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De cisnes y otras aves

12 marzo, 2011


He leído que los cisnes de Siberia hibernan en el Gloucestershire en Inglaterra. No así los cisnes que se quedan en el canal de Gotemburgo, pasando de un témpano de hielo a otro como si tal cosa; o al menos este que el pasado domingo se acercaba al borde con la esperanza de que yo llevase algo de pan en mis bolsillos.

‘No le tuerzas el cuello al cisne’

A la vista de estos jinetes de las ondas me vienen a menudo a la memoria unos versos del mejicano Enrique González Martínez, que nos comentaban en clase de literatura cuando estudiábamos la evolución del movimiento modernista, pues simbolizaban la reacción de una nueva generación de poetas contra el preciosismo poético:

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda… y adora intensamente la vida,
y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

(Ya se sabe que los artistas y los poetas tienen que ‘torcerle el cuello’ a otros artistas y poetas que les preceden para mostrar que lo que ellos aportan es diferente, original, etc. No basta con que intentemos ser buenos, sino que tenemos que marcar nuestras distancias con los precedentes)

A pesar de que se trate de una metáfora, cuando veo un cisne,  no deja de darme grima la imagen elegida por aquel poeta. Entre el ave luminosa de los hielos y su corte de patos o el búho rapaz al acecho de algún ratón, me quedo con este cisne de la tarde del último domingo, al que los ferries que salían al mar a pocas decenas de metros no perturbaban en absoluto.

Cisnes ilustres

Hablando de cisnes, hay otro verdaderamente famoso, el de Leda.

Cuando la reina Cristina de Suecia (cambio de decorado: estamos en Roma) desea mostrar su afecto a su querido cardenal Azzolino le regala el cuadro Leda y el cisne de Correggio. Ya comenté en la entrada  que dediqué a la galería Corsini, que una vez que ‘su Leda’ ha muerto aquel ‘cisne de la Iglesia’ la seguirá a la tumba pocos meses más tarde.

Leda y el cisne, Correggio

Aquel mito de Júpiter que se metamorfosea en cisne para hacerle el amor a Leda ha inspirado infinidad de obras de arte y de poemas, en los que al cisne no se le tuerce el cuello sino todo lo contrario, como en esta poesía de William Buttler Yeats:

LEDA AND THE SWAN

A sudden blow: the great wings beating still
Above the staggering girl, her thighs caressed
By the dark webs, her nape caught in his bill,
He holds her helpless breast upon his breast.

How can those terrified vague fingers push
The feathered glory from her loosening thighs?
And how can body, laid in that white rush,
But feel the strange heart beating where it lies?

A shudder in the loins engenders there
The broken wall, the burning roof and tower
And Agamemnon dead.
Being so caught up,

So mastered by the brute blood of the air
Did she put on his knowledge with his power
Before the indifferent beak could let her drop?

Y una traducción, la publicada por Mariana López Ávalos en su blog dedicado enteramente a este mito:

Una ráfaga súbita: las magnas alas desplegadas
sobre la doncella vacilante, los muslos acariciados
por las negras palmas, en el cuello el pico preso;
indefensa y sujeta pecho contra pecho.

¿Cómo pueden esos frágiles dedos aterrados
defender los mansos muslos de la gloria alada?
Y ante ese blanco torrente, un cuerpo así tendido,
¿qué hace salvo sentir el palpitar desconocido?

Un espasmo en la entrepierna concibe
el muro caído, el techo y la torre ardiendo,
a Agamenón y su muerte.

Tan impotente,

Tan rendida ante el brutal hijo del aire,

¿unió ella al recibirlos el saber y el poder

antes de que el indiferente pico la dejara caer?

http://ledayelcisne.blogspot.com/2008/10/poema-de-william-buttler-yeats.html

Otras aves… de corral

No quiero acabar la entrada de hoy ni en trance ni en forma demasiado solemne, así que comparto con vosotros las imágenes de otras aves, las que tiene en su casa de la huerta de Las Marinas mi amigo Sebastián.

El amo del gallinero

Una ponedora

Patitos guapos con mamá

¿El padre putativo?

Nos veremos en Roma!

A presto!

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