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Y el barro se hizo verbo

24 febrero, 2019
La técnica moche del adobe. Foto R.Puig

La técnica moche del adobe. Foto R.Puig

En la historia de las culturas desaparecidas, de enteras civilizaciones que se fueron, se esconden las vidas de quienes se midieron con un entorno que les daba manutención al tiempo que les planteaba grandes desafíos. Luchaban no sólo contra los desastres naturales, tenían que enfrentarse consigo mismos y con preguntas a las cuales trataron de dar respuestas.

En la Huaca de Cao. Foto R.Puig

En la Huaca de Cao. Foto R.Puig

Los yacimientos que, durante cinco intensos días de febrero y guiados por nuestros grandes amigos Manolo y Pablo, hemos recorrido son huella de las vidas que los habitantes del norte del Perú dejaron en los departamentos de Lambayeque y la Libertad, al norte de Lima y frente al océano Pacífico, entre el primer y el noveno siglo después de Cristo.

En la Huaca de Cao. Foto R.Puig

En la Huaca de Cao. Foto R.Puig

Los descubrimientos de arqueólogos peruanos y extranjeros durante gran parte del siglo XX han ido sacando a la luz la inmensa obra de los pobladores de las que se han denominado culturas Moche o Mochica (1 a 110 d.C.), Lambayeque o Sicán (aprox. 900 a 1470 d.C.) y Chimú (1100 a 1470 d.C.) . Como siempre que se vuelve al pasado nosotros tenemos preguntas, para algunas aún seguimos sin respuesta.

Muro de ChanChan. Trujillo. Foto R.Puig

Muro de ChanChan (Cultura Chimú). Trujillo. Foto R.Puig

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¿Qué puede el barro frente al agua?

Hoy se llama el Niño a un bien estudiado fenómeno climático que retorna con una periodicidad inexorable y produce efectos favorables y otros, terribles e indeseables. Es pues como una serpiente de dos cabezas, cuyas dinámicas hoy se conocen pero no podemos controlar.

Puesta de sol en Huanchaco. Foto R.Puig

Puesta de sol en Huanchaco. Foto R.Puig

Las aguas del océano se mueven, se calientan o se enfrían y condicionan la vida de millones de personas en las costas y en las montañas del Norte peruano. Sus efectos pueden, en algún modo, ser prevenidos o paliados por la prudencia colectiva y el ingenio humanos. Sobre ello hay muchísima información y no seré yo quien lo repita. Pero lo que nos ha fascinado en estos días ha sido lo que aquellos hombres y mujeres de siglos idos pensaron al respecto, cómo quisieron explicarse eso que hoy se llama el Niño (pues cuando llega viene de la mano de la Navidad) pero no sabemos como ellos lo llamaron.

Huaca del sol. Trujillo. Foto R.Puig

Huaca del Sol. Trujillo. Foto R.Puig

Los sitios arqueológicos del Norte peruano, sus construcciones levantadas desde el barro con millones de bloques de adobe, así como los grandes o pequeños museos de sitio que los complementan nos dan algunas claves de cómo vivieron este fenómeno y cómo se organizaron para aprovecharlo o para combatirlo, cómo intentaban aplacar a las divinidades y a las fuerzas de la naturaleza, cómo subsistieron y perecieron, cómo se enterraron al morir, cómo creyeron que los niveles del su cosmos condicionaban su existencia.

Muros de adobe. Huaca de la Luna. Trujillo. Foto R.Puig

Muros de adobe. Huaca de la Luna. Trujillo. Foto R.Puig

Desaparecieron ellos pero no sus obras, no sus imágenes, no la representación de sus creencias, sus hábitos y las formas de gobernarse y -¿eterno sino humano?- de cómo los custodios de las creencias y de la fuerza ejercieron el poder sobre los súbditos y los vencidos.

Quedan muchos misterios por aclarar, siendo para mí el mayor de todos, el que no alcanzasen a legar un lenguaje escrito, siendo así que alcanzaron unas técnicas sofisticadas y una expresividad admirables.

Huaca de las balsas. Túcume. Foto R.Puig

Huaca de las balsas. Túcume. Foto R.Puig

No conocemos el verbo de esos que fueron apartados de la historia escrita por las veleidades de las aguas y también por la violencia de otros hombres, pero nos siguen hablando a través del barro y de sus formas.

Sin embargo, tras haber saturado la mirada con cientos de expresiones y rostros cerámicos de aquellos antiguos antepasados de los peruanos, que nos han observado desde sus vitrinas, y andando por las calles de Chiclayo o de Trujillo y por los pueblos y haciendas de Lambayeque o la Libertad, a menudo hemos sentido la mirada de sus descendientes. Definitivamente sí, los herederos de los mochicas y de otras civilizaciones pre-incaicas aún siguen en las costas del Perú y aún miden sus fuerzas con el barro.

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Por Jicamarca y Huachipa

Conquistar en el barro. Jicamarca. Foto R.Puig

Conquistar en el barro. Jicamarca. Foto R.Puig

Al volver a Lima he aprendido muchas cosas nuevas. Una de ellas es una expresión que describe la distribución territorial de su fenomenal crecimiento inmigratorio y demográfico mediante la gráfica de los tres conos que le han crecido a la capital del Perú por el Norte, el Sur y el Este.

El verbo resurge del barro. Foto R.Puig

El verbo resurge del barro. Foto R.Puig

Pues bien, salvando el espesor de los siglos, percibimos, en la forma en que este crecimiento urbano se ha producido, la continuación de la ancestral lucha con el barro y mediante el barro de los nuevos habitantes de esta costa peruana.

Excavar y crecer en el barro. Huachipa. Foto R.Puig

Excavar y crecer en el barro. Huachipa. Foto R.Puig

Del barro han surgido estos extensos poblamientos urbanos; es con el barro como se han hecho los adobes y los ladrillos que han ido dando alojamiento, modesto en sus comienzos y progresivamente más sólido, a las multitudes que han ido ocupando los terrenos baldíos para reorganizar su vida, escapando de inclemencias y carestías y, por desgracia, también de las violencias de los años del terror.

Crecer sobre el barro. Foto R.Puig

Crecer sobre el barro. Foto R.Puig

Hemos entrado y salido de Lima (también de Chimbote, Chiclayo y de Trujillo) por esos extrarradios donde es un desafío vivir entre esperanzas y desalientos,  donde la gente se recursea para buscar la subsistencia de todos los modos posibles. De forma admirable la mayoría del pueblo peruano sabe y consigue hacerlo, salvando innumerables escollos de toda índole.

No es un cerro es la reserva de arcilla de las ladrilleras. Foto R.Puig

No es un cerro, es la reserva de arcilla de las ladrilleras. Foto R.Puig

De esta lucha saben mucho en Huachipa y Jicamarca, como nos ha enseñado la visita a esos dos extensos barrios y a los dos colegios parroquiales que dirige Agustín Merea Vargas, y en los que trabajan los hombres y mujeres de un extraordinario equipo que hacen posible el día a día de estas obras.

Colegio Parroquial Corazon de Jesus. en Jicamarca. Foto R.Puig

Colegio Parroquial Corazon de Jesus. en Jicamarca. Foto R.Puig

En sus aulas y servicios se forja el futuro de mil trescientos niños y niñas y adolescentes desde el comienzo del nivel preescolar hasta completar la educación secundaria. Desde aquí agradecemos de corazón, mi esposa y yo, la maravillosa acogida que el personal y sus alumnos de las clases de música nos han brindado y todo lo que en este encuentro hemos aprendido. Con nuestra emoción va nuestro agradecimiento a todos ellos.

Los artistas de la acogida sorpresa en el colegio. Foto R.Puig

Algunos de los músicos de la acogida sorpresa en el colegio. Foto R.Puig

De ello seguiremos comentando pronto.

Cambiando horario

17 febrero, 2019
Bahía de Miraflores lunes 11 de febrero. Foto R.Puig

Bahía de Miraflores lunes 11 de febrero. Foto R. Puig

Pasada ya la medianoche en el Perú, peno a escribir esta crónica desde la lentísima wifi de un hotel de Trujillo, tras cinco días de innumerables impresiones recorriendo la llamada «Ruta Moche». Como quien dice, he de poner en orden mis espíritus antes de escribir sobre esta incomparable experiencia en la que nos han guiado dos buenísimos amigos, Manolo y Pablo.

Así que, antes de compartir lo que he visto y pensado por el norte peruano (departamentos de Lambayeque y La Libertad) abro la crónica de esta primera semana en el Perú, con algunas impresiones de un primer paseo por  Lima.

Lima de veras. Foto R.Puig

Lima de veras. Foto R.Puig

Lo primero en Lima fue darse un paseo por el centro de la ciudad con Manolo, sintiendo ese calor húmedo de sus veranos que estaba ya olvidando.

Sus balcones y sus patios coloniales siguen ahí.

Lima de veras. Foto R.Puig

Lima de veras. Foto R.Puig

Como los del palacio del marqués de Torre Tagle, encaje de maderas preciosas, sede hoy del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.

Lima de veras. Foto R.Puig

Lima de veras. Foto R.Puig

Este obra de arquitectura colonial se terminó en 1735, trece años antes de que Jorge Juan y Antonio de Ulloa («Relación Histórica del Viaje a la América Meridional…», 1748)  publicaran este mapa de Lima tal como Fray Pedro Nolasco la dibujó en 1685, con sus fortificaciones al completo y con su diseño urbano en forma de damero. Los editores añadieron el barrio del Rimac que no estaba en el plano original.

ima a mediados del s.XVIII. Museo Desamparados.

Lima en 1685. Museo Desamparados.

Admiro a los dibujantes de planos de aquellos siglos en los que ni te podías subir a un globo para ver las ciudades desde el aire y en todas sus proporciones. Me dirán ustedes que el fraile y sus editores subieron probablemente al cerro San Cristobal, pero el trabajo de agrimensura y los pacientes detalles de la representación urbano que esta obra encierra no los pudo ahorrar nadie.

Cerro San Cristobal. Foto R.Puig

Cerro San Cristobal. Foto R.Puig

No hemos subido al Cerro San Cristobal, aunque ganas no me faltan, pero sí nos hemos acercado al hermoso parque, al que se accede desde la Casa Museo de la Literatura Peruana y en el que hay restos de las murallas de la Lima colonial.

Desde una de las pasarelas que lo sobrevuelan podemos ver la estatua de Francisco Pizarro, fundador de Lima en 1535, que estaba antes en la misma Plaza de Armas y que ha sido retirada a esta zona verde. Le han dado un nuevo oficio, el de guardián de la seguridad de los domingueros que buscan un poco de descanso sobre la hierba.

Picnic con Pizarro. Foto R.Puig

Pícnic con Pizarro. Foto R.Puig

¿Quién osaría desvalijar a esta pareja protegida por tan armado conquistador? De esta forma el oscuro caballero se redime de las tropelías que se le atribuyen y hasta puede que su destierro suscite la simpatía de sus protegidos. Los jueces condenan a algunos reos a rehabilitarse con trabajos sociales. A Pizarro no parece disgustarle el suyo.

A nosotros también nos gusta ver a los lectores jóvenes en la Biblioteca Mario Vargas Llosa leyendo sus obras en este museo literario en el que con acierto se ha transformado a la antigua Estación de Ferrocarril de Desamparados.

Biblioteca Mario Vargas Llosa. Lima. Desamparados. Foto R.Puig

Biblioteca Mario Vargas Llosa. Lima. Desamparados. Foto R. Puig

En una sala adyacente hay una mesa que representa a las que en las aulas ocupaban no hace tanto  los maestros de escuela, y sobre ella el homenaje a Mateo Paiva, protagonista de la novela del mismo nombre de Francisco Izquierdo (Lima, Biblioteca Universitaria, 1968).

Palabra de un maestro de escuela. Foto R.Puig

Palabra de maestro. Foto R.Puig

Tras esta visita, seguimos ese día caminando por las calles de la ciudad de los reyes

Casa de las siete puertas. Foto R.Puig

Casa de las siete puertas. Foto R. Puig

en ese primer día de nuestro regreso al Perú

Calor limeño. Foto R.Puig

Calor limeño. Foto R.Puig

Por la tarde Pablo nos llevó a ver la puesta del sol frente al mar de Miraflores…

 

 

 

Ayer tarde llegamos a Lima…

10 febrero, 2019
Hacia Lima. Foto R.Puig

Hacia Lima. Foto R. Puig

Para Manolo y Amelia

Llevo algunas horas en el Perú. Hemos venido a un reencuentro con muchos de mis viejos compañeros y amigos de toda una vida. A Lima llegué muchacho y de Lima me fui hombre.

La costa peruana nos ha recibido y frente al Pacífico va a discurrir nuestra estancia. Pero no me voy a poner nostálgico. El aire de este océano, el calor de su verano y la exquisita cortesía y sincera alegría de quienes nos esperan son energía para el anciano que ahora vuelve a estas orillas.

Este primer día lo voy a celebrar con dos poesías de poetas peruanos,  en primer lugar los versos de Blanca Varela (dentro de unos días se cumplen diez años de su muerte) en los que habla de esta costa de contrastes que ayer vimos desde el cielo antes de aterrizar:

«Puerto Supe»

Está mi infancia en esta costa,

bajo el cielo tan alto,

cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,

nubes de espanto, oscuro torbellino de alas,

azules casas en el  horizonte.

 

Junto a la gran morada sin ventanas,

junto a las vacas ciegas,

junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

 

¡Oh, mar de todos los días,

mar montaña,

boca lluviosa de la costa fría!

 

Allí destruyo con brillantes piedras

la casa de mis padres,

allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,

destapo las botellas y un humo negro escapa

y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

 

Están mis horas junto al río seco,

entre el polvo y sus hojas palpitantes,

en los ojos ardientes de esta tierra

adonde lanza el mar su blanco dardo.

Una sola estación, un mismo tiempo

de chorreantes dedos y aliento de pescado.

Toda una larga noche entre la arena.

 

Amo la costa, ese espejo muerto

en donde el aire gira como loco,

esa ola de fuego que arrasa corredores,

círculos de sombra y cristales perfectos.

 

Aquí en la costa escalo un negro pozo,

voy de la noche hacia la noche honda,

voy hacia el viento que recorre ciego

pupilas luminosas y vacías,

o habito el interior de un fruto muerto,

esa asfixiante seda, ese pesado espacio

poblado de agua y pálidas corolas.

En esa costa soy el que despierta

entre el follaje de alas pardas,

el que ocupa esa rama vacía,

el que no quiere ver la noche.

 

Aquí en la costa tengo raíces,

manos imperfectas,

un lecho ardiente en donde lloro a solas.

Blanca Varela (1926 – 2009) de «Ese puerto existe», 1959

Y para acabar un poema emocionante, escrito en años muy duros en París, por Cesar Vallejo, poeta con el que me inicié en la poesía cuando acababa de estrenar mis primeros pantalones largos :

Me viene, hay días…

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,

de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,

y me viene de lejos un querer

demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,

al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,

a la que llora por el que lloraba,

al rey del vino, al esclavo del agua,

al que ocultóse en su ira,

al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.

Y quiero, por lo tanto, acomodarle

al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;

su luz, al grande; su grandeza, al chico.

Quiero planchar directamente

un pañuelo al que no puede llorar

y, cuando estoy triste o me duele la dicha,

remendar a los niños y a los genios.

 

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo

y me urge estar sentado

a la diestra del zurdo, y responder al mundo,

tratando de serle útil en

lo que puedo, y también quiero muchísimo

lavarle al cojo el pie,

y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

 

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,

interhumano y parroquial, proyecto!

Me viene a pelo

desde el cimiento, desde la ingle pública,

y, viniendo de lejos, da ganas de besarle

la bufanda al cantor,

y al que sufre, besarle en su sartén,

al sordo, en su rumor craneano, impávido;

al que me da lo que olvidé en mi seno,

en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

 

Quiero, para terminar,

cuando estoy al borde célebre de la violencia

o lleno de pecho el corazón, querría

ayudar a reír al que sonríe,

ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,

cuidar a los enfermos enfadándolos,

comprarle al vendedor,

ayudar a matar al matador? cosa terrible?

y quisiera yo ser bueno conmigo

en todo.

César Vallejo (1892 – 1938) de «Poemas humanos», 1931-1937

Llegando a Lima. Foto R.Puig

Llegando a Lima. Foto R.Puig

 

 

Del frío y los cisnes

3 febrero, 2019
Primera nieve. Foto R. Puig

Hace ya días que la nieve se adueñó de Gotemburgo. Caminamos con prudencia, aunque sin recurrir a las sobresuelas con clavos. La nieve seca es mejor que el hielo. En general el vecino de esta ciudad celebra que el invierno siga siendo el invierno, es decir que no falten unas cuantas semanas con las calles, los canales y los parques cubiertos de blanco…

NOTA: a este punto, por causas que ignoro, pero con el temor de que esta entrada haya sufrido un hackeo, he descubierto a 15 de abril del 2021 que lo que seguía ha desaparecido. Los textos, incluidas poesías de Baudelaire y Victor Hugo, con mi traducción, se han esfumado.

Se conserva un comentario de un seguidor habitual (Bernardo Regal) y mi respuesta de entonces.

Todo lo que sigue son las fotos que he repuesto a partir de mis archivos. Intentaré recuperarlo el resto.

Desde el puente. Foto R.Puig

A la espera. Foto R.Puig
Un abrazo fresquito. Foto R.Puig
Familia. Foto R.Puig
El cisne afortunado. Foto R.Puig
Perfección. FotoR.Puig
Grupo completo. Foto R.Puig
Solicitud. Foto R.Puig
En el parque Vasa. Foto R.Puig
Vasa kyrka. Foto R.Puig

27 de enero: Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto

27 enero, 2019
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Sería un peligroso error pensar que el Holocausto fue un simple producto de la locura de un grupo de criminales nazis. Más bien todo lo contrario, el Holocausto fue la culminación de milenios de odio, culpabilización y discriminación de los judíos, lo que ahora llamamos antisemitismo.

Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres.

 

Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto

La Asamblea General de la ONU,

Reafirmando que el Holocausto, que tuvo como resultado que un tercio del pueblo judío e innumerables miembros de otras minorías murieran asesinados, será siempre una advertencia para todo el mundo de los peligros del odio, el fanatismo, el racismo y los prejuicios

1. Decide que las Naciones Unidas designen el 27 de enero Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto

(Naciones Unidas, 42ª sesión plenaria, 1° de noviembre de 2005, Resolución 60/7 : Texto completo)

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Los grandes odios colectivos que desgarran el mundo, tanto si son motivados por el miedo, por la avaricia o por el apetito del poder, siempre están vinculados a situaciones reales, a intereses colectivos concretos: un enemigo que abatir, unas riquezas a conquistar, que operan como núcleo en torno al cual se aglutinan los instintos de agresividad y de asesinato. Pero las pasiones antisemitas del mundo occidental, si se intenta alcanzar su fondo, son quizás únicas en su género, ya que resulta imposible identificar en ellas ese tipo de sustrato. Por más lejos que las exploremos, no hay más que vestigios arcaicos, resentimientos confusos, pretextos ilusorios.

(Bréviaire de la haine, Leon Poliakov (Paris, Calman-Lévy, 1951, pág. 356, edición de 1979)

el autor continúa citando a Joseph Billig quien en «L’Allemagne et le genocide : plans et réalisations nazis» (Paris, Éditions du Centre, 1950) subraya:

Por ello su resultado último, la empresa hitleriana, fue también la sola tentativa de la Historia de condenar al hombre por lo que es, y no por lo que ha hecho; por una entidad abstracta, y no por actos concretos

(la traducción es mía, pero hay edición castellana: Breviario del odio. El Tercer Reich y los judíos. Traducción de Marta Pino, Madrid, Ediciones Cómplices, 2011)

Por desgracia, hemos sabido y seguimos sabiendo de genocidios que también se fundaron en el instinto de eliminación de colectivos de seres humanos a causa de una identidad racial o confesional.

Pero, por estar fundado en un odio secular y por la dimensión horrorosa de su premeditación y su ejecución espantosamente racional y cruel a manos de seres humanos cultos y educados, en el corazón de la Europa “de las Luces”, a manos de asesinos europeos del siglo XX y de sus innumerables colaboradores, ante el silencio de quienes lo sabían y callaban, y en la indefensión total de sus víctimas de toda edad y condición, el Holocausto, la Shoah, es el prototipo, el arquetipo máximo, de la bestialidad humana exterminadora.

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Este Día Internacional quiere servir a que las naciones que forman parte de la ONU y nosotros sus ciudadanos nos comprometamos, cada uno a nuestro nivel y con nuestros medios, a impedir las persecuciones, masacres y genocidios de unos seres humanos por otros.

 

Por ello, la Asamblea de la ONU :

2. Insta a los Estados Miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro y, en ese contexto, encomia al Grupo de Trabajo para la cooperación internacional en la enseñanza, recordación e investigación del Holocausto;

3. Rechaza toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico;

4. Encomia a los Estados que han participado activamente en la preservación de los lugares que sirvieron de campos de exterminio, campos de concentración, campos de trabajo forzoso y cárceles nazis durante el Holocausto;

5. Condena sin reservas todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades basadas en el origen étnico o las creencias religiosas, dondequiera que tengan lugar;

6. Pide al Secretario General que establezca un programa de divulgación titulado “El Holocausto y las Naciones Unidas” y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro de la recordación del Holocausto y la educación al respecto, con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro; que le informe sobre el establecimiento del programa en un plazo de seis meses a contar desde la fecha de aprobación de la presente resolución; y que le informe, en su sexagésimo tercer período de sesiones, sobre la ejecución del programa.


Nota: Un vídeo sobre una vida entre los millones de vidas que los nazis truncaron con su implacable maquinaria atroz, la breve historia de Ana Frank

Las tortugas de Cambutal (Panamá)

20 enero, 2019

La tortuguita tozuda. Foto R.Puig.

La tortuguita tozuda. Foto R.Puig.

Para mis nietos

Cuando la televisión en España sólo emitía en blanco y negro había un programa humorístico muy popular que se llamaba «La tortuga perezosa».

¡Qué injusticia! En realidad las tortugas, sobre todo las del mar, se ponen en marcha a los pocos días de nacer.

¡Ni cortas ni perezosas!

Tienen tres días y se preparan para el mar. Foto R.Puig

Tienen tres días y se preparan para el mar. Foto R.Puig

El 30 de diciembre fui testigo de ello en las playas de Cambutal gracias a Alexis Rodríguez, presidente de la asociación sin ánimo de lucro Tortuagro, «grupo para la conservación de las tortugas marinas, desarrollo del turismo y del sector agropecuario de Cambutal», quien nos invitó para asistir desde poco antes de la salida del sol a la suelta al mar de sesenta y cuatro tortugas que, tres días antes, habían eclosionado del cascarón en uno de los muchos viveros de la organización.

Alexis Rodríguez y sesenta y cuatro bebitas. Foto R.Puig

Alexis Rodríguez y sesenta y cuatro bebitas. Foto R.Puig

En las playas de Cambutal, entre agosto y setiembre, desovan varias clases de tortugas marinas: Verdes, Loras, Carey y Baulas. Como explica la asociación,  estos quelonios se encuentran en peligro de extinción debido a la amenaza constante de «hueveros» (personas que roban los huevos) y comerciantes ilegales.

Durante la época de desove los diez voluntarios de Tortuagro recorren de noche las playas para recoger los huevos y ponerlos al seguro en los viveros donde se incuban y se salvan así de aves y cánidos depredadores y de quienes comercian ilegalmente con este orden de reptiles protegidos.

Seis de la mañana en Cambutal. Foto R,Puig

Seis de la mañana en Cambutal. Foto R. Puig

Liberando a las tortuguitas. Foto R.Puig

Soltando a las tortuguitas hacia su aventura. Foto R.Puig

Varios decenios después de nacer, las tortugas que sobrevivan en el océano, guiadas por un admirable instinto retornarán a depositar sus huevos exactamente en el lugar en que nacieron y de donde partieron para su larga y arriesgada aventura..

Dos o tres sobrevivirán. Foto R.Puig

Dos o tres sobrevivirán para volver al sitio en donde nacieron. Foto R.Puig

Saben el camino. Foto R.Puig

Saben llegar al mar. Foto R.Puig

Durante un largo rato, mientras el sol se anuncia, contemplamos su marcha tenaz hacia las olas.

A ver quién llega antes. Foto R.Puig

A ver quién llega antes. Foto R.Puig

Cuando las más veloces ya se han zambullido, otras aún andan rezagadas

Las rezagadas. Foto R.Puig

Las rezagadas. Foto R.Puig

Las olas son el último obstáculo

Con la ayuda de la ola. Foto R.Puig

Frente a las olas. Foto R.Puig

pero también ondas acogedoras

Superando el último obstáculo.. Foto R.Puig

Superando el último obstáculo.. Foto R.Puig

Las que todavía no han llegado al agua siguen avanzando erre que erre…

Ninguna se rinde. Foto R.Puig

Ninguna se rinde. Foto R.Puig

Si pudiesen hablarnos quizás podríamos escuchar alguna exclamación…

Por la tortuga que me parió. Foto R.Puig

¡Por la tortuga que me parió! Foto R.Puig

Ya ha salido el sol, ¡es urgente entrar al mar! Las aves marinas no tardarán en llegar con sus voraces picos bien abiertos…

Ánimo, ánimo.... Foto R.Puig

Ánimo, ánimo…. Foto R.Puig

Finalmente, con el sol por testigo,

El sol por testigo. Foto R.Puig

El sol por testigo. Foto R.Puig

Alexis da por concluida esta última suelta de tortugas del 2018

Por hoy, misión cumplida. Foto R.Puig

Por hoy, misión cumplida. Foto R.Puig

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Desde su fundación en el 2010 y ya a principios del 2014 los voluntarios de Tortuagro habían sembrado 36,977 huevos, de los cuales nacieron 35,587 tortugas. Gracias a ellos el número de «hueveros» había disminuido en un 90%.

Son los datos que he podido encontrar (Fuente: Tortuagro) correspondientes a febrero del 2014.  Así que, transcurridos cuatro años más, la cifra al menos se ha debido de duplicar.

Aquí están los viveros. Foto R.Puig

Aquí están los viveros. Foto R.Puig

Un día después de haber asistido a la suelta de las tortugas, había concluido el año 2018.

No estuvo nada mal acabarlo aprendiendo del trabajo de estos voluntarios, como testigos de su labor admirable.

Por la playa de Cambutal era hora de un baño temprano.

Otros preferían sacar los caballos a paseo.

Jinetes madrugadores.Foto R.Puig

Jinetes madrugadores.Foto R.Puig

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Tras haber admirado la fabulosa tenacidad y alacridad de las tortugas recién nacidas…¿imaginan cuáles han sido mis propósitos para el 2019?

Con mis cordiales deseos de que ninguna ola les amedrante, ahí les dejo imaginando…

 

 

 

 

Bajo toldo y sobre el agua (y 2): en el lago de Atitlán

13 enero, 2019

En ruta hacia el lago de Atitlán. volcanes del Agua y del Fuego. Foto R.Puig

En ruta hacia el lago Atitlán. Volcanes del Agua y del Fuego. Foto R.Puig

Para René

El 21 de diciembre salimos de Ciudad de Guatemala por la Nacional 1 hacia el lago de Atitlán. La carretera asciende por valles y curvas hacia Chimaltenango, pasando por extensos cultivos dedicados a producir para la diaria exportación de verdura fresca a los Estados Unidos. Numerosos agricultores han racionalizado así su producción, se han asegurado un mercado y aumentado así sus ingresos fijos, gracias a la iniciativa de emprendedores jóvenes guatemaltecos.

En ruta hacia el lago de Atitlán. Cultivos para la exportación. Foto R.Puig

En ruta hacia el lago de Atitlán. Cultivos para la exportación. Foto R.Puig

Nuestro amigo y guía es una de los mejores conocedores de Guatemala y de los desafíos que su sufrido pueblo viene afrontando durante los últimos treinta años. Afortunadamente conduce sabiamente en medio de un tráfico bien complicado, donde pululan a velocidad temeraria cientos de autobuses multicolores a la caza del viajero en cualquiera de los recodos y altibajos de la autovía.

Regalito de Dios. Foto R. Puig

«Regalito de Dios». Foto R. Puig

Los vistosos autobuses interurbanos de Guatemala (algunos los llaman «chicken bus») son protagonistas inconfundibles en los desplazamientos cotidianos de los guatemaltecos. Bautizados con los más imaginativos proverbios pueden decidir de improviso atravesar delante de tus narices desde el carril izquierdo y frenar delante de tu vehículo en el mero carril derecho, para colectar en un santiamén a un viajero que les ha hecho señas en cualquier borde de la carretera. El ayudante del conductor viaja literalmente colgado de la puerta a la caza de clientes.

Los habituales de la ruta. Foto R. Puig

Los habituales de la ruta. Foto R. Puig

Pero, junto al aspecto folclórico coexiste el lado oscuro de este transporte del que no pueden prescindir las clases populares de el país: la violencia y la extorsión que amenaza diariamente a sus pilotos y viajeros por parte de las mafias que asesinan a conductores y ayudantes que se resisten a pagar a alguna de las pandillas que se disputan su control.

En ruta hacia el lago Atitlán. Foto R.Puig

En ruta hacia el lago Atitlán. Foto R.Puig

Justo frente al desvío hacia el sitio arqueológico de la legendaria Iximche (de la que que hemos hablado en una crónica anterior) paramos para un almuerzo clásico guatemalteco a la vera de Tecpán.

La villa, situada a más de dos mil metros, fue fundada en 1524 como primera capital de Guatemala. En el menú no pueden faltar las tortillas de maíz oscuro y el puré de frejoles negros.

En ruta hacia el lago Atitlán. Cociendo las tortillas en Tecpán. Foto R. Puig

En ruta hacia el lago Atitlán. Cociendo las tortillas en Tecpán. Foto R. Puig

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Solola

Por razones de seguridad, no vamos a Atitlán por la ruta más corta de Paztún, sino que subimos por Los Encuentros para descender hacia el lago por Solola.

Travesía de Solola. Foto R. Puig

Travesía de Solola. Foto R. Puig

Es día de mercado, circulamos lentamente en medio de calles repletas de gente y de actividad.

En Solola. Foto R.Puig

En Solola. Foto R.Puig

Entre la multitud destacan algunos ancianos ataviados con un faldellín marrón con cuadritos claros que identifica una posición de autoridad en la comunidad.

En ruta hacia el lago de Atitlán. En Solola. Foto R.Puig

En ruta hacia el lago de Atitlán. En Solola. Foto R.Puig

Los trajes de la tradición maya son hermosos y predominan en esta región, en contraste con los grandes centros comerciales de la capital donde casi no ves a nadie (apenas alguna señora) que los vista.

Autoridad. Solola. Foto R.Puig

Autoridad. Solola. Foto R.Puig

Seguimos despacito a través de calles flanqueadas de tiendas y negocios.

ienda y Cerería San Judas Tadeo. Solola. Foto R.Puig

Tenda y Cerería San Judas Tadeo. Solola. Foto R.Puig

Pasamos junto a la Torre Centenaria (1914) de Solola, un edificio cívico que sigue las pautas de las torres de las iglesias coloniales

La Torre Centenaria de Solola. Foto R.Puig

La Torre Centenaria de Solola. Foto R.Puig

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En el lago

Ahora descendemos por una carretera panorámica hacia el lago.

Llegando al lago: el Cerro de oro (1892 m) y el volcán Tolimán (3158 m). Foto R.Puig

Bajando hacia el lago: el Cerro de oro (1892 m) y el volcán Tolimán (3158 m). Foto R.Puig

Dejaremos el equipaje en un hotel acogedor en Panajachel

Mapa del lago Atitlán. Guatemala

Mapa del lago Atitlán. Guatemala

e iremos al embarcadero para abordar la motora que nos ha de llevar a algunos de los pueblos centenarios que se asientan en sus orillas.

El cerro de Oro (1892 m) y los volcanes Tolimán (3158 m) y Atitlán (3537 m) desde el embarcadero de Panajachel. Foto R.Puig

El Cerro de Oro y los volcanes Tolimán  y Atitlán  desde Panajachel. Foto R.Puig

El día es espléndido y el panorama majestuoso. Finalmente estamos en este lago legendario cuya formación geológica se interpreta de diversas maneras y se reviste de hermosos mitos de los orígenes dentro de la tradición de los pueblos mayas.

Iremos costeando el Atitlán hacia el oeste, bajo la mirada sonámbula de sus tres volcanes tutelares, el San Pedro (3020 m), el Tolimán (3158 m) y el Atitlán (3537 m), para visitar San Juan La Laguna, San Pedro La Laguna y Santiago Atitlán.

Surcando el lago Atitlán hacia San Juan la Laguna. Foto R. Puig

Surcando el lago Atitlán hacia San Juan la Laguna. Foto R. Puig

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San Juan La Laguna

Atracando en San Juan La Laguna. Foto R.Puig

Atracando en San Juan La Laguna. Foto R.Puig

San Juán La Laguna, como los otros pueblos que vamos a visitar está situado en pendiente. Ascender por sus calles requiere buenas piernas o los servicios de un «tuk-tuk», especie de riksha movida por un motor de cortacesped, donde además del conductor se pueden acomodar tres pasajeros, aunque por no se qué milagro llegan a acomodarse hasta cinco.

Tuk Tuk por las cuestas de San Pedro la Laguna. Foto R.Puig

Tuk Tuk por las cuestas de San Pedro la Laguna. Foto R.Puig

Te llevan dando botes por las calles empedradas.

En San Juan subimos a pie, guiados por la gerente maya de una de las cooperativas de tejedoras  para asistir a su demostración de las fases del tejido de sus obras multicolores.

En una cooperativa de tejedoras. San Juan La Laguna. Limpiando el algodón. Foto R.Puig

En una cooperativa de tejedoras. San Juan La Laguna. Limpiando el algodón. Foto R.Puig

Las mujeres las gestionan, contribuyendo con su trabajo al mantenimiento de sus economía familiar y a los gastos de administración de su cooperativa.

En una cooperativa de tejedoras en San Juan La Laguna. Hilando. Foto R.Puig

En una cooperativa de tejedoras en San Juan La Laguna. Hilando. Foto R.Puig

Fijando el tinte. Foto R.Puig

Fijando el tinte. Foto R.Puig

Cada socia de la cooperativa trabaja en su propia casa y trae el resultado de su labor a la sala común de exposición y comercialización, donde se presenta con su propio nombre y el precio solicitado. De este modo, cuando se vende, el montante lo percibe su autora, menos un pequeño porcentaje para el sostenimiento de la cooperativa.

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San Pedro La Laguna

Iglesia de San Pedro La Laguna. Foto R.Puig

Iglesia de San Pedro La Laguna. Foto R.Puig

En San Pedro merece la pena atravesar la plaza de su antigua iglesia franciscana y visitar la iglesia

En la iglesia de San Pedro La Laguna. Foto R.Puig

En la iglesia de San Pedro La Laguna. Foto R.Puig

donde nos saluda un viejo conocido, a horcajadas sobre el asno que le lleva en procesión el Domingo de Ramos. Y muy cerca, alguien que es también famoso desde hace menos tiempo

En la iglesia de San Pedro La Laguna. Alguien muy popular.Foto R.Puig

En la iglesia de San Pedro La Laguna. Alguien muy popular.Foto R.Puig

En la nave de la iglesia los cirios del altar están encendidos y algunos fieles esperan la salida del celebrante, o quizás simplemente se recogen ante la custodia

En la iglesia de San Pedro La Laguna.Foto R.Puig

En la iglesia de San Pedro La Laguna.Foto R.Puig

Al salir, encontramos de nuevo al papa Francisco y un poster de la campaña de Plan International y de las Naciones Unidas para combatir la lacra del matrimonio de las menores de edad, que frustra la vida de las mujeres cuando todavía son niñas, sacándolas de la escuela y sometiéndolas a una maternidad precoz.

En la iglesia de San Pedro La Laguna.  Foto R.Puig

En la iglesia de San Pedro La Laguna. Foto R.Puig

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Santiago Atitlán

En el embarcadero de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

En el embarcadero de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

Nuestra siguiente etapa nos lleva al antiguo pueblo de Santiago Atitlán. Como ya se va a haciendo tarde y el Xocomil, ese poderosos viento del Norte, ha comenzado a levantarse sobre el lago, para ganar tiempo decidimos subir hacia el centro en un tuk tuk.

El volcán San Pedro desde Santiago de Atitlán.Foto R.Puig

El volcán San Pedro desde Santiago de Atitlán.Foto R.Puig

Atravesamos por el parque en dirección a la iglesia

Al rico helado en Santiago Atitlán. Foto R.Puig

Al rico helado en Santiago Atitlán. Foto R.Puig

encontrando en los jardines esculturas de artistas locales

En el parque de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

En el parque de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

y, llegados al templo, otras de factura neohispana y vestimenta confeccionada probablemente por manos devotas y femeninas.

En la iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

En la iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

La corbata y los sombreros son probablemente el ex-voto de algún varón agradecido

Ensayando en la iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

En la iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

Las frazadas y los pañuelos que han donado a las santas y santos parecen más bien regalo de alguna fiel creyente. Aunque no se ve en la imagen, los asistentes siguen las lecturas de una misa y los himnos del excelente orfeón que canta junto al altar.

La iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

La iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

Para no molestar, nos desviamos hacia el claustro, lleno de dependencias anexas, en las que están ensayando varios coros y grupos de músicos, de una gran virtuosidad. Estamos fascinados por esta especie de conservatorio de música popular y religiosa.

Ensayando en la iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

Ensayando en la iglesia de Santiago Atitlán. Foto R.Puig

Pregunto a nuestro viejo amigo y excelente guía de Guatemala, que nos ha traído a este maravilloso viaje, quién es el sacerdote que aparece en el poster…

El Padre Apla’s (Francisco en idioma Tzutujil) fue un sacerdote norteamericano, asesinado por los escuadrones de la muerte en 1981. Su nombre original era Stanley Francis Rother.

Por parte de los yankees no todo fueron intervenciones en apoyo de las dictaduras militares. Este norteamericano vivió como los campesinos mayas de estas pobres tierras en una época atroz de guerra civil en Guatemala, y como miles de ellos fue también asesinado por grupos armados que ejercían la represión a cuenta del gobierno.

El claustro de Santiago Atitlán y el volcán Tolimán. Foto R.Puig

El claustro de Santiago Atitlán y el volcán Tolimán. Foto R.Puig

En Santiago Atitlán no le han olvidado.

Nosotros, con el Xocomil soplando por la popa, pero conducidos por un experto timonel y con los faros de la lancha encendidos, surcamos durante más de una hora y dando botes sobre las olas todo el ancho del lago desde Santiago a Panajachel.

La luna nos acompañaba.

La luna de vuelta a Panajachel desde Santiago Atitlán. 21 de diciembre. Foto R.Puig

La luna se alza al salir de Santiago Atitlán. 21 de diciembre. Foto R.Puig

Son ya más de las ocho de la tarde y, tras deshacer las maletas en el hotel, nos vamos a comer unas merecidas pizzas en el Café Circus, donde unos trovadores excelentes nos obsequian con un florilegio de canciones latinoamericanas, algunas de cuyas letras conocemos bien y  podemos cantar al unísono con ellos : valses, boleros, rancheras, mambos…

Los bardos del Café Circus de Panajachel. Foto R.Puig

Los bardos del Café Circus de Panajachel. Foto R.Puig

Si alguna vez van por Atitlán no dejen de ir a tomar una pizza al final de la jornada a este inusitado rincón bohemio y acaben el día cantando aquello de «yo tengo unos ojos negros…»

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Epílogo

Para ir terminando hoy, quiero primero romper una lanza por los Amigos del Lago Atitlán 

Nuestro amigo y guía nos ha hablado de un Plan de Rescate del Lago, que está más y más amenazado por los residuos de las poblaciones de su entorno que van directamente y sin depurar a sus aguas. Nos dice que este es el plan al que, aunque jubilado, quiere dedicar todos los esfuerzos de su saber hacer de varias décadas en proyectos de desarrollo, hasta verlo realizado : un sistema de depuración integral de los vertidos sobre el Atitlán, la segunda reserva por volumen de agua dulce de toda Centroamérica.

Y por último decir algo que escribe un historiador:

Pese a todas las limitaciones y a los terribles pesos del pasado, la región centroamericana se posiciona en el mundo globalizado y se resiste al retroceso. Todo esto, unido a la enorme riqueza cultural y a la vasta biodiversidad del itsmo, nos permite concluir con una nota de optimismo y esperanza; a pesar de todos los pesares, la región sigue buscando un futuro propio.

palabras finales de Héctor Pérez Brignoli en su Breve historia de Centroamérica, El Libro de Bolsillo, Madrid, Alianza Editorial, tercera edición, 2018, 349 páginas.

Bajo toldo y sobre el agua (1): en motora por el Canal de Panamá

6 enero, 2019

Por el lago Gatún. Foto R.Puig

Por el lago Gatún. Foto R.Puig

Para Juan Pablo

El 16 de diciembre pasado tuvimos la fortuna de pasear bajo el piadoso toldo de una lancha motora por el Canal de Panamá, saliendo del puerto de Gamboa, en donde el río Chagres se remansa en el inmenso el lago (artificial) Gatún sin cuyas aguas el Canal de Panamá no hubiera sido posible.

En efecto, el error del proyecto que inició Lesseps en 1879, además del caos financiero de las dos etapas francesas en la construcción del Canal, fue pretender construirlo al nivel del mar, siguiendo el esquema de su Canal de Suez, mediante la excavación imposible del sistema montañoso central.

El proyecto de los Estados Unidos, basado en un sistema de esclusas, partió del trabajo titánico de excavación ya realizado por los franceses en el Corte de Culebra, y aprovechó el curso del río Chagres, vía de navegación inter-oceánica ya utilizada en tiempos coloniales, mediante la represa ubicada en Gamboa.

Localización de la represa de Gamboa. google maps

Localización de la represa de Gamboa. google maps

El lago de Gatún, a 26 metros sobre el nivel del mar, no sólo hizo posible un tramo de 33 km del Canal, sino la permanente alimentación del caudal de las esclusas en ambos los extremos del mismo.

mapa del canal y buques que acceden. fuente micanal

Mapa del canal y tipos buques que acceden. Fuente micanal.com

Para Juan Pablo

Sobre la historia compleja y apasionante de esa aventura humana, lo que incluye la emancipación de Panamá de Colombia en 1903, dirigida por los Estados Unidos, que abrió paso a la financiación y conclusión del proyecto final por parte del amigo americano no puedo ni debo ocuparme y remito a los interesados a la obra de David McCullough que reseño al final de esta entrada y que me obsequió mi yerno como preparación para la visita a Panamá.

Nuestro paseo turístico

Nuestro paseo en motora nos llevó desde el puerto de Gamboa, sobre las aguas del Chagres, al lago de Gatún y sus remansos, tras pasar bajo el puente del ferrocarril que une Colón en el Caribe con la Ciudad de Panamá en el Pacífico.

En el Canal de Panamá. Foto R. Puig

En el Canal de Panamá. Foto R. Puig

Nuestro patrón de barca fue Rubén, un joven ya avezado en estas lides,

Ruben al timón. Foto R.Puig

Rubén al timón. Foto R.Puig

que nos condujo hacia el ensanche progresivo del lago Gatún, por donde navegan los enormes paquebotes.

En el canal de Panamá. Foto R.Puig

En el canal de Panamá. Foto R.Puig

Y nos mostró los recovecos que irradian entre manglares.

Por el lago Gatún. Panamá. Foto R.Puig

Por el lago Gatún. Panamá. Foto R.Puig

El timonel imita los gritos de los monos que viven en la espesura selvática del Canal

En el canal de Panamá. Foto R.Puig

En el canal de Panamá. Foto R.Puig

y los titís, conocedores de la habitual recompensa descienden hacia la barca

Tití. Lago Gatún. Foto R.Puig

Tití. Lago Gatún. Foto R.Puig

En busca de un trozo de plátano

Tití. Lago Gatún. Foto R.Puig

«Tití». Lago Gatún. Foto R.Puig

En otro remanso los capuchinos

Capuchino. Lago Gatún. Foto R. Puig

Capuchino. Lago Gatún. Foto R. Puig

de maneras más bruscas y -ojo- dientecillos afilados, acaban también aceptando el diálogo, atraídos por los gritos remedados por Rubén 

A ver qué quieren estos. Foto R.Puig

A ver qué ofrecen estos. Foto R.Puig

Las aves son más evasivas, aunque sus cantos y reclamos nos lleguen omnipresentes

Por el lago Gatún. Foto R. Puig

Por el lago Gatún. Foto R. Puig

desde las altas ramas o desde los manglares

En el manglar. Foto R. Puig

En el manglar. Foto R. Puig

A la vuelta, son muchos los detalles que se observan por las márgenes

Aparcamiento de balsas flotantes y tubos. Foto R.Puig

Balsas flotantes y tubos en la margen del Canal. Foto R.Puig

Aunque lo que vimos días más tarde en el Museo del Canal, recuerdo de sus comienzos, es algo que hace ya años que no ilumina su embocadura, una linterna de faro fabricada en Francia según las técnicas de Augustin-Jean Fresnel (1788 – 1827) e instalada por la Compañía del Canal en 1925. Fue operativa durante tres cuartos de siglo.

Lámpara de faro de Augusto Fresnel. 1893. Museo del Canal. Foto R.Puig

Lámpara de faro de Augusto Fresnel. 1893. Museo del Canal. Foto R.Puig

 


Bibliografía:

McCullough, David, Un camino entre dos mares: la historia del Canal de Panamá, Madrid, Espasa Calpe, 2012, 552 pp. (edición original de 1978: The Path Between the Seas, U.S.National Book Award ).

Por Guatemala y transitando hacia el Nuevo Año

30 diciembre, 2018

San Cristóbal sujetándose a una palmera. Iglesia del Carmen, Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

San Cristóbal sujetándose a una palmera. Ermita del Carmen, Ciudad de Guatemala. Foto R. Puig

¡Feliz Año Nuevo!

Era un gigante, patrón de los camioneros, cargaba a los que no podían pasar el río y casualmente hasta dicen que cargó con un niño dios. A pesar de eso se tenía que agarrar a las palmeras cuando el el caudal bajaba bravo. Para colmo, la Iglesia acabó por des-canonizarlo, mejor dicho, aunque los conductores no estén informados, nunca fue santo, es una leyenda.

Pero las leyendas, ya se sabe, surgieron a menudo de cosas que ocurrieron allende el espesor de los siglos. Así que, este San Cristóbal con el niño a cuestas a mí me evoca a alguien que -érase una vez- pasaba a los débiles de un lado a otro del torrente, puede que por un pedazo de pan, o, que si nada tenían, quizás lo hiciese gratis et amore.

Pero no era un spiderman, no. Aunque era grandullón, también a él le temblaban las piernas de vez en cuando. Por eso, a mi modo de ver, el escultor nativo y artista «novohispano», para que pudiese agarrarse, puso una palmera en su ingenua versión de insólita anatomía, rescatada del estuco en el muro del ábside de la érmita del Cerrito del Carmen en la ciudad de Guatemala. De este modo ha aguantado ya varios terremotos sin dejar caer al Niño de sus hombros, aunque a la postre hayan tenido que recomponer sus trozos.

Ermita del Carmen. Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

Ermita del Carmen. Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

Por cierto, la ermita lleva el significativo nombre de La Guardiana. Es un nombre con sentido, sobre todo si miramos al entorno de conos volcánicos que se contempla desde esa altura.

Ciudad de Guatemala. Perspectiva desde el Cerrito del Carmen. Foto R.Puig

Ciudad de Guatemala. Perspectiva desde el Cerrito del Carmen. Foto R.Puig

En la lejanía, desde la Ciudad de Guatemala, se puede observar como el destructor Volcán del Fuego aún humea.

Guatemala. El volcán del fuego aún humea. Foto R.Puig

Guatemala. El volcán del fuego aún humea. Foto R.Puig

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Hubo tres capitales anteriores que por diversos avatares y catástrofes dejaron de serlo. De la primera en Iximche tuvo que salir en 1527 el Adelantado Pedro de Alvarado, aliado de los kaqchikeles, escapando por piernas cuando los pactos se rompieron.

Las otras dos sufrieron sendas catástrofes naturales, aunque La Antigua, la que precedió a la actual ha sido fielmente reconstruida y vive y brilla desafiando a los volcanes que aún parecen amenazarla.

Guatemala. Plaza Mayor de La Antigua. Foto R.Puig

Guatemala. Plaza Mayor de La Antigua. Foto R.Puig

Su Museo de Arte Colonial ocupa el original edificio edificio barroco que fue de la Universidad San Carlos Borromeo en el siglo XVIII.

Museo de Arte Colonial. Antigua. Guatemala. Página del Museo

Museo de Arte Colonial. Antigua. Guatemala. Página web del Museo

Lo mejor del mismo son su claustro y las salas donde se exponen las tallas de los imagineros anónimos de la Guatemala colonial.

La Antigua. Museo San Carlos. Santa Clara. Talla anónima del s.XVII. Foto R.Puig

La Antigua. Museo San Carlos. Santa Clara. Talla anónima del s.XVII. Foto R.Puig

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Pero en materia pictórica prefiero al prolífico pintor mejicano novohispano Pedro Ramírez (1638-1679), cuyos lienzos ornan las columnas de la nave central de la catedral de Ciudad de Guatemala.

Pedro Ramírez. siglo XVII. Detalle del Nacimiento de la Virgen. Catedral de Guatemala. Foto R.Puig

Pedro Ramírez. Detalle del Nacimiento de la Virgen. Catedral de Guatemala. Foto R.Puig

Catedral de Guatemala. Pórtico lateral. Foto R.Puig

Catedral de Guatemala. Pórtico lateral. Foto R.Puig

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Volviendo a La Antigua, otra de sus joyas es la Iglesia y el adyacente Colegio de los Jesuitas, construidos en los siglos XVII y XVIII y que los varios terremotos que asolaron la ciudad dañaron.

Guatemala. Fachada de la iglesia de la Compañía en La Antigua. Foto R.Puig

Guatemala. Fachada de la iglesia de la Compañía en La Antigua. Foto R.Puig

Parte del Colegio ha sido restaurado por la Agencia Española de Cooperación y alberga uno de sus Centros de Formación.

Guatemala. Patio restaurado del colegio de la Compañía en La Antigua. Foto R.Puig

Guatemala. Patio restaurado del colegio de la Compañía de Jesús en La Antigua. Foto R. Puig

Conocida como la Antigua la segunda capital de Guatemala (o tercera si contamos el primer asentamiento del poder colonial en Iximche) es un caso único de planificación en damero y ex novo. Con el nombre Santiago de los Caballeros de Guatemala se fundó el 10 de marzo de 1543. En 1773 un terremoto demolió la mayoría de sus edificios y obligó al traslado de la capital a su actual ubicación.

Guatemala. Huellas del terremoto de La Antigua. Foto R.Puig

Guatemala. Huellas del terremoto de La Antigua. Foto R.Puig

La visión más cabal de este caso excepcional de urbanización colonial se disfruta desde lo alto del Cerro de la Cruz, con el Volcán del Agua que la preside.

Perspectiva de La Antigua desde el Cerro de la Cruz. Foto R.Puig

Perspectiva de La Antigua desde el Cerro de la Cruz. Foto R.Puig

Es representativa del concept que en la América colonial no tuvo que amoldarse a los condicionamientos de las ciudades que desde la España de la época inspiraron sus edificaciones.

Guatemala. Una calle de La Antigua. Foto R.Puig

Guatemala. Una calle de La Antigua. Foto R.Puig

De alguna forma, magnificamente rehabilitada y en continua recuperación, es una ciudad museo, pero un museo en el que bulle la vida,

La Antigua. Se alquilan motos. Foto R.Puig

La Antigua. Se alquilan motos. Foto R.Puig

donde una gran mayoría se desplaza en moto por calles empedradas y donde incluso, como ocurre hoy en no pocos países europeos, hay emprendedores que fabrican cervezas artesanas.

¿Y cuántos secretos y galanuras habrán albergado ventanas como esta?

La Antigua. Columna enrejada. Foto R.Puig

La Antigua. Columna enrejada. Foto R.Puig

 

 

Desde América Central en el día de Nochebuena

24 diciembre, 2018

Al borde de la Panaméricana esperando algún obsequio navideño. Foto R.Puig

Guatemala. Al borde de la Carretera Panaméricana esperando algún obsequio navideño. Foto R.Puig

Cuando publico estás líneas es lunes 24 de diciembre en Europa y se acerca la Nochebuena. En Panamá desde donde escribo, y en Guatemala de donde llegamos ayer, se está acabando el domingo.

Así que aprovecho para desear a los lectores de mi blog unos felices días de Navidad. En Guatemala miles de niños de las comunidades mayas que bordean la Panaméricana en dirección Norte se apostan ahora en los bordes de la autovía y hacen señas a los que circulan por ella. Esperan su suerte: que se paren la camionetas o las motos con los que una serie de organizaciones benévolas distribuyen juguetes en estos días, o que algún automovilista les regale algunas vituallas.

Puesto de piñatas navideñas. Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

Puesto de piñatas navideñas. Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

Visitamos ayer las ruinas de Iximche, ciudad del período maya posclásico fundada por los kaqchikeles en 1478, que fue también el lugar de asentamiento temporal de las huestes de Pedro de Alvarado en 1524, quien fundó la primera capital colonial centroamericana, Santiago de Guatemala (Goathemala en lengua tlaxcalteca) el 25 de julio de aquel año.

Túmulo de ofrendas. Iximche. Guatemala. Foto R.Puig

Junto al antiguo túmulo de las ofrendas se reunía ayer un consejo de los descendientes actuales de esta etnia maya para lanzar iniciativas de colaboración y de lucha por una Guatemala respetuosa de su medio ambiente y libre de la plaga de la corrupción.

Lemas de la movilización ed los Kaqchikeles en Iximché. Guatemala. Foto R.Puig

Lemas de la movilización de los Kaqchikeles en Iximche. Guatemala. Foto R.Puig

Uno de los grupos de debate en el Consejo de los kaqchikeles en iximche. 22 de diciembre del 2018. Foto R,Puig

Uno de los grupos de debate en el Consejo de los kaqchikeles en Iximche  (22 / 12 / 2018). Foto R. Puig

Según datos de la CEPAL para 2014 – 2015, el 68 % de los guatemaltecos viven en la pobreza y el 70 % de estos pobres sobreviven en situación de indigencia, en su gran mayoría población indígena.

En una país de una belleza deslumbrante.

Pueblo en las nubes. Katherin Escobar. 17 años. Acrílico sobre Masonite

Pueblo en las nubes. Katherin Escobar. 17 años. Acrílico sobre Masonite

Tierra de majestuosos volcanes…

El Volcán del Agua desde Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

El Volcán del Agua desde Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

…que dejan periodicamente desolación y muerte.

En la reciente erupción del Volcán del Fuego las víctimas ocupaban aldeas en terrenos de riesgo. Doblemente víctimas, pues habían ya vivido como refugiados en México, huyendo de la dilatada guerra civil que asoló Guatemala y de las matanzas de indígenas perpetradas por el ejército desde fines de los años setenta y en la década de los ochenta.

Tras los acuerdos de paz de 1996 no pudieron recuperar sus tierras de origen y fueron ubicadas en la faldas de este volcán.

Tras la erupción del Volcán del Fuego. Aquí fluía un rio. Guatemala. Foto R.Puig

Tras la erupción del Volcán del Fuego. Aquí fluía un rio. Guatemala. Foto R. Puig

Los guatemaltecos esperan sin embargo que las cosas cambien. Hay signos y logros políticos y jurídicos de los últimos días que permiten augurar que, aunque laboriosamente, ello va a ser posible.

Fuente de la Paz. Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

Fuente de la Paz. Ciudad de Guatemala. Foto R.Puig

A ellos y a ustedes, desde Panamá les deseo de nuevo unos días de Navidad que anticipen tiempos mejores.

Ciudad de Panamá. Por el malecón. Foto R.Puig

Ciudad de Panamá. Por el paseo del malecón del casco viejo. Foto R.Puig


Posdata.  Si mi modesta crónica le despierta a algún lector el interés por la historia y la evolución de las sociedades y los estados centroaméricanos, la vida de sus pobladores y la descripción de esas tierras durante más de cinco siglos, les recomiendo una sabia síntesis, actualizada a 2018, del Doctor y Catedrático de Historia en la Universidad de San José de Costa Rica, Héctor Pérez Brignoli (Buenos Aires, 1945): Breve historia de Centroamérica, El Libro de Bolsillo, Madrid, Alianza Editorial, tercera edición ampliada por su autor (la primera se publicó en 1985), 2018, 349 páginas.