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Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac: visita a la Huaca de la Luna y paseo por Huanchaco.

5 mayo, 2019
Ai-apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

El héroe-dios principal conocido como Ai-apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Nuestra primera visita en torno a Trujillo fue a la cercana Huaca de la Luna, situada en las proximidades de la llamada Huaca del Sol. Entre estos dos lugares de intensa actividad ritual se situó la ciudad capital de los moches. Ambas fueron verdaderos templos superpuestos, pues cada generación construía sobre el templo de la anterior. Como en la mayoría de los sitios arqueológicos de la Ruta Moche se comienza por una visita al museo del sitio, en este caso el Museo de las Huacas de Moche, que recorrimos brevemente. Ofrece información no sólo sobre la iconografía de los bajorrelieves polícromos que han hecho famosas estas huacas, sino sobre la vida cotidiana de los mochicas, su metalurgia, cerámica y orfebrería avanzadas, sus construcciones, sus creencias y sus ocupaciones para la subsistencia.

Máscara en cobre dorado. Museo de las huacas de Moche. Foto R.Puig

Máscara en cobre dorado. Museo de las huacas de Moche. Foto R.Puig

Tanto el museo, como las dos huacas o templos del Sol (éste destruido en sus 2/3 por depredadores en el siglo XVII) y de la Luna, están muy cerca de la margen izquierda del río Moche, al sur del núcleo urbano de Trujillo, y no lejos de su desembocadura.

La Huaca del Sol. Foto R.Puig

La Huaca del Sol (al fondo Trujillo) Foto R.Puig

Vista de la zona urbana y de servicios desde la Huaca de la Luna (al fondo la del Sol). Foto R.Puig.

Excavaciones de la zona urbana y de servicios desde la Huaca de la Luna (al fondo la del Sol). Foto R.Puig.

Nuestro visita se concentró en la Huaca de la Luna, al pie del Cerro Blanco.

Huaca de la luna. Foto R.Puig

Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Las visitas son guiadas. A este respecto hay que señalar que desde el inicio de nuestra excursión hemos encontrado una acogida competente y amable en todos los sitios y museos arqueológicos visitados. En esta visita, la única en la que se exigía ir guiados en grupo, hemos podido constatar que los Guías Oficiales de Turismo del Perú tienen una sólida formación, gran paciencia y disponibilidad para responder a las preguntas que se les formulan y, como nuestra guía nos explicó, han seguido una formación de tres años académicos. Además, cuando se les asigna un destino, reciben un curso complementario sobre el sitio o museo en el que van a desarrollar su trabajo.

Escuchando a nuestra guía. Foto García Solaz

Escuchando a nuestra guía en la Huaca de la Luna. Foto García Solaz

El complejo de la Huaca de la Luna es sencillamente impresionante.

Huaca de la Luna. Millones de adobes. Foto R.Puig

Huaca de la Luna. Decenas de millones de adobes. Foto R.Puig

Sus tres plataformas y cuatro plazas ceremoniales ocupan un rectángulo de 290 por 210 metros donde se superponen cinco edificios diferentes, formados en períodos de cien años y a lo largo de medio milenio.

Fachada orte de la Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Fachada norte de la Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Plaza y fachada norte del templo viejo. Reconstrucción

Plaza y fachada norte del templo viejo. Reconstrucción

Las ceremonias de los mochicas en relación con sus deidades eran diversas, si bien en sus frisos y bajorrelieves policromados lo que más llama la atención es la iconografía de los ritos sacrificiales, motivados en gran manera por los cambios del clima. Se han encontrado 60 esqueletos de hombres, sacrificados y dejados a la intemperie, al pie de la llamada Roca Sagrada integrada en el templo. Había que impetrar el favor de sus divinidades que, si nos atenemos a sus testimonios modelados en arcilla, no eran proclives al apaciguamiento. El llamado Ai-apaec, nombre que al parecer le dieron los conquistadores y a quien los mochicas llamaron con otro nombre que no conocemos, aparece por todas partes con sus dientes felinos y esgrimiendo los instrumentos del sacrificio, en una mano el tumi  y en la otra una cabeza humana, por lo que se le suele llamar el decapitador.

El decapitador. Foto R.Puig

El decapitador. Foto R.Puig

Por lo que nos fue explicando nuestra guía, en los sucesivos niveles se sucede con variantes su imagen. También fue considerado en sus orígenes como el dios de las montañas

El decapitador. Foto R.Puig

El decapitador. Foto R.Puig

Iconografía del dios decapitador. Reconstrucción.

Reconstrucción de la iconografía moche del dios decapitador.

No me quedó muy claro en qué modo compartía su terrible función con la llamada araña degolladora

La araña degolladora. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

La araña degolladora. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

El encaminamiento de los prisioneros hacia la extracción de su sangre y posterior sacrificio está abundantemente representado.

Cuerda de los prisioneros llevados al sacrificio. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Friso de danzantes y de  los prisioneros llevados al sacrificio. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Se celebraban otro tipo de sacrificios, consistentes en duelos rituales entre los mejores guerreros. El que perdía su penacho a manos del contrincante era destinado al sacrificio, lo cual se consideraba un privilegio.  En este caso se les drogaba antes de darles muerte ritual.  Sólo los miembros del poder militar y sacerdotal tenían acceso a estos sacrificios, aunque la plebe podía acceder desde la plaza al ritual de la ofrenda de la sangre que se escenificaba en una terraza del templo por encima de sus cabezas.

Pedestal con escalinata en el templo. Foto R.Puig

Pedestal con escalinata en el templo. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Recreación de la ofrenda de la sangre del prisionero

Recreación de la ofrenda de la sangre del prisionero en la Huaca de la Luna

Aunque predominen las imágenes de las deidades del sacrificio y de los rituales que lo rodeaban, hay otros bajorrelieves, en especial en los niveles más antiguos, que muestran las tradicionales imágenes marinas y faunísticas de la iconografía mochica, de la que ya hemos tratado en este blog.

Iconografías marinas en los niveles primitivos. Foto R.Puig

Iconografías marinas. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

No obstante destaca en particular un sorprendente mural en el que se escenifican mitos y narraciones legendarias. Está situado en los muros que circundan la plaza de la fachada norte. No sé si exagero (doctores tiene el Perú que quizás lo hayan completamente descifrado) pero los desafíos que su interpretación presenta me han recordado los proverbios y aforismos de la cultura antigua y medieval en Europa, como por ejemplo los proverbios flamencos de Pieter Brueghel el Viejo.

Mural de los mitos.Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Mural de los mitos. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Reconstrucción

Reconstrucción

Las abigarradas imágenes de este mural son ingenuas y llenas de símbolos y de explicaciones míticas del universo mochica, tanto que se diría que el decapitador, en alguno de los rombos en los que asoma, se mostrase pasmado ante su infantil belleza y dudase de su destino cruel.

Ai-Apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Ai-Apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Pero lo cortés no quita lo valiente y estas elocuentes señales de tráfico nos amonestan diciendo: ¡ceda el paso o aténgase a las consecuencias!

El dios felino. FotoR.Puig

El dios felino. FotoR.Puig.JPG

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Huanchaco

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Tras nuestra inmersión en ese pasado que revela la Huaca de la Luna y que Rudolf Otto habría calificado como fascinosum et tremendum, volvíamos al presente para ir a cenar pescado y a dar un paseo por Huanchaco.

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig

Este balneario, a dos pasos de Trujilllo, guarda la tradición navegante y pesquera de los caballitos de totora de la cultura mochica.

Caballitos de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Caballitos de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Navegante sobre caballito de totora. Cultura mochica. Lima, Museo del Banco Central de Reserva

Navegante en caballito de totora con cautivos. Lima, Museo del Banco Central de Reserva

En el caballito de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

En el caballito de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Por su playa, por su muelle, por su paseo marítimo, se practica el surf, se pesca, se pasea y se come en los numerosos restaurantes que sirven pescado fresco, preparado de varios modos, entre ellos el tradicional ceviche.

La pasarela de Huanchaco. Foto R.Puig

La pasarela decimonónica del muelle de Huanchaco. Foto R.Puig

En la plataforma del muelle de Huanchaco (*) los pescadores te ofrecen sus capturas

Recién pescados. Huanchaco. Foto R.Puig

Nosotros, cuando sobre el Pacífico se ponía el sol, emprendimos el regreso a Trujillo.

Huanchaco. Perú. Foto R.Puig

Huanchaco. Perú. Foto R.Puig

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Era el viernes 15 de febrero. Para el día siguiente, último de nuestra Ruta Moche, quedaba la visita a Chan-Chan y a la Dama de Cao.


(*) José Carlos Martín Gallardo Ulloa : El muelle de Huanchaco

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