Fin de curso: una visita a Carrara
Antes de cerrar este año académico en Roma he aprovechado el último fin de semana para visitar Carrara. No se puede estar en Italia para mejorarse como pintor y para tratar de progresar en escultura y no peregrinar a Carrara. Unas horas de autopista me bastan a mí y no sé cuántos días le hacían falta a Miguel Ángel para irse a las míticas canteras, donde ya, desde época republicana, los romanos extraían mármol. De allí salió el mármol para la Pietà del Vaticano, obra de un veinteañero Buonarotti. Ahora salen otras cosas, como este Cadillac de Roland Baladi que se exhibe en pleno centro de la ciudad con motivo de la Marble Week.
En las cimas de los Alpes Apuanos que presiden la ciudad parece que hubiese nieves perpetuas. Es la «nieve» de las canteras de mármol blanco que se encaraman hasta unas alturas inverosímiles, donde enormes máquinas y grandes volquetes evolucionan al borde del abismo. Desde esas alturas se divisa Carrara y el azul de las aguas del mar Tirreno.
Hay un picacho que ha sido respetado desde los tiempos de Miguel Ángel, pues según la tradición prefigura la forma de la Pietà. Durante siglos, los canteros han saludado a la virgen María al acercarse a sus lugares de trabajo y alzar la vista hacia esas grandes rocas de mármol intocable en las que perciben al Cristo muerto y a su madre. Haciendo eso se sienten protegidos en una labor que siempre fue extremadamente peligrosa.

Hoy Carrara es el centro del negocio internacional del mármol, junto con otras localidades de sus alrededores, como Pietrasanta, Massa, etc. Industrias como Cave Michelangelo (Barattini) tratan el mármol que desciende de sus alturas en enormes instalaciones, completadas en este caso por un prestigioso e impresionante laboratorio, al que llegan encargos de todo tipo, desde los religiosos, que son mayoría, hasta otros más «originales», como este capricho del escultor belga Jean Fabre que se autorretrata como un cristo en brazos de una madonna, la muerte, remedando con cierto surrealismo a Miguel Ángel. Este es su modelo que los escultores del grupo Barattini (Alessandro me explica con gran amabilidad durante mi visita), mediante procedimientos pantográficos y extraordinaria destreza manual, trasladarán al mármol, que firmará el artista que ha modelado la obra en escayola.
Al fin y al cabo, a partir de la arcilla o la escayola trabajaron su obras otros famosos, como Arístides Maillol, o el mismo Rodin, que no se cansaban con el martillo, el cincel y la gradina (como hacía Miguel Ángel), pero fueron grandes modeladores. Pero no vamos a caer en la histórica polémica entre modelado y talla, esto requiere un blog específico y decenas de entradas.
Mientras tanto, la Accademia di Belle Arti de Carrara, emplazada en un edificio del siglo XVIII, lucha contra la decadencia de la calidad creativa, sin demasiados medios, aunque orgullosa de sus glorias pasadas. Apreciamos aquí las escalinatas de este histórico edificio, en el que se han formado muchas generaciones de escultores del mármol.

Nosotros seguiremos otro día. La próxima vez, de veras, mostraré los ‘productos’ finales de mi actividad en la Accademia de Roma. Prometido. Diciendo adiós a las cumbres ‘nevadas’ de Carrara y a la torre de su duomo, subo al cadillac y digo adios a Carrara.
Tiempo de verano en Göteborg (Gotemburgo-Suecia)
El verano ha llegado a Suecia y yo estaba allí para celebrar mi cumpleaños y para recibirlo. Se puede disfrutar del «dolce farniente» sobre la hierba de los jardines, navegar entre las islas de la costa oeste o por los canales de Gotemburgo y también hacerse las fotos de la boda al aire libre del verano, en el parque de Trädgårdsförening
Parques, costa, canales, calles y plazas de Gotemburgo se trasfiguran y las tierras escandinavas se convierten en el reino de la luz por antonomasia.
Además de los éxitos de música pop, como el Sommartider de Per Gessle que se puede escuchar en youtube (http://www.youtube.com/watch?v=KHq_m656kmc ), la lírica nórdica está llena de canciones y poemas que exaltan el verano.
He elegido «Om sommare den gröna», una composición de Lennart Hellsing, que se canta con música de Joseph Haydn y que da idea del estado de alegre ánimo que invade a las gentes cuando (especialmente tras un largo y duro invierno como ha sido éste) el verano llega y las horas de luz y calor se alargan.
Om sommarem den gröna
på ängen vill jag gå.
Där blommar tusen sköna,
viol och baldersbrå.
(En verano a los verdes
prados iré.
Hay allí miles de hermosas flores,
violetas y manzanillas sivestres)
Där doftar klöverhonung
Ur gräsets gröna säng.
Jag är en sommarkonung,
mitt rike är vår äng.
(Allí la fragancia de la miel de trébol
brota del lecho verde de la hierba.
Soy un rey del verano,
mi reino es nuestro prado)
De glada fiskar spritta
där bäckens bölja går.
Jag ser en gylling titta
I rosenbuskens snår.
(Saltan alegres los peces
en los remolinos del arroyo.
Veo una oropéndola que busca
en las ramas del rosal)
I dammens silverkäril
en snövit näckrosring.
Min tanke är en fjäril
som fladdrar fritt omkring.
(En el estanque de plata
un níveo collar de nenúfares.
Mi pensamiento es una mariposa
que revolotea en libertad)
“Sånger for små och stora” (canciones para chicos y grandes)
Ed. Verbum, Stockholm, 1990, pág.170
Nuestra gata también se abandona a la caricia solar en las largas tardes del verano.
Los estudiantes que acaban su bachillerato superior festejan solemne y ruidosamente por las calles la fiesta de iniciación a la vida adulta, la algarada feliz del Studenten.
En tales días te sientes sosegado como un pato en su estanque en medio de los bosques de Suecia.
Hace unos días visité por primera una de las dos sedes del MACRO, el museo de arte contemporáneo municipal de Roma.
Refiriéndome al Museo de las Artes del siglo XXI, el MaXXI (nacional), decía en mi crónica del 8 de diciembre que en su interior se tiene ‘la impresión de estar deambulando dentro de una escultura más que a través de un edificio’.
En cambio, en este MACRO (http://www.macro.roma.museum/), placenteramente integrado en un barrio de clase media, resulta más difícil formular una sensación general.
Debajo, una obra con objetos encontrados de Sarah Braman, ensu exposición Lay me down
Además la colección permanente no se puede visitar y, sólo cada cuatro o cinco meses, sacan temporalmente un artista de sus fondos y presentan las nuevas adquisiciones. Fatalidad, mi visita ha coincidido con el desmontaje de varias exposiciones en espera de las muchas que se anuncian a partir del 25 de junio.
A pesar de los boums atronadores que suenan cada quince minutos desde la estructura de acero de Arcangelo Sassolino, si tuviese que elegir una sensación sería la de confort.
Aquí se dan cita la amable experimentación del ‘vanguardismo’ de ahora, no exento de propuestas repetitivas, con algunas presentaciones retrospectivas de artistas italianos de la posguerra y hasta los años 70.
La crítica y la reflexión que se desprenden de algunos de los artistas actuales expuestos son suavemente jocosas. La imaginación sigue caminando por los senderos de lo conceptual, con dosis de ready made, sin que falte lo que yo llamaría algo así como ‘pop-punk’ o ‘punky-pop’.
En el hall de entrada Bruce Nauman te da la bienvenida con una de sus performances irónicas de los años 60. Se trata de una larga filmación de un ejercicio de auto-maquillaje del propio artista filmado en 16 mm.
Antony Gormley
No hay mucho que de veras te suscite preguntas o fascinación, o te sorprenda por su calidad, con la excepción de los dibujos y esculturas de Antony Gormley, la siguiente es una breve selección.

Mario Ballocco
Al final del recorrido, los archivos del museo abren también sus cajones para que podamos recrearnos un poco melancólicamente con los dibujos de Ballocco. El visitante accede a las láminas de este obsesivo dibujante de homines tirando de las bandejas de las cajoneras en las que se presenta su obra y su trayectoria en la biblioteca archivo del museo.
¡Ah! ¡los retretes y lavabos del MACRO son de diseño!
Entre Roma y Valencia
En las Termas de Diocleciano (una de las sedes del Museo Nacional Romano)
Unos días antes de volar a Valencia visité las Termas de Diocleciano, otro de esos museos de Roma donde se puede detener el tiempo con toda tranquilidad, pues apenas hay visitantes y las sorpresas parecen esperarte sólo a tí.
El orden ecuestre en la antigua Roma lo formaban gentes con alto nivel económico y buenos puestos en la administración. Mantener un caballo era bastante caro. El niño de la foto no solo disfrutó de un caballo sino a su vez del privilegio de ser inmortalizado cabalgándolo. El otro fanciullo representado en lo que pudo ser su monumento funerario debió de ser llorado también por una familia pudiente. Ahí están ambos como testigos involuntarios de la sociedad romana de hace dos milenios.
Junto a ellos os traigo la imagen de otro rostro (Caracalla de niño) y de una figura infantiles en el mismo museo. Parece que la sudadera con capucha ya formaba parte de la moda de los pequeños.
Y de los caballos pasamos a otros cuadrúpedos más exóticos, sobre todo a fines del siglo XVI cuando el naturalismo y los artistas del grabado ya tenía ilustres representantes en Italia y debieron de servir de modelo a los escultores que nos dejaron estos «bustos» en mármol, capricho del cardenal Michelle Bonelli para su palacio, que junto a otros dos de época romana (un camello y un toro) mugen en el centro del claustro renacentista del museo.
Llama la atención cómo la cabeza del rinoceronte evoca la de un grabado de Johannes Jonstonus (John Johnston) publicado en 1650. En realidad reutilizó el grabado de Ulises Aldrovandi publicado en 1621, quien a su vez copió seguramente el famoso grabado de Durero. Se trata de un detalle de una imagen de los servicios fotográficos de la Biblioteca Vaticana.
Ya hablaremos de grabados naturalistas otro día.
En otro ámbito de la zoología, la Ciudad de las Artes de Valencia (vista desde el avión que ayer me trajo) me pareció un gran insecto que se está tomando un descanso en su bañera.
Hemos llegado al Reino de Valencia
Tras visitar las Termas de Diocleciano, cuyas bóvedas aún están en pie después de casi dos milenios, no puedo evitar preguntarme cómo serán los restos de este insecto ultramoderno de Valencia cuando hayan pasado veinte siglos.
Probablemente los arrozales seguirán siendo inundados como lo son en este tiempo del año, captados entre Sullana y Sueca, ayer mismo, desde mi tren «de lejanías».
Salvo, claro está, que, cambio climático mediante, ambos, la Ciudad de las Artes y los arrozales, se encuentren para entonces inundados, no por mano humana, sino por las aguas del Mediterráneo.
En cualquier caso los atardeceres levantinos, como el de ayer, se mantendrán inalcanzables para las olas.
Un paseo a Frascati y Tusculum
Frascati no está lejos de Ciampino en coche, a poco más de veinte minutos. En una de esas ocasiones en que se ha de recibir a alguien en el segundo aeropuerto de Roma se puede aprovechar para dar una vuelta por esta ciudad donde apenas se ven turistas.
Foto R.Puig
Aquí tenía Cicerón su villa de descanso. Aquí se supone que escribió sus disputationes tusculanae, eclécticas piezas de oratoria filosófica, en el corazón de lo que es hoy la comarca de Castelli Romani, en las faldas de los montes albanos, sembrados de concavidades y lagos de origen vólcánico.
Entonces se trataba de la antigua Tusculum, cuyas ruinas pueblan los montes sobre Frascati. En esta zona se han documentado núcleos de los antiguos habitantes del Lazio desde el siglo XI a.C. Todo ello se explica muy bien en los diaporamas del Museo Nazionale Romano de las Termas de Diocleciano, a dos pasos de la estación Termini.
Se puede decir que los habitantes de Frascati descienden de los de la vieja Tusculum. Cuando las milicias del Comune de Roma se preparaban a destruirla a finales del siglo XII, la población civil escapó a Frascati y ahí se quedaron. Tusculum fue totalmente arrasada. Como no hay mal que por bien no venga esa destrucción y el olvido que la siguió han dado trabajo a muchos apasionados arqueólogos desde el siglo XIX.
Un poco más recientemente, desde 1994, las ruinas de Tusculum han sido objeto de un provechoso programa de cooperación de la Escuela Española de Historia y Arqueología (EEHA ) en Roma con la Soprintendenza per i Beni Archeologici del Lazio y la mancomunidad de municipios de Castelli Romani (XI Comunità Montana del Lazio).
Cuando aparqué el coche frente al edificio del ayuntamiento de Frascati no sabía nada de la EEHA, una institución del CSCIC ( http://www.eehar.csic.es/).

Sala del museo de las «Scuderie» que contiene los hallazgos de la misión arqueológica española. Foto R.Puig
Ha sido mi visita al Museo Tuscolano de Frascati adyacente al ayuntamiento, Scuderie Aldobrandini, lo que me ha permitido conocer el trabajo de los arqueólogos de varias universidades españolas, integrados en el proyecto de la EEHA, dirigido entre 1994 y 2005 por Xavier Dupré, fallecido prematuramente a los cincuenta años de edad.
Los arqueólogos españoles han trabajado en los monumentos construidos alrededor del foro (basílica, teatro, templos, etc.), proporcionando también importantes datos para el conocimiento de la arquitectura romana y medieval.
Durante los nueve años de excavaciones han pasado por Tusculum casi 200 jóvenes arqueólogos españoles e italianos. En las Scuderie de Frascati están expuestos en un ambiente apto a la contemplación los hallazgos de esta misión arqueológica española.
Tras mi visita a las Scuderie sólo me restaba montar en el coche y subir a as ruinas de Tusculum. Allí encontré a Joan Perroni, técnico de excavaciones arqueológicas, quien, bajo contrato con la Comunità Montana del Lazio, está dirigiendo un trabajo arqueológico en la zona.
La valla donde se halla el teatro romano en el sitio arqueológico investigado por la EEHA estaba cerrada. Gracias a los enlaces que me ha facilitado Joan os puedo ofrecer una imagen del teatro mejor que la que yo pude obtener desde fuera.
Frascati y sus «ville»
En junio espero volver con una visita guiada, y podré enseñar algo más que los hermosos alrededores de las ruinas de Tusculum. De todas formas la pequeña ciudad de Frascati, a pesar del destructor bombardeo aliado de 1943, tiene rincones que merece la pena visitar y vistas estupendas del Lazio y de Roma en la distancia.
Un paseo por Frascati nos lleva a la Iglesia del Gesù, no la de Roma, con su cúpula plana pintada en trompe l’oeil por el Fratel Andrea Pozzo, como también hizo en la iglesia de San Ignacio en Roma, y a la torre románica detrás de la iglesia de Santa María en Vivario.
Las piedras prerromanas, romanas y medievales se utilizaron durante siglos para otras construcciones de Roma y del Lazio, entre ellas las doce villas de pontífices, cardenales y obispos que la plutocracia feudal de los Estados Pontificios fue erigiendo a lo largo del sigo XVI para disfrute de sus clases dirigentes, incluidos losnepotes e hijos naturales de sucesivos papas, en plena época del Concilio de Trento y de la Contrarreforma. Sus historias sombrías se han ido velando con el paso de la historia y ahora nos quedan las obras de arte que dieron de comer a artistas como el Caballero de Arpino, Giacomo della Porta, Pietro da Cortona, Carlo Maderno, Giovanni Fontana y otros que trabajaron para estos palacios.
Sólo tuve tiempo para pasear por los jardines de la Villa Aldobrandini (que sigue perteneciendo a esta familia) que preside Frascati desde la cumbre de la colina, sin poder acercarme a las otras.
Una vez en sus jardines comprobé que la cumbre era borrascosa, pues esta imponente villa fue donada por el papa Clemente VIII a su nepote el Cardenal Pietro Aldobrandini.
A pesar de su nombre, este papa fue en realidad cruelmente inclemente con Giordano Bruno, a quien persiguió hasta conseguir quemarlo vivo. Es decir, que algunas sombras no se han ido del todo con el paso del tiempo (aunque las actas del proceso a Giordano Bruno hayan discretamente desaparecido).
Otra de sus empresas justicieras fue la ejecución de Betrice Cenci, su madre y uno de sus hermanos (este descuartizado), siendo condenado el pequeño a contemplar atado la ejecución de sus familiares y a remar de por vida en las galeras pontificias. El delito que cometieron fue organizar la muerte de un padre violento y violador de la hija, a quien tenía secuestrada junto con la madre para mejor atormentarlas.Las últimas voluntades de los ejecutados –donar sus bienes a la beneficencia- no fueron respetados. Las propiedades de Beatrice Cenci fueron adquiridas a precio de saldo por un nipote del papa. La historia es conocida y ha sido materia de numerosos films, por lo cual no abundaremos sobre ella aquí.
Además de la imponente villa Aldobrandini que domina la ciudad, hay en Frascati y sus alrededores otras once villas de aquella época. Dos de ellas convertidas en lujosos hoteles. Quizás cuando vuelva a Tusculum iré a ver la Villa Mondragone, en que el papa Gregorio XIII promulgó la bula que lanzaba el Calendario Gregoriano, por el que nos regimos hoy. Si la mayoría de las otras, en manos privadas, no se pueden visitar, en esta sí se puede entrar, pertenece a la Universidad de Roma.
Los romanos aún no tiemblan…
Por el momento el terremoto anunciado para hoy en Roma por Raffaele Bendandi no se produce. Siento muchísimo que en cambio un temblor de tierra, este de verdad, haya golpeado Murcia y tristemente con víctimas mortales en Lorca. Ojalá que no aumente su número. Lo he sabido después de publicar esta entrada del blog.
Aquí, bajo el alero del patio de Sant’Ivo alla Sapienza las abejas reina seguían en su puesto. No en vano son el símbolo heráldico del papa Urbano VIII Barberini, un pontífice más bien mandón y nepotista. La verdad es que el abdomen de las aquí vemos se parece a una mitra papal invertida. Por cierto que el número 141 de la revista Abeilles & Cie de Bélgica publica el interesante y docto artículo titulado Les abeilles des Barberini de Agnès Fayet, con fotos facilitadas por este blog.
Dos estudiantes de arquitectura dibujaban tranquilamente las arcadas del hermoso patio de esta iglesia, que acogía la Biblioteca Alessandrina en tiempos de los papas y que hoy alberga el Archivo del Estado italiano.
Y yo me quedaba sin poder visitar esta iglesia de Borromini, ya que, sorpresa, sólo abre tres horas los domingos por la mañana. Volveré.
En Roma, un poco como este señor que se preparaba esta tarde a montar despreocupadamente en su moto, no he encontrado a nadie que diga tomarse en serio la profecía de un terremoto devastador para el día de hoy.
Pero el tráfico está siendo netamente inferior, las agencias de viaje han experimentado un crecimiento inhabitual de las contrataciones de ausencias breves, las plazas de turismo rural fuera de la provincia de Roma han estado más solicitadas que nunca y –como muestra el diario La Repubblica– los numerosos comerciantes chinos del barrio de Piazza Vittorio han cerrado sus tiendas alegando los motivos más variopintos. Es algo así como lo que se dice en Galicia de las meigas.
Tras el escaparate de una tienda de antigüedades de la via della Scrofa, hoy cerrada, una atemorizada sílfide parecía reprocharle al anticuario por haberla dejado sola ante el peligro. Un poco más allá las motos esperaban la salida de los centauros de sus oficinas.
Los paisajes del Lazio de Johann Christian Reinhart
El curator de la exposición dedicada a Johann Christian Reinhart en la Casa de Goethe usa la expresión deutchsrömer, o sea ‘tedescoromano’, para denominar a este artista, nacido en 1761 en la región alemana de Ansbach-Bayreuth. Llegó a Roma en 1789, se enamoró de la ciudad, se casó aquí y pasó el resto de su vida expresando en su obra sus percepciones de la urbe y de la región que la rodea hasta su muerte en 1847 a los 86 años.
En un itinerario característico de los ilustrados de la época, este hijo de pastor protestante, comenzó estudios de Teología en Leipzig, que pronto cambió por los de arte. Tuvo excelentes maestros de dibujo (el mismo Oeser que había dado clases a Goethe) y de pintura de paisaje (Klengel, alumno de Canaletto). Ya inmerso en el espíritu del Sturm und Drang, trabó amistad con Schiller, a quien escribía a menudo tratando de atraerlo a Roma.
José de Madrazo (1781-1859), que vivió un tiempo en Roma en el Palazzo Galoppi donde residía el alemán, lo retrató en 1812.
Del nacimiento de Reinhart se conmemoran ahora los 250 años. Las exposiciones temporales de la Casa de Goethe en Roma tienen una personalidad propia, son intimistas, mezcla de retazos documentales y de escritos de los artistas con sus obras y las de otros coetáneos que les conocieron, así como pruebas del ambiente en que vivieron.
No hay grandielocuencia en estas exposiciones, las explicaciones murales y las cartelas parecen hechas con una antigua máquina de escribir. Todo invita a la degustación parsimoniosa de los dibujos, grabados, libros y documentos expuestos. Está en plena vía del Corso, pero no escuchamos el estruendo de la calle.
La serie de grabados sobre diversos lugares del Lazio es magistral, de carácter clásico pero ya teñidos de un incipiente romanticismo. Los defectos de mis fotografías no hacen justicia a la calidad de los grabados, así que sólo una visita a la Casa de Goethe en Roma antes del 15 de mayo podría daros una mejor visión
Se podría peregrinar a la búsqueda de estas visiones pero mucho me temo que el desarrollo de Roma en los últimos siglos nos daría algunas tristes sorpresas.
No sé, por ejemplo, como estará ahora este rincón de Albano, en cuyas cercanías se sitúa el aeropuerto de Ciampino, dedicado en su casi totalidad a los vuelos de Ryanair.
En honor a la verdad, Reinhart no sólo se enamoró de Italia, sino también de sus vinos y de la vida bohemia en Roma. Es verdad que los cafés de artistas serían una invención parisina de finales del siglo XIX, pero la patente de las “grutas de artistas”, en su sentido más festivo y bacanal (nada que ver con los pintores del paleolítico ni con la caverna de Platón) le pertenece a Reinhart.
En una de sus amadas caminatas por la región, en busca de apuntes para sus paisajes, descubrió una gruta en Cervara. Poco a poco fue organizando alegres reuniones de arte y vino con otros artistas y escritores alemanes de Roma. Con el tiempo, no sólo asistían los alemanes y el aumento de los participantes hizo necesario el transporte del vino en barriles y de las vituallas a lomo de mulos.
Ferdinand Flor (1793-1881) realizó un grabado muy elocuente que describe aquellas fiestas.
Reinhart era también editor de revistas y poeta, así como un notorio hereje, libre e iluminista, para la Roma de los Estados Pontificios. De ello dan prueba algunas citas:
“En tu orgullo ¡oh Hombre! te atreves a decir:
Dios me ha creado a su imagen y semejanza.
Sincérate, Hombre, y responde a mi pregunta:
¿Acaso nos has sido tú quien a tu imagen has creado a Dios?
(1846, Biblioteca Estatal de Munich)
…
Gracias ¡oh Religión! que trasformaste a los salvajes en cristianos,
Tú, Filosofía, hazlos también seres humanos:
Porque quien odia, persigue y en su santo ardor quema
al hermano que piensa de modo diferente, ese es una bestia.
(1846, Colección privada)
Tras el recorrido de las salas dedicadas a Reinhart se acaba la visita en las salas de la colección permanente donde nos dice adiós un perfil informalista de Goethe, esculpido en mármol negro por Andreu Alfaro (Valencia 1929)
TOTUS TUUS
¿Por qué estaban ayer tan excitadas las tortugas del estanque de Esculapio en Villa Borghese? ¿Se apresuran a estar en primera fila en las ceremonias de beatificación del papa Wojtyla? ¿Percibe su instinto animal la llegada del gran terremoto profetizado por Bendandi? ¿Han sido invitadas a una fiesta de Berlusconi y ensayan su bunga bunga?
Dicen que las tortugas romanas son muy sensibles a los grandes acontecimientos, y ahora, en poco más de una semana, los romanos están a punto de vivir dos acontecimientos astrales. En primer lugar, mañana, 1º de mayo, se beatifica a Juan Pablo el Grande. El Vaticano ha elegido la fiesta de los trabajadores porque al parecer Karol Wojtyla trabajó de obrero durante un año. Así que los sindicatos y los trabajadores están felices ¡por fin esta fecha va a perder su regusto proletario y rojillo para ser una celebración bendita! Por otro lado el 11 de mayo una conjunción astral acarreará un terremoto que devastará Roma. Lo anunció hace años Raffaele Bendandi una especie de nostradamus de la sismografía: http://www.lagranepoca.com/la-historia-de-raffaele-bendandi-pronosticador-de-un-terremoto-en-roma-para-el-1152011

Por si acaso, las gentes se están comprando en los kioscos el calendario del nuevo beato para que les sirva de detente. Como no tengo aún imágenes de cómo será el terremoto, nos haremos una idea con la erupción del Vesubio en tiempos de Vespasiano.
Juan Pablo el Grande
Lo de Juan Pablo el Grande no me lo he inventado yo sino la agencia de noticias vaticana Rome Reports quien denomina así al papa Wojtyla y te lo explica en un DVD al módico precio de 14 euros.
(http://www.romereports.com/shopdvd/product_info.php?cPath=26&products_id=49&language=es),
La verdad es que una beatificación tiene su enjundia. Cuando se declara beato a alguien se afirman varias creencias al mismo tiempo: la creencia en el cielo, en el purgatorio, en el infierno y en los milagros, además, claro está, de certificar que el nuevo beato es un modelo de vida para los cristianos. La creencia en el cielo, porque el declarado beato se considera que goza ya de la visión beatífica en el paraíso; la creencia en el purgatorio, porque se afirma que no ha necesitado purgatorio; la creencia en el infierno, porque si se cree en la beatificación, también se cree en su opuesto, lo que podríamos llamar maldificación.
De pequeños nos contaban historias de jóvenes condenados que con mensajes de ultratumba trataban de prevenir a sus antiguos compañeros para que no fueran lascivos y no murieran como ellos en pecado mortal. La pureza de los santos brillaba más si se destacaba sobre la impureza de los pecadores. Es algo así como el ying y el yang, como la luz y la sombra. Digamos que todo cristo debe tener su judas. Se piensa que lo mismo que unos van derechos al paraíso hay otros que van de patitas al infierno. Es lógico: si te lo has pasado bien cometiendo pecados mortales no es justo que vayas al cielo junto a aquellos que se han mortificado a base de bien para resistir a las tentaciones (un ejemplo: Juan Pablo II aguantó todo lo que pudo la cruz de ser papa y, como explica la anestesióloga Lina Pavanelli, sólo cuando lo estaba pasando atroz rechazó la alimentación por sonda y se dejó morir)
Pues bien, a mí la beatificación de Juan Pablo II me hace pensar en la reciente maldificación de uno de sus mejores amigos, que tantos actos multitudinarios le llenó al papa con sus legionarios de Cristo a los que había entrenado en el ambiguo grito de totus tuus. Me refiero al por muchos años considerado como el santo Padre Marcial Maciel, quien también manifestaba ansias de ser beato algún día. A pesar de su larga amistad con el nuevo beato, sus legionarios de Cristo ya no protagonizarán los actos del 1 de mayo en la Plaza de San Pedro. Son algo así como un colectivo puesto en conserva en el purgatorio. No se echará de menos a los miembros de la organización del millonario pederasta, gran amado y protegido de Juan Pablo II.
Los posters gigantes de amor pontificio a los niños que el berlusconiano alcalde de Roma ha sembrado por toda la ciudad atraerán a muchas familias emocionadas. No en vano Berlusconi ha declarado ayer, evocando a Karol Wojtyla (quien le concedió numerosas audiencias) que en Italia “nunca más habrá leyes contra la tradición cristiana”.
En esto de las asociaciones entre beatos y malditos (salvando las diferencias y la tipología de los delitos) en España tenemos también más de un caso similar. Como ejemplo, por un lado está el maldificado “Bigotes” que, a pesar de todos los actos multitudinarios que le organizó a su amigo el presidente de la Comunidad Valenciana, se encuentra en prisión. Entretanto, su amigo del alma está en vías de ser beatificado por los electores. Me parece que Plutarco podría reescribir hoy sus vidas paralelas con nuevos ejemplos, porque de parejas de beato y maldito está llena la historia contemporánea.
Wojtyla en la revista MicroMega
Ya que he dado publicidad a un DVD vaticano no está de más, para equilibrar las cosas, que mencione a quienes la piensan distinto. La muy seria y concienzuda revista MicroMega, dirigida por Pablo Flores d’Arcais, ha sacado a la calle (aunque los vendedores de prensa la sacan de la tratienda cuando la pides) un número monográfico bajo el explícito título de Karol Wojtyla il Grande Oscurantista, que se abre con un artículo del teólogo católico Hans Küng,
Está en italiano pero se entiende todo.
¡Ah! y si el 12 de mayo no publico mi entrada en el blog es que mi ordenador está debajo de una viga. ¡Que Juan Pablo el Grande me lo proteja!
Via Margutta
Ya se sabe que Roma es un destino de peregrinos. Curiosos o apasionados o en pos de diferentes mitos vienen por motivos varios. Sin duda son mayoría los que acuden a la capital del mundo católico para cumplir con seculares ritos de adoración o expiación, vivir momentos de éxtasis, buscar consolación y seguridad en la magia de Pedro y sus sucesores, renovar su fe o sumergirse en el aura de lo que queda del mensaje de Jesús.
Pero no son los únicos. Son también innumerables los que acuden a sentir las vibraciones de la historia de esta ciudad inacabable y de sus arquitecturas, sumergirse en sus colecciones de obras de arte, perderse por sus calles, en definitiva captar algo que, a pesar de la masificación turística, todavía trasmite por doquier.
Y tampoco es necesario tener elevadas pasiones trascendentes o estéticas para peregrinar, basta con tener el adecuado grado de nostalgia o, pensarán algunos, de fetichismo. La mayoría de los que han ido a la bendición papal y ganado algunas indulgencias tampoco quieren omitir el rito de lanzar su moneda a las aguas de la Fontana di Trevi acordándose quizás deAnita Ekberg y del “bello Marcelo”.
Via Margutta
Y hablando de fetichismo, Via Margutta también es un lugar de discreto peregrinaje fílmico. Esta calle tiene fama por sus numerosos estudios de artistas y galerías de arte, aunque en realidad ya no es lo que era. Pero algo que hay que destacar es que desde 1975 se ha venido celebrando en ella el festival de dibujo infantil «Mille bambini a Via Margutta», que creó Pietro Gabrielli, conocido jugador de rugby italiano, para sensibilizar a los escolares y a sus familias sobre la necesidad de prevenir las causas de la discapacidad y conseguir la equiparación de derechos de las personas con discapacidad.
Pero, aunque este recuerdo quizás no atraiga a los veinteañeros, el peregrino puede todavía evocar a Audrey Hepburn y Gregory Peck.
Suelen venir turistas que no han cumplido o no andan lejos de cumplir los setenta. Se pasean por Villa Margutta y preguntan a algún portero: “¿Sabe usted cuál es la casa de Roman Holiday?” (Vacaciones en Roma). “Sí señores, vayan ustedes al nº 51 a”.Desde luego me hubiera gustado cruzarme con Audrey Hepburn en el portal del inmueble pero me he contentado con echarle un poco de imaginación. Aquí se rodaron las secuencias del apartamento del periodista Joe Bradley (Gregory Peck) en una de las comedias más famosas de Holywood, dirigida por Willlyam Wilder en 1953. Fue prácticamente el primer papel importante de Audrey Hepburn, por el que aquella actriz, nacida en Bélgica en 1929, obtuvo el óscar a la mejor actriz. Yo no tengo aún 70 años, pero en una de mis visitas a una de las pocas galerías de via Margutta que todavía mantiene propuestas artísticas de calidad, he terminado por hacer la misma pregunta.
No me atrevía a subir por las escaleras a causa de un cartel que prohíbe el paso, pero Pablo Mesa, un licenciado malagueño que trabaja como becario del programa Leonardo en la galería Emmeotto, me animó a recorrer los recovecos de este lugar romántico y recoleto.























































































































