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Por un lugar de La Mancha

23 octubre, 2022
Espadaña de la Iglesia San Juan Bautista en Alarcón a contraluz. Foto R. Puig

En viaje de Madrid a Valencia, pernoctamos dos noches en Alarcón (Cuenca, Castilla La Mancha), visitamos el lugar y caminamos por sus alrededores. Estuvimos alojados en un hotel, cuyo nombre despide aroma de hierbas, del que no olvidaremos la cordialidad, las atenciones y la agradable conversación del patrón y la patrona, y seguimos durante más de dos horas a un guía excelente con el que visitamos tres de los templos más notables de la villa y subimos a sus murallas.

Me es imposible decir nada original sobre esta altiva plaza cuya historia condensa muchos de los avatares que formaron parte de la construcción de España a partir del siglo XIV, cimentada sobre prolegómenos, iberos, romanos, visigodos y árabes.

Pinares en las laderas de Alarcón. Foto R. Puig

El pueblo está como atrapado entre una de las dos hoces que forma el río Júcar en los alrededores del peñón sobre el que se construyó su fortaleza.

Embalse del Júcar al norte de las murallas de Alarcón. En el centro la «torre de los Alarconcillos» (siglo.XIV). Foto R. Puig
Plano aéreo de Alarcón en Google
Antiguo puente romano (restaurado) del Tebar al norte de las murallas de Alarcón. Foto R. Puig
Antigua puerta de acceso a Alarcón por el Norte. Foto R. Puig
El peñón donde se asienta Alarcón visto desde el noroeste. Foto R. Puig
Acceso actual por el Este de Alarcón sobre el río Júcar. Más arriba el puente de Chinchilla o del Picazo, antiguo acceso del suroeste. Foto R. Puig

En definitiva se puede resumir las razones para el nacimiento de un pueblo fortaleza sobre este peñón en su calidad de lugar de control y defensa durante siglos de guerras, emplazamiento de valor estratégico y militar. Pero, cuando la nación se unificó en torno a los Reyes Católicos y las fronteras de conflictos seculares desaparecieron, esta atalaya de vigilancia de rutas de la meseta hacia Levante y entre el norte y sur de la parte oriental de la península perdió su importancia.

Fue en los años sesenta del siglo XX cuando la creación de un parador nacional atrajo la atención de un número creciente de visitantes que empezaron a interesarse por la historia, los monumentos y paisajes admirables de Alarcón. Por entonces ya estaban demolidos o en vías de desacralización algunos de sus templos, agrupados a las espaldas del castillo.

Alarcón, acceso actual al Este visto desde las murallas del Castillo (parador). Foto R. Puig

¿Qué decir?

Ninguno de mis comentarios a todo esto podría ser original. Pero quiero mostrar algo que me ha sorprendido, el detalle de un blasón, de un escudo de armas, en una de sus calles (si mi memoria no me engaña situado en un muro en la calle del Dr. Agustín Tortosa).

Escudo de armas en la calle del Dr. Tortosa en Alarcón. Foto R. Puig

Si observamos los rasgos y el tocado del personaje que asoma a la derecha del torreón…

Escudo de armas en la calle del Dr. Tortosa en Alarcón. Detalle. Foto R. Puig
El personaje de tocado y rasgos amerindios en el escudo de armas en la calle del Dr. Tortosa en Alarcón. Detalle. Foto R. Puig

me recuerdan en su sorprendente parecido a otro perfil de quien parece ser un cacique amerindio en la Colegiata de Lobbes en Bélgica, del que hemos hablado en este blog, que fue cincelado sobre la lápida de la llamada «tumba del abad» por un artista anónimo del siglo XVI.

La Colegiata de Lobbes, Bélgica, tumba de abad. Detalle de cacique o sacerdote mesoamericano. Foto R. Puig

Si este personaje en el blasón en una calle de Alarcón fuese la representación de algún amerindio, ello podría significar que se trata de un escudo de armas relacionado de algún modo con documentos o representaciones que llegaron a España en los inicios de la colonización hispana de América, o con alguien que allá viajó, participó de aquella aventura y tuvo parte del señorío que este blasón representa, y que no he podido precisar cuál sea. Tampoco puedo saber si es una copia reciente de alguna reproducción estampada salida de un archivo.

Volviendo a la plaza del ayuntamiento

Alarcón, la Iglesia (desacralizada) de San Juan Bautista en la Plaza del Infante Don Juan Manuel. Foto R. Puig

Y para terminar, acabadas mis elucubraciones, les animaré a que, si tienen la oportunidad de hacer parada y fonda en Alarcón, de hacerlo. Y, eso sí, no se se asusten demasiado cuando entren en esta que fue iglesia bajo la advocación de San Juan Bautista para ver las pinturas murales de Jesús Mateo (*).

Murales de Jesús Mateo (1995) en el espacio del antiguo templo de San Juan Bautista (*) en Alarcón. Foto R. Puig
Alarcón, detalle de los murales de Jesús Mateo (el ser humano en blanco) en lo que fue Iglesia de San Juan Bautista. Foto R. Puig

¡manos arriba!

Conclusión con gato

Como en muchos lugares de España los gatos son los principales anfitriones de una visita turística que se precie. Actualmente están mereciendo incluso la cláusula de un proyecto de «ley animalista» que se discute en las Cortes para que se blinden los cientos de colonias gatunas de nuestro país, cosa que no sería del agrado de las muchas aves y de pequeños animales de nuestra fauna que merecen protección ante los millones de zarpas gatunas, según nos dicen biólogos y zoólogos que tiene estudiada esta delicada cuestión de equilibrio.

Este simpático gato de Alarcón parece reflexionar sobre la cuestión.

Notas:

(*) La iglesia de San Juan Bautista se construyó durante los siglos XVI y XVII sobre otra románica. En el siglo XIX aconteció la desamortización de Mendizábal de los bienes de la Iglesia Católica, sobre la que hay diferentes valoraciones, pero se puede resumir en la transferencia de propiedades agrícolas e inmobiliarias del clero al Estado y paulatinamente (a precios ventajosos) a la burguesía decimonónicos.

En el caso de este templo ya desacralizado, según nos explicó el guía, aún seguía sujeto a las decisiones del cura párroco de Santa María, Don Antonio, a quien se dirigió un día un pintor conquense que obtuvo su permiso para cubrir los muros del interior con murales.

Este es, según dicha explicación, el origen de los murales de Jesús Mateo, trabajo laborioso y cuyos méritos han sido ampliamente reconocidos. No puedo evitar recordar que hizo falta el guía que presidía la visita de la obra (bajo una iluminación que no es la ideal) para dar con el sentido que el autor les atribuye a sus iconografías, organizadas según los signos del Zodíaco, así como por los varios meses del año en sus arcadas, los distintos seres esquematizados y su significación en la mente del pintor, sin olvidar su aspiración a englobar la totalidad del cosmos en esta noche rojinegra, sin omitir un árbol de Jesé que no acaba en su coronación bíblica, además de una figura fantasmal de los pies de un ser humano en la zona del coro y la aparición de su nariz, ojos y extremidades superiores en la zona del altar, tras yacer bajo el suelo del templo en toda sus extensión, que obra así como fosa donde yace ese largo cuerpo, amén de muchas otras figuras de intención alegórica. Parece que el pintor ha querido inspirarse someramente en figuraciones de El Bosco, Picasso, Miró, aunque de forma algo desmañada y apresurada. No obstante lo cual esta enorme danza mural ha sido calificada pomposamente como «el noveno día de la creación». Esperemos que los largos hilillos de pintura que la recorren toda de arriba abajo no tengan que ver con filtraciones indeseadas que amenacen su perennidad.

Madres

16 octubre, 2022
Mamá venezolana con sus niños buscando refugio en un centro de acogida en Necoclí (Colombia). Foto de Emma Puig de la Bellacasa Mejía

Pensando en las madres y sus hijos obligados a dejar su patria

Millones de venezolanos, muy a su pesar, han dejado y siguen dejando su tierra natal en búsqueda de seguridad y mejores condiciones de vida, que no encuentran en el régimen de Nicolás Maduro.

Tras atravesar la frontera en condiciones penosas -particularmente peligrosas para las mujeres y los niños- buscan reposo y ayuda en centros de acogida oficiales o benévolos de Colombia, como por ejemplo HIAS, organización no gubernamental, fundada en Nueva York por la Hebrew Immigrant Aid Society en 1881, para acoger a los refugiados judíos que escapaban de los pogromos en Rusia y Europa del Este; persecuciones y matanzas que empezaron tras el asesinato del Zar Alejandro II.

Con el paso del tiempo y la experiencia de más de un siglo, la organización trabaja ahora en la asistencia a refugiados de todas las etnias y creencias, como es el caso de los latinoamericanos migrantes y desplazados, que recorren los caminos de América Latina hacia los Estados Unidos o hacia otros países de la región en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias.

Pensando en las madres migrantes, tanto de Venezuela como las de muchos otros países, he escogido las poesías dedicadas a su madre por dos poetas. La primera es de Jules Supervielle (1884-1960), poeta franco-uruguayo que no llegó a conocer a sus padres, pues murieron cuando él tenía pocos meses. Fue el último en ser proclamado «Príncipe de poetas» en Francia, poco antes de su muerte en 1960.

El segundo poema es de Vicente Aleixandre (1898-1984), uno de los cinco españoles que han sido galardonados con el Premio Nóbel de Literatura (1977); en sus versos también dialoga con su madre, Elvira Merlo, fallecida en 1934 al año siguiente de la obtención por su hijo del Premio Nacional de Literatura por su libro La destrucción o el amor.

Preguntas a un retrato

Cuando ya había cumplido nueve años, el pequeño Jules supo de golpe que sus tíos, que él creía eran sus padres, lo habían adoptado, debido a la muerte trágica de sus padres cuando viajaron al pueblo de donde eran oriundos, Oloron Sainte Marie, para visitar a la familia con el niño. No está claro si la muerte fue por beber el agua ponzoñosa de una fuente o de cólera.

A partir de aquel descubrimiento, Jules creció con aquella ausencia, dialoga con su madre, muerta a los veintiocho años. El poema lo escribió cuando tenía poco más o menos aquella misma edad. Es parte de su poemario Gravitations, entre los que titula como «Les Colonnes étonnées» (1925) *. El poeta tiene ante sí la fotografía de su madre y la interpela.

«Dirigiéndose a su madre, el poeta interroga su identidad de huérfano, es decir su distancia interior» (Michel Maulpoix, 2002)

LE PORTRAIT

Mère, je sais très mal comme l’on cherche les morts,

Je m’égare dans mon âme, ses visages escarpés,

Ses ronces et ses regards.

Aide-moi à revenir

De mes horizons qu’aspirent des lèvres vertigineuses,

Aide-moi à être immobile,

Tant des gestes nous séparent, tant des lévriers cruels

Que je penche sur la source où se forme ton silence

Dans un reflet de feuillage que ton âme fait trembler !

Ah ! sur ta photographie

Je ne puis pas même voir de quel côté souffle ton regard.

Nous nous en allons pourtant, ton portrait avec moi-même,

Si condamnés l’un à l’autre

Que notre pas est semblable

Dans ce pays clandestin

Où nul ne passe que nous.

Nous montons bizarrement les côtes et les montagnes

Et jouons dans les descentes comme des blessés sans mains.

Un cierge coule chaque nuit, gicle à la face de l’aurore,

L’aurore qui tous les jours sort des draps lourds de la mort,

À demi asphyxiée,

Tardant à se reconnaître.

.

Je te parle durement, ma mère ;

Je parle durement aux morts parce qu’il faut leur parler dur,

Debout sur des toits glissants,

Les deux mains en porte-voix et sur un ton courroucé,

Pour dominer le silence assourdissant

Qui voudrait nous séparer, nous les morts et les vivants.

.

J’ai de toi quelques bijoux comme des fragments de l’hiver

Qui descendent les rivières,

Ce bracelet fut de toi qui brille en la nuit d’un coffre

Et cette nuit écrasée où le croissant de la lune

Tente en vain de se lever

Et recommence toujours, prisonnier de l’impossible.

.

J’ai été toi si fortement, moi qui je le suis si faiblement,

Et si rivés tous les deux que nous eussions dû mourir ensemble

Comme deux matelots mi-noyés, s’empêchant l’un à l’autre de nager,

Se donnant des coups de pied dans les profondeurs de l’Atlantique

Où commencent les poissons aveugles

Et les horizons verticaux.

.

Parce que tu as été moi

Je puis regarder un jardin sans penser à autre chose,

Choisir parmi mes regards,

M’en aller à ma rencontre.

Peut-être reste-t-il encore

Un ongle de tes mains parmi les ongles de mes mains,

Un de tes cils mêlé aux miens ;

Un de tes battements s’égare-t-il parmi les battements de mon cœur,

Je le reconnais entre tous

Et je sais le retenir.

.

Mais ton cœur bat-il encore ? Tu n’a plus besoin de cœur,

Tu vis séparée de toi comme si tu étais ta propre sœur,

Ma morte de vingt-huit ans,

Me regardant de trois quarts,

Avec l’âme en équilibre et pleine de retenue.

Tu portes la même robe que rien n’usera plus,

Elle est entrée dans l’éternité avec beaucoup de douceur

Et change parfois de couleur, mais je suis seul à savoir.

.

Cigales de cuivre, lions de bronze, vipères d’argile,

C’est ici que rien ne respire !

Le souffle de mon mensonge

Est seul à vivre alentour.

Et voici à mon poignet

Le pouls minéral des morts,

Celui-là que l’on entend si l’on approche le corps

Des strates du cimetière.

Ver Referencias (*)

EL RETRATO

Madre, poco sé yo de buscar a los muertos.

Me extravío en mi alma, en sus rostros altivos,

en sus zarzales, en sus miradas.

Ayúdame a volver

de mis horizontes sorbido por labios vertiginosos,

ayúdame a estar inmóvil.

¡Tantos gestos nos separan, tantas crueles jaurías,

que he de inclinarme a la fuente donde nace tu silencio

entre un reflejo de hojas que tu alma estremece!

¡Ay, en tu fotografía

ni siquiera puedo ver hacia donde apunta tu mirada!

A pesar de ello, nos ponemos en marcha, tu retrato conmigo,

tan condenados uno al otro

que vamos al mismo paso

por este país clandestino

que nadie más atraviesa.

De un modo extraño subimos cuestas y montes,

y descendemos jugando como amputados sin manos.

Un cirio gotea cada noche, salpica el rostro de la aurora,

la aurora que a diario escapa de los sudarios agobiantes de la muerte,

medio asfixiada

tardando en reconocerse.

.

Te hablo con dureza, madre mía,

hablo con dureza a los muertos, porque hay que hablarles duro,

en pie sobre tejados resbaladizos,

haciendo bocina con las manos y con tono de enojo,

para dominar el silencio ensordecedor

que quisiera separarnos, a nosotros los muertos y los vivos.

.

Tengo de ti algunas joyas como fragmentos de invierno

que descienden por los ríos.

Este brazalete que fue tuyo brilla en la noche de un cofre,

esta noche aplastada donde la luna creciente

trata en vano de elevarse

y vuelve siempre a comenzar, cautiva de lo imposible.

.

Tan fuertemente he sido tú, yo que soy yo tan débilmente,

y tan acoplados los dos, que deberíamos haber muerto juntos

como dos marineros medio ahogados que se estorban al nadar,

dándose de puntapiés en las profundidades del Atlántico

donde comienzan los peces ciegos

y los horizontes verticales.

.

Ya que tú has sido yo

puedo mirar un jardín sin pensar en otra cosa,

elegir entre mis miradas,

salir a mi propio encuentro.

Quizás quede todavía

una uña de tus manos entre las uñas de mis manos,

una de tus pestañas mezclada con las mías;

uno de tus latidos se pierda entre los latidos de mi corazón,

lo reconozco entre todos

y sé cómo retenerlo.

.

¿Pero palpita aún tu corazón? Ya no necesitas corazón,

vives separada de ti como si fueras tu propia hermana,

mi muerta de veintiocho años,

volviendo a mí tu mirada,

con el alma en equilibrio y llena de ponderación,

llevas el mismo vestido que no podrá envejecer,

ha entrado en la eternidad con gran dulzura

y a veces cambia el color, pero soy el único que lo sabe.

.

¡Cigarras de cobre, leones de bronce, víboras de arcilla,

este es el lugar donde nada respira.

El aliento de mi engaño

vive solo en este entorno.

Y en mi muñeca se siente

el pulso mineral de los muertos,

ese que se escucha si aproximamos el cuerpo

al suelo del cementerio.

Ver Referencias (*)
Niños migrantes venezolanos acogidos en un centro de acogida para desplazados en Necoclí (Colombia). Foto Emma Puig de la Bellacasa Mejía

Custodiar su nombre

El diálogo que sigue Vicente Aleixandre lo publicó en 1954; el poeta tenía a la sazón cincuenta y seis años, veinte años después de la muerte de su madre Elvira Merlo de Pruneda.

Nombre

Mía eres. Pero otro
es aparentemente tu dueño. Por eso,
cuando digo tu nombre,
algo oculto se agita en mi alma.
Tu nombre suave, apenas pasado delicadamente por mi labio.
Pasa, se detiene, en el borde un instante se queda,
y luego vuela ligero, ¿quién lo creyera?: hecho puro sonido.
Me duele tu nombre como tu misma dolorosa carne en mis labios.
No sé si él emerge de mi pecho. Allí estaba
dormido, celeste, acaso luminoso. Recorría mi sangre
su sabido dominio, pero llegaba un instante
en que pasaba por la secreta yema donde tú residías,
secreto nombre, nunca sabido, por nadie aprendido,
doradamente quieto, cubierto solo, sin ruido, por mi leve sangre.
Ella luego te traía a mis labios. Mi sangre pasaba
con su luz todavía por mi boca. Y yo entonces estaba hablando con alguien
y arribaba el momento en que tu nombre con mi sangre pasaba por mi labio.
Un instante mi labio por virtud de su sangre sabía
a ti, y se ponía dorado, luminoso: brillaba de tu sabor sin que nadie lo viera.

Oh, cuán dulce era callar entonces, un momento. Tu nombre,
¿decirlo? ¿Dejarlo que brillara, secreto, revelado a los otros?
Oh, callarlo, más secretamente que nunca, tenerlo en la boca, sentirlo
continuo, dulce, lento, sensible sobre la lengua, y luego, cerrando los ojos,
dejarlo pasar al pecho
de nuevo, en su paz querida, en la visita callada
que se alberga, se aposenta y delicadamente se efunde.

Hoy tu nombre está aquí. No decirlo, no decirlo jamás, como un beso
que nadie daría, como nadie daría los labios a otro amor sino al suyo.

         Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Madrid, Espasa Calpe 1954, pp. 29-31
Migrantes venezolanos en arribo a Necoclí (Colombia). Foto Emma Puig de la Bellacasa Mejía

Referencias:

(*) Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta, Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Editorial Pre-Textos, col. Poéticas, Valencia 2009 : Gravitaciones, “Las Columnas asombradas” (1923, 1925), “El retrato», pp.152 a 157

Madrid al claroscuro en la pintura de Amalia Avia

9 octubre, 2022
Amalia Avia. Puerta del sol, 1979. Colección ENAIRE

He visitado la exposición El Japón en Los Ángeles. Los archivos de Amalia Avia, antología de los cuadros de Amalia Avia (1926 – 2011) en la Sala Alcalá 31, una amplia retrospectiva en la que predominan las fachadas madrileñas, que la artista transformó en óleos sobre tabla.

La exposición es muy amplia y no se limita, aunque sean prevalentes, a los cuadros que tienen como protagonista un arco de cincuentas años de la capital de España, durante los que Amalia Avia hizo de Madrid la materia de su arte.

Durante las primeras décadas de su actividad pictórica -madre de cuatro hijos- pintaba en sus ratos libres. Con frecuencia se basaba en fotografías como punto de partida de sus obras.

Fotografía de la Puerta del Sol utilizado como referencia para su tabla.
Amalia Avia. Bar Viva Madrid,1978, óleo sobre tabla. Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid
Fotografía del Bar Viva de Madrid utilizada como referencia

En sus trabajos predomina la pintura sobre tabla; en el óleo sobre táblex suele producirse una parcial absorción del medio de trementina y aceite por la madera. Lo que, a mi modo de ver, pudo atenuar la tonalidad de los pigmentos ocres, ya de por sí oscuros, que ella prefería. Según manifestaciones de su hijo Rodrigo Muñoz Avia, su madre conseguía velar más aún la escena representada, pues, como paso previo al proceso de finalización, nos dice que la «rociaba con aguarrás y le tiraba la cerilla».

La artista solía seleccionar fachadas en las que se notaba el paso del tiempo, de las cuales se ausentaba la figura humana ante puertas cerradas y balcones desiertos, como si los locales hubieran entrado en desuso. No obstante, en su trabajo de los años 60 y 70 pinta figuras humanas con diversos perfiles expresionistas y de rostro desvaídos.

Amalia Avia. Mineros, 1964, detalle, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. Puerta del Sol, 1967, óleo sobre tabla. Colección Maruja Avia Peña.
Amalia Avia. La Bobia, 1963, óleo sobre tabla. Colección familia Múñoz Avia.
Amalia Avia. La mujer del mantón, 1964, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. Barrio de la Fortuna,1966, detalle, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. El hombre de la maleta 1974, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.

En décadas posteriores, sus imágenes son las de un Madrid desertado de sus habitantes, la meditación de un pensamiento transformado en visiones de una ciudad silente, triste y melancólica.

Amalia Avia. Despacho de leche, 1994, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.
Amalia Avia. Cambio de agujas nº 2, 1997, óleo sobre tabla. Colección familia Muñoz Avia.

A las obras de Amalia Avia, por esa costumbre de la crítica de arte de forjar corrientes, se las consideró primero como de escuela «realista» y luego se dio en calificarla de «hiperrealista». Pero yo diría que ella es su propia y exclusiva tendencia, la de una arqueóloga de un Madrid desvanecido, que en sus pinturas levantaba actas para la memoria.


Nota: las fotografías han sido tomadas por mí en la exposición.

Si algún lector quisiera ver otros cuadros de la artista los puede por ejemplo encontrar aquí, y por supuesto, visitando la Sala Alcalá 31 hasta el 15 de enero del año que viene.

Madrid matinal

2 octubre, 2022
Glorieta de Alonso Martínez hoy domingo a las 9:18 de la mañana.

Hoy he sentido que la leyenda de la alfombra mágica no es sólo un cuento de la imaginación viajera ni sólo un sueño del subconsciente que se manifestaría, al modo de los arquetipos del inconsciente colectivo, en la literatura de diversas culturas. Puede que algunos de los lectores de este blog, cuando en pocos días viajaron de un lado a otro, hayan vivido algo así como una experiencia de pasajeros de una alfombra voladora.

Hace cuatro tardes estaba a la orilla del Mediterráneo

Hace cuatro días. Foto R. Puig

Ayer amanecí en campos manchegos

A la vera del Parque Nacional de Cabañeros. Foto R. Puig

donde los olivos se disponen en ordenadas hileras sobre el escaparate de las colinas junto a las que cabalgó el Caballero de la triste figura

Olivos de la Mancha. Foto R. Puig

Esos olivos que Don Quijote en sus delirios imaginó como extrañas criaturas que robaban la fortuna de unos esforzados caballeros (en realidad eran vareadores de la aceituna) que con sus lanzas se enfrentaban a los supuestos monstruos para recuperarla.

En Madrid hay también otros actores que cada mañana se esfuerzan…

Adelaida

Por la magia de la alfombra he amanecido en Madrid y desayunado en la pastelería donde Adelaida dispone en filas armoniosas los pasteles y bombones con arte de joyería

Las tartaletas de Adelaida. Foto R.Puig
Los bombones de Adelaida. Foto R. Puig
Las joyas tiernas de Adelaida. Foto R. Puig

Asunción

He comprado claveles en un kiosco de la calle Génova

Claveles rojos de esta mañana. Foto R. Puig
En el kiosco de flores de Asunción. Foto R. Puig

Su dueña no ha querido que la fotografíe, aunque ella sea en verdad la flor principal de su floristería.

Moisés

También he tenido una alegre conversación con un joven que atiende otro kiosco, el de periódicos de la Plaza Santa Bárbara donde hoy empezaba

Moisés comienza hoy en la Plaza Santa Bárbara. Foto R. Puig

Es Moisés, boliviano nacido en Santa Cruz de la Sierra. A sus 22 años se ha mudado desde Cantabria a Madrid y hoy es su primer día como regente del kiosco de prensa en la Glorieta de Alonso Martínez, trabajo que alterna con la atención de otro kiosco de prensa en la Glorieta de Quevedo.

Además de comprarle los periódicos, esta mañana he conseguido un nuevo amigo en mi ciudad natal al que deseo el mejor futuro en este Madrid, la ciudad abierta por excelencia, donde nadie se siente forastero

¡Buena suerte Moisés! Foto R. Puig

Colofón

Para concluir, ya que estoy leyendo los periódicos del kiosco de Moisés, les ilustro lo que por desgracia trae hoy la primera página del diario Le Monde en su edición de fin de semana

Bravuconadas peligrosas. Le Monde sábado 1 y domingo 2 de octubre 2022

A lo que se añade otra imagen de hoy de la vitrina de una librería internacional de la calle Génova

En el escaparate de la librería. Foto R. Puig

Disculpen que traigo aquí de nuevo aquello de lo que ya hablé el domingo pasado, pero es que en éstas, aunque no nos guste, estamos todos.

No obstante no quiero despedir hoy esta página, sin que, para compensar, les muestre lo bien que luce el sol esta mañana en los balcones del barrio de Chamberí

Balcones de Madrid este domingo. Foto R. Puig

y no sólo en los balcones

Joya de agua. Foto R. Puig

Rompeolas

25 septiembre, 2022
Mapa de la agresión rusa a Ucrania. Fuente: BBC World News 23.09.2022

El siete de noviembre de 1936 escribió Antonio Machado un cuarteto dedicado a Madrid como ciudad heroica, llamándola en su segundo verso «rompeolas de todas las Españas».(*) Muchos años han transcurrido desde aquella guerra fratricida que está en el origen de esa analogía del poeta entre mi ciudad natal y los diques que suele haber en los puertos para resguardarlos de las tempestades del mar.

Casi 86 años después de que nuestro poeta, cuya obra obra sigue recogiendo el aprecio y la admiración de los españoles sin distinción de ideas políticas, formulase esta metáfora, hay otro dique que merecería que los europeos, sin distinción de países o ideología, lo considerásemos el rompeolas de todas las Europas.

Este baluarte es el pueblo ucraniano, es Ucrania.

Por desgracia, dicha forma de entender lo que está haciendo los ucranianos por Europa, su lucha contra la agresión de la dictadura que impera en Rusia, no concita las unanimidades, a pesar de las evidencias y de las revelaciones crecientes de los crímenes de guerra, de las atrocidades del ejército de Putin con su camarilla en su escalada de barbarie en barbarie.

A mi modo de ver la olvidadiza memoria, consciente o inconsciente, de lo sufrido por Europa en el transcurso de un siglo, explica algo que haya quienes siguen tratando con comprensión, hasta haciendo carantoñas al agresor e incluso votando en la ONU para exculparle.

Hovhannès Aïvazovski, En la tempestad. Detalle, 1872.Galería Nacional de Armenia.

Los que así proceden entierran la memoria de los horrores que Europa vivió por no haber reaccionado a tiempo, por haber creído en los acuerdos con los dictadores de la época y no haber sabido prevenir sus invasiones y ocupaciones totalitarias.

No soy historiador, no soy un experto politólogo, no soy un estratega, no soy tantas cosas que la mayoría de los ciudadanos no somos. Pero soy europeo y pienso y veo a la Rusia de hoy, gobernada por un dictador, repitiendo las mismas tácticas, fabricando las mismas mentiras, infringiendo los acuerdos y las convenciones internacionales y creando muerte y destrucción, en aras de un nacionalismo criminal, análogo al que enfebrecía a Hitler y a Stalin.

Me inquieta que haya incluso gobiernos que están representados en las Naciones Unidas, como firmantes de su Carta y sus convenciones, incluso miembros del Consejo de Europa, incluso integrantes de la Unión Europea, varios de ellos naciones democráticas, así como no pocos ciudadanos de esos países, que siguen abogando por «comprender» a Putin y concederle un armisticio que acepte el desmembramiento de Ucrania por la fuerza y el chantaje de las armas.

Eso me trae ecos de los acuerdos, conferencias, declaraciones y compromisos internacionales violados por aquellos dos dictadores, uno nazi y otro comunista, con la consecuencias espantosas que todo ello acarreo a Europa y al mundo en general durante largas décadas.

Resumo sólo algo de aquello que se olvida (historia de lo ya visto) cuando se condesciende con Putin:

Y me declaro a favor de la libertad e integridad de Ucrania y por todo el apoyo que se le pueda prestar para garantizarlo. Ucrania es hoy el rompeolas de todas las Europas y de la dignidad democrática de quienes somos deudores a los ucranianos por lo que están haciendo para defenderse y defendernos de la barbarie rediviva. (**)


NOTAS

(*)

Madrid, Madrid, ¡qué bien tu nombre suena

rompeolas de todas las Españas!

La tierra se desgarra, el cielo truena,

tú sonríes con plomo en las entrañas.

(**)

Cuando digo «todas las Europas», me refiero a todos los pueblos que se guían por los principios humanos y políticos de la Ilustración y la Democracia, que si bien se gestaron trabajosamente y durante siglos en Europa, crecieron y se extendieron por el mundo allá donde se comparte la defensa de la libertad, dignidad e igualdad de derechos para todos los seres humanos.

De colores se visten los vapores…

18 septiembre, 2022
Se anuncia el amanecer. Foto R. Puig

Ayer amanecía como a menudo suele hacerlo en las playas de la Marina Alta cuando el pronóstico del tiempo es variable y el sol juega al escondite con los cumulonimbos.

Empieza el día de azul oscuro, con violetas y tímidos ópalos sobre un lecho lejano de pálido rosa.

La mirada se llena con estas grandes construcciones que navegan en el cielo, masas de imposibles madréporas transformistas.

Si la tormenta llegase podrían desmoronarse torrencialmente y con enorme estruendo, y sin embargo,

sin embargo sólo son catedrales de vapor nacidas de las aguas que, a medida que la hora avanza, roban colores a la luz del sol que trata de abrirse paso.

La secuencia que presento aquí corresponde al cielo del amanecer durante un lapso de tiempo entre las 7 h. 18 m. y 54 s. minutos y las 7 h. 32 m. y 22 s. de ayer sábado en la playa de la Almadraba de Els Poblets. He seleccionado algunas de las fotos que tomé durante esos algo más de trece minutos.

Un velero y un pescador han madrugado dentro de un cuadro de Rothko. Foto R. Puig
Ansias de nube. Foto R. Puig
Pugna en las alturas. Foto R. Puig
Al rescate de la luz sobre las sombras. Foto R. Puig
Hija de la luna. Foto R. Puig
El sol se impacienta… Foto R. Puig
y derrama oros. Foto R. Puig

Para terminar, no sé, no sé si caer en la tentación de parafrasear, animando a mis lectores a tararear algo como así:

¡De colores!

¡De colores,

de colores

se visten las nubes

al amanecer!

¡De colores es el arco iris

que vemos lucir!

Y por eso

¡de muchos colores

los grandes amores

me gustan a mí!

Y por eso

¡de muchos colores

los grandes amores

me gustan a mí!

etcétera…

por si quieren cantarlo…

***

NOTA: todas las fotos las he tomado del lado del mar, excepto la de la nube con la luna que corresponde al cielo del lado de los montes a las 7h. 29m. y 14 s.

El poeta en su ocaso

11 septiembre, 2022
E la nave va. Foto R. Puig

Poetry is the supreme Fiction (Wallace Stevens)

Son muchos los filósofos, literatos y poetas que han escrito sobre el declinar de la edad y expresado deseos, más o menos elegíacos, que surgen cuando se peinan canas. Para muestra bien valdrán dos botones…

De un poeta en sus horas libres…

Sobre las incomodidades que Erasmo (poeta en horas libres) describió hacia 1502 en su vejez (¡a los treinta y cinco años!) y cuyo poema de 245 versos hemos extractado en este blog (De senectutis incommodis I y De senectutis incommodis final), en el que todo semeja un mal sueño deprimente, hasta que hacia el final se despierta exclamando:

Velis dehinc equisque

Et pedibus manibusque et totis denique nervis

Nitendum, ut anteacti

Temporis et studio iactura volubilis aevi

Vigilante sarciatur.

¡A partir de ahora mismo, la vela y la montura

y los pies y las manos con todo el ímpetu

impulsemos, que con empeño el pasado

tiempo y la edad volatil derrochados

vigilantes reparemos!


(vv. 190-194)

¡Precozmente exagerado, pues todavía le quedaban otros treinta y cuatro años por vivir!

***

Estela. Foto R .Puig

De otro poeta en sus horas libres…

En estos días estoy en cambio releyendo con vista más cansada los poemas, mucho más breves, de Wallace Stevens (1879-1955), quien vivió seis años más que el humanista de Rotterdam y es un poeta al que admiro. Aunque a él no le parecía un dato biográfico a mencionar, no vivió de la poesía, sino de su trabajo como abogado de una compañía de seguros, lo cual no me parece irrelevante cuando se leen los versos que escribió en su vejez.

El que sigue lo escribió en sus últimos años (1950 – 1955). A título póstumo se publicó «A letter from» («carta de») a la que añadía «A letter to» («una carta a») como parte de Opus Posthumous (1957).

Opino que ambas son las dos partes del diálogo que establece con su amada esposa Elsie, con la que tenía desde hace algún tiempo dificultades de comunicación, por el deterioro mental que comenzó a afectarle a ella.

Mi opinión (que puede que no sea original) es que esta carta el poeta la imagina como una misiva que ella le envía desde su mundo «libre del pensamiento», en un momento de clarividente nostalgia por un pasado ido.

Espero que mi traducción refleje algo la belleza de estos cinco tercetos en los que quienes ya superamos hace tiempo la cota de los setenta, cuando apoyemos los codos en la mesa al final del día, puede que nos sintamos reflejados .

Even if there had been a crescent moon

On every cloud-tip over the heavens,

Drenching the evening with crystals’ light,

.

One would have wanted more-more-more-

Some true interior to which to return

A home against one’s self, a darkness

.

An ease in which to live a moment’s life,

The moment of life’s love and fortune,

Free from everything else, free above all from thought.

.

It would have been like lighting a candle,

Like leaning on the table, shading one’s eyes,

And hearing a tale one wanted intensely to hear,

.

As if we were all seated together again

And one of us spoke and all of us believed

What we heard and the light, though little, was enough

***

Aunque hubiera estado la creciente luna

sobre la cima de cada nube de los cielos,

inundando la tarde de una luz cristalina,

.

se habría deseado más-más-más-

un verdadero interior al que volver,

un hogar contra si mismo, una oscuridad,

.

una calma donde vivir la vida en un momento,

el instante del amor y la fortuna de la vida,

libre de lo demás, sobre todo libre del pensamiento.

.

Eso habría sido como encender una candela,

como apoyarse en la mesa, cubriéndose los ojos,

y oír una historia que ansiásemos oír,

.

como si otra vez estuviéramos sentados todos juntos,

y uno de nosotros nos hablase y todos creyéramos

lo que oímos y la luz, aunque leve, nos bastara.

.

Wallace Stevens, Late poems (1950-1955), Two letters, Letter from
The rock. Foto R. Puig

Por falta de tiempo, no he incluido la respuesta del poeta («A letter to») completa, he aquí los tres versos finales:

(…)

The circle would no longer be broken but closed.

.

The miles of distance away

From everything wpuld end. It would all meet.

(…)

El círculo no se romperá más, sino que se cerrará.

.

Las millas de la distancia lejos

de todo acabarán. Todo se reunirá.

.

Wallace Stevens, Late poems (1950-1955), Two letters, Letter to

***

Colofón

Algo más erasmiano se no aparecía Wallace Stevens unos años antes en el poema «Setenta años más tarde» del poemario The Rock, cuando lo comenzaba así:

It is an illusion that we were ever alive,

Lived in the houses of mothers, arranged ourselves

By our own motions in a freedom of air.

(…)

***

Es una ilusión creer que alguna vez estuvimos vivos,

que vivimos en las casas de las madres, que nos otorgamos

con nuestros propios movimientos una libertad de aire.

(…)

Wallace Stevens, The Rock, I Seventy Years Later («Setenta años más tarde»)
Wallace Stevens hacia 1948 (a los 68 años).Fuente Wikipedia

Cuatrocientos años antes, Erasmo, aquel holandés errante, versificaba, entonces más joven que el conciso poeta estadounidense, e imitando a los clásicos latinos:

Tenerae o viror iuventae,

O dulces anni, o Felicia tempora vitae,

Ut clanculum excidistis,

Ut sensum fallente fuga lapsuque volucri

Furtim avolastis, ohe!

***

¡Oh verdor de tierna juventud!

¡Oh dulces años, oh tiempos felices de la vida!

¡De que modo furtivo os habéis ido!

¡Sin sentirlo y como aves en engañosa fuga

a escondidas volando habéis partido!

.

De senectutis incommodis, vv. 74 a 78)

.

Quntin Metsys, Erasmo de Rotterdam en 1517 (a los cincuennta años)

Dos orillas

4 septiembre, 2022
Estrellita estrellita. Foto R. Puig

Han sido unos días en Skagen, una comuna de Dinamarca, asentada sobre una península de dunas que bañan las aguas del Skagerrak al Oeste y el Kattegat al Este. Es un lugar de inmemorial tradición pesquera en la que se jugaban la vida los tripulantes de sus barcos y lanchas.

Michael Ancher. El pescador ahogado 1896. Detalle. Museo de Arte del Estado. Foto R. Puig

Mas hoy, aunque siga habiendo una actividad pesquera notable, es un lugar de peregrinaje turístico, por un lado a causa de sus paisajes y sus playas de arena fina

Puerto y faro de Skagen desde la costa Este. Foto R. Puig

y, por otro, por haber sido la sede de los pintores de Skagen, de los que un museo y dos casas-museo guardan sus obras.

P.S. Krøyer . Vista del mar tormentoso 1882. Museo de Skagen, Exposición temporal «Krøyer and Paris». Foto R. Puig

Skagen ocupa la punta norte de Dinamarca, especie de pico de gaviota de Jutlandia que apunta hacia Gotemburgo en la Costa Oeste de Suecia, de donde se llega con el ferry en tres horas y media a Fredrikshavn y 42 kilómetros al norte a nuestro destino.

Dos orillas. Foto R. Puig

Para completar los datos geográficos, añadamos un plano del lugar tal como era ya en la Edad Media, un puerto pesquero próspero y una enclave comercial para los navegantes de Holanda y Alemania.

Skagen en la Edad Media (norte a la izquierda y sur a la derecha). Fuente: Iglesia de San Lorenzo.

Pero sus habitantes cometieron el error de ir talando los árboles y arbustos que fijaban la arena. El resultado fue que, transportadas por los fuertes vientos de la zona las dunas sepultaron la iglesia, que a la derecha del plano de arriba vemos con el número 1. De tal manera que la demolieron entera en el siglo XVIII, dejando a la torre emergiendo entre arenas, hoy destino turístico antes de llegar al pueblo por la nacional 40.

Iglesia de San Lorenzo del s. XIV, torre emergente de la arena. Foto R. Puig

Volviendo a las dos orillas de Skagen, sirve señalar que ofrecen dos planes de excursión algo diferentes.

Al Oeste frente al Skagerrak

Largos paseos y zambullidas en el mar de las playas solitarias de la costa occidental.

Orilla Oeste de Skagen abierta al Skagerrak. Foto R.Puig
Pescadores de Nordstrand. P.S. Krøyer,1883. Museo de Arte de Skagen. Foto R. Puig
Costa Oeste de Skagen. Foto R. Puig
Frente al Skagerrak. Foto R.Puig

Una orilla bordeada de altas dunas que protege de los vientos a Højen o Gammel Skagen («Viejo Skagen»), antiguo poblado de pescadores hoy parte de la municipalidad de Skagen.

Costa Oeste de Skagen. Foto R. Puig

Puestas de sol espectaculares.

El sol poniente en la Costa Oeste de Skagen. Foto R. Puig
Puesta de sol en la Costa Oeste de Skagen. Foto R. Puig

Crepúsculos lunares.

Crepúsculo en la Costa Oeste de Skagen. Foto R. Puig

Al Este frente al Kattegat

El peregrinaje de quienes desean llegar hasta la punta de Grenen, extremo norte de Dinamarca, por la costa oriental es uno de los distintivos de esta orilla. Hay quienes se bañan también en este lado, cuyas orillas marcan cada día las pisadas de miles de turistas en la temporada veraniega.

Las focas al parecer se muestran con más frecuencia por esta parte y hay restaurantes en el faro y cerca de los bunkers que construyeron los invasores alemanes durante dos guerras mundiales.

Orilla Este de Skagen abierta al Kattegat. Foto R. Puig

El principal aliciente reside en que por esta ribera se accede mejor y más rápido a esa lengua de arena en la que se entremezclan las olas de los estrechos del Kattegat, por donde fluyen las aguas del Báltico entre Suecia y Dinamarca, que llegan desde el extremo sur de Escania, con las del Skagerrak que separa Dinamarca del sur de Noruega. A esa punta se llega incluso con un servicio de trenes oruga tirados por un tractor.

Orilla oriental de Skagen abierta al Kattegat. Foto R. Puig
Tarde de verano en la Sonderdstrand. P.S. Krøyer 1893. Museo de Arte de Skagen. Foto R. Puig

Aunque hoy el horizonte que pintaron los artistas de Skagen lo surcan naves que ellos no podían imaginar.

Orilla Este de Skagen abierta al Kattegat. Foto R. Puig

Algunas de estas van y vienen probablemente con el preciado gas noruego que aspira a sustituir al ruso.

Notas

La estrella de mar de la primera foto es una de las muchas de reducido tamaño que hemos encontrado, ya secas, sobre las arenas de una playa occidental de Skagen, varadas por algún temporal que las arrancó de una escollera cercana.

Las fotos de cuadros de los pintores de Skagen las tomé yo mismo durante mi visita a los museos.

***

Luna sobre Skagen. Foto R. Puig

Nimiedades (XX): días de verano en Gotemburgo

28 agosto, 2022
Por los senderos del Jardín Botánico. Foto R. Puig

En estos días y en esta latitud ya se habla del final del verano. Así que mientras hacia el sur de Europa aún es pronto para despedir el calor, y antes de que los gotemburgueses den paso al tiempo propio del venidero otoño, sin mayores pretensiones, aquí dejo unas fotos de la última semana.

Niños y agua

Por el Botánico los peces se dan la gran vida a la vista de los visitantes y despertando la curiosidad de los niños…

Niño y peces. Foto R. Puig

Aquí no hay ningún anzuelo que amenace a la fauna piscícola.

Pez despreocupado Foto R. Puig

Aunque no falten algunos chavales que quieran echarles mano…

En el estanque de la sirena. Foto R. Puig

También hay un arroyo claro por las umbrías del jardín.

Arroyo en el Botánico. Foto R. Puig

Pero volvamos a la felicidad de los niños cuando, en estos días de calor, pueden empaparse de arriba a abajo en el centro de la ciudad, y sin reproches de mamá o papá.

Estaba yo sentado en un banco cuando vi a dos, supongo que hermanas, disfrutando de la fuente frente al Gran Teatro de Gotemburgo, a la vista de la madre complacida.

Ducha infantil en agosto. Foto R. Puig
Ahora llega la hermanita. Foto R. Puig
Sororidad. Foto R. Puig

Aunque también hay quienes no tienen permiso para empaparse

Pedaleando en el canal con el abuelo. Foto R. Puig.

.

Reflexiones finales

En esta ciudad de canales, al borde del mar y con una ría que sube y baja con las mareas,

La ría desde el puente de Hisingen. Foto R. Puig

el alma de los peces cuando mueren se transforma en nube.

Nube pez. Foto R. Puig

No es raro pues que yo tuviera la impresión hace unos días, cuando la tarde se encapotaba, de que Jonas Alströmer conversaba con la torre de la iglesia alemana, y que ambos se entendían con un código de nubes que no me ha sido concedido entender.

Conversación brumosa. Foto R. Puig

Menos silencioso, aunque también con sus propios códigos, unas horas antes, un grupo musical buscaba promotor a pocos pasos de la fuente donde las niñas se duchaban

Poniendo mucho empeño. Foto R. Puig

y unos guías turísticos parecían a la espera de un grupo de visitantes, a no ser que

Naranjitos junto a la ría

los misioneros mormones se vistan a juego con la temporada. Muy cerca de ellos, un viajero fatigado se tomaba un respiro

Un momento de reposo. Foto R. Puig

Puede ser que mi aspecto fuese también el de un paseante cansado, porque un perro compasivo se detuvo a mirarme interrogante

Can curioso. Foto R. Puig

Convergencias de Arte y Literatura (XIX): los grabados de Gustave Doré para la Divina Comedia (y 13): final del camino.

21 agosto, 2022
Orillas del Hudson. Foto R. Puig

Hay en la luz más intensa y elevada, la que nos llega del sol, una efecto de imán, una atracción, un dinamismo de absorción hacia las alturas que está en el origen de la inacabable aspiración de los seres humanos a vivir sin ansiedades y en el origen de tantas explicaciones últimas y divinas, plasmados en el imaginario de cultos y culturas, en sus veneraciones y en sus metáforas, como cuando de los rayos solares fragmentados a través del filtro de las nubes se dice que son «los dedos de Dios».

El sueño del Empíreo. Foto R. Puig

Soñar dentro de un sueño

La Divina Comedia de Dante Alighieri, probablemente el hombre más culto de la Europa de su época, es una de las fugas más sublimes que la Poesía ha creado, una metáfora de los sueños de ascensión de la Humanidad, en 14.233 versos endecasílabos agrupados en tercetos que acuñaron el canon de la lengua italiana.

Gustave Doré, grabado para el Paraíso canto XXVII, 1-9

“Al Padre, al Figlio, a lo Spirito Santo”,

cominciò, “gloria!”, tutto il paradiso,

sì che m’inebrïava il dolce canto.

.

Ciò ch’io vedeva mi sembiava un riso

de l’universo; per che mia ebbrezza

intrava per l’udire e per lo viso.

.

Oh gioia! oh ineffabile allegrezza!

oh vita integra d’amore e di pace!

oh sanza brama sicura ricchezza!

“! Al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo”

exclamó “gloria!” todo el paraíso,

inebriándome así yo del dulce canto.

.

Lo que vi me parecía el reír

del universo; ya que la embriaguez

invadía mis oídos y mi rostro.

.

¡Oh júbilo! ¡Oh inefable alegría!

¡oh vida íntegra de amor y de paz!

¡oh riqueza segura sin codicia!

.

Paraíso, canto XXVII, 1 – 9

No obstante, una de cal y otra de arena, en este canto XXVII el poeta pone en boca de San Pedro una invectiva contra la corrupción de una serie de papas y obispos, a quien considera reos de usar la Iglesia para:

  • sus ambiciones y afán de enriquecimiento: «per essere ad acquisto d’oro usata» (para ser usada para adquirir riquezas), canto XXVII, 42;
  • sus guerras (gibelinos contra güelfos) y derramamientos de sangre: «sparser la sangue dopo molto fleto» (esparcir la sangre después de mucho llanto), ibidem, 45;
  • abanderando las guerras entre cristianos y vendiendo prebendas:

El príncipe de los apóstoles y guardián del Paraíso expresa airado su disconformidad con la manipulación papal de sus símbolos y de su imagen :

(…)

né che le chiavi che mi fuor concesse,
divenisser signaculo in vessillo
che contra battezzati combattesse;

.

né ch’io fossi figura di sigillo
a privilegi venduti e mendaci,
ond’ io sovente arrosso e disfavillo.

(…)

ni que las llaves que se me concedieron

se volviesen emblema en estandarte (1)

que contra bautizados combatiera;

.

ni que yo fuese figura que sellase (2)

privilegios vendidos y mendaces (3),

que me causan sonrojos y disgusto.

.

Canto XXVII, 49 – 54

A este desahogo de Dante le seguirían tres siglos más tarde, las críticas de Erasmo de Rotterdam (4) a la degeneración de los papas del Renacimiento.

Gustave Doré, grabado para el Paraíso canto XXVIII, 89-90

En el siguiente canto nos lleva el poeta al noveno cielo, donde descubre en los ojos de su amada un gran brillo, que es el reflejo de lo que ella contempla, una serie de nueve círculos concéntricos (los de los coros angélicos) que arden y centellean, con la fuerza que la virtud les da, en torno a un punto ígneo e inmóvil (Dios).

Dante siente el impacto de la visión…

La donna mia, che mi vedëa in cura
forte sospeso, disse: «Da quel punto
depende il cielo e tutta la natura.

La señora mía, que me veía en ansiosa

duda, me dijo: «De ese punto

dependen el cielo y toda la natura.»

.

Paraíso, canto XXVIII, 40 – 42

Los nueve círculos están formados por los varios coros de ángeles que arden en sus veloces giros y aquí Dante, tras escuchar las explicaciones que le ha ido dando Beatriz, su guía, introduce una metáfora para expresar el fulgor de los círculos angélicos :

E poi che le parole sue restaro,
non altrimenti ferro disfavilla
che bolle, come i cerchi sfavillaro.

Y cuando sus palabras terminaron,

no de otro modo burbujea el hierro

en su fusión, los círculos centellearon.

.
Paraíso, canto XXVIII, 88 – 90

Las últimas dos ilustraciones de Gustave Doré para la Divina Comedia corresponden al canto treinta y uno.

Gustave Doré, grabado para el Paraíso canto XXXI, 1-3. San Bernardo y Dante ante la Rosa Mística

In forma dunque di candida rosa
mi si mostrava la milizia santa
che nel suo sangue Cristo fece sposa;

Así que en forma de cándida rosa

se me presentaba la milicia santa

que por su sangre Cristo hizo su esposa;

.

Paraíso canto XXXI, 1-3

A un cierto punto, Beatriz, símbolo de la Ciencia Teológica, retorna a ocupar su lugar entre los bienaventurados, ya que para esta llegada al Empíreo, la Teología no basta, y el poeta necesitará ser guiado por el santo de la Contemplación, San Bernardo, quien le dice al poeta que volverá a ver a su amada en el trono de forma inmaterial. Al divisarla Dante se despide de ella con una oración agradecida:

«O donna in cui la mia speranza vige,

e che soffristi per la mia salute

in inferno lasciar le tue vestige,

.

di tante cose quant’ i’ ho vedute,

dal tuo podere e da la tua bontate

riconosco la grazia e la virtute.

.

Tu m’hai di servo tratto a libertate

per tutte quelle vie, per tutt’ i modi

che di ciò fare avei la potestate.

.

La tua magnificenza in me custodi,

sì che l’anima mia, che fatt’ hai sana,

piacente a te dal corpo si disnodi».

“O mujer que ha mi esperanza das vigor,

y que por mi salvación sufriste

en el Infierno imprimir tus huellas,

.

en tantas muestras como yo he visto

de tu poder y de la bondad tuya

reconozco la gracia y la virtud.

.

Siervo era y me has dado la libertad

por todas las vías, y todos los modos

que para hacerlo tienes el poder.

.

Tu magnificencia en mí guarda,

para que mi alma, que has hecho sana

ahora grata a ti, del cuerpo se desligue”.

.

Paraíso canto XXXI, 79 – 90

.

La última ilustración de Doré en el centro de innumerables ángeles, es la visión que San Bernardo le invita a Dante a contemplar, es la de María en el círculo noveno. En esta imagen el artista ha dibujado, no al poeta sino al «Doctor Melifluo» que está mirando con afecto al poeta que está fuera ya de esas alturas.

Gustave Doré, grabado para el Paraíso canto XXXI, 118 – 112

Los cantos XXXII y XXXIII, en los que culmina la Divina Comedia, no los ilustró Gustave Doré, probablemente porque las preguntas que formula Dante y los sofisticados dogmas que en esos cantos aparecen (La Trinidad y Unidad Divina, la Encarnación) le debieron parecer imposibles de ser plasmadas en dibujos y grabados. Su serie acaba pues, no con la representación inalcanzable de la luz de Dios en el centro de la rosa mística de los nueve cielos. En e grabado final Doré entroniza a una mujer, María, a la que el poeta llega de la mano de otra mujer, Beatriz, purificado por el amor que omnia vincit o como dice el último verso de la Divina Comedia :

l’amor che move il sole e l’altre stelle

.

Paraíso canto XXXIII, 145

.

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.

NOTAS

(1) La bandera de los Estados Pontificios incluye el emblema de las llaves de San Pedro.

(2) El sello papal incluye la figura de San Pedro.

(3) La venta de indulgencias sería tres siglos después uno de los detonante para el cisma de la Reforma luterana.

(4) Por ejemplo, en el comentario de Erasmo al adagio Dulce Bellum Inexpertis:

(…) Verum hisce de rebus omnibus aliquanto copiosius audietur, cum edemus librum cui titulum fecimus Antipolemo, quem olim Romae vitam agentes ad Julium secundum, Romanum Pontificem, conscripsimus eo tempore quo de bello in Venetos suscipiendo consultabatur. Illud deplorandum potius quam refellendum. Si quis exactius rem excutiat, reperiet omnia fere Christianorum bella vel e stultitia vel e malitia nasci. (…)

(…) Pero en relación con todas estas cosas se tendrán datos mucho más exhaustivos cuando publiquemos el libro que titulamos Antipolemo y que dedicamos cuando vi­víamos tiempo ha en Roma al romano pontífice Julio II, en la época en que mantenía consultas sobre el proyecto de iniciar la guerra contra los venecianos. Una iniciativa que tenía más de deplorable que de refutable. Si alguien examina el asunto más a fondo hallará que casi todas las guerras de los cristianos nacen o de la insensatez o de la maldad. (…)

Extracto de Dulce bellum inexpertis («La guerra atrae a quienes no la han vivido») de Erasmo de Rotterdam, Adagio 3001 (IV i 1), traducción del autor de este blog en su edición de Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio (Madrid, Alianza Editorial, 2008), pag. 246. El texto latino procede de Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pág. 2008.

FUENTES

Las ilustraciones de Gustave Doré para la Divina Comedia han sido materia de numerosas ediciones francesas e inglesas desde fines del s.XIX. Hoy son de dominio público. Por mi parte me he guiado por la edición de los 135 grabados editados recientemente por Gabriele Baldassari en La Divina Commedia di Dante AlighieriGustave Doré, Mondadori, 2021. El libro incluye además en su comienzo un comentario artístico de Théophile Gautier (1861) a los 76 grabados dedicados por Doré al Infierno de la Divina Comedia.

Texto usado para los extractos: Dante AlighieriCommedia, a cura di Giorgio Petrocchi, 3 vol. Milano, Mondadori,1966 – 1967

Texto italiano de referencia y para correcciones: Alighieri, DanteLa Divina Commedia, Testo critico de la Società Dantesca Italiana, riveduto e rifatto da Giuseppe Vandelli (Firenze, 1937). Ristampa facsimile a Milano, Ulrico Hoepli Editore-Libraio, 1960

La traducción al castellano de los versos es mía.