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Por el camino de Suecia (II): del Col du Pourtalet a Oloron-Sainte-Marie

17 agosto, 2014
En el col del Portalet por el lado francés.Foto R.Puig

En el col del Portalet por el lado francés. Foto R.Puig

Col du Pourtalet

Llegados al Portalet, este paso deslumbrante en el que acaba la A136 que nos ha traído desde Aragón, cambia su nombre para llamarse en bearnés Col du Pourtalet.

A partir de ahí, ya en Francia y en pleno Parque Nacional de los Pirineos, descendemos por la sinuosa ruta de la D934, que sigue el curso torrencial del Gave d’Ossau. A nuestra izquierda hemos dejado el Pic du Midi d’Ossau que preside una paisaje de suaves praderas, poblado de rebaños de ovejas y vacas y de excursionistas, muy distinto al de la vertiente aragonesa, arbolado y rocoso.

Bajando del col del Portalet por el lado francés.  Foto R.Puig

Bajando del col del Portalet por el lado francés. Foto R.Puig

Cuando la carretera se ha unido con la D920, entramos en Oloron-Sainte-Marie por la N134. Estamos en el corazón del Bearnesado y en la confluencia del Aspe y el Ossau para formar en el centro de la ciudad el Gave d’Oloron, cuyas aguas, más abajo, adoptarán el nombre del río Saison, que desembocando en el Adour, acabarán perdiéndose en el Atlántico por Bayona.

Cuando aludimos a Aragón, estamos diciendo historia milenaria, pues estas tierras fueron  territorio romano, godo, carolingio, normando, tras la invasión devastadora de los vikingos que lo ocuparon durante un siglo y medio, aragonés, navarro, pirenaico independiente y finalmente francés. Aquí se adoró a Marte, se profesó el arrianismo, el cristianismo romano, el politeísmo normando, el protestantismo hugonote y el catolicismo tridentino.

En Oloron-Sainte-Marie

Tras haber salido de Els Poblets a las siete de la mañana entré en Oloron a las siete de la tarde. La ciudad es una etapa señera en el Camino de Compostela.

Oloron Sainte Marie. Hasta Compostela 948 km. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Hasta Compostela 948 km. Foto R.Puig

En el camping voy a dormir como un bendito, para a la mañana siguiente darme una vuelta por una ciudad que ya visité hace seis años cuando estaba completando la información que necesitaba para la edición de su poeta oriundo, Jules Supervielle (Montevideo 1884 – París 1960).

Pero antes hablemos de vestigios de su historia

Catedral de Oloron Sainte Marie. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Foto R.Puig

La catedral de Oloron (que guardó su categoría desde los tiempos en que la ciudad era sede episcopal hasta inicios del siglo XIX) refleja en sus mudanzas toda esa historia, salvo que el período protestante en el siglo XVI arrasó con todos los objetos y documentos que albergaba, dejando sólo los testimonios de sus piedras (que, a pesar de la fiebre iconoclasta,  no son pocos).

Sobre todo en su pórtico románico que, cobijado en el nártex, está catalogado dentro del patrimonio mundial por la Unesco

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nártex. Foto R.Puig

No es de extrañar, pues en sus figuras se refleja magistralmente  la vida de los artesanos

Catedral de Oloron Sainte Marie. Toneleros. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Toneleros. Pórtico. Foto R.Puig

pescadores

Catedral de Oloron Sainte Marie. Pescadores de salmón. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Pescadores de salmón. Pórtico. Foto R.Puig

y cazadores del Medioevo

Catedral de Oloron Sainte Marie. La caza del jabalí. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. La caza del jabalí. Pórtico. Foto R.Puig

además de otras figuras meditabundas, como la del obispo y el monstruo

Catedral de Oloron Sainte Marie. El monstruo y el obispo. Portico. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. El monstruo y el obispo. Pórtico. Foto R.Puig

o la del caballero pensativo

Catedral de Oloron Sainte Marie. Reflexionando.. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Reflexionando. Foto R.Puig

No faltan las habituales poses dramáticas del arte románico, monstruos devoradores (y, si se observa bien la vestimenta del individuo pensativo de la derecha del pórtico es parecida a la del otro, que es engullido a la izquierda),

Catedral de Oloron Sainte Marie. Figuras del pórtico.. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Figuras del pórtico. Foto R.Puig

o individuos, no se sabe bien si estreñidos o atormentados por males inconfesables, o simplemente, a juzgar por su tocado y por lo que parece una extraña barba bifurcada, personajes de otra creencia, quienes, decapitados, sostienen su propia cabeza

Catedral de Oloron Sainte Marie. Agobio y llanto. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Agobio y llanto. Foto R.Puig

y dos agobiados esclavos o atlantes que a modo de parteluz sostienen el conjunto, aherrojados, encadenados y ataviados con turbante y vestimenta oriental. Los anteriores y estos me atrevería a decir que expresan las fobias y prejuicios medievales tanto hacia el judío como hacia el mahometano

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Los atlantes del parteluz. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Nartex. Los atlantes del parteluz. Foto R.Puig

Y para completar los aspectos crípticos del conjunto, no fáciles de entender para los que no somos especialistas en las claves de aquella época, al conjunto lo circundan los veinticuatro ancianos del Apocalipsis con sus arpas, que entonan su cántico misterioso: “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos…” (Apocalipsis, 5, 8-10)

Catedral de Oloron Sainte Marie. Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Detalle.Nartex. Foto R.Puig

Catedral de Oloron Sainte Marie. Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Detalle. Nártex. Foto R.Puig

……

Jules Supervielle

Pero, dejemos esa escatologia que apasiona a los apocalípticos y a los amantes de las profecías, para acercarnos a otros vestigios más cercanos a nosotros. Hablo de Jules Supervielle y de la memoria familiar del que fue proclamado “príncipe de poetas” poco antes de su muerte.

Sólo para situarle en relación con la literatura de su tiempo, hay que recordar que mantuvo una relación estrecha con los de nuestra generación del 27 (en especial con Jorge Guillén, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre  y Rafael Alberti), amigo de Unamuno, Eugenio d’Ors, Corpus Barga y Ramón Gómez de la Serna, así como en Argentina, entre otros, con Guillermo de Torre y  Victoria Ocampo y los escritores de su círculo, habiendo formado parte del Comité de Redacción de la revista Sur, fundada por ella. Entre sus amigos mejicanos destaca Alfonso Reyes, de quien tradujo el poema a Amado Nervo y a quien dedicó su poemario Gravitaciones.  Fue además traductor al francés del Martirio de Santa Eulalia de García Lorca.

Del mundo de sus amistades, influencias y relaciones con los literatos y editores franceses sería demasiado largo hablar aquí.

Oloron Sainte Marie. El Aspe. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. El Aspe. Foto R.Puig

Jules Supervielle había visitado Oloron-Sainte-Marie en 1926 en compañía de Henri Michaux y en noviembre de 1929 volvió para tomar notas para un libro sobre los Pirineos que le habían encargado. Andando el tiempo, esas notas (“Confidencias de la memoria y del paisaje”, 1933) se integraron en Beber del manantial (Boire à la source, Gallimard 1951). “Oloron” es la segunda parte del primer capítulo titulado “Pirineos”.

Sus padres murieron, no se sabe si por un envenenamiento de agua con cardenillo o por el cólera, a poco de llegar del Uruguay, en Oloron, en la casa de la familia en la antigua calle Sablière, ahora calle Louis Barthou, cuya fachada posterior da al torrente del Aspe.

Fachada posterior de la casa donde fallecieron los padres de Jules Supervielle. Foto R.Puig

Fachada posterior de la casa donde fallecieron los padres de Jules Supervielle. Foto R.Puig

El poeta era un recién nacido que volvía a la tierra de sus padres, a las pocas semanas de nacer en Montevideo. Sus tíos lo adoptaron y él no supo que no era su hijo hasta los nueve años, cuando se lo descubrió por inadvertencia una amiga de la familia. Por entonces su patria de adopción era el Uruguay y sus pampas su mundo.

Pero escuchemos al poeta:

               Aquí estamos, envueltos por el viento del cementerio situado en un alto. A lo lejos, los Pirineos con su nieve para los muertos, la misma que para los vivos. ¡Cómo está de cerca el color de las montañas, estremeciéndose con el viento del Sur!

Aquí reposan

Marie Munyo, de casada Supervielle

(1856-1884).

Jules Supervielle (1852-1884)

               Permanezco inclinado sobre esos nombres como si se tratase por dos veces de mí mismo. Inclinado sobre mis dos dobles, jamás he sentido tanto que cada uno de nosotros es el hijo de una mujer en la misma medida en que lo es de un hombre. Y que tengo sangre vasca por mi madre y bearnesa por mi padre.

Ya no miro más los nombres en la piedra. Busquémoslos en la cruz de Palas, en el inmenso paisaje donde cuatro valles se ven desembocar hacia Oloron. Y la cruel garganta de Saint-Christau.

A la derecha, la montaña de la Madelaine se alza en pleno País Vasco, pero también mira hacia el Bearnés con el mismo fervor, feliz después de todo por ser montaña y por poder seguir inmóvil entre sus dos querencias.

Y, por delante de los picos del Oloron, la Marie-Blanche no está tan lejos. Se la ve emerger de una línea de bruma, niebla familiar que se forma sobre los bonitos tejados de la ciudad.

Jules Supervielle, “Oloron” (“Pirineos”) en Beber del manantial (Boire à la source, Paris, Gallimard 1951)

(En Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Colección Poéticas, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2009, pp. 127-128.)

 ………..

Por las calles y parques de Oloron se agolpan muchos recuerdos. Entre ellos los de los republicanos exiliados de nuestra Guerra Civil.

Oloron Sainte Marie. Memorial de los republicanos españoles. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de los republicanos españoles. Foto R.Puig

A Supervielle se le recuerda al borde del Aspe, sobre una roca, no lejos del parque dedicado a los españoles que huían de la represión franquista, y a un tiro de piedra, en la otra orilla, de la casa donde en el intervalo de pocos días murieron, primero su madre y luego su padre.

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle.Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Foto R.Puig

Creo que los versos de su largo poema Olvidadiza Memoria se pueden considerar una de esas páginas de la poesía universal que cualquiera de nosotros, y en especial aquellos a quienes la vida haya llevado a vagar de país en país y de continente en continente, puede musitar como propios:

Quizá soñé mi vida como si fuese un río

Vivencia a un mismo tiempo de la fuente y el mar

Sin poderme parar ni un exiguo momento

Del monte a la llanura y a las postreras playas.

.

¿Estoy aquí, estoy allá? Mis orillas acostumbradas

De un lado al otro cambian y me dejan errático.

¿Soy el agua que se aleja, el que desciende a nado

Lleno de turbación por cuanto dejó atrás?

.

¿O seré yo más bien sin incluso saberlo

Aquel que en la noche no tiene otro recurso

Que buscar el océano del lado de la fuente

Porque ha dejado atrás su mejor esperanza?

…..

J’aurais rêvé ma vie à l’instar des rivières

Vivant en même temps la source et l’océan

Sans pouvoir me fixer même un mince moment

Entre le mont, la plaine et les plages dernières.

.

Suis-je ici, suis-je là ? Mes rives coutumières

Changent de part et d’autre et me laissent errant.

Suis-je l’eau qui s’en va, le nageur descendant

Plein de trouble pour tout ce qu’il laissa derrière ?

.

Ou serais-je plûtot sans même le savoir

Celui qui dans la nuit n’a plus que la ressource

De chercher l’océan du côté de la source

Puisqu’il est derrière lui le meilleur de l’espoir ?

Jules Supervielle (Montevideo 1884-París 1960),

fragmento de Olvidadiza Memoria (Oublieuse Mémoire), 1948

(En Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa, Colección Poéticas, Valencia, Editorial Pre-Textos, 2009, pág.217)

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Detalle. Foto R.Puig

Oloron Sainte Marie. Memorial de Jules Supervielle. Detalle. Foto R.Puig

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