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Del cerdo y de las manzanas

16 noviembre, 2012

El 7 del presente mes este blog ha cumplido dos años.

El primer artículo lo pensé en el mar navegando hacia Italia. De modo que sigo viendo todo esto como un barco de papel de aquellos que  formábamos con un trozo de periódico para echarlos a navegar por un arroyo. Hacíamos lo mismo con ramillas secas. Las veíamos alejarse hasta perderse de vista en un recodo del torrente, entre los pinos de la sierra de Guadarrama  o por los prados que bordean el Riopeces, cuyas aguas modestas brotan de las laderas de la Mujer Muerta, en la provincia de Segovia.

Elogio de los blogs

Ahora ya no lanzamos navíos de papel o palitos al agua, hoy le damos al teclado y nuestras ocurrencias salen a velocidades increíbles al encuentro de familiares y amigos, o de cientos de lectores desconocidos repartidos por toda la tierra.

Algunos se harán eco de nuestras divagaciones y nos mandarán un comentario, a otros los imaginaremos silenciosos en una ciudad de México o de Uruguay, en algún bosque de Galicia o en un piso de Toscana, por no decir de alguno que se asoma, malabarismos de Google, desde Nueva Zelanda o Aruba, pues hoy se lee el castellano en los cuatro puntos cardinales.

A día de hoy, las estadísticas de los dos años de este blog dicen que han sido más de 57.000 las lecturas; más del 60 % en España y en América Latina; otro  30  % en Europa y Norteamérica y un 10   %  del resto del mundo, hasta completar 89 países. Parece que, a poco que se persevere, con un blog se empieza a poquitos y se puede acabar con más lectores que un best-seller. Pero detengamos aquí el elogio de los blogs, pues veo que empiezo a ponerme hiperbólico.

Mejor será que me aplique una cura de humildad. ¿Qué es lo que más “pinchan” los que se asoman a las muchas imágenes que he publicado en mi blog? ¿Mis fotos paisajístico-poéticas? ¿Mis hallazgos de la fisionomía clásica en los museos italianos? ¿Las fotos de mis cultos paseos? ¿Los cisnes, los barcos, las montañas, el mar, las gentes, los cuadros, los castillos, las naves góticas de Francia, las flores de los campos suecos, los arrozales de Valencia? ¿Mis pinturas? Aparte de la página de apertura y cada vez que lanzo una nueva entrada ¿cuál es la imagen de este blog la más buscada?

El palmarés

De todos lo artículos de este blog y de una entrada sobre anatomía artística (mis últimos ejercicios académicos en Roma) que se abría con un magnífico dibujo de Rubens, no es el genial pintor de Amberes quien se lleva la palma, no. Es mi dibujo, laborioso y concienzudo sí, pero sin pretensiones, del esqueleto de un cerdo lo que se ha convertido en la foto más popular de este blog.

Anatomía artística: últimos ejercicios académicos en Roma (I)

Se trata de un ejercicio académico para el curso de anatomía animal de los profesores Marco Bussagli y Cinzia Nardini en la Accademia di Belle Arti de  Roma, a partir de unas fotocopias de láminas que nos distribuía esta última para preparar los trabajos del examen final.


He de rendirme a la evidencia, ninguna de mis aspiraciones expresivas más queridas ha alcanzado el interés despertado por mi modesto dibujo de un marrano sin chuletas. Mi cerdo en los huesos se ha situado en la primera línea de las fotos de esqueletos de cerdo en Google. Si no os lo creéis, haced la prueba, escribid en la búsqueda “esqueleto de cerdo”.

No tengo una explicación. ¿Son miles los estudiantes de anatomía animal a quienes sus profesores les mandan dibujar los huesos del cerdo? ¿El amor al jamón está llevando a la humanidad a una especie de culto al cerdo? No lo sé. Pero, en este aniversario he decidido presentar una serie de fotografías en homenaje al gorrino, al marrano, al chancho, al puerco.

 

Elogio del cerdo

 Aunque los haya que viven frente a un mar azul, dicen los refranes que…

“el cerdo no quiere rosas sino aguas cenagosas”

y que  “a cada cerdo le llega su sanmartín” o “por Nadal, el cerdo en sal”.

Incluso el jamón y las mortadelas de un humilde cerdo acabaron inmortalizados en la Galería Corsini de Roma.

Elogio de la manzana

Ya que estamos metidos en asuntos de nutrición, para equilibrar nuestra dosis de colesterol acabaré este artículo con el fruto de la temporada, que llena en estos días los anaqueles de los supermercados de Gotemburgo. Hasta doce clases conté el otro día en un solo establecimiento.

Digamos que si hay cientos de especies de rosas, con las manzanas pasa lo mismo ¡Y cómo lucen las manzanas locales entre las otras importadas! ¡Cómo destacan por su aroma intacto!

De Suecia

 

De Italia, Bélgica, Francia y Holanda


¡Menos mal que el severo Dios del Paraíso prohibió comer tan solo de un manzano! Pues recordemos que, en funciones de Yahveh o de Alá, vetó el consumo no de un solo cerdo, o de los de aquella época,  sino de cualquier cerdo presente o futuro.

¡Imaginad que hubiese prohibido comer de cualquier manzano!

Así que aprovechemos de la bondad divina. Las manzanas de temporada no vienen de cámara frigorífica. Como dice el refranero, “no hay cosa más sana que comer en ayunas una manzana”. Además, “una manzana cada día, de médico te ahorraría” (y de listas de espera, claro).

Por otro lado, más manzana y menos tocino, junto con ejercicio físico (dicen que hay que caminar una media de 7000 pasos diarios), previene los michelines y facilita el ejercicio mental. Por mucho que, como un señor de Denia que conozco, algunos se desayunen todos los días con jamón.

Coda

Decía Quevedo en un pasaje de “El diablo cojuelo” que la prohibición de comer cerdo se deriva de la prohibición de beber vino, ya que, según argumenta, sería imposible digerir los torreznos sin un poco de vino tinto. Parece que aquel agudo ingenio era bastante chinche, quisquilloso y un punto intolerante, por lo que viene al caso el consejo de un refrán castellano, dirigido a quienes se indisponen fácilmente con el prójimo. Dice este dicho popular que la mejor forma de prevenir la ira es aplazar nuestras diferencias comiendo y bebiendo juntos, pues “comeréis puerco y mudaréis de acuerdo”. Y San Ignacio de Loyola decía que los asuntos importantes se habían de tratar después de comer y no en ayunas.

Como otro refrán castellano dice que “del puerco hasta el rabo es bueno”, nosotros llegamos al rabo de este artículo con una conclusión. Si, como explicaba el refrán, el humilde chancho no sólo es pacífico y contentadizo (pues la granja de Orwell es humana y los finolis cerdos de bellota son una excepción), sino que, sacrificándose en nuestra mesa, ejerce de pacificador, puede que eso explique por qué un dibujo de sus huesos y de sus músculos tiene éxito en la web y el que los romanos venerasen a la scrofa. 

 

 

El árbol desollado

12 noviembre, 2012

El árbol desollado

Algo huye

En este atardecer

En que vibran

Los árboles

Y en el cielo

Hay un pálido rescoldo

Que ya no arde

Algo se fuga

Escapa de la piel

Del hombre

Irradiaciones

Filtraciones centrífugas

Filamentos sin hojas

Pensamientos sin término

Algo se quiere ir

Del árbol desollado

Chillidos

Frecuencias insonoras

A las que nadie acoge

En esta tarde ciega

Tendida hacia el invierno

.

Breverías erasmianas (III): «Malo accepto stultus sapit», un adagio para tiempos de palinodia y un voto por tiempos más sabios

7 noviembre, 2012

Encajado el golpe, el necio aprende (Adagio I i 31)

O traducido de otro modo: la experiencia hace sabio al estulto.

Este proverbio que Erasmo comenta en su famosa colección me ha hecho pensar en la proliferación de agudos analistas de las causas de la decadencia económica y la depresión generalizada que azotan a España. Quien más quien menos ha identificado a los culpables que nos han llevado adonde estamos y señala como crueles a los que nos atornillan. Pocos reconocen haber formado parte del coro de las cigarras, ahora que nos están leyendo la cartilla las hormigas.

El viejo Erasmo recopilaba y explicaba los adagios de la sabiduría culta y popular de la Antigüedad. No pocos de estos comentarios encontraban motivo en cuitas de su época, que, mutatis mutandis, se parecen a las de  nuestro tiempo. Así que cuando las vacas gordas vuelvan algún día, es de temer que las nuevas generaciones olviden que años antes la cabaña estaba en los huesos.

Comenta Erasmo que Hesiodo, en Los trabajos y los días (217-8), dice “El pillo su castigo al final recibe, pues sólo el dolor instruye al insensato” y que Homero parece aludir a lo mismo en el libro 23 (487) de la Ilíada al decir que “cuando tengas que saldar tu cuenta descubrirás la verdad”.

También refiere una frase de Platón en el Banquete (222b): “que lo que nos ha sucedido te valga de aviso, no deberías, como el tonto del proverbio, aprender a ser sabio por la experiencia del mal”. Y en una escena que se suponía entonces del Mercator de Plauto se dice algo parecido “Afortunado quien se hace sabio a costa de otros” (o sea, aprendiendo de los errores ajenos antes de tener que lamentar los propios)

La caja de Pandora

Erasmo sigue con otras citas de autores clásicos y concluye resumiendo la historia de la caja de Pandora (tomada de nuevo de Los trabajos y los días (47-105):

Júpiter estaba enojado con Prometeo, porque había robado el fuego celeste y se lo había dado a los hombres; así que, queriendo vengarse con otro engaño, le encargó a Vulcano que modelara con arcilla una figura femenina lo más perfecta posible. Concluida la obra, mandó a los dioses y a las diosas que la adornasen con sus gracias. Por ello a la doncella se la llamó Pandora.

Una vez que la imagen estuvo revestida con todas las dotes de hermosura, habilidad e ingenio, Júpiter la envió a Prometeo con una caja muy bonita, pero repleta de todas las desgracias.

Prometeo rechazó el regalo y advirtió a su hermano que si en su ausencia llegaba otro presente, no lo aceptase.

Pandora volvió, persuadió a Epimeteo y le entregó la caja. En cuanto este la hubo abierto, mientras todas las enfermedades brotaban de ella y este comprendía que ‘los regalos de Júpiter no son regalos’, se volvió sabio, pero demasiado tarde.

Erasmo explica el significado en griego de los nombres de los dos hermanos.

Prometeo quiere decir el hombre que se aconseja antes de actuar y Epimeteo el que actúa primero y, sólo entonces, el sentido común entra en su cabeza

Y más adelante:

Lo que duele instruye (Quae nocent docent) aunque es más prudente aprender circunspección de las adversidades ajenas, de acuerdo con el dicho griego ‘ver las desventuras de otros me sirve de lección’, o, como dicen entre mi gente, ‘por la vergüenza y el fracaso los mortales se hacen sabios’

De esta forma concluye Erasmo su comentario, refiriéndose a los dichos de la sabiduría popular de su patria holandesa. No podremos decir que en Europa no se tiene desde siglos la experiencia de los males que acarrea la irreflexión.

Sería demasiado largo añadir otros adagios que con sentido parecido comenta Erasmo, como por ejemplo el que dice Factum stultus cognoscit  (Adagio I i 30), lo que viene a significar “cuando la cosa está hecha, hasta un tonto lo entiende”, o lo que en España se expresa con la frase “a toro pasado”, para decir que es fácil explicar las causas de un desastre cuando sus consecuencias son ya patentes.

En resumidas cuentas, que si el CIS hubiera encuestado sobre la materia habrían salido más epimeteos que prometeos.

Nos queda una esperanza

Nos queda la esperanza de que esos jóvenes que tanto se han preparado y por desgracia tienen que emigrar para buscar un futuro, cuando tomen las riendas pensarán mejor y actuarán con mayor acierto. Y que nosotros lo veamos.

Confiemos en que esos futuros dirigentes no permitirán que se siga cumpliendo ese otro adagio (III iii 99) de la colección de Erasmo: Canis peccatum sus dependit, es decir “el delito del perro lo pagó el marrano”. Se trata de un adagio griego de oscuro origen (τò κυνòς κακòν ΰς άπέτισεν) pero que, como dice el humanista, “destila sabiduría popular”.

Así que, esperando que crezcan por todas partes los brotes verdes y que, ya que ha ganado Obama y ha proclamado en su discurso “a decade of war is ending”, confiemos en que sea verdad y que nuestros hijos y nietos vean otro mundo y otras formas de construir la prosperidad de todos.

Otoños

1 noviembre, 2012

Money have I none

But I’ve got silver in the stars,

gold in the morning  sun, gold in the morning sun.

Don Williams

 

Vasastaden

El otoño es fiel. Llega sin falta.

El oro, a juzgar por las ofertas de compra y venta de ese metal, se presenta como el refugio de los ahorradores, pero es voluble, como todo lo que tiene su curso en Bolsa. Al lingote del vil metal y a la joya exclusiva los guardan en cajas fuertes y de vez en cuando los sacan para contemplarlos, lucirlos o para especular en el mercado. ¡Los sudores de toda una vida condensados en gramos! ¡Su valor por las nubes!

El otoño prodiga su oro sin que nos cueste nada.

El domingo pasado éramos pocos los que paseábamos por las alfombras doradas que, sin precio ni ofertas, sin oscilación de cursos financieros, sin cajas fuertes, nos desplegaba el otoño cumplidor por los parques del barrio de Vasastaden en Gotemburgo.

¡El oro por los suelos, al alcance de todos!

 

Como cantaba Johan Anders Wadman (1777-1837), el llamado “poeta de Gotemburgo”:

En mis años juveniles yo quise cazar

una mariposa multicolor, vestida de oro,

yo fui tras ella hasta que me vine abajo,

el golpe me dejó una herida ardiente.

Pero a pesar de todo tuve la fortuna

de volver otra vez a mi refugio,

a mi pequeño rincón de la montaña.

 

[Jag jagade i ungdomsåren
en brokig fjäril, prydd med gull,
jag vilse gick, jag föll omkull,
jag stötte mig – än svida såren.
Men jag var lycklig nog ändå
att åter hitta till min vrå,
min lilla vrå bland bergen.]

Séptima estrofa de «Min lilla vrå bland bergen»

Su busto se alza en el parque Vasa sobre una pequeña colina que da nombre a la calle adyacente, la Götabergsgatan (la calle de la colina), cubierta en estos días de un tapiz de hojas caídas. Pocos aquí saben quien fue, pero su canto a la sabiduría del otoño rima bien con estas veredas cubiertas de fugaces oros.

Por toda la ciudad, las vivas tonalidades de las hojas caídas o a punto de caer, han vestido los parques y las avenidas.

Pero, no sé por qué, hay otoños de otras latitudes que, desde mi otoño en Suecia, me viene el deseo de evocar.

Tiempo de excursiones en las sierras de la Marina Alta

Pasados ya los calores del verano, es el tiempo también de los paseantes de las sierras de La Marina Alta en la provincia de Alicante.

Los grupos de excursionistas se ponen en marcha durante los fines de semana por montes y valles desde donde a menudo se divisa el mar.

La Vall de Gallinera y sus alturas son de flora y fauna muy variadas. Sus senderos ascienden entre olivos y almendros. La entrada del valle la guarda un pueblo, encaramado en un saliente rocoso, de nombre y raigambre árabes: Benirrama.

Peñas fortificadas, como el castillo que domina el pueblo, sirvieron de último refugio a los moriscos.

Hay una excelente guía para marchar por esas sierras: “La Vall de Gallinera, per camins de moriscos y mallorquins”, obra de V.Morera y J.Ortola (Instituto de Estudios de la Comarca de la Marina Alta, IECMA, 2011), que da no sólo informaciones para la marcha sino para el disfrute histórico, cultural, botánico y faunístico del caminante. Las fotos e ilustraciones son de gran calidad.

Ofrece doce rutas, incluida la de la sierra de La Safor, cuya cima domina toda la comarca.

El otoño de Gotemburgo aviva mis recuerdos de las excursiones con el Centro Excursionista de la Marina Alta (CEMA), como, por ejemplo, la subida en un día lluvioso de otoño a la laguna que en valenciano se denomina  “la bassa de Benirrama”.

Si alguna vez, cuando el turismo masivo ha disminuido y los calores ya no aprietan, viajáis a Alicante para disfrutar de sus playas y pueblos marineros, recordad que hacia el interior de la provincia, por sus sierras, podréis encontrar otros tesoros, menos conocidos.

Guardad un poco de vuestra energía para caminar por los senderos de los valles de la Marina Alta y, quizás, reservar una mesa en el Bar Roca de Benirrama para comer un excelente arroz con habas.

Por los pueblos del “Roannais” al oeste del alto Loira

26 octubre, 2012

Cuando partimos de Tréveris este verano nuestro recorrido nos llevó hasta La Clayette en el extremo sur de la Borgoña.

Pernoctamos en un camping frente al lago, junto al cual se yergue un castillo que se fue construyendo en fases sucesivas, medievales y renacentistas.

Era la primera vez que desde un camping he podido divisar la silueta de un castillo de cuento de hadas reflejándose en un lago.

En nuestra ruta hacia el sur, desde el otro lado de las alambradas nos miraban silenciosos los terneros de la raza Charolais (no en vano circulábamos no lejos de Charolles).

Estos amables animales, inconfundibles en su pelaje de un color blanco cremoso, forman parte de una cabaña predestinada a convertirse en los más preciados solomillos y chuletones de las carnicerías francesas.

http://fr.wikipedia.org/wiki/Charolaise

En un prado para ella sola pastaba la mamá vaca ignorante de su destino, del suyo propio y de su prole.

Poco después de salir de La Clayette dejamos el territorio de Borgoña y, siguiendo el consejo que nos había dado nuestra amiga Agnès, experta conocedora de la región, enfilamos hacia el Roannais (¿sería correcto decir en castellano el Roanesado?)

Charlieu

Al noroeste de Roanne nos recibe este pueblo de abolengo medieval. Además de comprar solomillos de charolais en la boucherie (donde nos entretenemos en amena charla con la amable pareja que la regenta), pecaríamos no sólo de gula sino también de ignorancia si no hiciésemos un alto en su abadía benedictina, fundada en el año 875 y vinculada en el siglo siguiente a la cercana abadía borgoñona de Cluny.

Es el día del Patrimonio, y su claustro gótico del siglo XV, así como su sala capitular, lo ocupan las demostraciones de técnicas de restauración de la piedra y la exposición de tallas góticas pacientemente recogidas y restauradas con los fondos que recogen los voluntariosos “amigos de Charlieu”.

Son tallas modestas y maltratadas por el paso del tiempo, pero admirables en la ternura que suscitan sus rostros, trabajados por artistas anónimos.

Son fisionomías que es su día lucieron policromadas y hoy, sin palabras, nos hablan de la sensibilidad popular y de los deseos expresados por las gentes que desfilaron ante ellas reclamando la atención del cielo hacia las penas y carencias de sus vidas.

La Bénisson-Dieu

Pasamos por el pueblo de La Bénisson-Dieu (literalmente, aunque falta una s, parece que quiere decir “bendigamos a Dios”). Visitamos la soberbia iglesia que se alza solitaria sobre las praderas que ocupaba su abadía anexa, demolida durante la revolución francesa.

Por falta de tiempo dejaremos el desvío a Le Crozet para otro viaje, y nos limitamos a bajar hacia el siguiente pueblo en la ruta de los viñedos de la comarca que está llena  de “villages à caractère”. El Roannais debe su nombre a la cercana capital de la región, Roanne, en el departamento de la Loire, que a su vez lo tiene de este larguísimo río, enteramente francés  http://www.leroannais.com/

Ambierle

El pueblo de Ambierle está rodeado de viñas, sobre todo por las tierras del domain des Palais (es decir los viñedos y bodegas de la familia de Yann y Sylvie Palais). Los Palais han sido viticultores de generación en generación. Tras la cata de algunos de sus caldos y la compra de algunas botellas de tinto, seguimos su consejo y subimos al pueblo para visitar sus calles y su iglesia gótica. “No dejen de ver el retablo de la Pasión”, nos dicen.

Es en efecto un extraordinario retablo flamenco, que llegó de Bruselas en el siglo XV, pintado y esculpido en los talleres del entorno de Roger Van der Weyden, y que preside la nave central. Su estado es tal que parece pintado y esculpido ayer.

Saint-Haon-le-Châtel

Este es un pueblo fortificado con un centro histórico muy bien conservado. Antes de dar un paseo dentro de sus murallas, nos sentamos al pie de ellas, en uno de los cafés, a disfrutar de una merecida pausa que incluye los excelentes pasteles de la patrona.

Su iglesia, de núcleo románico con elementos de transición, contrasta con las naves góticas que hemos visitado por la mañana.

Hay una especie de cuarto trastero, visible desde la nave, que serviría de base para una película de misterios medievales. Las imágenes, en contraste con el cuidado y el mantenimiento  que hemos visto en Charlieu, duermen aquí bajo el polvo.

No así sus espléndidas mansiones renacentistas, como esta llamada “la casa del reloj”

Poco después, tras algunas vueltas y revueltas, acabamos encaramados sobre los farallones que bordean el Loira en el siguiente “pueblo de carácter”.

St Jean-St Maurice sur Loire

No sólo fue un enclave celta, sino que estos dos pueblos reunidos en uno se convirtieron en lugar de paso de la ruta de Cluny y etapa para los peregrinos hacia Santiago de Compostela, representado en los frescos de la iglesia de San Mauricio.

A los pies de su torreón y de los restos de sus murallas del siglo XII, las aguas del Loira suben o bajan en función de la regulación de un extenso embalse que las retiene.

Con la vista de ese gran recodo de aguas remansadas, abandonamos la región, en dirección a la autopista A75 con la intención de hacer noche en Issoire.

Pero esa es otra historia, porque al día siguiente nos emplearemos a fondo para alcanzar Barcelona y luego nuestro pequeño destino en las tierras de la Marina Alta alicantina.

Karl Marx en la ciudad de las virtudes

20 octubre, 2012

Como explicábamos el pasado día 11, además de ser una ciudad de estirpe romana al borde del Mosela, Tréveris (Trier) fue una ciudad episcopal ya desde los tiempos en que la enorme basílica romana de Constantino el Grande se convirtió en templo cristiano. Y por ella pasó desde los pañales hasta la adolescencia otro constructor de utopías, que soñó vencer no con la cruz, como el oportunista emperador romano, sino con la fuerza de la clase obrera.

Para no ser menos que los romanos, también los príncipes obispos de Tréveris se hacían retratar como constructores de templos en esa meta y lugar de tránsito de peregrinos.

No era la “burbuja del ladrillo” sino de la piedra, pues las jerarquías eclesiásticas, los nobles y los monjes administraban las mayores oficinas de obras públicas y de empleo de la Edad Media.

Quizás por ello en las calles e iglesias de Tréveris he encontrado hasta tres versiones de las virtudes cardinales.

Prudencia

Justicia

Templanza.

Fortaleza

Las cuatro virtudes hacen guardia a la sombra de San Marcos en la fuente de la Plaza del Mercado y también flanquean los mausoleos episcopales de la Catedral.

Aunque lo que mejor ilustra el boato de uno de estos príncipes es la representación de la muerte. En realidad esta “vanitas” es bastante pretenciosa. El personaje parece más bien decirnos “¡después de mí el diluvio!”

No obstante, los jardines del palacio de los Príncipes Electores son más festivos y sus alegorías se sitúan ya bajo los auspicios de la Ilustración.

No sabemos si en sus dominios arzobispales, los príncipes eclesiásticos y sus sucesores practicaron una vida virtuosa, pero que hicieron gala de ellas salta a la vista.

Con el tiempo, otras aspiraciones virtuosas, las revolucionarias, ocuparon la escena.

En la Casa Museo de Karl Marx

Fue en Tréveris donde nació alguien que haría descender el determinismo histórico de las nubes de la teoría hegeliana a los programas de acción del materialismo histórico y del comunismo, desarrollando una ambiciosa utopía, con aspiraciones de ciencia, para dominar la marcha de la economía hacia la sociedad sin clases.

Nos referimos a Karl Marx. 

La casa natal de Karl Marx ha resistido a los años del nazismo y es hoy un museo organizado con un estricto criterio cronológico y pedagógico. En él se recorre con estimable ecuanimidad tanto la historia de la familia y de la vida de Marx como de sus obras y teorías y de movimientos con los que estuvo vinculado, sin olvidar los desarrollos posteriores del marxismo y del comunismo, con sus contradictorias secuelas de idealismos y tragedias.

Así los analizaba ya la obra de Albert Camus, quien “antes de examinar el fracaso del marxismo” resaltaba  “la exigencia ética que subyace al sueño marxista”. Lo que hace la “verdadera grandeza de Marx”, escribe, es esa exigencia moral, que le llevó a «situar el trabajo, su injusta desvalorización y su dignidad profunda en el centro de su reflexión”.

Aunque, navegando a contracorriente de su tiempo, el autor de “L’homme révolté” añadía:

Su fracaso obedece a un método que en su ambigüedad quiere ser a un tiempo determinista y problemático, dialéctico y dogmático.  Si el espíritu es sólo el reflejo de las cosas, sólo puede anticiparse a su evolución mediante la hipótesis.  Si la teoría está determinada por la economía, sólo puede describir el pasado de la producción, no su futuro, que solamente se mantiene en el terreno de la probabilidad

La impotencia del materialismo histórico para superar la crítica de la sociedad presente y su fracaso como ciencia de la sociedad futura ya se sabe lo que trajeron después, cuando Lenin, Stalin y sucesores redujeron la obra de Marx a una profecía que quiso autocumplirse por la dictadura y el terror.

En este museo no hay alegorías barrocas de las virtudes cardinales, pero sí que se sienten los ecos de las luchas de clases en pos de la Justicia durante los siglos XIX y XX, acompañadas por las ambivalentes secuelas de la Fortaleza y los eclipses de la Prudencia.

La Templanza se tendrá que quedar para otros museos y episodios, pues la historia de la humanidad no es demasiado pródiga en su ejercicio.

Breverías erasmianas (II): «Dulce bellum inexpertis». Entre la Europa de Erasmo y el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea.

13 octubre, 2012

«La guerra atrae a quienes no la han vivido»

La paz es la madre y la nodriza de todos los bienes.

La guerra arruina, extingue, barre de repente y de una sola vez todo lo alegre y todo lo bello y descarga sobre la vida de los hombres una cloaca de males, una especie de cié­naga de Lerna.

En tiempos de paz sucede enteramente como si una primavera singular brillase sobre el mundo de los hombres: los campos se cultivan, los jardines verdean, pacen gozosos los rebaños, se construyen gran­jas, se erigen ciudades, se reconstruyen las que se habían desplomado, se embellecen y se agrandan los edificios, las riquezas aumentan, se celebran fiestas, rigen las leyes, florece el sentido cívico, hay fervor religioso, la justicia prevalece, se valora la solidaridad, se desarrolla el artesa­nado, el jornal de los pobres es más abundante, la opu­lencia de los ricos se vuelve más espléndida.

Florece el estudio de las disciplinas más respetables, la juventud se instruye, los ancianos disfrutan de un descanso apacible, las doncellas se casan bajo buenos auspicios, «las que dan a luz reciben piropos por el parecido de la prole» (Horacio, Odas, IV,5,23).

Extracto de «Dulce bellum inexpertis» de Erasmo de Rotterdam (Adagio 3001 – IV i 1 ).

Traducción del autor de este blog en su edición de Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio (Madrid, Alianza Editorial, 2008)

Siglos de masacres en Europa

En la edición de los Adagios de Erasmo de 1508 este adagio apenas ocupa cinco líneas. Pero en 1515, los desastres que ha contemplado en Italia, en Francia y en el Du­cado de Borgoña espolearon a  Erasmo, su comentario se convierte en un ensayo contra la guerra y el texto no dejará de crecer a lo largo de sus numerosas ediciones.

En 1517 publicará otra obra donde se repetirán literalmente muchos de estos pasa­jes. Se trata del Lamento de la paz (Querela pacis), que fue escrita por encargo para dar realce a los acuerdos que se iban a pactar en la llamada «paz de Cambrai» entre Maximiliano de Alemania, Carlos I de España, Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra.

La esperanza con que Erasmo la escribió se tornó años más tarde en amarga desilusión cuando era ya patente la falsedad de aquellos acuerdos, tanto que llega a afirmar en 1523 que «para la paz lo que hay que escribir es  el epitafio».

Las fórmulas de Erasmo para combatir el belicismo no han envejecido.Propone crear instancias supranacionales, recurrir al arbitraje de consejos civiles, desarrollar una relación constructiva con los pueblos exteriores a Europa y ejercer un control reforzado del poder de de­clarar la guerra. Erasmo recelaba de los poderes autocráticos y soñaba con un régimen republicano.

El poder de iniciar una guerra siguió sin embargo estando en manos de los más fuertes y los desastres que la guerra acarreaba aumentaron en in­tensidad y extensión, manteniendo la misma horrible monotonía durante más de cuatro siglos de la historia de Europa.

La vi­sión de Erasmo sobre las causas y las consecuencias de las guerras, cuyas víctimas son las gentes del pueblo, siguieron siendo de triste actualidad.

El proyecto europeo y el Premio Nobel de la Paz 2012

La Unión Europea es como un milagro, lleno de imperfecciones y cada vez más denigrado por quienes ignoran la historia de nuestro continente y acusan de “déficit democrático” a este proyecto inusitado que surgió sobre las ruinas de la II Guerra Mundial y como reacción al mayor estado de desesperanza colectivo que nuestros pueblos han vivido.

El autor de este blog no es un iluso, no tiene anteojeras, pero, a pesar de la crisis económica, a pesar de los errores de nosotros los europeos y de nuestros gobernantes, le basta mirar hacia atrás en la historia de nuestros pueblos y naciones, de las barbaries de los nacionalismos y de las creencias fanáticas que asolaron nuestro continente, y no puede menos de pensar que el Premio Nobel de la Paz otorgado a este frágil proyecto que une en paz a 500 millones de seres humanos,  imperfecta en sus carencias pero paz, habría emocionado a Erasmo y a los cientos de millones de víctimas de la intolerancia y del fanatismo que sucumbieron en nuestra Europa a lo largo de los siglos.

El proyecto europeo, nacido hace más de sesenta años, por encima de los instrumentos económicos, sociales y culturales que fue poniendo en marcha para consolidar una paz basada en la reconciliación (la paz que en aquel contexto violento del siglo XVI ya describía Erasmo), es ante todo un proyecto político que se funda en una comunidad de valores. Ese proyecto es lo que saluda el Comité Nobel, con un premio que no se dirige sólo a las instituciones de la Unión, sino, una a una, a todas las personas que durante décadas han creído en Europa y han trabajado y trabajan por mejorarla, sabiendo que sus culturas nacionales y regionales no sólo no se disuelven en esta unión, sino que se reconocen, se celebran y se potencian con la paz y la colaboración política, social y económica. Quienes reducen la Unión Europea a nuestras dificultades actuales deberían reflexionar sobre nuestra historia.

Frente a la grosería de muchos comentarios que he leído en las últimas horas sobre la noticia del premio, fruto de la ignorancia y quizás de la frustración, frente al escepticismo invasivo, quiero poner mi granito de arena sobre esta modesta página. La paz que soñaba Erasmo era la paz del respeto a los derechos de los ciudadanos y de la democracia, garantizada por fuertes lazos supranacionales y es una laboriosa y lenta invención europea, que, a pesar de los pesares, sigue atrayendo e inspirando a millones de personas de todas las latitudes de nuestro maltratado mundo.

Los progresos cívicos, sociales y políticos son muy lentos y son frágiles. Hay que evitar que retrocedan y para ello hay que avanzar. Por ejemplo (esta idea ha sido propuesta en el seno del Parlamento Europeo) dejando de lado algunas tradiciones nacionales de dominio y en lugar de presentarnos separados en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Inglaterra y Francia son miembros permanentes) se debería dejar paso a una presencia integrada de la Unión Europea.

Así no sólo daría ejemplo de paz interior sino que tendría un peso determinante para potenciar la paz en todo el mundo. ¿Una utopía en las circunstancias actuales? Puede ser, pero si al final de la II Guerra Mundial los políticos que lanzaron el proyecto europeo hubiesen sentido de este modo y hubiesen retrocedido ante los particularismos, seguramente no habríamos llegado a vivir en una Unión Europea.

Creo que en vez de denigrar el proyecto europeo, no hay que avergonzarse de apoyarlo.  Lo que hay es que luchar por mejorarlo y seguir conquistando parcelas de utopía.

Este premio es justo y va en el buen sentido.

Viñedos de Renania y vendimia en Benitatxell

11 octubre, 2012

Dedicado a Pepa y Miquel

Cuando el verano estaba ya en trance de marcharse, pasábamos nosotros por las tierras del Mosela, en la ruta de Suecia a España. Difícil que yo pueda contar algo nuevo sobre esas tierras de viticultores. De modo que por hoy me limitaré a la impresión que me produjo el anfiteatro de la capital del Imperio Romano de Occidente, circundado de viñedos.

Las piedras milenarias de Tréveris y las viñas de sus ribazos

Aún no había comenzado la vendimia pero se presentía cercana.

La ciudad de Trier (Tréveris), la más antigua de Alemania, recoge memorias en piedra y arte de todas las etapas de la historia de Europa. Desde que los romanos y, mucho antes, los celtas la poblasen, hasta que Karl Marx viniera al mundo en la casa que es hoy su museo, habrían de pasar varios siglos.

Después de Constantino y de las invasiones bárbaras Tréveris fue durante centenares de años una “ciudad episcopal” y hoy es el centro de atracción turística más importante del valle del Mosela.

De estas tierras se van los visitantes cargados de botellas de esos vinos rubios o ligeramente tintos, dulces casi siempre y algo gaseosos, que caracterizan a la producción vinícola alemana. Aunque para quien prefiera la cerveza, la elección es complicada, pus sus fabricantes proliferan, a cual mejor.

La ciudad romana era hermosa y extensa y en su borde exterior no faltaba el escenario en que al pueblo se le ofrecía «panem et circenses», aunque, visto lo que predomina en sus campos, seguramente el concepto de pan se habría de entender como «pan y vino».

El anfiteatro

El eco de los miles de pisadas de quienes deambularon por este lugar, sus sótanos, subterráneos y escaleras, las sombras y contraluces de sus dinteles y pasadizos son como un imán para la mirada y un lenitivo para las prisas y urgencias de nuestra vida cotidiana.

Aquello fue un verdadero coliseo cuya forma ovalada, graderíos, hipogeo (los subterráneos) y sus accesos (los “vomitorios”), son similares a los de su hermano mayor de Roma, construido también en el siglo I de nuestra era. Como él también fue luego abandonado y sirvió de cantera durante muchos siglos.

En el caso de Tréveris se salvaron los contornos suaves, cubiertos de yerba, de sus graderíos esquilmados, los muros desdentados y los arcos de accesos y salidas.

Subsisten los túneles y galerías de su mundo subterráneo apuntalado y los barandales de piedra que circundan la arena.

Al Coliseo de Roma, a pesar de sus pérdidas de siglos, le queda suficiente piedra. De modo que nos lo dice casi todo. El de Tréveris es como un espíritu de algo que allí se alzó y que presentimos. Su alma ronda y nos deja libertad para imaginar aquella arquitectura que antaño la retuvo.

Cuando los jardineros cuidan las pendientes de césped que recubren lo que otrora fueron bancadas sobre las que el público se exaltaba y divertía, hay una especie de estremecimiento en el aire, pero no es un clamor humano sino el ruido de la máquina de cortar la yerba.

Aquí, bajo la arena, se preparaban los gladiadores o esperaban los animales en sus jaulas.

Por aquí circulaban los actores de las representaciones y se disponían a irrumpir en la arena.

Y detrás de esta barrera se sentaba el público más distinguido y las autoridades civiles y militares de la capital del occidente romano.

De vendimia entre amigos en el Poble Nou de Benitatxell

Cuando concluyó nuestra ruta desde el norte la vendimia sí que había empezado en la comarca de la Marina Alta.

Nuestros amigos de Benitatxell nos invitaron a una jornada de recolección y prensado de la uva. Se trata de un cultivo para el consumo de familiares y amistades.

Hay que decir que Benitatxell se denomina “poble nou” (pueblo nuevo), porque a pesar de tener una historio de asentamientos tan antiguos como los de Tréveris y de que fue tierra habitada por iberos, romanos, árabes andalusíes y catalano-aragoneses, la alquería remanente fue al cabo del tiempo despoblándose y y quedando totalmente abandonada con la expulsión de los moriscos. El lugar fue en 1609 repoblado por inmigrantes mallorquines  y devino así un “pueblo nuevo”  (ver:  http://fci.uib.es/digitalAssets/173/173703_5.pdf ).

En su término municipal se cultiva una excelente uva moscatel, que sirve para el consumo y para la producción de la mistela. La uva roja de sus bancales se utiliza para la elaboración de tintos a una escala limitada.

Algunos racimos podrían servir de modelo en un cuadro dedicado a Baco.

La jornada es intensa pues se anunciaban lluvias y la uva no debe prensarse mojada.

Los capazos repletos se alinean, listos para ser llevados a la máquina que separará la uva de los sarmientos y la trasformará en un mosto intensamente dulce y morado.

Antes de que oscurezca hacemos una pausa para recuperar fuerzas con uva moscatel y “cocas”, de excelente y crujiente miga coronada de tomate y berenjena o de anchoas, entre otras posibilidades. La coca es diferente de la pizza italiana, ya que es más ligera y reducida de tamaño y el queso no entra en la composición de esta especialidad gastronómica alicantina y valenciana.

Pero la pausa no puede durar mucho, pues empieza a chispear y todavía quedan veinte capazos que prensar cuando ya está cayendo la tarde.

Las cubas van llenándose de mosto.

Y, como no queremos ser meros espectadores, seguimos echando una mano.

Breverías erasmianas (I). “Terrae filius”

30 septiembre, 2012

Dedicado a Fernando Savater

Debe ser cosa del otoño que, en estas playas de la Marina Alta, se ha presentado sin avisar. La repentina mudanza del mar parece una incitación a que nos abandonemos al flujo de las estaciones.

Puede también que sea el viaje de Escandinavia a España por el Mosela y la Borgoña y alguna botella de vino que trajimos de Ambierle, o pudiera ser la vendimia y su mosto a los que unos amigos nos invitaron hace unos días en el poble nou de Benitatxell.

El caso es que más allá de los lugares físicos y geográficos hay lugares o loci mentales y que hace ya tiempo que deseaba comenzar a resumir en este blog algunos de los comentarios que Erasmo de Rotterdam escribió sobre los proverbios greco-latinos. Comenzó ese libro para ayudar a sus alumnos de retórica y para ganar algún dinero cuando andaba lampando por París en el año 1500. Primero publicó una colección de 838 adagios, brevemente explicados en su Adagiorum collectanea. En Venecia en 1508 la colección pasó a llamarse Adagiorum chiliades («Millares de adagios»).

Tras nueve reediciones, a su muerte en 1536, la obra de los Adagios llegó a incluir 4151 adagios con comentarios histórico-filológicos, aunque, además, glosados con inspirada vena crítica, también aluden con frecuencia a sus propias vivencias y a la actualidad político-social y religiosa de su época. Esta es la primera de mis BREVERÍAS ERASMIANAS a partir de los comentarios de Erasmo.

Terrae filius: hijo de la tierra (Adagio I viii 83)

Comenta Erasmo que, antiguamente, aquellos hombres de los que no se conocían ancestros, las gentes de oscuro origen, eran llamados “hijos de la tierra”, significando así que la paternidad de todos está en la tierra, o, dicho de otra forma, que el origen de los seres humanos es el suelo de la Tierra.

En definitiva, que todos venimos de ese humus común.

En la glosa de este proverbio, el humanista cita entre otros a Cicerón, a Juvenal y a Eurípides. Este último usa la expresión “hijo de la madre tierra”. También cita al poeta Persius, quien ironiza sobre la vanidad del remontarse a los ancestros, pues al final somos “todos hijos de la tierra”.

En Grecia y Roma

Comenta Erasmo que

En las obras de PausaniasEstrabón y otros autores similares leemos que a ciertos pueblos se les llamaba autóctonos porque no situaban su propio origen en otro lugar del mundo, como hace la mayoría, sino que preferían que se les considerase como nacidos del suelo en su sentido material. De esta clase eran los atenienses. Quienes de ellos se habían hecho famosos por su valor y no por ilustres blasones familiares, eran llamados novi homines, hombres nuevos.

En Roma, la expresión ‘hombres nuevos’ se usaba para designar a aquellos que se habían dado a conocer por sus buenas cualidades, aunque hubieran nacido en una familia irrelevante. Cuando para mofarse de Cicerón le colgaban ese epíteto, él lo reivindicaba como una distinción.

En la España de estos días

Comienzo mi serie de breverías erasmianas por el adagio “Terrae filius”, motivado en parte por la movida rediviva de las identidades en Cataluña. Da la casualidad que es de allá precisamente de donde  mi abuelo catalán vino a vivir a Madrid .

La batalla de las credibilidades se está enconando en España y, como decía hoy en El País el historiador Santos Juliá, “es en este punto donde el entusiasmo de los intelectuales resultará decisivo, porque solo ellos podrán dar credibilidad a la gran mentira del nacionalismo: que la nación una, la identidad una y la pertenencia única son los fundamentos de la libertad”.

Me imagino lo que diría Cicerón, aquel novus homo, de esas machaconas invocaciones a una nación, una identidad, una sola pertenencia. Para Erasmo de Rotterdam los afanes nacionales de los gobernantes de su época eran una de las causas principales de las miserias de su siglo.

Fisionomías (IV). En la Gliptoteca de Copenhague (II)

22 septiembre, 2012

Volvemos a la Ny Carlsberg Glyptotek.

El 23 de agosto habíamos empezado nuestro diálogo con sus habitantes, que a primera vista están mudos, pero, si nos concentramos, nos cuentan cosas. Habíamos iniciado el recorrido con las mujeres y los niños, aunque no se trataba de ningún salvamento, pues la gliptoteca navega airosamente. Y también nos visitó un joven de abundantes rizos.

Hoy daremos la palabra a los varones y a las parejas muertas, ya que en el arte funerario romano los matrimonios que podían pagárselo no se iban del todo, pues se quedaban, prestos a mantener una amena charla con quien se avecinase a su sarcófago.

De estirpe imperial

Un saludo primero a los que fueron poderosos, aunque pereciesen de forma oscura o en luchas por el poder

Pompeyo Magno, el de la frente perpleja.

Pienso que sí, que toda su vida anduvo entre perplejidades, que si con Cesar, que si con el Senado. Para mí que este rostro refleja el estado de ánimo en que debió de encontrarse cuando estaba a punto de desembarcar en Egipto, huyendo tras la derrota de Farsalia, para pedir asilo a quienes habían ya decidido asesinarle.

Calígula es el emperador de rostro de hielo, que empezó bastante bien pero luego acumuló un enorme déficit que puso al imperio al borde de la bancarrota (en este caso la culpa no se la pudieron echar a Zapatero).

La verdad es que tiene la cara de uno de esos jóvenes traders de nuestros días que se están haciendo famosos con sus escalofriantes defraudaciones.

Germánico, a quien un celoso Tiberio, al parece, mandó envenenar cuando sólo tenía treinta y cuatro años y no vivió para ver los desaguisados de su hijo Calígula. A pesar de su agitada vida, de los miles de germanos que masacró y de la cantidad de campañas militares que dirigió, conserva aquí su aire de mosquita muerta.

Un general y varios anónimos

Empezamos por el rostro viril de uno de quien se conoce el oficio.

A este militar de rostro severo y barba sobria le debieron obsequiar el busto sus suboficiales el día de su jubilación, allá por la segunda centuria de nuestra era.

El nombre le va bien, se llamaba Arrius Justus, y tiene todo el aire inofensivo de un jefe de cascos azules.

El que mira con los globos oculares aún en sus cuencas, pero con iris extraviados, es alguien que debió de tener los medios para ser inmortalizado en bronce. ¿Un colonizador romano de Megara, donde parece que vivió en el siglo I de nuestra era?

El resto del cuerpo no se sabe adónde fue a parar y podemos tener nuestras hipótesis sobre la actitud con la qué decidió retratarse. ¿Será que sus arrugas en la frente y esa mirada inquieta nos estén hablando de un jefe militar que examina preocupado el campo de batalla?

En cualquier caso no parece que le vayan los ropajes de filósofo o de legislador imperioso que vemos aquí en el hall central del segundo piso del museo.

Hay otros rostros de desconocidos que no por ello nos dejan indiferentes.

Este barbudo, ceñudo y preocupado, podría muy bien ser algún importante retórico o pensador. Pero dejémoslo así, sujeto a nuestras especulaciones.

¿Qué decir de este hombre a quien los ajetreos de la vida han dejado calvo, con patas de gallo y la frente fruncida? Puedo imaginarlo canoso, viudo y preocupado por el porvenir de sus hijos.

El siguiente rostro parece inacabado, sin que el escultor lo haya pulido. Quizás el comanditario no quedó satisfecho o no tuvo el dinero para pagarlo. Pero está bien así, con sus rasgos duramente tallados y un rictus escéptico en los labios. Se trata de alguien a quien una biografía de legionario curtido parece haber cincelado las facciones.

El suave hombre de la toga parece en cambio soñar y sus ojeras traicionan un reciente lloro. Mientras sus rizos se arremolinan con el viento un velo de añoranzas y melancolía se interpone entre sus ojos y el mundo. El rictus de la boca parece responder a un acerbo desengaño.

Por el contrario, de este de aquí abajo no quisiera interponerme en el camino. Yo no sé si empuña una espada, pero, en caso de que se irrite, temo que me aseste una estocada.

¿No es verdad que tiene un aire a Putin? Mejor no jugar con él a pussy riots.

Finalmente, este buen hombre trata de incorporarse sobre su propio sarcófago como si aún participase de un banquete en el triclinio.

Dos dramaturgos, un filósofo y un poeta intruso

Ya se sabe que los romanos reproducían efigies de los filósofos y dramaturgos griegos que databan del siglo V a.C. Pero lo hacían muy bien, trabajando con esmero el mármol.

Claro que no disponían de la fibra de vidrio y otros materiales sintéticos, a los que nos han habituado hoy en día ciertas esculturas hominoideas, salidas de los moldes de factorías que las calcan una y otra vez con pequeñas variantes. El pobre Walter Benjamin no pudo llegar a prever que los materiales y tecnologías de nuestra civilización de lo sintético iban a seguir confirmando, más allá de lo entonces imaginable, las certeras predicciones que sus análisis referían al cine y a la fotografía en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”.

Pero volvamos a nuestra fascinante gliptoteca. Estos bustos de ilustres griegos tienen la impecable y humanizada factura de los bustos romanos.

Eurípides

 

Sófocles

 

Platón

Y ya que que hemos mencionado a Walter Benjamin, dejemos que uno de sus poetas favoritos baje hasta aquí aquí desde otra sala de la gliptoteca.

Se trata de Charles Baudelaire.

Es una cabeza de líneas sobrias y modernistas, esculpida por Raymond Duchamp-Villon en 1911. Más que manifestar como los bustos romanos, oculta un mundo de símbolos, a la espera de que sus labios prietos se abran y se desborde el  torrente sinuoso de alguno de sus poemas.

Seguramente lo habéis adivinado, el escultor era hermano de Marcel Duchamp, aquél de la broma del urinario reconvertido en “fontaine”, el inventor del ready-made, el que no se molestó siquiera en explotar la “reproductibilidad” pues le bastaba con la “reapropiabilidad”.

Tengo la sensación de que dentro de algunos siglos las esculturas de Raymond seguirán estando artística y materialmente presentes. En cuanto a los ready made de su hermano, tengo mis dudas.

Quizás también se nos presente una ocasión de hablar del mayor de los tres hermanos,  Gaston Emile, quien prefirió ser conocido como Jacques Villon y fue un excelente pintor.

¡Silencio, se duerme!

En este recorrido por las fisionomías de la gliptoteca de Copenhague es lógico terminar por aquellos bustos que, para los romanos, si nos atenemos a las esculturas de sus sarcófagos, representaban a quienes, no obstante estar muertos, se habían quedado cerca, al menos en el recuerdo.

Los de parejas muertas son particularmente realistas y emotivos. En este caso, si lo esculpido responde a lo que fueron, tuvieron que ser buenas personas y un matrimonio bien avenido.

Y estas dos hermanas, aunque petrificadas para siempre, parecen soñar con una futuro feliz