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El mar junto a mí (Albert Camus)

10 marzo, 2013
Creciendo con el mar.Foto R.Puig

«Creciendo con el mar».Foto R.Puig

«El mar me precede y me sigue» 

Este año se cumplirán cien del nacimiento de Albert Camus en la Argelia francesa. Hace poco releía yo algunos ensayos suyos de los años cincuenta que rezuman amor a su tierra de origen, escritos en una prosa al borde de la poesía, en los que nos transmite sus vivencias del paisaje mediterráneo y de sus mitos. Entre ellos está el famoso Retour à Tipasa y el emocionante La mer au plus près. Journal de bord.

Del breve exordio de este último están sacados los fragmentos que aquí traduzco.

El mar de Tipasa evocado por Albert Camus.Fuente. httptipaza.typepad

El mar de Tipasa evocado por Albert Camus. Fuente. httptipaza.typepad

Creciendo con el mar mi pobreza ha sido fastuosa, luego he perdido el mar y todos los lujos me han parecido grises, la miseria intolerable. Desde entonces, espero. Aguardo que vuelvan las naves, la casa de aguas, el día límpido. Me lo tomo con calma, pongo mi mayor empeño en ser educado. Se me ve pasar por las hermosas calles de los sabios, admiro los paisajes, aplaudo como hacen todos, doy la mano, no soy yo el que habla. Se me alaba, sueño un poco. Se me ofende, apenas me sorprendo, después olvido y sonrío a quien me ultraja; o saludo con exceso de cortesía a quien me gusta. ¿Qué voy a hacer si tan sólo tengo memoria para una imagen? Finalmente me conminan a que diga quién soy. “Todavía nada, todavía nada…”

Es en los entierros donde me supero. Soy en verdad excelente. Marcho a paso lento por suburbios ornados de chatarra, me adentro por amplias alamedas, plantadas de árboles de cemento que terminan en agujeros de tierra fría. Allí, bajo la venda apenas enrojecida del cielo, observo como unos gallardos camaradas inhuman a mis amigos a tres metros de profundidad. La flor que una mano arcillosa me tiende en ese momento, si la lanzo, no falla jamás la fosa. Mi piedad es la precisa, la emoción exacta, inclinando la nuca como es debido. Admiran el acierto de mis palabras. Pero no tengo mérito: yo espero.

La respiracion de las aguas.Foto R.Puig

«La respiracion de las aguas».Foto R.Puig

Espero largo tiempo. A veces, tropiezo, pierdo apoyo, el éxito me escapa. Qué importa, entonces estoy solo. Así que me despierto de noche, y, medio dormido, me parece escuchar un ruido de olas, la respiración de las aguas. Desvelado del todo, reconozco el viento en los ramajes y el rumor desgraciado de la ciudad desierta. Después, debo poner todo mi esfuerzo en esconder mi desamparo o disfrazarlo a la moda.

Pozos de piedra y cemento.Foto R.Puig

«Pozos de piedra y acero». Foto R. Puig

Otras veces, al contrario, algo me ayuda. En Nueva York, hubo días en que, perdido, al fondo de esos pozos de piedra y acero por los que erran millones de hombres, yo corría de uno a otro, sin ver el fin, agotado, hasta que ya sólo me sostenía la masa humana que buscaba su salida. Entonces me ahogaba, mi pánico estaba por volverse grito. Pero, cada vez me llegaba la llamada lejana de un remolcador, para recordarme que esta ciudad, cisterna seca, era una isla, y que en la punta de la Battery el agua de mi bautismo me esperaba, negra y podrida, cubierta de corchos huecos.

El agua de mi bautismo me esperaba. Foto R.Puig.

«El agua de mi bautismo me esperaba». Foto R.Puig.

De este modo, yo, que nada poseo, que he dado mi fortuna, que acampo al margen de todas mis casas, sin embargo estoy satisfecho cuando lo quiero, aparejo a cualquier hora, el desaliento me ignora. No hay patria para el desesperado y , en cuanto a mí, yo sé que el mar me precede y me sigue, tengo una locura siempre pronta. Quienes se aman y están separados pueden vivir en el dolor, pero no es el desánimo: saben que el amor existe. Por eso sufro el exilio con los ojos secos. Todavía espero. Un día viene, al fin…

La impresion de vivir en alta mar. Foto R.Puig

«Esta ciudad, cisterna seca, era una isla». Foto R.Puig

Siempre he tenido la impresión de vivir en alta mar, amenazado, en el corazón de una felicidad real.

Albert Camus. “L’Été”, Paris, Gallimard, Les Essais LXVIII, 1954.  (traducción propia)

Estela de Camus en Tipasa. Blog Tipaza.typepad.fr

Estela de Camus en Tipasa. Blog Tipaza.typepad.fr

Fotos de Tipasa:

http://tipaza.typepad.fr/mon_weblog/

http://tipaza.typepad.fr/

Las deidades invernales se retiran

3 marzo, 2013
Aspen Lake Sweden.Photo R.Puig

Lago de Aspen. Suecia. Foto R.Puig

Los apus de los Andes

En el Perú fui testigo, hace más de cuarenta años, de las ofrendas al Apu tutelar de los campesinos de las naciones quechua y aymara en una montaña de los Andes en el distrito de Ocongate. Allí participé en la ascensión sagrada de cientos de ukukus que subían en fila india al glaciar que baja de la cumbre del Qoyllor Ritti (estrella de plata), el nevado Colquepunku, iluminados por la luna llena, llevando cada uno el cirio que había encendido en la capilla del Cristo al pie de la morrena.

Ante el Koyllor Ritti en 1969

En el glaciar del Qoyllor Ritti en mayo de 1969

Tras la delicada escalada de esa serpiente de luces, una vez clavado el cirio allá arriba, descendían cargando a sus espaldas pesados bloques de hielo. Al llegar a la vaguada los depositaban como ofrenda frente al santuario antes de proceder a la ceremonia de los flagelantes. ¡Una vela al Apu y una ofrenda de hielo al Señor! Ese era el intercambio para tener contentos a todos los dioses.

 Los apus de Gotemburgo

El troll de la roca.Foto R.Puig

El troll de la roca.Foto R.Puig

En Gotemburgo abundan los peñones por la ciudad y sus alrededores. En invierno afloran de sus hendiduras los rostros helados de sus ocultos dioses. Pensamos que son simples cascadas de agua helada. Pero, si a la manera de los habitantes del altiplano andino  abriésemos nuestros sentidos a los misterios de la tierra, sabríamos que los roquedales de la región de Västra Götaland están habitados por sus apus.

Cuando los hielos está en su apogeo no es fácil distinguir la fisionomía de estas deidades aparentemente inmóviles. Pero cuando Invierno comienza a despedirse, sus dioses menores dejan ver por breve tiempo su rostro de troll, antes de refugiarse como cada año en las entrañas de los batolitos sobre los que se asienta la región, y aguardar así pacientemente a que la primavera, el verano y el otoño pasen.

Hace pocos días he conseguido sorprender a uno de estos diosecillos en plena retirada, con su boca desdentada, sus barbas heladas y unas blancas cejas que esconden sus ojos tristes, si es que no irritados y amenazadores.

Las barbas del troll. Foto R.Puig

Las barbas del troll. Foto R.Puig

Los patinadores que se arriesguen sobre el hielo en este final de invierno pueden ser víctimas de los vengativos maleficios de tales deidades. No en vano el poderoso Bóreas, obligado a regañadientes a dar paso a vientos más templados que soplan desde tierra atraídos por la corriente del Golfo, cela sus amenazas bajo la fragilidad de las superficies heladas y descarga su frustración sobre esos aventureros que cada año sucumben fatalmente a sus engaños.

En cualquier caso a este grajo que juega al fútbol sobre el hielo de un canal en Gotemburgo las postreras iras del divino Invierno no le afectan:

Tampoco le van a faltar espectadores, como este congénere que sigue sus regates desde lo alto de una farola…

Un espectador de la tribuna.Foto R.Puig

Un espectador de la tribuna.Foto R.Puig

Ni tampoco falta un camarada más profesional que viene a reconvenirle:

«¡por amor de Dios, no seas cutre, usa esta otra pelota!»

Esta pelota es más profesional. Foto R.Puig

Esta pelota es más profesional. Foto R.Puig

«¡No ves que la tuya no es reglamentaria»

Aquí estoy yo.Foto R.Puig

Aquí estoy yo.Foto R.Puig

Otros hinchas, más perezosos, sólo quieren contemplar el espectáculo sin intervenir y  sin que les preocupe el amenazante y helado troll de la otra orilla

No llega el barco. Foto R.Puig

«Tienes razón. Desde que se fue Guardiola ya no es lo mismo». Foto R.Puig

El perro avaricioso

25 febrero, 2013
Royal Readers III.Portada interior. Foto R.Puig

Royal Readers III.Portada interior. Foto R.Puig

Aprendiendo inglés en la España de los años 20

Recuerdo que el librillo victoriano que ahora tengo en mis manos rodaba siempre por la casa de mi niñez.Lo atestiguan algunos garabatos y rayajos en sus maltrechas páginas, fruto de las “lecturas” infantiles de diez hermanos. Mi padre lo había usado para su aprendizaje del inglés en sus años mozos. Pero nuestra maldita guerra dividió las vidas de los jóvenes españoles en un antes y un después. Absorbidos por ganarse la vida, quienes algo de inglés habían aprendido antes no sólo debieron de aparcar sus lecciones,  sino que en la inmediata posguerra, cuando los ministros de Franco se fotografiaban en Berlín con sus correligionarios nazis,  el idioma de los países aliados, y lo británico en general, no estaba muy bien visto.

Conocimientos de inglés a mi padre no le quedaron muchos, pero fueron suficientes para interpretarnos los cuentos del tomito III de los “Royal Readers”, ilustrado con grabados y reimpreso en Londres en 1925 por T.Nelson and Sons. Digo interpretar, porque no sólo los traducía y adaptaba a nuestra imaginación infantil a la hora de dormirnos mientras nos mostraba los grabados, sino que cuando se empleaba a fondo con una de las stories of tigers, mi padre rugía como los grandes felinos y hacía ademán de sacar las garras. Creo recordar que también sabía imitar perfectamente el berrido de los elefantes, tan bien como en las películas de Tarzán. Y así con los tiburones, los monos, etc.

El libro también tiene cuentos sobre el mejor amigo del hombre…

El perro y su sombra

Royal Readers III.The dog and the shadow.Foto R.Puig

Royal Readers III.The dog and the shadow.Foto R.Puig

 The dog and the shadow

Un perro que atravesaba un riachuelo con un hueso en la boca, vio su imagen reflejada en el agua clara y la tomó por la de otro perro llevando otro hueso.  No satisfecho con lo que ya poseía, la avariciosa criatura se abalanzó sobre la presa que veía debajo. Al hacerlo, evidentemente soltó el hueso real, que cayó en el arroyo y se perdió.

Los avariciosos, al codiciar más de lo que tienen a menudo pierden incluso lo que podrían haber disfrutado en paz.

Royal Readers nº III, First Series. London, T.Nelson ans Sons, 1925, p.70

La moraleja sigue siendo actual. Por lo que leemos todos los días en la prensa, más de un personaje debe de estarse arrepintiendo en España de no haberse contentado con lo que honradamente tenía…

La pedagogía del idioma y de la lectura en la Inglaterra victoriana

Royal Readers III.La planta del tabaco

Royal Readers III.La planta del tabaco. Foto R.Puig

Este viejo texto escolar sienta sus objetivos pedagógicos en el prefacio, que comienza con una frase muy significativa:

Good Reading is more readily acquired by practice than by precept

Leer bien se consigue con más facilidad por la práctica que por la imposición

Se intuye que el libro (y los otros cinco de la serie) debió de componerse para las escuelas de los tiempos victorianos, pues se cita el Syllabus del Departamento de Educación Inglés para los aspirantes a maestros del año 1872.

De ahí un anacronismo de su reimpresión en 1925, que mi padre subrayó con tinta y signos de exclamación en una de las páginas de este texto escolar, donde dice:

Todavía hay esclavos en las islas que pertenecen a España; pero hay razones para esperar que pronto serán liberados. Entretanto, hemos de alegrarnos de que ya no existe esclavo alguno en los dominios Británicos

Royal Readers III. Slaves.Foto R.Puig

Royal Readers III. Slaves.Foto R.Puig

La verdad es que esta afirmación pertenece a una narración, con grabado de las tres carabelas incluido, en la que se exalta la gesta de Cristobal Colón y, después, se explica a los niños la historia de las crueldades de la sucesiva colonización europea y de la trata de esclavos, sin excluir a Inglaterra de tales prácticas.

Royal Readers III. Las carabelas de Colon. Foto R.Puig.

Royal Readers III. Las carabelas de Colón. Foto R.Puig.

Para un manual escolar de 1925 la crítica de nuestra civilización no está nada mal.  Deduzco que cuando habla de los restos de esclavitud en islas de dominio español se refiere a Cuba o Puerto Rico, ¿o se estarían refiriendo a las islas de Fernando Poo y Annobón? En el siglo XIX esas islas, que eran de dominio español pero con gobernador inglés, se mantuvieron aún durante algunas décadas como uno de los centros de comercio de esclavos de británicos y holandeses. La trata databa del siglo XV, de cuando los portugueses tomaron las islas sometiendo a la población bubi. Los historiadores podrán decir hasta cuándo subsistió el depósito inglés de esclavos de Fernando Poo, ¡una colonia española con gobernador inglés y subgobernador holandés nombrados por Isabel II, la reina de España!

España no suprime la esclavitud en Puerto Rico hasta 1873 y en Cuba hasta 1880. En el Imperio Británico se había concluido legalmente en 1834, salvo en la India donde se abolió en 1843, aunque en la práctica continúo varias décadas detrás de la fachada.

En cualquier caso a los escolares ingleses del último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX se les alimentaba un poco la buena conciencia, comparando el benigno imperio inglés con los restos de los dominios españoles.

Royal Readers III. Elefantes en faena. Foto R.Puig.J

Royal Readers III. Elefantes en faena. Foto R.Puig

Los Royal Readers se encuentran digitalizados en

http://collections.mun.ca/cdm4/browse.php?CISOROOT=%2Fcmc

con un comentario en

http://doodledaddle.blogspot.se/2011/06/royal-readers-victorian-era-textbooks.html

En el Museo de Bellas Artes de Valencia (II). Paisajistas de Roma y Holanda entre los siglos XVII y XVIII

19 febrero, 2013
Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia. Foto R.Puig

Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia. Foto R.Puig

En las exposiciones temporales del Museo San PíoV suele encontrarse algo de público. En las salas de la colección permanente me podía pasear solo.

Parece que los turistas que vienen a Valencia prefieren ir a ver como se deterioran las techumbres de Calatrava en la Ciudad de las Artes y de las Letras, mientras que las verdaderas obras de arte, en las salas del Museo de Bellas Artes de Valencia, muchas de ellas dignas de que la gente haga cola para verlas, como ocurre en Madrid o en París, esperan en silencio a que alguien se acuerde de ellas, mientras en la semipenumbra del museo brillan con luz propia.

Así que, teniendo la sala para mí solo, examino a placer los trece cuadros de paisajes romanos y holandeses del siglo XVII y principios del XVIII que vibran en sus paredes.

Esaias van den Velde

Esaias van den Velde. Paisaje con dunas y soldados. Detalle. Museo BBAA ValenciaFoto R.Puig

Esaias van den Velde. Paisaje con dunas y soldados. Detalle. Museo de Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

Comienzo por una de las dos obras del Museo que no tienen que ver con Italia,  un paisaje con dunas y soldado de Esaias van den Velde (Amsterdam 1587 – La Haya 1630), quien precisamente fue maestro de Jan van Goyen, con quien acabaremos esta entrada.

Pero el grueso de la colección la forman los paisajes de un pintor flamenco que se enamoró espiritual y físicamente de Italia.

Jan Frans van Bloemen (apodado Orizzonte)

Creo que sólo la colección Doria Pamphili de Roma puede competir con el San Pío V en número de paisajes del pintor flamenco Jan Frans van Bloemen (Amberes 1662-Roma 1749). Llegó a Italia con 23 años, en 1685, junto con su hermano mayor, también pintor. Se casó en Roma en 1692 y allí vivió y trabajó hasta su muerte, dejando un enorme legado de composiciones, en los que su visión idealista, bucólica o mitológica emula a la de Nicolas Poussin (Normandia 1594-Roma 1665) y la de Gaspar Dughet (Roma 1615-1675), en la construcción de la perspectiva aérea con un escalonamiento de planos y de tonos que guían la vista desde las figuras hasta las montañas y los horizontes lejanos.

Siguiendo la tradición de trabajo en equipo de los talleres de los maestros de entonces, durante la época en que su hermano Pieter estuvo en Italia con él (1685-1692), era él el encargado de pintar los animales que aparecían en los paisajes de Jan Frans. En cuanto a los personajes pastoriles o mitológicos, el especialista era Placido Constanci, un pintor muy poco conocido.

En la colección de la Doria Pamphili hay diecisiete paisajes de Jan Frans van Bloemen y en la Galería Corsini cuatro, todos de carácter bucólico o mitológico, con la característica visión idealizada del paisaje y de sus personajes y el encaje de algún detalle relativamente realista como son las cascadas de Tívoli o de Terni.

El museo de Valencia cuenta con diez magníficos paisajes de van Bloemen, todos acordes con sus constantes estilísticas, pero con una exclusiva que no tienen los de la Doria Pamphil como son las arquitecturas realistas que integra en el paisaje.

En uno de ellos, el pintor ha trasplantado, desde la Via Appia de Roma, la tumba de Cecilia Metella

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con torre y figuras. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con torre y figuras. Detalle. Museo de Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Y, en otro, el ábside de la iglesia de San Giovanni e Paolo de Roma

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con el ábside de la iglesia romana de San Giovanni e Paolo. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con el ábside de la iglesia romana de San Giovanni e Paolo. Detalle. Museo Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Hay dos que corresponden a puentes romanos sobre el Tíber, tal como estaban en aquella época

Jan Frans van Bloemen. Puente Milvio. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Puente Milvio. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Así ocurre con el hermoso óleo del Ponte Milvio, cuya versión actual difiere bastante, debido a los desastres de las guerras del siglo XIX.

Ponte Milvio. Foto R.Puig

Ponte Milvio. Foto R.Puig

De forma parecida, el artista retrata el Ponte Salario, del cual hoy en día, gracias a las tropas francesas y a las papales, no quedan más que unos mínimos restos de los contrafuertes.

Jan Frans van Bloemen.Puente Salario. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen.Puente Salario. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

¡Una maravilla de puente que databa del tiempo de los ostrogodos!

Piranesi.Ponte Salario. Engraving. Wikipedia.

Piranesi. Ponte Salario. Engraving. Wikipedia. Grunwald Center for the Graphic Arts
Rudolf L. Baumfeld Bequest

Como prueba de la fidelidad del cuadro de van Bloemen valga un grabado de Piranesi del mismo puente, casi un siglo más tarde.

Siguiendo con el Tíber, el pintor reproduce una vista del Porto della Legna, hoy desaparecido, que estaba muy cerca de la Piazza del Popolo

Jan Frans van Bloemen. Vista del Porto della Legna en Roma. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Vista del Porto della Legna en Roma. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Y las riberas del río a la altura de Acqua Acetosa, donde el Tíber traza una curva y crea una cala de aguas profundas, cerca de la célebre fuente de aguas ferruginosas del mismo nombre y  de lo que es hoy el barrio del Parioli

Jan Frans van Bloemen. Vista del Tiber en Acqua Acetosa. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Vista del Tiber en Acqua Acetosa. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

La cascada de Tívoli presenta en el fondo una vista de la ciudad como se veía en aquella época.

Jan Frans van Bloemen . Cascada de Tívoli. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen . Cascada de Tívoli. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

En contraste, el mismo tema es completamente idealizado por el pintor en otro cuadro que pertenece a la colección Doria Pamphili.

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con las cataratas de Tívoli. Detalle. Colección Doria Pamphili

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con las cascadas de Tívoli. Detalle. Colección Doria Pamphili

Los otros tres cuadros de van Bloemen en el Museo de Valencia corresponden a los estándares habituales del artista.

Una composición genérica con su lago, su cascada y sus figuras

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con cascada, lago y figuras. Detalle. Museo BBAA Valencia. Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con cascada, lago y figuras. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

y un paisaje del Lazio y la luz, la luz de Roma.

Jan Frans van Bloemen . Paisaje del Lazio con figuras. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen . Paisaje del Lazio con figuras. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

El siguiente artista  es romano de nacimiento

Paolo Anesi

Junto a las obras de van Bloemen, el museo exhibe dos paisajes de Paolo Anesi (Roma 1697-1773).

Es un pintor completamente romano, influido por sus contemporáneos el holandés Gaspar van Wittel o Vanvitelli (Amesfoort 1652/53 – Roma 1736), autor de innumerables vedute,  y Andrea Locatelli (Roma 1695 – 1741). Artista de aires aristocráticos, también refleja las maneras de Lorrain, Dughet y van Bloemen. La galería Corsini cuenta con valiosas obras de todos ellos, excepto del francés.

Paolo Anesi. Paisaje con pastores y ganado.Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Paolo Anesi. Paisaje con pastores y ganado.Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Paolo Anesi. Paisaje fluvial con puente.Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Paolo Anesi. Paisaje fluvial con puente.Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Y, detalle de un pintor romano, es el único cuadro de la serie en el que aparece un pino de Roma.

Jan van Goyen

Una obra de Jan van Goyen (Leyden, 1596-La Haya 1656) completa esta hermosa colección del  Museo de Bellas Artes de Valencia. Este pintor barroco, que nunca viajó a Italia, es clasificado como realista. Pero pienso que, como ocurre con  Rembrandt, hay algo de ensueño romántico en no pocas de sus obras.

Se trata de un paisaje holandés con su río, su torre y su embarcadero.

Jan van Goyen. (Leyden, 1596-La Haya 1656) Paisaje fluvial con torre y embarcadero. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan van Goyen. (Leyden, 1596-La Haya 1656) Paisaje fluvial con torre y embarcadero. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

 

Conclusión

Museo de Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Museo de Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Por el momento, parece que las agencias de viajes seguirán atrayendo más turistas hacia el gigantesco insecto pretenciosamente bautizado como la “Ciudad de las Artes y las Letras”, durante la década del despilfarro y falsa apariencia que afligió y esquilmó a la Comunidad Valenciana, mientras al Museo San Pío V se le negaban el pan y la sal.

La llamada Ciudad de las Artes y las Letras. Valencia. Foto R.Puig

La llamada Ciudad de las Artes y las Letras. Valencia. Foto R.Puig

Lo que me temo es que, contrariamente a Roma, las ruinas del coleóptero de Calatrava dentro de mil seiscientos años no podrán inspirar demasiado a los pintores del paisaje.

Puede que,  sin embargo, las torres de Serranos y el venerable edificio del Museo de Bellas Artes, al otro lado del antiguo lecho del Turia,  sigan en pie, acosadas quizás por las aguas del Mediterráneo, como una extensión de Venecia, pero atractivas para el ojo del artista. Tras los muros del museo, confío en que sus colecciones sigan aguantando, al fin y al cabo no están hechas de resina, de plástico o de fibra de vidrio, como los caros maniquíes de la Feria ARCO de Madrid

Torres de Serranos. Valencia.Foto R.Puig

Torres de Serranos. Valencia.Foto R.Puig

Apéndice: reflexiones sobre el origen del concepto de paisaje

La palabra paisaje se deriva de país y aparece en las lenguas romances en el siglo XVI, inicialmente como una expresión utilizada por los pintores para denominar los cuadros paisajísticos. Pronto adquiere el otro sentido, el de una extensión de territorio que el ojo puede abarcar como conjunto. De este modo ambos sentidos, el propio y el figurado, se asocian. Ya no va por un lado el paisaje “real” y por otro su “figuración”, sino que lo propio del paisaje es presentarse como “configuración” del “país”.

El término aparece en una época en que el paisaje irrumpe en la pintura europea cuando  el decorado invade el lugar de las figuras y de la escena a las que debía servir de fondo, como ya ocurre con Patinir a fines del siglo XV.

Pero el “sentimiento” que inspira el paisaje no está necesariamente vinculado a la “naturaleza”.  Hay un sujeto que percibe. El lugar no se transforma en paisaje si no es in visu,  pues  se da como “conjunto” a partir de un punto de vista y el foco de la visión reside en el sujeto. De modo que el paisaje se distingue de la extensión geométrica, objetiva, geográfica; es un espacio percibido y/o concebido, y, por tanto, irreductiblemente subjetivo.

No es indiferente que el paisaje aparezca en Europa con el Renacimiento y su afirmación del individuo.

En el paisaje parecen coincidir todos los componentes subjetivos de un co-nacimiento con el mundo que el conocimiento moderno del universo no podía ya asumir: sensaciones, percepciones, impresiones e incluso afecciones, emociones e imaginaciones. Porque, a pesar del primado que la tradición occidental confiere a la vista, el paisaje no se puede reducir a un puro espectáculo. Se ofrece igualmente a los otros sentidos y concierne al sujeto todo entero, cuerpo y alma. No se da sólo a ver, sino a sentir y resentir. En él la distancia se mide por el oído y el olfato, por la intensidad de los ruidos y por la circulación de las corrientes del aire y sus efluvios; la proximidad se experimenta por la calidad táctil de un contorno, por la tonalidad de una luz, por el sabor de una coloración.

Michel Collot, Paysage et poésie du romantisme à nos jours. Paris, José Corti, 2005. Extractos de la introducción del autor (traducción propia)

De las desgracias de Ganda, el rinoceronte enfermo que Durero inmortalizó

12 febrero, 2013
Rinoceronte asiatico. Durero. British Museum

Rinoceronte asiatico. Xilografía de Durero. British Museum

 

Parece ser que la estampa emblemática de la exposición Durero grabador. Del Gótico al Renacimiento, abierta hace poco en la Biblioteca Nacional de Madrid es el famoso y muchas veces reproducido rinoceronte asiático, cuya estampa en hojas sueltas aportó buenas ganancias al artista alemán.

¡No es lo menos admirable de este grabado lleno de finos detalles el que se trate de una xilografía! El dibujo original de Durero, a partir del cual se ejecutó, se conserva en el British Museum.

Albrecht Dürer. Ink drawing. British Museum.

Albrecht Dürer. Dibujo a la pluma. British Museum.

Está documentado que se basó en un dibujo que un pintor moravo afincado en Portugal envió a Nurenberg desde Lisboa, adonde el pobre animal, apodado Ganda, había llegado en mayo de 1515, tras un viaje por mar de cinco meses.

Los críticos afirman que los detalles tan abigarrados son fruto de la imaginación de Durero y de su lectura de Plinio (se transcribe más adelante), autor que no era manco en fantasías.

No voy a contradecir a los críticos, pero, además, mi modesta opinión es que el pobre animal debió de llegar a Lisboa con escorbuto, en estado de deshidratación, cubierto de abscesos y, además, escrofuloso. Así que lo que parece una cota de malla o la superficie moteada de una tortuga, creo que eran  pústulas; y esa especie de branquias son las escrófulas.

Así que lo que hizo Durero fue adecentarlo para la posteridad y borrar las huellas del maltrato, sin que eliminase del todo la melancolía y la pena que rezuma el animal. Al fin y al cabo, el artista, que era al parecer depresivo y melancólico, se debió sentir identificado con el desdichado rinoceronte.

Ese aspecto triste lo siguieron manteniendo los artistas posteriores que se inspiraron en él para sus obras de Historia Natural.

Rinoceronte asiatico Jonstonus. Biblioteca Vaticana.Detalle

Rinoceronte asiatico Jonstonus. Biblioteca Vaticana.Detalle

Capricho de nobles

En fin, en Lisboa, en vez de darle un respiro lo pusieron en una plaza frente a otro desgraciado, un elefante, para comprobar si Plinio el Viejo tenía razón, cuando describía una feroz rivalidad entre ambos animales. Como dos no pelean si uno no quiere (y el elefante se largó pintando), el rey decidió mandárselo al Papa León X, con escala en Marsella para que lo viese Francisco I.  No llegó a su destino, una tempestad hundió el barco frente a la Liguria, aunque el cuerpo del animal ahogado fue recuperado.

No sabemos dónde lo disecaron tras el naufragio, si en Portugal (parece dudoso) o seguramente en Italia, que estaba más cerca del lugar del desastre. Por aquellos andurriales se ofreció por un tiempo a la curiosidad de nobles y cortesanos, pues dicen que los Medici adquirieron los restos disecados de Ganda.

Otros grabados

Este grabado de Durero ya se expuso en Bilbao (Guggenheim) en el 2007 y en Madrid (Prado) en el 2005. No es pues una imagen desconocida entre nosotros.

Pero el motivo que me lleva a tratar del tema es que durante mi año de estudio en Roma (2010-2011) tuve ocasión de manejar grabados originales de Ulises Aldrovandi (1522-1605),  Antonio Tempesta (1555-1630) y Johannes Jonstonus (1603-1675), a quienes enumero por orden cronológico de su vida y obras.

Entre las diversas estampas que tuve el privilegio de examinar en las obras originales del siglo XVII, aparecía también el pobre Ganda.

Ulises Aldrovandi

Rinoceronte asiático  Aldrovandi.1616

Rinoceronte asiático. Ulises Aldrovandi,1616. Biblioteca Alessandrina. Universidad de La Sapienza.

Las imágenes del rinoceronte de Aldrovandi, deudoras del de Durero,  son de la edición de su Quadrupedum omnium bisculorum historia de 1621, que se puede consultar en la Biblioteca Alessandrina de la Universidad de La Sapienza en Roma.

Antonio Tempesta

Tempesta Rinoceronte africano. Grabado en 1620 por De Rossi.

Antonio Tempesta. Rinoceronte africano. Grabado en 1620 por De Rossi.

La imagen de un rinoceronte, no asiático como el de Durero, sino africano pues tiene dos cuernos (además de los de su testuz) que grabó De Rossi, a partir de un dibujo de Antonio Tempesta, la he encontrado en la página web de Calcográfica del Ministerio Italiano dei Beni Culturali, procedente de la obra Nova raccolta de li Animali piu curiosi del mondo designati et intagliati da Antonio Tempesta e dati in luce per Gio Domenico De Rossi in Roma alla Pace, 1620. Este híbrido sí que parece un fruto de la imaginación del artista, quizás basado en lecturas de autores de la Antigüedad.

http://calcografica.ing.beniculturali.it/calcografica/index.php?page=default&id=20&lang=it&schemaType=MI&soggetto_value=ANIMALI&start=25.

El profesor Manuel Barbero Richart (Universidad Complutense de Madrid) publicó en 1999 su obra Iconografía Animal: la representación animal en libros europeos de historia natural de los siglos XVI y XVII, donde se reproduce una estampa atribuída también al Tempesta, en la que este artista escenificaba la lucha entre el rinoceronte y el elefante. Como el autor me ha informado la reproducción aparece en la obra The Rhinoceros. FromDürer to Stubbs (1515-1799) de T.H. Clarke. 

El profesor Barbero ha tenido la cortesía de hacerme llegar esta imagen, que reproduzco con la fecha de su probable publicación, pues proviene del Primo libro di caccie varie intagliate per mano di Antonio Tempesta, Roma, Andrea Vaccario, s.d. [fecha de la dedicatoria en 1598]. La figura del rinoceronte tiene todas las trazas de basarse en la de Durero (¿conocida a través de trabajos de Aldrovandi?)

Antonio Tempesta.Lucha del rinoceronte y el elefante 1605. Fuente T.H.Clarke

Antonio Tempesta. Lucha del rinoceronte y el elefante (1605). Fuente T.H.Clarke. Cortesía del profesor Manuel Barbero Richart

Johannes Jonstonus

Rinoceronte asiatico Jonstonus. 1657. Biblioteca Vaticana

Rinoceronte asiatico Johannes Jonstonus. 1657. Biblioteca Apostólica Vaticana

En los servicios de la Biblioteca Apostólica Vaticana adquirí en el 2011 una hermosa reproducción fotográfica del rinoceronte de Jonstonus, procedente de su Historiae natvralis de quadrupetibvs, de 1657. Es evidente que sigue a Aldrovandi, como aquél siguió a Durero.

Versión escultórica

Cabeza de rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Claustro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

Cabeza de rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Claustro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

No quiero olvidar las imágenes de las gigantescas cabezas de época renacentista de un rinoceronte asiático y de un elefante, ambas de fines del último tercio del siglo XVI, que fueron encargadas por el cardenal Michele Bonelli  (1541-1598) para su palacio de Roma y que hoy pueden admirarse en el Claustro Michelangelo del Museo delle Terme di Diocleciano.

Cabezas de elefante y rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Chiostro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

Cabezas de elefante y de rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Claustro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

Pienso que el modelo del rinoceronte debió de ser o el grabado de Durero o el mismísimo Ganda disecado.

Cuál fuese el modelo de elefante no sabemos, pero de estos paquidermos por Italia habían pasado bastantes desde los tiempos de Anibal

Reflexión final

El texto alemán del grabado de Durero, basada en la descripción del romano Plinio el Viejo, es el siguiente:

El  primero de mayo del año 1513 [sic], el poderoso Rey de Portugal, Manuel de Lisboa, trajo semejante animal vivo desde la India, llamado rinoceronte. Esta es una representación fiel. Tiene el color de una tortuga moteada, y está casi completamente cubierto de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las patas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un poderoso y puntiagudo cuerno en la punta de su nariz, que afila en las rocas. Es el enemigo mortal del elefante. El elefante se asusta del rinoceronte, pues, cuando se encuentran, el rinoceronte carga con la cabeza entre sus patas delanteras y desgarra el estómago del elefante, contra lo que el elefante es incapaz de defenderse. El rinoceronte está tan bien acorazado que el elefante no puede herirlo. Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto.

tomado de http://www.taxidermidades.com/2012/12/el-rinoceronte-de-durero.html#more

La verdad es que entre tantos animales salvajes como han sido capturados y maltratados durante siglos para diversión de los hombres, ninguno pudo contar con tanta fama y con semejante epitafio, de la mano del mejor grabador del Renacimiento.

En una época en que esas mismas naves, que venían de la India o de las costas del este de África hacia Lisboa, fondeaban de puerto en puerto para cargar esclavos negros en sus sentinas, obligados a viajar hacinados y en peores condiciones si cabe que el rinoceronte Ganda ¿quién de ellos llegó a ser recordado y representado para la Historia?

De esos miles de viajeros esclavizados sólo queda, como una penosa aunque famosa metáfora, la imagen de un rinoceronte enfermo y extenuado. Cuando vayamos a la BNE para admirar el arte de Durero no estará de mal recordar de cuánta arbitrariedad, explotación y sangre, de cuantos abusos y dolor, está compuesta la historia de las creaciones humanas.

………….

Sobre la historia de este grabado y otras versiones antiguas basadas en el grabado de Durero:

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Información sobre la exposición de la Biblioteca Nacional de España:

http://www.hoyesarte.com/entrevistas/comisarios/12715-entrevista-con-concha-huidobro-jefa-de-la-seccion-de-grabados-de-la-biblioteca-nacional-de-espana.html

Más imágenes de rinocerontes en el Arte:

http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Rhinoceroses_in_art

De las cimas al mar: en las alturas del Coll de Rates

6 febrero, 2013
Desde el Col de Rates. Foto R.Puig.

Desde el Coll de Rates. Foto R.Puig.

Porque todo va al mar:

y el hombre mira al cielo

que oscurece, la tierra

que su amor reconoce,

y siente el corazón

latir. Camina al mar,

porque todo va al mar.

Francisco Brines, fragmento de “Elca”en Palabras a la oscuridad

Mapa de la Marina Alta

Mapa de la Marina Alta (Google ha olvidado señalar Denia, cabecera de la comarca)

Si tomamos la carretera desde Parcent, tras una ascensión breve y muchas curvas llegamos a un mirador panorámico que domina el paisaje que se ofrece a nuestros pies.

Ubicación del Col de Rates

Ubicación del Col de Rates

Poco después estamos en Coll de Rates, punto de observación de las dos Marinas de la provincia de Alicante. Hacia el norte se extiende la Marina Alta, desde el municipio de El Verger hasta el de Calpe, y al sur las cadenas montañosas de la Marina Baja, desde las costas de Altea a las de Villajoyosa.

En el aparcamiento del bar podemos dejar el coche y, por una empinada pista forestal casi toda de cemento, llegar en 45 minutos a la atalaya de vigilancia forestal, a 950 metros de altitud. Hoy no nos queda tiempo, pero si siguiéramos la cresta llegaríamos a la cima del Cocoll a 1048 metros sobre el nivel del mar

Subiendo a la sierra del Cocoll. Torreta forestal.Foto R.Puig

Subiendo a la sierra del Cocoll. Torreta forestal.Foto R.Puig.

Uno de los vigilantes forestales, Quico, está de turno. Desde la balconada de la torre de observación recorre con sus prismáticos los confines de la comarca. Aunque durante el invierno el riesgo de incendios es menor, no se puede bajar la guardia.

Desde esta elevación se domina un panorama de casi 360 grados a la redonda. Quico nos explica lo que vemos. ¿Qué mejor guía para esta fastuosa topografía que el ángel guardián de nuestros bosques?

Parcent desde el Col de Rates.Foto R.Puig.

Parcent desde el Coll de Rates.Foto R.Puig.

Muchos pueblos de la Marina Alta se divisan desde aquí: Parcent justo a nuestros pies, Alcalalí, La Llosa de Camacho, Pedreguer, Orba, Murla, Jávea… Se avistan las alturas del Montgó, del Segaria y de la Safor  y, como el día es clarísimo, se percibe lejana la cumbre del Peñagolosa en la provincia de Castellón, la más alta de la Comunidad Valenciana. A lo lejos en la línea del horizonte se vislumbra Ibiza y, como una pequeña sombra, Formentera.

«¿Ves aquella torre diminuta, blanca?» -me pregunta Quico– «es la torre de la iglesia de Moraira que asoma tras esos cerros que ocultan el pueblo a nuestras miradas».

El Montgó desde las alturas del Col de Rates.Foto R.Puig.

El Montgó desde las alturas del Coll de Rates. Foto R.Puig.

Frente a nosotros, doradas por el atardecer, las paredes y crestas de la Sierra del Ferrer, que arranca del mismo Coll de Rates y parece servir de contrafuerte a las ariscas espaldas de la sierra de Bernia que ocultan Altea. A la izquierda de sus puntas asoma breve la cumbre de la Sierra de Oltá que cela el Peñón de Ifach.

La sierra del Ferrer tras las cimas de Bernia. Foto R.Puig

La sierra del Ferrer y, detrás, las cimas de Bernia. Foto R.Puig

Más a la derecha, la Serra Gelada compite con un conjunto de rascacielos. Lo que en inglés apodan la “skyline”, el perfil de de una ciudad que se recorta sobre el cielo y que aquí es la  “sealine” de Benidorm, esa gigante excrecencia futurista, una metrópolis  sobre un mar de plata.

Benidorm desde las alturas del Col de Rates.Foto R.Puig.

Benidorm desde las alturas del Coll de Rates.Foto R.Puig.

Hay algo de irreal en ese obra, al fin y al cabo humana, desde aquí silenciosa.Pienso en el verso de Brines, «porque todo va al mar».

¿Cómo se verán dentro  de mil años estos entornos que el hombre ha creado ? ¿Se sumergirán los arqueólogos en su búsqueda como hacen ahora con lo que resta de la vieja Alejandría?

Correspondencias y evocación

En una acuarela reciente, Isabel Gallardo, pintora de Altea, parece presentir, en su color y su poesía, que esos entornos que el hombre hoy levanta serán acogidos, para siempre, bajo las aguas de nuestro Mediterráneo. Quizás la luz que se filtra sobre esta visión será la que un día le llegue piadosa a lo que quede de los mundos que creamos.

Las acuarelas que realiza actualmente Isabel Gallardo están inspiradas, como ella misma explica

en la fascinación que las ciudades y sus edificios ejercen sobre mí.

Esos paisajes que tanto nos ha costado considerar bellos: edificios, rascacielos, luces de neón y todo ese mundo que nos abruma y en el que transcurre la vida de la mayoría de los seres humanos.

Es mi deseo sugerir  de una forma sutil este entorno. Ventanas, puertas, escaleras, puentes, bloques de edificios, incluso corrientes eléctricas. Lo que hay detrás y delante del escenario en el que se desarrolla nuestra vida. Confundir de forma consciente  fondo y forma. Obligar al espectador a considerarlo un todo único y provocar así un deseo de respeto y ternura compasiva por lo que somos y en lo que nos hemos convertido.

Acuarela de Isabel Gallardo.2013

Acuarela de Isabel Gallardo.2013, 50 x 70 cm.

Descenso

Pero debo dejarme de ensoñaciones porque yo también debo ir al mar, dentro de una hora no habrá luz. Desciendo apoyándome en mis bastones nórdicos para preservar mis meniscos.  Por mi derecha asoman  las cumbres de la sierra de Aitana.

Aitana desde las alturas del Col de Rates.Foto R.Puig.

Aitana desde las alturas del Coll de Rates.Foto R.Puig.

Como el resumen y fin de todo, hacia el norte como hacia el sur nuestras miradas acaban en el mar, ese imán insaciable al que se dirige el racimo de montañas, de valles y de vegas que componen  las dos Marinas.

Bajando de las alturas del Col de Rates.Foto R.Puig.

Bajando de las alturas del Coll de Rates.Foto R.Puig.

Porque todo va al mar:

y larga sombra cae

de los montes de plata,

pisa los breves huertos,

ciega los pozos, llega

con su frio hasta el mar

Francisco Brines, fragmento de “Elca” en Palabras a la oscuridad

El atardecer llega a Parcent.Foto R.Puig

El atardecer llega a Parcent.Foto R.Puig

Fisionomías (V). En el Museo de Bellas Artes de Valencia (I): miradas al cielo

1 febrero, 2013
Cúpula del Museo de Bellas Artes de Valencia San Pio V. Foto R.Puig

Cúpula del Museo de Bellas Artes de Valencia San Pio V. Foto R.Puig

El Museo de Bellas Artes de Valencia está emplazado en un antiguo seminario diocesano, fundado en el siglo XVII  por un arzobispo e inquisidor general dominico. Por ello pienso que lo mejor es comenzar la serie de Fisionomías que le voy a dedicar por aquellos rostros de la pinacoteca que están mirando al cielo.

Como ya hemos explicado en mi brevería erasmiana del 9 de enero de este año, dice Quintiliano que el levantar los ojos a lo alto es un defecto de oratoria y puede ser signo de nerviosismo ante el público.

Por desgracia, en estos últimos tiempos ciertos dirigentes políticos miran al techo o para otro lado para no dar las explicaciones que exige la ciudadanía  A ésta, sobre todo a los seis millones de parados, si es que todavía creen en Dios, no le van dejando otro recurso que dirigir su vista al cielo.

Vueltos hacia lo alto

Cuando visité hace unos días el Museo de Bellas Artes de Valencia, encontré algunas fisionomías en esta actitud. Es una pose ambigua, en ocasiones se mira a lo que escapa y en otras a lo que se espera.

Una manita por favor

an Antonio de Padua. Valdes Leal. s.XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.J

San Antonio de Padua. Valdes Leal. s.XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Escenas de la vida de Jesús. Francisco de Osona, ss.XV y XVI. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Escenas de la vida de Jesús. Francisco de Osona, ss.XV y XVI. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Heroicos

He seleccionado dos miradas de héroes: la de un San Francisco Javier pintado por Sorolla en 1891, una de las raras obras de temática religiosa del pintor valenciano. Probablemente tuvieron algo que ver con este cuadro la presencia en el Instituto que hoy lleva el nombre de Luis Vives, y que fue el antiguo Colegio San Pablo de los jesuitas, de una escultura de San Francisco Javier  en el retablo del altar de la capilla y de un óleo con el mismo personaje en el despacho del director.  Sorolla pintó «El patio del Instituto», dos años antes del cuadro que nos ocupa.

Pero la fisionomía del famoso navarro presenta un paralelismo sorprendente con el San Lorenzo de Urbano Fos (1615-1658), pintor «ribaltesco» nacido en la provincia de Tarragona y muerto en Valencia, una obra que encontramos no lejos de las salas de Sorolla y que procede de una coleccion particular.

Aunque haya unas constantes iconográficas, digamos un manierismo de escuela, en la forma de pintar santos en trance de sufrir (en este caso un misionero perdido en Asia  y un oscense condenado a la parrilla) las especulaciones os las dejo a vosotros.

Joaquin Sorolla. San Francisco Javier. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.

Joaquin Sorolla. San Francisco Javier. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.

Urbano Fos. San Lorenzo. S.XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.

Urbano Fos. San Lorenzo. S.XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.

Traspuestos

Si hay un acontecimiento legendario en el que un grupo numeroso queda traspuesto por un fenómeno paranormal venido del cielo, este es el de Pentecostés. Un colectivo entero no sólo  recibe una inyección de adrenalina sobrenatural, sino que, además, el Espíritu Santo les injerta a todos un chip políglota en el cerebro.

Un cuadro soberbio de Nicolás Borrás (1530-1610) ilustra ese momento. El pintor retrató, con miradas turulatas, a todos los protagonistas de ese episodio neotestamentario.

Presento, de corrido y sin más comentarios, una selección de estos rostros. Cuando este pintor renacentista, discípulo de Juan de Juanes. ejecutó ese gran cuadro era monje en el Monasterio de San Jerónimo de Cotalba de Gandía.

Pentecostés. Nicolas Borras. ss. XVI y XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolás Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. ss. XVI y XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. ss. XVI y XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolás Borrás.Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Pentecostés. Nicolas Borrás. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Doloridos

No lejos del grupo de los iluminados por las llamas de Dios, están los martirizados por el dolor de un dios que muere o por el propio dolor que les lleva a la muerte.

Calvario. Luis de Morales. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Calvario. Luis de Morales. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.

Martirio de San Marcelo. Jeronimo Jacinto de Espinoza. S. XVII. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Martirio de San Marcelo. Jeronimo Jacinto de Espinoza. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

Extasiados

Sin sufrimiento ni llamas o truenos, con suavidad y placer, hay otras miradas hacia el cielo, las miradas del éxtasis, entre las que destaca sin duda Santa Teresa de Jesús, que en este cuadro de Ribera (realismo obliga) parece sin embargo tener bien controlado su éxtasis, con los pies en la tierra y un conatode sonrisa de connivencia con Dios.

Santa Teresa. Jose de Ribera. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig.J

Santa Teresa. Jose de Ribera. Museo Bellas Artes Valencia. Detalle. Foto R.Puig

No en vano, en este cuadro, la reformadora aparece en el trance de escribir sus normas bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Ribera. Santa Teresa. Museo de Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

Ribera. Santa Teresa. Museo de Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

Camino del cielo

¿Y y que ocurre cuándo ya no se mira al cielo? ¿Cuándo ya estamos en el cielo, cómo se mira?

Pues bien, ya no hacer falta mirar, se cierran los ojos y basta. El fraile trinitario Simón de Rojas alcanza la paz en 1624, después de una vida ajetreada, redimiendo cautivos en el norte de África, distribuyendo rosarios por Madrid, ejerciendo de confesor de la reina, polemizando con los conversos que habitaban los barrios pobres de la ciudad y ayudando a las víctimas de las epidemias, desde una perspectiva moral extremadamente severa ante los vicios de la chusma y los castigos divinos.

http://www.oraciondelhuerto.es/simon_rojas.htm

El homenaje que le rinde  Velázquez es  una obra maestra de pintura funeraria, en la que el joven pintor no omite un detalle realista: un hematoma sobre el parietal derecho del difunto.  ¿Fruto de una caída causada por el probable ictus que le causa la muerte? El fraile apareció muerto sobre el suelo de su celda…

Velazquez. El fraile trinitario Simon de Rojas difunto. Detalle .Museo Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

Velázquez. El fraile trinitario Simón de Rojas difunto. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

Otro rincón de calma

Aunque no es el cielo, tiene algo de rincón de paz. Es el claustro renacentista del antiguo seminario y hoy museo. Con esta foto cerramos por hoy.

Claustro del Museo de Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Claustro del Museo de Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Conversación invernal

30 enero, 2013
Conversación invernal. Foto R.Puig

Conversación invernal. Foto R.Puig

Jardín

 

Se acabó la fiesta ¿recuerdas?

Se fueron los amigos y la orquesta.

Los anfitriones bajaron las persianas.

Fue al morir del otoño.

 

Los ecos del festejo se extinguieron.

La tarde ya caída, apagaron las luces.

Alguien guardó las mesas

y barrió el cenador y la terraza.

 

En las cadenas de las verjas vetustas

echaron los candados y cerraron la casa.

Quedó la hierba sembrada de hojas muertas,

y en los arriates mortecinas las flores.

 

Del rincón de confidencias, junto al seto

bordeado de castaños, cogidos de la mano

él y ella se marcharon  y de nosotras,

abandonadas al rocío de la noche, se olvidaron.

Ramón Puig de la Bellacasa

 Invierno 2012/2013

De un poeta de estas tierras

25 enero, 2013

Crepuscular.Foto R.Puig

El color que era incendio, la zarza en fuego de las piedras,

es ya un panal caído de miel lívida, bajo un cielo asombrado

y aún sin astros.

Llega con un olor muy leve, y muy pausada,

la violeta oscura de la muerte del día.

Todo ha llegado a nada.

Francisco Brines

(fragmento de «Existencia en Trafaut»,  El otoño de las rosas)

Es cierto, por unos instantes, a menudo, al final de los días, algo disuelve todo, se acerca la noche y, si uno está solo, es lo más cercano a eso de lo que habla el poeta de Elca: la nada nos da la mano, tira de nosotros hacia el sueño. ¡Mas no siempre! por un rincón del aire se insinúa la luna y reclama al poeta, le pide que retorne, las cosas se retejen, la noche no es tan noche, la nada no es tan nada.

Crepuscular.Foto R.Puig

De un día para otro

19 enero, 2013
Atardecer 18 enero.Foto R.Puig

Atardecer 18 de enero.Foto R.Puig

¿Somos la metáfora del tiempo y sus meteoros? ¿o es al revés? Ya sabéis, nunca quedará claro si el paisaje romántico es el reflejo del alma o si, más bien, la exaltación poética es el espejo del paisaje.

Viernes por la tarde

2a Atardecer 18 enero.2.Foto R.Puig. 2b Atardecer 18 enero.3.Foto R.Puig.

2c Atardecer 18 enero.9.Foto R.Puig.

2d Atardecer 18 enero.4.Foto R.Puig.

El 18 de enero el atardecer es solemne, sinfónico en su efímera danza de colores. Como ciertos momentos de la historia de los pueblos o de las naciones o, más simplemente, de nuestras peripecias personales, el mar y el cielo se van a dormir en una armonía tranquila, diríamos que complacidos, como en los dichosos finales de muchas películas.

Si queremos que estás sensaciones nos acompañen a la cama mejor será que no sintonicemos el telediario de la noche.

Sábado por la mañana

Amanecer 19 enero.Foto R.Puig.

Amanecer 19 de enero.Foto R.Puig.

El 19 de enero el amanecer se proyecta en blanco y negro. Como en un concierto de grises, el mar y el cielo interpretan el poema sinfónico de otros paisajes de la vida; han cambiado las tornas  y el color de las gestas entusiastas de un día da paso en el siguiente a las plomizas monotonías de una prosa inexorable. El mar y el cielo se observan desconfiados.

Parece que el tiempo hoy tendrá los tonos de la sección económica del telediario.

Amanecer 19 enero.2.Foto R.Puig.