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Viñedos de Renania y vendimia en Benitatxell

11 octubre, 2012

Dedicado a Pepa y Miquel

Cuando el verano estaba ya en trance de marcharse, pasábamos nosotros por las tierras del Mosela, en la ruta de Suecia a España. Difícil que yo pueda contar algo nuevo sobre esas tierras de viticultores. De modo que por hoy me limitaré a la impresión que me produjo el anfiteatro de la capital del Imperio Romano de Occidente, circundado de viñedos.

Las piedras milenarias de Tréveris y las viñas de sus ribazos

Aún no había comenzado la vendimia pero se presentía cercana.

La ciudad de Trier (Tréveris), la más antigua de Alemania, recoge memorias en piedra y arte de todas las etapas de la historia de Europa. Desde que los romanos y, mucho antes, los celtas la poblasen, hasta que Karl Marx viniera al mundo en la casa que es hoy su museo, habrían de pasar varios siglos.

Después de Constantino y de las invasiones bárbaras Tréveris fue durante centenares de años una “ciudad episcopal” y hoy es el centro de atracción turística más importante del valle del Mosela.

De estas tierras se van los visitantes cargados de botellas de esos vinos rubios o ligeramente tintos, dulces casi siempre y algo gaseosos, que caracterizan a la producción vinícola alemana. Aunque para quien prefiera la cerveza, la elección es complicada, pus sus fabricantes proliferan, a cual mejor.

La ciudad romana era hermosa y extensa y en su borde exterior no faltaba el escenario en que al pueblo se le ofrecía “panem et circenses”, aunque, visto lo que predomina en sus campos, seguramente el concepto de pan se habría de entender como “pan y vino”.

El anfiteatro

El eco de los miles de pisadas de quienes deambularon por este lugar, sus sótanos, subterráneos y escaleras, las sombras y contraluces de sus dinteles y pasadizos son como un imán para la mirada y un lenitivo para las prisas y urgencias de nuestra vida cotidiana.

Aquello fue un verdadero coliseo cuya forma ovalada, graderíos, hipogeo (los subterráneos) y sus accesos (los “vomitorios”), son similares a los de su hermano mayor de Roma, construido también en el siglo I de nuestra era. Como él también fue luego abandonado y sirvió de cantera durante muchos siglos.

En el caso de Tréveris se salvaron los contornos suaves, cubiertos de yerba, de sus graderíos esquilmados, los muros desdentados y los arcos de accesos y salidas.

Subsisten los túneles y galerías de su mundo subterráneo apuntalado y los barandales de piedra que circundan la arena.

Al Coliseo de Roma, a pesar de sus pérdidas de siglos, le queda suficiente piedra. De modo que nos lo dice casi todo. El de Tréveris es como un espíritu de algo que allí se alzó y que presentimos. Su alma ronda y nos deja libertad para imaginar aquella arquitectura que antaño la retuvo.

Cuando los jardineros cuidan las pendientes de césped que recubren lo que otrora fueron bancadas sobre las que el público se exaltaba y divertía, hay una especie de estremecimiento en el aire, pero no es un clamor humano sino el ruido de la máquina de cortar la yerba.

Aquí, bajo la arena, se preparaban los gladiadores o esperaban los animales en sus jaulas.

Por aquí circulaban los actores de las representaciones y se disponían a irrumpir en la arena.

Y detrás de esta barrera se sentaba el público más distinguido y las autoridades civiles y militares de la capital del occidente romano.

De vendimia entre amigos en el Poble Nou de Benitatxell

Cuando concluyó nuestra ruta desde el norte la vendimia sí que había empezado en la comarca de la Marina Alta.

Nuestros amigos de Benitatxell nos invitaron a una jornada de recolección y prensado de la uva. Se trata de un cultivo para el consumo de familiares y amistades.

Hay que decir que Benitatxell se denomina “poble nou” (pueblo nuevo), porque a pesar de tener una historio de asentamientos tan antiguos como los de Tréveris y de que fue tierra habitada por iberos, romanos, árabes andalusíes y catalano-aragoneses, la alquería remanente fue al cabo del tiempo despoblándose y y quedando totalmente abandonada con la expulsión de los moriscos. El lugar fue en 1609 repoblado por inmigrantes mallorquines  y devino así un “pueblo nuevo”  (ver:  http://fci.uib.es/digitalAssets/173/173703_5.pdf ).

En su término municipal se cultiva una excelente uva moscatel, que sirve para el consumo y para la producción de la mistela. La uva roja de sus bancales se utiliza para la elaboración de tintos a una escala limitada.

Algunos racimos podrían servir de modelo en un cuadro dedicado a Baco.

La jornada es intensa pues se anunciaban lluvias y la uva no debe prensarse mojada.

Los capazos repletos se alinean, listos para ser llevados a la máquina que separará la uva de los sarmientos y la trasformará en un mosto intensamente dulce y morado.

Antes de que oscurezca hacemos una pausa para recuperar fuerzas con uva moscatel y “cocas”, de excelente y crujiente miga coronada de tomate y berenjena o de anchoas, entre otras posibilidades. La coca es diferente de la pizza italiana, ya que es más ligera y reducida de tamaño y el queso no entra en la composición de esta especialidad gastronómica alicantina y valenciana.

Pero la pausa no puede durar mucho, pues empieza a chispear y todavía quedan veinte capazos que prensar cuando ya está cayendo la tarde.

Las cubas van llenándose de mosto.

Y, como no queremos ser meros espectadores, seguimos echando una mano.

4 comentarios leave one →
  1. Eva permalink
    11 octubre, 2012 18:08

    Queria poner un “me gusta” a tu entrada pero no me aclaro, así que lo dejo aquí: me gusta.
    Últimamente yo también me estoy moviendo entre viñedos y es un paisaje precioso.

    • 11 octubre, 2012 20:21

      Gracias Eva,

      El año pasado anduve también por la zona de Utiel y Requena cuando la hoja de las viñas estaba ya roja.

      ¡ Disfruta andando entre viñedos !

      Ramón

  2. Joaquim Parellada permalink
    12 octubre, 2012 23:58

    ¡Qué alegría veros a todos por aquí, sobre todo a Miquel, a quien tengo ganas de ver! ¡Magnífico el color rojizo de las parras! Y esas cocas, que por aquí se llaman “de recapte”. Un abrazo para todos,

    Joaquim

    • 13 octubre, 2012 09:14

      ¡Gracias Joaquim!

      Imagino que por tierras catalanas los viñedos, con su color entre cobre y oro, también incitan ahora al paseo campestre.

      Me parece que “recapte” equivale al castellano vitualla o avío, palabra esta última que el diccionario de la RAE define así: “Entre pastores y gente de campo, provisión que se lleva al hato para alimentarse durante el tiempo que se tarda en volver al pueblo o cortijo”.

      La coca “de recapte” es un tentempié estupendo y no sólo para pastores y campesinos.

      Un abrazo

      Ramón

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