Pongamos que hablo de Sabadell

Per Sabadell. Cartel para la fiesta mayor. Domènec Soler Gili. 1911. Museo de Arte de Sabadell. Foto R.Puig
Dedicado a Emilia, encargada del Museo de Arte de Sabadell
Sí, ya sé que estoy plagiando parte del título de una canción de Joaquín Sabina. Pero supongo que me lo perdonará, primero, por ser yo madrileño, y segundo, por llamar la atención sobre una ciudad de raigambre industriosa y obrera, de gentes acogedoras, representativas del melting pot de tantas ciudades y arrabales de Barcelona y su provincia.
El caso es que hace unas semanas estuve en Sabadell durante cinco días. Llegando de la estación ya iba yo preguntando por las cosas de esta antiquísima ciudad de la vega del Ripoll y encontrando por la calle personas bien informdas y acogedoras.
Así que no voy a tratar de tantas cosas como se encuentran en internet, pero puede que consiga quizás que si váis a Barcelona os animéis a daros una vuelta por Sabadell (basta tomar el tren en la plaza de Cataluña). Así que aquí dejo algunas de mis fotos y comentarios.
Por la calles de los barrios de El Taulí y del centro
Hay ciudades en las que su historia se siente a través de piedras solemnes y monumentos admirables del arte. Y hay ciudades, como Sabadell, en las que la historia se siente en las calles de sus barrios. Es la historia de de sus obreros, los autóctonos y los inmigrantes, que fueron llegando hasta hace muy poco en las diversas oleadas de su desarrollo industrial y comercial, y la de quienes fueron escalando los peldaños de una clase media laboriosa.
En Sabadell, al menos por los barrios donde me moví (Taulí y Centro) cada modesta fachada habla de varias generaciones de familias trabajadoras oriundas de Cataluña y de toda España, así como, más recientemente, de América Latina, de Europa y del continente africano.
También se exponen pasiones políticas más recientes.
O nos hablan las casas de la burguesía familiar, política y economicamente ascendente, que desde el siglo XIX y hasta el último tercio del siglo XX impulsó un crecimiento vertiginoso de aquella industria textil que caracterizó a Sabadell y a la cercana Tarrasa, utilizando las aguas del río Ripoll, recientemente regenerado de la contaminación que acompañó al emporio y hoy convertido en parque protegido (http://amicsdelripoll.wordpress.com/).
Por las calles del Taulí se acaba viendo casi siempre la silueta de la Torre de l’Aigua (1916-1918), uno de los símbolos del pasado crecimiento industrial de Sabadell.
Otra torre, campanario barroco de origen gótico, preside las casas de la parte vieja, adosada a la Iglesia de San Félix. Junto con el ábside, fue lo que se salvó del conjunto medieval, durante la quema de la ”Semana trágica” de 1909.
El Museo de arte de la Casa Turull
Me pasé una hora larga visitando la Casa Fábrica Turull, que fuera residencia y factoría textil de una familia de políticos e industriales catalanes del mismo apellido, que hoy es el Museo de Arte de la ciudad.
Durante mi recorrido fui el único visitante. Firmé una hoja en la que me comprometía a no hacer uso comercial de las fotos que, con cámara digital y sin flash, el Museo me autorizaba a hacer.
(Nota bene: me gustaría que el Museo del Prado, vetusto prohibicionista de la foto digital, aprendiese de este ejemplo, no sólo de la Casa Turull, sino del Louvre, el Metropolitan y el MOMA de Nueva York, los Museos Vaticanos y los Capitolinos en Roma, la Gliptoteca de Copenhague , el Museo de Bellas Artes de Valencia, la Pinacoteca de Siena y de una larga lista de importantes museos que no temen sino que alientan la difusión privada de sus obras).
Los salones y sus recuerdos
No quiero hablar mucho de la sensación de casa habitada por espíritus que flota por los salones de la Casa Turull a esas horas de la tarde con sus balcones cerrados a cal y canto, no sea que Emilia, la amabilísma encargada del Museo vaya a temer que Isabel II, o alguno de los Turull, vuelva del más allá. Ya que aquella reina, según me explicó, se había echado una siesta en la cama de uno de esos dormitorios al gusto del siglo XIX.
Menos mal que por las mañanas, cuando el museo está abierto a las visitas escolares, los balcones se abren, el sol y el aire entran a raudales y estos salones sombríos tienen un aspecto muy diferente.
Aunque la verdad es que, mientras mis pasos se amortiguan sobre sus alfombras, los retratos de familia, los oscuros muebles y el juego de los espejos de Casa Turull desprenden y contagían la melancolía de unos tiempos idos.
Los pintores de Sabadell
Sabadell tuvo una muy activa academia de Bellas Artes desde el último tercio del siglo XIX y un grupo de artistas de gran calidad académica.
Preservaron cuidadosamente la tradición de la más estricta enseñanza clásica de la pintura y de su práctica de ámbito comarcal, catalán y nacional.
Aquellos pintores reflejaron el paisaje y las perspectivas urbanas de Sabadell y su comarca, los acontecimientos políticos de la historia catalana y de sus revueltas, así como el espíritu republicano de principios del siglo XX.
La convivencia de los salones burgueses del primer piso con las obras de contenido popular y político del segundo son todo un símbolo de lo que ha sido la historia de Sabadell desde el siglo XIX a la guerra civil española, incluida la etapa del art nou catalán, pero sin que la práctica academicista, por otro lado de gran calidad técnica, se contagiase de ninguna de las vanguardias, salvo cierta ligera influencia del impresionismo catalano-levantino.
Impresionismo catalán que no desdeñó el tema madrileño, pues Joan Vila Cinca, fundador de la Academia de Arte de Sabadell, se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, con Moreno Carbonero y Romero de Torres, plasmando incluso en una tela el modesto río de Madrid.
Y hablando de ríos, me quedé con las ganas de una larga excursión por el curso del Ripoll, cerca de la Torre de l’Aigua y del Parque del Taulí, pero todo se andará…
Para acabar la visita, al son de una sardana (http://www.youtube.com/watch?v=Q3crWMTTuDE) podríamos irnos a bailarla en la plaza del alcalde Marcet.
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Sobre el museo de arte de Sabadell: http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_de_arte_de_Sabadell
El color en la pintura sueca de la primera mitad del siglo XX (y II): Otras corrientes

Anders Sandström. Nuestro pan cotidiano.Galeria Fahlnaes.Gotemburgo.Foto R.Puig. En su lucha darwiniana por la perpetuación de la especie, un mirlo duda entre comerse las bayas del bosque o al gusano que se alimenta de ellas.
Para enlazar con la entrada del 7 de abril encabezo este artículo con una imagen de la galería en la que empecé a familiarizarme con el colorismo sueco. Sobre el fondo de los cuadros que comentaba aquel día se destaca un pequeño bronce titulado “el pan nuestro de cada día”, obra de un escultor contemporáneo, Anders Sandström, hoy ya jubilado, que compatibilizó muchos años de su carrera diplomática en Latinoamérica con la escultura de animales en bronce.
Unos artistas abiertos a las vanguardias de la pintura europea
Y sigo con la presentación de otros pintores suecos que también mostraron gran osadía en el manejo de tonos fuertemente saturados o en los juegos de complementariedad colorista heredados del posimpresionismo.
Karl Isakson (1878 – 1922). Completó sus estudios de arte en Italia y Alemania, pero fueron sus viajes a París en 1911 y 1914, con su descubrimiento de la pintura de Cezanne y de Picasso, los que cambiaron su estilo.
Acabó instalando su taller en Copenhague.
Johan Johansson (1879 – 1951) también expuso en Venecia junto a Nils Nilsson, el pintor que cerraba el artículo del 7 de abril pasado. Aplica con seguridad amplias pinceladas de color o golpes de espátula.
Carl Kylberg (1878 – 1953) destaca también por una preferencia por los fuertes contrastes de color. Es uno de los principales exponentes del colorismo sueco en el Museo de Bellas Artes de Gotemburgo. Fue un pintor muy abierto al panorama artístico internacional. Expuso en Copenhage, Budapest, Londres, Paris y los EEUU.
Folke Andréasson (1902-1948) fue también alumno de Tor Bjurström (de quien traté en la entrada anterior) en Gotemburgo y pasó el curso 1937/38 en París, con evidentes efectos en su pintura.
Wilgot Alexander Olsson (1906-1990). Nació y murió en Gotemburgo. Su pintura es colorista pero estructurada y serena, sin estrépitos. En su esfuerzo por ordenar el paisaje y los bodegones con espíritu geométrico se nota le herencia de Cezanne y del cubismo.
El modernismo “naivista”
A fines de la segunda década del siglo XX surgen algunos artistas, entre los que destacan varias mujeres pintoras, que quieren mirar un mundo, que consideran demasiado dominado por la industria, con los ojos de la infancia. Trabajan también con una paleta acentuadamente colorista.
Erik Hallström (1893-1946). Miembro del grupo “Color y Forma” (Färg och Form) de Estocolmo fue uno de los iniciadores de “naivismo” sueco.

Vera Nilsson.Primeros pasos.1923.Colección Prinse Eugen. Castillo de Waldemarsudde.Fuente: Dagens Nyheter 2008
Vera Nilsson (1888 – 1979). Estudió en Francia en los años de inicio del cubismo y esa influencia se nota en sus cuadros de entonces. Muy conocida en Suecia, en particular por sus frescos en lugares públicos, como la estación y el metro de Estocolmo, o por sus paisajes de Öland y sus retratos de niños. Algunos de sus cuadros me recuerdan a María Blanchard.
Siri Derkert (1888-1973). Esta pintora estudió en París en los años del cubismo, del fauvismo y del futurismo. A medio camino entre el colorismo y el expresionismo se centró en motivos personales, en particular niños.
Axel Nilsson (1889-1980). Sus vivos colores denotan la influencia de su estancia en París en los años veinte, con preferencia por escenas de calle o del hogar.
Sven Erixson (1899-1970) fue probablemente el más viajero de esta corriente. En la década de los años veinte pintó en Italia, Alemania, Francia y España. Fue un gran admirador de El Greco, de Goya y… de la huerta valenciana, donde pasó un mes entero pintando gracias al director de una empresa sueca (Svenska Banan Kompaniet) que exportaba naranjas españolas a Suecia.
Olle Olsson Hagalund (1904 – 1972). Más conocido como Hagalund, su casa de madera en Solna (comuna de Estocolmo) es hoy un museo y un centro cultural. Comenzó como miembro del grupo “Color y Forma” y se centró particularmente en escenas de calle y retratos femeninos.
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Creo que por hoy es suficiente. Ahora me toca salir a buscar el color para mis propios cuadros…
Dibujos reunidos (I): el acabado en blanco en Leonardo da Vinci, Andrea Schiavone y Annibale Carracci
A guisa de introducción
La historia del dibujo está en la base de toda la historia del arte, de toda: pintura, escultura, arquitectura, imprenta, grabado, danza, fotografía, diseño, escenografía, teatro, cine, comic, videojuegos, etc.; todas las variedades de la creatividad plástica, ya sea física o mentalmente, se sustentan en el dibujo o, como se dice en italiano, en el disegno. Al fin y al cabo dibujo, diseño, drawing, dessin, quieren decir unas líneas y unas manchas con intención, con propósito, con designio.
De la mano del artista Maso Finiguerra (Tommaso D’Antonio Finiguerra, 1426-1464) o de uno de sus discípulos, al pie de su dibujo a tinta que representa a un dibujante, está escrito:
«Quiero ser un buen dibujante (uno buono disegnatore) para llegar a ser un buen arquitecto (uno buono archittetore)».
Por lo que se refiere al dibujo a mano eso valía para las épocas en que no existía el CAD (Computer Aided Design), contra lo cual no tengo nada que objetar, salvo un cierto instinto romántico. De hecho, ya me hubiera gustado ahorrarme los borrones, y la gillette para rasparlos, en aquellas sufridas clases de dibujo lineal de mis lejanos años de colegial.
¿Soportes del dibujo? Tantísimos, a comenzar por la pared de roca, la arcilla, el hueso, el papiro y… suma y sigue hasta llegar a la pantalla del ordenador. ¿Material y utensilios? Innumerables, desde los más groseros hasta los más recientes. En la época de los bits ya son cuasi inmateriales.
La serie que empiezo hoy sobre “dibujos reunidos” será, como el blog, diletante, aunque, a veces, ligeramente docta, más bien retro, como lo es mi biblioteca de historia del dibujo, hecha de libros de papel.
En todo caso, si el capricho se presenta y la ocasión se presta no descartaré alguna incursión vanguardista. En fin, ya veremos lo que da de sí todo esto. Hoy voy a divagar sobre el uso del albayalde, por otro lado muy tóxico y hoy en desuso (me pregunto si la muerte prematura de algunos antiguos artistas tuvo que ver con este y otros materiales con plomo).
Acabado a la biacca (albayalde o blanco de plomo o zinc) o al gessetto (pastel blanco) o a la tiza
El carboncillo, o la punta de plata, el carboncillo, el grafito, o los diversos tipos de tinta aplicada con pluma de oca o de metal, el conté o el humilde lápiz de nuestras clases de dibujo del colegio, trazan líneas negras, oscuras, ocres. Pero cuando el trabajo está casi terminado, el ojo del dibujante, la mirada atenta, los párpados entrecerrados, delimita las luces esenciales de la figura que tiene delante. Si el dibujo no es del natural, cerrados los ojos, la mirada interior extrae de la memoria los recuerdos del mundo y sus luces y sombras. Entonces, unos toques, unos matices, unos blancos completan el sueño y la poesía de la obra.
Hasta ya entrado el siglo XIX los artistas utilizaban con frecuencia el blanco de plomo o albayalde, en italiano la biacca.
Busto de mujer joven (Leonardo da Vinci, 1452-1519)
¿Qué emoción puede sentir el artista cuando la modelo te mira así de soslayo? No sabemos de dónde llega ese mar de melancolía, esa evocación de amores imposibles, esa tristeza, esa cansada súplica, unidos a su inteligencia y su consapevolezza, pero este boceto de Leonardo condensa en sí todos los versos que la poesía del Renacimiento consagró a la mujer, incluídos los dedicados a su Beatrice por el Dante o a su Laura por Petrarca.
Un boceto de una simplicidad portentosa, un sfumato hecho de finas líneas entrecruzadas y del modelado al claroscuro. Una labor finísima a la punta de plata con algo de plumilla y tinta sobre papel preparado con un ligero fondo ocre; y un rostro de mujer, que algunos dicen es Cecilia Gallerani, la dama del armiño (Museo Czartoryski, Cracovia), la amante de Ludovico Sforza (acaso su melancolía proceda de su vida en jaula de oro), y ótros el boceto preparatorio del ángel de la Virgen de las rocas (Louvre). O, diría yo, ambos rostros a la vez.
Cuatro o cinco toques de biacca completan el relieve y la magia de este retrato que abre el camino hacia la Mona Lisa.
Adoración de los Magos (Andrea Schiavone, 1510-1563)
¿Qué vigor, qué madurez y qué seguridad del trazo se necesita para manejar así la plumilla y el pincel mojados en bistro, combinando el trazo y la aguada? Detrás de la maestría de este rápido boceto del manierista veneciano Andrea Schiavone (Andrija Medulić o Andrea Meldola) rastreamos la manera del Parmigianino, pues tanto el emiliano como el veneciano Tintoretto influyeron en Schiavone.
Con la intensidad de las manchas y la parquedad de las líneas, parece que estuviese ya trabajando sobre la tela en vez de hacerlo sobre un papel ligeramente teñido de azul.
Unos toques de blanco de biacca, sobriamente aplicados, destacan las figuras de la penumbra, acentuando sus volúmenes.
Estudio para Hércules sosteniendo el Globo (Annibale Carracci, 1560-1609)
Los hermanos boloñeses Carracci, influidos también por los manierismos emiliano y veneciano, abrieron sin embargo una nueva vía al naturalismo clasicista con su Accademia degli Incamminati. Annibale Carracci acabaría sus días en Roma tras dejarnos su obra maestra en los techos de la familia Farnese.
Entre sus primeros trabajos en el Palazzo Farnese, en su camerino, destacan las figuras de Hércules, inspiradas por la famosa escultura del Hércules Farnese. El dibujo que traigo hoy aquí es uno de los bocetos preparatorios.
Unos toques de tiza o de gessetto o pastel blanco (material reciente por entonces) sobre un dibujo al carboncillo, realzan ligeramente las zonas más iluminadas del cuerpo del atleta que sirvió de esforzado modelo al meticuloso Annibale Carracci.
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Con estos tres ejemplos, hemos dado un salto desde finales del siglo XV al final del siglo XVI. De la escuela florentina hemos pasado por el arte manierista, ya a las puertas del Barroco de la Contrarreforma, a la recuperación del clasicismo naturalista: Leonardo da Vinci, el genial naturalista de escuela florentina, Andrea Schiavone, manierista veneciano, y Annibale Carracci, renovador del naturalismo clasicista y admirador de Miguel Ángel.
Estos dibujos se inscriben en un período de más de cien años del arte italiano. Lo que les reúne aquí es por supuesto la sabiduría artística del saber mirar, la maestría en la síntesis de los volúmenes, de la luz y la penumbra. En definitiva, la capacidad de plasmar el claroscuro en un dibujo y, como culminación final, unos breves trazos de blanco.
Por cierto, en el dibujo de Maso Finiguerra no hay albayalde. A mi modo de ver y sin tener el original en mis manos (qué más quisiera yo), lo que hace es dejar sin entintar el papel azul claro del fondo para resaltar la areas de mayor luminosidad. Aunque pudiera ser que trabajase ya con un gessetto de color. Pero este no es el tema de hoy…
Fuentes:
Para los dibujos de Leonardo, Schiavone y Carracci: The famous italian drawings of the Royal Library of Turin, Milano, Silvana Editoriale d’Arte, Riunione Adriatica de Sicurtá, 1978. Estudio y comentarios de Andreina Griseri.
Para el dibujo de Maso Finiguerra: Hugo Chapman and Marzia Faietti. Fra Angelico to Leonardo: Italian Renaissance Drawings, London, British Museum Press, 2011.
El color en la pintura sueca de la primera mitad del siglo XX (I): Los coloristas de Gotemburgo
Puede que se piense que los pintores suecos, a causa del clima, tendrían que ser sombríos y de oscura paleta. Pero el color en la pintura nórdica no se apaga al salir del norte de Jutlandia donde la luz (y el color) de los pintores de Skagen creó una legendaria escuela a finales del siglo XIX, por la misma época en que Joaquín Sorolla deslumbraba en España y su amigo Anders Zorn hacia lo propio en Suecia. Pero de todo esto hay mejor y abundante información en la Wikipedia.
Menos conocido fuera de su país es Carl Wilhelmson (1866 -1928) pintor de la región de Bohusland y de Gotemburgo que pasó una buena temporada en Andalucía, en su viaje de estudios entre Leipzig, París y España.
Los coloristas de Gotemburgo
Pero es más tarde cuando la explosión libre del color en la pintura sueca adquiere las características de las vanguardias parisinas.
Ya hace años, en mis primeras visitas al Museo de Bellas Artes de Gotemburgo me llamó la atención el audaz colorismo de una serie de pintores suecos de la primera mitad del siglo XX. Y, hace apenas tres años, tuve oportunidad de conocer la magnífica colección de pintura y escultura del modernismo sueco de la Galería Fahlnaes. Esta galería acumula los conocimientos y la experiencia de tres generaciones de prestigiosos coleccionistas de pintura y escultura suecas, desde finales del siglo XIX hasta la segunda mitad del siglo XX.
Fue en mis visitas a esa galería donde empecé a sentir el atractivo de las obras de los coloristas de Gotemburgo (Göteborgskoloristerna), fuertemente informales, al borde a veces de la iconoclastia técnica, pero vigorosas y con gran impacto visual y poético, así como la obra de otros pintores suecos, no menos coloristas, que ya había frecuentado en el museo.
La influencia de los pintores de vanguardia activos en Francia por aquellos años del comienzo de siglo se fue dejando sentir, de forma más marcada en Gotemburgo, gracias a la difusión del fauvismo y el posimpresionismo a través de artistas suecos que habían trabajado en París.
El más rompedor, para aquella época, maestro del grupo de Gotemburgo, fue Tor Bjurström (1888 – 1966).
Tras haber pasado un tiempo como discípulo de Matisse, volvió a Gotemburgo para ejercer como profesor de pintura en los años veinte en la Valands Konstskola, que sigue siendo una innovadora Escuela de Bellas Artes en el centro de la ciudad.
En torno a su labor docente se formaron los coloristas de Gotemburgo, inspirados por las obras de pintores como su maestro Henri Matisse o Pierre Bonnard. El nombre del grupo lo consagró un libro, hoy agotado, que un crítico de arte les dedicó en 1948.
Ivan Ivarson (1900-1939) fue un o de ellos.
Formó parte también del grupo “Color y Forma” (Färg och Form) de Estocolmo, pero antes fue uno de los alumnos más destacados de Bjurström en Gotemburgo.
Hay cuadros suyos tanto en el Museo de Gotemburgo como en la galería Fahlnaes. Murio en París.
Otro miembro del grupo fue Ragnar Sandberg (1902-1972) en quien la influencia del maestro se deja sentir más por su acentuado informalismo, casi naïf , que en la osadía colorista. Su obra recogiendo ciruelas recuerda el el estilo de Bonnard.
Está ampliamente representado en el Museo de Gotemburgo.
También está bien representada en el Museo de Bellas Artes la obra de Inge Schiöler (1908-1971) .
En las telas de este pintor de gesto expresionista explota el color y los paisajes del Bohuslan adoptan unos tonos que recuerdan en ocasiones a los paisajistas de Céret
La actual colección Fahlnaes cuenta con varios cuadros suyos.
No hay que olvidar a Åke Göransson (1902 -1942), pintor que, detrás de un aparente descuido, demuestra una habilidad especial para la composición de los colores.
Durante la última década de su vida la esquizofrenia le fue alienando de sí mismo.
Entre los coloristas se agrupa también a Nils Nilsson (1901-1949) que nació y murió en Gotemburgo.
Nilsson dedicó un cuadro a la Guerra Civil española (“Inbördeskriget”) que, por desgracia no he podido encontrar, y representó a Suecia en la Bienal de Venecia en 1942, en plena guerra mundial. Sólo he podido encontrar un autorretrato suyo en: www.jeffwerner.se
Continuará…
De los estragos del alcohol y de los celos. Un duelo a muerte frente al Gran Teatro de Gotemburgo
Cuando el escultor Johan Peter Molin (1814-1873) expuso en París, en 1859, su obra Bältespännarna (literalmente “atados por la cintura”) estaba en su apogeo el movimiento contra el alcoholismo en Suecia. A principios del siglo XIX se estima que había en Suecia 175.000 destilerías (la mayoría caseras). En 1850 se empezó a regular la venta de alcohol.
Algunas de las bases de lo que será más tarde el Sistembolaget actual (monopolio estatal de la venta de bebidas de más de 3,5 volúmenes) ya estaban en embrión en el primer bar estatal, abierto en 1860 en Gotemburgo, donde no se vendía a menores de 18 años y tampoco a alcohólicos, borrachos y antisociales. Lo que se compraba debía consumirse dentro del recinto. Otras ciudades copiaron el sistema y en 1870 el gobierno decretó el monopolio de los beneficios de la venta de bebidas alcohólicas.
Será o no coincidencia, pero cuando se abrió aquel primer establecimiento, la escultura de Molin ya estaba en la calle en Gotemburgo.
El duelo a muerte de dos hombres atados por un mismo cinturón es bien visible para el turista, pero los bajorrelieves en los cuatro lados del pedestal requieren más atención. Son como las viñetas de una historieta que explica las causas y las consecuencias de la tragedia de esa lucha a muerte fundida en bronce que truena en lo alto.
El cuento y su moral
Dejadme que os resuma a mi modo este tebeo en bajorrelieve. Lástima que no haya encontrado quien me traduzca los caracteres rúnicos que aparecen sobre el cuerpo del malévolo ofidio que envuelve las escenas.
Dos colegas, guerreros de la misma milicia, sentados a la mesa de una taberna, liban abundantemente de la bebida espirituosa que les sirve la que parece ser la novia del de la derecha.
La serpiente acecha sobre la escena, evocación de un paraíso dónde la manzana tentadora la ofrecía la mujer. Aquí Eva sirve vino en lugar de una manzana, pero la tentación bíblica está ahí, aunque en esta historia el escultor haya fusionado el mito del pecado original con el de Caín y Abel.
Fatalmente, la borrachera hace su efecto en el de la izquierda.
Ofuscado por los efectos perniciosos del aguardiente, incapaz de contener sus instintos libidinosos, el borracho ase a la muchacha e intenta atraerla hacia sí.
A la ebriedad se añaden los violentos celos del otro macho que esgrime el cuchillo contra el insensato compañero. La joven se postra de rodillas ante el novio y le implora contención, mientras el contrincante prueba ya el filo de su arma. Pero Caín y Abel ya están decididos a luchar a muerte, pues en este caso Abel no morirá sin combatir.
El drama se produce, el duelo se celebra sangriento según las viejas tradiciones, que exigen que los dos combatientes luchen a muerte amarrados el uno al otro por un mismo cinturón.
Las consecuencias: dos muertos y una joven que llora esa pérdida absurda frente a la tumba de los dos camaradas.¡Dos jóvenes vidas destruidas por los excesos de la bebida! Caín y Abel han sucumbido juntos. La serpiente ha triunfado y la mujer se siente culpable, fue ella la que sirvió el alcohol.
Via crucis
No se acaban los duelos en el bronce. Será o no coincidencia, pero, hace dos días era Viernes Santo y este artículo estaba ya redactado, cuando un grupo de unas cincuenta personas se detuvo junto al monumento de J.P.Molin llevando en procesión una gran cruz de madera desnuda.
Guiados por una presbítera efectuaban una parada, una estación de su via crucis camino de la catedral, justo al pie de la trágica escultura.
El altavoz colocado sobre el pedestal reproducía sus cantos litúrgicos y uno de los fieles sostenía la cruz ante la mortal escena, bajo la cual una muchacha, como un símbolo de la sempiterna mulier dolorosa, llora a los dos rivales muertos por causa de la tentación de la serpiente.
Es creencia cristiana que los males de la humanidad comenzar0n por la serpiente con la cooperación de una mujer al pie de la madera de un árbol y que de aquel mortal pecado nos redimiría la muerte de un dios hombre sobre una cruz de madera.
Un mito alcanza al otro y en Gotemburgo una sacerdotisa guía el duelo por el legendario dios sacrificado. La procesión se detiene frente a la escena de otra leyenda. El nexo de unión entre ambas es una larga serpiente cuyos caracteres rúnicos puede que nos digan lo mismo que los cantos de este día, entonados por un grupo de fiels en la sobria y severa Semana Santa nórdica.
Será o no coincidencia, pero era la hora nona y el sol trataba de abrirse paso entre las tinieblas de un día nublado y frío.
Final festivo
No obstante, como hoy es Domingo de Resurrección no quiero terminar con una sensación de viernes de dolores. Así que para equilibrar el dramatismo de las escenas que hemos comentado, vamos a desplazarnos no muy lejos, al Museo de Bellas Artes de Gotemburgo, cuya fachada se atisba desde el lugar donde están emplazados los dos luchadores malhadados.
En el último piso, en las salas de la pintura moderna de artistas suecos hay una versión diferente de los efectos del alcohol.
Antes de que, en 1913, el grupo escultórico que hemos comentado se instalase con su mensaje antialcohólico en su emplazamiento definitivo, Ivar Arosenius (1878 – 1909), daba otra versión, mucho más festiva, de los estragos de la bebida, en su cuadro de 1906 titulado «Borrachera» o «Cogorza», en sueco Rus, palabra que no tiene nada que ver con los rusos y que tambien puede significar «arrebato» (de felicidad, de amor, etc.)
La pintura es elocuente y no muy edificante en un país que luchaba entonces denodadamente contra el flagelo del alcoholismo.
Ivar Arosenius falleció joven, pero no fue víctima del alcohol sino de su hemofilia y está enterrado en Gotemburgo. Fue un pintor con grandes dotes para el dibujo que, no obstante una dolencia que por entonces acarreaba muchos riesgos, produjo abundantes cuadros e ilustraciones dotados de ternura y humor.
Llevó su imagen de los «arrebatos» a niveles más osados, en una acuarela titulada la «Fiesta de Baco», que data de 1900. En ella, a los efectos degradantes y fétidos de la ebriedad se agrega el zumbido de las moscas.
La verdad es que, a pesar de estas lecciones tan plásticas y de lo caro que resulta comprar bebidas alcohólicas en Suecia, son cientos los que se tambalean por las calles de la ciudad durante los fines de semana sin que parezca que la moraleja del grupo escultórico que hemos comentado hoy les impresione mucho. Tampoco creo que sepan mucho de Arosenius ni vayan al museo, pero el arrebato alcohólico sigue produciendo sus estragos.
Una ventaja del Sistembolaget es que, aunque gravoso para el bolsillo, la calidad de lo que se expende es notable. Sus expertos negocian por todo el mundo y entienden de vinos, licores y cervezas. El cliente que no sepa mucho de la materia (como suele ser frecuente por estas tierras) puede confiar en que casi siempre la calidad será buena, incluso para los precios inferiores. Pero…
¡aprended de lo que el arte ilustra y moderad el consumo!
Breverías erasmianas (VI). “A mortuo tributum exigere» (Exigirle el tributo a un muerto)
Corren tiempos en que se exprime directa e indirectamente a los que no tienen escapatoria, empezando por los que menos tienen y por los que han obrado honradamente. La verdad es que eso que llamamos la humanidad lleva siglos sin lograr que tal estado de cosas desaparezca. Ya a comienzos del siglo XVI se estrujaba a los indefensos, se mantenían las tradiciones medievales de los diezmos y primicias a favor de los eclesiásticos y estaba en auge la práctica de la simonía y de la venta de indulgencias, alimentando así el malestar que condujo a la reforma protestante. Los príncipes y los papas expoliaban a sus súbditos para equipar ejércitos, contratar bandas de mercenarios e invadir territorios ajenos.
El pequeño ensayo, que Erasmo de Rotterdam publicó en la edición de sus Adagios de 1515 y donde comenta el adagio “Exigirle el tributo a un muerto”, aparecía ya en la edición de 1508 con menor extensión. El texto resume sus ideas sobre la ética de los negocios y sobre los impuestos. Es una crítica de las exacciones, tributos, diezmos, gabelas, dacios y arbitrios seculares y eclesiásticos que eran bien conocidos para los lectores de su tiempo (algunos de los impuestos canónicos siguieron vigentes hasta hace poco). Las revueltas de los campesinos de la primera mitad del XVI estallaron para liberarse, entre otras cosas, de la multitud agobiante de tales contribuciones.
Erasmo critica las tasas impuestas al pueblo menesteroso y ataca la venta de cargos públicos y de beneficios eclesiásticos, así como lo que entre nosotros se ha llamado ‘cultura del pelotazo’, practicada por «esa clase de sórdidos especuladores» que andan «comprando aquí para vender allí por más del doble o explotando mediante monopolios a la pobre gente». En cuanto a la usura, a pesar de desmarcarse de la tradición que la condena, se escandaliza de que se considere a los usureros –es decir los banqueros– como «pilares de la Iglesia».
En La educación del príncipe cristiano Erasmo insistirá en que el Estado debe intervenir en la economía para impedir la concentración excesiva de las riquezas en manos de unos pocos y para proteger al pueblo llano de la miseria. En los Coloquios también se ocupa de la moral de los negocios: en el Banquete religioso reconoce la legitimidad del capital que se produce como resultado del propio trabajo, pero en la Ictiofagia (así como en carta a Damião de Góis el 25 de Julio de 1533) fustiga la explotación y el pillaje que bajo capa de cristianización acompañan a la empresa colonizadora.
La especulación y el monopolio son prácticas a las que aludió con ejemplos concretos en muchas de sus obras y mencionó con frecuencia en sus cartas. Propugna la intervención de las autoridades para controlar pesos y medidas, vigilar las alzas abusivas de precios y supervisar la calidad de los alimentos.
Lo que sigue es una selección de párrafos del comentario de Erasmo que, pese a que ha pasado tanto tiempo, siguen sonando familiares.
Apo necrou forologein significa «exigirle el tributo a un muerto», y se decía de quien, lícita e ilícitamente, amontona riquezas de cualquier procedencia. Aristóteles en el libro segundo de la Retórica lo cita así: «hasta de un difunto saca provecho», reflejando lo que se solía decir de aquellos que con manejos deshonestos iban en pos de una ganancia, viniera de donde viniera, obtenida incluso de negocios mezquinos y sórdidos, como Vespasiano de los urinarios, o a partir de actividades vergonzosas, como el proxenetismo o la prostitución; o como quienes estrujan a los amigos, a los menesterosos, a los mendigos o, por último, hasta a los muertos. Los nobles romanos que excavaron los monumentos de Corinto y expoliaron los bronces corintios fueron reprobados y se acuñó un término que expresaba la mezquindad de lo que hicieron. Por esta razón las cosas que se roban de aquella manera se denominan necrocorintos.
En concreto, si te atienes a las prácticas actuales, yo aceptaría mucho antes al usurero que a esa clase de sórdidos especuladores que con trucos, falsedades, imposturas, falacias, andan a la caza de beneficios de cualquier procedencia, comprando aquí para vender allí por más del doble, o explotando mediante monopolios a la pobre gente; y sin embargo, estos agentes, que no tienen otra ocupación en la vida, son casi los únicos que consideramos honrados.
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La rapacidad de éstos sobrepasa toda elocuencia. No existe ocasión de la que no extraigan algo de ganancia. No hay límite ni fin; a diario inventan nuevas formas de presión, y lo que fue un atraco aislado en determinadas circunstancias se convierte en mordisco permanente. Estas prácticas, ya de por sí bastante odiosas, al ser ejercidas de forma aún más odiosa por funcionarios arrogantes, generan un considerable grado de hostilidad hacia los príncipes, quienes sin embargo nada estiman indigno de sí con tal de sacarle una ganancia, es decir, con tal de que a causa de ello el hambre de los humildes crezca y se acreciente el lujo de los nobles, o más bien de los piratas. Y no faltan quienes, manejando las leyes como redes, obtienen ganancias nada despreciables de los crímenes de los delincuentes. ¿Hay acaso un cargo público, un puesto, una prefectura que no esté en casi todas partes a la venta? Finalmente, como estas prácticas, aun siendo muchas, no pueden colmar ese tonel verdaderamente agujereado que es el fisco de los príncipes se pretexta una guerra, los generales se ponen de acuerdo, y al pueblo infeliz se le sorbe hasta la médula, como si un principado no fuese apenas otra cosa que un ingente negocio.
Adagio 812 (I ix 12).
Traducción del autor de este blog en su edición de Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio. Madrid, Alianza Editorial, Bolsillo Filosofía, 2008
El duo de los cisnes
mi homenaje a los cisnes de Klippan en Gotemburgo
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Para engañar al frío
el cisne se hace nieve.
Para engañar al agua
se hace pasar por nube,
y el aire se extravía
al sentirlo tan leve.
El cisne engaña al tiempo
pues ni se va ni vuelve,
y el cisne nos confunde
afectando que es cisne.
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sábado 9 de marzo del 2013

































































































