Historia de una playa (II): los trabajos y los días
Ya dijimos en el anterior capítulo que el proceso duró millones de años.
El Río Girona, ayudado por corrientes y temporales marinos (y quién sabe si por los efectos de algún tsunami mediterráneo) había formado una playa de cantos rodados en el margen izquierdo de su desembocadura.
Los hombres no habían llegado aún. El mar era un hervidero de vida. Entre la orilla y los extensos marjales que la separaban del interior, las dunas ofrecían su vegetación idiosincrásica
Podríamos especular sobre lo que ocurrió entre esos larguísimos tiempos deshumanos y la Prehistoria levantina, sólo los geólogos y los paleontólogos pueden hablar con conocimiento de causa. Pero me permito imaginar que las piedras de la playa eran como las que conocemos. La vegetación, que hoy trata de sobrevivir al paso de quienes aparcan su vehículo sobre lo que eran dunas, pienso que sería parecida a las arriba ilustradas.
Llegan los hombres
En las memorias rupestres que nos han dejado los habitantes que poblaron el levante español entre finales del Paleolítico y la Edad del Bronce no aparece, que yo sepa, ningún grafismo relacionado con el mar. Parece pues que aquellos cazadores y recolectores avezados vivieron de espaldas a los marjales insalubres que les separaban de sus orillas y no se aventuraron sobre sus aguas. No faltan escenas de caza, pero me parece que no se han encontrado escenas relacionadas con la pesca en los abrigos levantinos
No obstante, nada me impide imaginar que los más osados descendiesen por el Girona hacia la playa de la Almadraba para alancear a peces y a pulpos. Puede que hasta se encaramasen sobre algún artilugio para pescar por la bahía.
Pero los sueños sueños son, y hay que dar un salto de varios siglos para encontramos con el testimonio de una vida industriosa a la vera de la playa.
En torno al Alfar de la Almadraba
No sabemos qué pasaría antes ni si los iberos, de cuyos poblamientos agrícolas no faltan restos en el Levante español, u otros pueblos anteriores a ellos, le sacaron partido a nuestra playa. Lo que es cierto es que, a pesar de las posibles enfermedades palúdicas de marjales y marismas, los hispanorromanos circulaban desde el siglo I por un ramal de la vía Augusta entre Játiva y Denia, pasando no lejos de la Almadraba.
La calzada salvaba el marjal de Pego (que cabe suponer era mucho más extenso de lo que es ahora), seguramente sin solución de continuidad con el marjal de Denia hoy enormemente disminuido
Prueba del tráfico existente es el yacimiento del Alfar de la Almadraba, situado entre los marjales y el mar.
El conjunto se componía de una villa romana, las casas de los trabajadores y la factoría de producción de vasijas, ánforas y tejas. Se beneficiaba de los sedimentos arcillosos cercanos y, a juzgar por los restos de pecios encontrados frente a la playa, del acceso de las naves de carga por la bahía. No es difícil suponer que la producción también era transportada por la cercana calzada, para su embarque en el puerto romano de Denia .
De esto hay abundante y más experta información en:
http://pladelafont.blogspot.se/2013/07/els-poblets-volen-recuperar-la-seva.html
http://www.elspoblets.es/pagina.php?s=historia2
Muchas de las ánforas fabricadas en la Hispania romana para el transporte del aceite, cuando ya estaban rotas o fuera de uso, acababan junto a otras fabricadas en las costas mediterráneas, en el vertedero de cerámica del Monte Testaccio en Roma: http://it.wikipedia.org/wiki/Monte_Testaccio
Allí cabe imaginar que reposan los fragmentos de algunas de las producidas por el Alfar de la Almadraba.
Pesca a la romana
No quedan testimonios de las actividades pesqueras de los habitantes hispanorromanos del entorno de nuestra playa, algunos de los cuales se hacían enterrar en la necrópolis, muy cercana al Alfar. ¡Pero que pescaban, seguro que sí!
Por ello me permito imaginar que esa actividad no era muy diferente a la que en otras orillas mediterráneas practicaban los romanos y los pueblos tributarios, como bien muestran los mosaicos del Museo del Bardo en Túnez
¿Serán estos mismos los especímenes que se pescaban en nuestra playa?
¿Son o eran estos los métodos de pesca que durante varios siglos se utilizaron frente a las costas de la Marina Alta?
Me complace pensar que sí
La vida siguió
Los godos vinieron de tierras nórdicas, los árabes de tierras norteafricanas. ¿Siguieron poblando y beneficiándose de la playa? ¿Fondearon en ella los bajeles de Al-Andalus? ¿Los pobladores moriscos comieron pescado de la Almadraba?
No veo por qué no tuvo que ser así. De hecho, las andenerías de cultivo de las faldas del Montgó, entre Denia y Jávea, llegan casi al mar. ¿Cómo no iban a pescar, si no desde la playa, al menos frente a ella?
Incluso me permito pensar que las naves vikingas que entraban al Mediterráneo por el estrecho de Gibraltar y navegaban cerca de sus costas hasta tierras itálicas, se podían avistar de vez en cuando desde la Almadraba.
¿Cómo dudar de ello, si en el siglo IX, remontando el río Segura, se permitieron asaltar lo que hoy es Orihuela, capital del reino de Tudmir?
Fuente: Victor Manuel Galán Tendero en “Alicante vivo”, 11 y 20 de junio 2013
http://www.alicantevivo.org/2013/06/furia-vikinga-sobre-tudmir-parte-1.html
La captura de los atunes
La pesca del atunes, con redes que les cierran el paso en sus migraciones periódicas, ya se practicaba desde tiempos prerromanos.
Si nos atenemos a lo que se sabe de los siglos siguientes, el término almadrava, de origen árabe andalusi, designa esa técnica de pesca y aparece por primera vez en mapas del siglo XVIII como denominación de nuestra playa. En ese mapa aparece también un caserío cercano a la playa con el mismo nombre, en la margen derecha del río Girona, que figura como Río de la Pedrosa (sigue una palabra que no identifico bien) de la Almadrava.
Como me ha explicado mi amigo Pere, el caserío «Almadrava», cerca del delta del Girona, es la propia factoría pesquera, donde procesaban los atunes. Tenia, por lo que se cuenta, ermita propia. En esa área se puede visitar hoy la Torre de la Almadrava, restaurada en su coronamiento y afortunadamente en buen estado de conservación. Estaba relacionada con aquella industria de la pesca (avistamiento del paso de los bancos de atunes) y también con la vigilancia costera de la piratería berberisca.
Dsde finales del siglo XV estas tierras pertenecieron al Marquesado de Denia y en la playa se siguió con la pesca del atún con almadraba.
Fuente: https://sites.google.com/site/delspoblets/ (con abundantes artículos sobre el poblamiento de lo que hoy es el término de Els poblets)
En el siglo XX
Para terminar por hoy, nos detendremos en los años sesenta del pasado siglo. Las fotos que aquí aporto se las debo a Pere Cardona, Vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Almadraba de Els Poblets.
Por entonces, la playa de la Almadraba era ya, como lo es hoy, el espacio de baño, de esparcimiento y de pesca para los pueblos de la comarca
Las construcciones estaban muy alejadas de la orilla. La franja de piedras y camino sólidos era más ancha que hoy
El entorno humano y vecinal no creaba ningún problema de preservación, hasta que llegaron las extracciones industriales y abusivas de 1973, efectuadas en la misma orilla (de las que hemos hablado en el capítulo primero), sin olvidar las que se efectuaron más tarde en el lecho del Girona, o las extensiones portuarias de Denia que cambiaron las corrientes que depositaban arenas en los fondos delante de la playa
El camino era incluso una vía de tránsito ganadero

La playa como vía pecuaria en la proximidad del restaurante Llandero. 1961. Cortesía de Pere Cardona
Y se podían apreciar los restos de antiguas construcciones de vigilancia
Cuestiones preocupantes que no faltan
En los últimos tiempos la Ley de Costas ha abierto discusiones sensibles entre quienes han vivido y amado esta playa durante décadas y los funcionarios encargados de establecer los nuevos deslindes y sus consecuencias. No se puede responsabilizar de los cambios de morfología de la playa a la gente de los pueblos que la han poblado respetuosamente durante los últimos cien años, cuando las investigaciones sobre los efectos de las obras públicas en la costa alicantina y de sus extracciones y construcciones (eg.: la inútil presa de Isbert en 1945 o las ampliaciones portuarias en la región) demuestran que son otras las razones de la involución de nuestras costas.
Las alegaciones al Deslinde Provisional del Ministerio de Medio Ambiente, presentadas por el Vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Almadraba de Els Poblets en marzo del 2006, resumían los errores, dejaciones y abusos que han conducido a las regresiones que la playa ha experimentado desde los años 40, de los cuales el propio Estado ha sido responsable directo o subsidiario (presas, extracciones de gravas, puertos excesivos, pesca de arrastre incontrolada, contaminaciones y disminución de las praderas de posidonia, rehabilitaciones erróneas, etc).
Cito algunos párrafos significativos de aquel documento:
Nuestra playa, la de la Almadraba de Els Poblets, configurada exteriormente por las piedras aportadas por el río Girona, contaba con una extensa duna formada por miles de toneladas de cantos rodados. Esta duna, separada de las propiedades continentales por un camino/vereda o colada y colonizada por plantas como “Verbascum charidemi”, “Glaucium Flavum” etc. estaba protegida de los temporales del otoño por millares de metros cúbicos de hojas de Posidonia Oceánica la cual, tras desprenderse de las praderas sumergidas a finales del verano, permanecía durante meses en la orilla del mar disipando la energía del oleaje y consiguiendo, de forma natural, la estabilización de la playa. Tal era la cantidad de hojas de esta fanerógama depositadas en la playa que, los labradores de los pueblos del alrededor, llevaban los sobrantes a sus establos para preparar las “camas” de los animales y utilizarla posteriormente como abono.
Sin embargo, a partir de los años cuarenta y coincidente con el desarrollo industrial del Estado, este delicado equilibrio se vio dramáticamente alterado debido a diferentes pero importantes y confluyentes causas que han conducido a que las playas situadas al norte de Dénia hayan venido perdiendo una media del orden de ½ metro por año.
Como dato orientativo de la gravedad del problema cabe señalar que según el Dr. D. José Serra Peris, Catedrático de la U. Politécnica de Valencia, harían falta 12´5 millones de metros cúbicos de áridos para recuperar el ancho de las playas del año 1947, sólo en el tramo situado entre la Punta del Molino y el Río Racons.
Para Greenpeace una estructura que bloquee el camino natural de los flujos de agua que distribuyen la arena, no sólo altera el balance sedimentario, con lo que las playas no reciben suficientes sedimentos sino que, además, las propias actividades del puerto producen en sus aguas interiores una extrema contaminación que, posteriormente, es distribuida por las corrientes marinas a las playas vecinas. Muchos productos empleados en los puertos y embarcaciones producen daños irreparables en el medio marino. Metales pesados (zinc, cadmio, cobre, plomo, estaño, mercurio) se acumulan en los sedimentos marinos y afectan a las comunidades bentónicas (Posidonia). También lo hacen los disolventes, las pinturas anti-incrustantes y TBT, y los hidrocarburos, que producen anoxia. La eutrofización de las aguas circundantes se produce por la acumulación de nutrientes en los puertos. Esto conlleva un aumento de la turbidez del agua y una importante disfunción en la fotosíntesis de las praderas de fanerógamas, tan importantes para la estabilidad de las playas.
En nuestra zona, el Puerto de Denia es el principal agente perturbador seguido a distancia por el de Gandía (que impide el paso de sedimentos del río Júcar y de otros grandes ríos septentrionales a nuestras playas). El monumental desorden hidrodinámico que provocó su construcción, entre 1900 y 1936, supuso la inmediata desaparición de las playas situadas al Norte (Cagarritar, Basetes y Marines) las cuales sufrieron un progresivo y agudo proceso de erosión que todavía continua en nuestros días, tras su regeneración por el MOPU en 1988.
Otro resumen de las intervenciones públicas que han perjudicado a la playa de la Almadraba a partir de los años 40 del siglo XX son las quejas elevado al Defensor del Pueblo en los años 2008 y 2010
Queja ante el Defensor del Pueblo. Octubre del 2008
Queja ante el Defensor del Pueblo de Julio 2010
Mirando hacia el futuro
El próximo y último capítulo tratará de ilustrar como nuestra playa, gracias a los que la quieren, disfrutan de ella y la defienden, cuenta con todo lo necesario para ser un espacio vivo, donde el entorno humano y el medio ambiente sean componentes de una misma armonía. Esperemos que se cumpla aquello que se decía del Cid: «que buen vasallo si tuviese un buen señor». Lo que quiero decir, es que todos (vecinos o veraneantes, asociaciones, empresas, autoridades locales, autonómicas o estatales) los que nos enseñoreamos de esta playa que nos sirve (y que no puede quejarse si la descuidamos) somos cada uno en su medida responsables de su mantenimiento y mejora.
Este es mi reseña de una asociación personal probablemente excesiva.
Hace poco, como se ha visto en este blog, visité el Museo Sorolla en Madrid con ocasión de una exposición temporal (“Trazos en la arena”) de algunos de los 1300 dibujos de Joaquín Sorolla (1863-1923) que, según se explicaba, posee la Fundación Sorolla.
Pocos meses antes estuve en otra dedicada a los dibujos de Jacopo Pontormo (1494-1556) en la Fundación Mapfre, también en Madrid, que me impresionó considerablemente.
Sin ánimo de sentar cátedra sobre nada, he reunido aquí algunos de aquellos dibujos del florentino, junto a los bocetos o estudios que, casi quinientos años más tarde, realizaba el valenciano para algunos de sus cuadros, en que el cuerpo desnudo de los niños es el protagonista.
De un lado el naturalismo del artista de la luz mediterránea y, del otro, la tensión de un pintor del Cinquecento en creciente ruptura con los cánones mentales en los que se formó. Sorolla en progresión hacia la fama, Pontormo en camino hacia la incomprensión.
Salvo que algún día la exposición de otros bocetos demuestre lo contrario, en los dibujos de tema infantil o juvenil de Sorolla no es protagonista la mirada, pues los retratos de familia la recogen de forma convencional.
Cuando hablo de bocetos, es porque el trabajo a piedra negra, carboncillo o lápiz, de Pontormo o de Sorolla, se debe con frecuencia a la necesidad de bosquejar o de hacer estudios para telas o frescos, como reflexiva y tensa preparación en el primero, con la espontaneidad de lo cotidiano en el segundo.
Los dibujos de escenas de maternidad del español son retratos de intimidad familiar, los del italiano son inquietantes composiciones preparatorias de alguna de sus madonnas con el niño, misteriosamente desacralizadas, donde los ojos abren ventanas a un vacío interior.
Los cuerpos dibujados por Pontormo reflejan la manera de Miguel Ángel, filtrada por la influencia de Durero, pero los rostros de sus bocetos, sobre todo los ojos, son originales y anticipan las miradas del expresionismo moderno.
El boceto de un muchacho para el luneto de Vertumno y Pomona en la Villa Medicea de Poggio a Caiano (1519-1521) es un ejemplo de esa maestría inquietante y única. Fuese quien fuese el modelo (quizás uno de los aprendices que le molía los pigmentos) las cuencas vacías son una constante de esos bosquejos, que, trasladados al lienzo o el fresco, se convierten en ese tipo de miradas opacas que son su marca distintiva.
No ha de extrañar que su obra sagrada dejase descolocado a más de uno de sus píos comanditarios.
Siglos más tarde otro artista, igual de hábil para el pergeño y el trabajo rápido con el lápiz, el carboncillo o la aguada, no tuvo tal problema, pues, por la misma época en que Picasso, Braque o Juan Gris removían las constantes del arte, a Sorolla le pedían lo que daba y daba lo que le pedían.
Sorolla vivió aceptado, dibujando y pintando en la certidumbre. Pontormo vivió en soledad y dibujó y pintó en la perplejidad.
De repente la noche
Recordando a Kurt
.
El vaivén del embarcadero
Amodorrado
Acuna al tiempo
.
La luna anublada presagia
Lluvia
Para mañana
El primer frío de la noche
Húmedo
Trepa por mi espalda
.
La nave que retorna
Ingrávida
Hechiza la hora
La corriente de la ría
Tintada
Va herida de luces
.
El barco fantasma
Varado
Ahoga su memoria
Las cejas del mercado
Agudas
Cincelan el agua
Los pies palpando adoquines
Mecánicos
Me transportan a casa
.
Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito seraSalvatore Quasimodo
Detalles de Madrid
Para Manolo
Estoy de visita en Madrid, sólo por dos días más.
El lector me perdonará que esta semana no haya podido elaborar alguno de los temas que esperan en mi cartera de futuros.
Sin embargo, al hilo de mis paseos en familia, la cámara que siempre llevo en una cartuchera prendida del cinturón ha seguido moderadamente activa.
Gracias a ello abro hoy esta especie de crónica batiburrillo con la imagen de un alevín de pintor que gatea junto a la tumba de Goya en la capilla de San Antonio de la Florida, la que que alberga esos frescos deslumbrantes en los que condensó su genio.
Al otro lado del paseo se alza su estatua
El río de Madrid
El río Manzanares finge profundidades,
dispone balcones para los pescadores
o asiste al idilio de la columna y el árbol
Botánica
Algunas de mis capturas fotográficas proceden de los invernaderos magníficos y luminosos de la “Casa de Vacas, junto a la «Casa del Reloj», no lejos de los parques del Madrid Río en las riberas del Manzanares y parte del antiguo matadero, recuperados para la cultura y el esparcimiento.
Nunca dejan de sorprendernos esos cactus (oriundos de Méjico) que en su perfecta geometría son viva demostración de la teoría de fractales
En otro orden de cosas, las patas –perdón, quise decir las raíces- de algunas plantas del trópico, podrían inspirar relatos de metamorfosis
Apariencias
Puestos a buscar transformaciones, no faltan en Madrid los trampantojos que transforman los muros de la ciudad.
En lugar de un muro así
hay, a pocos pasos, otro así
En la Casa Museo de Joaquín Sorolla
Del mural urbano damos un salto a los jardines de la que fue casa de Joaquín Sorolla, adonde vienen a inspirarse artistas que pintan al aire libre.
Hay quien ha llegado desde Hawai, como es el caso de Kyoko Ishigami
Con su caballete encontramos también a un Sorolla en miniatura, en una vitrina de su estudio, junto a una reproducción de la Venus de Cherchell
A pocos pasos, ondean la túnica al viento de la Victoria de Samotracia y los ropajes luminosos de sus paseantes de playa
Una de las muchas esculturas de tradición clásica que coleccionaba, en este caso en el jardín del museo, parece representar a un muchacho con un odre
que orina discretamente
Otra de las esculturas de su colección, en la que fue su mansión y su lugar de trabajo, se recorta bajo un luminoso ventanal
Luz y perfiles
Registro siluetas del cielo de Madrid, sobrevolando la calle de Alcalá
y en la misma calle, ya cerca de la Puerta del Sol
o en su confluencia con la Gran Vía
Las barandillas del edificio de un antiguo banco, cuyas entrañas se están demoliendo aunque la fachada se va a conservar, se recortan en los vanos de sus balcones, como si innumerables cuencas vaciadas de sus ojos se abrasasen en luz y polvo
….
Termino por hoy con el callejón y la fachada de la casa, viva y bien conservada, en la que nací
Historia de una playa (I): la obra de un río
Playas hay millones en todos los litorales.
Todos habrían de tener derecho, pero sobre todo los niños, a acercarse a la orilla de la playa y sentir que el agua les acaricia, que el vaivén de un mar benigno envuelve su piel. Sería uno de los derechos universales de la infancia. Los niños, sin que importe donde vivan, tendrían que disfrutar de un salvoconducto que le permitiese atravesar fronteras y llegar en paz a alguna playa, mirar al mar y jugar con las olas.
Playas hay tantas pero ocurre a veces que el destino te reserva una en especial. Se crea un vínculo, como si esa orilla te hubiera adoptado, como si te hubieras dejado capturar por ese mar, esa perspectiva, esa luz, esas variaciones del cielo, del horizonte y del paisaje.
La playa de la Almadraba y el río que la ha creado
No es la primera vez que hablo de Els Poblets, un pueblo que me acoge desde hace años y, con él, su playa, que también ha aparecido en estas páginas. Pero hoy he decidido narrar a mi modo los orígenes y las vicisitudes de esta orilla. Son sólo 1600 metros, una pequeña parte de las costas de España, una nadería entre los millones de playas de nuestro planeta.
He recogido información, en especial gracias a Pere Cardona, el alma y el motor de la Asociación de Vecinos de la Playa de la Almadraba, que me ha facilitado abundante documentación. Sus observaciones han hecho posible estas modestas páginas. Si algo pareciera subjetivo, no hay que achacárselo a él, sino a mi manía de elucubrar.
No hace falta ser geólogo para entender que cuando, entre tantas playas de arena de las costas de Denia, aparece una playa de cantos rodados, de esas piedras lisas que por aquí llaman “bolos”, hay que remitirse al causante.
La playa de la Almadraba es el resultado de la erosión y el arrastre de fragmentos de rocas sedimentarias desde las alturas de las sierras de la Marina Alta, es una suave curva de piedras depositadas durante millones de años por el Río Girona en este litoral.
Así que esta playa se ha gestado desde las alturas de la Vall de Alcalá, en el barranco de la Fontblanca, donde dicen que nace el río que la ha formado.
Para entenderla hay que irse peñas arriba, en ese tramo del Girona que transcurre desde Alcalá de la Jovada hasta la Vall de Ebo, antes de que su curso se lance entre los altos muros del Barranco del Infierno para aparecer por la Vall de Laguar.
Por eso estuve hace poco por aquellos parajes y descendí hasta su curso por los alrededores de la Cova del Rull, esa hermosa gruta kárstica cerca de la Vall de Ebo, una filigrana que las aguas del río, en una de sus desviaciones subterráneas, excavaron hace casi seis millones de años y las aguas que se filtran de la superficie adornaron de estalactitas y estalagmitas. Siguiendo su trabajo de erosión sistemática el lecho fluvial siguió hundiéndose casi cien metros, hasta situarse en su actual trazado sinuoso a los pies de la Muntanyeta.
Es en esa zona en donde el agua se remansa en tolls o pozas, adonde los vecinos de la zona bajan a bañarse por veredas de cabras, y en los lagos, menos profundos pero no menos transparentes, donde el otro día nadaban los peces.
Por Alcalá de la Jovada
El paseo por el curso alto del río Girona nos ha traído para empezar al Señorío de Al-Azraq, del nombre del caudillo árabe nacido en en el pueblo de Alcalá de la Jovada entre 1210 y 1215, que gobernó en lo que es hoy término Municipal de la Vall de Alcalá, junto al cual nuestro río discurre aún como un joven torrente.
Ateniéndose a los restos arqueológicos existentes se sabe que esta comarca estuvo habitada desde el Paleolítico Superior, hace de 14.000 a 7.500 años. También la habitaron los iberos entre los siglos V y I a.C. y los habitantes de la España musulmana, que dejaron como recuerdo el poblado morisco de la Atzubieta, el más extenso de los conservados en la Comunidad Valenciana.
El emplazamiento se beneficiaba de la cercanía de las aguas del río, que cabe imaginar más abundantes por entonces. Por los callejones del lugar las mujeres del poblado se dirigirían al río a lavar, mientras los varones trabajaban las huertas y los andenes de frutales.
Y en el lugar donde se alza hoy la iglesia de Alcalá de la Jovada acudirían a la mezquita de aquel señorío islámico, pues este poblamiento ocupaba una amplia superficie en las afueras del pueblo. El curso del río Girona es de mayor anchura junto a la Atzubieta.
Lo salva un antiguo puente de ladrillo y mampostería (hoy reforzado). La superficie de las rocas de su lecho refleja la erosión de millones de años, cabe pensar que correspondiente a caudales mayores de los que hoy tiene el río, salvo en épocas de gota fría.
Junto al poblado los cantos rodados van siendo ya menos esquinados, empiezan a estar más pulidos, aunque no alcanzan la lisura de los que encontramos seis kilómetros más abajo, poco antes de su paso por la Vall de Ebo.
Resumiendo, por estos lugares la corriente arrancaba ya los cantos rodados que, tonelada tras tonelada, acabarían depositándose durante millones de años en la Playa de la Almadraba.
Las piedras de la playa
La playa es el resultado de la larguísima labor del río Girona. Por desgracia sus cantos rodados se mezclan hoy en parte con cascajo de cantera, usado para reparar el efecto de los temporales. Paradójicamente los bolos del Girona se han extraído a menudo para reparar otras playas más lejanas de la Comunidad Valenciana.
A pesar de esas actuaciones erróneas, la playa de la Almadraba, es sustancialmente el resultado del aporte más que milenario de un río que ha erosionado sedimentos cretácicos de la Marina Alta, depositando sus cantos rodados durante millones de años en el cono de la desembocadura.
La playa herida
Parece obvio que la idiosincrasia medioambiental de esta playa debe ser preservada, lo que significa proteger sus piedras. Pero no siempre es así. Todavía hay gente que viene a aprovisionarse de sus guijarros para decorar jardines o, lo que es peor, hasta llegan de vez en cuando camionetas de constructores a recoger gratuita e ilegalmente capazos de canto rodado, que seguramente cobraran a sus clientes.
Estas depredaciones, digamos que “menores” de hoy me retrotraen a otra mucho más grande, histórica y documentada, que se produjo en los últimos años del franquismo, en 1973, a partir de una firma del por entonces ingeniero jefe de la Dirección de Costas de Alicante.
Se excavó una franja de 246 metros de larga con anchura media de 10 metros y profundidad media de 1,80 frente a la salida del Camino del mar.

Detalle de la excavación de cantos rodados extraídos de la playa de la Almadraba en 1973. Archivos de Denia
El permiso de Costas se dio en febrero 1973. Curiosamente, en el mes de julio otro oficio de la misma autoridad (tras una reclamación del Ayuntamiento de Denia, ocasionada por iniciativa de un vecino alarmado por la salvaje extracción) declara que han informado al Gobernador Civil de que dicha extracción es “completamente abusiva”.
Lo solicitado y autorizado en febrero habían sido “1000 metros cúbicos aproximadamente” y se pagó al final una extracción declarada del doble, dos mil metros cúbicos a 8 pesetas el metro cúbico. Aunque con el gráfico arriba expuesto se puede llegar a la conclusión que a cada uno le salga en su calculadora (me reservo la mía). La excavación se hizo a primeros de mayo, ya fuera del plazo autorizado.
¿A qué obedeció todo esto? Muy sencillo, a que unos industriales de la provincia tenían que hormigonar varios miles de metros cuadrados del planché de su nueva fábrica, situada como quien dice a un tiro de piedra de la playa de la Almadraba, y lo más fácil y barato era, en vez de pagar cascajo de cantera y su transporte (como se suele hacer), obtener la autorización de la autoridad de Costas de Alicante, sin que ésta notificase la autorización al Ayuntamiento de Denia (según testimonio del mismo), para sacar la piedra de una playa cercana, a pesar de su gran valor geológico y ecológico y de la destrucción de duna que eso conllevaba.
Todo esto es lo que se deduce de la documentación que obra en los archivos de Denia.
Y, a buenas horas mangas verdes, el 17 del de mayo de 1973 el Centro de Iniciativas y Turismo de Denia denunciaba la “salvaje operación” .
Cuándo sintáis un delicioso olor a pan de molde en las cercanías de El Verger no podréis menos de pensar que en el subsuelo están enterradas miles de toneladas de cantos rodados que fueron labrados por el río Girona para la Playa de la Almadraba, durante millones de años.
Hoja suelta
Hojas del árbol caídas
juguetes del viento son:
¡Las ilusiones perdidas
¡ay! son hojas desprendidas
del árbol del corazón!
.
José de Espronceda
Son días de hojas moribundas y multicolores, muchas de ellas esparcidas sobre las aceras. Ha llovido y algunas se visten por última vez de perlas efímeras, que Espronceda vería probablemente como lágrimas
Son días de de apacible nostalgia, de nervio retenido e inspiración incierta, son días de hoja suelta y garabato
Son días de espera del invierno, de pereza sin razones, del Sísifo remiso que ha dejado de empujar la piedra y se acomoda en ella, son días de abrir viejos libros, los de nuestras filosofías juveniles, las del mundo absurdo, las del difícil equilibro de la presencia humana, a caballo entre la realidad sin espíritu y el espíritu en conflicto con la realidad
Lo que sé, lo que es seguro, lo que no puedo negar, eso que no puedo rechazar, he ahí lo que cuenta. Yo puedo negar todo de esa parte de mí que vive de nostalgias inciertas, pero no ese deseo de unidad, ese apetito de resolver, esa exigencia de claridad y de cohesión. Puedo refutarlo todo de ese mundo que me rodea, que me golpea y me transporta, excepto este caos, este azar reinante y esta divina equivalencia que nace de la anarquía. No sé si este mundo tiene un sentido que le desborda. Lo que sé es que no conozco ese sentido y que por el momento es imposible que lo conozca. ¿Qué significa para mí la significación fuera de mi condición? Sólo puedo comprender en términos humanos. Lo que toco, lo que me ofrece resistencia, he ahí lo que comprendo. Y de estas dos certezas, mi apetito de absoluto y de unidad y la irreductibilidad de este mundo a un principio racional y razonable, lo que sé es que no puedo conciliarlas. ¿Qué otra verdad podría reconocer sin mentir, sin hacer intervenir una esperanza que no tengo y que no significa nada dentro de los límites de mi condición?
…
¿Cuál es el fondo de este conflicto, de esta fractura entre el mundo y mi espíritu, sino la conciencia que de ella tengo?
Albert Camus, Extracto de «La liberté absurde» en Le mythe de Sisyphe, Gallimard, 1942 (la traducción es propia)
Aceptar el otoño
Como las hojas se desprenden y aceptan; como, pasados la primavera y el verano, los brazos de Sísifo se toman un respiro y dejan de empujar la piedra; como la estación se calma y se dispone a la espera, también la ciudad parece rehuir tensiones bajo soles más fríos
Pero si la calma es aparente, si seguramente el otoño nos engaña, si la conciencia no descansa y el absurdo se sigue cargando de razones, puede que sólo el arte sea el último reducto, la única mentira que no miente
Aunque – parafraseando al Camus de la cita anterior, el de los años de la guerra y la resistencia- podríamos decir que ‘lo que no toco, lo que no me ofrece resistencia, he ahí lo que no comprendo’
Y hay, además, en esa misma obra de Camus, otra aserción filosófica para tiempos de guerra, otra constatación del absurdo que contradice la segunda estrofa del traído y llevado poema romántico de Espronceda con el que abríamos esta hoja suelta:
¡El corazón sin amor!
Triste páramo cubierto
con la lava del dolor,
oscuro inmenso desierto
donde no nace una flor!
Pues lo que Camus dice (inicio del capítulo sobre el Don Juanismo) apunta en la dirección opuesta :
Si bastase con amar, las cosas serían demasiado simples. Cuanto más se ama, más se consolida el absurdo
Así que, hoy lo dejamos así, que cada uno resuelva sus dudas como quiera y pueda, que el otoño no nos deprima, que entre la filosofía del absurdo y la poesía de la pasión romántica, encontremos cada uno la vía que nos redima
¿En alguna isla lejana? ¿En algún rincón del arte?
—-
NB: las fotos de los cuadros corresponden a una reciente visita a la exposición titulada Ingen människa är en ö (Ningún ser humano es una isla) en la galería Artipelag de Estocolmo: http://www.artipelag.se/en
Cuando el otoño prolonga el verano
Dans la forêt sans heures
On abat un grand arbre.
Un vide vertical
Tremble en forme de fût
Près du tronc étendu.
.
Cherchez, cherchez, oiseaux,
La place de vos nids
Dans ce haut souvenir
Tant qu’il murmure encore.
.
Jules Supervielle, Le Forçat innocent, Mes légendes, 1930
.
En el bosque sin horas
Derriban un gran árbol.
Un vacío vertical
Tiembla en forma de fuste
Cerca del tronco tendido.
.
Buscad, pájaros, buscad
El sitio de vuestros nidos
En ese alto recuerdo
Mientras todavía susurra.
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Jules Supervielle, el Forzado inocente, Mis leyendas, 1930
(Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta, Pre-Textos, 2009, Traducción y edición de Ramón Puig de la Bellacasa)
Paseando sin prisas
Podría haber titulado esta crónica “el elogio de la pereza”, porque se me han ido quedando en el tintero asuntos enjundiosos mientras el domingo se acerca. Así que los aparco y compongo hoy una crónica ligera con las imágenes de tres recientes paseos.
El título es el adecuado, pues aunque los colores ya son otoñales, las temperaturas y el sol del verano parecen tener dificultades para marcharse.
Hay un estanque de nenúfares (näckrosdammen) cerca de casa y, en sus alrededores, frondosas arboledas y suaves declives verdes por el que afloran como lomos grises de hipopótamo las moles de granito sobre las cuales se asienta la ciudad.
Los bancos que lo rodean son perfectos para enfrascarse en un libro.
Presidiendo el parque infantil a orillas del estanque hay un grupo escultórico del pintor y escultor finlandés Wäinö Aaltonen (1894-1966). Aunque no dispongamos de caballos nos comunica su serena invitación a pasear sin prisas
Observando a los habitantes del estanque deslizarse sin urgencias sobre el agua, la sensación de calme et volupté se refuerza. Así que a ritmo de pato continuaremos la gira por los alrededores
No lejos de ahí, junto a la Escuela de Artes Escénicas, hay una notable escultura en acero lacado que varía de forma a medida que damos la vuelta en torno a ella
Saliendo de la zona, algún alumno de bellas artes (corriente conceptual) ha decidido transformar una señal de tráfico para advertirnos de lo peligroso que es cruzar los pasos de cebra (sobre todo por el riesgo de ser arrollados por un ciclista)
Sin preocuparse demasiado por ello, unas mellizas van pasito a paso por la avenida
Para contraste, por los canales del centro de la ciudad hay quienes bogan enérgicamente.
Nosotros sin apuros, el día se presta a alargar la caminata.
Pasar el puente (Göta älvbron)
Como el tiempo invita a ello con brisa suave y temperaturas de quitarse la cazadora, mi paseo me lleva ahora a subir a pie por el puente sobre el Göta hasta la zona de los viejos muelles y la parte de Älvstranden y Eriskberg
Desde lo alto puedo apreciar con calma lo que cuando circulo en autobús se me escapa
Incluidos los vetustos amarres que no tardarán en desaparecer con las obras jubilares que se anuncian para el cuarto centenario de la ciudad.
El viejo depósito de gas me dicen que se cubrirá de colores y ya se están barajando ideas para darle algún uso de carácter socio-cultural
Paseo por muelles en desuso del Frihamn. La visión del Lipstick corresponde bien al apodo de este edificio. Forma parte desde hace algunas décadas del skyline de Gotemburgo y recuerda a las construcciones con piezas de Lego
Por Lindholmen hay quien se hace a la mar
E insectos gigantes montan guardia junto al dique seco
Cerca de la escuela de ingeniería no sabemos si lo que emerge de las aguas es la idea de una iglesia o un missil listo para despegar
En un muelle de la Älvstranden hay quien ha echado amarras
No muy lejos, la enorme estructura naranja de la grúa puente de los antiguos astilleros preside, como recuerdo de otras épocas, los nuevos barrios de esta orilla de Gotemburgo
Los balcones no desentonan
En la costa
Y como la tarde es templada nos vamos con el termo de café a dar un paseo junto al mar.
Aunque sea la época, no se puede retirar nada de lo que esta reserva natural nos presenta y, en todo caso, aunque las setas se pudieran recolectar, no faltan las que parecen advertirnos: “admírame pero no me comas”
No lejos de esa seta, no son hongos sino plantas (de los pies) las que emergen tras una roca
Y, colorín colorado, el paseo se ha acabado.
Breverías erasmianas (XVI): “Optimum non nasci”
Cuando la tierra era un hervidero de volcanes golpeado por enormes meteoritos, hubo una especie de mamíferos, modestos y tenaces, que sobrevivieron a los grandes señores del planeta, los dinosaurios. Bajo cielos de ceniza, en una biosfera hostil, siguieron pariendo y amamantando y, pasados millones de años, al azar de la evolución, de aquellos ancestros un ramal imprevisto y frágil devino el germen de la noosfera.
Hoy no se ciernen sobre nosotros aquellos mantos de ceniza que rodeaban el planeta, pero, desde que el género humano plantó sus pies sobre la tierra, angustias y temores, desastres y males colectivos, crueldades inéditas, demografías expansivas y plagas, milenarismos apocalípticos y conflictos que se repiten siglo tras siglo llevaron paradójicamente a poetas y filósofos, a transmitir el que quizás sea el proverbio más pesimista de toda la tradición paremiológica.
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Más vale no nacer
Adagio II, III, 49
En este caso, el comentario no deja traslucir para nada la opinión personal del comentador. Ni moral ni filosofía. En descargo suyo hay que decir que en una colección de 4.151 adagios, en la mayoría de los casos no tuvo tiempo para moralejas, bastante fue recopilar los loci y contextos en los que habían sido utilizados. Aun así su pensamiento filosófico, ético, político y social quedó bien patente en una importante serie de ellos y muchas otras obras.
Esta es una más de las glosas de carácter filológico de Erasmo, en las que no desliza su opinión personal y simplemente cita a los autores que utilizaron el proverbio:
Este elegante aforismo, muy utilizado en la literatura, lo transcribe Plinio en el inicio de su libro séptimo [de la Historia Natural] donde enumera los innumerables peligros que rodean nuestro nacimiento junto con todos los desastres de la vida, para llegar a la siguiente conclusión: Han sido por tanto muchos los que han mantenido que lo mejor es no haber nacido, o haberse extinguido lo antes posible
A esta formulación del adagio en Historia Natural (capítulo VII dedicado al hombre) la precede una lista de las debilidades del animal humano, de las que se hizo eco Erasmo en otros comentarios, en los que no se limita a la dimensión filológica, y en los que contradice el pesimismo de Plinio el Viejo, del que valgan estas muestras:
… ¡comienza su vida entre suplicios, sin otra culpa que la de haber venido al mundo! ¡Qué locura la de creerse con derecho al orgullo después de tales comienzos! … el hombre es el único que no sabe nada sin aprendizaje, ni hablar, ni caminar, ni nutrirse; en una palabra, lo único que sabe espontáneamente es llorar. Por lo que muchos han pensado que lo mejor es no nacer, o ser eliminado lo antes posible
Plinio remata así ese capítulo:
Que desgraciada locura es la de querer recomenzar la vida tras la muerte! … esas ilusiones y esta credulidad destruyen el principal beneficio de la naturaleza, la muerte, y duplican la pena del que va a morir, haciéndole soñar una vida futura
Pero dejemos a Plinio y sigamos con el comentario de Erasmo, que ahora cita un fragmento de una obra desaparecida de Cicerón (De consolatione):
Lo mejor de todo es no nacer, ni venir a precipitarse contra los escollos de la vida; la otra opción, ya que has nacido, es morir a la primera ocasión y escapar de la violencia de la fortuna como quien escapa de un incendio
Y que los poetas tampoco fueron mancos en cantar la negrura de nuestro destino lo demuestra la siguiente cita del poeta satírico Alexis:
Lo mejor es no haber aparecido nunca bajo estos cielos.
Lo inmediato, si ya has nacido, es quitarte de en medio
Le siguen Teognis (“mejor no haber visto los tristes rayos del sol”), Eurípides y Menandro.
Luego, Erasmo dedica un amplio espacio a un epigrama atribuido a Crates, el filósofo cínico, citándolo en el griego original para, a continuación y según su costumbre, demostrar su dominio de la lengua helénica con su elegante versión latina, que yo traslado al castellano con relativa libertad:
¿Por qué deseas emprender el camino de la vida?
Doquiera te dirijas, está repleta de males.
La plaza pública retumba con litigios y sectarismos.
En casa la ansiedad te atormenta.
El campo triste te agota con su labor incesante.
Si surcas los mares y sus olas, mil peligros te acosan.
Si vives y tienes posesiones en el extranjero,
Te abrumará el temor y estarás inseguro.
Y si tu bolsa cuelga vacía de dineros
¡Qué triste es la indigencia!
¿Tienes mujer? ¡Cuántas preocupaciones!
Si no la tienes, vivirás solitario.
Si traes hijos al mundo ¡que trabajo criarlos!
Si no procreas, privado de hijos tu vida será oscura.
Si fueses joven, insensata es la juventud.
En la vejez canosa se agotarán tus fuerzas.
Así que, si eres cuerdo, qué te queda pregunto:
O que nunca hubieras salido de las tristes entrañas
Del útero materno o que, al poco de salir,
En la lóbrega Estigia te hubieses sumergido
….
Quod nam iter humanae cupias insistere vitae?
Quoquo te vertas, omnia plena malis.
Litigiis causisque forum strepit usque molestis,
Perpetua cruciat sollicitudo domi.
Enecat assiduis rus triste laboribus ; undas
Et freta si sulces, mille pericla premunt.
Viventi peregre si res tibi suppetit ampla,
Cuncta miser metues nec bene tutus ages ;
Rursum si vacuae pendebunt aere crumenae,
Ut durum ac miserum est hospitem egere virum !
Conjugium sequeris, quanta hic te cura sequetur !
Desolatus eris, si sine conjuge eris.
Si tollis sobolem, multo educenda labore est ;
Non tolles orbi lumine vita vacat.
Si juvenis fueris, vaga et inconsulta juventa est ;
Viribus effoeta est cana senecta suis.
Ergo quid reliquum est, quaeso, nisi, sanus ut optes
Alterutrum : aut numquam tristibus e sinibus
Materni prodisse uteri, aut ubi protinus illinc
Exieris, Stygias abdier in latebras ?
Por si fuera poco, continúan los testimonios, no sólo entre los griegos, cuya forma de pensar refleja el poeta Ausonio en parecidos términos, sino también entre los tracios y otros vecinos suyos, de los cuales (basándose en Herodoto) escribieron Quintiliano, Plinio y Valerio Máximo :
cuando nace un niño, los parientes, sentados a su alrededor se lamentan, evocando las miserias que va a tener que padecer desde el momento de su llegada a la vida, y, por otro lado, cuando alguien muere, juegan y se regocijan durante el funeral, al pensar que ya no estará al alcance de innumerables males
Plutarco también se refiere a un poeta trágico no identificado, que otras fuentes dicen ser Eurípides. La versión latina de Erasmo y mi modesta traducción suenan así:
Llorar se debe al que nace, pues afronta grandes males.
Pero al muerto, sustraído a los castigos de la vida,
De su casa se le lleva a enterrar con alegría y regocijo.
…
Plorare natum ut maxima ingressum mala,
At mortuum vitaeque subductum malis
Efferre laetos gratulantesque aedibus.
El comentario acumula al final los pareceres coincidentes de Menandro, de nuevo Homero (“Pienso que nada es más patético que el hombre / de todo cuanto respira y se mueve sobre la tierra”) y de Plauto (“¡Cuánto mejor haber vivido que vivir!”).
Pero en este final de su glosa, Erasmo recurre también a Virgilio, aunque escamotea el contexto, pues cita un solo verso y el comienzo del siguiente. Para mejor entender al poeta, prefiero citar y traducir completos los tres (Geórgicas, III, 66-69) que a mi modo de ver interesan:
Optima quaeque dies miseris mortalibus aevi
Prima fugit: subeunt morbi tristisque senectus,
Et labor, et durae rapit inclementia mortis.
…
Para los míseros mortales son los mejores días de la vida
Los que primero huyen: surgen los dolores y la triste vejez,
Y la fatiga, y la inclemencia de una muerte cruel nos arrastra.
Y, volviendo al contexto de esa parte del poema, no sé si se trata de un lapsus o de un guiño erasmiano, ya que lo que Virgilio parece expresar en ese capítulo es en realidad el deseo de que la vida sea larga. Al menos si damos fe a los versos siguientes que tratan de cómo cuidar al semental y conseguir una sana y abundante reproducción de los rebaños.
(Fuente del texto latino del adagio: Les Adages d’Érasme présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 1038-1043. La traducción del latín es mía)
…
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¿Y ahora qué?
Hay un pequeño pub-restaurante en la Carretera de Las Marinas, no lejos del cual suelo divagar cuando estoy en España, que regentó durante varios años (hasta que la famosa crisis les hizo dejarlo) una pareja amiga. Él (el chef) es de Londres, ella de Eslovenia y la hija está acabando su carrera de filología alemana.
A finales del 2011 la cocinera ayudante, una señora rumana que habla el castellano mejor que muchos castizos, observando a la patrona atareada en su jardín, le dijo:
¿Para qué plantas flores si el año que viene se acaba el mundo?
…
Hace dos días he leído que Henry Kissinger, en un nuevo libro, anuncia que “el caos amenaza el orden mundial”. No sabía yo que aquel que sembró la desgracia en millones de vidas, urdiendo intervenciones ilegales y antidemocráticas fuera de su patria, todavía colea. Dudo que en su libro llegue a recomendar que optimum non nasci (al menos no para sus amigos, de hecho él tiene nietos), pero el que estos aprendices de brujo sigan anunciando catástrofes y sientan que sus profecías son originales me trae a la memoria otros libros.
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Hubo en el siglo XVI un teólogo reformador, Urbanus Reghius (1489-1541), año más año menos coetáneo de Erasmo y de Juan Luis Vives, que escribió una obra que se titulaba “Querela de miseriis et calamitatibus mundi, et praesentis vitae ac temporis” (Lamento de las miserias y calamidades del mundo y de la vida y la época actuales).
De Urbanus no he podido averiguar si dejó descendencia. Pero de Vives podemos decir que no y que dejó algunas reflexiones sobre sus temores en materia de procreación que no desentonan para nada de los autores clásicos citados más arriba:
Nacemos de hombres pecadores entre dolores muy agudos y con inmediato peligro nuestro y de nuestras madres, nuestra lactancia es una molestia continua y nuestra crianza un trabajo ininterrumpido (De concordia et discordia in humano genere, 1529)
Cuán grande es el beneficio de Dios porque no pariste o porque perdiste a los hijos antes de que te causasen tristeza (De institutione feminae christianae, 1523)
No obstante Vives tuvo siempre en gran estima las familias con hijos de sus amigos y desea éxito a sus mujeres en los embarazos, como manifiesta en su correspondencia, y sería largo destacar aquí los factores que pudieron influir en el hecho de que no procrease. Por las fechas de las dos obras citadas su familia estaba pasando momentos muy trágicos.
Ref: Ramón Puig de la Bellacasa, La discapacidad y la rehabilitación en Juan Luis Vives, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalía, Madrid Septiembre 1993, pp. 57-58. La discapacidad y la rehabilitación en J.L.Vives. Versión corregida, 2006 Pdf
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Que un adagio tan radical haya sido difundido por autores clásicos que formaban parte de la élite de sus sociedades y, a pesar de los conflictos institucionales que a algunos les complicaron la existencia, en general no carecieron de un buen nivel de vida no deja de ser un síntoma más de que el pesimismo literario de los intelectuales es normalmente el privilegio de pocos. Seguramente muchos de estos autores, a pesar del adagio, tuvieron descendencia y se alegraron de que sus hijos e hijas les dieran nietos.
De lo que no queda registro es de lo que pasa por la cabeza de millones de seres humanos, en la indigencia, víctimas de violencias sectarias, inmersos en pavorosos desastres y sin capacidad ni instrucción para expresarse en proverbios, padres, madres y abuelos de niños aterrorizados y desnutridos.
Un número inmenso de ellos malvive en campos de refugiados en Medio Oriente y África.
…
Como en la época de Urbanus Reghius, en el mundo se mezclan lo mejor y lo peor, lo atroz y lo admirable y no faltaron ni faltarán quienes se sientan inclinados a recomendar que lo mejor es no nacer. Yo por mi parte pienso que entre nuestros hijos y nuestros nietos están y estarán, en latitudes y lugares de todo el planeta, los que podrán mejorar, en mayor y menor grado, las vidas de los seres humanos.
Aunque no nos falte razón para lamentarnos por lo que cada día vemos y se nos muestra, son las personas, con su responsabilidad individual intransferible, las que han de decidir qué es lo mejor en esta controvertida materia; y si la prole aumenta, si hay quien opta por traer más niños a este mundo que nos ha tocado en suerte, espero vivir muchos años para verles crecer.
Y, como explica mejor que yo el poeta, que la luz para ello no nos falte:
Con fresca luz se lava el mundo
Esa es su agua
Chorrea libre y generosa
Sobre sus claros hombros
Arrastra manchas hebras y fatigas
Disuelve ácidas costras y tristezas
Echa de nuevo a andar
La hora de su cuerpo rescatado.
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Joven como agua es esta luz
Después del baño es siempre inaugural
La ropa en que volvemos a envolvernos
Para pisar de nuevo el viejo suelo
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Y volverá mil veces el momento
De lavarnos el rostro
En la fría corriente matutina
Mil veces nos dará de nuevo
Y cada vez recién reinventado
Su regadío el día.
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Tomás Segovia, “Limpieza” en Día tras día, Valencia, Colección la Cruz del Sur, Editorial PRE-TEXTOS, 2005












































































































































