Quinientos años del Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam. Homenaje gráfico de la mano de Frans Masereel y de Hans Holbein
Antes de que acabe el año 2011 no quiero dejar en el olvido el quinto centenario del “Elogio de la locura”. Para ello he escogido a dos ilustradores de la obra, Hans Holbein ( 1497-1543) y Frans o Franz Masereel (1889 -1972), el primero, alemán, pintor de Erasmo y de la Corte de Inglaterra, joven contemporáneo del humanista, el segundo, artista belga, extraordinario xilograbador del siglo XX.
El grabado de Masereel que encabeza esta entrada representa a Erasmo observando las diversas manifestaciones de la insania (The Praise of Folly, edición inglesa de Heritage Press NY, impresa en Holanda por Joh. Enschede, sin fecha, con los grabados en madera de Franz Masereel).
La fecha exacta de la salida de imprenta de Elogio de la locura no se conoce con exactitud. La obra se la dedicó Erasmo a Sir Thomas More en 1509. Entre abril y junio del 1511 se publicó en París. La portada que aquí arriba se muestra es la del ejemplar de 1515, impreso por Johann Froben en Basiléa.
Sobre las resmas impresas pero no encuadernadas de un ejemplar de esa edición Hans Holbein dibujó a la pluma sus viñetas, a las que su hermano Ambrosio Holbein (1494-1519) añadió unas pocas más. En total son 82 ilustraciones al texto y a los comentarios de Gerardo Listrius y de Erasmo mismo que lo enmarcan. Hans Holbein el Joven no había cumplido aún los diecinueve años. Aquí aparece retratado unos años antes por su padre, Hans Holbein el Viejo
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Ilustrando la ironía erasmiana
Por entonces, como resultado de algunas de las conductas insensatas que el libro señalaba, exaltándolas irónicamente por boca de su protagonista, la Moria o Stultitia, ya se estaban cociendo en Europa aquellas disensiones que llevarían al enfrentamiento promovido por las jerarquías y los clérigos cristianos.
«apóstoles armados de lanzas, catapultas, hondas y bombardas para ir a predicar el Crucificado»
Si los mandarines eclesiásticos de la época hubiesen escuchado a Erasmo y dejado de lado sus torres de Babel teológicas Europa se habría ahorrado dos siglos de guerras y masacres, con innumerables muertos y la desolación que todo eso acarreó.
Claro que entonces se hubiesen ido al paro la mitad de los teólogos, frailes, pastores y mandatarios, tanto protestantes como católicos, y los inquisidores de ambos lados no hubieran tenido nada que hacer. ¡Ah! Y el martirologio tanto católico como protestante no habría engordado tanto.
«Alguien quería saber qué texto de las Sagradas Escrituras mandaba quemar a los herejes, en vez de convencerles con argumentos. Un viejo de gesto severo, cuyas cejas revelaban al teólogo, respondió con vehemencia que era una regla establecida por el apóstol Pablo…»
La costumbre europea de matarse entre pueblos y naciones por motivos religiosos, dinásticos, económicos, nacionalistas y chauvinistas, que ya había identificado Erasmo en el siglo XVI, seguía más viva que nunca en el siglo XX, el más mortífero de la historia
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Otras locuras
No se llega a sabio sin enloquecer…
Ni a poeta
Ni a filósofo
La locura de la la adulación, dos asnos rascándose mutuamente
El vano orgullo de las hazañas de los antepasados…
¿Burbuja inmobiliaria?
Crecimiento ilimitado…
Dinero y poder…
«Los locos, por el contrario, rebosan dinero, se apoderan del timón del Estado y en poco tiempo prosperan en todos los aspectos»
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Exhortación final
«¡Aplaudid, prosperad y bebed, ilustres iniciados de la Locura!»
Sería una entrada inacabable si trajéramos aquí los ochenta y dos dibujos de Holbein y los veintiocho grabados de Masereel.
Así que concluimos con una versión del retrato de Erasmo de Hans Holbein (Louvre) en un grabado presentado en el Salón de 1878 por Félix Bracquemond (1833-1914) y Henri Lefort des Ylouses (1846 -1912), este último famoso también por su técnica gipsográfica ( ver: http://musette.free.fr/brolls/brols63.htm )
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Para leer el Elogio de la locura en castellano
Esta es una selección de ediciones en el mercado español (reciente o… de segunda mano):
Elogio de la locura o Elogio de la sandez, Madrid, Librería Bergua, 1936.
Elogio de la locura, introducción de José Luis Vidal, traducción prólogo y notas de Antonio Espina, Barcelona, RBA, D.L., 1995.
Elogio de la locura, traducción F.J.H., Barcelona, Ediciones 29, 1997.
Elogio de la locura, traducción de Felipe Payro Carrió, prólogo y presentación de Francesc L. Cardona, Barcelona, Edicomunicación, 1998.
Elogio de la locura, Madrid, Alba Libros, 1998.
Elogio de la locura, introducción, traducción y notas de Pedro Rodríguez Santidrián, Madrid, Alianza Editorial, 1998. (Alianza editó también en decadas anteriores una traducción de A.Rodríguez Bachiller.)
NOTA: La versión de Santidrián se acaba de incluir en la selección de textos de Erasmo que acaba de publicar la Editorial Gredos
Elogio de la locura, traducción de Teresa Suero Roca, prólogo de Fernando Arrabal, Madrid, Unidad Editorial, 1999.
Elogio de la locura o encomio de la estulticia, introducción de José Antonio Marina, edición y traducción de Pedro Voltes, Madrid, Espasa Calpe, Colección Austral, 1999. (Esta traducción la reedita Planeta Agostini en 2002 y Espasa Calpe de nuevo en 2003.)
Elogio de la estulticia, traducción, introducción y notas de Luis Blanco Vila, Madrid, Torre de Goyanes, 1998.
Elogio de la locura, traducción de Julio Puyol (que data de 1917), introducción de Pedro Donoso, Algete, Jorge A. Mestas, 2001.
Elogio de la estupidez, edición de Tomás Fanego Pérez, Madrid, Akal, 2004.
Elogio de la locura, introducción, traducción y notas de Jorge Fernández López (con ilustraciones de Hans Holbein), Marbella, Edinexus, 2006.
Archivos romanos (III): Giorgio De Chirico en el Museo Carlo Bilotti o la decadencia de una idea
Cuando un artista ha dedicado casi setenta años a la pintura no se le puede clasificar fácilmente. Sin embargo, Giorgio De Chirico (10 de julio 1888 – 20 de noviembre 1978) se etiquetó a sí mismo ya desde sus comienzos, poco después de su sonada irrupción en el mundo de las vanguardias en 1909 y en especial cuando lanzó su “escuela metafísica” junto con el futurista Carlo Carrà, después de que se conocieran en el hospital de campaña de Ferrara. La guerra real era muy diferente a la poetizada por Marinetti, así que mejor dejarse de ensalzamientos bélicos y buscar otros derroteros menos sangrientos.
De Chirico pretende revelar lo que de “fantasmal y metafísico” se esconde tras las apariencias y se dedicará desde muy pronto a plasmar en sus telas y esculturas algo que –según él- sólo algunos individuos privilegiados son capaces de observar “en momentos de clarividencia y abstracción”. De un romanticismo simbolista pasó sistemáticamente a desvelar en su pintura todo lo que de extraño sale de las trastiendas de lo cotidiano, anticipando así el surrealismo.
La llamada “pintura metafísica” tuvo éxito y su influencia temática, sus conceptos, su forma de reinterpretar los espacios de la pintura del Trecento italiano y del clasicismo más emblemático, fueron copiados y re-copiados por muchos pintores, ilustradores, grafistas y arquitectos, hasta el punto de determinar la orientación estética de la época fascista. De Chirico fue también escultor, grabador y escenógrafo, polivalencia que caracterizó a los artistas de las vanguardias.
No hablo aquí de toda la pintura de De Chirico, muchos de cuyos cuadros me fascinaron de joven y sobre la que sería por mi lado temerario disertar.
Me limito a dejar un testimonio de mi visita al Museo Carlo Bilotti, que se encuentra dentro del parque de Villa Borghese en Roma, a unos diez minutos a pie del Piazzale Flaminio.
Las obras del “metafísico” De Chirico que se guardan en esta colección corresponden a sobre todo las dos últimas décadas de su aventura intelectual y poética, cuando ya se dedicaba a copiarse a sí mismo y a realizar sus últimos autorretratos (se pintó centenares de veces).
En aquellos años el desencanto del mundo y la nostalgia de lo clásico se vuelven a reflejar en su obra, aunque los defectos de su técnica pictórica se acentúan. Más que él mismo parece el plagio de sí mismo.
Digamos de paso que falsas obras de De Chirico proliferan por el mundo y son de laboriosa identificación, sobre todo porque, obtenida la resonancia internacional, su virtuosismo decayó.
No es difícil encontrar pintores y críticos que opinan que Giorgio De Chirico, desde un punto de vista técnico, fue a menudo un pintor descuidado e incluso deplorable, y no porque no se hubiese formado con rigor ¿Anticipó de este modo un “arte conceptual” en el que la idea es más importante que la calidad de la ejecución?
En cierto modo volvemos a toparnos con el dilema entre calidad técnica del proceso, del tratamiento y de los materiales de la pintura e innovación temática y conceptual.
Hay quienes –los menos- consiguen aunar las dos cosas, hay quienes descuidan o martirizan la técnica en beneficio del impacto de las ideas y también, al contrario, aquellos cuyo admirable virtuosismo y calidad técnica se empantanan en la insulsa repetición y en el desmayo de sus contenidos.
La verdad es que a lo largo de una extensa carrera un mismo artista puede crear obras deudoras de todas estas tesituras.
Para mantener siempre al 100 % tanto la calidad de ejecución como de idea hace falta, por poner un ejemplo, ser otro Caravaggio
En cualquier caso hay críticos que opinan que esta última etapa del viejo De Chirico es un ejercicio de auto-ironía, lo que disculparía sus imperfecciones. Su aparente dejadez sería voluntaria. Pero la verdad es que algunos detalles de estos cuadros del Museo Billoti habrían conducido a un estudiante de Bellas Artes a un suspenso seguro.
Giorgio De Chirico escritor y teórico:
…nella parola «metafisica» non ci vedo nulla di tenebroso; è la stessa tranquillità ed insensata bellezza della materia che mi appare «metafisica» e tanto più metafisici mi appaiono quegli oggetti che per chiarezza di colore ed esattezza di misure sono agli antipodi di ogni confusione e di ogni nebulosità»
…en la palabra “metafísica” no veo nada de tenebroso; es la tranquilidad y la insensata belleza de la materia las que en sí mismas se me presentan como “metafísica” y más aún me aparecen como metafísicos aquellos objetos que por la claridad del color y la exactitud de medidas están en las antípodas de toda confusión y de toda nebulosidad
de «Noi metafisici» (“Nosotros los metafísicos”) 1919
Todavía hoy se siente la influencia de sus ideas en pintores italianos contemporáneos que exponen actualmente en Roma, pero de eso hablaremos otro día…
Göteborg (3): reflejos en el agua de sus canales
No es Venecia pero…
Las gentes van y vienen por el centro de Gotemburgo en las cercanías de la estación, zona de oficinas y comercios, lugar de encuentro, emplazamiento para los recolectores de firmas para peticiones diversas o para inscribirse en alguna ONG, barrio atravesado por numerosas líneas de autobús y de tranvía.
Te mueves cien metros, te acercas al canal y el tiempo se detiene. Puedes mirar las severas fachadas a través de su reflejo, retroceder hacia los tiempos del auge industrial de la ciudad cuando su puerto hervía, el carbón se descargaba en sus diques y se quemaba en sus centrales, y para facilitar el tráfico de las gabarras se construían esclusas en los canales que cruzaban el centro y por donde hoy pasean en motora los turistas durante la época estival.
Esta esclusa es de 1873. Lo mismo que los dos puentes cercanos en hierro colado, que no obstante su funcionalidad se adornan con formas evocadoras del arte modernista de la época
Acodados en la barandilla dejamos pasar el tiempo hipnotizados por los reflejos del agua del canal, enfundados en nuestro abrigo y refugiados bajo el confort de la bufanda
Hay un ir y venir de tranvías en la otra orilla
y los árboles del cercano parque de Trädgårdsföreningen nos invitan a continuar nuestras divagaciones por sus veredas
No será Venecia, pero todas las ciudades con antiguos canales, y esta no es una excepción, tienen duende…
Cuando el otoño se viste de rojo y noviembre es de los poetas
Luz de otoño en el pantano de Contreras
Entrando ya en tierras valencianas y saliendo de Castilla la Mancha la autovía circula sobre altísimos viaductos para sortear las varias colas del pantano de Contreras. Esta vez, en mi viaje desde Madrid, la tarde era fresca y soleada e invitaba al desvío.
Por Villargordo del Cabriel se sale entre viñedos en dirección del “Rabo de la sartén”, uno de los varios recodos donde el agua se acomoda. ha concluido y las páginas de Pierre Henri de Valenciennes, dedicadas a comentar las posibilidades que el Otoño ofrece al artista, parecen escritas para la ocasión:
El prodigio del calor de los rayos del sol ha robado la savia nutricia de las plantas, las semillas y los granos que son útiles al hombre han sido cosechados, los frágiles tallos que los sostenían se han secado, así que es inevitable que el paisaje cambie de color; y que se acentúen sus variaciones de tono. Los árboles de fibra más blanda, que por ello fueron los primeros en dar sus brotes nuevos al comienzo de la primavera, se marchitan antes que aquellos con un tejido leñoso más compacto y más duro. Los frutos, alcanzado el crecimiento perfecto, no permanecen en el árbol sino para adquirir toda su perfección; el de la viña es uno de los últimos en llegar a su madurez. Incluso los pámpanos de este arbusto se decoloran antes de tiempo; adquieren un tono rojizo y dorado que rompe la monotonía de los verdes y otorga a las comarcas de viñedos una fisionomía completamente distinta
El Otoño ofrece a los Artistas escenas verdaderamente interesantes. La diversidad de tintas que se extiende por la Naturaleza es muy notable; la atmósfera es menos pesada y el calor más soportable. Hay más animación en el paisaje, pues los campos están más habitados y sus placeres son más frecuentes y variados. El comienzo de esta estación muestra la fuerza, el poderío, la riqueza y la majestad de la Naturaleza. Todos los productos vegetales han alcanzado su perfecto desarrollo; el color de los frutos no puede casi compararse sino consigo mismo y los contrastes entre sus diferentes formas aumentan aún más el encanto de este espectáculo
Con el fin del Otoño, a pesar de los goces reales que nos procura, la satisfacción del espíritu no es del todo pura. La idea de la destrucción que insensible avanza perturba los placeres que degustamos. Los árboles pierden su verdor y el tiempo su serenidad. El sol acorta cada día su carrera. Las nieblas frías y húmedas se apoderan de la atmósfera y hacen caer las últimas hojas. Las lluvias comienzan; las aves de paso se agrupan para emigrar; las que habitan las aguas se dejan ver. El urbanita vuelve a la ciudad para refugiarse en ella de los rigores del invierno que a grandes pasos se acerca. Su retorno al hogar anuncia el encuentro cercano con su familia y sus amigos, que con él van a consumir los productos que ha recolectado en sus fincas.
El Artista trae consigo el resultado de sus observaciones y los estudios que ha hecho en el campo. Llegado a su atelier, abre su carpeta; y como ya no puede comparar sus dibujos con la Naturaleza, su satisfacción reside más en sí mismo. Viendo su obra se acuerda perfectamente de los lugares que ha copiado; todos los fenómenos que ha observado se reproducen en su memoria… (Ibidem)
De la parte de Jaraguas hacia Utiel y Valencia
Las cubas de una bodega de Jaraguas están llenas de mosto, mientras los pámpanos de los viñedos descargados de sus frutos parecen ser los centinelas de una especie de guardia roja.
El atardecer nos está alcanzando y, tras admirar un viejo árbol que un sol moribundo carboniza, retomamos la carretera en dirección de Valencia, no sin sentir toda la magia de las tierras cárdenas y los viñedos incendiados de las tierras de Utiel
Por los llanos costeros de la Comunidad Valenciana no es el de los viñedos despojados sino el color de las naranjas en sazón lo que domina el paisaje.
Las cultivos rodean los pueblos de la costa y de sus valles adyacentes.
Los amaneceres y atardeceres frente al mar se distinguen de los del verano. El sol empieza a caer sobre la planicie del Mediterráneo con rayos oblicuos y cada mañana y cada tarde nos trae un nuevo despliegue de colores y tonalidades.
Otras púrpuras
El rojo es también el color preferido de muchos cardenales y papas. Ya se vestían así en tiempos de Velázquez y mucho antes, como dejó plasmado en su retrato del simpático Inocencio X de la Galería Doria Phampilj
Este cuadro suscitó varias interpretaciones significativas de Francis Bacon como la quese exhibe en los Museos Vaticanos, en la colección de pintura contemporánea que inició Pablo VI
Aunque, parece que el paso del tiempo ha hecho todavía más alambicados los gustos papales en materia de moda, si consideramos esta foto de Benedicto XVI publicada hace poco por El País. Parece que la alta jerarquía eclesiástica también se viste de la decadencia del otoño. ¿Habrá por ahí otro Francis Bacon que la transfigure de nuevo?
Pero volvamos a los frutos del arte y de la creación literaria…
Tomas Tranströmer y el mes de noviembre
Para acabar esta miscelánea otoñal que comenzaba con las reflexiones de un pintor he pensado que nada mejor que un poema que el premio Nobel de literatura 2011, Tomas Tranströmer, dedicó al mes de noviembre de 1962.
Por desgracia las traducciones que aparecen en la edición bilingüe de NórdicaLibros titulada “Deshielo a Mediodía (2011) y en el volumen sólo en castellano titulado “El cielo a medio hacer” (2011) son decepcionantes.
Así que he preferido traducirlo yo y asumir mis posibles defectos de traducción.
Variaciones de la espléndida pelliza de Noviembre
A que el cielo sea tan gris
debe la tierra su fulgor incipiente:
los verdes bravíos de los prados,
las tierras roturadas como un pan de sangre.
Presencia del granero de paredes rojas.
Los campos anegados
como arrozales de algún Asia brillan:
allí se detienen gaviotas y recuerdos.
Los neblinosos claros en medio del bosque
intercambian sus lentos tañidos.
Inspiración que oculta vive
y como Nils Dacke por el bosque huye.
Nota: En el siglo XVI el jefe campesino rebelde Nils Dacke , héroe legendario de Småland, escapó por un bosque herido y perseguido por las tropas de Gustavo I de Suecia
Lo versos de Tranströmer me han traído a la memoria algunos de los versos de Baudelaire en su poema “Correspondances”:
La nature est un temple où des vivant piliers
Laissent parfois sortir des confuses paroles
L’homme y passe à travers des forêts de symbols
Qui l’observent avec des regards familiers
…/
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent
Como no he podido ir en estos días a Småland, donde los campos roturados del otoño, lo puedo asegurar, parecen tierras mezcladas con sangre seca, no he podido fotografiar aquellos llanos y bosques que inspiraron a Tranströmer y que vieron las luchas de los campesinos católicos contra el rey luterano, así que me tengo que contentar con una foto de los campos de labranza como se ven estos días al sur de Gotemburgo y del otoño en la ciudad, justo junto a la fachada de la universidad
Archivos romanos (II): bajo la sombra del arcángel oscuro
A fines de setiembre la pinacoteca del Castel Sant’Angelo estaba cerrada. Así que mi visita se limitó a deambular, en compañía del alma de Adriano, por las rampas, escaleras, bastiones y salas de su mausoleo, convertido siglos más tarde en fortaleza y residencia de papas, y en prisión y abigarrado museo de armamento tras el Risorgimento (por cierto que los proyectiles de piedra, apilados en los cuatro bastiones que llevan el nombre de los cuatro evangelistas, son demasiado grandes para las embocaduras de las bombardas y culebrinas que en ellos se exhiben).
En síntesis, un exterior de extensas y luminosas vistas
y un interior lúgubre y sugerente
Parece ser que el muy culto emperador Adriano no sólo se rodeaba de artistas y filósofos sino que en su lecho de muerte tuvo el estro suficiente como para escribir la famoso invocación al alma, que se puede leer en la “sala de las urnas funerarias” de la parte más antigua del castillo, la construida para tumba de él mismo y de su familia
Palabras que dirige al alma el emperador Adriano moribundo:
Alma pequeña, errante y blanda,
Huesped y compañera del cuerpo
¿Dónde tendrás ahora tu morada?
Pálida, rígida, desnuda,
Privada de tus sólitos juegos
¿Quién anda por ahí?
Cuando vago por un museo me gusta hablar con los vigilantes de sala. Por varios motivos, por un lado, muchos de ellos saben o imaginan cosas que ni un experto conservador te cuenta y, por otro, se aburren bastante y, con frecuencia, sobre todo en Italia, agradecen una charla. De hecho la mayoría de los turistas pasan junto a ellos veloces y apurados, considerándolos como una pieza más de la exposición.
En la sala de la biblioteca, justo debajo de la sala de los juicios y torturas, la vigilante me habla de sus miedos en las tardes invernales, cuando ya se acerca el momento del cierre y en el frío recinto que le toca guardar no queda ni un solo turista.
No es extraño que sienta escalofríos quien tiene que pasar horas en las salas por donde circuló el papa Alejandro VI Borgia o el menos conocido Nicolás V, no menos responsable de otras crueldades, sobre todo la de legitimar el tráfico de esclavos con su bula Romanus Pontifex otorgada a Alfonso V de Portugal para la compraventa de africanos.
Por esas estancias anduvo también el vengativo Urbano VIII Barberini. Este papa, además de entretenerse en expoliar la antigua Roma (“quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini”), no quiso perderse las sesiones del proceso contra Galileo que el mismo papa, celoso y vengativo, impulsó.
Por no hablar del torpe Clemente VII Medici, más preocupado por su familia que por la búsqueda de la paz y la concordia y que murió por ingestión de setas venenosas.
Tampoco otro habitante de estos recintos, Bonifacio IX, se divirtió demasiado, aunque pudo darse el gusto de quemar a los líderes de un movimiento de autoflagelantes que, indignados, iban por Roma dándose latigazos en la espalda.
Otros pontificios ocupantes del castillo fueron Julio II de la Rovere, quien, aparte de dedicarse a la guerra y a sus aficiones pedófilas más que a la Iglesia, esquilmó a sus súbditos para financiar sus campañas y sus mecenazgos artísticos, y Paolo III Farnesio,el único que no dejó recuerdos de pesadilla y se preocupó de mejorar la Iglesia. Ambos añadieron al conjunto sus respectivas loggie,que hoy en día llevan sus nombres.
Otro inquilino del lugar fue León X Medici, quien, aparte de excomulgar a Lutero, prefirió dedicarse a la buena vida (la venta de indulgencias engrasaba las cuentas de la iglesia romana) en vez de hacer la guerra como su predecesor Julio II.
Así que no sorprende que, según nos cuenta esa buena señora, en las tardes de invierno, cuando ya no queda un alma (aunque puede que –vagula– ande por allí la de Adriano) se oiga un sonido de pasos por esas salas. Más aún, la guardiana nos susurra que sobre el polvo de los viejos muebles una restauradora ha encontrado por la mañana las huellas de los pasos descalzos de unos pies infantiles.
Todo esto me lo contó esta señora que vigila la “sala de la biblioteca”, justo debajo de la “sala de la justicia”, es decir la de los ajusticiables.
Aunque el Castel Sant’Angelo sea hoy territorio del estado italiano, desde sus ventanas se atisba la presencia vigilante del Vaticano, y en el túnel que los une me ha dicho un amigo que fue guardia suizo en su juventud que hay todavía una división fronteriza.
Así que, por mucho que represente a San Miguel, el ángel que preside la cima del Castel Sant’Angelo es un arcángel oscuro, cuyo brazo no temblaría al cortarnos la cabeza o empujarnos con la masa de los réprobos en el Juicio Final.
No así los blancos ángeles barrocos, evocadores de las fases de la pasión de Cristo, que flanquean el puente de acceso al castillo, lugar preferido de los turistas para hacerse sus fotos.
La obra de Gianlorenzo Bernini
Gianlorenzo Bernini proyectó doce estatuas angélicas para el ilustre puente, de las cuales él realizó dos con sus propias manos. Los originales de esas dos están a buen recaudo en el templo de Sant’Andrea delle Fratre, aunque, según Rudolf Wittkower (La escultura; procesos y principios, Alianza Editorial, 2002), el artista esculpió en secreto otro original de uno de esos dos, si bien ambas, las que están sobre el puente, se consideran hoy como copias hechas por sus discípulos.
En la citada iglesia (aunque sin la perspectiva abierta al cielo que Bernini quiso darles), no lejos de la Plaza de España en Roma, podemos admirar el ángel con los instrumentos de la pasión y el ángel con la leyenda de la pasión
Los modelos o esbozos de Bernini
Sobre la forma de trabajar del taller de Bernini a partir de modelos en arcilla y paja sobre una armazón de alambres de hierro y madera, nos da idea los que se conservan en la Pinacoteca de los Museos Vaticanos, que fueron el esbozo para otros ángeles en bronce que se encuentran en la Basílica de San Pedro. Para adentrarse en los procedimientos de la escultura en Italia, de nuevo recomiendo la obra de Rudolf Wittkower (entre los cuales destacan sus magistrales clases en el Christ’s College de Cambridge, en el curso 1970-1971, de este magnífico profesor americano recogidos por su viuda) y para saber más sobre los ángeles en el arte, se puede acudir al libro de quien ha sido mi profesor de anatomía artística en Roma, Marco Bussagli, Ángeles: orígenes, historias e imágenes de las criaturas celestiales (Everest, 2007).
Pero, dejando atrás fantasmas y otros ectoplasmas, acabemos esta entrada con la imagen optimista de Euterpe, la musa de la música, pintada al fresco por Perino del Vaga en la abigarrada sala de los grutescos de inspiración romana de los apartamentos farnesinos del Castel Sant’Angelo.
Esta entrada la dedico a mi nieto que vive en España y a mi nieta que vive en Inglaterra (y a sus mamas y papas respectivos)
Se celebran muchos aniversarios y yo, para no ser menos, y remontándome al año 1981, voy a celebrar uno que ha pasado desapercibido. Se ve que con la crisis, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales no tiene fondos para las cosas más importantes
Mi celebración se inicia en compañía del “hombrecillo indomable” de Hans Traxler que tradujo Miguel de Azaola
Aquel hombrecillo imperturbable que “un verano encontró una esponja a mano”
Tras varias peripecias -¡ay!- se deja arrastrar por la “hibris” y quiere tener alas cual un ícaro de sombrero y bigotito.
¿Por qué será que los bigotitos masculinos han acompañado a tantas desmesuras y desmanes de sus portadores?
Pero, volvamos a nuestra historia, el caso es que, para su desventura, el hombrecillo “echa a volar de repente»
Una colección inolvidable
En 1981 Ediciones Altea comenzó la publicación de la colección de cuentos o historietas de bolsillo Altea Benjamín, que fue recogiendo la obra de los mejores autores de narraciones breves ilustradas para chicos y grandes. No es posible enumerar todas.
Como ejemplo sirva una de las de Tony Ross, que traducía Miguel Diéguez.
El zapatero en su banco maquinaba cómo hacerse rico…
En fin, a medida que desde aquel año iban saliendo yo se los compraba a mis hijos, hasta completar los más de cien tomitos que integraron la serie.
Acabo de regalárselos a mi nieto y a mi nieta. Así, según vayan creciendo, irán disfrutando de ese maravilloso surrealismo infantil que rezuman estos libros y de sus extraordinarias ilustraciones.
La verdad es que, en mi biblioteca, he empezado a echar de menos una de las obras cumbre de aquella colección…
Una vez leído “El gusano, ese desconocido”, de Janet y Allan Ahlberg, nadie podrá usar ya en forma despectiva o como insulto el término “gusano»; ¡nada como el conocimiento para borrar los prejuicios! Más de un pescador dejaría de ensartar lombrices inocentes en sus anzuelos.
Esta obra, que tradujo Juan Azaola, concluía con la página siguiente:
Desde sus primeras páginas, esta obrita nos aportaba ya algunas nociones importantes sobre la inteligencia de los gusanos en su lucha por la supervivencia
Recordando además que para resolver las dudas que tengamos sobre el cociente intelectual de nuestro gusano, hay un test muy simple que se puede aplicar en la mesa de la cocina…
En cualquier caso, se recomiendan algunas precauciones antes de adquirir nuestro gusano de compañía, no sea que nos den gato por liebre, o, más bien, matasuegras por gusano
Para acabar, y –como este es un blog que alardea de una discreta erudición artística- no puedo menos de reproducir la obra maestra del barroco gusanesco, proyecto de los famosos escultores Gusanini y Gusalvi, que en sus fases sucesivas impulsaron varios vermipapas, pertenecientes a las ilustres familias de la los Anelidos, los Platelmintos y los Nematelmintos, que tantos cardenales y pontífices dieron a la historia de los Estados Vermificios. Estos datos no vienen en el libro sino que son fruto de mis sesudas investigaciones en la Biblioteca Vermicana.
Me refiero claro está a la renombrada “Gusana di Trevi”
Esculpiendo por los montes donde Horacio descansaba
Esta entrada la dedico a Marie, mi mujer, que trató de venir a participar en el evento y a quien eché mucho de menos pues, al final,no pudo y se ha tenido que contentar con las fotos; y a mis profesores de escultura en Altea, Paco Benavent, Tatiana Sentamans y Rocío Villalonga, y en Roma, Oriana Impei, de los que tanto he aprendido en estos tres últimos años.
En son de luz llegué a Roma y en son de luz me alejo de ella
Esta entrada comienza como la primera de este blog en noviembre del 2010, con una puesta de sol sobre el mediterráneo. Atardeciendo llegué a Roma y atardeciendo le digo adiós, sobre la misma nave que me trajo.
https://ensondeluz.com/2010/11/07/3/
Mi última semana en Roma, o mejor dicho en la provincia de Roma, ha estado dedicada al proyecto “Percorso d’arte nel giardino dei Cinque Sensi”, dirigido por la escultora y profesora Oriana Impei, de la Accademia di Belle Arti,
He podido así acabar e instalar mi escultura “A l’ascolto dell’acqua”, en el bosque del “Parco Regionale dei Monti Lucretili”.
Licenza y Horacio
Una zona del parque, más en concreto el “jardín de los cinco sentidos”, está en territorio de Licenza, localidad encaramada sobre los preapeninos de la provincia de Roma.
El pueblo está situado monte arriba. Antes de llegar se pasa junto a la entrada de la “villa de Horacio”, lugar de retiro placentero del poeta, que nos hace pensar en aquél famoso épodo 2,1 que leíamos en el colegio, y que comienza así:
Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico meles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentorum limina.
…/
Dichoso aquél que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres, dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes, libre de toda deuda, y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar, que evita el foro y los soberbios palacios de los ciudadanos poderosos.
(fuente: http://sapiens.ya.com)
¡ Pero ya me estoy yendo por los cerro del Lazio !
La verdad es que no podría añadir nada original sobre esta “villa de Horacio” a lo que ya dicen algunos sitios web. Por desgracia suele estar cerrada y sólo se accede previa petición. En caso de estar interesados, podéis encontrar fotos y documentación sobre este histórico lugar:
https://www.licenzaturismo.it/localita-villa-di-orazio
http://www.fastionline.org/docs/FOLDER-it-2004-8.pdf
Pero lo que sí puedo hacer es imaginar a Horacio componiendo algunas de sus obras junto a estas montañas cubiertas de bosques. Aquí anidan hoy algunas parejas de águilas reales y campan varias manadas de lobos.
En una de las salidas de los numerosos barrancos se sitúa la cascada del “giardino dei cinque sensi”. Junto a ella también se puede sentir aquella beatitud horaciana.
Así que hoy concluyo “la saga de la piedra”, la historia de un proyecto de cuyo comienzo informaba en este blog el 28 de junio.
Aquella entrada terminaba con las imágenes de un bloque de “lapis tiburtinus”: https://ensondeluz.com/2011/06/28/fin-de-curso-la-saga-de-la-piedra/ que, ya tallado, convive ahora con el agua y el bosque en estos parajes.

La última semana del proyecto (lunes 19 a domingo 25 de setiembre)
Así estaba el parque en el mes de febrero cuando lo visitamos para precisar la localización de los emplazamientos para nuestras esculturas, que aludirían a los cinco sentidos.
Y este era el aspecto de la cascada. Junto a ella propuse instalar mi obra, “a la escucha del agua”, una escultura de un metro ochenta que evoca una gran oreja, en cuya parte posterior una concavidad acampanada se orienta hacia las aguas del riachuelo.
Es una masa pétrea, primitiva, con algo de esas estelas escandinavas marcadas por las runas vikingas (aunque en este caso el alfabeto aquí plasmado sea sólo el del escalpelo y la gradina). Los surcos que he tallado en ella recuerdan la corteza de los árboles y se integran en el rincón umbrío junto a esta caída del agua. Las repetidas incisiones pretenden hacer pensar a las vibraciones del sonido que el arroyo emite.
El caminante apercibe la escultura desde el sendero como una invitación a aproximar su oído, a cumplir un rito, a sentir el rumor del arroyo, como homenaje a los espíritus del agua y a las ninfas del parque. Es un juego de puerilidad silvestre. Los escolares que visitan el parque lo apreciarán.
Trabajando duro
La semana del 19 al 25 de setiembre ha sido de intenso trabajo, con la ayuda generosa y continua del personal del parque. Stefano Sorrentino, Stefano Panzarasa, Giuseppina, Donatella (me quedo con las ganas de mencionar a todos) nos han ayudado incansables
Algunos, come Giuseppina, que empuña aquí la trepanadora, han descubierto en estos días una inesperada vocación para la escultura el piedra
Las sabrosísimas comidas en la “Osteria de Gustavo”, donde su hijo Daniele nos trató a cuerpo de rey, las costeó la Accademia di Belle Arti de Roma. En el bar venden unos helados excelentes. El café también lo es, tanto ahí como en el otro bar del pueblo, el de la señora Maria Grazia. La gente del pueblo ha sido amabilísima con nosotros. Si alguna vez caéis por este lugar encantado ir a saludar de mi parte a la señora Rina, en cuya tienda yo compraba manzanas y ciruelas todas las mañanas. Es una experta en hierbas y plantas silvestres medicinales o comestibles.
El Comune de Licenza nos obsequió con el alojamiento en la “foresteria”, un ala del Palazzo de los Orsini restaurada, en la parte más alta del pueblo, al final de empinadísimas subidas, en la plaza del castillo. La foto muestra la entrada de nuestro alojamiento.
Los ocho escultores (siete alumnos y la profesora Oriana Impei de la Accademia di Belle Arti de Roma) teníamos que acabar nuestras obras en esa semana. Están talladas en bloques de travertino y evocan la sensorialidad y los cinco sentidos. Las esculturas permanecerán en el parque. Hemos empleado hasta tres generadores, prestados por la gerencia del parque, para accionar las herramientas, así como un compresor para los martillos neumáticos. No obstante, una buena parte del trabajo requiere el uso, manual, de mazas, escalpelos y gradinas.
El lunes 19 llovió a mares y tuvimos que resignarnos a perder una jornada de las seis previstas, pero del martes al sábado nos beneficiamos de un tiempo soleado (y caluroso), a pesar de varios imprevistos de tipo técnico o logístico que entre todos solventamos con tesón. Grupos de alumnos de varias escuelas y de un colegio de la zona nos visitaron en compañía de sus profesores y pudieron observar en directo nuestra labor.
Los artistas
La obra de Fabio Arrabito,»il seme», ha demandado un gran esfuerzo físico. Evoca una semilla sobre su vaina y responde al espíritu naturalista del parque.
De vez en cuando hay que reposarse, en este caso es María Pía Amato, autora del “SpeOcchio” (el espejo-ojo) quien se toma un descanso.
Me quito la máscara para el polvo y las gafas de protección y hago una pausa para posar junto a mi trabajo en curso.
La escultura de Michelangelo Valenti plasma la parte superior de un cuerpo que no sabemos si emerge laboriosamente de la piedra o está en el proceso de fundirse con ella.
El laberinto interno del oído, esculpido a modo de caracol por Francesca Asquino, adentra sus antenas en la tierra para escuchar todo lo que ella tiene que contarnos.
La profesora Oriana Impei, alma y energía del proyecto, en plena faena.
Durante la inauguración Oriana explica su escultura, que evoca el sexto sentido, la intuición. Es una gran mano de travertino, de uñas en onix, surcada por la línea de Mercurio, la de la sensibilidad, en la que germinan las hojas blancas y nacaradas de la Lunaria.
La colaboración inestimable de Matthias Omahen, escultor y grabador, casado con la profesora Impei, ha sido esencial para el proyecto. Aquí le vemos dando una mano, a través de la abertura de una de las esculturas, el «SpecOcchio» de Maria Pia Amato.
Maria Beatrice Tabegna talla su escultura dedicada al viento, que ha sido obsequiada al municipio de Licenza
Eugenia Appetito puede descansar directamente sobre su escultura, que representa la interacción de los cincos sentidos
“Last but not least” ha habido otro artista, Marco Mazzei, el fotógrafo y realizador, que nos ha seguido en estos días, en medio de la polvareda, y ha captado los trabajos. El fruto de su esfuerzo será una producción sobre DVD que sintetizará el proyecto.
Moviendo toneladas
El viernes 23, el camión dotado de grúa, facilitado por el arquitecto municipal, sirvió para poner en pie y sobre sus basamentos las esculturas. Vemos aquí como traslada la mía y con el brazo mecánico la erige sobre su basamento en la zona alta del jardín, delante de la cascada.
La pericia de Giuseppe y Giovanni fue indispensable para desplazar y colocar adecuadamente los bloques. Gracias a ellos pude dedicar el viernes y el sábado a terminar la obra “in situ” y en su posición definitiva.
Una vez acabada, cubro el basamento con la tierra rojiza de ese rincón
El resultado: cuando el visitante llega a la explanada de la cascada divisa, orientada al mediodía, mi obra “A l’ascolto dell’acqua”, al final del camino, junto al riachuelo y la cascada.
El reverso de la escultura se orienta al norte y a la umbría del bosque. El rumor del agua es captado por la campana posterior, o al menos así lo quiere nuestra imaginación cuando acostemos nuestro oído contra el orificio de la gran oreja frontal
Los festejos de la inauguración
Durante toda la jornada del domingo 25 se celebraron los festejos de la inauguración, con una nutrida asistencia de los habitantes de la zona y numerosos visitantes llegados de Roma.
Junto a la cascada se celebra una sesión de yoga. Espero que mi gran piedra haya ayudado a concentrar un poco de las energías del cielo, la tierra y el agua en los espíritus de los participantes
Stefano Panzarasa, responsable de la educación ambiental en el parque, a la guitarra, y Roberto Capotorti interpretan junto a la cascada su canción del “Orecchio verde”, basada en un texto de Gianni Rodari (cuyos “cuentos por teléfono” leía yo a mis hijos hace años a la hora de dormir).
Aquí con mis dos amigos junto a mi escultura.
Unas jóvenes amazonas de la Asociación ecuestre “Open Range” evolucionan con sus banderas delante de la escultura
Ahí se ha quedado, esperando y soñando; al menos al modo en que las rocas pueden concitar nuestros sueños, cuando, esculpidas, las contemplamos.
Si algún día subís desde Tívoli a la villa de Horacio, continuad un poco y antes de llegar a Licenza, en un recodo de la carretera os espera el viejo cartel leñoso del Centro Macaruta, que así es el viejo nombre del Giardino dei Cinque Sensi. Recorred el jardín y, pasando el puente de madera caminad hacia la cascada y, tras dejar a la izquierda un huerto, el de Alfonso Maffei que también es el propietario del suelo sobre el que se asienta mi escultura, llegaréis a sus aguas.
Si hace calor tomad un baño refrescante y, si os provoca, pegad vuestro oído al orificio de la gran oreja. Quizá escuchéis no sólo el rumor del agua sino, quizas, alguna confidencia de las ninfas y los gnomos que pueblan el bosque
Cementerio marino de Sète
La mer, la mer, toujours recommencée ¡
Paul Valéry
La mort, la mort, toujours recommencée ¡
Georges Brassens
Paul Valéry
En mi ruta por el sur de Francia en dirección a España, por fin he parado en Sète. Otras veces llovía o no había tiempo, pero la semana pasada he podido visitar su cementerio marino guiado por los versos de Paul Valéry (1871-1945).
Es cierto que hay muchos otros motivos para detenerse en Sète, que en esos días era la sede del “Primer congreso internacional sobre la felicidad”, o sea “Les premières assises du bonheur”. No está mal para estos tiempos de crisis y habría sido interesante escuchar a un ministro de Bhutan explicar cómo su país es uno de los más felices del mundo, pero lo que yo quería era verificar las estrofas del poema Le Cimitière Marin de Valéry, comprobar si se correspondían con la realidad del sitio donde el poeta está enterrado, si lo que imaginaba al leerlas es lo que se contempla al estar ahí.
Este camposanto es especial, pues no se trata sólo de un hermoso y apacible cementerio donde yacen los restos de un poeta cuya obra se admira, como sucede con Keats o Shelley en Roma o Machado en Colliure, sino de un lugar que el poeta ha cantado en “Le cimitière marin” (1920), muchos años antes de haber sido enterrado, precisamente ahí, en el panteón de la familia, junto a sus familiares más cercanos
Los dos últimos versos de la primera estrofa de este poema en veinticuatro decasílabos han sido grabados en la piedra de su sepultura:
O récompense après une pensée
Qu’un long regard sur le calme des dieux ¡
¡Oh recompensa después de un pensamiento
Contemplar largamente la calma de los dioses!
Con la desproporción entre el ser pensante y la deseada eternidad que nuestra vida desmiente comienza este largo poema, excepcional memento mori de uno de los mejores poetas modernos.
Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose des feux
La mer, la mer, toujours recommencée ¡
O récompense après une pensée
Qu’un long regard sur le calme des dieux ¡
Esta techumbre tranquila, que recorren palomas,
Palpita entre los pinos, palpita entre las tumbas;
Un mediodía de justicia aquí fuegos compone
¡El mar, el mar, siempre recomenzando!
¡Oh recompensa después de un pensamiento
Contemplar largamente la calma de los dioses!
Este Techo, “edificio en el alma, suma dorada de miles de tejas”, “ofrenda suprema a los dioses de un sereno fulgor”, sólo obtiene de ellos un “desdén soberano”, por lo que el poeta se resiente, nos dice que ha comenzado a “olfatear aquí mi humareda futura”.
A partir de ahí el poema deambula largamente por estrofas de éxtasis de un soberbio refinamiento y de una escritura diamantina, que conducen casi sin sentirlo del “puro acontecimiento” al “vacío futuro”.
Una pregunta me surge espontánea: ¿por qué las aguas, del mar o de los ríos, arrastran la mirada de los poetas hacia la caducidad del individuo, a la fragilidad de su conciencia? ¿por qué sin necesidad de escribir poesía nos sentimos vinculados a nuestro final futuro a la vera de un río o sentados frente al movimiento incesante del mar? ¿por qué sin embargo frente a las grandes aguas nos sentimos consolados de nuestra finitud y animados a vivir ?
Tant de sommeil sous une voile de flamme, / O mon silence!…
¡Tanto sueño bajo un velo de llamas, / Oh silencio mío!
Algunas estrofas hacen recordar inevitablemente el “qué se hizieron” de Jorge Manrique.
Où sont des morts les phrases familières,
L’art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs
¿Dónde se fueron las frases habituales de los muertos,
El arte personal, las almas singulares?
La larva hila allí donde brotaba el llanto
Las imágenes de Valéry siguen discurriendo como los ríos de Manrique. No obstante, de todo aquello que acaba bajo tierra, de entre todo lo que está destinado a perecer, lo que hiere más la imaginación del poeta son:
Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
…
Los chillidos de las muchachas al hacerles cosquillas
Los ojos, los dientes, los párpados mojados,
El seno atrayente que juega con el fuego,
La sangre que da brillo a unos labios que se rinden,
…
Y sin embargo, cuando parece que el poema terminará desplomándose por los abismos de la melancolía, el poeta se alza, como una ola que se libera de la visión del fin, y cierra su obra enfrentándose prometeíco a la calma hipnótica de la muerte:
Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!
L’air immense ouvre et renferme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d’eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!
¡Se alza el viento!… ¡Hay que tentar la vida!
Un aire inmenso abre y cierra mi libro,
¡La ola osada surge de las rocas con su espuma!
¡Emprended el vuelo, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped con aguas gozosas
Este techo tranquilo salpicado de foques!
Georges Brassens
Pero, mi inesperado descubrimiento en Sète ha sido que Georges Brassens (1921-1981), mi cantautor francés favorito, nació también en este hermoso puerto de mar, y está enterrado aquí. A la entrada del cementerio marino una placa nos remite a otro cementerio, el de Py, donde tiene su sepultura este trovador inolvidable.
No me alcanzó el tiempo para acercarme a ese cementerio, al que se llega por la avenida de la Corniche, pero me permitiréis que ponga en relación al poeta sublime, Valéry, con el poeta terrestre, Brassens, a través de algunos versos de dos canciones. Al fin y al cabo fue él quien con humor y admiración dejó en sus letras varios guiños dedicados a su paisano .
En su “Súplica para ser enterrado en la playa de Sète”, se acuerda de Valery, cuyos versos son “mejores que los míos”, y que aunque esté enterrado en el cementerio marino, quien recibirá más visitas de los marinos será él, el trovador Brassens, si llegan a concederle el capricho de que su tumba sea un nicho en la playa de La Corniche.
http://www.nme.com/nme-video/youtube/id/cOBoMY84PXk
Desea que instalen un parasol junto a su lápida, para que «los buenos amigos que vengan a hacerme una reverencia no sufran de insolación». Imagina que los vientos que soplan en el Golfo de Lyon, el Mistral y la Tramontana, le traerán en sus aires, desde Italia o España, los sones de vilanelles, tarantelles, fandangos y sardanas.
La canción acaba con otro deseo del muy bribón: que la sombra de la cruz de su tumba acaricie a las guapas bañistas, las ondinas, tumbadas sobre la arena (que “el buen Jesús me lo perdone”).
No se le enterró en la playa de La Corniche, pero el cementerio de Py está en el paseo de La Corniche, y su modesta tumba es la de un hombre del pueblo que a la gente ordinaria dedicó sus canciones, dulces y ácidas, sin dorar jamás la píldora.
Lo demuestra su canción “Mourir pour des idées”, contra nacionalismos y guerras, que contiene ese otro guiño a Valéry con el que abríamos esta entrada:
Midi le juste y compose des feux
La mer, la mer, toujours recommencée ¡
Valéry
Les dieux ont toujours soif,
La mort, la mort, toujours recommencée ¡
Brassens























































































































































