Rosas, castillos y paisajes de Västergötland
Dedicado a Maria y Kristian
Paisajes y rosas
Ahora que el verano ha dejado Suecia no está de más recordar una visita por los alrededores de un lago menor, pero lleno de sorpresas, el Hornborgasjön en la región de Västergötland, al sur del gran lago Vänern.
Se trata de una reserva natural, etapa de muchas aves migratorias y espacio vital de otras que ahí viven.
No sólo las aves emigran. También tenemos junto al lago, unos amigos que hace ya veinticinco años decidieron irse a trabajar ahí, dejando Gotemburgo, habilitando una vieja granja, con ovejas y colmenas, rodeada de prados donde pastan las vacas y vuelan bandadas de pájaros, y convirtiendo la parcela en una soberbia rosaleda, con más de cien variedades de “rosas viejas” y “rosas nuevas”.
Así que os presento, para su admiración, una selección de imágenes de los más de cien rosales que allí vimos.
Esta entrada es en gran parte el homenaje de un lego en la materia a las rosas de ese jardín y a quienes las miman desde hace más de dos décadas.
Nos fueron explicando uno a uno los nombres de cada variedad pero al final no consigo dar razón. Los expertos sabrán distinguirlas. Yo sólo retuve el de una muy bella, Maiden Blush, es decir “el rubor de la doncella”.
Con la impresión de las rosas todavía fresca en nuestra retina, continuamos nuestro periplo por las riberas umbrosas de los pequeños lagos de la zona.
Mirando a estas aguas, según ilustra un panel, ardió el palacio de Höjentorps en 1722. Quedan algunas escalinatas y la cava de los vinos. Los reflejos de la catástrofe debieron ser majestuosos.
Ruinas, castillos e historias ejemplares
Poco después llegamos al pueblo de Varnhem, que se enorgullece con razón de las ruinas de su abadía cisterciense, fundada a mediados del siglo XII, muy bien explicadas y conservadas, de la que sigue en pie el templo, donde por desgracia no llegamos a entrar, por un margen de media hora.
Nos dijeron que en ese lugar está enterrado uno de los nobles más poderosos y más ricos de la época de la reina Cristina de Suecia, en pleno siglo XVII. Un incansable constructor de castillos.
Se llamaba Magnus Gabriel De La Gardie (1622-1686) y una de aquellas enormes residencias, el Läckö Slott, la sitúo en un paraje incomparable.
Así que decidimos que en la vuelta a Gotemburgo nos pasaríamos por el Läckö Slott.
Está situado en la extremidad de una península que arranca junto a Lidköping para internarse en las aguas del Vänern.
El castillo impresiona desde fuera. Pero su interior, no sé si en parte por los deterioros posteriores a la caída en desgracia de Magnus, o por los modestos acabados de los muros interiores y de los frescos (salvo para el gran salón y dormitorio principales) se caracteriza por algo así como un querer emular a Luis XIV y no poder. ¡En fin, que resulta un poco tristón!
Ese ambicioso noble tuvo una historia fascinante, que no necesito contar aquí, pues está en la Wikipedia. Pero, a mí lo que más me ha llamado la atención en su biografía es que tiene todos los elementos para una buena película. Sus ancestros eran ricos comerciantes del Languedoc, ennoblecidos luego por los favores hechos a los reyes de Francia con esas cortesías que el dinero financia.
De ellos destacó el abuelo Pontus, noble mercenario al servicio del Reino de Suecia, que emparentó con sus reyes al casarse con una hija natural de Juan III (¿el envenenador?) de quien hablamos en nuestra entrada del pasado día 9 de setiembre. Este abuelo de Magnus nació en Francia y fue a morir en tierras que hoy pertenecen a Estonia.
Por ahí empezó todo, nada nuevo bajo el sol: dinero, guerra y esponsales dinásticos.
Pero a Magnus le redimió en parte el amor por la cultura refinada de la corte de Francia. Se formó en París y se distinguió en Suecia como mecenas y patrón de la universidad de Uppsala. Construyó castillos y palacios y quiso remedar los esplendores de la corte de Luis XIV.
Fue también un insaciable terrateniente en diferentes zonas del extenso imperio sueco de la época.
Pero su pasión por Francia fue también lo que le perdió y acarreó la bancarrota a las finanzas suecas, ya que, como regente, metió a Suecia en todas las guerras que convenían a Francia y, por añadidura, perdía las batallas en las que se auto-otorgaba el mando del ejército.
Al final lo juzgaron y le privaron de casi toda su fortuna, como indemnización por las defraudaciones de las que se le acusaba.
Él mismo concluyó diciendo amargamente: “se ha ido todo lo que yo adquirí durante treinta y ocho años y mi padre y mis antepasados durante cuarenta”
En cualquier caso, su castillo del lago Vänern, que también le expropiaron, sigue en pie, flanqueado por sus jardines y un regio embarcadero, aunque quienes ahí se embarcan hoy en día son los amantes de la navegación a vela y, más modestamente, los jinetes de cisnes
Piedra, papel y tijera en el castillo de Kalmar
Piedra
El castillo de Kalmar acumula piedras desde hace siglos, su historia se remonta al 1180 de nuestra era.
Papel
De papel, o mejor de pergamino, fueron los acuerdos de la Unión de Kalmar que rubricaron en ese castillo, en 1397, los monarcas y los nobles de Dinamarca, Noruega y Suecia. La idea fue que, no obstante las tensiones, había que mantenerse unidos frente al poder de la Liga Hanseática; lo que se realizó gracias a la hábil reina Margarita I de Dinamarca.
Sus sucesores no fueron tan diplomáticos y la cooperación se rompió cuando en 1523 los suecos proclamaron rey a Gustav I Vasa y se abrieron las hostilidades entre daneses y noruegos de un lado y suecos del otro.
Lo que era una masiva fortaleza medieval se fue trasformando en castillo y palacio renacentista. Hubo historias de traiciones, encarcelamientos y envenenamientos fraternos entre los herederos de la corona y hasta una llamada “guerra de Kalmar” de 1611 a 1613, en la que se mataban entre vecinos suecos y daneses, lo que era casi una guerra civil por quítame allá esta frontera.
En fin, vemos así que, de la misma manera que en el juego infantil, el papel trató por un tiempo de envolver la piedra. En realidad aquellos acuerdos acabaron por teñirse de rojo, aunque por la carne de cañón no corría sangre azul sino plebeya. La carne la ponían los ciudadanos de una serie de regiones fronterizas en territorio sueco o danés, asaltadas a sangre y fuego y literalmente arrasadas. Prueba de ellos es que del viejo Kalmar sólo sobrevive el castillo.
La sangre corría también a cuenta de las milicias que, velis nolis, tenían que defender sus tierras a causa de los conflictos desatados por los intereses dinásticos.
De esta guisa se vestían los plebeyos que la nobleza equipaba para que matasen a plebeyos del otro bando. Suena a algo conocido, algo que se repite con monotonía a lo largo de la historia, aunque cambie de lugar y de protagonistas.
Tijera
Bueno, pues la tijera la pone, ahora que los países nórdicos son un oasis de entendimiento y colaboración pacífica, una artista danesa, Karen Bit Vejle, que ha conquistado el “salón quemado” del castillo de Kalmar, con el encantamiento del papel y las sombras de sus creaciones de Psaligrafía, el arte del papel recortado que, se cuenta, llegó de China hacia el año 1300 (la foto está tomada del vídeo que se proyecta en la exposición)
En esta mágica exposición he aprendido que un ministro francés del siglo XVIII, Etienne de Silhouette, tenía como hobby crear figuras recortando papel negro, y que de ahí viene el término de “silueta”.
En Dinamarca, la semilla de esta práctica la dejó bien sembrada otro apasionado practicante de la misma, Hans Christian Andersen.
Karen Bit Vejle ha seguido esta tradición, no sé si corregida, pero sí, desde luego, aumentada, de trabajar con paciencia infinita, excelentes dotes de dibujante y una exuberante imaginación. En su caso, demuestra un gran conocimiento de la historia de las formas, los cuentos populares y el diseño romántico y simbolista, además de una creatividad prolífica y que diríamos vegetal.
La tijera domina pacíficamente al papel y este inunda de luz y sombras chinescas los muros de piedra del castillo de Kalmar.
Donde se usaron el puñal, los grilletes y el veneno reinan en estos días las modestas tijeras de una artista del papel.
Otros artistas.
Los visitantes siguen a los guías que les aburren con detalles sobre lo que comían o cómo dormían Eric XIV o Juan III, aquellos vástagos de Gustav I Vasa que se adoraban (el primero de ellos encarceló durante seis años al segundo junto a su mujer, hasta que el segundo consiguió que alguien envenenara al primero, para pasar así del calabozo al trono).
Pero pasan de un salón a otro, sin que nadie les muestre un lienzo de Veronese que cuelga sobre la puerta, y que a mí me hace pensar que si María Magdalena, en vez de tantas piedras para darse golpes de pecho en el desierto, hubiera tenido a mano unas tijeras y algunos rollos de papiro, no sólo se habría cortado el pelo, sino que habría inventado el arte psaligráfico antes que los chinos

También bien alto, cerca del artesonado, campa un cuadro de Vasari, cuyo tratamiento de la luz y composición me dejan intrigado.
Pero mejor que los guías los ignoren, pues si los visitantes quisieran mirar esos cuadros, acabarían con tortícolis.
Öland se pronuncia Eeland
Öland quiere decir “el país isla”.
El faro que por el norte corona esta isla, alargada como el sonido de su nombre, se llama Långe Erik, que es como decir “Erik el larguirucho”.
Suecia es el país de los mil faros y un país puntero en la exportación de la tecnología de los faros modernos.
Este faro con nombre de rey malo lo custodian las aves migratorias que se toman un descanso antes de iniciar su viaje otoñal hacia el sur. Puede que algunos de estos cormoranes sean los que en invierno pescan incansables por las playas de la Marina Alta.
En la punta sur de la isla monta guardia el otro faro, el Långe Jan, bajo el cual se puede asimismo oír la algarabía de miles de aves.
Se viene aquí para poder contemplarlas, no sólo a ellas sino también a los cientos de ornitólogos aficionados con sus catalejos y esas cámaras de larguísimos objetivos que comparten con los fotógrafos deportivos.
Después de subir 195 peldaños se puede gozar de la vista del mar y de las aves, al extremo de una estrecha franja de tierra.
Se divisan las bandadas de aves migratorias y marinas, así como los abundantes cisnes blancos que navegan por las orillas de la isla, ante la mirada de los negros bovinos que pastan en las praderas al borde del mar.
Öland se visita con más tranquilidad cuando se han acabado las vacaciones escolares en Suecia y es fácil encontrar habitaciones en las Vandrarhem, los albergues de viajeros, tan populares y económicos, antes de que casi todos cierren a principios de setiembre.
Nuestro vandrarhem se sitúa a pocos pasos del mar, como la mayoría de los que están diseminados a lo largo de las dos costas de la isla.
Si te gusta el agua fresquita del Báltico puedes bañarte desde la pasarela de madera, bajando una cómoda escalerilla, y así disfrutar de una inmersión lenta.
Aunque la temperatura ambiente es aún benigna y el sol no falta. Se trata de un breve margen de calma entre el 20 y el 31 de agosto antes de que acabe la temporada veraniega. Merece la pena.
Tierra de vikingos y de piedras
Por aquí camparon los vikingos y dejaron incluso un poema en caracteres rúnicos, grabados sobre la llamada “piedra de Karlevi”. Es un homenaje fúnebre a Sibbe, valeroso caudillo que, en torno al año mil,combatió en el mar y por tierras danesas como rezan los versos bajo los que está enterrado en lo que debió de ser su propio feudo.
Así suena para un avisado recitador la estrofa en metro escáldico, caracterizado por sus aliteraciones, en honor de Sibbe:
Fulkin likr hins fulkþu
flaistr uisi þat maistar
taiþir tulka þruþar
traukr i þaimsi huki
munat raiþ uiþur raþa
ruk starkr i tanmarku
aintils iarmun kruntar
urkrantari lanti
Como veis, sólo faltaba que algún cantautor hubiera puesto música para haber hecho las delicias de Jorge Luis Borges
Son muchas las piedras que se yerguen para marcar milenarios sitios sepulcrales en Öland. Se distribuyen con frecuencia adoptando la forma de un barco vikingo.
Pero hay otro personaje literario que se lo hubiera pasado bien aquí con su lanza en ristre…
pues, las lastras milenarias, que datan de las edades del bronce y del hierro, alternan con los molinos centenarios que se conservan por decenas a lo largo y ancho de la isla.
Pero también hay memorias pétreas más modestas y recientes, aunque no menos poéticas…
ya que los visitantes hacemos honor a ese ceremonial de plantar grandes pedruscos y dejamos nuestras torretas de cantos rodados, a modo de mudas invocaciones frente al mar.
Por todos lados pacen las ovejas, pero, paradójicamente, un kilo de chuletas de cordero cuesta más en el restaurante que su pellejo lanudo, tan popular en Suecia como motivo de decoración en las casas tradicionales.
Así que, al atardecer del último día, renunciando al asado, nos contentamos con un acogedor restaurante griego frente al mar, en el puerto de Byxelkrok, lugar de llegada y salida de la isla por ferry, ya muy cerca del Långe Erik.
Olvidaba decir que para llegar a Öland, por tierra desde Kalmar, hay que tomar el puente que, salvando el Kalmarsund, nos conduce hasta el centro de la isla. Aquí lo divisamos desde la playa de nuestro albergue.
Pero de Kalmar hablaremos otro día.
Hoy terminamos con flores que, según Linneo y otros entendidos, tienen en Öland un territorio lleno de peculiaridades. Me cuentan que algunas sólo se encuentran aquí
Fisionomías (III). En la Gliptoteca de Copenhague (I)
Hace ya años que quería visitar la Gliptoteca de Copenhague, llamada la “Ny Carlsberg Glyptotek“ por el nombre de la cervecería, cuyo dueño, Carl Jacobsen (1842-1914), constituyó una colección de esculturas (gliptoteca: colección de piedras esculpidas), principalmente de época romana, de absoluto ensueño.
En 1906, a partir de esta colección privada, se inauguró la Gliptoteca de Copenhague, un museo público, ampliado en 1996, que cuenta además, entre otras cosas, con excelentes obras de los pintores realistas daneses del XIX, una amplísima muestra de obras de Gauguin y una nutrida colección de los vaciados en bronce de las bailarinas que Degas modeló en secreto durante años en arcilla o escayola.
Por fin pude visitarla hace unas semanas, tras un breve viaje que hicimos por la costa de Escania.
Después de estas nuevas entradas que, de nuevo, voy a dedicar desde hoy a las fisionomías, no sé si me quedará aliento para añadir algo a la selección que voy a ofreceros. Tomadlo como mi “vaciado” particular, en fotos, de los rostros de la colección de esculturas, en especial romanas, que nos mantuvieron en levitación durante la visita.
No sé cuál sería la sensación de los contemporáneos de su época ante aquellas fisionomías que, de los restos de pigmentos se deduce que estaban policromadas. ¿Se acercaba su aura, pero sin la vis trágica, a las obras de los imagineros barrocos españoles? ¿O, más bien, a las policromías italianas medievales y renacentistas, más serenas?
Difícil saberlo, pues las demostraciones pedagógicas que ofrece el museo de cómo pudo ser el policromado romano se parecen más bien al de las estatuas pías de los siglos XIX y XX en las parroquias católicas.
Creo que estos rostros en piedra desnuda nos invitan, mejor que cualquier busto coloreado, a un viaje al pasado y a un diálogo silencioso con sus protagonistas.
En este blog nos hemos ya asomado a la fascinación de los rostros antiguos de Roma en los museos vaticanos (Chiaramonti), nacionales romanos (palacios Altemps y Massimo) y museos Capitolinos, así como a los de época medieval y renacentista en Siena.
Ahora estamos más al norte, pero seguimos ensimismados por un tiempo en los vestigios de un sur mediterráneo que, desde el pasado más arcaico y las colonias griegas del Egeo hasta los retratos realistas del Imperio romano, se fue para mejor quedarse.
Esta primera entrada va dedicada en especial a la mujer romana, la matrona, la joven, la amazona o la diosa, y a los niños y jóvenes de entonces, eternizados en las salas de este soberbio museo de la capital de Dinamarca (con alguna excepción griega o moderna).
La mujer, los jóvenes, los niños y las diosas de Roma
Esta bella romana lo mismo podría estar a punto de decirnos algo halagador que a dirigirnos un comentario desdeñoso…
o esta señora a amonestarnos por no sabernos la lección…
Pero hay una que podría arrastrarnos al sueño y al olvido…
y la que nos abruma con sus reproches (seguramente merecidos)…
No obstante -¡qué ilusión!- esta gentil dama quiere concedernos el siguiente baile
Aunque nuestro gozo dura poco, pues la imperial Agripina nos ordena preparar la cena de su hermano… ¡Calígula!
Así que mejor no hacernos los remolones…
En cambio, la otra Agripina, la mujer de Claudio, pasa revista a la guardia pretoriana, con majestad y absoluto dominio de la escena…
Mas… ¡hete aquí que una dama de su corte no para de mirarnos y sonreírnos subrepticiamente!
Acabado nuestro horario de trabajo, nuestra suegra nos invita a una sencilla reunión familiar, sin que se note que ha ido a la peluquería (por cierto que aquí el escultor se lució con el trépano)…
Pero ¿qué hago yo ? ¡Se me ha colado aquí una invitada de Maillol!
En fin, no creo que esta joven catalana, que llega de otra sala del museo, desentone. A pesar de que su peinado art nouveau casaría más con una cena en la Barcelona de la belle époque…
Y esta diosa de la abundancia seguro que lo entiende…
¡Esto ya es demasiado! ¿En qué estoy yo pensando? ¿Qué hacen aquí estas jóvenes romanas del siglo XIX invitándonos a un vaso de Chianti? Me estoy equivocando de sala. Esta es una pintura de Wilhelm Marstrand (1810-1873)
Aunque si miro bien a la del vaso… ¡si es que sonríe como la diosa de la cabellera fructífera!
¡La verdad es que los siglos pasan pero las italianas permanecen!
Y, por si fuera poco, hay aquí un joven romano que podría ser incitado a beber demasiado. Si luego le para una patrulla dará positivo en el control de alcoholemia y perderá su licencia para conducir cuadrigas. Y la culpa será mía por mezclar peras con manzanas.
¡Además, qué mal ejemplo para estos chicos!
!En fin! ¡Que las diosas…
y las amazonas los amparen !
Pero ¿acaso se puede vetar un trago en un museo que lleva el nombre de Carlsberg?
Retorno a Pilane
El 24 de agosto del año pasado presenté en este blog mis fotos y comentarios sobre la exposición de escultura al aire libre que, cada verano, se repite en Pilane, en la isla de Tjörn, a menos de una hora y media en coche al norte de Gotemburgo. Este año he vuelto y el placer de pasear por aquel paraje compensa el viaje con creces.
Aunque, la verdad es que la exposición no me ha deparado tantas gratas sorpresas como el verano pasado.
Por su situación sobre la colina, destaca una especie de partenón de madera, instalación de Zhang Huan, que afirma haber utilizado las piezas de un antiguo templo chino con 400 años de antigüedad, al parecer exportadas en toda legalidad.
Dentro ha colocado una banal estatua de Mao Tse Tung en fibra de vidrio, con lo que el título resulta más bien irónico: “Spread the sunshine over the earth”
Desde la vaguada montan la guardia del templo, cubiertos de nombres de compositores, dos de los habituales acurrucados que desde hace algunos años siguen saliendo de los moldes de Jaume Plensa, esta vez en bronce. Lo original es que del bajo vientre de cada uno de ellos brota un arbolillo a modo de falo florido, aunque en su título se refiere más bien al corazón: “The heart of the trees”.
Más contorsionado es una especie de orante, también obra de mármol de Jaume Plensa, al que ha llamado “Grand latent blanc”. Hace buen juego con las ovejas del parque también inclinadas hacia la tierra. El acurrucado parece en actitud de alimentar su alma con plegarias, mientras las ovejas buscan otro tipo de pastos. Ambos, sin embargo, están a ras del suelo.
Pero lo que le va mejor a este lugar prehistórico es el conjunto megalítico de Claes Hake, obra en granito que, no obstante su seriedad compositiva y su carácter un poco druídico, ha banalizado con el título de “Wall Street”, quizás por los juegos de la luz entre sus masas.
Así que no me resisto a añadir una foto que tomé precisamente en esa sede de Moloch hace tres años.
Tony Cragg ha cambiado de emplazamiento dos de sus esculturas del año pasado, a mi parecer con acierto. No en vano, este británico con taller principal en Wuppertal y otro en Suecia, en esta isla de Tjörn, es un asiduo del lugar. En primer lugar “Point of view”
Y otra también suya titulada “Incident”
La barca de Keith Edmier sigue en su sitio, aunque mejor instalada y recubierta en su interior de gránulos metálicos negros, como para simbolizar el paso del tiempo.
Imitando a los americanos, inventores de las “instalaciones”, como Bruce Nauman, ha usado una interjección imperativa para titularla: “You gotta go out, you don’t have to come back”. Puede que sea una invitación al viaje, así que me siento dentro de la barca y aguardo a ve si se alza como la alfombra de Aladino.
En vano, así que sigo mi paseo, al encuentro de más ovejas de Pilane, que siguen tan fotogénicas y lanudas como el año pasado. Que no se me ofendan los ovinos, pero parecen instalaciones de Pop Art, aunque esta oveja no sea una cabra, no esté disecada y no haya venido Robert Rauschenberg a meterla en un neumático. Pero -¡ojo!- que todo se andará.
Acabo mi excursión dirigiéndome al soleado y campestre merendero de Pilane, al que se llega entre casas pintorescas, vallados y más ovejas de cabeza negra.
Y allí están amenazadores los tres cocodrilos de Erik Langert, esperando que alguien les arroje los restos de un bollo de canela o de un smörgås de gambas de la Costa Oeste
Guía de la paella valenciana. Prácticas en Els Poblets (Alicante) y Kungsbacka (Suecia)
Dedicado a Jesús, doctor en paellas, según las genuinas tradiciones de Valencia y su región, y a Marie, mi mujer, que anotó detalladamente todo el proceso durante la clase magistral de nuestro maestro y amigo.
El contexto
En Valencia los hombres no necesitan reunirse entre ellos para poder cocinar a sus anchas, como ocurre todavía en los txokos o sociedades gastronómicas del País Vasco, donde la mujer dominaba el fogón en el caserío. La paella es un arte al alcance de todos y una ocasión de encuentro entre familiares y amigos. Unas veces es la madre y otras el padre, el hijo o la hija, quien gobierna el proceso. Este rito semanal se aprende en familia y con amigos y en un ambiente festivo.
Hace ya semanas, mi mujer y yo tuvimos el privilegio de que nuestro amigo Jesús nos ofreciera una clase práctica de cómo hacer una paella valenciana con todas las de la ley. En esta entrada os ofrezco la guía que hemos confeccionado a partir de aquel ejercicio en el que cociné mi primera paella valenciana según las reglas en vigor, bajo la supervisión de un maestro en la materia. Ya en Suecia, pudimos demostrar a nuestra familia nórdica, en Kungsbacka, lo que habíamos aprendido.
Los textos son de la guía escrita por el autor del blog, corroborada por su mujer y aprobada por su maestro
Capítulo I: aprendiendo a cocinar la paella en Els Poblets
Ingredientes para 4 personas con buen apetito
– ½ pollo grande muy troceado
– 350 gr de hígado de pollo (si no hay se aumenta la cantidad de pollo en proporción)
– 400 gr de hortalizas:
- judía verde ancha cortada en trozos de 3cm,
- garrafones (judías blancas grandes), 15 aproximadamente (precocidos),
- un vaso de judías blancas pequeñas (precocidas),
- 2 tomates maduros rallados (o su equivalente en tomates triturados de lata)
– azafrán o colorante de paella
– 400 gr de arroz (100 gr por persona)
– aceite de oliva (1/3 del volumen del arroz)
– agua (3 veces el volumen de arroz)
– sal
y DOS HORAS
Instrumentos más comunes hoy en día
– quemador de uno más círculos a gas butano
– opcional: tres patas de sostén del quemador
– bombona de gas butano con regulador y goma homologados
– paella o caldero circular plano de acero inoxidable o de acero con revestimiento cerámico (el diámetro varía según el número de comensales y es importante que el círculo de llama del quemador no sobresalga de sus bordes)
– paletas o cucharas de madera de mango largo
Orden de agregación de los ingredientes:
Aceite >> sal >> carne >> hortalizas >> tomate >> arroz >> agua >> colorante o azafrán
Fases
Sobre el caldero llano o paella echar el aceite y verificar que se reparte por igual sobre la superficie. En caso contrario variar la colocación hasta conseguir (muy importante) que el nivel horizontal sea correcto. Esparcir la sal por los cantos del caldero-paella
Cuando el aceite alcanza el máximo de calor (sin quemarlo) se echa el pollo troceado en el centro del caldero-paella y se sube el fuego un par de minutos para que comiencen a freírse tostándose y sin perder jugo, luego se baja para una fritura lenta y sostenida
Mover el pollo cada cinco minutos para que se fría por igual. Durante los 10 0 15 minutos del proceso, hasta que están bien dorados los trozos, se puede ofrecer una cerveza con algún trozo del pollo, como pausa aperitiva para hacer más llevadera la espera y animar a la conversación
Una vez dorados, los trozos se apartan uniformemente por los bordes del caldero-paella.
Se fríen los higadillos de pollo bien troceados en el centro y una vez listos se apartan a los bordes como se ha hecho antes con el pollo
Se ponen las judías verdes en cocción en el centro, removiéndolas
Se añaden los garrafones (grandes judías blancas) y las judías blancas normales, removiéndolos con las judías verdes en el centro durante 5 minutos
Se junta y mezcla todo, pollo, judías y judías verdes y se remueve durante unos minutos
para luego apartarlo todo a los bordes
y se echan los tomates rallados en el centro y se les deja cocer unos minutos moviendo
Se mezclan y esparcen todos los ingredientes
Se esparce el arroz de forma uniforme
Se mezcla todo de nuevo y se distribuye de forma uniforme moviendo bien
Se añade el agua y el colorante o azafrán y, removiendo, se mezcla todo de forma uniforme
Cuando empieza a hervir se regula la temperatura para que siga el hervor 15 minutos en toda la superficie
Cuando comienza a secar se prueba, si va estando en punto se sube el fuego durante el tiempo necesario para que suene un “cric-cric”, que indica el tueste del arroz. Se apaga el fuego y se deja reposar 5 minutos antes de comenzar a comer. ¡Que aproveche!
Cautelas
Durante el proceso se producen salpicaduras. Así que, si es necesario, hay que proteger los lados y el suelo (por ejemplo con cartones o folio de aluminio) para que no lleguen a las paredes o muebles cercanos. También se evita así que el viento trastorne las llamas y la cocción.
El quemador de gas nunca debe usarse en espacios cerrados, sino al abierto: jardín, terraza o lugar apropiado, y al abrigo del viento.
Alternativas
Si se desea paella de sepia o calamar, habrá que seguir el mismo proceso con dos variaciones: en vez de pollo usar sepia o calamar y en vez de agua un caldo de pescado.
Lo mismo si se quiere hacer con rape, emperador y/o gambitas. No usar pescados que se disgregan.
También puede haber variaciones de hortalizas al gusto del consumidor. Hay quien le pone también conejo o cerdo, pero no es lo más valenciano.
Para comerla, la forma tradicional levantina es ponerla en el centro de la mesa y cada uno con su cuchara dedicarse a comer la zona triangulada que le toca equitativamente.
Si alguien desea un trozo del vecino se establece una negociación (canje, cesión, etc), pero nunca se invade “territorio ajeno” sin permiso.
Al cabo de un rato, puede abrirse un espacio en la zona central, donde se deposita a disposición del que lo quiera lo que uno no va a comer.
Capítulo II: volando solos en Kungsbacka
Convocados, a modo de conejillos de Indias, algunos parientes cercanos y rogando a Santa Rita para que no lloviera, pudimos emprender la tarea, de acuerdo con la guía arriba expuesta, en Kungsbacka, cuando tras una tormenta que nos hizo temer lo peor, escampó, lució el sol y pudimos desplegar el quemador, comprado en Valencia, con sus tres patas y su goma standard para gas butano, conectada, eso sí, a un regulador y una bombona del mercado sueco, todo perfectamente compatible.
La paella, es decir el caldero plano, la padela de la Hispania romana, también viajó con nosotros desde España, así como el arroz bomba y el azafrán y el colorante natural que se utilizan en Valencia. El resto lo encontramos en el mercado local, aunque la judía verde era de la delgada.
La prueba de nuestro éxito son las fotos que aquí ofrecemos.
El condumio fue regado con un vino tinto añejo de Requena que nos había regalado Jesús, nuestro maestro en paellas.
Y, ahora ¡a ver si os animáis, que mañana es domingo y día de paella!
Fundido al rojo: la escultura en bronce en el taller de fundición de la Facultad de Bellas Artes de Altea
Dedicado a Eva, a Ignacio y a Rufete.
Mis compañeros de carrera de la Facultad de Bellas Artes de Altea, que no se han tomado un paréntesis sabático como yo, acaban de terminar su cuarto año.
A principios de junio me invitaron a ver el proceso de su trabajo en los talleres de fundición, dirigidos por el profesor David Vila, asistido, claro está, por el mejor jefe de taller de bellas artes de Europa, Rufete, quien es además el ángel de la guarda para todos los que hemos pasado por las naves de trabajo de la Facultad de Altea y seguimos enteros e incólumes.
Asistí a ello, no sin envidia por no estar metido en faena con ellos.
A partir de aquella visita y de la información técnica que me ha enviado Eva Martí, de quien son los textos entre comillas y una parte importante de las fotos, quiero dar una idea de la calidad de las instalaciones, de la docencia y del trabajo de los alumnos en el curso de técnicas de fundición en bronce.
La técnica se denomina “Fundición a la cera perdida. Técnica de la cascarilla cerámica”.
En las fotos no se aprecia el laborioso y cuidadoso proceso que requiere muchos materiales: Cera virgen, Parafina Resina de colofónia, Goma-laca, Alcohol, Grafito en polvo, Sílice coloidal, Moloquita, Fibra de vidrio, Gas, Escayola… Por no hablar de una larga lista de herramientas de trabajo y de protección personal
Modelado en cera
Se prepara la capa de cera perdida sobre el objeto modelado en arcilla, del que luego se obtiene el positivo en cera (también se puede hacer desde un negativo en escayola), o simplemente modelando el positivo de cera directamente
Se pasa luego a la preparación del “árbol de fundición” en cera.
Dependiendo de las características de la pieza, el árbol de fundición tendrá más o menos bebederos y su disposición variará, siempre persiguiendo que el bronce llegue a todos los puntos de la forma más fácil y fluida. Los bebederos se colocaran de forma lo más perpendicular posible a la pieza para evitar ‘rechupes’, por la diferencia de temperatura.
Tanto los bebederos como el vaso se obtienen a partir de moldes de escayola. Señalar que todos los bebederos acaban desembocando en el vaso que es por donde se introducirá el bronce líquido.
Baños
El árbol de fundición será el punto de partida para el molde que deberá recibir la colada (la cantidad de bronce necesaria se estima según el peso del árbol), es decir la “cascarilla cerámica”. Son varias etapas, diversas capas, que exigen una gran paciencia y cuidado.
En primer lugar se aplica una capa exterior de una solución de goma-laca y alcohol. El alcohol se evapora rápidamente quedando la goma-laca. La función de esta solución es evitar que la cera repela los productos que se aplicaran a continuación
Una vez seca la primera capa se aplica una segunda a base de una solución de grafito y sílice coloidal. Esta capa evita que la cascarilla se pegue a la pieza de metal resultante
Luego se procede a los cuatro baños que consolidarán la cascarilla. Lo resumo, a partir de la información que me ha enviado Eva Martí (sin entrar en todos los detalles de la cocina de las cuatro etapas de la “papilla”)
Se realiza una papilla con harina de moloquita y silice coloidal con ayuda de una amasadora industrial. Se debe conseguir una papilla con densidad adecuada, como de yogur batido. Los baños se han de aplicar a la superficie de la pieza, árbol incluido, pero nunca en el interior. Teniendo la papilla y los distintos granos de moloquita dispuestos en cubetas, se inician los baños.
Una vez realizados los baños se depositan sobre una estantería en donde continuamente hay ventiladores en marcha para secar las piezas. Entre baño y baño han de pasar 4 horas mínimo. Cada vez que se utilice la papilla se ha de remover ya que por decantamiento se separa la moloquita del sílice
Una vez realizados los baños, se refuerza la pieza ante posibles roturas, con una última capa de papilla y recubierta con fibra de vidrio
Descere y acabado de la cascarilla
Pero, aun hay que descerar al soplete, para que la cera se pierda y quede sólo el molde o “cascarilla” apto para resistir el bronce derretido.
La cascarilla se refuerza con otra capa de papilla, se deja secar, se aspira para limpiar su interior y se calienta antes de que vaya a recibir la colada.
Colada
El equipo necesario para realizar la colada lo ilustra bien esta foto de Eva Martí
No entro en muchos detalles, pues las fotos hablan por sí mismas cuando llega el momento mágico de efectuar la colada osea la licuación del bronce a 1200 grados
y su vertido en los moldes…
Aquí lo vemos de más cerca
El resto del bronce licuado se recoge en un lingote, para poder reutilizarlo
y para luego desechar las escorias…
Limpieza y acabado de la pieza
Mientras tanto el bronce se enfría y solidifica dentro de la cascarilla, que, pasado un tiempo para su enfriamiento, con la ayuda de un martillo se va separando de la pieza.
Golpeada la cascarilla con destreza y decisión, la pieza se desprende de su cascarón blanquecino y aparezca negra…
Después de eliminar la cascarilla, los rincones o lugares donde se ha quedado pegado se limpian con la ayuda de cinceles o similares. Se cortan los bebederos con la ayuda de una radial y se lijan o desbastan. Con un cepillo de púas se acaba de limpiar
La pieza será luego pulida, patinada (con ácidos) y, claro está, expuesta…
A fines del mismo mes, una exposición ante los ventanales de la recepción de la Facultad nos ofrece las primeras esculturas del trabajo en curso. Las fotos de la exposición las tomó Gema
El busto “Sacro” de Celia Puerta
Una delicada media naranja de Eva Martí, que forma parte del trabajo de varias piezas combinadas de la serie “¿Tienes novio ya?”, en proceso de ejecución
“Aeflexia” de Pilar Galindo
“Ciudades eléctricas” de Chus Balaguer
Moraleja
Pienso que, en estos tiempos de producciones virtuales, la posibilidad de ejercitar el arte de la escultura en bronce, en todas sus etapas, es un privilegio que sólo algunos consiguen merecerse y que les emparenta con una tradición milenaria, llena de maravillosas creaciones.
A mis compañeros, amigas y amigos de Altea, les deseo larga vida y muchos años con las manos en el metal, el corazón caldeado por el fuego de la fundición y el aliento suspendido a la espera de la revelación de la obra.
Mi travesía estival hacia Escandinavia (y IV). De Vézelay a Suecia, pasando por Auxerre y las Ardenas belgas
Por la D951 salgo de Vézelay flanqueando el valle de La Cure y, un poco más tarde, a la izquierda de la D606, sale de nuevo a mi encuentro un monumental recuerdo del reformador de los benedictinos y portaestandarte de la ruinosa II Cruzada, apodado el “Doctor Melifluo”.
Fue, en efecto,San Bernardo quien fundo la Abadía de Reigny en el siglo XII, al norte de Vézelay, junto a las orillas de La Cure. Empezó con 12 monjes y, un siglo después, llegó a tener 300. Hoy se conservan las bóvedas, ventanales y ojivas góticos del refectorio y el dormitorio de los monjes. El palomar y los sistemas de irrigación son muy ingeniosos.
Lo que era lugar de estricta regla y -se sobrentiende- de frugales almuerzos, meditaciones, preces y pías labores benedictinas, hoy es un albergue y un espacio para actividades de esparcimiento, eventos y recepciones de alcurnia.
Cuarenta kilómetros más adelante, bordeando ahora La Yonne, casi sin darme cuenta estoy en el cogollito de Auxerre atravesado por este río navegable. Deambulo por un centro casi desierto en este comienzo de la tarde del domingo.
Tejados de pizarra bajo las torres de la catedral de San Esteban.
Muros medievales
Y una estilizada fachada gótica.
Aunque, todo hay que decirlo, por aquí pasó un obispo demoledor, Guillaume de Segnelay, que en el siglo XIII comenzó a tumbar la catedral románica por su coro, para construir una nueva en estilo gótico. La moda y el confort mandan siempre.
Aunque hay que agradecerle las vidrieras, que desde entonces han ido enriqueciendo los ventanales ojivales de toda la catedral.
Con escenas de despedida caballeresca
o con la historia del faraón que se ahoga en el Mar Rojo (Éxodo,14) pero… en este caso bajo una enseña turca
La obra continuaría con la demolición de la nave central y su substitución por la gótica actual a principios del siglo XIV.
Las bóvedas se coronarían a finales de esa centuria.
Más tarde, con la Revolución Francesa, sus animosos activistas se dedicarían a romper las caras de esculturas o relieves de la catedral, si es que no a guillotinarlas. Por un tiempo, la catedral fue dedicada al culto de la diosa Razón.
Parece que no tenían trabucos ni unas picas demasiado largas, o sólo contaban con pequeñas escaleras, porque no consiguieron hacer añicos más que el primer nivel de las vidrieras en las naves laterales, sin llegar a destruirlas hasta arriba ni poder dedicarse a las del coro
Como ya anduve de criptas en la Madelaine de Vézelay, sigo con mi inercia y no me arrepiento de bajar a la de Auxerre.
Al entrar, me saluda un ángel del Apocalipsis más melifluo que San Bernardo. Aquí no hay relicarios con huesos como en Vézelay, pero es una de las criptas catedralicias románicas más amplias y armoniosas que he visitado.
Una señora muy amable me abre los cerrojos y como he comprado la guía sobre los vitrales, me perdona el billete de entrada a la cripta y al tesoro catedralicio, donde San Esteban todavía tiene arrestos para ir recogiendo las piedras con las que le están matando.
La encargada y su madre, jubilada de casi ochenta años, que la ayuda benévolamente, atienden a los visitantes en la boutique de recuerdos y la billetería. Ambas tienen muy buen humor y te atienden con una cordialidad exquisita.
Santa Bárbara vela por el tesoro, acribillada no se sabe si por una salva de perdigonadas de trabuco iconoclasta o por las termitas
Menos mal que Guillaume de Segnelay no quiso o no pudo demoler la cripta, cuando decidió que el románico estaba pasado de moda, aunque, claro, con los ritmos de construcción de entonces no llegó a ver acabada la nueva catedral
Tampoco llegó a ver a esa Eva que, como si tal cosa, sigue siendo creada de la costilla de Adán.
Miro el reloj y pasó rápidamente por la iglesia de San Germán, donde, como la entrada a los murales románicos más antiguos de Francia no se abre hasta dentro de dos horas, me despido con una vistazo al bajorrelieve neoclásico dedicado al duque de Berry, asesinado en Auxerre, obra de Jean-Jacques Pradier (1792-1852)
Tengo que ponerme en marcha, pues he quedado en llegar a Sollwaster, en las Ardenas belgas hacia las 8:00 p.m. En realidad llego a las 22:00, pero me han esperado para cenar caracoles, cocinados por Simona, y cordero, guisado por mi amigo Didier.
A la mañana siguiente, sin muchas paradas, ruedo hacia Suecia por las autopistas alemanas. Al dejar el ferry que me transporta de Putgarden a Rødby, el reloj marca la medianoche pasada, así que, bajo una lluvia intensa, duermo en un area de reposo de Dinamarca, para retomar el camino temprano, hasta que, pasado el puente de Oresund, entro en territorio sueco.
Signos de los tiempos, al parar para desayunar, lo que contemplo en el aparcamiento de “Escania Verde” (Gröne Skone) son unas gigantescas aspas de eoliano que van a ser instaladas sobre su torre en la misma región. Si Don Quijote tuviese que enfrentarse a estos brazos de gigante de 56 metros de largo, me temo que tendría que ir equipado con un lanzagranadas.
He dejado hace rato Montpeyroux y ruedo hacia Vézelay. Así que circulo, pero al revés y motorizado, sobre varias etapas de un importante camino de Santiago. El llamado “camino de Vézelay” arranca desde esta villa y llega a St.Jean-Pied-de-Port. Los bravos caminantes se hacen 1087 kilómetros en unos 43 días de marcha y cuando emprenden la subida de los Pirineos aún tienen por delante 791 y otros 33 días de peregrinaje hasta llegar a Santiago de Compostela.
En la Edad Media se iba a pie a Santiago para hacer penitencia, ganar indulgencias y conseguir el cielo. Para ello se dejaba si era necesario a la mujer y a los hijos y se lanzaba uno a los caminos poseído por lo que Erasmo de Rotterdam denomina en su Elogio de la Locura, “la locura de los peregrinos” y que Hans Holbein el Joven ilustró en una de sus viñetas al margen de un ejemplar de la obra. Antes lo había hecho Durero para La nave de los locos de Sebastian Brant.
Hoy se emprende la ruta por muchos otros motivos, como nos narra una voz de en off de monja benedictina en un video de youtube.
Cuando me alejo de las carreteras principales, son las vacas y terneros los que me saludan en mi itinerario.
El camino se abre a horizontes de cereales y lejanas arboledas.
Para llegar a Vézelay he dejado la A77 más arriba de Nevers. Por la 151 abandono la Región del Centro y me adentro en tierras borgoñonas. Tras dejar atrás Clamecy enfilo hacia mi destino de esta etapa.
Al caer la tarde diviso la villa de Vézelay, presidida por La Madelaine.
El camping es pequeño pero, al ser el último en llegar, consigo por chiripa el mejor rincón de sus bordes. Desde ahí se apercibe una aldea rodeada de campos de trigo y bosque. Silencio y aire fresco.
Por la mañana me alzo temprano. Cuando los camperos aún duermen bajo sus tiendas recojo mis bártulos y subo al pueblo en busca de un aparcamiento conveniente, que encuentro en la plaza al pie de la rue St. Étienne, que, prolongada por la rue St.Pierre, asciende a lo largo de setecientos metros hacia la basílica.
No hay un alma en esta mañana de domingo.
Paso junto a la hermosa casa de Romain Rolland, que alberga ahora un magnífico museo de arte contemporáneo, del que luego hablaremos. A mi izquierda dejo las contraventanas cerradas de la que fuera casa de Georges Bataille. Parece que simbolice el cofre cerrado de sus visiones y experiencias interiores.
De repente, tras una curva de la calle aparece la fachada de la Magdalena de Vézelay, símbolo no sólo de otras pasiones y tormentos del eros y del thanatos, los de la religión medieval, sino también de los de la Revolución Francesa y su iconoclastia talibánica.
Pero antes de acceder a la plaza de la basílica, a la derecha junto al portal del albergue de las monjas franciscanas, que hasta 1957 era una escuela gestionada por las Hermanas de la Providencia, hay un modesto símbolo de la historia oculta de Europa. Habla de la gente que se jugaba la vida por salvar la de otros durante la ocupación alemana : la de Sor Leocadia, Sor Placidia y Sor María, quienes con la ayuda de vecinos de la ciudad ocultaron y salvaron de las deportaciones y la muerte a muchos judíos. Entre 1942 y 1944 la prefectura del departamento, siguiendo las órdenes de los alemanes y del régimen de Vichy, orquestaba la búsqueda y captura de los judíos.
Contrastes de la historia de Europa: junto al templo donde en el siglo XII un belicista San Bernardo de Claraval predicó la II Cruzada (con los “efectos colaterales” de numerosas masacres de judíos en Alemania, acusados de no contribuir a la expedición) unas modestas religiosas se la jugaron ocho siglos después a favor de los niños judíos.
Por desgracia, el tímpano de Pentecostés, en el interior del Nartex, está en restauración, así que me tengo que contentar con los altorrelieves del Juicio Final de la fachada, que datan de su restauración en el siglo XIX , emprendida por el entonces joven arquitecto, Eugène Violette-le-Duc. Si no llega a ser por él, muchos monumentos románicos y góticos de Francia serían hoy románticas ruinas, subproducto de la Revolución Francesa, el más conocido de los cuales es Notre Dame de París.
Probablemente, nadie después de él haya conocido mejor la arquitectura gótica, a pesar de que un Marcel Proust, que prefería dejarlo todo en su romántica ruina, criticó aquellas restauraciones acerbamente, llamándolas “les déjections de Viollet-Le-Duc” (Du côté de chez Swann). Se lo perdonamos, pues nos dejó su catedral literaria de À la recherche du temps perdu, que nunca hará falta restaurar.
Este tímpano quiere evocar el del siglo XII, aunque la verdad es que sus anoréxicos condenados son menos trágicos que los medievales.
Pero los que hicieron de la basílica un centro de peregrinajes, fueron los falsos huesos de Santa María Magdalena, «encontrados» en Francia por una de esas peripecias, en las que la Edad Media fue pródiga y que sirvieron a enriquecer abadías, obispos y clérigos y a consolar a las masas. Baste pensar en cómo llegaron los huesos de Santiago Apóstol a Galicia.
Pero en el caso de la Magdalena, hermana de aquel Lázaro a quien, según cuenta el evangelio de San Juán, despertó Jesús de su catalepsia, el impacto simbólico de su hermosura, sus cabellos, su sensualidad pecaminosa, su perdón, conversión y penitencia, unidos a su ambigua pasión por Jesús, fructificaron en historias, sermones y una masa enorme de subproductos teológicos y de iconografías infinitas desde el Medioevo.
Como no puedo resistirme a ello, os voy a “castigar” con unas largas citas de Georges Duby, uno de los mejores historiadores del Medioevo cristiano (Damas del siglo XII. Alianza Editorial, Madrid, 1996. Colección Libro Singular. Tradución de Mauro Armiño).
Están extraídas del valioso blog “Estafeta” de Gabriel Pulecio (http://estafeta-gabrielpulecio.blogspot.se)
Cuando hacia el año 860 Girard de Roussillon funda esa abadía, la dedica únicamente a Cristo, a la Virgen y a san Pedro. Ningún indicio permite pensar que, hasta ese momento, los monjes de Vézelay hayan pretendido conservar el menor trozo de los restos de la Magdalena. De pronto, un texto escrito entre 1037 y 1043 afirma frente a los detractores que esos restos están allí, que las numerosas apariciones y todas las maravillas que se producen sobre el sepulcro lo prueban, y, por último, que los peregrinos afluyen ya desde toda la Galia en busca de milagros. Sin ninguna duda, fue en el segundo cuarto del siglo XI cuando las reliquias fueron «inventadas», como se decía entonces, es decir descubiertas.
Después de Pentecostés, la Magdalena se había hecho a la mar en compañía de Maximino, uno de los setenta y dos discípulos. Tras desembarcar en Marsella, ambos se dedicaron a evangelizar con sus predicaciones el país de Aix. Una vez muerta María Magdalena, Maximino le hizo hermosos funerales y metió su cuerpo en un sarcófago de mármol que mostraba, esculpida en una de sus caras, la escena de la comida en casa de Simón. Se podía conjugar esta segunda leyenda con la primera, situando el desierto de que habla ésta en las montañas provenzales, en la Sainte–Baume. Sin embargo, ese segundo texto molestaba a los monjes borgoñones. Situaba la tumba cerca de Aix donde, de hecho, antes de principios del siglo XlI hay testimonios de la expansión del culto de la Magdalena y donde tal vez se desarrollaban peregrinaciones concurrentes. Para acallar a quienes se negaban a ver en ellos a los verdaderos guardianes de las reliquias, fabricaron un relato –es la tercera leyenda– contando que un religioso había ido, por orden de Girard de Rosellón y del primer abad, a robarlos tres siglos antes a Provenza, entonces asolada por los sarracenos
…
El ejemplo de la Magdalena en el desierto alentaba sobre todo a la Iglesia secular, a la que en ese momento había que sanear; alentaba a apartarse más del mundo carnal, a olvidarlo, a olvidar también esa misma Iglesia su cuerpo para así unirse al corazón de los ángeles en postura de contemplación amorosa, a fin de cumplir mejor su misión de enseñanza.
…
Purificar la Iglesia secular después de la monástica e imponerle la moral de los monjes tenía por objeto repartir a los hombres –y digo bien a los hombres–en dos categorías: de un lado, aquellos a quienes está rigurosamente prohibido el uso de las mujeres; del otro, aquellos que deben poseer una, pero una sola y legítima y que, por eso, forzosamente mancillados, se sitúan en la jerarquía de méritos por debajo de los asexuados y, por consiguiente, están sometidos a su poder. Semejante segregación marcó con un rasgo todavía imborrable la cultura de la Europa occidental, hundiendo durante siglos en el fondo de las conciencias la idea de que la fuente del pecado es, en primer lugar, el sexo. En 1100, debido a ese hecho, la reforma chocaba contra un obstáculo mayor, la mujer. Era el escollo.
La cabellera suelta, el perfume derramado, una y otro estrechamente asociados en el imaginario de la caballería a los placeres de la cama. Evocar estas trampas de la sexualidad era atizar en el espíritu de los oyentes los fantasmas que despertaba la lectura de la vida eremita: las ternuras de un cuerpo de mujer, desnudo entre la aspereza de las peñas, la carne adivinada bajo el desenfreno de la cabellera, la carne magullada y sin embargo resplandeciente. Tentadora. Desde finales del siglo XIII, pintores y escultores se afanaron en dar a la Magdalena esa imagen ambigua y turbadora. Sin cesar, incluso los más austeros, incluso Georges de La Tour. Hasta Cézanne.
Salgo al exterior a respirar y doy un paseo por las terrazas detrás del paradigmático ábside.
Paraguas en mano, contemplo los valles circundantes, atravesados por la ruta GR 654, flanqueada por arboledas y setos, por la que, si somos capaces, podemos recorrer a pie los 1878 kilómetros que nos separan de Santiago de Compostela, pasando por Nevers, Limoges, Perigueux, Saint-Jean-Pied-de-Port y Roncesvalles.
Vuelvo por donde he subido, no sin antes visitar el modélico Museo Zervos (por el gran editor de arte y en especial de los Cahiers d’Art) en la que fue casa de Romain Rolland.
La colección permanente alberga obras de Calder, Ernst, Giacometti, Hélion, Kandinsky, Laurens, Léger, Masson, Miró y Picasso, entre otros.
Una estupenda exposición temporal de ilustradores de las obras de George Bataille (Masson, Fautrier, Bellmer) añade fascinación a la visita. No permiten tomar fotos, pero el sitio del Museo ofrece algunas, si bien con parsimonia (http://www.musee-zervos.fr/index.php).
El personal es tan simpático que no oso traicionarles, así que no hago fotos pirata. Me contento con el catálogo de la exposición sobre Bataille. Este museo es la sorpresa que no me esperaba.
Satisfecho, dejo Vézelay en dirección a Auxerre.





















































































































































































