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“De senectutis incommodis”. Erasmo de Rotterdam y las incomodidades de la vejez. Breverías erasmianas (XXXII)

5 noviembre, 2017
Expolio otoñal. Foto R.Puig

Expolio otoñal. Foto R.Puig

 

No había cumplido aún los cuarenta años, pero Erasmo entraba ya en esa crisis que dicen aflige a los que cumplen ocho lustros y publicaba un suplemento para su edición aumentada de los Adagios del 24 de diciembre del 1506, que bajo el título de Epigrammata sale de las imprentas de Badius en París el 8 de enero de 1507. Entre los epígramas hay ya un poema titulado De fuga vitae humanae. Algunos meses después, de camino a Italia, compone el Carmen de senectute (Poema sobre la vejez) en 246 versos que dedica a Guillermo Cop, su médico, que presta sus servicios en la Corte de París.

Este poema, que se suele conocer como Carmen Alpestre (Poema Alpestre), por los parajes alpinos que tuvo que atravesar Erasmo para llegar a Italia, alterna hexámetros medievales con yambos, de modo que simula reflejar con la métrica la brusca irrupción la vejez.

Hojas muertas. Foto R.Puig

Hojas muertas. Foto R.Puig

 

Entre los numerosos poemas sobre la fugacidad de la vida y las servidumbres de la vejez de la historia de la literatura, el de Erasmo constituye un ejemplo especial. En algunas de sus cartas de esa época deja entrever que se está replanteando muchas cosas. Afortunadamente eludirá la tentación de retirarse del mundo volviendo a una pacífica vida devota.  Así que seguirá trabajando en sus “labores de Hércules” de las que sus contemporáneos y la posteridad nos hemos beneficiado.

Tras unos meses en la casa de Tomás Moro, disfrutando de las ventajas de la vida de las clases altas de Inglaterra (sin que le faltasen expresiones de admiración por las mujeres cultivadas y bellas que allí encontró), consiguió la dispensa para exclaustrarse de su orden monástica. Es en su vuelta al continente, cuando quienes han estudiado ese periodo estiman que a Erasmo, ya famoso en los círculos del humanismo, le asaltaron las dudas sobre el rumbo de sus vida. Como expresa en el poema, su mentón comenzaba a albicar y ya descubría las primeras canas en su bien poblada cabeza.

Abedules en otoño. Foto R.Puig

Abedules en otoño. Foto R.Puig

 

Iam praeteritis vernantibus annis

(Cuando los años floridos son pasado)

El refrán que proclama que todo tiempo pasado fue mejor tiene su parte de verdad si aplicado al curso de la vida individual. Sin embargo, si pensamos en las condiciones colectivas de subsistencia, en la esperanza de vida, en el bienestar, la salud, o en los riesgos que amenazaban a las gentes del siglo de Erasmo (por no remontarnos a Cicerón o a Aristóteles) podríamos bien decir que todo siglo pasado fue peor (sobre todo para envejecer).

En el contexto de los comienzos del siglo XVI es fácil comprender que la vejez se viese de forma diferente y que un hombre de salud frágil y a punto de cumplir cuarenta años la considerase como una decadencia inminente y repleta de inconvenientes.

Carpe diem. Foto R.Puig

Carpe diem. Foto R.Puig

Por lo que a mí respecta, mi semana ha estado llena de ocupaciones, no la menor la del laborioso empaquetado de mi biblioteca en preparación de la mudanza de hace dos días. Pido pues comprensión, si sólo dejo hoy algún extracto del largo poema de Erasmo, esperando que mi traducción no sea demasiado infeliz. Mi propósito es continuar con este empeño. No en vano el otoño es propicio a pensar en la fugacidad de los años y en las cercanías invernales.

El parque en otoño. Foto R.Puig

El parque en otoño. Foto R.Puig

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Carmen de senectutis incommodis Desiderii Erasmi Roterodami

(Poema de Desiderio Erasmo Roterodamo sobre las incomodidades de la vejez)

(extractos)

Vni porro homini post septima protinus idque

Vixdum peracta lustra

Corporeum rubor cariosa senecta fatigat.

Es así que a todo hombre después que siete

lustros ha apenas recorrido

la podrida vejez su fuerza corporal ha consumido

(Versos 43 a 45)

(…)

Quam nuper hunc Erasmum

Vidisti media viridem florere iuuenta!

Nunc is repente versus

Incipit urgentis senii sentiscere damna

Et alius ese tendit

No hace tanto que a este Erasmo

lo viste en su juventud de vigor floreciente!

Helo ahora de repente cambiado

que siente los apremiantes males de la decrepitud

y que a ser otro tiende

(versos 56 a 60)

(…)

Nunc mihi iam ratis sparguntur tempora canis

Et albicare mentum

Incipiens, iam praeteritis vernantibus annis,

Vitae monet cadentis

Aduentare hyemen gelidamque instare senectam.

Ahora se pueblan ya mis sienes de constantes canas.

y la barbilla, que a blanquear

empieza, con los años floridos ya pasados,

avisa que de la vida declinante

el invierno y la gélida vejez apremian

(Versos 65 a 69)

La arboleda en otoño. Foto R.Puig

La arboleda en otoño. Foto R.Puig

Ciento cuarenta años más tarde…

No lo he podido resistir… en 1647 nuestro Baltasar Gracián publica su Oráculo Manual y arte de la prudencia a los cuarenta y seis años de edad, y la verdad es que hay algunos aspectos en los que sigue pensando como Erasmo en sus versos, al menos en lo que se refiere a las etapas de la decadencia vital, aunque lo haga en términos metafóricos y a través de analogías con especies animales, y sus períodos sean de diez y no de cinco años.

Leamos:

Saber renovar el genio con la naturaleza y con el arte. De siete en siete años dizen que se muda la condición: sea para mejorar y realçar el gusto. A los primeros siete entra la razón; entre después, a cada lustro, una nueva perfección. Observe esta variedad natural para ayudarla y esperar también de los otros la mejoría. De aquí es que muchos mudaron de porte, o con el estado, o con el empleo; y a vezes no se advierte, hasta que se ve, el excesso de la mudança. A los veinte años será pavón; a los treinta, león; a los quarenta, camello; a los cinqüenta, serpiente; a los sesenta, perro; a los setenta, mona; y a los ochenta, nada.

No diré cuál es el animal que me corresponde, pero mis amigos ya lo saben.  Curiosamente Gracián no estuvo en China, pero ¿leería alguna crónica de los misioneros jesuitas en aquel lejano imperio, en donde a cada año se le bautiza con el nombre de un animal?  ¿sería que de ahí le vino la idea de clasificar las décadas de la vida humana a la medida del carácter de algunos animales?

Hoja muerta. Foto R.Puig


Fuentes:

Érasme de Rotterdam, Viellir. Pòeme d’Érasme sur la Vieillesse. La Lettre Volée à la Maison d’Érasme, Collection  “Notulae Erasmianae” dirigida por Alexandre Vanautgaerden, Bruselas 2001.  Se trata de una edición crítica del poema en su original latino con versión francesa de Jean-Claude Margolin.

Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, Compañía Iberoamericana de Publicaciones, Colección Las Cien mejores obras de la literatura española, Madrid sin fecha, con una introducción de Azorín tomada de sus Lecturas españolas, pág. 147

 

 

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