Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac: visita a la Huaca de la Luna y paseo por Huanchaco.

El héroe-dios principal conocido como Ai-apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Nuestra primera visita en torno a Trujillo fue a la cercana Huaca de la Luna, situada en las proximidades de la llamada Huaca del Sol. Entre estos dos lugares de intensa actividad ritual se situó la ciudad capital de los moches. Ambas fueron verdaderos templos superpuestos, pues cada generación construía sobre el templo de la anterior. Como en la mayoría de los sitios arqueológicos de la Ruta Moche se comienza por una visita al museo del sitio, en este caso el Museo de las Huacas de Moche, que recorrimos brevemente. Ofrece información no sólo sobre la iconografía de los bajorrelieves polícromos que han hecho famosas estas huacas, sino sobre la vida cotidiana de los mochicas, su metalurgia, cerámica y orfebrería avanzadas, sus construcciones, sus creencias y sus ocupaciones para la subsistencia.

Máscara en cobre dorado. Museo de las huacas de Moche. Foto R.Puig
Tanto el museo, como las dos huacas o templos del Sol (éste destruido en sus 2/3 por depredadores en el siglo XVII) y de la Luna, están muy cerca de la margen izquierda del río Moche, al sur del núcleo urbano de Trujillo, y no lejos de su desembocadura.

La Huaca del Sol (al fondo Trujillo) Foto R.Puig

Excavaciones de la zona urbana y de servicios desde la Huaca de la Luna (al fondo la del Sol). Foto R.Puig.
Nuestro visita se concentró en la Huaca de la Luna, al pie del Cerro Blanco.

Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Las visitas son guiadas. A este respecto hay que señalar que desde el inicio de nuestra excursión hemos encontrado una acogida competente y amable en todos los sitios y museos arqueológicos visitados. En esta visita, la única en la que se exigía ir guiados en grupo, hemos podido constatar que los Guías Oficiales de Turismo del Perú tienen una sólida formación, gran paciencia y disponibilidad para responder a las preguntas que se les formulan y, como nuestra guía nos explicó, han seguido una formación de tres años académicos. Además, cuando se les asigna un destino, reciben un curso complementario sobre el sitio o museo en el que van a desarrollar su trabajo.

Escuchando a nuestra guía en la Huaca de la Luna. Foto García Solaz
El complejo de la Huaca de la Luna es sencillamente impresionante.

Huaca de la Luna. Decenas de millones de adobes. Foto R.Puig
Sus tres plataformas y cuatro plazas ceremoniales ocupan un rectángulo de 290 por 210 metros donde se superponen cinco edificios diferentes, formados en períodos de cien años y a lo largo de medio milenio.

Fachada norte de la Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Plaza y fachada norte del templo viejo. Reconstrucción
Las ceremonias de los mochicas en relación con sus deidades eran diversas, si bien en sus frisos y bajorrelieves policromados lo que más llama la atención es la iconografía de los ritos sacrificiales, motivados en gran manera por los cambios del clima. Se han encontrado 60 esqueletos de hombres, sacrificados y dejados a la intemperie, al pie de la llamada Roca Sagrada integrada en el templo. Había que impetrar el favor de sus divinidades que, si nos atenemos a sus testimonios modelados en arcilla, no eran proclives al apaciguamiento. El llamado Ai-apaec, nombre que al parecer le dieron los conquistadores y a quien los mochicas llamaron con otro nombre que no conocemos, aparece por todas partes con sus dientes felinos y esgrimiendo los instrumentos del sacrificio, en una mano el tumi y en la otra una cabeza humana, por lo que se le suele llamar el decapitador.

El decapitador. Foto R.Puig
Por lo que nos fue explicando nuestra guía, en los sucesivos niveles se sucede con variantes su imagen. También fue considerado en sus orígenes como el dios de las montañas

El decapitador. Foto R.Puig
Reconstrucción de la iconografía moche del dios decapitador.
No me quedó muy claro en qué modo compartía su terrible función con la llamada araña degolladora

La araña degolladora. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
El encaminamiento de los prisioneros hacia la extracción de su sangre y posterior sacrificio está abundantemente representado.

Friso de danzantes y de los prisioneros llevados al sacrificio. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Se celebraban otro tipo de sacrificios, consistentes en duelos rituales entre los mejores guerreros. El que perdía su penacho a manos del contrincante era destinado al sacrificio, lo cual se consideraba un privilegio. En este caso se les drogaba antes de darles muerte ritual. Sólo los miembros del poder militar y sacerdotal tenían acceso a estos sacrificios, aunque la plebe podía acceder desde la plaza al ritual de la ofrenda de la sangre que se escenificaba en una terraza del templo por encima de sus cabezas.

Pedestal con escalinata en el templo. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Recreación de la ofrenda de la sangre del prisionero en la Huaca de la Luna
Aunque predominen las imágenes de las deidades del sacrificio y de los rituales que lo rodeaban, hay otros bajorrelieves, en especial en los niveles más antiguos, que muestran las tradicionales imágenes marinas y faunísticas de la iconografía mochica, de la que ya hemos tratado en este blog.
Iconografías marinas. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
No obstante destaca en particular un sorprendente mural en el que se escenifican mitos y narraciones legendarias. Está situado en los muros que circundan la plaza de la fachada norte. No sé si exagero (doctores tiene el Perú que quizás lo hayan completamente descifrado) pero los desafíos que su interpretación presenta me han recordado los proverbios y aforismos de la cultura antigua y medieval en Europa, como por ejemplo los proverbios flamencos de Pieter Brueghel el Viejo.

Mural de los mitos. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Reconstrucción
Las abigarradas imágenes de este mural son ingenuas y llenas de símbolos y de explicaciones míticas del universo mochica, tanto que se diría que el decapitador, en alguno de los rombos en los que asoma, se mostrase pasmado ante su infantil belleza y dudase de su destino cruel.

Ai-Apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Pero lo cortés no quita lo valiente y estas elocuentes señales de tráfico nos amonestan diciendo: ¡ceda el paso o aténgase a las consecuencias!


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Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig
Tras nuestra inmersión en ese pasado que revela la Huaca de la Luna y que Rudolf Otto habría calificado como fascinosum et tremendum, volvíamos al presente para ir a cenar pescado y a dar un paseo por Huanchaco.

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig
Este balneario, a dos pasos de Trujilllo, guarda la tradición navegante y pesquera de los caballitos de totora de la cultura mochica.

Caballitos de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Navegante en caballito de totora con cautivos. Lima, Museo del Banco Central de Reserva

En el caballito de totora. Huanchaco. Foto R.Puig
Por su playa, por su muelle, por su paseo marítimo, se practica el surf, se pesca, se pasea y se come en los numerosos restaurantes que sirven pescado fresco, preparado de varios modos, entre ellos el tradicional ceviche.

La pasarela decimonónica del muelle de Huanchaco. Foto R.Puig
En la plataforma del muelle de Huanchaco (*) los pescadores te ofrecen sus capturas

Nosotros, cuando sobre el Pacífico se ponía el sol, emprendimos el regreso a Trujillo.

Huanchaco. Perú. Foto R.Puig
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Era el viernes 15 de febrero. Para el día siguiente, último de nuestra Ruta Moche, quedaba la visita a Chan-Chan y a la Dama de Cao.
(*) José Carlos Martín Gallardo Ulloa : El muelle de Huanchaco

Cabeza del Señor de Sipán. Museo Tumbas Reales de Sipán
En nuestro camino hacia Trujillo, además del Museo Brüning, del que hemos hablado hace dos semanas, tuvimos tiempo para una rápida visita al Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán, ubicado también en Lambayeque y uno de los más visitados en la Ruta Moche, en el que no está permitido tomar fotografías.
El plato fuerte del museo es el contenido de la tumba del poderoso señor mochica que le da nombre, quien gobernó su reino amparado por un notable aparato militar. Su sepultura tuvo la suerte de no haber sido saqueada. En 1987 los arqueólogos peruanos Walter Alva Alva y Luis Chero Zurita la descubrieron intacta.

Reconstruccion del enterramiento del Señor de Sipán. Detalle
Como ya hemos visto en el caso de la sacerdotisa de Chornancap, estos poderosos personajes de la cultura Mochica o Lambayeque no partían solos al más allá.

Disposición de la tumba del Señor de Sipán en el Museo del Sitio de Sipán. Foto Bernard Gagno.
Otros dignatarios de la Corte del Señor de Sipán le acompañaron al submundo, para asistirle en su existencia en el más allá, desde la que participaban de los avatares del los que aún seguían vivos ahí arriba. De manera que el sacrificio de seres humanos tenía otras funciones, además de las ejecuciones rituales y propiciatorias de prisioneros, guerreros selectos, niños o adolescentes. Con motivo de la visita a Chan-Chan abundaremos en este tipo de prácticas.

Lambayeque. Museo Tumbas Reales de Sipán.
El Museo de las Tumbas Reales en Sipán (departamento de Lambayeque) se inauguró hace 17 años y evoca la arquitectura de las pirámides mochicas. Por desgracia no están permitidas las fotografías y, además, no tuvimos tiempo para visitar las excavaciones de la Huaca Rajada-Sipán.

Huaca Rajada. Sipán. Lambayeque.
Es ahí donde más recientemente se inauguró el Museo del Sitio de Sipán, que tiene la ventaja de estar situado junto al conjunto Arqueológico de Huaca Rajada en donde se realizaron los hallazgos de las tumbas reales y se siguen produciendo otros.

Museo del sitio. Sipán
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Al anochecer llegamos a Trujillo

Catedral de Trujillo. Foto R.Puig
para alojarnos en un hotel de la animada Plaza de Armas.

Trujillo. Plaza de Armas. Foto R.Puig
Salimos por el centro en busca de un restaurante frecuentado por la población local

Trujillo. La noche. Foto R.Puig
En el camino, el guarda del Palacio Iturregui, fuera ya del horario de visitas, nos deja franquear la entrada para admirar su soberbio patio neoclásico.

Patio del Palacio Iturregui. Trujillo. Foto R.Puig
De vuelta a la Plaza de Armas el tráfico ha amainado. Hay que retirarse a recobrar fuerzas para el resto de nuestra Ruta Moche, que incluyó la Huaca de la Luna, la ciudad chimú de Chan-Chan, Huanchaco y la Huaca de la Dama de Cao en el complejo de El Brujo, visitas que contaremos en próximas crónicas.

Trujillo. Complejos arqueológicos. Hojas de ruta del Perú, Wust Ediciones. Lima 2015
La noche del 14 de febrero nos brindó un merecido descanso.

Trujillo. Fachadas de la Plaza de Armas. Foto R.Puig
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El próximo abordaremos los dos últimos días del programa de nuestra ruta en el departamento de la Libertad, en el Perú, el pasado mes de febrero.
Hoy, 28 de abril, lo que nos tiene en vilo son los programas que pretenden marcar la vida de los españoles durante los próximos años.
Notre-Dame de Europa

Notre-Dame en llamas. Fuente: La Voix du Nord
Paris, Francia y Notre-Dame han dejado huellas en la memoria de nuestros años jóvenes y en otras etapas de nuestras vidas. Es parte del corazón de Europa y de su historia, que no entiendo sin la lengua, el arte y la literatura francesas. Notre-Dame-de-Paris pertenece a lo mejor del tesón de los europeos y a la cultura cristiana y humanista de nuestro continente, es símbolo de la la reinvención permanente de la misma.
Cuando al atardecer del día 15 de abril nos llegaban las imágenes de las llamas devorando Notre-Dame de París, pensamos que este símbolo de nuestra historia europea iba a derrumbarse. Y sentí que esta catástrofe me dolía también a título individual. Con el paso de las horas supe que había muchos como yo, entre mis amigos y entre quienes se agrupaban en París, atónitos, apesadumbrados o arrodillados y en plegaria.

Imagen de La Voix du Nord
Un buen amigo que vive desde hace muchos años en Francia, economista y profesor en una universidad de París, escritor y artista autodidacta, no quiso acudir a las cercanías del incendio y prefirió, después de la caída de la aguja, plasmar de memoria su imagen interior de Notre-Dame.
Me comenta que es una Notre-Dame de ficción, como lo son -me dice- los recuerdos de nuestras vidas y nuestros sueños rotos; que la nueva aguja de su lienzo es más grande y luminosa, como exorcizando la fatalidad, como retando al destino. Por eso, también los arbotantes son más rectos e inclinados, como si arrimasen el hombro, como si guardasen la memoria de les bâtisseurs de cathédrales.

Juan Calaza. ¡Qué llueva luz!
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Al día siguiente, descubrimos con alivio que la estructura de piedra seguía en pie, aunque el tejado y la admirable carpintería medieval que lo sustentaba se habían consumido y la aguja de madera y plomo del siglo XIX se había desplomado en llamas. La catedral sigue entre nosotros y será restaurada, las campanas de Quasimodo volverán a repicar.
Ha sobrevivido la esperanza y Notre-Dame seguirá acompañando la historia de Europa y de París, la Ciudad, cuya preeminencia cantó Charles Peguy :
Sept villes se vantaient d’avoir cerné la Ville :
Auteuil voulait en faire un jardin potager ;
Grenelle en voulait faire un énorme verger ;
Bercy des entrepôts, Montmartre, un vaudeville.
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Passy faillit en faire un immeuble servile,
Un caravansérail pour le noble étranger ;
Vaugirard, la Villette à ce peuple léger
Faisaient des abattoirs pour sa guerre civile.
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Mais la dame a mangé les sept petites sœurs,
Elle a mis pour toujours la liberté de l’âme,
Et tous ces fourniments et tous ces fournisseurs,
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Le négoce, l’amour, et la cendre, et la flamme,
Et tous ces boniments, et tous ces bonisseurs,
Et les gouvernements gendres et successeurs,
Sous le commandement des tours de Notre-Dame.
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Vendredi, 20 septembre 1912
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París
Siete ciudades pretendían dominar la Ciudad:
Auteuil quería convertirla en huerto;
Grenelle quería hacer de ella un enorme vergel;
Bercy, un almacén de vinos, Montmartre, un vodevil;
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Passy casi la hizo una mansión servil,
Un albergue serrallo para el noble extranjero,
Vaugirard, la Villette a este pueblo frugal
Le construían mataderos para su guerra civil.
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Mas la señora ha absorbido a las siete hermanitas,
Ha puesto para siempre la libertad del alma,
A todas esas intendencias y a todos sus intendentes,
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Al negocio, al amor, y la ceniza, y la llama,
Y a todas esas palabrerías, a todos sus palabreros,
Y a los gobiernos nepotes y a sus sucesores
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Bajo el mando de las torres de Notre-Dame.
20 de setiembre de 1912
Charles Peguy, “Les sept contre París”, La Grande Revue, 7 de marzo de 1913, y Oeuvres Poétiques complètes, NRF, Bibliothèque de la Pléiade, París 1967, pag. 883. (La traducción es mía)
No en vano Peguy fue el poeta del Misterio de la Segunda Virtud.

Virxilio Blanco. Notre-Dame-de-Paris. hacia 1930.

Museo Brüning. Máscara funeraria de la cultura Lambayeque. Foto R.Puig
El 14 de febrero, de camino a Trujillo, nos detuvimos a visitar el Museo Brüning de Lambayeque. El nombre le viene de un ingeniero mecánico alemán quien llegó joven para trabajar en una hacienda azucarera del Perú y dedicó cincuenta años al estudio etnográfico y arqueológico del norte peruano. Desembarcó en 1875 en el Callao y durante una primera etapa de veinte años y una segunda de veintisiete fue constituyendo una gran colección, hoy expuesta en el museo que lleva su nombre y del que fue el primer director, cuando se instaló en su propia casa en 1921. De llamarse Hans Einrich paso a llamarse Enrique Brüning (1848-1928).

A la entrada del Museo Brüning de Lambayeque. Foto R.Puig
Lo primero que vimos al acercarnos a la entrada del museo fue un grupo de niños y niñas en su clase de tondero

Clase de tondero. Museo Brüning. Foto R.Puig
Algo que casa muy bien con la pasión por las manifestaciones de la cultura regional del quien fuera fundador del museo y además violinista y amante de la música.
El museo en su edificio actual abierto en 1966 alberga los hallazgos de diferentes excavaciones en torno a la ciudad de Lambayeque (el Morro de Etén, Huaca Chotuna, Sipán, etc.) donde a lo largo de varios períodos se cruzan las influencias de las culturas Chavín, Mochica, Chimú e Inca.
De la cultura Lambayeque y Chimú, de un período entre el 750 y el 1350 d.C. datan enterramientos, de los cuales se han coleccionado objetos simbólicos de autoridad o propios del ajuar de personas con poder.
Se puede ver en el museo el de la Gobernante y Sacerdotisa de Chornancap, cuyo palacio se ha ido revelando en la Huaca Chotuna, ya investigada entre las décadas de 1910 y 1920 por Brüning. La tumba fue descubierta en 2011.

Sacerdotisa de Chornancap. Reconstrucción del Museo Brüning.

Rostro cubierto de la sacerdotisa de Chornancap al descubrirse el fardo. Museo Brüning.
La sacerdotisa y gobernante fue enterrada nada menos que con ocho acompañantes, quienes casualmente tuvieron que abandonar el mundo de los vivos al mismo tiempo que su poderosa señora,

Disposición del grupo del enterramiento de la sacerdotisa de Chornancap. Reconstrucción. Museo Brüning

La tumba de la Sacerdotisa de Chornancap. Foto museo Brüning.
Otro enterramiento importante es el del llamado personaje de Collud,

Momia y ajuar funerario del del personaje de Collud. Museo Brüning. Lambayeque. Foto R.Puig

en relación con el cual hay que mencionar el Proyecto Especial Naylamp-Lambayeque del Ministerio de Cultura del Perú. Es de las excavaciones de la Huaca Collud, encuadradas en este proyecto y dirigidas por el arqueólogo Ignacio Alva Meneses en el distrito de Pomalca, de donde procede el rico fardo funerario de este personaje.

Escalinata central de la Huaca Collud. Distrito de Pomalca. Foto Ignacio Alva Meneses
La Huaca Collud es un gran complejo de pirámides, templos, viviendas y talleres de artesanos y de trabajo con metales, vinculado al legendario Naylamp, supuesto fundador mítico de la cultura Lambayeque. El Museo Brüning encierra una impresionante colección de orfebrería de esa cultura, como representaciones sagradas (¿amuletos?) zoomorfas
y signos de autoridad, como narigueras, penachos, collares y pendientes

Simbolos de autoridad. Cultura Lambayeque. Museo Brüning. Foto R.Puig
Last but not least hay que mencionar la colección de spondylus, molusco del que ya hemos hablado en entradas anteriores, muy preciado a lo largo y ancho de las culturas precolombinas del Perú y del Ecuador.

Spondylus. Museo Brüning. Lambayeque. Foto R.Puig
Bibliografía:
Wester La Torre, Carlos, Chornancap: palacio de una gobernante y sacerdotisa de la cultura Lambayeque, Ministerio de Cultura del Perú, 2016, 427 páginas (se puede leer también en Google Play)

Algarrobo milenario. Bosque Sagrado de Pómac. Foto R.Puig
Con mi indefectible amistad y admiración para el Mudo
Terminamos nuestra visita al complejo de las pirámides de Túcume y nos acercamos al Bosque Sagrado de Pómac que atraviesa el río La Leche, para luego dirigirnos por último al Museo Nacional Sicán en Ferreñafe.
Era el miércoles 13 de febrero del presente año.

Museos y sitios arqueológicos de Lambayeque, Hojas de ruta del Perú, Wust Ediciones. Lima 2015
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En el Bosque Sagrado de Pómac
Al bosque de Pómac (o zona arqueológica monumental de Batán Grande) se le califica de sagrado porque alberga hasta treinta huacas, cuyas estructuras piramidales terminan en una plataforma para usos ceremoniales y religiosos. Dos de estas pirámides truncas han sido investigadas : la Huaca El Oro (donde se halló la tumba del Señor de Sicán) y la de Las Ventanas (donde se encontró el Tumi Lambayeque o Tumi de Oro). Nuestro propósito de visitarlas quedó también truncado, pues hubiéramos tenido que vadear a calzón quitado el río La Leche que, haciendo honor a su nombre, venía crecido por las lluvias en la cordillera y podía darnos sorpresas.
De modo que optamos por detenernos junto al árbol milenario de Pómac (viejo de unos quinientos años), un algarrobo recostado en su enorme tronco, del que surgen grandes ramas retorcidas. Esta es la especie dominante en este bosque junto a la de los zapotes, que alcanzan más de diez metros de altura.

Tres expedicionarios. Foto R.Puig
El bosque alberga más de cien especies de aves y es un apreciado observatorio de las mismas.

El bosque de Pómac desde la Huaca de la Merced. Foto R.Puig
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En la huaca de La Merced

Huaca de la Merced. Foto R.Puig
Al no poder atravesar el río, nos contentamos con subir a la Huaca de La Merced, la que , como ha ocurrido en muchas de la huacas peruanas, ha sido ya excavada sin muchos miramientos por los huaqueros o, lo que es lo mismo practicantes del huaqueo, actividad generalmente ilícta y crematistica que consiste en saquear sitios arqueológicos. De ella se nutre el tráfico de hallazgos que a menudo termina en colecciones públicas y privadas esparcidas por el mundo.

Por aquí anduvieron los huaqueros. Huaca de la Merced. Foto R.Puig
Se trata de una huaca de grandes dimensiones, lavada por siglos de erosión, pero donde aún se aprecian algunos de los innumerable adobes que la forman.

Formas del adobe en la Huaca de la Merced. Foto R.Puig
Junto a estas enormes edificaciones inexploradas, de las que hay muchísimas en el Perú, pienso en la importancia que tiene para este querido país la formación de buenos arqueólogos. Uno mismo siente aquí una especie de impulso vocacional, el deseo de participar en las excavaciones e investigaciones que siguen desenterrando la historia de las culturas y civilizaciones peruanas, anteriores al imperio incaico.
En lo alto de esta huaca se entiende que los habitantes de estos parajes de hace más de mil años concibieran la sacralidad de esta floresta, como refugio propiciatorio para sus invocaciones, ceremoniales y sacrificios, destinados a congraciarse las fuerzas de una naturaleza que ciclicamente les beneficiaba o les amenazaba.

El bosque de Pómac desde la Huaca de la Merced. Foto R.Puig
No sabían a ciencia cierta, como hoy se sabe, que el océano tan cercano determinaba, con las alteraciones periódicas de la temperatura de sus corrientes, su prosperidad o su ruina.
Antes de partir hacia el Museo Nacional Sicán en Ferreñafe, en la vuelta hacia Chiclayo ascendemos al Mirador de las Salinas

Tres expedicionarios en el Mirador de Las Salinas. Foto R. Puig (con trípode y disparador automático)
para despedirnos del bosque sagrado.
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Para llegar al museo, la ruta nos conduce a través de los arrozales lambayecanos, que con sus 50.000 hectareas cultivadas producen 350.000 toneladas de arroz al año, el 14 % de la producción peruana.

Arrozales en Lambayeque. Foto R.Puig
El arroz no fue conocido por los mochicas, pues llegó con los colonos españoles y se comenzó a cultivar con el trabajo de esclavos traídos de África. Así que el Señor de Sicán, cuyo museo vamos a visitar, no tuvo la suerte de probar ni la paella, ni por supuesto el arroz chaufa, aunque no le faltaron los alimentos de una cultura agrícola y navegante : pescado, maíz, yuca, frejoles.

Expedicionarios de la «Ruta Moche» llegan al Museo Nacional Sicán, Ferreñafe. Foto R.Puig
Sicán en lengua Muchick (Mochica) según fuentes coloniales quiere decir «Casa de la Luna». La cultura Sicán se formó alrededor del curso medio del río La Leche (también llamado río Motupe) entre el 750 y el 1375 d.C., con su fase de mayor florecimiento entre el 900 y el 1100 d.C. Es una fusión de la cultura Moche con culturas sureñas (Wari y Pachacamac) además de la influencia por el norte de culturas del actual Ecuador.

Cronología Culturas pre-coloniales. Norte del Perú. Museo Nacional Sicán
Tuvo un final violento. La capital Sicán sufrió un devastador incendio cuyos indicios han encontrado los arqueólogos. Sus tecnologías y prácticas culturales continuaron en zonas no afectadas, aunque el fenómeno climático que hoy se llama El Niño habría completado la decadencia de las áreas secundarias del territorio de esta cultura, que en sus épocas de auge llegó a compartir sus técnicas del cobre arsenical con la lejana Tiahuanaco y, atravesando la cordillera, alcanzó a ejercer su influencia en las las selvas ribereñas del río Marañón.

Culturas pre-coloniales (orden temporal de izquierda a derecha). Norte del Perú. Museo Nacional Sicán
Los chimús acabarían conquistando a los sicanes en 1375 y llevándose a sus artesanos con sus conocimientos a Chan-Chan, asimilando así los estilos artísticos característicos de la cultura Sicán, motivo por el cual a veces es difícil diferenciar las obras de ambas culturas.

El Señor de Sicán. Reconstrucción. Museo Nacional Sicán. Lambayeque. Perú. Foto R.Puig
Lo que hace la diferencia de este museo es la colección del ajuar funerario (1200 kilos) del llamado Señor de Sicán (que no hay que confundir con el de Sipán).
Imperó entre el 1000 y el 1100 d.C. y su tumba (que no había sido profanada) fue desenterrada entre 1991 y 1992 por arqueólogos japoneses y peruanos en la Huaca de Oro, que hemos arriba mencionado.

Cráneo del Señor de Sicán. Museo Nacional Sicán. Foto R.Puig.
Con la técnicas actuales de reconstrucción facial, se ha logrado modelar el rostro probable de este cacique, por cierto nada tranquilizador,

El Señor de Sicán. Reconstrucción facial. Museo Nacional Sicán. Foto R.Puig.
al que obedecían miles de súbditos, quienes entre otras gabelas tenían la de contribuir con su lote anual de adobes para la construcción de las pirámides que pueblan la zona de Batán Grande.

En su tumba se encontraron los restos de dos mujeres jóvenes y dos niñas, sacrificadas para que le acompañasen en el más allá. Da la casualidad de que, no lejos de su tumba en la Huaca de Oro, en la vecina Huaca de las Ventanas el arqueólogo peruano Dr. Julio C. Tello («padre de la arqueología peruana»), con ayuda del huaquero local, Hipólito Granados Durand, descubrió a fines de 1936 o principios de 1937 el emblemático Tumi de Oro, que hemos mencionado más arriba, instrumento tradicional de los sacrificios en el Perú pre-colombino.
Más adelante podremos referirnos un poco más a la costumbre de los sacrificios humanos, que puede interpretarse de muchas maneras, ceremoniales u otras. Por el momento, quizás quieran ver a este propósito un documental que resume lo que aquí venimos viendo sobre la civilización mochica y las culturas que con ella estuvieron enlazadas.
Por nuestra parte y tras las visitas a Túcume, al Bosque Sagrado de Copán y al Museo Nacional Sicán, regresamos a Chiclayo.

Atravesando Chiclayo. Puestos del mercado. Foto R.Puig
Chiclayo es la cuarta ciudad del Perú por su volumen de población, en continuo crecimiento y con bastante desorden urbanístico. En los barrios periféricos se observan masas ingentes de basuras abandonadas, que pienso son signos de sucesivas administraciones municipales incompetentes y quizás de algo más. Es triste, porque la ciudad tiene sus valores y no se merece esto, sus gentes son cordiales y sus calles muy animadas.

Chiclayo. Vista desde el hotel. Foto R.Puig
Llegados a Chiclayo queremos descansar y prepararnos a las siguientes visitas que Manolo ha planeado para nosotros, al Museo Brüning de Lambayeque, a las Tumbas Reales y al Señor de Sipán (no confundir con el de Sicán del que hemos tratado hoy), así como a la Huaca de la Luna, a Chan-Chan, y a la Señora de Cao en el conjunto de El Brujo
En la merecida cena en Chiclayo nos acompaña el tío de uno de nuestros expedicionarios a quien yo no veía desde hace más de cincuenta años y que me dio la estupenda sorpresa de venir a nuestro encuentro desde Piura.

Pablo y al fondo su tío, en el restaurante de Chiclayo. Foto Marie Puig
Además nos sirvieron muy buen pescado

El bloguero y su recompensa. Foto Marie Puig
Reminiscencias

Litoral al atardecer. Playa dela Almadraba. Els Poblets. Foto R.Puig
Esta entrada se la dedico a José María Tortosa
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Hoy me abandono al mar
como una piedra lisa
brillo breve
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Todo lo abraza el mar
como en sueños
me mece
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El mar todo lo embebe
como una ola huye
la luz fenece
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Osado el charco y fugaz
como quiere ser mar
al sol retiene
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El sol de un charco cautivo. Foto R.Puig
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Un recuerdo
A la vista de un charco que quiere apoderarse del sol, me ha venido a las mientes algo que, hace ya muchos años, nos contaban en las clases de catecismo del colegio.
Según una leyenda medieval, Agustín de Hipona, en su ambición de saberlo todo, se paseaba por la orilla del mar, planteándose problemas complicados. Seguramente fue también uno de esos atardeceres frente al Mediterráneo, tan propicios para la ensoñación y que tan fecundos habían sido para el nacimiento de la Filosofía griega. Si bien esto ocurría cuatro siglos después de que un mesías judío llamado Jesús hubiese venido a complicarlo todo un poco más. Eran ya tiempos de Teología y nada como la orilla del mar para pensar cuestiones enrevesadas.
¿Se acuerdan de la leyenda?
Era más o menos así: San Agustín paseaba por una playa, ruminando la doctrina de la Trinidad. Y hete aquí que ve a un niño, que está jugando a la orilla del mar. El pequeño va y viene para llenar un cubo de agua y vaciarlo repetidamente en un hoyo que ha hecho en la arena.
Agustín le pregunta por qué lo hace, a lo que el niño responde que está trasvasando el mar al agujero. Al escucharlo, el filosofo le dice que eso es imposible, y el chaval le responde que si es imposible, más imposible aún es tratar de descifrar el misterio de la Santísima Trinidad.
El Guercino lo pintó de esta manera

IL Guercino. Meter el mar en un hoyo, detalle. Museo del Prado
Esta fabula se nos contaba como preparación a los misterios de la Fe, por si algún día osábamos pretender entenderlos.
Claro, que esto no sólo ocurre con las fes religiosas, ya que en materia de leyendas y creencias las hay para todos los gustos.
Ustedes ya me entienden.

Huaca (*) de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig
Huaca de las Balsas
Continuamos con la crónica dedicada a la visita al complejo arqueológico de Túcume (cultura Lambayeque o Sicán, 700 a 1375 d.C.). Tras visitar el Museo del Sitio, del que tratamos el domingo pasado, nos dirigimos a la Huaca de las Balsas. Sus bajorrelieves heredan algo de las representaciones gráficas de la cultura Moche o Mochica (1 a 100 d.C.) y expresan las vivencias del entorno y las creencias de sus creadores.

Adobes. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig
La huaca data del 1240 al 1300 d.C. (antes de la conquista Chimú de 1380). Se levantó con bloques de adobe de 30 x 18 x 18 cm y comprende dependencias de uso doméstico y enterramientos, separados por muros decorados con bajorrelieves. Son representaciones que combinan una creación artística minimalista con las técnicas artesanales y seriales de quienes los modelaban.
Los adobes y los bajorrelieves se impregnaban con una lechada verde de carácter natural, obtenida de una capa arcillosa cercana al Cerro de La Raya, también llamado Cerro Purgatorio, que domina el centro del complejo de Túcume.

Vista aérea del Cerro Purgatorio. Túcume (imagen del museo del sitio)
Es hacia el suroeste de este cerro donde se sitúa la Huaca de las Balsas.

Emplazamiento de las huacas de Túcume. Cartel en la Huaca de las Balsas.
Una actividad representada en los relieves es la recolección del spondylus, el mullu, un molusco bivalvo de apreciado valor ornamental y ceremonial. Las clases altas del Perú antiguo usaban estas preciadas conchas para resaltar su rango y sus privilegios (información). En la Huaca de las Balsas se lo ha encontrado como parte del ajuar de algunos enterramientos.
Son precisamente las escenas de la pesca del spondylus desde balsas las que han motivado el nombre que los arqueólogos han dado a este conjunto, que aún sigue investigándose

Escena de recolección del Spondylus. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig

Explicación del friso del Spondylus. Huaca de las Balsas. Túcume
Otro friso es el de la llegada, en barcas de totora y con su corte, de Naymlap o Ñam-La (Ave del Mar), fundador mitológico de la cultura Lambayeque.

Escena de los navegantes míticos. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig
En la parte superior derecha se observa el astro luminoso de los navegantes, Venus. Una serie de tripulantes tienen brazos en forma de alas y penachos como los pájaros, como se observa en esta otra parte del friso, muy restaurada.

Los hombres ave, friso de los navegantes míticos. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig
Abundan las imágenes de aves, sobre todo en los niveles iniciales, sobre los que se fueron superponiendo sucesivamente otros (en esta huaca hay hasta ocho), lo que es característico de las huacas de la costa del Perú donde cada generación construía sobre lo edificado por la anterior.

Friso de aves. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig
La gráfica es similar a la que aparece en los huacos de la la cultura anterior, la de los mochicas, si bien el barro no permite la misma sofisticación que la cerámica.

Bajorrelive inicial de ave. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig

Imagen de aves marina. Cultura Mochica. 200 a 700 d.C. (**)
También se encuentran escenas de sacrificios a deidades de diverso tipo

Escena de los sacrificios. Huaca de las Balsas. Túcume. Foto R.Puig

Explicación del friso de los Sacrificios. Huaca de las Balsas. Túcume
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Bajo un sol de justicia nos despedíamos de la Huaca de las Balsas

Huaca las Balsas. Túcume. Foto R.Puig
para dirigirnos al Bosque Sagrado de Pómac

Foto R.Puig
De este santuario histórico y del Señor de Sicán trataremos en la tercera y última crónica dedicada al complejo arqueológico de la comarca de Túcume.
Bibliografía: Alfredo Narváez y Bernarda Delgado, Huaca las Balsas de Túcume: arte mural Lambayeque, Museo de Sitio Túcume, 2011.
(*) Sobre el origen y significado del término huaca mirar aquí. No confundirlo con huaco, objeto precolombino hecho de cerámica u otra materia, que normalmente procede de una huaca.
(**) Fuente : Arturo Jiménez Borja, ver aquí en ensondeluz.

Placa emblemática de cobre dorado. 1250 a.C a 1 d.C. Museo Larco Herrera. Foto R.Puig
Viví en el Perú hace décadas, asistí a clases de historia del Perú, visité los lugares y obras de la civilización incaica en varias ocasiones, recorrí la carretera Panamericana y anduve por departamentos de la costa, de la sierra y de la «ceja de selva», pero me faltaba algo : el conocimiento y el acercamiento ordenado a las innumerables transiciones entre sus antiguas culturas, a la evolución de las civilizaciones pre-incaicas que el reciente viaje en el mes de febrero ha comenzado a colmar.
Para ello era necesario visitar al menos algunos de las lugares en los que nacieron y decayeron las culturas del antiguo Perú y los numerosos museos de sitio, de los que fue pionero, antes de que la UNESCO los consagrara, el tacneño Arturo Jiménez Borja (1908 – 2000), de quien ya he tratado en este blog.

Busto de Arturo Jiménez Borja fundador de los museos de sitio del Perú en Pachacamac. Foto R.Puig
De ellos hemos recorrido el de Pachacamac que el destacado etnólogo peruano fundó y varios más del Norte peruano y el de la huaca Pucllana en Lima, de los que intentaré dar alguna idea en estas crónicas.

En el museo del sitio de Pachacamac fundado por Jiménez Borja. Al fondo el templo del sol. Foto R.Puig
Los museos de sitio son indispensables para comprender los inacabables descubrimientos e investigaciones de los sitios milenarios de la costa peruana y de sus valles. Están situados en los mismos espacios de las excavaciones y monumentos arqueológicos. Aunque se puedan visitar las ricas colecciones de arqueología peruana en museos alemanes o norteamericanos fuera de sitio, no se podrá con ello conseguir lo que la visita al contexto en que fueron creadas y tuvieron sentido esas obras nos puede aportar.
No obstante, una vez en Lima, hay dos museos que, aun no siendo de sitio, es conveniente visitar como preparación del viaje a los emplazamientos de aquellas antiguas culturas, me refiero al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y sobre todo al Museo Arqueológico Larco Herrera, donde la información sobre la procedencia y época de las piezas exhibidas está muy bien detallada y situada en su escala temporal en las diferentes regiones geográficas de la Costa y de la Sierra.

Épocas peruanas . Museo Larco Herrera. Lima. Foto R.Puig
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Transiciones peruanas
En nuestro caso, nuestro recorrido abarcó desde Túcume en el norteño departamento de Lambayeque a Pachacamac por sitios de la Costa Norte y Centro, correspondientes a las épocas entre el año 1 de la era cristiana y el final del dominio incaico con la llegada de los conquistadores españoles. Se sintetizan en el cuadro cronológico del capítulo «Un espacio sagrado milenario», de la directora del Museo de Sitio de Pachacamac, Denisse Pozzi-Escot, en el libro Pachacamac. El oráculo en el horizonte marino del del sol poniente, AA.VV. Banco de Crédito del Perú, Lima 2017.

Cuadro cronológico. Fuente Denisse Pozzi -Escot (*)
Este recorrido es más que una experiencia de turista. Esta apasionante excursión a través del espesor de los siglos suscita admiración, compasión y complicidad hacia aquellos antiguos pobladores que tanto anticipaban lo que sus descendientes contemporáneos siguen experimentando en estas costas y valles del Perú.

Salida de Lima por la Panamericana Norte. Foto R.Puig
Viajar por estos lugares, gracias a la ayuda y compañía de mis viejos amigos y compañeros de hace casi cincuenta años, sentir el mensaje y las inquietudes del pasado, hacerse las preguntas que los antiguos peruanos se hacían y observar las respuestas que, con mayor o menor éxito, dieron a los desafíos de sus entorno es un precioso regalo que los investigadores, arqueólogos, historiadores y museólogos del Perú nos han dejado y nos siguen brindando con su admirable labor.

En ruta hacia el Norte. Foto R.Puig
Espero dejar aquí algo de lo que me dieron esos días, caminando por los lugares que ahora me propongo compartir en estas crónicas, parciales y desmañadas, pero voluntariosas.
Mi viejo amigo y compañero, el planificador de la ruta, Manolo, comenzó por conducirnos al volante de su carro, metiéndose entre pecho y espalda los 780 kilómetros que median entre Lima y Chiclayo, capital del departamento de Lambayeque a la que llegamos de anochecida el martes 12 de febrero. Fue complemento esencial y reconfortante de este largo trayecto la compañía de otro viejo amigo y compañero, Pablo, que con el conductor y mi esposa Marie completó nuestra expedición y animó el variopinto coloquio que mantuvimos durante este hermoso recorrido entre enormes dunas, verdes valles y deslumbrantes orillas oceánicas durante más de doce horas.

Llegando a Chiclayo. Foto R.Puig
Chiclayo fue la base de nuestros primeros dos días de exploración: Complejo arqueológico de Túcume, Santuario Histórico Bosque de Pómac, Museo del Señor de Sicán en Ferreñafe, Museo Nacional de Sipán y Museo Arqeológico Nacional Brüning de Lambayeque.

Sitios arqueológicos y museales. Lambayeque y Túcume. «Hojas de ruta del Perú» Wust Ediciones. Lima 2015
El 13 de febrero, salimos de Chiclayo desde el hotel del centro que nos alojaba

Chiclayo. 13 febrero 2019. Foto R.Puig
pasando por la muy cercana ciudad de Lambayeque que le da el nombre a este departamento norteño

Lambayeque. Monumento al Señor de Sipán. 13 febrero 2019. Foto R.Puig
flanqueando abundantes arrozales

Arrozales en Túcume.13 febrero 2019. Foto R.Puig
y siguiendo hasta llegar a los primeros objetivos de nuestra visita en Túcume

Entrando en Túcume frente a la imponente Huaca (*) del Pueblo. 13 febrero 2019. Foto R.Puig
nos dirigimos a su Museo del Sitio, inaugurado hace menos de tres años y reconocido como «el Mejor Proyecto Mundial de Turismo» por la Asociación Británica de Escritores de Viaje, «debido al potencial turístico del sitio y a la labor social que realiza con las comunidades de la zona».
Es una pequeña joya que nos permite comprender la historia y el contexto del complejo arqueológico de Túcume, poniéndolo en su contexto geográfico.
Un vídeo breve permite entender esta zona de transición entre las culturas Mochica (0 a 1100 d.C.), Lambayeque y Chimú (1100 a 1470 d.C.)

Diagrama de intercambios culturales en la región de Lambayeque. Museo de sitio de Túcume
El departamento de Lambayeque encierra una inmensa riqueza arqueológica e histórica como lugar de transición de tres poblamientos y culturas sucesivas, que se fueron enlazando al ritmo de fenómenos climáticos que siguen hoy en día afectando a la costa norte peruana y que ellos tuvieron que interpretar, de acuerdo con una mitología que fue dando sentido a lo que les beneficiaba, les perjudicaba o les destruía.

Diagrama del panteón de los dioses. Museo de sitio de Túcume
Sus deidades eran variadas en función de su entendimiento del mundo en el que vivían.

Copa de las deidades. Túcume. Foto R.Puig
Invocaban, ofrendaban y sacrificaban

Cráneos de Mono, Venado y zorro. Túcume
a distintas fuerzas sagradas en función de sus necesidades : de subsistencia agrícola

Túcume. La deidad del maíz. Reproducción del Museo del sitio.

Huaco de la deidad del maiz. Museo del sitio. Túcume
o marina

de sus labores

Túcume. La diosa del telar. Reproducción. Museo del sitio.
o de la interpretación de los tres niveles de su cosmos (celeste, terrestre y subterráneo)

Túcume. La deidad de las esferas. Museo del sitio.

Huaco representando las esferas. Museo del sitio. Túcume
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Construcciones

Huaca del Mirador, en proceso de excavación en Túcume.13 febrero 2019. Foto R.Puig
El complejo comprende varias pirámides y conjuntos cívicos, religiosos y políticos, en total 26 edificios de adobe de los cuales ofrece una buena explicación este vídeo que se exhibe en el museo del sitio.

Proyecto de las pirámides de Túcume. Foto R.Puig
Tras nuestro paseo por el museo, seguimos en dirección a la huaca del Mirador, a la que no pudimos subir por razones de horario.
Continuaré en la segunda crónica dedicada a la visita a Túcume, hablándoles de los fascinantes bajorrelieves de la Huaca de las Balsas, del Bosque Sagrado de Pómac y del Museo del Sitio del Señor de Sicán, todo dentro de este riquísimo territorio arqueológico.
Pero no sin antes presentarles al perro dormilón del museo que para escapar al calor reinante disfrutaba de su siesta junto a los lavabos

El guardián del museo. Túcume
Y enviarles un saludo con una deidad que creo recordar representaba algunas fuerzas del mundo subterráneo y que nos miraba sorprendida y no muy satisfecha de su agotadora misión malabarista desde una de las vitrinas del museo

(*) Sobre el significado del término huaca mirara aquí
Danzando con lobos

Pablo al timón, Foto Marie Puig
Hablar de lobos en relación con el océano tiene varias acepciones. Entre otras, podemos estar refiriéndonos a los lobos de mar, lo que remite a los hábiles navegantes que se aventuran por sus aguas; o también a un tipo de mamíferos pinnípedos, propios de mares fríos y de peso y talla variables según las especies; de costumbres acuáticas, por lo que sus extremidades tienen forma de aleta, y se acercan a la costa para criar (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).
Lobos de mar

Pablo y Enrique aparejando las velas. Foto Marie Puig
El martes 19 de febrero, nos embarcamos en los muelles del Club Universitario de Regatas del Callao con dos amigos nuestros que, teniendo en cuenta todas las singladuras que ya han realizado juntos, se merecen el primer calificativo de lobos de mar. Pablo y el que esto escribe nos conocemos desde hace más de cincuenta años. Con Enrique es como si nos conociéramos ya desde hace tiempo, aunque fuese nuestro primer encuentro.
Fuimos cuatro en esta soleada singladura impulsados por vientos favorables. El único que no sabe atar un nudo marinero y no tiene carnet de navegante es este bloguero y polizón afortunado. Mi esposa sí que lo tiene e integró con toda justicia la tripulación que gobernó el velero.

A toda vela en el Santa Ana. Foto R.Puig
Así que, con los mejores augurios y una excelente merienda en el camarote, nos hicimos a la mar los cuatro en el barco de Pablo, el muy marinero Santa Ana.

Dos lobos de mar y un polizón. Foto Marie Puig
En el embarcadero, nos despidieron las vigilantes gaviotas.

Puerto del Callao. Foto R.Puig
Pero, para quienes nada sepan de la Punta del Callao, ni de las aguas que rodean la Isla San Lorenzo, traemos un mapa de la zona por donde mi esposa y yo surcábamos por primera vez aguas del Océano Pacífico en un velero.

Mapa de la zona. Dirección de Hidrografía y Navegación del Perú
Se pasa cerca de los bajíos que se conocen como El Camotal. Teniendo en cuenta que los peruanos llaman camote a la batata o boniato, ya pueden imaginar que embarrancar en estos bancos de arena es como acabar atrapados en un campo de batatas.

Bajíos de El Camotal. Foto R.Puig
De modo y manera, que el paso cerca de estos rompientes te obsequia con un cierto escalofrío.
Pero no nos pongamos dramáticos, el timón estaba en buenas manos, por lo que nos adentramos sin mayores problemas en las aguas agitadas del canal entre la isla de San Lorenzo y la pequeña isla de El Frontón, de triste memoria.

Pescadores en el canal. Foto R.Puig
La imagen satelitar de la ruta que seguimos refleja de algún modo las estrechuras del recorrido en el punto en que parece que estuvimos pasando por encima de las rocas de la extremidad sudeste de la isla de San Lorenzo.

Detalle satelitar de la ruta. Fuente Enrique Azorín
De alguna manera la vuelta a la isla de San Lorenzo nos estaba llevando a las aguas en las que en 1866 uno de esos personajes obcecados y quijotescos de la historia de España pronunció aquello de «más vale honra sin barcos que barcos sin honra» después de bombardear el puerto de El Callao, para nada conseguir, salvo 43 muertos, 83 heridos y 68 contusos del lado español y, según conjeturas, 200 bajas, entre muertos y heridos en el lado peruano, además de grandes pérdidas económicas.

Mapa del Combate del Callao del 2 de mayo de 1866. Wikipedia
Pero esta es otra historia de las muchas que ofrece la insensatez bélica de los seres humanos.
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Lobos marinos

Dolce farniente. Foto R,Puig
Triste honor el de algunos almirantes que como Méndez Núñez estaban abocados tarde o temprano a bombardear y a ser bombardeados. La historia de las marinas de guerra está repleta de estas hazañas bélicas. Pero hay otro tipo de marinos por estas aguas frías de la corriente de Humboldt, que sus solos conflictos son disputar de vez en cuando los favores de la hembra o una parcela de su territorio.
Son los lobos marinos que solemos en España llamar focas y que, protegidos como están en las costas peruanas, se dan la gran vida y disfrutan de solemnes siestas al sol. No sabemos que pudieron sentir durante aquel insensato combate de el Callao, seguramente su principal tarea era como siempre la de reproducirse, alimentarse y no caer en manos de los cazadores de focas. Hoy este último cuidado se les ahorra.

Lobos marinos en los islotes Palomino. Foto R.Puig
Frente a los acantilados de los islotes Palomino hay turistas que se lanzan al agua para disfrutar del aroma y los berridos de los lobos marinos flotando cerca de ellos.

Hay gente para todo. Foto R.Puig
Así que no sólo se acercaban a saludarnos las focas desde el agua, esperando quizás que les lanzásemos una sardina…

Nos saludan. Foto R.Puig
sino que otros ufanos osados mamíferos nos hacían señales de victoria desde las frías aguas

Mimesis lobuna. Foto R.Puig
¿Qué dirían Casto Méndez Nuñez o Mariano Ignacio Prado si levantasen cabeza?
Por nuestra parte, tras dar buena cuenta de los sabrosos bocadillos que sabe preparar Enrique y tras una acrobática operación de reparación del motor atascado por parte de Pablo, patrón y comandante de nuestra mono-flotilla, pudimos emprender la vuelta a la Punta, no sólo a vela sino a toda máquina.

Bordeando San Lorenzo.Foto R.Puig
No faltaban algunos bigotudos lobos marinos que persistían en seguirnos durante un rato.

Atrás quedaban las islas de San Lorenzo y el Frontón.

Islas de San Lorenzo y del Frontón. Foto R.Puig
Era ya momento de arriar velas y volver al punto de partida

Llegando a puerto, Foto Marie Puig
Allí nos esperaban los hieráticos pelícanos

Veteranos. Foto R.Puig
y las vigías del muelle

En el embarcadero. Foto R.Puig
Caía ya la tarde y Pablo y Enrique faenaban aún en el Santa Ana para dejarlo listo para la próxima singladura

Recogiendo los bártulos en el Santa Ana. Foto R. Puig



































