Del frío y del hielo

Eflheim, el mundo del hielo. Acrílico y óleo sobre lienzo. Ramón Puig 2014
En memoria de Filippo Clerici (22 julio 1935 – 9 abril 2008)
En las mitologías germánicas hay dos mundos que no son aptos para la vida del ser humano: el helado y el ardiente. Nos queda uno que es el que habitamos. Nuestra capacidad de adaptación contradice el mito en cuanto a los territorios helados se refiere, pero vivir en las lavas fundentes eso no lo hemos conseguido. Me podrán decir que la omnipotente venganza divina puede mantenernos en ellas para toda la eternidad y que arder sin consumirse es parte de la oferta de las mitologías judeocristianas e islámicas. La imaginación punitiva de las divinidades nórdicas no da para tanto, aunque el inframundo ese sí que, con sus variantes, está bien representado en el inconsciente colectivo de todas las culturas.
Todo esto ¿a santo de qué?
Lo saben sin duda, hemos pasado por muchos días de frío, al menos en estas latitudes del hemisferio norte. Por ejemplo, así han estado apareciendo los rododendros bajo la ventana de nuestra cocina, tal como una congregación de frailes mercedarios con su capuz.

Y a poco que dieses una vuelta por las afueras podías sentirte como dentro de uno de esos cuadros que la factoría de los Brueghel producía como rosquillas.

Domingo en familia. Gotemburgo. Sábado 3 de marzo de 2018. Foto R.Puig
Más o menos uno de este estilo

Pieter Brueghel el Joven. Los placeres del invierno, 1620, Museo Magnin. Dijon
Apacibles las imágenes de las familias, disfrutando del fin de semana en el lago helado de Delsjön, a corta distancia del centro de la ciudad…

Domingo en familia. Gotemburgo. Sábado 3 de marzo de 2018. Foto R.Puig
papás amorosamente dedicados a su oficio,
para abajo…

Con papá en Delsjön. Foto R.Puig
y para arriba…

Con papá en Delsjön. Foto R.Puig
hermanos mayores voluntariosos

paseantes

Paseando en el Delsjön. Foto R.Puig
perros hiperactivos

y el sol que se presenta tímido

Sol de invierno en el Delsjön. Sábado 3 de marzo de 2018. Foto R.Puig
casi tanto como nuestras siluetas

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De otros fríos y otros ámbitos
Hubo otros tiempos en Suecia, cuando los pintores hacían de fotógrafos…

Isupptagningen (cortando hielo). Carl Larsson 1905
y no había neveras eléctricas.
Sin ir más lejos, en casa de mi abuelo, la primera nevera que conocí se cargaba con trozos de barra de hielo. Había fábricas que las producían. Aunque eso era en los años cincuenta del siglo XX, mientras que en la Suecia de Carl Larsson (1853 – 1919), los aserradores de hielo se ganaban la vida vendiendo los bloques que cortaban en los lagos helados. Como hace tres días se celebró el Día Internacional de la mujer trabajadora es oportuno mencionar que aquel pintor fue afortunado al conocer a Karin Bergöö (1859 – 1928), con la que se casó. Formaron equipo, combinando sus talentos complementarios.
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Reminiscencias
Sin irnos tan lejos, me voy a permitir algunas reminiscencias personales que el frío me ha suscitado. Me llegan de los años 60, dalla mia carissima Italia. Han pasado cincuenta años.
Quizás el recuerdo se deba también a que los italianos andan una vez más deshojando, en este frío invierno, la margarita de un gobierno que parece imposible

Macizo del Ortles. 1966. Foto R.Puig
Así se veía el macizo del Ortles cuando en aquellos años recorríamos, con piolet, crampones de correa y en cordada, las crestas y cumbres de las trece cimas.

Refugio Casati y cima del Cevedale. Vieja postal años 60
No dormíamos en los grandes refugios de las estaciones de esquí, sino más arriba, en aquellas reducidas cajas de metal con seis literas, sujetas con cables de acero en un recodo de la cresta, que no se aprecian en las postales.

El bivacco Meneghello en el 2015 (los hielos han retrocedido). Foto: summitpost.org
Son lo que en italiano llaman bivacco y en español vivac.

Grupo Ortles y Cevedale. Vieja postal años 60
No sé cuánto queda de aquellos glaciares por los que ascendíamos salvando grietas. Me gustaría volver a subir por aquellas soberbias pendientes de la Valtellina.

Antes de la primera etapa: 2° por la derecha Filippo Clerici † nuestro maestro alpinista, y el último este bloguero
Son estos días de frío los que me han devuelto aquellos recuerdos, desde luego no tan fabulosos como aquel largo viaje en busca del tiempo perdido que la magdalena de Proust, al embeberla el narrador en su taza de té, generó en su consciencia.

Modestamente, con los restos de aquella vanidad desvanecida, quiero enviarles un saludo desde aquellos hielos, los de principios del otoño de 1968 sobre las cumbres que se alzan entre la Valtellina y el Parco Nazionale dello Stelvio.

Hoy hace más frío. Foto Filippo Clerici †
Después de esta foto, en la escalada de aquel día, la tormenta de nieve nos cortó el paso y tuvimos que hacer marcha atrás…
…
El 9 de abril hará diez años que Filippo Clerici nos dejó. De él aprendí lo que sé del arte de escalar montañas. Bajando de una de sus marchas el 9 de abril del 2008, camino ya del valle, a los 72 años de edad, resbaló y su cabeza golpeó contra una roca. Nos dejó entre las montañas alpinas que tan bien conocía y tanto amaba.

Filippo Clerici (1935 – 2008)
Somos muchos los amigos que en Europa y América Latina le recordamos.
La conseja del olivo triste

Olivos en andenería. Foto R.Puig
Sobre un huerto de olivos del Levante español sobrevuela y murmura una historia vieja. Hace tiempo, durante uno de mis paseos por esos valles secos, por donde el árbol de la aceituna, atesorando la escasa humedad que esos suelos brindan, lentamente crece, me detuve admirado ante un olivo añejo.
En la corteza de este olivo centenario me parecía ver el rostro doliente de un eccehomo.

El olivo triste. Foto R.Puig
Inquiriendo por las cercanías del lugar, he llegado a saber de una leyenda oral, tan ambigua e incierta como la piel labrada de esta planta antigua. Será que en los lugares tristes donde ocurren tragedias, en los parajes severos donde suceden crímenes y donde se fija la memoria de ajustes de cuentas y venganzas, no suele faltar algún árbol austero, tan pobre y tan sufrido como sus vecindades.
Erase una vez una guerra española, tan absurda y obstinada como lo son todos los conflictos civiles. Los regios causantes nunca llegaron a batirse entre ellos, pero lo hacían por el pueblo interpuesto. Y, ya se sabe, los pueblos -¡ay!- siempre incuban motivos, inconfesables pasiones, para invocar razones para matarse, tan estultas como las de quitar o poner reyes. Aquellas guerras enfrentaron a carlistas e isabelinos sobre una gran parte de la geografía española. Hay quien aún sueña con vengar los supuestos agravios de aquellas escabechinas sucesorias.
Según la conseja de este olivo triste, por aquellos tiempos de facciones y partidas armadas, cuando el árbol no era tan viejo como ahora, cuando su corteza era más tierna y sensible, a la vera de su aún escasa sombra, hombres sombríos perpetraron un crimen horrible, dejando al huerto huérfano de sus dueños. Desde entonces, se dice, si por ese olivar alguien se aventura y en el silencio de la noche escucha atento, puede que oiga un amargo lamento.

La queja del olivo. Foto R.Puig
Dicen que los pájaros e incluso los insectos, año a año, siglo a siglo, labran la piel de los olivos. Si es cierto, si la leyenda no es mera imaginación de viejos lugareños, puede que algunas aves fuesen testigos del horror de aquel día y de generación en generación hayan seguido imitando los ayes de los moribundos, y que en algunas noches aúnen sus chillidos al quejido del árbol.
Esta conseja tendrá o no tendrá fundamento, pero los ancianos evitan que la caída de la tarde les pille cerca de ese huerto de olivos.

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Para no dejarles en pena
No todos los olivos se lamentan, otros, frente a la adversidad, no pierden la sonrisa…
Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos. Doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.
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Me siento cada día más libre y más cautivo
en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
como sobre la mía que aún es un soplo estivo.
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Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece
como un abismo trémulo, pero valiente en alas.
Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.
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Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.
Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.
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Miguel Hernández
El artilugio del Sr. Marín

El frío siempre es relativo y en tierras alicantinas el invierno también lo es. De modo que estamos sentados fuera tomando el sol, un plato de pasta y una pizza. Comida italiana en ciudad española. Es mediodía.
Un señor mayor (es decir como nosotros) se acerca y nos dice buonasera. Lleva un vetusto instrumento colgado en bandolera. Pesa en los hombros, pero el hombre lo lleva como si fuera una de esas fajas tricolores que se ponen en Francia los alcaldes para los grandes acontecimientos, con empaque. Suena algo así como una marimba venida a menos, remendada con cintas de tela y cinta aislante. Los palillos para la percusión son unas varillas con la punta revestida del mismo material blanco para sujetar una extremidad de metal.

El Sr. Marín con su instrumento. Foto R,Puig
El Sr. Marín es rumano, recorre todos los días la misma ruta por terrazas de bares y restaurantes, tocando un frágil aire musical que nadie reconoce. Por eso saluda cuando llega junto a tu mesa, porque su música es tan suave que necesita hacerse notar. Quizás diga siempre buonasera, o quizás este saludo lo reserve para los restaurantes italianos. O puede que antes de llegar a España haya ejercido en Italia.
Como hemos contribuido a su jornal se detiene un rato y nos obsequia con sus sones, sólo para nuestra mesa. No sé si otros le preguntan algo, o sólo le dan unas monedas y no desean saber cómo se llama. Le digo mi nombre y él me informa del suyo: Marín. Pienso que está ahí junto a nosotros, ciertamente no porque haya dejado su tierra en viaje de placer; menos aún siendo ya viejo, como yo. Pienso que quizá los suyos se lo hayan traído para no dejar al abuelo allá en Rumanía o porque es el que mejor se las ingenia. Los camareros también piensan, dicen que gana más en un día que uno de ellos. Será verdad o será porque va por ahí vestido como un señor, porque sus zapatos están bien lustrados, porque no se presenta como un pordiosero, porque saluda como un caballero venido a menos, porque no suplica.
Pienso que hubiera preferido quedarse en su tierra, envejeciendo y viviendo sus últimos días entre sus cosas, con su gente; pues morir, lo que es morir, a nadie le gusta morirse de asco aunque sea en su país. Así que va por esos mundos de Dios, arrancando una música improbable de ese instrumento que pesa como el cajón de un mueble abandonado. Puesto que se llama Marín, de primeras especulo que a su cajón de cuerdas metálicas artesanales quizás lo llame marimba; el sonido, aunque tímido, recuerda el ritmo y el tono. Pero no, antes de seguir su camino, me lo revela: el Sr. Marín va de bar en bar con lo que llama un timbal piano.

El Sr. Marín continúa su jornada. Foto R,Puig
Sé lo que es un timbal, sé lo que es un piano y seguro que él también lo sabe, pero nunca he visto un artilugio que quiera ser las dos cosas en una. ¿Lo han visto ustedes? A mí el instrumento del Sr. Marín me hace pensar en un arrumbado invento artesano que se ha traído de un desván de Rumanía para que le sirva para ganarse el pan. Puede que haya improvisado un nombre para que este otro viejo, que tiene la manía de preguntar y que le ha dado unos euros, quede retribuido. Tiene cuerdas, sí, como la caja de un piano, pero ni rastro de timbal.
Cuando vuelvo a casa, enciendo el ordenador y busco, busco… Hay orquestas salseras que combinan pianos y timbales, pero no encuentro ningún timbal piano. A lo mejor nuestro músico callejero me ha tomado el pelo por preguntón.
Pero mis pesquisas dan resultado. Sí, el timbal piano existe y es made in China. Aunque no sea exactamente como el del Sr. Marín…

Timbal piano de Beilexing. China
Me rasco la cabeza y deduzco que el Sr. Marín debe de tener un nieto que toca el timbal piano.
POSTDATA
Una seguidora de esta bitácora, que además es hija mía y me dio la idea de iniciar el blog hace ya años, movida por la habitual curiosidad que caracteriza a nuestra familia me ha puesto en crisis con un descubrimiento. Pues resulta que ha encontrado que este que yo llamo artilugio y el Sr. Marín denomina timbal piano se usa por el mundo bajo el nombre de címbalo. No es como los címbalos que menciona la Biblia o que define la Real Academia Española y, además, hay quien lo considera bielorruso, húngaro, griego, etc., a la medida de quien lo toca.
El intérprete que en la Basílica del Pilar de Zaragoza lo hace sonar con maestría viene de Grecia y a su instrumento lo denomina címbalo griego. Se lleva en bandolera, se toca con palillos y tiene todas las características del que le he visto usar al Sr. Marín, aunque flamante como recién salido de la fábrica.
Que yo sepa, este hábil músico no tiene nietos.

Lo pueden escuchar y ver pinchando aquí.
Si volviese a encontrarme con el Sr. Marín y pudiera estar en mi mano hacerlo, organizaría una colecta para regalarle uno nuevo. Pero, no sé, no sé, probablemente ya no tendría la misma magia, ni nuestro amable amigo podría aspirar a ganar lo que un camarero.
Nota final: las fotos que he tomado del Sr. Marín, y su publicación en mi blog, lo han sido con su consentimiento
“De senectutis incommodis». Erasmo y las incomodidades de la vejez (final). Breverías erasmianas (XXXIV)

Ocaso. Foto R.Puig
Cuando tras cerca de veinte años de trabajo esforzado, incluidos los de estudiante de vida precaria en París, Erasmo de Rotterdam vuelve de una segunda estancia en Inglaterra su fama se está extendiendo en los ambientes del humanismo. Además ha sido dispensado de sus votos monásticos y, como ya explicábamos el pasado 5 de noviembre, está camino de Italia a punto de cumplir cuarenta años.
Puede que fuese el cansancio del viaje o la contemplación de los paisajes que atraviesa a lomo de mulo por los caminos alpinos entre Francia e Italia o ambas cosas a la vez. El caso es que se siente ya viejo y reflexiona sobre su vida pasada encontrando -¡qué nivel de exigencia!- que ha malgastado el tiempo en afanes y vanaglorias, y lo expresa en los versos de su carmen alpestre, del que hoy ofrezco los últimos extractos que he seleccionado.
Hay quien ha dicho que Erasmo no expresa en este poema unos sentimientos totalmente espontáneos, sino que más bien hace un ejercicio poético sobre la fugacidad de la vida y lo que llama «las incomodidades de la vejez», siguiendo así la tradición de la filosofía estoica, tan imitada y comentada por los autores del renacimiento humanista. A mi modo de ver, el que el tema haya sido consagrado por Cicerón o Séneca, entre otros, y que nuestro humanista siga esa tradición estoica y sus pautas retóricas al escribir un poema sobre la vejez, no contradice, a pesar de su forma retórica, la sinceridad de su examen retrospectivo, en ese momento en que siente que se hace viejo.
El retrato de Quentin Metsys es el más cercano a las fechas de este poema, que antecede en diez años a la conclusión del retrato por el pintor flamenco, cuando, ya en 1517, Erasmo demostraba haber superado aquella crisis, pues había investigado y publicado intensamente en Italia y viajado tres veces más a Inglaterra, publicaba al ritmo de cerca de una obra al año y se escribía con intelectuales y gobernantes de toda Europa.

- Erasmo de Rotterdam en 1517 por Quentin Metsys. Palacio Barberini. Roma
Pero volvamos al poema…
pigrum obrepsit senium
(indolente irrumpió la vejez)
Tenerae o viror iuventae,
O dulces anni, o Felicia tempora vitae,
Ut clanculum excidistis,
Ut sensum fallente fuga lapsuque volucri
Furtim avolastis, ohe!
–
¡Oh verdor de tierna juventud!
¡Oh dulces años, oh tiempos felices de la vida!
¡De que modo furtivo os habéis ido!
¡Sin sentirlo y como aves en engañosa fuga
a escondidas volando habéis partido!
(vv. 74 a 78)
(…)
Sic sic effugiunt tacitae vaga somnia noctis
Simula volante somno,
Quae desyderium curas et praeter inaneis
Sui nihil relinquunt.
Sic rosa, quae tenero modo murice tincta rubebat,
Tenui senescit Haustro.
–
Así, así escapan de la noche silente los sueños vagarosos
volátiles como el mismo sueño.
Pesares angustiosos y además inanes
es todo lo que dejan.
Así la rosa, que enrojecía de tierna púrpura teñida,
se marchita al soplo suave del siroco.
(vv. 83 a 88)

Suave sopla el siroco. Foto R. Puig
El poeta constata que, mientras pasa el tiempo viajando por tierra y mar o atraviesa los Alpes deleitándose con la visión de sus cordilleras nevadas, mientras hace buenos amigos (dulceis parare amicos) y alcanza entre los sabios el renombre de hombre docto, de modo subrepticio le alcanza de golpe la indolente vejez (pigrum senium), siente con estupor que sus fuerzas comienzan a declinar y comprende que el tiempo de las fuerzas juveniles ha pasado…
Furtim inter ista pigrum
Obrepsit senium, et súbito segnescere vireis
Mirorque sentioque
Vixque mihi spatium iam defluxisse valentis
Persuadeo iuventae
–
Furtiva entretanto e indolente
la vejez irrumpió, el súbito declinar del vigor
con estupor he sentido
y que el tiempo de la fuerza juvenil ha transcurrido
a creerlo resisto.
(vv. 110 a 113)

Anochece. Foto R.Puig
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nec ulla pharmaca
(no valen medicinas)
Non si tibi ipse Chriron
Omneis admoveat quas tellus proserit herbas,
Nec anulus nec ulla
Pharmaca cum nervis annos remorantur euntes.
–
Ni aunque el mismo Quirón en persona
te aplicase todas las hierbas que la tierra hace crecer,
ningún anillo mágico,
ninguna medicina retendrá los años que con el vigor se van.
(vv. 140 – 143)
Y Erasmo reflexiona sobre lo que considera un desperdicio de sus años jóvenes, dedicado a cultivar las mieles de una fama temprana, durmiéndose en los laureles
Nulla recursuri spes aut successio veris
–
No queda esperanza alguna de un retorno de la primavera
(v.169)
Tiene cuarenta años y, no sin un énfasis retórico, carga las tintas: se acerca la muerte, el mal supremo y
Incipimus seros sapere et dispendia vitae
Incogitantes actae
Ploramus miseri et consumptos turpiter annos
Horremus, execramus
–
Tarde comenzamos a ser sabios y esta vida
pasada en la inconsciencia
desgraciados deploramos y los años vergonzosamente consumados
con horror los maldecimos.
(vv. 173 – 176)

Ed è subito sera. Foto R.Puig
“¿Cómo es posible que un bien tan valioso como los años juveniles lo hayamos dejado irse sin provecho?” se sigue preguntando el poeta. ¿Por qué no los hemos hecho fructificar “en vez de malgastarlos a la ligera”?
De modo que…
…satis est dormitum! Pellere somnos
Nunc tempus est, Erasme,
Nunc expergisti et tota resipicere mente.
–
…¡ya has dormido bastante! De expulsar el sueño
es ya el momento, Erasmo!
¡Despierta de inmediato y vuelve en ti del todo!
(vv. 187 – 189)
La juventud y la vejez no son sólo estados físicos, también son estados de ánimo. Erasmo reacciona, Sentirse viejo no quiere decir sentarse a esperar la muerte. Hay que retomar las riendas de la propia vida. Inyectarle proyectos a la vida. Como se suele decir hay que «añadir vida a los años».

Alborea. Foto R.Puig
Sus lectores no deben preocuparse, Erasmo está en pie, va a seguir adelante. La crisis de los cuarenta años ha sido superada. El poema se acerca a su fin con enérgicos propósitos…
Velis dehinc equisque
Et pedibus manibusque et totis denique nervis
Nitendum, ut anteacti
Temporis et studio iactura volubilis aevi
Vigilante sarciatur.
–
A partir de ahora mismo, la vela y la montura
y los pies y las manos con todo el ímpetu
impulsemos, que con empeño el pasado
tiempo y la edad volatil derrochados
vigilantes reparemos.
(vv. 190-194)
.
Las estrofas finales del poema, reiteran que, cuando la vida entra en su fase otoñal, “las borrascas y los hielos” del invierno se aproximan y el cuerpo deviene frágil, “mientras el espíritu aún conserve su vigor, hay que seguir el mejor camino posible (meliora sequamur), todo el tiempo que los hados quieran dejarme…”

Amanece. Foto R.Puig
Al final, como es habitual en su philosophia Christi, Erasmo expresa su deseo de que el tiempo de vida que le quede sea “a Cristo total y únicamente consagrado” (omne Christo dicetur uni). El poema acaba con la siguiente súplica:
Haz realidad mis deseos, autor piadoso de la vida
y de la vida restaurador.
Sin ti los propósitos mortales nunca pueden nada
y las fuerzas frágiles vacilan.
–
Haec facito ut rata sint, vitae exorabilis autor
Vitaeque restitutor,
Quo sine nil possunt unquam mortalia vota et
Vires labant caducae.
(vv. 243 – 245)
.
Erasmo vivió y trabajó incansablemente durante otros treinta años. Y es significativo que aquel humanista que tantas fronteras cruzó y tanto empeño puso en que los hombres se unan en torno a las pocas cosas esenciales que nos hacen humanos, en un mundo sin fronteras ni ideológicas ni geográficas, dedicase su última obra, De la Iglesia cristiana (un comentario al salmo XIV) a un aduanero renano que le había albergado durante uno de sus viajes.

Fractales. Foto R. Puig
Fuente:
Érasme de Rotterdam, Viellir. Pòeme d’Érasme sur la Vieillesse. La Lettre Volée à la Maison d’Érasme, Collection “Notulae Erasmianae” dirigida por Alexandre Vanautgaerden, Bruselas 2001.
Se trata de una edición crítica del poema en su original latino con versión francesa de Jean-Claude Margolin.
Nota al verso 140: Quirón: centauro mitológico, dueño de la ciencia de las plantas y hierbas medicinales.
SOLUCIÓN DE LA ADIVINANZA DEL DOMINGO PASADO
À L’ESPAGNE
Un peuple a été pendant mille ans, du sixième au seizième siècle, le premier peuple de l’Europe, égal à la Grèce par l’épopée, à l’Italie par l’art, à la France par la philosophie ; ce peuple a eu Léonidas sous le nom de Pélage, et Achille sous le nom de Cid ; ce peuple a commencé par Viriate et a fini par Riego ; il a eu Lépante, comme les grecs ont eu Salamine ; sans lui Corneille n’aurait pas créé la tragédie et Christophe Colomb n’aurait pas découvert l’Amérique ; ce peuple est le peuple indomptable du Fuero-Juzgo ; presque aussi défendu que la Suisse par son relief géologique, car le Mulhacen est au mont Blanc comme 18 est à 24, il a eu son assemblée de la forêt, contemporaine du forum de Rome, meeting des bois où le peuple régnait deux fois par mois, à la nouvelle lune et à la pleine lune ; il a eu les cortès à Léon soixante-dix-sept ans avant que les anglais eussent le parlement à Londres ; il a eu son serment du Jeu de Paume à Médina del Campo, sous Don Sanche ; dès 1133, aux cortès de Borja, il a eu le tiers état prépondérant, et l’on a vu dans l’assemblée de cette nation une seule ville, comme Saragosse, envoyer quinze députés ; dès 1307, sous Alphonse III, il a proclamé le droit et le devoir d’insurrection ; en Aragon il a institué l’homme appelé Justice, supérieur à l’homme appelé Roi ; il a dressé en face du trône le redoutable sino no ; il a refusé l’impôt à Charles-Quint. Naissant, ce peuple a tenu en échec Charlemagne, et, mourant, Napoléon. Ce peuple a eu des maladies et subi des vermines, mais, en somme, n’a pas été plus déshonoré par les moines que les lions par les poux. Il n’a manqué à ce peuple que deux choses, savoir se passer du pape, et savoir se passer du roi. Par la navigation, par l’aventure, par l’industrie, par le commerce, par l’invention appliquée au globe, par la création des itinéraires inconnus, par l’initiative, par la colonisation universelle, il a été une Angleterre, avec l’isolement de moins et le soleil de plus. Il a eu des capitaines, des docteurs, des poëtes, des prophètes, des héros, des sages. Ce peuple a l’Alhambra, comme Athènes a le Parthénon, et a Cervantes, comme nous avons Voltaire. L’âme immense de ce peuple a jeté sur la terre tant de lumière que pour l’étouffer il a fallu Torquemada ; sur ce flambeau, les papes ont posé la tiare, éteignoir énorme. Le papisme et l’absolutisme se sont ligués pour venir à bout de cette nation. Puis toute sa lumière, ils la lui ont rendue en flamme, et l’on a vu l’Espagne liée au bûcher. Ce quemadero démesuré a couvert le monde, sa fumée a été pendant trois siècles le nuage hideux de la civilisation, et, le supplice fini, le brûlement achevé, on a pu dire : Cette cendre, c’est ce peuple.
Aujourd’hui, de cette cendre cette nation renaît. Ce qui est faux du phénix est vrai du peuple.
Ce peuple renaît. Renaîtra-t-il petit ? Renaîtra-t-il grand ? Telle est la question.
(…)
Hauteville-House, 22 octobre 1868
En Victor Hugo I (prose). Textes choisis par George Cattaui et Paul Zumthor, EGLOFF, Librarie de l’Université de Fribourg (Suiza), 1944, pp. 117-118
La carta es más larga, este es el extracto en la antología citada.
El texto completo, seguido de la segunda carta, lo publicó su autor en 1875 en Actes et Paroles pendant l’exil (son escritos de su larga época de exiliado entre 1851 y 1870) en una época en la que albergaba la enorme esperanza de que una España republicana pudiera ser decisiva no sólo para la prosperidad de los españoles sino para la paz y la democracia europeas…
Las evolución y las circunstancias de la vida de Victor Hugo (1802-1885) se pueden consultar en el largo artículo que le dedica la Wikipedia. Su vinculación y su afecto a España tienen que ver con sus años de infancia pasados en España. Su padre, Joseph Léopold Sigisbert Hugo, fue general de los ejércitos napoleónicos y estuvo destacado como gobernador en Ávila, Segovia, Soria y Guadalajara durante el reinado de José Bonaparte (1808 – 1813).
Nota bene: una lectora de este blog detectó al autor del texto, con su comentario al día siguiente de mi publicación en el blog.
!A Luisa no se le escapa una!
Una adivinanza

¿Qué pueblo no ha sido alguna vez expulsado o no ha expulsado a alguien de su territorio? ¿Cuántas veces se ha emigrado de un sitio a otro? ¿Cuántas veces se han desplazado de aquí para allá los imperios por el azar o los tratados? ¡Que los paduanos reclamen hoy el suelo troyano ya que Antenor en otro tiempo fue troyano! ¡Que los romanos reclamen África y España, pues alguna vez fueron romanas (*)
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Erasmo de Rotterdam, en “Dulce bellum inexpertis” (Adagio IV i 1 ). Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio (Traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Madrid, Alianza Editorial, 2008, pp. 237-238)
Denominaciones de origen
Trabajé dos años en Salamanca, de eso hace ya 43 años. Recuerdo que en mis desplazamientos estuve varias veces en Fuentesaúco, en la vecina provincia de Zamora, en donde los garbanzos son motivo de orgullo. Claro que también Pedrosillo en la comarca de la Armuña salmantina compite con los suyos. Según de donde seas es normal proclamar que los de tu pueblo son los mejores. Lo mismo ocurre con vinos, quesos, embutidos y un largo etcétera. También es humano estimar que la lengua que hablas es la más hermosa de todas y que como tus fiestas de Carnaval no hay otras en el mundo, o que somos los más industriosos y los más prósperos. La lista de méritos que podemos agregarle a lo nuestro es larguísima. También se puede comprender que la derrota de Napoleón en Waterloo se escenifiqué de vez en cuando o que las guerras de hace siglos entre españoles y árabes sean hoy motivo de folclore. De costumbres, tradiciones y fiestas hay mucho escrito y en la península ibérica tenemos una infinidad de manifestaciones de rebeldía festiva (**).
Lo malo es cuando creemos que nuestro pedigree (véase raza) es superior al de otros, y sentimos que somos tan especiales que eso nos da derecho a orillar a personas, comunidades y colectivos completos, en nombre de nuestra mejor patria y nuestra más excelsa historia. Son esos autos de fe que encienden periódicamente los pueblos y de lo que sabemos demasiado en Europa y en España. Cuando los movimientos, facciones o partidos empiezan a considerar que sus intereses encarnan los de toda una nación, con exclusión de otros conciudadanos que no comparten su proyecto, entonces -¡ay!- las denominaciones de origen ya no son inofensivas como las que se refieren a un queso, una cultura o una lengua, pues se suelen basar en el resentimiento por ofensas y agravios del pasado que -proclamamos- sufrieron injustamente nuestros ancestros y que los otros, los mastuerzos de al lado que nos oprimen nos siguen infligiendo.
Si han viajado un poco por Europa, habrán visto, por poner algunos ejemplos, que, sin complejos, los franceses dicen Francia, los suecos Suecia, los daneses Dinamarca, los alemanes Alemania, los portugueses Portugal, y no usan el subterfugio de decir este país para hablar de su propia nación. Entre nosotros hace ya unas décadas se ha comenzado a usar esa expresión, como una forma vergonzante de no decir simplemente España. Bueno, ya puestos, en alguno de las regiones o comunidades autónomas de España hay a quienes pronunciar esa palabra parece producir arcadas, es más, han decidido que hasta el adjetivo correspondiente, español, indica una categoría inferior a la suya propia, una denominación de origen a la que se prefiere la de españolista, a la que en política se trata de pintar como fascista o franquista.
Pareciera que el hecho de que el régimen de Franco monopolizó la idea y la historia común de los españoles en nombre de un proyecto totalitario obligase a decir este país y a evitar lo más posible los términos España o español. En buena ley, aquellos abusos deberían servirnos de acicate para recuperar el sentido democrático y cívico de la palabra España, con todo lo que de positivo recoge de un largo pasado común, que como el de otros pueblos de Europa está hecho de luces y de sombras y que no debe volver a generar los abajos y arribas de unos contra otros, sino para vivir en pie de igualdad, con derechos y obligaciones compartidos. Tenemos mucho para aportar juntos a Europa y al mundo complejo y global que nos toca en suerte, en vez de andar a la greña por interpretaciones y, lo que es peor, invenciones de la historia, genealogías y genéticas diferenciales que no fundan derecho democrático alguno, usadas como armas arrojadizas en nombre de nacionalismos rancios, alumbrados con forceps desde el espesor de los siglos.
Es claro que lo anterior tiene que ver con acontecimientos, recientes y en curso, que nos tienen desvelados en España, aunque la verdad sea que ya ha corrido tanta tinta que no había pensado compartir estas preocupaciones en el blog. Pero me he encontrado con un texto que es interesante por haber sido escrito hace ya mucho por un notable autor europeo, nada sospechoso de conservadurismos rancios, sino todo lo contrario. Es su mirada sobre la historia pasada de los españoles y por la actualidad de la España de su tiempo en el marco de una Europa convulsa.
El extracto que he traducido lo traigo aquí aun a riesgo de alguien lo tache de españolista, si bien este baldón en el siglo en que vivió nuestro escritor no creo que se había inventado. Es el comienzo de un ensayo que se titula… Bueno no, no voy a dar pistas, pues se trata de una
adivinanza
España
Hay un pueblo que a lo largo de mil años ha sido, desde el siglo sexto al dieciséis, el primer pueblo de Europa, igual a Grecia en la epopeya, a Italia en el arte, a Francia en la filosofía; este pueblo ha tenido a un Leónidas llamado Pelayo y a un Aquiles con el nombre de Cid; este pueblo comenzó con Viriato para llegar a Riego; este pueblo ha tenido Lepanto como los Griegos tuvieron Salamina; sin él, Corneille no habría creado su tragedia y Cristóbal Colón no habría descubierto América; este es el pueblo indomable del Fuero Juzgo; casi tan protegido por su relieve geológico como Suiza, pues el Mulhacén es al Mont-Blanc como 18 a 24; y tuvo su asamblea en el bosque, contemporánea del foro de Roma, reunión en los bosques donde el pueblo reinaba dos meses al mes, durante la luna nueva y el plenilunio; tuvo sus cortes en León, sesenta y siete años antes de que los Ingleses tuviesen el parlamento de Londres; tuvo su juramento del Juego de Pelota en Medina del Campo, bajo don Sancho; desde 1133, en las cortes de Borja, el tercer estado tuvo la mayoría, y se vio como una sola ciudad, Zaragoza, enviaba quince diputados a esta asamblea de la nación; desde 1307, bajo Alfonso III, proclamó el derecho y el deber de insurrección; en Aragón instituyó el puesto de un hombre denominado Justicia, superior al del hombre que llamaba Rey: plantando cara al trono con el temible sino no; rehusó el impuesto a Carlos Quinto. Naciendo, este pueblo tuvo en jaque a Carlomagno, y, muriendo, a Napoleón. Este pueblo ha padecido enfermedades y sufrido a canallas, pero en definitiva los monjes no lo han deshonrado más que las pulgas a los leones. Sólo le han faltado a este pueblo dos cosas, saber prescindir del papa y saber prescindir del rey. Por la navegación, por la aventura, por la industria, por el comercio, por sus descubrimientos a escala global, por la creación de itinerarios desconocidos, por la iniciativa, por la colonización universal, ha sido una Inglaterra, sin el aislamiento y con el añadido del sol. Ha tenido capitanes, doctores, poetas, profetas, héroes, sabios. Este pueblo tiene la Alhambra como Atenas tiene el Partenón, y a Cervantes como nosotros tenemos a Voltaire. El alma inmensa de este pueblo ha proyectado tanta luz sobre la tierra que para sofocarla ha hecho falta Torquemada; sobre esa antorcha los papas han posado el apagavelas enorme de su tiara. El papismo y el absolutismo se han coaligado para acabar con esta nación, con lo que toda su luz se la han devuelto hecha llamas y se ha visto a España maniatada en la hoguera. Este quemadero desmesurado ha cubierto el mundo, su humareda ha sido durante tres siglos la nube horrible de la civilización y, cuando el suplicio ha terminado y ha acabado la combustión, se ha podido decir: esta ceniza es el pueblo.
Hoy, de esta ceniza esta nación renace. Lo que es falso del ave fénix es verdadero del pueblo.
Este pueblo renace. ¿Renacerá pequeño? ¿Renacerá grande? Esta es la cuestión.
(…….)
Con un comentario se puede contribuir a la respuesta y también pedir pistas. En todo caso, la respuesta y la continuación la tendremos aquí el domingo que viene…

Mar revuelto (ayer) en la Almadraba. Foto R.Puig
Un día después…
Como Luisa en su comentario no me ha dado tregua y ha descubierto a Victor Hugo en el texto de su primera «carta a España» (1868), he aquí el extracto en su francés original (el inicio de la carta) y la referencia:
À L’ESPAGNE
Un peuple a été pendant mille ans, du sixième au seizième siècle, le premier peuple de l’Europe, égal à la Grèce par l’épopée, à l’Italie par l’art, à la France par la philosophie ; ce peuple a eu Léonidas sous le nom de Pélage, et Achille sous le nom de Cid ; ce peuple a commencé par Viriate et a fini par Riego ; il a eu Lépante, comme les grecs ont eu Salamine ; sans lui Corneille n’aurait pas créé la tragédie et Christophe Colomb n’aurait pas découvert l’Amérique ; ce peuple est le peuple indomptable du Fuero-Juzgo ; presque aussi défendu que la Suisse par son relief géologique, car le Mulhacen est au mont Blanc comme 18 est à 24, il a eu son assemblée de la forêt, contemporaine du forum de Rome, meeting des bois où le peuple régnait deux fois par mois, à la nouvelle lune et à la pleine lune ; il a eu les cortès à Léon soixante-dix-sept ans avant que les anglais eussent le parlement à Londres ; il a eu son serment du Jeu de Paume à Médina del Campo, sous Don Sanche ; dès 1133, aux cortès de Borja, il a eu le tiers état prépondérant, et l’on a vu dans l’assemblée de cette nation une seule ville, comme Saragosse, envoyer quinze députés ; dès 1307, sous Alphonse III, il a proclamé le droit et le devoir d’insurrection ; en Aragon il a institué l’homme appelé Justice, supérieur à l’homme appelé Roi ; il a dressé en face du trône le redoutable sino no ; il a refusé l’impôt à Charles-Quint. Naissant, ce peuple a tenu en échec Charlemagne, et, mourant, Napoléon. Ce peuple a eu des maladies et subi des vermines, mais, en somme, n’a pas été plus déshonoré par les moines que les lions par les poux. Il n’a manqué à ce peuple que deux choses, savoir se passer du pape, et savoir se passer du roi. Par la navigation, par l’aventure, par l’industrie, par le commerce, par l’invention appliquée au globe, par la création des itinéraires inconnus, par l’initiative, par la colonisation universelle, il a été une Angleterre, avec l’isolement de moins et le soleil de plus. Il a eu des capitaines, des docteurs, des poëtes, des prophètes, des héros, des sages. Ce peuple a l’Alhambra, comme Athènes a le Parthénon, et a Cervantes, comme nous avons Voltaire. L’âme immense de ce peuple a jeté sur la terre tant de lumière que pour l’étouffer il a fallu Torquemada ; sur ce flambeau, les papes ont posé la tiare, éteignoir énorme. Le papisme et l’absolutisme se sont ligués pour venir à bout de cette nation. Puis toute sa lumière, ils la lui ont rendue en flamme, et l’on a vu l’Espagne liée au bûcher. Ce quemadero démesuré a couvert le monde, sa fumée a été pendant trois siècles le nuage hideux de la civilisation, et, le supplice fini, le brûlement achevé, on a pu dire : Cette cendre, c’est ce peuple.
Aujourd’hui, de cette cendre cette nation renaît. Ce qui est faux du phénix est vrai du peuple.
Ce peuple renaît. Renaîtra-t-il petit ? Renaîtra-t-il grand ? Telle est la question.
(…)
Hauteville-House, 22 octobre 1868
En Victor Hugo I (prose). Textes choisis par George Cattaui et Paul Zumthor, EGLOFF, Librarie de l’Université de Fribourg (Suiza), 1944, pp. 117-118
La carta es más larga, este es el extracto de la antología aquí citada. El texto completo, seguido de la segunda carta, lo publicó su autor en 1875 en Actes et Paroles pendant l’exil (son escritos de su larga época de exiliado entre 1851 y 1870) en una época en la que albergaba la enorme esperanza de que una España republicana pudiera ser decisiva no sólo para la prosperidad de los españoles sino para la paz y la democracia europeas…
Las evolución y las circunstancias de la vida de Victor Hugo (1802-1885) se pueden consultar en el largo artículo que le dedica la Wikipedia. Su vinculación y su afecto a España tienen que ver con sus años de infancia pasados en España. Su padre, Joseph Léopold Sigisbert Hugo, fue general de los ejércitos napoleónicos y estuvo destacado como gobernador en Ávila, Segovia, Soria y Guadalajara durante el reinado de José Bonaparte (1808 – 1813).
Notas.
(*) Antenor: Sabio troyano que aconsejó la negociación en el conflicto de Troya y la solución del problema mediante un duelo entre Paris y Menelao, quienes con su disputa a propósito de Helena habían ocasionado la guerra. Se le consideraba el fundador de Padua.
(**) Rebeldía festiva. El término lo he tomado de Demetrio Enrique Brisset, La rebeldía festiva. Historia de fiestas ibéricas, prólogo de Agustín García Calvo, Editorial Lúces de gálibo, Gerona 2009, 483 páginas. Se trata de un magnífico recorrido antropológico, riguroso y a la vez entretenido, que nos descubre la enorme variedad de las fiestas de las culturas hispanas, inseparables de la identidad social de nuestros pueblos y comunidades.
En obras

En obras. Foto R.Puig
Han sido días de cine y de lentitud, la entrada que he estado preparando se resiste. No en vano es inevitable dejarse llevar de una pantalla a otra de las que pueblan Gotemburgo en estos días, con cientos de películas venidas de los cuatro puntos cardinales. Y aunque este año sean menos las proyecciones a las que asisto, de hecho lo que intentaba acabar para hoy se retrasa.

¡Que empiece ya! Festival de Cine de Gotemburgo 2018. Foto R.Puig
De este Festival de Cine de Gotemburgo que acaba mañana, de la muestra de once films que he visto pienso que pocos llegarán a las pantallas comerciales. En cualquier caso, si tienen ocasión, vayan a ver «Mary Shelley» de la directora saudí Haifaa Al-Mansour.

Mary Shelley junto a la tumba de su madre. Fuente: imdb.com
Ilustra la dura lucha de una mujer joven, Mary Shelley (1797 – 1851) por ver reconocida su obra literaria «Frankenstein, o el moderno Prometeo» y emerger de la sombra de Percy Bysshe Shelley (1792 – 1822), el fulgurante poeta, tan aclamado como denostado en la Inglaterra de principios del siglo XIX.
Aunque este film de aire goticista no ha tenido mucho éxito entre los críticos de Cine, el invierno en Gotemburgo parece que pide este género de historias. El Festival está cuajado de películas, y sobre todo de documentales, que nos enfrentan muy directamente a candentes realidades del mundo en que vivimos, pero las de aquella Inglaterra de la revolución industrial naciente no eran menos despiadadas.

El poeta en la colina. Foto R.Puig
Entre paseos y películas, mi entrada prevista para hoy sigue en obras, así que he recuperado el inicio de un modesto poema que escribí cuando yo tenía aproximadamente la misma edad de Percy Bysshe Shelley, por los años en que el poeta conoció a Mary Godwin, que fue luego su esposa, hija de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo moderno (*) y del político y filósofo británico William Godwin
Morir en la montaña
un día de setiembre.
Vestir por sepultura
una grieta en el hielo,
orientada su puerta
de par en par al cielo.
Sentir cada mañana
sobre el rostro dormido
el derretir del tiempo.
Y en el silencio virgen
de los atardeceres
que me vele incansable
un rojo firmamento.
Y los días y meses
cubiertos por la niebla
serán el seno y leche
que bebe el niño muerto.
Y el glaciar que camina
será madre incansable
que mecerá mi cuna
en una larga ruta
privada de regreso.
(….)
Gallarate (Varese) 23 de octubre de 1968
Este poema alpestre continúa durante cuatro página más. Era la edad de los ánimos románticos, por entonces acababa de pasar el verano subiendo cumbres en los Alpes italianos y estudiaba yo a trescientos kilómetros de aquellas playas toscanas frente a las cuales el autor de Adonais murió ahogado. Así se truncaron sus planes de instalarse en Italia. Sus cenizas reposan en el cementerio acatólico de Roma. Mary Shelley sobrevivió a su esposo durante casi treinta años.
(*) Mary Wollstonecraft (1759 – 1797) escribió la histórica Vindicación de los derechos de la mujer (1792). (Texto original pinchando aquí: A Vindication of the Rights of Woman: with Strictures on Political and Moral Subjects ). Murió poco después de dar a luz a su hija Mary. Su viudo escribió en memoria de su mujer la obra Memoirs of the Author of A Vindication of the Rights of Woman : En memoria de la autora de Una vindicación de los derechos de la mujer. El texto original inglés puede obtenerse aquí.
El carácter y la obra de Mary Shelley se entienden mejor teniendo en cuenta que, educada por su padre en la veneración de la vida y obra de su madre y con toda la biblioteca paterna a su disposición, pudo desarrollar una imaginación, una cultura crítica y una voluntad libres, algo que a las niñas y adolescentes de su época les era regularmente negado.
Hacer imposible el olvido

Ayer fue el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, contra el olvido de los millones de ciudadanos de Europa asesinados de forma planificada en el mayor genocidio de la historia moderna, organizado sistemáticamente por un Estado, usando todos los mecanismos del poder, arropado por una población civilizada y culta guiada por líderes asesinos, con el objetivo de exterminar a millones de hombres, mujeres y niños de toda edad y condición, a causa de su herencia o religión judía, y a otros centenares de miles (gitanos, homosexuales, personas con discapacidad) juzgados como escoria y estorbo para el puro predominio de la raza aria. El odio antisemita tiene una larga historia, pero su maridaje con el racismo moderno y las pseudo-ciencias de la biología racial y la eugenesia condujeron al más espantoso genocidio de la historia de la civilización occidental. Cuando se piensa se corta el aliento.
La lista de Eichmann estimaba que en Europa había 11.000.000 de judíos a abatir. El cálculo incluía a Turquía donde el Imperio Otomano había ya inaugurado el siglo con el genocidio armenio, bajo la mirada del aliado alemán. A acabar con todos ellos aspiraban los eficientes burócratas del nazismo que se reunieron bajo la égida de Reinhard Heydrich en enero de 1942 en la Conferencia de Wannsee para coordinar y «optimizar» las operaciones del genocidio que ya estaba en marcha.

Lista de judios europeos según Eichmann. Wikipedia
Como escribió Victor Klemperer:
Las palabras pueden ser como pequeñas dosis de arsénico. Se ingieren casi sin sentirlo, primero no se siente efecto alguno, pero pasado un tiempo el veneno actúa
Quiero dar testimonio hasta el final (Diarios)
No hay que olvidar que las palabras del odio acaban generando actos de odio y que se siguen infravalorando y explicando con muy distintos pretextos. Y así progresivamente se refuerza y crece el antisemitismo, los odios de carácter étnico o religioso se extienden y nuestras sociedades sustituyen la razón por el instinto irracional contra el otro.
En Suecia (que también figuraba en la lista de Eichmann), país abierto más que ningún otro en Europa a la acogida de refugiados, asistimos desde hace algunos años a un aumento de las manifestaciones y actos de odio antisemita.

Sinagoga de Gotemburgo. Finales del s.XIX. Foto R.Puig
Además de otras agresiones en las principales ciudades del país, como las que ha sufrido la cada vez más reducida comunidad judía de Malmö, la sinagoga de Gotemburgo fue atacada hace poco con cócteles Molotov, lanzados al interior del recinto cuando tenía lugar un encuentro juvenil.
Muy cerca se encuentra el memorial del Holocausto

Memorial del Holocausto. Gotemburgo. Foto R.Puig
al pie del cual un raíl de tren simboliza el transporte de millones de víctimas en vagones de ganado y una serie de zapatos infantiles recuerda a los niños sacrificados en las cámaras de gas por los fanáticos de la raza, en matanzas ejecutadas por funcionarios «normales» de un estado europeo

Los zapatos de los niños. Foto R.Puig
En las verjas de la sinagoga, tras el atentado, una mano anónima ha pegado un corazón de papel sobre el que se lee
El amor derrota al odio. Foto R.Puig
¡El amor derrota al odio! ¡Ningún sitio para el antisemitismo en nuestro corazón y en nuestro mundo!
Un deseo que compartimos muchos en esta ciudad, aunque desgraciadamente no todos.
Para que no retorne lo que parecía inimaginable, por la memoria de los asesinados y de los sobrevivientes y para que no haya otros, hay que hacer imposible el olvido.

Un abuelo explica algo a su nieta. Foto R. Puig
Para que en la civilización no anide y se reproduzca la barbarie, contra las palabras del odio hay que alzar las palabras de la memoria y transmitirlas de generación en generación.
Dibujos reunidos (XIII). Las «academias» en trío, o de la paciencia y equilibrios de unos modelos sin nombre (y II)

Saiz de Ureña, Bartolomé. 1754
Habíamos terminado la crónica del 7 de enero anunciando que seguiríamos hablando del oficio de modelo de academia, en concreto sobre otra forma de mantenerse inmóvil en la pose, que, salvo desconocimiento de mi parte, ha caído en desuso, pero que se consideraba importante, pues el artista debía estar preparado para la composición de escenas (sobre todo históricas, bíblicas y mitológicas) de grupo. Se trata del posado en trío, que además hace más difícil la tarea del dibujante.
Los dibujos, como en la crónica anterior son de la Colección de dibujos antiguos de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de Madrid, salvo dos de la colección del Museo del Prado.
Olvidé señalar que en la tradición de las academias de Bellas Artes, el ejercicio de academia significa dibujar el modelo real desnudo. Se consideraba que sin saber dibujar «una academia» anatomicamente fiel, las figuras que pintase el artista, incluso las vestidas, no alcanzarían la verosimilitud necesaria. Es decir, que si no sabía dibujar el cuerpo humano en su desnudez, ni siquiera con ropajes haría creíble la escena.
Un buen ejemplo de ello son los cuadros de uno de los principales maestros de la pintura neo-clásica francesa, Jacques-Louis David (1748 – 1825), a quien le costó varios intentos (y probablemente muchas «academias») conseguir una beca para ir a estudiar a la Academia Francesa de Roma, donde consiguió quedarse cinco años.

Jacques-Louis David. La muerte de Socrates. 1787. Metropolitan Museum, N.Y.
Cuando le pidieron en París un cuadro sobre Horacio defendido por su padre dijo que sólo en Roma podría pintar romanos, y allá que le mandaron con gastos pagados.

El juramento de los Horacios, Jacques-Louis David.1784. Louvre
Creo que es cierto que los protagonistas de estas escenas, sus gestos, posturas, proporciones y perspectiva, no hubieran sido posibles sin la maestría que el pintor adquirió durante largas horas de ejercicio del dibujo ante modelos desnudos y muchas horas de clase de Anatomía Artística, asignatura que, aunque se conserva la copia de estatua, ha desaparecido de casi todas las facultades de Bellas Artes en España, por lo que en el arte que impera, el llamado presuntuosamente «conceptual», sobre todo en la escultura, prolifera una especie de homínidos y maniquíes.
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Por aquellos años, nuestro siguiente dibujante, Francisco José Alcántara (1753 – 1801) hubiera podido cruzarse en los museos de la ciudad eterna con el francés, si no hubiera estado enseñando dibujo en Oviedo.

Francisco José Alcántara, 1767
Por la corona de espinas y la caña, se puede ver que su academia de tres modelos es un ejercicio de posturas (al carboncillo con toques de albayalde) para un posible proyecto de Ecce Homo.
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Mayor relevancia adquirió Agustín Esteve Marqués (1753 -1820), quien llegó a ser colaborador de Goya

Agustín Esteve Marqués, 1771
En esta academia, los tres modelos se ayudan de una vara para mantener su inmovilidad y su equilibrio durante la sesión de posado. Al que está sentado y al que apoya la rodilla en tierra les han aligerado el trabajo con un cojín. No falta un bloque de piedra para asegurar la postura de dos de ellos. El pintor, cuyo estilo debe mucho al de Goya, se convirtió en uno de los retratistas favoritos en tiempos de Carlos IV. Para este trío de la duquesa de Osuna no parece que le haya hecho falta lo aprendido con el dibujo de desnudos.

La Duquesa de Osuna como miembro de la Orden de Damas Nobles. Agustín Esteve. Museo del Prado
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En el ejercicio de José Sánchez Villamandos el trío de modelos nos se ha servido de apoyos artificiales, sino que se han organizado para sujetarse unos a otros, la verdad que en un equilibrio mucho más incómodo que el que hemos visto antes.

José Sánchez Villamandos, 1769
Este dibujo es anterior en sólo dos años al precedente. Todo haría pensar que los modelos eran los mismos. Puede que hasta el cojín con apariencia de piedra también lo sea. Desde luego se trata de un trabajo en el que hay que llevarse muy bien con el compañero de posturas, esperando que antes de posar todos se hayan lavado, pues en una tal proximidad el mal olor no favorecería la cooperación a tres.
El artista de este dibujo fue más tarde el autor de los frescos de la cúpula de la capilla del Cristo en la iglesia de San Ginés en Madrid, un lugar en el que está acompañado, entre otros por un cuadro del mismísimo Doménikos Theotokópoulos

Detalle de los frescos de Sánchez Villamandos en la iglesia de San Ginés
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Sobre el ejercicios de dibujo de desnudos, Pierre-Henri de Valenciennes publicó en 1801 lo siguiente:
Para poder dibujar la figura, hay que saber de Anatomía, sin la cual a un dibujante le ocurrirá como a un copista que transcribe una lengua que no comprende, o a un traductor que quiere tratar, en su lengua, una materia que ignora.
El modelo no puede aguantar largo tiempo en su sitio; y si el Pintor no guarda en su cabeza los principios de la Anatomía; si no conoce las distintas partes del cuerpo humano, lejos de que su modelo le pueda servir, no hará sino apartarse de la realidad; de manera que una parte determinada que tendría que aparecer pronunciada, se hace blanda y cóncava, y lo que debería tener espíritu y vida parece frío y adormilado.
…
Para guardar bien en la imaginación el número, el juego, la posición, y conocer el efecto de los músculos, conviene de vez en cuando comparar el cadaver con la Naturaleza viviente y con las bellas estatuas griegas. Los Griegos son quienes más estudiaron esta parte del arte; y si lo han conseguido perfectamente, es porque tenían ante sus ojos las formas más hermosas del cuerpo humano. Es cierto que los músculos que más actúan son los que tienen más relieve y más se perciben, tales son los de las piernas en los bailarines y los de los brazos en los luchadores y remeros; pero la juventud griega, que practicaba de continuo ejercicios de gimnasia y mantenía en acción todo el cuerpo por igual, seguramente ofrecía modelos mucho más perfectos que todos los que se pueden encontrar hoy en día.
Pierre-Henri de Valenciennes (1750-1819), Réflexions et conseils à un Élève sur la Peinture et particulièrement sur le genre du Paysage, La Rochelle, Rumeur des Ages, 2005, 146 pages (De l’Anatomie, pp. 24 – 25)
(la traducción es mía)
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De finales de mismo siglo son los dibujos de Castor Gonzàlez Velázquez (1768 – 1822) y de Bartolomé Montalbo (1769 – 1846), ambos con obra en el Museo del Prado.

Castor Gonzàlez Velázquez, 1790

Bartolomé Montalbo, 1792
El primero fue también un afamado miniaturista y el segundo se especializó en bodegones de caza y paisajes y fue pintor de cámara de Fernando VII, pero antes tuvieron que dedicar muchas horas al dibujo de academia al natural.
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De Ángel Bueno (Silos, 1758) que fue un alumno premiado de la Academia de San Fernando, aparte del dibujo de la colección que aquí examinamos. realizado en diciembre de 1783 (¿la muerte de Adonis pero sin Afrodita?)

Ángel Bueno, 1783
y de otros dos tríos en la colección del Museo del Prado no se conserva nada.
De ellos uno es anterior, también de 1783, pero en febrero y probablemente con los mismos modelos

Ángel Bueno, 1783. Colección del Museo Nacional del Prado
En este se comprueba que las posturas suelen ser la mímesis de otras del arte grecorromano o de la pintura clásica, en este caso el modelo en el suelo imitaría la escultura helenística el Gálata moribundo (220-230 a.C.), que se exhibe en copia de mármol romana en los Museos Capitolinos de Roma bajo la denominación de el Galo moribundo. El compañero a la derecha adopta la postura y la mano en la espalda del Hércules Farnesio del Museo Nacional de Nápoles.

Galo moribundo. Museos Capitolinos. Foto R.Puig
Cinco años antes había realizado el dibujo de otro trío

Ángel Bueno, 1778. Colección del Museo Nacional del Prado
Según se indica en su ficha en el Museo del Prado, participó en varias ocasiones entre 1778 y 1787 en los concursos de la Academia, pero no parece haber dejado registro ni como pintor ni como escultor en la historia del arte en España.
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No es posible traer aquí todos los dibujos de tríos de la colección que ha motivado estas crónicas y que muestra que durante la segunda mitad del siglo XVIII en la Academia de Bellas Artes de San Fernando se hizo habitual el ejercicio de academia con tres modelos desnudos. Las composiciones eran más o menos artificiales y estaban destinadas a desarrollar la virtuosidad del artista en la pintura del cuerpo masculino y en arte de la composición de grupos.
Acabaré con dos escenas, donde esa composición adquiere cierta teatralidad, con un cuerpo yacente en trance de ser socorrido. El primero, acabado en la víspera de Navidad de 1789 (en julio había sido tomada la Bastilla en París), podría ser un ensayo para un tema clásico, por ejemplo un descendimiento o la deposición de Cristo muerto.

Juan Alonso 1789
Es obra de Juan Alonso del Canto (1768 – 1839), un asturiano que se matriculó en la Academia de San Fernando con tan solo trece años.
El otro -¿dos supuestos guerreros que ayudan a un compañero caído? ¿un descendimiento de la cruz?- fue dibujado cinco años antes por Juan Gualberto Escribano, de quien sólo he encontrado un rastro de su carrera artística, mencionado como copista (asesorado por Maella) de un San Francisco Javier de Goya, para la capilla del cementerio del Hospital General de Madrid por encargo de Sabatini en 1781.

Juan Gualberto Escribano 1784
Ello querría decir que ya desde sus tiempos de alumno de la Academia se movía en el círculo de Mariano Salvador Maella y era un copista apreciado. Y nada más que yo sepa se recuerda de él.
Finalmente, otro posible esbozo de la escena de un descendimiento o una deposición en el sepulcro, obra de un Antonio Rodríguez (1765 – 1826) que pudo ser el hijo del conserje de la Academia de San Carlos de Valencia, que tras estudiar en la de San Fernando en Madrid, llegó a ser profesor y miembro destacado de la misma.
El Museo del Prado conserva numerosas ilustraciones suyas.

Antonio Rodríguez, 1788
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En cuanto a los nombres de estos trabajadores precarios y anónimos, puede que en un archivo perdido aparezca alguno en las páginas de una contabilidad carcomida y polvorienta.
En la crónica anterior mencionaba que hoy en día en Italia, para ser modelo de academia hay que presentar una solicitud en respuesta a un concurso público anual. Me pregunto cómo se hacía en los siglos XVIII y XIX en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. ¿Se publicaba un bando? ¿Se les buscaba entre los mozos que descargaban fardos en el el mercado central? ¿Tenían que superar un casting ?
Fuese como fuese, he pensado que, en memoria de su paciente colaboración a la Historia del Arte, valía la pena recoger el detalle del rostro de algunos de ellos en esta página, tal como los selectos estudiantes que dibujaron las academias los interpretaron, mientras ellos se mantenían inmóviles y en equilibrio





















El ojo acusador. Foto R.Puig
Reproches
No sé si a ustedes les pasa, pero descabezar un pescado cuando te mira fijo puede dejar una regusto de culpa. Se pasa pronto, pero, en todo caso, hay quienes preferimos no tener que guillotinar a un bicho antes de comerlo. No sé si está relacionado con una experiencia infantil.
En los años de la posguerra en España comer pollo, algo tan corriente ahora, era para las ocasiones especiales. Alguien, creo que era por Navidad, había obsequiado a mis abuelos el volátil vivo. Había que sacrificarlo para luego desplumarlo. Al niño que yo era no se le dejó asistir a la decapitación, pero sí que pude ver horrorizado como salía corriendo hacia mí el animal sin cabeza por el pasillo en penumbra que llevaba a la cocina.
Los niños de hoy están acostumbrados a las escenas de horror de la TV, el cine y los videojuegos, pero que un ser vivo sin cabeza, sangrando por el pescuezo seccionado, se te acerque dando saltos era demasiado para un infante de los tempranos años cincuenta del siglo pasado.
Por lo cual no tuvo nada de extraño que hace ya mucho, en una marisquería de Galicia, al observar a un pinche de cocina que sacaba un bogavante vivo del acuario para llevárselo hacia el perolo en ebullición, de sopetón le preguntase si no sentía remordimientos cada vez que ejecutaba a los crustáceos de una forma tan cruel. No debía yo ser el primero que le planteaba este interrogante moral, pues, también sin pensárselo, me replicó poniendo ante mi el animal con sus espectaculares tenazas embridadas (como un criminal esposado) y diciendo: «No señor, yo sólo ejecuto a un asesino del fondo de los mares que ha devorado a muchos pececillos inofensivos, cocerlo vivo no me quita el sueño».

Langosta norteamericana (en España bogavante)
A pesar de esta explicación, no puedo olvidar los ojillos cegatones del bogavante y sigo pensando que si tuviese el oficio de hervidor de crustáceos vivos, al acabar la jornada de trabajo no conseguiría dormir tranquilo.
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Rebeldías
En todo caso, les pido comprensión, pues voy a intentar esclarecer con algunos ripios una especie de visiones, que no sé si a ustedes se les presentarán o son sólo los efectos de mis traumas infantiles que se habrían agravado con la edad.
En cualquier caso no se tomen a la ligera mis advertencias
Despierten almas dormidas
estén alerta y aprendan
cosas que no han de hacerse
y si se hacen adviertan
qué podría sucederles.
Ira de hortaliza. Foto R.Puig
Un pimiento es un pimiento
hasta que se le acuchilla,
y a sus barbas se ofende
despertando en consecuencia
su agresividad latente.
El pimiento colérico. Foto R.Puig
En el alma de los huevos
pollos frustrados se esconden
así que si los freímos
arrojando chiribitas
los dedos quizá nos quemen.
Ova furiosa. Foto R.Puig
Hemos de tener presente
que por las cocinas
vagan espíritus durmientes,
puede que a quien les maltrate
su colera persiga siempre.
Ova furiosa. Foto R.Puig
Pimientos, calabacines,
repollos, huevos y habas,
puerros, ajos y tomates,
cebollas y calabazas
un respeto se merecen.
El orgullo de la huerta. Foto R.Puig
Humildes frutas, hortalizas
y las modestas legumbres
de honor un rescoldo encierran,
que con arte se les trate
ya nos lo enseñó Arcimboldo.
Arcimboldo. El otoño. 1573
No hay queso ni salchichón
que no tenga corazón,
ni ostras que no palpiten,
ni huevos sin condición,
como ya mostró Colón.
Colón y el huevo. Orquesta Mondragón 1992
Nos prescribía Gautama,
que antes de hervir una gamba
con reverente humildad
su permiso le pidamos
para preservar su karma.
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¡Hervidas sin permiso! Foto R.Puig
Como Plotino enseñaba,
los granos de la granada
sueñan la unidad perdida
y que al fin de su pesadilla
espera su forma divina.
La granada en su rama. Foto R.Puig
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Y si no ha sido suficiente para aclararnos, recordaremos lo que escribía Georges Poulet analizando el neoplatonismo en la obra de Marcel Raymond. Aquel influyente crítico literario rechazaba la dualidad sujeto-objeto, al poner de relieve en sus estudios de poetas modernos que somos nosotros quienes prestamos a las cosas la consciencia que no tienen, que es en nosotros donde las cosas se piensan a sí mismas, se sienten, se perciben y hasta se emocionan en
…una especie de universo interior donde el pensamiento no sería diferente de sus objetos, donde ser consciente de alguna cosa sería ver como adquiere su forma en el espíritu, como si se soñase a sí misma.
(La conscience critique, Paris, José Corti, 1971, p. 128)
Bueno, pues lo dicho, eso puede referirse tanto a la fusión del espíritu del crítico literario (el sujeto) con la poesía de Baudelaire (el objeto), como a los pimientos (los objetos) que se piensan en nuestra conciencia (de sujetos) cuando los cortamos en rodajas. Parafraseando a Santa Teresa podríamos decir que entre los pucheros también aletea el soplo de la conciencia.
Prueben y vean que, concentrándose un poco, percibirán lo que sienten los ajos cuando los añaden al sofrito.
¡Que aproveche!

Johan Zoffany. Los académicos de la Royal Academy 1771 – 1772. Colección Real. Londres
Cada año las academias y liceos de Bellas Artes de Italia sacan a concurso las plazas de modelos vivientes de ambos sexos, para sus «scuole libere del nudo», en las que se practica el dibujo de anatomía artística. Su reclutamiento y situación contractual están reguladas desde el año 2000. Pero una cosa es la ley y otra su práctica, así que en el 2008 se produjo un paro para reclamar el reconocimiento profesional y protestar por la precariedad y las condiciones en que ejercían su trabajo
Por mi experiencia como alumno en la Facultad de Bellas Artes de Altea, en España, y en la Academia de Bellas Artes de Watermaels-Boitfors, en Bélgica, he sido testigo de que el trabajo de posar es sufrido, la retribución es módica y la contratación temporera.
La primera Academia de Arte de Europa fue ideada por Giorgio Vasari y fundada por Cosimo I de Medicis en Florencia en 1563. A ella siguió la creación de la primera academia de dibujo de Europa por los hermanos Carracci en Bolonia en 1580. Más tarde se creó la de San Lucas en Roma en 1593. Fue la de Bolonia, la accademia dei desiderosi, luego llamada degli incamminati, la que dio el espaldarazo oficial al dibujo de desnudos dal vero, sin prestar oídos a la prohibición de la Iglesia en aquellos tiempos de contrarreforma.
El dibujo de modelo viviente había existido desde antiguo en el ámbito de los talleres de los artistas, pero la proliferación de academias y escuelas de arte públicas en el siglo XVII y XVIII consagró esta práctica en el ámbito pedagógico y le dio gran importancia para la formación del artista. El oficio de posar estaba permitido sólo a los modelos varones. De hecho, un rey tan ilustre e ilustrado como Carlos III, siguiendo los dictados de su confesor quiso quemar todos los lienzos de las colecciones reales que incluían desnudos considerados indecentes. Sólo la intervención del pintor de la Corte, Anton Raphael Mengs, consiguió que los donase a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, para servir a la instrucción de los alumnos. A fines del siglo XIX se empezó a tolerar el posado artístico de las mujeres en las academias privadas, aunque hubo que esperar al siglo XX para que las mujeres pudiesen retratar a los modelos desnudos en las academias estatales.
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José Maea, Desnudo con piedra, 1783
Los dibujos de la colección de la Academia de San Fernando
Todo esto viene a cuento de que recientemente he examinado los trabajos de dibujo de modelo viviente de la Biblioteca digital de Bellas Artes de San Fernando que posee la Universidad Complutense de Madrid. Son trabajos, por lo general de gran calidad técnica, realizados a la sanguina, el carboncillo o el grafito, algunos sobre papel blanco o en su mayoría amarillento o gris. Entre los dibujos destacan los de alumnos que con ellos pasarían las pruebas para obtener una beca o pensión en la Academia de España en Roma. Algunos lograrían una plaza en la Historia del Arte, como José del Castillo (1737 – 1793), Domingo Álvarez Enciso (1737 – 1800), Alejandro de la Cruz (becario en Roma en 1765), Gabriel Durán (1747 – 1806, becario en Roma), Manuel de Eraso (1742 – 1813), José Maea (1760 – 1826), Mariano Salvador Maella (1739 – 1819).
Fue necesario un siglo y medio más para que una mujer, la excelente pintora naturalista Marcelina Poncela Ontoria (1864 – 1917), legase un dibujo para esta colección y mereciese que su biografía acabase en la wikipedia. Era una de las seis mujeres que, con permiso real, pudieron ingresar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. No se trata de un desnudo, no se llegó a tanto, sino de la figura de un filósofo, a partir de la copia en escayola de una estatua clásica. Su hijo, Enrique Jardiel Poncela, de quien hemos hablado aquí, también dibujaba, seguramente por haberlo aprendido de su madre.

Marcelina Poncela y Ontoría. «Filósofo»
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Pero estábamos hablando de cuán sufridas pueden ser las sesiones de posado, por ello me voy a fijar en alguno de los recursos que se les ofrecían a los modelos para mantenerse inmóviles.
La piedra como apoyo
Un año antes del dibujo de José Maea que vemos un poco más arriba, otro aspirante a la fama dibujaba con los mismos materiales y la misma técnica al que puede que fuese el mismo modelo aunque con el pelo más corto, esta vez sentado sobre dos piedras, pero en una torsión que no parece demasiado cómoda. Prueben ustedes a mantenerse en esta pose durante veinte minutos o media hora y a ver si recuperan la normal sin tener calambres.

Pedro Carmona Lezcano. Desnudo con piedras 1782
Y ya que hemos mencionado la fama de sus autores, he aquí dos dibujos más antiguos de modelos apoyados en la piedra, sobre papel gris y con acabado en albayalde.
Bastones
El primero se sujeta también en una especie de garrota o muleta para mantener su difícil equilibrio. Curiosamente el dibujante ha olvidado dibujar la continuación de la vara entre el antebrazo y la espalda

Mariano Salvador Maella Pérez. Desnudo con piedra 1760
Este segundo no necesita de bastones, porque la piedra vertical le sirve de apoyo. Los toques de albayalde (blanco de plomo), un material que ya se usaba en el siglo XIV y fue desechado por tóxico en el siglo XIX, destacan los volúmenes del cuerpo.

Alejandro de la Cruz Desnudo con piedra 1771
Otro que utiliza un palo

Blas Martín Hidalgo. Desnudo con piedra, 1757
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Evolución
Hacia final de siglo la línea se hace más nítida

Luis Rascón. Desnudo con piedras, 1790
Y cuando Antonio Martínez dibuja en Roma, pensionado en la Academia de España, esa precisión se acentúa

Antonio Martinez. Desnudo con piedra, 1799 «a Roma»
en contraste con sus ejercicios anteriores en Madrid

Antonio Martinez. Desnudo con piedra. s.f.
Podríamos seguir, pues hay en la colección muchos ejemplos de modelo apoyada en un bloque de piedra. Pero en un próximo domingo comentaremos otra curiosa forma de mantener el equilibrio y hacer más difícil la labor del dibujante.
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Para finalizar, he aquí un ejemplo de otro modelo que, siendo de escayola, no tenía que sufrir para mantenerse inmóvil, una copia del llamado Gladiador Borghese cuyo original está en el Louvre.
Entre los ejercicios que lo representan éste es el más antiguo de la colección. De aquel alumno aventajado sólo nos ha quedado el nombre

Pedro Sasso y Sani. Guerrero Borghese, 1786
Y este otro al carboncillo obtuvo uno de los premios del curso del 1911

José Nogué Massó. Gladiador Borghese, 1911 (premiado)
Aquel catalán, alumno de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, se llamaba José Nogué Massó (1880 – 1973). Llegó a ser director de la Academia de España en Roma y catedrático de dibujo y director de la Escuela de Artes y Oficios de Jaén.
Este otro es un aspirante que no llegó tan lejos aunque, sin saberlo, intentaba emularlos cuando dibujaba la misma estatua, pero en Roma y un siglo más tarde…

Dibujando en 2011 en la Gipsoteca de la Sapienza en Roma.
Pero mejor sería darse una vuelta por el Louvre para ver el original en mármol

«Gladiador Borghese» de Agasias de Éfeso. Siglo III a.C. Louvre. Foto Ryan Bauman
Nota: La Colección de dibujos antiguos de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de Madrid se puede consultar pinchando aquí









