Archivos romanos (IV): Regreso a Tusculum
En estos días fríos y resbaladizos de Gotemburgo el recuerdo de un día de junio en los Montes Albanos introduce un poco de calor en estas páginas.
Esa cadena de montañas volcánicas ha sido cuna de innumerables historias y leyendas desde los orígenes de nuestra cultura latina y lugar de inspiración de artistas y literatos.
Los preside el Monte Cavo o Monte Albano que en La abadesa de Castro, novela de las Crónicas italianas de Stendhal, aparece como intrincado refugio de bandidos y anacoretas. La recomiendo calurosamente a quienes se interesen por la historia novelada de famosos procesos judiciales. No lejos de ahí tenían propiedades los Cenci, esa trágica familia, materia de otra de las crónicas del escritor romántico francés, dedicada a la historia del cruel proceso que acabó con la decapitación de Beatrice Cenci en Roma.
Pero ya estoy alejándome del motivo de esta entrada…
Cuando la primavera dejaba paso al verano
Lo que quiero hoy es compartir unas fotos que tomé durante la visita que nos organizó la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma el 18 de junio del 2011, tras un interesante seminario de la guía de la expedición, la Doctora Valeria Beolchini, sobre las excavaciones de las ruinas romanas y medievales de Túsculo.
Desde el año 1994 la EEHAR coordina un proyecto de excavaciones en la antigua Tusculum, en el cual han colaborado y colaboran diversas instituciones españolas e italianas bajo la dirección primero de Xavier Dupré (fallecido durante esa empresa) y desde 2006, de Trinidad Tortosa
http://eehar.csic.es/proyectos/index.php?eve=10
Completo así lo que empecé a contar en mi entrada del 15 de mayo del 2011: https://ensondeluz.com/2011/05/15/un-paseo-a-frascati-y-tusculum/
Durante varios siglos, la otrora pujante ciudad de Tusculum (Túsculo en español), destruida por el ejército de Enrique IV, hijo de Federico Barbarroja, en 1191, estuvo sepultada en el olvido, hasta el punto de que, en 1343, Petrarca se interrogaba por su localización.
Luciano Bonaparte (1775-1840), hermano de Napoléon adquirió los terrenos de la Villa Rufinella, donde en parte se localizan las ruinas de Tusculum. Con sus excavaciones, iniciadas en 1804 logró atraer el interés del mercado anticuario y ganar mucho dinero con la venta de los hallazgos, además de aumentar su propia colección
Fue entonces cuando se desenterró en parte y por tiempo limitado el emblemático anfiteatro de la ciudad. Los sucesivos propietarios y los arqueólogos del siglo XIX acabarían por confirmar en 1825 la situación precisa de la Tusculum de Cicerón.
Los expertos de la EEHAR nos llevan por las vía principal que atravesaba la ciudad…
no lejos del foro…
y del anfiteatro…
Caminamos junto a las sobrias y hermosas estructuras de los viejos muros romanos en peperino (la piedra volcánica de los Montes Albanos)…
Bordeamos las antiguas conducciones de agua…
Subimos hacia el emplazamiento de la fortaleza medieval…
Nos comentan que si se renovase la financiación de la etapa siguiente se podrían excavar sus ruinas. Mientras tanto, desde el sendero, disfrutamos de la vista del Monte Cavo, al otro lado del valle que recorría la Via Triumphalis, de la cual aún se conservan restos
Una oveja que, a juzgar por su decrepitud, parece llegar de épocas virgilianas nos sale al encuentro…
No se olvidan las fotos de recuerdo del grupo en el sitio más adecuado, las gradas del anfiteatro…
Como siempre, es la infancia con vocación arqueológica la que mejor resiste al caluroso recorrido y más se divierte
Sentimientos y latitudes
El pasado sábado fue uno de esos días radiantes del invierno de Gotemburgo, donde la sensibilidad del carpe diem, “aprovecha el día”, se concreta en el carpe solem, “aprovecha el sol”.
Pero también: aprovecha el aire fresco y diáfano de un sábado glorioso, junto a la ría, en las calles, a lo largo de los canales, en las cafeterías de ambos lados del puerto, en las veredas por donde corretean los practicantes del jogging.
Las gaviotas también se lo toman con calma
El momento es favorable a los músicos callejeros, en este caso un coro familiar de sufridos migrantes eslovacos, que cantan bien entonados y al que los viandantes merecidamente dan su contribución.
Más hacia el sur…
Pero ayer domingo leo una de esas columnas desacertadas, que, entre tantas otras afortunadas, se le escapan de vez en cuando a Manuel Vicent. En este caso, para exaltar los gozos del vivir a orillas del Mediterráneo, uno de sus temas favoritos, se le ocurre compararlos con la oscura vida de los países del norte, proclamando que hay “una división más profunda que atañe a la actitud moral con que los habitantes del norte y del sur se enfrentan a la vida” (“Dilema”, El País, 15 de enero).Dicho sea de paso, los abogados de Francisco Camps, Jaume Matas e Iñaki Urdangarín deberían inspirarse en el artículo para buscar algunos factores eximentes que expliquen la conducta de sus defendidos.
Así que para ilustrar las ideas de ese artículo no me queda más remedio que poner una foto menos radiante…
¿Qué tal con unos tétricos pájaros del norte brumoso? A Hitchcock le hubiese gustado…
El apremio por escribir demasiadas columnas obliga a algunos escritores a inspirarse en lo que otros han publicado en días anteriores, por ejemplo la discusión sobre las tesis de Max Weber sobre catolicismo, protestantismo y capitalismo que apareció hace poco, también en El País. Quizás se explique así que a veces, como una especie de broma, hilvanen su texto, como ayer Manuel Vicent, con tópicos manidos:
Esta moral filosófica del sur ante la vida, el hecho de que aquí la razón exija ir en busca del placer a como dé lugar, no es compatible con la idea de que a este mundo se ha venido a trabajar y a ser responsable
¡Los jóvenes españoles que se están marchando a Alemania le darán las gracias sin duda por esta consoladora “filosofía” mediterránea! Precisamente, cuando están reventando no pocas pústulas en la gestión de la cosa pública en la Comunidad Valenciana, donde, parafraseando a Vicent, sus dirigentes han elegido la bolsa y la buena vida, dejando a los valencianos el consuelo de tomarse unas cañas en el bar “ante una ración de gambas bajo la dulzura de un sol de 25 grados” (lo de las gambas será por los que aún tienen un empleo). Ya se sabe que a los del sur nadie nos gana a vivir trampeando…
La cultura católica de los flagelantes, el dolor de contrición, la imaginería truculenta y los confesionarios, si nos atenemos a lo que escribe Manuel Vicent, nunca han logrado eclipsar la alegría del buen vivir mediterráneo, puesto que
recibida la absolución el pecador puede irse al bar a tomar un par de cañas como si no hubiera pasado nada…
Mientras que…
…el protestante boreal se adentra cada noche en la oscuridad con la culpa pegada a la nuca como una niebla por no haber sido recto y eficiente del todo durante el día
¡Pobrecitos nórdicos, doblegados bajo el fardo de su culpa! ¡Menos mal que ya tienen algunos bares de tapas en sus lúgubres ciudades y pueden comprar naranjas de Valencia y fresones de Almería en los supermercados!
Sesudas las tesis de nuestro columnista castellonense:
La moral calvinista es una forma muy dura de salvación frente a la laxitud con que en el confesonario católico se perdonan todos los pecados, incluso los más execrables.
Mi coetáneo no parece acordarse de cómo nos hacían recitar el “Yo pecador” (“¡por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”), nos culpabilizaban desde la más tierna infancia y nos contaban historias terribles sobre niños muertos en pecado mortal.
En esas mismas clases de religión se nos enseñaba que Lutero fue un vicioso comilón, borracho y fornicador, mientras la raza hispana destacaba por sus sobrios ascetas y místicos, así como por sus nobles guerreros y su pueblo sufrido y trabajador.
Sin llegar a los extremos del garrote vil de hace unas décadas, digamos que para “culpas pegadas a la nuca” las que proclama el catecismo oficial católico en su epígrafe 402:
Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. San Pablo lo afirma: «Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores» (Rm 5,19): «Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…» (Rm 5,12)
Acabar con las caricaturas
Basta en realidad vivir una temporada por esos mundos “boreales”, para que esa rancia división demuestre su irrelevancia. En todas partes hay gente que sabe vivir y trabajar y otros que se aprovechan del trabajo ajeno; en todas partes hay gente que se mueve por sentido de responsabilidad y por una conciencia ética (nada que ver con esa “culpa pegada a la nuca”) y otros que no tienen escrúpulos de ninguna clase.
Por desgracia esos tópicos se siguen publicando y firmando, sospecho que sin que la mayoría de los que se remiten a Max Weber lo hayan leído. Creo más bien que, en una época de tanta amargura para millones de españoles, no tiene sentido jugar con falsas razones “psico-geográficas” de latitud y religión, según nos haya tocado nacer más al sur o más al norte.
La situación de muchas buenas gentes golpeadas por la crisis más bien conduce no a pensar como en el texto de Manuel Vicent, sino a parafrasear con cierta libertad el Cantar del Mio Cid:
‘¡qué buenos ciudadanos, si eligiésemos mejor a nuestros dirigentes!’
¡que la luz del norte, del sur, del este o del oeste, con el sol saliendo por Antequera o por Ifach o por donde le dé la gana, ilumine tiempos mejores, donde las religiones no se usen como pretexto y las especulaciones y prejuicios «psico-geográficos» no condicionen nuestra forma de ver a los demás!
Efímera nieve
Hace unos pocos días
Temblorosa y modesta
Llegó la primera nieve
Cabalgando sus copos
Las ráfagas del viento
.
Vi niños encaramados
En su primer trineo
Descender la vereda
Pasmados de alegría
Por la blanca sorpresa.
¡Ay! ¡Qué efímero ha sido
Ese tímido manto
Que el sol oblicuamente
Nos sustrajo
En un día!
Aunque ya soy provecto,
Llevado por Pessoa
Me deslicé también
Por la suave pendiente
De una de sus odas.
Ao longe os montes têm neve ao sol,
Mas é suave já o frio calmo
Que alisa e agudece
Os dardos do sol alto.
Hoje, Neera, não nos escondamos.
Nada nos falta, porque nada somos.
Não esperamos nada
E temos frio ao sol.
Mas tal como é, gozemos o momento,
Solenes na alegria levemente,
E aguardando a morte
Como quem a conhece.
Fernando Pessoa, Odas póstumas (1935-1994) en Odas de Ricardo Reis, edición y traducción de Angel Campos Pampano, Pre-Textos, Valencia, 1995, pág.68
Buenos propósitos y piadosos deseos
Esta señora romana del Metropolitan Museum de Nueva York parece concentrada en mejorar su futuro y formular algunos buenos propósitos que cambien su vida.
En aquellas salas fascinantes, dedicadas a la escultura del mundo antiguo, hay también otro caballero -si no me equivoco es el emperador Constantino-, que parece avizorar el horizonte en busca de su destino.
En cualquier caso, una de las notas que distinguen al hombre del animal no humano, es la de hacer buenos (o malos) propósitos, con preferencia cuando el año empieza. Pienso que hasta los creyentes en el ‘fin del mundo 2012’ estarán preparando su futuro, por ejemplo planeando un viaje astral que les saque de este planeta antes que el cumplimiento de la profecía maya nos aniquile.
Algunos nos proponemos adoptar hábitos de vida saludable.
Puede que haciendo ejercicio de forma regular, como, hace pocos días, estos animosos corredores en ‘la San Silvestre’ de Gotemburgo…
con ejercicios de natación en la piscina, que para algunos afortunados es el agua placentera de la piscina que se hizo construir Mussolini en las instalaciones olímpicas de Roma…
comiendo más verduras, mejor si son de la huerta de mi amigo Miquel en Benitatxell…
consumiendo cítricos levantinos (¡gracias Miquel!)
sonriendo más a menudo
Otro propósito, cada día más difícil de cumplir, es ahorrar para el día de mañana; por ejemplo, abriéndole una cartilla al niño, por ejemplo con el oro de los Reyes, como ilustra Rubens en el cuadro del Museo de Gotemburgo (la moneda que tomó de modelo puede que fuese un patagón).
¿Se gastaría Jesús en vino, pan y peces lo que San José le dejase?
Otra idea es la de salir más a menudo a pasear o al cine con nuestra pareja
Y ya que hablábamos al principio de que los animales no son capaces de hacer propósitos (aunque sí de proponerse algo) ¿no habrá quien decida adoptar un can abandonado? ¿Qué habrá ocurrido con este que merodeaba por las basuras en las áreas de la autovía A3 en tierras manchegas?
Probablemente había sido abandonado por uno de esos despiadados bípedos que explotan a los galgos hasta que ya no ganan las carreras. En Suecia hay una asociación que rehabilita y organiza la adopción de galgos y otras razas de perros abandonados en España por sus propietarios
Esto se alarga, pero que le vamos a hacer, hoy es el día de San Camello, o, mejor dicho de los Santos Camellos Magos y sus jinetes, los Reyes de Oriente.
Los reyes, los camellos y la aguja
Recordemos pues que la caravana de los reyes magos ha llegado, trayendo su carga de oro, incienso y mirra. ¡Ah de aquellos tiempos en que mi abuelo, el 5 de enero por la noche, les ponía paja delante de la chimenea para alimento de los fatigados camellos y naranjas para que se las comiesen los Reyes! Por la mañana sólo quedaban las briznas y las mondas. ¡Los Magos habían llegado y nosotros nos precipitábamos a abrir los paquetes!
Lo que no sabemos es si aquellos reyes y sus camellos, gracias a estos obsequios al rey de los cielos, lograron pasar por el ojo de la aguja y entrar en su reino.
Dicho sea de paso, este famoso aforismo de los evangelios me parece una mentira piadosa de Jesús, para consuelo de precarios. En realidad él sabía muy bien que la entrada en ese mítico reino es igual de imposible para ricos, para pobres y para las clases medias. Nadie puede colarse en una metáfora.
Pero sigamos con los siguientes capítulos de la historia, cuyo orden la liturgia católica ha trastocado colocando la fiesta de los santos inocentes por delante de la epifanía.
Veamos…
1 Herodes pone en marcha un plan de control de natalidad muy drástico. Este asunto ha interesado no sólo a los teólogos del Limbo sino también a los artistas y sus mecenas. Por ejemplo dio trabajo a Rubens y colaboradores (el cuadro les ha sido atribuido hace poco)
2 Gracias a disponer de información privilegiada, la Sagrada Familia, refinanciada con el oro de los magos, emigra al paraíso fiscal del Nilo. En camino se toman un descanso y escuchan un concierto de violín angélico en algún oasis cerca de Egipto.
Lo ilustra Caravaggio en ese sorprendente cuadro que se puede ver en Roma, en la Galería Doria Pamphili.
3 A la noticia de la muerte de Herodes, que naturalmente le llega por sus canales angélicos habituales, San José, con el oro que le habían dado los reyes abre una carpintería en Nazareth
Y ya que San José consiguió financiación a fondo perdido para abrir su pyme, yo formulo un deseo para el año 2012:
que revivan las empresas;
que, en lugar de especular, inviertan en empleos,
en dar trabajo a los parados de España,
para que vuelvan los jóvenes que se están marchando del país,
y que consigan lo mismo los desempleados y emigrantes de cualquier otra parte de nuestro mundo
para que no tengan que poner a su madre a pedir limosna en las escaleras de las iglesias
y para que los pequeños jesuses no se vean obligados a trabajar y puedan ir a la escuela (pues por ciencia infusa sólo el de Nazareth aprendía)
amén
Rêverie invernal
La radio transmite las notas de un piano. Es ese tipo de música que tendría que haber compuesto yo si hubiera sido compositor. ¿Lo fui en sueños? ¿Lo seré en mi próxima reencarnación? En cualquier caso a algunos nos sucede eso: se tiene la sensación de que una música que escuchamos es la que habríamos escrito ineluctablemente si la vida nos hubiera hecho compositores. Me ha pasado por ejemplo con algunas piezas de Heitor Villalobos o de Gabriel Fauré. El locutor me dice al final que se trata de un preludio y fuga de Dimitri Shostakóvich, en el piano de Vladimir Ashkenazy.
¿Es el invierno el que me pone en sintonía con el alma rusa?
Aún brincan sus acordes en mi cabeza cuando embarco en el 180, el Älvsnabben (“el rápido del río”), algo así como el “vaporetto” de Gotemburgo, que te lleva de una orilla a otra de la ría.
A estas horas, las aguas oscuras y agitadas hierven de reflejos y cuando bajo en la parada de Rosenlund, la plataforma fluvial se mueve con el oleaje.
La música se ha quedado en mi cabeza.
La central eléctrica es un castillo encantado.
El Tiempo, los años, nosotros
¡A fin de año, todos filósofos! sobre todo si nuestras percepciones sensoriales se embotan y nuestras intuiciones ontológicas se agudizan tras varias copas de champagne.
En vísperas de ese momento matemático, fruto de una concepción empírica del tiempo como sucesión de tramos del calendario, no estaría de más evocar a Henri Bergson y a sus ideas sobre el Tiempo como conciencia de la duración (así que hay tantos tiempos como conciencias), lo que sin embargo no cierra la discusión de una de las más socorridas cuestiones de la historia de la filosofía.
Este modesto bloguero tiende a pensar que el Tiempo, ese ente de razón, es sobre todo un ente de imaginación, algo así como una forma que hemos creado para canalizar nuestras sensaciones.
El Tiempo es los cambios que nos poseen, nos rodean y nos llevan, que nos atraviesan, sea que vengan de muy lejos o que irrumpan en este mismo instante desde nuestras propias células, desde la tierra sobre la que caminamos o desde el motor del autobús que nos lleva traqueteando sobre los adoquines de la ciudad.
¿Me explico? Seguramente no.
Así que no me queda más remedio que recurrir a la poesía y a las imágenes…
Seguiremos confundidos, seguiremos perdidos en el Tiempo, pero a lo largo del sueño de Ariadna nos mecerá la voz del verso y la hipnosis del espejo…
¿Son el poema y la imagen los mejores hilos para caminar por el laberinto del Tiempo?
Para mí, junto con la música (y es algo que de forma más brillante ya demostró Marcel Proust), forman la verdadera Santísima Trinidad, un poderoso trío a la hora de recuperar todo lo que la implacable “olvidadiza memoria” (la que Jules Supervielle cantó de forma inolvidable) se empeña en sustraernos.
Algún guasón me dirá que quien sacó a Ariadna de su sueño fue el dios Baco…
… ¡qué le vamos a hacer! ¡algunos sólo ven la dicha dentro de una botella!
Por el momento, con sumo respeto, dejemos a Bergson y a Proust en la estantería y sigamos la senda de las diez estrofas del poema “Los años” de Homero Aridjis (nacido en México en 1940)
Los años
I
En nuestras manos no están los años
los años están en sí mismos
más allá de nosotros.
En nuestras manos está el aire.
II
Los años están en su lugar, en apariencia,
porque fijándonos bien
no hay un lugar
donde estén los años.
III
Uno nunca se fija dónde pone los años,
o dónde cree ponerlos;
los días se quedan en nosotros
y no miran el lugar donde se han ido.
IV
Un año no nos lleva a otro,
se lleva a sí mismo;
o nos deja en nosotros,
mirándonos entre año y año.
V
Los años son como las cosas,
no nos sienten cuando los tocamos,
cuando mucho nos tocan
sin sentirnos.
VI
Al año próximo nunca llegamos,
nos quedamos en el año presente,
en nosotros,
de donde nunca salimos.
VII
Estábamos afuera de nosotros
cuando miramos pasar el año,
y nunca supimos que mirábamos
pasar nuestra ausencia.
VIII
Quizás en otro mundo
aquello que miramos un momento
no fue un momento,
fue un tiempo más largo que nuestra propia vida.
IX
Aprendemos a hablar cada día el mundo,
y creemos saber por completo
el lenguaje del año,
cuando ya nos deja.
X
El año es quizás el juego serio
de la vida en la tierra,
de lo que se da sin darse
y de lo presente ausente.
( Homero Aridjis, » Nueva expulsión del paraíso” (1990), en Ojos de otro mirar, New Directions books, Nueva York 2002, incluye traducción al inglés de Betty Ferber. Edición de Betty Ferber y George McWhirter)
Desde Gotemburgo
¡¡¡FELICES AÑOS NUEVOS!!!
El último microrrelato
Delia es una micropensadora incansable, ve y vive la realidad cotidiana como una concatenación sin fin de narraciones cortas. Su mente y su imaginación están siempre y a todas horas formando microrrelatos. Nada se pierde en el olvido y todo se trasforma en cuento. Las secuencias de los acontecimientos más banales son transformados por su talento de escritora y fluyen sin parar de su memoria al papel.
En compañía de Mario, Delia merienda hoy en casa de los Mañara. Hay “glögg”, el vino caliente con canela, dulces, café, coñac…
Sobre la mesa, dispuesta con discreta creatividad, hay diversas bandejas. La única concesión a las fiestas navideñas es un pequeño detalle entre los trozos de turrón y los mazapanes… El cerebro de Delia registra y narra interiormente:
Estamos pasando una agradable velada. Con los Mañara nos sentimos como en nuestra casa. Son muy buenos anfitriones. Por el contrario, Mario y yo hemos perdido esas dotes de organizadores de veladas y guateques que teníamos de jóvenes. Después de los cuarenta los festejos con amigos requieren otro tipo de puesta en escena, otras aptitudes…
¡Qué curioso! Esa bandeja… ese Papá Noel de mazapán es el único detalle navideño de la tarde. Seguramente lo han puesto con los dulces como una incitación a merendarse a Santa Claus en un acto simbólico de antropofagia navideña
¡Con lo que a mí me gusta el mazapán! Esta figurita lleva ahí desde el principio y nadie se la ha comido, lo haré yo discretamente y luego un traguito de ese coñac…
¡bienvenido al abismo de mi garganta!
Crunch, crunch, gloug, gloug… arggg… arggggg… cofff… coffff… iiiiiiih… iiiiihh… iiihhh… iihhhh… ihhhhhh….
Su mente está a punto de concluir un microrrelato en el que una figurita plástica con apariencia de mazapán protagoniza la narración.
Delia aún alcanza a exhalar mentalmente una especie de haiku:
Entre onomatopeyas vine al mundo
y con onomatopeyas lo abandono
En algún lugar del ultracielo, en compañía de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre…
siguen año y firma ilegibles
¿Quién podrá navegar sin viento?
Vem kan segla förutan vind?
Vem kan ro utan åror?
Vem kan skiljas från vännen sin
Utan att fälla tårar?
Jag kan segla förutan vind
Jag kan ro utan åror
Men ej skiljas från vännen min
Utan att fälla tårar
¿Quién podrá navegar sin viento?
¿Quién es capaz de remar sin remos?
¿Quién puede separarse de una persona querida
sin derramar lágrimas?
Puedo navegar sin viento en las velas
Soy capaz de remar sin remos
Pero no puedo dejar a quienes quiero
sin derramar lágrimas
Canción tradicional de la isla de Åland que se remonta al siglo XVIII (Åland está en territorio de Finlandia pero en la isla se habla un dialecto sueco). Es muy popular en Suecia y en Finlandia
Una buena versión -cantada por un noruego- se puede escuchar aquí
¡A MI FAMILIA Y AMIGOS, Y A TODOS LOS SEGUIDORES DE ESTE MI BLOG DE DILETANTE,
EN ESTE FIN DE AÑO E INICIO DEL SIGUIENTE
OS DESEO UNOS DÍAS FELICES,
ALLÁ DONDE OS ENCONTRÉIS
Y LO MÁS CERCA POSIBLE (AUNQUE SEA VIRTUALMENTE)
DE LAS PERSONAS Y PERSONILLAS A QUIENES QUERÉIS !
(Mal que le pese a la insidiosa crisis)
Fotorrelatos de Navidad: «Bajo los cielos de América»
Pedro trabaja en Barcelona, es informático y ha ahorrado un poco. Vive solo. Ha decidido recorrer, por su cuenta y con su mochila, los países andinos.
Maite trabaja en un servicio de reprografía cerca de la universidad, también en Barcelona. Su tía le ha dado un poco de dinero “para que conozca mundo”. Y no se ha hecho de rogar. Aprovecha sus vacaciones y ella solita se ha embarcado hacia Bolivia y el Perú.
Casualmente, Pedro y Maite, han ido a comprar sandía en un mercado de La Paz…
y ahora, ya sin casualidad, admiran el espinazo soberbio de los Andes desde su ventanilla, en el avión que les conduce a Lima
En la plaza de San Francisco, ante mudos testigos de piedra
a unos metros de la fuente y sus palomas
han acordado que, desde ahora, nunca más se encontrarán por casualidad…
se han prometido una total armonía…
algo así como esta pareja de renos en un parque de Suecia
Luces de melancolía en la pintura de Giuseppe Modica
Hay actualmente abierta en Andria (Puglia) una exposición de pintores italianos que, según la crítica se sitúan en la estela de la llamada “pintura metafísica”, expresión acuñada y teorizada por Giorgio De Chirico, a quien dediqué mi entrada del 27 de noviembre.
Entre los pintores de la mostra “Ermetiche apparenze, metafísica e pittura” (Centro le Muse, Andria, hasta el 31 de diciembre) destaco a Giuseppe Modica (Mazzara del Vallo, Sicilia, 1953), que ha sido mi profesor en la Accademia di Belle Arti de Roma durante el curso pasado. Aquí le vemos rodeado por algunos de sus alumnos que le visitamos en primavera en su estudio en Roma, no lejos del Coliseo (http://www.giuseppemodica.com/)
La realidad que pinta Modica, ya sea reflejada en estáticos ventanales…
filtrada por el cristal de la memoria…
suspendida frente al mar de su tierra natal…
o rodeada de muros que sueñan cielos imposibles…
está casi siempre teñida por una solaridad melancólica
Es su melancolía la del creador enfrentado a sus impotencias, como en el cuadro en que evoca el grabado de Durero, donde aparece el famoso y enigmático poliedro (cristal de alunita opinan algunos investigadores), ante la inmensidad de los límites que nos circundan.
La exposición presenta también obras de Armodio, Claudio Bonichi, Fausto Faini, Gianfranco Ferroni, Carlo Guarienti, Bernardino Luino, Roberto Rampinelli y Giorgio Tonelli.











































































