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Del frío y los cisnes

3 febrero, 2019
Primera nieve. Foto R. Puig

Primera nieve. Foto R. Puig

Hace ya días que la nieve se adueñó de Gotemburgo. Caminamos con prudencia, aunque sin recurrir a las sobresuelas con clavos. La nieve seca es mejor que el hielo. En general el vecino de esta ciudad celebra que el invierno siga siendo el invierno, es decir que no falten unas cuantas semanas con las calles, los canales y los parques cubiertos de blanco,

Desde el puente- Foto R.Puig

Desde el puente- Foto R.Puig

que los niños se arrojen bolas de nieve en los patios de las escuelas y que los más creativos prueben sus dotes escultóricas. 

Un abrazo fresquito. Foto R.Puig

Un monigote toma el sol y parece ofrecernos su abrazo fresquito.

A la espera. Foto R.Puig

A la espera. Foto R.Puig

¿Se toman un respiro?

.

Cisnes

Capítulo aparte merecen los cisnes de nuestros canales, sobre cuyas armonías ya hemos escrito hace años.

Con las heladas los espacios para navegar dulcemente sobre el agua se reducen. 

Familia. Foto R.Puig

Familia. Foto R.Puig

En este caso, como una tranquila familia que ha salido de paseo, los papas y los niños, buscan el solecillo bien abrigados en sus plumajes.

Solicitud. Foto R.Puig

Solicitud. Foto R.Puig

No sé si tendrán carnet de familia numerosa, en todo caso se lo merecen.

Familia numerosa. Foto R.Puig

Familia numerosa. Foto R.Puig

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Poesía

El cisne es cisne. Foto R.Puig

El cisne es cisne. Foto R.Puig

Al ver a estos cisnes, a quienes, a pesar del hielo, no les falta el agua, me ha venido a la memoria un cisne menos afortunado que inspiró a Charles Baudelaire (1821 – 1867) un poema que dedicó en 1860 a Victor Hugo  a la sazón en el exilio.

Le cygne

(Les fleurs du mal) 

I

Andromaque, je pense à vous ! Ce petit fleuve, 
Pauvre et triste miroir où jadis resplendit 
L’immense majesté de vos douleurs de veuve, 
Ce Simoïs menteur qui par vos pleurs grandit,

A fécondé soudain ma mémoire fertile,
Comme je traversais le nouveau Carrousel.
Le vieux Paris n’est plus (la forme d’une ville
Change plus vite, hélas ! que le coeur d’un mortel) ;

Je ne vois qu’en esprit, tout ce camp de baraques,
Ces tas de chapiteaux ébauchés et de fûts,
Les herbes, les gros blocs verdis par l’eau des flaques,
Et, brillant aux carreaux, le bric-à-brac confus.

Là s’étalait jadis une ménagerie ;
Là je vis, un matin, à l’heure où sous les cieux
Froids et clairs le travail s’éveille, où la voirie
Pousse un sombre ouragan dans l’air silencieux,

Un cygne qui s’était évadé de sa cage,
Et, de ses pieds palmés frottant le pavé sec,
Sur le sol raboteux traînait son blanc plumage.
Près d’un ruisseau sans eau la bête ouvrant le bec

Baignait nerveusement ses ailes dans la poudre,
Et disait, le coeur plein de son beau lac natal :
” Eau, quand donc pleuvras-tu ? quand tonneras-tu, foudre ? ” 
Je vois ce malheureux, mythe étrange et fatal,

Vers le ciel quelquefois, comme l’homme d’Ovide,
Vers le ciel ironique et cruellement bleu,
Sur son cou convulsif tendant sa tête avide,
Comme s’il adressait des reproches à Dieu !

II

Paris change ! mais rien dans ma mélancolie
N’a bougé ! palais neufs, échafaudages, blocs,
Vieux faubourgs, tout pour moi devient allégorie,
Et mes chers souvenirs sont plus lourds que des rocs.

Aussi devant ce Louvre une image m’opprime :
Je pense à mon grand cygne, avec ses gestes fous,
Comme les exilés, ridicule et sublime,
Et rongé d’un, désir sans trêve ! et puis à vous,

Andromaque, des bras d’un grand époux tombée,
Vil bétail, sous la main du superbe Pyrrhus,
Auprès d’un tombeau vide en extase courbée ;
Veuve d’Hector, hélas ! et femme d’Hélénus !

Je pense à la négresse, amaigrie et phtisique,
Piétinant dans la boue, et cherchant, l’oeil hagard,
Les cocotiers absents de la superbe Afrique
Derrière la muraille immense du brouillard ;

A quiconque a perdu ce qui ne se retrouve
Jamais, jamais ! à ceux qui s’abreuvent de pleurs
Et tètent la douleur comme une bonne louve !
Aux maigres orphelins séchant comme des fleurs !

Ainsi dans la forêt où mon esprit s’exile
Un vieux Souvenir sonne à plein souffle du cor !
Je pense aux matelots oubliés dans une île,
Aux captifs, aux vaincus !… à bien d’autres encor !

(he destacado en negrita los versos cuya traducción sigue)

El cisne, privado de su medio, es aquí la metáfora de las desgracias del exilio:

….

Un cisne que se había evadido de su jaula,
Y, con sus patas palmípedas frotando el empedrado seco,
Sobre el suelo áspero arrastraba su blanco plumaje.
Cerca de un arroyo sin agua la bestia abriendo el pico

Bañaba nerviosamente sus alas en el polvo,
Y decía, el corazón lleno de su bello lago natal:
“Agua, ¿Cuándo lloverás? ¿Cuándo tronarás, rayo?”
Yo veo este desdichado, mito extraño y fatal,

Hacia el cielo algunas veces, como el hombre de Ovidio,
Hacia el cielo irónico y cruelmente azul,
Sobre su cuello convulsivo tender su cabeza ávida,
¡Como si dirigiera reproches a Dios!

….

¡París cambia! ¡pero, nada en mi melancolía
Se ha movido! palacios nuevos, andamiajes, bloques,
Viejos arrabales, todo para mí vuélvese alegoría,
Y mis caros recuerdos son más pesados que rocas.

También ante este Louvre una imagen me oprime:
Y pienso en mi gran cisne, con sus gestos locos,
Como los exiliados, ridículo y sublime,
¡Y roído por un deseo sin tregua! y luego en vos,

Andrómaca, de los brazos de un gran esposo caída,
Vil rebaño, bajo la mano del soberbio Pirro,
Cabe una tumba vacía en éxtasis doblegado;
Viuda de Héctor, ¡ah! ¡y mujer de Heleno!

(La traducción es de Wikipedia Commons,  aquí )

Pero también guía la mente del poeta a otros abandonados de la fortuna:

Yo pienso en la negra, enflaquecida y tísica,
Chapaleando en el lodo, y buscando, la mirada huraña,
Los cocoteros ausentes del África soberbia
Detrás de la muralla inmensa de neblina;

En cualquiera que ha perdido lo que no se encuentra
¡Jamás, jamás! ¡en los que beben lágrimas!
¡Y maman del Dolor cual de una buena loba!
¡En los flacos huérfanos secándose cual flores!

También en la selva donde mi espíritu se exilia
¡Un viejo Recuerdo resuena con la plenitud del cuerno!
Pienso en los marineros olvidados en una isla,
¡En los cautivos, en los vencidos!… ¡y en muchos otros todavía!

Ibidem

Era una visión inspirada por las calles de la antigua París, en vías de demolición para abrir paso al diseño urbanístico de Haussmann : 

El viejo París terminó (la forma de una ciudad
Cambia más rápido, ¡ah!, que el corazón de un mortal);

Ibidem

En Gotemburgo también soplan vientos de grandes obras públicas, aunque esperemos que los cisnes no se ausenten de sus canales.

El cisne afortunado. Foto R.Puig

El cisne afortunado. Foto R.Puig


Nota: del destino de Andrómaca, la viuda de Hector (recordada desde la primera estrofa del poema) que pasó en cautividad y exilio el resto de sus vida tras la caída de Troya, trata la tragedia de Eurípides que lleva su nombre 

2 comentarios leave one →
  1. Bernardo Regal Alberti permalink
    4 febrero, 2019 05:35

    Nieve y cisnes, una linda manera de comprender la sencilla magia de Gotemburgo.

  2. 4 febrero, 2019 08:53

    Gracias Bernardo, hay magias sencillas, tú lo has dicho. Basta, como bien muestras en tus poemas, con pasearse con la mirada relajada y abierta.

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