Ir directamente al contenido

Il padreTevere se crece

2 diciembre, 2010
tags: ,

Desde mi balcón las aguas del Tíber casi no se perciben, salvo ahora, después de varias semanas de lluvias.


Desde hace días el Tiber ha ido subiendo. El paseo lateral por el que hace apenas tres semanas deambulé para tomar fotos del Ponte Milvio y pergeñar algunos bocetos estaba ya cubierto de agua.

Ayer esta era la perspectiva desde el Puente Cavour, bajo el cual el padre Tíber traza una curva frente al Ara Pacis y por encima del nivel de las calles circundantes, entre ellas la de la Accademia, vía di Ripetta.

En el pasado cuando el río se desbordaba e inundaba esos rioni (barrios) el acontecimiento se achacaba a la voluntad divina, sobre todo si el papa quería indicar que la desgracia era culpa de las tropas garibaldinas que ofendían a Dios tratando de arrebatarle los Estados Pontificios. Hay una placa de piedra en la via della Fontanella Borghese que atestigua el nivel que alcanzaron las aguas para castigar a los que luchaban por la unidad de Italia.

Pero hoy es hoy y los periódicos de la mañana dan la voz de alarma mientras las patrullas de la policía fluvial vigilan con sus lanchas el estado de las aguas (foto Corriere della sera).

El sol luce espléndido pero allá por las montañas no se sabe la que puede estar cayendo, de hecho el Aniene, afluente que desemboca en el Tíber dentro ya de la gran Roma viene también excesivamente crecido (foto Corriere della sera).

Entretanto se van suprimiendo las fuentes tradicionales donde la gente podía saciar su sed sin tener que pagar en beneficio de los distribuidores de botellas de agua mineral. Este es el caso de la estación Termini en donde ayer se producía una manifestación contra esta política (foto Corriere della sera) .

Lejos quedan los tiempos en que los romanos se dotaban con largos acueductos para traer agua a la población, algunos de los cuales fueron luego reconstruidos bajo los papas y después con la República para el suministro del agua potable, como la Fuente de los cien curas, el llamado Fontanone. Denominada también fuente del Acqua Paola, nombre que alude a Paolo V que a principios del siglo XVII mandó reconstruir un acueducto de los tiempos de Trajano, con una longitud de más de 35 kms que venía desde el lago Bracciano al norte de Roma.

El agua transparente de esta fuente contrasta con el color de caffelatte de ese Tíber que amenza con salirse de madre (foto Corriere della sera).

La iglesia del Gesù

30 noviembre, 2010

Lo barroco es una forma de expresarse a través de la creación artística, que se alterna e incluso se entrelaza con lo clásico a lo largo de los siglos y de las culturas, no es sólo una etapa en la historia del arte occidental, aunque se suela entender así. Roma es un lugar privilegiado para acercarse a las obras de la época que llamamos El Barroco.

Un espectáculo de luz y sonido en la iglesia del Gesù …

La iglesia del Gesù, paradigma barroco donde los haya, ofrece todos los días a las cinco y media de la tarde un espectáculo de luz y sonido que incluye, envuelta en música del Seicento, la sucesiva aparición de los distintos capolavori que revisten su interior, desde los basamentos de sus columnas hasta la totalidad de su cúpula y su bóvedas. Los haces de luz revelan progresivamente sus lienzos, esculturas, altares y frescos. El espectáculo es un crescendo. Se van iluminado aislados los distintos elementos hasta llegar a la suma y apoteosis final con la iluminación de toda la iglesia. (Gilbert y Georges habrían adorado trabajar para la obra del Gesù).

El resultado de este espectáculo te va dejando sin aliento en una mezcla de admiración y asfixia. Los fragmentos de misas barrocas cantadas dan paso de vez en cuando a un grave comentario que intenta explicar la conexión de todo eso con la misión y la obra de Ignacio de Loyola. Las palabras no se oyen bien pero en todo caso el comentario espiritual naufraga bajo la escultura en oro y plata de San Ignacio, el fresco de su triunfo celeste, la alegoría en mármol de la Verdad intolerante que apabulla desde su belleza femenina a una horrenda vieja, la yacente y acorralada Herejía, bajo las bóvedas desbordantes de cuerpos arremolinados en el empíreo y, sobre todo, ante la urna que desborda de oros vegetales, donde se guardan los restos del santo.

El espectáculo sorprende y domina al visitante, pero también recuerda que los primeros siglos de la historia de los jesuitas se caracterizan por una permanente oscilación entre la generosidad y el sacrifico y el exceso y la pompa. Como todas las organizaciones creadas para servir a una gran causa la Compañía de Jesús se ha caracterizado por extremas contradicciones. Mientras algunos de sus miembros se dejaban la piel en las reducciones del Paraguay o entraban en diálogo directo y tolerante con Oriente, otros gestionaban la orden como una empresa constructora al servicio del potente movimiento ideológico y propagandístico de la Contrarreforma. La Compañía de Jesús, nombre que Ignacio de Loyola le da como metáfora militar, adquirió con los años el sentido empresarial de la misma palabra.

La iglesia del Gesù en Roma no es sólo un testimonio soberbio de la borrachera barroca y un portento de virtuosismo dentro de aquel momento de la historia del arte occidental, es también una más entre las operaciones de marketing de la Contrarreforma, fruto de relevantes mecenazgos de ricos cardenales, cuyo dinero venía del sudor de miles de frentes. En aquellos tiempos conciliar voto de obediencia al Papa con voto de pobreza era la cuadratura del círculo. Hoy parece que lo es también conciliar esa obediencia con la libertad de la inteligencia evangélica.

Los jesuitas de Roma se contagiaron de la tradición ostentosa de los papas y el Gesù, al tiempo que una obra de arte, o una acumulación de ellas, es también un ejemplo de cómo la obediencia al Papa perinde ac cadaver (como un cuerpo muerto) ha sido la peor rémora de la orden. En ella han destacado muchos hombres excepcionales, pero a su servicio también se distinguieron  perseguidores intolerantes de herejes, como Simón Rodríguez (uno de los primeros compañero de Ignacio de Loyola), Bellarmino, Canisio, etc. y otros sulfurosos seguidores de la ortodoxia.  Comentaba Albert Camus, parafraseando a Stendhal,  (éste aludía no sin chauvinismo a los alemanes) que a ciertos colectivos la meditación no les calma sino que les exalta. Para algunos teólogos ilustres parece que los ejercicios espirituales operaban como una fuente de agresividad espiritual que acababa llevando a los herejes a la mazmorra, al potro o a la pira.

… y el símbolo de una metamorfosis

La contrarreforma devoró el proyecto ascético de Ignacio de Loyola y puso de relieve la imposibilidad de conciliar pobreza y obediencia a los papas. El movimiento creativo y constructor del Renacimiento romano, financiado en buena parte por dineros pontificios ganados con guerras y gabelas, y su aparente serenidad apolínea se resquebrajaron por sus costuras con el Barroco, dejando al descubierto las vísceras pasionales de los teólogos a la greña transformadas en piedra y en pan de oro.  La sotana de paño negro del soldado convertido a la ascesis cristiana se volvió una casulla de oro y plata y sus huesos acabaron encerrados bajos las volutas del oropel de su sepulcro.

La arquitectura ornamentada y cubierta de frescos, pinturas y tallas hasta los más íntimos rincones del Gesù es una expresión surrealista avant la lettre, pero aquí no es el subconsciente que aflora sino el interior orgánico del cuerpo místico, sus intestinos y sus vísceras, en un totum revolutum, un orgasmo de creatividad desbocada, el “fascinans et tremendum” de una apoteosis tridentina.

Los cielos del barroco en donde San Ignacio triunfa no son empíreos de calma sino tormentosos lugares donde paños, nubes y cuerpos se arremolinan vigilando una tierra en donde los cristianos se dan la muerte por abstractas cuestiones teológicas y los papas vigilan, no sólo para que los diezmos y primicias junto con las limosnas de las indulgencias y de la bula de la Santa Cruzada se acumulen, sino para que el dogma se mantenga en su inextricable floresta bajo la cual se asfixia el evangelio.

Las esculturas que flanquean el altar de San Ignacio en el Gesù son expresiones de rabia y violencia en donde la herejía asume los rasgos de anime dannate destinadas al infierno y a sufrir bajo los golpes de la cruz que una Verdad intransigente blande, voraz metáfora de Belarminos y Canisios, martilllos de herejes y canes vigilantes de la ortodoxia. Esta iglesia es más que un cuerpo decorticado, es un organismo que deja al descubierto sus haces nerviosos, sus masas intestinales, sus linfas, sus arterias y sus venas, en una danza desbocada de teología, lujo y creación barrocas. Lo que quiso ser una invitación al cielo es un conjunto de un aplastante peso fisiológico y terrestre. Lo que quiere alzarse no hace sino atraparnos en un bosque de símbolos y fórmulas.

En definitiva, frente al espectáculo de luz y sonido en la Iglesia del Gesù se puede experimentar durante un largo rato la fascinación por el frenesí de lo barroco, mientras los asistentes vuelven la mirada en todas direcciones sin saber dónde posarla, pero algunos al mismo tiempo nos preguntamos (como ya hace años en el mismo templo) por cuáles laberintos de deformación y contagio pudo la idea del soldado ascético evolucionar hasta dejar atrapados sus restos en este orgasmo de oro, plata y turbulencias.

Caminando por Roma

26 noviembre, 2010

Este blog comienza hoy en son de paseo para compartir algunos hallazgos de tantos como aguardan por las calles de Roma. El centro es un rosario de tiendas, especialmente de moda, muchas de las cuales rivalizan en el montaje y ornamento de sus vitrinas con riesgo de marear al caminante.

No obstante, es en las vetustas calles secundarias donde, mientras evitas las trampas del adoquinado y los charcos abundantes de estas semanas de lluvia, salta la sorpresa aislada.

Por ejemplo una hornacina, que puede que hace siglos sirviese para mostrar una escultura renacentista o venerar algún santo, se convierte en la ocasión de admirar una diosa de plástico vestida por algún modista romano.

Una tienda de bastones no muy lejos de la escena anterior parece una reunión de los animales de la granja de Orwell.

Un muro de una callejuela sirve para que un graffitero, remedando a Leonardo da Vinci y emulando a Bansky (¿o no habrá sido Bansky mismo?),  deje sobre el muro el homenaje a su abuela, la Nonna Lisa.

 

La vitrina de una tienda en la calle de Santa María dell’Anima,  justo a la espalda de la iglesia de Santa Agnese in Agone en Plaza Navona, tiene como protagonista a una especie de bacante plástica vestida de Santa Claus, no muy acorde con la leyenda de la santa, titular de la iglesia de la que hablaremos ahora. Pues Piazza Navona está presidida por Santa Inés desde lo alto de su templo.

La iglesia de Santa Agnese in Agone y la violencia contra las mujeres

Fue ayer, 25 de noviembre, casualmente el día internacional contra la violencia machista, cuando, al atravesar plaza Navona decidí entrar  en esa iglesia. Lo de agone no quiere decir que la iglesia se dedique a Santa Inés en agonía, como quieren traducir algunos, sino porque está situada en el lugar del Circo Agonale, al cual fue arrastrada para ser ejecutada, cuenta la leyenda que a causa de su negativa a aceptar por marido al hijo del Prefecto de Roma que era su celoso pretendiente.

Un legendario episodio de violencia machista, agravado por un atentado contra la libertad religiosa, pues se le hizo chantaje por su condición de cristiana. También se puede considerar como un caso de tráfico de mujeres (el día internacional contra esa lacra es el 23 de setiembre), pues se la encerró a la fuerza en un prostíbulo para que perdiese la virginidad y así poder ser decapitada. A las vírgenes en Roma no se las podía ejecutar así que primero tenía que ser violada. Son historias que siguen siendo actuales para centenares de miles de mujeres.    El «Mercado» del que tanto se habla en este tiempo de crisis se compone en realidad  de muchos mercados, de los cuales no es el menor el del tráfico de mujeres (cientos de miles sólo en Europa) obligadas o abocadas a la prostitución.

En tal tesitura levanta ampollas la reciente y extravagante concesión de Ratzinger al uso del preservativo como una forma de responsabilizar a las prostitutas. ¿En atención al cliente o por su propia profilaxis? Es un sarcasmo que, ante la tragedia de esos centenares de miles de mujeres víctimas de la trata, para una vez que Benedicto XVI alude a la prostitución lo haya hecho con tan inadmisible ligereza. Ya que de magisterio pontificio hablamos y nos hemos referido a Orwell mi foto final, sin poder evitarlo, me trae por caso a la mente la música de Camille Saint-Saëns

Algo sobre la embajada de España ante la Santa Sede

23 noviembre, 2010

Si es que el azar cotidiano pretende sugerirnos algo, en este caso a mí me anima a contaros dos historias sobre la Embajada de España ante la Santa Sede, ya que en pocos días he tropezado con dos informaciones que se refieren a ‘nuestro’ palacio de la Piazza di Spagna en Roma, lugar de celebración solemne el día de la Inmaculada con nuestro embajador y con Benedicto XVI que la preside (como atestigua una foto publicada en el blog del Sr. De la Campa)

Vicisitudes inmobiliarias del Palazzo

En mi empeño de saber algo más sobre el trabajo de Pierre Henri de Valenciennes, y hojeando los volúmenes del 2003 del Burlington Magazine (magnífica revista mensual de crítica del Arte, aunque de prohibitiva suscripción) he caído sobre una reseña del libro de Alessandra Anselmi  Il palazzo dell’Ambasciata di Spagna presso la Santa Sede (Roma, De Luca, 2001). La recensión nos aporta entre otras cosas  algunos datos interesantes sobre ese palacio que espero poder visitar. No es pues una de esas reseñas para vender el libro de una editorial amiga o de un autor que te cae simpático, pero que dejan al lector sin saber de qué va la cosa realmente y si merece la pena conseguir la obra.

El libro de Alessandra Anselmi cuenta que el edificio lo compró el embajador español, conde de Oñate, de su propio bolsillo, quien encargó a Francesco Borromini que se lo reacondicionase a su gusto. Como el citado conde aspiraba a más, anduvo insinuándose (suponemos que a base de rumbosidades) al papa Inocencio X (sí, el mismo del retrato de Velazquez y del meta-retrato de Francis Bacon) para que le hiciese cardenal.

Cuando parecía que Inocencio X le iba a dar el capelo cardenalicio al buen conde, Felipe IV se opuso y lo envió de Virrey a Nápoles en 1648 (hoy en día hubiera tenido la dura tarea de reciclar 30.000 toneladas de basuras que yacen sobre las calles de la capital y de otras ciudades de la Campania), no sin que antes la Corona le volviese a comprar el palacio. No sé si el libro habla de alguna jugosa plusvalía, pero es posible que este tipo de compra y reventa privada por parte de un personaje público, que al cabo de un tiempo revende la propiedad al Estado que le da empleo, no lo hayan inventado después de todo nuestros administradores locales del siglo XX.

A vueltas con la pena de (buena o mala) muerte

El otro signo me lo ha dado ayer en su clase el profesor de Anatomía Artística, que me ha corroborado en la impresión de que durante el Barroco los nobles españoles estaban muy bien colocados en la Santa Sede. Recuerda en su libro Sotto pelle (Marco Bussagli, Roma, Ed.Medusa, 2003) la historia y el sentido dos bustos de Gianlorenzo Bernini que representan uno la felicidad de los bienaventurados en el cielo, el otro el tormento de los condenados en el infierno, es decir los célebres bustos del Anima beata y de su opuesto, el Anima dannata, que están en la embajada de España. Es conocido quién fue su comanditario.

La historia de estos dos bustos es que en aquella época el Subsecretario de la Justicia del Vaticano, es decir el Refrendario per le due segnature, adjunto al Ministro, que era a la sazón el cardinal Maffeo Barberini (futuro Urbano VIII), era un moseñor español, en concreto Pedro Foix de Montoya, cuyo busto pensativo en altorrelieve esculpió Bernini para su cenotafio en la iglesia de Santa María in Monserrato.

Don Pedro tenía, entre otros cometidos, el de decidir sobre el otorgamiento o denegación de gracia a los condenados a muerte que parece no eran pocos en los Estados Pontificios.  Pues bien, para decidir en materia tan delicada, el pío funcionario tenía que meditar a menudo sobre un viejo tema de los manuales de interpretación católica de la “ley natural”, es decir sobre el derecho a la vida (tan traído y tan llevado en algunas manifestaciones en nuestro país). En este caso para no pocos desgraciados y criminales se trataba del derecho de vivir o de la obligación de ser muertos por sentencia de la justicia papal.

Para ayudarse en sus cavilaciones al sesudo Don Pedro no le bastaba con las conocidas “reglas para el discernimiento de espíritus” de San Ignacio de Loyola, así que, buen conocedor de la iconografía de  la “buena muerte” y de la “mala muerte” en la imaginería de la Contrarreforma, encargó a Bernini que, bajo su atenta supervisión, esculpiera los dos famosos bustos: el Anima beata (ver supra), angelical y femenina, y el Anima dannata (ver infra), luciferina, corruscante y masculina (dicen que autorretrato de Bernini mismo).

.

Al parecer Don Pedro se encerraba a solas con los dos bustos antes de decidir si otorgaba o denegaba la gracia. Parece que entablaba un meditativo ménage à trois con estas dos efigies barrocas. ¿Se susurrarían algo? ¿Se rifarían a los ajusticiables?

¿Estáis quizás ya viendo como ese Don Pedro, que tan caviloso se asoma de su cenotafio, medita profundamente, se dirige al despacho de su jefe, el futuro Urbano VIII, y con un gesto del pulgar transmite en silencio su determinante consejo?

Por las bibliotecas de Roma

21 noviembre, 2010

En el Palazzo Venezia hay un tesoro escondido, la Biblioteca (Nazionale) di Archeologia e Storia dell’Arte (BiAS) fundada en 1875  (Piazza Venezia, 3). Entré a buscar algunos datos bibliográficos y salí con mi flamante carnet de usuario. Lejos quedan los tiempos (al menos es de esperar) en que Mussolini tenía en ese edificio su cuartel general y se asomaba, echando pecho y alzando el mentón, al balcón que está sobre la puerta, por donde hoy se entra a la BiAS, para arengar a las multitudes.      (http://www.archeologica.librari.beniculturali.it/)

Sus anaqueles de dos pisos rodean las recoletas salas de lectura. El personal es de una extremada amabilidad. Es muy competente y disponible la ayuda para las búsquedas bibliográficas, no sólo en sus fondos sino en los de otras bibliotecas. Este fue el caso de algunos libros sobre Pierre Henri de Valenciennes que en Roma se encuentran en la Biblioteca Hertziana y que la Signora Elena Lodovica Petrina me ayudó a encontrar. Con su consejo y una carta de presentación de la Vicedecana de mi Facultad de Bellas Artes de Altea, Tatiana Sentamans, me dirigí  después a ese santuario de la Historia del Arte…

La Bibliotheca Hertziana en via Gregoriana

Fundada en 1913 sobre la base de los fondos donados por Henriette Herz y gestionada hoy en día por el Instituto Max Planck para el estudio de la Historia del Arte italiano, la Bibliotheca Hertziana normalmente se reserva a investigadores licenciados.   (http://www.biblhertz.it/default.htm)

Es una de las mejores bibliotecas de Europa en su género.La sede central está en vía Gregoriana, junto a la Trinitá dei Monti. Sus catálogos se pueden consultar online y están también disponibles en el catálogo colectivo de Historia del Arte de bibliotecas de Roma, Munich y Florencia.     (http://www.kubikat.org/index.it.htm)

Puerta principal desde su interior

La reestructuración en curso del edificio de la Hertziana implica que sus fondos se consultan transitoriamente en los locales de la Biblioteca de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna (GNAM). Una vez obtenido el carnet de la Hertziana en su la sede central, me dirigí a la sala de consulta al costado de la fachada de la GNAM. De nuevo sólo tengo elogios para el personal de la sede central y los asistentes de la apacible sala de lectura, tanto de la Hertziana como de la biblioteca de la GNAM, cuya puerta de entrada se ve en la imagen siguiente.

La Galería Nacional de Arte Moderno

Creo que es lamentable que la Guía de Roma de EL PAIS AGUILAR despache este museo nacional con dos líneas (“modesta colección de pinturas de los siglos XIX y XX”), menos que las que dedica a la tienda de alimentos Fratelli Fabbri. Los expertos  ingleses que han hecho la guía sabrán por qué.

Otro día volveremos sobre estos asuntos, pero en cualquier caso no está de más echar un vistazo a la página web  de la Galería Nacional de Arte Moderno: http://www.gnam.beniculturali.it/.

En estos momentos se presenta en ella una extensa exposición antológica del grupo CoBrA, con especial énfasis en la estancia en Italia de  miembros destacados del movimiento e influencias y relaciones mutuas con artistas italianos contemporáneos.

Las bibliotecas municipales

Por último, para quien quiera pasar una temporada en Roma y se interese por libros italianos sobre todos los temas (el arte incluido), aunque no faltan las secciones en otras lenguas, la red de bibliotecas municipales generales y especializadas y sus centros asociados le ofrecen un magnífico servicio de lectura en sala y de préstamos de libros o material audiovisual. (http://www.bibliotechediroma.it/)

Siempre hay una cerca. En mi zona he encontrado un excelente libro sobre la historia de la percepción del paisaje en Italia que ni siquiera tenían en las bibliotecas antes citadas. ¡Y además en préstamo! Se trata de “Le belle contrade” (las hemosas comarcas) de Piero Camporesi (Garzanti, 1992). Si no se ha hecho, no estaría mal  que lo editasen en español. De nuevo la atención bibliográfica y el servicio en estas bibliotecas municipales destaca por su amabilidad y competencia.

En definitiva, la bulimia bibliómana es peligrosa en Roma, se empieza con algún carnet de usuario de bibliotecas y no se sabe con cuántos se acaba…

Gianicolo

17 noviembre, 2010

Comenzamos esta crónica con el busto de un bigotudo combatiente garibaldino, de los que hay decenas sobre el Gianícolo. Los que murieron allí en 1849 ilustran una especie de regla de la historia, o al menos de algo que se ha repetido ya varias veces: las revoluciones alientan el espíritu revolucionario allende sus fronteras, pero, cuando ese impulso empieza a convertirse en movimiento libertario, lo que suele ocurrir es que en la casa madre se ha restaurado el despotismo y a los revolucionarios como Garibaldi se le ponen las cosas cuesta arriba o, con más precisión, cuesta abajo, porque los que subían por la vía Aurelia para defender los Estados Pontificios eran esos mismos franceses que habían inspirado sus ideales de libertad.

A Garibaldi le tocó escapar cuesta abajo y en retirada ante el asalto final de las tropas imperiales, acompañado por su mujer Anita en avanzado estado de gestación, no sin haber ofrecido una feroz resistencia que sembró la colina del Gianicolo de garibaldinos muertos. En la estatua, bajo la cual yacen sus cenizas, la audaz brasileña, mujer de Garibaldi, está representada a caballo, pistola en mano y con un niño en brazos. En realidad debería sustituirse el bebé por un vientre de embarazada.

Si se asciende con el coche al Gianícolo, para disfrutar de la vastisima visión de Roma , conviene hacerlo en fin de semana para aparcar arriba sin problema y luego, descendiendo por la via Garibaldi, detenerse acaso  frente a la Academia de España, en la acera del osario de los combatientes de la citada batalla entre el ejército de Garibaldi y las fuerzas franco-papistas (lo cual se demuestra en la instantánea de mi bólido aparcado holgadamente delante del Mausoleo).

Por cierto que la loba romana del mausoleo parece estar muy molesta con Rómulo y Remo, esos dos mamones que cuelgan insaciables de sus ubres. El gesto de su boca es sumamente expresivo de la mastitis que le están causando.

Del otro lado de la calle está la Academia de España, que gracias a históricas intervenciones de los Reyes Católicos y de Carlos V está cómo y dónde está, para disfrute de los afortunados becarios que en ella se alojen.

No sólo tiene un magnífico emplazamiento, sino también incluye en su recinto la iglesia de San Pietro in Montorio, el templete de Bramante y unos jardines privilegiados, amén de un edificio posterior que, si no me equivoco parece la residencia del embajador, frente por frente con la magnífica y refrescante Fuente de Acqua Paola.

Pero el emplazamiento más sorprendente y privilegiado es el de la embajada de Finlandia ante la Santa Sede, en la parte alta de la colina junto a la estatua de Anita Garibaldi. Seguramente los católicos de aquel país estarán satisfechos de tener un embajador en permanente estado de éxtasis frente al panorama que se le ofrece a través de las grandes vidrieras de ese magnífico palacio renacentista, varias veces centenario.

Ponte dei lucchetti

14 noviembre, 2010

El pasado día 7 hablaba del Ponte Milvio y prometía explicar el porqué de que también se le llame Il ponte dei Lucchetti. No dejemos pasar más tiempo sin satisfacer la curiosidad que ello hubiera podido suscitar.

Un lucchetto es un candado, así que el puente Milvio es también el puente de los candados. Hace ya unas décadas las parejas de enamorados comenzaron una práctica, ahora convertida en tradición: simbolizar la solidez y la perdurabilidad de su amor mediante un candado con la fecha y sus iniciales. El luccheto secierra en torno a las antiguas barras que existen en el puente a modo de parapetos de protección o con cualquier otro sistema, como por ejemplo cadenas de moto alrededor de las farolas.

En realidad, parece que esta moda se inventó en China y luego pasó a Europa por Hungría y a Italia por Merano y Florencia (Ponte Vecchio), para consolidarse en Roma en el ponte Milvio. Hace tres años se produjo el robo de los candados que rodeaban cual guirnaldas de hierro unas de las farolas. El asalto de los cacos hizo caer la farola, aunque luego fue restaurada e incluso se recuperó el botín. Con tal motivo algunos creativos lanzaron un ponte dei lucchetti virtual, que permite cumplir con el ritual sin salir de casa: http://www.lucchettipontemilvio.com/home/index.php

Como es fácil imaginar, esta práctica romántica exige que la llave se arroje a las aguas del Tíber, de modo que el candado no se pueda volver a abrir, convirtiéndose así en símbolo de un amor indisoluble. Lo que no obsta para que los innumerables candados acoplados al puente se vayan oxidando lenta y fatalmente. Los optimistas verán en ello la solera del amor añejo, los pesimistas el progresivo aburrimiento de esos matrimonios que nuestro Forges amablemente fustiga en algunas de sus viñetas,

No sabemos si cuando algunas de estas parejas, ya oxidado su vínculo, se divorcian, vienen con una cizalla, buscan afanosamente su candado y lo rompen, para que sus restos vayan a reunirse con la llave que años antes arrojaron desde el puente.

La Accademia di Belle Arti de Roma

11 noviembre, 2010
Patio de la Accademia di Belle Arti. Roma. Foto R.Puig

Patio de la Accademia di Belle Arti. Roma. Foto R.Puig

La via di Ripetta, en cuyo número 222 se sitúa desde el siglo XIX  la Academia de Bellas Artes de Roma (desarrollo de la Accademia di San Luca nacida en el siglo XVI), es una larga calle que desciende desde la Piazza del Popolo, paralela y ligeramente divergente de Via del Corso y a poca distancia de la Plaza de España.

Museo del Ara Pacis. Roma. Foto La Stampa

Museo del Ara Pacis. Roma. Foto La Stampa

Junto a la Academia, mirando al Tíber, está el Ara Pacis de Augusto, gran altar esculpido por sus cuatro costados, que exalta la paz octaviana y narra las glorias de Roma, visible desde la calles a través de los grandes ventanales del edificio moderno de Richard Meier que protege desde hace pocos años el monumento.

 

Ara Pacis. Roma. Foto R.Puig.

Ara Pacis. Roma. Foto R.Puig.

El gran caserón de la Accademia, flanqueado por un gran patio semicircular con palmeras, es desde los últimos días de octubre un hervidero de profesores y alumnos (unos mil seiscientos este año), que suben y bajan por las escalinatas de mármol entre los cuatro pisos del edificio, ornamentados por calcos decimonónicos de esculturas clásicas, tan patinados por el polvo del tiempo que pudieran pasar por reproducciones de muchos siglos atrás.

 

La Accademia di Belle Arti desde Via Ripetta. Foto R.Puig.

La Accademia di Belle Arti desde Via Ripetta. Foto R.Puig.

 

Desde las ventanas de los pisos superiores se divisan los tejados y cúpulas adyacentes y las fachadas de la vía di Ripetta con el tradicional color terracota de muchos edificios romanos.

 

La Via Ripetta desde las ventanas de la Accademia. Foto R.Puig.

La Via Ripetta desde las ventanas de la Accademia. Foto R.Puig.

Los medios materiales y los espacios se han ido quedando vetustos para tantos alumnos y para las nuevas especialidades, la organización administrativa se ve desbordada, pero la calidad del profesorado compensa. El alumnado de todos los continentes muestra el mismo entusiasmo que si contase con instalaciones ultramodernas. Al parecer una sede complementaria está en proceso de puesta en marcha, dicen que para el segundo semestre, en la zona universitaria de Roma. A los que venimos de los estupendos espacios de los talleres de la Facultad de Bellas Artes de Altea las aulas de la Accademia nos exigen un esfuerzo ascético no exento de espíritu romántico. Por aquí se respira aún el aire de la bohemia de finales del siglo XIX y principios del XX.

 

En el aula de Anatomía Artística. Foto R.Puig.

En el aula de Anatomía Artística. Foto R.Puig.

Los recursos de las tecnologías de la información no se han apenas  integrado en la docencia en este viejo palazzo, aunque las especialidades que precisan de medios digitales ya se imparten desde hace dos años. Hay un aula multimedia con diez o doce ordenadores, muy lejos de nuestras aulas de ordenadores y de los espacios Wi-Fi de la Universidad Miguel Hernández. Lo que resulta impagable es que basta salir a la calle para que, bien en dirección a la Trinitá dei Monti, bien al Tiber aledaño, o hacia el Panteón, la Plaza Navona, Piazza Venecia o el Foro, el cuaderno de bocetos se empiece a llenar con líneas,colores, ideas, figuras y luces. Por el lado de los recursos bibliográficos aunque la biblioteca de la Accademia brille por su ausencia, las otras bibliotecas disponibles en Roma son muy accesibles y de una gran riqueza para el estudio del arte. De alguna hablaremos más tarde.

 

Escaleras de la Accademia. Foto R.Puig.

Escaleras de la Accademia. Foto R.Puig.

Durante la última semana de octubre y las dos primeras semanas de noviembre los profesores, en repetidas sesiones, presentan cada uno su programa a los alumnos , en una especie de mercado interno de oferta y demanda para conseguir suficientes inscritos a su curso. El estudiante puede comparar y elegir entre, por ejemplo, catorce profesores diferentes de Anatomía Artística, doce de Dibujo, diez de Decoración, etc.  En estas introducciones se explican las formas de trabajar, los objetivos, las salidas para dibujar en los museos, los viajes de estudio, los workshops externos con los cuales se va a colaborar, los proyectos especiales de la asignatura, etc. Puedo decir que, hasta ahora, todas las exposiciones me han parecido de un gran nivel de contenido y de expresión y que no ha sido fácil elegir. A partir de la semana del 15 de noviembre toca arremangarse y ponerse a trabajar.

La Roma marcada

10 noviembre, 2010


Estadio olimpico. Roma. Foto R.Puig

Estadio olimpico. Roma. Foto R.Puig

A Mussolini lo colgaron ya muerto, cabeza abajo, junto a su amante, Chiara Petacci, en una plaza de Milán. Otros déspotas acabaron también de forma violenta a lo largo de la historia italiana, aunque ahora no se les rememore como déspotas sino como emperadores de la Roma clásica. Sus desmanes no se recuerdan cuando el turista se extasía ante sus arcos de triunfo, sus anfiteatros y estadios y las inscripciones en piedra de sus epopeyas. Por sólo hablar del Imperio Romano, pues las ciudades estado del Renacimiento y los Estados Pontificios cuentan de igual modo con una ilustre ración de crueles tiranos y papas belicosos. Lo que ocurre que sobre ellos ha caído más abundante el polvo de los siglos y de las obras de arte que al viajero se le ofrecen no trasciende ya el dolor y la sangre de los oprimidos, sólo queda la terca presencia de las piedras, bronces y mosaicos que a costa de ellos se erigieron.

Por lo que respecta a Mussolini (él mismo, como las obras que hizo construir, una especie de pastiche de la Roma imperial), si se quisieran borrar las huellas del Duce de los muros, los puentes y otras obras romanas, habría que emprender una enorme tarea de demolición. No se trata sólo de las leyendas que relatan las “hazañas bélicas” del Fascio en el este de África, fruto de un cruel sueño enfermizo de imperio colonial o de las escenas en bajorrelieve exaltando la raza itálica en las monumentales construcciones olímpicas (con fornidos atletas cortados todos por el mismo patrón y ergonomicamente erróneos), sino de los mismos edificios de vecinos (obra por otro lado de muchos competentes arquitectos y escultores a quien les tocó trabajar en aquella época amarga) que siguen recordando al Dux en los mosaicos de sus fachadas, en inscripciones esculpidas en latín o en sus bajorrelieves idílicos.

Fachada piazza Augusto Imperatore. Roma. Foto R. Puig

Fachada piazza Augusto Imperatore. Roma. Foto R. Puig

En resumidas cuentas, se podría recorrer Roma simplemente estudiando cómo aquel dictador, racista, violento y rijoso (al respecto acaban de publicarse unos elocuentes diarios de Chiara Petacci) del que se burlaría Chaplin en su conocida parodia sobre Hitler, fue marcando con su nombre y su incontinente soberbia esta fascinante urbe. Ironías de la historia: cuando pocos recuerden a Charlot, muchos podrán seguir observando junto a los vestigios de la Roma clásica los otros restos, los que quiso ir deponiendo, como marcas en su territorio y para ser recordado, aquel remedo de emperador que pretendió ser il Duce.

Bajorrelieves mussolinianos. Piazza Augusto Imperatore. Roma. Foto R.Puig.

Bajorrelieves mussolinianos. Piazza Augusto Imperatore. Roma. Foto R.Puig.

No obstante, a pesar de la alarma que ello suscita en movimientos como «Il Fronte Romano Riscatto Popolare», los mosaicos que Mussolini dejó para que se le recordase en el Foro Itálico van desapareciendo bajo las pisadas de los tifosi que en los días de partido se dirigen hacia el estadio olímpico.

Mosaicos fascistas. Estadio olimpico. Roma.Foto R.Puig.

Mosaicos fascistas. Estadio olimpico. Roma.Foto R.Puig.

El agua, la intemperie y los espontáneos que arrancan las teselas, van poco a poco desmontando los gritos de Duce! Duce! Duce! que aún quedan en esa zona de Roma como muestra del mal gusto del fascismo.

En honor del Duce. Mosaicos fascistas. Estadio olimpico. Roma.Foto R.Puig.

En honor del Duce. Mosaicos fascistas. Estadio olimpico. Roma.Foto R.Puig.

Pierre Henri de Valenciennes

8 noviembre, 2010

Roma ha fascinado a muchos pintores. Entre ellos hay un francés que en el siglo XVIII pasó varios años en la ciudad y pintó sus cielos y sus alrededores, justo por la misma época en que Goethe viajaba por Italia. La mayoría de sus cuadros con paisajes de Italia están en el Louvre y no pocos, casi innacesibles en colecciones privadas, con la excepción de su obra más famosa (aunque para mí no la más cercana al gusto de hoy), «Capricho de Roma con el final de una maratón», de 1788  que está en el San Francisco Museum of Fine Arts.

Pero curiosamente no he logrado todavía encontrar un libro monográfico dedicada a Pierre Henri de Valenciennes (nota del día 20/11/2010: lo que ya está en proceso de subsanarse).

Capricho de Roma con el final de una maratón, 1788

El interés que puede despertar este artista en quien, como decíamos ayer,  llega a Roma a la búsqueda de sus cielos, su luz, los edificios comunes y centenarios que pueblan la campiña del Lazio alrededor de Roma  es que su obra sigue presentando una gran frescura, como si hubiera sido pintada en nuestro tiempo.

Granjas cerca de Villa Farnese, 1785

Vaquería y casas en la colina del Palatino, 1785

Y los cielos de Roma, claro está, siguen apareciendo sobre nosotros cada día, tal como los pintara Pierre Henri de Valenciennes,  invitándonos a subir a sus colinas, a pasear por sus viali y a adentrarnos por la campiña romana.

Amanecer desde el Gianicolo, 1782-4 (National Gallery, London, Gere Collection)

Subir al Gianicolo es acercarse a la Academia de España y disfrutar de una de las vistas más recomendadas de Roma.