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Charles-Pierre Baudelaire (II)

25 abril, 2021
Les fleurs. Foto R.Puig

Continuamos con la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Charles-Pierre Baudelaire.

Como ya empecé a comentar el domingo pasado, aquellos análisis de poesía europea en francés o inglés -incluso en alemán con versos de Hölderlin– que en sus clases nos regalaba nuestro Profesor José Luis Rouillon Arróspide, trabajando sobre copias en ciclostil y a dos columnas (en la lengua original y en castellano) eran un lujo literario en la Lima de mediados de los años 60.

Analizamos poemas como la Ballade des pendus de François Villon, The Raven de Edgar Allan Poe – cuya obra ejerció una gran influencia en Baudelaire (*) -, To a Skylark de Percy Bysshe Shelley y además poemas de Verlaine, Mallarmé y de otros autores, entre los que ahora recuerdo.

Para aquellos análisis se manejaban las poéticas de Gaston Bachelard o los interrogantes que planteaba Georges Poulet en sus estudios sobre el tiempo literario, así como los arquetipos estudiados por Mircea Eliade y Carl Gustav Jung. Un lugar especial tuvo también la obra poética de Charles Peguy, en particular Le porche du mystère de la deuxiéme vertu.

Las clases no se limitaban a la poesía, pues incluyeron por ejemplo a Dostoievski, la prosa de Marcel Proust, una obra rayana con la poesía en sus transiciones entre el espacio y el tiempo de la memoria y otros autores

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Baudelaire. Obras completas, portada con autorretrato del poeta a tinta china (**)

Pero no seguiré divagando, pues toca continuar con Baudelaire, sobre quien hoy me limitaré a algunas reflexiones y a un par de poemas. Por algo se conmemora este mes el bicentenario de su nacimiento el nueve de abril de 1821. Con tal motivo, en estas ultimas semanas he vuelto a enfrascarme en algunos aspectos de su evolución literaria, desde su romanticismo juvenil hasta Las flores del mal, una obra que se considera hoy el hito fundador del simbolismo, e incluso precursora del surrealismo. Pero a esto de las etapas y los movimientos de la historia de la poesía moderna es mejor no darle demasiada importancia. Hay algo de encorsetamiento simplificador en ello cuando se le da excesiva relevancia.

Lo que es bien conocido es que Charles-Pierre no fue un poeta de los que plasman el poema a la primera inspiración, pues a pesar de su fama de adicto a los estimulantes opiáceos y a otras hierbas, al fondo de su poesía subyace una enorme cultura de la literatura clásica y no sólo de la francesa, sino también de las obras del romanticismo anglosajón.

Por otro lado, si prestamos atención a su proceso creativo y a sus notas y si, por ejemplo, examinamos la cronología de sus Pequeños poemas en prosa, hallamos que un buen número de las poesías de Las flores del mal han sido precedidas por una labor previa en forma de cuentos o ensayos literarios, en algún caso cercanos a lo que hoy se denomina microrrelato. El poeta, como otros autores de su tiempo practicaban asiduamente el género periodístico

Extraigamos un caso de esta labor preparatoria: el 24 de octubre de 1857 publica en el periódico Le Présent su “poema en prosa” en siete párrafos titulado “Un hémisphère dans une chevelure”; y el 20 de mayo de 1859 da a las prensas la composición poética en siete cuartetas “La chevelure”, en Las flores del mal.

He destacado en negrita algunas coincidencias patentes entre lo que fue el ensayo en prosa y lo que luego fue el poema:

POEMA “La chevelure” (1859) COTEJADO CON “Un hémisphère dans une chevelure” (1857)

de Charles Baudelaire

Textos de las obras completas, respectivamente p. 56 y pp.158-159, referencia en nota (**)

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VERSIÓN BILINGÜE FRANCÉS – CASTELLANO DE “LA CHEVELURE” – “LA CABELLERA

DE CHARLES BAUDELAIRE

Charles Baudelaire, “La chevelure”, op.cit. (la traducción es mía)

.

Algunas reflexiones

La labor poética en la vida y obra de Baudelaire no es sólo una búsqueda permanente de la forma que responda fielmente a su sentimiento de la naturaleza en la transposición de la misma, es también laboriosidad de una mística carnal y terrestre de las cosas y de la existencia entre ellas y frente a ellas.

La crítica le fue a menudo adversa y la absurda condena de algunos de los poemas de Las flores del mal en 1857 le obligó a doblegarse sumisamente tras un proceso amargo e inconsecuente. No le fue fácil mantener su actividad creativa, crítica y periodística en aquellas circunstancias, que hicieron muy difícil la tarea de su penalizado editor y su propia subsistencia.

En carta a Richard Wagner en octubre de 1860 escribe: “considero el acto del suicidio como el más razonable de la vida”.

Sin embargo en mayo de 1861 escribe una hermosa carta a su madre en que reafirma la auto-confianza en su capacidad creadora.

A pesar de todo declina en diciembre la invitación a ocupar un sillón de la Academia, que había solicitado en noviembre de ese año. Por consejo de amigos, para evitar el “escándalo” que su entrada en la institución levantaría, retiró en diciembre su candidatura.

En Mon coeur mis à nu (“Mi corazón al desnudo”) afirmaba: “Hoy 23 de enero de 1862, he experimentado un presentimiento singular, he sentido pasar sobre mí el viento del ala de la imbecilidad” (le vent de l’aile de l’imbécillité).

Pero su producción de escritos y publicaciones continúa tenazmente. Su admiración por Delacroix, que muere en agosto de 1863, y sus estudios sobre su vida y obra, reflejan una analogía entre el dramatismo naturalista de la obra del pintor y la lucha incesante de Baudelaire consigo mismo y contra sus dependencias, de la que intenta descansar en las breves escapadas a Honfleur a casa de su madre. “Estoy muy cansado de Francia y deseo olvidarla por algún tiempo” expresaba ya en julio de aquel año. Si bien entre junio y diciembre ha publicado nueve poemas en prosa nuevos.

Delacroix, Lucha de Jacob con el ángel, detalle. Iglesia de Saint Sulpice, Paris (1861)

En abril de 1864 se va a vivir a Bruselas, invitado por el Círculo Literario y Artístico para impartir una serie de conferencias. Se instala en el Hôtel du Grand Miroir. En conjunto sus conferencias congregan un público limitado y no tienen la recepción deseada. Tampoco consigue encontrar un editor. Su salud se deteriora y su carácter se agria. Toma muchísimas notas, cada vez más corrosivas, con vistas a una obra en que descarga su malhumor contra Bélgica y los belgas (***), una especie de leyenda gris-negra llena de mala uva y de sarcasmos.

En 1865 Mallarmé (a los 23 años) y Verlaine (26 años) publican un poema en prosa el primero, en el que la segunda parte es una meditación sobre la obra de Baudelaire, y el segundo tres artículos entusiastas sobre el mismo tema.

Baudelaire (44 años) viaja desde Bruselas a Honfleur durante once días de julio, a casa de su madre, para liberarse de algún modo de la presión de su crítica situación financiera.

En 1866 sufre una caída durante su visita el 15 de marzo con Felicien Rops a la iglesia de Saint-Loup en Namur, que ha calificado como “la obra maestra de las obras maestras de los jesuitas”, “maravilla siniestra y galante”. No se repondrá del traumatismo, pues el 30 del mismo mes le afecta un derrame cerebral, del que queda hemipléjico y afásico. Es atendido en el Instituto Saint-Jean et Sainte-Elisabeth y en el Hôtel du Grand Miroir de Bruselas. Su madre acude para llevárselo a París donde parece que aún puede escuchar las conversaciones de sus amigos que se alternan para acompañarle y la música de Wagner interpretada al piano por la pianista Mme. Paul Meurice.

El 31 de octubre de 1867 muere Charles-Pierre Baudelaire a los cuarenta y seis años de edad en París en la clínica del Dr.Duval. Había nacido el 9 de abril de 1821, también en París.

El 2 de setiembre es enterrado en el cementerio de Montparnasse. Su madre fallecerá el 16 de agosto de 1871.

Un poema emblemático

Baudelaire nos dejó una imagen alegórica del poeta, en cierto modo un símbolo de sí mismo.

Atendiendo al comentario del domingo pasado de Luisa, mi amable lectora y amiga, me he entretenido en traducirlo para todos vosotros…

Imagen del 20 de abril de 2021 desde mi ventana. Foto R.Puig

L’albatros

Charles Baudelaire

Souvent, pour s’amuser, les hommes d’équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

A peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l’azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d’eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule !
Lui, naguère si beau, qu’il est comique et laid !
L’un agace son bec avec un brûle-gueule,
L’autre mime, en boitant, l’infirme qui volait !

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l’archer ;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l’empêchent de marcher.

.

El albatros

A menudo, por diversión, el equipaje

captura algún albatros, vastas aves marinas,

que indolentes escoltan en su viaje

al navío que surca las amargas simas.

.

Apenas los han dejado tirados por cubierta,

que ya estos reyes del cielo, torpes y vejados,

sus grandes alas blancas en figura patética

dejan como remos arrastrarse al costado.

.

¡Qué patoso y que flojo es el viajero alado!

¡Él, que tan bello fue, qué cómico y qué feo!

¡Uno, como mísera pipa, da golpes con el pico,

el otro parece, cojeando, un lisiado volante!

.

El poeta asemeja a un príncipe de las nubes

que persigue la tormenta y se ríe del arquero;

exiliado por tierra en medio de las burlas,

sus alas de gigante le impiden caminar.

Charles Baudelaire, Les Fleures du Mal (****)
Autorretrato de Baudelaire, tinta china.

Referencias y Notas:

(*) Baudelaire, Charles, Edgar Allan Poe, sa vie et ses ouvrages, (traducción al francés, con adaptaciones y correcciones, de una introducción a las obras de Poe del crítico americano John M. Daniel en 1850 y de una noticia necrológica sobre Poe de John R, Thompson en 1849), Revue de Paris, 1852. El texto completo ocupa las páginas 319 a 346 de la obra citada a continuación, a las que siguen sus Notes nouvelles sur Edgar Poe en las páginas 346 a 351.

(**) Baudelaire, Charles, Oeuvres complètes, Éditions du Seuil, Paris 1968

(***) Pauvre Belgique, ibidem. pp. 653 – 659 y Amoenitates belgicae, ibidem. pp. 699 – 702.

(****) Las imágenes del poema se basan en la experiencia de su viaje en barco en dirección a Calcuta, enviado por su padrastro cuando Baudelaire tenía 20 años (se embarca el 9 de junio de 1841) para tratar de enderezar su vida libertina y dispendiosa en París. El viaje no concluyó, pues, llegado a la Isla Bourbon (la Réunion), el joven decidió el 20 de octubre volverse a Francia, adonde llega el 15 de febrero de 1842 en un buque que hacía escala en Ciudad del Cabo.

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(Las traducciones son mías)

4 comentarios leave one →
  1. 28 abril, 2021 04:10

    Bella y elegante la imagen del poeta albatros. Sensualísimo el texto de la cabellera, modelo igualmente fino para una auténtica
    poesía homosexual.
    Tus traducciones, como siempre, increíbles.
    También como otras veces el homenaje y el recuerdo de un José Luis que yo no conocí. Yo lo conocí empezando su docencia como maestrillo,, buscando camino sin mucha experiencia ni significación como soñador pionero empezando algo que todavía no es grande. Ustedes lo han aprovechado como artista, investigador, independiente, libre de las garras de la autoridad, empresario, siguiendo un camino contradictorio donde le faltó salirse de la Orden, para mí el misterio esas contradicciones que tienen los jesuítas..

  2. 28 abril, 2021 07:32

    José Luis Rouillon supo ganarse una libertad docente y creativa (“Imágenes para el Desarrollo”) que no habría obtenido fuera de la orden. Tenía anticipaciones que ni siquiera en Francia se habían difundido aún, por ejemplo en su entendimiento y aprecio de la obra de Marcel Proust, autor que, a pesar de ser francés, en aquellos años 60 no gozaba en su país del predicamento que tuvo a partir de los 70.

  3. 2 mayo, 2021 18:37

    Casi un mes de presencia berlinesa en esta casa, que además de a visitarme tenía como objetivo hacerse, no con una tienda de campaña para asentar sus reales definitivamente en la terreta, sino con una vivienda, tras más de veinte años exilado el fill de una patria ajena a lo que ocurre con los ‘bujeros negros’ y demás, me privó de leerte en condiciones. Hoy regreso curiosa a tu hermoso blog y me doy de bruces con tu traducción de L’Albatros.

    Soy reacia a leer poesía traducida, quizá te lo haya dicho ya. Porque, si es inevitable que el traductor traicione, quiéralo o no, asumo la traición si se produce en el campo de la prosa; en el de la poesía, a regañadientes, o mejor, de ninguna manera. Lo mínimo que se pierde al traducirla es lo que el colombiano Nicolás Gómez Dávila, quien tampoco creía en las traducciones en general -creo recordar que lamentaba no saber ruso para leer a Tolstoi, o danés, que llegó a estudiar, para hacerse con Kierkegaard tal que exige el pensador-, llamaba, y cito muy nebulosa-mente, ‘el rumor de cada lengua, ese algo esencial cuya pérdida nos encorajina en traslaciones en prosa, qué decir, pues, cuando un Lorca, un Hernández o quien tú me digas de entre los mejores…

    Pero El Albatros fue una excepción por razones de enamoramiento, allá en mi primera juventud, del último verso del poema, tal que te dije. Me servía para tantos y tanto… A fuerza de silabear el ‘versito’ en clase de castellano, francés o lo que se terciara, y se terció mucho, mis niños, que algo sabían de inglés pero nada de francés, pedían el poema completo. De cuanto hallé por ahí, poco o nada comparable al logro de esta traducción tuya (el halago me es ajeno, Ramón querido, y antes de caer en él, mi mal carácter habría sellado mis teclas; estás harto de saberlo)

    Y me voy a leer esta nueva entrada, que abandoné presta tras esa primera ojeada con la que le entro o no a los textos, incluidos los tuyos 😉 ¡Iba a dejarme yo el poema como postre, Sacré Christ…  digo, sapristi!

  4. 3 mayo, 2021 05:55

    Estoy por la terreta con insomnio de mar (tras un vuelo con escala alemana ayer). Te leo a unas horas en que ni siquiera los albatros volarían sobre esta playa.
    Como siempre -siempre y de veras- tus comentarios me animan a caminar, pero-¡ayme!- sin alas de gigante que arrastrar, aunque ya me han pfizerizado las mías.
    Mil gracias!
    Valeas!
    PD: traducir poesía es ciertamente traicionar y que me perdone Baudelaire desde su averno. Pero ¿¡y el placer quién me lo quita!? Empecé hace mucho años con otro Charles -el místico y terrenal Peguy- y los resultados se integraron en una humilde edición en Lima. Llegué a publicar una antología de Jules Supervielle con Pre-Textos (“Vivir y quehacer del poeta” se titula y te la puedo regalar) y ahí sigo prevaricando…

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