las Canonesas de Valencia. Por lo visto, el que gritaba era San Cristóbal

Devoto de San Cristobal. Reproduccion de un dibujo de Hans Holbein para el Elogio de la locura de Erasmo

Devoto de San Cristóbal. Reproduccion de un dibujo de Hans Holbein para el Elogio de la locura de Erasmo

En 1969 la Iglesia Católica concluyó que la historia de este santo es una leyenda y que nunca hubo ni existencia ni canonización del tal San Cristóbal, por mucho que canonesas y camioneros lo sigan venerando y los católicos valencianos lo consideren su patrón. Así que difícilmente pudo ese falso santo dar voces desde el subsuelo.

Una vez más alguien urdió un montaje para eliminar a los envidiados y prósperos judíos valencianos y para quedarse con el codiciado barrio donde vivían, obligándoles violentamente a mudarse a otra zona de Valencia, a bautizarse y a cambiar de nombre por la fuerza.

De tal manera que Abraham Abenfaçam y su hijo Jacob Abenfaçam, padre del tatarabuelo paterno de Juan Luis Vives, fueron obligados a bautizarse y cambiarse en Francesc y Gabriel Vives respectivamente.

Estereotipo de judio en la Presentación de la Virgen en el templo. Maestro de Calzada.Museo de Bellas Artes de Valencia. Foto R.Puig.

Estereotipo de judio en la Presentación de la Virgen en el templo. Maestro de Calzada.Museo de Bellas Artes de Valencia. Foto R.Puig.

La tragedia de los antepasados y de la familia cercana de Juan Luis Vives

Estas historietas de Baltasar Bueno revisten de tradición y piedad lo que es el comienzo de una dura historia de intolerancia religiosa, xenofobia y depuración étnica que destruyó varias generaciones de la familia del humanista Juan Luis Vives. Aquella ola de asesinatos de judíos españoles se remonta a los pogromos de 1391.  Comenzaron en Sevilla, impulsados por prédicas de frailes,  se extendieron por toda España al grito de “bautismo o muerte”, pasando por los inflamados mensajes de San Vicente Ferrer contra los moros y judíos españoles y la matanza de aquel nefasto 9 de julio.

Continuaron en el XV con  la expulsión de los judíos españoles en 1492. Curiosamente un “converso” valenciano, Luis Santángel, emparentado con los Vives, había aportado parte de la financiación de la expedición de Colón a América.

A fines de ese siglo y hasta bien entrado el siglo XVI la persecución se cebó de nuevo en Valencia con las torturas inquisitoriales y los autos de fe de los conversos. En 1524 quemaron vivo a Luis Vives Valeriola, padre de Juan Luis Vives, y a muchos otros. Varios miembros de la familia de su madre, Blanquina March, habían sido ya ejecutados el 9 de julio de 1501 (otra vez la triste fecha como en los asesinatos masivos de 1391).

El resto de la familia paterna y materna del humanista fue casi completamente aniquilada y expropiada. Sus hermanas, una, la más joven, murió de peste en los calabozos del Santo Oficio y las otras dos quedaron en la miseria, cuando a su madre, muerta veinte años antes, la condenaron por segunda vez y quemaron su efigie en 1528, con la aviesa intención de arrebatar a la familia sus últimas propiedades.

(Referencias: García, Angelina. Els Vives. Una familia de jueus valencians. València, Editions Tres i Quatre, Eliseu Climent Editor, 1987 o García Cárcel, Ricardo. “La familia de Luis Vives y la Inquisición” en el Volumen Introductorio a las Opera Omnia de Juan Luis Vives, València, Edicions Alfons el Magnànim, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y Universitat de València, 1992, pp.489-519.)

Exilio de Juan Luis Vives

En 1509, sabiendo su padre que en España aquel hijo inteligente e inquieto, nunca podría abrirse camino y siempre sería un paria más, un sospechoso converso vigilado por los envidiosos y bajo la amenaza de ser procesado con cualquier pretexto, lo envió a París, con dieciséis años, a continuar la formación que ya había comenzado en el Estudi General de Valencia.

Portada de De concordia et discordia in humano genere. Juan Luis Vives. Leyden 1532

Portada de De concordia et discordia in humano genere. Juan Luis Vives. Leyden 1532

Cuando en 1522 muere Antonio de Nebrija la Universidad de Alcalá de Henares le escribe a Juan Luis Vives, a la sazón profesor en la de Lovaina, ofreciéndole la cátedra vacante del gran filólogo español. En aquel año el padre de Vives (acusado de cumplir con los ayunos judíos, no trabajar los sábados, besar las manos de sus progenitores y otros crímenes similares) entraba en prisión y empezaba a ser torturado a sus cincuenta y ocho años en los calabozos valencianos del Santo Oficio, que le asesinaría quemándolo vivo en medio de la vergüenza pública y apropiándose de sus bienes, en 1524.

Juan Luis Vives nunca pudo volver a aquella España dominada por la intolerancia.

Un discípulo de nuestro humanista, Rodrigo Manrique, pariente del Inquisidor General Alonso Manrique, escribe a su maestro desde París el 9 de diciembre de 1533 y, entre otras cosas, le dice:

Preferiría permanecer en la mayor barbarie e incultura, antes que volver nunca a una patria tan ingrata cono la mía. Porque, dime, por favor, ¿qué puede pensarse más detestable que recorrer las escuelas y los países para alcanzar más erudición y más habilidad en el manejo de los negocios y, de vuelta a la patria, ser acusado o mejor dicho, ser calumniado de hereje?

(Vives, Juan Luis.  Epistolario. Edición y estudio introductorio de José Jiménez Delgado, Madrid, Editora Nacional, 1978, pág.588)

Las torres de Serranos. Fines del siglo XIV. Valencia. Foto R.Puig.

Las torres de Serranos. Fines del siglo XIV. Valencia. Foto R.Puig.

No se puede servir a Dios y al Diablo

Así que, sería deseable que los devotos valencianos, cuando saquen en procesión a San Cristobal, piensen alguna vez en todas las atrocidades que se cometieron en nombre de ese falso santo.

Resulta un poco contradictorio incensar ese mito, conmemorar ese “milagro” y al mismo tiempo celebrar con ditirambos a Juan Luis Vives, como el más ilustre pensador y humanista valenciano de la historia de Europa. O una cosa o la otra.

La represión que por varios siglos se ejerció en España contra disidentes religiosos o ideológicos y sus minorías étnicas es diametralmente opuesta al pensamiento de aquél que proclamaba:

Cogitatus liber. Cogitatus quis coget. Vis veritatis. Homo homini par. (Satellitium animi, 1524)

El pensamiento es libre. ¿Quién podrá forzarle? ¡La fuerza de la verdad! ¡Nadie es más que nadie! (Escolta del alma, 1524)

Vives estuvo siempre en contra de aquellos frailes, teólogos o simplemente gentes ordinarias que se ponían al servicio de la persecución inquisitorial, ésos que

testifican, inquieren, acusan, se pronuncian, condenan, castigan (con la pérdida de fama, posesiones y vida).

¿Cómo pueden juzgar  lo que nunca vieron, ni siquiera en sueños?

(De Concordia et discordia in humano genere, 1529)

Referencia: Puig de la Bellacasa, Ramón. La discapacidad y la rehabilitación en Juan Luis Vives. Incluye una colaboración de Constant Matheussen. Madrid, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalías, 1992. Texto corregido por el autor en 2006:   Version Vives 2006 Pdf

Ver también: Juan Luis Vives y la Pobreza y la Discapacidad

Resulta triste que Vives nunca pudiera volver a pasear por el Carrer de la Taverna del Gallo, en donde en uno de sus Díalogos latinos (“Camino de la escuela”) recuerda haber vivido en su niñez. Esa calle y la casa de su padre estaban por la zona de la Valencia actual entre el Colegio del Patriarca y la Plaza de Margarita Valdauraen memoria de quien fue su esposa,  hija también de una familia de conversos que se pusieron a salvo en Brujas tras las atrocidades antisemitas de finales del siglo XIV.

Ofrezco aquí la portada de la edición castellana de esos Diálogos en versión bilingüe, traducidos por Christoval Corèt y Peris e impresa por Antonio Balle en Valencia en 1723. Se indica en ella que los ejemplares se venden en casa de Joseph Cardona, Mercader de Libros, en la plaza de la Seo (versión digital en Google Play).

Portada de los Dialogos de Vives. Valencia 1731.

Portada de los Diálogos de Vives. Valencia 1731.

4 comentarios leave one →
  1. 30 junio, 2013 07:40

    Enhorabuena Ramón por todo y gracias por tu charla del otro día

  2. 30 junio, 2013 09:34

    Gracias Pere,

    Por cierto que, como puedes apreciar en la foto de la portada de los Diálogos de Vives, quien los distribuía en Valencia en el siglo XVIII era un “mercader de libros, en la plaza de la Seo” que se llamaba Joseph Cardona…

    He mirado algo en la bibliografía sobre Vives y los conversos por si podía hallar referencia del Vives de Verger que se alineo con la revuelta de las Germanía y que te intrigaba. En la Biblioteca Valenciana Digital, si pones en la casilla de búsqueda “cualquier campo” sale una nube de publicaciones y, en particular tres en formato pdf sobre el tema. Lo que pasa que habría que zambullirse ahí para ver si dice algo sobre cuál o cuáles Vives tomaron partido por las Germanías (1519-1523).

    Dice Angelina García es que la Inquisición usó su poder para depurar también a los judíos juntando a sus otras acusaciones la de ser agermanados. Que una rama de la familia de Luis Vives sobreviviese en El Verger merecería ser investigado.

    Gracias por haber asistido activamente a la charla.

    Un abrazo

    Ramón

    • 30 junio, 2013 18:13

      Ramón, las gracias te las damos todos a ti por la estupenda charla del viernes pasado: aparte de la brillantez en la exposición lo que me asombró sobremanera fue la pasión que pusiste en ella. Insuperable.
      Por lo que respecta a mi pregunta no debí expresarme bien. Te pido disculpas. El Baltasar Vives al que me refería fue el tesorero del Virrey de Valencia (Diego Hurtado de Mendoza) en la guerra CONTRA los agermanados. Tras la batalla de Gandía, ganada de forma contundente por los agermanados el Virrey, en su huida, se refugia primero en Xàtiva y más tarde se traslada a Denia para embarcarse hacia Peñiscola. En este viaje pasa una noche en El Verger, señorío de Baltasar Vives. Y como consecuencia de esto los agermanados, más tarde, saquean y queman el pueblo.
      Este Baltasar Vives es el que algún autor (no recuerdo quién) relaciona con Juan Luís Vives. En concreto dice que puede ser su tío.
      Esta url lleva a un facsímil de Lorenzo de Sandoval donde se relatan algunos de estos hechos:
      http://books.google.es/books?id=EBl6vfbj5LwC&pg=PA217&lpg=PA217&dq=baltasar+vives+virrey+valencia&source=bl&ots=svfjNuIxqc&sig=msXw2cIjxnqqZGVTmIXzGROPWaw&hl=es&sa=X&ei=mFPQUZ-gN8rtO-TqgegN&ved=0CC8Q6AEwAA#v=onepage&q=baltasar%20vives%20virrey%20valencia&f=false

      • 30 junio, 2013 19:17

        Pere,

        Fui yo el que te entendí al revés, pues habiendo leído el artículo de García Cárcel página 502 (primer párrafo), en que trata de la amalgama inquisitorial de la represión a los agermanados con la represión de conversos (dice que hubo varios de la parentela de Vives colaborando con los agermanados del lado de Llorens y del Encubierto, Enric Manrique de Ribera también acusado de herejía), olvidé el previo párrafo segundo de la página 501).

        En ese párrafo previo se cita no sólo la opinión desfavorable de Vives sobre la revuelta, sino también a su tío Baltasar (pero de quien no da el apellido) que colaboró activamente contra los agermanados.

        Puede pues que sea él ese Baltasar Vives Señor de Pego y tesorero de Diego Hurtado de Mendoza y Lemos, Virrey de Valencia (¿ese segundo dato está también en Sandoval?) al que te refieres… Pero no figura en el árbol genealógico de los Vives que ofrece García Cárcel ni en la obra de Angelina García.. Curiosamente el padre de Vives tenía parcelas en Pego, no lejos pues de El Verger.

        El libro de Lorenzo de Sandoval es una crónica impresionante (gracias por pasarme el enlace) del ensañamiento de las guerras civiles, la división social y la violencia entre vecinos de pueblos cercanos, según estuviesen de un lado o del otro.

        Gracias de nuevo.

        Un abrazo

        Ramón

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