De cómo hacer de un relato de Albert Camus un western argelino
Entre sesión y sesión del Festival de Cine de Gotemburgo no me ha quedado mucho tiempo para ultimar alguna de las crónicas que estaba escribiendo para hoy. Así que, tiendo un puente con la del domingo anterior y voy a comentar una buena película del director francés David Oelhoffen que he visto hace dos días.
Se trata de una adaptación muy libre de “L’hôte” (el huésped) uno de los relatos de Albert Camus en L’exile et le Royaume (Gallimard, 1957). Las imágenes son del tráiler que publicita el film.
Oelhoffen ha creado un hermoso western. En sus declaraciones durante una presentación anterior en el Festival de Venecia del año pasado no ocultaba que esto es lo que quiso hacer desde que leyó el texto. De modo que su adaptación narra dos días en la vida de un pacífico maestro rural argelino, a quien un acontecimiento imprevisto convierte en cowboy noble y arriesgado, con todos los ingredientes del género, en el marco deslumbrante y hosco de las altas mesetas norteafricanas. Una espiral de violencia, el enfrentamiento entre códigos morales diferentes, persecuciones, emboscadas sanguinarias y dos actores bien compenetrados y excelentes en su papel, sin que falte el elemento imprevisto de la benevolencia femenina con la aparición fugaz de una madame del desierto (Ángela Molina).
Es el año 1954, la guerra de Argelia está comenzando. Daru (Viggo Mortensen ), que, siempre según el film, había sido comandante del ejército francés libre durante la II Guerra Mundial, trabaja como maestro en un pueblo perdido del altiplano del Atlas. Nacido en Argelia, se presenta (guiño del realizador a la biografía de Camus) como hijo de emigrantes españoles que vinieron a cosechar esparto para los hacendados franceses. Daru es por tanto argelino, pero los árabes lo miran como a un colono francés y los franceses como si fuese árabe.
El alguacil de la zona le pone en un grave aprieto, al ordenarle que escolte a un prisionero, Mohamed (Reda Kateb), acusado del asesinato de su primo, hasta el juzgado de Tinguit, a veinte kilómetros de la escuela.
La orden le repugna y el maestro se ve atrapado en un dilema moral y en una arriesgada peripecia.
No obstante, de la convivencia con el prisionero nace progresivamente un vínculo de solidaridad y comprensión, reforzado tanto por la amenaza de quienes quieren vengar el asesinato como por los combates entre guerrilleros y soldados franceses en los que se ven involucrados.
Daru y Mohamed se ven forzados a una dura travesía por las peligrosas montañas del Atlas en invierno.
…….
Quienes hayan leído el austero texto de Albert Camus comprenderán que el film está adobado con abundantes añadidos, para transformarlo en un western argelino. Sólo una pequeña parte corresponde al original.
Además, es importante destacar que el prisionero del relato no tiene nombre propio como en la película, sino que es nombrado repetidamente como «el Árabe»; a mi modo de ver para subrayar que ese con quien Daru establece inicialmente una relación de alteridad no es un individuo concreto, sino el Otro, con quien gradualmente acabará identificándose.
Tras los dos protagonistas, Camus es ambos a la vez.
A pesar de todo, pienso que el director ha salvado el lazo de unión y de respeto que se va formando entre los dos hombres, que es lo que, a mi juicio, constituye la mitad del núcleo moral en este relato de Camus, un drama que refleja el conflicto de su propia vida de pied noir.
Pero creo que David Oelhoffen no debería haber cedido en el desenlace final a la previsible sensibilidad del público, que suele preferir los happy ends, pues eso amputa la otra mitad que es esencial a la obra que ha inspirado la película.
El verdadero desenlace del relato de Albert Camus es más consecuente con el absurdo del mundo, de la violencia y de la muerte.
Para concluir, he seleccionado un extracto del comienzo de su narración cuando describe la vida de maestro rural de Daru:
Frente a esta miseria, él, que vivía casi como un monje en esta escuela perdida, contento sin embargo de lo poco que tenía y de esta ruda vida, se había sentido un señor entre sus muros de yeso sin enlucir, con su estrecho diván, sus estanterías de madera blanca, su pozo, y las provisiones semanales de agua y alimentos. Y, de repente, esta nieve, sin previo aviso y sin el alivio de la lluvia. Así era el país, cruel de vivir, incluso si faltaban los hombres, que, en todo caso, no lo mejoraban nada. Pero es ahí donde Daru había nacido. En cualquier otro lugar se sentía en el exilio
Y otro del final, en su escuela desierta…
…plantado ante la ventana del aula, el maestro miraba, sin verla, la luz que saltaba joven desde las alturas del cielo sobre toda la extensión del altiplano. A su espalda, sobre la pizarra, entre los meandros de los ríos de Francia, discurría, trazada a la tiza por una mano torpe, la inscripción que acababa de leer: “Has entregado a nuestro hermano. Pagarás”. Daru miraba al cielo, la meseta y, más allá, las tierras invisibles que se extendían hasta el mar. En este país que tanto había amado, estaba solo.
(la traducción es mía)
…….
Y a mí, por las calles y los parques de Gotemburgo, ya fuera del cine y de su magia, la noche me saca bruscamente del altiplano argelino…
Invierno con algo de nieve y muchas películas
Hace dos días, la sensación de frío y la visión vespertina de las espesas nubes que se cernían sobre la ciudad, me trajeron a la cabeza una de esas extrañas asociaciones que surgen de no sé qué rincones del cerebro. Me sorprendí tarareando para mis adentros la estrofa de una guaracha que cantaba el Trío Los Panchos (“parece que va a llover / el cielo se está nublando / parece que va a llover / ay mamá, me estoy mojando”), aunque, mientras atravesaba el canal en el barco, se me cruzaban los cables con la guajira “al vaivén de mi carreta”. El resultado decía tal que así:
Parece que va a nevar.
Las nubes se están cargando.
Compadre, están anunciando
que ya entramos en febrero.
Es notorio que cuando se maltrata la música acaba por llover. Pero, como estamos en Gotemburgo, lo que he traído es la nieve.
Quedaban sólo restos de la tímida nevada del martes. Una capa delgada, indigna de estas latitudes. Para remediarlo, las nubes que la anoche anterior me inspiraron la estrofa de marras han descargado ayer una nevada persistente de generosos copos.
Así que la ciudad ha recuperado ayer ese aspecto que tanto ha rareado en los últimos inviernos.
Por la mañana, cuando los espectadores del Festival Internacional de Cine marchábamos hacia alguna de las veinte salas que durante una semana larga proyectan más de quinientos films, lo hacíamos sobre la pantalla blanca de la nieve.
Veremos si hoy domingo el sol no nos deja las calles de la ciudad hechas un pantano de aguanieve, camuflando esas traicioneras láminas de hielo que pueden llevar a más de uno a las urgencias. Si son las del antiguo hospital Carlanderska esperemos que no se lo haya tragado antes ese socavón que excavadoras y dinamiteros están abriendo, para cimentar su ampliación.
Pero volvamos al festival de cine…
XXXVIII Göteborg Film festival
El Festival de Cine de Gotemburgo (23 de enero – 3 de febrero) tiene carácter propio. No es un festival glamouroso. La mayoría de los films, documentales y cortometrajes son de los que casi nunca llegan a las salas y multicines comerciales. Por lo general se proyectarán en certámenes o salas de cinéfilos.
Por su historia y por su sede central, situada en la Jarntorget, en el complejo de la Folket Hus de Gotemburgo, este certamen casi cuadragenario tiene un estilo que podríamos decir socialdemócrata, en el sentido sueco de esta palabra.
El “palacio del festival” es modesto, nada que ver con los de Cannes, San Sebastián, Berlín u otros festivales. Hay, sí, una alfombra roja, bastante pisoteada por cierto, pero, justo a su entrada, no falta un puesto ambulante de perritos calientes y un carromato en el que sirven empanadillas unos alegres cocineros chilenos.
Al otro lado de la plaza las figuras de «las cinco continentes», siguen impasibles en su fuente, mientras el festival ofrece mucho cine comprometido, política y socialmente testimonial proveniente también de las cinco partes del mundo.
No faltan creaciones de intervención y de investigación social, a menudo realizadas con medios limitados (por ejemplo mediante crowfunding). Una buena parte de los films de la sección Europa, Europa entra dentro del género de denuncia o de exposición crítica de problemas candentes, como son los dedicados a las vicisitudes de inmigrantes y demandantes de asilo que tratan de acceder a Europa por vías de alto riesgo. Lo mismo se puede decir de las películas procedentes de América Latina.
Algunos cineastas sufren persecución en sus países de origen y hay películas que generan amenazas de atentado, como en el caso de Timbuktú que, por tratar de las atrocidades de los islamistas radicales en Mali, ha ocasionado hace unos días la suspensión del certamen de cine Ramadán en Tournai (Bélgica) a causa de una grave amenaza yihadista.
Hay casi veinte sesiones monográficas, entre las que destacan las de las producciones que optan al Dragón al Mejor Film Nórdico, al Dragón al Mejor Documental Nórdico y al Galardón Internacional Ingmar Bergman para el mejor largometraje debutante. El Dragón Honorario Nórdico lo recibe este año Liv Ullmann. Con esta ocasión se estrena en Suecia su última película como directora, Miss Julie, basada en la famosa obra de Strindberg, Froken Julie.
El premio del público a la mejor película lo votaremos los espectadores en un plebiscito vía sms.
El país de la sección Fokus es este año el Japón. Hay como siempre una retrospectiva de Clásicos, con películas restauradas y documentales dedicados a la historia del Cine. No falta una sección Maestros de directores consagrados y otras de Comedias, Animación, Visionarios, Musicales y Juegos y ficciones futuristas
Los habituales del certamen reservan con tiempo. Hay cinéfilos que se toman una semana de vacaciones para darse un atracón. En mi caso veré un racimo de películas, entre las cuales no faltan films peruanos, mejicanos, chilenos, italianos, árabes o africanos, la poesía de alguna obra japonesa o, por supuesto, el último trabajo de Liv Ullmann y el film de Roy Andersson que obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia en 2014, así como alguna vieja joya del cine noruego.
A la página oficial del Festival en su versión inglesa se puede acceder mediante enlace: http://www.giff.se/en
En sueco: http://www.giff.se
Cuando la rutina vuelva a las cerca de veinte salas de Cine que albergan las proyecciones y debates del festival (hay también seminarios y clases magistrales), la nieve quizás se haya derretido, pero adentrados ya en febrero todavía tendremos que salir bien abrigados.
Imposible ataraxia
Para un amigo lejano que también se llama Charlie
Me han dicho que estas páginas aportan un poco de serenidad y alegran algo las horas del domingo. Parece que salvan bien las aguas de algunos océanos, que aterrizan en lugares que, cerrando los ojos, imagino.
De vez en cuando empero de la atalaya caen algunas piedras en sus aguas y los reflejos ya no son tan cristalinos.
¡Qué oscuridades se ciernen cada día sobre este mar que surcamos! ¡qué derramar de sangres! ¡cuántas palabras llueven como balas! ¡cuántas armas se cargan de palabras! ¡qué ciega sinrazón inacabable!
Si la serenidad existe,
si se puede vivir imperturbable,
no me lo digan hoy.
No me pidan horizontes
imposibles,
no sabría adoptar
la postura del loto.
.
A falta de puertas
que sólo abran al campo,
por ventanas inciertas
desde los altos muros,
como fugas de Bach
quizá lleguen imágenes
que hagan de estas páginas
obsequios razonables.
……
Anteayer hojeaba una antología de poetas latinoamericanos publicada por Penguin en 1971 y, quizás por lo que este comienzo de año nos está deparando, me detuve en el siguiente poema de un excelente poeta argentino que murió hará este año veinticinco años, Edgar Bayley (1919-1990):
la violencia
.
La violencia al sofocar el día
al arrojarte fuera del camino
te hace crecer por dentro un diente helado
violencia reina de una madrugada oscura
olvido entre palabras calcinadas
.
estoy aquí debo comprender
decir correctamente organizar
no ceder posiciones al tumulto
.
debo salir cruzar no detenerme
compartir otra vez una alegría
venida del más alto corazón
entre los hombres
.
debo seguir cavar un nuevo surco
buscar buscar la voz del otro
escuchar extender
la morada y el aire.
The Penguin Book of Latin American Verse, edited by E.Caracciolo-Trejo, Middlesex, 1971, pág.40
…
¿Podrá el mar lavarnos algún día?
Creo que fue durante las vísperas de Reyes, antes de que en este principio de año el corazón de Europa se manchara de sangre. Estuvimos por las alturas del Cabo de San Antonio, nuestra mirada sobrevolando Jávea, y por el mirador de Altea avistando la mágica dentadura surreal de Benidorm, cuando la tarde se marchaba.
Un poema de Luis Cernuda nos ayuda a terminar esta página y quizás disuelva ese nudo que sigue aún en la garganta:
El mar es un olvido,
Una canción, un labio;
El mar es un amante,
Fiel respuesta al deseo.
.
Es como un ruiseñor,
Y sus aguas son plumas,
Impulsos que levantan
A las frías estrellas.
.
Sus caricias son sueños,
Entreabren la muerte,
Son lunas accesibles,
Son la vida más alta.
.
Sobre espaldas oscuras
Las olas van gozando.
Luis Cernuda, Donde habite el olvido (1932-1933)
Je suis Charlie
Hace pocos días, de nuevo, la violencia asesina con sus metralletas ha querido acabar con la libertad de expresión de quienes usan la pluma y el humor para ejercer ese derecho a la crítica, a la sátira y a la blasfemia, al pensamiento, a la creación y a la palabra libres, que Europa y la civilización aquí nacida han ido conquistando palmo a palmo a través de autocrítica, sacrificios, coraje, dolor, guerras y muertes. Ha llevado siglos liberarse de la propia barbarie y de inquisiciones ideológicas y religiosas de toda índole y los únicos límites que aceptamos son las leyes que los ciudadanos nos damos en el marco de la democracia. No queremos que ningún inquisidor, ningún profeta iluminado, ningún ayatolá, diciendo defender a Dios, dicte a nuestras sociedades lo que se puede o no decir.
Por eso, en este blog, hoy también soy Charlie.
La solidaridad de todos quienes nos identificamos con un estado de libertades, fundado sobre la inmanencia y la laicidad es la única forma de demostrar a los asesinos y aspirantes a asesinos que no pueden dividirnos y vencer, que no van a intimidar con sus anatemas a los ciudadanos y a sus medios de comunicación para que se autocensuren.
Los asesinos de los trabajadores de Charlie Hebdo han querido emitir con su acto atroz un mensaje de miedo, venganza impía y terror. ¡Y les hemos entendido! ¡Pero no en el sentido que ellos han querido dar a estas muertes!
Lo que está en juego es el futuro de Europa y el de la libertad, incluida la libertad de religión o de irreligión, de adscripción a una u otra confesión o de agnosticismo, ateísmo, apostasía y también, por supuesto, a eso que el fundamentalismo religioso califica de blasfemia (en realidad, si somos rigurosos, sólo puede ser blasfemo el que cree en aquello contra lo que blasfema).
Uno de los clásicos de la sátira contra los excesos de gobernantes o jerarcas y autoridades religiosas fue Erasmo de Rotterdam. Si han leído el Elogio de la locura o los Coloquios, entenderán porque su vida fue la de un codiciado objetivo de los yihadistas y de los ayatolás del siglo XVI europeo, pues era alguien que entendía y ponía en práctica la libertad de crítica y la fuerza de la irrisión para desenmascarar el fanatismo, el integrismo y la intolerancia de quienes lanzan anatemas y de quienes, amparados por ellos, matan en nombre de Dios.
En homenaje a quienes por ejercer esa libertad han sido agredidos y asesinados en la redacción de Charlie Hebdo y también de las víctimas que los islamistas fanáticos, por añadidura antisemitas, han ocasionado en Francia en los últimos días, traigo al blog un texto en el que Erasmo rendía un homenaje al hombre y a su destino de paz y de no violencia, en una hermosa descripción del ser humano, ese que los fanáticos quieren abatir, pero que seguirá alzándose una y otra vez frente a la ceguera ideológica y a cualquier oscurantismo religioso.
Erasmo de Rotterdam: La imagen del hombre
Para empezar, si alguien considera el aspecto y la forma del cuerpo humano, ¿no percibirá enseguida que la naturaleza –o más bien Dios– creó a este animal no para la guerra sino para la amistad, no para la perdición sino para la salvación, no para la agresión sino para la clemencia? Porque a los demás seres vivos los ha dotado individualmente con sus propias armas. La acometividad de los toros la armó con los cuernos, la fiereza de los leones con las garras. Al jabalí lo equipó con dientes letales, al elefante además de la piel y de su mole le defiende la trompa. Ha protegido al cocodrilo con unas escamas parecidas a láminas. A los delfines les ha dado por arma sus aletas. Al puerco espín lo defendió con espinas, a la raya con aguijones, a los gallos les añadió el espolón. A unos protegió con la envoltura, a otros con el pellejo, a otros con el caparazón. Se ocupó de la seguridad de otros – como las palomas– dándoles agilidad. También los hay a quienes por arma dio el veneno. A todo esto añadió el aspecto horrible y bestial, los ojos amenazadores, la estridencia de la voz. Sembró antagonismos instintivos.
Sólo creó desnudo al hombre, débil, tierno, desarmado, de carne blandísima y cutis delicado. Nada hay en sus miembros que pueda parecer destinado a la lucha y a la violencia. Y no me ocuparé por el momento de cómo los restantes animales nada más nacer se bastan a sí mismos para sobrevivir: sólo el hombre nace en un estado que por mucho tiempo le obliga a depender totalmente de la ayuda ajena. No sabe ni hablar, ni andar, ni buscarse la comida, sólo implorar asistencia berreando, para que de ahí podamos deducir que se trata del único animal nacido exclusivamente para la amistad, que principalmente madura y se refuerza con la ayuda mutua. Por eso la naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto para sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y a la amistad.
Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado con el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio unos brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de alegría. Sólo a él las lágrimas, símbolo de clemencia y misericordia. ¿No le dio acaso una voz que no amenaza ni es temible sino que, a diferencia de las fieras, es amistosa y agradable?
No contenta aún con estos dones, la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza. Le inculcó el odio a la soledad, el gusto por la compañía. Plantó en lo más profundo de su ser los gérmenes de la bondad. Dispuso que lo que más le conviene sea también lo más grato. Pues ¿hay algo más agradable que un amigo? Y por otra parte ¿hay algo que sea así de necesario? De modo que, aunque se pueda en principio pasar la vida sin relación carnal, sin embargo nada se pueda considerar atractivo sin compañía, salvo por quien se haya deshumanizado del todo y retrocedido al estado de bestia.
Más aún, le añadió el gusto de las disciplinas liberales y la pasión del conocimiento, cualidades que no sólo apartan eficazmente de todo salvajismo al ingenio del ser humano, sino que también son de gran ayuda para conciliar amistades. Ni el parentesco ni la consanguineidad unen a las almas con lazos de amistad tan estrechos y firmes como lo hace el compartir unos estudios honorables. Por añadidura, la naturaleza ha repartido entre los mortales una admirable variedad de cualidades, tanto espirituales como corporales, para que el individuo encuentre en otros individuos algo que amar y reconocer por su excelencia o que desear y abrazar por su utilidad y atractivo.
Por último, depositó en su interior una chispa de espíritu divino para que, aunque no se ofrezca recompensa, a todos agrade hacer el bien por el bien mismo. Porque atender a las necesidades de todos es precisamente lo propio y característico de Dios. Pues si no, ¿qué otra cosa es ese extraordinario placer espiritual que sentimos al saber que alguien se ha salvado por causa nuestra? El mecanismo por el que un favor significativo crea un vínculo es el mismo que hace que un hombre trabe amistad con otro.
De este modo Dios ha puesto al hombre en este mundo como réplica de sí mismo, para que a la manera de una divinidad terrestre vele por la salvación de todos. Hasta los animales mismos lo presienten, pues vemos que no sólo los que son inofensivos sino también las panteras y los leones, e incluso otras bestias más feroces que éstas, buscan la protección del hombre en ocasiones de gran peligro. Aquí está el asilo de todos en las situaciones extremas, aquí el altar sacrosanto de toda la creación, ésta es el áncora de salvación que a nadie falla.
(*) Dulce bellum inexpertis. Adagios del poder y de la guerra y Teoría del adagio. Edición, traducción y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Madrid, Alianza Editorial, El libro de bolsillo, pp. 201-204
Seducciones
Nieve de un día
La sabíamos efímera, nos lo había dicho la mujer del tiempo, la que aparece delante de unos mapas llenos de pictogramas en el telediario.
La sabíamos pasajera, la nieve.
Y sin embargo, cómo nos fascina, cómo nos hipnotiza, inmaculada.
Promete, borra ruidos, nos lleva de vuelta hacia la infancia. Nos salva.
Fue hace pocos días.
Se nos regalaron unas horas de navidades blancas.
Los ruidos, absorbidos por la alfombra blanca, se habían ido.
El hielo sobre el empedrado, cubierto, no inquietaba. Podíamos caminar sobre esa materia fría, mullida, amable, que lo cubre y lo anula.
La nieve duró un día.
Se ha marchado.
La breve ilusión de un invierno blanco ha cedido al invierno gris.
Teatro para tiempos de engaño
La ilusión de la nieve no es la única de estos días.
En el Goteborgs Stadsteater asistimos a la representación del Tartufo, esa obra maestra en la que Molière plasmó la figura emblemática del hipócrita.
El beato seductor exige, promete, juzga y se presenta como ejemplo de virtud, para al final justificar sus reales propósitos:
El amor que profesamos a las eternas beldades
No sofoca en nosotros el amor de las temporales
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L’amour qui nous attache aux beautés éternelles
N’étouffe pas en nous l’amour des temporelles
Algo así como lo que más tarde diría Groucho Marx:
Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros
La mejor comedia es la que encierra en su fondo una tragedia para, al final del juego, aliviar al público con una catarsis salvadora que resuelva el drama con su solución amable. Así ocurre en el Tartufo de Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), ese admirable actor y creador de sátiras a quien la muerte alcanzó sobre las tablas y que la Iglesia no quiso enterrar en sagrado.
Es acertado haberla programado durante el tránsito de un año a otro, con ocasión de estos fastos engañosos del tiempo. ¿No es acaso el calendario un decorado de teatro?
Además los actores del Stadsteater son excelentes, acordes con el perfil que Camus hizo del comediante:
Siempre ocupado en figurar lo mejor posible, (el actor) demuestra hasta qué punto el parecer hace al ser. Ya que en eso consiste su arte, en fingir absolutamente, en adentrarse al máximo en unas vidas que no son las suyas
Es preciso que en tres horas padezca y exprese todo un destino excepcional. Es lo que se llama perderse para reencontrase. En esas tres horas sobre el escenario recorre hasta el final el camino sin salida que al hombre de la platea le supone el curso de toda una vida
Mimo de lo perecedero, el actor sólo se ejercita y se perfecciona en la apariencia
(Albert Camus, Le mythe de Sisyphe, Gallimard, 1942. La traducción es mía
Sin embargo, en la vida real y en los dramas colectivos no ocurre como en la obra de Molière, en la que un soberano benigno y justiciero -concesión a lo políticamente correcto- desenmascara al tartufo de turno.
La historia no suele ofrecer esas magias salvadoras. Gente e individuos parecemos destinados a seguir al flautista, a caer al río una y otra vez, como los niños y los ratones de Hamelin.
Luego sobrenadamos como podemos y hasta el siguiente engaño.
Pero ya que empezamos año y es tiempo de esperar a mejor, unos días después, frente a un cielo que por hoy no nos engaña, volvemos de caminar con la piel al sol, los pies cansados pero la mente clara.
Historia de una playa (y III): mirando hacia el futuro
Dedicado a Jesús Chover
El anterior capítulo de esta historia sin pretensiones se terminaba con algunas fotos de los años 60 del siglo pasado (¡qué raros nos sentimos al aludir así al siglo XX!).
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Tradición
El entorno humano de la playa de la Almadraba no ha variado mucho desde entonces. Aquí no ha habido explosiones urbanísticas ni proliferación de altos edificios. Los niños que jugaban en ella en los años 70 y 80 son adultos y siguen viniendo a las orillas en donde crecieron y quienes en ella pescan o bucean aprendieron a hacerlo con sus padres.
Algunos que por entonces fueron jóvenes enfundan de vez en cuando sus pantalones de caucho y salen temprano por la punta de la playa a buscar pulpos como ya lo hacían entonces.
Los pescadores de Els Poblets y de otros pueblos cercanos siguen plantando la caña durante horas en la orilla, con la esperanza de que pique algún pez de buen tamaño.
En todo caso se pasa el rato. Con frecuencia es toda la familia, con merienda-cena y naipes, la que pasa la tarde y hasta parte de la noche frente al mar, mientras con el rabillo del ojo se vigila el esperado tensarse del sedal.
Por San Juan, el Ayuntamiento y las filas de moros y cristianos organizan en la explanada de la “piedra del Salvador” la cena colectiva, la tómbola, el concierto bailable para todos y el fuego ancestral.
En sus llamas arden simbólicamente los viejos muebles y los malos recuerdos, con la esperanza de que el verano y sus frutos nos traigan otros, nuevos y buenos.
Unos meses antes, en pleno invierno y en el mismo sitio el cura del pueblo, como representante oficial de San Antón, ha rociado con agua bendita todo tipo de animales, incluidos los racionales, quiero decir los dueños, confiando quizás en que cuando los paseen por la playa no dejen detrás residuos sólidos.
Yo me quedo sobre todo con la prestancia del caballo y su jinete, orgullosos con razón de su propia estampa.
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Lucha
Pero la playa también pugna con el mar. Suele haber un temporal de invierno y otro de otoño. Normalmente la orilla se recupera de sus efectos por sí misma.
Aunque, periódicamente, la historia de la Marina Alta y de la Almadraba registran temporales más recios y de violentas consecuencias, que exigen después trabajos de rehabilitación del litoral. Así fue el de octubre del 2007.
Las intervenciones públicas y privadas que de un modo u otro han agravado el impacto de las llamadas “gotas frías” ya las hemos comentado en los capítulos I y II de esta crónica.
Tanto la Asociación de Vecinos de la Playa como el Ayuntamiento de Els Poblets han formulado sus reflexiones y exigencias para que no se repitan los errores y abusos del pasado y no se carguen sobre el respetuoso paisaje humano de esta playa las responsabilidades de las Administraciones.
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Esperanza y deseos ante el nuevo año
La playa de la Almadraba, que quienes la vivimos como algo propio y abierto a todos amamos, puede seguir siendo ese espacio privilegiado, sereno y peculiar, que millones de años de acción natural nos han legado.
Puede incluso mejorarse con el cuidado de quienes la frecuentamos y la disfrutamos y de las autoridades que legalmente han de velar por ella.
No tengo en mi cabeza hoy grandes ideas ni proyectos, como esos paseos marítimos de los que algunos hablan o de puertos deportivos que otros ambicionan, y de los que oigo hablar con temor y temblor.
Por ello en las cercanías del 2015 me permito y me limito a expresar algunos simples deseos:
- Que el Ayuntamiento de Denia abandone por fin su actitud de perro del hortelano y dé una respuesta positiva a la natural y repetida petición del municipio de Els Poblets, cuya línea de costa es nuestra playa de La Almadraba, de que se le transfiera la gestión de la playa. Muchos pensamos que el mantenimiento por parte de quienes la tienen delante sería mejor que la de quienes la tienen en el extremo distante de un territorio ribereño ya de por sí muy largo.
- Que esa minoría de paseantes de perros, felizmente en disminución (calculo que ha bajado ya a sólo un veinte por ciento de los dueños de cánidos que los traen a la playa), que todavía los dejan campar a su antojo y sin lazo, revisen su actitud despistada y, cuando acaben el paseo, hayan retirado en una bolsita las evacuaciones sólidas que el inocente animal haya dejado.
- Que esa otra minoría, de entre los muchos que vienen a la playa a bañarse, a comer, a pescar o a beberse simplemente unas latas o botellas de refresco y tomarse un bocadillo, hagan lo mismo que les pedimos a los amos de los perros y retiren gentilmente todo recuerdo de su estancia, para que los cantos rodados de la playa, o los huecos entre las piedras de la escollera, no guarden otra memoria que la que el mar les deje.
- Que todos aquellos que naturalmente aprecian la música como acompañamiento de sus festejos y conmemoraciones en la zona de la playa, piensen en los que disfrutan de una merecida calma junto al mar y logren gozar de sus celebraciones, pero moderando y equilibrando su pasión decibélicacon el respeto debido a los demás.
- Que se regule el aparcamiento de una vez, para que no se convierta la playa en un aparcamiento los fines de semana. Resulta desalentador ver los coches a escasos metros del agua, ante la pasividad de las autoridades, incumpliendo reiteradamente la Ley de Costas que expresamente lo prohibe (Deseo aportado por Fran el 26 de julio del 2015 y que yo sin duda comparto)
Si alguno de mis lectores, motivado por el amor a esta playa, quiere formular algún otro deseo para ella, le ruego que me lo ponga en un comentario y con gusto lo añadiré a mi lista.
¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!
Tiempo chungo
El tiempo, como mis vértebras, estaba chungo ayer. Pero hay que moverse, lo dicen los geriatras. Así que deambulo, un poco a pie y otro poco en barco. Floto con el “Rápido de la ría” (el “Älvsnabben”), un medio de transporte, especie de tranvía acuático, que me recuerda al vaporetto, pero sin Venecia.
Unos cormoranes sedentarios, que al parecer no migran, tienen su tertulia frente al embarcadero de Rosenlund, muy cerca de la embocadura de uno de los canales en las aguas de la ría. Este territorio es un buen lugar de pesca para estos incansables submarinistas.
Al otro lado de la ría, unas enormes grúas, rojas durmientes, presiden los diques secos, amenazados de desmantelamiento en aras de la deslocalización. Estos grandiosos insectos de metal son patrimonio de la ciudad, recuerdos de la otrora próspera industria naval de Gotemburgo.
La figura de la mujer del marinero que espera su retorno se mantiene impertérrita envuelta en turbulencias.
A diferencia de esos cormoranes asentados en la ría, las gentes de este planeta emigramos sin descanso, lo hemos hecho siempre y nos amoldamos a ello, incluso al proceso de aprendizaje de una lengua que no resulta fácil.
Hace dos días se celebraba el fin del semestre y la llegada de las fiestas de Navidad en la escuela de lengua sueca para inmigrantes (SFI: Svenska För Invandrare), cuyas aulas frecuento con la esperanza de afianzarla mejor en mis reacias neuronas. Soy parte de un alumnado que procede de todos los continentes, inmigrantes y refugiados que han obtenido su permiso de residencia en Suecia y para quienes la lengua es una llave de integración y de futuro para ellos y sus familias.
Entre clase y clase nos contamos nuestras historias. La mía, ciudadano jubilado de la UE, es confortable, la de ellos y ellas es casi siempre un azaroso viaje desde países en guerra y situaciones inhóspitas. Lo que yo contase no añadiría mucho a lo que los medios ya nos escenifican cada día.
No obstante, lo impersonal adquiere un rostro mientras compartimos clases y pausas de café.
Acabado el festejo, caminando de vuelta al centro, un joven de nombre arameo, natural del nordeste de Siria, me explica cómo ha llegado: primero a través de Turquía, luego en patera a Grecia, de allí, clandestino en un camión sobre un ferry, hasta Italia, para, superada la frontera, acabar explicando a la policía en un campo de refugiados en Alemania que lo que él quiere es llegar a Suecia para reunirse con su hermano. Su condición de cristiano en el norte de Siria y el contar con un enganche familiar en Gotemburgo será lo que convencerá a los agentes alemanes para darle un billete de tren hasta su nueva patria de acogida. Los servicios de empleo de los ferrocarriles suecos le han dado un trabajo a medio tiempo que le permite seguir con los cursos de sueco. Algún día podrá retomar sus estudios universitarios.
Y así me hablan de otros itinerarios y otras esperanzas. Son hombres y mujeres de Eritrea, Irak, Siria, Somalia, Turquía, Tailandia, Nigeria, Gambia, Irán, Bosnia, Gaza, Perú, Libia, El Salvador…
En estos días raros
Las semanas que preceden a los días de Navidad están sujetas a los protocolos que marca la tradición, sobre todo en Suecia, donde la sociedad en sus prácticas y convicciones, aunque laica, es amante de las formas que las celebraciones cristianas han ido modelando con el paso de los siglos.
Desde que los reyes de Suecia decidieron el siglo XVI expropiar a los eclesiásticos y conventuales, poner a obispos y pastores a sueldo del Estado y nacionalizar el cristianismo, refundándolo manu militari sobre las bases que fijó Lutero, los santos dejaron de venerarse, aunque sigan presentes en los frescos de algunas de sus iglesias medievales.
Con una excepción: Santa Lucía
Desde hace casi un siglo, una tradición de algunas comarcas campesinas por la que las niñas con ropajes blancos y velas en la cabeza alegraban el comienzo de las noches largas del cercano invierno, ofreciendo luces, cantos y panecillos de casa en casa (probablemente como resto de ancestrales tradiciones paganas), esa especie de exorcismo de la creciente oscuridad se fue vinculando a la santa y mártir de Siracusa que allá por el siglo IV repartió su fortuna a los pobres.
Santa Lucía desató las iras de su prometido que, al ver que la rica heredera se había quedado sin blanca, la denunció como cristiana. Esta emotiva leyenda, algo sadomasoquista por los tormentos que describe, la narra Jacobo de Vorágine en la “Leyenda Áurea” y no la voy a repetir aquí.
Por los años veinte del siglo pasado la tradicional procesión de dulces adolescentes, vestidas de blanco y coronadas de luz, acabó convirtiéndose en el “tren de Santa Lucía” (luciatåg). La elegida que avanza por delante de las demás empezó a llamarse Lucía (la que nace con la luz del alba) y el cortejo adoptó una canción napolitana de marineros que data de 1849:
Sul mare luccica
l’astro d’argento;
placida è l’onda,
prospero il vento.
Venite all’agile
barchetta mia!
Santa Lucia,
Santa Lucia!
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Con questo zeffiro
così soave
oh com’è bello
star sulla nave!
Su passaggeri,
venite via!
Santa Lucia,
Santa Lucia!
.
In fra le tende
bandir la cena
in una sera
così serena
chi non dimanda,
chi non desia?
Santa Lucia,
Santa Lucia!
https://www.youtube.com/watch?v=bKXUOLC9e1o
La versión sueca más extendida dice así:
Sankta Lucia, ljusklara hägring,
sprid i vår vinternatt glans av din fägring.
||: Drömmar med vingesus under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
.
Kom i din vita skrud, huld med din maning.
Skänk oss, du julens brud, julfröjders aning.
||: Drömmar med vingesus, under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
.
Trollsejd och mörkermakt ljust du betvingar,
signade lågors vakt skydd åt oss bringar.
||: Drömmar med vingesus, under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
.
Stjärnor som leda oss, vägen att finna,
bli dina klara bloss, fagra prästinna.
||: Drömmar med vingesus, under oss sia,
tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia
El caso es que en todas los templos y ciudades de Suecia se celebró ayer 13 de diciembre la fiesta de la única santa que todavía venera la Iglesia luterana sueca. Basta con entonar el texto con la misma melodía napolitana ¡y ya está!
https://www.youtube.com/watch?v=LvvUFn7VPTI
Así que la exaltación de la santa de la luz, para conjurar la llegada de las largas noches invernales, prevalece sobre las disputas teológicas.
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Días de Adviento
No obstante siento que los días siguen siendo raros y las calles llenas de apariencias extrañas. Puede que sea inmodesto al establecer un paralelo con las sensaciones de un escritor nobelizado, pero si en estas noches dirijo una mirada atenta sobre las cosas, creo que me pasa algo de lo que ha dicho Patrick Modiano en su discurso de recepción del premio Nobel. Me ocurre algo parecido a lo que describe el novelista, cuando ante sus ojos
la vida corriente acaba envolviéndose en misterio y desprendiendo una especie de fosforescencia que no tenía a primera vista sino que estaba profundamente escondida
(la vie courante finit par s’envelopper de mystère et par prendre une sorte de phosphorescence qu’elle n’avait pas à première vue mais qui était cachée en profondeur)
Otras veces, el misterio deja pistas por las aceras, surgiendo
de entre esa masa de transeúntes que andan en apretadas filas o que se empujan o se pierden por las calles
(de cette masse de passants qui marchent en rangs serrés ou bien se bousculent et se perdent dans les rues)
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Aunque en nuestra época,
a causa de esta capa, de esta masa de olvido que lo recubre todo, sólo alcanzamos a captar fragmentos del pasado, trazas interrumpidas, destinos humanos fugitivos y casi inaferrables
(à cause de cette couche, de cette masse d’oubli qui recouvre tout, on ne parvient à capter que des fragments du passé, des traces interrompues, des destinées humaines fuyantes et presque insaisissables)
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Claro que todo es relativo, hay una rama del arte que desde antiguo se empeñó en condenar a sus personajes a un destino estable, fijado para siempre en perfiles sólidos. A pesar de ello no las tengo todas conmigo, al menos no en estas tardes y noches del invierno, cuando hasta las estatuas, que parecen estar ahí impávidas y unívocas, nos escamotean sus mudos discursos inconclusos, para guardarlos en el fondo de insospechados laberintos.
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Así que más me vale pasar rápido y de puntillas, pues no hace mucho tiempo a los que se detenían a interrogar a las estatuas los internaban.
Luces que traen invierno
Los días se acortan y las sombras se alargan, y no se sabe bien si es el invierno el que se anuncia en todo o son la oblicuidad creciente de la luz solar, el aire diferente de la noche por ventanas y parques, el frío que cruza las alturas o el breve detenerse de los cielos los que lo traen, empujándolo más cerca cada día.
Hay nuevos tonos de luz en las fachadas y los aires de un acordeón traen algo de calor a la mañana y algunas monedas al vaso del músico
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Quienes viven en los áticos no necesitan despertador, les basta con tener abiertas las cortinas en esos raros días en que la mañana del domingo es diáfana y anima a desayunar sobre un mantel soleado.
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No muy lejos, las cabinas de la noria fingen que se caldean.
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El tiempo ya no invita a sentarse en los bancos
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Con el avance del día, al cielo le han crecido celajes
¿o más bien brotan del agua?
¿o de los últimos restos del otoño?
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A medida que las horas pasan, la luz se va velando sin que algunos lo sientan, concentrados como están en un único gesto de interés laborioso
o de muda sorpresa
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Cuando ya todo es oscuro y un noche comienza, hasta que vuelva el día las ventanas recogen el testigo de la luz que se ha ido
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Junto a las veredas de los parques los bancos siguen solos y fríos
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Attendre que la Nuit, toujours reconnaissable
À sa grande altitude où n’atteint pas le vent,
Mais la malheur des hommes,
Vienne allumer ses feux intimes et tremblants
Et dépose sans bruit ses barques de pêcheurs,
Ses lanternes de bord que le ciel a bercées,
Ses filets étoilés dans notre âme élargie,
Attendre qu’elle trouve en nous sa confidente
Grâce à mille reflets et secrets mouvements
Et qu’elle nous attire à ses mains de fourrure,
Nous les enfants perdus maltraités par le jour
Et la grande lumière,
Ramassés par la Nuit poreuse et pénétrante,
Plus sûre qu’un lit sûr sous un toit familier,
C’est l’abri murmurant qui nous tient compagnie,
C‘est la couche où se poser la tête qui déjà
Commence à graviter,
À s’étoiler en nous, à trouver son chemin.
…………..
Aguardar a que la noche, siempre reconocible
Por su gran altitud donde el viento no llega
Mas sí el dolor de los hombres,
Venga a encender sus íntimos fuegos temblorosos
Y deposite silenciosa sus barcas de pesca,
Sus linternas de a bordo que el cielo ha mecido,
Sus redes estelares por nuestra alma extendida,
Esperar que nos tome para sus confidencias
Gracias a mil reflejos y a secretas mociones
Y que ella nos atraiga a sus manos de pieles,
A nosotros, los niños que el día ha maltratado
Con su luz excesiva,
La noche nos acoge, porosa y penetrante ,
Más segura que una cama bajo el techo familiar,
Ella es el abrigo susurrante que nos da compañía,
En el tálamo donde posar la cabeza que ya
Comienza a gravitar,
A llenarse de estrellas, a encontrar su camino.
(Jules Supervielle, Les Amis inconnus, «Visite de la Nuit», 1934 (1931). Los Amigos desconocidos, «Visita de la noche», 1934 (1932). Vivir y quehacer del poeta, Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Pre-Textos, colección Poéticas, Valencia, 2009, pp.194-195)
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