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Por el sur de Suecia: apuntes de un viaje breve (y II)

10 abril, 2016
El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

Uno está habituado a que los extremos de la tierra de un país frente al mar tengan connotaciones míticas o, al menos, se distingan con un monumento, un faro, una placa que marque el lugar.

En Suecia, al menos por lo que respecta a su extremo meridional, la cosa no puede ser más banal y, en cierto modo, representativa de la sociedad sueca. En su playa más al sur, en una tierra que a lo largo de los siglos ha sido testigo de las guerras entre suecos y daneses, lo único que hay es una de esas pasarelas de madera, de las que hay cientos de miles en todas las orillas de los mares y lagos de Suecia, con una banqueta de madera para que los jubilados podamos sentarnos a ver venir las olas del Österjon, literalmente “el lago oriental”, que es así como se llama esta parte del Mar Báltico.

El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

El extremo sur de Suecia. Foto R.Puig

Por ahí, a poca distancia al oeste de Smygehamn (“el puerto escondido”), por debajo del paralelo 55, se encuentra este modesto finis terrae, por cuya playa dimos un breve paseo, plantando cara al ventarrón, después de un excelente buffetbrunch a precio familiar en el comedor de un hotel vacacional lleno de papás, mamás y niños voraces, no sin pasear por la pasarela con la mano sobre la barandilla.

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

Los pinos aguantan bien y recuerdan a sus primos mediterráneos, en particular a los de la Costa Brava.

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

En el extremo Sur de Suecia. Foto R.Puig

La noche anterior la habíamos pasado en un hotel con encanto en el barrio medieval de Simrishamn, en la provincia de Österlen la parte sur oriental de Skåne. Su calle principal recuerda, aunque a escala reducida, a las de Visby en Gotland.

Simrishamn. La plaza de la iglesia. Foto R.Puig

Simrishamn. La plaza de la iglesia. Foto R.Puig

En la plaza de la iglesia de San Nicolás, que en sus inicios, allá por el siglo XII, fue la capilla de los pescadores, hay uno de los característicos ángeles músicos de Carl Milles, de cuyas preferencias por el arte gótico germánico hemos ya tratado en este blog.

Simrishamn. Angel músico. Carl Milles. Foto R.Puig

Simrishamn. Angel músico. Carl Milles. Foto R.Puig

Esta villa, aunque lugar turístico, muy popular en el verano, sigue siendo un puerto pesquero, donde no faltan los krog o casa de comidas y la buena sopa de pescado.

Simrishamn. Viejo pesquero. Foto R.Puig

Simrishamn. Viejo pesquero. Foto R.Puig

Por cierto que ha sido ahí donde he descubierto que las puertas de los pueblos de esta parte de Suecia se ilustran con el símbolo del sol resplandeciente, y, aquí, en este pueblo marinero, también con un par de remos.

Simrishamn. Viejo pesquero. Foto R.Puig

Simrishamn. Símbolos. Foto R.Puig

Quizás sea para recordar que, tras el invierno y sus heladas, nieblas y tormentas, llegará sin falta el más cálido verano de toda Suecia.

Simrishamn. El sol en la puerta. Foto R.Puig

Simrishamn. El sol en la puerta. Foto R.Puig

El caso es que, con un formato u otro, está en todas las puertas.

Campos a pérdida de vista

Las tierras de Skåne son feraces, sus granjas hermosas y bien cuidadas y sus agricultores eficientes. Una despensa para Suecia. Sus horizontes se respiran y su aire aviva el pulso.

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

Nosotros recorrimos este paisaje de oeste a este, entre Landskrona y Simrishamn, parando en Tomelilla y admirando las pequeñas y bien cuidadas aldeas

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

Por los alrededores de Skivarp. Foto R.Puig

para pasar por la costa y Trelleborg y de allí subir a Gotemburgo, pero no sin antes visitar algunos templos, pues…

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con la Iglesia hemos topado

Iglesia caracteristica de Skane. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup, característica de Skåne. Foto R.Puig

No es posible transitar por la antigua Scania sin divisar sucesivamente las torres de sus iglesias, coronadas por sus triangulares lienzos de muro que fingen, con ingenua arrogancia, arcos y almenas. Nunca había yo visto, si no es en Gotland, una tan alta densidad de iglesias y capillas por kilómetro cuadrado en territorio sueco.

Como cantaba Carl Michael Bellman (1740-1795) en sus Fredmans epistlar (Las epístolas de Fredman) el campesino sueco se levantaba cuando todos aún roncaban en la aldea y trabajaba el campo de sol a sol, pero al acabar la jornada, cubierto de sudor, cuando ya se alzaba el lucero de la tarde, cantaba y sacrificaba.

Oscar Levertin (1862-1906), importante escritor, historiador de la cultura y estudioso de las leyendas y baladas suecas, afirmaba que “el misticismo o la angustia religiosa se hallan por todas parte en la historia de Suecia”.

Sobre esa veta religiosa pagana y supersticiosa vino a asentarse y sembrar de templos el cristianismo, en los mismos lugares sagrados donde se sacrificaba a deidades remotas, de modo no distinto a como se hizo en todas las latitudes donde unas creencias han sustituido a otras.

Un viajero francés y estudioso de la literatura sueca, André Bellessort (1866-1942), que describió la Suecia de 1910 en un viaje que comenzó por el sur, donde desembarcó en Karlskrona, se expresaba así:

Si tuviese que trazar el mapa de la vida religiosa en Suecia, teñiría las provincias del Norte de un color sombrío y tormentosos, el color de las aguas profundas, con algunos islotes más pálidos para distinguir las pequeñas ciudades y los espacios industriales. Las provincias centrales, Estocolmo y Upsala, mantendrían un azul tranquilo; pero yo cubriría las costas del oeste y del sur de una franja ancha y negra, tristemente pietista

André Bellessort, La Suède, Paris, Librairie Académique, 1912

Cita también al Dr. Emil Kleen, un librepensador y viajero sueco (que no hay que confundir con el poeta) con el que tuvo contacto que le comentaba que “un pastor pretendía recientemente que una pizarra negra, la tiza y una Biblia son materiales suficientes para una escuela”. Y el doctor continuaba así: “por mi parte, yo hubiera propuesto con gusto que el pan y el agua se consideren como alimento suficiente para ese pastor, para que aprenda que la sola bondad de las cosas no las convierte en suficientes”.

Pero estas eran las opiniones de un doctor laicizante, autor de crónicas humorísticas de sus viajes*, al que conoció en la universidad de Uppsala.

(*Ströftåg och irrfärder hos min vän Yankee Doodle (Stockholm, 1903), es decir Las andanzas y extravíos de mi amigo Yankee Doodl, así como un manual de masaje y fisioterapia)

Iglesia de Löderup. Siglo XII. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Siglo XII. Foto R.Puig

 

Iglesia de Löderup. Siglos XII a XV. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Siglos XII a XV. Foto R.Puig

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De la imaginería medieval a la austeridad plástica luterana

En la iglesia de Löderup hay un ejemplo de cómo, al mismo tiempo que desaparece la antigua iconografía medieval anterior a la implantación de la Reforma protestante, los modelos de imaginería siguen anclados en el pasado sin apenas renovarse, salvo para los aspectos decorativos. La creación de la Iglesia de Suecia de obediencia luterana en 1527 por Gustavo Vasa, y sobre todo después de su consolidación a fines del siglo XVI, bajo el reinado de Carlos IX, tuvo un efecto iconoclasta sobre pinturas e imágenes, cancelándose muchos de los frescos que apoyaban la liturgia popular.

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado y los evangelistas. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado y los evangelistas. Foto R.Puig

Hay en este templo un retablo rococó de Cristo crucificado, flanqueado por los dos ladrones y escoltado por unos Evangelistas más grandes que el propio Jesucristo. En nada supera a las tallas medievales anteriores a la Reforma. Es como si toda la creatividad de los escultores de la piedad tradicional, cuya obra se puede ver aún en las iglesias de Gotland, hubieses escapado de vuelta a Alemania, para seguir progresando en las esculturas del gótico tardío fuera de Escandinavia.

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. El crucificado. Foto R.Puig

Al Cristo de Löderup no parecen separarle cuatro o cinco siglos de sus antecesores de escuela germánica en las iglesias de Gotland

Cabeza del crucifijo de la iglesia de Rone. Gotland. Artista de la escuela de Colonia. c.1340. Fuente Joanna Wolska

Cabeza del crucifijo de la iglesia de Rone. Gotland. Artista de la escuela de Colonia. c.1340. Fuente Joanna Wolska

Es más, si me apuran me quedo con aquellos…

Cabeza del crucifijo de la iglesia de Hablingbo. Gotland. Artista sajon. Entre1230 y 1275.. Fuente Joanna Wolska

Cabeza del crucifijo  procedente de la iglesia de Hablingbo. Gotland. Artista sajon. Entre1230 y 1275. Fuente Joanna Wolska

y con su imponente sobriedad.

Rostro de Cristo crucificado. Iglesia de Fide; Gotland. Artista danés. c.1250. Fuente Joanna Wolska

Rostro de Cristo crucificado. Iglesia de Fide; Gotland. Artista danés. c.1250. Fuente Joanna Wolska

¡Pero me estoy apartándo de Skåne y de la iglesia de la que estábamos hablando!

Como explicaba  el historiador del Arte Bengt G.Söderberg (1905-1985) en su libro sobre la pintura de las iglesias en Suecia desde el Medioevo, la lectura bíblica y el canto de los salmos se impone a la liturgia más historiada, a las procesiones y a la iconografía medievales en los reglamentos que la Iglesia Nacional dicta durante el siglo XVII para artesanos y artistas.

En Löderup, el parón figurativo se refleja no sólo en la tosquedad de las imágenes que circundan al Cristo del retablo, con unos evangelistas que parecen mascarones de proa,

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. San Juan evangelista.Foto R.Puig.

Iglesia de Löderup. Retablo del siglo XVIII. San Juan Evangelista.Foto R.Puig.

y en sus símbolos animales que parecen figuras de feria,

Iglesia de Löderup. El león de San Marcos en el retablo del siglo XVIII. Foto R.Puig.

Iglesia de Löderup. El león de San Marcos en el retablo del siglo XVIII. Foto R.Puig.

sino también en la retirada del retablo hacia un altar lateral y la presidencia del central otorgada a la escena de Jesús con los discípulos de Emaús del pintor neoclásico danés Carl Blog (1834-1890), que triunfaba en el siglo XIX con sus relamidas estampas.

Carl Bloch. Camino de Emaús. Detalle. Iglesia de Löderup

Carl Bloch. Camino de Emaús. Detalle. Iglesia de Löderup

Como explica Söderberg, hubo obispos de la Iglesia nacional que cubrieron los frescos medievales en el siglo XVII con sus campañas de encalado sistemático de las iglesias. Quedan pocos frescos en Skåne de la época anterior a la Reforma, así que he seleccionado un par de ejemplos de   perfiles tardogóticos de Malmö aportados por el historiador.

Lansquenete. Iglesia de San Pedro en Malmoe.1520. Fuente Bengt G. Söderberg

Lansquenete. Iglesia de San Pedro en Malmö, 1520. Fuente Bengt G. Söderberg

Un soldado de la infantería germánica y una bruja que cabalga sobre un unicornio

Bruja cabalgando un unicornio.Iglesia de San Pedro en Malmoe.1520. Fuente Bengt G. Söderberg

Bruja cabalgando un unicornio.Iglesia de San Pedro en Malmö.1520. Fuente Bengt G. Söderberg

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Si volvemos a Löderup, donde no he podido saber si hay frescos bajo la cal de sus muros, y nos fijamos en las tallas alegóricas que adornan su púlpito (esas no reñidas con la doctrina luterana), nos sorprende la tosca tristeza y el hieratismo rococó de las virtudes que custodian la palabra de Dios. En realidad, Justicia y Caridad presentan la misma efigie, a la que el tallista sólo ha cambiado los atributos simbólicos. Puede que eso signifique que el ideal de una persona es reunir en sí misma todas las virtudes posibles.

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Justicia. Foto R.Puig.J

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Justicia. Foto R.Puig.

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Caridad. Foto R.Puig

Iglesia de Löderup. Púlpito del XVIII. Alegoría de la Caridado. Foto R.Puig

Imitan sin mucho éxito a las que se esculpían en Alemania, ya a fines del siglo XVI, como por ejemplo las de la fuente de San Pedro en Tréveris (Trier).

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Epílogo

En 1910, nuestro viajero francés expresaba un deseo imposible, el de saber cómo iba a evolucionar la sociedad sueca y, en particular, su religiosidad pietista y los numerosos grupos que la Iglesia nacional consideraba heréticos y reprimía como a sectas con el apoyo de jueces y policía (esta es una de las causas por lo que algunas comunidades carismáticas emigraron a los Estados Unidos).

Selma Lagerlof (1858-1940) en su obra Los milagros del Anticristo (1897) había identificado el socialismo con el ideal cristiano. Los protagonistas de la novela son vecinos de un pequeño pueblo de Sicilia, que, inspirados por la imagen de un niño Jesús procedente de  la Basílica in Aracoeli de Roma (sobre el Capitolio), al que consideran el Anticristo, logran por sí mismos, trabajando colectivamente, el milagro de construir la vía del ferrocarril. La imagen lleva una leyenda en su corona que dice: “mi Reino es sólo de este mundo “.

Al final de la novela el viejo Papa recibe en el Vaticano al predicador franciscano que ha querido quemar la imagen del Anticristo sin éxito, le explica que el Anticristo es el socialismo, pero que en él se reconcilian el cielo y la tierra, la renovación del mundo, lo que la Sibila Tiburtina había profetizado a Augusto en la colina del Capitolio al anunciarle la llegada de un niño que prefiguraba a Cristo.

¡Ni más ni menos! La imagen del niño milagroso es el Anticristo y Cristo a un tiempo. ¡El socialismo en la tierra y el reino de los cielos son la misma cosa! Diremos que esta obra de Selma Lagerlöf es fruto de su estancia en Sicilia, con ayuda del calor y del sol de Taormina sobre la ya de por sí exuberante imaginación de la autora. De todos modos, es bien sabido que se ganaría a pulso el premio Nobel con otros libros de éxito universal. 

Selma Lagerlöf. Los milagros del Anticristo. 1897. Edición de 1951.jpeg

Selma Lagerlöf. Los milagros del Anticristo. 1897 (edición de 1951)

La obra no tuvo gran éxito ni en Suecia ni fuera del país, pero, comentándola, se preguntaba Bellessort en 1910 si el socialismo cambiaría la religiosidad sueca, reorientando el pietismo de su pueblo creyente hacia unos logros que no tuvieran que esperar a la otra vida, y expresaba su imposible deseo de volver cien años después para comprobarlo.

¿Está destinado el Anticristo a operar milagros en Suecia? ¿Podrá este acaparar el espíritu del pueblo y hacerlo servir a sus fines? De poco me ha servido el vivir por algún tiempo a la sombra de los apóstoles y profetas suecos: ellos no han podido transmitirme su don y su audacia de profetas.

Añadamos que la escritora fue una fervorosa cristiana, comprometida con el sufragismo, militante del Folkpartiet y prohibida por Goebbels por su apoyo a los judíos alemanes. El mensaje de esta novela persigue -en 1897- reconciliar el cristianismo con el socialismo a través de una alegoría de la religiosidad y el espíritu solidario del pueblo siciliano.

Así que parece que fue una maestra de escuela sueca, hace casi 120 años, la que inventó la Teología de la Liberación. Nosotros, ya sin necesidad de profetizar, sí que podríamos responder que los movimientos sociales y sindicales lograron transformar el fervor religioso de los suecos en fervor social. A pesar de todo, la Iglesia nacional de Suecia no se independizó del Estado hasta el año 2000. Hoy es una especie de ONG benefactora que dirige numerosas obras sociales y es propietaria de sus iglesias y de los cementerios, aunque sea el Estado quien se ocupe de mantener y restaurar ese patrimonio.

En los últimos tiempos, la disminución de fieles practicantes ha empujado a la Svenska Kyrkan a vender iglesias.  El jueves pasado el periódico Aftonbladet publicaba una lista de 61 templos vendidos en los últimos diez años a centros de salud, a otras confesiones (católicos, cristianos ortodoxos serbios o sirios, fieles de rito asirio, organizaciones misioneras, musulmanes, e incluso a sus competidores pentecostalistas); así como a entidades comunales o privadas que las convierten en viviendas, sociedades de camping, centros de conferencias, albergues para personas sin techo, espacios deportivos, etc.

Pero la mayoría de los suecos se siguen bautizando, confirmando, casando y celebrando sus funerales y enterramientos con la Iglesia nacional o encauzando a través de ella sus ayudas a los desfavorecidos. Cuando, en realidad, el verdadero culto es el del bienestar, lo que más atrae a los templos son los frecuentes conciertos y ceremonias de memoria que en ellos se celebran.

Así que nada más simbólico que acabar esta larga crónica con la imagen de una iglesia en cuyo cementerio está enterrado Ingmar Bergman, el ilustre hijo de  un severo pastor de la iglesia sueca. Las imágenes de la religión y las grandes preguntas, acompañadas de todas sus angustias, acompañaron su vida y su obra.

Iglesia y cementerio de Fårö en Gotland. Foto R.Puig

Iglesia y cementerio de Fårö en Gotland. Foto R.Puig

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Bibliografía:

Bellessort, André. La Suède, Paris, Librairie Académique, 1912

Lagerlöf, Selma. Antikrists mirakler, Stockholm, Bonniers, 1951

Söderberg, Bengt G. Svenska kyrkomålningar från medeltiden, Stockholm, Natur och Kultur, 1951

Wolska, Joanna, Ringkors från Gotlands Medeltid. En ikonografisk oc stilistik studie, Stockholm 1997

 

 

 

 

Por el sur de Suecia: apuntes de un viaje breve (I)

3 abril, 2016
Rio Lagan. Laholm. Foto R.Puig

Rio Lagan. Laholm. Foto R.Puig

El buen tiempo y los tres días en torno a la Pascua nos llevaron a dar una vuelta por Skåne (Escania en castellano y Scania en latín), para lo cual había que atravesar lo que fue una frontera natural entre Suecia al norte y Dinamarca al sur, el río Lagan, en territorios de frecuentes guerras, hasta que Suecia toma posesión de Scania a mitad del siglo XVII.

Nos detuvimos brevemente en Laholm, todavía en la provincia de Halland. La ciudad se asoma a una amplia curva del río Lagan, en donde se pescan con caña salmones de alrededor de 10 kilos, estando el record en un salmón de 16,9 kilos. Y si no eres pescador puedes degustarlo ahumado en el restaurante de la Rökeri (obrador de ahumados), situada sobre la zona de pesca.

Pescadores a la orilla del rio Lagan. Laholm. Foto R.Puig

Pescadores a la orilla del rio Lagan. Laholm. Foto R.Puig

Poco después atravesamos las alturas de la barrera rocosa de Hallandsås (“la cresta de Halland”) que se formó hace 80 millones de años.  Hoy se circula por el túnel de la autopista, pero en siglos pasados era una ruta de vericuetos, peligroso paso entre Suecia y Dinamarca, en la que hasta bien entrado el siglo XIX acechaban grupos de asaltantes que podían desplumar a los viajeros, algo así como los bandidos de Sierra Morena en el sur de España.

Paisaje de la Hallandsås. Fuente skanemejerier.se

Paisaje de la Hallandsås. Fuente skanemejerier.se

Del otro lado nos reciben las tierras de Scania.

Skåne

Bandera de Skane en Tomelilla. Foto R.Puig

Bandera de Skåne en Tomelilla. Foto R.Puig

¡Y, sí, la bandera de este län, el más meridional de Suecia, es roja y gualda! Aunque por aquí no llegaron tropas españolas; las que lo hicieron fueron durante siglos los batallones daneses. De ahí que los habitantes de Skåne hablen el sueco con acento danés. Para mí, que no soy demasiado ducho en la lengua de Bellman, la particular prosodia de estas tierras me obliga a concentrarme, si no quiero perder ripio.

Para empezar, nos alojamos en Landskrona, entre Malmö y Helsingborg, al sur del estrecho que separa a esta ciudad de Helsingør (Elsinor), la ciudad danesa que alberga el castillo de Kronborg, donde Shakespeare situó la tragedia de Hamlet. En nuestro caso nos limitamos a visitar la Citadell de Landskrona que también debió de ser testigo de otras tragedias, ocultas en el espesor de los siglos.

La ciudadela y su foso. Landskrona. Foto R.Puig

La ciudadela y su foso. Landskrona. Foto R.Puig

Para no ser menos, los vecinos de Landskrona también pescan, aunque sospecho que no son salmones, en los fosos frente al castillo.

Pescando en el foso de la Citadell. Landskrona

Pescando en el foso de la Citadell. Landskrona

Como recuerdo de sus tiempos marciales, también frente a esos muros las antiguas viviendas de la guarnición forman hoy un diminuto barrio de aspecto apacible.

Las barracas amarillas de la Citadelle.  Landskrona. Foto R.Puig

Las barracas amarillas de la Citadelle. Landskrona. Foto R.Puig

Esta ciudadela, cuyo castillo fue construido por la monarquía danesa en el siglo XVI, tiene una agitada historia de alternancia violenta de ocupantes y de ásperos encuentros. A finales del siglo XVIII no se le encontró mejor uso que convertir su fortaleza en prisión. Hoy alberga el Museo de la ciudad. Una historia como tantas otras de similares construcciones, en donde pasaban sus vidas los reclutas, para ser sustituidos más tarde por los reclusos.

La ciudadela y su foso.  Landskrona. Foto R.Puig

La ciudadela y su foso. Landskrona. Foto R.Puig

Hoy apreciamos los hermosos atardeceres de su entorno, tratando de no pensar demasiado en aquellos que se pudrieron lentamente tras sus muros. Para airear pensamientos nos asomaremos a la orilla del mar, a pocos minutos del centro histórico.

Orilla del mar en Landskrona. Foto R.Puig

Orilla del mar en Landskrona. Foto R.Puig

Hasta dan ganas de estar malito para que te cuiden en una clínica cuyos ventanales se abren hacia el poniente.

Clinica frente al mar en Landskrona. Foto R.Puig

Clinica frente al mar en Landskrona. Foto R.Puig

En los alrededores del hotel hay un museo de esculturas al aire libre, del cual traigo aquí un sencillo ejemplo.

Pies primitivos. Kaj Engström. 1998. Foto R.Puig

Pies primitivos. Kaj Engström. 1998. Foto R.Puig

Damos un paseo, pero bien calzados, pues la temperatura primaveral en estas latitudes todavía no permite ni siquiera unas sandalias, y nos acercamos a la plaza mayor, donde la fachada del ayuntamiento, en estilo neogótico germánico de finales del siglo XIX (a mí me recuerda el de Hamburgo), se está sumiendo en la oscuridad.

El ayuntamiento de Landskrona. Foto R.Puig

El ayuntamiento de Landskrona. Foto R.Puig

Por la mañana, cerca del puerto y por las calles de un extenso polígono industrial, partimos en dirección de Dalby, no sin fotografiar una ocurrente chimenea de una factoría, cuya finalidad práctica se nos escapa.

Chimenea en Landskrona. Foto R.Puig

Chimenea en Landskrona. Foto R.Puig

Como Suecia es un país de gran sensibilidad ecologista, me imagino que hacerle un nudo a las chimeneas reduce la contaminación atmosferica. En todo caso, nosotros nos dirigimos a un parque nacional cuyos árboles viven y mueren en libertad.

Pista forestal. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Pista forestal. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

En el Parque Nacional de Söderskog, cerca de Dalby

El bosque del sur es una floresta de hayas centenarias que cuando caen o se talan por seguridad no se retiran. Al bosque se le deja seguir renovándose por sí mismo.

Como culebras. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig.

Como culebras. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig.

Librado a su propia evolución nos ofrece todo tipo de formas.

Proboscidio. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Proboscidio. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Parece uno de esos lugares que inspiran historias de bosques animados, algo así como aquellas escenas de la película de la Blancanieves del Disney de nuestra infancia, en donde las ramas se movían y te aferraban por la capa, las raíces se transformaban en monstruosos pies y los troncos adoptaban el aspecto de criaturas inquietantes.

Hocico. Dalby.  Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Hocico. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Sin embargo, aquí no ha faltado un tallista creativo que, navaja o escalpelo en mano, ha extraído de una raíz la epifanía de un duende bondadoso, a punto de despertarse.

El anciano duende. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

El anciano duende. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Por un camino de tablas emprendemos la vuelta hacia el aparcamiento.

Andadero.  Dalby.  Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig.

Andadero. Dalby. Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig.

Desde los linderos del parque estamos listos para continuar el recorrido por los suaves declives y las extensas planicies de Skåne.

Dalby. El lindero del Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Dalby. En el lindero del Parque Nacional de Söderskog. Foto R.Puig

Continuará…

 

 

Resurrección o vida. Dibujos reunidos (VII)

27 marzo, 2016
Cristo resucitando,Detalle. Miguel Ángel. c. 1526. British Museum.

Cristo resucitando. Detalle. Miguel Ángel. c. 1526. British Museum.

Dedicado a Bélgica, ese plat pays que me es querido

Durante dieciocho años trabajé en Bruselas al servicio de una sociedad de seres humanos en una civilización abierta.

El día 22 me sentí muy deprimido, pensando en Bélgica, en nuestra Bruselas herida, en su civismo, en sus buenas gentes, en los amigos y compañeros.

No oculto que he seguido triste y llamando y escribiendo a unos y a otros, para expresar mi solidaridad, para saber de ellos.

Hoy, en las culturas de representación cristiana, es un día para la Resurrección o, independientemente de nuestras creencias, para la voluntad de vivir.

Pienso que Miguel Angel lo formula en unos dibujos que, trascendiendo la leyenda del Resucitado, expresan la capacidad del ser humano de recuperarse, de no darse por vencido. Es esa aptitud la que quienes viven en Bruselas y todos los que en cualquier parte del mundo apostamos por sociedades abiertas y democráticas hemos de ejercer.

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Historia de unos dibujos

En la base de todo, en el fundamento de su arte, en Miguel Ángel (1475-1564) encontramos siempre el inmenso, sensible y emocionante dibujante. El dibujo era para él, según comenta Vasari, la fuente primaria y el alma de todas las formas de la pintura y la raíz de todas las ciencias. Dibujaba para la escultura, dibujaba para la arquitectura y dibujaba para la pintura. No como una forma de investigar las formas de la naturaleza, sino para aferrar su ideal, cuya culminación es el cuerpo humano, generalmente desnudo, movido por su propia dinámica interior. Dibujaba y destruía con frecuencia sus cartones y láminas si no satisfacían su ideal.

Dibujó desde muy joven, pero es entre 1520 y 1541 cuando llega al máximo de su maestría, a su madurez como dibujante.

Resurrección de Cristo. Miguel Ángel. c. 1532. British Museum

Resurrección de Cristo. Miguel Ángel. c. 1532. British Museum

Ya no dibuja como si esculpiese, abandona los trazos cruzados de la pluma y, en lugar de juegos de luces y sombras pensadas con el ojo del escultor, las formas adquieren la morbidez de una corporeidad ideal y los contornos se perfilan con un sutil sfumato.

En los dibujos de esta época, con carboncillo, lápiz negro, o sanguina, la vida de los cuerpos brota de dentro y el poder del movimiento nace de su fuerza interior.

Los que representan la figura de Cristo resucitado apuntan a que Miguel Ángel conocía los grabados de Martin Schongauer (1448-1491) y Albert Durero (1471-1528), así como las pinturas de Andrea Mantegna (1431-1506) sobre el mismo tema, y se inspiró para su dibujo en sus modelos para la composición de la tumba y en los figurantes durmientes que yacen en rededor. Para todo lo demás, el artista florentino abandona los restos góticos de los grabados de los maestros germánicos y las formas ceñidas del maestro del Quattrocento italiano.

Resurrección. Detalle, Miguel Ángel. c. 1532. Windsor Royal Collection

Resurrección. Detalle, Miguel Ángel. c. 1532. Windsor Royal Collection

Los dibujos que entre 1532 y 1533 realiza en homenaje, como sus sonetos, a la belleza de su discípulo y joven amigo, Tommaso Cavalieri (1509-1587), no son bocetos para pinturas o esculturas, sino que fueron ejecutados por sí mismos, como obra cumplida.

Tommaso aprendió a dibujar  con Miguel Ángel y llegó a ser un reputado coleccionista y asesor de arte en Roma. Su colección de dibujos y, entre ellos una buena parte de los que le regaló el maestro, es parte ahora de la Colección Real del Castillo de Windsor.

Cristo resucitando, Miguel Ángel. c. 1532 a 1533. Windsor Royal Collection.

Cristo resucitando, Miguel Ángel. c. 1532 a 1533. (La lámina se supone que sufrió un corte en su parte inferior que afectó al pie izquierdo). Windsor Royal Collection.

Cristo deja atrás la muerte con la energía de un gimnasta. Toma impulso sobre su pierna derecha, ayudada por el brazo izquierdo que tira del tronco, mientras garantiza el equilibrio con la izquierda y con el brazo derecho, tenso y dirigido hacia lo alto.

Anatomía heroica y al mismo tiempo fuerza natural de quien resurge de la muerte, preparado de nuevo para los desafíos de la vida, con la actitud del poder físico y del espíritu seguro y tranquilo.

La sensación de ese poderoso movimiento es reforzada por el sudario, ya inútil, que literalmente flota y vuela a las espaldas de un hombre que renace, y parece que dejase atrás la caverna de la fábula platónica, para volver a las luz y a la vida, frente a frente y no a través de sombras.

La luz llega de la derecha, y la sensación de resurrección se completa  con la del propio papel blanco, que parece descender sobre el rostro desde lo alto, acentuando así el efecto de retorno a un mundo real, al pleno día.

La tumba es apenas un recuerdo desvaído a los pies del resucitado.

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Bibliografía

Buck, Stephanie and Bissolati, Tatiana (Eds.), Michelangelo’s Dream, London, The Courtauld Gallery in association with Paul Holberton Publishing, 2012

De Tolnay, Charles, History and Technique of Old Master Drawings, New York, Hacker Art Books, 1983

Negri Arnoldi, Francesca e Prosperi Valenti, Simonetta. Il disegno nella storia dell’Arte Italiana, Roma, Carocci, 2010

A los castillos subí, de los castillos bajé… Parada y fonda en Sax

20 marzo, 2016

 

Sax. La peña y el castillo. Vertiente Este. Foto R.Puig

Sax. La peña y el castillo. Vertiente este. Foto R.Puig

 

Para el Sr. Joaquín, sajeño conversador y conserje de noche del hotel La Fuente del Cura

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Como anunciaba el domingo pasado, en mi camino de Alicante a Madrid visité la noble villa de Sax, poco antes de pararme en la Colonia Santa Eulalia de la que ya hemos hablado.

Durante años había yo pasado frente a su espectacular castillo (en particular si se divisa de noche e iluminado) sin tener tiempo para detenerme.

Sax. Escudo de la villa. Foto R.Puig

Sax. Escudo de la villa. Foto R.Puig

Al llegar a Sax eran las tres de la mañana (aterrizamos con retraso en el aeropuerto de Alicante) y pude sentir el aire frío y reconfortante de la noche y, a la mañana siguiente, ascender a pie a su altura fortificada, a casi 500 metros sobre el nivel del mar.

El castillo está en perfecto estado de conservación y, como me contaron en el hotel, al curioso viajero le solían prestar la llave, pero ya no es así, por lo que no pude entrar en el recinto. Sólo se puede acceder en visita guiada los domingos.

Castillo de Sax. Fachada y portón del suroeste. Foto R.Puig

Castillo de Sax. Fachada y portón exterior del suroeste. Foto R.Puig

De todos modos, un policía local (que por sus canas y su amable empaque pienso que era el mismo jefe del cuerpo) no sólo me explicó muchas cosas del pueblo y de su comarca, sino que me facilitó amablemente un plano de la villa. Orientado por las indicaciones de este culto servidor de la comunidad sajeña, pude iniciar la subida al castillo desde los alrededores de la iglesia de la Asunción.

Sax. Puerta renacentista. Iglesia de la Asunción. Foto R.Puig

Sax. Puerta renacentista. Iglesia de la Asunción. Foto R.Puig

Sus fachadas datan del siglo XVI.

Sax. Friso renacentista en la fachada lateral. Iglesia de la Asunción. Foto R.Puig

Sax. Friso renacentista en la fachada lateral de la iglesia de la Asunción. Foto R.Puig

Aunque, no muy lejos, la pasión por la fiestas de “moros y cristianos” ha dejado algún pastiche de arte andalusí.

Sax. Motivo neomudejar de la comparsa Los Emires. Foto R.Puig

Sax. Motivo ‘neomudejar’ de la comparsa Los Emires. Foto R.Puig

Por las calles del barrio viejo, que data del tiempo de la colonización árabe y se asienta al abrigo del gran espolón rocoso, me dirigí a esa mole que lo domina todo.

Sax. Calle del casco antiguo. Foto R.Puig

Sax. Calle del casco antiguo. Foto R.Puig

Desde la ermita de San Blas, construida en el emplazamiento de lo que fue mezquita árabe, se divisa el pueblo en toda su extensión.

Sax. Ermita de San Blás.. Foto R.Puig

Sax. Ermita de San Blás.. Foto R.Puig

De la plazuela del pequeño templo parten las escaleras metálicas que permiten una subida agradable hacia el castillo.

Sax. Panorama desde la ermita de San Blás.. Foto R.Puig

Sax. Panorama hacia el este desde la ermita de San Blas. Foto R.Puig

La estructura metálica incluye amplios miradores que, a medida que se asciende, ensanchan la vista e invitan a pasear la mirada sobre los tejados de Sax, por su vega y por las sierras del entorno.

Sax. Panorama hacia el sudeste  desde el mirador sur de la peña del castillo. Foto R.Puig

Sax. Panorama hacia el sudeste desde el mirador sur de la peña del castillo. Foto R.Puig

Una señora, que efectuaba su paseo matinal subiendo las escaleras con ritmo montañero, me explicó que el castillo es el lugar preferido de los recién casados que ahí se hacen fotografiar vestidos de boda. Esa tradición, me explicó, fueron ella y su esposo quienes la iniciaron el día en que se casaron. Desde entonces las parejas sajeñas tienen esa costumbre.

¿No es acaso tonificante poder ascender cada mañana la misma cuesta que subiste con ilusión el día en que te casaste? Si además conduce a un castillo medieval, no son muchos los que pueden hacer lo mismo.

Castillo de Sax. Acceso al recinto. Foto R.Puig

Castillo de Sax. Acceso al recinto. Foto R.Puig

Tras ascender por la vertiente sur se pasa al otro lado y se llega a un mirador orientado al noroeste, al pie del portón de entrada, que en tiempos pasados contaba con un puente levadizo, junto a los muros árabes.

Castillo de Sax. Muralla árabe del siglo X. Foto R.Puig

Castillo de Sax. Muralla árabe del siglo X. Foto R.Puig

Por un camino entre pinos se baja por la otra vertiente a la Ronda del Castillo, dominada por los inexpugnables farallones al norte del imponente peñasco (parece ser que Sax viene del latín “saxum”).

Sax. Farallón bajo el castillo. Vertiente Norte. Foto R.Puig

Sax. Farallón bajo el castillo. Vertiente Norte. Foto R.Puig

Así, rodeando la punta del espolón que durante millones de años esculpieron  las aguas del Vinalopó, termino mi paseo frente al edificio abandonado del antiguo molino.

Sax. El antiguo molino junto al río Vinalopó.. Foto R.Puig

Sax. El antiguo molino junto al río Vinalopó.. Foto R.Puig

Su muela, si es que subsiste, debió de triturar los cereales que, junto a la uva y la aceituna, se cultivaron en estas tierras durante siglos, hasta que las almendras y la fruta desplazaron a los granos y la fabricación de la harina dejó paso a otras industrias.

Hoy predominan las actividades fabriles y, como Sax es una potencia productora y exportadora de todo tipo de persianas, la villa cuenta con un monumento a la persiana; sospecho que el único del mundo, si nadie me lo desmiente.

Sax. Monumento a la persiana. Foto R.Puig

Sax. Monumento a la persiana. Foto R.Puig

Llegado a este punto, como no seré yo quien compita con ese indispensable artilugio de nuestras ventanas, aquí mismo dejo de enrollarme.

 

Y el tiempo se detuvo en Santa Eulalia…

13 marzo, 2016
La espadaña. Santa Eulalia. Foto R.Puig

La espadaña de la ermita de Santa Eulalia. Foto R.Puig

Érase una vez un conde, nacido en Valencia, descendiente de Fernando I de Castilla, casado con otra descendiente del mismo monarca veinte años más joven. Eran Condes de Alcudia, amén de otros muchos títulos. Por mor de la brevedad, llamémoslos por sus nombres de pila, Antonio él y Concha ella. No nos extenderemos con otras ascendencias heráldicas que, para los antepasados del conde, podrían retrotraernos a la Génova del siglo XIV.

No sabemos bien si el conde había leído a Charles Fourier o simplemente si, a partir de la ley de colonias agrícolas de 1868, decidió crear una en sus tierras de Los Prados de Santa Eulalia, entre Sax y Villena. En definitiva, gracias a esta iniciativa y en esos feraces campos junto al río Vinalopó que, según dicen los arqueólogos, ya cultivaron los árabes andalusíes, surgió la Colonia Agrícola de Santa Eulalia, precisamente la santa mártir que amparó una matanza de sarracenos a manos de nobles catalanes en ese mismo lugar.

La entrada a la Colonia de Santa Eulalia. Foto R.Puig

La entrada a la Colonia de Santa Eulalia. Foto R.Puig

Sea como sea, el caso es que, inspirándose en las ideas de similares colonias catalanas, en 1887 el noble terrateniente fundó su Colonia Agrícola de Primera Clase, para cultivar, recolectar y elaborar productos agrícolas y comenzó a erigir una pequeña ciudad para los colonos y su patrón.

La La fábrica de harinas. Santa Eulalia. Foto R.Puig

La fábrica de harinas. Santa Eulalia. Foto R.Puig

El negocio incluía una fábrica de harinas, una bodega y una fábrica de alcoholes (coñac Santa Eulalia), además de una estación de ferrocarril.

Fabrica de alcoholes La Unión. Foto R.Puig

Fabrica de alcoholes La Unión. Foto R.Puig

Para no ser menos que las colonias análogas en Cataluña, los condes dotaron el lugar con una mansión, el palacio, en el estilo modernista de la época, caracterizado por sus adornos y alegorías.

Aspecto de la plaza con el palacio. Santa Eulalia. Foto R.Puig

Aspecto de la plaza con el palacio. Santa Eulalia. Foto R.Puig

Friso con alegoría de la vid en un balcón del palacio. Santa Eulalia. Foto R.Puig

Friso con alegoría de la vid en un balcón del palacio. Santa Eulalia. Foto R.Puig

En 1900 el proyecto creció gracias a los conocimientos agronómicos de un primo segundo del conde, a quien llamaremos también por su nombre propio, es decir Mariano, Vizconde de Alcira, pero sobre todo por los dineros de la mujer de este, quien, además de haber sido dotada  por su padre, indiano de Cuba, se llamaba María.

Esquina de la plaza. Santa Eulalia. Foto R.Puig

Esquina de la plaza. Santa Eulalia. Foto R.Puig

La sociedad prosperó en paz hasta que, no sabremos nunca si por las ideas de libertad sexual o por la inspiración emancipadora y feminista de Charles Fourier, o por ambos factores a la vez, o simplemente por las debilidades de la carne, María se cansó de su marido y eligió como amante a Antonio, con lo que Mariano se marchó y no sabemos lo que hizo Concha (quien sobreviviría a su conde once años más).

Fabrica de alcoholes La Unión. Fachada lateral y torre de aireación. Foto R.Puig

Fabrica de alcoholes La Unión. Fachada lateral y torre de aireación. Foto R.Puig

El negocio siguió marchando viento en popa, pero sin que sepamos si los colonos participaban de ello en la medida justa. También brillaba la colonia gracias al casino, el teatro y sus conciertos de zarzuela, así como por las sonadas fiestas del conde y la hija del indiano.

El Teatro Cervantes. Santa Eulalia. Foto R.Puig

El Teatro Cervantes. Santa Eulalia. Foto R.Puig

Hasta que un día, según cuentan, tras arruinarse en su casino en una noche aciaga de 1925, cayó borracho y de bruces en la pileta del jardín del palacio y murió el conde. Si así fue, se había jugado a los dados el bienestar de sus colonos y habremos de concluir que nuestra época no ha inventado nada nuevo en materia de bancarrotas y destrucción de empleo.

El palacio. Fachada posterior. Santa Eulalia. Foto R.Puig

El palacio. Fachada posterior. Santa Eulalia. Foto R.Puig

No seré yo quien escarbe en esos viejos chismes y desgracias, que algunos atribuyen a la venganza de ultratumba de aquellos moros cuyos huesos yacen enterrados bajo la colonia. Pero el caso es que ese bien de interés cultural de la Comunidad Valenciana, valioso conjunto de arqueología industrial, se cae a pedazos.

Puerta del almacén.Santa Eulalia. Foto R.Puig

Puerta del almacén. Santa Eulalia. Foto R.Puig

A mí modo de ver, historias de amor y odio aparte, lo triste es que esta porción del pasado de los agricultores y obreros de la comarca del Vinalopó, notable vestigio de la historia del socialismo utópico, que vinculaba de forma peculiar e irrepetible a propietarios y colonos en proyectos de trabajo, vida y cultura, se esté viniendo abajo, mientras en Cataluña las colonias agrícolas de entonces se restauran y se miman.

La puerta del Teatro Cervantes. Santa Eulalia. Foto R.Puig

La puerta del Teatro Cervantes. Santa Eulalia. Foto R.Puig

Mi reportaje no añade nada original, pero, ya que me hospedé una noche en Sax de camino a Madrid y dediqué una mañana a deambular por el pueblo y por la aledaña Colonia de Santa Eulalia, por si alguien no la conocía he querido dejar constancia de mi breve paso.

Otro día hablaré del pueblo  de Sax y su castillo.

 

Gratuidades

6 marzo, 2016
Tarde de febrero en la orilla. Foto R.Puig

Tarde de febrero en la orilla. Särö. Foto R.Puig

En algunos restaurantes y pubs de Inglaterra, cuando vas a pagar con tarjeta, te aparece en la pantalla la palabra gratuity, que es como decir propina, algo que se añade, sin que se deba.

Hay cosas que no se compran ni se venden, que se nos ofrecen gratis, lo que podríamos llamar (transgrediendo algo la gramática) una gratuidad.

Hace dos semanas estaba yo en Leicester con mis nietos viendo el cielo y los árboles un poco al norte del paralelo 52. Hoy escribo desde Gotemburgo, un poco más arriba, al norte del paralelo 57, viendo árboles y mar de la Costa Oeste de Suecia.

A pesar de esa diferencia de latitudes, tanto el cielo, el aire, el sol, el viento y la lluvia, como la alborada y el ocaso, están ahí para todos. Aunque no paguemos por ello, no nos lo pueden quitar.

Como el arco iris de un amanecer en Leicester

Amanece en el patio trasero. Leicester. Foto R.Puig

Amanece en el patio trasero. Leicester. Foto R.Puig

Como el atardecer en Gotemburgo

Atardecer en Slottsberget. Foto R.Puig

Atardecer en Slottsberget. Foto R.Puig

Los árboles que ya presienten la primavera en los parques de Leicester

Apuntes de primavera. Foto R.Puig

Apuntes de primavera. Leicester. Foto R.Puig

O aquellos que aún aguardan frente al mar al sur de Gotemburgo

Tarde de febrero frente al mar. Foto R.Puig

Tarde de febrero frente al mar. Särö. Foto R.Puig

Los vista de los colores de la lana en una tienda de Queens Road

Lanas.Foto. R.Puig

Lanas. Leicester. Foto. R.Puig

Los de un rincón junto al mar de Gotemburgo

Orilla. Foto R.Puig

Orilla. Skintebo. Foto R.Puig

Las calles de Leicester

Por el viejo Leicester. Foto R.Puig

Por el viejo Leicester. Foto R.Puig

Los muelles de Särö

Atardecer en la costa de Särö. Foto R.Puig

Atardecer en la costa de Särö. Foto R.Puig

Estos brazos que anhelan el verde de las hojas

Esperando los brotes. Foto R.Puig.JPG

Esperando los brotes. Leicester. Foto R.Puig

O los amarres que aguardan a los barcos

Pantalanes a la espera de los botes. Foto R.Puig

Pantalanes a la espera de los botes. Skintebo. Foto R.Puig

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Lo que tengo

Siempre me canso de contar

Antes de completar el inventario

De todo lo que tengo

Tantos amaneceres y crepúsculos

Y altas noches calladas

Tantos árboles por todo el mundo

Casi todos con pájaros

Tantas delicias para el tacto y para el ojo

Y el oído hasta donde todavía me llega

Para el olfato y el taimado gusto

Y tantas horas para estar despierto

Y otras para soñar dormido

Y tantos días con sus noches

Como el fiel renovarse de las olas

Todo eso tengo y además

La mujer que me tiene.

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Tomás Segovia, “Estuario”, Valencia, Pre-Textos, Col. La Cruz del Sur, 2011, p.105

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Un salto a paralelos del Sur

Y ya que hablamos de esas cosas que tenemos y que no nos pueden quitar aunque no las paguemos, me viene a las mientes una entrada del blog Grano Rojo de mi amigo virtual, Guillermo Gamba López, titulada El deleite de latinoamérica.

Les recomiendo que pinchen aquí y escuchen y vean el video de Calle 13 que cierra la entrada del blog. Sobre todo las canciones de Susana Baca, y de otras dos cantantes que no conozco, que empiezan “tú no puedes comprar las nubes…””tú no puedes comprar el viento…”, y las imágenes de esas tierras de nuestra hermana América y sus queridas gentes, como las de Marsella, en Colombia, departamento de Risaralda, no lejos de Pereira, por esas tierras que riega el Cauca:

…Marsella es tierra buena y gente buena,
donde el ojo brillante del cielo reluce en la casa,
en la noches las flores sopesan la luna,
y todas las cosas cantan en la piel de las mujeres,
con silabas originales de la historia del universo
y de cada uno de los marselleses.

Guillermo Gamba López, extracto de “Ahí va por Marsella”

¡Saludos Guillermo!

 

 

Umberto Eco ha soltado amarras

28 febrero, 2016

 

Umberto Eco. Foto  Il Messaggero

Umberto Eco. Foto Il Messaggero

 

Umberto Eco ha perdido su última disputatio con la Parca, esa que no respeta argumentos de eruditos, que no perdona ni a buenos ni a sabios.

A los 84 años mantenía el ímpetu necesario, se acababa de embarcar en una nueva casa editora, La nave di Teseo, en compañía de otros viejos aventureros de la literatura y el pensamiento, abandonando las cómodas aguas de la omnipresente industria cultural.

Justo cuando tan necesitados estamos en Europa de gentes como él, ha levado anclas, para ir a plantarle cara al Minotauro en esos mares de los que no se vuelve, hacia las tierras del mito.

Su obra me ha acompañado desde mi época de universitario, con sus escritos filosóficos y sus ensayos de arte, de filología, sus certeras crónicas periodísticas, continuando con la inmensa sorpresa de sus novelas, y lo ha seguido haciendo hasta hace bien poco, con El cementerio de Praga y Numero Cero.

El hombre àguila. Miniatura del Romance de Alejandro. 1338. Bodleian Library. Portada de Baudolino

El hombre águila. Miniatura del Romance de Alejandro. 1338. Bodleian Library. Oxford

Han sido muchos momentos de provechosa reflexión y de disfrute intelectual y literario. Hablé de él hace unos años en este blog, en relación con su Opera Aperta. Umberto Eco era una buena persona, un europeo universal, un humanista moderno, un contador de historias, un hombre y un pensador libre, un guía moral con quien sintonizamos muchos de nuestra generación.

Umberto Eco. Hacia 1965

Umberto Eco. Hacia 1965

Ahora que Europa se mira crudamente en su propio espejo, interpelada por millones de personas que la ven como su último refugio, he traducido dos textos suyos como la forma adecuada de rendirle tributo.

El primero lo publicó durante los debates (2003-2005) de una Constitución Europea (Tratado por el que se establece una Constitución para Europa), cuando la Iglesia Católica reclamaba una mención de las raíces cristianas de nuestro continente en el texto que se discutía. El Tratado no prosperó por el rechazo, tras sendos referéndums, de Francia y los Países Bajos. El segundo extracto procede de una breve serie de ensayos publicados bajo el título de Cinco escritos morales.

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Las raíces de Europa

Las crónicas veraniegas están animadas por la discusión sobre la oportunidad de citar, en una Constitución europea, los orígenes cristianos del continente. Quien exige la referencia se apoya sobre el hecho, ciertamente obvio, de que Europa ha nacido de una cultura cristiana, incluso antes de la caída del imperio romano, al menos desde el edicto de Constantino. Así como no se puede concebir el mundo oriental sin el budismo, no se puede concebir Europa sin tener en cuenta el papel de la iglesia, de los varios reyes cristianísimos, de la teología escolástica o de la acción y del ejemplo de sus grandes santos.

Quien se opone a la cita tiene en cuenta los principios laicos por los que se rigen las democracias modernas. Quien desea la referencia recuerda que el laicismo es una conquista europea recientísima, herencia de la Revolución Francesa: nada que ver con las raíces que se fundan en el monaquismo o en el franciscanismo. Quien se opone piensa sobre todo en la Europa del mañana, que se dirige a convertirse inexorablemente en un continente multiétnico, y donde una cita explícita de las raíces cristianas podría bloquear tanto el proceso de asimilación de los recién llegados, como reducir otras tradiciones y otras creencias (que sin embargo podrían llegar a tener una entidad conspicua) a culturas y cultos minoritarios que únicamente se toleran.

Por tanto, como se ve, esta no es solamente una guerra de religión, porque afecta a un proyecto político, a una visión antropológica y a la decisión de trazar la fisionomía de los pueblos europeos o en base a su pasado o en base a su futuro.

Ocupémonos del pasado. ¿Se ha desarrollado Europa exclusivamente sobre la base de la cultura cristiana? No me refiero aquí a los aportes enriquecedores de los que se ha beneficiado la cultura europea en el curso de los siglos, comenzando por la matemática india, la medicina árabe o incluso los contactos con el Oriente más remoto, no sólo desde los tiempos de Marco Polo, sino desde aquellos de Alejandro Magno. Toda cultura asimila elementos de culturas vecinas o lejanas, pero después se caracteriza por la forma de apropiárselos. No basta con decir que debemos el cero a los indios o a los árabes, si después ha sido en Europa donde se ha afirmado por primera vez que la naturaleza se escribe en caracteres matemáticos. Y no olvidemos la cultura grecorromana.

Europa ha asimilado la cultura grecorromana tanto en el plano del derecho como en el del pensamiento filosófico, e incluso en el plano de las creencias populares. El cristianismo ha englobado, a menudo con mucha desenvoltura, ritos y mitos paganos y formas de politeísmo que sobreviven en la religiosidad popular. No es sólo el mundo del Renacimiento el que se pobló de venus y de apolos y se dedicó a redescubrir el mundo clásico, sus ruinas y sus manuscritos. El Medioevo cristiano construyó su teología sobre el pensamiento de Aristóteles, redescubierto a través de los árabes, y aunque ignoró en gran parte a Platón, no ignoraba el neoplatonismo, que influyó mucho en los Padres de la iglesia. No se podría concebir a Agustín, el mayor de los pensadores cristianos, sin la absorción de la filosofía platónica. La noción misma de imperio, sobre la cual se desarrolló el choque entre los estados europeos, y entre los estados y la iglesia, es de origen romano. La Europa cristiana optó por el latín de Roma como lengua de los ritos sagrados, del pensamiento religioso, del derecho, de las disputas universitarias.

Por otro lado, no es concebible una tradición cristiana sin el monoteísmo judaico. El texto sobre el que se fundó la cultura europea, el primer texto que el primer impresor decidió imprimir, el texto con cuya traducción Lutero cimentó prácticamente la lengua alemana, el texto príncipe del mundo protestante, es la Biblia. La Europa cristiana ha nacido y crecido cantando los salmos, recitando a los profetas, meditando sobre Job y sobre Adán. Más aún, el monoteísmo hebreo ha sido el único aglutinante que ha permitido un diálogo entre el monoteísmo cristiano y el monoteísmo musulmán.

Pero no se acaba aquí. De hecho la cultura griega, al menos desde los tiempos de Pitágoras, no se podría concebir sin tener en cuenta a la cultura egipcia, y en el magisterio de los egipcios y los caldeos se inspiró el más típico de los fenómenos culturales europeos, o sea el Renacimiento, mientras que el imaginario europeo, desde los primeros obeliscos descifrados y hasta Champollion, desde el estilo imperio a las fantasmagorías de la new age, modernísimas y muy occidentales, se ha nutrido de Nefertiti, de los misterios de las pirámides, de las maldiciones de los faraones y de los escarabajos de oro.

No vería yo como algo inoportuno, en una Constitución, una referencia a las raíces grecorromanas y judeocristianas de nuestro continente, unida a la afirmación de que, precisamente en virtud de esas raíces, del mismo modo que Roma abrió su propio panteón a dioses de toda raza y elevó al trono imperial a hombres de piel negra (sin olvidar que San Agustín era africano), nuestro continente está abierto a cualquier otro aporte cultural y étnico, considerando esta apertura precisamente como una de sus características culturales más profundas.

Fuente:

Umberto Eco, A passo di gambero (“A paso de cangrejo”), Bompiani, 2006, Le radici de l’Europa, pp. 245-247. Crónica publicada en Le bustine di Minerva (“Las papelinas de Minerva”), Diario L’espresso, setiembre 2003

Umberto Eco. Portada de L'isola del giorno prima, 1994

Umberto Eco. Portada de L’isola del giorno prima, 1994

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Las migraciones del Tercer Milenio

…los racistas deberían ser (en teoría) una raza en vías de extinción. ¿Existió un patricio romano que no conseguía soportar que también llegasen a ser cives romani los galos, los sármatas, o los hebreos como San Pablo, y que pudiese subir al trono imperial un africano, como finalmente aconteció? De este patricio nos hemos olvidado y ha sido derrotado por la historia. La civilización romana era una civilización de mestizos. Dirán los racistas que fue esa la causa de su disolución, pero hicieron falta quinientos años – y me parece un espacio de tiempo que también a nosotros nos permite hacer proyectos para el futuro

Fuente:

Umberto Eco. Cinque scritti morali. Bompiani, 1997, Le migrazioni del Terzo Millenio. p.100

Umberto Eco. Foto de Sergio Siano. Il Messaggero

Umberto Eco en Nápoles. Foto de Sergio Siano. Il Messaggero