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Del arte del mercado y el Jardín Botánico a las casetas del Moyano y al recuerdo de Jardiel Poncela.

3 marzo, 2012

Sitios web y boletines de noticias sobre el mercado del arte los hay innumerables, así que he preferido iniciar esta página con al arte del mercado. De mi reciente paseo por Madrid, aunque haya recorrido varias exposiciones, prefiero compartir algunas fotos, que si bien no acabarán en un museo, tampoco, pese a que algunas tengan que ver con el condumio, serán pasto de marchantes.


En el mercado de San Antón

Las primeras instantáneas las he captado en el Mercado de San Antón, al que rodean las calles de Augusto Figueroa, Barbieri y Libertad. Los artistas son los fruteros y pescaderos de esa plaza del mismo barrio madrileño donde nació Enrique Jardiel Poncela. De su muerte se han cumplido 60 años hace tan sólo dos semanas. Al final de mi paseo he adquirido casualmente un libro suyo que me ha traído a las mientes su memoria.

Pero empezaremos la crónica por el arte de los puestos del mercado. Algo así como un testimonio de “ready made” perecederos.

En los puestos de San Antón, un batallón de hortalizas se alinea en orden de parada

Mientras los carabineros, bien uniformados, montan guardia en la pescadería

Todos ellos bajo el mando de un Virrey que luce una cota de malla deslumbrante y pasa revista a sus huestes con su ojo panóptico

Por el Jardín Botánico

Dos horas duró la etapa siguiente del paseo, pero se consumieron sin sentirlo por las veredas del Botánico. De este refugio apacible que nos legó la Ilustración no puedo decir nada que no sepamos ya gracias al blog “Arte en Madrid”. Estas modestas fotos las dedico a su editora, Mercedes Gómez.

Una de las fuentecillas o ‘fontines’, de cuya restauración nos habló hace poco

La línea impecable de sus sequoias

La floración de su almendro

Y el ramaje desnudo y espléndido del olmo.

Puede que no me creáis -mi mujer fue testigo-, pero a pesar de andar tras él con toda la cautela posible no logré fotografiar a un inquieto conejo que correteaba por sus parterres.

y ello ante las mismas narices de Don Mariano Lagasca y Segura, que fue dos veces director del Jardín Botánico.

Recordando a Enrique Jardiel Poncela en la cuesta del Moyano

Acabamos el paseo por Madrid en la cuesta del Moyano (calle Claudio Moyano), lugar de algunos de mis recuerdos y hallazgos bibliófilos, que hoy añade el encanto de estar cerrada al tráfico.

Por una de esas casualidades de la vida, no sólo habíamos recorrido la calle de Augusto Figueroa (antaño calle del Arco de Santa María), donde nació Jardiel Poncela, sino que en una caseta del Moyano di con un librito suyo, que había leído hace ya muchos años cuando formaba parte de la biblioteca de mi padre. Luego lo perdí de vista y ahora lo he adquirido en muy buen estado. Me trae recuerdos.

“Para leer mientras sube el ascensor” lo publicó en Madrid la editorial Aguilar en la colección Crisol en 1958.

(esta foto proviene de http://jardielponcela.blogspot.com/)

                                                 Enrique Jardiel Poncela falleció el 18 de febrero de 1952

Su epitafio reza así:  “Si buscáis los máximos elogios, moríos”:

http://elblogdejardielponcela.blogspot.com/2012/02/si-buscais-los-maximos-elogios.html

Tengo un recuerdo que tiene que ver con su obra, es la representación de “Los habitantes de la casa deshabitada”, allá por los años cincuenta en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid. Me llevó mi abuela cuando yo vestía pantalón corto. Recuerdo que acabé escondiéndome aterrorizado entre las butacas. Aunque la obra ponía en solfa las obras que pretenden infundir pavor, a mis pocos años se me escapaba la ironía y sólo me quedaba el miedo.

Además de escritor de ingenio inacabable, Jardiel Poncela fueun excelente dibujante de género humorístico. He aquí su Sherlock Holmes en “los asesinatos incongruentes del castillo de Rock”.

De la crónica que lleva el título “Mis viajes a Estados Unidos” he extraído algunos párrafos.

Aunque los protagonistas y la escena sean de 1932, lo que narra sigue ocurriendo con otros actores y en numerosos lugares.

La postal de época representa al “Franconia”, otro transatlántico de la misma naviera del “Samaria”, buque muy parecido de la Cunard Line, del que desembarcó en Nueva York Jardiel Poncela.

La opinión de Mistress Miller

–          ¿Qué es aquello? –le pregunto, señalando a la islita donde está la estatua.

–          Ellis Island –contesta.

–          ¿Y aquel edificio que se ve al pie de la estatua?

–          Aquello es un presidio –vuelve a responder la rusa-. Un presidio destinado a los que no han cometido delito alguno, pues a Ellis Island es adonde van a parar con sus huesos, hasta la repatriación, los viajeros a quienes las autoridades americanas no dejan desembarcar en los Estados Unidos.

Quedo sin habla. Porque esperaba ver mucho en este viaje, pero este principio de encontrar un presidio al pie de la estatua de la Libertad, eso supera a todo lo esperado. Y me froto las manos, encantado del porvenir que me insinúa.

Inmigration Department

¡Nueva York y la Inmigración! Hay combinaciones de palabras que hacen temblar, y ésta, por lo visto es una de ellas. Al menos, esperando que la Inmigración neoyorquina suba a bordo, la actitud de los pasajeros del transatlántico es exactamente igual al aspecto que ofrece un gallinero cuando la cocinera entra con el propósito de decidir qué bicho elegir para el menú. Las gallinas, quiero decir, los pasajeros, se aprietan unos contra otros en la borda: como si quisieran hacer el menor bulto posible. Se diría que algunos se agachan para esconderse debajo de los demás…

…hoy por la mañana, agrupados temerosamente en las cubiertas, con los ojos clavados en la gasolinera oficial, que se acerca al barco, los pasajeros ya no parecen los mismos de anoche. A derecha e izquierda se oyen sin cesar voces tímidas:

–          Ya se acerca la Inmigración… Ya se dispone a subir la Inmigración.

Y por fin…, se oyen unas voces imperativas procedentes del mar:

–          Well! Stop!

–          Is all right, boy!

El motor escupe treinta explosiones lentas y se detiene, y la gasolinera oficial se pega al costado del transatlántico.

–          Come on, chief…

Cinco hombres uniformados saltan a la escala del “Samaria” y entran como en terreno conquistado. Pertenecen al Inmigration Department, y son todos altísimos, tipo rascacielos, con dos ventanas en lo alto: los ojos; sólo se diferencian de los rascacielos en que llevan unos papeles debajo del brazo. Sin saber por qué nos dan mucho miedo esos papeles…

Jardiel Poncela, Enrique, “Mis viajes a Estados Unidos. III Lo difícil que es pisar el asfalto de Broadway” en Para leer mientras sube el ascensor, Madrid, Aguilar, colección Crisol, 1958, pp. 444, 447 y 449.


4 comentarios leave one →
  1. Mercedes permalink
    3 marzo, 2012 19:43

    Hola Ramón:
    me alegra saber que has estado en Madrid, habréis disfrutado de esta primavera adelantada nada conveniente pero preciosa. Has cumplido tu palabra y has visitado el Botánico, ya con flores en un almendro, qué maravilla. Te agradezco mucho esas fotos, me dan ganas de volver allí una vez más, mañana mismo, gracias de verdad.
    Fíjate, aún no he ido aún a conocer el mercado de San Antón, lo tengo apuntado.
    Y qué decir de la Cuesta de Moyano y del gran Jardiel…
    Hablas de muchas cosas, como se merece la crónica de un buen paseo por Madrid.
    besos

  2. 3 marzo, 2012 21:19

    Muchas gracias Mercedes,

    El viaje ha sido sobre todo a Torrelodones, con tan sólo un día y medio para Madrid, donde tantas visitas se nos han quedado en veremos. La fugacidad de este desplazamiento me deja en el tintero esta y otras visitas para el próximo viaje.

    Precisamente quería ver algunas cosas en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde en tu última entrada de “Arte de Madrid” me descubres que algunas de las esculturas que Velázquez trajo de Italia se encuentran, nuevo acicate que yo ignoraba.

    Me ha emocionado también tu entrada sobre el refugio frente al antiguo Hospital de Jornaleros. Trabajé casi ocho años en esa zona y, sin saberlo, he debido pasar por encima de esos túneles en las que tantas horas de ansiedad pasaron muchos madrileños .

    Por cierto, cuando vuelvas por el Botánico mira a ver si te tropiezas con el conejo que vagabundea por ahí…

    Un abrazo

    Ramón

  3. Carmen Casado permalink
    12 marzo, 2012 19:33

    Me ha encantado esta entrada y tomo nota para mi proximo viaje a Madrid, sobre todo me han entrado unas ganas inmensas de ir al Botánico que hace mucho que no voy

  4. 12 marzo, 2012 21:48

    ¡Gracias Carmen!

    ¡Ánimo pues, que en primavera es de lujo!

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