Pilane: escultura y divertimento campestre
He paseado por las praderas y sobre las rocas de Pilane en busca de las esculturas que cada año son sabiamente instaladas en estos campos de la costa occidental de Suecia. Y, no crean que deliraba, la visita la hice en compañía de Immanuel Kant. Tan es así que, durante todo el recorrido desde Gotemburgo, disertó sin descanso sobre la oposición entre la obra de arte (que tiene por objetivo la belleza perseguida y razonada libremente) y el efecto de lo bello en la naturaleza; entre el pensamiento que dirige la creación artística y unas armonías que son independientes del hacer humano.
Dijo muchas más cosas, pero eso es lo que ahora recuerdo.
No obstante, tras aparcar la furgoneta, descendió dócilmente de las cimas de su metafísica del juicio estético y, dejando de lado su universo rococó, se calzó unas botas de guardabosque para, acto seguido, acompañarme en mi paseo entre los caprichos escultóricos de Pilane.
La hermosura del día radiante de fin de verano en la isla de Tjörn que nos tocó en suerte sacó a Immanuel de sus cavilaciones, al menos por unas horas De repente estaba totalmente relajado y de buen ánimo. No sé si fueron las latas de cerveza y el bocata de salami, previos a la visita, pero parecía dispuesto a divertirse como un niño entre juguetes nuevos.
Pilane 2014
Claro que, nada más empezar, tuve que explicarle al filósofo de Königsberg lo que son unas señales de tráfico y un paso de cebra.
Lo del sonajero gigante de Brío fue un poco más difícil, por la similitud que tiene con las jaulas, claro que con menos colores, que usaban algunos absolutistas prusianos para poner en la picota a los delincuentes y disidentes.
Menos mal que cerca había unas ovejas de lo más común. Aunque sospecho que Kant era más dado a analizar el concepto de cordero que a tocar su lana y dudo que en su infancia le llevasen a la granja escuela.
Pero, en fin, demos por supuesto que tuvo que ver ovejas por las calles de su ciudad natal, dado que yo mismo vi circular los rebaños por el paseo de la Castellana de Madrid dos siglos más tarde.
¿Y elefantes? Esos seguro que los debió de ver en los tratados de zoología que no debieron de faltar en su biblioteca de la universidad.
Nos sentamos en estas butacas-elefante para tomarnos un respiro. No quiero bajar la guardia no sea que se me ponga malo. Así que le observo por el rabillo del ojo. Me parece que está pensando en quitarse la peluca.
Finalmente, lo ha hecho. ¡Se ha guardado la blanca peluca dieciochesca en el bolsillo de su levita! Puede que la visión del mono sudoroso y pensativo (rodin simiesco) le haya quitado la vergüenza, observo que es bastante calvo.
Ahora nos estamos acercando a una escultura titulada Los días del juicio. ¡Kant ríe a la vista de estos reflexivos híbridos que dan vueltas y vueltas por la pradera! ¡Caigo en la cuenta! ¡Es evidente que estamos ante una obra de profundo sentido kantiano!
¡No! He de decir a los responsables de la exposición que la obra, digan lo que digan, no se refiere al juicio final. A lo que se refiere es a ese círculo interminable al que nuestra facultad de juzgar nos obliga sin descanso, como borricos de una noria.
Pero -no salgo de sorpresas- lo que en realidad parece hacerle gracia a Immanuel no es el carácter metafísico de nuestro destino… Mientras mastica unos cacahuetes que le ofrecí cuando estábamos con la escultura del mono, me dice:
Son como los académicos de Königsberg cuando nos atormenta una pregunta filosófica
Tras esta delicada confidencia nos sentimos como viejos compinches ¡aquí al sol, a la luz y al aire de los campos de Pilane!
Así que, antes de brincar hacia la roca donde se alza un gran chupa-chups amarillo, me pide que le sujete un momento la mochila para quitarse la levita.
¡Kant se me ha quedado en tirantes! ¡Sí señor, este es mi filósofo!
¿Al fin y al cabo que tendría de malo que cuando escribía su Crítica de la facultad de juzgar lo hubiese hecho en calzoncillos (largos)?
En la subida nos detenemos bajo la sombra de un tiburón cuyas facetas cambian de color y de reflejos. Mientras damos vueltas a su alrededor tengo que explicarle a mi amigo de toda la vida lo que es el acero inoxidable. Insisto en que, aunque parezca hecho de espejos, el tiburón no es en absoluto de vidrio.
No está demasiado convencido, así que da unos saltitos para intentar tocarlo, pero no lo consigue. Me parece que no está en forma. ¡Demasiado trabajo sedentario!
¡Por fin hemos llegado a la esfera amarilla! Esta también es de acero pero esmaltado!
Exclama:
¡Me gusta! ¡Me gusta!
Pero de repente, cae en la cuenta de lo que acaba de decir y murmura:
Claro que eso del gusto es un afrancesamiento… Los filósofos alemanes, yo en particular, sostenemos que para comprender el arte hay que dejarse de frivolidades y profundizar, profundizar, sí, profundizar…
¡La clave está en el juicio, en la subjetividad del juicio estético que, no obstante, es de validez universal…
Yo le miro preocupado pues parece que ha vuelto a las andadas, aunque, bien mirado, me da la impresión de que ha pillado una insolación. Así que recupero la peluca y se la encasqueto de nuevo sobre la calva, mientras le tiendo una botella de agua mineral.
¡Uff! He logrado parar la crisis, justo cuando acabamos de llegar a las planchas de colorines de la escultura más elevada.

Rectangulos horizontales y la conciencia de la perfeccion. Jacob Dahlgren. Suecia. Aluminio lacado. Pilane 2014. Foto R.Puig
El aire del mar que corre por aquí arriba le está haciendo bien. ¡Menuda responsabilidad la que me ha caído! ¡El futuro de la Filosofía moderna depende de mí!
¡Sobre todo que no vaya a dar un traspiés!
En el descenso se empeña en acomodarse un rato en la butaca de bronce que amuebla el estanque entre las rocas.
Me siento a su lado y nos tomamos un bocadillo de queso de oveja con tomate para alejar los pensamientos abstrusos.
Abajo percibimos una estructura abstracta de cables blancos, algo así como un cruce de pentagramas de rayas y rayos que invita a declamar el do re mi. ¡Me parece que está silbando por lo bajini una marcha prusiana!
Es buena señal. Definitivamente me parece que el autor de la Crítica de la razón pura se ha identificado ya con este lugar, donde la libertad creativa del juego escultórico contemporáneo se combina con la belleza irracional de una naturaleza sin aprioris.
¡Se está divirtiendo!
Cuando llegamos al amasijo verde intestino de uno de los escultores habituales de Pilane, Kant se para pensativo y me dice:
¿Podrías sacarle una foto? Quiero llevársela a Federico Guillermo. Creo que le va a gustar.
Para una vez que salgo de viaje, si vuelvo sin algún recuerdo se puede poner chinche. Ya sabes que cuando le da por censurar a los ilustrados…
¡A ver si así me deja escribir lo que me dé la gana!
Yo, naturalmente, tiro de cámara y le respondo:
¡Eso está hecho!
Así que ésta es la foto que se llevó Immanuel a Königsberg para dársela a su káiser, la de la escultura más rococó de todo el parque
¿No me creen? ¿Tengo que jurarlo por los muertos de Pilane?
Nada más fácil porque sin darnos cuenta estamos frente a los monolitos dispuestos en círculos que señalan el emplazamiento de numerosas tumbas colectivas que datan de la Edad del Hierro.
Pero no quiero detenerme, si nos paramos aquí se va a poner de nuevo en tesitura metafísica. Así que le tiro de la levita y lo alejo de las tumbas.
Acelero también el paso frente a la escultura del alienígena en bata y pijama no sea que se me ponga de nuevo meditativo
Pero lo que le despierta de verdad es una conversación que sorprendemos entre una bella y una oveja. ¡Sí! ¡Una rubia visitante está tratando de convencer a una lanuda ovina de que se haga un selfie con ella!
¿Y qué me dice Kant mientras observa la escena? Transcribo nuestra conversación:
Immanuel: Es bello todo lo que sin concepto reconocemos como objeto de una satisfacción necesaria
Yo: ¿Qué me quieres decir maestro?
Immanuel: Ya veo que no tienes una mente metafísica. Te lo simplifico para que me entiendas. Lo que quiero decirte es que en el arte el entendimiento está al servicio de la imaginación
Para mis adentros pienso que en este caso no es el arte lo que le interesa. Todos estos circunloquios son para confesarme que quiere una instantánea de la bella turista en conversación con la oveja
Aquí he de pedir permiso a la chica para tomar la foto que me pide Kant.
La joven me mira extrañada cuando le presento al filósofo (¡resulta que es estudiante de Filosofía!). Aprensiva, le da la mano a Immanuel y accede a que le tome la foto para nos vayamos pronto, no sea que resultemos ser unos locos peligrosos (sobre todo el de la peluca y los tirantes rococó)
Camino de Suecia (y V): la casa museo de Emil Nolde en Seebüll
Dejo Beauraing a las once de la mañana y pian piano llego al camping de Lübeck poco antes de las nueve de la noche, hora de cierre de la recepción. La mayor parte de la ruta transcurre por las autopistas alemanas, en particular por la A2. A día siguiente dejo Lübeck temprano. Ya he visitado Lübeck en el viaje de bajada, así que ni siquiera atravieso el centro de la ciudad. El objetivo es llegar al ferry de las ocho de la tarde, que me habrá de llevar de Fredrikshavn a Gotemburgo.
La Fundación Ada y Emil Nolde
Guiado por un cálculo optimista decido desviarme hacia Seebüll, muy cerca de las orillas del Mar del Norte en Alemania, ya dentro de la península de Jutlandia y a un paso de la frontera danesa. Cumplo así el viejo propósito de ir a ver las obras de Emil Nolde (1867-1956) que se guardan en la casa en la que vivió de forma permanente desde 1940 hasta su muerte en 1956. La propiedad del anciano artista pasó a la fundación que lleva su nombre y el de su primera mujer, Ada Vilstrup, que compartió casi toda su vida. Ella falleció diez años antes que él, en 1946, el mismo año en que el pintor definió en su testamento las líneas maestras del proyecto, en el que tuvo una parte importante Jolanthe Erdmann, la joven con la que se casó en 1948.
Ciertamente no seré yo quien descubra a los lectores de mi blog el cúmulo de información disponible en internet sobre la vida y la obra de Nolde. Se ha discutido mucho sobre su abundante producción artística. Lo mío son las impresiones que su casa museo han suscitado en un viejo aficionado al expresionismo alemán. Mi breve visita me ha recordado también una exposición en Madrid en la Fundación Juan March en el otoño de 1997, “Emil Nolde. Naturaleza y Religión”, que me sirvió de introducción a un artista autodidacta y prolífico que se resistió siempre a las clasificaciones.
Esa doble dominante de su obra, la bíblica y la paisajística, es bien patente en la exposición, así como sus retratos, en especial las acuarelas de rostros de mujer, y una selección de los cerca de 1300 bocetos de su etapa de reclusión en Seebüll, en esta misma casa, cuando clandestinamente desobedecía a la prohibición de pintar que le había impuesto el régimen nazi.
Es bien sabido que en la muestra “Arte degenerado”, promovida por Hitler y sus corifeos, el artista más vilipendiado y representado (con 48 cuadros de los 1.052 confiscados en museos y galerías) fue Emil Nolde.
Para encontrar este rincón, al que difícilmente habría llegado sin el GPS, hay que adentrarse en una comarca de viejas marismas transformadas en campos de cultivo, circulando por carreteras vecinales
El pintor era hijo de campesinos de la región y cumplió el deseo de volver a vivir y pintar en sus tierras de origen. Su formación profesional fue la de un ebanista, que, después de pasar por la talla de muebles y el dibujo ornamental, dio el salto a la pintura y el grabado. En la época en que se produce ese cambio y se casa con Ada Vilstrup (estudiante danesa de arte dramático) cambia su apellido de Hansen por el de Nolde, el nombre de su pueblo natal.
Es conocida su colaboración fugaz con los pintores de “Die Brücke” (El puente), su fuerte impregnación del romanticismo decimonónico de su país, su vinculación afectiva con las raíces medievales del arte alemán, común a varios pintores y escultores de su tiempo, su misticismo y religiosidad vagamente panteístas, así como su interés por la imaginería de Asia y Oceanía, que cuadraba bien con su forma libre y su manera autodidacta.
Aunque siempre fue reacio a las teorías estéticas ajenas, Emil Nolde teorizó sobre su propia obra, espoleado en parte por las críticas que suscitaba la “tosquedad de su técnica”. Todavía hoy es difícil enfrentarse a sus cuadros, sobre todo a los “cuadros religiosos», con un espíritu crítico neutral, debido a la polémica que siempre les ha rodeado. Pero también es complicado ser imparcial y crítico con la obra de Nolde a causa del aura de resistente y de campeón de la libertad artística que la persecución nazi paradójicamente le brindó.
Sensaciones en la Fundación Nolde
Dejo para el final mi pequeño ramillete de obras de Nolde de entre aquellas que prefiero. Antes quiero recoger aquí mi impresión sobre la distribución expositiva de la fundación de Seebüll y sobre las decisiones que guían la presentación de la obra del artista.
Al parecer, la agrupación de 33 óleos de dimensiones considerables (en sus uniformes marcos originales) en dos apretadas filas superpuestas en un solo salón (el espacio más grande la casa taller), respeta el hecho de que era así como los guardaba bajo llave y los quería contemplar y enseñar el pintor en sus años de reclusión y de retiro. Por lo que esa apelotonada disposición expositiva (que malamente ayuda a admirar las obras) respondería a sus últimas voluntades.
Si es así, hay que resignarse a ello, pero siento que no casa bien con la generosidad espacial y arquitectónica del edificio denominado Forum (pasaje obligado para emprender el recorrido hacia el jardín y la casa museo) que alberga la recepción y venta de billetes y de las publicaciones y objetos de una la extensa boutique, la sala de proyecciones, la galería informativa y el restaurante. Un tercer edificio está dedicado a las oficinas de la Fundación.
No lejos del aparcamiento, está la granja de Hülltoft, en la que vivió el pintor durante la construcción de su casa y que, a juzgar por las acuarelas en las que aparece, ha conservado su aspecto de entonces.
Hoy es una casa de huéspedes para los visitantes.
Seebüll un destino de peregrinaje y de veneración de la figura y la obra de Emil Nolde. Como tal paga tributo a los espacios comerciales. No obstante, las obras de mayor formato se podrían presentar más generosamente, dándoles el aire que están reclamando. Ello ayudaría al visitante a contemplarlas, estudiarlas, y disfrutarlas mejor. Se entiende que el anciano Nolde quisiera tenerlas así y, en el espacio reducido de su casa, no tuviese otra alternativa, pero hoy en día la denominada “Billedsalen” se asemeja a un salón de subastas o a un gabinete de coleccionista barroco.
Contrasta con ello el “atelieret” del artista donde se exhiben sus escenas evangélicas, cuya sinceridad religiosa es patente pero cuya calidad (materiales, color, factura) es discutible o, al menos inferior a los mejores cuadros de su obra profana. En ese semisótano, donde Nolde pintaba, esa serie dedicada a la vida de Cristo se presenta, como si de una capilla se tratase, estructurada en retablo. El artista concibió esas escenas con la idea de que fuesen acogidas en una iglesia, pero fueron rechazadas repetidamente.
Eché en falta uno de los mejores óleos religiosos de Nolde, el “Jesús y los escribas” (1951), obra de su vejez, quizás prestada a la exposición que este verano le ha dedicado el Museo Luisiana de Dinamarca.
En todo caso, el jardín sigue también como el pintor lo diseñó y en los alrededores siguen pastando las vacas.
Pequeña selección personal
El agitado mar del Norte es uno de los temas preferidos y mejor logrados de Emil Nolde
Así como los cielos abrasados del atardecer
Las acuarelas de su largo viaje al Oriente en 1913/14
los juncos de los osados marineros y pescadores asiáticos
palmeras sobre mares paradisíacos y rostros de un mundo inocente.
Más de treinta años después, son otros los rostros
entre los cuales admiro su maestría a la acuarela en el retrato de aquellas mujeres que conoció o que jugaron un papel importante en su vida, como este de la joven Jolanthe, su segunda mujer, quien se encargó junto con Joachmim von Lepel, designado primer director por el artista, de organizar la Fundación Ada y Emil Nolde de Seebüll, para preservar y dar a conocer su obra.
Pienso que Emil Nolte fue tallando su propia vida como un experto ebanista que no sólo mide y construye sus creaciones, sino también su propia historia, contra viento y marea y reivindicándose frente a quienes quisieron eliminarle de la Historia.
…
Llegando a Gotemburgo
Al salir de Seebüll miro la hora. No tengo más remedio que acelerar la marcha tras dejar las rutas vecinales que atraviesan la frontera alemana por los campos del sur de Jutlandia, bañados en la luminosidad de una tarde perfecta que ya empieza a ser escandinava.
No me gustaría perder el ferry de las ocho de la tarde que, desde Fredrikshavn, me va a permitir desembarcar en Gotemburgo antes de la medianoche. Justo, justo, paso por la garita de los billetes media hora antes de la salida.
En las cubiertas del Stena Danica hay, según se mire, un ambiente tanto de final como de comienzo de vacaciones: hay viajeros alemanes de subida hacia sus destinos campestres en Suecia o Noruega, y suecos y noruegos de vuelta de sus baños de sol y mar en el continente. Son estos los que más se explayan, cerveza en mano en el bar del puente superior de la nave, donde devoro un canapé de gambas y una hamburguesa doble, preparados y servidos por empleadas filipinas.
Un puente más arriba, sobre uno de los bancos en los que se almacenan los chalecos salvavidas, disfruto de la puesta de sol y de una tardía siesta al aire libre.
La entrada en la bocana de la ría de Gotemburgo y el paso bajo el Älvsborgsbron (el puente que lleva el nombre de la fortaleza que defendía Gotemburgo en el pasado) la disfruto desde las barandillas exteriores de la nave.
Las estructuras de acero del puente y la enorme grúa de los antiguos astilleros emergen entre las luces de la noche
Al fondo, refulgente, la ciudad es una línea de luciérnagas multicolores
Camino de Suecia (IV): Beauraing y sus historias
Para Claudine y Jean-Marie
Había prometido a mis amigos de Beauraing que algún día me verían llegar desde el cielo en un montgolfier algo así como Samuel Fergusson en la novela de Julio Verne. Pero no he conseguido todavía el carnet de piloto de globos y a mis años no sé si me lo darán.
Así que, como íbamos contando, dejé Barbençon y, sin ir más lejos, en una hora (lo que no excluye atravesar de nuevo tierras francesas) estaba entrando en esta pequeña ciudad de la provincia de Namur. No podía haber mejor motivo para hacer etapa que la amistad y hospitalidad de una maravillosa pareja que dejó Bruselas para jubilarse en la ciudad que a él le vio crecer. Durante años conversábamos de tantas cosas mientras mi cabellera, gracias a sus tijeras y savoir faire, recuperaba un aspecto digno en su acogedor salon de coiffure.
Si ya Barbeçon no les sonaba a la mayoría de mis lectores, Beauraing habría seguido siéndoles igualmente desconocida. Pero, animado por lo que me han contado mis anfitriones, más lo que he podido investigar, me ha salido esta crónica.
Solomillo con frites
Empecemos por las cosas importantes: tras llegar a las 12:00, como había anunciado, mis anfitriones me habían preparado la sorpresa de unas frites que superaban a las más famosas de Bélgica, me refiero a las de la Place Jourdan de Bruselas.
Puede que el secreto esté en que las patatas de esta parte de Bélgica no tengan parangón y que hayan sido cortadas a mano como es debido, pero a mí me parece que el secreto está en la friteuse que mi viejo amigo heredó de su madre y que no cambiaría por ninguna de esas freidoras cuasi digitales que se venden hoy.
Si a eso añaden ustedes un solomillo à point, un buen postre y un excelente café, pues ya estamos dispuestos a recorrer Beauraing y su comarca.
Un rincón de rancio abolengo español
Esta era una ciudad ducal, con un palacio que fue de los duques de Osuna. El famoso duque derrochador, cuya vida publicó en 1930 Antonio Marichalar bajo el título de Riesgo y ventura del Duque de Osuna (Madrid, Visor 2012 ) estaba casado con una prima aristócrata alemana, María Leonor de Salm-Salm, a la que conocí hace no mucho -el mundo es un pañuelo- en el Museo Romántico de Madrid (http://wp.me/p1blZ0-1NR).
Otra demostración más de cuán inagotable es el Gotha.

La duquesa de Osuna. María Leonor Salm-Salm. «Chatelaine» de Beauraing. Carlos Luis de Ribera. 1866. Museo Romántico. Madrid. Foto R.Puig
El duque, arruinado y acosado en España por sus acreedores, muere en su palacio de Beauraing en 1882. La duquesa lo hereda de su dispendioso marido español. Y, casualidad, cuando en el mismo lugar del deceso la rica chatelaine acaba apenas de casarse en segundas nupcias con otro primo, alemán y también duque, un incendio destruye el palacio con su contenido en 1885.
Subsisten tres torreones (uno de ellos demediado por los años y vestido por la hiedra), el cuerpo principal y una serie de edificios aledaños dentro del domain.
Junto a sus muros se extiende el parque de la ciudad. Está situado en la parte alta, como corresponde a lo que fue una ciudad fortificada de las que quedan unas cuantas a los dos lados de esta frontera franco belga que tantas guerras y depredaciones ha sufrido. Las últimas culminaron en la masacre de la cercana Dinant, cuando las tropas alemanas ocupaban esa ciudad durante la II Guerra Mundial y ejercían una represión brutal sobre los civiles. Precisamente, en Dinant fue herido el entonces joven oficial De Gaulle durante la guerra del 14-18.
La devoción mariana de Leon Degrelle
Luego hablaremos de la primera sorpresa de esta visita, y es que Beauraing es algo así como la Lourdes belga gracias a las apariciones de la Virgen en 1932, que se consideraron con cierto escepticismo hasta que un obispo se apresuró a sacar al cura renuente y puso allí un joven presbítero de fe más entusiasta. Pero antes, ya que hemos aludido a la ocupación de Bélgica por el ejercito alemán, hablemos de algunas afinidades electivas.
Por la misma época de las visiones, guarda caso (como dicen en Italia), Leon Degrelle, un joven, militante fervoroso de la Acción Católica, utilizó esa organización para crear el movimiento REX (cuyo nombre se refiere a “Christus Rex”) y se le ocurrió aprovechar la devoción de las masas y las peregrinaciones a Beauraing como trampolín. Así que aquel joven agitador, apoyando a bombo y platillo las visiones marianas alcanzó una popularidad que, añadida, a sus proclamas fascistas, a sus condenas a todos los partidos y políticos del momento, a quienes, él exceptuado, tachaba de corruptos, dio visibilidad a su campaña para «Balayer les ordures politiques !». Sí, fue él quien inventó la escoba como símbolo de lo que prometía: “barrer a esas basuras políticas”, leit-motiv que más recientemente ha empleado el Vlaams Block.
Degrelle invoca el “país real” (su periódico se llamaba así) contra todos los demás políticos belgas. Los 21 diputados obtenidos en las elecciones del 36 se le suben a la cabeza y se autoproclama cabeza de la oposición.
Rex est un mouvement, c’est-à-dire une force active entraînant un courant d’idées, Rex est un mouvement révolutionnaire, Rex est un mouvement populaire.
…
Rex es un movimiento, es decir una fuerza activa animada por una corriente de ideas, Rex es un movimiento revolucionario, Rex es un movimiento popular
Se sabe a qué le condujo su lucha por ese “país real” y su admiración por Mussolini y el Nacional Socialismo alemán: a acoger con los brazos abiertos a Hitler y a su arrasadora invasión de la Bélgica neutral, a la colaboración abierta con el ocupante, a organizar una batallón de 2000 combatientes belgas con uniforme alemán, la legión Valonia, lanzados a la lucha en el frente del Este (al estilo de la División Azul española), de los cuales sobrevivieron sólo 200. Fue el único extranjero condecorado por Hitler con la Cruz de Hierro con hojas de roble.
(Ref: http://www.territoires-memoire.be/am23/523-leon-degrelle-et-le-rexisme)
Se sabe cómo acabó viviendo ricamente bajo el ala de Franco que le otorgó la nacionalidad española, se sabe que siguió pavoneándose de sus ideas y de su biografía, se sabe que siguió publicando en España, entre otras una obra titulada “Almas ardiendo”, final mistificación de un criminal de guerra nazi. La paradoja es que fue traducida y prologada por Gregorio Marañón, ya entrado en años, quien decía al final del prólogo:
Páginas de insuperable hermosura y patetismo humano, llenas de esperanza de un mundo común y mejor, para las cuales, dentro de nuestras fuerzas, hemos pulido, como el oro en que se va a engarzar una esmeralda, nuestro más alado y más noble castellano.
Se sabe que en España y en Europa todavía hay asociaciones nostálgicas que ensalzan su memoria
…
Pero volvamos a los años treinta y a nuestra modesta y anónima ciudad de Bélgica…
Beauraing se consolida como metrópolis mariana
Corría el año 1932 y las religiosas de un colegio de monjas junto a un gris puente del ferrocarril, que hoy todavía subsiste, se dedicaban a sus labores educativas y a formar concienzudamente la conciencia católica de sus pupilas. Puede que algunas de estas docentes se aburriesen un poco, puede que también encendiese su corazón un gran fervor mariano. Hasta ahí nada de extraordinario, nada que pareciese anunciar que la Virgen María hubiese elegido Beauraing para comunicar importantes mensajes a la humanidad y levantar la economía de la región que, tras el crash de 1929, no estaba muy boyante.
En Lourdes habían sido tres pastorcitos. Aquí iban a ser nada menos que cinco los escolares (tres adolescentes, una niña y un niño) que verían a la Virgen y escucharían su mensaje treinta veces en el espacio de poco más de un mes. Aparecía bañada en resplandores, toda vestida de blanco, exhibiendo un corazón de oro. Les insta a que sean buenos, a que recen mucho. Les recuerda que ella es la Reina de los Cielos y que quiere que en ese lugar se construya una capilla para que vengan los peregrinos. Les garantiza que ella va a convertir a los pecadores. Ya al final, se acuerda de añadir que amen a su Hijo y que se sacrifiquen mucho.
Al principio la Virgen se paseaba sobre el viaducto del tren. ¡Nada de grutas idílicas! ¡Un arco de piedra gris y triste como las almas del proletariado belga de entonces! Pero luego le resultó más fácil manifestarse sobre un espino del jardín del colegio.
En plena guerra, en enero de 1943, el obispo de Namur autoriza el culto. Y comienzan las obras de la capilla que la aparecida había solicitado. Grises fueron las piedras de la región que sirvieron para construir un santuario de rudo aspecto neorrománico para acoger a los peregrinos.
Cinco son las ventanas de la capilla para recordar a los cinco escolares visionarios.
En 1968 le sigue un enorme auditorio de cemento y cristal para acoger cinco mil peregrinos.
Las peregrinaciones van en aumento, aunque Leon Degrelle ya no podía venir de España, pues sobre él pesaba una condena a muerte como criminal de guerra y, además, vivía una apacible vejez en la Costa del Sol, no exenta de trances poéticos . Aquel devoto publicaba un libro sobre otra peregrinación: la del Camino de Santiago.
De todas formas, confirmando y universalizando la verdad de las apariciones, el 18 de mayo de 1985 el papa Wojtyla llega en helicóptero, atrayendo a miles de peregrinos.Todas estas cosas las iba yo sabiendo al hilo de nuestro paseo por esta ciudad. No sólo eso, hace dos semanas se ha hecho público que una reliquia de Juan Pablo II, un vial con su sangre, ha sido donada por el Vaticano al Santuario de Beauraing. La van a depositar en la cripta del santuario, que se dota así de una nueva atracción para los peregrinos
La organización Pro María gestiona los ingresos de este turismo mariano.
Hasta los cirios (bougies) se venden en unas máquinas expendedoras, algo así como esas que dispensan latas de refrescos pero más blindadas.
Ingresos, colectas y donaciones permitieron a Pro María la adquisición del dominio ducal. En uno de los torreones restaurados, una especie de turris mariana (aunque no se pueda decir que eburnea) tiene la sede de sus oficinas. Si atravesamos el pórtico, llegamos al cuerpo principal de lo que queda del antiguo chateau, hoy convertido en restaurante y hostal de peregrinos, como también lo son otras dependencias del dominio ducal.
Cerca de la entrada, encima del pedestal que ocupó la estatua de la duquesa de Osuna, se alza ahora la imagen de la milagrosa Virgen del Espino.
…
¿Qué decir como conclusión? Pues que basta darse una vuelta por cualquier apacible pueblo o villa de Europa y la historia religiosa y política de nuestro Viejo Continente, con sus luces y sus sombras, está ahí a la vuelta de la esquina.
Aunque, lo mejor de todo es descubrirlo en compañía de buenos amigos. En este caso, ni quien me lo narraba ni yo habíamos nacido aún cuando aquellos sucesos se producían. Somos hijos de la posguerra, escépticos en materia de apariciones y de visiones populistas. Los “movimientos” no son lo nuestro.
En el jardín de su casa, en su tranquilo barrio belga, no se oyen los altavoces del santuario, hay familias que pasean el fin de semana y, por la tarde, cuando hace bueno cocinan las frites al aire libre. Por esa parte de Bélgica los demagogos populistas no cosechan votos y en las calles de sus pueblos no se alza la voz (salvo frente a una pantalla de TV cuando juegan los diables rouges). Pero, puedo asegurarlo, no falta el sentido común y saben comer bien sin necesidad de alquimias.
Pero no nos engañemos, en esta tierra, tan pisoteada por los ejércitos de todos los déspotas de nuestra historia, la memoria no se ha perdido.
Breverías erasmianas (XV): “Stultus, qui patre caeso liberis pepercit” (Estúpido quien mata al padre y perdona a los hijos)

Colegiata de Lobbes. Bélgica. Tumba de abad. s.XVI. Detalle. Foto R.Puig
La evolución de la humanidad está sembrada de violencias y de guerras que gozan de mayor visibilidad que el mar de benevolencia y bondad anónimas, definitivamente menos llamativo que la barbarie. A esa mayoría que pasa desapercibida, que vive sin estrépitos ni ha usado jamás un arma, que por millones es empujada a campos de refugiados o al exilio por las minorías del poder y de la guerra, se refería Erasmo de Rotterdam cuando, en algunas de las páginas más bellas de la literatura humanista, diferenciaba al hombre de las bestias salvajes:
La naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto para sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y a la amistad. Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado con el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio unos brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de alegría. Sólo a él las lágrimas, símbolo de clemencia y misericordia. ¿No le dio acaso una voz que no amenaza ni es temible sino que, a diferencia de las fieras, es amistosa y agradable? No contenta aún con estos dones, la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza. Le inculcó el odio a la soledad, el gusto por la compañía. Plantó en lo más profundo de su ser los gérmenes de la bondad.
Erasmo de Rotterdam en Dulce Bellum inexpertis (“La guerra atrae a quienes no la han vivido”). Cfr: Adagios del poder y de la Guerra y Teoría del adagio, Traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Madrid, Alianza Editorial, Libro de bolsillo, 2008, pp.202-203
Por desgracia, si tratamos de valorar los progresos de esas notas del ser que diferencian lo humano de lo animal, de evaluar en nuestro mundo los signos de una evolución a mejor, el peso secular de la bestialidad humana se interpone y nos abruma. No sé si, con la ayuda de los historiadores, los sociólogos han tratado de medirla. ¿Qué períodos de la historia tienen el record cuantitativo en términos absolutos y en términos relativos? ¿Qué parámetros podrían evaluar cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente las cimas de la crueldad y la violencia? ¿Marcan las matanzas y exterminios sistemáticos del siglo XX el máximo imaginable de la atrocidad? La historia de la humanidad da materia para compilar voluminosas antologías de la barbarie, pero frente a la secular competición de las violencias ¿quién osaría formular un palmarés definitivo?
Las crónicas de la actualidad muestran sin descanso a quienes tratan de poner el listón de la violencia cada vez más alto. Esta especie de concurso universal de la insania me ha recordado otro adagio, glosado también por Erasmo, en este caso de forma escueta. Es un proverbio que formula una de las más cínicas y concisas justificaciones de esa violencia organizada que tanto combatió el humanista de Rotterdam. Lo cita en una de sus más severas críticas del poder y de sus abusos, en el largo comentario al adagio “Scarabeus aquilam quaerit” (El escarabajo acecha al águila) que traduje y publiqué hace ya años.
Lo que tiene de particular el proverbio que traigo a colación es que acuña, teoriza, justifica y proclama el ejercicio de la atrocidad llevado a su peor extremo. Los autores de las masacres de nuestro tiempo no habrán oído hablar de este adagio, pero no por ello dejan de ponerlo en práctica.
Estúpido quien mata al padre y perdona a los hijos
Adagio I, X, 53
Erasmo extrajo este proverbio de la antigua compilación medieval de Suidas. En este caso procede de Aristóteles y de un poema homérico. Reproduce su formulación al iniciar su comentario, en este caso puramente filológico, como para recordarnos que a buen entendedor pocas palabras bastan: Stultus, qui patre caeso liberis pepercit.
Y sigue con la glosa de Suidas 325 :
Quien te aconseja que mates a los hijos de los padres que has matado, tiene el apoyo del viejo dicho: está loco quien mata al padre y deja tras sí a los hijos
…
Loco es aquel que tras asesinar al padre deja con vida a los hijos
Tras citar la misma expresión en Herodoto, continúa Erasmo refiriendo lo que cuenta el historiador Polibio de Filipo V de Macedonia, a quien atribuye la masacre de los habitantes de Maronea en 184 a.C. (de no confundir con Filipo II, el padre de Alejandro Magno):
Se dice que Filipo de Macedonia usó este adagio cuando asesinó a los hijos de unos padres a los que había matado, razonando que lo que se debe hacer es o abstenerse de matar a los padres o, en caso contrario, eliminar también a los hijos, pues más tarde podrían vengar la muerte del padre.
También es de recordar la justificación de los soldados que asesinaron al emperador Maximino y su hijo diciendo que de una camada inútil no hay que dejar ningún cachorro
(Erasmo había leído esta última mención en la Historia Romana de Herodiano publicada por Aldo Manuzio en 1503).
Tras citar un verso de la Odisea en el mismo sentido, el comentario erasmiano concluye reflejando la lógica inexorable de la violencia en una síntesis que podría ponerse en boca de un boss mafioso:
Este adagio sirve para advertir de que no conviene provocar a los hombres, pues en caso contrario habrá que acabar con ellos, no sea que los supervivientes nos atormenten en el futuro
(non esse provocandos homines aut ita conficiendos, ne in posterum reliquiae nos exerceant)
(NB: Versión latina de los Adagios aquí utilizada: Les Adages d’Érasme, Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 801-802)
Reflexión final
No recuerdo que Maquiavelo, tan injustamente denostado (sobre todo por quienes no lo han leído) y a quien se atribuyen frases que nunca escribió, refiriese la auto-justificación de Filipo de Macedonia, a pesar de que al florentino no le faltaron ejemplos de gobernantes más temidos que amados, para retratar los aspectos más crueles y amorales del poder de El Príncipe. De hecho, aunque aceptaba la conveniencia de que un gobernante pudiese hacerse respetar por temor, no veía la ventaja, muy al contrario, de que se hiciera acreedor al odio de los gobernados.
Esa obra, no impresa hasta 1532, la leyeron algunos políticos de su tiempo en copias del manuscrito de 1513. Pero no se tiene constancia de que Erasmo la haya conocido. Dicen que Thomas Cromwell tuvo acceso a una copia y se guió por esa obra para intentar sacar a Inglaterra de su edad más oscura, lo que su patrón agradeció cortándole el cuello.
Pues bien, del mismo modo que los del cruel rey macedonio o los Tudor, en nuestra época no escasean ejemplos de ejecutores y masacradores que se emplean a fondo en sembrar el odio. Seguramente no han oído hablar de este proverbio, pero lo practican con saña. Para prevenir la futura vindicación de las víctimas, aniquilan a sus hijos de alguno de los modos que imaginarse puede:
- La más literal de matar a los padres y después a sus hijos,
- la de matar a padres e hijos al mismo tiempo,
- la de matar a los padres, robarles a los hijos y borrar la identidad de estos,
- la de matar a los hijos, incluso antes de haber podido matar a los padres,
- la de matar a los hijos, sin ni si quiera estar en guerra con los padres,
- etcétera.
Uso el término hijos en sentido neutro, pues conviene subrayar que, a pesar del contexto guerrero del adagio, en la formulación original griega del proverbio o en la latina de pignora (aunque no el sustantivo liberi, liberorum, que es en principio de género masculino) predomina el significado de hijos como hijos e hijas. A pesar de que pienso que en la mente del rey macedonio el destino de las mujeres no era la eliminación física, como con los varones, sino, algo aún más atroz, una suerte de muerte en vida, de las misma manera como, pasados más de dos mil años, se las sigue destruyendo hoy.
Al autor del Elogio de la locura, si después de casi cinco siglos se alzase de su tumba, le habría resultado familiar lo que hace seis días denunciaban portavoces de la ONU:
De forma sistemática toman como objetivo a hombres, mujeres y niños, según su afiliación étnica, religiosa o confesional, y están llevando a cabo sin compasión una amplia limpieza étnica y religiosa en las áreas bajo su control
…
asesinan a los hombres y se llevan a las mujeres y los niños como esclavos, bien para entregárselos a los combatientes o con la amenaza de venderlos
……………
En los años que sucedieron a la caída del muro de Berlín hubo quienes tuvieron la osadía de proclamar el “fin de la Historia”. Seguramente esa afirmación aumentó la venta de sus libros, pero la tozuda realidad es que no hay más remedio que seguir remando inmersos hasta el cuello en la monótona continuación de la Historia. Más bien tenemos que frotarnos los ojos frente a las imágenes de la actualidad, pues pareciera que seguimos atrapados en ciclos de eterno retorno.
Algo así debía de sentir Erasmo poco antes de morir, cuando consideró más fructífero dedicar su última obra, sus meditaciones Sobre la pureza de la Iglesia Cristiana, a un modesto aduanero renano que le había hospedado en uno de sus viajes y no a alguno de aquellos reyes, papas y gobernantes a quienes durante muchos años intentó convencer de que cambiar la Historia estaba en sus manos. Ese gesto final del humanista fue algo así como tirar la toalla.
La ruta hacia el sur (y III): por el Alto Ampurdán
Hay un pueblo, encaramado sobre un puerto de montaña o, si se prefiere, un col, a 813 metros sobre el nivel del mar, en el que ya los ejércitos romanos mantenían una guarnición para controlar el acceso a Hispania desde la Galia. Los soldados de aquel manípulo eran los custodios del estratégico paso. Por eso se llama Coustuges o, en catalán, Costoja.
Yo, pobre de mí, pensé al principio que el nombre aludía a las costillas de cordero, es decir a las chuletas de los agneaux que imaginaba pastando por sus prados desde hace siglos. Pero no, el nombre de este pueblo transfronterizo del Alto Vallespir tiene un origen más épico, como me explicó una vecina que también me dijo que no me extrañase por ver tanta bandera catalana, pues ellos, además de franceses a mucha honra, se sentían también “catalanes del norte”.
La verdad es que ya me había hecho pensar positivamente la práctica poética de su alcalde. El síndico ha sembrado de placas de piedra los rincones de la comuna con el beneplácito de sus vecinos y para regocijo de forasteros, con los que los nombres de las calles se completan con la espirituosa descripción del uso de los espacios urbanos. Los textos en francés y en catalán son muy abundantes y algunos se refieren a este pueblo en su condición de emplazamiento estratégico sobre una antigua vía romana.
Hay una plazuela recoleta que sirve de “escapatoria para cotillas tenaces”
Otro lugar es el destinado a las “maquinaciones de mozos y mozas juguetones”
Así que teniendo un primer edil tan poeta, entiendo que no quieran desvincularse ni de la tradición secular de la poesía francesa ni de la hermosa lengua catalana. Aquí parece ser que la cadena que todos los días se manifiesta en su esplendor es la de los Pirineos y la identidad más antigua la romana.
Coustouges tiene una soberbia iglesia románica documentada desde el siglo XI
Dicen que el rayo de sol que atraviesa en dos momentos del año uno de sus dos lucernarios sale por la puerta del fondo y las aberturas del nartex, para seguir una trayectoria coincidente con la mediana del Alto Ampurdán hasta Llansá
Sea como sea, el pórtico en el interior del nártex es un trabajo de auténtico bordado en piedra
Y los detalles del trabajo del hierro en su puerta son característicos del románico catalán
La cabeza de perro guardián de su cerrojo es también tradicional, pero de una calidad poco común en sus detalles
Descendiendo por el Alto Ampurdán
La bajada desde Costoja hacia España nos traslada al Alto Ampurdán sin apercibirnos por otra señal que no se el diferente firme de la carretera, pues las alturas y los bosques del Alto Vallespir francés se funden sin solución de continuidad con los del Alto Ampurdán español.
Entre la Cataluña del Norte y la del Sur la identidad de los paisajes no marca diferencias.
Bañolas y el Can Puig de la Bellacasa
Yo subí por estas alturas gracias a las informaciones que me dieron en Arles-sur-Tech para pasar al Alto Ampurdán, ya que quería a ver a uno de mis hijos que, cosas de la vida, se ha venido a vivir cerca de las tierras en las que apareció por primera vez el apellido familiar allá por los finales del siglo XV.

El Can Puig de la Bellacasa a principios del siglo XX. Foto de los archivos del Consell Comarcal del Pla de l’Estany.
A través suyo y de su comunidad he conocido las actividades de la Cooperativa Integral Catalana: http://cooperativa.cat/es/. Creo que, como es habitual, las formas alternativas de autogestión bullen con más fuerza en tierras catalanas. No pude estar con ellos en su Fiesta de San Juan (http://cooperativa.cat/es/san-juan-fiesta-del-verano-en-pujarnol/), pero al menos he conocido algo que ya me pilla viejo, pero que en mi juventud me habría sin duda tentado. Pero aquellos fueron otros tiempos y en otras latitudes.
Yo a ellos les deseo muchas realizaciones y éxitos.
Volviendo a estas nostálgicas evocaciones de aquellos antepasados que trajinaron en tierras de Bañolas a finales del Bajo Medievo, he de decir que la información sobre su presencia en este lugar desde el siglo XIII procede del historiador Mossèn Luis Constant (1901-1955) que trabajó intensamente en los archivos de la comarca, aunque muchas de sus publicaciones fueron póstumas, pues falleció prematuramente antes de redondear su obra.
Mi fuente es la misma que me ha permitido entender el significado de la antigua casa solariega, amplia masía o can, centro de una centenaria explotación agropecuaria, el Can Puig de la Bellacasa. Se trata de una de las pocas copias remanentes de un fascículo que me han facilitado dos funcionarias, Rosa y Anna, en la Sede del Consejo Comarcal del Pla de l’Estany que ocupa hoy esa masía del siglo XIII, sabiamente restaurada para servir de base de los servicios públicos comarcales: Can Puig de la Bellacasa. La Nova Seu del Consell Comarcal, Banyoles, 2000, 27 pp.
Fue una grata sorpresa su acogida y su amable cortesía.
Sobre la institución y sus múltiples servicios públicos se puede encontrar abundante información en http://www.plaestany.cat/Lainstituci%C3%B3/LaseudeCanPuig/tabid/77/Default.aspx
El último amo de la Masía fue un político catalán de la Lliga Regionalista, Lluís Puig de la Bellacasa i Deu (1886-1960), sobre quien (siempre siguiendo lo que narra el fascículo en su p.8) uno de los masoveros dejó dicho en 1926 que “Era molt savi… molt correcte. Era una gran persona”. Ello no impidió que tuviera que exiliarse al estallar la Guerra Civil y no porque le persiguieran los nacionales sino porque las patrullas de la FAI querían matarlo. Una calle, bajo la colina que preside la renovada masía, lleva su nombre.
Visité el edificio con mi hijo. Era la primera vez que ponía el pie dentro de unos muros que habitaron mis ancestros y desde los que, durante siglos, salían a diario a faenar y cosechar los campos ellos y sus masoveros.
La fuente medieval de la que se aprovisionaban sigue ahí. El agua ya no es potable pero junto a ella, vestido con su chilaba y mayestático tras una larga barba que disimulaba tristezas, estaba un inmigrante de Ghana que llenaba de agua sus garrafas de plástico. Me dijo que no había que preocuparse, que sabía bien que el agua no era potable, pero que él la hervía. Con digna cortesía retiró la garrafa unos instantes para que yo pudiera fotografiar el caño.
Los alrededores
Guiado por mi hijo he podido conocer algunos alrededores de Porqueras y Bañolas
El lago y los trigales tan cercanos.
Y, sobre todo, las alturas de Pujarnol, su masía y su iglesia medievales,
la cima de Rocacorba, desde la que se salta en parapente, y el santuario que se yergue de forma inverosímil sobre una de las rocas de sus crestas
y que brinda panorámicas soberbias.
Fin de ruta
En la penúltima etapa de mi ruta disfruté de la hospitalidad de una familia amiga en otras alturas, las de Valldoreix, a la vera de Barcelona. El único testimonio gráfico, fruto de su maravillosa hospitalidad, fue la silueta de Montserrat, al atardecer, desde una ventana de su casa.
Al día siguiente nos esperaban ya Els Poblets y su Playa de la Almadrava.









































































































































































