La ruta hacia el sur (y III): por el Alto Ampurdán
Hay un pueblo, encaramado sobre un puerto de montaña o, si se prefiere, un col, a 813 metros sobre el nivel del mar, en el que ya los ejércitos romanos mantenían una guarnición para controlar el acceso a Hispania desde la Galia. Los soldados de aquel manípulo eran los custodios del estratégico paso. Por eso se llama Coustuges o, en catalán, Costoja.
Yo, pobre de mí, pensé al principio que el nombre aludía a las costillas de cordero, es decir a las chuletas de los agneaux que imaginaba pastando por sus prados desde hace siglos. Pero no, el nombre de este pueblo transfronterizo del Alto Vallespir tiene un origen más épico, como me explicó una vecina que también me dijo que no me extrañase por ver tanta bandera catalana, pues ellos, además de franceses a mucha honra, se sentían también “catalanes del norte”.
La verdad es que ya me había hecho pensar positivamente la práctica poética de su alcalde. El síndico ha sembrado de placas de piedra los rincones de la comuna con el beneplácito de sus vecinos y para regocijo de forasteros, con los que los nombres de las calles se completan con la espirituosa descripción del uso de los espacios urbanos. Los textos en francés y en catalán son muy abundantes y algunos se refieren a este pueblo en su condición de emplazamiento estratégico sobre una antigua vía romana.
Hay una plazuela recoleta que sirve de “escapatoria para cotillas tenaces”
Otro lugar es el destinado a las “maquinaciones de mozos y mozas juguetones”
Así que teniendo un primer edil tan poeta, entiendo que no quieran desvincularse ni de la tradición secular de la poesía francesa ni de la hermosa lengua catalana. Aquí parece ser que la cadena que todos los días se manifiesta en su esplendor es la de los Pirineos y la identidad más antigua la romana.
Coustouges tiene una soberbia iglesia románica documentada desde el siglo XI
Dicen que el rayo de sol que atraviesa en dos momentos del año uno de sus dos lucernarios sale por la puerta del fondo y las aberturas del nartex, para seguir una trayectoria coincidente con la mediana del Alto Ampurdán hasta Llansá
Sea como sea, el pórtico en el interior del nártex es un trabajo de auténtico bordado en piedra
Y los detalles del trabajo del hierro en su puerta son característicos del románico catalán
La cabeza de perro guardián de su cerrojo es también tradicional, pero de una calidad poco común en sus detalles
Descendiendo por el Alto Ampurdán
La bajada desde Costoja hacia España nos traslada al Alto Ampurdán sin apercibirnos por otra señal que no se el diferente firme de la carretera, pues las alturas y los bosques del Alto Vallespir francés se funden sin solución de continuidad con los del Alto Ampurdán español.
Entre la Cataluña del Norte y la del Sur la identidad de los paisajes no marca diferencias.
Bañolas y el Can Puig de la Bellacasa
Yo subí por estas alturas gracias a las informaciones que me dieron en Arles-sur-Tech para pasar al Alto Ampurdán, ya que quería a ver a uno de mis hijos que, cosas de la vida, se ha venido a vivir cerca de las tierras en las que apareció por primera vez el apellido familiar allá por los finales del siglo XV.

El Can Puig de la Bellacasa a principios del siglo XX. Foto de los archivos del Consell Comarcal del Pla de l’Estany.
A través suyo y de su comunidad he conocido las actividades de la Cooperativa Integral Catalana: http://cooperativa.cat/es/. Creo que, como es habitual, las formas alternativas de autogestión bullen con más fuerza en tierras catalanas. No pude estar con ellos en su Fiesta de San Juan (http://cooperativa.cat/es/san-juan-fiesta-del-verano-en-pujarnol/), pero al menos he conocido algo que ya me pilla viejo, pero que en mi juventud me habría sin duda tentado. Pero aquellos fueron otros tiempos y en otras latitudes.
Yo a ellos les deseo muchas realizaciones y éxitos.
Volviendo a estas nostálgicas evocaciones de aquellos antepasados que trajinaron en tierras de Bañolas a finales del Bajo Medievo, he de decir que la información sobre su presencia en este lugar desde el siglo XIII procede del historiador Mossèn Luis Constant (1901-1955) que trabajó intensamente en los archivos de la comarca, aunque muchas de sus publicaciones fueron póstumas, pues falleció prematuramente antes de redondear su obra.
Mi fuente es la misma que me ha permitido entender el significado de la antigua casa solariega, amplia masía o can, centro de una centenaria explotación agropecuaria, el Can Puig de la Bellacasa. Se trata de una de las pocas copias remanentes de un fascículo que me han facilitado dos funcionarias, Rosa y Anna, en la Sede del Consejo Comarcal del Pla de l’Estany que ocupa hoy esa masía del siglo XIII, sabiamente restaurada para servir de base de los servicios públicos comarcales: Can Puig de la Bellacasa. La Nova Seu del Consell Comarcal, Banyoles, 2000, 27 pp.
Fue una grata sorpresa su acogida y su amable cortesía.
Sobre la institución y sus múltiples servicios públicos se puede encontrar abundante información en http://www.plaestany.cat/Lainstituci%C3%B3/LaseudeCanPuig/tabid/77/Default.aspx
El último amo de la Masía fue un político catalán de la Lliga Regionalista, Lluís Puig de la Bellacasa i Deu (1886-1960), sobre quien (siempre siguiendo lo que narra el fascículo en su p.8) uno de los masoveros dejó dicho en 1926 que “Era molt savi… molt correcte. Era una gran persona”. Ello no impidió que tuviera que exiliarse al estallar la Guerra Civil y no porque le persiguieran los nacionales sino porque las patrullas de la FAI querían matarlo. Una calle, bajo la colina que preside la renovada masía, lleva su nombre.
Visité el edificio con mi hijo. Era la primera vez que ponía el pie dentro de unos muros que habitaron mis ancestros y desde los que, durante siglos, salían a diario a faenar y cosechar los campos ellos y sus masoveros.
La fuente medieval de la que se aprovisionaban sigue ahí. El agua ya no es potable pero junto a ella, vestido con su chilaba y mayestático tras una larga barba que disimulaba tristezas, estaba un inmigrante de Ghana que llenaba de agua sus garrafas de plástico. Me dijo que no había que preocuparse, que sabía bien que el agua no era potable, pero que él la hervía. Con digna cortesía retiró la garrafa unos instantes para que yo pudiera fotografiar el caño.
Los alrededores
Guiado por mi hijo he podido conocer algunos alrededores de Porqueras y Bañolas
El lago y los trigales tan cercanos.
Y, sobre todo, las alturas de Pujarnol, su masía y su iglesia medievales,
la cima de Rocacorba, desde la que se salta en parapente, y el santuario que se yergue de forma inverosímil sobre una de las rocas de sus crestas
y que brinda panorámicas soberbias.
Fin de ruta
En la penúltima etapa de mi ruta disfruté de la hospitalidad de una familia amiga en otras alturas, las de Valldoreix, a la vera de Barcelona. El único testimonio gráfico, fruto de su maravillosa hospitalidad, fue la silueta de Montserrat, al atardecer, desde una ventana de su casa.
Al día siguiente nos esperaban ya Els Poblets y su Playa de la Almadrava.
La ruta hacia el sur (II): Abadías
Abandono la “Comtoise”, es decir la E60, y por carreteras departamentales me encamino hacia la Abadía de Acey.
El cielo es hermoso y amenazante, contrastando con los trigales en sazón.
En la abadía de Acey
(Franco Condado Dpto.del Jura)
Llego poco antes de las cinco de la tarde, hora del canto de Vísperas de los cistercienses.
Me quedo a escucharlos mientras contemplo el desnudo y sobrio interior de su iglesia, que la fachada exterior no permite sospechar. Es como si la historia se hubiese detenido ahí, en esa comunidad de contemplativos, dedicados a sus trabajos de orfebrería y joyería artesanal, del que según he leído se mantienen. Es domingo y la tienda y la librería están por desgracia cerradas. Creo que también se financian con la hospedería.
Pero me viene a la memoria una polémica afirmación de Erasmo de Rotterdam en su Enquiridion: Monachatus non est pietas, frase que en su época era considerada una perniciosa herejía y causó gran escándalo, pues retirarse a un monasterio y vivir en una comunidad de castos célibes era considerado superior a cualquier otra forma de vida, incluido por supuesto el matrimonio, que, ya lo había dicho San Pablo (más vale casarse que abrasarse), era un mal menor, teniendo en cuenta nuestra frágil concupiscencia.
Decir que “el monacato no es la piedad”, es decir no es la única ni la mejor de las formas de la vida buena, iba a la contra de la tradición medieval. De hecho, casi no hubo príncipe ni señor feudal que no propiciase la donación de tierras y la erección de abadías en los parajes más hermosos de Europa, y en particular de Francia.
Hoy las pocas comunidades de monjes que quedan en algunas de ellas no representan ya aquella alianza entre del poder y las órdenes religiosas que suscitó las iras iconoclastas durante las guerras de religión y la arrasadora furia de la Revolución Francesa.
El “ora et labora” es cosa de pocos y no de las miríadas de contemplativos de épocas pasadas. Erasmo añadía (pues la frase se cita incompleta): sed vitae genus pro suo cuique corporis ingeniique habitu, vel utile, vel inutile, es decir: el monacato es “una forma de vida que puede ser útil o inútil según sea la disposición corporal o mental de cada uno”.
A Erasmo sus votos y su paso por un monasterio de monjes agustinos no le dejaron unos recuerdos muy edificantes sobre la vida comunitaria que allí se practicaba.
Sea como sea, de esta variante contradictoria de la historia de los hombres y las creencias, yo me quedo con esta maravilla arquitectónica y con la hora de silencio y de cantos semi-gregorianos de estos cistercienses de hoy.
La mayoría de los que en Acey concluían la hora de Vísperas con el canto del Magnificat ya son ancianos y las expectativas ‘demográficas’ de continuidad de esta forma de vida, al menos para esta abadía, parecen reposar en los novicios venidos de la inmigración.
¿Una metáfora de Europa?
También me producía una extraña sensación, en este lugar fuera del tráfago y de las noticias de los telediarios, esa afirmación de una de las estrofas del canto que el Evangelio atribuye a la madre del fundador del Cristianismo:
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos
Al menos, este puñado de monjes lo cantaban convencidos.
Valcroissant
(Ródano-Alpes, departamento del Drôme)
Para llegar a Valcroissant hay que dejar la Autopista del Sol (E15) en dirección a Die. La D93 es una carretera panorámica que te invita a pararte en numerosas ocasiones en su recorrido, bordeando a contracorriente el Drôme que desciende en busca del Ródano. En algunos tramos el olor de la lavanda entra por las ventanillas de mi Caravelle y me acompaña.
A poco menos de cinco kilómetros de Die, por una mínima carretera que serpentea bajo grandes rocas se llega a esta recóndita abadía cisterciense, hoy una explotación agropecuaria dentro del parque de Vercors (Hautes-plateaux de Vercors), en medio de los bosques de Glandasse, donde existe una pequeña población de osos.
Una leyenda testimonia de la cohabitación razonable de los monjes con los osos de la zona.
El 23 de diciembre de 1270 un monje llega corriendo donde el Padre Abad.
– Padre mío, no hemos quedado sin trucha, los osos han roto el hielo del estanque y han pisoteado las orillas
El prior va a la fuente para hablar con los osos y les dice:
– Osos de Valcroissant, desde que llegamos a este valle no ha habido ninguna disputa entre nosotros y no tenemos ni perro que guarde las ovejas. Lo que habéis hecho esta noche es una grave atentado a la hermandad entre nosotros. Si no sois unos descreídos, arrepentíos y sigamos viviendo en paz. ¡Que así sea!
A la mañana siguiente los osos habían devuelto las truchas al estanque.
Este monasterio, fundado en el siglo XII sobrevivió tras las guerras de religión gracias a que los monjes lo dedicaron desde finales del siglo XVIII a granja y explotación agropecuaria, hoy gestionada por la Sociedad de Amigos de Valcroissant.
Es también hospedería y granja escuela y un lugar de conciertos y recitales.
A pesar de que llegué demasiado temprano para beneficiarme de la hora de visita, una hortelana que cuidaba de las flores del jardín me autorizó a circular libremente por el lugar, sin que me aceptase el precio de la entrada.
Valmagne
(Languedoc-Rosellón, departamento del Hérault)
La comunidad cisterciense de la abadía de Valmagne no sobrevivió a la Revolución Francesa, los monjes huyeron y se refugiaron en Barcelona.
Esta abadía era una de las más ricas de Francia. Confiscada y declarada “bien público”, tras una temporada en manos de un viticultor burgués que la uso como bodega, acabaría siendo propiedad de los condes de Turenne, cuyos descendientes explotan hoy sus extensos viñedos y la mantienen con los ingresos del turismo y de la venta de caldos de la denominación Languedoc.
La fundó el vizconde de Béziers en el siglo XII para tener en sus tierras a los monjes del Cister y, acabó, por obra y gracia de una revolución, por revertir, ya desprovista de contemplativos, a la manos de un conde. Del vizconde al conde gracias a una revolución.
Si los monjes predicaban el ora et labora creo recordar que fue también un tonsurado quien inventó aquello de amigo, bebe, que la vida es breve.
Sea o no cierto, entre máximas discurre la historia.
Las naves de la iglesia son quizás la única muestra de un templo medieval transformado en inmensa bodega. Almacenaron el vino hasta comienzos del siglo XX.
Ahora sus cubas son una muestra de lo que eran capaces de fabricar con madera de bosques de Rusia los maestros toneleros franceses.
Pero el día que yo visité Valmagne, el vino me lo vendió Claudia, una alemana de Munich, licenciada en Historia del Arte, que hace ya años reside y trabaja en este lugar.
Compré seis botellas y certifico que el vino de Valmagne no está nada mal. Además, bajo estas bóvedas góticas y junto a las cubas centenarias que albergan, aquella estrofa de una oración que nos hacían recitar en el colegio adquiere un sentido inesperado:
¡Sangre de Cristo, embriágame!
Saint Marie
(Languedoc-Rosellón, departamento de los Pirineos Orientales)

Bajorrelieve de la tumba de Guillaume Gaucelme en la abadía de Santa María en Arles-sur-Tech. Foto R.Puig
Me habían hablado muy bien del camping Riuferrer en Arles-sur-Tech, al pie de los Pirineos de la “Cataluña del norte” francesa. Ya me aprestaba a pasar el atardecer calmadamente y escuchando el rumor del río, cuando unos vecinos suizos me explicaron que en el pueblo daban el Suiza-Francia en pantalla grande. La verdad es que estos simpáticos vecinos de Ginebra no se merecieron el resultado
Pero les quedé muy agradecido por mostrarme que bastaba un corto paseo para plantarse en el pueblo.
Acabé descubriendo que la abadía benedictina de Sainte Marie y la amable acogida de las chicas que vendían las entradas y los folletos me esperaban.
No sólo eso, la jovencita pelirroja que me vendió el folleto descriptivo me enseñó su antebrazo, afirmando, más convencida que una maría magdalena en día de Pascua, que el agua que fluye del sarcófago del patio, que según tradición acoge desde siglos los restos de los mártires santos Abdón y Senén, le curó milagrosamente un eczema que ningún médico había conseguido sanar.
Deben de ser tiempos de sequía, pues, por el momento, el sarcófago, también denominado la Santa Tumba, está seco, a pesar del grueso fascículo que explica por siete euros todos los estudios científicos que se han hecho para tratar de comprender el fenómeno.
Hasta hoy sin resultado.
Yo me quedo con el milagroso silencio del claustro y la hermosura de ese pueblo, donde ya venían los romanos a aliviar dolores en sus fuentes termales.
Creo que volveré a pasar por ese valle. Todavía encierra muchas sorpresas.
A la mañana siguiente ascendí hacia España por el pequeño pueblo de Coustuges en el Alto Vallespir.
Continuará.
La ruta veraniega hacia el sur (I): Agua
Llegaron los días de subirse al volante de la furgoneta y descender hacia el Mediterráneo. El año pasado he narrado mi ruta veraniega en cuatro capítulos (julio-agosto 2013) siguiendo un orden cronológico y agrupado. Además fue de sur a norte, pero esta vez la Caravelle ha hibernado en Suecia, así que empezamos al revés. En esta ocasión mis divagaciones serán temáticas. Al final, los lectores del blog seguro que descifran el trayecto.
El leitmotiv de este primer capítulo va a ser el agua que, al hilo del viaje, de un modo u otro siempre se encuentra.
Para empezar, si sales de Suecia hacia Dinamarca para continuar por Alemania, tanto si te subes en un ferry como si optas por pasar el Öresund, el agua la encuentras ineluctablemente, agua de mar, agua del estrecho por donde se realimenta el Báltico con los flujos que llegan del Mar del Norte a través del Kattegat y el Skagerrat.
Dejas las tierras de Escania y cabalgando sobre el Öresundbron y la isla Selandia te adentras en el túnel que te pone en tierras de Jutlandia.
Esta primera etapa, iniciada en Gotemburgo, me lleva a Lübeck, ya en Alemania, ciudad de canales, capital medieval de la Liga Hanseática, donde confluyen dos ríos, el Trave y el Wakenitz.
Cuando, muy temprano, paseo por sus calles, lo primero que encuentro es un apacible parque junto al agua cerca de su catedral.
Y, al día siguiente, una imagen silenciosa refleja también la calma de una mañana y la suave llovizna sobre el Neckar, en mi segunda parada, en Heidelberg.
Me despido, lamentando no adentrarme esta vez en su centro histórico, con una breve subida a su paseo de los filósofos, desde el cual el Neckar, en el que se mira la ciudad, sigue siendo el protagonista del paisaje.
Tras pasar por la abadía de Acey en el departamento del Jura, en el Franco Condado, de la que hablaremos en la siguiente entrega, y cerca de Parcieux, paso la noche en el camping de L’Escluse, en las orillas del Saône, veinte kilómetros antes de su confluencia con el Ródano en Lyon, frente a la isla fluvial de Beyne, poblada hace más de un siglo por pescadores y hoy refugio para aves.
La antigua presa que obligaba a las peniches y barcazas a circular por una antigua esclusa fue demolida hace décadas, dejando libre curso al río. Tenía pues una categoría de puerto fluvial.
Hoy, el canal de la esclusa es un embarcadero deportivo.
Y al día siguiente, encuentro de nuevo el agua, morigerada y modesta, en el estanque de la abadía cisterciense de Valcroissant, en el corazón de los bosques de Glandasse.
Está situada en la comuna de Die, en el departamento del Drôme y hay que remontar las aguas del río que dan nombre a este departamento.
Y de las aguas del Drôme (tras una noche en un camping para olvidar), internándome en el departamento de Hérault, nuevo encuentro con el agua en la fuente octogonal de la Abadía cisterciense de Valmagne, cerca de Villeveyrac, rodeada de los viñedos del Languedoc, en cuyo pilón los monjes hacían sus abluciones antes de pasar al refectorio.
De allí, por las carreteras de los Pirineos Orientales subo al camping de Arles-sur-Tech, situado junto al RiuFerrer, de aguas limpias y torrenciales. En el camping que se denomina como el río concilio el sueño,
arrullado por el rumor de esa corriente de montaña.
Atravieso los Pirineos.
Después de superar el puerto de Coustouges en el Alto Vallespir, cruzo la frontera con España y entro en el Alto Ampurdán, donde en una zona que presenta las trazas de recientes incendios forestales, paro a descansar junto a las aguas del embalse de Boadella-Darnius, que se alimenta con las aguas de la cuenca del río Muga.
La penúltima etapa de mi viaje me lleva al lago de Bañolas, donde me sorprende un crepúsculo incendiado.
Lo contemplo también desde las alturas de la cima de Rocacorba.
Pero las aguas que más me emocionan, son las de la fuente del Can Puig de la Bellacasa, que aliviaron la sed a mis ancestros ya desde el siglo XIII.
De ese lugar hablaremos en la siguiente entrega.
Por el momento, acabemos con el mar de mi punto de arribada en la Marina Alta, en la playa de la Almadraba, en Els Poblets.
Con el solsticio de verano se erigen por todas partes en Suecia los mástiles cubiertos de verde, con su perfil de cruz coronada de un triángulo invertido con sendos anillos que penden de los extremos de ambos brazos.
Hace dos días hemos asistido a uno de estos tradicionales rituales festivos, probablemente el más popular en los alrededores de Gotemburgo, en tierras de Palacio de Nääs, a veintiocho kilómetros de la capital de la Costa Oeste.
Este lugar fue la sede de una histórica renovación pedagógica durante la segunda mitad del siglo XIX. La ideó y propulsó Otto Salomon (1849-1907), venciendo no pocas resistencias, basándose en la formación del profesorado e inspirándose en su aprecio de las tradiciones del trabajo manual de los artesanos y obreros suecos, así como en las ideas de Comenius (1592-1670) -quien fue largamente influenciado por Juan Luis Vives (1493-1540)-, Rousseau (1712-1778), Pestalozzi (1746-1827) y Fröbel (1782-1852)
(Cfr: Otto Salomon. Por Hans Thorbjörnsson. Prospects. Paris.UNESCO vol. XXIV. no. 34. 1994 p. 471 a 485)
Su esfuerzo lo continúa hoy la Näässamfundet (la Fundación Nääs) y sigue rindiendo frutos: http://uk.naas.se/
….
Luego abundaremos en ello, pero ahora recojamos los ecos de la fiesta campestre del pasado viernes.
Midsommar en Nääs
Son varios miles de personas las que vienen a esta celebración tradicional del Midsommar (el solsticio de verano), en estas praderas rodeadas de lagos y de los edificios que han albergado desde hace un siglo y medio las actividades de la escuela y los seminarios de Slöjd (“artesanía”, “trabajo manual”) para el profesorado y el alumnado de la enseñanza general básica (grundskola).

Uno de los edificios de la escuela de formación a la pedagogía artesanal de Otto Salomon. Foto R.Puig
El midsommar deja desiertas las calles de las ciudades suecas. Todo el mundo se va al campo a bailar, comer y divertirse al son de la música popular sueca hasta bien entrada esta noche clara del 20 al 21 de junio. Nos reunimos en torno al midsommarstång, cuyo origen es el majstang (palo de mayo) germánico. Los comerciantes alemanes trajeron esta tradición a Suecia para celebrar el reverdecer cíclico de los bosques y la flora. Como tal, sus orígenes son ancestrales y totémicos.
En España, y también en Latinoamérica, la vigilancia eclesial lo cristianizó, convirtiéndolo en la cruz de mayo, aunque, como testimonia un cuadro de Goya, en el que se combina con la cucaña, la cruz cristiana siguió conviviendo con la fiesta pagana. Algo bastante conocido ¿o no?
¿Por qué entonces se celebra en Suecia casi a finales de junio?
Por una razón muy sencilla: encontrar una naturaleza plenamente verdeante a principios de mayo en la península escandinava es harto problemático, y bailar al aire libre hasta la noche es harto frío y oscuro.
Así que de fiesta de la plena fertilidad primaveral se trasformó en fiesta de la festividad del verano recién nacido (pero sus rasgos simbólicos siguen mezclados).
El caso es que nos lo pasamos muy bien, rodeados de familias, niños, muchos niños, y adultos, viejos, jóvenes. Ellas y ellos, en gran número, con sus trajes regionales.
Y abundancia de guirnaldas de flores silvestres coronando las cabezas.
Flores comunes que se recogen fervorosamente en estos días.
En realidad, ya se hacía así, un poco más al sur y un poco más temprano en el año, en tiempos de Boticelli
Alzando el verde mástil
En Nääs la erección del Midsommarstång es tarea de expertos. Es una labor que con precisión y maestría se reproduce cada año. La mayoría de los que tiran de las maromas rondan los setenta años
bajo el mando de un director de operaciones
El público se aparta y les va dejando espacio…
¡Ya está plantado!
¡Ahora a cantar y a danzar en corro!
Se bailan y se cantan los sones tradicionales que todos se saben de memoria desde pequeños
y naturalmente, ¡a los acordes de la banda!
Música folk en el Spelmanscafé
Y si te retiras a tomar un café, un refresco o un trozo de tarta en el café de los músicos te encuentras con un conjunto tradicional en cada sala.
Aquí lleva la batuta, mejor dicho una antigua arpa de llaves («nickelharpa»), un músico experimentado, en su atuendo de gala.
Estos aires de cuerda escandinavos recuerdan a los sones de las áreas europeas de tradición céltica. Me pregunto si ello se debe a las migraciones normandas por el mar del Norte y el Cantábrico.
Pero confieso que soy lego en la materia.
En todo caso disfruto como un niño por el módico precio de un café. Además, el violinista se lo pasa también en grande y responde a nuestros aplausos con una agradecida sonrisa.
En la sala de al lado, también hay unas violinistas que hacen la felicidad de la concurrencia.
Mientras, en el exterior continúa la danza
Una canción de midsommar
Pero sería incorrecto seguir hablando de música y cantos y no traer aquí algunas de las canciones tradicionales del verano sueco.
Así que, si queréis escuchar una, no hay más que pinchar aquí :
El texto está lleno de guiños de las leyendas nórdicas y de implicaciones relacionadas con las ninfas y los misteriosos seres del bosque, con el amor y la fertilidad.
Para ayudar a seguir la canción lo he traducido, seguramente con algunos fallos debido a mis conocimientos limitados.
En cualquier caso, esta canción de dos estrofas tiene algo de noche de Walpurgis y es hermosa.
I
Du lindar av olvon en midsommarkrans
och hänger den om ditt hår.
Du skrattar åt mångubbens benvita glans,
som högt över tallen står.
I natt skall du dansa vid Svartrama tjärn
i långdans, i språngdans på glödande järn.
I natt är du bjuden av dimman till dans,
där Ull-Stina, Kull-Lina går.
…
Trenza las hojas de la corona estival
y de tus cabellos préndelas.
Riete de el hombre paliducho de la luna
que asoma por las copas de los pinos.
Esta noche junto al estanque de Svartrama bailarás
pasacalles y frenéticas danzas ardientes.
La neblina de la noche te arrastrará
al lugar donde Ull-Stina y Knull-Lina están.
II
Nu tager du månen från Blåbergets kam
att ge dig en glorias sken.
Och ynglet som avlas i gölarnas slam
blir fålar på flygande ben.
Nu far du till Mosslinda, Mosslunda mor,
där Ull-Stina, Kull-Lina, Gull-Fina bor.
I natt skall du somna vid Svartrama damm
där natten och mossan är len.
…
Atrapa la luna que asoma por la Montaña Azul
y cúbrete con su glorioso brillo.
Así los renacuajos que se agitan por el pantano
se transformarán en caballitos voladores.
Así irás con las ninfa Musslinda, la madre de Mosslunda,
al lugar donde habitan Ull-Stina, Kull-Lina y Gull-Fina.
Dormirás esta noche a la orilla del Svartrama
donde son suaves la noche y el musgo.
Y un segunda versión de una famosa cantante sueca de los años sesenta: https://www.youtube.com/watch?v=vNxZmkhRMgI
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Acabando por el principio
Dejamos Nääs cuando sigue la fiesta. El salón grande se está preparando para que las parejas bailen hasta que caiga la tarda noche del verano nórdico. Volvemos a Gotemburgo.
Pero no quiero irme sin despedirme de Otto Salomon. Los criterios de su pedagogía de las capacidades artesanales y del trabajo manual como parte integral de la educación creo que tienen bastante que ver con esa habilidad que tienen los suecos para hacer de todo, desde reparar los techos de sus casas hasta construir una entera desde los cimientos.
La pasión por el trabajo bien hecho y por la belleza del objeto bien acabado, tan frecuentes aquí, es algo que siempre me ha llamado la atención desde hace años y por la que envidio a estas gentes que se desenvuelven con esmero en el trabajo manual, aunque su profesión sea intelectual o administrativa.
El sistema de artesanía educativa (skolslöjd) de Otto Salomon, que aún sigue vivo durante todo el año en los cursos de Nääs, incluye los siguientes objetivos (del 1 al 8 son de carácter formativo, del 9 al 10 se pueden clasificarse como utilitarios):
1. Inculcar el gusto y el aprecio por el trabajo en general.
2. Desarrollar el respeto por el trabajo físico duro y honesto.
3. Desarrollar la independencia y la autoconfianza.
4. Formar a los hábitos de orden, exactitud, limpieza y esmero.
5. Educar la mirada para ver con precisión y apreciar el sentido de la belleza de la forma.
6. Desarrollar el sentido del tacto y la destreza en el trabajo manual.
7. Inculcar los hábitos de atención, aplicación, perseverancia y paciencia.
8. Promover el desarrollo de las capacidades físicas corporales.
9. Adquirir destreza en el uso de herramientas.
10. Ejecutar el trabajo con precisión y elaborar productos útiles.
Fuente: http://www.ibe.unesco.org/publications/ThinkersPdf/salomone.PDF
Tres días de mayo en Gotland (II): En el norte de la isla, paseo por Fårö y visita al cementerio marino de Ingmar Bergman
La parte norte de Gotland es menos feraz pues está constituida por una enorme plataforma de sedimentos calizos del Silúrico, separados en tiempos geológicos de la parte sur por un brazo de mar, sin que por ello carezca de una actividad agrícola que se alterna con parajes de bosque y de monte bajo y extensos pedregales y una soberbia costa de roquedales fósiles y de reservas de aves migratorias.
La mayor empresa cementera de los países escandinavos
No todo es paisaje, pues gracias a su geología, Gotland cuenta con una inmensa mina a cielo abierto, que provee la materia prima para la producción de cemento. En Slite se halla la empresa Cementa que garantiza puestos de trabajo e ingresos para el desarrollo de Gotland. Exporta a otros continentes, entre ellos Norteamérica.
La presión del movimiento ecologista empujó hace unos años a la creación de unos laboratorios de investigación en un centro de la empresa que cuenta con un equipo de profesionales químicos y de otras disciplinas, para garantizar que se puedan explotar los recursos calizos y se pueda producir el cemento respetando el medio ambiente mediante procesos industriales alternativos.
Claro que para no ser menos, el norte de Gotland está también sembrado de iglesias
e, igualmente, jalonado de piedras miliares,
sin que tampoco falte algún que otro molino centenario
La isla de Fårö
Fårö (pronunciado fore) es el fascinante apéndice del norte de Gotland.
La isla fue base militar durante décadas. Cuando estuve por primera vez hace veintiocho años, necesité como extranjero un pase especial. Hoy es de acceso libre para los miles de turistas que la visitan en verano, aunque el cupo diario es limitado y controlado por el tráfico del pequeño ferry que te transporta a ella en pocos minutos desde su isla madre.
Por desgracia, la población local disminuye año tras año y ya se debe contentar con una sola galería de alimentación.
La Fundación y el Centro Bergman
Tras bordear la costa pedregosa y sus espectaculares formaciones pétreas, el momento álgido de nuestra visita a Fårö fue la visita al Bergmancenter.
Durante el almuerzo escuchamos las explicaciones de sus directivos sobre la historia del proyecto y sus desarrollos actuales, y visitamos el museo con su sala de proyecciones multimedia y distintos paneles y pantallas muy completos.
Quien quiera estudiar la obra del cineasta puede acceder también a un fondo de documentación y a la filmografía de Ingmar Bergman (1918-2007)
Los ambientes y el atrezzo de Fanny y Alexander (1982), el film que evoca la infancia de su autor, se conservan también, incluida la linterna mágica que le regalaron a su hermano mayor y que el logró canjearle por soldaditos de plomo, así como el teatrín donde con precoz imaginación comenzó a dirigir actores de juguete.
Es también un lugar donde vienen a residir becarios de la Fundación a investigar sobre uno de los mejores cineastas del siglo XX. Hay además una muy buena serie de elementos expositivos dedicados a Fårö y a la relación de Bergman con sus vecinos a lo largo de las últimas décadas de su vida. Entre otras cosas, te informan sobre el Bergman mecenas de la restauración y conservación de edificios y antiguas granjas en Fårö (¿remordimiento por las que quemó para filmar Vergüenza?).
Recientemente, el conocido millonario noruego Hans Gudessen, a petición de la escritora y actriz Linn Ullmann (Oslo 1966), la hija de Liv Ullman y de Ingmar Bergman, ha comprado la casa que el realizador construyó pensando en vivir con Liv para siempre y que siguió habitando hasta su muerte. La ha donado a la Fundación. Se ha salvado así de convertirse en un camping.
Ingmar Bergman realizó cuatro films en los que el paisaje de la isla de Fårö es un importante protagonista.
En Como en un espejo (Såsom i en spegel) (1960) la luz de la severa playa de la isla contrasta con las oscuridades que acechan la vida interior de Karin, la protagonista.
Como relata en sus memorias, fue la búsqueda de las localizaciones adecuadas para el rodaje de esa película lo que condujo a Bergman a descubrir Fårö,
El taxi nos llevó finalmente a los “raukar”, las singulares formaciones rocosas del norte de la isla. Allí estuvimos inclinados contra la tempestad, con los ojos clavados hasta las lágrimas en esos misteriosos ídolos que levantaban sus pesadas frentes hacia las olas y el horizonte que iba oscureciéndose.
En realidad no sé qué pasó. Si uno quisiera ponerse solemne se podría decir que había encontrado mi paisaje, mi verdadera casa. Si se quiere ser divertido se puede hablar de flechazo
…
en tu profesión buscas simplificación, proporción, tensión, respiración. El paisaje de Fårö te proporciona todo eso en gran medida.”
(Ingmar Bergman, Linterna mágica. Memorias, Barcelona, Tusquets Editores 1988, traducción de Marina Torres y Francisco Uriz, pp.221-222)
Bergman explica además que su pasión por Liv Ullmann, veinte años más joven, le llevó a construir, durante las filmaciones de sus siguientes películas en la isla, entre 1966 y 1967, la casa a la que se retiró a vivir con ella, pensando que sería para toda la vida. Ella no pudo resistir la vida de enclaustramiento, de celos y de presión psicológica en que aquel idilio al final se transformó. Aunque, más tarde volverían a trabajar juntos en otros films.
En Persona (1966), la playa de piedras se convierte en un tercer protagonista que lleva a su clímax la dramática relación entre Alma y Elisabet.
En Vergüenza (Skammen) (1968) toda luz desaparece en un región en guerra, el entorno es terrorífico y la relación entre Jan y Eva se agrieta de la misma manera que lo hace el paisaje que les rodea. Las escenas de incendios son reales, un especialista, que había sido experto del ejército sueco, las creó quemando granjas abandonadas con napalm. Era precisamente el tiempo de la guerra de Vietnam.
En Fårö se filmaron también Pasión (En passion) (1969) , donde alguien deambula por una especie de reino de muerte, y Escenas de un matrimonio (Scener ur äktenskap) (1973), una larguísima obra (se produjo como serie televisiva), cuya filmación, sumados ensayos y rodaje, duró sólo diez días, con la interpretación inolvidable y despiadada de Erland Josephson y Liv Ullmann.
Además, en 1970, realizó un documental sobre la vida de las gentes de Fårö. El Fårödokumenten es una declaración de amor a esa tierra y su mar y de afecto a sus vecinos, a quienes entrevista ante las cámaras y que le explican sus aspiraciones y problemas.
Tanta fue su identificación con este rincón del Báltico que, cuando aquel hombre elige el lugar de su sepultura, no solo opta por Fårö, sino que decide que los restos de Ingrid (1930-1995), con quien se casó en 1971 y que fue la última de las cinco mujeres con las que estuvo casado (sin contar aquellas con las que convivió), sean inhumados junto a él.
El cementerio marino de Ingmar Bergman
A alguien le podría parecer desproporcionado este paralelismo con el famoso poema de Paul Valéry que canta al cementerio en el que reposan sus restos en Séte y del que hemos tratado en este blog : https://ensondeluz.com/2011/09/18/cementerio-marino-de-sete/
Pero no creo que a Valéry le hubiese disgustado mi aproximación entre él y este otro poeta, el del cine, con cuyos films crecí y me inicié al estudio del séptimo arte a través de los cineforums y cursillos de análisis cinematográfico de los años sesenta.
No en vano, Ingmar Bergman comenzó su carrera de cineasta, inseparable de la del hombre del Teatro, en los años cuarenta, reflejando en sus primeras películas no pocas afinidades con la poesía cinematográfica del Marcel Carné de Le jour se lêve, al tiempo que bebiendo de la tradición estética del sueco Sternberg.
Claro que lo que luego desarrollaría en los cincuenta y los sesenta, ese era ya su propio universo, su sello personal inigualable.
Pero me estoy desviando del lugar del que ahora hablo. Se trata del cementerio del jardín de la iglesia de Fårö enfrentado con el mar.
Allí, en una esquina sombreada desde la que se divisan las aguas del Báltico, está enterrado. En un espacio reservado para él por la mujer sacerdote que regía la parroquia de Fårö en 2007, la pastora de la Iglesia sueca, amiga suya y con la que colaboró en mejorar la isla, descansa Bergman, sin cruz ni símbolos de creencia.
Su nombre está inscrito, junto al de su mujer, sobre una piedra torneada y alisada por el mar Báltico. Sobre estas tumbas no vuelan las palomas de Séte sino las gaviotas y los albatros de las costas escandinavas.
Pero me permito imaginar que alguno de los cormoranes que en verano visitan las reservas de aves de Fårö ha cumplido su migración anual desde el invierno en el mare nostrum, donde les he visto zambullirse, en enero y febrero, en las suaves aguas del Mediterráneo.
Manejo un instrumento tan refinado que podríamos con él esclarecer el alma humana con una luz infinitamente más viva, desvelarla con mayor brutalidad aún e incorporar a nuestro conocimiento nuevos campos de la realidad. Puede que incluso lleguemos a descubrir una fisura que nos permita penetrar en el claroscuro de la surrealidad y narrar de un modo nuevo y transformador
Ingmar Bergman, Qu’est-ce que faire des films?, Cahiers de Cinéma, n° 61 (juillet 1956) Citado por Jacques Siclier en su monografía sobre Ingmar Bergman, Colección Classiques du Cinéma, Paris, Éditions Universitaires, 1966. (la traducción es mía)





















































































































































































