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Técnicas de la Pintura en la Accademia di Belle Arti de Roma

27 marzo, 2011

En estos tiempos de performances, instalaciones y ready-made (tiempos que duran ya varias décadas) frecuentar las clases de Tecniche Pittoriche es un solaz y una exigencia, un placer y un esfuerzo gratificante.

http://www.accademiabelleartiroma.it/didattica/docenti/bondi.aspx

Al menos por lo que se refiere a las clases del profesor Moreno Bondi en la Accademia di Belle Arti de Roma ( http://www.morenobondi.it/ )

Son clases interactivas, con diálogo profesor alumno y un proceso en el que se  experimentan dos elementos complementarios: la adquisición de un método de trabajo exigente que combine el rigor proyectual con la creatividad y la comprensión de los materiales;  y las habilidades necesarios para una expresión pictórica de calidad.

Presento aquí brevemente la forma en que se trabaja en Técnicas de la Pintura, ilustrándola con imágenes del desarrollo del proyecto que he llevado a cabo durante el pasado cuatrimestre en esta asignatura.

Todo lo que se explica se muestra y se practica, por el profesor en primer lugar y por los alumnos a continuación: conocimiento y selección del soporte, de los tipos, calidades y preparación inicial de telas, de los pinceles, pigmentos, medios (diluentes y trementina, aceites, varnices, etc.) para témpera, acrílico y óleo. Así como el proceso pictórico y los tratamientos intermedios de las diferentes capas en el paso desde el acrílico al óleo y a sus acabados.

Estos aspectos materiales se insertan en la experimentación de un método de proyecto, a partir de las diferentes imágenes de la idea naciente del cuadro (pergeños a lápiz, carboncillo, acuarela, fotos, collages de material vario, etc.), que se recogen sobre láminas de 50×70 cm y se discuten con el profesor para decidir la línea más prometedora, con gran libertad de temas y estilos personales.

En estas discusiones se tratan ejemplos de maestros de la pintura, con explicaciones sobre las varias técnicas adoptadas por ellos, por ejemplo: los pintores del siglo XV italiano, Caravaggio, etc., así como la evolución técnica de los materiales hasta nuestros días.

A partir de la tormenta de ideas personal en torno a las propias imágenes  y en el contexto colectivo de la clase, en la que se revisan todos los proyectos, el alumno realiza un boceto o prueba parcial.

Boceto o prueba para «Noche de lluvia en Piazza Cavour»

Este se discute de nuevo y en la fase final del curso cuatrimestral se organiza el taller.

Se ha de pintar sobre una tela de calidad media superior, de un metro cuadrado como mínimo. Los proyectos individuales se ejecutan al unísono en varias sesiones, según un riguroso cronograma, ‘bajo la estricta batuta’ del docente, aplicando lo que se ha demostrado durante las sesiones de técnica. Punto de partida es el boceto en tamaño reducido. La tela se prepara con gesso y un color acrílico de base. Se ejecuta la primera fase del cuadro en acrílico.

Luego se trata la superficie del cuadro con una composición de trementina y varniz (50/50)  que evapora rápido.

A continuación se pasa al trabajo de acabado en óleo, utilizado un medio (excluida la sola trementina) que aumentará sus componentes grasas a medida que se van superponiendo capas.

En mi caso, el cuadro final es «Noche de lluvia en Piazza Cavour», 110×90 cm)

Todo el proceso se ha desarrollado bajo la cercana supervisión y crítica del profesor y el diálogo individualizado y colectivo. No se excluye la elección por un alumno de una técnica particular de las otras explicadas en el curso (hay quien ha ejecutado su proyecto en témpera grasa sobre madera componiendo la materia pictórica con sus propios pigmentos).

En la clase de técnicas de pintura

Este es muy sucintamente el contenido de estas clases. El interés de las mismas lo demuestran sus más de cien alumnos inscritos este año, distribuidos en tres sesiones semanales de cinco horas (jueves, viernes y sábados). Hay que añadir que, además del cuadro ejecutado en todas sus etapas durante el cuatrimestre que acabó al final de febrero, al examen de junio hay que llegar con tres proyectos más acabados, en cuadros de al menos un metro cuadrado y un gran cuadro de mayor dimensión. Este es al menos el objetivo para el que quiera trabajar a tope. En el examen se deberán explicar las etapasseguidas hasta la ejecución final de cada uno de esos cuadros.

De águilas y humanos

23 marzo, 2011

El águila del fascismo sobre el Ponte Flaminio en Roma

En estos tiempos en que discutimos si son galgos o son podencos (ya me entendéis) la imagen de las águilas mussolinianas sobre el Ponte Flaminio me han recordado unos textos alegóricos de Erasmo que traduje y edité hace algunos años. Por favor, que no se enojen los protectores del águila real, pues se trata de una alegoría erasmiana contra la crueldad del poder despótico, en gran parte inspirada en descripciones de Plinio (Historia natural) y en Aristóteles (Historia de los animales). El aspecto en el que incide el comentario de Erasmo al antiguo adagio Scarabeus aquilam quaerit (El escarabajo acecha al águila) es la extraña preferencia del poder por el símbolo del águila, en lo que coinciden tanto las dictaduras como las democracias, los rebeldes como los represores.

¿En la batalla esópica entre los tenaces y jóvenes escarabajos y las vetustas rapaces llegarán los primeros a liberar sus atormentadas sociedades o volverán las oscuras águilas a adueñarse de cuerpos y almas?

El águila de los viejos amigos, el de oscuro es falangista (Serrano Suñer) y el de las gafitas os dejo adivinarlo…

Ahora os dejo con Erasmo:

…aunque se mencionen seis clases de águilas, todas tienen en común que tanto su pico como sus garras son violentamente curvos; de modo que por la misma disposición de su cuerpo se pueda comprender que se trata de un ave carnívora, enemiga de la tranquilidad y de la paz, nacida para la lucha, la rapiña y la depredación. Y como si no bastase con ser carnívoras, las hay que se llaman –y lo son– quebrantahuesos.


…pongamos que un fisionomista no del todo inepto observe con detenimiento el rostro y el pico del águila: ojos ávidos y perversos, rictus amenazador, cuencas oculares truculentas, frente torva y, finalmente, el perfil ganchudo que Ciro, rey de los Persas encontraba tan atractivo en un príncipe ¿no reconocerá inmediatamente la imagen magnífica de la realeza, desbordante de majestad? A ello se añade un color de por sí funesto, tétrico y de mal augurio, de sombría y sucia negrura. Por eso a lo que es sombrío y tirando a negro lo llamamos aquilus. Viene a continuación esa voz desagradable, terrible, descorazonadora y aquel grito, entre amenazador y lastimero, que estremece a todos los seres vivientes. Se trata de una señal que reconocerá enseguida, aunque se emita entre bromas, todo el que haya experimentado, o simplemente observado, lo temibles que son las amenazas principescas y cómo tiemblan todos siempre que la voz del águila resuena…

Para marchar al son del tambor


o defender ‘lo nuestro’

… Así sucede cuando al grito estridente del águila el pueblo entero es presa de repentino pavor, el senado se achanta, la nobleza inclina la cerviz, los magistrados se tornan complacientes, los teólogos callan, los jurisconsultos proclaman su acuerdo, las leyes retroceden, las instituciones se rinden: nada hay que valga, ni la ley divina ni la religión, ni la justicia ni la humanidad. A pesar de que haya tantos pájaros no exentos de elocuencia, de que sean tantas las aves canoras y las especies dotadas de gritos y de cantos variados, con melodías que incluso pueden conmover las piedras, es no obstante el solitario estridor del águila, áspero y apenas musical, el que se sobrepone a todos.

Esta es albanesa…

…esta de los amigos del rifle…

… esta es montenegrina…

…y una más con dos cabezas (¡si resucitase Sissi emperatriz!)

¿Os suena?

En realidad, entre las especies innumerables de los pájaros, los hay que merecen admiración por la riqueza y por los colores de su plumaje, como los pavos reales; unos destacan por su blancura de nieve, como los cisnes, mientras otros brillan con sobria negrura, como los cuervos; a unos les otorga preeminencia el tamaño de su cuerpo, como a las avestruces, otros son célebres por su carácter legendario y portentoso, como el fénix; unos son emblemáticos por su fecundidad, como la paloma; otros son apreciados en la mesa, como las perdices y los faisanes; unos son simpáticos charlatanes, como los loros, otros son cantores admirables, como los ruiseñores; unos destacan por su espíritu combativo, como los gallos de corral; otros han nacido para el deleite de los humanos, como los gorriones. Sin embargo, de todo este conjunto sólo el águila fue considerada por varones de gran sabiduría como idónea para representar la imagen del rey a pesar de que no es hermosa, ni canora, ni suculenta, sino carnívora, rapaz, depredadora, devastadora, belicosa, solitaria, aborrecida por todos, y una peste universal cuya capacidad de hacer daño es inmensa aunque su voluntad de hacerlo supere a sus capacidades.

Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio, Ed. Ramón Puig de la Bellacasa, Madrid, Alianza Editorial, Libro de bolsillo H 4485, 2008

Pues, la verdad, si a todos les une el águila ¿por qué se pelean entre si?

Quizá les falte ponerse de acuerdo sobre la raza de su perro…

Divagaciones de fin de semana: entre escalinatas y pretorianos

21 marzo, 2011

 

 

Vista del foro desde el Tabularium. Foto R.Puig

Vista del foro desde el Tabularium. Foto R.Puig

Este sábado pasado hizo buen tiempo en Roma. Sacudiéndome el miedo a las multitudes turísticas, me fui “de museos”. Empecé por Palazzo Venezia (en cuyas salas reinan la paz y  las sorpresas) y en cuya sede se puede ver la exposición la bottega di Caravaggio, así como un exhaustivo estudio de sus cuadros sobre la vida de San Mateo de la capella Contarelli.  Luego pasé a la mostra Ritratti, le tante faccie del potere en el Palazzo dei Conservatori de los museos capitolinos, de la cual, siguiendo la saga de la Fisionomías, hablaremos otro día.

Marco Aurelio observa el trasiego de turistas en el Campidoglio. Foto R.Puig

Los pies no me permitieron seguir con la exposición de Lorenzo Lotto, pero todo se andará.

Escalinatas palaciegas

Subiendo a las salas del Palazzo Venezia se me ha ocurrido decir algo sobre el arte del subir y bajar, o del ascender y el descender. Puede que por ello las escalinatas nos fascinen, por ser metáfora de la vida. Sin mayores comentarios, he recogido algunas fotos mías de escalinatas palaciegas de Roma y alrededores.

La escalinata de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

La escalinata de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

La armoniosa escalinata de Borromini de acceso a la Galería del Palacio Barberini (siglo XVII), en lo alto de la cual nos espera la dulce Fornarina, que con amor pintó Rafael.

Escalinata de Borromini. Palazzo Barberini. Foto R.Puig

Escalinata de Borromini. Palazzo Barberini. Foto R.Puig

 

Palazzo Barberini. Foto R.Puig

La Fornarina. Foto R.Puig

Por las escalinatas del siglo XV del Palazzo Venezia (atribuido a Gian Battista Alberti) subía, puede que a paso de oca,  Mussolini. Digamos sin embargo que antes y después subieron gentes más dignas. Aunque agún maleficio parece aún flotar por sus rellanos.

 

Rellano de la escalinata de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

Rellano de la escalinata de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

 

 

La escalinata de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

Por la escalinata de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

 

No obstante en el segundo piso nos esperan dos vírgenes en madera que, también con amor, tallaron artistas italianos del siglo XV, o una señora francesa del XVIII. Si había un maleficio, aquí no llega.

 

Virgen con el niño. S.XV. Palazzo Venezia. Foto R.Puig

Virgen con el niño. S.XV. Palazzo Venezia. Foto R.Puig

 

 

Una santa. Talla del S.XV. Palazzo Venezia. Foto R.Puig

Una santa. Talla del S.XV. Palazzo Venezia. Foto R.Puig

 

Estas escalinatas en su último piso, abriendo un ventanuco bajo los aleros del palacio (¡cerradlo bien luego!), nos permiten asomarnos a la vía del Plebiscito.

 

Via del Plebiscito desde el último piso de Palazzo Venezia. Foto R.Puig

y los tejados de enfrente. Foto R. Puig

 

Villa Adriana

Y –vanitas vanitatum– desprovistas de mosaicos, mármoles y bóvedas pintadas y, a causa de un expolio de siglos, reducidas a humilde ladrillo y argamasa, nos esperan las escalinata, por las que, junto al soberbio triclinio (el antes llamado Serapeo) del estanque del Canopo en Villa Adriana (Tívoli), subían el emperador Adriano y sus cultos invitados…

Villa Adriana. Foto R.Puig

Supongo que por aquí vino a inspirarse Marguerite Yourcenar para sus Memorias de Adriano. Si no las habéis leído, conviene hacerlo si es que pensáis venir a la Villa Adriana (ayer domingo le dediqué más de tres horas con gran enojo de mis pies pero deleite de la mente)

Estanque de Il Canopo en Villa Adriana.Foto R.Puig

Marte al borde del estanque de Il Canopo.Foto R.Puig

 

Foto de boda y pretorianos en el Campidoglio

Pero la vida sigue y sobre la escalinata del Campidoglio que diseñó Miguel Angel los novios se hacen la foto

Foto de boda. Campidoglio. Foto R.Puig

Foto de boda. Campidoglio. Foto R.Puig

 

Además de parejas de recién casados, el sábado, también en el Campidoglio, una cohorte de pretorianos y vestales era recibida por un representante del Ayuntamiento de Roma ante el Palazzo Senatoriale. El grupo Pactum había desfilado así desde el Esquilino

Pretorianos del siglo XXI. Foto R.Puig

Pretorianos del siglo XXI. Foto R.Puig

 

Ahora que los estudios de cine de Cinecittà están de saldos, hacerse con un completo equipo de pretoriano resulta seguramente más asequible, aunque no resulte tan fácil ajustárselo

 

Una ayudita. Foto R.Puig

Una ayudita. Foto R.Puig

Italia, ciento cincuenta años de unidad

17 marzo, 2011

Ambrogio Lorenzetti, Alegoría del Buen Gobierno

Italia fue cuna de las ideas y de la gobernanza democráticas en sus ciudades estado desde el siglo XIV. Una representación pictórica de estos planteamientos es la serie de frescos de la «Allegoria del Buono e del Cattivo Governo» (Alegoría del buen y del mal gobierno) realizados por Ambrogio Lorenzetti entre el 1337 y el 1339 en la Sala dei Nove del Palazzo Pubblico de Siena. Es una de las primeras obras de carácter laico de la Italia cristiana y probablemente el primer paisaje urbano y campestre de la pintura italiana (ver el extenso examen de esta obra en Quentin Skinner, El artista y la filosofía política, Madrid, Trotta, 2009)

Ambrogio Lorenzetti, Alegoría del Buen Gobierno

Faltaban cinco siglos y muchas guerras, propiciadas en su mayoría por los malos gobiernos, para que se pusiese en marcha el impulso patriótico de la Unidad de Italia, de la cual se celebra hoy el 150 aniversario.

Odoardo Borroni, La costurera de camisas rojas, 1863

Silvestro Lega, retrato de Giuseppe Garibaldi, 1861

La lucha por la unidad italiana y sus protagonistas no son desde luego entes ideales (leer El cementerio de Praga de Umberto Eco) y tampoco la conciencia y la cohesión en torno a un proyecto colectivo es hoy tan airosa como las gentes de Italia se merecen (no es en todo caso la única nación europea que siente esta carencia). Pero, hay muchas cosas que son propias de Italia y de los italianos, mal que le pese al estrambótico inventor de la Padania, Umberto Bossi, y sus colegas de la Lega Nord (paradójicamente del norte salieron los expedicionarios que acudieron a Roma a recuperar los Estados pontificios y al sur de Italia a liberarla de los borbones). Y el caso Berlusconi será recordado pronto como una pesadilla y una enfermedad de la democracia, al menos es lo que el autor de este blog y muchísimos italianos esperan.

El Colosseo en estos días, foto La Repubblica, 16 de marzo 2011

Hay actos y celebraciones por todo el territorio nacional. En Roma se puede ver el Colosseo revestido con una gran bandera y el Vittoriano iluminado también con los colores de la tricolor.

Por mi parte, deseo a esta admirable nación y a los creativos, amables e industriosos italianos un aniversario que genere esperanza y cambio. Al fin y al cabo, en lo bueno y en lo malo, los españoles nos sentimos aquí como en casa.

El «Vittoriano» en estos días, foto La Repubblica, 16 de marzo 2011

¿Qué pinto en Roma?

13 marzo, 2011


Mi amigo Jesús Chover me ha sugerido que, además de pasearme y desvariar en este blog, ya es hora de enseñar lo que de veras estoy pintando en Roma. Como de pequeño aprendí que debemos hacer lo que Jesús nos dice, voy a someter paulatinamente a vuestro ojo crítico lo que de mi mirada y pincel sale durante mi estancia en la ciudad eterna. Empiezo con una imagen característica de Roma.

El tema del lungotevere ha sido la materia de uno de mis primeros cuadros en la Accademia di Belle Arti de Roma (Acrílico y óleo sobre tela, 120 x 80 cm)

Mi profesor de III año de pintura es Giuseppe Modica, natural de Sicilia, pintor consagrado con un largo curriculum de exposiciones en Italia y en muchos otros países, excelente y exigente maestro, que respeta y apoya la evolución y el estilo personal del alumno. Para saber sobre su obra: http://www.giuseppemodica.com/

Lungotevere

Lungotevere se llama a las avenidas que bordean el Tíber por ambas riberas. Una de las primeras medidas urbanísticas en la Roma de la Italia unificada fue ponerle al río unos muros o parapetos (muraglioni) a lo largo de su paso por la ciudad.

El Tíber flanqueado por los «muraglioni», vista desde el Ponte Sisto

Las crecidas periódicas (piene) eran la pesadilla de los romanos. La terrible inundación de diciembre de 1870 fue interpretada por Pío IX como un castigo de Dios a las impías tropas italianas que habían conquistada Roma para la Italia unida en el mes de setiembre. La respuesta de Garibaldi fue proponer al parlamento en 1871 el proyecto de los murallones de contención del Tíber, que se concluiría en 1926 y que desde entonces han evitado las catástrofes de sus inundaciones seculares.

El Tíber en crecida a la altura de la Passeggiata di Ripetta y de la iglesia de San Rocco

Estos muros están construidos con grandes bloques de pietra travertina o travertino (el lapis tiburtinus de los romanos), que se extrae de las canteras junto al Aniene, afluente del Tíber, cerca de Tívoli (Tibur en la antigüedad). Esta piedra calcárea es la misma que ha dado cuerpo a todos los edificios de Roma desde el tiempo de sus primeros reyes, pasando por las obras de los romanos, los papas y el fascismo, hasta la Italia de hoy.

Por arriba, por los lungotevere, circula el tráfico frenético de la ciudad. Por abajo, casi al nivel del agua y al pie de los muros, se puede caminar a pie y en bicicleta, por sus anchos marciapiedi, o embarcarse en una piragua en uno de sus clubes de remo flotantes. Cuando hay crecida (una o dos veces por año) estas anchas aceras son las primeras en inundarse.

Basta asomarse a cualquiera de los puentes de Roma para contemplar las curvas del río embridado por estos muraglioni. Son una de las imágenes más características de la ciudad eterna, no mirando hacia el cielo sino hacia el agua del río adjetivado flavus flavum por Virgilio y Horacio respectivamente, a causa de ese ancestral color amarillento terroso producido por los sedimentos arenosos que acumula y transporta a lo largo de su curso

El río «flavus»

De cisnes y otras aves

12 marzo, 2011


He leído que los cisnes de Siberia hibernan en el Gloucestershire en Inglaterra. No así los cisnes que se quedan en el canal de Gotemburgo, pasando de un témpano de hielo a otro como si tal cosa; o al menos este que el pasado domingo se acercaba al borde con la esperanza de que yo llevase algo de pan en mis bolsillos.

‘No le tuerzas el cuello al cisne’

A la vista de estos jinetes de las ondas me vienen a menudo a la memoria unos versos del mejicano Enrique González Martínez, que nos comentaban en clase de literatura cuando estudiábamos la evolución del movimiento modernista, pues simbolizaban la reacción de una nueva generación de poetas contra el preciosismo poético:

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda… y adora intensamente la vida,
y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

(Ya se sabe que los artistas y los poetas tienen que ‘torcerle el cuello’ a otros artistas y poetas que les preceden para mostrar que lo que ellos aportan es diferente, original, etc. No basta con que intentemos ser buenos, sino que tenemos que marcar nuestras distancias con los precedentes)

A pesar de que se trate de una metáfora, cuando veo un cisne,  no deja de darme grima la imagen elegida por aquel poeta. Entre el ave luminosa de los hielos y su corte de patos o el búho rapaz al acecho de algún ratón, me quedo con este cisne de la tarde del último domingo, al que los ferries que salían al mar a pocas decenas de metros no perturbaban en absoluto.

Cisnes ilustres

Hablando de cisnes, hay otro verdaderamente famoso, el de Leda.

Cuando la reina Cristina de Suecia (cambio de decorado: estamos en Roma) desea mostrar su afecto a su querido cardenal Azzolino le regala el cuadro Leda y el cisne de Correggio. Ya comenté en la entrada  que dediqué a la galería Corsini, que una vez que ‘su Leda’ ha muerto aquel ‘cisne de la Iglesia’ la seguirá a la tumba pocos meses más tarde.

Leda y el cisne, Correggio

Aquel mito de Júpiter que se metamorfosea en cisne para hacerle el amor a Leda ha inspirado infinidad de obras de arte y de poemas, en los que al cisne no se le tuerce el cuello sino todo lo contrario, como en esta poesía de William Buttler Yeats:

LEDA AND THE SWAN

A sudden blow: the great wings beating still
Above the staggering girl, her thighs caressed
By the dark webs, her nape caught in his bill,
He holds her helpless breast upon his breast.

How can those terrified vague fingers push
The feathered glory from her loosening thighs?
And how can body, laid in that white rush,
But feel the strange heart beating where it lies?

A shudder in the loins engenders there
The broken wall, the burning roof and tower
And Agamemnon dead.
Being so caught up,

So mastered by the brute blood of the air
Did she put on his knowledge with his power
Before the indifferent beak could let her drop?

Y una traducción, la publicada por Mariana López Ávalos en su blog dedicado enteramente a este mito:

Una ráfaga súbita: las magnas alas desplegadas
sobre la doncella vacilante, los muslos acariciados
por las negras palmas, en el cuello el pico preso;
indefensa y sujeta pecho contra pecho.

¿Cómo pueden esos frágiles dedos aterrados
defender los mansos muslos de la gloria alada?
Y ante ese blanco torrente, un cuerpo así tendido,
¿qué hace salvo sentir el palpitar desconocido?

Un espasmo en la entrepierna concibe
el muro caído, el techo y la torre ardiendo,
a Agamenón y su muerte.

Tan impotente,

Tan rendida ante el brutal hijo del aire,

¿unió ella al recibirlos el saber y el poder

antes de que el indiferente pico la dejara caer?

http://ledayelcisne.blogspot.com/2008/10/poema-de-william-buttler-yeats.html

Otras aves… de corral

No quiero acabar la entrada de hoy ni en trance ni en forma demasiado solemne, así que comparto con vosotros las imágenes de otras aves, las que tiene en su casa de la huerta de Las Marinas mi amigo Sebastián.

El amo del gallinero

Una ponedora

Patitos guapos con mamá

¿El padre putativo?

Nos veremos en Roma!

A presto!

Dibújame un borrego… anatomía animal en el Vaticano

7 marzo, 2011

No ha sido el principito de Sainte-Exupéry quien me ha pedido que dibuje un borrego, lo he elegido yo, como ya he comentado en una entrada precedente, entre las tareas de Anatomía III en la Accademia di Belle Arti. Tenemos dos condiciones: que se trate de uno de los animales de Animal Farm de Orwell, es decir un animal de granja o ganadería (¿os acordáis de las ‘granjas orwellianas’ de  Stalin?), y que los dibujemos directamente a partir de las estatuas de dos especímenes de la sala de los animales del Museo Pío Clementino en los Museos Vaticanos (procurando no perecer de frío en el empeño).

Sala de los animales, Museo Pío Clementino. El león no es de granja.

Maternidad lactante

La sala cuenta con una extraordinaria colección que se formó en su mayoría durante el pontificado de Pío VI. Es un zoológico pétreo que sigue las tendencias de la historia natural, tan frecuentada por ilustres botanistas y zoólogos entre los siglos XVII y XVIII.

Sin remilgos

Ejemplar de marisquería

La que me ha caído encima…

Los papas ya nutrían hace siglos sus colecciones con la estatuaria que emergía de intensas excavaciones en sus territorios,  construían o decoraban sus palacios con los despojos de la arquitectura de Roma y procedían a aumentar las de estatuaria animal, no sólo con las esculturas de época romana sino también con las que encargaban a sus escultores favoritos, muy a menudo a partir de los magníficos grabados de los tratados de historia natural de la época, basada en recopilaciones sistemáticas de las fuentes antiguas y en trabajos de nuevo cuño, a menudo a caballo entre la realidad y la mitología.

Mitra, patrono pagano de los toreros, degollando el toro a pelo

¿Pero cómo iba yo a imaginar que al elegir un apacible borrego en mármol me decidía por un ejemplar entre mítico y exótico que quizá nunca pastase en campo alguno?

Digamos que el anónimo escultor del XVIII que lo hizo no se manchó los escarpines con el estiércol de ninguna granja para su boceto.

Vervex Aethiopicus

Muchas esculturas, siguiendo el uso romano, llevan como sustento un pilastrino o un fingido tronco de árbol.

Así que, cuando ya había trabajado un buen rato con el dibujo de mi borrego, descubrí una inscripción en el pequeño pilar en que se apoya su barriga:  Vervex aethiopicus  –  Jonstonus – tab LVIII (es decir Borrego o carnero de Etiopía, tabla LVIII del tratado de Jonstonus)

En la Biblioteca Vaticana

No me podía imaginar que, como un ratón de biblioteca, acabaría siguiendo la pista de  las imágenes de este cuadrúpedo en la Biblioteca Vaticana, aunque ahí la calefacción es estupenda y se encuentra el confort de sus renovadas salas de lectura, exactamente lo contrario del frío que impera en la sala de los animales que pone a prueba al sufrido dibujante. De modo que con esa obsesión que caracteriza a los maniáticos de las fuentes y con la ayuda inestimable de mi catedrático de Anatomía Artística, Marco Bussagli, he obtenido mi carnet temporal de la Bibliotheca Apostolica Vaticana o BAV,  que me permite entrar diez veces en territorio vaticano  por la puerta de Santa Ana, para tener el placer de investigar sobre mi dichoso Vervex y además inspeccionar los kilométricos anaqueles de las salas de lectura que preside Santo Tomás de Aquino. Es de justicia decir que ahí trabaja una restauradora que por su cortesía merece también subir a los altares. Se llama Victoria, es de Palma de Mallorca y es una competente documentalista de la BAV.

Sixto IV nombra a Bartolomeo Platina prefecto de la Biblioteca Vaticana, fresco de Melozzo da Forlì, c. 1477 (Museos Vaticanos).

Si me apuráis un poco, os diría que la experiencia de la renovada BAV me ha reconvertido de forma parcial al creacionismo que nos enseñaron en el colegio, no me cabe la menor duda de que Dios creó las bibliotecas y me voy a hacer devoto de Santa Wiborada, patrona de los bibliotecarios y mártir de los manuscritos, aunque me parece que para ponerle una vela hay que irse a Suiza al monasterio de San Galo ( lo sé por un ameno artículo de Jaime González Martínez en la revista Biblioteca Universitaria de la UNAM de ciudad de México, “Santa Wiborada, mística y mártir, patrona de los bibliotecarios”, vol 8, julio-diciembre 2005).

La larga historia de un grabado

Cuando buscas en la BAV un tratado del siglo XVII, en este caso el De quadrupedibus del naturalista polaco Jonstonus a quien se refiere el pilastrino del Vervex, ahí no se limitan a un ejemplar, nada de eso,  sino que te ofrecen tres ediciones diferentes, Y dos de ellas incluyen en el mismo tomo los tratados De serpentibus, De insectis, De piscibus, etc. Y puedes comprobar cómo, en la última, el editor de Amsterdam ha cambiado de lateralidad los grabados de las dos anteriores (de Frankfurt), invirtiendo las mismas planchas. Mi borrego miraba para la izquierda en las primeras y ahora mira hacia la derecha. Y, sobre todo, admiras el arte fascinante y el oficio de los dibujantes y grabadores de aquella época (como Merian en Alemania).

Mi copia del grabado del Jonstonus

El único problema es que Dios es miembro de la rama vaticana de la SGAE y, aunque he encargado una foto del grabado, creo que me arriesgo a una reclamación si la difundo, así que aquí tenéis un dibujo mío del Vervex , tal como aparece en la edición de Amsterdam de 1657, mirando hacia la derecha como en el museo.

Según Jonstonus (cuyas fuentes incluyen a Heródoto, Jenofonte, Plinio, Estrabón, Cicerón, Plutarco, Teofrasto, Galeno, Columela… y Aldrovandi) este borrego de las mesetas de Etiopía vivía de doce a trece años, no tenía  lana –aunque el grabado es ambiguo al respecto- sino una hirsuta pelambre como los camellos y, además, los pastores etíopes les cubrían las partes pudendas.

En el ejemplar del siglo XVIII , de la colección de Pío VI, el escultor sí que se tomó al pie de la letra lo de la falta de lana y el borrego luce más bien trasquilado.

El afable Vervex del museo Pío Clementino

Continuará…

Pero mi labor detectivesca no ha acabado. Por lo que nos dicen otras fuentes, Jonstonus debió de sacar gran parte de sus planchas, si no la mayoría, de un tratadista varias décadas anterior a él, Ulises Aldrovandi, y naturalmente, la Biblioteca Vaticana dispone de cuatro ejemplares del De quadrupedibus solidipedibus, edición de 1616, y un ejemplar de la de 1649.  Por no decir nada de sus otros tratados sobre insectos, serpientes, moluscos, etc., todos ellos anteriores a los de su fiel seguidor,  el Jonstonus.  Entonces no se controlaban los ‘préstamos’, mucho menos los de las tesis doctorales de los nobles y ministros alemanes (a lo mejor si eres descendiente del inventor de la imprenta tienes derecho a apropiarte de todo texto estampado) .

Si queréis hacer una búsqueda en los tesoros bibliográfico de la BAV a través de sus catálogos online este es el enlace:

http://www.vaticanlibrary.va/

Y para despedir esta entrada, unas imágenes nocturna de los carnavales romanos en la Piazza del Popolo, que no todo ha de ser erudición y libros.

Por aquí entró en Roma Cristina de Suecia, luces de carnaval

La misma puerta con otros colorines

De carrozas y papas

1 marzo, 2011

 

 

Atardece en Roma. Foto R.Puig

Atardece en Roma. Foto R.Puig

Roma es un microcosmos de la historia, más específicamente de la historia del catolicismo, si bien la palabra micro no es demasiado apropiada para esta inmensa urbe. Se comienza por las catacumbas, cuando los cristianos se hacían matar. A finales del siglo II se reduce el número de evangelios y leyendas sobre Jesús y se consolidan los cuatro “canónicos”, la historia de un hombre comienza a ser tradición y construcción teológica. La parusía y el final de los tiempos, la vuelta de Cristo, ya no son inminentes. De todo ello Roma acumula vestigios, imágenes y símbolos, entre la historia y la leyenda.

Cabeza colosal de Constantino. Roma. Musei Capitolini. Foto R.Puig

Cabeza colosal de Constantino. Roma. Musei Capitolini. Foto R.Puig

Bajo Costantino se da el salto hacia el dominio y el poder. Los sucesores de los perseguidos, de a quienes se mataba, de los mártires, descubren que  a su vez ellos ya pueden perseguir, condenar y matar enarbolando los símbolos cristianos (evolución que no es una exclusiva cristiana,  pues ha caracterizado también a otras religiones).

“Bajo este signo vencerás”. Estancias de Rafael, Museos Vaticanos. Foto R.Puig

“Bajo este signo vencerás”. Batalla de Ponte Milvio. Estancias de Rafael, Museos Vaticanos. Foto R.Puig

«Yo soy el obispo de Roma…»

De las sandalias del pescador se pasa a la espada, los vicarios de Pedro se mudan del subterráneo a basílicas y palacios y se convierten en monarcas, con su corte de príncipes de la Iglesia.

 

Allá por el siglo VIII, se consolidan los estados pontificios. Nazareth queda lejos, el carpintero ya no trabaja la madera sino la piedra, el reino de los papas ya no es intemporal y se defiende y se ensancha con la fuerza de los ejércitos. De este modo continuará la saga, hasta que, mil años más tarde y también con la espada, se lo arrebaten los italianos.

Garibaldi preside Roma desde el Gianicolo. Foto R.Puig

Garibaldi preside Roma desde el Gianicolo. Foto R.Puig

La unificación italiana, de la que el día 17 de este mes  se conmemorarán los ciento cincuenta años, acaba con los estados pontificios, que se reducirán así al estado vaticano.  Los monarcas pontificios se resignarán  a imperar en un reducido territorio sobre la supuesta tumba de San Pedro, el pescador,  merced a la munificencia de Mussolini en los tratados de Letrán (no sin compensaciones todavía vigentes que pueden calificarse como poderes morales sobre la sociedad italiana) .

Las carrozas del Vaticano

Roma es la metáfora, el registro pétreo y museístico de ese largo periplo de dos mil años. De entre tanto resto, en una especie de catacumba junto a los jardines y la cafetería exterior de los museos vaticanos, se conservan las carrozas y calesas papales.

Normalmente, el visitante, exhausto, no tiene ya energía en sus piernas para bajar las escaleras; pero si, sacando fuerzas de flaqueza, hace el esfuerzo, se sentirá trasladado al reino de los cuentos, al mundo de Cenicienta.

Carroza de León XII, detalle posterior.Foto R.Puig

 

Ahí podrá ver cómo, tras la pérdida de los territorios pontificios, los cortejos papales fueron pasando gradualmente de trotar detrás de la carroza del vicario de Cristo a seguir a paso ligero el recorrido del papamóvil.

Carroza de León XIII. Foto R.Puig

 

 

La carroza que,  allá por los años veinte del siglo XIX, se hizo construir León XII para visitar las iglesias de Roma y causar impresión a sus feligreses, la più rica carrozza sovrana o “berlina de gran gala”,costó veintiséis mil escudos, está aparatosamente decorada en bronce dorado y el tiro constaba de seis caballos.

Carroza de León XII. Museos Vaticanos. Foto R.Puig

Carroza de León XII. Museos Vaticanos. Foto R.Puig

Sus portezuelas están decoradas también con símbolos ad hoc

y en el techo, por dentro, refulge el Espíritu Santo

El Espíritu Santo tapiza la carroza del papa León XII. Foto R.Puig.

El Espíritu Santo tapiza la carroza del papa León XII. Foto R.Puig.

Los cardenales también podían tener las suyas, como esta del cardenal Luciano Bonaparte

Carroza del cardenal Luciano Bonaparte. Foto R.Puig

Había diversos niveles:  Pío IX (pontífice de 1846  a 1878) tenía una de terza gala 

Carroza de terza gala de Pío IX. Foto R.Puig

y otra de mezza.

No sabemos si, al perder los estados pontificios, a Pío IX le quedaron muchas ocasiones para salir de cortejo.

Pero, en todo caso, Pío X , fogoso combatiente contra la herejía modernista, siguió subiendo a la carroza.

Pío X se sube a su carroza

De su sucesor, León XIII (pontífice de 1878 a 1903),  no ha quedado ninguna carroza en los museos vaticanos. Le bastaba con pedir a los asistentes a sus audiencias que se mantuviesen de rodillas. Hay quien opina que en su prolífica producción de encíclicas, su hiperactividad y su enorme inspiración en multitud de temas, y sobre todo su lanzamiento de la primera formulación de la doctrina social de la Iglesia, tuvo algo que ver la cocaína.

León XIII en la publicidad del vino Mariani

León XIII en la publicidad del vino Mariani

De hecho era un entusiasta consumidor y promotor del Vino Mariani, un licor de cocaína que fue popular en la aristocracia y las clases pudientes de la época, como Alfonso XIII y la Reina Victoria. Tan es así que el papa concedió a su creador y productor, el francés Angelo Mariani, una medalla,  y le autorizó a poner la efigie papal en sus botellas. Sin la cocaína quizás nos hubiéramos quedado sin la encíclica  De rerum novarum, que traducido al castellano significa algo así como A propósito de las últimas novedades.

Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda pues esto ya no tiene nada que ver con las carrozas. ¿O sí?

Para acabar digamos que, con el paso del tiempo, los papas  las sustituirán por sucesivos modelos de papamóvil, incluída la variante de safari.

«Papamóvil» de safari

Cuando sucumben los guerreros

27 febrero, 2011

A dos mil trescientos años de distancia, cuando los guerreros se doblegan, las imágenes se repiten. Este es el lapso de tiempo que aproximadamente separa al Gálata moribundo, dominador en su soledad de la sala de los Museos capitolinos (Palazzo Nuovo) que lleva su nombre, del jugador caído de la Juventus, derrotada ayer en casa por el Bologna, en la foto que hoy publica Il Corriere della sera.

No creo sin embargo que la fotografía, a pesar del nivel de perfección y creatividad que ya ha logrado, llegue a alcanzar ni la perennidad ni la fascinación del arte anatómico de los escultores del Helenismo.

FESTA SPAGNOLA

26 febrero, 2011

Mostra de cinco pintores españoles estudiantes «Erasmus» de la Accademia di Belle Arti de Roma

Cinco alumnos españoles del profesor Enzo Orti, compañeros de la Academia, copan estos días la sala de exposiciones Ateneo delle Culture, que este profesor organiza en su mismo estudio y para sus discípulos.

Desde este blog quiero felicitarles. COMPLIMENTI !

Alonso Pérez Ortega, Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Valencia

Alonso Pérez Ortega ha llevado a un nivel diferente, de gran fuerza colorista, el tema del origen del mundo. Lo que en Courbet es una visión de cosmogonía totémica, una magnífica reducción, pero parcial en definitiva, en el cuadro de Alonso representa el viaje del sueño al calor del día de una mujer que tiene rostro; sus labios, aún dormidos, respiran levemente, todavía inmersos en la noche,  mientras acoge en su cuerpo la luz incipiente del día.

Anabel Maldonado Martin de la Universidad de Granada, ante su obra, en compañía de Alonso Pérez Ortega y Victor Martínez Coronatti de la Universidad de Valencia

Las figuras que presenta Anabel Maldonado Martín, son como las habitantes emergentes de un ninfeo o de un sueño autobiográfico, de un interior de inciertas e íntimas vibraciones que invitan a la música callada.


Pablo Suárez González, Universidad de Santa Cruz de Tenerife

En continuidad con ese sosiego y el silencio físico de una música interior, Pablo Suárez (Universidad de Santa Cruz de Tenerife) expone  sus autorretratos, el que podríamos llamar durmiente sobre el piano de cuerpo entero (así debió encontrar Venus  a su Adonis) y el de su rostro, frontal y decidido, para, al parecer, disuadir a los posible músicos que quisieran tentar el teclado de ese vetusto y desafinado mueble.  Aunque hay voces que dicen que al final del vernissage hubo alguna pianista improvisada que, afrontando esa mirada, se atrevió, al calor del vino español, a sacar de su letargo al instrumento.

Antonio I.Sánchez Rivas, Universidad de Sevilla

De pequeño copiaba a Murillo y ahora revive las lecciones de la escuela maternal recordándonos, con su increíble facilidad y su pincelada teñida de socarronería, que después de las tres comidas, es decir mattina, mezzogiorno e sera, hay que lavarse los dientes. Es Antonio Sánchez Rivas, a pocos meses de concluir su carrera de Bellas Artes con el broche de oro de Roma.

Victor Martínez Coronatti, de la Universidad de Valencia, expone una serie de acuarelas, paisajes interiores, abstracciones de potente color, junto a algún sensible dibujo en que se presiente de nuevo el tránsito entre vigilia y sueño