Desde primeras horas de la tarde hasta bien avanzada la noche pasada, la que el Calendario Gregoriano nos marca como el paso del 2022 al 2023, hemos escuchado los estallidos de la pólvora. A estas horas sus humos ya se han disipado, aunque no las ilusiones de que el Año Nuevo nos aportará mejoras. Pero dicen que dijo Salomón lo que la vulgata latina popularizó como aquello de nihil novum sub sole:
¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol.
(Eclesiastés 1,9)
No obstante, cuando en el siglo XVI se inició un proceso científico de adaptar el calendario a las rutinas de la tierra en torno al sol, eso sí que fue algo nuevo, nada más ni nada menos que abolir el calendario juliano de los romanos, que al parecer era una adaptación del calendario de los antiguos egipcios que al sol le tenían mucho respeto.
Se suele pensar que la la Iglesia Católica ha sido enemiga de la Ciencia, pero si es cierto que en el siglo diecinueve hubo algo de polémica sulfurosa entre un papa y el progreso científico, siglos antes fueron estudiosos eclesiásticos quienes analizaron las rutinas astronómicas y las relaciones entre el sol, la tierra y la luna, para definir un calendario que respondiese con mínimo margen de error al problema crónico de los desfases del calendario juliano.
Así que, cuando tiramos cohetes a cada entrada y salida de año, estamos obedeciendo al papa Gregorio XIII y a su bula que en 1582 promovió un calendario nuevo, el «calendario gregoriano», aceptando las recomendaciones que le formularon científicos de la Universidad de Salamanca en 1515 y 1578.
Los festejos, los ríos de cava, las serpentinas y todo el jolgorio de la noche pasada se basan en aquello. Aquel cambio sí que fue algo «nuevo bajo el sol». A su implantación contribuyeron Galileo y algún que otro jesuita.
Last but not least, el famoso «que inventen ellos» (Unamuno dixit) que parece consagrar una pigricia española para el progreso científico, se contradice con lo que ocurrió con la implantación del calendario gregoriano, a saber:
Fases de la implantación del calendario de Gregorio XIII. Fuente: Wikipedia
No parece que en tierras de Albión se quisiera dar el brazo a torcer para aceptar el calendario que ya se había implantado siglo y medio antes en los territorios donde reinaba Felipe II; como si el Brexit ya viniese de antiguo.
Han sido los fuegos artificiales de esta noche los que me han hecho pensar en la cuestión del calendario y en como cada año lo que un papa consagró en el siglo XVI marca nuestras costumbres festivas y las ilusiones que nos hacemos sobre mejores futuros. En realidad, para que un lego en la materia como yo pudiera informarse al respecto o me iba a la biblioteca municipal (hoy está cerrada) o recurría a la Wikipedia. De modo que cualquier error sobre lo que aquí he traído habrá que imputárselo al Dr. Google.
¡ FELIZ AÑO NUEVO !
Cuando el sol se acuesta en Göteborg. Foto R. Puig
Hilario Mendívil. Nacimiento artesano cusqueño (detalle). Cortesía de Manuel García Solaz
Érase una vez un recién nacido al que sus padres llamaron Jesús, nombre bastante común en las comunidades judías de Palestina, por entonces sometidas a los romanos. Cualquiera de mis lectores podría continuar con la historia de aquel niño. No les cuento nada nuevo. Lo que ya es materia más intrincada de la historia del mundo durante más de veinte siglos es que un nacimiento como tantos otros convirtió, por obra del mismo niño devenido adulto, lo que fue su intento de renovar la sociedad y la religión de sus compatriotas judíos en el origen de un largo proceso que cambió el mundo, como ningún otro lo ha hecho. En esa larga historia de siglos hay luces y sombras, como no puede ser de otro modo cuando millones de seres humanos han intervenido en ella. Hoy, aquel nacimiento se celebra en las fiestas navideñas, aunque adornado de las fábulas y ritos, cuentos y cuentas, de árboles, renos, barbudos en trineos voladores y otras muestras de la comprensible creatividad festera de los seres humanos.
Digo que cambió el mundo, porque sin el humanismo cristiano que parte de Jesús no se podrían explicar los avances filosóficos, éticos, ideológicos, sociales, jurídicos y políticos que, en medio de tantos avatares, a pesar de guerras y conflictos, lo mejor del pensamiento y la voluntad de los seres humanos ha aportado a nuestras sociedades y a nuestras vidas durante más de veinte siglos y por todo el mundo.
Los actores de estos laboriosos progresos, por ejemplo en derechos humanos, libertades y democracia, no han sido necesariamente creyentes religiosos, ni se han sentido parte de la evolución del humanismo cristiano, pero, gracias a la semilla que aquel hombre sembró, la humanidad tiene hoy, no obstante los impulsos de destrucción que siguen aquejándonos, los instrumentos morales y las formulas de libertad y convivencia que protegen a los hombres de sus propios demonios.
Luces de la tarde ayer, día de Nochebuena, en Göteborg. Foto R. Puig
Luces y sombras
Hablando de nuestros demonios, y como no puedo dejar de pensar en lo que están afrontando los ciudadanos de Ucrania, me permito citar algo que leí ayer en un artículo de un periodista que escribe mucho mejor que yo:
Un escritor ucraniano imaginó una nochebuena fría en la que el diablo robaba la luna para sumir en la oscuridad a los enamorados. Es sabido que al diablo le molesta el amor tanto como le place la desesperanza, y por eso su mejor obra, su más perfecto oficio de tinieblas se consumará esta noche en mil aldeas ucranianas a las que no llegará la luz de la navidad. Un diablo bombardeó su red eléctrica para impedir que sus habitantes se miren y sigan creyendo, para evitar que se les ilumine la cara al reconocerse entre sí, al constatar la vigencia de la vida pese a tanto daño. Porque el diablo teme que baste una mirada para reavivar el deseo de permanecer juntos, el fuego de la lucha por la libertad.
La navidad no es otra cosa que un punto de luz rodeado de noche. Lo saben los alcaldes que se niegan inteligentemente a recortar la partida anual del alumbrado navideño y lo han sabido todos los pintores enfrentados al desafío temático del portal de Belén. Del Greco a Murillo, de Caravaggio a Rubens, los grandes maestros coinciden en el empleo del claroscuro para expresar la irrupción divina en la historia humana que cuenta el dogma cristiano. El niño, entre las pajas del pesebre o en el regazo de su madre, encarna el foco de claridad a partir del cual se despliega la escena, en la que humildes pastores o magos suntuosos reflejan la luz primigenia o la degradan según se acerquen o se alejen del recién nacido. Hasta los Python acataron este canon estético en aquel fotograma radiante que suspende su irreverencia proverbial para mostrar por un segundo el destello cegador del mesías verdadero, nacido casualmente en el portal contiguo al de Bryan.
Efectivamente: se trata de buscar el lado luminoso de la vida. La navidad es un contraste de esperanza en mitad de la preocupación. Una buena noticia que colamos en la escaleta de los despropósitos habituales. No se precisa la fe -basta el arraigo cultural, la memoria que caló nuestra infancia- para experimentar una dulce pausa en las ansiedades cotidianas al contemplar el nacimiento que simboliza todos los nacimientos. Es decir, la esperanza misma.
No debiéramos permitir que nos roben un apacible resplandor o siquiera un fulgor momentáneo. Es cierto que aquí a cada cual lo envuelven sus propias sombras, quizá espesas. Y que a veces no hay estrella que alumbre lo suficiente para horadarlas. Pero sí hay hogares ucranianos que hoy mismo, acaso entre escombros, harán frente a la noche más oscura armados de velas, a nosotros deberían sobrarnos los motivos para reflejar la luz. Feliz Navidad.
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «discutidores contenciosos que de grandes disparates provocan tragedias»
Ex eodem ore calidum et frigidum efflare
Soplar cálido y frígido por la misma boca
Adagio I, VIII, 30
Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος τὸ θερμὸν καὶ τὸ ψυχρὸν ἐξάγειν, id est Eodem ex ore calidum ac frigidum proferre. Bilingues et qui eundem modo laudant modo vituperant, ex eodem ore calidum ac frigidum spirare dicuntur. Natum ex apologo quopiam Aviani fabulatoris. Satyrus quidam, cum vehementer algeret hyberno gelu supra modum saeviente, a rustico quodam inductus est in hospitium. Admiratus autem cur homo inflaret in manus ori admotas rogavit cur ita faceret. Is respondit ut frigidas manus halitus tepore calefaceret. Deinde ubi extructo foco, apposita mensa, in pultem fervidam rursum inflaret, magis etiam admiratus sciscitatus est, quid hoc sibi vellet. Ut pultem, inquit, nimium ferventem halitu refrigerem. Tum satyrus surgens a mensa : Quid ego audio?, inquit , Tun’ eodem ex ore pariter et calidum et frigidum efflas? Valebis, neque enim mihi ratio est cum ejusmodi homine commune habere hospitium.
,,,
Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος τὸ θερμὸν καὶ τὸ ψυχρὸν ἐξάγειν quiere decir que «De una misma boca sale tanto lo caliente como lo frío». Se dice de los que hablan dos lenguas, así como de aquellos que igual que alaban algo, eso mismo vituperan, por la misma boca soplando frío y calor. El apólogo se debe a un fabulador de nombre Aviano, donde cuenta que a un sátiro que estaba sufriendo mucho por la helada del invierno cierto campesino se lo llevó a la posada. Sorprendiéndose (el sátiro) de ver a éste acercar las manos a la boca para soplárselas, le preguntó por qué lo hacía. Y él le respondió que era para calentar sus manos frías con el calor del aliento. Cuando, encendido el fuego y puesta la mesa, sopló también la salchicha caliente, más aún se asombraba (el sátiro) y le preguntaba qué pretendía con eso. «Para comer la salchicha, le dice (el campesino), la enfrío con mi aliento, pues está quemando». Entonces el sátiro levantándose de la mesa exclamó: «¿Qué es lo que oigo? ¡Por la misma boca tú soplas caliente y frio! ¡Será así para ti, sin embargo no encuentro razón para compartir hospedaje con alguien como tú!».
(Texto latino:Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp-650-652) Trad. R.Puig
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «¡Que los puercoespines y erizos del espíritu de Scoto … vuelvan donde les plazca!»
En el comentario de este adagio y del apólogo que cita, Erasmo expone a continuación las explicaciones fisico-fisiológicas con las que Aristóteles trata de explicar la contradicción de que una misma boca pueda soplar frío o caliente (Problemas, 34,7). Con la venia del lector, se las ahorro.
A continuación prosigue con el comentario:
Est huic confine quiddam in epistola Jacobi apostoli ; nam hujus nomine legitur. Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος βρύει τὸ γλυκὺ καὶ τὸ πικρόν, id est Ex eodem ore emanat dulce et amarum. Huc adscribi poterit, quod refert secundo libro Plinius plus quam prodigiosum fontem esse quemdam in Dodona, qui, cum sit frigidissimus, et faces, si quis ardentes immergat, extinguat, si extinctae admoveantur, accendit. Quae omnia torquere licebit in rhetores, qui eadem norunt laudare et vituperare, elevare atque attollere. Item in jureconsultos, qui causam eamdem nunc tuentur, nunc impugnant. Ad eum sensum detorsit Plutarchus, quod Circe eadem virga mentem adimit ac reddit, pecudes facit et homines. Extat apud Graecos hic senarius proverbialis :
Σὸν αὐτὸν αἰνεἶν καὶ ψέγειν ἀνδρὸς κακοῦ, id est
Laudare eumdem carpereque viri est mali.
…
Hay algo parecido en la la epístola que se atribuye a Santiago apóstol: ”Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος βρύει τὸ γλυκὺ καὶ τὸ πικρόν », es decir: “de la misma boca emana dulce y amargo”. En el segundo libro de Plinio se cuenta que hay en Dodona un manantial más que prodigioso, que siendo muy frío apaga las antorchas, si alguno las sumerge en el fuego; y si dentro se las remueve apagadas, las enciende. Estas cosas se pueden extrapolar a los retóricos, que lo mismo saben alabar como reprochar, enaltecer y exaltar. También a los jurisconsultos, que ahora defienden una causa, ahora la atacan. En este sentido la tomó Plutarco, que hace que Circe con la misma vara mágica quite la razón y la restaure, haciendo de los hombres ganados y de los ganados hombres. Entre los griegos existe frase proverbial:
“Alabar y culpar al mismo hombre muestra al bribón”.
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «nuestros teólogos andan dedicados a las argucias dialécticas»
Por último, Erasmo cita a Ateneo (4.182d) y de nuevo los «Problemas» de Aristóteles (19.18 y 19.39) en donde hablan de un instrumento musical, el magadis o palaiomagadis, que produce al mismo tiempo notas altas y bajas.
***
A mí este adagio, así como el apólogo, que comenta Erasmo, me hacen también pensar en todas esas formas de justificar contradicciones del discurso humano (de ese soplo de la boca de una misma persona) por las que alguien que afirma solemnemente que no hará algo, o que no se asociará con alguien, e incluso (como oí hace tiempo a un prominente responsable actual de nuestros destinos patrios) que hacerlo sería una pesadilla difícil de sobrellevar y sería traicionar los propios principios de conducta, andando el tiempo hace lo que dijo que nunca haría o se asocia para conseguir sus propósitos con aquellos con los que dijo que nunca se asociaría.
Pero esta es otra historia que me encantaría comentar con el viejo Erasmo, si ello posible fuera… pues además de todo lo que expuso en «Stultitia laus», quizás hoy no tendría que ir muy lejos para reunir materia abundante de una obra titulada «Nequitia laus».
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «Stultitia loquitur»
En poco más de una semana, héteme aquí, emigrado desde el mare nostrum a las latitudes del hielo, donde la naturaleza hiberna, trashumante crónico en dirección opuesta a los rebaños.
Para las navidades blancas, nada como los parajes del norte escandinavo.
Y ya que cerca de los hielos me aposento, he elegido dos adagios comentados por Erasmo, en los que el frío es protagonista. Hoy es ya domingo y no me queda mucho tiempo ni el catarro me deja muchas energías, así que les voy a ofrecer el corto, dejando para otro día invernal el más largo (*).
Vamos pues a ello:
Colubrum in sinu fovere
Nutrir una serpiente en el regazo
Adagio IV, II, 40
Ὄφιν ἐν τᾫ κόλπᾩ θάλπειν»,
id est,
Serpentem in sinu fovere,
dicitur qui complectitur amore studioque
prosequitur hominem ingratum,
et aliquando per occasionem nociturum.
.
Sumptum est ab apologo quodam, qui Aesopi nomine fertur.
Eum Gabrias quidam iambis expressit in hunc modum :
.
Ἔθαλπέ τις γεωργὸς ἐν κόλποις ὄφιν
Ὡρᾳ κρύους· ἐπεὶ δὲ θέρμης ᾔσθετο,
Ἔπληξε τὸν θάλψαντα κἄκτεινεν τάχος.
Οὕτω κακοὶ ποιοῦσι τοὺς εὐεργέτας,
id est,
Sinu fovebat quidam agricola viperam
Gelu rigentem ; at haec calorem ut senserat,
Ferit foventem moxque perimit vulnere.
Ingrati ad hunc benemeritos tractunt modum.
.
Est et alter apologus, de gallina fovente serpentis ova, quam admonet hirundo, ne in suam perniciem foveat.
.
Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 2074-2075,la traducción que sigue es mía.
De mi televisor el 10 de diciembre (TV 4, Suecia)
Así se dice de alguien que abraza con amor y cuida solícito de un hombre ingrato, quien finalmente se aprovecha para hacerle daño.
La fábula se atribuye a Esopo y fue un tal Gabrias quien la compuso en verso yámbico:
.
Un cierto granjero cuidaba en su seno a una víbora
que estaba helada de frío; la que al sentir el calor
mordió a su cuidador, que herido pronto pereció.
Así tratan los ingratos a quienes les favorecen.
.
Hay otro apólogo que habla de una gallina que incubaba un huevo de serpiente, a la que una golondrina previno de que abrigarlo le perjudicaría.
Esopo 176 y 192 de la edición de Perry
Notas:
(*) Les adelanto el segundo: Ex eodem ore calidum et frigidum efflare, es decir «Por la misma boca soplar caliente y frío».
Hubo un tiempo en que no había ni un sistema de las Ciencias, ni Metafísica, ni telescopios, pero los seres humanos ya buscaban explicaciones, esperanzas, protecciones, había mitos, se concebían dioses.
Érase una vez, cuando en latitudes dispares del planeta el sol encarnaba la constancia, era entre todos los dioses el que traía la luz y el calor cotidianamente. De tal modo que en muchos lugares y entre las múltiples divinidades fue considerado el Dios mayor.
Elucubraciones estas mías nada originales, pero es que hace pocos días salí a caminar por la orilla del mar antes de que la gran esfera, con esa forma que según Parménides englobaba todo lo que es, llegase a la cita.
No era yo el único en esta orilla.
Pescador madrugador. Foto R. Puig
Hay un poema de Vicente Aleixandre en que el sol «se alza sobre las frentes» y es el poeta quien canta por todos.
Cuando en la Marina Alta, el sol se alzaba poco antes de las ocho de la mañana pensé en compartir este poema:
I Allí están todos, y tú los estás mirando pasar. ¡Ah, sí, allí, cómo quisieras mezclarte y reconocerte!
El furioso torbellino dentro del corazón te enloquece. Masa frenética de dolor, salpicada contra aquellas mudas paredes interiores de carne. Y entonces en un último esfuerzo te decides. Sí, pasan.
Todos están pasando. Hay niños, mujeres. Hombres serios. Luto cierto, miradas. Y una masa sola, un único ser, reconcentradamente desfila. Y tú, con el corazón apretado, convulso de tu solitario dolor, en un último esfuerzo te sumes. Sí, al fin, ¡cómo te encuentras y hallas! Allí serenamente en la ola te entregas. Quedamente derivas. Y vas acunadamente empujado, como mecido, ablandado. Y oyes un rumor denso, como un cántico ensordecido. Son miles de corazones que hacen un único corazón que te lleva.
II Un único corazón que te lleva. Abdica de tu propio dolor. Distiende tu propio corazón contraído. Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus ojos, poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho, te hace girar las manos cuando ahora avanzas. Y si, te yergues, si un instante levantas la voz, yo sé bien lo que cantas. Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos se ha unido y relampagueado, que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en tu grito, es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te reconoces. La voz que por tu garganta, desde todos los corazones esparcidos, se alza limpiamente en el aire.
III
Y para todos los oídos. Sí. Mírales cómo te oyen. Se están escuchando a sí mismos. Están escuchando una única voz que los canta. Masa misma del canto, se mueven como una onda. Y tú sumido, casi disuelto, como un nudo de su ser te conoces. Suena la voz que los lleva. Se acuesta corno un camino. Todas las plantas están pisándola. Están pisándola hermosamente, están grabándola con su carne. Y ella se despliega y ofrece, y toda la masa gravemente desfila. Como una montaña sube. Es la senda de los que marchan. Y asciende hasta el pico claro. Y el sol se abre sobre las frentes. Y en la cumbre, con su grandeza, están todos ya cantando. Y es tu voz la que les expresa. Tu voz colectiva y alzada. Y un cielo de poderío, completamente existente, hace ahora con majestad el eco entero del hombre.
.
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Madrid, Espasa Calpe 1954, pp. 63 – 67
Al mismo tiempo sigo pensando en los millones de ucranianos martirizados lejos de aquí, en esos corazones que hacen un único corazón que me lleva a ellos. Se cumplen este año nueve décadas del inicio de aquel otro genocidio ejecutado por la Rusia Soviética, el Holodomor, matando sistemáticamente por hambre a millones de ucranianos.
Otro dictador totalitario emula hoy a Stalin con una masacre de civiles y arrasa de nuevo Ucrania, esgrimiendo similares pretextos y mentiras. No sé qué puedo hacer por sus víctimas desde aquí, salvo interpelar a quienes todavía dudan sobre la responsabilidad del genocidio que Putin y su camarilla están perpetrando.
Este es uno de los muchos proverbios o adagios grecolatinos que se prestan a interpretaciones ambiguas, esos que Erasmo deshilvanó en sus Adagiorum collectanea o Adagiorum chilliades (en el año de sus muerte la obra incluía 4151 adagios). En su labor filológica citaba autoridades como base de las diversas interpretaciones, para luego introducir sus glosas y a menudo proponer su propio pensamiento sobre la cuestión, a veces muy extensamente. Pero pasemos al que nos ocupa hoy, leyendo lo que escribió aquel best seller del siglo XVI:
’Σν νυκτὶ βουλή, id est In nocte consilium. Admonet adagium non esse praecipitandum consilium neque statim ad primos animi impetus quippiam agendum. Nox autem propter solitudinem ac silentium vel maxime ad considerandum consultandumque de rebus gravibus est idonea. Praeterea saepenumero fit, ut somnus sedata cupiditate pristinam sententiam vertat. Unde etiam vulgo dicitur ab idiotis nostratibus : Super hac re indormiam, ubi significant se per otium deliberaturos.
.
‘En el parlamento de la noche’, es decir ‘En el consejo nocturno’. El adagio nos recuerda que el consejo no debe apresurarse ni que las acciones se han de decidir al primer impulso de la mente. Más bien, la noche, por su soledad y silencio, es especialmente apta para considerar y deliberar sobre asuntos importantes. Además, sucede a menudo que el sueño, sosegada la pasión, revierta la opinión inicial. De ahí que también nuestros idiotas comúnmente digan: ‘Voy a dormir sobre este asunto’, cuando quieren decir que lo resolverán en sus ratos libres.
Esta observación final apunta con cierto sarcasmo a la cachaza de aquellos que ante un problema prefieren esperara que las cosas se resuelvan solas. En todo caso, sigue citando a Sófocles y a Plutarco para afirmar que para llegar a dar un buen consejo hay que evitar la precipitación.
Al final, nos dice que Platón, según una cita de Plutarco, cuando escribía a los lacedemonios, aludía a un “club nocturno” (νυκτερινὸν σύλλογον), es decir, una asamblea nocturna de los más ancianos, «a la que se trasladaban los casos más difíciles»:
Platonem, qui scripserit apud Lacedaemonios, ni fallor, fuisse νυκτερινὸν σύλλογον, id est nocturnum conventum gravissimorum, ad quem difficilimae causae rejiciebantur.
Plutarco, Banquete de los siete sabios, 7, 9,
Luna sobre la playa. Foto R. Puig
Sea como sea, bien se trate de buscar un pretexto para no tomar decisiones, lo cual no es una solución, bien se trate de tomarse un siesta o irse a la cama a dormir para estar más lúcido al día siguiente, el caso es que eso de «consultarlo con la almohada» forma también parte de de nuestro acerbo de expresiones castellanas. El comentario erasmiano nos demuestra una vez más que a menudo nuestras expresiones son de rancio abolengo, o dicho de otra manera que ya los filósofos y comediógrafos de la Antigüedad lo habían expresado de modo parecido.
De todos modos, es bien sabido que todo puede degenerar y, en este caso, convertirse en el habito de el «Vuelva usted mañana» que retrató Mariano José de Larra (1809-1837), alguien que vivió aceleradamente.
Para despedirme, esperando que sepamos encontrar el justo medio entre el vicio de la desidia y las angurrias del apresuramiento, traigo aquí una imagen de la paciencia que capté antes de ayer. En casos como el que aquí se muestra, el problema podría ser que la asamblea de los peces delibere sin fin antes de decidirse a morder el anzuelo.
Aguardando a que piquen. Foto R. Puig
Fuente latina: Les Adages d’Érasme, Les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon 2010 (traducción mía)
Vecino madrugador que ayer, desde la acera de enfrente, acechaba a los pájaros que frecuentan el seto de casa. Foto R. Puig
Algo enceguecido por un sol suntuoso, mañaneaba yo ayer frente a esta orilla, de la que por fin las brumas de los últimos días se han disipado y los horizontes se abren sobre el mar por todo el arco del golfo de Valencia.
Y, hete aquí que hace poco, de una reciente adquisición en librería de viejo madrileña, me llamó la atención un soneto de José Bergamín (1895 – 1983) en el que, inspirado por Lope de Vega (1562 – 1635), hacía alarde de su habilidad versificadora y su verbo juguetón, no sin ese pesimismo suyo, para el que hoy pudiera tener parte de razón.
«Siempre mañana y nunca mañanamos», Lope de Vega (*).
.
Mañana está enmañanado
y ayer está ayerecido:
y hoy, por no decir que hoyido,
diré que huido y hoyado.
.
A tal extremo ha llegado
hoy a perder el sentido
que al mañana ha convertido
en “cualquier tiempo pasado”.
.
Un ayer futurizado
y un mañana preterido
nos han escamoteado
.
un hoy por hoy suspendido
de un mañana anonadado
y de un ayer evadido.
.
José Bergamín, de Rimas y sonetos rezagados, Poesía, Madrid, Turner, 2ª ed., 1988, vol.1, p.202, tomado de Antología, edición de Diego Martínez Torrón, Madrid, Castalia, 1997, p. 65
Sin embargo la luz esplendorosa de la Marina Alta nos anima a que volvamos a la orilla de la playa ayer por la mañana.
Mi vecino (Paco), su caniche y el mar. Foto R. Puig
Un hombre pensativo paseaba temprano por la orilla, quizás tratando de comunicar con su familia, que probablemente se haya a muchos miles de kilómetros hacia el sur
En la lejanía. Foto R. Puig
De modo parecido a como el mar mañaneaba ayer con estas imágenes, sigamos ayereciendo con otras de la semana pasada, a pocos kilómetros de nuestra playa cuando el sol ya se despedía
Esta vez no era un gato que pensaba en cazar aves, sino un ave que avizoraba peces.
Cormorán al acecho de los peces frente a Las Rotes (Denia). Foto R. Puig
Cerca de allí algunas damas se adentraban en el agua, con timidez y algún escalofrío.
Abluciones en familia, Marineta Casiana (Denia) 23 de octubre 2022, 18:30 horas
Y alguien disfrutaba de la calma que retorna, cuando los calores del verano se están yendo y la tardor avanza (**).
Sesteando. Foto R.Puig
NOTAS
(*) Un soneto de Lope de Vega que oscila entre dos sentidos de mañanear («madrugar habitualmente» en la acepción de la RAE) o mañanar con el sentido que él entonces y Bergamin más tarde le añaden a este verbo, o sea: demorar, aplazar (dar largas al amor en el caso de Lope).
¡Tanto mañana, y nunca ser mañana! Amor se ha vuelto cuervo, o se me antoja. ¿En qué región el sol su carro aloja desta imposible aurora tramontana?
Sígueme inútil la esperanza vana, como nave zorrera o mula coja, porque no me tratara Barbarroja de la manera que me tratas, Juana.
Juntos Amor y yo buscando vamos esta mañana. ¡Oh dulces desvaríos! Siempre mañana, y nunca mañanamos.
Pues si vencer no puedo tus desvíos, sáquente cuervos destos verdes ramos los ojos. Pero no, ¡que son los míos!
de Lope de Vega
..
(**) Tardor : otoño en valenciano (Diccionari Tabarca, 2005)
Los textos y las fotos (R.Puig), salvo mención contraria, son propiedad intelectual del autor del blog, que no se opone a su uso o difusión, pero que pide y agradece que se cite su procedencia mediante enlace con esta fuente o su cita apropiada.
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