Evocación del campus de Bellas Artes de Altea

imagen de http://www.viajescondestino.com
Mientras la primavera romana, con sus chubascos y sus luces, se sigue desplegando, me asalta el recuerdo de otras orillas del Mediterráneo.
Flanqueada de uno y otro lado por la Serra Gelada…
y el Mascarat y el peñón de Ifach
entre el mare nostrum y la sierra de Bernia, destaca Altea.
El campus de la Facultad de Bellas Artes, sobre la misma colina de la ciudad antigua, cuyas calles blancas se abren a sus espaldas, mira frontalmente hacia Bernia y, un poco más lejos, por el sur al macizo de Aitana
La Facultad de Bellas Artes, en plena proceso de adaptación al ‘sistema Bolonia’ y manteniendo una cierta preferencia por el arte conceptual, es el único campus de la Universidad Miguel Hernández de Elche, establecido en Altea
http://www.umh.es/frame.asp?url=centros
Esta Facultad destaca por su ambiente cordial, su personal auxiliar y administrativo acogedor y servicial, su luminosa y espaciosa biblioteca (en Roma sigue cerrada por problemas burocráticos), su aula de informática, su gran dotación de naves de trabajo, en los que se cuenta con la asistencia de maestros de taller muy competentes…
Profesores entusiastas y dialogantes, de los que he aprendido tanto…
Inolvidables compañeras y compañeros de estudios (tres veces menos alumnos que en Roma), algunos ahora dispersos por Europa, con los que he compartido muchas horas de taller y acciones colectivas de las clases de historia del arte
Buenos ratos de conversación en el bar-cantina de la Facultad (detalle que se echa de menos en Roma).
Esta primavera es buen momento para evocar desde Italia a compañeros, profesores y personal de la Facultad de Bellas Artes de Altea y a su entorno privilegiado
Miscelánea primaveral
Con la llegada de la primavera se han acumulado los temas.
Parece que a medida que brotan la hojas en los árboles las neuronas quisieran competir con un bullir de ideas y sugerencias.
He aquí un ramillete.
Tenacidad del árbol
En primer lugar algo muy simple…
Frente a mi ventana tengo las ramas de un gran plátano. Durante el invierno, salvo por el ir y venir de la pareja de tordos que lo habitan, si no fuese por los cambios de luz en su corteza el árbol parece muerto.
Y ahora, en poco más de dos semanas, ha desplegado sus hojas. De lo que apenas eran unos botones han surgido millares de pequeñas velas verdes que mece la brisa del lungotevere. Ajena al tráfico desaforado de la avenida, la pareja de tordos sigue con su trasiego. A no mucho tardar es posible que alguna cría inicie su vuelo.
Brota un beato
Hay otros brotes primaverales en la Ciudad Eterna. Si venís por Roma a fines de este mes podréis asistir a la epifanía de un nuevo beato. Aunque acercarse a la plaza de San Pedro entre el 30 de abril y el 2 de mayo puede conllevar el peligro de asfixia en medio de una masa de un millón de peregrinos.
Por de pronto, hace dos días, se han llevado a otra zona menos transitada de San Pedro el cadáver del beato Inocencio XI, un papa del siglo XVII que ya no atrae peregrinos ni hace milagros, y han dejado preparado el espacio bajo el altar de la capilla de San Sebastián para el cadáver venerable del papa Wojtyla. Y así hasta que dentro de otros tres siglos venga otro beato más popular a ocupar su lugar. Sic transit gloria coeli.
Fisionomías papales
Aunque en realidad la imagen de los papas no cambia mucho, si no es porque se ha ido haciendo un poco más aparatosa con el correr de los siglos. Pero si miramos estas dos imágenes parece que no haya pasado tanto tiempo.
Así tallaban a San Clemente al inicio del siglo XIV…

El papa San Clemente, Pinacoteca de Siena, madera policromada, inicios del s.XIV, de un discípulo de Arnulfo di Cambio
Y así esculpían a Pío XI en el siglo XX…
Y así es la triple tiara que se exhibe en el Museo de la Basílica de San Pedro…
La tiara papal tiene tres niveles, como algunas tartas de boda. En el panfleto clandestino Julius exclusus (o sea Julio excluído del cielo) escribe Erasmo que el papa Julio II no pudo entrar en el paraíso, entre otras cosas porque no quería abandonar su tiara. Y en los Silenos de Alcibíades ironiza de nuevo, esta vez con la tiara de los obispos (Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio, Madrid, Alianza Editorial, 2008):
Puede que hasta encuentres algún obispo que si te fijas en la solemnidad de su consagración, si observas su flamante vestimenta, su mitra resplandeciente de oro y pedrería, su báculo, cuajado también de gemas, en suma toda esa mística panoplia que le cubre de pies a cabeza (a capite usque ad calcem) lo contemplarás como a un ser celestial y como a un varón por encima de los hombres. Dale la vuelta al Sileno, no encontrarás sino a un guerrero, un negociante y en fin de cuentas, un tirano, y concluirás que esas magníficas insignias eran una comedia
Pero ya estoy yo desvariando, han pasado algunos siglos y los tiempos han cambiado mucho ¿O no?
En primavera, paisajes
Ahora, para oxigenarnos, he aquí una cita primaveral y una imagen de mi admirado Pierre Henri de Valenciennes.
Réflexions et conseils à un Élève sur la Peinture et particulièrement sur le genre du Paysage, La Rochelle, Rumeur des Ages, 2005,146 pages, pp.58-61 (la traducción es mía):
La primavera es la más agradable de las cuatro estaciones: influye en todo aquello que respira; ejerce sobre las facultades del hombre el mismo poder que sobre el fluido vegetal que reaviva todo lo que la tierra produce.
Qué sublime espectáculo para un pintor, la Naturaleza renaciente se adorna con la frescura de la juventud e insensiblemente recubre con una nueva vegetación su triste y frío esqueleto que, después de varios meses, languidecía bajo los hielos y las escarchas.
…
El momento más favorable para representar esta amable estación es el que sucede inmediatamente al equinoccio. La vegetación está ya más avanzada; las flores se han abierto; la atmósfera es más pura; el calor es dulce; las mañanas son más agradables, y las tardes todavía frescas.
…
Poussin ha sabido aprovechar esta estación para componer su Paraíso terrestre. Ese genio sublime, que no sabía de dificultades, ha dado a luz un paisaje admirable.
Digamos que, en la estela de Poussin y como predecesor de Corot, pintores ambos vinculados para siempre al paisaje romano, Valenciennes no desmerece de ninguno de los dos, anticipándose en cien años a los hallazgos sobre la luz y las sombras del natural tanto de Delacroix como de la escuela de Barbizon y de los impresionistas. La colección que posee el Louvre de sus más de 120 vedute al óleo y de sus cuadernos de dibujo, todos sobre tema romano e italiano, es una mina para los pintores del paisaje. Sin que falten trabajos suyos en otros museos de Francia.
Sin salir de Palazzo Massimo, en el segundo piso de esta sección del Museo Nazionale Romano se puede visitar lo que debió ser el fresco triclinio veraniego, a modo de ninféo, de la divina Livia Drusila, la esposa de Octavio Augusto, íntegramente transportado y restituido tal cual desde la Villa de Livia, que la emperatriz se hizo construir en la campiña al norte de Roma.
Los usos de este recinto de 5,90 x 11,70 metros, con una sola puerta en arco, no han sido identificados en su totalidad
Lo que tiene de particular es la calidad y conservación de los frescos que representan un jardín fingido, el más antiguo jardín ilusionista del arte romano, repleto de significados simbólicos, pues cada planta en el mundo antiguo tenía una vinculación a un dios o una diosa concretos.
El pino común, presente en los ritos mistéricos de Cibeles, Attis y Dionisos.
El madroño de los ritos fúnebres, protector de los difuntos.
La encina (robur), la robusta encina, vinculada al poderoso Júpiter.
El granado, símbolo de la fertilidad, el fruto de la diosa Deméter.
Al Crisantemo coronario los griegos lo llamaban “la ceja de Júpiter», entrelazado en las coronas mortuorias protege a los difuntos.
Son muchas más las plantas que aparecen en este repertorio simbólico. Estas salas de Palazzo Massimo contiguas a las dedicadas a una colección fascinante de mosaicos se prestan a la contemplación, garantizado: estaremos prácticamente solos.
Sentados con Livia, que acaba de visitar a su peluquera,y en el centro de su refugio, podemos ir girando la vista hacia las cuatro paredes que nos rodean, tratar de remontar los dos mil años que nos separan de esa labor pictórica, que nada tiene que envidiar a los frescos pompeyanos, e imaginar el tipo de relación que los romanos mantenían con los significados del mundo vegetal. Algunos de ellos, transformados y desacralizados, siguen presentes en nuestra cultura.
Unas ‘caladitas’ de la blanca adormidera podrían acabar de trasportarnos a aquella época.
Créditos: las fotografías son del autor del blog

«I have never felt such an extraordinary impression as the one created by the sight of this magnificent… athlete, coming slowly out of the ground…» Rodolfo Lanciani, Anciente Rome, London 1888
Enterrado durante siglos este púgil griego esperó pacientemente a que el arqueólogo Rodolfo Lanciani lo destapase a fines del siglo XIX. Cubierto de tierra volvía el rostro hacía el cálido sol de Roma , perdidos para siempre los globos oculares que un escultor del siglo I antes de Cristo le había dado, con ese realismo que los artistas griegos fueron desarrollando a partir de Lisipo y de sus seguidores del Helenismo
Pero este luchador no sólo esperó a los arqueólogos. Un artista excepcional lo modeló en esa actitud expectante, en arcilla primero, para, mediante el procedimiento de la “cera perdida”, fundirlo después en bronce, por partes que soldaría al final con gran maestría.
Sentado, se reposa de combates anteriores
La osamenta de sus manos está protegida por el guante de cintas de cuero, himàntes oxèis, que sujeta los dedos, dejando libre el pulgar
¿Qué escucha, qué mira, el curtido púgil de Palazzo Massimo?
Quizás su rostro, marcado de cicatrices, se vuelve porque ha oído la llamada para un último pugilato. Ha de reunir sus fuerzas y alzarse de nuevo, aunque la edad y el cansancio le vencen. El adversario se estará poniendo en pie del otro lado de la palestra y en unos instantes nuestro púgil veterano estará listo para el combate.
En la misma sala de este antiguo colegio de jesuitas, donde los alumnos debieron entonar el rosa-rosae, un compañero también de bronce, más joven, apoyado en su lanza (noble romano que desde el siglo II antes de Cristo mantiene su pose heroica) dirige su mirada hacia al viejo boxeador para darle ánimos.
Del otro lado del pasillo Octavio Augusto, divinizado en vida y Pontifex Maximus, permanece impasible. Su mirada planea por encima de las pasiones y miserias de púgiles, guerreros y súbditos.
Ni siquiera necesita ya los brazos.
Técnicas de la Pintura en la Accademia di Belle Arti de Roma
En estos tiempos de performances, instalaciones y ready-made (tiempos que duran ya varias décadas) frecuentar las clases de Tecniche Pittoriche es un solaz y una exigencia, un placer y un esfuerzo gratificante.
http://www.accademiabelleartiroma.it/didattica/docenti/bondi.aspx
Al menos por lo que se refiere a las clases del profesor Moreno Bondi en la Accademia di Belle Arti de Roma ( http://www.morenobondi.it/ )
Son clases interactivas, con diálogo profesor alumno y un proceso en el que se experimentan dos elementos complementarios: la adquisición de un método de trabajo exigente que combine el rigor proyectual con la creatividad y la comprensión de los materiales; y las habilidades necesarios para una expresión pictórica de calidad.
Presento aquí brevemente la forma en que se trabaja en Técnicas de la Pintura, ilustrándola con imágenes del desarrollo del proyecto que he llevado a cabo durante el pasado cuatrimestre en esta asignatura.
Todo lo que se explica se muestra y se practica, por el profesor en primer lugar y por los alumnos a continuación: conocimiento y selección del soporte, de los tipos, calidades y preparación inicial de telas, de los pinceles, pigmentos, medios (diluentes y trementina, aceites, varnices, etc.) para témpera, acrílico y óleo. Así como el proceso pictórico y los tratamientos intermedios de las diferentes capas en el paso desde el acrílico al óleo y a sus acabados.
Estos aspectos materiales se insertan en la experimentación de un método de proyecto, a partir de las diferentes imágenes de la idea naciente del cuadro (pergeños a lápiz, carboncillo, acuarela, fotos, collages de material vario, etc.), que se recogen sobre láminas de 50×70 cm y se discuten con el profesor para decidir la línea más prometedora, con gran libertad de temas y estilos personales.
En estas discusiones se tratan ejemplos de maestros de la pintura, con explicaciones sobre las varias técnicas adoptadas por ellos, por ejemplo: los pintores del siglo XV italiano, Caravaggio, etc., así como la evolución técnica de los materiales hasta nuestros días.
A partir de la tormenta de ideas personal en torno a las propias imágenes y en el contexto colectivo de la clase, en la que se revisan todos los proyectos, el alumno realiza un boceto o prueba parcial.
Este se discute de nuevo y en la fase final del curso cuatrimestral se organiza el taller.
Se ha de pintar sobre una tela de calidad media superior, de un metro cuadrado como mínimo. Los proyectos individuales se ejecutan al unísono en varias sesiones, según un riguroso cronograma, ‘bajo la estricta batuta’ del docente, aplicando lo que se ha demostrado durante las sesiones de técnica. Punto de partida es el boceto en tamaño reducido. La tela se prepara con gesso y un color acrílico de base. Se ejecuta la primera fase del cuadro en acrílico.
Luego se trata la superficie del cuadro con una composición de trementina y varniz (50/50) que evapora rápido.
A continuación se pasa al trabajo de acabado en óleo, utilizado un medio (excluida la sola trementina) que aumentará sus componentes grasas a medida que se van superponiendo capas.
En mi caso, el cuadro final es «Noche de lluvia en Piazza Cavour», 110×90 cm)
Todo el proceso se ha desarrollado bajo la cercana supervisión y crítica del profesor y el diálogo individualizado y colectivo. No se excluye la elección por un alumno de una técnica particular de las otras explicadas en el curso (hay quien ha ejecutado su proyecto en témpera grasa sobre madera componiendo la materia pictórica con sus propios pigmentos).
Este es muy sucintamente el contenido de estas clases. El interés de las mismas lo demuestran sus más de cien alumnos inscritos este año, distribuidos en tres sesiones semanales de cinco horas (jueves, viernes y sábados). Hay que añadir que, además del cuadro ejecutado en todas sus etapas durante el cuatrimestre que acabó al final de febrero, al examen de junio hay que llegar con tres proyectos más acabados, en cuadros de al menos un metro cuadrado y un gran cuadro de mayor dimensión. Este es al menos el objetivo para el que quiera trabajar a tope. En el examen se deberán explicar las etapasseguidas hasta la ejecución final de cada uno de esos cuadros.
De águilas y humanos
En estos tiempos en que discutimos si son galgos o son podencos (ya me entendéis) la imagen de las águilas mussolinianas sobre el Ponte Flaminio me han recordado unos textos alegóricos de Erasmo que traduje y edité hace algunos años. Por favor, que no se enojen los protectores del águila real, pues se trata de una alegoría erasmiana contra la crueldad del poder despótico, en gran parte inspirada en descripciones de Plinio (Historia natural) y en Aristóteles (Historia de los animales). El aspecto en el que incide el comentario de Erasmo al antiguo adagio Scarabeus aquilam quaerit (El escarabajo acecha al águila) es la extraña preferencia del poder por el símbolo del águila, en lo que coinciden tanto las dictaduras como las democracias, los rebeldes como los represores.
¿En la batalla esópica entre los tenaces y jóvenes escarabajos y las vetustas rapaces llegarán los primeros a liberar sus atormentadas sociedades o volverán las oscuras águilas a adueñarse de cuerpos y almas?

El águila de los viejos amigos, el de oscuro es falangista (Serrano Suñer) y el de las gafitas os dejo adivinarlo…
Ahora os dejo con Erasmo:
…aunque se mencionen seis clases de águilas, todas tienen en común que tanto su pico como sus garras son violentamente curvos; de modo que por la misma disposición de su cuerpo se pueda comprender que se trata de un ave carnívora, enemiga de la tranquilidad y de la paz, nacida para la lucha, la rapiña y la depredación. Y como si no bastase con ser carnívoras, las hay que se llaman –y lo son– quebrantahuesos.
…pongamos que un fisionomista no del todo inepto observe con detenimiento el rostro y el pico del águila: ojos ávidos y perversos, rictus amenazador, cuencas oculares truculentas, frente torva y, finalmente, el perfil ganchudo que Ciro, rey de los Persas encontraba tan atractivo en un príncipe ¿no reconocerá inmediatamente la imagen magnífica de la realeza, desbordante de majestad? A ello se añade un color de por sí funesto, tétrico y de mal augurio, de sombría y sucia negrura. Por eso a lo que es sombrío y tirando a negro lo llamamos aquilus. Viene a continuación esa voz desagradable, terrible, descorazonadora y aquel grito, entre amenazador y lastimero, que estremece a todos los seres vivientes. Se trata de una señal que reconocerá enseguida, aunque se emita entre bromas, todo el que haya experimentado, o simplemente observado, lo temibles que son las amenazas principescas y cómo tiemblan todos siempre que la voz del águila resuena…
… Así sucede cuando al grito estridente del águila el pueblo entero es presa de repentino pavor, el senado se achanta, la nobleza inclina la cerviz, los magistrados se tornan complacientes, los teólogos callan, los jurisconsultos proclaman su acuerdo, las leyes retroceden, las instituciones se rinden: nada hay que valga, ni la ley divina ni la religión, ni la justicia ni la humanidad. A pesar de que haya tantos pájaros no exentos de elocuencia, de que sean tantas las aves canoras y las especies dotadas de gritos y de cantos variados, con melodías que incluso pueden conmover las piedras, es no obstante el solitario estridor del águila, áspero y apenas musical, el que se sobrepone a todos.
En realidad, entre las especies innumerables de los pájaros, los hay que merecen admiración por la riqueza y por los colores de su plumaje, como los pavos reales; unos destacan por su blancura de nieve, como los cisnes, mientras otros brillan con sobria negrura, como los cuervos; a unos les otorga preeminencia el tamaño de su cuerpo, como a las avestruces, otros son célebres por su carácter legendario y portentoso, como el fénix; unos son emblemáticos por su fecundidad, como la paloma; otros son apreciados en la mesa, como las perdices y los faisanes; unos son simpáticos charlatanes, como los loros, otros son cantores admirables, como los ruiseñores; unos destacan por su espíritu combativo, como los gallos de corral; otros han nacido para el deleite de los humanos, como los gorriones. Sin embargo, de todo este conjunto sólo el águila fue considerada por varones de gran sabiduría como idónea para representar la imagen del rey a pesar de que no es hermosa, ni canora, ni suculenta, sino carnívora, rapaz, depredadora, devastadora, belicosa, solitaria, aborrecida por todos, y una peste universal cuya capacidad de hacer daño es inmensa aunque su voluntad de hacerlo supere a sus capacidades.
Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio, Ed. Ramón Puig de la Bellacasa, Madrid, Alianza Editorial, Libro de bolsillo H 4485, 2008
Pues, la verdad, si a todos les une el águila ¿por qué se pelean entre si?
Este sábado pasado hizo buen tiempo en Roma. Sacudiéndome el miedo a las multitudes turísticas, me fui “de museos”. Empecé por Palazzo Venezia (en cuyas salas reinan la paz y las sorpresas) y en cuya sede se puede ver la exposición la bottega di Caravaggio, así como un exhaustivo estudio de sus cuadros sobre la vida de San Mateo de la capella Contarelli. Luego pasé a la mostra Ritratti, le tante faccie del potere en el Palazzo dei Conservatori de los museos capitolinos, de la cual, siguiendo la saga de la Fisionomías, hablaremos otro día.
Los pies no me permitieron seguir con la exposición de Lorenzo Lotto, pero todo se andará.
Escalinatas palaciegas
Subiendo a las salas del Palazzo Venezia se me ha ocurrido decir algo sobre el arte del subir y bajar, o del ascender y el descender. Puede que por ello las escalinatas nos fascinen, por ser metáfora de la vida. Sin mayores comentarios, he recogido algunas fotos mías de escalinatas palaciegas de Roma y alrededores.
La armoniosa escalinata de Borromini de acceso a la Galería del Palacio Barberini (siglo XVII), en lo alto de la cual nos espera la dulce Fornarina, que con amor pintó Rafael.
Por las escalinatas del siglo XV del Palazzo Venezia (atribuido a Gian Battista Alberti) subía, puede que a paso de oca, Mussolini. Digamos sin embargo que antes y después subieron gentes más dignas. Aunque agún maleficio parece aún flotar por sus rellanos.
No obstante en el segundo piso nos esperan dos vírgenes en madera que, también con amor, tallaron artistas italianos del siglo XV, o una señora francesa del XVIII. Si había un maleficio, aquí no llega.
Estas escalinatas en su último piso, abriendo un ventanuco bajo los aleros del palacio (¡cerradlo bien luego!), nos permiten asomarnos a la vía del Plebiscito.
Villa Adriana
Y –vanitas vanitatum– desprovistas de mosaicos, mármoles y bóvedas pintadas y, a causa de un expolio de siglos, reducidas a humilde ladrillo y argamasa, nos esperan las escalinata, por las que, junto al soberbio triclinio (el antes llamado Serapeo) del estanque del Canopo en Villa Adriana (Tívoli), subían el emperador Adriano y sus cultos invitados…
Supongo que por aquí vino a inspirarse Marguerite Yourcenar para sus Memorias de Adriano. Si no las habéis leído, conviene hacerlo si es que pensáis venir a la Villa Adriana (ayer domingo le dediqué más de tres horas con gran enojo de mis pies pero deleite de la mente)
Foto de boda y pretorianos en el Campidoglio
Pero la vida sigue y sobre la escalinata del Campidoglio que diseñó Miguel Angel los novios se hacen la foto
Además de parejas de recién casados, el sábado, también en el Campidoglio, una cohorte de pretorianos y vestales era recibida por un representante del Ayuntamiento de Roma ante el Palazzo Senatoriale. El grupo Pactum había desfilado así desde el Esquilino
Ahora que los estudios de cine de Cinecittà están de saldos, hacerse con un completo equipo de pretoriano resulta seguramente más asequible, aunque no resulte tan fácil ajustárselo
Italia, ciento cincuenta años de unidad

Ambrogio Lorenzetti, Alegoría del Buen Gobierno
Italia fue cuna de las ideas y de la gobernanza democráticas en sus ciudades estado desde el siglo XIV. Una representación pictórica de estos planteamientos es la serie de frescos de la «Allegoria del Buono e del Cattivo Governo» (Alegoría del buen y del mal gobierno) realizados por Ambrogio Lorenzetti entre el 1337 y el 1339 en la Sala dei Nove del Palazzo Pubblico de Siena. Es una de las primeras obras de carácter laico de la Italia cristiana y probablemente el primer paisaje urbano y campestre de la pintura italiana (ver el extenso examen de esta obra en Quentin Skinner, El artista y la filosofía política, Madrid, Trotta, 2009)
Faltaban cinco siglos y muchas guerras, propiciadas en su mayoría por los malos gobiernos, para que se pusiese en marcha el impulso patriótico de la Unidad de Italia, de la cual se celebra hoy el 150 aniversario.
La lucha por la unidad italiana y sus protagonistas no son desde luego entes ideales (leer El cementerio de Praga de Umberto Eco) y tampoco la conciencia y la cohesión en torno a un proyecto colectivo es hoy tan airosa como las gentes de Italia se merecen (no es en todo caso la única nación europea que siente esta carencia). Pero, hay muchas cosas que son propias de Italia y de los italianos, mal que le pese al estrambótico inventor de la Padania, Umberto Bossi, y sus colegas de la Lega Nord (paradójicamente del norte salieron los expedicionarios que acudieron a Roma a recuperar los Estados pontificios y al sur de Italia a liberarla de los borbones). Y el caso Berlusconi será recordado pronto como una pesadilla y una enfermedad de la democracia, al menos es lo que el autor de este blog y muchísimos italianos esperan.
Hay actos y celebraciones por todo el territorio nacional. En Roma se puede ver el Colosseo revestido con una gran bandera y el Vittoriano iluminado también con los colores de la tricolor.
Por mi parte, deseo a esta admirable nación y a los creativos, amables e industriosos italianos un aniversario que genere esperanza y cambio. Al fin y al cabo, en lo bueno y en lo malo, los españoles nos sentimos aquí como en casa.
¿Qué pinto en Roma?
Mi amigo Jesús Chover me ha sugerido que, además de pasearme y desvariar en este blog, ya es hora de enseñar lo que de veras estoy pintando en Roma. Como de pequeño aprendí que debemos hacer lo que Jesús nos dice, voy a someter paulatinamente a vuestro ojo crítico lo que de mi mirada y pincel sale durante mi estancia en la ciudad eterna. Empiezo con una imagen característica de Roma.
El tema del lungotevere ha sido la materia de uno de mis primeros cuadros en la Accademia di Belle Arti de Roma (Acrílico y óleo sobre tela, 120 x 80 cm)
Mi profesor de III año de pintura es Giuseppe Modica, natural de Sicilia, pintor consagrado con un largo curriculum de exposiciones en Italia y en muchos otros países, excelente y exigente maestro, que respeta y apoya la evolución y el estilo personal del alumno. Para saber sobre su obra: http://www.giuseppemodica.com/
Lungotevere
Lungotevere se llama a las avenidas que bordean el Tíber por ambas riberas. Una de las primeras medidas urbanísticas en la Roma de la Italia unificada fue ponerle al río unos muros o parapetos (muraglioni) a lo largo de su paso por la ciudad.
Las crecidas periódicas (piene) eran la pesadilla de los romanos. La terrible inundación de diciembre de 1870 fue interpretada por Pío IX como un castigo de Dios a las impías tropas italianas que habían conquistada Roma para la Italia unida en el mes de setiembre. La respuesta de Garibaldi fue proponer al parlamento en 1871 el proyecto de los murallones de contención del Tíber, que se concluiría en 1926 y que desde entonces han evitado las catástrofes de sus inundaciones seculares.
Estos muros están construidos con grandes bloques de pietra travertina o travertino (el lapis tiburtinus de los romanos), que se extrae de las canteras junto al Aniene, afluente del Tíber, cerca de Tívoli (Tibur en la antigüedad). Esta piedra calcárea es la misma que ha dado cuerpo a todos los edificios de Roma desde el tiempo de sus primeros reyes, pasando por las obras de los romanos, los papas y el fascismo, hasta la Italia de hoy.
Por arriba, por los lungotevere, circula el tráfico frenético de la ciudad. Por abajo, casi al nivel del agua y al pie de los muros, se puede caminar a pie y en bicicleta, por sus anchos marciapiedi, o embarcarse en una piragua en uno de sus clubes de remo flotantes. Cuando hay crecida (una o dos veces por año) estas anchas aceras son las primeras en inundarse.
Basta asomarse a cualquiera de los puentes de Roma para contemplar las curvas del río embridado por estos muraglioni. Son una de las imágenes más características de la ciudad eterna, no mirando hacia el cielo sino hacia el agua del río adjetivado flavus y flavum por Virgilio y Horacio respectivamente, a causa de ese ancestral color amarillento terroso producido por los sedimentos arenosos que acumula y transporta a lo largo de su curso












































































































