Madres

Pensando en las madres y sus hijos obligados a dejar su patria
Millones de venezolanos, muy a su pesar, han dejado y siguen dejando su tierra natal en búsqueda de seguridad y mejores condiciones de vida, que no encuentran en el régimen de Nicolás Maduro.
Tras atravesar la frontera en condiciones penosas -particularmente peligrosas para las mujeres y los niños- buscan reposo y ayuda en centros de acogida oficiales o benévolos de Colombia, como por ejemplo HIAS, organización no gubernamental, fundada en Nueva York por la Hebrew Immigrant Aid Society en 1881, para acoger a los refugiados judíos que escapaban de los pogromos en Rusia y Europa del Este; persecuciones y matanzas que empezaron tras el asesinato del Zar Alejandro II.
Con el paso del tiempo y la experiencia de más de un siglo, la organización trabaja ahora en la asistencia a refugiados de todas las etnias y creencias, como es el caso de los latinoamericanos migrantes y desplazados, que recorren los caminos de América Latina hacia los Estados Unidos o hacia otros países de la región en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias.
Pensando en las madres migrantes, tanto de Venezuela como las de muchos otros países, he escogido las poesías dedicadas a su madre por dos poetas. La primera es de Jules Supervielle (1884-1960), poeta franco-uruguayo que no llegó a conocer a sus padres, pues murieron cuando él tenía pocos meses. Fue el último en ser proclamado «Príncipe de poetas» en Francia, poco antes de su muerte en 1960.
El segundo poema es de Vicente Aleixandre (1898-1984), uno de los cinco españoles que han sido galardonados con el Premio Nóbel de Literatura (1977); en sus versos también dialoga con su madre, Elvira Merlo, fallecida en 1934 al año siguiente de la obtención por su hijo del Premio Nacional de Literatura por su libro La destrucción o el amor.
Preguntas a un retrato
Cuando ya había cumplido nueve años, el pequeño Jules supo de golpe que sus tíos, que él creía eran sus padres, lo habían adoptado, debido a la muerte trágica de sus padres cuando viajaron al pueblo de donde eran oriundos, Oloron Sainte Marie, para visitar a la familia con el niño. No está claro si la muerte fue por beber el agua ponzoñosa de una fuente o de cólera.
A partir de aquel descubrimiento, Jules creció con aquella ausencia, dialoga con su madre, muerta a los veintiocho años. El poema lo escribió cuando tenía poco más o menos aquella misma edad. Es parte de su poemario Gravitations, entre los que titula como «Les Colonnes étonnées» (1925) *. El poeta tiene ante sí la fotografía de su madre y la interpela.
«Dirigiéndose a su madre, el poeta interroga su identidad de huérfano, es decir su distancia interior» (Michel Maulpoix, 2002)
LE PORTRAIT
Mère, je sais très mal comme l’on cherche les morts,
Je m’égare dans mon âme, ses visages escarpés,
Ses ronces et ses regards.
Aide-moi à revenir
De mes horizons qu’aspirent des lèvres vertigineuses,
Aide-moi à être immobile,
Tant des gestes nous séparent, tant des lévriers cruels
Que je penche sur la source où se forme ton silence
Dans un reflet de feuillage que ton âme fait trembler !
Ah ! sur ta photographie
Je ne puis pas même voir de quel côté souffle ton regard.
Nous nous en allons pourtant, ton portrait avec moi-même,
Si condamnés l’un à l’autre
Que notre pas est semblable
Dans ce pays clandestin
Où nul ne passe que nous.
Nous montons bizarrement les côtes et les montagnes
Et jouons dans les descentes comme des blessés sans mains.
Un cierge coule chaque nuit, gicle à la face de l’aurore,
L’aurore qui tous les jours sort des draps lourds de la mort,
À demi asphyxiée,
Tardant à se reconnaître.
.
Je te parle durement, ma mère ;
Je parle durement aux morts parce qu’il faut leur parler dur,
Debout sur des toits glissants,
Les deux mains en porte-voix et sur un ton courroucé,
Pour dominer le silence assourdissant
Qui voudrait nous séparer, nous les morts et les vivants.
.
J’ai de toi quelques bijoux comme des fragments de l’hiver
Qui descendent les rivières,
Ce bracelet fut de toi qui brille en la nuit d’un coffre
Et cette nuit écrasée où le croissant de la lune
Tente en vain de se lever
Et recommence toujours, prisonnier de l’impossible.
.
J’ai été toi si fortement, moi qui je le suis si faiblement,
Et si rivés tous les deux que nous eussions dû mourir ensemble
Comme deux matelots mi-noyés, s’empêchant l’un à l’autre de nager,
Se donnant des coups de pied dans les profondeurs de l’Atlantique
Où commencent les poissons aveugles
Et les horizons verticaux.
.
Parce que tu as été moi
Je puis regarder un jardin sans penser à autre chose,
Choisir parmi mes regards,
M’en aller à ma rencontre.
Peut-être reste-t-il encore
Un ongle de tes mains parmi les ongles de mes mains,
Un de tes cils mêlé aux miens ;
Un de tes battements s’égare-t-il parmi les battements de mon cœur,
Je le reconnais entre tous
Et je sais le retenir.
.
Mais ton cœur bat-il encore ? Tu n’a plus besoin de cœur,
Tu vis séparée de toi comme si tu étais ta propre sœur,
Ma morte de vingt-huit ans,
Me regardant de trois quarts,
Avec l’âme en équilibre et pleine de retenue.
Tu portes la même robe que rien n’usera plus,
Elle est entrée dans l’éternité avec beaucoup de douceur
Et change parfois de couleur, mais je suis seul à savoir.
.
Cigales de cuivre, lions de bronze, vipères d’argile,
C’est ici que rien ne respire !
Le souffle de mon mensonge
Est seul à vivre alentour.
Et voici à mon poignet
Le pouls minéral des morts,
Celui-là que l’on entend si l’on approche le corps
Des strates du cimetière.
Ver Referencias (*)
EL RETRATO
Madre, poco sé yo de buscar a los muertos.
Me extravío en mi alma, en sus rostros altivos,
en sus zarzales, en sus miradas.
Ayúdame a volver
de mis horizontes sorbido por labios vertiginosos,
ayúdame a estar inmóvil.
¡Tantos gestos nos separan, tantas crueles jaurías,
que he de inclinarme a la fuente donde nace tu silencio
entre un reflejo de hojas que tu alma estremece!
¡Ay, en tu fotografía
ni siquiera puedo ver hacia donde apunta tu mirada!
A pesar de ello, nos ponemos en marcha, tu retrato conmigo,
tan condenados uno al otro
que vamos al mismo paso
por este país clandestino
que nadie más atraviesa.
De un modo extraño subimos cuestas y montes,
y descendemos jugando como amputados sin manos.
Un cirio gotea cada noche, salpica el rostro de la aurora,
la aurora que a diario escapa de los sudarios agobiantes de la muerte,
medio asfixiada
tardando en reconocerse.
.
Te hablo con dureza, madre mía,
hablo con dureza a los muertos, porque hay que hablarles duro,
en pie sobre tejados resbaladizos,
haciendo bocina con las manos y con tono de enojo,
para dominar el silencio ensordecedor
que quisiera separarnos, a nosotros los muertos y los vivos.
.
Tengo de ti algunas joyas como fragmentos de invierno
que descienden por los ríos.
Este brazalete que fue tuyo brilla en la noche de un cofre,
esta noche aplastada donde la luna creciente
trata en vano de elevarse
y vuelve siempre a comenzar, cautiva de lo imposible.
.
Tan fuertemente he sido tú, yo que soy yo tan débilmente,
y tan acoplados los dos, que deberíamos haber muerto juntos
como dos marineros medio ahogados que se estorban al nadar,
dándose de puntapiés en las profundidades del Atlántico
donde comienzan los peces ciegos
y los horizontes verticales.
.
Ya que tú has sido yo
puedo mirar un jardín sin pensar en otra cosa,
elegir entre mis miradas,
salir a mi propio encuentro.
Quizás quede todavía
una uña de tus manos entre las uñas de mis manos,
una de tus pestañas mezclada con las mías;
uno de tus latidos se pierda entre los latidos de mi corazón,
lo reconozco entre todos
y sé cómo retenerlo.
.
¿Pero palpita aún tu corazón? Ya no necesitas corazón,
vives separada de ti como si fueras tu propia hermana,
mi muerta de veintiocho años,
volviendo a mí tu mirada,
con el alma en equilibrio y llena de ponderación,
llevas el mismo vestido que no podrá envejecer,
ha entrado en la eternidad con gran dulzura
y a veces cambia el color, pero soy el único que lo sabe.
.
¡Cigarras de cobre, leones de bronce, víboras de arcilla,
este es el lugar donde nada respira.
El aliento de mi engaño
vive solo en este entorno.
Y en mi muñeca se siente
el pulso mineral de los muertos,
ese que se escucha si aproximamos el cuerpo
al suelo del cementerio.
Ver Referencias (*)

Custodiar su nombre
El diálogo que sigue Vicente Aleixandre lo publicó en 1954; el poeta tenía a la sazón cincuenta y seis años, veinte años después de la muerte de su madre Elvira Merlo de Pruneda.
Nombre
Mía eres. Pero otro
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Madrid, Espasa Calpe 1954, pp. 29-31
es aparentemente tu dueño. Por eso,
cuando digo tu nombre,
algo oculto se agita en mi alma.
Tu nombre suave, apenas pasado delicadamente por mi labio.
Pasa, se detiene, en el borde un instante se queda,
y luego vuela ligero, ¿quién lo creyera?: hecho puro sonido.
Me duele tu nombre como tu misma dolorosa carne en mis labios.
No sé si él emerge de mi pecho. Allí estaba
dormido, celeste, acaso luminoso. Recorría mi sangre
su sabido dominio, pero llegaba un instante
en que pasaba por la secreta yema donde tú residías,
secreto nombre, nunca sabido, por nadie aprendido,
doradamente quieto, cubierto solo, sin ruido, por mi leve sangre.
Ella luego te traía a mis labios. Mi sangre pasaba
con su luz todavía por mi boca. Y yo entonces estaba hablando con alguien
y arribaba el momento en que tu nombre con mi sangre pasaba por mi labio.
Un instante mi labio por virtud de su sangre sabía
a ti, y se ponía dorado, luminoso: brillaba de tu sabor sin que nadie lo viera.
Oh, cuán dulce era callar entonces, un momento. Tu nombre,
¿decirlo? ¿Dejarlo que brillara, secreto, revelado a los otros?
Oh, callarlo, más secretamente que nunca, tenerlo en la boca, sentirlo
continuo, dulce, lento, sensible sobre la lengua, y luego, cerrando los ojos,
dejarlo pasar al pecho
de nuevo, en su paz querida, en la visita callada
que se alberga, se aposenta y delicadamente se efunde.
Hoy tu nombre está aquí. No decirlo, no decirlo jamás, como un beso
que nadie daría, como nadie daría los labios a otro amor sino al suyo.

Referencias:
(*) Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta, Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Editorial Pre-Textos, col. Poéticas, Valencia 2009 : Gravitaciones, “Las Columnas asombradas” (1923, 1925), “El retrato», pp.152 a 157
Madrid al claroscuro en la pintura de Amalia Avia

He visitado la exposición El Japón en Los Ángeles. Los archivos de Amalia Avia, antología de los cuadros de Amalia Avia (1926 – 2011) en la Sala Alcalá 31, una amplia retrospectiva en la que predominan las fachadas madrileñas, que la artista transformó en óleos sobre tabla.
La exposición es muy amplia y no se limita, aunque sean prevalentes, a los cuadros que tienen como protagonista un arco de cincuentas años de la capital de España, durante los que Amalia Avia hizo de Madrid la materia de su arte.
Durante las primeras décadas de su actividad pictórica -madre de cuatro hijos- pintaba en sus ratos libres. Con frecuencia se basaba en fotografías como punto de partida de sus obras.



En sus trabajos predomina la pintura sobre tabla; en el óleo sobre táblex suele producirse una parcial absorción del medio de trementina y aceite por la madera. Lo que, a mi modo de ver, pudo atenuar la tonalidad de los pigmentos ocres, ya de por sí oscuros, que ella prefería. Según manifestaciones de su hijo Rodrigo Muñoz Avia, su madre conseguía velar más aún la escena representada, pues, como paso previo al proceso de finalización, nos dice que la «rociaba con aguarrás y le tiraba la cerilla».
La artista solía seleccionar fachadas en las que se notaba el paso del tiempo, de las cuales se ausentaba la figura humana ante puertas cerradas y balcones desiertos, como si los locales hubieran entrado en desuso. No obstante, en su trabajo de los años 60 y 70 pinta figuras humanas con diversos perfiles expresionistas y de rostro desvaídos.






En décadas posteriores, sus imágenes son las de un Madrid desertado de sus habitantes, la meditación de un pensamiento transformado en visiones de una ciudad silente, triste y melancólica.


A las obras de Amalia Avia, por esa costumbre de la crítica de arte de forjar corrientes, se las consideró primero como de escuela «realista» y luego se dio en calificarla de «hiperrealista». Pero yo diría que ella es su propia y exclusiva tendencia, la de una arqueóloga de un Madrid desvanecido, que en sus pinturas levantaba actas para la memoria.
Nota: las fotografías han sido tomadas por mí en la exposición.
Si algún lector quisiera ver otros cuadros de la artista los puede por ejemplo encontrar aquí, y por supuesto, visitando la Sala Alcalá 31 hasta el 15 de enero del año que viene.
Madrid matinal

Hoy he sentido que la leyenda de la alfombra mágica no es sólo un cuento de la imaginación viajera ni sólo un sueño del subconsciente que se manifestaría, al modo de los arquetipos del inconsciente colectivo, en la literatura de diversas culturas. Puede que algunos de los lectores de este blog, cuando en pocos días viajaron de un lado a otro, hayan vivido algo así como una experiencia de pasajeros de una alfombra voladora.
Hace cuatro tardes estaba a la orilla del Mediterráneo

Ayer amanecí en campos manchegos

donde los olivos se disponen en ordenadas hileras sobre el escaparate de las colinas junto a las que cabalgó el Caballero de la triste figura

Esos olivos que Don Quijote en sus delirios imaginó como extrañas criaturas que robaban la fortuna de unos esforzados caballeros (en realidad eran vareadores de la aceituna) que con sus lanzas se enfrentaban a los supuestos monstruos para recuperarla.
En Madrid hay también otros actores que cada mañana se esfuerzan…
Adelaida
Por la magia de la alfombra he amanecido en Madrid y desayunado en la pastelería donde Adelaida dispone en filas armoniosas los pasteles y bombones con arte de joyería



…
Asunción
He comprado claveles en un kiosco de la calle Génova


Su dueña no ha querido que la fotografíe, aunque ella sea en verdad la flor principal de su floristería.
Moisés
También he tenido una alegre conversación con un joven que atiende otro kiosco, el de periódicos de la Plaza Santa Bárbara donde hoy empezaba

Es Moisés, boliviano nacido en Santa Cruz de la Sierra. A sus 22 años se ha mudado desde Cantabria a Madrid y hoy es su primer día como regente del kiosco de prensa en la Glorieta de Alonso Martínez, trabajo que alterna con la atención de otro kiosco de prensa en la Glorieta de Quevedo.
Además de comprarle los periódicos, esta mañana he conseguido un nuevo amigo en mi ciudad natal al que deseo el mejor futuro en este Madrid, la ciudad abierta por excelencia, donde nadie se siente forastero

Colofón
Para concluir, ya que estoy leyendo los periódicos del kiosco de Moisés, les ilustro lo que por desgracia trae hoy la primera página del diario Le Monde en su edición de fin de semana

A lo que se añade otra imagen de hoy de la vitrina de una librería internacional de la calle Génova

Disculpen que traigo aquí de nuevo aquello de lo que ya hablé el domingo pasado, pero es que en éstas, aunque no nos guste, estamos todos.
No obstante no quiero despedir hoy esta página, sin que, para compensar, les muestre lo bien que luce el sol esta mañana en los balcones del barrio de Chamberí

y no sólo en los balcones

Rompeolas

El siete de noviembre de 1936 escribió Antonio Machado un cuarteto dedicado a Madrid como ciudad heroica, llamándola en su segundo verso «rompeolas de todas las Españas».(*) Muchos años han transcurrido desde aquella guerra fratricida que está en el origen de esa analogía del poeta entre mi ciudad natal y los diques que suele haber en los puertos para resguardarlos de las tempestades del mar.
Casi 86 años después de que nuestro poeta, cuya obra obra sigue recogiendo el aprecio y la admiración de los españoles sin distinción de ideas políticas, formulase esta metáfora, hay otro dique que merecería que los europeos, sin distinción de países o ideología, lo considerásemos el rompeolas de todas las Europas.
Este baluarte es el pueblo ucraniano, es Ucrania.
Por desgracia, dicha forma de entender lo que está haciendo los ucranianos por Europa, su lucha contra la agresión de la dictadura que impera en Rusia, no concita las unanimidades, a pesar de las evidencias y de las revelaciones crecientes de los crímenes de guerra, de las atrocidades del ejército de Putin con su camarilla en su escalada de barbarie en barbarie.
A mi modo de ver la olvidadiza memoria, consciente o inconsciente, de lo sufrido por Europa en el transcurso de un siglo, explica algo que haya quienes siguen tratando con comprensión, hasta haciendo carantoñas al agresor e incluso votando en la ONU para exculparle.

Los que así proceden entierran la memoria de los horrores que Europa vivió por no haber reaccionado a tiempo, por haber creído en los acuerdos con los dictadores de la época y no haber sabido prevenir sus invasiones y ocupaciones totalitarias.
No soy historiador, no soy un experto politólogo, no soy un estratega, no soy tantas cosas que la mayoría de los ciudadanos no somos. Pero soy europeo y pienso y veo a la Rusia de hoy, gobernada por un dictador, repitiendo las mismas tácticas, fabricando las mismas mentiras, infringiendo los acuerdos y las convenciones internacionales y creando muerte y destrucción, en aras de un nacionalismo criminal, análogo al que enfebrecía a Hitler y a Stalin.
Me inquieta que haya incluso gobiernos que están representados en las Naciones Unidas, como firmantes de su Carta y sus convenciones, incluso miembros del Consejo de Europa, incluso integrantes de la Unión Europea, varios de ellos naciones democráticas, así como no pocos ciudadanos de esos países, que siguen abogando por «comprender» a Putin y concederle un armisticio que acepte el desmembramiento de Ucrania por la fuerza y el chantaje de las armas.
Eso me trae ecos de los acuerdos, conferencias, declaraciones y compromisos internacionales violados por aquellos dos dictadores, uno nazi y otro comunista, con la consecuencias espantosas que todo ello acarreo a Europa y al mundo en general durante largas décadas.
Resumo sólo algo de aquello que se olvida (historia de lo ya visto) cuando se condesciende con Putin:

Y me declaro a favor de la libertad e integridad de Ucrania y por todo el apoyo que se le pueda prestar para garantizarlo. Ucrania es hoy el rompeolas de todas las Europas y de la dignidad democrática de quienes somos deudores a los ucranianos por lo que están haciendo para defenderse y defendernos de la barbarie rediviva. (**)
NOTAS
(*)
Madrid, Madrid, ¡qué bien tu nombre suena
rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas.
(**)
Cuando digo «todas las Europas», me refiero a todos los pueblos que se guían por los principios humanos y políticos de la Ilustración y la Democracia, que si bien se gestaron trabajosamente y durante siglos en Europa, crecieron y se extendieron por el mundo allá donde se comparte la defensa de la libertad, dignidad e igualdad de derechos para todos los seres humanos.
De colores se visten los vapores…

Ayer amanecía como a menudo suele hacerlo en las playas de la Marina Alta cuando el pronóstico del tiempo es variable y el sol juega al escondite con los cumulonimbos.
Empieza el día de azul oscuro, con violetas y tímidos ópalos sobre un lecho lejano de pálido rosa.
La mirada se llena con estas grandes construcciones que navegan en el cielo, masas de imposibles madréporas transformistas.
Si la tormenta llegase podrían desmoronarse torrencialmente y con enorme estruendo, y sin embargo,
sin embargo sólo son catedrales de vapor nacidas de las aguas que, a medida que la hora avanza, roban colores a la luz del sol que trata de abrirse paso.
La secuencia que presento aquí corresponde al cielo del amanecer durante un lapso de tiempo entre las 7 h. 18 m. y 54 s. minutos y las 7 h. 32 m. y 22 s. de ayer sábado en la playa de la Almadraba de Els Poblets. He seleccionado algunas de las fotos que tomé durante esos algo más de trece minutos.





Para terminar, no sé, no sé si caer en la tentación de parafrasear, animando a mis lectores a tararear algo como así:
¡De colores!
¡De colores,
de colores
se visten las nubes
al amanecer!
¡De colores es el arco iris
que vemos lucir!
Y por eso
¡de muchos colores
los grandes amores
me gustan a mí!
Y por eso
¡de muchos colores
los grandes amores
me gustan a mí!
etcétera…
–
por si quieren cantarlo…
***
NOTA: todas las fotos las he tomado del lado del mar, excepto la de la nube con la luna que corresponde al cielo del lado de los montes a las 7h. 29m. y 14 s.
El poeta en su ocaso

Poetry is the supreme Fiction (Wallace Stevens)
Son muchos los filósofos, literatos y poetas que han escrito sobre el declinar de la edad y expresado deseos, más o menos elegíacos, que surgen cuando se peinan canas. Para muestra bien valdrán dos botones…
De un poeta en sus horas libres…
Sobre las incomodidades que Erasmo (poeta en horas libres) describió hacia 1502 en su vejez (¡a los treinta y cinco años!) y cuyo poema de 245 versos hemos extractado en este blog (De senectutis incommodis I y De senectutis incommodis final), en el que todo semeja un mal sueño deprimente, hasta que hacia el final se despierta exclamando:
Velis dehinc equisque
Et pedibus manibusque et totis denique nervis
Nitendum, ut anteacti
Temporis et studio iactura volubilis aevi
Vigilante sarciatur.
–
¡A partir de ahora mismo, la vela y la montura
y los pies y las manos con todo el ímpetu
impulsemos, que con empeño el pasado
tiempo y la edad volatil derrochados
vigilantes reparemos!
(vv. 190-194)
¡Precozmente exagerado, pues todavía le quedaban otros treinta y cuatro años por vivir!
***

De otro poeta en sus horas libres…
En estos días estoy en cambio releyendo con vista más cansada los poemas, mucho más breves, de Wallace Stevens (1879-1955), quien vivió seis años más que el humanista de Rotterdam y es un poeta al que admiro. Aunque a él no le parecía un dato biográfico a mencionar, no vivió de la poesía, sino de su trabajo como abogado de una compañía de seguros, lo cual no me parece irrelevante cuando se leen los versos que escribió en su vejez.
El que sigue lo escribió en sus últimos años (1950 – 1955). A título póstumo se publicó «A letter from» («carta de») a la que añadía «A letter to» («una carta a») como parte de Opus Posthumous (1957).
Opino que ambas son las dos partes del diálogo que establece con su amada esposa Elsie, con la que tenía desde hace algún tiempo dificultades de comunicación, por el deterioro mental que comenzó a afectarle a ella.
Mi opinión (que puede que no sea original) es que esta carta el poeta la imagina como una misiva que ella le envía desde su mundo «libre del pensamiento», en un momento de clarividente nostalgia por un pasado ido.
Espero que mi traducción refleje algo la belleza de estos cinco tercetos en los que quienes ya superamos hace tiempo la cota de los setenta, cuando apoyemos los codos en la mesa al final del día, puede que nos sintamos reflejados .
Even if there had been a crescent moon
On every cloud-tip over the heavens,
Drenching the evening with crystals’ light,
.
One would have wanted more-more-more-
Some true interior to which to return
A home against one’s self, a darkness
.
An ease in which to live a moment’s life,
The moment of life’s love and fortune,
Free from everything else, free above all from thought.
.
It would have been like lighting a candle,
Like leaning on the table, shading one’s eyes,
And hearing a tale one wanted intensely to hear,
.
As if we were all seated together again
And one of us spoke and all of us believed
What we heard and the light, though little, was enough
***
Aunque hubiera estado la creciente luna
sobre la cima de cada nube de los cielos,
inundando la tarde de una luz cristalina,
.
se habría deseado más-más-más-
un verdadero interior al que volver,
un hogar contra si mismo, una oscuridad,
.
una calma donde vivir la vida en un momento,
el instante del amor y la fortuna de la vida,
libre de lo demás, sobre todo libre del pensamiento.
.
Eso habría sido como encender una candela,
como apoyarse en la mesa, cubriéndose los ojos,
y oír una historia que ansiásemos oír,
.
como si otra vez estuviéramos sentados todos juntos,
y uno de nosotros nos hablase y todos creyéramos
lo que oímos y la luz, aunque leve, nos bastara.
.
Wallace Stevens, Late poems (1950-1955), Two letters, Letter from

Por falta de tiempo, no he incluido la respuesta del poeta («A letter to») completa, he aquí los tres versos finales:
(…)
The circle would no longer be broken but closed.
.
The miles of distance away
From everything wpuld end. It would all meet.
…
(…)
El círculo no se romperá más, sino que se cerrará.
.
Las millas de la distancia lejos
de todo acabarán. Todo se reunirá.
.
Wallace Stevens, Late poems (1950-1955), Two letters, Letter to
***
Colofón
Algo más erasmiano se no aparecía Wallace Stevens unos años antes en el poema «Setenta años más tarde» del poemario The Rock, cuando lo comenzaba así:
It is an illusion that we were ever alive,
Lived in the houses of mothers, arranged ourselves
By our own motions in a freedom of air.
(…)
***
Es una ilusión creer que alguna vez estuvimos vivos,
que vivimos en las casas de las madres, que nos otorgamos
con nuestros propios movimientos una libertad de aire.
(…)
Wallace Stevens, The Rock, I Seventy Years Later («Setenta años más tarde»)
Cuatrocientos años antes, Erasmo, aquel holandés errante, versificaba, entonces más joven que el conciso poeta estadounidense, e imitando a los clásicos latinos:
Tenerae o viror iuventae,
O dulces anni, o Felicia tempora vitae,
Ut clanculum excidistis,
Ut sensum fallente fuga lapsuque volucri
Furtim avolastis, ohe!
***
¡Oh verdor de tierna juventud!
¡Oh dulces años, oh tiempos felices de la vida!
¡De que modo furtivo os habéis ido!
¡Sin sentirlo y como aves en engañosa fuga
a escondidas volando habéis partido!
.
De senectutis incommodis, vv. 74 a 78)
.
Dos orillas

Han sido unos días en Skagen, una comuna de Dinamarca, asentada sobre una península de dunas que bañan las aguas del Skagerrak al Oeste y el Kattegat al Este. Es un lugar de inmemorial tradición pesquera en la que se jugaban la vida los tripulantes de sus barcos y lanchas.

Mas hoy, aunque siga habiendo una actividad pesquera notable, es un lugar de peregrinaje turístico, por un lado a causa de sus paisajes y sus playas de arena fina

y, por otro, por haber sido la sede de los pintores de Skagen, de los que un museo y dos casas-museo guardan sus obras.

Skagen ocupa la punta norte de Dinamarca, especie de pico de gaviota de Jutlandia que apunta hacia Gotemburgo en la Costa Oeste de Suecia, de donde se llega con el ferry en tres horas y media a Fredrikshavn y 42 kilómetros al norte a nuestro destino.


Para completar los datos geográficos, añadamos un plano del lugar tal como era ya en la Edad Media, un puerto pesquero próspero y una enclave comercial para los navegantes de Holanda y Alemania.

Pero sus habitantes cometieron el error de ir talando los árboles y arbustos que fijaban la arena. El resultado fue que, transportadas por los fuertes vientos de la zona las dunas sepultaron la iglesia, que a la derecha del plano de arriba vemos con el número 1. De tal manera que la demolieron entera en el siglo XVIII, dejando a la torre emergiendo entre arenas, hoy destino turístico antes de llegar al pueblo por la nacional 40.

Volviendo a las dos orillas de Skagen, sirve señalar que ofrecen dos planes de excursión algo diferentes.
Al Oeste frente al Skagerrak
Largos paseos y zambullidas en el mar de las playas solitarias de la costa occidental.




Una orilla bordeada de altas dunas que protege de los vientos a Højen o Gammel Skagen («Viejo Skagen»), antiguo poblado de pescadores hoy parte de la municipalidad de Skagen.

Puestas de sol espectaculares.


Crepúsculos lunares.

Al Este frente al Kattegat
El peregrinaje de quienes desean llegar hasta la punta de Grenen, extremo norte de Dinamarca, por la costa oriental es uno de los distintivos de esta orilla. Hay quienes se bañan también en este lado, cuyas orillas marcan cada día las pisadas de miles de turistas en la temporada veraniega.
Las focas al parecer se muestran con más frecuencia por esta parte y hay restaurantes en el faro y cerca de los bunkers que construyeron los invasores alemanes durante dos guerras mundiales.

El principal aliciente reside en que por esta ribera se accede mejor y más rápido a esa lengua de arena en la que se entremezclan las olas de los estrechos del Kattegat, por donde fluyen las aguas del Báltico entre Suecia y Dinamarca, que llegan desde el extremo sur de Escania, con las del Skagerrak que separa Dinamarca del sur de Noruega. A esa punta se llega incluso con un servicio de trenes oruga tirados por un tractor.


Aunque hoy el horizonte que pintaron los artistas de Skagen lo surcan naves que ellos no podían imaginar.

Algunas de estas van y vienen probablemente con el preciado gas noruego que aspira a sustituir al ruso.
Notas
La estrella de mar de la primera foto es una de las muchas de reducido tamaño que hemos encontrado, ya secas, sobre las arenas de una playa occidental de Skagen, varadas por algún temporal que las arrancó de una escollera cercana.
Las fotos de cuadros de los pintores de Skagen las tomé yo mismo durante mi visita a los museos.
***
Nimiedades (XX): días de verano en Gotemburgo

En estos días y en esta latitud ya se habla del final del verano. Así que mientras hacia el sur de Europa aún es pronto para despedir el calor, y antes de que los gotemburgueses den paso al tiempo propio del venidero otoño, sin mayores pretensiones, aquí dejo unas fotos de la última semana.
Niños y agua
Por el Botánico los peces se dan la gran vida a la vista de los visitantes y despertando la curiosidad de los niños…
Aquí no hay ningún anzuelo que amenace a la fauna piscícola.

Aunque no falten algunos chavales que quieran echarles mano…

También hay un arroyo claro por las umbrías del jardín.

Pero volvamos a la felicidad de los niños cuando, en estos días de calor, pueden empaparse de arriba a abajo en el centro de la ciudad, y sin reproches de mamá o papá.
Estaba yo sentado en un banco cuando vi a dos, supongo que hermanas, disfrutando de la fuente frente al Gran Teatro de Gotemburgo, a la vista de la madre complacida.



Aunque también hay quienes no tienen permiso para empaparse

.
Reflexiones finales
En esta ciudad de canales, al borde del mar y con una ría que sube y baja con las mareas,

el alma de los peces cuando mueren se transforma en nube.
No es raro pues que yo tuviera la impresión hace unos días, cuando la tarde se encapotaba, de que Jonas Alströmer conversaba con la torre de la iglesia alemana, y que ambos se entendían con un código de nubes que no me ha sido concedido entender.

Menos silencioso, aunque también con sus propios códigos, unas horas antes, un grupo musical buscaba promotor a pocos pasos de la fuente donde las niñas se duchaban

y unos guías turísticos parecían a la espera de un grupo de visitantes, a no ser que

los misioneros mormones se vistan a juego con la temporada. Muy cerca de ellos, un viajero fatigado se tomaba un respiro

Puede ser que mi aspecto fuese también el de un paseante cansado, porque un perro compasivo se detuvo a mirarme interrogante






























